Harry Potter: Una lectura distinta, vol. 8
Por edwinguerrave
Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008
El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000.
Algunos capítulos incluyen extractos de los "fan fic" 'Harry Potter y la Orden del Fénix', © "Daniela Linx", y 'Harry Potter y el Círculo Secreto', © "jesterdead".
La Frontera Final (1)
Capítulo 8: Tráeme a la Vida (2)
—Menos mal —inisitió Lilu, alborotando a los bromistas cuando Susan terminó la lectura.
—Además —dijo Harry—, la idea era que no los tomara por sorpresa, quizás Percy sabría comprender por qué se la mandamos a él y no directamente a la casa.
—Sí —reconoció el aludido—, entendí lo que quisieron hacer.
—Sí, fue una excelente idea —confirmó Hermione, quien vio cómo el atril se ubicaba delante de su asiento. Cerró los ojos un momento y suspiró sonoramente antes de leer el título—. Tráeme a la Vida. Así mismo fue. Comencemos.
A partir de ahí, los siguientes dos días fueron muy intensos, en cuanto a Hermione, Harry y Ron, pues estuvieron tomando nota de las diversas cosas que hacían los esposos Granger, además de pensar cómo iba a hacer Hermione para revertir el hechizo a sus padres. El día acordado, estaban almorzando en el local de Salvador.
—Wow, es mucho lo que hay que hacer —reflexionó Hermione, mientras comían un "asado negro" de carne, con puré de papas y ensalada fresca—. Llegar, esperar que me reciban, hacer que estén los dos en el consultorio, hacer como que me siento mal, para pedirles el baño, y desde ahí lanzarles el contrahechizo… No sé por qué creo que hay tantas cosas que pueden salir mal… —dijo en tono sombrío, a lo que Harry le respondió:
—El año pasado teníamos muchas más opciones de fallar, y lo logramos, recuerda… Hoy es sólo deshacer un hechizo.
—La verdad es que el año anterior —intervino Al—, con la búsqueda de los Horrocruxes, el tabú, la persecución de Voldemort y los carroñeros, estuvo mucho más complicado todo.
—Pero es mamá —replicó Hugo—, y nunca la he visto fallar un hechizo. No creo que fallara.
—Lo que Ron me dijo —reconoció Hermione, sonriendo levemente a su hijo.
—Sí, Harry, ¡pero son mis padres! ¡No quiero fallar!
—Tranquila, Hermione, nunca te he visto fallar un hechizo —le dijo Ron, tomándole las manos—. No vas a fallar, te lo aseguro, amor.
—Sí, Ron, pero me da nervios que pueda fallar en el último segundo —confesó con un suspiro. Salvador, gravemente, comentó:
—Por lo que me dicen, eres muy buena… No creo que falles, y si fallas, sólo avísanos y te brindaremos el apoyo que necesitas.
—Gracias, Salvador… —luego de un sonoro suspiro, dijo—. Creo que ya es hora, vamos, no quiero llegar tarde al reencuentro con mis padres.
Se levantaron de la mesa, y Harry vió como Salvador se acercaba a su esposa e intercambiaban palabras, posiblemente en español. María se dirigió rápidamente a la cocina, y Salvador le dijo a Hermione:
—¿Quieres tomarte algo, para ir más calmada? Acostumbramos a tomar una infusión de tilo para los nervios; seguro te va a caer bien —Como se negó de forma gentil, le respondió—. Está bien. Después no digas que no te lo ofrecí.
—Nunca lo dije —sonrió Hermione—, primero porque no conocía el "tilo", y segundo porque sentía que si le metía algo más al estómago me iba a desmayar.
—¡Tía! —exclamaron a dúo las hijas de Percy, con gesto de incredulidad.
—¡En serio! —exclamó Hermione, haciendo sonreir a varios—. Sentía que me tenían el estómago agarrado con una zarpa de acero.
