Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.


- High School DxD –

[True Draconic X Deus]


-La primavera de Lavinia Reni-


Estaba frente a Suzaku. Porque era Suzaku. Pero no la Suzaku que conocía. Era pero no era Suzaku.

Era la sacerdotisa de los sueños. La mujer que…

-Lees tus pensamientos a la perfección, si-

Issei chasqueó la lengua, molesto. Dicho gesto pareció alegrar a la sacerdotisa.

-¿Qué eres, un fantasma o algo?-

-Soy más bien una especie de recuerdo, un eco que resuena por los mares del tiempo…- respondió la mujer, sentada al estilo seizo frente a él.

Estaban en el espacio blanco. Estaba soñando, pero donde debiera de estar Ddraig, estaba ella. Ignoraba el porqué, aunque…

-Así es. Hace unas pocas horas tomaste su pureza-

Carraspeando la garganta, se sorprendió al verla hablar tan ligeramente del asunto…

-Felicidades- sonrió la sacerdotisa cubriéndose la boca con la manga del vestido –Aunque hubiese preferido ser la primera… Ya tenía una edad adecuada a fin de cuentas-

¿Estaba enfadada?

-Por supuesto, anata-

-¡!-

-Somos las más cercanas a ti, por encima de esa emperatrices de cartón barato…-

Runeas y Rias.

-Ya las conoces…-

Issei señaló a la morena, sonriendo perversamente.

-Las Grandes Mágicas Dragontinas!-

Ddraig puede que no supiese nada, pero ella…

La sacerdotisa no respondió, inmediatamente.

-No son lo que crees-

-¡!-

"Suzaku" la miró fijamente, hurgando en sus recuerdos, en su memoria, averiguando que sabía, que no…

-No son magias que crease un dios dragón-

-¿Cómo qué no?-

-Hace mucho, mucho tiempo, nació un ser. De la nada. Pura energía. Su poder era tal que se le añadió el concepto de Infinito a su persona. Pese a todo su poder, se sentía sola. Buscando acabar con esa soledad encontró a alguien, inferior en características, pero intimaron. Establecieron una profunda conexión. Temerosa de volver a ser una entidad solitaria en medio de la inmensa creación compartió su poder. Entonces nació otro dios dragón-

-¿?-

-Pero este dragón tenía vínculos… Vínculos a los que no estaba dispuesto a renunciar. Lejos de poder hacer lo mismo que el Infinito, se cometió un sacrificio… y un sacrilegio. Se dio el milagro de la vida, se levantó una poderosa maldición. Las dos caras de una moneda, acción y reacción… Las Grandes Magias son la respuesta nacida para compensar esa maldición-

El vínculo estaba, era real. Y si bien no era tan intenso, algo si sentía de su parte.

No le mentía, sabía que no podía hacerlo. Eso no significaba que le estuviese diciendo toda la verdad. Estaba hablando en clave.

Miraba por su bien. Lo tenía muy claro. Y creía que debía de obviar información a su conveniencia pero…

-Entiendo, pues, que quien recibió la vida, que no era un dios dragón, era esa existencia que se buscaba proteger, creó las Magias-

-Así es-

-Y dime… ¿Esas magias se crearon por puro y completo altruismo?- preguntó Issei echándose algo hacia adelante, mirando a la morena con una sonrisa traviesa.

Con los ojos cerrados, Suzaku solo sonrió hermosamente.

-Nunca he tenido la menor duda de que el pago te compensa sobradamente nuestros pequeños e insignificantes caprichos-

-Aja!- aplaudiendo divertido.

Habían sido ellas, las esposas. Lo que le dejaba a él como…

-Las Grandes Magias Dragontinas no son nada especial o llamativo. No son conjuros que se puedan aprender, implementar, usar. Ya están activos, siempre están activos, se alimentan de ese mismo Infinito que se recibió… Permiten que estemos aquí. A algunas nos ha permitido trascender las barreras del tiempo y dejar nuestro legado en este tiempo, en forma de recuerdo, en forma de poder sapiente… Ni siquiera yo estoy al tanto de todo…-

-¿Por eso mismo entiendo que no es casualidad que estén todas en la misma época?-

-Exacto. Por el mismo motivo por el que nos encontrarás a todas…-

Issei bajó la mirada, más o menos sabía lo que quería saber. Había decidido que escucharía lo que le dijese, nada más.

Así sería más divertido.

¿Querían jugar con él? Él sería el que acabase riendo…

-No creo que hayas venido a decirme esto…-

Suzaku abrió los ojos, mirándolo fijamente. Esos preciosos ojos rojos.

-Digamos que he sido un poco caprichosa… Y traviesa-

-¿Mmm? ¿A qué te refieres?-

-No has empezado esta travesía con todas las cartas sobre la mesa, por mucho que insistieses… No podías alcanzar lo que deseabas- chasqueando los dedos, las líneas doradas aparecieron en los brazos y piernas del dragón.

-¡!-

-Era una medida para motivarte a estar más cerca de mí… Aunque la cercanía de mis hermanas intentase burlar mi encantamiento era inútil. El poder de tu compañero estaba sellado por mí-

-¿?-

-Ahora que has tomado mi pureza ya puedes usarle- señalando con el pulgar al espacio tras ella. El espacio blanco –Pero somos dos… Hasta que no tengas nuestra sangre no podrás disponer libremente de él. Es un pequeño precio a pagar…-

Los dominios de Ddraig.

Las líneas doradas se llenaron. Formando un pesado guantelete, de color rojo y amarillo.

-Interesante…- susurró Issei mirando sus manos.

-Solo debería de ser un guante, pero parece que tus poderes condicionan su existencia…-

-Todo un detalle, preciosa-

La belleza no perdió su traviesa sonrisa.

-¿Ya está? ¿Te piensas que con acostarte conmigo ya puedes usarlo tranquilamente?-

Issei perdió la suya.

Había truco.

Si algo había aprendido con esas llamadas "esposas" es que había siempre truco. Y casualmente, estas reglas y trucos jugaban en contra suya.

-No pensarás que puedes tomar mi pureza y no tomar ningún tipo de responsabilidad-

-Por favor… Como si fuese a alejarme de ti…-

-No podrías aunque quisieses. Eres nuestro. Para toda la eternidad. No puedes huir ni esconderte-

-¡!-

-Si no atiendes sus necesidades, si cubres más las de las demás antes que las suyas… Despídete-

-¡!-

-Quedas advertido-

-¿Pero no sois hermanas?-

-Sí, y?-

-¿No deberíais… No sé, cuidar de todas y eso?-

-Amo a mis hermanas y las cuidaré y protegeré lo mejor que sepa. Eso no quita que si tenemos que compartirte, nos aseguremos la mejor posición sea como sea-

-…-

-Y como he dicho antes… Dudo que esta no sea una condición con la que no estés conforme…- sonrió Suzaku desvaneciéndose en la nada.


-Isla Ikki – Templo Himejima-

No sabía a ciencia cierta cómo describirlo con la mayor exactitud posible. De tener que hacerlo de manera forzosa diría que aquel había sido un sueño placentero. Satisfactorio. Completo.

Suponía que todo era fruto de un suceso emocional, psicológico. Su cuerpo y su mente se habían liberado de una carga que había derivado en una absoluta relajación que había dado paso a un sueño verdadero, un descanso digno de ser llamado así.

Sonriendo sin abrir los ojos, dejó que sus sentidos se deleitasen.

Desnudo, tumbado en la cama, descubierto, con una suave y caliente figura pegado a él.

Abrazada a él, con su cabeza sobre su pecho, un manto de cabello negro sobre ellos.

La figura se movió, empezando a besar su torso.

Issei, haciéndose el dormido, bajó su mano, acariciando la espalda desnuda hasta el trasero.

Centrándose en la figura que tenía pegada contra su piel su orgullo se hinchó enormemente. La belleza irradiaba felicidad, autentica y absoluta felicidad.

Subiéndose sobre él, uniendo sus labios a los suyos, lentamente, masajeándolos. Apoyando su frente a la suya.

Sus mentes estaban unidas. Sus pensamientos. Sus sentimientos… No había remordimientos. Ni rastro… Nada.

-Entonces no fue un sueño…- susurró Issei acariciando la cintura de Suzaku. Abriendo los ojos, visionando el hermoso rostro de Suzaku Himejima. Su rostro sonriente, sonrojado, deslumbrante.

-¿Crees que todo lo que pasó anoche?-

-Perdóname si lo confundo con un sueño…-

-Quedas perdonado… ¿Entonces tengo que recordarte lo que pasó?-

-¿Que pasó anoche?-

-Anoche tocaste el cielo, amor mío…- murmuró Suzaku acomodándose sobre su cintura, sintiéndolo en su entrada –Déjame recordártelo…-

Inexperta, se sentó sobre él, empalándose ella misma. Gimiendo sonoramente, cerrando los ojos, separando sus labios. Apoyando sus manos en el vientre de Issei empezó a moverse lentamente.

Montándolo con torpeza, empezando a ganar velocidad.

La belleza aprendía rápido…

Sin perderse detalle, colocó las manos en su cintura, ayudándola con el ritmo. Sus ojos rojos grabaron en su mente el rostro sonrojado desbordado por el placer, sus grandes senos moviéndose con cada salto…

Exquisito.

De pie, bajo el chorro de agua caliente, el dragón dejó que el agua caliente relajase sus músculos cansados.

Alzando el rostro, el líquido cubrió su cara, llevándose el sudor con él.

Bajando la cabeza, abriendo los ojos, sonrió orgulloso al ver a cierta Himejima se rodillas en el suelo, absorta en sus deberes autoimpuestos.

Perdida en su placer personal de empalar la polla de su novio en su garganta.

Tras una mañana de sexo desenfrenado, Suzaku se sentía más cómoda, mas liberada. A cada encuentro con su amante sentía que se volvían más cercanos, si podía ser posible.

Ese simple pensamiento la embriagaba. Tomaba posesión de todo su ser y la empujaba a ir mas allá. Más cerca, más cerca y conectados…

Quería conocer los límites de su relación, deseando, al mismo tiempo, que estos no existiesen…

Pensamientos que se desvanecieron al sentir como Issei la agarraba del cabello, apartándola a la fuerza, contra su voluntad.

Cerrando los ojos, parpadeando sorprendida, sintió algo cálido golpear su rostro repetidas veces.

