Harry Potter: Una lectura distinta, vol. 8

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000.

Algunos capítulos incluyen extractos de los "fan fic" 'Harry Potter y la Orden del Fénix', © "Daniela Linx", y 'Harry Potter y el Círculo Secreto', © "jesterdead".


La Frontera Final (1)

Capítulo 7: Donde sea que pueda vagar (2)

—¡¿Qué?! —exclamó JS— ¿un día de viaje?

—Sí —confirmó Harry—, y eso que viajamos en uno de los aviones más cómodos de la flota.

—Eso sí —confirmó Ron—, la comida a bordo es exquisita, excelente. Poca, eso sí, pero excelente.

—Bueno —comentó Al con algo de emoción acumulada—, lo importante es que salieron de Londres y llegaron a Australia. Ahora quiero saber que pasó allá.

—¡Sí! —exclamó Hugo—, porque nunca, ni mamá ni los abuelos han querido contarnos cómo les fue allá en Sydney.

—Bueno —indicó Susan—, creo que seré yo la que leeré esos primeros momentos en Australia —al leer el título del capítulo, bufó y sonrió antes de anunciar—. El capítulo se llama Donde sea que pueda vagar.

—¡Qué nombrecito! —señaló Frankie, haciendo reir un poco a los más jóvenes. Susan asintió en silencio antes de iniciar la lectura.

¡Por las barbas de Merlín! —gruñó Ron al levantarse de su asiento en el avión, luego de aterrizar en Sydney—. Si me hubieran dicho que este viaje es tan largo, no lo hubiera hecho. Esas turbulencias al volar sobre Nueva Guinea me pusieron realmente mal.

Bueno, Ron, ya estamos aquí, vamos a registrarnos en la Aduana, y en el Ministerio, recoger las maletas y ubicarnos en la ciudad —dijo Hermione, cada vez más entusiasmada, esperando a Harry, que había quedado en un asiento varias filas detrás.

Vaya, prefiero un millón de veces volar… —decía Harry, cuando la mirada expresiva de Hermione le indicó que era mejor cerrar la boca antes de decir "volar en escobas".

—Se nota quien dijo cada cosa —comentó Neville, provocando nuevas risas.

—Sí —confirmó Lily—, Ron con su pragmatismo, Hermione con su ilusión y Harry con su inocencia.

—Algo así —confirmó Harry, alborotando la Sala por unos segundos.

Pasaron tranquilamente por la Aduana, y cuando les estaban chequeando los pasaportes, una funcionaria, muy educada, les dijo:

Señores Potter y Weasley, y señorita Granger, ¿me pueden acompañar a esta oficina? —Harry, Ron y Hermione se vieron los rostros, preocupados, pero la funcionaria, atendiendo a esa actitud, les dijo—. No se preocupen, estamos al tanto de sus diligencias en Australia.

—¿Perdón? —estalló JS, a lo que Rose, bufando, replicó:

—¡Por favor, Jamie! ¡Eso quiere decir que el Ministerio de Magia de Australia ya sabía que iban hasta allá!

—Recuerda que el ministro Kingsley estaba coordinando con el ministro australiano —confirmó Al—, así que papá, tía Hermione y tío Ron no iban a estar allá sin apoyo.

—Exacto, Alburrido —Rose no evitó la oportunidad de fastidiar a su primo y compañero de casa, quien simplemente se acomodó sus lentes, sonriendo levemente.

En ese momento, los muchachos se movieron, más tranquilos, hacia la oficina que les indicaba la funcionaria, quien, invitándoles a sentarse, les dijo:

Soy Katherine Hackman, funcionario de inmigración del Ministerio de Magia de Australia, a la orden, y como les comenté, estamos al tanto de las diligencias que necesitan hacer acá en Sydney. El oficial de campo del Ministerio, asignado para asistirles en lo que requieran se llama Salvador Hernandez, es un venezolano muy locuaz, pero excelente mago; lo pueden ubicar en la, ¿cómo es la cosa?, Ah, sí, "Venezuelan Foods and Arepas", en esta dirección —le acercó a Hermione una hoja de pergamino, con una dirección anotada—, el les facilitará los recursos necesarios para mantener contacto con Londres.