Luego de un recorrido rápido por el distrito comercial de Sydney, llegaron a una zona residencial y comercial, donde estaba ubicado el consultorio de los Wilkins, o Granger. Frente a la puerta de éste, en la acera contraria, Matías esperaba, en su papel de mendigo, y cuando vio llegar el Holden Commodore de Salvador, se levantó y caminó hacia una plazoleta a unos cincuenta metros, a donde llegaron Salvador, Harry, Hermione y Ron, caminando detrás de él. Allí, les dijo:
—Bueno, los señores están en el consultorio, llegaron hace diez minutos, y tienen tres personas en la cola de atención, así que si te apuras, puedes ser la cuarta. Yo estaré donde me vieron, alerta si necesitan apoyo… ¿Tú, Salvador?
—Voy a estar en el carro, no sé con quién de ustedes dos —dirigiéndose a Harry y Ron, pero justo cuando Harry iba a hablar, Hermione saltó adelante, tomándole a ambos las manos:
—Entren conmigo, estoy muy nerviosa.
—Me debiste haber aceptado el té de tilo que te ofrecí —comentó Salvador, sonreído (En la Sala estallaron las risas, lo que hizo sonrojar a Hermione y detener la lectura unos segundos)—. Bueno, entren los tres, y si pasa algo, que salga uno y nos avise, ¿ok?
Los tres asintieron, y se dirigieron, entre resueltos y nerviosos (Hermione más nerviosa que resuelta —Exactamente —confirmó Hermione, lo que causó más risas) hacia la puerta del consultorio, que pasaron luego de cruzarse unas miradas significativas, y comprobar que tanto Matías como Salvador habían tomado sus posiciones.
Se trataba de una sala de espera bastante amplia, con una mesita, donde una secretaria atendía el teléfono y tomaba notas en un libro; alrededor, unas ocho sillas de visitantes, de las cuales tres estaban ocupadas por las tres personas mencionadas por Matías, dos caballeros, uno de los cuales se quejaba fuertemente, y una señorita que, sorpresivamente para los chicos, era Katherine, la funcionaria del aeropuerto.
—Ah, que bien —comentó Molly.
—Qué bueno, tenían apoyo —confirmó Frank, asintiendo.
—Kingsley se lo había dicho —confirmó Rose—, que el ministerio australiano les iba a dar apoyo.
Al verlos, le hizo un guiño a Harry, quien lo notó y le susurró al oído a Hermione:
—Quédate tranquila. El apoyo está más cerca de lo que crees.
Hermione dio un respingo, y, luego de reconocer a Katherine, se acercó a la secretaria, acompañada por Ron, mientras Harry se sentaba en la misma zona donde Katherine esperaba.
—Buenas tardes –dijo Hermione, nerviosa—. Tengo una cita para hoy.
—Buenas tardes, ¿usted es la señorita Granger? —al ver el gesto de asentimiento de Hermione, la secretaria dijo—: Muy bien, la va a atender la doctora Monica Wilkins, es su segunda paciente, luego del caballero de allá —indicó señalando al que se quejaba—. Puede tomar asiento.
—Gracias —dijo Hermione entre suspiros, que la secretaria tomó como un síntoma de dolor.
—Por lo menos —comentó JS gravemente.
—Había mucha tensión en el ambiente —confirmó Harry—, aunque más por los nervios de Hermione.
La aludida asintió en silencio antes de seguir leyendo.
—¿Quién sigue, Margaret? —sonó la voz de la señora Granger, lo que hizo emocionar a Hermione. Ron tomó fuertemente la mano de su amada, mientras la secretaria decía:
—Señor Thomson, sigue usted —en ese momento, el caballero de las quejas se levantó, con la mano en el lado derecho de su rostro y se dirigió a una puerta, en donde, sonriente, se asomaba la señora Granger, quien vio a todos los presentes de forma genérica, sin sospechar que a dos de ellos los conocía desde hacía siete años y a otra, desde su nacimiento.
Ante la mirada confusa de varios, Hermione aclaró:
—Recuerden que el hechizo que les había hecho era para sacarles de la memoria consciente que nos conocían, para que les quedara "oculto" por si alguien los interrogaba.