Abriendo un ojo, trasladando su mano a su rostro, acariciando y tomando algo pegajoso entre sus dedos.

Suzaku ronroneó guturalmente al entender que había recibido su primer facial.

Observando como Suzaku colocaba diversas prendas de ropa en la cama, solo con su toalla, pensativa.

Issei se acercó a ella, desabrochando el nudo de la única prenda que la cubría.

-¡¿Issei?! ¿Más?-

Más que una protesta sonó a comentario jocoso.

No había oposición. Como tampoco cuando la colocó contra la pared… O contra la cama de Akeno… O sobre la mesa del comedor… O frente al cajón de ofrendas del templo exterior…

-DxD-

Acabando de peinar su cabello, Suzaku se miró al espejo. Impecable.

Revisando su vestido negro. Ceñido y elegante. Un obsequio del castaño. Sabía que ahora conocía a la perfección todas sus medidas, pero hace horas o días…

Mirando a su alrededor, Suzaku se sonrojó.

Estaba en la casa de su novio. Su novio… Su casa… El corazón de su intimidad…

Dejando el baño se encontró en el dormitorio de Issei. Grande, espacioso.

La cama era exageradamente grande. Había fotos en la estantería sobre la cama. Había una chica pelirroja, una belleza rubia… La bruja. También una morena, la youkai… Así como Akeno y algunas personas que no identificaba. ¿Era la gente importante para él?

¿Sobre esa misma cama, tan grande, tendría que compartirlo?

Dejando a un lado esos pensamientos, abrió los armarios. No era chismosa, solo quería conocerlo mejor.

Había poca ropa de calle, abundaban los trajes, todos negros con toques de rojo. Cajones con relojes…

Con una sonrisa traviesa se tumbó en la cama, oliendo la almohada, sonrojándose violentamente.

Olía a él.

Issei estaba sentado en el salón principal, con un café en mano, observando los datos de la barrera. Pensativo.

Dos manos se colocaron sobre sus hombros, al girarse, unos labios se posaron sobre los suyos.

-La barrera aguanta perfectamente… Podemos decir que ha sido un éxito- informó Issei.

-¿La puedes controlar desde aquí?- murmuró Suzaku sentándose en su regazo, abrazándose de su cuello. Ignorando el holograma frente al dragón, centrándose en su lugar en sus ojos.

-Para nada. Solo se puede controlar desde dentro… Pero puedo monitorizarla como cualquiera desde afuera. Y es estable rígida- mirando a la morena –Tu familia la habrá detectado también-

Suzaku ignoró ese último comentario, inclinándose para volver a besarlo.

Nunca tenía suficiente…

-Me sorprende ver que no hay nadie-

-¿En casa? El servicio trabaja cuando no hay nadie, por defecto de noche- respondió Issei volviendo a los hologramas.

-Hablo de otras chicas, Issei-

El dragón se quedó congelado, en silencio.

-No soy estúpida ni ninguna ingenua. Sé que hay otras. Solo espero que no haya ninguna otra "novia"-

-Te lo aseguro. Novia y hermana solo tengo una… Pero si…- separando la silla de la mesa.

-No hace falta, Issei. Se perfectamente quien es mi novio, a quien me he entregado y cual será nuestra relación…-

El castaño ladeó la cabeza.

-¿Querías conocerlas para marcar terreno?-

-No digas estupideces…- protestó Suzaku desviando la mirada, sonrojada.

Liberando una risa ligera, Issei se cruzó de dedos, mirándola con seriedad.

-Habrá otras, sí. Ni lo niego ni lo escondo. No es mi forma de respetarte ideal pero en mi posición no tengo muchas opciones… También puedes decir que me aprovecho de las circunstancias… Tener esclavos no es sinónimo de tener amantes…-

-Tu vinculo, lo entiendo. Respeto tu forma de pensar, de hacer… Ya te he dicho que lo entiendo…- acercándose a él, agachándose frente a él, tomando sus manos –Anata, ahora que mi bisabuelo sabe que el Templo es un terreno vigilado… ¿Puedes defenderlo?-

-Ya he implementado unos cuantos planes de…-

-Hablo de ti- tocando su pecho con un índice –Aunque pueda parecer extraño que lo pregunte… ¿Tienes suficientes chicas preparadas para defender a Akeno?-

El menor de los Gremory se calló, negando con la cabeza.

Ojos rojos contra ojos rojos.

Girándose, cambiando los datos e imágenes del holograma levantado sobre la mesa.

-¿Entiendes de Piezas Demoniacas?-

-Soy tu novia, me he estudiado todo lo que sabemos sobre demonios…- respondió Suzaku sentándose en el regazo del dragón –Y de dragones-

-Y te adoro por ello- besándola en los labios dulcemente –Estos son los datos que tengo hasta la fecha…-

Múltiples fichas se proyectaron sobre la mesa. Algunas eran conocidas por Suzaku, otras no.

-No tienes todas las piezas cubiertas… Necesitas catorce piezas… te faltan muchas…-

-No tienen por qué ser catorce, por ejemplo, los peones suelen ocupar varias piezas, mi hermano tiene el número mínimo de piezas, todas ocupan más de una…-

-Kuroka… Ya nekomata… ¿Dónde está?-

-En su pueblo, en su tierra. Hablando con su gente, he pedido que se una a mi familia. Han de aprobarlo-

-Que considerado-

-Si puedo vivir en paz, lo haré… Para ella iría una torre o un alfil-

-Has puesto que puede usar touki… ¿La respuesta no es evidente?-

-Pero también puede usar youjutsu…-

Suzaku lo miró no muy convencida.

-La rubia… ¿Una bruja? ¿Una bruja de verdad?-

-De sombrero picudo y escoba, si-

-Sabía que era una bruja…-

-Hablas de otro tipo de bruja, Suzu!- riendo divertido –Ella es la más cercana a obtener una pieza. Aunque no sé cómo tratar lo de su aquelarre. Las brujas son vengativas y crueles…-

-No siempre podrás obtener a tus mujeres por la vía del dialogo… ¿Alfil para ella?-

-Alfil para ella-

-¿Y el resto?-

-No hay más-

-¿Cómo que no hay más?- mirando los hologramas -¿El resto son amantes y ya está?-

-No, no… Veamos… Irina Shidou, la conoces, está muy lejos de aquí. Le apalabré un Caballero, pero pueden pasar años para eso… No la he vuelto a ver desde entonces, puede que para cuando la vuelva a ver ni siquiera me recuerde menos a nuestra promesa… Rossweisse, una asgardiana, es una refugiada que está en los dominios familiares, es una joven muy completa con potencial. Se ha propuesto como esclava pero sus circunstancias la presionan, no piensa con claridad y no me voy a aprovechar… Esa chica rubia con el gorro con cara de manzana podrida es una supuesta prometida mía… Una vampiresa a la que no conozco pero que mis padres quieren que despose cuando alcance la mayoría de edad. Madre baraja la idea de que si es una mujer con carácter… Que lo use en el campo de pelea… Faltan unos cuantos años para eso y está por ver… Que más…-

-Estamos yo y Akeno…-

-Mis sacerdotisas favoritas. Estáis en el paquete porque contemplaba daros una pieza para poder compartir mi inmortalidad, no superaría vuestra partida por vejez… Pero más o menos tengo una alternativa pensada… Ah, la rubia de la esquina. Le Fay, una bruja de Golden Dawn con quien tengo un acuerdo mágico…-

-¿La otra Alfil?-

-Negativo, tiene la edad de Irina… Además, tampoco he hablado más de dos o tres veces con ella… Piensa en ella como una asesora o algo así, no puedo ofrecerle una pieza…-

-Hay tres bellezas sumamente hermosas, Issei-

-Las onee-sama… Runeas, Gabriel, Serafall… No creo que pase mucho antes de que las conozcas…-

-¿Gabriel? ¿La arcángel? ¿Serafall? ¿La Maou?-

-Sep. Unas cougar que llevan desde que era pequeño cuidando de mí en la sombra… Puedes confiar en ellas-

-¿Y la pelirroja? ¿Tu hermana?-

-Eso es más complicado de explicar, ni yo mismo lo se… Es una especie de ancestro-

-¿Qué es una especie?-

Issei se encogió de hombros.

-Issei…-

-¿Mmm?-

-Casi todas las chicas que hay aquí son amantes… Y pocas esclavas-

-…-

-¿Qué hay de tu discurso de que parece que te aproveches de la situación… pero ya que son esclavas las hago mis amantes?-

Sudando frio, el dragón no supo que responder.

-Me alegro por ti, anata. Me alegra ver que estas rodeado de tan buenas compañías-

Su voz, gélida, no reflejaba en absoluta nada de esa supuesta alegría.

Si la considerada y bondadosa Suzaku se comportaba así… ¿Cómo reaccionaria Rias?

-¡Que no! Issei!- protestó Suzaku molesta.

-No seas tonta, vamos-

-¡Que no! No me estas escuchando! Issei! Escúchame! Issei!-

Siendo transportados al templo, Suzaku se negaba a moverse un centímetro más y allí estaban, plantadas en el terraplén… Pero aunque la morena no quisiese moverse, sabía que otra persona si lo haría.

Su vínculo… La sentía. Sabía que le sentía.

A los pocos segundos, Issei sonrió. Los Himejima habían regresado y cierta niña ya sabía que estaban allí.

Jadeante, emocionada, Akeno alcanzó el patio del templo saliendo del edificio principal cuanto menos que atravesando la puerta de papel. Apoyándose en sus rodillas, sus ojos violetas le enfocaron a él, solo a él, como siempre.

-Mi preciosa tenshi!- exclamó Issei avanzando hacia ella.

Olvidando su cansancio, Akeno volvió a correr, extendiendo sus alas, saltando al aire… Volando a los brazos de Issei. Recibiéndola al aire, Issei giró varias veces sobre sí mismo.

-Mi dulce tenshi! ¿Cómo han ido esas vacaciones familiares?-

-Era bonito… Pero llevo demasiados días sin verte! No vuelvas a hacerme esto!- protestó Akeno golpeando su pecho.

-Pero si eran vacaciones…-

-Me da igual! Vienes con nosotros si es…-

Akeno se calló de repente. Mirándolo con atención.

Por alguna extraña sensación la sonrisa de Issei la irritaba. Olía a su champú, pero bajo ese olor… Escudriñando en su mente descubrió extensos sentimientos de alegría… y placer.