—¿Un venezolano en Australia? —preguntó Christina, confundida.

—Es posible —intervino Padma—, como habemos hindúes en Inglaterra, aunque eso es por otra causa.

—En general es por un proceso de migración —comentó Samantha—, que se da por muchas razones, pero que creo que no necesitamos discutirlas aquí.

—Exactamente, señora Weasley —dijo Dumbledore, sonriendo y asintiendo levemente.

Maravilloso —expresó Hermione, confiada.

Si no tienen más preguntas —continuó Katherine—, me permito sugerirles que vayan a descansar, siempre estos vuelos desde cualquier parte del mundo, especialmente desde Inglaterra, son agotadores, y es casi medianoche. Ya mañana, más descansados, contacten a Salvador y, bueno, les deseo todo el éxito posible.

Estrecharon la firme mano de Katherine, salieron de la oficina a buscar las maletas y, luego de cambiar libras esterlinas por dólares australianos, abordaron un taxi rumbo a la ciudad, para registrarse en un hotel de Sydney, y pasar la primera noche en Australia.

—No les fue tan mal para ingresar —comentó Dudley—. Para mí, ingresar a Estados Unidos siempre es un dolor en la ingle, porque en Inmigración le ponen a uno diez mil peros para dar el visto bueno, a pesar de ya tener la nacionalidad.

Susan se sonrió al adelantarse en la lectura, lo que notó Lilu.

Vamos, muchachos, ¡levántense! —Hermione llamaba emocionada a la puerta de la habitación de los muchachos, quienes aún dormían plácidamente en la habitación contigua a la suya.

Ya va, mamá, ya voy a desgnomizar el jardín —espondió Ron en sueños, mientras Harry se estiraba, cuan largo era, luego de dormir su primera noche fuera de Inglaterra.

Explotaron las risas en la Sala, a la vez que Ron se sonrojaba rápidamente.

Ronald, ¿Que vas a hacer qué? —gritó Hermione, aporreando la puerta por primera vez—, ¡Vamos, levántense!

¡Ahí vamos, mujer! —respondió Harry, entre risas y bostezos, mientras sacudía a Ron, que insistía en desgnomizar el jardín en sueños, hasta que despertó asustado.

¡Ah, ah!

¿Qué fue? ¿Espantaste los gnomos?

No, soñé que se convertían en arañas —Harry recordó la fobia por excelencia de Ron, las arañas.

Las risas que habían estallado, y que se mantenían en forma de grandes sonrisas, se disiparon rápidamente. Ron miró a Harry, quien sólo encogió los hombros.

Luego de bañarse y vestirse, salieron al soleado, pero frío, mediodía de Sydney, lo que los sorprendió, pues habían salido de Londres en una muy cálida tarde de verano. Tomaron un taxi, que los llevó a la dirección que les dio Katherine, que resultó ser un local de "curiosidades" venezolanas, con carteles chillones que identificaban productos que en su vida habían oído mencionar, en un idioma del que nunca habían oído de su existencia.

Al entrar, se encontraron en un local a mitad de camino entre un restaurant y un abasto, con mesas de un lado, y estantes del otro, todo cubierto con los colores de la bandera venezolana, amarillo, azul con siete estrellas y rojo, y con una pared donde reposaban un enorme afiche de un jugador de fútbol, identificado como "Juan Arango", con un uniforme que Harry supuso de su selección nacional, camiseta color grana, al lado de otro, que portaba un extraño uniforme a rayas que decía "Rockies", y un bate mucho más grande que el que usaban los golpeadores de quidditch; sobre la figura de ese hombre, sólo decía "Big Cat". Junto a esos, un tercer afiche mostraba un paisaje selvático, con una enorme caída de agua, cuyo tíulo lo llamaba "Salto Ángel", y que atrajo por completo la atención de Harry.

—¡Vaya decoración! —comentó Dylan, sorprendido como muchos en la Sala. Sólo el trío y Ginny sonreían.

