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Ascensión, Parte 2

Orbita cercana de la Tierra, 15 minutos para la destrucción del planeta

—¡Tiempo de separarse! —exclamó Sailor Venus cuando las Sailor Senshi estuvieron cerca de la estación espacial. A su orden, las Inner Senshi se separaron, causando que las imágenes de Sailor Omega las siguieran de forma implacable. Aún sin dominar perfectamente sus habilidades de vuelo, las Inner Senshi tuvieron muchos problemas para realizar maniobras precisas, lo que les hacía presa fácil de los ataques de sus oponentes. Varias veces recibieron impactos directos de los poderes de las imágenes de Sailor Omega, y ninguna de ellas creyó que durarían mucho más tiempo si no se daban prisa.

Sailor Mercury consultó la escasa información disponible sobre la estación espacial, y comprobó que sí disponía de gravedad y atmósfera artificiales, de otro modo, no se habría podido trabajar en la construcción de la estación de forma expedita con trajes espaciales. Basándose en esa información, ideó un plan para hacer que el Sailor Quartetto entrara en la estación.

—¡La única forma de deshabilitar esa estación es usando nuestra inercia para lanzar al Sailor Quartetto hacia la estación! —exclamó Sailor Mercury a través de su intercomunicador, algo que los Galthazar también usaban, por lo que también era una característica del uniforme de las Inner Senshi—. ¡Nosotras nos encargaremos de acabar con esas imágenes de Sailor Omega!

—¡Pueden contar con nosotras! —gritó Sailor Ceres, poniéndose en una posición similar a la que un clavadista olímpico tomaría para ejecutar un doble mortal hacia delante—. ¡Ya verán que tendremos esa estación deshabilitada a tiempo!

Sailor Mercury sabía que esa maniobra las dejaría a merced de sus oponentes, por lo que indicó a sus compañeras que no perdieran tiempo y lanzaran al Sailor Quartetto a discreción. Y, de acuerdo a lo instruido, cada Inner Senshi hizo lo propio con la persona que llevaban a cuestas. No obstante, cada una de ellas recibió al menos dos ataques de parte de sus contrincantes, y ellas casi desfallecieron en el acto, pero pudieron recomponerse, y volar lo suficientemente lejos de la estación para que el Sailor Quartetto pudiera hacer su labor sin impedimentos.

—¡Ahora podremos pelear con todo! —dijo Sailor Jupiter, enfrentando a una de las imágenes de Sailor Omega. Tal como Stormrider lo hacía, extendió un dedo hacia su adversario, y un rayo brotó de éste, pero no impactó en su enemigo, sino que en Sailor Mars, que pasaba por allí, evadiendo ataques de su propio contrincante.

—¿Podrías tener más cuidado? —gruñó la aludida, y, un segundo después, recibió una esfera de energía que la dejó muy maltrecha. Sangre brotaba de su pierna derecha, pero aquello no era importante en una batalla espacial. Apretando los dientes para aguantar el dolor, Sailor Mars hizo aparecer un látigo de fuego, pero se hirió a sí misma con éste cuando trató de usarlo en contra del enemigo.

Así estuvieron peleando las Inner Senshi contra las imágenes de Sailor Omega por diez minutos, diez minutos empleados más que nada para que ellas pudieran aprender a usar sus poderes apropiadamente. Cuando lo hicieron, no obstante, los efectos podían ser devastadores. El ataque de Sailor Mercury congeló al instante a una de las imágenes de Sailor Omega, y Sailor Jupiter, usando su fuerza, rompió el trozo de hielo en miles de pedazos. Una especie de humo negro apareció en el lugar donde la imagen había sido destruida, y Sailor Mercury asumió que se trataba de una suerte de espíritu, que se reuniría nuevamente con la Sailor Omega principal.

—¡Sigamos así, y ya no habrá Sailor Omega de lo que preocuparse! —gritó Sailor Jupiter, mientras le atinaba a una de sus imágenes con uno de sus rayos fulminantes, solamente que pudo crear más de uno, dándole a varias imágenes al mismo tiempo, dejándolas paralizadas.

