Nov22
AU: Almas Gemelas.
Prompt: Yo podría morir por ti.
Kink: Fetiche de morder o ser mordido.
Cuando descubrió el nombre de su pareja destinada tatuada en su piel de forma natural, Keisuke no sabía cómo comenzar a sentirse por este hecho. Fue una tarde mientras volvía del instituto que la encontró cuando se desnudó en el baño frente al espejo dispuesto a ducharse; ésta estaba ubicada a la altura de sus pectorales, justo donde palpitaba su corazón.
Con la inocencia y anhelo de un niño había sonreído conmovido por una realidad que no creía fuese posible, así que a partir de ese momento acogió ese nombre tan maravilloso como un tesoro invaluable, un secreto que no entregaría a nadie que no fuese merecedor. Se había llevado esa marca consigo al reformatorio como un emblema de esperanza, considerándolo un hogar al cual volver una vez cumpliera la condena que luchó porque no afectara a su mejor amigo el día que decidieron robar, ocasionando la muerte accidental del dueño del establecimiento mientras trataban de huir. Kazutora no había querido que se sacrificase por él pero no le había permitido negarse. Baji ya había decidido ser su soporte en todo momento, pues era consciente de la inestabilidad mental que el otro sufría, así que no podía permitirle que alimentara su padecimiento con el aislamiento y crueldad que profería una institución para menores.
En el momento que fue liberado las cosas en el exterior fueron complicadas, así que no tuvo oportunidad de decirle a su mejor amigo que eran Almas Gemelas y más tarde terminaron separando sus caminos debido a la ocupación del padre de Hanemiya, quien no toleraba quejas por parte de su hijo. Sin embargo, frente a la llamarada de un previo lanzamiento de bombas molotov efectuada por ellos mismos en campo abierto, se prometieron reunirse de nuevo costara lo que costara.
El mundo para Baji fue monótono desde que Kazutora partió, volviéndose cada vez más dócil en su lucha por reintegrarse a la sociedad bajo la mirada estricta de su madre. Dejó de meterse en peleas callejeras a pesar de lo fácil que era rozaran su temperamento, se alejó de las pandillas pero continúo tratando como esclavos a los muchachos débiles de su escuela, intimidándolos para que hicieran lo que quería mientras en su pecho la frustración por saberse lejos de su persona más importante lo consumía. Tuvo varias recaídas en el proceso, obteniendo suspensiones por violentar incluso a profesores, llegando a un punto de rebeldía que lo llevó ser cambiado de escuela pero mejoró lo suficiente para ingresar a la preparatoria e inclusive terminarla. Consiguió un empleo como repartidor y así pudo independizarse, lo cual sucedió un par de días antes del tan esperado reencuentro con Kazutora, con quien nunca dejó de mantener comunicación pese la distancia.
Volverlo a ver para Baji significó percibir de vuelta el color de todo su mundo, y aunque el aspecto de Hanemiya no era el mejor debido a las ojeras que adornaban sus parpados inferiores o el aspecto descuidado de sus largos cabellos, él lo recibió con el mismo entusiasmo de siempre, invitándolo ir al lugar que en su adolescencia considerasen su lugar favorito. Kazutora aceptó aunque lucía disperso pero Keisuke trató no darle importancia mientras se ponían al día con sus vivencias con detalles que no hubieran podido abordar por correo electrónico.
—Qué pena que no hayas podido conservar ese gatito —le dijo el chico con tatuaje de tigre en un tono que denotaba sincera tristeza. Baji se alzó de hombros destapando su segunda lata de sake.
—Pero me tranquiliza que haya obtenido un buen hogar al final.
—Siempre fuiste un amante de los animales, atento y responsable. Todavía recuerdo las veces que nos arrastraste bajo las peores tormentas únicamente para encontrar un sitio seguro para los perros o gatos que encontrabas abandonados en cajas.
—Pero me seguías la corriente, eso indica que también te preocupaban.
—Un poco, si —admitió Kazutora—, pero más me gustaba verte determinado a cumplir tu objetivo, decías que no podías llamarte hombre si no protegías aquello que te importaba. Una filosofía que siempre me pareció curiosa, teniendo en cuenta que siempre hiciste lo mismo conmigo. Le gritaste a mi madre cuando la viste golpearme. Siempre te interpusiste entre mis adversarios y yo. Fuiste a la correccional por mí y… a pesar de lo lejos que estuvimos, jamás dejaste de hablarme, enviarme por paquetería mis regalos de cumpleaños, de darme ánimos cuando más lo necesitaba. En verdad te lo agradezco mucho, Baji.
—Bueno, yo…
Baji se cubrió cuando notó que el calor se le subía al rostro, tiñendo sus mejillas y acalorando sus orejas, lo que provocó que Kazutora se riera. Sabía que no tenía sentido avergonzarse por unas simples palabras pero el tiempo que estuvo sin su alma gemela hizo a Keisuke más susceptible a todo lo que quisiera entregarle. Si un gesto tan simple como una sonrisa había conseguido arrancarle el aliento, estaba seguro que una caricia suya podría destruirle por completo. Los temas fluyeron sin prisas, recordaron antiguas aventuras y también sueños, una cosa llevó a la otra y esa misma noche sellaron el encuentro con una serie de besos que guiaron a sus cuerpos caer sobre el futón en el departamento de Baji, donde se deshicieron de sus ropas para al fin dejar relucir aquellos nombres tatuados en sus pieles. Habían esperado tanto para mostrársela al otro que el suceso estaba llevándose todo el autocontrol que lograron reunir en su interior.
—Temía no poder volver a verte —sollozó Kazutora, incapaz de retener las lágrimas que se deslizaban por sus pómulos enrojecidos mientras acariciaba su propio nombre en el corazón de su acompañante—. Estaba tan feliz cuando apareció en mi pecho pero… pero tenía tanto miedo que… no me atreví a mencionarlo. Creí que comenzarías a tratarme diferente, que realmente no era a mí a quien deseabas, yo…
—Shhh, está bien, Tora. Está bien —le tranquilizó Keisuke con un susurro, repartiendo besos desde su frente en todas las direcciones posibles en su cara, Hanemiya se dejó llevar por la agradable sensación—. Yo podría morir por ti. Todo lo que más quiero es hacerte feliz.
—Baji…
—Además, ¿cómo crees que iba yo a molestarme? Si tampoco tuve el valor de decirlo nunca.
—Aun así, me lo demostraste siempre, siempre me ponías a mí por delante de tus necesidades y no sé si puedo igualar eso.
—Mientras aceptes mis sentimientos es suficiente.
—Baji…
—Llámame por mi nombre a partir de ahora. ¿Puedes?
—….Keisuke —lo complació.
Sólo el sonido de su voz diciendo su nombre con aquel tímido cariño le bastó a Baji para que revirtiera las posiciones y se apoderara del cuello de Kazutora, mordiendo superficialmente al principio pero aumentando la fuerza entre más se frotaban sus erecciones, por ello cuando estas se tocaron directamente la pasión del menor de los dos aumentó a tal grado que Kazutora gimió ruidosamente por la rudeza. No lo detuvo ya que el dolor que esto le causaba terminó por excitarlo más, pues siempre adoró los colmillos sobresalientes en la dentadura de Baji, tanto que fueron los protagonistas en muchas de sus fantasías de almohada. El sexo fue maravilloso esa noche pero más lo fue que despertaran juntos al día siguiente cerca de los cálidos rayos del sol atravesando las ventanas. Compartieron miradas y sonrisas que no decían nada y aun así lo decían todo. Entonces supieron que ya no podrían separarse nunca más.
Fin.
