Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.


- High School DxD –

[Draconic X Deus]


-Issei Gremory-


Era de dominio público que los dioses veían el tiempo de otra forma, que dada su interminable longevidad su concepto de la vida era diametralmente opuesto al de los mortales. Comprensivos y tolerantes, habían acordado, desde hacía eones, no interrumpir esta manera de entender la vida de los seres inferiores. Una política que más adelante seria adoptada por el Cielo y el Infierno.

Asimismo, pese a ser culturas tan diferentes, si se aprovechaban de los mortales de una forma similar. Le conferían valor a la muerte. La vida era el proceso en el que la fruta maduraba, siendo esta el mortal en cuestión, llegando a caer del árbol cuando moría… Los asgardianos, así como los demonios, acudían entonces a cosechar el fruto.

Las valquirias cumplían con este rol. Acudían a los campos de combate, estaban presentes en todas las guerras y conflictos armados, inspeccionando, analizando a los soldados, valorando quienes podían tener el honor de entrar en las puertas del Valhalla. En tiempos inmemoriales solo aquellos creyentes en los dioses nórdicos eran considerados dignos, con el tiempo los requisitos se fueron distorsionando, llegando a los días modernos donde cualquiera con una mente abierta y habilidades a ofrecer podía ser convertido.

Todo fuese por asegurar la victoria en el Ragnarok…

Cuando una valquiria, la selectora de asesinados, demostraba tener aptitudes excepcionales y había demostrado su valía reuniendo einherjar, soldados solitarios, y había pulido sus habilidades contra los enemigos naturales de los Aesir, los gigantes de hielo… Se le daba la opción de promocionar. Pasaba de seleccionar luchadores a controlar sus destinos, una valquiria pasaba a ser Norna, quedando a las órdenes de las tres doncellas del destino.

Lamentablemente, y como todo en la vida, no todos podemos serlo todo ni lo mismo. Al igual que había doncellas que no ascendían a valquiria, había valquirias que no alcanzaban el rango de Norna. Algo que el tiempo y la madurez individual debían lidiar pero que en las familias nobles no era tan sencillo de procesar. Y ese, era el caso de la familia Anderson.

Los Andersen eran una familia noble que llevaba generaciones, siglos, sirviendo a la diosa Sif, esposa del todopoderoso Thor. Un honor que la primera valquiria de la familia, se había ganado con esfuerzo, sudor y lágrimas en los campos de batalla de las guerras Asgardianas… Gondul, una norna retirada restaurada como valquiria, observaba con un deje de tristeza como su nieta descansaba en una camilla en el campamento levantado cerca del último conflicto bélico del pueblo de Odín.

-No tienes nada que temer, doncella, tu descendiente está sana y salva…- dijo la diosa más hermosa de panteón Nórdico inclinándose junto a la niña, sentándose en la camilla, acariciando afectuosamente su frente –Es una buena doncella… Como se esperaba de tu casa. El orgullo debe de ser intenso en ti, Gondul-

La anciana, de porte noble y vestimentas azules, no respondió.

-¿Te preocupa lo que pueda decir Sif?- murmuró la mujer con una ligera risa en sus labios –Siempre te has preocupado en exceso…-

-Juramos honrarle, milady…-

-Y habéis hecho honor a vuestro juramento. No entiendo tus preocupaciones- volviendo a la joven –Es joven, tiene tanto tiempo por delante…-

-Su madre a estas alturas había mostrado un rendimiento mucho mayor, milady-

La diosa suspiró pesadamente.

-¿No importa lo que te diga, verdad?-

-…-

-Esta niña nunca será Norna, Gondul-

La anciana abrió los ojos sorprendida, horrorizada.

-Has sido una de las más fieles valquirias todos estos siglos y mereces saber la verdad, aunque Odín no lo crea conveniente…-

-¿Las… Las damas del Destino lo han visualizado?-

-Así es-

-…-

-Pero no temas, Gondul. Quizás tu nieta no sea la valquiria que esperas, pero te garantizo, jurándolo bajo mi nombre y lo que ello representa, que su destino no es menos brillante, aunque no sea bajo la gloria de Odín, servirá como pocas a Asgard-

-¡!-

La mujer bajó sus manos hasta acariciar las de la chica, tocando sus dedos, mirándolos con curiosidad.

-Gondul… ¿Qué es este artefacto?-

-¿De qué artefacto me habla, milady?- acercándose a ellos -¿El anillo? Una vieja reliquia familiar sin valor alguno… Ignoramos de donde surgió…-

La diosa nórdica se levantó, besando la frente de la cansada asgardiana antes de salir de la enfermería del campamento.

La anciana se quedó mirando a su nieta en silencio.

Sus ojos se posaron en el anillo.

"Su destino es más brillante que el de una norna"

"Su destino está lejos de Asgard"

"Servirá a los planes de Odín"

¿Cómo podía su nieta servir a los planes de Odín lejos de casa?

Mejor dicho… ¿De qué planes hablaba?


-Tres días más tarde de la partida de los Shidou de Fukuoka-

Tres días después de que Grayfia lo encontrara bajo la lluvia, previo aviso de la delegada de la familia Belial. El niño apenas había dicho nada. Apenas había hablado. Le habían traído a casa, lo habían puesto a descansar… Tres días.

La propia Lucifuge había recibido instrucciones de mantener a Rias a raya, no querían que alterase el descanso físico y mental del niño. Y si había alguna fuerza superior bien sabía que le había costado horrores mantener a la pelirroja fuera de la estancia que compartía con el castaño.

Cleria Belial había enviado un comunicado relatando las acciones y respuestas de la superficie. La Iglesia anunció que una facción contaminada de la Iglesia, una que había cedido a las presiones y hechizos del demonio, como no, había sido descubierta y por supuesto, erradicada.

No se hacía mención alguna a los exorcistas purgados, tampoco se mencionaba al credo shinto.

Sirzechs se había pronunciado, aunque el Cielo no había dicho nada sabían que había pasado. La Arcángel Gabriel había sido encontrada tras aparentes siglos desaparecida y el Concilio Blanco, uno de los máximo organismos en la gestión del Cielo tras el mismo Michael, había emitido una orden de búsqueda y captura. La hija favorita de Dios no sufriría daño alguno, por supuesto, pero aparentemente tenía mucho a que responder.

¿Quién o qué era Gabriel Angelum? ¿Y si ella era la auténtica Gabriel quien era el Arcángel que ocupaba su asiento en los Tronos del Cielo?

-DxD-

Sentado en su cama, apoyado contra el respaldo de la misma, con los brazos abrazando sus piernas… Estaba Issei Hyodo.

Las persianas de la habitación cerradas, las cortinas echadas. Apenas entraba luz, el aire estaba viciado… Y los ojos rojos del niño miraban a la nada. Despeinado, con el cabello sucio y sudado, el rostro demacrado y con evidentes faltas de sueño. El niño apenas podía concebir el sueño.

Dolido, confundido y ante todo, arrepentido. Se sentía miserable, culpable… Por su culpa no solo había perdido a Irina… También a Gabriel.

Recordaba… Había sido un completo imbécil. Recordaba que hacía tiempo que escuchaba que Gabriel no aparecía ante nadie. Por algún motivo él había sido una excepción, pero nunca, nunca se había dejado ver ante Irina o los Shidou. A pesar de tener cientos de ocasiones para dejarse ver nunca lo hizo… Porque no podía.

No podía porque si lo hacia el Cielo la detectarían… La reclamaría… Ignoraba porque. Tampoco tuvo la prudencia, la dignidad o la curiosidad para preguntar. A ella, a Gabriel, que siempre había sido tan… perfecta con él… ¿Merecía ese afecto y atención? ¿Él? ¿Qué la había dejado… Se la habían quitado, le habían quitado su libertad por reclamar su intervención para salvar a los Shidou. Y no dijo nada, solo hizo lo que él le pidió, como siempre, con una sonrisa. Y por ello la habían castigado.

E Irina… Karen le había pedido que cuidase de Irina… ¿Y que había logrado? Enviarla dios sabia donde… ¿Irina solo le había pedido quedarse con él y que había hecho? Enviarla bien lejos…

Y lo peor, que le habían avisado. Repetidas veces le habían avisado… Y pese a todo… ¿Qué había hecho? Issei Gremory… ¡El príncipe! ¡El demonio! El hermano del poderoso Sirzechs Lucifer! ¿Quién mierda se creía que era? Intoxicado de poder, engañado por sus circunstancias, por la adulación de quienes lo rodeaban… Ellos veían el potencial y lejos de querer ese efecto, el mismo se engañó a si mismo… Porque todo era su culpa. Sus acciones. Su responsabilidad.

Levantándose, el niño se encaminó hacia una mesa en un rincón de la habitación. En su superficie descansan dos espadas, dos relucientes espadas, tan distintas y llamativas. Una espada oriental y una occidental.

Yamato, la reliquia familiar de los Gremory, una espada sapiente que parecía haberle elegido. Un símbolo de poder y autoridad que no se había ganado.

Ascalon, la espada con la que Gabriel purgó el poder de dragón en su interior, y al mismo tiempo, el poder de demonio.