—Interesante —comento sombríamente Snape, ganando rápidamente la mirada de buena parte de la audiencia de la Sala—, un hechizo muy complejo y que sólo algunos privilegiados tuvimos la posibilidad de manejar a un alto nivel. Me gustaría saber cómo terminó resultando.
—Ya lo vamos a leer —dijo Hermione—, no se preocupe.
—Margaret, que pase el primer paciente —sonó desde la otra puerta la voz del señor Granger, por lo que Hermione volvió a suspirar fuertemente. Margaret llamó al otro caballero, por lo que sólo Katherine, Hermione, Ron y Harry quedaban en la sala de espera.
Luego de casi una hora, el paciente de la señora Granger salía de su cubículo, acercándose a Margaret para cuadrar una nueva cita. Al retirarse, Hermione verificó que su varita estuviese bajo la manga de su suéter, le apretó la mano a Ron y esperó, tensa a más no poder, la llamada:
—¿Quién sigue, Margaret? —sonó nuevamente la voz de la señora Granger, a lo que respondió la aludida:
—Señorita Granger, es su turno.
Los más jóvenes se acomodaron en sus asientos, mientras la tensión comenzaba a concentrarse en la lectura.
Hermione, luego de recibir un beso de Ron, y unos guiños de buena suerte de Harry y de Katherine, se dirigió a la puerta del cubículo de su mamá. Se cerró la puerta, los muchachos se quedaron expectantes por unos tres minutos, hasta que de repente se asomó la señora Granger:
—Margaret, dile al doctor Wendell que se asome, por favor.
—Sí, doctora —inmediatamente, Margaret se levantó de su asiento, caminó hasta la puerta del otro cubículo, y justo cuando iba a tocar, se abrió, dejando salir al paciente y al señor Granger, sorprendiéndola.
—La pobre pegó un brinco tal que casi llega al techo —comentó Ron, sonriendo ampliamente y distendiendo un poco la tensión en la lectura.
—¿Necesitabas algo, Margaret? —preguntó, sonriente, el señor Granger.
—Sí, doctor —respondió, aún sorprendida, Margaret—. La doctora Monica me pidió que le dijera que necesita que vaya a su cubículo —lo que extrañó al señor Granger, pero se dirigió a la puerta por la cual entró Hermione, tocó y luego de escuchar un "pase", entró.
Mientras Margaret atendía al otro paciente, Harry y Ron, junto a Katherine, esperaban al borde de sus sillas, cuando vieron un reflejo brillante en el piso debajo de la puerta, justo cuando salía el paciente del doctor Granger, lo que provocó que, inmediatamente, Katherine se levantara, al mismo tiempo que Ron y Harry.
—¡Por las barbas de Merlín! —exclamó Lilu, siendo atacada por una serie de shhhh que le hicieron bufar.
En ese momento se oyeron gritos de alegría dentro del cubículo, lo que hizo que Harry y Ron se dieran la mano, ante la mirada extrañada de Margaret. En ese momento, se asomó la señora Granger, para avisarle:
—Margaret, no vamos a atender más pacientes hoy, puedes irte, tómate el resto de la tarde libre —al ver a Harry y a Ron, la señora Granger sonrió y les dijo—. Chicos, ¡cuánto han crecido!, Pasen, no pensaba que estaban aquí con Hermione.
—¿Los abuelos los conocían? —preguntó Hugo, confundido entre los aplausos en la Sala.
—Sí —contestó Ron con naturalidad—, porque varias veces nos habíamos visto en el andén 9 y tres cuartos.
—Exactamente —confirmó Harry. Hermione sonrió antes de seguir leyendo.
—Deme un segundo, doctora Wilkins —le dijo Harry, mientras empujaba a Ron, que se había quedado en una pieza, y le susurraba al oído—. Entra, voy a decirle a Salvador que todo salió bien.
