Disclaimer: Crepúsculo es de Stephenie Meyer, la historia de LyricalKris, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from LyricalKris, I'm just translating with the permission of the author.
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―No. No, no, no. No puedo hacerlo. ―Bella estaba sentada en el borde del sofá, con un brazo sobre los ojos en un gesto inusualmente dramático―. No puedo hacerlo.
―Bella. ―La voz de Jacob era severa―. Eres una mujer adulta y extremadamente capaz. Ni siquiera es la gran cosa.
―¿No es la gran cosa? ―Bella levantó la cabeza para poder mirar a su amigo―. Perra, por favor. Estaba usando su ropa. Frente a él. Y su hermano. Oh, Dios mío. ―Bella cruzó ambos brazos sobre su cabeza―. Estoy tan avergonzada, tengo hasta vergüenza ajena. He disociado mi vergüenza en toda otra persona. No quiero ni imaginar lo que él estaba pensando. Esta chica loca robándole la ropa y alardeándola a su alrededor. ―Ella jadeó y se llevó las manos a la boca mientras sus ojos se agrandaban―. ¿Qué pasa si cree que lo estoy acosando? ¿Me lo encontré ayer? Estoy usando su ropa y luego aparezco donde él está. Oh, Dios mío. Debe haber estado muy asustado.
―Él no cree que seas una acosadora. Estás pensando demasiado en esto.
―Dijiste eso sobre la taza de teta y mira cómo resultó.
―¿Cómo resultó? No pasó nada malo.
―¡Él pensó que estaba deambulando con una teta afuera!
―Incluso si fuera cierto, ¿habría sido algo tan malo? Tienes bonitos pechos, chica. Firmes. La firmeza es buena.
―¿Cómo sabrías? ―Ella lo fulminó con la mirada.
Él inclinó la cabeza y le devolvió la mirada.
―Eres estéticamente agradable. Puedo reconocer eso incluso si no quiero follarte. Ahora, deja de buscar cumplidos. El punto es que la debacle de la taza de teta no fue exactamente el fin del mundo. Empezaron a tener citas después de eso, ¿no? Así que no es como si él…
―¿Citas? ―La cabeza de Bella se levantó de golpe―. ¿A qué te refieres con tener citas?
Jacob sonrió.
―Sus citas para tomar café.
―Una vez me trajo café y no fue una cita.
―Te trajo café después de que le preparaste la comida.
―Yo no… ―Bella resopló y puso los ojos en blanco―. No son citas.
―Como sea, Bella. Es más romántico que los últimos tres chicos con los que he salido. ―Sacudió la cabeza―. Por supuesto. No puedo salir a una disco en este momento, pero un hombre atractivo y disponible solo entra a tu casa con café y un pastel.
Bella agarró un cojín y lo golpeó en la cabeza con él.
―Ahora no es momento para tus fantasías de constructores con barba de papá. Él no... Solo estaba siendo amigable y tratando de hacer su trabajo, y ahora creerá que yo soy rara. ―Ella gimió de nuevo, tapándose los ojos con las manos―. Mierda. Y todo esto es tan vergonzoso, como si estuviéramos en secundaria. Probablemente piense que soy rara e inmadura. ―Ella sacudió la cabeza con vehemencia―. No. No. No puedo. No puedo hacerlo. No puedo verlo nunca más. Estoy segura que moriré de vergüenza. ―Agarró la sudadera de la perdición, recién lavada y cuidadosamente doblada, y la empujó a los brazos de Jacob―. Sólo... dásela cuando llegue, ¿sí? Voy a ir a trabajar a un Starbucks o algo así...
Ignorando los intentos de Jacob de calmarla, Bella se echó al hombro el bolso de su computadora portátil y se dirigió directamente hacia la puerta. Tal vez si caminara lo suficientemente rápido podría dejar atrás su mortificación.
En lugar de eso, abrió la puerta y casi chocó con Edward, que estaba allí en el escalón del porche. Ella se detuvo y él dio un paso atrás.
El movimiento colocó su pie en un ángulo extraño, casi fuera del escalón, desequilibrándolo. Sus brazos giraron, el café que tenía salió volando de su mano, sus ojos se abrieron cuando su cuerpo comenzó a inclinarse hacia atrás. Sin pensarlo, Bella dejó caer el bolso de su computadora portátil y se lanzó hacia adelante, tratando de agarrar su brazo y tomando en su lugar un puñado de su camisa. El problema, por supuesto, es que ella era una mujer delgada que no estaba preparada en absoluto para ese tipo de maniobra, y él era una masa de hombre sólido que la gravedad estaba decidida a reclamar.
La gravedad, por supuesto, ganó. Edward cayó y Bella fue arrastrada con él.
Por uno, dos segundos, Bella estuvo demasiado aturdida para moverse. Entonces, varias observaciones la golpearon a la vez.
A pesar de ser él quien absorbió el impacto, Edward extendió una mano sobre la espalda de ella, manteniéndola a salvo. Fue un gesto dulce y claramente automático.
Y…
Madre de Dios, él olía bien. Débilmente a aserrín, desodorante almizclado y hombre trabajador. Tuvo la fugaz necesidad de enterrar la nariz en su cuello.
Edward dio un gemido tardío, devolviendo a Bella a la realidad. Con un grito ahogado, se enderezó y se sentó a horcajadas sobre su torso para liberar su peso de él.
