Harry Potter: Una lectura distinta, vol. 8

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000.

Algunos capítulos incluyen extractos de los "fan fic" 'Harry Potter y la Orden del Fénix', © "Daniela Linx", y 'Harry Potter y el Círculo Secreto', © "jesterdead".


La Frontera Final (1)

Capítulo 11: En la Ciudad de la Furia (2)

Luego de un buen rato de conversación, en el cual el tema de conversación fue Australia, especialmente la ciudad de Sydney, y los Hernández, esa familia de magos venezolanos migrados a esos territorios; los distintos grupos se fueron separando a sus respectivas habitaciones. En el caso de los Potter, Harry, Ginny y los chicos fueron acompañados por James, Lily, Sirius, Remus, Tonks y Teddy al símil de la casa de Grimmauld Place. Cuando entraron, el antiguo dueño de esa residencia exclamó, sorprendido:

—¡Vaya! ¡Cuánto ha cambiado!

—Algo, algo —comentó Harry—, tratamos de mantener la esencia de la familia Black, no hemos querido cambiar mucho, salvo que no se siente tanta vibra oscura en las habitaciones.

—Por mí no te preocupes, Harry —indicó Sirius—, haz lo que tengas que hacer. Ya la casa es tuya.

—Lo sé —confirmó Harry—, pero también sé que quiero respetar y honrar tu legado. El tuyo más que el del resto de tu familia —aclaró al ver que Sirius se disponía a replicar.

Hicieron un recorrido relativamente rápido por las habitaciones de la planta baja, tomaron té en la cocina, donde Sirius, sentándose en el puesto de privilegio de la gran mesada, sonrió al recordar:

—¿Recuerdas, Harry? ¿La primera vez que pediste información sobre la Orden del Fénix?

—Por supuesto —confirmó el aludido—, recuerdo que la señora Molly no quería que nos dijeran nada, y casi que se armó un motín.

—Y los entiendo —comentó Tonks—, porque —continuó ante la atenta mirada de Lily—, si sólo te lo decían a ti, igual Ron y Hermione, e incluso Ginny, se iban a enterar. Entonces era mejor que lo supieran de primera mano a una versión que podía ser incorrecta.

—Estoy de acuerdo —reconoció Lily—, aunque aún eran muy jóvenes, todos estaban involucrados, sobre todo Harry, por lo que necesitaban información exacta. Si no toda, al menos la que necesitaban.

—Suficiente para entender que lo que se venía era duro —reconoció Harry antes que los invitados se despidieran para descansar. Luego de hacer que los chicos se fueran a la cama, mientras Ginny se deslizaba en la cama, Harry comentó—: Creo que mañana vamos a leer sobre momentos muy interesantes.

—Sí —confirmó Ginny—. ¿Cuándo fue que conocimos a Dil?

—Creo que en el expreso de Hogwarts —Harry suspiró y dijo—. Ese viaje fue algo raro.

—Sí —reconoció Ginny, mientras abrazaba a Harry—, fue muy extraño.

Apenas se besaron y cayeron en un reparador sueño, del cual despertaron al escuchar a JS y Al otra vez argumentando en el pasillo.

—¿Por qué hablarán tan alto? —preguntó Harry estirándose.

—Yo también quiero saberlo —reconoció Ginny.

Cuando salieron, luego de prepararse, encontraron a JS en la puerta de la cocina y a Al apoyado en la baranda de la escalera, mientras Lilu los veía desde la puerta del salón recibidor:

—Lo que yo me pregunto —dijo JS— es, si papá, tío Ron y tía Hermione iban a regresar a Hogwarts, ¿estarían en el mismo año de mamá?

—Nooo, Jamie —respondió Al, con tono de decepción—, ¿no te acuerdas de lo que se leyó de la declaración de la directora McGonagall?

—No, Al, no tengo la memoria de Rosie.

—Yo tampoco —replicó Al—, pero recuerdo que decía que el año había sido anulado y que podían volver. Si lo anularon, yo imagino que es para todos los cursos, porque todos los que fueron la pasaron igual.