Harry se fue hacia la puerta, y Ron hacia el cubículo; al asomarse a la puerta, Harry vio a Matías levantarse rápidamente de su lugar de vigilancia, pero al levantar Harry los pulgares, se movió hacia el vehículo de Salvador, quien le dijo, desde la ventanilla:
—Te lo dije, le iba a ir bien. ¡Los espero en el negocio!
—Es que mamá es la mejor —comentó Hugo. Hermione sólo sonrió antes de seguir leyendo.
Al volver a entrar, Harry vio a Margaret salir, extrañada por la actitud de la doctora, y a Katherine, quien le alargaba la mano diciendo:
—Me alegra que todo haya salido bien. Estaremos en contacto. Avisaré al Ministerio.
—Seguro, gracias por todo.
—Tremenda ayuda —reclamó Freddie.
—¿Para qué? —intervino Lucy—, si no la necesitó. La tía Hermione lo resolvió solita.
—No necesariamente —concilió Hermione—. Sabía que Harry y Ron estaban cerca, y creo que saber de esa presencia me ayudó.
Luego de estrechar su mano, Katherine salió, y Harry entró al cubículo, donde Hermione estaba parloteando con sus padres, bajo la mirada divertida de Ron:
—… y logramos vencerlo, bueno, Harry lo venció —Al verlo, Hermione no pudo reprimirse y corrió a abrazarlo, como cuando entró por primera vez a Grimmauld Place, luego del ataque de los dementores, gritando—: ¡Lo logré, Harry, lo logré!
—Sí, Hermione, ya lo noté… Me alegra volverlos a ver, señores Granger —habló desde la maraña de cabellos de Hermione, antes que ésta se separara de su abrazo, para volver a abrazar a su mamá—. Hermione no ha dejado de pensar en ustedes, y de verdad me alegra que los hayamos encontrado.
—¡Qué malo eres, papá! —interrumpió JS con tono jocoso—. ¿Te alegraste que los hayan encontrado?
—¿Te imaginas que tú estuvieras buscando a tus padres y no los encontraras? —preguntó Rose con mucha irritación. JS se quedó congelado y miró a Harry, quien le hizo señas de querer escuchar su respuesta.
—Emmmm, bueno —sólo supo decir—, es un decir, Rosie, no te molestes.
—Recuerda lo que vivió el tío Harry —insistió la joven—, una vida sin padres. Por eso me imagino que estaría muy contento que mamá haya encontrado a los abuelos Granger.
JS sólo encogió los hombros, mientras Harry le hacía señas de calma.
El señor Granger observaba a su hija, sin entender mucho lo que había pasado:
—A ver si comprendí, Hermione, hija, ¿nos pusiste un hechizo para que no pudiéramos delatar a Harry y nos mandaste acá a Australia?
—Sí, papá, yo de verdad lo siento, siempre traté de protegerlos, yo los amo, los amo… —comenzó a llorar convulsamente, entre los brazos protectores de la señora Granger, quien dijo:
—Hizo lo que mejor sabe hacer para protegernos a nosotros, y la entiendo… yo hubiera hecho lo mismo para protegerla, de poder hacerlo… Algo en mi cuerpo me decía que me faltaba algo, pero no encontraba que era…
—Una madre nunca se equivoca —comentó Molly, lo que fue aprobado por las madres presentes en la Sala.
—Bueno, ya que tenemos el resto del día libre, ¿qué les parece si vamos a comer algo? Algo sano, por supuesto —propuso el señor Granger, a lo que los chicos asintieron, sonriendo. Salieron, Hermione aún abrazada con su mamá y tomando la mano de su padre, mientras Ron y Harry caminaban detrás, sintiendo que un gran peso se había quitado de sus hombros.
—Papá, conocimos un local muy divertido cuando llegamos, de comida típica venezolana, si quieres podemos ir allá.
—Y, ¿allí se come sano? —preguntó el señor Granger, haciendo sonreír a todos.
—No sé si sano —comentó Ron—, pero de que se come sabroso, se come sabroso.
Este comentario hizo reir a varios en la Sala.