—¡Ahora que sabemos cómo usar nuestros poderes, ya no podrá detenernos! —exclamó Sailor Mars, rostizando a otra imagen de Sailor Omega.

Sin embargo, el precio que debieron pagar por aprender a dominar sus poderes fue muy alto. Todas ellas tenían heridas graves en sus cuerpos, y, aunque ninguna de ellas les impedía pelear en el espacio, todas ellas sabían que, en algún momento, iban a tener que enfrentar a la Sailor Omega original, y tenían la impresión que ella no iba a ser tan fácil de vencer.

Estación Warbringer, 5 minutos para la destrucción de la Tierra

Sailor Pallas, por indicación de Sailor Ceres, sería la encargada de apagar los reactores, mientras las demás se encargarían de protegerla de las imágenes de Sailor Omega, las que no tardarían en llegar hasta el anillo superior de la estación.

—¡Aquí vienen! —exclamó Sailor Vesta, y, junto con Sailor Juno y Sailor Ceres, usaron sus bolas de billar para crear una especie de barrera. Las golpearon con tal fuerza que éstas rebotaron a gran velocidad en las paredes y el techo, impidiendo el paso de las imágenes de Sailor Omega.

—No aguantaremos mucho tiempo así —dijo Sailor Ceres, mirando de reojo a Sailor Pallas—. ¿Cuánto falta?

Sailor Pallas, aunque a menudo se tomaba las cosa a la ligera, era una excelente cualidad cuando se trabajaba bajo presión.

—Ya desactivé el primer reactor —repuso, pulsando botones y empleando un pequeño aparato que servía para encontrar contraseñas por fuerza bruta—, pero tomará tiempo hacer lo mismo con el resto.

—¿Cuánto tiempo?

—Creo que cinco minutos y medio, o algo así.

Sailor Ceres tragó saliva.

—¡No tenemos ese tiempo! —gritó, lo que sobresaltó a Sailor Pallas—. ¡Tienes que desactivar todos los reactores en menos de cinco minutos!

—No necesariamente —dijo Sailor Pallas, consultando el cronómetro que venía con el aparato criptográfico. Quedaban tres minutos y medio—. Si conseguimos desactivar cuatro de cinco reactores, el cañón de riel no tendrá la suficiente energía para propulsar el proyectil con la suficiente velocidad para resultar catastrófico.

—Pero, ¿podrán Sailor Chibi Moon y Sailor Jade detenerlo en esas condiciones?

Sailor Pallas tragó saliva, y no dijo nada más. El Sailor Quartetto había pasado un minuto tratando de hallar la forma más efectiva de desactivar los reactores, y habían tratado de usar sus bolas de billar para tal propósito, pero los reactores estaban protegidos por un escudo electromagnético cuya energía provenía del mismo funcionamiento del reactor. La única manera de apagar los reactores era haciéndolo a través de la consola principal en la cubierta de operación. Y la única con los artilugios necesarios para cumplir con la misión era Sailor Pallas.

—¡Dos reactores desactivados! —anunció Sailor Pallas, cuando quedaban dos minutos. No estaba segura de si podría hacer lo mismo con los tres reactores restantes en tan poco tiempo, pero no ganaba nada con hacerse preguntas sin respuesta. Debía seguir trabajando, aunque no fuese para nada divertido que quedara tan poco tiempo para que la Tierra sufriera un destino que nadie quería.

Nadie salvo Sailor Omega.

Órbita cercana de la Tierra, dos minutos para la destrucción del planeta

Es hora.

Sailor Omega llamó a todas sus imágenes sobrevivientes y a las nubes negras en las que se habían convertido las que habían sido derrotadas por las Inner Senshi. Cuando todas estuvieron reunidas en un mismo ser, Sailor Omega se teletransportó al cinturón de asteroides.

Escogiendo un meteorito que tuviera las dimensiones correctas, Sailor Omega usó sus poderes para arrastrarlo lejos de los demás asteroides, y volvió a teletransportarse, esta vez hacia una órbita más lejana a la Tierra cuando quedaba un minuto para que el cañón de riel funcionara a plena potencia.