—No creo que sea más extraña que la de tu habitación, Dylan —replicó Maia, lo que provocó nuevas risas entre los más jóvenes.

Hermione caminó resuelta hacia el mostrador, donde una joven señora, con una franela color vino, con un escudito con los colores similares a la bandera, y que se parecía a la que vestía el "Arango" del afiche, les sonreía.

Buenas, estamos buscando al señor… Salvador Hernandez, ¿se encuentra?

Sí, como no, denme un segundo —les dijo sonriente, para asomarse a la ventanilla de la cocina y gritar, en español, por lo que los muchachos no la entendieron—, ¡Salvador, te buscan! ¡Creo que son los chicos que dijo la gente del Ministerio que venían de Inglaterra! (3) —para luego volver a dirigirse al trío—: ¿Desean café, una soda?

—Con el tiempo —reconoció Hermione—, comencé a estudiar el español, y a esta altura de mi vida puedo decir que lo hablo bastante bien.

—¡Demasiado bien, debería decir! —exclamó Rose—. La escucho hablar, y apenas se le nota un dejo, se le oye como si viniera de Miami o de California, que se siente que no es nativa. Comparada con otros, mamá habla muy lindo el español.

—¿Y usted, señorita Weasley-Granger? —le preguntó Dumbledore con cierta curiosidad.

—No me he obligado a estudiarlo —reconoció la chica—, aunque en este momento lo entiendo bastante.

—Se lo recomiendo —confirmó Dumbledore—, aprender otros idiomas ayuda a expandir el conocimiento.

—¿Más de lo que ella sabe? —exclamó JS—, ¡Sería una locura!

—No —dijo Dumbledore con seriedad—, sólo debe saber cómo organizar ese conocimiento. Y no dudo que la señorita Weasley-Granger ya sepa como hacerlo.

Rose sonrió entre sincera y satisfecha.

¡Ahí voy, diles que me den un minuto! —gritó Salvador desde la cocina, en español.

Ya viene; si lo desean, pueden sentarse en una mesa.

Gracias, ¿nos da tres cafés, por favor? —respondió Harry, acercándose a la mesa más próxima. Luego de sentarse, le comentó a Ron y Hermione, en baja voz—. Espero que ese Salvador sea de fiar.

Espero —ratificó Ron, mientras recibían las tres tazas de café.

—Y vaya que sí lo ha sido —reconoció Harry, aunque sólo Ginny y JS lo escucharon.

Disculpen la tardanza —sonó la alegre voz de Salvador, al acercarse limpiándose las manos en el delantal. Era un hombre en sus treinta y tantos años, moreno, cabello negro, que vestía una camisa blanca de rayas azules, parecida a la del "Big Cat", diferenciándose de aquella en que sólo mostraba un escudo al lado izquierdo del pecho, una M amarilla sobre un barco parecido a un bergantín pirata visto desde la popa—. Bueno, bienvenidos a Sydney, Soy Salvador Hernández, para servirles.

Yo soy Harry Potter —le dijo mientras estrechaban las manos, notando inmediatamente como la mirada de Salvador subía desde sus ojos hasta su cicatriz—. Ellos son Ron Weasley y Hermione Granger.

Un placer… —estrechó las manos de Ron y Hermione, y luego de sentarse a la mesa, dijo, con un toque de emoción—. Muchacho, tu historia es leyenda, están del otro lado del mundo, literalmente, y aquí llegó la noticia de tu victoria sobre el "cara de culebra"… —expresión que causó las risas de Ron—. De verdad, si no me crees, llamo a María, para que lo confirme —señalando a la barra con el pulgar.

—¡Por Merlín, esa estuvo buena! —exclamó Sirius, luego de una poderosa carcajada—. Lo hemos llamado Voldie, el desnarigado, el Mortis, ¡pero eso de cara de culebra no lo esperaba!

—Bueno —comentó Harry—, es lo bueno de conocer de otras culturas.