Fueron a "Venezuelan Foods and Arepas", donde un divertido Salvador compartió con los Granger, Harry y Ron un "sancocho cruzado", una especie de caldo reforzado con diversas verduras, piezas de pollo y trozos de carne de res y pescado, que disfrutaron entre risas, chistes y recuerdos. En un momento determinado, Harry les dijo:
—Hay que avisar a Londres que los ubicamos…
Ginny asintió en silencio, como comprendiendo algunos hechos.
—Ya nosotros nos encargamos de avisar al Ministerio. La familia del joven Ron está al tanto, y dejaron dicho que si se iban a comunicar con ellos, estarían cerca para conversar en persona.
—¿Podemos ir a hablar con ellos? —preguntó Ron, a lo que Salvador asintió.
—Vayan ustedes, yo quiero estar con mis papás un rato más… —dijo Hermione, para luego besar las manos de su mamá—. Los quiero, ¿saben? No sé si se los he dicho…
—Con esta van unas diez veces –sonrió la señora Granger.
Explotaron nuevamente las risas en la Sala, especialmente por el sonrojo de Hermione.
—Y no me cansaré de decirles que los quiero —reconoció sonriendo.
Harry y Ron se levantaron, junto a Salvador, y se dirigieron a la habitación de la chimenea, donde, invocando la dirección de la casa de Sirius en Londres, se asomaron a las llamas verdes.
—¡Hola! Señora Molly, Ginny, ¿Están por ahí? —preguntó Harry, asomándose a la sala-recibidor de Grimmauld Place, y encontrando como respuesta a Kreacher:
—¿Joven amo? El viejo Kreacher va a llamar a los señores y la señorita Weasley, deme un momento.
—Realmente ayudaste a cambiar al viejo Kreacher —comentó Sirius.
—Respeto y atenciones, sólo necesitaba eso —dijo Harry, asintiendo levemente.
Kreacher se alejó, y al cabo de unos segundos, llegaron corriendo el señor y la señora Weasley y Ginny, quien alegre, se sentó al lado del fuego, todos en pijamas.
—¿Cómo la están pasando por allá? –preguntó interesada la señora Molly—. Hace una hora y media nos llegó un mensaje de Kingsley, que habían logrado revertir el hechizo a los padres de Hermione, ¿Cómo están? ¿Dónde está ella?
—Todo bien —dijo Harry, comiéndose con la mirada a Ginny (ese comentario provocó silbidos y risas en la Sala, que interrumpieron a Hermione por unos minutos)—, Ron está aquí conmigo, y Hermione y sus padres se quedaron conversando, tienen mucho que hablar, nosotros nos vinimos para avisarles que todo está bien, ¿Cómo están ustedes por allá?
—Bien, ya logramos construir una parte de La Madriguera, y cuando regresen, creo que podremos irnos a nuestra casa —respondió orgulloso el señor Weasley—. Kingsley nos brindó un gran apoyo, inclusive Hagrid nos dio algo de ayuda –Esta noticia emocionó a Harry, quien sabía lo mucho que el guardabosque del colegio apreciaba a toda la familia Weasley.
—Toda la vida —comentó Hagrid—. Desde los padres de Arthur y los gemelos Prewett, los Weasley han sido de mis más estimados, además de ustedes, por supuesto —señalando a James, Lily y Sirius—. Después, por supuesto, llegaron ustedes —señalo con un barriudo de su enorme mano a los hermanos Weasley, Hermione y Harry, para cerrar con los más jóvenes—. Y ahora están ustedes, esta nueva generación a la que me acostumbro poco a poco.
—¿Y cuándo regresan? —preguntó Ginny, viendo sorprendida a los muchachos, especialmente a Ron, que luchó para acomodarse al lado de Harry.
—No se —terció Ron—. Dependerá de cuánto tiempo le tome a Hermione convencer a sus padres para que regresen.