Tengo que destruir la Tierra si no quiero que el Cristal de Plata despliegue todo su poder. Es el único Sailor Cristal que no puedo tocar.

Procurando apuntar con mucho cuidado, Sailor Omega usó sus poderes como catapulta para impulsar el meteorito hacia el cañón de riel. Cualquier desviación de la trayectoria sería fatal para el plan, por lo mismo, debía lidiar con las Inner Senshi, de forma de proteger al meteorito de cualquier ataque.

Apenas lanzó el meteorito (y debía estar a la distancia correcta para que ganara la suficiente velocidad causada por el pozo gravitatorio de la Tierra), se teletransportó a la estación espacial para enfrentar directamente a las Inner Senshi.

Tokio de Cristal, 10 minutos para la destrucción del planeta

Nicole y las demás no se sentían exactamente cómodas en casa de Jeremy, pero ninguna de ellas podía quejarse. Después de lo que habían visto, la destrucción del palacio y la desaparición de los Galthazar, nadie se sentía exactamente seguro. Tampoco sabían qué fue lo que le había pasado a Serena y a sus amigas. Pero lo que sí tenían claro era que ninguna de ellas podía hacer algo al respecto.

Después de que Jeremy sirviera a cada una de sus invitadas una taza de té (no Earl Grey), y le diera a Nicole un vaso de leche, tomó asiento en el suelo, e invitó a las demás a que contaran lo que había ocurrido.

Al principio, Jeremy no entendía por qué parecía haber ciertas lagunas en el relato de Nicole y sus compañeras, como si no pudieran recordar ciertas cosas que habían ocurrido en sus aventuras y desventuras en el espacio. Cuando le preguntó a Violet cómo exactamente había muerto Saori, ella no pudo describir el momento en absoluto. Lo único que pudo rescatar es que ella se había sentido muy mal, a tal punto que no podía parar de llorar. Era como si su corazón supiera que ya no volvería a ver a Saori, pero no hubiese ningún recuerdo de que eso, en efecto, había ocurrido. Y aquella era una constante en las demás chicas. Jeremy razonó que si Saori había muerto peleando, lo había hecho como Sailor Silver Moon, y, por lo tanto, las demás debían estar transformadas también cuando ocurrió. Jeremy se dio cuenta que cada laguna que había en el relato de Nicole y sus compañeras coincidía con momentos en los que ellas habían estado a punto de pelear o después de una batalla, lo que significaba que ellas no recordaban nada como Sailor Senshi. Y si no podían recordar nada de eso, aquello podría implicar que las chicas frente a él, por alguna razón, ya no podían transformarse. Jeremy, por respeto a sus amigas, no hizo ninguna pregunta al respecto, y trató las lagunas mentales como que simplemente no podían recordar.

—Realmente la pasaron mal —dijo, con voz queda, pues también no se sentía muy animado por saber que tanto Saori como Hotaru estaban muertas—. Es una suerte que ustedes sigan con vida.

—Bueno, ahora podremos hacer una vida normal —dijo Nicole, mirándose su vientre, y poniendo una mano sobre éste—, y darle un futuro a nuestros hijos.

—Hablen por ustedes —dijo Scarlett, tomando la mano de Sophie, luciendo frustrada—. Sabes que nosotras no podemos tener hijos por nuestra cuenta.

—Ese es su problema —repuso Nicole, encogiéndose de hombros—. ¿Podrías traerme un poco más de leche, Jeremy?

—Cómo no.

Y justo cuando él iba a ir a la cocina, oyó unos toques a la puerta. Con una mezcla de curiosidad y desconcierto, Jeremy cruzó la sala de estar, y, cuando abrió la puerta, vio a un hombre entrado en años, con la cabellera tan blanca como la nieve y un traje que recordaba a los detectives del siglo veinte.

—¡Tú! —exclamó Jeremy, y las chicas giraron sus cabezas hacia él, y todas pudieron ver claramente a alguien que había hecho sus vidas imposibles en varias ocasiones ya.