No, tranquilo, sé muy bien que el mundo mágico celebró por todos lados —comentó Harry, esperando que fuera cierto y que no tuviera que llamar a María.

Con decirles que mi familia en Venezuela me preguntó si sabía que había pasado, porque a mi tío Francisco le salió en un tabaco que estaba leyendo, que un niño que había sobrevivido había matado al demonio que lo había intentado matar primero… Por supuesto no entendieron, pero mi cuñado Adalberto, que es babalawo, echó los caracoles y salió lo mismo, y que no había sido en Venezuela, sino en la "isla de la Reina", entonces si no era aquí, era allá en Inglaterra, por eso me llamaron…

Wow –dijeron a coro los tres. Hermione quedó intrigada de cómo era posible "leer el tabaco": "¿será como leer las hojas del te?", se preguntaba en silencio, mientras Harry fruncía las cejas: "¿Niño? ¡Ya tengo 18 años!".

—¡Ya va, ya va! —exigió Alisu, deteniendo abruptamente la lectura.

—¿Qué pasó, princesa? —preguntó Neville, confundido.

—No entendí eso que dijo el señor Salvador —aclaró Alisu.

—Son formas de manejar la magia que son propias de esos territorios —comentó la profesora Sprout—. Allá en la zona del Caribe usan mucho la magia asociada a los poderes de la naturaleza, por eso acostumbran "leer el tabaco".

—Específicamente se trata de una tradición que llaman "marialioncera" —aclaró Harry—, al menos así nos explicó Salvador en algún momento.

Pero, ¡miren que hora es! Me imagino que tienen hambre, ¿verdad? —dijo Salvador al ver el reloj; los tres asintieron casi al mismo tiempo, lo que provocó la sonrisa de Salvador (en la Sala, Hugo y Sirius asintieron, provocando algunas risitas)—. les invito el almuerzo, van a probar el plato típico venezolano, el "pabellón", para que lo disfruten… —diciendo eso, y volteándose hacia María, la joven de la franela vino tinto, le dijo en español—. Sírvenos cuatro pabellones y trae una jarra de papelón, porfa.

Seguro —respondió María desde la barra. Luego de unos segundos de reflexión, donde se miraron los rostros, Hermione comenzó a hablar:

Disculpe, señor Salvador… —siendo interrumpida por la mano y la sonrisa de éste.

No, para ustedes soy Salvador, sólo Salvador, ¿ok?

Bueno, Salvador, este… disculpe nuestra ignorancia, pero, ¿Qué es el "pabellón"?

¡Ah! Ya van a ver, ya van a ver, es la representación de nuestra patria en la comida —dijo, mientras se relamía sobándose las manos. Justo en ese momento llegó María con los cuatro platos. Al colocarlos frente a cada uno, vieron un espectáculo de colores y aromas que hizo rugir el estómago de Ron, lo que genero una sonora carcajada de Salvador (Molly lo miró reprobatoriamente, pero Ron sólo encogió los hombros)—. Este plato refleja el mestizaje en Venezuela: el arroz representa a los conquistadores españoles, la carne "mechada", o desmenuzada, al pueblo aborigen, las caraotas negras, o "frijoles", a los esclavos venidos de África y las tajadas de plátano frito al principal alimento que conocieron los españoles en América, aparte de la "arepa" de maíz. Buen provecho.

Comieron en relativo silencio, pues Salvador, tal como les había dicho Katherine, era un hombre de conversación fácil, y no dejaba de parlotear mientras comía, generalmente sobre cosas relativas a su país:

Tienen que conocer mi país: Canaima, La Gran Sabana, los Llanos, Mérida, Margarita…; Los Roques se lleva por delante a la Gran Barrera de Coral, eso sí es playa de verdad…

¿Y eso que ustedes están acá en Australia? —preguntó Ron, luego de pasar con dificultad una tajada casi entera, lo que provocó una mirada agria por parte de Hermione.

—Nunca me acostumbraré a tu estilo de comer, Ronald —comentó Hermione, lo que causó risas, y más cuando Ron replicó:

—Igual, así me amas —y le estampó un beso en la mejilla.