El poder de demonio que tenía en su interior, que tomaba la forma de la Pieza del Rey, que se alimentaba del poder de dragón… Pensaba que era alguien, no un ser excepcionalmente poderoso, pero pensaba que era alguien algo superior… Le faltaba entrenamiento… Le faltaba… Era débil, muy débil, excepcionalmente débil… asquerosamente débil.

Pero potencial había, todos lo habían visto, él lo había visto. Tenía que dominar el arte de la espada. Dominar a Yamato y sus artes demoniacas, la espada sagrada y sus técnicas de luz, los conjuros de los Gremory, los talentos que la pieza podía otorgarle… Y el poder de dragón que dormía en su interior…

Había perdido a Irina, había perdido a Gabriel… Pero eso no volvería a pasar. La furia se apoderó de su mente. La ira, la culpabilidad… Alimentaron la necesidad de redención. Su miedo a perder más… Porque podía perder más. Podía perder a su otra familia, perderlos de verdad. Podía perder a Rias, a Akeno… y Suzaku. Iba a arrancar a Suzaku de las garras de su familia.

Llevaba mucho tiempo dudando, jugando a ser alguien. Iba siendo hora de empezar a ser ese alguien. Iba siendo hora de tomar sus responsabilidades.

Issei Hyodo no podía proteger nada… Issei Gremory no solo podía proteger a sus seres queridos… Sino que también podía recuperar a Irina, recuperar a Gabriel… Porque si Gabriel era finalmente encontrada y la llegaban a encerrar en el Cielo convocaría al ejército del mismísimo infierno ante las puertas de San Pedro si no la dejaban libre…

Sería un Gremory… Tomaría el manto de la familia, el apellido… No volvería a dudar. Dominaría todo lo que estuviese al alcance de su mano, las espadas, su poder, su destino. Jamás permitiría que esto volviese a suceder.

Y había algo más. En su escapada… Los Shidou habían podido abandonar Fukuoka gracias a otras manos, no solo las suyas. Irina no estaba a salvo solo por su esfuerzo, estaba a salvo por el esfuerzo conjunto…

Conjunto…

Por talentoso que pudiese ser, con todas las armas que pudiese tener o los poderes con los que podía ser bendecido… Pero no podía hacer esto solo. No podía hacerlo solo… Le gustase o no debía de reunir a un equipo. Aunque estuviese en contra de la esclavitud, aunque no aprobase ese tipo de prácticas… Tomaría esas piezas, formaría ese equipo, tomaría el mando de su propia división en el ejército familiar…

[Ese es el camino, compañero… El Camino de la Dominación es tu única opción…]

-DxD-

Grayfia… estaba agotada.

Llevaba tres días, 72 horas intentando contener a la heredera Gremory. La niña, una maraña de cabello rojo intenso, llevaba desde que el joven había llegado al castillo intentando desesperadamente acudir junto a su hermano menor. Una tarea que, pese a ser la Reina más poderosa, se le estaba antojando realmente complicada.

La heredera Gremory, dormida mediante magia, descansaba en una tumbona… No podía quitarle el ojo de encima, en cualquier momento podía escaparse… Y los señores… Venelana llevaba una eternidad moviendo la cucharilla en su taza de té. Una infusión que hacía mucho que había perdido su calor. La demonio no se había percatado. Su esposo sí.

-Issei es un chico fuerte… No tienes que preocuparte por él…-

La mujer lo miró con dureza.

-Desde que lo acogimos lo hemos estado preparando… Es fuerte y resiliente, Venelana-

La mujer lo miró extrañada.

-¿De que estas hablando?-

-Llevas media hora moviendo ese te… Estas distraída, te preocupa Issei y lo entiendo pero…-

-Insisto… ¿Preocupada por Issei?- volviendo la cabeza hacia el castillo –Solo esta ordenando sus pensamientos… Se le pasará pronto…-

El pelirrojo alzó una ceja sorprendido.

-¿No estabas ausente por él?-

-Es mi niño pequeño, siempre me preocupo por él. Y aunque si este preocupada por él, no lo estoy por lo que crees…-

-Que… sorpresa… ¿Y qué es eso que te preocupa?-

-Mi niño es excepcionalmente inteligente, tras tantos días dándole vueltas a lo sucedido sé que llegará a la conclusión correcta, así que estoy preparando el terreno…-

El hombre rió divertido.

-Le estas buscando consorte a nuestro hijo!-

-¿A qué viene esa risa?-

El hombre no respondió.

-Conozco esa mirada. Me crees incapaz de poder encontrar buenas consortes para nuestro hijo-

-Eso lo dices tú, yo no he dicho nada. Que conste en acta-

-¿Te recuerdo quien reunió a tu amado harén? ¿Acaso no estas conforme con él?-

-Esa es una pregunta a la que no voy a dar respuesta-

Ofendida, se cruzó de brazos.

Grayfia rodó los ojos.

-Dime, amada esposa mía. ¿Qué has encontrado?-

Venelana la miró dubitativa. Observando como su esposo tomaba los documentos sobre la mesa.

-¿Valquirias? ¿Devas?-

-Hace unos días el ejército de Asgard arremetió contra los gigantes de hielo en una región lejana…-

-Las valquirias son fieles a Odín. No conseguirás que ninguna deje Asgard… Y los deva…- dejando los documentos en la mesa.

-Qué curioso… ¿Entiendes de mujeres?-

-¿No te seduje a ti, amor mío?-

-Creo que fue más bien al contrario… Amor mío-

-Si con esos pensamientos eres más feliz…-

-Amado esposo, ilústrame. ¿Qué has pensado para nuestro hijo?-

Sumamente orgulloso, el hombre convocó un círculo en la palma de su mano, dejando una carpeta sobre la mesa.

La mujer lo tomó impaciente, abriéndola con cuidado, leyendo el contenido.

Tras unos segundos de lectura miró a su esposo detenidamente.

-No puedes estar hablando en serio-

-Hablo muy en serio-

-¿Cuestionas mi decisión de desposarlo con una valquiria… Por esto?- golpeando la hoja con el reverso de su mano repetidas veces.

-¿Qué problema hay? Es de la realeza, con linaje, hermosa…-

-Salvaje-

-Sexy-

-Violenta-

-Una fiera a domar-

-Inestable-

-Un reto-

-No lo veo-

-Esta mujer, cuando nuestro hijo la haya domado, calmado, cuando le haya mostrado que él y sus esposas son su casa… Será de las más fieles-

-O hará de su casa un infierno-

Los demonios mantuvieron el duelo visual unos minutos. Ninguno cedía.

-¿Qué otras candidatas tienes?- preguntó Zeoticus.

-Siguiendo los consejos de Matters… He investigado al shinto-

-Una exorcista, me gusta. Suelen tener rituales interesantes…-

-Los actuales administradores de la familia más poderosa tiene dos hijos, un varón y una hembra… La mujer es interesante- dejando otro documento sobre la mesa –Momiji Nakiri, creo que se llama la hembra-

-Un par de años mayor que Issei… ¿Reliquia Sagrada?-

-Se habla de una Longinus- sonriendo divertida –Es hermosa, inteligente, bien educada y posee una reliquia única… Va un pelín justa para ser concubina de mi hijo pero podría servir…-

Grayfia volvió a rodar los ojos.

-¿Secuestro y conversión?- propuso Zeoticus.

-Los Nakiri nunca accederán a negociaciones. Demasiado orgullosos…-

-Me gusta… ¿Qué pieza?-

-Por sus habilidades… Torre, a la espera de saber que más esconden de la niña… Enku ha salido muy bien, Bahamut también, tengo una lista de…-

-No, no… Nada de bestias. Solo mujeres-

-Zeoticus, esto no es un juego-

-Mi hijo solo hará caso a mujeres, créeme-

-Entonces retiramos estos…-

-Sirenas… Banshee… Venelana. Son orcos de Mordor!-

-Ah, perdona, que las quieres hermosas y humanoides…- sonriendo divertida -¿Volvemos a hablar de mi valquiria?-

-¿Otra vez con… Odín no dejará ir a ninguna de sus doncellas, ya te lo he dicho. Y si la deja ir es porque no vale para nada. Si es accesible, no nos vale- volviendo a los documentos –Para las piezas de Alfil… Una hada del reino de Titania, por una módica donación encontraremos algo… Matters puede recomendarnos a alguna belleza con buenas calificaciones académicas en Golden Dawn…-

-Me gusta, me gusta… Esto va tomando forma… ¿Los caballeros?-

-Me preocupa más… Peticiones de la familia Astaroth y… Nah-

-¿Solo una?-

-El resto no importa-

-¿Latia Astaroth? ¿Los Sitri no…?-

-Ni una palabra. Tampoco lo esperaba… ¿Ajuka?-

-Eso parece… Sirzechs no me ha dicho nada-

-¿Y qué sabes de esos rumores de Serafall?-

-Eso…- suspirando pesadamente –Serafall sigue ingresa en su hospital… No entiendo como Issei puede conocerla…-

El patriarca golpeó la mesa rítmicamente.

