Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.
- High School DxD –
[Draconic X Deus]
-Estudiante de Intercambio-
-Casa Gremory – Fukuoka-
-Hemos hablado de las responsabilidades y del poder político. También hemos hablado de las Piezas Demoniacas y sus características…- empezó Heinrich apoyado en su mesa, mirando al joven estudiante con atención –He considerado importante empezar con ellos dada la importancia que tienen para un demonio de alta cuna. Si recuerda, hemos hablado constantemente de términos absolutos. Y pese a que en esta casa, por ejemplo, tenemos cientos de miles de esclavos que han de obedecer sus palabras, cuántos de ellos lo son de corazón?-
-Apenas unos pocos-
-A lo largo de estos meses hemos aprendido el valor de los diferentes contratos, de cómo estos condicionan la mente, el cuerpo y hasta el alma según la perspectiva… ¿Pero eso garantiza fidelidad?-
El niño suspiró pesadamente.
-Entiendo que las Piezas son el contrato absoluto y que solo los siervos directos son dignos de la absoluta confianza-
-Correcto, parcialmente. Las Piezas son, muy posiblemente, la decisión más importante que debe tomar un demonio de clase alta. Son quince presencias, como máximo, que te acompañaran toda la vida. Las modificaciones son absolutas, no hay vuelta atrás. El demonio de alta cuna ha de planificar a cientos o miles de años vista, con criterio y sangre fría, puesto que ellos serán su equipo personal, sus confidentes, sus amantes. A quienes pondrá su vida a disposición-
-¿Por qué amantes? Lo de socios y camaradas lo entiendo… Quiero decir, sé que al ser un contrato absoluto se sobreentiende que implica la fusión de contrato laboral y sexual pero… ¿Por qué ha dicho que era parcialmente correcto?-
-Porque lo es. El contrato social más importante del Inframundo no son las Piezas Demoniacas. Lo son el Contrato Regio, el Bafomet y el Geis-
El niño anotó los tres conceptos en su libreta.
-El Contrato Regio es un contrato de alto rango, inviolable, supremo. Una promesa inquebrantable habitualmente dada entre la nobleza. Entre sus características más significativas se encuentra la de la modificación química y conductual de las partes. Los acuerdos matrimoniales suelen respaldarse mediante un Contrato Regio-
Issei alzó una ceja, no le había gustado lo que había oído.
-El Bafomet es un objeto físico en el que se sellan lo mismo pero en las doncellas de la familia, quien posea ese objeto posee a la doncella. Son objeto de poder político y social. Tener un bafomet implica estar unido a una mujer de clase alta, a más bafomet…-
-Más poder político, mayor influencia. Mayor poder-
-El Geis son sencillos contratos entre dos partes, sencillo pero absoluto. La versión simplificada de los Contratos Regios. Contratos válidos para una única acción que se sobrepone a cualquier contrato mercantil o sexual entre demonios-
-¿Sobrepone al contrato de las Piezas?-
-No. Pero es usado, normalmente, para cometer actos de traición o espionaje entre demonios con cierta influencia. Serviría, por ejemplo, para hacer que cualquier doncella de servicio del castillo informase de forma regular a los enemigos de la familia-
-¿Es indetectable?-
-Los contratos influyen de forma subjetiva en el demonio. No puede actuar o decir nada que ponga en peligro el cumplimiento de lo acordad. Y su cualidad más interesante es que suelen ser firmados mediante presiones o extorsiones-
-…-
-Volviendo a las piezas…- caminando hasta la mesa auxiliar, preparándose un té con calma -Hay un número máximo. Quince. Quince son las posibilidades de un demonio de alta cuna de romper las barreras sociales. Quince voluntarias, quince que dependen de la familia en cuestión. Quince pueden exceder la camaradería, las piezas, son fundamentales para establecer relaciones de auténtica lealtad… Es importante que aprecies la diferencia. Tus esclavas por pieza no tienen que ser tus amantes. Es habitual separar esas dos condiciones. Las relaciones que dependen de la familia son de otra índole. Son estrictamente sentimentales y sirven para forjar alianzas, alianzas matrimoniales. Esas son las alianzas que más poder tienen en nuestra sociedad… Son un intercambio, la firma de un Contrato Regio compensado con el Bafomet de la hembra- sorbiendo más infusión –El Bafomet, a diferencia del Regio, es único. Un solo objeto, a elección de la familia, que contiene los derechos naturales, políticos y biológicos de la doncella. Quien posea ese Bafomet tendrá poderes absolutos sobre ella. Podrá tratarla como desee, matarla incluso… Un ritual de lo más perverso… Todo junto es una de las cosas que más me costó de comprender… Un choque cultural sin duda…-
-Un momento, un momento! Me estás diciendo que con doce años sellarán los sentimientos de mi hermana y que a partir de entonces cualquier descerebrado podrá ganarse el derecho a poseerla pudiendo hacer con ella lo que quiera?- siseó el castaño peligrosamente.
-Así es. Para su uso y disfrute. Desde ser su esposa a ser su esclava. Cuidarla o maltratarla. Y usted, como miembro de la familia, lo respetará-
-Y UNA PUTA MIERDA!-
El demonio escondió su sonrisa tras una máscara de indiferencia.
-Mucho me temo que su opinión no es relevante, señorito-
El niño se levantó de su silla, envuelto en un aura como nunca antes.
Heinrich sonrió al ver como Ascalon no era capaz de contener TODO su poder… La furia le indicaba hasta qué punto el señorito estaba vinculado emocionalmente con la señorita… Algo que Zeoticus agradecería escuchar.
-Me alegra saber que se preocupa por el bienestar de la señorita… Pero no sé si entiende el alcance de sus palabras… Y de sus acciones-
-Ria-tan es mía, de nadie más-
-Suya eh…- sonriendo perversamente, algo extraño y aterrador en él –Cuando la señorita cumpla doce años el señor elegirá un objeto. Aquel que demuestre más valor podrá ganárselo en combate…-
-Con doce años no esperarás que luche…-
-Ella lo esperará, su familia lo esperará… Los demás nobles lo esperarán-
-…-
-Aunque la señorita tuviese la bondad de ofrecértelo… ¿Cómo lo retendrías?-
-¿Perdona? ¿Retener?-
-El Bafomet es un objeto físico… No puede ser robado. Pero si puede cambiar de manos, de dueño-
-¿A qué viene esa sonrisa?-
-¿Le pasa algo a mi sonrisa?-
-Tú no sonríes. Eres un friki de los conocimientos. Sonríes por algo-
-Soy tu profesor particular y ante mi acaba de surgir una posibilidad única e interesante-
-¿De qué me hablas?-
-No, no. Esa no es la pregunta. La pregunta que tienes que hacerte y responder es… ¿Qué estás dispuesto a hacer para mantener ese Bafomet entre tus manos?-
-Habla claro. Profesor-
-¿Quieres que hable claro? Hablaré claro- separándose de la mesa, caminando hacia el niño –Tienes dos años para prepararte, física y mentalmente. Aprender todo lo que puedas aprender. Pulir todo lo que haya que pulir. Desarrollar todas las habilidades que te sean enseñadas y suplicar por más tiempo, más poder, más conocimientos… Y formar un equipo-
-Espera. ¿Un equipo?-
-Evidentemente. No puedes pelear solo… ¿Quieres proteger a la señorita? Entonces debes de hacer todo lo dicho-
-Pero eso es imposible! Haz números! Ria-tan es mayor que yo! Para cuando yo reciba mis piezas ella puede que ya haya tenido que combatir!-
-Una vez dijiste que tu hermano mayor era insuperable… Que no había manera de superarle…-
-No te entiendo-
-A los doce años recibirás tus piezas. No he dicho que no puedas hacerlo antes-
-Haberlo dicho antes!- exclamó molesto, dándose la vuelta -¿Qué hay que hacer?-
-Hablar con tus padres y convencerlos… ¿Pero estas seguro?-
-¿De salvar a Ria-tan? Por supuesto-
-Si estás seguro de pagar el precio-
-…-
Si pides tomar las piezas ahora… Despídete de formar nuevos vínculos, jovencito-
-…-
-Si tomas las piezas, despídete de formar ese harén con el que tanto sueñas-
El niño empezó a sudar frio.
-N-no sé de qué hablas-
-Eres un hombre. Por niño que seas… Eres muy fácil de leer… Dragón de la Lujuria-
Issei rodó los ojos nervioso.
Molesto se dejó caer en su asiento.
Gabriel… Serafall… Irina… Akeno… Con eso tendría que bastar… Para toda la eternidad?
-Ria-tan me proporcionará a las mejores mujeres-
El demonio lo miró sorprendido.