Eso es aaaaamooooooooor —intervino el coro de bromistas, causando más risas.

Problemas, Ron, problemas… Mi país es hermoso, pero el gobierno lo está manejando terriblemente… ¿Qué les pareció el "papelón", esa bebida que están tomando?

Es deliciosa, es como melaza diluida, pero con un toque ácido muy sabroso.

Buena comparación, Hermione, es muy parecida a la melaza, pero viene de una planta llamada "caña de azúcar", y es la primera etapa de producción del azúcar refinado, que llamamos "Papelón". Lo que hacemos es raspar un bloque de papelón, le agregamos agua y hielo, y zumo de limón, podemos decir que es nuestro jugo de calabaza.

—No lo he probado —comentó Hugo, extrañado.

—Quizás nuestros atentos elfos puedan satisfacer nuestra curiosidad para la hora de la cena —comentó Dumbledore mirando a la puerta de la cocina, donde Kreacher hizo una seña afirmativa.

Luego de terminar de comer, y disfrutar un "quesillo", típico postre venezolano, comenzaron a hablar de lo que les había llevado a cruzar medio mundo, los padres de Hermione.

Muy bien, los señores Granger, o Wilkins, están siendo "escoltados", sin que lo sepan, por nuestros agentes del Ministerio, quienes se reportan conmigo aquí, de hecho, ya debe venir Matías, que debe haberle entregado la guardia a Wladimir.

Justo en ese momento, entró al local un joven que no debía ser mayor a Percy, pero con el estilo de Lee Jordan: De raza negra, alto y delgado, y con trenzas al estilo "rastafari", se acercó a la barra y le preguntó algo en español a María, quien señaló la mesa donde estaban Harry, Ron, Hermione y Salvador.

Demelza volteó a ver a Lee, quien le devolvió una mirada de confusión.

—Es que no te veo en esos años con estilo rasta —explicó Demelza.

—Ah, entiendo —replicó Lee—. Nunca me gustó eso de los rastafaris.

El joven se acercó a la mesa, y luego de saludar a Salvador en español, y ver la cara de sorpresa del trío, empezó a hablar en inglés:

Hola, Salvador, ya Wladimir está en su puesto… Ah, disculpen, soy Matías Suárez.

Harry Potter —presentó Salvador al trío, y Harry notó la característica reacción de las personas al oír su nombre—, Ron Weasley y Hermione Granger.

Mucho gusto —repitió Matías cada vez que estrechó la mano de los mencionados.

¿Cómo dejaste a nuestros amigos dentistas?

En su rutina típica, a esta hora deben estar abriendo su consultorio, ahí van a estar hasta las cinco, cuando salgan a su casa.

—Una vida sencilla, ¿no? —comentó Freddie—, abrir por cuatro horas, y después regresar a casa.

—Se te olvidan las cuatro horas en la mañana, Freddo —replico Roxanne—, o al menos tres.

—Que posiblemente —comentó Samantha—, por trabajar en el área de salud, debían cumplirla en alguna institución del Estado, como un hospital o clínica.

—Eso no nos lo comentaron Salvador o Matías —reconoció Ron—, al menos que yo recuerde.

Hermione asintió en silencio, confirmando lo dicho por su esposo.

¿Cuándo podremos ir a verlos? —preguntó ansiosa Hermione, a lo que Salvador respondió, sonriendo:

Tranquila, chiquilla, tenemos todo fríamente calculado; vamos a llamar para pedir una cita para una joven que va por primera vez a la consulta, esa vas a ser tú, y ahí, ¡zuas! —con un movimiento de manos reforzó el comentario—, haces tu magia y recuperas a tus papis…

¿Y si la cosa falla? —preguntó sombríamente Matías, lo que generó un estremecimiento en Hermione, quien respondió:

Espero no fallar, no me lo perdonaría nunca.

Por el reporte que me enviaron desde Londres, me dicen que tú eres excelente con los encantamientos, así que no deberías fallar.

Gracias, Salvador —respondió Hermione, mientras sonreía algo temerosa.