-Las investigaremos a fondo… Mi hijo necesita a su equipo lo antes posible, pero actuaremos con cautela. Dependiendo del número de piezas que de su sellado contemplaremos los matrimonios políticos. Que esperen los Astaroth, hasta que mi niño no alcance la mayoría no formalizaremos nada. Su mente tiene que estar centrada en su equipo, no en las faldas de sus prometidas-

-Los investigaremos…- empezó Grayfia volviendo su mirada a la pelirroja… La tumbona estaba vacía.

Molesta, la albina recorrió los alrededores con la mirada. Localizando a la pelirroja en la fachada del castillo.

Subiendo con sus manos, evitando extender sus alas para llamar la atención de la poderosa demonio…

-¡JOVENCITA!- rugió Grayfia extendiendo las suyas, volando hacia la asustadiza Gremory que, al escuchar su voz, empezó a trepar a toda velocidad hasta dar con la ventana de su dormitorio.

Una mano tomó algunos de los documentos que Venelana tenía en sus manos.

-¿Hadas? ¿Brujas? ¿De qué va esto?-

El matrimonio Gremory se giró al costado, observando al recién llegado.

Su hijo adoptivo, de pie junto a la mesa de la terraza, mirando los documentos con una ceja alzada. Vestido con una sencilla camisa blanca y unos tejanos negros. Despeinado, desaliñado.

El matrimonio pasó a mirar la fachada del castillo. Rias se había escapado de su cuñada para nada…

-¿Contempláis que yo mismo pueda formar a mi equipo?-

-Hijo mío!- exclamó Venelana levantándose de golpe, abrazando con fuerza a su ahijado -¿Cómo te encuentras?-

-Ya estoy bien… Lamento haberos preocupado-

-No tienes que disculparte por nada, cariño… ¿Seguro que estas bien?-

-Demasiado tiempo que llevo ya ahí metido…- sonrió el niño mirando a lado y lado -¿Y Ria-tan?-

El matrimonio se giró, mirando al castillo.

-Ha logrado burlar la vigilancia de Grayfia… Está mejorando sus habilidades…-

-Oh… Vaya…-

-Hijo mío… Lamentamos mucho lo ocurrido en…- empezó Zeoticus levantándose de su asiento –Pero quiero que sepas que estamos muy orgulloso de tus acciones, decisiones-

-¡!-

-Te enfrentaste al peligro por los Shidou, huiste para preservar la vida de Touji… Muchos habrían antepuesto su orgullo y se habrían detenido a luchar…-

-¿Lo visteis?-

-Tenemos familiares patrullando la ciudad- sonrió Venelana acariciando su rostro –He hablado con tu hermano, no que pasa con Gabriel… Pero pronto tendremos información de ella. Estate tranquilo-

-Madre…-

-Entonces… ¿Masaomi estaba vinculado a los demonios?-

-No sabíamos nada… Y seguimos sin saberlo, puede que no fuese cierto y simplemente fuese algo interno culpándonos a nosotros, no sería la primera vez-

Pero la mujer que había visto era una demonio…

-¿Y los Shidou?-

-Sirzechs lo ha preguntado… Están en Inglaterra… A salvo-

El niño suspiró tranquilo, aliviado.

-También vimos tu desempeño frente a los exorcistas… ¿Yamato? ¿Artes mágicas?-

Issei desvió la mirada avergonzado.

-Estoy muy orgulloso de ti, hijo mío… Han sido cinco largos años de formación, pero cinco años bien empleados… Y ambos creemos que estás preparado para el siguiente paso…-

El niño lo miró extrañado, volviendo la vista a la mesa.

-Si visteis lo que pasó sabéis que no salí yo solo de allí… Alguien me ayudó-

Venelana miró los documentos sorprendida.

-¿Quieres reclutarlos?-

-No sé quiénes eran, pero eran fuertes y tenían agallas…-

-Mandaremos investigarlo. Puedes quedarte tranquilo-

Issei los miró extrañado.

-No voy a quedarme-

-¿Cómo dices?-

-Que quiero volver a Japón-

-¡¿Cómo puedes decir eso?!- exclamo Venelana incrédula.

-Tengo vínculos que quiero mantener…-

-Traeremos a la joven Himejima hasta aquí si es necesario…-

-No, no…- negando con la cabeza –Me enviasteis a Japón para prepararme… Quiero continuar… Pero con cambios, mejor, con mayor intensidad-

El matrimonio se miró con curiosidad antes de enfocar al niño.

-Y… Bueno…-

-¿Qué ocurre?-

-Yo… Pues…-

Venelana sonrió contenta.

-¿A qué viene tanta timidez?-

-Yo… La verdad…-

-Vamos, di-

-Es que…-

-¿Issei? ¿Ocurre algo?-

Zeoticus negó con la cabeza.

-Podemos oficializar tu adopción cuando quieras, Issei-

-¡Zeoticus!- protestó la mujer.

-Deja de jugar con el niño…- volviendo a su asiento –Aunque eso… Issei. Si decides ser mi hijo… Habrá muchas cosas que tengas que hacer y aceptar-

-Lo se… Me he mentalizado…- moviendo sus hombros –Aceptaré… Aceptaré la esclavitud - mirando las carpetas en la mesa.

-¿Y estás de acuerdo?- pregunto Venelana.

-Lo haré, tendré esclavos y servicio, pero a mi manera-

Los demonios no dijeron nada.

-Issei… Si aceptas entrar oficialmente en la familia- dijo el pelirrojo serio –No es una decisión que se pueda revertir, es una inmensa responsabilidad… Deberías de tomarte más tiempo para…-

-No creo que sea necesario… De hecho llevo demasiado tiempo abusando de vuestra hospitalidad, incluso soy un demonio ya…- mirándose la mano derecha –Mi decisión es firme-

-¿Eres consciente de que habrá muchas decisiones que tomemos… que no te gustarán?-

-La vida no es de color de rosa…-

-Como por ejemplo… Prohibir tu relación con Akeno Himejima… Y casarte con otra mujer, como Latia Astaroth-

Issei tragó saliva.

-La familia es… confianza. Y lo que es confiar, confío-

Zeoticus observó detenidamente los ojos de su ahijado. Estos derrochaban confianza.

-Si es tu decisión… Llamaremos a tu hermano, lo formalizaremos con un evento privado-

-¿En serio? ¿Lo aprobáis?-

-Por supuesto que si… Todo está preparado desde hace años… Ahora, hijo mío…- dijo Zeoticus levantándose, colocando las manos en sus hombros –Ve a ver a tu hermana, está al borde de la histeria-

Recuperando la sonrisa y el ánimo, el castaño emprendió el camino de regreso.

¿Cómo es que no se habían cruzado? ¿Cómo había ido a buscarlo? ¿Volando?

Corriendo por el pasillo… Se cruzó con su suegra… arrastrando a una maniatada y amordazada maraña de pelos rojos… Al verlo, Grayfia soltó la cuerda. Rias, al ver que se aflojaba el agarre, empezó a correr hasta caer de culo al sentir la cuerda ser tirada de nuevo.

Pataleando se resistió, retrocediendo poco a poco, resignada se giró hacia atrás, llorosa.

-Mira que he pescado… Un precioso pececillo…- sonrió Issei levemente agachado.

Abriendo los ojos sorprendida, Rias se levantó de golpe, dando saltitos emocionada.

-Espera, espera…- susurró Issei quitando las cuerdas que retenían sus manos –Cuidado, esto puede doler…- retirando de un tirón la cinta aislante en su boca.

-Issei!- chilló Rias abrazándolo del cuello, pegándose a él.

-Aneue…- susurró el castaño envolviendo la cintura de la pelirroja con sus brazos.

-Oh, Issei… ¿Estas bien? Me tenías muy preocupada…-

-Sano como una manzana…-

-Eres un egoísta… ¿Qué habría sido de mi si te pasase algo?- susurró la pelirroja acariciando su rostro dulcemente.

-No me voy a ir a ningún sitio… No mientras estés aquí esperando por mí…- besando sus dedos.

-Siempre, siempre…- juntando su frente con la del chico –Eres todo lo que quiero en mi vida…-

Ladeando su cabeza, Issei besó dulcemente a la pelirroja en los labios. Rias se pegó con más fuerza contra él.

-Tan unidos como siempre…- rió Zeoticus divertido.

-El futuro de la familia, esposo mío… Ellos son nuestro futuro-

-Y más brillante no puede ser…-

-DxD-

Ronroneando contenta, Rias sintió como todas sus preocupaciones se desvanecían.

Relajada, con su bañador favorito, tumbada sobre su hermano, sumergida en el agua caliente de las termas familiares bajo el manto de la noche del Inframundo.

La joven demonio lo tenía todo para ser feliz.

Girando su rostro, alzó su mano para acariciar el rostro de su hermanastro junto a su hombro. Mirándolo afectuosamente adelantó la cabeza para poder besarlo dulcemente.

-Estaba preocupada…-

-No tenías porque… Yo no era el objetivo…- susurró el castaño besando sus dedos.