-Su precio por la libertad, así que… ¿Contigo será suficiente?-
-No. Si quieres alcanzar esa meta… Deberás de aprender de alguien más-
-Venga, que venga, Aquí le espero-
-No. Serás tú quien vaya a verla-
-¿Verla? ¿A quién?-
-A quien le debes la vida-
-¿?-
-DxD-
Mirando a lado y lado… Issei se rascó la nuca. Heinrich lo había enviado a un castillo, pero cual era… Los había a cientos. Los cientos de miles de kilómetros cuadrados de territorio hacia poco menos que imposible distinguirlos con facilidad.
El castillo, a simple vista, era antiguo, muy antiguo. Pese a que contaba con reformas visibles, las pesadas piedras de las paredes habían visto muchas lunas…
-Señorito… Buenos días! ¿Al fin ha venido a visitarnos?- preguntó una de las sirvientas sonriente, cargando con un carro lleno de artículos varios.
-Buenas tardes, onee-sama!- exclamo el niño corriendo a trote hasta la mujer, abrazándola con fuerza.
Divertida, la sirvienta acarició su cabello.
El niño siempre había sido así de afectuoso con todas las sirvientas. Atento y considerado, siempre educado y amable, el servicio entero lo servía con devoción.
Para los siervos Gremory, ese niño era un señor más. El siguiente líder si los rumores de prensa rosa eran ciertos…
-Mucho me temo que Heinrich me la ha jugado…-
-Jejeje. Lo dudo mucho, señorito. Esta donde debe estar-
-¿Por qué lo dices?-
-Nadie llega aquí por casualidad, señorito-
-¿Dónde me ha llevado ese cabrito?-
-Señorito. Ahora mismo se encuentra en el Primer Castillo-
-¿Lo cualo?-
-Jejeje. Se encuentra en la Montaña Solitaria, señorito-
-¿El… que?-
-Sígame, por favor- indicó la sirvienta empezando a caminar por los pasillos, abandonando la sala de transporte.
Confundido, el niño lo siguió a medio trote hasta alcanzarla.
-Como bien sabrá, muchas de las fronteras de los terrenos de la familia tocan con propiedades de familias extintas… Esas familias antaño existían y contábamos con relaciones comerciales con ellos. A diferencia de ahora que toda estructura se construye encarando al norte, a la gran capital, la familia empezó edificando en el sur-
-¿Estamos al sur entonces?-
-Hace miles de años, el señor Runeas consideró que esta montaña sería un buen lugar para levantar su fortaleza… Al ser la única montaña en decenas de kilómetros a la redonda ofrecía unas excelentes vistas… Se pasó cientos y cientos de años cavando y ampliando las dependencias-
-¿Todo esto… es roca cavada?-
-Jejejeje. Los terrenos Gremory están llenos de cuevas y construcciones subterráneas… A los señores siempre les ha gustado perforar y crear auténticas obras de arte en forma de exteeeeensas galerías-
-Me parece increíble…- murmuró el niño acercándose a una de las ventanas. Frente a él se extendía el basto horizonte.
-Antes había ciudades cerca… Pero eventualmente se trasladó toda edificación al norte… los señores querían descanso-
-¿Runeas?-
-Ah, no, no… Él… Eso es algo que una sirvienta no debería de decirte, no es de mi incumbencia-
-Pero vosotras lo sabéis todo… Vamos, dime, dime!-
-No, no. Señorito. Para eso se le ha traído aquí!-
-Vamossss…- abrazando a la sirvienta.
-Todo recto, señorito! Y dese prisa!-
-¿Qué pasa? ¿Para qué he venido?-
-Todo recto, señorito!-
-Buuuuuu-
Dejando a la sirvienta atrás, el castaño recorrió el pasillo hasta dar con las puertas. De madera, inmensas y decoradas con gravados dorados.
Tomando los pomos… Issei tiró con fuerza, abriendo las puertas lentamente.
El crujir de la madera resonó por toda la sala que se abría a su paso. Una inmensa sala maravilló su vista. Múltiples mesas, sillones y lámparas de cristales colgando del techo sobre decenas de moquetas de delicada seda. Una de las paredes eran cristaleras, integras. Abiertas de par en par, la suave brisa recorría la sala.
No había nadie…
Desviando la mirada, el niño se encaminó a la terraza, como no, enorme.
Una sencilla mesa redonda con dos sillas. Una mesa auxiliar con té y pastas. Una mujer sentada con una sirvienta esperando pacientemente de pie a su lado.
-Puedes dejarnos- dijo la mujer, de largo cabello rojo, vistiendo un largo traje blanco, de espaldas al niño.
-A sus órdenes- confirmó la mujer con una reverencia, alejándose a paso rápido, pasando por el lado del Hyodo con una sonrisa.
A esa sirvienta no la conocía.
Volviendo su atención a la demonio, el niño suspiró pensativo.
La mujer era poderosa, y anciana… Una Gremory… Pero Zeoticus nunca la había mencionado…
-Te has tomado tu tiempo para venir… ¿Por qué no te acercas y saludas a tu abuela?-
-¿?-
La anciana se giró, sonriendo alegremente.
Anciana por edad, mas no por apariencia. Si bien no compartía el rostro joven de Venelana, el rostro libre de arrugas y marcas de edad denotaba que joven ya no era. Su porte, recto, denotaba dignidad y orgullo. Perfectamente podría pasar por la madre de Rias… Una Rias madura…
-B-buenos días… Yo…-
La mujer se llevó una mano al rostro, cubriendo sus labios con su manga.
-¿Desde cuando eres tan vergonzoso?-
Ligeramente irritado avanzó hasta colocarse a una distancia prudente pero dentro del ángulo de visión de la mujer.
-¿Lord… Lady Runeas Gremory…?-
Incapaz de contener la risa, la demonio rio con fuerza, inclinándose con fuerza.
El niño rodó los ojos, ofendido.
¿Qué era tan gracioso?
-¿Pero qué demonios te ha enseñado mi hijo?-
-¿Su hijo?-
-No cariño, no soy mi padre… Mi nombre es Chysis… Chysis Gremory. Hija de Runeas Gremory, madre de Zeoticus Gremory… Tu abuela-
-¡!-
-Acércate, déjame verte-
Dubitativo, el niño se acercó a la demonio. La mujer, visiblemente emocionada, tomó su rostro, inspeccionándolo con detenimiento.
-Serás un joven apuesto… Las frutas están haciendo de ti un ejemplar magnifico… Mi nieta estará contenta… Y mira que ojos… A saber que maravillas son capaces de ver, que verán con el paso del tiempo… Y tu aura… Oh, chico, tienes que poner un poco de orden en tu interior…-
-¿?-
-Tu poder natural es una delicia… Gran trabajo el de la niña diosa… Pero las prisas no son buenas… Zekram siempre ha sido un hombre de poca paciencia, no tenía que haberte dado la Pieza del Rey tan pronto… Eso provocó que tu amante te diese a Ascalon. Eso contiene tu poder, pero no te deja crecer… Tendrás que ponerle remedio pronto. Mucho más pronto de lo que piensas…-
-… Parece que sabes mucho de mí… No es justo. No sé nada de ti-
-Jijiji. Cuando vives tanto… Incluso tus hijos se olvidan de ti…-
-No tengo a Zeoticus por mal hijo… Diría-
-Y no lo es. Son cosas de seres con longevidad extensa, querido…- tomando sus manos entre las suyas –Me alegro mucho de haberte conocido al fin…-
-¿Al fin?-
-Mi padre me contó muchas historias de ti… De cuando os conocisteis…-
Issei alzó una ceja, sus oídos le debían de estar pasando una mala jugada.
-Pero no hablemos de eso… Es enrevesado y no viene a cuento… Mejor siéntate, por favor-
Haciendo lo dicho, el niño tomó una taza de té directamente de sus manos, volviendo la vista al frente.
Frente a él se extendía el inmenso campo verdoso de los terrenos de su familia.
-Llevo esperando por ti mucho tiempo. Te he estado vigilando desde que naciste… Lamento mucho no poder hacer nada por la muerte de Gorou y Miki… Quiero que sepas que están en mis pensamientos…-
-¿Sabías del accidente?-
-Sabía que habría un catalizador. Se necesitaba un cambio brusco en tu vida… Lamento que haya sido su pérdida…-
-Entonces… ¿La llegada de Venelana no fue casual?-
-No mires a tu madre… Es con mi nieta con quien tienes el mayor de los vínculos… Tú la llamaste, ella acudió a ti…-
-Yo no lo llamé-
-Lo hiciste, solo que no sabes que lo hiciste…-
-…-
-Pero si le pedí a mi hijo que no te mantuviese lejos, no por mi pequeña y dulce nieta, sino porque sabía que más pronto que tarde vería en ti al hijo que Sirzechs no pudo ser… Hasta considerarte, de pleno sentimiento, como a su propio hijo…-
-Entonces todo ha sido cosa tuya…-
-Es lo que me pidieron que hiciese, y admito abiertamente que lejos de ser una carga, ha sido un gozo-
-Que fraude… Entonces todo ha sido un fraude…-
-Mi padre, hace miles de años me dijo que un día llegaría un niño a las puertas de nuestra casa… un dragón de ojos rojos… Y que su presencia sería un regalo del destino. Un regalo de la vida para nuestra descendencia. Una presencia de la que no podíamos privarla… Porque ni tú, ni yo ni mi nieta sabemos completamente todo lo que podéis llegar a alcanzar…-
-¿Para la familia?-
-Para vosotros… La familia bien se puede quedar en manos de mi bisnieto…-
-…-
-Pese a mis palabras no quiero que te quedes con la impresión de que eres alguien ajeno a mi familia… Soy tu abuela a fin de cuentas, quiero que me trates como tal… Y si puede ser, que me quieras como a una-
-…-
-Y me siento muy orgullosa de ti… La vida me ha premiado con unos magníficos nietos…-
-Magnifico magnifico…-
-Sirzechs no mataba demonios orientales con nueve años…-
-¿Cómo sabes eso?-
-¿No te he dicho que llevo cuidando de ti desde que eras un bebe?- sonrió la demonio alzando una mano.