―¿Estás bien? ―preguntó ella, sin aliento. Ella tomó su rostro entre sus manos y pasó los dedos por la exuberante y sexi barba. Incluso mientras giraba suavemente su cabeza hacia adelante y hacia atrás, se dio cuenta de que no tenía idea de lo que estaba haciendo ni por qué.
Y que su barba se sentía fabulosa bajo sus dedos.
Él parpadeó varias veces, sus ojos verdes tratando de enfocarse en ella.
―Estoy bien ―indicó con voz áspera y aflautada―. Me acabo de quedar sin aliento.
―Oh. ―Bella dejó escapar un suspiro de alivio―. Bien.
Pasó otro latido antes de que Bella se diera cuenta de que todavía lo estaba tocando. Ella retiró las manos rápidamente.
―Lo siento. Yo… ―Y que todavía estaba a horcajadas sobre él―. ¡Lo siento! ―Se puso de pie y le ofreció una mano.
Él la tomó, su expresión era ilegible, pero sus labios se curvaron levemente en la esquina. Ella lo puso de pie y dio un paso gigantesco hacia atrás, hacia el interior de la casa. Se pasó una mano por el pelo, nerviosa.
Bella se consideraba a sí misma como una mujer completamente desarrollada. No era una adolescente que se sonrojara. Ya había superado los errores y triunfos de la adolescencia. Sabía lo que valía y era una persona madura que podía manejar situaciones incómodas.
Pero algo en Edward Cullen la hacía actuar como una tonta.
―No soy una chica loca y acosadora ―exclamó, y al instante se tapó la boca con ambas manos.
Las cejas de Edward se fruncieron.
―No eres… ¿Qué?
Bella apretó los labios, presionando su lengua contra el paladar antes de que pudiera decir algo más ridículo. Su cara estaba tan caliente que era difícil recordar cómo decirlo.
―Quiero decir... yo no... yo...
―Bueno. Está bien. ―Jacob, que había estado apartado, observando todo, hizo acto de presencia. La tomó suavemente de la mano y la alejó de la puerta, colocándola debajo de su brazo―. Respira, Bella. ―Miró a Edward y le indicó que entrara. Cuando Edward dio un paso hacia la puerta, Jacob le ofreció la sudadera doblada―. Lo que ella quiso decir es que no sabía que esto te pertenecía. Pensó que le pertenecía a su idiota exnovio.
―Él no era mi novio. ―Aún sonrojada y desconcertada, Bella cerró los ojos y respiró hondo. ¿Por qué le parecía tan importante decir eso?―. De todos modos... Sí. Pensé que era de él. No quise robar tu ropa.
―Oh. ―Edward miró la sudadera y pasó una mano sobre ella―. Eso tiene más sentido. Por supuesto.
Sonaba… ¿decepcionado?
―Debes haber pensado que soy rara. O una ladrona. Una ladrona rara.
―No ―indicó rápidamente―. Pensé… ―Él resopló y la miró con una pequeña sonrisa―. No sé lo que pensé. Pero no pensé que fueras rara.
Finalmente, la mortificación de Bella disminuyó cuando el alivio se extendió por su cuerpo.
―Qué bueno. Sí. Está bien.
―Bueno. ―Sus ojos, ilegibles, permanecieron fijos en los de ella.
Pasó un latido. Bella se tambaleó, sintiendo que debía decir algo, pero sin saber qué.
―Está bien ―agregó Jacob en voz baja. Se rio entre dientes y sonrió―. ¡Bueno! Se te cayó el café. Necesitamos café. Voy a ir a buscar café para todos. ―Pasó junto a ellos y salió por la puerta antes de que Bella pudiera procesar lo que estaba sucediendo―. Chicos, pórtense bien mientras estoy fuera.
Bella se encontró mirando la puerta cerrada, descubriendo que se alegraba y lamentaba al mismo tiempo que Jacob se hubiera ido. El aire en la casa se sentía...
Incómodo no era la palabra correcta. Incómodo sonaba mal. Y no se sentía mal. Estaba inquieta. Nuevamente, no en el mal sentido, simplemente incapaz de relajarse en su propia piel. Estaba demasiado consciente, nerviosa, de una manera indolora pero para nada pacífica. Sentía como si pudiera sentir la energía surgiendo por sus venas.
Cuando ese pensamiento cruzó por su mente, esa energía la recorrió, provocando que un escalofrío le recorriera la espalda. Se estremeció y se frotó los hombros.
―Tienes frío ―musitó Edward―. Si no tienes un suéter…
―Lo tengo. Por supuesto que lo tengo. ―Y no tenía frío. Ese no era el motivo de su escalofrío―. Está… ―Ella frunció el ceño―. Maldita sea. Supongo que está en el auto de Jacob.
El costado de su boca se arqueó hacia arriba en una sonrisa torcida.
―Tengo uno extra hoy ―indicó, ofreciéndole la sudadera que acababa de recibir.
Ella se sonrojó y se rio, lo que quedaba de la tensión se rompió.
―Es una sudadera muy cómoda.
―Lo digo en serio. Si tienes frío. ―Hizo un nuevo gesto con la sudadera.
La idea de usarla (esta vez con su permiso) hizo que su cuerpo se calentara por sí solo. Ella la agarró.
―Si realmente no te importa.
―No. Tengo otros. ―Señaló la nueva sudadera que tenía puesta para enfatizar―. Además, te ves mucho mejor con ella que yo. ―Se aclaró la garganta, pero sus labios aún mostraban esa leve sonrisa―. De todos modos. Voy a ir a buscar mis herramientas.
―Correcto ―dijo Bella a la habitación vacía un segundo después―. Bien.
