Red Velvet
Capítulo 118: Brillante
…
Abrió las puertas del estudio de su padre.
Segura, confiada, determinada.
Y creía estar lista para todo.
Pero no…
Cuando lo vio, sentado en su silla, acomodado frente a su escritorio, luciendo imponente, serio, tenso, tan diferente a como lo había visto la última semana, toda su confianza cayó en picada, y empezó a sentirse ansiosa, temerosa incluso. Si bien su padre ya no era el hombre que fue, ni en la vida misma ni en su mente, su expresión si fue muy similar a la de la persona del pasado, su imagen robusta colgada tras su silla, mostrando la grandeza que una vez tuvo, y que aún no dejaba de tener del todo.
Imitando su nueva ola de nerviosismo, escuchó a Ruby tragar pesado a su lado.
Ahora ambas estaban nerviosas.
Su padre les hizo un gesto para que entraran, para que se acercaran, para que dejaran la seguridad que les ofrecía el estar cerca de la puerta, y eso hicieron, caminando hacia el escritorio, acercándose.
No se sentía así de tensa en mucho tiempo.
Su padre no dijo mayor cosa, su cuerpo tenso, mientras lo vio rebuscar en unas carpetas, hasta que encontró un papeleo, y lo acercó, apuntando las hojas hacia ellas, y sobre estas, dejó una pluma.
"A raíz de los sucesos ocurridos, tengo que tomar las medidas necesarias."
La voz de su padre sonó profesional, intensa, sin vacilar en lo más mínimo.
Y eso la hizo sentir con aun más incertidumbre.
Sintió el sudor frio pasar por su espalda.
Miró las hojas, y a pesar de no poder leer nada de lo que ahí había escrito ante la distancia, sintió un subidón de pánico, su corazón acelerándose, los recuerdos de su anterior relación volviendo, cuando se vio en una situación similar, debiendo firmar, poner su firma en un papeleo que le iba a quitar su independencia, su individualismo, su libertad, y supo que Ruby pensó exactamente lo mismo, notó de reojo como su cuerpo se tensó al ver los papeles, asumiendo exactamente lo mismo que ella.
Ambas pensaban parecido.
Y ahora no era la excepción.
Su padre las iba a obligar a firmar, a firmar una sentencia eterna.
Sintió que pasó una eternidad ahí, mirando el papel, ambas en la misma posición, evitando moverse, acercarse, tomar la iniciativa, porque ninguna de ellas iba a hacerlo, ninguna iba a caer en esa trampa. Ruby no iba a pelear con su padre por explicaciones, y ella tampoco era capaz porque le tomó por sorpresa, al fin y al cabo, parecía que el hombre que tenía en frente y con quien habló el día anterior eran personas diferentes.
No quería elegir ese camino.
No quería ser obligada a elegir ese camino.
Pero, era la única forma, ¿No?
Si se comprometían, los rumores, la situación que debía de estar ocurriendo en Atlas, la reputación de ambas sería diferente.
Atlas las miraría diferentes, no como mujeres sucias y desviadas.
Simplemente un acuerdo más, un contrato más.
Y la mera idea la hizo hervir en ira, y enfriar de pena.
Su padre, finalmente, soltó un suspiro pesado, levantándose del asiento, notando como ninguna se estaba moviendo, así que tuvo que ser él quien tomaba la iniciativa.
Y, por una parte, quería que eso no ocurriese.
"Weiss me dejó claro que no quieren casarse, y no voy a juzgarlas por tomar esa decisión, sin embargo, desde ahora en adelante vas a ser parte de la familia Schnee, y como tal, debo tomar precauciones."
¿Qué?
Un momento…
Ruby fue la primera en moverse, en acercarse al papeleo, plantando ambas manos sobre el escritorio, mirando las hojas con cierto atisbo de desesperación, y no pasó mucho para que esta soltase un suspiro de alivio, y así, ella misma se calmó, acercándose también, leyendo los papeles.
Si, reconocía esos documentos, pero no eran los que creyó por un momento.
Debieron verse como unas tontas ahí todas ariscas.
Eran documentos de confidencialidad.
Recién ahí miró a su padre, quien las miraba a ambas con el ceño fruncido, confundido, sin entender las reacciones de ambas, y no pudo hacer otra cosa que soltar una risa.
Si, se habían hecho un drama increíble en cosa de segundos.
Un drama inexistente.
Este, aun sin entender, y quitándole importancia a la extrañeza de ambas, decidió continuar hablando.