Un destello de luz dio paso a un objeto conocido.
Issei abrió los ojos sorprendido.
-Yamato… ¿La enviaste tú?-
-Ella quiso ir…- tomando la espada por su funda, acariciando la vaina, dejándola en la mesa.
-Zeoticus le tiene mucho cariño… Aunque…-
-¿La ves diferente?-
-Si… Es… ¿Más brillante?-
-Sabía que tenías buenos ojos… El ejemplar que tiene mi hijo en su salón es una elaborada copia, pero una copia de todos modos- mirando la espada con dedicación –Yamato es una hoja única, y tiene una historia curiosa… Mi padre me dijo hace mucho que fue un obsequio de sacerdotisa de otro mundo… El mango y los adornos han sido repuestos con el paso de los siglos… ¿Me creerías si te dijese que en más dos mil años de intenso uso nunca ha sido afilada?-
-¿Tantooooo?- mirando la hoja con curiosidad -¿Y de que planeta? ¿De Asgard?-
-No, querido Issei. No proviene de ningún Reino sostenido por el Yggdrassil… Estas sacerdotisas venían de otro lugar, muy lejos, en algún punto de la inmensidad de la Grieta Dimensional… Y fue un regalo. Un regalo para alguien que hasta hace poco no había aparecido… Un dragón-
El niño lo miró sin mucha fe.
-Los dragones son animales, aunque sean algunos antropomórficos no usan armas… Y menos una tan canija, para su tamaño-
-O grande, es una espada muy grande para la niña diosa-
-Puede… ¿Sabe Sirezchs que la suya es…-
-¿Una trabajada imitación? Por supuesto que lo sabe…- volviendo la mirada al niño –Yamato siempre ha sido una dama muy caprichosa… Padre me contó que les fue entregada como presente a una civilización ya extinta… El Dios de la Biblia la obtuvo de alguna manera… Siendo robada por Lucifer pensando que era un arma que cambiaría el rumbo de la guerra, que le permitiría ganar en su particular rebelión… Esta niña mimada ha ignorado sistemáticamente a todos aquellos que la han sostenido hasta que de joven reaccionó de alguna manera a mi… ha sido mi fiel compañera más de mil años… Hasta que vi como reaccionaba a ti…- dejando la espada frente al niño –Y entendí que solo era un medio para un fin…-
-Los archivos del castillo dicen que esta espada era el regalo de Lucifer…-
La anciana empezó a reír divertida.
-¿No es cierto?-
-Por supuesto que no es cierto! Como te lo resumo… Hace miles de años, Lucifer abandonó el Cielo y encontró en un ser que vivía en el Inframundo una manera de escapar al control de su padre y ser un ser nuevo… Usando ese conocimiento empezó a experimentar. Tomó el control sobre las tribus primitivas y aisladas que poblaban estas tierras y a los más devotos, les confirió poderes-
-Pero los Gremory… Zinnerguza…-
-Mi marido era un acomplejado! Incluso se tiñó el pelo… Compromisos políticos, eran otros tiempos… Desde entonces he procurado que todos mis descendientes no cometan mi error… me alegré tanto por Sirzechs y Grayfia… Una excelente joven…-
-Entonces…-
-Me constan muchas de las salvajadas que dijo mi esposo… Y que mi hijo se ha creído para su propia conveniencia… Como que esta espada es la herencia de mi padre…-
-¿Qué otra cosa podría compensar ese poderes que tienen los demás?-
-¿Qué significa eso?- exclamó la mujer algo ofendida -¿Acaso el inmenso poder demoniaco y la precisión de cirujano para su control te parecen algo menor?-
-Bueno… Mmm… Lo que se dice… Esto…-
-Que sepas, jovencito, que tu hermano mayor es quien es no por recibir el poder de los Bael, sino por recibir el poder de los Bael con nuestro potencial!- exclamo Chysis cruzándose de brazos.
El niño se quedó quieto en su silla, incapaz de moverse o decir nada.
-Y precisamente por eso encajarás tan bien aquí…- levantándose, caminando hasta la barandilla –Solo me lamento de no haber podido traerte antes…-
-Abuelita… Soy un niño!- exclamó el castaño saltando de su asiento –Aún queda mucho!-
La demonio la miró en silencio, con media sonrisa.
-¿No crees?-
Sin responder la demonio volvió su vista al horizonte.
-Quizás debería de ser padre quien te dijese esto…- alzando la mano, convocando la espada, ofreciéndosela al niño –Valor, responsabilidad… Una gran carga. Dolor y sufrimiento, pocas en comparación a las alegrías que podrás recibir… Es lo que te espera si tomas la espada de la familia, si tomas el apellido Gremory-
-…-
-No te pido que respondas ahora. Solo te informo que deberás tener una respuesta a su debido momento-
-¿Cuándo será eso?-
-Mucho más pronto de lo que crees-
-… ¿Qué tendré que escoger?-
-Deberás elegir entre ser un Hyodo con las relaciones que tienes ahora… O ser un Gremory-
-¿No puedo elegir ambas?-
-Si la vida fuese tan sencilla seria aburrida. ¿No crees?- mirando a su nieto con afecto –Las decisiones hacen que nuestra vida sea realmente nuestra, Issei-
-Creo que lo entiendo… Entonces debo decidir… ¿Si soy un Gremory… No podré volver a ver a Irina?-
-Estoy segura de que has pensado esto antes… Con toda la información que has reunido tu qué crees?-
El niño permaneció unos segundos en silencio.
-Creo que… Las dos familias han cuidado bien de mí…-
-¿Si?-
-Pero con los Gremory puedo dar lo mejor de mí… Issei Gremory puede cuidar de Rias y de Irina… Eso es lo que creo-
-Pero esa joven, Irina, pertenece a una familia religiosa, Issei-
-Eso solo le añade picante a la trama- canturreó el niño.
-No te falta razón, Issei. Issei Gremory puede relacionarse de alguna manera con Irina Shidou, pero un Issei Hyodo con Rias Gremory…-
-Pero si escojo… Irina-chan…-
-Las elecciones causan dolor, es inevitable. Pero son los auténticos hombres los que mitigan y hacen sanar los corazones de las damas, Issei- acariciando el cabello del niño –Mi padre creía en ti, mi hijo cree en ti, mi nieta cree en ti… Yamato cree en ti… ¿Tú crees en ti?-
-…-
-Venelana puede decirle al mundo que eres Issei Gremory. Yamato puede elegirte. Mi nieta puede amarte como tal. Yo puedo decirte muchas cosas… Pero este es tu camino, tu sendero, tu encrucijada y tu decisión-
-…-
-El resto depende de ti… Vuelve a casa, dile a tu hermana que venga a verme y recuérdale a tu padre que tiene madre…-
El niño alzó una ceja.
-Ah… Y dile a tu hermano mayor que te lo presente ya-
-¿A quién?-
-Tú díselo…-
-Eso… haré-
-Vuelve pronto a verme, querido-
Suspirando pesadamente, Issei empezó el camino de regreso a casa.
Tenía mucho en que pensar…
- Casa de los Shidou-
Mirándose al espejo, el pequeño Issei observaba curioso como la señora Shidou le peinaba adecuadamente… Ropa de domingo lo llamaban… un traje azul marino con pantalones cortos y zapatos de estilo mocasín… Iba hecho un pincel… La mujer no era menos, un elegante y sencillo vestido negro adornado con un bolso de mano y unos zapatos con poco tacón.
-¿Adónde vamos?-
-A la Iglesia…-
-El centro de culto de los borregos faltos de autoestima…-
La mujer sonrió divertida.
-Ese comentario se queda aquí, Issei-kun, en casa. No se lo puedes decir a nadie, y menos a algún creyente o miembro de la Iglesia-
-Pero tú también lo piensas- alzando la mirada.