—Eso quiere decir que papá, tio Ron y Tía Hermione irían a séptimo —intervino Lilu—, y mamá a sexto.

—Exactamente —confirmó Harry, sorprendiendo a sus hijos—, Lilu tiene razón. Pero mejor leamos a ver que pasó, ¿les parece?

Los tres asintieron, a la vez que Lilu abrazaba a Harry y Ginny acariciaba el rostro de Al y su cabellera, que le recordaba a Harry al Sirius joven que había visto en los recuerdos de Snape.

Salieron a la Sala y se unieron al resto de los asistentes para disfrutar del desayuno, el cual se desarrolló con mucha expectativa, puesto que los más jóvenes especulaban sobre el regreso a clases, hasta que, ya organizados en sus butacas, el atril con el nuevo capítulo se materializó delante de Neville.

—Vaya nombre interesante para este capítulo —comentó antes de anunciar—: Parece que lo que voy a leer ocurre En la Ciudad de la Furia.

Varios miraron con interés a Harry, quien sólo se encogió de hombros y sonrió. Neville asintió para luego comenzar a leer.

El 29 de agosto, mientras Harry, Ron y Ginny desayunaban y pensaban ir a visitar a Hermione, mediante los polvos Flú, una lechuza parda entró por una de las ventanas de la sala-recibidor.

¿Y esa lechuza? —se preguntó Ginny.

Debe ser de Hogwarts —respondió Harry, mientras tomaba el grueso sobre que traía en el pico—. Sí, miren el sello.

Abrió el sobre y notó tres sobres en su interior, identificados para cada uno.

—Eso me llamó la atención —comentó Molly—, eso de entregar todos los sobres en uno no se hizo antes.

—Fue circunstancial —aclaró la directora McGonagall—, debido a que se perdieron muchas lechuzas en la batalla. Con el tiempo, nos dimos cuenta que funcionaba mejor con familias grandes, o con muchos integrantes, como los Weasley o los Longbottom.

Los mencionados aplaudieron, sonriendo, a la vez que Neville se preparaba para seguir leyendo.

Los abrieron simultáneamente, y Harry leyó, mientras la señora Weasley se acercaba desde la cocina:

Estimado señor Potter,

Debido a los acontecimientos del año anterior, y por decisión de la Directora Minerva McGonagall, se le informa que ha sido usted admitido de vuelta en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, con el fin de cursar su séptimo año escolar.

Por ello, se le ruega tenga la amabilidad de presentarse junto con el resto de sus compañeros de clase el día quince de Septiembre, a las once de la mañana, en el andén 9 y 3/4 de la Estación King's Cross.

Adjunto la lista de útiles que necesitará para este año.

Atentamente,

Filius Flitwick

Director asistente

Libro reglamentario de hechizos, curso siete

Transformación, nivel avanzado

Líquidos Mágicos del mundo, de Charles Schulz

Astronomía: pasado, presente y futuro, de Morgane Loch

Extraños seres mágicos del mundo, de Icarus Kramer

Guía de la Autoprotección contra el Mal, Anónimo

La magia de las plantas, de Moon Le Noux

—Buena lista de libros —comentó Rose—, he leído algunos, creo que me faltó nada más el de Astronomía, y porque mamá no tiene nada de eso en la biblioteca.

¡Wow! —dijo Ron, al ver la carta—. El profesor Flitwick subdirector… ¿Y quién quedará como jefe de Gryffindor?

Vaya, buena pregunta, tendría que ser quien sustituya a McGonagall en Transformaciones —respondió Harry—, porque me imagino que su condición de directora se lo impedirá.

De pronto un swoosh, proveniente de la chimenea, dejó salir a Hermione, con su cabello revuelto, y su carta de Hogwarts.

Se escucharon algunas carcajadas, lo que hizo sonreir a Hermione.

¡Llegaron las cartas! ¿Cuándo vamos al Callejón Diagón a comprar los libros? ¡Me dieron el "Premio Anual"!

¡Hola, Hermione, felicitaciones! –saludó Harry, mientras Ron la abrazaba y besaba—. No sé, si quieres podemos ir en un rato, ¿qué le parece, señora Molly?