"Todos los que pasan un tiempo considerable en la mansión deben firmar este papeleo, es la forma que he usado todos estos años para proteger a mi familia, y así tener un respaldo si es que alguien intenta difamarnos."
Si, eso era verdad.
Cada guardia, cada mayordomo, cada conductor, cada cocinero, todos los de la servidumbre debían de firmar aquel papel, siempre, lo que les prohibía decir cualquier cosa que viesen u oyesen ahí dentro, tenían una reputación que mantener en alto, y sus secretos debían permanecer ahí dentro, sin ser expuestos.
Era un riesgo que ellos, como familia, no se podían permitir.
Y todos los que habían trabajado para ellos jamás habían cometido el error de divulgar nada, o serían penalizados de la peor forma posible.
Tal y como creía que su padre había hecho con su ex prometido.
No había oído nada al respecto, pero estaba segura de que su padre no se quedó de brazos cruzados, menos teniendo ahí, en su escritorio, lo que podía dejarlo completamente enterrado en la mierda. Agradecía que este tampoco la incluyese en el tema, no quería oír de ese sujeto, mucho menos verlo.
Él podía destruirlo, a ella no le importaría en lo más mínimo.
Antes de darse cuenta, Ruby ya estaba firmando, una página tras otra, sin siquiera detenerse a leer, y se vio entrando en pánico, una vez más.
"Deberías al menos leerlo."
Intentó razonar con Ruby, quien simplemente se levantó de hombros, completamente despreocupada. Podría estar vendiendo su alma y esta ni siquiera se habría dado cuenta.
"Si tengo que firmar, lo haré, no tengo problema."
¿Qué?
Ruby sí que era despreocupada, ese en si era el problema.
Se vio soltando un suspiro, sabiendo que ya estaba hecho, así era Ruby.
Cuando se topó con su padre, este también miraba a Ruby, una mano en sus sienes, negando lentamente. Los celestes de su padre, iguales a los propios, la miraron, una mirada agotada en este.
Si, Ruby también la dejaba exhausta.
Pero valía la pena.
"Se que la señorita Ruby no es una mala persona, pero me preocupa su impulsividad."
Oh.
Si, le preocupaba exactamente lo mismo.
Ruby se había puesto de cuclillas para firmar de mejor forma, pasando por las paginas, mirando donde tenía que firmar, y haciendo exactamente eso, sin darle mayor mirada al documento, así que no pasó mucho para que acabase, escuchando a su padre, levantando el rostro, mirándolo desde su posición, notándose como un cachorro, sus plateados brillantes, suaves, lindos, inocentes.
Ruby era preciosa, pero sabía que le iba a causar un montón de infartos, a ella y ahora a su padre, también a su hermano probablemente.
Pudo ver la misma expresión en su padre que la que puso aquella vez cuando vieron la entrevista que Ruby dio en televisión, donde se veía exasperado ante la toma de decisiones de Ruby, temiendo de antemano las consecuencias que eso pudiese provocar en el futuro. A pesar de que Ruby fuese capaz de mucho, siempre que la veía así, tenía el instinto de protegerla, de salvarla de todo mal.
Ella también se preocupaba, siempre se preocuparía por Ruby, pero también estaba segura de que Ruby podría con todo, su mujer era fuerte, más que cualquier otra persona en el mundo, y eso la hacía sentir orgullosa. Confiaba en Ruby, y Ruby confiaba en ella, y eso era algo que no creyó que sentiría de esa forma tan intensa.
Su padre asintió, dejando el tema de lado, tomando los documentos firmados, dándole una mirada, asegurándose que todas las firmas estuviesen donde debían, y volvió a meter las hojas en la carpeta.
Ahora, ya en calma, su cabeza digiriendo todo lo sucedido, entró en cuenta que su padre dijo que Ruby iba a ser parte de la familia, y no pudo evitar mirarlo, el sonreír, el sentir orgullo también de su padre por decir algo así, por aceptar algo así, aunque no tuviese que hacerlo, aunque no esperase que lo hiciera, no se enfadaría si fuese el caso.
No podía quitarse toda una vida de prejuicios en solo unas semanas.
Pero no, su padre, una vez más desde que salió del agujero, le sorprendió infinitamente.
Cuando lo miró, este volvía a lucir tenso, claramente no parecía cómodo hablando, o parecía retraído, no sabía cuál podía ser la razón.
Honestamente, podían ser muchas las razones.
Ruby se levantó, quedando a su lado, y podía notar como los plateados también miraban al patriarca, esperando, su postura cambiando, inquieta. Ambas sabían que su padre iba a seguir hablando, lucía como tal, pero le estaba tomando tiempo.