-Cuida esa boquita, Issei-kun… Y espero que esta vez la pajarita aguante hasta el coche…-
-Eso es esperar mucho… ¿A qué vamos?-
-Hoy es domingo, vamos a misa-
-Misa… El acto más elevado de toda la Iglesia Católica y otras denominaciones cristianas… El sacramento de la Eucaristía-
-¿Lo has buscado en algún libro?-
-He estudiado las religiones monoteístas… Son absurdas-
La mujer rio con más fuerza.
-Son herramientas de control de masas… Aunque sospecho que pueda haber algún fin más lucrativo…-
-Lees demasiado-
-Mmm…-
-Nosotros somos creyentes, Issei-kun. Y la misa es un evento especial en el que todos los creyentes nos reunimos para expresar nuestros sentimientos, emociones, nuestra fe-
-Ya sabes que lo respeto… Mama-
La mujer rio de nuevo.
-Solo me llamas mama cuando me quieres dar la razón descaradamente-
Ahora fue el turno de reír del chico.
-Pero lo siento y lo sabes-
-Largo, adulador- golpeando levemente los hombros del chico –Has quedado encantador-
-Parezco un mono de feria-
-Mama! ¿Dónde están mis lazos rosas?- exclamó Irina irrumpiendo en la habitación.
-¡Irina! ¿Qué te tengo dicho de los modales?-
-Ah… Me olvidé…-
-¿Qué tienes que hacer?-
-No correr por la casa…-
-¿Qué más?-
-No chillar…-
-¿Y qué más?-
-Preguntar por favor…-
-¿Y qué más?- preguntó el castaño.
-¿Tengo que hacer algo más?- preguntó la castaña intrigada.
-Ponerte una falda más cort…aaaaa- Karen Shidou tiró de su mejilla.
-Muy bien… Están en la mesita, te las he arreglado-
-¡Yay!- exclamó la energética niña arrancando a correr de nuevo –Ne! Ne! Ise-kun! Ayúdame!-
Ya le estaba esperando, señalando su regazo la chica se sentó al instante.
-Que quiere la princesa-
La alegre chica se había sentado de espaldas al joven, dejando las cintas sobre sus piernas, esperando pacientemente… bastante impacientemente.
-Q-que… ¿Recomiendas?-
-No tienes el pelo muy largo así que…-
-¿Te gustan las chicas de pelo largo?-
-Lo encuentro muy femenino… Pero es complicado de cuidar y molesto de convivir…-
-Entonces me lo dejaré largo!-
-¿Me estas escuchando?- divertido mirando las telas sobre sus muslos, tomando una pequeña.
Una cinta rosa.
-Una doble coleta…- alzando levemente su cabello –Creo que eso favorecerá esa carita preciosa-
-U-una doble coleta…-
-Por ahora pondremos esta cinta aquí…-
-¿Irina? Primero quieres un vestido… ahora cintas para el pelo…- la tentó su madre separándose de los chicos.
-¡E-esto es solo para ir a misa! La iglesia e-es un lugar muy importante… al que… al que ir arreglado! Ise-kun! Date prisa!-
Tomando la cinta de tela lentamente, el chico hizo una coleta con el corto cabello de la niña, ajustándola lo mejor posible.
-¿Te gusta?- preguntó el chico mirándola por el reflejo del espejo.
-¿Te gusta a ti?-
-¿A mí?... Si, te quedan muy bien-
-¿Irina…?- preguntó su madre divertida.
-¡Ise-kun tiene buen gusto!- exclamó la niña antes de salir disparada de la habitación.
-¡Irina! ¿No te olvidas de algo?-
A los pocos segundos, la cabeza de la niña se asomó por la puerta.
-¡Muchas gracias, Ise-kun!- respondió la castaña.
-Esta niña…- suspiró pesadamente la madre –Bien Issei-kun, ya estás listo…- sonriendo.
-Pues vamos a blasfemar un poco!-
-¡Te he escuchado, Ise!- exclamó Touji desde el pasillo.
-He dicho solo un poco…-
La joven Shidou volvió a aparecer por la puerta. Tomando la mano del castaño, arrastrándolo por el pasillo hasta bajar al salón principal. Se plantó frente al espejo del recibidor, sonriendo contenta ante su nuevo aspecto. Dejándola estar con su felicidad, Issei, desvió la mirada hacia el llamativo objeto de decoración del salón.
Una espada plateada de pomo dorado colgada verticalmente en la pared.
Hauteclere.
La espada, sapiente, le ignoraba completamente. Aunque la tocase, pasaba de él. Pensaba que teniendo un relativa combatividad con Ascalon quizás le prestase algo de atención… Aparentemente solo reaccionaba a la presencia de Irina. La portadora natural de espada sagrada… Una potencial portadora.
-Issei-kun…- murmuró la mujer acercándose a él, colocando sus manos sobre sus hombros.
El chico pasó la mirada hacia la madre de Irina.
-Es un recuerdo de Touji… Una reliquia familiar que ha pasado de generación en generación- mirando la espada preocupada –Nunca reaccionó a él… Hace generaciones que la familia Shidou la tiene, pero no se recuerda cual fue la última vez que reaccionó a nadie. Con el tiempo incluso se llegó a dudar que fuese autentica…-
-He leído de esto en los libros de Touji… ¿Los Shidou descienden de Oliver?-
La mujer rio divertida.
-Lo dudo mucho… Si es auténtica me imagino que en algún momento llegaría a nuestra familia… Y me gustaría que pasase de largo la próxima generación…-
El rostro de Karen se llenó de pesar.
-Madre, ¿sabes que…?-
La mujer apretó con más fuerza. El chico entendió el mensaje.
-Padre quiere que se la quede Irina… Pero no quieres que lo haga- auguró el niño, serio.
-Siempre has sido un chico inteligente…- inclinándose hacia el chico, acariciando sus mejillas.
-Issei-kun…-
-¿Si?-
-Ella cambió mucho tras tu accidente… Le afectó tanto…-
-¿?-
-Cambió tanto que los primeros días apenas reconocía a mi querida hija… Pero dejé de preocuparme al ver que su corazón seguía siendo igual de bondadoso… Y se tranquilizó tanto contigo…-
-…-
-¿Dónde estará aquella chica que no se preocupaba más que por juegos y pelotas de futbol?- sonriendo divertida –Ahora siempre lleva ese anillo viejo y solo tiene ojos para ti-
El niño ladeó la cabeza confundido. No sabía nada de un anillo.
-No será para tanto-
-Issei… Como madre… ¿Puedo pedirte que cuides de ella?- dejando las manos sobre su hombro –Por favor-
Issei miró la espada… Bendita para la Iglesia, maldita para Karen Shidou.
-Mama… Si un día decido… Si un día decido ser un demonio… Quiero que sepas que no es porque no os quiera ni…-
-Issei… Te quiero como a mi propio hijo, hagas lo que hagas eso no va a cambiar. Y sé que si algún día decides ser un demonio, serás el mejor demonio que existe…-
-¿No te enfadarás?-
-Mi querido Issei… Seas lo que decidas ser siempre serás lo que quise que seas-
-¿El qué?-
-Mi hijo del que estoy tan orgullosa…-
-Mama… Yo…- susurró Issei bajando la mirada.
-Siempre has sido un libro abierto para mí… Te preocupa Irina…-
-…-
-A mí también me preocupa Irina, Issei- agachándose frente al niño, acariciando su rostro -Mi corazón no podría soportar… Si Irina acude al campo de batalla… No podría aguantar que venga un sacerdote a decirnos que le ha pasado algo…-
El chico alzó la mirada, mirando la espada.
-Esa espada me aterroriza, Issei. Y la Iglesia… Conozco a la Iglesia… Me da mucho miedo lo que le puedan llegar a hacer… En que la pueden convertir…-
El niño volvió a bajar la mirada.
-Yo…-
-Quiero que me prometas algo, Issei-
-¿El qué?-
-Tomes la decisión que tomes… Cuida de Irina-
-Pero…-
-Irina te seguirá a donde vayas… Si le muestras el camino…-
-Karen-okaa-sama… Yo había pensado…-
-Tomes la decisión que tomes la aceptaré, pero recuerda, Issei… Prométeme que cuidarás de Irina…-
-En cuanto reciba las…-
-¿De qué habláis?- preguntó Irina agarrándose al brazo del chico, mirándolos ilusionada.
-De tus deberes- sonrió Issei con malicia.
-Argh… Yo… Voy… Adelantándome!- chilló la chica saliendo a toda prisa del inmueble.
Karen Shidou se quedó atrás, viendo como la pareja interaccionaba con la mayor de las energías posible. O al menos el chico intentaba seguirle el ritmo a su energética hija.
-DXD-
Cientos de personas se habían congregado en ese religioso evento.
Aparcando sin prisa, el evento había llenado los verdes jardines del terreno que rodeaba la enorme estructura de piedra grisácea adornada con un gran reloj y una campana en lo más alto… Desde lo alto de la escalinata de acceso al edificio múltiples figuras ataviadas con hábitos cuidadosamente elaborados observaban orgullosos la cantidad de creyentes congregada.