Ay, bueno, yo tengo que pasar por Gringotts a sacar dinero para comprarle los libros y túnicas nuevas a Ron y a Ginny. Terminen de desayunar, estás invitada, Hermione, ¡y felicitaciones!…

Gracias, señora Weasley.

Para ti, también soy Molly, ¿ok?

Está bien, señora Molly.

—El respeto vaya por delante —comentó Hermione, mientras se oía un rumor de risitas.

—Como debe ser —comentó la directora McGonagall, acallando esos rumores.

El resto del desayuno pasó en discutir quienes serían los profesores que faltaban: Defensa contra las Artes Oscuras, como todos los años cursados por Harry, Ron y Hermione; Transformaciones, ya que McGonagall había asumido la dirección, y Pociones, si Horace Slughorn se retiraba del puesto. Cuando terminaron de desayunar, se dispusieron a aparecerse en El Caldero Chorreante, excepto Ginny y la señora Molly, quienes fueron mediante polvos Flú, ya que la pequeña Weasley no había presentado aún el examen de aparición.

—Aunque pudieron ir con una aparición conjunta, ¿no? —preguntó Molls.

—Sí —aceptó Molly—, pero yo también le tengo mucho respeto a la aparición, prefiero ir por lo seguro.

Molls asintió, aunque con dudas que notó Lucy, quien la interrogó con la mirada.

Cuando llegaron, y los brujos que estaban en el local vieron a Harry, prorrumpieron en una salva de aplausos que hizo que éste enrojeciera y les pidiera calma:

Gracias, gracias, aunque en serio, yo no hice mucho.

¿Cómo que no? —comentó Tom, el atento encargado de El Caldero Chorreante. Te encargaste de Tú-sabes-quien en persona, y lo disolviste en la nada, ¡eso es demasiado!

Sí Tom, pero no lo hubiera hecho si muchos otros magos y brujas no me hubieran apoyado, comenzando por estos cuatro —dijo, señalando a Ron, Hermione, Ginny y la señora Molly, que en ese instante salía de la chimenea—. Si nos permiten, aún nos queda un año por cursar en Hogwarts.

Snape miró a Harry, aunque no hizo ningún comentario.

Sí, sí, por favor, no faltaba más –dijeron los diversos magos y brujas que se habían aglomerado para ver a Harry, creando un "pasillo de honor" por el cual pasaron, bajo los aplausos de la concurrencia. Al llegar a la pared de acceso al Callejón Diagón, Harry les comentó a los demás:

Este año va a ser sumamente largo, se los garantizo.

—¿Por qué, papá? —preguntó Lilu, extrañada.

—Porque muchos iban a tratarme de esa forma, Lilu —respondió Harry—, con alabanzas y reconocimientos, cuando yo lo único que hice fue cumplir con lo que tenía que hacer.

—Que fue derrotar a Voldie —intervino JS.

—Exactamente —dijeron Harry y James al mismo tiempo.

Al cruzar, vieron los diversos cambios que estaban dándose en el callejón: tiendas que habían sido clausuradas por los mortífagos estaban abriendo sus puertas, nuevas tiendas surgían sustituyendo a otras, y un movimiento efervescente de personas que se desplazaban por el callejón. La señora Molly comentó:

Bueno, tenemos que pasar primero por Gringotts —Esto trajo temores a Harry, Ron y Hermione, quienes recordaban la incursión hecha a principios de ese año, cuando buscaban las reliquias que contenían trozos del alma de Voldemort. Harry comentó:

Emmm… Chicos, ¿por qué no nos esperan en la heladería de Florean Fortescue? No creo conveniente que entremos todos al mismo tiempo, no sé cómo nos tratarán los duendes.

—Bueno —comentó Bill—, los duendes no estaban muy contentos, aunque más molestos estaban con los mortífagos, por su intento de intervención en el banco.

Cierto —ratificó Ron— Vamos, Ginny, Hermione…

Pero es que yo necesito cambiar dinero muggle —rogó Hermione, a lo que Harry respondió:

Déjame preguntar en cuanto están cambiando las libras, y yo te hago el cambio, no te preocupes. Pidanle a Florean lo que quieran tomar, que yo lo pago —cuando Ron iba a protestar, Harry le señaló diciendo—: Ni se te ocurra negarte, que el tuyo sea doble.