-Pero estabas allí…-

-Eso era inevitable…- acomodándose en el agua –Y te aviso… Voy a volver-

Girándose, quedando sobre su pecho, Rias frunció el cejo haciendo un adorable puchero con sus labios.

-No me mires así, es una decisión seria y meditada-

-¡¿Quién te espera allí arriba?!-

-Un par de preciosidades… ¿Por qué?-

-¡No te atreverás!- exclamó la pelirroja molesta.

-Por supuesto que me atrevo- rió el castaño.

-Teniendo a una chica guapa como yo aquí… Eres un idiota!- chilló la pelirroja arrojándole agua a la cara.

Divertido, el castaño dejó que la pelirroja se despachase, antes de separarse, molesta.

-¿Estas enfadada conmigo?-

-Por supuesto que sí! Eres un insensible! Un mujeriego! Lo peor de lo peor!-

-Mmm… ¿Y puedo hacer algo para compensarlo?-

-Pues se me ocurren…- murmuró la demonio jugando con algunos mechones de cabello. Girándose lentamente…

PLASH

Echando la cabeza hacia atrás… Rias apartó el agua de su cara increíblemente molesta.

-Te explico… Arriba me esperan onee-sama en abundancia… ¿Sabes lo que es una onee-sama? Pues una onee-sama es una chica joven, adolescente, dotada y desarrollada con un fetiche para consentir a yogurines como yo!- exclamó el niño señalándose con el pulgar.

La pelirroja empezó a liberar poder mágico, furiosa.

-¡Eres mío! Solo mío! Y si alguna vez decido compartirte esas onee-sama deberán suplicarme para que les deje acercarse a ti!-

-Desde luego… No tengo queja alguna…- acercándose a ella, acariciando su rostro –Al igual que no dejaré que ningún cretino se acerque a ti… Eres mía, Rias…-

-Issei…-

-Por esto haré las cosas bien… Y no me iré al mundo humano sin antes ser tu hermano de verdad…-

-¡!-

-Padre y madre lo han aprobado…-

-¿E-entonces serás un…?-

-Un Gremory, si, Sir-tan está en camino, en cuanto llegue creo que padre quiere hacer una pequeña ceremonia… Espero que no sea algo llamativo…- volviéndose a su hermana -¿Estas contenta?-

-No será el Gremory que quiero que seas… Pero por ahora me servirá!-

-Aneue… ¿Qué Gremory quieres que sea?- rió el castaño divertido.

-Quiero subir contigo-

-Negativo-

-¿Tu si puedes subir y yo no?-

-¿Verdad que la vida no es justa?-

-¡NO ES JUSTO!-

Issei rio a carcajada suelta, evitando sin mucho afán que la chica dejase de tirarle agua a la cara…

-DxD-

Mirándose al espejo… Issei se miró al espejo.

El cabello le había crecido. Habiéndose cortado los costados, por detrás ya le alcanzaba los hombros, recogido en una discreta coleta… Los Gremory tenían el cabello largo, excepto Venelana… Destacando el color familiar extrañamente en sus intensos ojos rojos.

De metro treinta y veintitrés kilos veía su cuerpo embutido en su siguiente vestimenta oficial. Un traje negro, hecho a medida, con bordes rojos, cómodo, elegante, funcional. Uno de mucho de los que tenía en el armario.

Una mano recorrió su brazo, un cuerpo se pegó a su espalda. Unos ojos azules lo miraron a través del espejo.

La niña, vestida con sus ropas de gala, sonreía satisfecha.

-Me queda mal…-

-No digas tonterías…- respondió la pelirroja colocándose entre sus brazos, arreglando la corbata.

-Siempre he usado pajarita…- se excusó el niño.

-No se lo diré a Heinrich- rio divertida Rias.

-Mejor…-

-Onii-sama ya he llegado… ¿Estás preparado?-

-¿Preparado para qué? No debería de ser más que una cena, no? Y porque estas ropas…-

La demonio lo silenció con un beso, tomándolo de la mano, sacándolo de su habitación compartida.

La mandíbula del niño podría haber tocado el suelo de ser físicamente posible. Frente a él, llenando el recibidor del castillo… estaba todo el servicio. Absolutamente todos los siervos del castillo estaban reunidos a pie de escalera.

Al verlo empezaron a aplaudir.

Issei sentía que se iba a morir de la vergüenza.

-¡Señorito! Felicidades!-

-¡Señorito Issei!-

-¡Ya iba siendo horaaaaa!-

-Por todo lo más… Qué vergüenza! ¿Esto era necesario?-

-¿Ehhhh? Miradlo! Esta avergonzado!-

-Eh! Silencio!- exclamó Issei bajando las escaleras.

-¡Pequeñajo! ¿A viene ese humor?- exclamo uno de los sirvientes pasando un brazo por encima del hombro.

-No me gusta llamar tanto la atención!-

-¿Al señorito solo le interesa que le miren las jovencitas?-

-Eh! Eso no es cierto!-

-Diga señorito! ¿Esto se nos llenará de mozas pronto?-

-¿Para cuándo los pequeñines?-

-No sé si podré servirle… Parece tan pequeñín-

-Aún recuerdo cuando era un niño… Era tan adorable!-

-¡Mas respeto ostia! Que os estoy escuchando!- protestó el niño.

-¿Y qué?-

-Señorito! Señorito!-

Los sirvientes tomaron al castaño en brazos, manteándolo por todo el recibidor.

-¡Dejadme tranquilo! Bajadme! Que me bajeissssssssssssss!-

-DxD-

Zeoticus reía divertido, golpeando la mesa repetidas veces.

Venelana sonreía divertida, ocultando sus labios tras un abanico.

-Issei siempre ha sido famoso con el servicio, se lleva muy bien con él, le adoran-

-Me dijiste que esto sería algo familiar!- gruñó Issei con la cabeza apoyada en la mesa.

-Y es familiar, solo hay unos pocos sirvientes! Todos querían estar aquí!- respondió el hombre riendo con más fuerza.

-Ha sido bochornoso…-

-Es tu servicio, no tienes nada de qué avergonzarte- indicó Sirzechs caminando hacia él, colocando una mano en su hombro antes de sentarse en su asiento.

-No será para tanto…- dijo Venelana ignorando las risitas del personal.

-Mira… No paran de reírse a mi costa…-

-No nos reímos a su costa, señorito…- dijeron dos sirvientas junto al conocido Maou Lucifer.

-Vosotras…-

-Bien, bien… Es un buen momento!-

-¿Un buen momento para qué?- dijo Issei.

-Ellas, hermanito, han pedido entrar a tu servicio- dijo Sirzechs.

-¿Qué?-

-Tenemos una larga lista de voluntarios a acompañarte al mundo superior, hermanito-

-¿?-

-Ellas, desde ahora, pasaran a estar a tu servicio- dijo Zeoticus señalando a las sirvientas –Tuyas para tu uso y disfrute…-

Las mujeres se inclinaron levemente, alzando unos centímetros sus faldas.

-Le serviremos fielmente, señorito. Desde hoy y hasta el fin de nuestras vidas estamos a su disposición-

El joven Hyodo las miró horrorizados.

-Pero…-

-Tuyas para lo que sea… Las he elegido especialmente hermosas, hijo mío- susurró Zeoticus en su oído –Lo que hagas con ellas quedará entre vosotros…-

-Cosas que espero que no sean del tipo que haya que esconder o avergonzarse, deshonrosas- masculló Rias, molesta.

-Issei. Nos prometiste consideración. Compromiso. A todo aquello que representa nuestro apellido- indicó Venelana seria.

-Y lo haré… Si es lo que ellas quieren… ¿No os importa vivir en el mundo superior?- mirándolas fijamente.

-Le seguiremos allá donde vaya, señorito- repitieron las sirvientas al unísono.

-Muchas gracias…- levantándose, caminando hacia ellas, deteniéndose a unos metros –Prometo recompensar vuestro trabajo y a trataros con todo el respeto y consideración que sea posible-

-Adorableeeee!- chillaron las sirvientas abrazando al niño con fuerza.

-¡Soltad a mi hermano!-

-DxD-

Sentados alrededor del fuego de la chimenea del salón principal, los distintos miembros de la familia charlaban alegremente. Con Rias caminando hasta él, sentándose a su lado, ofreciéndole un pequeño estuche negro.

-¿Qué es esto?-

-Los registros ya son oficiales. Por la hora que es toda la aristocracia demoniaca sabrá que eres oficialmente el hijo Gremory que ha estado estudiando en el mundo superior todos estos años…- dijo Sirzechs.

-¿He estado estudiando en el mundo humano?-

-Para darle realismo hemos confirmado que no posees el Poder de la Destrucción…-

-Ni mi cabello, has heredado el de tu madre- dijo Zeoticus.

-Debido a eso se entenderá que nos avergonzábamos y que te apartamos de la sociedad aristocrática-

-¿Y qué ha hecho cambiar la situación?-

-Un repentino y ardiente deseo de demostrar tu valía y probar que mereces ser reconocido como tal-

-Mira tú que bien… ¿Y cómo hago eso?-

-Buscando superarme-

-Anda ya- masculló el niño -¿Y cómo hago eso?-

-Siendo más precoz-

El castaño gesticuló con las manos, que continuasen…

-Yo me hice con mis piezas a los 16 años, tú lo harás con el mínimo permitido…- dijo Sirzechs.