¿QUÉ HABIA HECHO EN SU AUSENCIA?

-Quizás sea un poco prematuro pero… Akeno… ¿La recuerdas?- dijo Issei dejando a la niña en el suelo. Apartándose.

Akeno visualizó por primera vez la silueta de su prima, tras una eternidad sin poder verla.

Una imagen de sí misma con pocos años más que ella, con una única diferencia del color de sus ojos. De pie sobre la piedra blanca, jugando con sus manos, cohibida.

Separando sus labios, incrédula, ambas Himejima liberaron algunas lágrimas, cayendo por sus mejillas.

-¿Suzaku-nee-sama?-

-Akeno-chan… Cuanto tiempo sin verte… Has crecido mucho!- sonrió Suzaku, con las mejillas inundadas de lágrimas.

Akeno corrió hasta la morena, abrazándola con todas sus fuerzas.

Issei sonrió levemente al escuchar como las dos Sacerdotisas lloraban con fuerza, abrazadas la una a la otra.

Parecía que había escapado del peligro… Por ahora.

-Y así es como funciona…- terminó Issei apartándose del altar que controlaba la barrera, camuflado como un sencillo monumento para donaciones –Espero que esto no suponga una violación a su intimidad…-

-No tienes que preocuparte, ya lo hemos hablado. No hay problema. Veo que es un trabajo muy bien hecho. ¿Le podrás dar las gracias a Ajuka Beelzebub de mi parte?-

-Más que las gracias, creo que preferiría un acuerdo entre el Inframundo y Grigory- rio el castaño –Pero de política no quiero saber nada… De todos modos… Ganareis en tranquilidad y a efectos prácticos el único cambio es…- dijo Issei señalando el cielo.

Ya no era azul, ahora tenía una tonalidad rosada.

Baraqiel asintió con la cabeza.

-Solo recordar una cosa. Su punto débil es la cúpula, como toda estructura suspendida por dos puntos en la distancia…-

-Los humanos no vuelan para nuestra buena suerte…-

-Pero los ángeles si, por poner un ejemplo…- volviéndose hacia Shuri. La mujer no los miraba. En su lugar miraba a las Himejima con dulzura.

No tardaría mucho en levantarse, ir caminando hasta las chicas, sentadas en el jardín trasero, y unirse a su animada conversación.

-¿Y bien? ¿Qué tal esas vacaciones?- preguntó Issei golpeando el hombro del ángel caído.

-Muy bien… Los youkai fueron muy amables con nosotros… Nos hospedaron en un castillo ancestral. Shuri y Akeno pudieron disfrutar de los festivales… Es una cultura muy diferente de la nuestra, pero en el Reino del Oeste se respiraba… Paz, paz y harmonía-

-Me alegra oírlo… Esto… Baraqiel-

-¿Si?-

-¿Conociste a la regente? ¿A la gobernante Youkai?-

El ángel caído lo miró con seriedad.

-¿Es cierto que… ya sabes…- pregunto Issei simulando agarrarse los pechos.

Dos pares de ojos se posaron sobre su persona, llenando el aire de una pesada aura de premonicional tortura y dolor.

-Yasaka es una mujer digna y elegante, como se espera de ella, pervertido-

-Ñeeeeeee- protestó Issei a desgana.

-Me toca preguntar-

-Por favor- dijo Issei tomando otra copa de porcelana.

-¿Puedo confiar en que tú y la prima de Akeno os habéis comportado de manera decorosa en mi casa en mi ausencia?-

Excepto en tu cama hemos follado en todos lados, desde el templo hasta en la cama de Akeno…

Eso tendría que haber respondido. No se atrevió.

-¿Cómo está tu familia? Issei-kun- preguntó Shuri dejando otro plato en la mesa.

Toda la familia estaba donde ella quería, reunida en la mesa, en un evento intimido y familiar.

Suzaku y Akeno se habían colocado estrechamente cerca de Issei, pero a este no le molestaba y aunque Baraqiel había hecho el amago de protestar finalmente no había dicho nada.

-Rias tan caprichosa como siempre, mi hermano siempre está ocupado, mis padres felices con un Milicas que no para de crecer y mi abuela conspirando, como siempre-

-Pensaba que Chysis Gremory se había retirado de toda vida política- dijo Baraqiel.

-Y así es, pero algo está haciendo que se mueva. Algo enano y pelirrojo que tiene demasiado tiempo libre…-

-¿?-

-¿Es muy duro ser miembro de una casa de gente importante?- pregunto Akeno curiosa.

-Tú tienes la suerte de ser de la familia pero no tener que trabajártelo, como ella- señalando a Suzaku –Ser miembro de una casa importante es un peñazo enorme! Siempre recibiendo información, ordenes, indicaciones, trabajos! Es un no parar!-

-No será para tanto… ¿Qué tiene que hacer el señor tan importante?- preguntó Suzaku colocando algo de comida en el plato de Issei.

Shuri sonrió divertida, Akeno frunció el cejo molesta.

-Tengo trabajo para parar un tren, preciosa-

-No me has dado ningún ejemplo-

-¿Recuerdas a los lobitos? Pues este no es el único sitio donde están dando la nota-

-¿Qué tienes que ver tú con los licántropos?-

-Primero por la vía herramienta, uno de los Maou es un friki de la tecnología y le preocupa que podría pasar con el perrito convertido en lobo…-

-¡!-

-Por lo que pensábamos que si apoyamos otro frente común, lograríamos distraer la atención y hacer que retiren sus efectivos-

-Rumania- sentenció Baraqiel.

-Vampiros. Tenemos tratados comerciales con ellos-

Suzaku lo miró con fiereza.

-¿De qué tratos comerciales hablamos?-

-Es algo sumamente complejo… Y los youkai! Estoy pendiente de establecer un tratado también comercial con los youkai del Este!-

-¿Y de qué tipo de tratos hablamos?- pregunto Akeno molesta.

-Vale, olvidémonos de eso… Brujas! Hay brujas en Japón! Mala gente! Y… Bueno… Vale, he establecido un acuerdo mágico con una bruja! Magia! ¿Te lo imaginas? Voy a estudiar magia, o eso se creen mis padres, soy un negado, la verdad-

-¿Y QUE CLASE DE BRUJA ES ESA?- exclamaron las dos Himejima al unísono.

Issei se tomó algo de tiempo para acabar su vaso de agua, mirando a Akeno con inocencia.

-Tenshiiiiiiiii. ¿Y mis regalitos? ¿Algún souvenir?-

-¿De cuál hablas? ¿Del retrato de cuerpo integral de la líder youkai?- recordó Baraqiel sonriente.

Issei tragó saliva. Que cabronazo.

Sentía las furiosas miradas de las dos sacerdotisas fijas en él.

-¿Entonces era cierto? ¿Era lo que querías?- preguntó Akeno envuelta en un aura oscura.

-¿Me puedes explicar que es eso de un retrato de cuerpo completo de Yasaka-dono?- prosiguió Suzaku diabólicamente.

-Shuri-san… Deliciosos platillos! ¿Podría enseñarme la…-

-¡NO DESVIES EL TEMA!- chillaron las Himejima levantándose a la vez.


–Residencia Gremory – Fukuoka-

Lavinia jugó nerviosa con su falda. Mirando la fachada de la casa, pasando a mirar a ambos lados de la calle. Tragando saliva, movió su varita con apenas un ligero movimiento de muñeca. Su ropa cambió por completo.

Su largo vestido amarillo pasó a ser uno blanco, de telas transparentes, extremadamente corto y con un escote en v que amenazaba con dejar sus senos al aire, la espada descubierta. Nunca se habría atrevido a llevar eso puesto en la calle…

Reuniendo valor, llamó al timbre, sintiendo como el calor y la excitación recorrían su cuerpo. Mirando como su mano cubierta por su guante temblaba ligeramente… Para su suerte, no respondió ninguna de las sirvientas. Cierto dragón, con ropa cómoda de estar por casa, abrió la puerta principal. Mirándola sorprendido.

-¿Lavinia? ¿Qué te trae por aquí?- preguntó Issei con la puerta abierta.

-V-venía a… a…-

Mas roja que el cabello de Rias, Lavinia se quedó quieta, inmóvil, jugando con sus dedos. El castaño sonrió divertido. Inspeccionándola detenidamente.

Su cuerpo de modelo apenas cubierto por un vestido blanco que abrazaba sus curvas, los guantes y medias envolviendo sus extremidades. Su cabello, dorado como el sol. Su rostro, inocente, denotaba claramente su deseo.

Lavinia Reni, huérfana, bruja, miembro de un aquelarre que estaba en medio de una prueba para hacer oficial dicho ingreso estaba en su lugar de pie frente a su casa. Aparentemente deseosa de cumplir su acuerdo verbal. Su promesa en el karaoke.

Venía a por más.

Esta vez no iba a dudar. Si era lo que quería, gratamente respondería a ese deseo. Aunque quizás se llevase algo más… Porque no pensaba dejar marchar a una mujer así a la ligera, sin dar pelea.

-Pasa, por favor- dijo Issei apartándose, dejándole espacio –No es muy caballeroso tenerte esperando en la puerta…-

Mordiéndose el labio inferior, Lavinia entró de buena gana a sus dominios personales. A la guarida del dragón.

Issei no perdió detalle. Los muslos al descubierto, su cabello ondeando, dejando ver su espalda. No había sostén, su apenas describible como vestido era incapaz de contener todo el movimiento de su pecho. Su piel, reluciente por el sudor del calor veraniego, se antojaba deliciosa.

Relamiéndose los labios, Issei cerró la puerta a su paso.

-¿Quieres algo para beber? ¿Qué puedo ofrecerte? Y deja el bolso donde quieras, estás en tu casa, ponte cómoda-

El chico caminó hasta la cocina, mirando en su frigorífico.

Lavinia dejó el bolso en la entrada, colgado. No necesitaba su varita, allí no. Los zapatos los dejó junto a los del demonio. Recorriendo el comedor con su mirada vio que tenía varios vasos en la mesa. Había estado bebiendo con alguien. Esa gata seguramente. Incluso podía tratarse de alguna otra joven. Sabía perfectamente del gusto del dragón. Sabía que la lujuria lo definía.