-Semana a semana aumentamos el número de feligreses… El Cardenal estará orgulloso, no es fácil enraizar en un país como este-
-¿Crees que es sabio crecer tanto en número?-
-¿De nuevo con tus miedos?- saludando con la mano a la masa.
-Sabes tan bien como yo que estos terrenos están gobernados por los exorcistas… La infame casa Himejima se nos puede echar encima en cualquier momento…Y si seguimos creciendo los Belial…-
-Los Belial no nos pondrán un dedo encima, no temas tanto por nada, Touji. La demonio regente es una niñata sin poder alguno-
-Pero Masaomi… La inquietud me carcome…-
-Tú confía en mí, los demonios, en esta ciudad, no son una amenaza. Los exorcistas son agua pasada, seres sin poder que ven como sus creyentes menguan con el paso de los años… Además, ¿has leído la nueva circular?-
-Aún no he tenido tiempo, ¿Que nuevas nos traen desde la Santa Sede?-
-Una Paladín, jefe. Hoy mismo nos llegará un paladín que inspeccionará la situación- exclamó el japonés animado.
-¿Un Paladín?- exclamó Touji Shidou sorprendido -¿Un portador?-
-Así es, por fin nuestras plegarias serán escuchadas… ¡El portador de Galatine ha sido asignado a estas tierras para afianzar nuestra posición como credo mayoritario!- exclamó uno de los cardenales caminando hacia ellos.
-¡!-
Temeroso… Su mirada pasó a posarse sobre el pequeño Issei… Mirando a su hija junto a él.
-¿Cómo está tu familia? Tu mujer esta tan hermosa como recordaba… Y tu hija… Crece bien-
-…-
Touji apretó los puños asustado, mirando al cardenal con pavor.
El clérigo lo miró con frialdad, intencionalidad.
Touji Shidou sabía muy bien que quería ese hombre…
¿Cómo podía proteger a su familia de semejantes monstruos?
¿Por qué la Iglesia del señor daba cobijo a semejantes degenerados?
-DxD-
Caminando con celeridad Touji se abrió paso entre la multitud, con dificultad. Intentando desesperadamente mantener la calma, apartar a la gente con firmeza pero sin excederse, sin dejar que la preocupación sacase lo peor de él.
Ante todo se presuponía que su rango reflejaba su capacidad de mantener el temple, la mente fría, las formas…
Su objetivo estaba claro, tenía que alcanzar a su esposa cuanto antes… Tardando más de lo esperado se reunió con su esposa, tomándola del brazo, apartándola.
-¿Cariño?- preguntó la mujer sorprendida.
Su marido sudaba, estaba nervioso, la tenia del brazo con una fuerza inusual en él.
-Coge a Irina y llévatela de aquí-
La orden la sorprendió, Touji siempre había sido un hombre amable…
-¿De qué hablas?-
-Hay un exorcista… Con toda seguridad habrá un fragmento de Excalibur… Harán la prueba de forma masiva… Tienes que llevarte a Irina… ¡!- temiéndose lo peor al ver a un encapuchado cargando con un pesado paquete a su espalda caminar entre los invitados –Tarde… Tengo que…!-
En su mano había otro, pequeño, con una campana colgando.
CLINC
La campana del paquete sonó imperceptiblemente.
El hombre se detuvo en seco. Mirando a su alrededor, revisando al público. El paquete temblaba en las manos del exorcista. Bajando la mirada al paquete, alzándolo sin dificultad, moviéndose apuntando con el paquete a las personas que le rodeaban. Sonriendo con fuerza al ver como el aura sagrada emanaba con fuerza del paquete al quedar frente a una niña.
Irina alzó la mirada temblorosa. Confundida, asustada.
Karen Shidou dio un paso al frente, Touji la detuvo. Horrorizada miró a Issei, que la estaba mirando. Issei reconoció el miedo en sus ojos.
El exorcista se acercó a la castaña. Irina protestó preocupada. Un chico se había colocado en medio, alzando un brazo entre ellos.
La luz abandonó a la castaña pero la campana no dejó de sonar… Girando levemente hasta el chico… la luz nunca fue tan intensa antes…
Alzando su mano, el hombre empezó a recitar un salmo.
Issei abrió los ojos lleno de dolor, llevándose la mano al pecho, cayó de rodillas.
El mango de Ascalon surgió de su pecho.
El exorcista sonrió con fuerza, bajando el brazo, marchándose. La espada desapareció, con ella el dolor.
Irina se agarró al castaño por detrás, apoyando su frente en su espalda.
-¿Q-que quería ese hombre? ¿Qué era eso? ¿Estás bien, te duele?-
-Seguramente hablar con una chica guapa…- respondió el chico girándose, tomando a la chica por los antebrazos –Pensaba que estarías más contenta de ver a un exorcista de primera mano…-
-N-no… Daba miedo-
-Era muy feo-
-¡E-eso no tiene nada que ver!-
A los pocos segundos llegó Karen, abrazando a Irina, sorprendiendo a su hija.
Touji llegó después, colocando una mano sobre su hombro.
-No tenías que haber hecho esto…-
-¿Vamos ya?- preguntó el chico intentando darle un toque de humor a la situación.
-Issei…-
-No creo que sea necesario decir nada…- dijo el chico serio, alzando una mano, deteniendo al hombre -Era la mejor opción-
Irina ladeó la cabeza al ver como los hombres se alejaban con pesadez en sus hombros.
La fuerza con la que su madre la abrazaba tampoco era buena señal.
-DxD-
Con una mueca en el rostro, Issei se vió rodeado de eclesiásticos. Sacerdotes y exorcistas a partes iguales. Un anciano de túnica roja los presidia.
Asintiendo con la cabeza, los monjes obedecieron, convocando un círculo bajo los pies del niño. Un círculo mágico de luz.
El dragón lo miró con cierto respeto, temiendo que la Pieza Demoniaca reaccionase de alguna manera… No hubo reacción alguna.
Suspirando aliviado, miró hacia abajo. Del círculo había surgido un pomo, dorado. Lo reconocía.
Uno de los exorcistas se agachó, tomando el pomo, tirando de él, sin éxito.
-Prueba tú, joven Hyodo- ordenó el anciano de rojo.
Sin mucha convicción hizo lo mandado, sabiendo de antemano que iba a tener éxito. Tomando el mango de la espada, alzándola, sacándola del círculo mágico.
Un estoque especialmente grueso, más bien podía considerarse una espada larga con mango de estoque… La hoja, roja, simulaba ser un monolito perfectamente simétrico, de color rojo oscuro, con decenas de grabados en su hoja, finalizando en la base con dos alas de dragón surgiendo de una esfera azulada. El mando, extenso y dorado, estaba protegido por lo que parecía ser una guardia de garra de dragón. El pomo, esférico y pesado, contenía otra esfera azulada.
-No hay duda alguna, es Ascalon… La matadragones creada para exterminar las serpientes voladoras del este…- susurró el obispo mirando a su acompañante –Y obedece al niño, es su portador natural… haz la prueba-
El monje se acercó al niño, extendiendo sus manos, solicitando la espada.
Issei se la entregó, viendo como este se alejaba cargándola con cuidado…
ZUMMM
RASH
La espada había desaparecido de sus manos para volver a las suyas.
-Es la voluntad de dios… Si la espada no quiere servir a la Iglesia tú servirás a la Iglesia en su nombre-
El niño no esbozó sonrisa alguna. Resignado se quedó sumido en sus pensamientos.
Alguien en el Inframundo no iba a estar muy contento con esto… ¿Y Chysis sabía de esto?
La Iglesia Ortodoxa se congratuló, horas más tarde, de poder anunciar que la espada sagrada Ascalon había sido hallada.
-DxD-
Aquello no estaba bien. No podía estar bien.
Tras varios días buscando, el fruto de sus esfuerzos estaba frente a ellas.
Lavinia, juntando sus manos, colocándolas frente a su pecho, observaba al animal de pelaje dorado intentar liberarse con desesperación de la trampa que su amiga y compañera de conjuros había levantado.
Entre los árboles, los matorrales, un círculo mágico había levantado una pequeña barrera semiesférica que contenía al animal. Un animal sagrado, bendecido por la madre vida.
Fuente de poder para brujas.
Las brujas tenían la capacidad de poder usar artes astrales, magia, poseían el don de la manipulación de la energía. Pero en eso consistía y acaba el don. Podían manipular esa energía, no surgía de su interior, no crecía.
Existían múltiples maneras de obtener poder, sus cuerpos quizás no podían generarla, pero podían canalizarla y retenerla, ejerciendo de conductores o de baterías.
Las brujas más respetadas tenían contratos con demonios, demonios de alto rango que les ofrecían su poder a cambio de servicios. Pero para alcanzar ese nivel, para ser atractivas y deseables de firmar un contrato con dichos demonios debían prosperar a su manera.
Devorando almas. Almas con un mayor nivel de bendición que ellas mismas.