Issei se rascó una ceja nervioso.

-Yo esto no lo veo, no, para nada-

-No tienes nada que temer, para entonces te habremos reunido a un equipo francamente cojonudo!- exclamó el patriarca ligeramente ebrio.

-No sé qué me preocupa más…-

-No tienes nada que temer, Issei- dijo una tercera voz.

Femenina, fácilmente reconocible.

Girando la cabeza, Issei vio a su querida Grayfia-okami caminando hacia ellos vestida de paisano, su largo cabello suelto, cayendo libre por encima de su hombro cubriendo su pecho. Tras ella, a su falda, se movía algo menudo y rojo.

-Ese es…-

Issei buscó ayuda en su madre adoptiva. Venelana sonreía contenta. No dijo nada.

Girándose, buscó refugio en su padre, que sonreía perversamente.

-¿Verdad que es adorable?- exclamo Rias junto a él.

Issei no sabía que decir, tras la figura de la belleza albina se escondía un niño de 4 años, pelirrojo, de enormes ojos azules, que tímido, sostenía una manta azulada.

El niño lo miraba fijamente.

Issei volvió a mirar a Venelana, nervioso.

-Míralo… Tan chulito ante los adultos y ahora ve a un niño y no sabe qué hacer!- rió Zeoticus.

-¿Qué hago con él?- preguntó Issei mirando a Rias.

-Adelante, preséntate… Él es Issei, es tu primo- dijo Grayfia forzando al niño a abandonar el refugio a su espalda, Issei la miró alarmado. El pequeño se lo pensó unos instantes antes de dejar el refugio que le ofrecía su prima antes de dar un paso al frente, planchando su ropa con sus manitas, irguiéndose como le habían enseñado.

-Yo… Me llamo Milicas!-

El castaño parpadeó perplejo.

¿El hijo de Grayfia y Sirzechs? Impresionante…

-Issei… Encantado… de volver… a verte- repitió el pelirrojo contento -¿Issei-onii-sama?-

-Así es, Milicas!- sonrió Rias bajando del asiento, agachándose junto al niño, acariciando su cabello –Issei será tu onii-sama, puedes contar con él para lo que quieras, cuando quieras!-

Issei se acarició la barbilla mirando al pelirrojo.

-Seguramente le habrás visto corretear por el castillo, pero es algo tímido… No ha tenido una educación muy convencional, como tú. Al ser único descendiente de los actuales gobernantes, todo lo que está relacionado con él está fuertemente vigilado y controlado. Queríamos habértelo presentado antes pero estimamos que era mejor así…- dijo Venelana –Nunca ha tenido muchos amigos, pero teniendo una infancia similar creo que… os llevareis muy bien-

-Pues precisamente Chysis me dijo algo al respecto…- dijo Issei levantándose.

-¿Madre te lo mencionó?-

-También me dijo que eras un hijo lamentable… Que se olvida que tiene una madre- mirando al demonio con media sonrisa antes de agacharse frente al niño.

-Así que… Tú también has crecido solo… Recorriendo los campos, persiguiendo cervatillos como única compañía-

-¡!-

-Disfrutabas los baños con Ria-tan…-

-¡!-

-Y los únicos que te trataban como a un niño eran los siervos de tu padre…-

-¿C-como lo sabes?-

-Yo también he tenido que aguantar el olor de alcohol de Surtr…-

-Es muy molesto…-

-Mucho, mucho…- mirando al niño detenidamente –Que te parece si… A partir de ahora no te bañas solo con Ria-tan… Y nos recorremos el campo juntos?-

-¿Vendrías conmigo?-

-Lo cierto es que apenas tengo amigos… Solo uno si contamos al musculitos que tengo por primo… Así que tengo una vacante libre… ¿Te gustaría ser mi amigo?-

-¿P-puedo?-

-No te estoy diciendo si puedes… Te pregunto si quieres-

Sonriendo, asintió con fuerza.

-Dicho entonces! Ya tengo un nuevo amigo!- incorporándose, volviendo a su asiento, palmeando el asiento contiguo el niño corrió veloz hasta ponerse a su lado.

Grayfia se sentó junto a su esposo con una sonrisa radiante.

-A todo esto… ¿Qué es esto?- alzando su estuche.

-¿No lo has abierto aun?- preguntó Zeoticus -¿A que estas esperando?-

-No sabía que tenía que…- refunfuñó el castaño abriéndolo lentamente.

En su interior había un anillo, dorado, pesado, con el emblema de la casa Gremory en él.

-Esto…-

-Es el emblema de la casa. Con ese anillo podrás sellar documentos en nombre de la familia-

-¡!-

-Ya conoces a toda la familia… Los documentos son oficiales y ya tienes el blasón por lo que, a efectos prácticos, ya eres Issei Gremory-

-Bienvenido a la familia!-

Bajando la mirada, Issei contuvo algunas lágrimas.

Sonriendo, feliz, les agradeció las felicitaciones.


-Fukuoka-

Su madre tenía que tener algo en mente. Solo así podría haberle dejado regresar a Japón sin mayores condiciones. Porque el hecho de haberle dejado regresar a Japón con solo sus sirvientas era muy sospechoso. Pero ahí estaba. Solo con el servicio mínimo.

Se traía algo entre manos.

Fuese como fuese… Era una vida nueva. Una nueva vida con nuevos retos. Nuevas formas de afrontarla. Y esta tenía que ser diferente. Tenía que enmendar sus errores. Hacer las cosas… de otra forma.

Encendiendo las luces de la cocina… Issei esgrimió una media sonrisa, apoyándose en el marco de la puerta.

-Los tupper son para ti… Solo tienes que calentarlos en el microondas- dijo el niño observando a la intrusa.

Una joven belleza de largo cabello desarreglado, mallas negras y una de sus camisas blancas.

Su gesticulación, lenta y provocativa, juguetona y despreocupada acompañaba a la perfección sus ojos traviesos.

-Nyaaaa… Me han atrapado…-

-Llevas años vaciándome la nevera, que te voy a atrapar ahora…- respondió Issei caminando hacia la mesa.

-Nyaaaa…-

-Muchas gracias, Kuro… Aunque… ¿Ese es tu nombre?- sentándose en una de las sillas –Es un poco extraño… Nos conocemos desde hace tanto… Pero no nos hemos presentado-

La nekomata se irguió, relamiéndose los labios, mirando al niño con curiosidad.

-¿Gracias porque, nya?-

-Me ayudaste con los exorcistas…-

-¿Pudieron marcharse esos padres tuyos?-

-Sí, gracias por preguntar-

-Mmmm… ¿Y ahora estas con los demonios?-

-Oficialmente… Un demonio a pleno derecho- extendiendo sus manos –Aunque no de mucho el pego…-

-La verdad es que no… Eres delgaducho… Y demasiado ingenuo. Nya-

-Es lo que tiene que ser niño…-

Tomando varios platos de comida, los dejó sobre la mesa. Sentándose despreocupada.

-No seas burra…- quitándoselos para meterlos en el microondas -¿Cómo puedes ser tan…-

-¿Salvaje? Nya…-

-No diré salvaje, para vosotros es un término despectivo…- dejando uno sobre la mesa –Anda, prueba. Apreciarás un cambio-

Dubitativa se llevó una cuchara a la boca. Abriendo los ojos sorprendida.

-Ta bueno eh?- apoyando sus codos en la mesa, sosteniendo el mentón en sus manos –Ahora tengo unas cocineras de primera…-

-¿También tienes sirvientas?-

-Son de mis padres, pero pidieron venir-

-Limpiar un castillo debe de ser mucho trabajo… Nya-

-No las insultes… Ellas han venido porque han querido, por mí, no lo entiendo, pero es así. Decir que han venido a escaquearse es un insulto-

-Tan inocente… Como siempre… Nya- mirándolo fijamente –Con esos ojos tuyos siempre has sabido quien era… ¿Por qué ahora?-

-Esto es un nuevo comienzo. Nueva vida. Y no cometer los errores del pasado!-

-¿Qué error has cometido conmigo?-

-Dejar que seas un gato!-

La morena apartó el plato, molesta.

-No seré tu esclava. Nya-

-¿Qué?-

-Soy un alma libre, voy a donde quiero y hago lo que quiero! Nya!-

-Kuro…-

-Ni toda la comida caliente del mundo cambiará eso! Nya!-

-Espera! Espera!- extendiendo sus manos –Ahora me estas insultando tu a mí!-

-¡No! Tu a mí!-

-Serás cabezona!-

-Tu eres el cabezón! Nya!-

-Llevas a mi lado años! Años! Y lo que piensas es que quiero que seas mi esclava! ¿Qué le metes a la leche? ¿Hierba para gato alucinógena?-

-Cachorro insolente! Te pones trapos de seda y ya te crees un ser superior?-

-Sí, está claro. Le echas algo a tu leche matutina!-

-Serás idiota!- protestó la morena levantándose de su asiento.