-Tomaré lo mismo-

-¿Lo mismo que que?- volviendo al comedor. Mirando a la rubia, con las manos a la espalda, inclinándose para mirar los cuadros con fotografías de la mesa. El vestido que apenas alcanzaba a cubrir su trasero y sus medias hasta el muslo, dejando una ventana de tentadora piel, una parcela de deliciosa visión que el demonio no dudó en observar, detenidamente. Quería poner su cara ahí…

Veamos si podía aguantar y mantener una conversación relativamente digna…

-Lo mismo que estés tomando tú- exclamó la joven. Girándose, meciendo su largo cabello al viento, sonrió hermosamente, sus ojos azules mirándolo con alegría y algo más… Juntando sus brazos al frente, apretando sus pechos. La mirada del dragón se posó en su busto, apenas agarrado por el atrevido vestido.

La joven señaló los vasos en la mesa.

-¿Estabas bebiendo eso?-

-Sí, estaba liado con unos papeles que me ha mandado… Eso es alcohol, Lavi, te advierto-

-Me sirve entonces-

La respuesta sorprendió a Issei.

-¿Segura?-

-¿Por qué no? ¿Podría pasarme algo malo aquí si bebo eso y me quedo indefensa?- preguntó Lavinia picara, llevándose un dedo índice a los labios.

¿Qué era lo peor que le podía pasar? La tasa de reproducción de los demonios era muy baja…

-Marchando pues… Solo me gusta que de un chispazo, el grado no es muy alto pero para alguien que no suele beber…- exclamó el joven volviendo a la cocina, volviendo con un vaso para la rubia, que había pasado a sentarse en el sofá, las piernas cruzadas, mirando divertida la decoración de la sala. La mesa repleta de papeles.

-¿Estabas ocupado?- mirando los papeles.

-Para ti nunca, siempre disponible-

-Entonces si estabas haciendo algo…-

-Mi apellido no es solo influencia y una holgada cuenta bancaria… Esto es algo que tengo pendiente…- sentándose junto a ella, pegado a ella, ofreciéndole el vaso.

-Espero no haber interrumpido… Pero llevaba semanas sin verte…-

¿Semanas? ¿Cómo que semanas?

Alzando una ceja, Issei volvió su mirada al calendario colgado en la pared de la cocina… Empezando a sudar frio.

Entre pitos y flautas habían pasado dos semanas! Dos semanas sin ir a clase! ¡Grayfia-okami lo iba a matar! Heinrich el muy cretino la habría informado seguro!

-L-lamento la ausencia…- acabándose su vaso de un trago.

Necesitaba más cantidad y más fuerte… Grayfia-okami lo iba a matar… Y Venelana… La bronca sería una sin fin…

-¿Qué tal tu estancia en el hotel? Espero que sea todo de tu gusto-

Lavinia tomó la bebida, bebiendo sedienta el contenido, sorprendiendo al dragón.

-De maravilla- respondió risueña –No sé cómo agradecértelo…-

-No has de agradecer nada, y puedes quedarte lo que necesites-

-¿Para estar protegida?-

-El hotel lo regenta la familia de una amiga, estarás bien, salvo que tengas otro lugar a donde ir o querer ir, por supuesto. Pero te advierto de que los Sitri saben lo que se hacen. Pocos se atreverían a atacar un hotel suyo-

-En eso estaba pensando… Hay otro sitio-

-¿Las brujas tienen algún sitio seguro? Espero que sea bueno…-

-Estaba pensando… Que podría quedarme aquí- susurró Lavinia mirándolo con timidez. Dejando el vaso en la mesa, recostándose hacia atrás, contra el sofá, con su cuerpo ladeado hacia el dragón.

Issei la imitó, quedando ambos en silencio, mirándose fijamente.

-Precisamente pensaba…- alzando su mano, tomando algunos mechones de pelo entre sus dedos.

-¿En qué?-

-El ataque del otro día… No quiero que vuelva a ocurrir-

Lavinia sonrió cálidamente.

-No vas a poder evitar que vuelva a ocurrir, Issei-

-Cierto… Pero si puedo evitar que te encuentren sola… Y me arrepiento de haberte dejado esa noche en tu apartamento… Quiero que estés a salvo. Quiero hacer todo lo que pueda hacer por ti…-

-¿Y cómo… hacemos eso?-

Issei miró detenidamente a la rubia. A sus piscinas azules. Aquello iba demasiado rápido. Llevaba tiempo sin verla. Apenas acababa de llegar a su casa… ¿Y qué iba a hacer? Lo que llevaba tiempo queriendo hacer. Sus ojos se lo decían. Su gesticulación hablaba claramente. Ninguno de los dos quería seguir esperando por lo que ambos deseaban fervientemente.

La mano del dragón pasó de su cabello a su rostro, pasando a su nuca.

Cerrando lentamente sus ojos, Lavinia dejó que lo guiase, suspirando al sentir los labios del chico sobre los suyos. Ladeando la cabeza, correspondió el beso, trasladando sus manos al pecho del demonio. Con el pulgar acarició su mentón, la chica entendió el mensaje, separando sus labios… Gimió guturalmente al sentir la lengua del castaño invadir su boca, jugando lentamente con la suya.

Tras unos segundos, la rubia maldijo internamente que el dragón se separase de ella.

-Vente a vivir aquí. Quiero que estés conmigo-

-¡!-

-Si te quedas cerca mío me quedaré más tranquilo. Esta casa si la podemos reforzar, su seguridad depende de nosotros…-

-¿Me dejarías quedarme contigo?-

-Por supuesto…- acariciando sus medias lentamente.

-Pero en calidad de que…- acercándose más a él, instándole a que la acariciase más.

La pregunta provocó que el Gremory se alejase.

Issei tomó dos documentos de la mesa, unas carpetas de cuero negras. Sin dudar se las ofreció a la maga, que las tomó con curiosidad.

Aclarándose la garganta, se centró para poder hablar con claridad…

-Tienes dos opciones. Estos son los modelos de los contratos que voy a ofrecer… Los dos están en regla y serán reconocidos y respetados en el Inframundo por cualquier tribunal… El primero es un contrato demoniaco de colaboración básica. Las condiciones están en blanco, puedes poner lo que quieras. Garantizaré tu seguridad y tendrás toda clase de privilegios… Los que mi familia pueda ofrecerte, son tuyos-

-¿Trabajar para ti? ¿Eso me ofreces?-

El rostro de la chica no denotaba emoción alguna, Issei no sabía si estaba conforme o no.

-Puedes mirarlo como un contrato de colaboración si prefieres… El segundo es algo más estricto. Es un contrato de propiedad. Irrompible, ineludible. Ni siquiera las Piezas Demoniacas pueden anularlo o sobreponerse a su autoridad. Es un Contrato Regio-

-¿Qué tiene de especial? ¿Qué significa propiedad?-

-Lo que imaginas. Firmar voluntariamente este documento te vincula a mí, hasta mi muerte. Representa la parte más cruda y sencilla de la conversión por Pieza. Me da plenos derechos sobre tu persona, pero tú no recibes los beneficios de la Pieza- observando el segundo documento –Las Piezas serán mis compañeras en el campo de batalla, pero son piezas limitadas. El primer contrato será de colaboración… El segundo es mi más sentido capricho. Poseer a todas las mujeres que no pueda convertir-

-Serán tus esclavas igualmente-

-Pero no pisarán un solo campo de combate-

-¿Esto me ofreces?-

-Francamente, espero que aceptes el segundo-

-Dime porque- susurró Lavinia.

Issei pareció meditar la respuesta, permaneciendo en silencio. Lavinia no tuvo paciencia, levantándose, recorriendo la estancia con sus ojos, las manos en la espalda.

Cuadros, fotografías… El rodeado de pelirrojos… Los Gremory.

-Hablando con franqueza… Te quiero solo para mí. De la forma que sea, por cruel y egoísta que suene- dijo el castaño serio, sentado en el sofá.

Lavinia se giró para mirarlo, sonriente.

De dos pasos se plantó frente a él, tomando las carpetas. Sin pensárselo arrancó y rompió los papeles en varios trozos. Arrojando la carpeta a cualquier lugar sin dejar de mirarlo.

Issei la miró incrédulo.

-¿Pero qué haces?-

Lavinia se movió, recorriendo la estancia hasta quedarse en el centro, con sus manos tras la espalda, recorriendo el salón con la mirada.

-¿Crees que lo que quiero es un contrato?-

Issei exhaló decepcionado.

-Por lo visto creo mal…-

-Hace unas semanas podría ser… Pero las cosas han cambiado, no crees?-

-Ha pasado mucho, si-

-Entonces…- girándose, mirándolo fijamente -¿Es un contrato lo que quieres?-

-¿Yo? ¿Me preguntas que quiero yo?-

-No dejarás que una chica abra su corazón sin más…-

Issei liberó una ligera carcajada, reposicionándose en el sofá.

-No. No es lo que quiero-

-¿Y qué quieres?- preguntó Lavinia.

-Obviamente te quiero a ti-

-Eso lo has dicho. ¿Quieres tenerme con un papel? ¿Eso soy para ti?-

Issei suspiró pesadamente, echándose hacia adelante, apoyando sus brazos en sus rodillas.

-No, Lavinia, no quiero tenerte con un papel- jugando con sus dedos dejó una pequeña pieza de artesanía sobre la mesa.

Una brillante y carmesí pieza de ajedrez. Un Alfil.

Los ojos de Lavinia brillaron de emoción.