Gracias, Harry… —Hermione le sonrió a su amigo—. Nos vemos en lo de Florean.

—Papá —reclamó Rose—, ni siquiera le agradeciste al tío Harry.

—No me dejó —comentó Ron, sonriendo—, porque cuando fui a reaccionar ya se había alejado con mamá.

Entraron a Gringotts y cada uno se dirigió a un estante desocupado en donde un duende de aspecto serio y malhumorado contaba galeones y los pasaba de un lugar a otro; cuando Harry llegó al que lo iba a atender, el duende lo miro de reojo sin ningún tipo de asombro, y dijo:

Bienvenido de nuevo a Gringotts, señor Potter, ¿en qué puedo ayudarlo?

Emmm. Vengo a retirar un poco de dinero de mi bóveda, si es posible —respondió Harry, un poco impresionado.

Por supuesto, señor Potter, permítame su llave.

Harry saco la llave de la bóveda de su bolsillo y se la entrego al duende, quien inmediatamente cerró su libro de cuentas y le señalo a Harry un pasillo al lado del estante. Harry, quien no sabía cómo actuar, siguió al duende hacia los carritos que se movían a alta velocidad por el laberinto de cuevas y pasadizos, y sin tener ninguna intención de hacerlo, pregunto al duende:

¿Cómo ha estado el ambiente en el banco, si se puede saber?

—Eso no se pregunta, papá —exclamó Al, a punto de reírse.

—Me sentía comprometido —reconoció Harry—, después de todo lo que pasó.

El duende, lo miro de reojo y contesto:

Bastante seguro desde su última visita, señor Potter, si a eso es a lo que se refiere.

Aaaaauch —exclamó el coro de bromistas, desencadenando risas.

Harry sintió la necesidad de excusarse y murmuró un "lo siento", bastante sincero.

¡Oh! no tenga cuidado, joven, los duendes nunca habíamos tomado partido en las guerras de los magos, pero como se vio, ese asqueroso mago nos obligo a rendirle cuentas; no lo juzgamos por eso, señor Potter, pero hubiera sido de gran ayuda que nos avisara que destruiría nuestras instalaciones.

Respecto a eso, los daños causados al banco…

No se preocupe usted por eso, el Ministerio de Magia se encargo de eso hace ya un tiempo, como puede ver.

—Al quedar las bóvedas de muchos de los mortífagos sin herederos —aclaró Percy—, el Ministerio autorizó que esos recursos se entregaran al banco para las reparaciones correspondientes y para indemnizar a las familias afectadas por los actos de los mortífagos.

—Sí —reconoció Susan—, a nosotros nos financiaron la reconstrucción de nuestra casa como compensación por la muerte de la tía Amelia.

Cuando el duende terminó la frase, el carrito que los transportaba se detuvo frente a la bóveda de los Potter, y luego de bajarse, el duende inserto la llave en la puerta, e invito a Harry a seguir. Harry entró, mirando de reojo, y nuevamente se maravilló con la cantidad de oro; muy seguramente la fortuna de Sirius había sido trasladada a su bóveda cuando acabo la guerra, pues ahora veía casi el triple de oro del que había la última vez que vino hace más de dos años, a pesar de la transferencia que había hecho, a través de Bill, a la bóveda de los Weasley.

—Que siempre te agradeceré, Harry —dijo Molly con emoción en la voz.

—Ni lo mencione, señora Molly —replicó Harry, a lo que Ron comentó:

—Mamá, si sabes como es, ¿para qué lo haces?

Este comentario provocó algunas risas, mientras Harry asentía levemente.

Sacó una bolsa llena de galeones, sickles y knuts, e índico al duende que había sido todo, regresando en silencio hasta el salón principal del banco, donde la señora Weasley esperaba; Harry, luego de consultar la tasa de cambio del dinero muggle, se intentó despedir con un apretón de manos del duende que lo atendió, pero éste, con expresión grave le indicó:

Como ya se imaginará, señor Potter, usted ya está en libertad de disponer de la totalidad de los bienes de su familia que se encuentran acá, junto con la totalidad de la herencia de la familia Black, por disposición de su padrino.