-Compañero, señorita Kuro. Lo que quiere hacer es mantener su amistad, pero en lugar de estar en una bolsa quiere que camines a su lado-

Los ojos dorados se posaron sobre la sirvienta, de pie en la entrada de la cocina.

-¿Eso es lo que quieres decir? Nya-

-No, ahora estoy enfadado-

-Señorito… Por favor- insistió la sirvienta.

El niño se rascó una ceja, relajándose lentamente.

-¿Qué haces cuando te vas?-

-¿Y a ti que te importa? Nya-

-Vale. Enfoque incorrecto… ¿De qué aldea procedes?-

-¡¿Repite eso?!-

-Señorito… Su diplomacia… da asco-

-¿Qué pasa?- preguntó el castaño inocentemente.

-El joven señor se pregunta por si tienes alguna obligación para con tu aldea, joven nekomata-

-Eso es personal. Nya-

-Por supuesto que lo es… Y si hubiese sido un caballero considerado ya tendría esa información…- mirando al castaño con una mirada de desaprobación –Pero lo que el joven quiere decir… Es que quiere a su apreciada compañera a su lado y está dispuesto a proponerte un contrato para que puedas pagarle a tu aldea por tu disponibilidad-

-Ser una esclava-

-Un contrato de trabajo. Aunque yo lo llamo colaboración- dijo Issei –Lo que pida tu aldea te lo daré… ¿Dinero? ¿Recursos? Venga, canta-

La nekomata lo miró fijamente, sentándose en la silla.

-Lo que ese viejo pueda querer me da igual… Háblame de que gano yo! Nya-

-Techo y comida caliente-

-Poco. Nya-

-Quieres dinero-

-Dinero sin límites-

-Y una mierda- respondió Issei tajante.

-Ese vocabulario, señorito-

-Eres mi amiga, mi compañera, cuidaré de ti, cuidarás de mí. Como hemos hecho. Y para que puedas estar aquí le pagaré a tu aldea. Saldrás ganando. Tendrás menos responsabilidad, idiota-

-No me llames idiota! Idiota nya!-

-Escolarización. Profesionalización. Una vida mantenida…-

-Espera, espera. Nya. ¿Escuela?-

-Así es-

-¿Profesión?-

-Correcto-

-No, nya!-

-¿Por qué no?-

-No voy a ir a la escuela! Y menos, trabajar! Nya!-

-¿Qué?-

-Ya me va bien lo de la mochila… Y me quedo con la comida nueva!-

La sirvienta la miró duramente.

-No solo es una gata salvaje… También es una vaga… Issei-sama, no le interesa tener amistades así de… Insatisfactorias-

-¿Q-que has dicho?-

-Sugiero echarla del inmueble. Avisaré a algunos soldados para que hagan guardia en…-

-Kuro es mi amiga! No haremos nada de eso!-

-Joven señor…-

-Bueno, vale. Esto claramente es más complicado de lo que parece… Como le dije a padre…- protestó el chico pasando sus manos por su cabello –Esto es complicado y confuso-

-Señorito…-

-Quiero que mi amiga y compañera este a mi lado… ¿Hace falta que sea por contrato?-

-Los contratos comportan responsabilidad. Exigen cumplimiento. Para ti y para ella-

-Pero somos amigos… Compañeros…-

-Esos vínculos no suelen soportar las tensiones de los intereses. Tú eres un príncipe demonio. Ella una habitante de los bosques. Tan diferentes que o uno u otro, deberá de renunciar a algo-

-Yo no voy a renunciar a nada. Nya-

-Y tú no puedes, señorito. De ahí los contratos…-

-Pero son fríos, impersonales… No puede haber amistad posible-

-¿Eso es importante, nya?-

-Es fundamental. Quiero que seas mi compañera, no mi esclava. Estamos a la par- negando con la cabeza –Es tarde… Me vuelvo a la cama-

Girándose se volvió una última vez.

-Solo una cosa… ¿No te pasaste un poco con el hielo?-

-¿Qué hielo, nya?-

-¡!-

Perdiendo la sonrisa, el joven se despidió alzando la mano. Dejando a las mujeres solas.

-Por petición del señorito se te permite la estancia aquí. Techo, comida caliente y una cama… Las condiciones de esta estancia se verán aclaradas próximamente…- informó la sirvienta antes de agacharse… y abandonar el comedor.

El silencio se impuso en la cocina.

Kuroka… se desplazó hasta la nevera. Abriéndola sin muchos miramientos. Se le antojaba algo más de dulce…

Llenando sus brazos con comida se marchó al salón principal, encendiendo la televisión.

-Lo quiere ese viejo son mis hijos, nya… Y nuestros hijos serán nuestros, nya-

-DxD-

Mirando por la ventana. Issei observó con detenimiento el manto de estrellas.

Esa noche… Una tercera persona había actuado. Kuro había detenido a los exorcistas, pero no había liberado el camino. Otra persona lo había hecho.

Un usuario del poder del invierno


-Instituto Kuoh-

Sin Irina… No había chispa.

Estaba convencido. Se había convencido de que si regresaba… Podría volver a ser lo mismo. Una mierda. Aunque eso era algo tampoco podía hacer porque básicamente no dependía de él. El instituto, el colegio… Estaba calmada… Revolucionada.

¿Qué había pasado aquí?

No tenía la más remota idea de que había pasado. No tenía amigos y hasta la fecha no… No se había dado cuenta de lo jodidamente solo que estaba. A añadir que Kuroka no se había metido en su bolsa esa mañana. Tomando su libro, se mantenía callado, escondido en un rincón del campus, había bancos y tenía máquinas expendedoras. Tampoco había mucho tránsito, estaba tranquilo…

HYAAAAAAAAAAAAAAAAA.

Excepto por las adolescentes hormonales chillando como animales. Molesto, cerró su libro, alzando la mirada siguió con la mirada a un grupo de colegialas revolotear alrededor de una chica. Una estudiante vistiendo el uniforme reglamentario, pero enormemente llamativa.

Una larga cabellera rubia, rubio dorado, autentico. Un cabello largo y sedoso. El uniforme le quedaba pequeño… En según qué zonas.

Los brazos y las piernas estaban cubiertas por telas, no se podía apreciar un solo centímetro de piel más allá del cuello. Sus ojos, azules, brillantes y despiertos. Rubia, hermosa y con un cuerpo inusual… Su tipo al 1000%.

Pero eso era algo que ya no podía contemplar. Issei Gremory no podía verse envueltos en líos de faldas… ¿O sí?

Sin Irina se había dado cuenta de que en Fukuoka realmente no tenía nada. Nunca había entablado conversación con nadie. ¿Cómo había llegado a esta situación?

Se había centrado en unos pocos. Exclusividad. El problema era la exclusividad. El instituto era Irina. Más allá de Fukuoka estaba Akeno. El Inframundo era Rias. Más allá de eso… Suzaku, la preciosidad que se veía con otro en sus ratos libres en algún lugar del sur de Japón…

-Que pereza…- gruñó Issei guardando su libro en su mochila.

No poseía real interés en nada de eso. Es más, estaba jodidamente agusto con sellar sus sentimientos. Como decía el dicho… Mejor solo que mal acompañado. Pues nada, el elegía a sus compañías y las cultivaría al máximo esplendor. Quizás fuesen pocas como para pasar la eternidad pero oye…

Tomando sus cosas se marchó, ignorando al resto del mundo. Despreciando el resto del mundo. Ignorándolo… Quizás solo estaba huyendo.

Lejos de conseguir su objetivo. Una sonrisa burlona adornó el hermoso rostro de cierta estudiante.

-DxD-

La bruja de hielo. Fría. Libre de sentimientos. Incapaz de mostrar sentimientos positivos. Incapaz de pasar de una triste sonrisa a su amada madre adoptiva… Y mostrarse tan… Desde la más tierna infancia había creído que la muñeca había congelado su corazón, se había llevado sus sentimientos y los había envuelto en una impenetrable capa de hielo. Un muro infranqueable. Eterno… La Desesperación Absoluta.

Hasta que llegó a aquella plaza. Hacia sol, había calor… Pero no era eso. En aquella plaza encontró un sol. Radiante y ardiente… Y lo maldijo. Contra todo pronóstico, traicionando su misma esencia. Su absoluta bondad y compasión se fueron volando por la ventana… Expulsados de su corazón por una negra y cruda desesperación. Porque para alguien que lleva toda su vida viviendo en el frio el más mínimo atisbo de calor resulta desolador. Desesperante.

Agazapada en su habitación meditó durante días… Llegando a una simple y sencilla conclusión.

No quería seguir en un invierno sin fin… Ella no quería ser la Bruja de Invierno… Ella quería calor, y si bien no podía vivir en un verano eterno lucharía por tener una primavera! Y ese niño, fuese quien fuese, tenía información. Algo que ni siquiera en Oz sabían…

Observando sus manos, la adolescente sonrió risueña.

-¿Qué pasa Lavi-chan?- pregunto una de las estudiantes.

-Solo miraba el patio traser- señalando en la distancia con su guante blanco.

Sus compañeras endurecieron la mirada.