-¿Quieres que sea tu esclava?-

-Sí, pero no solo eso. Esto- señalando vagamente la pieza –Es mucho más. Es el contrato supremo. Me imagino que algo sabrás de estas pequeñas… Pues yo pido más, mucho más-

-Qué pides…-

-Esclava, amante, esposa, compañera, confidente, guardiana, amiga… Mis piezas serán las personas más cercanas a mí, les ofreceré mi vida, estaré en sus manos, les ofreceré todo de mí, a cambio exigiré lo mismo… Recibirán los recursos, poder e influencia de mi familia, el apellido Gremory si así lo desean. Todo lo que pueda darles a cambio de todo lo que puedan darme. Las cuidaré a cambio de que me cuiden… Pero no es algo que piense dar a la ligera-

-¿No me la vas a dar?-

-Esta pieza tiene un gran valor, no solo valor político, también sentimental… Y como comprenderás también hace magia con la química y las emociones del portador- pasando a mirarla fijamente –Solo se las daré a las mujeres que quieran estar conmigo, que me amen, que sea algo reciproco. ¿Por qué? Me dirás… Porque soy un blando sentimentalón que quiere asegurarse a sus esposas para el fin de los tiempos… Y no olvidar que deberán compartirme. Deberán de ser buenas hermanas. La buena convivencia es algo esencial… Después de todo esto… Entenderás pues, porque te he dado el contrato-

-¿Aunque quieras darme esa pieza?-

-Así es. Pero como he dicho, es complejo- volviendo a recostarse contra el sofá –Eres huérfana, no tienes más vínculos que los de tu aquelarre, estas tremenda, lo suficientemente joven como para madurar a mi lado y aprender de mí. Inteligente, un corazón de oro, paciente y afectuosa. Una excelente hermana, una soberbia esposa, una descomunal madre. Posees tantos dones que hasta se podría considerar injusto… La vida te ama, yo también-

-¡!-

-Dicho lo dicho, me gusta dejar las cosas claras, sin malentendidos ni confusiones, entenderás porque necesitamos ese contrato. Las acciones en el karaoke fueron… Desafortunadas, una línea que no debemos romper ni traspasar, algo que bastante probablemente acabe haciendo cuando no me puedo permitir hacerlo. Por lo que me veo en la obligación de dejarlo asegurado por escrito y de paso, controlar esta bragueta con un eficaz hechizo de castidad hacia tu persona. En resumidas cuentas, si no firmas te voy a acabar empotrando, como no puedo hacerlo, o firmas o adiós muy buenas-

Sonrojada, Lavinia seguía sonriendo.

-N-nunca nadie me había dicho esas cosas… ¿Soy todo eso?-

-Y podría seguir- tomando su copa, sereno –Lamento ser tan… Radical. No te he dejado mucho margen de maniobra… ¿Qué documento quieres? ¿El simple o el sinvergüenza?

-Siento curiosidad. ¿Por qué pides que te amen antes de darles la pieza?-

-La Pieza sella las emociones. Nunca disminuyen, pero pueden aumentar. Los siervos de mi hermano sienten respeto, devoción y admiración por él, por los siglos de los siglos. Cosa que me parece fascinante. Pero yo busco otros sentimientos. Cada Rey tiene sus preferencias me imagino- respondió el dragón encogiéndose de hombros.

-¿Eres un niño que busca afecto?-

-O un inmaduro, lo más probable-

-¿Entonces si tomo esa Pieza… Tendría constantemente este sentimiento en mi interior?-

-Así es, sea el que sea, si- alzando una ceja -¿Firmarás? Sinceramente no me gustaría perderte…-

Los ojos azules de Lavinia se posaron, firmes, sobre los rojos de Issei.

-No, no firmaré-

Issei suspiró pesadamente. Dolido.

Era la opción menos probable en su opinión, pero una opción a fin de cuentas. Había jugado a sus cartas, fuerte, y había salido escaldado.

Tampoco se arrepentía. Si Lavinia no aceptaba sus condiciones mejor que aceptarlas a medias y generar conflictos en el futuro…

Emocionada, Lavinia se encaminó a uno de los objetos más peculiares de la sala.

Un piano de cola.

-¿Tocas?-

Issei rio levemente.

-Mi hermana lo toca. Madre insistió en que sus hijos debían de desarrollar múltiples facetas, entre ellas la musical… En realidad quería que mi hermana se motivase a tocar, si yo lo hacía, ella también así que puedes imaginarte el resto…-

-Pero puedes tocar…-

-Así es. ¿Quieres que este negado para la música toque algo?- levantándose, estirando los brazos, crujiéndose los nudillos.

-Una pieza, si…- acariciando el piano, subiéndose a él. Acomodándose a la altura del teclado.

-Muy bien… Te advierto de que no soy el mejor…- sentándose en el pequeño asiento frente al teclado -¿Qué quiere la joven belleza que toquen estas torpes manos?-

Tocar algo de música le distraería del planchazo, jarro de agua fría, que Lavinia le acababa de dar. Merecidamente. No la cuestionaba, tampoco la juzgaba. Era su vida y lo respetaba.

-Fly me to the moon-

El Gremory la miró incrédulo, inmóvil.

¿Qué canción había pedido?

-Es tu canción favorita-

-¿Cómo lo…-

-La tienes de melodía… Y la cantas en la ducha…-

¿Cómo sabia eso?

Sin darle mayor importancia… Pasó los dedos por la base del piano. Colocando sus manos sobre las frías piezas de marfil… Empezando a tocar, lentamente.

-Fly me to the moonnnnn…- cantó Lavinia, llevándose una mano al pecho, mirando fijamente al dragón.

Habiendo practicado miles de veces, el demonio tocó y tocó sin necesidad de mirar las teclas, su mirada fija en la belleza sobre su piano.

Su voz, suave y melodiosa, inundó el salón.

Nunca había escuchado una voz tan sensual, agradable… Era puro placer solo escucharla…

-You are all I long for… All I worship and adore…-

Lavinia lo miraba fijamente… Como si le dedicase la letra…

-In other words, please be true… In other words, I love you…-

-!-

No podía ser…

¿Podía ser?

-I love you…-

Tocando los últimos acordes, la mirada del dragón seguía alzada. Fija en los ojos de la rubia.

Lavinia se movió lentamente hasta sentarse frente a él, sus piernas a cada costado, expuesta, sin duda o remordimiento alguno.

Issei dejó las piezas de marfil para tocar algo mucho más delicado, suave, exquisito… Agarrándola de la cintura tiró de ella, colocándola sobre su regazo. Separando el pequeño taburete del piano.

Lavinia no perdió el tiempo, abrazándolo del cuello, lo besó con fuerza, buscando su lengua con la suya.

Desatado, sus manos recorrieron sus muslos, colándose bajo el vestido, agarrando sus glúteos, apretando su cintura contra la suya.

-Amor, devoción, dedicación, obsesión… Todo eso ya lo siento en mi interior…- susurró la bruja llevándose las manos al pecho.

-¡!-

-Y solo hay una cosa que me haría más feliz… Más que poder sentir eternamente este sentimiento en mi pecho… ¿Si tomo esa Pieza podré tener el privilegio de sentir constantemente tus dedos en mi piel?- preguntó la chica llorosa, sonriendo hermosamente.

-L-Lavinia…-

-Quiero comprar esa Pieza, Issei… Pagaré con mi corazón, mi vida, mi alma, mi tiempo… Y mi cuerpo… ¿Es pago suficiente?-

Tragando saliva, Issei se quedó congelado.

Divertida, observando lo que provocaba en el dragón, se levantó a regañadientes. Ansiaba su calor, pero tenía otras prioridades. Quería esa pieza, necesitaba esa pieza, el candado, el seguro. Con esa pieza obtendría de una forma absoluta todo lo que deseaba… En cuanto tuviese esa pieza iba a acariciar tanto la piel de su amado que su calor jamás volvería a abandonar sus dedos…

Recorriendo el salón con la mirada buscó algún rastro mágico. ¿Dónde estaba la Pieza? Hacía nada la tenía en sus dedos…

-Las Piezas Demoniacas no están aquí…- dijo Issei levantándose, están en un estuche de terciopelo negro, en el castillo de mis padres, bajo estricta vigilancia… Son un patrimonio de mi familia a fin de cuentas-

-Oh…- susurró Lavinia decaída.

-Pero eso no quita que no las pueda convocar a voluntad…- alzando su mano, un destello rojizo iluminó sus dedos… Y ágil, movió la pieza de alfil entre los mismos.

-¡!-

Sin dejar de mirar a la tímida bruja, aseguró el agarre sobre la pieza. Acercándose a Lavinia, haciéndose cada paso como una eternidad. Pasando una mano por su delgada cintura apuntó a su pecho, sus dedos sujetando la Pieza de Alfil. El círculo mágico con el emblema de su familia a sus pies.

-Exijo lo que ofrezco. Lo que me ofrezcas es lo que te entregaré- dijo con apenas un deje de voz -¿Qué puedo ofrecerte?-

-¿Amarme toda la vida?-

-Esa puede ser una vida muy larga…-

Lavinia solo sonrió.

-Conoces mis condiciones, te ofrezco lo mismo. ¿Te resulta satisfactorio?-

-No podría pedir nada más…-

-¿Has pensado en tu aquelarre? La bruja Glenda y…-

-Issei…-

-¿Estas completamente segura? Es tu última opor…-

Trasladando una mano a su nuca, se colocó de puntillas para besarlo dulcemente, empujando con su otra mano la del dragón contra su pecho, recibiendo voluntariamente la Pieza Demoniaca.

El círculo mágico empezó a brillar con fuerza, un torrente de energía liberándose con fuerza, sacudiendo todo el ambiente en la estancia. Envolviendo a la pareja. Penetrando el cuerpo de la maga, alterando todo su ser, mutando su cuerpo… Adaptándola a su nuevo dueño.

Haciéndola de su absoluta propiedad.

El círculo mágico desapareció lentamente. Dejando a los dos demonios en el salón. Dos humanos convertidos a demonio por circunstancias diversas, extrañas, pero que agradecían desde el fondo de su corazón.

No en vano había sido el detonante de una serie de sucesos que habían derivado en sus circunstancias actuales.

Lavinia Reni era su esclava, oficialmente. Suya hasta que la muerte los separase.

Issei Gremory era su dueño, sin marcha atrás. Le seguiría hasta su último aliento.

Acabado el ritual, la pareja se separó, lentamente. Issei la miró expectante, Lavinia sonreía, sin perder su sonrojo. Sus ojos cargados de amor y emoción.

-¿Cómo te sientes? Esta es la primera vez… Eres la primera Lavi… ¿Cómo estás? ¿Notas algo raro? Apenas recuerdo mi propia conversión…-

Lavinia sonrió aún más, sintiendo el nerviosismo y preocupación en la voz de Issei.

Estaba genuinamente preocupado por ella.

-Nunca me había sentido mejor…-

Mirándose las manos, Lavinia las miró fascinada, empezando a retirar los guantes, dejando sus manos desnudas, alzándolas al aire.

-¿Pasa algo?-

-N-no… No tengo frio!-

-¿Mmm?-

Lavinia alzó los brazos, tomando el rostro del dragón entre sus manos. Las manos estaban calientes… Ella, que siempre estaba fría…

-Lavi! Están… ¡!-

Volviendo su atención a su rostro, se percató que estaba llorando, abundantemente.