Retirando la barrera, Walburga levantó su bastón, lanzando un sencillo hechizo eléctrico, hiriendo una de las patas del animal.
-¿No lo quieres tú?-
-N-no… No, gracias- respondió Lavinia asustada.
-Que mojigata… En serio, o espabilas pronto o te quedarás demasiado atrás…- caminando hasta el desesperado animal, tomándolo del pelaje.
Lavinia miró su inocente rostro, contorsionado por el miedo y el dolor.
Activando un círculo mágico bajo sus pies, la mandíbula de la joven se engrandeció, deformándose terriblemente.
Separando sus mandíbulas acercó al animal a su boca, envolviendo su vientre con su lengua, tirando de él, dejando atrás una pequeña esfera blanca que se quedó entre sus dientes.
Tragándose el alma, la bruja apartó el cuerpo carente de vida, dejándolo caer, sin percatarse, a los pies de su amiga.
El alma sagrada, bendecida por la naturaleza, alimentó las reservas mágicas de la adolescente.
Relamiéndose los labios, Walburga retiró el hechizo, volviendo a tener sus facciones habituales. Acariciándose la panza, la bruja de cabello morado miró a su amiga con aburrimiento.
-O empiezas a aumentar tus reservas o te expulsaran, Lavinia. Glenda no te podrá proteger siempre…-
Lavinia retrocedió unos pasos, mirando el cuerpo del animal muerto a sus pies.
Había otras maneras de obtener poder… Menos sangrientas.
No pensaba matar vidas inocentes. No si había otros métodos… Otros métodos…
-Residencias eclesiásticas-
Las dependencias de la Iglesia estaban limpias. Ordenadas… Maquilladas.
David Cerro llevaba tiempo oficiando inspecciones, no era una tarea agradable. Más veces de las que quería recordar se había ganado la enemistad de sus compañeros. Cuando era joven e idealista solo pensaba en servir a Dios en su magnífica obra… Dar caza y purgar el mundo de la existencia de demonios… Y ahora se encontraba dando caza a sus compañeros, creyentes, siervos de dios…
Enemigos de la humanidad.
Por su experiencia sabía que Masaomi Yaegaki escondía algo. Sus dependencias no solo estaban impolutas sino que estaban decoradas con accesorios completamente inútiles, artificiales, elementos incompatibles con una limpieza constante. Marcos con fotografías, medallas, recuerdos de sus viajes… Objetos colocados con toda la intencionalidad del mundo. Masaomi pretendía influir en su opinión, ofrecer una imagen falsa, imponer una idea muy concreta. Masaomi escondía algo. David Cerro no iría tan lejos como para decir que era lo opuesto, o al menos eso quería pensar.
Recorriendo la estancia, David acarició las mesas, estanterías, las paredes decoradas con madera. Golpeando con los nudillos en diferentes puntos el exorcista se detuvo en un punto concreto. Llevando su mano a su espalda, tomando su espada… De un golpe, la espada penetró sin dificultad la madera, la pared hueca.
Una puerta oculta.
Envainando la espada, el hombre cruzó la puerta, empezando a descender por unas pronunciadas escaleras. Un extenso pasillo se extendía en la distancia… Un pasillo que rebosaba poder demoniaco. Lo sentía, el final del túnel… El final del túnel conectaba con…
-DxD-
Entrecerrando los ojos, Cerro desvió la mirada, suspirando pesadamente. El emblema de la casa Belial decoraba la puerta del inmenso portal que, según sus cálculos, conectaba con el pasillo.
Masaomi Yaegaki tenía vínculos con los demonios. Vínculos que había ocultado.
Tomando nota el exorcista se movió al siguiente punto de su investigación. La casa de los Shidou parecía limpia, apenas se percibían rastros de algo más que de poder sagrado. Rastros de Ascalon presuponía. Un poder que también se podía encontrar, en mayor presencia, en el inmueble de al lado.
Un inmueble del que salió un hombre. Curtido, elegante y de rostro duro. Vestido con un traje negro, a medida, portando una cartera de cuero negro. El hombre se lo quedó mirando, serio. Pasando a mirar a ambos lados de la calle.
Los dos hombres se miraron fijamente.
-El señor Enrique… Entiendo- empezó Cerro con un tono cordial.
El hombre asintió levemente, mas no dijo nada.
Cerro metió su mano en el interior del pesado abrigo, sacando una cartera pequeña, abriéndola frente al desconocido.
-David Cerro… Exorcista de la Iglesia y emisario del Vaticano…-
El hombre se volvió para mirar a la casa de los Shidou.
-Touji y Karen Shidou te contrataron para educar a Issei Hyodo, hijo de Miki y Gorou Hyodo, fallecidos hace cuatro años. ¿Esa información es correcta?-
-Es correcta. Pusieron bajo mi cargo su formación complementaria. Señor Cerro…- mirando su placa identificativa -¿Puedo preguntar que hace aquí?-
-Son asuntos de la Iglesia…- pasando a mirar al inmueble.
Descartando cualquier anomalía en el hombre, David Cerro se giró para marcharse a paso ligero. Los Shidou y el niño estaban limpios. O eso pensaba… Pues David Cerro estaba demasiado por debajo de Heinrich Marcus Agrippa.
Demasiado por debajo para ver o detectar su aura de demonio.
Observando desde la distancia, cierta joven miraba como el exorcista se alejaba rápidamente.
Sentada sobre su escoba, sosteniendo a una gata negra en brazos. A una malhumorada gata negra en brazos.
-Tienes que ser más cuidadosa…-
-¿Cómo tú? No me incordies…- soltándose, caminando por la escoba hasta alcanzar el extremo.
-Ese hombre estaba buscando pruebas contra el niño-
-Y tú te has expuesto… Volando… A plena luz del día… Bruja-
-Qué mala eres conmigo… He venido a ayudarte…-
-Yo no he pedido ayuda. Ni a ti ni a nadie-
-Pensaba que los youkai erais más amables…-
-¿Qué amabilidad tengo que tener con gente como tú?-
-Si me conocieses sabrías que no soy…-
-¿Una bruja?-
-Las brujas no somos malas… Solo estamos… desesperadas. Pensaba que tú me entenderías…-
-Nyaaaa… No hablo en nombre del colectivo… No represento al Reino… nya-
-¿No, no me mientes?- ladeando la cabeza –Entonces que haces… ¿Aquí?-
-A lo que no he venido es a hacerme amiga de brujas! Nya!-
-Pero… Escúchame, escúchame… Me mandan…-
La gata empezó a cambiar de formar, creciendo y creciendo hasta tomar la forma de una joven de largo cabello negro. Sus ojos dorados, amenazantes, se posaron sobre los suyos azules.
-No habrá otra advertencia, nya. Deja a mi cachorro en paz. Aléjate! Nya!-
-No puedo hacerlo… Ese niño…-
-Es mío… Solo mío! Nya!- susurró la nekomata acariciando el rostro de la bruja.
La temperatura descendió rápidamente. Girándose, sus ojos dorados se abrieron enormemente.
Saltando con fuerza, la morena se alejó por instinto de algo que no podía ver pero que podía sentir.
Aterrizando en el tejado de una casa cercana, al volver la mirada la bruja había desaparecido.
Chasqueando la lengua, regresando a su forma de gata… La morena se desvaneció entre los edificios.
-Iglesia Católica de Tabira – Tokio-
Touji Shidou y Masaomi Yageaki permanecían de pie paralelos a una ostentosa mesa adornada con motivos sagrados. Presidiendo la mesa, un hombre mayor vestido con una sotana carmesí, comiendo copiosamente sin importarle la compañía. Tras él, a un lado, un hombre de cabello castaño, echado hacia atrás, vestido con ropas de exorcista.
-Este Paladín es David Cerro, el actual portador de Galatine, la espada que nunca se mella. Es uno de nuestros exorcistas más reconocidos… Por obra de Dios, alabado sea, se encontraba de peregrinaje buscando nuevos portadores para los fragmentos de Excalibur cuando se ha topado con algo muy curioso…- mirando el estuche frente a él –Tu chico, Touji, ha sido catalogado como portador natural de una de las espadas perdidas de dios…-
-¡!-
-Recuérdame cual era, exorcista Cerro. ¿La espada matadragones, quizás? ¿Ascalon?- murmuró el obispo mirando al exorcista.
-Eso parece, su señoría- respondió el paladín con una reverencia.
-Es una excelente noticia, su santidad- dijo Touji.
-Lo seria de no tener una mancha…- respondió el hombre limpiándose la barbilla con una servilleta -El niño está a tu cargo, hermano Shidou-
-Así es, su santidad-
-¿En serio, Touji?- preguntó el hombre mirando al sacerdote por primera vez, acomodándose en su butaca -¿Has tenido a un portador tan brillante tan cerca y no te has dado cuenta?-
Touji tragó saliva, asustado.
-Es amigo de la familia, sus padres murieron hace poco, no le hice la prueba…-
-Padres del niño que si mal no recuerdo fueron enterrados siguiendo el credo local, shintoista, hereje-
El hombre, acorralado, agachó la cabeza.