-Ese… Un chico extraño, callado y reservado… Siempre andaba con una niña chillona… No es alguien con quien debas juntarte…-

-¿Por qué no?-

-¿Una chica de tu rango mezclándose con ente como esa? Es un excelente estudiante, pero no es alguien con quien debas juntarte…- riendo divertida.

Sus amigas la imitaron.

Rodando los ojos… Lavinia chasqueó los dedos. Un sencillo encantamiento embarcó a las adolescentes en un sueño ligero. Sus miradas se perdieron en la nada… Y una mueca se instauró en el rostro de la bruja. No importaba si estaba en Oz o en el mundo humano. Su apatía congénita no se marchaba. Y estaba cansada, cansada de sonreír, cansada de tener que sonreír a todo el mundo.

Levantándose, se marchó a paso ligero. Buscando y buscando dio con lo que encontraba… No era difícil. Sentía la radiación en un punto concreto del edificio.

Alcanzando la estancia elegida, abriendo las puertas de par en par… Cerró los ojos, sintiendo la radiación acariciar su rostro. Dejándose impregnar por ella… Se sentó directamente junto al niño.

Reconoció su presencia, había fruncido el cejo… Pero no había hecho nada más. Girándose descaradamente, mirándolo fijamente, con una mano apoyada en su mano. Su cabello cayendo libre por su hombro… El niño seguía enfrascado en su lectura. Eso frustró a la maga.

Desde bien joven Glenda le había dicho que era un joven preciosa, excesivamente desarrollada. Vestida con estilo y excelente modales, lo suficientemente atractiva para atraer a hombres mucho mayores que ella… Un pichoncito… Como la habían llamado repetidas veces por la calle desde que llegó al mundo humano.

Dos opciones. O el niño era un niño o… No era su tipo. Lo que le complicaría su misión personal… Pasando a niveles superiores… Se apoyó en su hombro.

El niño dio un respingo, no se había visto venir el movimiento… Y Lavinia tuvo que contener un suspiro. El calor que emanaba su cuerpo era delicioso.

¡Ahí estaba su verano!

Incapaz de contener la risita fresca, cambiando a algo más directo. Algo que había escuchado decir a sus compañeras de mayor rango… Cosas de brujas adultas!

Se sentó sobre la mesa, frente a un estudiante, cruzándose de piernas. Apoyando su mentón en una mano.

Su intensa mirada penetró sin excesiva dificultad en el escudo de indiferencia de su presa. Aumentando, sin saberlo, el diámetro de su sonrisa.

El niño, algunos años más joven que ella, algo confirmado por el uniforme que llevaba, pertenecía al mundo sobrenatural. Que no era algo que dijese por los rubíes que tenía por ojos, lentillas de contacto según los rumores, no…

El aura que emitía era cálida, ardiente, contagiosa. Justo lo contrario a la suya propia. Y quería sentir más de ese calor. La pregunta era… ¿Cómo convencerlo de ser su amiga? ¿Cómo podía llamar la atención de un demonio? Lo aplicado hasta la fecha apenas había dado resultado.

La respuesta se antojaba evidente. Haciendo cosas malas. Y de eso las brujas entendían un rato… Aunque de eso ella no tenía ni idea… No entendía de cosas malvadas de demonios, no entendía las pillerías de las brujas… Y de cosas de adultos aún menos.

Estaba perdida… ¡¿Cómo podía conseguir su verano así?!

¿Sería por la joven morena? Aquella chica estaba tan desarrollada como ella y parecía cercana al niño. ¿Le estaba quitando a su presa? Ella necesitaba su calor y un contrato con él! Lo necesitaba!

El niño era todo lo que podía querer en una sola persona… Que podía hacer…

-DxD-

Venelana y Zeoticus habían sido considerados. El baño de cruda realidad se lo había dado Grayfia-okami, como no. Sus sugerentes y antigravitatorias mamas le habían dejado una cantidad de documentación a revisar que perfectamente se podía valorar en peso, por kilos de papel.

Derechos. Obligaciones. Responsabilidades… No solo para con su nueva posición sino que también para las esclavas. Las sirvientas que tenía a su cargo… Lo eran para todo. Había más de un centenar de disposiciones al respecto en su contrato. Literalmente podía hacer con ellas lo que quisiese que quedaría a su integra confidencialidad.

A efectos prácticos, podía usarlas como juguetes sexuales, lo único que se pedía es que Rias no tuviese constancia de ello. ¿Una broma de Zeoticus, quizás? La voz de Grayfia-okami se le antojaba seria. Lo más probable es que todo fuese una prueba. También cabía la posibilidad de que sus padres querían que realmente diese el paso adelante como noble e hiciese uso del personal de servicio como se presuponía para su cargo.

Y no era solo eso. Doscientas personas. Había pasado a tener doscientas personas a su cargo trabajando en sus dominios. Algo que sus padres habían preparado para él. Quizás un castillo, puede que una ciudad entera… Ellos siempre pensaban a lo grande, sin complejos. Doscientas personas, de todo tipo, demonios que dominaban todo tipo de oficios, desde médicos a músicos… Y sobre todo, soldados, doscientos soldados de los que poder tirar en caso de conflicto. Lo que le había dicho Rias antes, algo que le habría venido de perlas hacia unos días. ¿Aunque qué habría pasado de tener estos soldados en el conflicto con la Iglesia? No era algo que pudiese usar a la ligera, tampoco quería enviar a la guerra a demonios que no conocía. Primero quería ganarse su confianza…

Y de entre esos demonios había uno remarcado… Veresta. Una capitana entrenada por la misma Grayfia por lo visto… Tenía que conocerla.

Dejando eso a un lado había cientos de aspectos económicos a tener en cuenta. Sus cuentas, cargadas hasta arriba, pasaban a estar vigiladas, que no administradas, por Grayfia-okami. Por lo que podía, por ejemplo, empezar a pagar a Kuro-chan… El tema con la nekomata estaba calentito. Había dado un paso en falso, había patinado y ahora tenía que arreglarlo… Y no podía concentrarse porque cierta preciosidad no dejaba de distraerlo.

Un maldito pibon, rubio y con pechonalidad. Nada, absolutamente nada peor para distraerlo. Además, para más inri, le recordaba a Gabriel y eso provocaba dos reacciones; encogía sus pantalones por la cintura y le llenaba asimismo de… añoranza. Le preocupaba Gabriel. Hacía días que no la veía, y sus prácticas sexuales continuas se habían convertido en algo parecido a una rutina y ahora estaba pasando por una abstinencia involuntaria que estaba empezando a cabrearlo. Podría usar a las sirvientas… Si Rias no se enteraba.

Pero por Satan… Lavinia era… era persistente.

Primero lo había mirado fijamente. Luego había empezado a tatarear. Al ver que no funcionaba había empezado a pasearse frente a él, incluso se había pegado a su hombro.

Apunte; olía muy bien…

Maldita su suerte, había descubierto que su mirada se perdía al cambiar de cruce de piernas. Maldita su suerte porque ese hecho parecía divertirla. Su agonía la divertía. No necesitaba verla para saber que estaba sonriendo, cambiando, de nuevo, lentamente de piernas. Si bien la falda no era larga, tampoco era corta, y sentada sobre la mesa frente a él…

El castaño apartó sus documentos, mirando fijamente a la desconocida… O no tan desconocida.

-Que quieres…-

Los ojos, hermosos, de la maga se encendieron como las luces de un árbol de navidad.

-Qué casualidad que nos volvamos a ver… ¡Precisamente queria hablar contigo!- juntando sus manos alegre.

-Ya lo has hecho. Gracias. Hasta otra- sentenció el niño volviendo a sus papeles.

La rubia no movió un dedo. No parecía que fuese a irse…

-¿No tienes calor con esas medias?-

-Para nada… ¿Verdad que son bonitas?- murmuró la joven moviendo sus piernas.

Issei alzó una ceja. ¿No se había molestado?

-Puede, no se ven muy bien…-

Sonriente, bajó de la mesa de un salto.

-¿Mejor así?- preguntó la rubia alzando pronunciadamente su falda.

Ahora el castaño abrió los ojos como platos.

¿Esa niña no conocía la vergüenza? A ver, que no estaba viendo más que sus piernas pero… ¿Enseñarlas así a un...? Argh... Se habia olvidado de quien era esa chica.

-¿Los guantes también? ¿No es algo estético?-

-Suelo enfriarme con facilidad… Aunque también sirven como complemento… ¿Lo ves? Dibujos…- arremangándose la camisa, mostrando el trenzado en el extremo de la media.

Issei apoyó una mano en la frente.

-¿Qué quieres?-

-Hablar contigo-

-Ya lo has hecho-

-Pero quiero hablar más!- inflando los mofletes, apretando cómicamente los puños.

-Creo que no…-

-¿Por qué no?-

El niño alzó el dedo índice…

DING DONG…

-Porque van a empezar las clases…-

Irritada, le señaló con el índice.

-Hablamos luego-

El Gremory no respondió solo se encogió de hombros.