-¡¿E-estas…-

-Tu eres mi primavera! Eres mi primavera!-

-¿T-tu qué?-

Lavinia sonrió enormemente, pegándose a su cuerpo.

-Issei… Abrázame y no me sueltes nunca…-

Issei Gremory permaneció quieto, inmóvil, unos instantes. Procesando la información. Sentía, sentía algo que nunca antes.

Pertenencia. Posesión. Sentía que la vida contra su pecho era suya. Era algo irracional. Visceral. Venia de dentro… De su Pieza.

Todo junto era algo… fascinante. La confusión había desaparecido. Por un lado sentía dudas, respeto, miedo por las demás chicas. Suzaku por ejemplo, Kuroka… Sentía dudas en sus relaciones, como continuarlas, como afrontarlas. Pero no con Lavinia. No… Se sentía plenamente confiado. Como si no pudiese equivocarse. No podía pronunciar una palabra que la ofendiese, no podía hacer algo que la enfadase. No concebía el concepto traición, solo sentía una sincera y completa confianza en ella.

Y viceversa.

Ajuka Beelzebub era realmente un genio.

-Nunca me había sentido así… Tan feliz…- extendiendo sus alas de demonio, mirándolas por encima del hombro con cierta curiosidad.

Issei la sonrió alegre, viendo como giraba sobre sí misma, contenta.

-¿Issei?-

-¿Si, preciosa?-

-Esto… Es todo?-

-¿Quieres algo más?- riendo divertido.

-Bueno… Yo…- jugando con algunos de sus mechones –He venido como pediste… Y pensaba… Que como ahora soy tuya…-

Los ojos rojos del dragón se incendiaron fuertemente, mirando a la rubia con un deseo intenso y visceral.

-Yo pensaba que…-

-¿Que pensabas?- dijo el castaño, con voz grave, raspada.

-Si eres un dragón de la lujuria… Y un demonio…-

-¿Si?-

-Había escuchado rumores y…-

Issei acarició su rostro, pasando un índice por sus labios, jadeante.

-Revélame tus deseos, Lavi… Pregúntame lo que quieres preguntarme…-

Lavinia no respondió, solo separó sus labios, succionando suavemente su pulgar, mirándolo inocentemente. Apartando los tirantes del vestido, dejándolo caer al suelo – He venido a tu casa y pensaba que…-

Antes de poder acabar la frase, sus labios quedaron sellados por los del dragón, siendo empujada contra la pared. Abrazando a su dueño por el cuello, gimiendo al sentir como la tomaba en brazos, del trasero, inmediatamente rodeó la cintura del demonio. Moviéndose torpemente por el comedor, aterrizó en el sofá, dejando a la chica sobre él, masajeando su lengua con la suya, frenéticamente.

Lavinia se separó lo justo como para poder mirarlo a los ojos, tapando el rostro del Gremory con su cabellera rubia, acariciando su rostro, moviendo su pelvis contra la del castaño. Issei trasladó sus manos a sus pechos, enormes para su edad, masajeándolos lentamente.

La joven Reni era muy consciente de sus miradas. No en vano vestía vestidos cortos con mucho escote y medias altas. Era muy consciente de que su cuerpo despertaba pasiones intensas en el dragón.

Como también era consciente de que su dueño sentía absoluta fascinación por los pechos grandes.

Avergonzada pero empoderada, trasladó sus manos a los tirantes del vestido, dejándolo caer, sonriendo extasiada al ver como Issei tragaba saliva. Mirando absolutamente concentrado, mordiéndose el labio inferior maldiciendo internamente como sus pechos impedían que el vestido tocase su vientre.

Con un ligero movimiento forzó la caída de la prenda, quedando sus pechos al descubierto.

Los ojos de Issei se iluminaron de felicidad.

Intentando orientarse, se sonrojó con violencia al verse desnuda abrazada de Issei. Mirando a lado y lado… Estaba en el dormitorio del Gremory.

Recordando todo lo pasado, se llevó las manos a la cara, avergonzada. Recordaba vivamente todo lo sucedido. Sus múltiples encuentros en el salón. La noche interminable de placer…

Sus sentimientos, intensos, indomables, omnipresentes… Sentía su amor por el dragón vivamente en ella.

Una obsesión mas bien.

La mejor decisión que podía haber tomado. Era como un sueño hecho realidad. ¿Este sería su día a día el resto de su vida? Sería un placer vivirla.

Volviéndose al reloj en la mesa junto a la cama se sorprendió al ver que era media tarde. ¿Cuánto llevaban durmiendo?

-No te preocupes por la hora…- murmuró Issei girándose, tomando a la rubia entre sus brazos.

-Pero es tarde…-

-No pasa nada… Tenemos tiempo de sobra-

-Pero teníamos clases y…-

-Ni hoy ni mañana iremos a clase, preciosa-

-¿Por qué no?-

-En cuanto charlemos un poco. En cuanto tengamos unas cuantas tranquilas conversaciones iremos a casa de mis padres-

-¿?-

-Eres mi primera sirvienta, iremos a que conozcas a tu familia, Lavinia-

-¡¿Ya?! ¿No es muy pronto?- exclamó la rubia incrédula, asustada, intimidada.

-Para nada… A mi madre le encantará conocerte, y así conoces la que será tu casa, tu familia-

-Mi… mi familia-

-Así es-

Lavinia escondió su rostro en el pecho del castaño. Quitando a Glenda nunca había tenido una familia… Ansiaba conocerla…

La bruja se mantenía con los ojos abiertos, hecha un manojo de nervios.

-¿No vas a volver a dormir, verdad?-

Cohibida, no respondió.

-Muy bien…- murmuró el joven besándola dulcemente, levantándose con rapidez –Entonces nos pondremos en marcha… ¿Si?- extendiendo su mano, Lavinia la tomó al instante -¿Primero un baño?-

-¿Juntos?-

Relamiéndose los labios, el castaño se abstuvo de responder.

Lavinia Reni se encontró bajo la ducha, contra la pared, abrazando al dragón desesperada, chillando de placer.

-DxD-

Dejando el desayuno sobre la mesa redonda frente a los sofás, Lavinia tomó los cubiertos, empezando a comer hambrienta. Vestida con solo una camisa blanca, masculina, arrasó con los alimentos, sentada entre las piernas de su amante, su dueño. Facilitando bocados a Issei, mirándolo a los ojos, sonriente.

Una mirada mutua, el castaño no podía dejar de mirarla, sorprendido. Curioso. Algo había cambiado entre ellos.

Los efectos de la Pieza Demoniaca. El nuevo vinculo, forzado y eterno, firme e irreversibles, que los conformaba como "amo" y "esclava". En ese momento podía decir que entendía mucho de lo estudiado, antes palabras vacías que ahora tomaban fundamento. Palabras y conceptos que con ese vínculo tomaban fuerza y sentido.

Lavinia era su esclava, y la veía como tal, como alguien a quien cuidar, adorar, proteger. De un modo primario, instintivo. Quizás, si se hablaba de camaradería y respeto, se podía explicar porque los siervos de su hermano le tenían tal devoción.

Las piscinas azules que la rubia tenía por ojos no perdían un solo detalle de sus movimientos. Lo estudiaban. Si antes su mente estaba permanentemente centrada en él ahora… Ya no podía explicarlo. Pensaba por y para él. Era algo que no podía explicar. No lo comprendía.

-Que hambre… No recordaba haber comido tanto antes…- murmuró la rubia con inocencia.

-Ahora ya no eres humana, tu cuerpo necesita mucha más energía para mantenerse… Deberías de tomártelo con calma los primeros días-

-¿Ya soy una súper mujer?-

-No serás más guapa… Pero si, más fuerte… Apenas enfermarás… Y una inmensamente extensa larga vida… Eso consume muchas energías-

-¿Ya soy musculosa?-

-Nap, sigues siendo una flacucha blandengue- acariciando sus brazos, haciendo reír a la rubia –Habrá que entrenar igualmente-

-Si entrenas conmigo no me importa…- susurró Lavinia posando sus rosados labios en su mejilla.

Abrazándola del vientre, la rubia rio inocentemente, ladeando su cuerpo, sentándose como una princesa, en camisón, en sus brazos.

-Hay… Hay muchas cosas de las que tenemos que hablar… Algunas más agradecidas que otras pero… Deseo, deseo realmente que podamos llevarnos bien…-

La bruja no respondió.

-Llevo mucho pensando en este momento y… Y sé que será difícil, pero sé también que merecerá la pena. Voy a hacer todo lo posible por hacerte feliz…-

Lavinia sonrió cálidamente.

-Y respecto a nuestra nueva relación… Si cuidas de mí, cuidaré de ti. Me pongo en tus manos-

Dejando su desayuno, Lavinia se levantó, sentándose sobre el regazo del demonio.

-Es mucho más sencillo… Yo solo quiero una cosa-

-¿El qué? Te daré lo que sea-

-Déjame tener una vida contigo…- susurró la joven ladeando su rostro, apoyándolo contra su pecho, cerrando los ojos…

Parpadeando repetidamente, Lavinia ojeó lo que de ahora en adelante seria su dormitorio.

-¿No te gusta?-

-Es muy grande…- murmuró la chica inclinándose levemente, con las manos a la espalda, revisando las múltiples estancias de su habitación que parecía más bien un apartamento en sí mismo.

-La podemos reformar si es pequeña…-

-No, no! Es enorme!-

-Ahora es un poco… impersonal, pero eso te lo dejo a ti, siéntete libre de decorarla como quieras…- mirando a lado y lado de la habitación.

No estaba conforme.

-Lavi, duerme conmigo. ¿Quieres compartir…?-

Tomándolo de la mano, asintió con la cabeza al instante, sin dejarle acabar.