—¿No confiabas en ti, mamá? —preguntó Rose, confundida.

—Sí —respondió Hermione—, pero siempre hay ese margen de fallo del que no quería ni pensar.

Vamos a llamar para pedir la cita, y así te enfocas en lo que viniste a hacer, ¿te parece? —propuso Salvador, y al Hermione asentir, se levantaron los cinco de la mesa, y dejaron a Matías en ella, dispuesto a almorzar, acercándose a la barra, donde ya María esperaba al lado del teléfono—. Llama —le indicó simplemente.

Acordaron una cita, lo que alegró y preocupó a partes iguales a Hermione.

—Estabas preocupada, mamá —insistió Hugo.

—No lo dudo —replicó Paula—, si estaba tan cerca de volver a verlos.

Muy bien, entonces, mañana a esta misma hora, nos vemos aquí, ¿les parece? Almorzamos y luego salimos a hacer lo nuestro. Tenemos tres días para que ustedes conozcan sus movimientos y puedan hacer sus ajustes.

Me parece bien… Salvador, ¿cómo puedo hacer para comunicarme con Londres? Tú sabes, mágicamente, para avisar que estamos bien y que mañana comienzo el rescate de mis padres.

Ah, ok, pasen por acá —les señaló una puerta que resultó ser la cocina, caminaron entre las diversas piezas y llegaron a otra puerta, que ocultaba una chimenea, que a Ron le resultó parecida a la de La Madriguera. Saben hablar usando los polvos Flú, ¿no? —al ver que los tres asentían, Salvador les encendió la chimenea con un golpe de su varita y les dijo—. Hablen todo lo que necesiten, voy a estar en la cocina.

—¡Vaya! —exclamó Kevin—, ¡allá también usan los polvos flú!

—¿Y qué pensabas? —intervino Alisu—, ¿Qué serían unos ignorantes, o algo así?

—No, bueno —intentó corregirse, pero Hermione intervino:

—Por lo que leí en un viejo libro de la biblioteca de Hogwarts…

—¿No fue en ese que sacaste para tener una lectura ligera? —preguntó Ron, interrumpiendo y provocando risas.

—Pues sí, en ese —confirmó Hermione, antes de decir—. Pues bien, en ese libro se decía que con las primeras expediciones a Oceanía, viajaron muchos magos, ocultos bajo el Estatuto, como corresponde.

Gracias —musitaron a coro los tres, pero Harry, pensando un poco, comentó:

Hey, recordemos que debe ser medianoche en Londres.

—Ya teníamos rato durmiendo —reconoció Arthur.

—Yo no había podido dormirme —dijo Ginny, contradiciendo a su padre—, estaba preocupada.

—Me imaginé —confirmó Molly.

Cierto… ¿Cómo podemos hacer, Salvador? —preguntó nuevamente Hermione.

Les pueden enviar una carta mediante los polvos flú, escríbanla y ya les digo como enviarla, ahí tienen pergamino y tinta.

Se acercaron a una mesa, donde consiguieron los útiles, y redactaron la siguiente carta:

Querida familia Weasley

Llegamos bien a Australia, ya estamos en Sydney y dentro de tres días podremos rescatar a mis padres, y eso me tiene muy emocionada. Está haciendo un clima frío por acá, pues es invierno en estos lados.

Ya contactamos con el Ministerio australiano de Magia, y nos están ayudando, denle gracias a Kingsley de nuestra parte. El enlace es un mago venezolano, medio loco, pero muy atento. A Ginny le caería bien.

Por la diferencia horaria, va a ser difícil que conversemos en persona, si desean enviarnos algo, lo pueden dejar con Salvador Hernández, que es nuestro contacto acá, usando los polvos flú.

Estaremos viniendo todos estos tres días, pues vamos a ver un poco la rutina de los papás de Hermione para que la transición sea más suave. Y lo que dice Harry es verdad, Salvador está medio loco, pero es muy buena persona.

Escribimos mañana. ¡Saludos a todos!