-No tengo excusa, su santidad… No me percaté de su potencial como exorcista…-
El silencio inundó la estancia… Solo el continuo sonido del comer del obispo osaba alterarlo.
Pasaron los minutos, un periodo de tiempo que se hizo interminable para el japonés.
-El chico entrará en la institución, será iniciado en el sacerdocio y se le enseñará a desarrollar sus poderes. Lo quiero formado como exorcista cuanto antes mejor- sentenció el hombre.
Touji lo miró horrorizado. Eso era lo opuesto a lo que deseaba para el niño!
-¡Su santidad! Es un niño!-
-¿Me vas a discutir, Touji?-
-Yo… no…-
El sacerdote se tomó su tiempo antes de volver a hablar.
-¿Conoces a la familia Pendragon?-
-El linaje del Rey Arturo…- respondió el hombre –La familia de la Sangre Real…-
-Su primogénito, a la edad de ese niño, dominaba a Caliburnus. Nuestros soldados no pueden ser menos!-
-¡Pero…!-
-Touji, deberías de agradecer, no replicar. Dado tu impoluto expediente haremos ver que esto no ha pasado. Se comunicará oficialmente que poseemos la espada sagrada y será puesto a trabajar de manera inmediata- volviendo ligeramente –Enmendarás tu error formándole tú mismo hasta que encontremos una plaza para él. Pese a ser un niño, si aprende de alguien de confianza, no pasa nada. ¿Verdad?-
-…-
-Pasará a estar a tus órdenes-
-Lo que su santidad ordene-
Touji apretó los puños con fuerza.
-Pero no estamos aquí para discutir los asuntos de un niño…-
Touji miró el hombre molesto.
-¿Puedo confiar en que la gestión de estas tierras es la debida, hermano Touji?-
-Me temo que no le entiendo…-
-¿No me entiendes o no me quieres entender?-
-Su santidad…-
-Hablo de la relación de esta santa iglesia para con los siempre detestables demonios-
-¡!-
Touji se quedó sin aire.
Masaomi palideció al escuchar sus palabras.
-Lo lamento, su santidad. Pero sigo sin saber a qué se refiere, por la gracia de dios nuestro señor en esta ciudad gozamos de tranquilidad y los demonios no nos asedian con sus pecaminosas acciones…-
-No es eso lo que tengo entendido…-
-¿Cómo?-
-Mi estancia aquí es circunstancial… Pero el hermano Cerro estará unos días más revisando de primera mano cual es la situación de esta tierra… Si Cerro encuentra algo que desentone regresaré para una inspección concienzuda… Y no os va a gustar que encuentre el más mínimo rastro de demonio en esta Iglesia. Durante mi ausencia os convendría revisar las nuevas directrices del padre Cristaldi… Las instrucciones son más severas de lo habitual… Parece que los nuevos tiempos de la Iglesia pasan por afianzar nuestro dominio en el mundo del señor-
-¡!-
-Si eso es todo ya podéis iros. Este consejo tiene otros asuntos que atender-
Touji Shidou, extremadamente asustado, abandonó la estancia sin saber cómo afrontar lo que estaba pasando.
-Touji…- murmuró otro de los sacerdotes.
-¿Desea algo, su santidad?-
-Tu hija… Estará limpia… ¿Verdad? Francamente me resulta curioso que tu hija no haya heredado tus dones…-
(¿Hauteclere?)
-Creo que esa pregunta la podría responder el Paladín Cerro con mayor exactitud- dijo el hombre pasando a mirar al castaño.
David Cerro lo miró fijamente.
Una mirada dura, intensa… Pero no le parecía un mal hombre.
-Ha habido un amago… Sería conveniente una verificación exhaustiva- respondió el hombre con honestidad.
Touji Shidou apretó los puños con fuerza.
-¿Ese niño y tu hija son cercanos?-
-Se tratan como hermanos, su santidad-
-Bien…-
-¿Bien?-
-Tu hija se unirá a él-
El hermano Shidou lo miró horrorizado.
-Ambos niños estudiaran aquí, dependiendo de sus aptitudes se marcharán a Roma. Pero soy magnánimo. Si son hermanos el proceso será menos doloroso si están juntos- dijo el obispo mirando al sacerdote –Si no dan el nivel se quedarán aquí, pueden quedarse en tu Iglesia si te reconforta-
El hombre se inclinó en una reverencia. Tras unos segundos se marchó con celeridad.
Su compañero… Masaomi Yageaki no formuló una sola palabra… ¿Su mirada?
Perdida.
-DxD-
-¿Me he metido en un lio?- preguntó Issei rascándose la nuca. Incomodo se miró las manos, abriéndolas y cerrándolas repetidas veces. Los altos sacerdotes habían retirado la espada de su cuerpo para ser examinada. Los informes preliminares indicaban que el arma blanca no reaccionaba a nadie, por lo que pronto regresaría a sus bajos siempre bajo la autoridad y responsabilidad de la Santa Iglesia.
Creyéndose perdida desde hacía siglos, nadie sospechaba que en realidad, había descendido del Cielo. Lo que le llevaba a la siguiente pregunta… Gabriel, que era quien la había sacado de arriba, no tendría problemas?
De pie en la estancia más elevada de la catedral, mirando la figura de la arcángel que permanecía pensativa mirando por la ventana.
-Lo inevitable ha sucedido antes de lo pensado…- sonrió contenta, volviéndose hacia él.
-Entonces es culpa mía-
-No, no es culpa tuya. Solo estoy preocupada porque no estás preparado-
-¿Por qué?-
-Es pronto mi niño…- caminando hacia él, acariciando su rostro –Demasiado pronto… Quería que fueses un niño más tiempo… Mas importante… ¿Cómo te encuentras?-
-Yo estoy bien… Pensaba que me iba a afectar más…-
-Él se está esforzando de verdad…-
-¿Quién? ¿La voz? ¿Quién es?-
-Eso lo tendrás que averiguar tú… Mi querido Issei… Sin Ascalon todo tu poder puede fluir libremente… Tienes que mantenerte sereno, calmado, todo el tiempo que puedas. Si la Iglesia lo descubre…-
-Gabriel…-
-¿Si?-
-¿Por qué todos le tienen miedo a la Iglesia? Pensaba que le tendrían más miedo a los demonios…-
La arcángel la miró sonriente.
-El proyecto de mi padre, a los ojos del hombre, es utópico, idealista y poco pragmático… Es imposible de realizar-
-¿Por qué?-
-Porque consiste en dejar atrás la condición individual para pensar en un todo. Dejar atrás al yo para pensar en los demás. Dejar atrás el egoísmo para pensar en altruismo. El beneficio grupal sobre el personal… Eso es algo que incluso los representantes de mi padre en este mundo han fracasado en lograr. Lejos de mantenerse puros se han manchado, han corrompido sus almas con perversos sentimientos, pensamientos. El credo de la Iglesia es el de la mentira y el engaño en pos de un beneficio personal. Cosas innombrables se han cometido en nombre de mi padre, cosas que él nunca aprobaría… En cierto modo podemos decir que el hombre es más malvado que el demonio. Por eso Karen Shidou teme más al sacerdote que a Zeoticus Gremory…-
-Pero si eso es cierto… Si yo tomo el sendero del demonio…-
-Tienes que proteger a Irina- reafirmó Gabriel.
-Podrías…-
-¿Podría llevármela al Cielo? Podría… Pero tienes que ser tú, Issei, quien debe hacer eso- tocando su pecho con el índice –Issei debe cuidar de Irina. No Gabriel…-
-Issei debe cuidar de Irina…- murmuró el niño intentando convencerse.
-El hombre al que amo tanto no le tiene miedo a nada… Salvo a sus novias enfadadas- exclamó la mujer divertida –Y pese a que ahora es un niño… No tengo la menor duda que sabrá lo que tiene que hacer… Y de que, pese a lo difícil que pueda parecer, lo hará bien-
Issei se revolvió el cabello nervioso.
-Arghhhhh!-
El castaño se alejó unos pasos.
-¡Entrenamiento!-
-¿Qué?-
-Me niego a que esto pueda conmigo! Me niego! Tengo que ser fuerte! Fuerte por Ria-tan… Por Irina! Con dos cojones!-
Gabriel sonrió contenta.
-Puede que no te lo parezca, pero las necesitas más de lo que crees-
-¿No soy yo quien debe protegerlas?-
-Así es, mientras ellas cuidan de ti-
-¿Quién protege a quién? Mi no entender-
-Con el tiempo lo entenderás-
El niño se encogió de hombros confundido.
-Tampoco es que importe mucho, si ocurre algo la ángel guardián más guapa y profesional podrá encargarse…- rio el niño guiñándole el ojo.
Gabriel no respondió. Solo la miró con una triste sonrisa.