-Mejor, te quiero lo más cerca de mi todo el tiempo posible…- alzando su mano, besando el reverso –Ahora vamos con el asunto dinero…-

-Yo no quiero dinero…-

-Esto es tuyo- ofreciéndole una tarjeta de plástico –Esta es provisional. Te haré una personal en cuanto vayamos a casa… Como miembro de mi familia no solo tienes efectivo, también tienes un salario… Ya hablaremos de eso más adelante-

-Yo no quiero dinero…-

-¿Qué dices? Por supuesto que tendrás dinero! No quiero que te falte de nada! Y como mi sirvienta tendrás un salario. Eso no es discutible. No quiero que tengas un empleo en tu tiempo libre… Que puedes tenerlo si quieres, pero no para cubrir tus gastos… Esto es para hacer de tu vida algo más fácil, nada más. Todos los gastos que puedas tener los cargas a esta tarjeta. No se… Ropa, comida, cosméticos… Lo que sea, no tengas miedo a usarla…- revisando la habitación –Que más… Por norma general no suelen dejarse ver… Pero hay un servicio de limpieza. Trabajan cuando no estamos o por las noches, respetarán tu intimidad, puedes conocerlas si quieres, son buenas mujeres-

-¿Hay más esclavas?-

-De mi familia, no mías-

-¿Qué diferencia hay?-

El demonio meditó unos segundos antes de responder.

-Más que sirvientas son compañeras… O algo así- marchándose a paso lento.

Lavinia lo siguió.

-¿El servicio lo hace todo?-

-Todo lo que no queremos que hagan. Como por ejemplo la comida… Ah. Esto es importante- deteniéndose en seco –Todas las sirvientas tienen una jefa…-

-¿Tus padres?-

-No, peor. Grayfia-okami-

-¿Grayfia-okami?-

-La esposa de mi hermano mayor, la jefa de las sirvientas. Tan poderosa como estricta-

-¿La esposa del Maou Lucifer?-

-La misma. Y su Reina. La Reina más poderosa del Inframundo dicen…-

-Vaaaaya…-

-Ya las conocerás a todas…- mirando a su alrededor –Es muy buena mujer, puedes confiarle lo que quieras- sacándose algo del bolsillo, ofreciéndoselo.

-¿Qué…?- preguntó Lavinia mirando su mano.

Un manojo de llaves.

-Las llaves de mi casa, de tu casa-

-¡!-

-No caigo en que haya que contarte nada más…- cruzándose de brazos, pensativo –En cuanto acabes de vestirte, iremos a casa de mis padres!-

-¿T-tan pronto?- chilló escandalizada.

Lavinia se escondió tras el heredero Gremory.

Cientos de sirvientes los esperaban haciéndoles un pasillo desde el carruaje hasta el castillo. Una imponente vista que intimidó a la joven bruja.

-Bienvenido a casa, señorito!- cantaron todos los sirvientes a la vez, al unísono.

-Que exagerados…- gruñó Issei con media sonrisa -¿Están padre y madre en casa?-

-Sí señor, están. Le anunciaré inmediatamente…-

-Algo me dice que no será necesario…- auguró el demonio mirando al castillo. En la distancia visualizaba una figura pelirroja acercarse con rapidez.

-¡Onii-samaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!-

Impactando como una bala, Milicas se abrazó de la cintura del castaño.

-Enanooooooo!- exclamó Issei tomándolo en brazos -¿Qué haces aquí?-

-Madre quería que visitase a los abuelos…- respondió el pelirrojo percatándose de la presencia de la rubia, mirándolo con curiosidad -¿Quién es, hermano?-

-Esta preciosidad, Milicas, es una chica muy importante para mí. Hemos venido a presentarla a padre y madre y obviamente, quiero que la conozcas- dejándolo en el suelo –Milicas, te presento a mi querida primera Alfil, Lavinia Reni. Lavi, cielo, te presento a mi sobrino, Milicas Gremory-

-Es un placer conocerte, soy Milicas!- exclamó el niño haciendo una leve reverencia -¿Eres la primera chica de mi hermano? Onii-sama! Es muy guapa!-

-Su belleza no es su rasgo más destacable, es inteligente, divertida, poderosa… Ya lo verás, será una buena onee-sama para ti-

-¿Si?- exclamó Milicas emocionado.

-Encantado de conocerte Milicas-kun, me llamo Lavinia. ¿Cuidarás de mi de ahora en adelante?-

-Todas las chicas de mi hermano son mis amigas! Cuanto conmigo para lo que quieras!- exclamó el pelirrojo abrazándose a la rubia.

Mirando al castaño sorprendida, devolvió el abrazo.

¿Apenas llevaba unos minutos en su nueva casa y ya la estaban abrazando?

Issei extendió su mano, guiñándole un ojo.

Tomando la mano del dragón, cogiendo la del niño con la otra, los tres demonios empezaron a caminar al castillo.

-¡¿Issei?! ¿Eres tu hijo mío?- preguntó Venelana caminando hasta el recibidor -¿Por qué no has avi… sa… do?-

Venelana se quedó quieta junto a la puerta. Mirando embelesada la figura de la desconocida que estaba entre su nieto y su hijo.

Emocionada, empezó a chillar, volviendo al salón.

-¡Zeoticus! Nuestro hijo a traído una chica a casaaaaaaaaaaaaaaaa!-

La matriarca no tardó en regresar, plantándose frente a la rubia, inspeccionándola detenidamente.

Lavinia miró a Issei cohibida. Este apretó suavemente su mano, dándole ánimos.

-Issei… Hijo mío… ¿Esta chica es… Es lo que creo que es?- preguntó Venelana temblorosa.

-¡Abuela! Ella es Lavinia Reni! Es la primera Alfil de mi hermano!-

La mirada de Venelana se nubló de la emoción.

-¿Esta preciosidad es… es…?-

-Es tu nueva hija, si-

Venelana hizo el amago de desmayarse. Antes de tocar el suelo se levantó milagrosamente… Y Lavinia desapareció en la nada.

Girándose, Issei vio a su madre dar vueltas con la rubia en brazos. Una muñeca suspendida en el aire, moviéndose de lado a lado.

-KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!-

-M-me llamo Lavinia… Lavinia Reni… E-es un placer…- susurró la rubia sentada en uno de los sofás.

-Papa! Mira! Es preciosa!- chilló Venelana emocionada, soltando algunas lágrimas –Mira que hija me ha traído nuestro hijo!-

-La veo, Venelana, la veo…-

-Cabello del color del sol, y unos preciosos ojos… Es como si mirase al propio mar… Y que curvas! ¿Has intimado con mi hijo?-

-¿Q-que dice?-

-Zeoticus! Nuestros nietos tendrán el cabello rubio y los ojos azules! Serán preciosos!-

-Madre… Por favor- intentó Issei.

-El castillo es pequeño! Tenemos que hacerlo más grande! Prepararlo para mis nietos y…-

-Deja que hable tu hijo, Venelana- la interrumpió Zeoticus, divertido.

Issei lo agradeció enormemente.

-Lavi es una bruja de Oz… Nos conocimos hace unos meses. Recientemente dejamos atrás la relación de compañeros de clase para dar el siguiente paso… Anoche acordamos que eso tampoco era suficiente ya… Y es mi querida Alfil. Alfil de una pieza-

-¿Una brujita del Reino de Oz?-

-En realidad soy adoptada… Mis padres murieron cuando era una niña, Glenda, del Reino de Oz me tomó bajo su cuidado… Como aspirante del aquelarre de la Bruja Augusta acudí a Japón buscando el alma pura de un youkai en concreto… En su lugar encontré algo mucho más valioso…-

-Papa! Mi nueva hija ama a mi Ise!- chilló Venelana mirando a Zeoticus -¡Mira como lo mira! Como habla de él! Ayyyyyyyyyyyyyyy!-

Issei giró la cabeza sumamente avergonzado.

-Joven Lavinia… Soy Zeoticus Gremory, padre de Issei y patriarca de la familia. En nombre de los Gremory te doy las gracias, la bienvenida y de todo corazón te acepto en la misma-

-M-muchas gracias, es un placer y un honor…-

-A riesgo de incomodarte, cual es vuestra relación? ¿Simplemente sirviente y señor?-

-S-somos… Somos todo lo que se puede ser- respondió la joven avergonzada –Eso acordamos-

-Me alegra oírlo. Entonces también te recibo como a una hija…- murmuró Zeoticus levantándose de su asiento, caminando hacia ella.

Lavinia correspondió, viéndose apretada en un fuerte abrazo.

-A partir de hoy eres una Gremory más, bienvenida a mi familia, querida-

Liberando algunas lágrimas, Lavinia devolvió el abrazo y sonrió, de verdad.

-Hijo mío. Te agradezco que hayas venido tan pronto a presentarla… Y me gustaría tratar brevemente algunos asuntos…- dijo el pelirrojo volviendo a su asiento.

-¿Qué asuntos?-

-Tu hermano me ha comentado algo de un tratado comercial con un reino youkai-

-Así es. Quiero entablar vínculos comerciales con un Reino Youkai en el mundo superior-

-¿Eso porque?-

-Es un paso necesario para poder asignar una pieza de Torre, padre-

Las orejas de Venelana se movieron, agudas.

-Entiendo…-

-Matters me…-

-Mi señor, si no le importa, me gustaría discutir esos asuntos en persona con él. Creo que ustedes deberían de centrarse en la joven señorita…- intervino una voz femenina en la sala.

Milicas se bajó del sofá contento, corriendo a abrazar a su madre.

Issei se quedó quieto, empezando a sudar frio.

Los Gremory se miraron unos instantes antes de asentir.

-Y-yo casi que me quedo… S-sí, mejor me quedo-

-Vamos, vamos. No seas así. ¿Tienes miedo? ¿Has hecho algo malo? Yo no muerdoooo…- dijo Grayfia acercándose a Issei colocando su mano en su hombro.

Amenazando con romper el hombro de la presión ejercida.

-N-no, m-me quedo!- exclamó Issei agarrándose al sofá desesperado.

Más fuerte que él, Grayfia lo arrastró.

Lavinia lo miró, confundida. Issei se agarraba tanto al sofá que lo movió parcialmente con él.

Intentando agarrarse a cualquier cosa, la sirvienta de cabello plateado lo sacó de la habitación sin mucho esfuerzo.

-¿Estará bien?-

-Grayfia es una buena mujer y lo quiere mucho, estará bien. Solo es un poco estricta por su bien… Ahora centrémonos en ti!- exclamó Venelana sonriente.

-S-si-

-Me imagino que nuestro hijo te habrá puesto al día de tus nuevos derechos y obligaciones- empezó Zeoticus.