Ser honesto, era difícil.
Ser honesto, en esa familia, era sumamente complicado.
Él soltó un suspiro, moviéndose, acercándose a ellas, lentamente, sin mirar a ninguna a los ojos, sus pasos inseguros, así como su postura, tan diferente a la de hace unos momentos, donde parecía profesional, inamovible, y ahora lucía débil, vulnerable, humano, y le dolía verlo así.
Tanto así, que no pudo guardar más el silencio.
"¿Todo bien, padre?"
Le aterraba que la repuesta fuese un no.
Al final, había hecho un lio, solo por su egoísmo.
Sus decisiones eran la causa de que tuviesen aquel encuentro.
Porque no pudo controlarse, porque no pudo mantener sus impulsos a raya, su sed de libertad.
Su padre la miró, levantando el rostro, parándose erguido, y este asintió, a pesar de que la seguridad de su cuerpo no llegase a su expresión. Claramente les quería decir algo, pero no encontraba ni las palabras ni la motivación.
"Debo admitir que me siento incómodo sobre el hecho de que la foto de ambas sea pública."
Su padre finalmente habló, su voz tensa, pero rápidamente lo vio saltar, poniéndose nervioso, en pánico, mirándolas a ambas como si hubiese dicho algo malo, y planeaba disculparse.
Su padre disculpándose no iba a dejar de sorprenderle.
"No crean que me incomoda porque ustedes dos sean mujeres, o sea, si, un poco, pero mayormente porque me incomodan esas cosas."
Su padre habló rápido, mirándolas a ambas, y luego negó, claramente nervioso con la conversación, y si no fuese porque lo veía tan agobiado, se hubiese reído, pero se controló, no quería dejarlo aún más expuesto.
El pobre parecía enredarse solo.
Realmente eran personas diferentes.
Este finalmente carraspeó, calmándose, recuperando su semblante.
Le tomó varios segundos.
"Lo que quiero decirles, es que quiero que tengan cuidado, sé que tomaron la decisión de hacer su relación publica, y pueden haber lo que quieran con sus vidas, están ya mayores para tomar las decisiones que quieran, sin embargo, las personas son crueles, Atlas es un lugar cruel, y sé que están bien juntas, no me gustaría que por hacerse tan publicas terminen agobiadas por la opinión de los medios."
A pesar de que su padre les hablase a ambas, sabía con exactitud que se refería a Ruby, se lo decía a Ruby en particular, porque ella misma ya sabía lo que era eso, le había ocurrido desde que era una niña, leyendo comentarios, escuchando noticias, como la gente se refería a ella, una niña, y luego cuando fue adolescente y se ganó descripciones que ni siquiera era capaz de repetir, y al menos, en esa época, se sintió bien porque eso hacía enojar a su padre, así que era una victoria, pero no dejó de desagradarle.
Conocía ese mundo, conocía lo que era estar en boca de todos, lo cual Ruby desconocía.
Últimamente se había adentrado a ese mundo, pero aún no sabía hasta donde eso podía llegar.
Ruby, supo que Jacques se refería a ella, que se lo decía a ella, porque asintió, sin dudarlo.
Y era otra actitud impulsiva y temeraria que siempre le ponía los pelos de punta, Ruby siempre lanzándose al peligro sin siquiera dudarlo, y una vez más dejó ver ese rasgo tan notorio de su personalidad.
Era adorable, pero vaya que la asustaba.
Los plateados se enfocaron en los celestes de su padre, sin dudar, sin vacilar, seguros, firmes.
Impulsiva y temeraria, porque era tan, pero tan valiente.
Y la admiraba.
"Sé lo crueles que pueden ser las personas aquí, pero también sé lo mucho que se esconden bajo máscaras. No diré que no me va a afectar, pero sé que muchos solo intentan aparentar, para evitar que se sepa que son más parecidos a mí de lo que creen."
Oh.
Ruby lo sabía.
Ruby conoció a esas personas, cara a cara. Personas con grandes trabajos, con reputaciones que mantener, y ella tuvo a esas personas cerca, conviviendo con una prostituta, en el Red Velvet, dejando de lado la careta que tenían en el día a día, sacándoselas para entrar ahí, para disfrutar del tabú que la misma sociedad se negaba.
Ellos mismos se negaban lo que más querían.
Se niegan a sí mismos la compañía, el placer, la calma, la libertad.