-Puede que no pueda estar contigo siempre…-
-¿Cómo?-
-No hasta que madures lo suficiente como para alimentarnos…-
-¿?-
La arcángel no dijo nada más, permaneciendo en su lugar en silencio.
-Pues llevaba un tiempo queriendo preguntar…-
Gabriel lo silenció de un beso en los labios.
-Irina te necesita…-
-Esta con Touji…-
-Irina está nerviosa y asustada. Te necesita-
-Como para no estarlo…-
-No temas, Issei… Lo harás bien… Estoy segura- le aseguró la arcángel tomando al niño entre sus brazos.
-DxD-
Descendiendo sin prisa por las escaleras, dando saltitos, recorriendo los salones con la mirada. Al llegar a los vestuarios… Irina se le echó encima, abrazándolo con fuerza, mirando de reojo a un hombre adulto, de pie contra la pared. Vestido de negro con una chaqueta blanca, cargando con un pesado bulto envuelto en telas blancas.
-Nos volvemos a encontrar…- separándose de la mesa.
-Tú eres el exorcista…-
-Así es… Soy…- El exorcista dudó unos instantes antes de continuar -No era mi intención causaros… mal alguno. Estaba demasiado sumido en mis pensamientos, llevaba mucho tiempo buscando algún candidato, la percepción del éxito nubló mi juicio… No vi que estaba señalando a dos niños… Y por ello os pido perdón- dijo el hombre realizando una reverencia.
-Hacías tu trabajo… No hay que pedir perdón…- acariciando la espalda de la niña.
Hombres trajeados de negro traían y dejaban paquetes sobre una mesa blanca. Todos portaban el logotipo de dos llaves cruzadas bajo el triglerum.
La gendarmería Vaticana.
-¿Qué es todo esto?-
-Los bártulos básicos que necesitareis de ahora en adelante… ¿Vives con el hermano Shidou?-
El niño pareció dudar unos instantes.
-Sí, me adoptaron hace años…-
-¿Y tus padres?-
-Accidente de tráfico-
La respuesta parecía sincera.
-Lo siento. No quiero parecer irrespetuoso… Pero necesito cierta información-
-No pasa nada… Yo era pequeño…-
-Tienes mi más sentido pésame, ahora mismo estarán con el señor, acogidos en su gracia-
-…-
-Entonces… No tenéis una relación de sangre…-
-Issei-kun es como mi hermano!- exclamó Irina alzando la voz.
-Me alegro, eso os ayudará en la escuela… Issei-
-¿?-
-Eres más sereno y despierto que Irina… ¿Podrías responderme a una pregunta?-
-…-
-En casa tenéis que tener una reliquia familiar… Algo parecido a una espada… ¿Habéis jugado con ella?-
-Padre lo prohíbe!-
-¿Os lo prohíbe?-
-Es peligrosa!-
-¿Es peligrosa?- alzando una ceja.
-Para Issei-kun no pero…-
-Touji tiene armas en casa… A veces jugamos con ellas… Pero nada como Ascalon… Si es lo que te interesa… La espada sigue afilada, no es un objeto que niños como nosotros podamos tocar…- la interrumpió Issei.
David lo miró fijamente antes de pasar la mirada a Irina.
-Me habían dicho que los Shidou tenían algo en su poder. Hauteclere. Hauteclere es una espada sagrada que lleva siglos desaparecida… Durante tanto tiempo se ha negado a tener un portador que la Iglesia ha perdido la fe en poder usarla en la sagrada causa, se descuidó su vigilancia y mantenimiento y se perdió en Francia… Quizás sea una teoría obsoleta… Pero pensaba que había dado con ella… Llevaba tiempo siguiendo su rastro…-
-…-
-Los niños no mienten… Representan la pureza en nosotros… Confiaré en tu palabra…- manteniendo las distancias con los niños -Touji Shidou debería de daros las instrucciones básicas- recogiendo el bulto blanco –La semana que viene viajareis a Tokio para empezar vuestra instrucción… Este es vuestro terminal telefónico, tenedlo siempre encima. Toda la información o cualquier comunicación que debáis recibir se realizará mediante este aparato…- acariciando una caja para pasar a otra –Vuestro emblema, tarjeta identificativa y los certificados que os acreditan como miembro de la Santa Iglesia-
-…-
-En ella hay una tarjeta bancaria, no posee límite de fondos, no somos tacaños, pero el modelo de vida de Cristo era austero, tenedlo en mente-
-¿No debería de ser Touji…?-
-Ya no sois niños… Sois exorcistas en formación… Quizás debas encargarte tú de estas cosas, pareces más centrado que ella-
-…-
-Y aunque haya dicho esto… Podéis depender de vuestros padres, faltaría más-
-Mmm-
-Esta caja es toda la documentación que necesitáis leer antes de acudir al centro de formación… Léela cuanto puedas, son instrucciones, protocolos, y cosas muy útiles que necesitas saber… La Iglesia es la organización más grande del mundo, tenemos colaboradores, voluntarios y empresas que trabajan para nosotros…- inspeccionando la caja de cartón –Puede parecer mucho pero no lo es, solo asimiladlo todo con calma-
-Biblia, teléfono, acreditaciones y los documentos… Ya debería de estar todo excepto por un detalle…-
-Mmm-
-David Cerro, portador de Galatine… No me he presentado- dijo el hombre extendiendo su mano.
-Issei Hyodo, un placer…- respondió el niño aceptando el saludo.
-Mi numero está registrado en el terminal, cualquier duda solo llámame-
-Muchas gracias-
El hombre sonrió tristemente.
-Ser exorcista es una vocación, espero que esta sea la vuestra… Debo decir… Que nunca había conocido a un niño tan joven con tu temple… Es una cualidad que te servirá bien dado el reto que se te presenta… Y quien más se beneficiará será ella…- mirando a Irina con una amable sonrisa -Bienvenido a esta casa, Hyodo. Cuídate, que dios este contigo… Y espero poder trabajar contigo en un futuro…-
-El sentimiento es mutuo…- murmuró el chico viendo como el exorcista dejaba la estancia, dejándolos solos con todo el material.
-Ese hombre…-
-No me parece mala gente, Irina-
-Pero…-
-Hacia su trabajo, Irina- revisando las cajas.
-¿Qué hay ahí?-
-Ropa…- sacando una chaqueta negra de una de ellas.
-¿Es todo negro?-
-No tienen muy buen gusto-
-Yo quiero algo de color…- protestó levemente la castaña.
-La Iglesia no creo que tenga nada contra las cintas de pelo adorables… ¿Verdad?-
-¡No!-
-Entonces tienes suerte… Las cintas que tan bien te quedan… ahí se quedan!-
Irina rio divertida antes de comenzar a sacar ropa…
Empezaba una nueva etapa…
-Academia Kuoh-
Aburrido, Issei inspeccionó el paisaje del exterior como habitualmente hacía. Podía sonar muy cliché, pero le gustaba tener su pupitre en el extremo, junto a las ventanas. El exterior daba a los jardines traseros, llenos de árboles de cerezo que por la época del año, estaban floreciendo. Lo relajaban, le distraían de las monótonas y pesadas clases…
Tampoco necesitaba prestar atención. Había adelantado clases, pero podía haber acabado perfectamente sus estudios básicos. Es más, su madre empezaba a presionar con que abandonase su estancia en el mundo medio para pasar al vivir en tiempo completo, en el Inframundo.
No mientras Irina y las sacerdotisas estuviesen aquí arriba…
-… Como decía, puede parecer extraño que tengamos un cambio a estas fechas, tan entrado el curso académico, por lo que os pido que seas atentos, respetuosos y hagáis lo posible para que se sienta integrada lo más rápido posible. No queremos que sus calificaciones se vean especialmente afectadas así que procurad no ser una constante distracción… Puedes pasar-
Issei no prestaba atención, moviendo un bolígrafo con sus labios, el castaño se giró levemente. Los estudiantes, normalmente molestos, susurraban con mayor intensidad a la habitual.
-Me llamo Lavinia Reni… Vengo de Italia, en Europa… Mis padres han venido por trabajo y aunque puede que no esté mucho tiempo espero poder hacer muchos amigos y pasármelo bien! Por favor, cuidad de mí!-
Habían dicho…
Volviendo la vista al frente, su bolígrafo cayó al escritorio.
Junto a la mesa del profesor, de pie girándose al acabar de escribir su nombre, había una chica de largo cabello rubio, intensos ojos azules y una sonrisa llena de inocencia.
Vestida con el tradicional uniforme escolar decorado con guantes y medias negras, Lavinia saludó con entusiasmo a sus nuevos compañeros de clase.
La clase entera estalló en silbidos y vitoreos. Mientras los estudiantes liberaban cientos de preguntas sobre ella, ignorando al pobre profesor que intentaba sin éxito contener a los eufóricos estudiantes la joven no se molestó en mirar a nadie. Sus ojos estaban fijos en él.
-Cuida de mí…-
-Continuará en el próximo capítulo-
- La Voluntad de Dios -