—No vengo a pelear con ustedes —dijo Herbert Dixon, aunque sí sacó su arma, y Jeremy supuso que lo había hecho para disuadir cualquier tipo de agresión—. Solamente vengo a hablar, con todas y cada una de ustedes.

Tokio de Cristal, en ese mismo momento

Serena había pasado un buen rato tratando de encontrar algún asidero a lo que había experimentado después de fijar su atención en el trozo más pequeño del Cristal de Plata. Lo único que tenía claro era que aquellas imágenes solamente podían ser los recuerdos de Saori, una mujer que ya no existía, o al menos ella suponía. ¿Por qué vi todas esas cosas? ¿Estará tratando de decirme algo importante? Pero, si es así, ¿cómo se supone que entienda?

—Tienes cara de perdida —dijo Silverblade de pronto. Serena miró en su dirección, y vio que seguía haciendo ejercicios con sus brazos y piernas, pero aún hacía muecas de dolor. Serena asumió que aún no podía moverse correctamente.

—Es que no entiendo qué se supone que debo hacer con estas gemas —repuso, haciendo patente su frustración—. Sé que en mi corazón está la respuesta, pero no la puedo hallar.

—Es porque estás usando el órgano equivocado —dijo Silverblade casualmente, aunque se colaba uno que otro quejido entre sus palabras—. Estás pensando mucho. ¿Qué pasa si la respuesta pasa por no pensar y solamente sentir?

—Es que es imposible no pensar. Los pensamientos muchas veces se meten en donde no deben. —Serena volvió a mirar los fragmentos del Cristal de Plata, y, nuevamente, pudo ver recuerdos de una forma bastante sutil, tanto que pensó que los había imaginado. Sin embargo, teniendo en cuenta sus experiencias anteriores, dudaba mucho de que se tratara de una invención de su mente.

—Bueno, hay momentos en lo que uno no piensa —dijo Silverblade, volviendo a mirar hacia arriba, en dirección a la estación espacial, preguntándose cómo lo estarían haciendo las Inner Senshi contra Sailor Omega—, por ejemplo, cuando uno está enamorado.

Serena no había pensado en aquella alternativa, y, de hecho, recordaba a alguien que le había hecho muy feliz en el pasado, aunque no lo había visto desde hace mucho tiempo. Había muchas cosas que habían ocurrido de las que ella no tenía ningún registro, pero, debido a lo mismo, no podía saber de qué se trataban. Pero sí era una verdad extendida de que el amor era capaz de anular el pensamiento constructivo. Todo lo que importaba era estar con el ser amado, y ella lo recordaba muy bien, aunque aquello hubiera pasado hace un milenio atrás.

—Hablas como si hubieras pasado por eso antes —dijo Serena, haciendo gala de su tercer ojo para detectar personas que hubieran sido flechadas por Cupido, aunque en un tono más serio que en todas las otras situaciones en las que había sacado a luz aquella cualidad de su persona.

—Eres observadora —dijo Silverblade, con la mirada fija en el cielo, pero ya sin preguntarse por el destino de las Inner Senshi. En realidad, pensaba en otra cosa—. En efecto, estuve enamorado. De una Sailor Senshi, nada menos. Recuerdo que antes de conocer a Alysia, buscaba afecto en burdeles a lo largo y ancho de la galaxia, hasta que me di cuenta que todas esas mujeres solamente lo hacían por el miserable y sucio dinero. Desde ese momento, no quise buscar afecto en donde claramente no lo iba a hallar. Poco después de eso, en uno de mis viajes, conocí a Alysia. No fue amor a primera vista, eso te lo prometo. No soy de esos tipos que se enamoran así como así. El amor es como un edificio. Primero construyes los cimientos, después procedes con los pisos restantes. No es un proceso lento, pero, a medida que iba conociendo a Alysia, más me iba dando cuenta de que no podía dejarla ir. Fue la mujer más leal y valiente que jamás conocí. Plantaba cara al peligro, pese a que no era la Sailor Senshi más poderosa de su sistema solar. Y ella, por otro lado, halló a alguien en quien podía confiar, un hombro sobre el cual llorar, y eso no lo hacía muy a menudo, o para simplemente contarme cosas intrascendentes… para cualquier otra persona. Para mí, fue la forma perfecta de conocerla mejor, y créeme que mientras mejor la conocía, peor pensaba cuando estaba a su lado, hasta que ya no pude hacerlo en absoluto. Cuál fue mi sorpresa cuando ella me confesó que se sentía igual que yo en mi presencia. Tuvieron que pasar cinco años para que el amor floreciera entre nosotros, pero cuando lo hizo, fue increíble… hasta que ella murió asesinada por una de las agentes de Sailor Galaxia.