Harry

Ron

Hermione

—Es verdad —dijo Ron—, ese Salvador estaba medio loco.

—Pero es más por su forma de ser —concilió Hermione—, por su cultura latina.

Tanto Harry como Ron asintieron en silencio.

Luego de cerrar la carta y colocar la dirección de Grimmauld Place, Harry llamó a Salvador.

Ok, esto es lo que vamos a hacer, uno de ustedes va a convocar los polvos flú como si fuera a hablar con alguien: toman un puñado, lanzan el polvo al fuego y dicen la dirección, al cambiar las llamas de color lanzan el pergamino, y el viaja hasta la dirección que dijeron, ¡recuerden decirla claramente!

—Que papá no la vaya a mandar —dijo Lilu, provocando risas.

—Tranquila, mi princesa —replicó Harry, sonriendo—, escucha.

Harry recordó su primer viaje por chimeneas, antes de comenzar su segundo año, cuando al enredarse, salió en la chimenea de "Borgin & Burkes", en pleno callejón Knockturn, por lo que sugirió:

Mándala tú, Ron, a la oficina de Percy.

Sí… —y luego de hacer lo indicado por Salvador, la carta se disipó con un ¡plop!

Bueno, muchachos, si quieren podemos ir a ver dónde queda el consultorio de los Granger —dijo Salvador, sonriendo, lo que Hermione asintió entusiasmada, y salieron de ese cuarto oculto.

—Menos mal —inisitió Lilu, alborotando a los bromistas.

—Además —dijo Harry—, la idea era que no los tomara por sorpresa, quizás Percy sabría comprender por qué se la mandamos a él y no directamente a la casa.

—Sí —reconoció el aludido—, entendí lo que quisieron hacer.

—Sí, fue una excelente idea —confirmó Hermione, quien vio cómo el atril se ubicaba delante de su asiento. Cerró los ojos un momento y suspiró sonoramente.


Notas al pie:

(1) Iron Maiden: "The Final Frontier" (álbum editado en 2010) © Iron Maiden Holdings

(2) Metallica (James Hetfield y Lars Ulrich): "Wherever I May Roam", editado en el álbum "Metallica (Black Album)", de 1992 © Metallica Inc.

(3) A partir de este momento, los diálogos en "inglés" se quedarán en texto normal, y los que son en "español" estarán en cursiva.

Buenas tardes desde San Diego, Venezuela!Un capítulo nuevo, con la aparición de un personaje locuaz, particular y original, quien, de alguna manera protagoniza buena parte de mi producción fanfiquera, como integrante de la "expansión venezuelensii del Potterverso", inspirada en ese portento desarrollado por Sorg-Esp y tantas otras escritoras de la "Magia Hispanii". Este capítulo, por supuesto, lo podemos dividir en tres actos: el arribo y primera noche en Sydney, la visita al local y la presentación de Salvador, y finalmente el plan para lograr que Hermione revierta el hechizo a sus padres. Un poco más largo que los anteriores, pero aún corto para los "estándares" que hemos tenido, que han llegado a rozar las 12k palabras. Espero que lo disfruten, como cada semana, y que me sigan acompañando con sus vistas, sus marcas de favorito, sus alertas activadas y sus comentarios, como dejaron esta semana KariPM (Sí, como siempre intento resaltar, no creo que Ginny haya seguido siendo esa mujer estoica e inamovible que nos presentaron en los libros o películas, sino que algo tuvo que cambiar en ella), HpGw6 (Siempre a tiempo, no hay problemas; y sí, ahora a ver que tal le va a los muchachos en el "Down Under"; y sí, Ginny aún tiene algo de tiempo que esperar), y creativo (No, en ese tipo de viajes, y con esa aerolínea, la comida es de alta calidad. Poca sí, pero de calidad; y como viste, Ron lo menciona; y está bueno eso de "Abuelo Rupert y abuela Emma" si no conociéramos los nombres de los padres de Hermione)... Como cada semana, gracias por estar y acompañarme en esta "aventura astral de tres generaciones y ocho libros"... Saludos y bendiciones!