Bill asintió en silencio, y James comentó:

—Creo que se tardaron de más.

—Tenían sus razones —comentó Bill.

Harry se quedó sorprendido cuando el duende le entregó un grueso rollo de pergamino, en el cual se detallaban los bienes, acciones y propiedades que estaba recibiendo.

¿Y eso que me lo están entregando hoy?

Porque no había regresado al banco desde su pasada visita —le respondió el duende, con una sonrisa entre maliciosa y divertida—; luego de enterarnos de su victoria sobre el Innombrable, supusimos que en cualquier momento vendría.

Próximamente vendré para ponerme al día con esta información —agitando el rollo de pergamino, se despidió, acercándose a la señora Molly, quien lo veía preocupado. Cuando la alcanzó, sólo pudo decirle, apenado—: Asuntos del banco, nada malo.

—Después lo conversamos, sí —reconoció Molly—, y de verdad es algo incomprensible. Al menos yo todavía no lo comprendo.

—Por eso es algo que se debe manejar con mucha precaución —comentó Harry—, no andar exhibiendo qué tanto tienes, para evitar inconvenientes.

Neville asintió en silencio, sonrojándose al adelantarse en la lectura.

Cuando regresaron a la heladería de Florean Fortescue, se encontraron con un risueño Neville, acompañado de su abuela, la cual parloteaba orgullosa con Ron, Hermione y Ginny:

—… ¡Imagínense! ¿Quién se iba a suponer que mi nieto-el-torpe iba a colaborar en la destrucción de Quien-ustedes-saben, al cortarle la cabeza al monstruo ese?Y va a regresar a Hogwarts, le están pidiendo que termine el séptimo año para que se quede de una vez como profesor de Herbología… ¡Ah!, sus papás pueden sentirse orgullosos —esta afirmación hizo que Neville enrojeciera hasta las orejas, lo que hizo sonreír a Ginny.

Vamos, abuela, que tenemos que pasar por la tienda de Ollivander.

¡Volvió a abrir Ollivander! —dijo Harry contento, y preguntó a Neville, luego de saludarlo a él y a su abuela— ¿Y eso que vas con él?

Es que quiero comprar una varita nueva, porque la mía se partió en medio de la batalla; y aunque tengo varias de los magos con los que luché, casi una colección, ninguna me hace sentir cómodo, así que prefiero una propia; lo que lamento es que esa era la varita de papá.

Bueno, Neville, señora Longbottom, nos veremos en el tren.

Claro, hijo, cuídense, sobre todo tú —respondió mientras le pellizcaba la mejilla a Harry, algo más fuerte que un cariño.

—¿Por qué tu mamá es así, Frank? —comentó Alice, lo que provocó risas en la Sala.

—Toda la vida —contestó Neville en su lugar, totalmente sonrojado.

Al alejarse, Hermione no resistió la oportunidad de comentar:

Vaya, Neville profesor de Herbología, ¿quién se lo imaginaba?

Bueno, la constancia genera sus frutos, Hermione —comentó Ron-, ¿o no?

Claro, mi amor.

—Gracias, Hermione —se interrumpió Neville, dando chance a los bromistas para que alborotaran con risas.

—Realmente se lo merecía, señor Longbottom —comentó la profesora Sprout—, desde el primer momento que lo ví en los invernaderos, me dí cuenta que usted tenía y tiene una sensibilidad especial hacia la herbolaria. Por eso no dudé en recomendar que lo entrevistaran para ser mi sustituto en Hogwarts.

Luego de comprar los libros, material de trabajo, repuestos para el kit de pociones de los tres, que Hermione agotó durante la aventura del año anterior, y un juego de túnicas para el colegio, además de saludar a varios de sus compañeros, como Seamus Finnigan, Parvati Patil, Susan Bones (quien lloró al ver a Harry, pues recordó a su madre, asesinada por los mortífagos), Hannah Abbott, quien se sonrojó al ver a Neville saliendo de la tienda de Ollivander, Dean Thomas y Luna Lovegood, quien saludó efusivamente a los chicos; Harry comentó:

Creo que necesitaré una nueva lechuza… me hace falta Hedwig, y no quiero estar pidiéndote constantemente a Pig, Ron; aparte estoy pensando en una nueva escoba, necesito un buen medio de transporte, y no sé si habrá quidditch este año.