-Me ha contado algo, pero hay tanto que hemos decidido ir poco a poco… Sé que ahora tengo que servirles y…-

-Bien, bien… Muy oportuno- la interrumpió el pelirrojo alzando su mano –Nada de eso querida-

-¿No? Entonces… ¿No me quieren?-

-Nada de eso. Eres una decisión de mi hijo. He visto como os miráis, como os habláis… Lo aceptamos. Pero no es necesario-

-Tenemos decenas de miles de siervos, querida. No necesitamos otro más. No para eso-

-No lo entiendo…-

-Tus obligaciones se ceñirán a un solo objetivo. Un solo cometido- informó Zeoticus –No importa que te digamos yo, mi esposa… Tu única responsabilidad para con esta familia es mi hijo menor-

-¡!-

-La felicidad de mi hijo es lo único que te pedimos- prosiguió Venelana –Te daremos los recursos que necesites. Tú y tus futuras compañeras tendréis que trabajar en ello. La felicidad de mi hijo Issei-

-¡!-

-No tienes que preocuparte por el Reino de Oz. Tampoco por la Bruja Augusta ni la Guardiana del Norte, Glenda. Se enviarán emisarios y se notificará tu anexión a la familia. Ya estamos preparando tus estudios mágicos, no temas, recibirás la mejor educación mágica que puedas haber soñado. Así como asesoramiento para poder dominar tu Longinus-

-¿Lo saben?-

-Lo sabemos todo de ti, aunque mi hijo crea que no… Así como también sabemos que serás una buena esposa para él. Porque es lo que busca, mi hijo no quiere siervos, quiere compañía. Necesita estar acompañado… Lo que nos lleva a tu deber principal-

-¡!-

-Diversos instructores de la familia te enseñarán lo necesario antes de enviarte a un colegio prestigioso donde recibirás la educación necesaria para moverte por nuestra sociedad, así como protocolo y decoro… Grayfia en persona se encargará de tu educación como sirvienta…-

-Yo me encargaré de tu educación sexual. Necesito que sepas complacer a mi hijo-

Lavinia desvió la mirada, avergonzada.

-Recibirás terrenos de mi hijo y podrás vivir con él en su castillo o aquí, como gustes…-

-Iré donde vaya él…-

-Excelente respuesta- respondieron los Gremory complacidos.

-Queremos que sepas, querida, que puedes contar con nosotros para lo que necesites cuando lo necesites. Piensa en nosotros como tus padres, por favor-

Asintiendo repetidas veces, sonriente, Lavinia sintió unas lágrimas caer por sus mejillas.

Aquello le parecía un sueño…

Aquello era el infierno. Hemos venido a este mundo a sufrir… Y Grayfia-okami-sama se encarga de recordarlo con dolor y sufrimiento…

-Podemos hablarlo como personas civilizadas…- empezó Issei, maniatado.

-Por supuesto, y eso vamos a hacer… Hablemos. Hablemos por ejemplo… De un acuerdo de comercio con desconocidos. De un cargamento entero de grano desaparecido. De múltiples contenedores de mercancía pendiente de entregar misteriosamente enviadas al mundo superior…-

-Verás, y no te lo vas a creer, resulta que…-

La jefa de sirvientas movió la mano. Una señal para que otra se moviese.

Cogiendo carrerilla, la sirviente golpeó con fuerza la entrepierna del dragón.

-¡!-

Suspendido en el aire por cadenas mágicas en manos y pies, el castaño ahogó un alarido.

-V-venga, e-ese cargamento se estaba echando a perder. Ni habrán notado que no está… Y el acuerdo es bueno-

-Un contrato de comercio con el Reino Youkai del Este, lo he leído- moviendo la mano otra vez.

PAM

-¡!-

-El contrato está bien, no lo niego. Pero ha apostado. Ha prometido valores y bienes que no están en su poder. De haber fracasado no sería usted quien tendría que dar la cara. Y sobre todo, ha operado por su cuenta-

-Has de ver a Kuroka, no tiene tus curvas pero…-

Gesticulando con la mano…

PAM

-¡!-

-Q-que sepas… Que si hay problemas de descendencia, será por tu culpa…-

-En eso también tienes razón!- exclamó Grayfia chasqueando los dedos. Caminando hacia él, lo giró, colocando su culo en pompa.

-¡Eh! Eh! ¿Qué haces?-

Con habilidad desabrochó sus pantalones, calzoncillos incluidos.

-¡¿Grayfia-okami?! ¿Qué estás haciendo?-

-Siguiente tema… Resulta que Matters me ha dicho que llevas SEMANAS sin ir a clase-

-…-

-¿Algo que decir?-

-¿El tiempo es relativo?-

Convocando un círculo mágico en la palma de su mano, Grayfia se movió con fuerza, desplazando el aire con la presión. Impactando su mano con el culo del dragón.

El guantazo fue tal que temblaron las paredes del castillo.

-H-he estado liado…-

-Como veo que no prestas atención a tu educación humana te será retirada. Ya has cumplido con los estudios básicos, ahora tocan otras tareas para que aprendas a valorar los estudios y así poder empezar con estudios superiores…- volviendo a su mesa, revisando más documentos.

-P-pero Lavi… Podemos hablarlo! Grayfia-okami solo es un despiste! No he causado altercados! He respetado el trato!-

-Ella pasará a recibir su formación aquí. Necesita formación mágica que sustituya la educación que le proporcionaban las brujas, y de paso, la formación como tu sirvienta. Necesita mucho trabajo antes de poder ejercer… Y tú entender que significa tener un siervo. Educación, sanidad, necesidades, es una niña, tiene 15 años y siempre ha estado sola, es emocionalmente inestable y tiene carencias sociales, todo lo tendrás que cubrir tú. Deberás de ser alguien maduro y responsable para ella. Tendrás que registrarla en el censo, comunicarle a todos los organismos del Inframundo que es tu sierva, eso es un infierno de papeleo… Por no hablar de toda la documentación interna. ¿Cómo vas a entrenar su Longinus cuando no puedes dominar la tuya?-

-Pues…-

-Ella ha renunciado a ser formada por las brujas de Oz. ¿Cómo vas a continuar sus estudios mágicos?-

-Pensaba discutirlo con una partida de póker con Mephisto Pheles, sé que acude a los Rating…-

PAM

-¡!-

-…-

-Un último asunto…-

-¿H-hay algo más? Lo de la barrera es un trabajo limpio-

-¿La barrera del templo Himejima? Ese asunto es tuyo y solo tuyo… No jovencito. Hablo del asunto por el que Matters tuvo que dejar actividades oficiales a un lado-

-… No sé qué de que hablas-

-Tenías una misión muy sencilla. Meredith Ordinton-

Mierda.

Issei temió seriamente por su culo.

-Verás… No es cosa mía. No se presentó…-

La albina alzó una ceja, pensativa.

-Vale. Acepto ese argumento. Pero no entiendo porque firmó un acuerdo perpetuo con UNA ABSOLUTA DESCONOCIDA!-

-Yo no redacté el contrato! Vi que la chica tenia potencial y ya está! No es cosa mía!-

PAM

BUMMMMMMMMMMMMMM

Issei intentó desesperadamente no chillar, mucho.

-¿Quieres que me crea que no modificaste el contrato?-

-Yo no sabía nada! No lo leí! Me lo dio aneue y se lo entregué.

La albina se detuvo al instante.

-¿Rias-sama te lo dio?-

-Si! Si!-

Grayfia se cruzó de brazos, pensativa.

Eso era plausible…

Chasqueando los dedos, los círculos mágicos que retenían al dragón se desvanecieron.

Issei cayó como un peso muerto al suelo.

-Por ahora hemos acabado…-

Lavinia acarició dulcemente el rostro de Issei, sentado en uno de los sofás.

Medio muerto.

-Hemos tenido una agradable conversación. Todo está en orden, señores- murmuró la sirvienta ofreciendo unos documentos a los patriarcas Gremory.

-¿Las bestias sobrenaturales del este de Japón? Eso puede ser interesante…- canturreó Zeoticus contento –Y la joven Pendragon tiene excelentes credenciales-

-Supera las originales, como se le pasó a Matters una chica así?- preguntó Venelana.

-Matters es un vago, señora- respondió Grayfia crujiéndose los nudillos –Pero lo hablaré con él…- pasando la mirada a la rubia –Tu debes de ser Lavinia… Me llamo Grayfia, soy la jefa de sirvientas y Reina de Sirzechs Lucifer-

-Issei me ha hablado mucho de ti, es un placer conocerte!- exclamó la bruja levantándose, tomando sus manos entre las suyas.

-Igualmente es un evento muy curioso este- empezó Zeoticus.

-¿Dónde estoy?- preguntó Issei despertándose de golpe, mirando a lado y lado.

-Justamente madre se ha puesto en contacto conmigo, hoy-

-¿Chysis? Hacía mucho… Desde el nacimiento de Sirzechs que no decía nada… Excepto para…- murmuró Venelana mirando a Issei.

-Sabe que nuestro hijo peca de una absoluta y completa capacidad para la magia… Y dice tener un alfil-

-¿?-

-Una joven, no muchos años mayor que él, hermosa. De sangre noble y con un inmenso potencial-

-Grayfia-okami se ha pasado un montón… Me duele todo…- gruñó Issei.

-Ya discutiremos eso en otro momento… Issei, Lavinia dice que le has hablado de nosotros…- dijo la sirvienta sonriente.

-Solo lo bueno, tranquila…-

-¿Y le has hablado de tu hermana?-

-Por supuesto que si…-

-¿Y le has dicho todo?-

-¿De qué…?-

-¡Issei!- chilló una voz juvenil abriendo las puertas de par en par.

Sonriendo enormemente al ver al castaño de pie junto a sus padres, empezó a correr hacia él. Aumentando su rango de visión. Deteniéndose a unos pasos del dragón.

La rubia la llamaba poderosamente la atención. Un poco mayor que ella pero muy desarrollada. Una hermosura rubia… Que emanaba un poder demoniaco idéntico al de su hermano menor.

Es decir, su sierva.

¡SU SIERVA!

Rias estaba en estado de shock. Ese lamentable momento había llegado mucho antes de lo esperado… ¿Había aceptado a una zorra sin su autorización?

-Anda! Hijo mío, no sabía que te habías echado novia!- chilló Venelana emocionada, leyendo el informe que Grayfia le había entrado.

Issei se llevó una mano a la cara.

Lavinia la miró extrañado.

Grayfia sonrió contenta.

Zeoticus se bebió su copa de una tirada.

Rias se desmayó.


-Continuará en el próximo capítulo-

-Dueño y esclavo-


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Espero que os guste. Nos leemos en el próximo capítulo.