—Yo espero que sea esta misma semana, o a lo sumo principios de la venidera —comentó Harry, antes de despedirse—. Bueno, me alegró verlos, salúdenme a Percy, Bill y George, y díganle a Kingsley que gracias por todo.
—Seguro Harry, y Ron, cuídense por allá —concluyó el señor Weasley.
—Avisen cualquier cosa, por favor —pidió la señora Molly, mientras Ginny lanzaba un beso a Harry.
—Eso es amoooooooooor —saltó el coro de bromistas, provocando nuevas risas en la Sala.
De regreso a la mesa, ya estaban Hermione y sus padres tomando una aromática taza de café venezolano, mientras Salvador mostraba su orgullo aspirando el grato aroma de esa infusión. Harry les comentó las noticias, y el señor Granger les propuso:
—Si ustedes lo desean, pueden venir a pasar el resto de sus vacaciones a nuestra casa, no es muy grande, pero hay espacio para todos.
—Bueno, papá, tenemos que buscar nuestras maletas en el hotel.
—Eso no es problema, vamos, las buscamos y nos vamos a la casa a que nos sigan contando sus aventuras —dijo sonriendo el señor Granger.
Luego de despedirse de Salvador, prometiéndole pasar antes de regresar a Inglaterra, salieron de "Venezuelan Foods and Arepas", a pasar unos días adicionales en casa de los Granger.
—La casa de los abuelos Granger es muy bonita —comentó Hugo, sonriendo a la vez que Hermione suspiraba al colocar el pergamino en el atril.
—Sí —confirmó Rose—, y lo mejor es que mamá mantiene el contacto con los abuelos. Claro, no vamos tan seguido como a La Madriguera, pero al menos vamos una vez al año.
—Bueno —concedió Hermione—, habrá que ver cómo haremos a partir de este año, con los dos ya acá en Hogwarts.
—Papá —interrumpió Lilu—, ¿ustedes siguen en contacto con el señor Salvador?
—Sí, por supuesto —confirmó Harry, sonriendo—, Salvador es actualmente el Jefe de la Oficina de Aurores de Australia, el primer extranjero en alcanzar ese puesto, y si lo ha logrado es porque es realmente un gran mago. Y su familia es realmente maravillosa.
—Sí —coincidió Ron, quien veía el atril delante de su asiento.
Notas al pie:
(1) Iron Maiden: "The Final Frontier" (álbum editado en 2010) © Iron Maiden Holdings.
(2) Evanescense (Amy Lee, Ben Moody, David Hodges): "Bring Me to Life", editado en el álbum "Fallen", de 2003. © Evanescense. Disponible en: watch?v=i3MKTm-49uI
Buenas tardes desde San Diego, Venezuela! Y feliz inicio de mes de octubre! Para los fanáticos del beisbol venezolano, hoy es un día agridulce, porque se retira uno de los beisbolistas más importantes, carismáticos y queridos que ha nacido en esta tierra: Miguel Cabrera, con una hoja de servicio de 21 años de trayectoria impecable. pero sé que no vinieron para que les hablara de un deporte que muy pocos conocen y muchos menos disfrutan, sino de este capítulo, en el cual Hermione, llena de nervios y preocupaciones, logra reencontrarse con sus padres, gracias a la investigación hecha por ese grupo de venezolanos en Australia. Un capítulo lleno de emociones, tensión y expectativa, que de alguna manera se proyecta a la nueva generación, inmersa en esta "aventura astral de tres generaciones y ocho libros". Espero que esté siendo del gusto de ustedes, mis estimados lectores, con sus visitas, sus marcas de favorito, sus alertas activadas y sus comentarios, como dejaron esta semana HpGw6 (Qué bueno que te parezca buena la incorporación de estos personajes), creativo (¿qué puedo comentarte? Mas o menos por ahí van las cosas), y Eugre (Bienvenida de regreso! Y sí, por gente como tú, que espera que continúe esta locura, es que sigo domingo a domingo; espero que lo estés disfrutando)... Gracias por estar, gracias por seguir y #GraciasMiggy por todo! Saludos y bendiciones!