—Excelente decisión, Harry —comentó James—, una lechuza es tan necesaria como una buena escoba.

Lily miró a James como esperando que más iba a decir, pero éste solo encogió los hombros e hizo señas a Neville para que siguiera leyendo.

Pues vamos primero al Emporio de la Lechuza —planteó la señora Weasley.

Al llegar al local, encontraron un enorme surtido de lechuzas, búhos, y otros animales menos atractivos, como murciélagos (que se intentaban esconder de la luz del día), sapos y ratas, lo que hizo gruñir a Ron. Luego de dar varias vueltas, Harry se decidió por una magnífica lechuza color miel, con unos brillantes ojos de color amarillo ámbar, por la cual pagó 15 galeones.

¿Y cómo la vas a llamar? —preguntó Ginny al verla.

No sé, no me puedo sacar al nombre de Hedwig de la mente… la llamaré Wighed, ¿Qué te parece, Wighed?

Al escuchar que se dirigían a ella, la lechuza erizó las plumas, se acercó a Harry, y chasqueó el pico en señal de aprobación.

Como que le gusta ese nombre —dijo Ginny, sonriendo.

—Justo iba a comentar eso —dijo Lilu, sonriendo.

Luego cruzaron la calle hasta Artículos de Calidad para el Quidditch, donde vieron la nueva gama de escobas, estaban la Nimbus 5000 limited edition, autografiada por las jugadoras de las Arpías, pero también tenían una nueva marca, que para muchos era la competencia de las Nimbus, la Estratofire 400, autografiada por su nueva imagen, Viktor Krum, hasta que en otro estante Harry encontró lo que estaba buscando, la nueva Saeta de Fuego Turbo. No dudó ni un minuto en pedir una, y pagar los 280 galeones que costaba, a pesar de los reclamos de la señora Molly. "Si voy a jugar quidditch este año lo haré con suficiente estilo", pensó, recibiendo el paquete con la magnífica escoba.

—¿Quéééé? —exclamó Lily, impactada—. ¿Pagaste ese dineral por una simple escoba?

—Bueno —respondió Harry, algo sorprendido—, era una extraordinaria escoba, y aún la conservo, tan rápida y precisa como en su momento.

—Es que no entiendo —insistió Lily—, ¡son 280 galeones! ¡Eso no es moco de murciélago, Harry!

—Mi Cleansweep plus me costó en aquel momento 95 galeones —comentó James—, y era lo mejor en esos tiempos. Imagino que la economía ha cambiado en todos estos años.

—Pero igual, James —replicó Lily—, creo que pudo comprarse una más económica e igual de buena.

—Puede ser —barajó Harry—, pero preferí quedarme con una marca que me había funcionado muy bien. La Saeta de Fuego que me regaló Sirius fue de lo mejor, y supuse que esta versión sería igual de buena. Sinceramente no quise cambiar de marca.

Bueno, creo que hemos hecho todas las compras, ¿verdad? —preguntó la señora Molly, aún molesta por lo que consideraba "un soberano despilfarro". Harry escondió su intención de obsequiar a Ginny y a Ron con sendas escobas nuevas, más por no molestar a la señora Molly, puesto que en ese momento era lo que más deseaba hacer.

—Eso sí no lo sabía —comentó Molly, algo apenada.

—Pero, tío —preguntó Nique—, ¿se las regalaste?

—Sí —reconoció Harry—, se las pedí por correspondencia antes de irnos a Hogwarts.

Los fanáticos del quidditch aplaudieron el gesto de Harry.

Al hacer todos los chicos señales aprobatorias, se dirigieron a El Caldero Chorreante, donde todos, debido a la cantidad de paquetes que llevaban, incluyendo la jaula de la nueva lechuza y el paquete con la escoba, tuvieron que regresar por polvos flú a Grimmauld Place.