Y ella sabía, mejor que nadie, porque estuvo ahí, que el ir a esos lugares, que sacarse la máscara durante unas horas, no servía, no era suficiente y nunca lo sería. Seguir aparentando, solo seguía lastimando, día tras día, hasta que ya no se aguantase más.
¿Por qué podían ser felices por solo un rato?
No tenía sentido, debían sentirse orgullosos de sí mismos, de quienes eran, de que querían en la vida, del camino que querían tomar, sin importarles lo que los demás pensaran. Ella misma sería capaz de volver a esa época, el declararle su amor públicamente a la acompañante que conoció en un motel, porque la opinión del resto no le importaba.
Ya había aprendido que sus mayores miedos, estaban en su propia cabeza.
Había peleado demasiado contra ese mundo para retroceder ahora.
Siempre peleaba, y siempre lo haría, porque era su forma de declararse libre.
Feliz.
Ruby lo tendría difícil, de eso estaba segura, pero ella estaría ahí para acompañarla, para sobrepasar juntas esa situación. Solo dudaría un poco, hasta que encontrasen una noticia más interesante de que causar revuelo. Aunque conociéndose, probablemente iban a estar en la palestra más tiempo del que era normal, pero no le importaba.
Iba a seguir con la frente en alto, siempre, se lo había dicho a si misma el día anterior, y seguiría repitiéndoselo hasta hartarse.
Su padre asintió, a pesar de que su rostro no mostrase mayor seguridad, realmente se veía preocupado, y Ruby notó ese detalle, tomando la iniciativa, acercándose a su padre, eliminando el espacio vacío que había entre ambos.
Ella misma pudo hacer algo, decir algo, pero se quedó inerte, esperando, teniendo curiosidad de aquella interacción. Esas dos personas eran su familia, y quería ver como se volvían una familia entre ellos. Ansiaba verlo.
Ruby puso la mano en el brazo de su padre, sujetándolo, afirmándolo, su agarre firme pero suave, podía notarlo, el cuerpo de Jacques era débil, frágil, y Ruby lo sabía.
"Se lo dije ayer, voy a cuidar y amar a Weiss con todo lo que tengo, y nada ni nadie va a impedirlo. La gente va a hablar, siempre van a hablar, pero no voy a permitir que ellos destruyan lo que siento. Soy más fuerte que eso."
Y estaba segura de que Ruby era más fuerte que eso.
Era una sobreviviente, y había sobrevivido antes, sobreviviría ahora también.
Ruby le dio una mirada rápida, sonriéndole, brillando, brillando como siempre, porque así era Ruby, brillaba más que nadie.
Esa era una de las facultades de su mirada, una de tantas, que adoraba.
"Somos sobrevivientes, el mundo nos ha puesto pruebas desde el comienzo, y así seguirá siendo, pero tal y como ahora, seguiremos adelante."
El corazón le latió con fuerza, era casi como si Ruby le hubiese leído la mente.
Y a esta altura, sabía que era una posibilidad.
Le sonrió a Ruby, devolviéndole el gesto, asintiendo.
Solo se podía seguir adelante y eso harían.
Su padre la miró a ella, luego a Ruby, y viceversa, y por suerte su expresión se tornó más tranquila. No quería verlo preocupado por ellas, por la decisión que tomaron, pero realmente lo apreciaba. Si que había cambiado. No era como antes, como cuando era joven y él la regañaba por dejarlo mal, pero no, ya no era así.
Y ahora, ni siquiera estaba segura si es que era así en el pasado o no.
Pero ya no pensaba en eso, o su cabeza terminaría doliendo.
Enfocarse en el presente, solo en el presente.
"De todas formas, si las cosas se van de control, díganme, y haré lo que pueda para evitarles más problemas."
Oh.
Su sonrisa se amplió.
Realmente adoraba a su padre, al hombre que tenía en frente, y se culparía por el resto de su vida por no haberlo aprovechado antes, mucho antes.
"Gracias, señor Schnee."
Ruby habló, su voz firme, agradecida, brillante.
Jacques se quedó en silencio, y sus ojos se fueron hacia la mano de Ruby que seguía en su brazo, y ante esa mirada, Ruby lo soltó, pensando que este estaba incómodo o molesto, y en realidad parecía así, pero su padre tenía muchos problemas para expresarse correctamente, como le pasaba a toda esa familia, no lo culpaba.
Ruby soltó una risa nerviosa, llevando las manos tras la espalda, su rostro enrojeciendo, y de nuevo le pareció adorable.
Siempre impulsiva, pero siempre cálida.