Serena había escuchado la historia de Silverblade con sorpresa mal contenida. Parecía la escena de una cámara oculta, pues era altamente improbable que un Galthazar se pusiera a hablar de esa forma de su vida normal.

—¿Fue eso lo que te motivó a convertirte en un Galthazar?

—En parte, porque también fui ingenuo al creer en las palabras de Aurora, sin pensar que había sido alguien más quien las había dicho. Por muy fuertes que seamos, seguimos siendo humanos, y, por lo tanto, podemos fallar. Aurora nos dijo que nada podía derrotarnos, ni siquiera las Sailor Senshi, y, cuando en efecto las vencimos, pensamos que aquellas palabras eran ciertas, que nosotros en realidad éramos así de poderosos. Nos equivocamos rotundamente.

—¿Y sigues amando a Alysia?

—Por supuesto —repuso Silverblade, gruñendo de dolor al mover su pierna izquierda como parte de sus ejercicios.

—¿Y crees que ella estaría orgullosa de lo que hiciste?

Silverblade no respondió de inmediato. Aquella era una buena pregunta. Pese a que ella no existía ya, sus acciones las había realizado, en parte, a causa de la memoria de Alysia, porque su muerte no solamente le había hecho ver que no todas las Sailor Senshi luchaban por el amor y la justicia, sino que también le hizo cobrar conciencia de que algunas de ellas no estaban por encima de matar a otras Sailor Senshi para concretar sus propias ambiciones. Después, vino Aurora con su discurso de acabar con todas las Sailor Senshi, creando a un nuevo tipo de guardián, uno que no pusiera sus intereses personales por encima del bien común. Fue cuando ella le platicó sobre las Sailor Guerras, de cómo ellas estaban destinadas a pelearse entre ellas por el poder, y le había puesto el ejemplo de Sailor Galaxia. Desde ese momento, Silverblade, Anorus en ese tiempo, con el recuerdo de Alysia aún fresco en su mente, decidió apoyar la causa de Aurora.

—No lo creo —dijo finalmente Silverblade, desviando la mirada hacia Serena—. Mis acciones se vieron justificadas por su destino en su momento, pero, cuando miro hacia atrás, sigo recordando que me enamoré de una Sailor Senshi. Eso no va a cambiar nunca, aunque me borren la memoria. Ella me habría dicho que debía haber otra forma de resolver el conflicto sin recurrir a la violencia, tal como otra Sailor Senshi que existió en el pasado.

—Sailor Moon —dijo Serena, y Silverblade asintió con la cabeza.

—Precisamente —repuso, volviendo a mirar hacia el cielo—. Ambas se habrían llevado muy bien. Pero, mi punto es que, cuando estás enamorado, hay ocasiones en las que pensar se vuelve un lastre. Hay ocasiones en las que soy capaz de mandar toda lógica al tacho de la basura y, simplemente, dejarme llevar. ¡Diablos! No puedo creer que haya olvidado tantas cosas desde que conocí a Aurora.

Serena se quedó en silencio, pensando en las palabras de Silverblade, buscando algo en ellas que le pudiera ayudar a resolver el enigma que tenía, literalmente, en sus manos, pero los trozos del Cristal de Plata seguían tan insondables como siempre.

Quedaban dos minutos para que la Tierra fuese destruida.