Parcialmente satisfecha, se marchó de la biblioteca. Su carácter no era el mejor, pero tampoco era un estúpido…

-Rubia!-

Lavinia se giró sorprendida.

-¿Me hablas a mí?- preguntó señalándose el mentón –Me llamo…-

-La muñeca-

-¿Qué?-

-Que te dejas la muñeca- masculló el niño recogiendo sus cosas, pasando junto a la rubia, señalando hacia atrás con el pulgar –En la mesa… Vaya gustitos tienes…-

Incrédula, Lavinia vió a la muñeca blanca observándolos sobre la mesa.

¿Podía verla?

-E-espera! ¿No te gusta?- preguntó, tomándolo de la mano, entrelazando levemente sus dedos con los suyos.

-Segunda vez que te digo que aquí… El tocar está mal visto si no hay una relación estrecha…-

Soltándose, el Gremory abandonó el salón.

Lavinia sonrió radiante, caminando hacia la muñeca, inclinándose frente a ella.

-A este no le das miedo… Lo siento por ti-

La muñeca no respondió.

Lavinia cambió de opinión… No estaba parcialmente satisfecha. Estaba absolutamente satisfecha. Era perfecto!

-!Eh! Me debes un café! ¿Que hay de mi cita? !Eh! Issei! Que he estudiado muy durooooooo!-


-Isla Ikki-

ZUUUUUUMMMMMMMMMM

Deteniendo su arreglo floral. Shuri alzó la mirada, reclinándose a un costado para poder visualizar el patio exterior.

Juraría haber escuchado algo similar a un círculo mágico… Pero no veía nada.

RASH

Un enorme ramo de flores apareció tras el marco de una de las puertas, arrancando una enorme sonrisa en la sacerdotisa.

-Mi marido no suele traerme flores…-

-¿No tiene detalles hacia una mujer tan hermosa?-

-Sabe que no me gusta acortar sus vidas tanto… Pero tampoco me consiente lo suficiente ni me conoce bastante como para saber qué haría una excepción por un ramo tan bonito…-

Divertido, Issei salió de su escondite, ofreciéndole el ramo a la mujer.

Shuri lo recibió agradecida, oliendo el aroma fresco de las plantas. Curiosa, vió como un ramo más grande se escondía a la espalda del demonio.

-Es precioso, Issei-kun…-

-Nada que este a tu altura…-

Shuri no se dejó engañar por sus palabras.

-Estaba preocupada… Escuché del incidente en Fukuoka… ¿Cómo estas, Issei-kun?- dejando el ramo a un lado, pasando a acariciar el rostro del niño.

-Han pasado… Han pasado muchas cosas, la verdad. Pero… Estoy bien-

-¿Seguro?-

-Confundido… Agobiado… Quizás me esté escondiendo en mis nuevas obligaciones, ahora soy legítimamente un Gremory y eso es…-

Shuri le silenció abrazándolo con fuerza.

-Te quiero como a un hijo, Issei-kun. Esta es tu casa, si necesitas cualquier cosa, estamos aquí…-

-Pues a eso vengo… Necesito medicina angelical… ¿Shuri-san… Donde mi angelito favorito?-

-Aburrida… Perezosa… Malhumorada… No parece mi hija, la verdad-

-Lo es, lo es… ¿Deprimida? ¿Por qué?-

-Porque estas tardando mucho en ir a verla! Vamos! Vamos! Está en el bosque! ¿Te quedarás a cenar?-

-Claro! Claro!- besándola en la mejilla, el castaño corrió con cuidado, de no destrozar el ramo de flores –No tardaremossssssssssssssss!-

-Ve con cuidado…- se despidió al morena regresando a una seriedad inusual –Espero… que la cena vaya bien-

-DxD-

Sentada sobre una piedra en medio de un lago. Al estilo seizo, con los dedos entrelazados. Akeno intentaba calmar su ansiedad… sin mucho éxito.

Frustrada tomó la taza de cerámica junto a ella, una infusión especifica del templo, algo que debería de ayudarla… y no lo hacía.

Sus labios se curvaron, tensos, algunas lágrimas acumulándose en sus ojos.

Había habido problemas en la ciudad, problemas que concernían al castaño y… llevaba días sin saber nada.

Estaba preocupada. Aterrorizada.

La pérdida le había quitado el hambre, el sueño, la ilusión… Y no sabía si podría vivir si se confirmaba…

No es algo que pudiese llegar a imaginarse antes, no sabía cuándo había llegado a esa conclusión. Pero ahora lo tenía muy claro. Vivía por y para él. Si él llegase a fallecer… ella se iría con él, al instante. Porque lo era todo para ella. No había nada que no haría por él. Necesitaba… hacerle feliz, tan extraño como pudiese sonar. Esa era una realidad que no podía ignorar.

Un mundo sin él… Seriamente irremediablemente insatisfactorio. Algo carente de sentido. Una pesadilla en vida…

Lo sentía por padre y madre pero… Ella no viviría en un mundo sin…

SNIF

SNIF SNIF

Olía a flores… Y de alguna manera sus pensamientos se estaban… Sus ideas se estaban aclarando. Dejando atrás sus pensamientos de perdida para recibir más luz. Una luz que iluminaba y calentaba su corazón. Un sentimiento de llenado, felicidad, invadía su misma esencia.

Se sentía… ¿Completa?

¡Algo que solo pasaba…!

Abriendo los ojos, Akeno parpadeó repetidamente al ver un ramo de flores plantado frente a su rostro. Tras él, la figura de su amado dragón, flotando sobre el agua, mirándolo con detenimiento.

Su rostro no denotaba mucha felicidad que digamos.

Sabia, sabía que estaba sintiendo sus pensamientos, sentimientos.

Issei no dijo nada, solo movió las manos, sacudiendo levemente el ramo.

-G-gracias… S-son muy bonitas…-

El demonio seguía sin decir nada, lo miraba en silencio, serio.

Alzando el índice, llamando su atención, trasladando su mirada a sien, enfocándola. Akeno entendió que escuchase lo que pensaba… Lo que le decía.

Bajándola, tomó la mano de la niña, llevándola a su pecho, sobre su corazón.

Sus sentimientos eran correspondidos.

Akeno sonrió hermosamente.

Chasqueando sus dedos volvió a obtener su atención. Con el pulgar señaló a su espalda… Alas de demonio adornándola.

Akeno se sonrojó violentamente.

Si Issei pasaba a ser demonio tendría poder, con el poder obtendría autoridad e independencia… Legal, económica y socialmente obtendría todas las herramientas para llevársela con él.

El primer paso para obtener las Piezas Demoniacas… Reencarnarla, reencarnarla y llevársela al Inframundo. Donde vivirían juntos para toda la eternidad. La vida que deseaba, la vida que necesitaba…

-¿Me enfado o me enfado?- dijo Issei, serio, hablando por primera vez.

Akeno bajó la mirada, triste, avergonzada.

Acariciando su rostro, el demonio se disculpó.

-Hace unos días… La Iglesia y el Shinto… Mi familia adoptiva humana tuvo que marcharse… No fue agradable-

-¡!-

-Yo estoy bien, no me pasó nada… Después viajé al Inframundo… Oficialmente soy un Gremory, Akeno. Issei Gremory-

-¿E-entonces…?-

-Ahora soy más guapo. ¿No lo notas?- separando los brazos.

-No, no veo ninguna diferencia!- rio la morena alegre.

-Que sí, que sí, mira bien!-

-Ya te miro! Estas… Más bajo!-

-¿Qué? ¿Más bajo? ¿Qué dices?-

Risueña, se llevó las flores a la nariz.

-¿Qué has hecho preciosa?-

-No te entiendo… ¿Qué he hecho?-

-En estos tres días… Estas más guapa que antes!-

La morena se sonrojó violentamente.

-Los preparativos están empezados… Castillo, escuela… Nuestro futuro…- susurró el castaño en su oído –Tendrás que compartirme, pero no había muchas alter…-

-No me importa… Solo quiero estar contigo…- lo interrumpió la Himejima.

-Entonces… En cuanto me den las Piezas… Te secuestraré, Akeno. Vendré a por ti, te llevaré al Inframundo y te haré mía para toda la eternidad-

-N-no… No…-

-¿No quieres?-

-No tardes mucho… Por favor…- respondió la morena en apenas un susurro.

Avergonzada saltó hacia adelante, envolviendo sus brazos en su cuello… Incapaz de sostener el peso, Issei cedió, cayendo ambos en el agua.

Nadando divertido, la morena se negó a soltarlo.

Alzando la mirada, Issei se sorprendió al ver plumas negras flotando en el aire.

-¿Cuándo has sacado tus alas? Te las vas a mojar…-

-Yo no he sido…- respondió la Himejima.

-Entonces…-

-He sido yo- siseó una voz autoritaria sobre ellos.

Con una mueca en el rostro, Issei alzó la mirada. Flotando, en el pequeño estanque… Había un fornido hombre con alas negras.

Baraqiel había llegado.

-¿Qué estás haciendo con mi hija, miserable?-


-Continuará en el próximo capítulo-

-El ángel de las risas-


Espero que os guste. Nos leemos en el proximo capitulo.