Notó como su padre frunció el ceño, y no logró entender su expresión del todo, ni tampoco Ruby, quien parecía completamente confundida, y claramente temerosa. Antes de que alguna pudiese preguntarle, este levantó el rostro, mirando a Ruby, directamente a sus ojos, y si bien vio la escena desde afuera, si notó como los plateados brillaron al conectar con los de su padre.
Si, a veces sus expresiones no eran suficientes para darse a entender, pero al final, sus ojos no mentían.
Nunca mentían.
Muchas veces no pudo decir nada en frente de esa mujer, pero Ruby la leyó, la miró a los ojos, esos ojos brillantes observándola, entendiéndola a la perfección.
Y ahora le decían algo a Ruby, algo que ella no podía notar del todo en su posición, pero si notó la reacción de su mujer, como sus ojos no dejaron de brillar, pero ahora se llenaron de emoción.
"No sea tan formal conmigo…"
La voz de su padre sonó suave, casi triste, desolada, como una súplica, y le sorprendía de su padre, que siempre procuraba que hubiese una relación formal entre todos, incluso con sus propios hijos, porque la formalidad era la lengua del respeto, y él siempre pedía el mayor respeto. Pero ahora no. Parecía esforzarse para no ser la misma persona, si, así era, estaba tratando con todas sus fuerzas no ser el mismo hombre que era antes.
El cambiar.
El elegir su propio camino, su nuevo camino.
Para su sorpresa, y al de su padre, Ruby soltó una risa.
Cuando la miró, esta parecía feliz, su rostro animado, enérgico, brillante, así como sus ojos cuando miraron a su padre, llenos de sentimiento, de luz.
"No se vaya a arrepentir."
Eso fue lo que dijo Ruby, riendo, pero advirtiendo, antes de acercarse, y volver a reducir la distancia entre ambos, abrazándolo. Por su parte, estuvo sonriendo todo ese rato, pero no pudo evitar reír al notar la mueca sorprendida e incrédula de su padre, mientras su cuerpo se volvía tenso como el de un gato, tal y como su hermano, tal y como ella en un comienzo. Las muestras de afecto eran un misterio para esa familia, y Ruby era la persona que más muestras de afecto demostraba, con sus palabras, con sus miradas, con su tacto.
Su padre se quedó tieso, mientras soltaba un suspiro, completamente fuera de lugar en esa situación, mientras Ruby seguía riendo, claramente divirtiéndose, y no pudo quedarse fuera de aquel momento, y se acercó, abrazando a su padre también, dejándolo atrapado entre ambas, este tornándose aún más tieso, sin poder moverse, liberarse o siquiera decirles algo.
Él se había metido solo en el embrollo.
A Ruby le das la mano, y te agarra del codo, eso lo sabía bien, por experiencia.
Escuchó la puerta del estudio abrirse, y miró de reojo, notando a su hermano ahí parado, mirando la escena como si viese un fantasma, y en realidad, su padre estaba tan pálido que bien podría ser uno.
Ruby se removió, mirando también hacia la puerta, hacia su hermano, y le sorprendió como esta seguía así, llena de energía, brillando, y se separó de su padre, solamente para correr hacia su hermano, quien dio un salto como si fuese a ser atacado, y si, en parte así fue. Ruby soltó una risa, sujetando las manos de su hermano, y tiró de él, acercándolo a ellos, y ahí, prácticamente lo obligó a unirse, y no pudo evitar reír, la situación era de lo más extraña, los dos hombres luciendo como si estuviesen en una habitación del pánico.
Le sorprendía la situación, pero le alegraba en partes iguales.
Así era su vida con Ruby, cada día una sorpresa nueva, cada día una nueva felicidad que esa mujer le entregaba, uniendo sus trozos rotos, así como uniendo a su familia, era sin duda la luz de esperanza que la familia Schnee tan desesperadamente necesitaba.
Brillante, así era su vida con la luz que Ruby le daba.
Y así seguiría.
Porque eran una familia, y siempre lo serían.
Capitulo siguiente: Importancia.
N/A: Casi se me cae una lagrimita. Se siente extraño, luego de haber visto las escenas de Weiss en la película con la Liga de la justicia, donde repudiaba a su padre incluso muerto, y ahora escribir a un Jacques tan diferente, es interesante sin duda, creo que pocas veces puedo hacerlo como un padre normal, en pocos aus, pero este es sin duda mi favorito. Es un hombre difícil, pero como toda esa familia, y así me gusta.
Nos leemos pronto.