—Es que fueron bastantes compras —indicó Hermione—, casi como las de primer año.

—Pero tío Harry es malo —soltó Louis, mientras Neville colocaba el pergamino en el atril—. No le regaló una escoba a la tía Hermione.

—No era necesario, Louis —respondió Hermione—, Harry sabía que no necesitaba hacer ese gasto.

—¡Por supuesto! —exclamó Rose, a punto de soltar la carcajada—, ¡Mamá no es buena volando en escoba! Y eso se ha leído muchas veces, desde la primera clase de vuelo en primer año, la prueba de las llaves del profesor Flitwick, cuando le tocó volar en el hipogrifo o en el threstal; de hecho, mamá no es buena volando.

—Por eso prefiero la aparición —reconoció Hermione, sonrojada.

—Y por eso —indicó Harry—, en lugar de una escoba, le regalé un bono equivalente en Flourish and Blotts, para que comprara los libros que quisiera.

—Buen gesto, hijo —agradeció Lily, abrazando a Harry. Mientras tanto, Angelina veía con interés como el atril con el nuevo pergamino se ubicaba delante de su asiento.


Notas al pie:

(1) Iron Maiden: "The Final Frontier" (álbum editado en 2010) © Iron Maiden Holdings

(2) Soda Stereo (Gustavo Cerati): "En la Ciudad de la Furia", editado en el álbum "Doble Vida", de 1988 © Soda Stereo. Disponible en: watch?v=nDk7WgigT-w

Buenas noches desde San Diego, Venezuela! Hoy sí, hoy sí les puedo traer el capítulo en la fecha que corresponde, domingo en la tarde-noche, para que lo disfruten como corresponde, sin interrupciones de servicio eléctrico o de internet; un capítulo que revela cosas interesantes, como la información que trae la lechuza de Hogwarts, ese paseo por un Callejón Diagon comenzando a activarse y las diligencias tanto en Gringotts como en las tiendas del callejón Diagon previas al regreso (esperado por cierto) a Hogwarts, de acuerdo a lo leído en el capítulo pasado. Ahora sí, vamos a agradecer como corresponde a todos mis lectores, quienes semana a semana están firmes con sus visitas, sus marcas de favorito, sus alertas activadas, y sus comentarios, como los que dejaron estas dos semanas HpGw6 (Sí, Ron me recordaba en ese momento al león cobarde de "El Mago de Oz", y Harry tuvo que darle ese apoyo; y ya ves que incluyo muchas referencias a memes y cultura pop), KariPM (Claro, son decisiones duras, pero como hablaron en ese momento "ya sabía donde encontrarlos"; Ron tenía esa oportunidad y no podía perderla; Sí, me gusta agregarle ese toque de "teaser trailer" a los "amaneceres" de la lectura; y sí, creo que eso era necesario aclararlo, porque todo lo que se leyó respecto a la casa era oscuro y tenebroso, pero Harry y su familia le aportó la luz que merecía, por eso no quiso "irrespetar" el legado de Sirius, sino mejorarlo), Eugre (Sí, aquí sigo y la idea es completar este libro y el epílogo; después, ya veré que se me ocurre para cerrarlo. Gracias por tu apoyo, paisana!) y creativo (Puede ser lo segundo, aunque Harry seguramente conciliará, pero habría que ver; y sí, en un primer momento lo pensé, pero al recordar que muchos estudiantes no pudieron ir a Hogwarts, fueron expulsados por el famoso "status de sangre" o se escondieron en la Sala de Menesteres - refugio, creo que se sentía más natural pensar en la eliminación del año, algo como lo que pensaron hacer en un momento gracias a la Cuarenterna; bueno, recuerda que las comidas en Hogwarts siempre han sido muy alabadas por su sabor, así que no es extraño que lleguen al "toque venezolano", pero eso es más una licencia personal, jejejejeje)... Gracias por estar, por seguir conmigo en esta "aventura astral de tres generaciones y ocho libros", y por esa energía que me brindan semana a semana! Saludos y bendiciones!