Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.


- High School DxD –

[True Draconic X Deus]


-Academia Lilith-


Habían pasado dos semanas desde el regreso de Issei Gremory y su reducido sequito a los terrenos familiares. Un periodo de tiempo difícil y caótico para las sirvientas del castillo en construcción en una ladera oriental de los terrenos demoniacos. Una impresionante obra arquitectónica levantada junto a un igualmente imponente lago artificial. Una lujosa parcela de terreno cuya naturaleza artificial desafiaba la falta de vegetación del resto del planeta.

Aquel edificio estaba destinado a ser la joya de la corona de los terrenos del hijo menor del ArchiDuque Gremory. Alejado del estilo de los grandes castillos del pasado, en lugar de ser una colosal estructura de piedra fría y grisácea, el menor de los Gremory había elegido espacio, amplitud… y vida.

En medio de aquella vida, rodeada de árboles, dormía una joven. Una joven niña, de largo cabello rubio esparcido por el césped. De figura esbelta y complexión delgada, en sus manos descansaba un vetusto volumen, tan antiguo como el tiempo.

Abriendo sus ojos, la joven sirvienta en exclusiva del señor de esas tierras despertó en los jardines traseros del palacete. Bostezando ligeramente, se incorporó para observar sus alrededores. Un manto de flores en la verde pradera por cama. Desperezándose, se levantó sin prisa. Caminando hacia el castillo, calzándose unas sencillas sandalias blancas. Recorriendo los pasillos de piedra caliza con un melodioso tatareo en sus labios.

Cubriendo su joven cuerpo con un fino vestido alabastro se detuvo frente a uno de los espejos del pasillo principal, inspeccionando su rostro adormilado, alisando su cabellera alborotada. Sin preocupación alguna por su apariencia a medio arreglar, prosiguió su camino, sonriendo aún más al encontrarse a la tercera y última residente de su nuevo hogar. Una joven youkai, de su edad, vistiendo un kimono, un vestido tradicional oriental, a medio abrochar.

-¿Sigue dentro?-

-Lleva horas ahí, nya…-

Lavinia bostezó adorablemente.

-Últimamente duermes mucho, nya-

-Me cuesta acostumbrarme… No sé si es de día, de noche… Mis biorritmos están locos… ¿Tu estas bien?-

-Nyaaaa…-

-Como envidio ese cuerpo tuyo…- murmuró la rubia llevándose el índice al mentón, mirándola fijamente.

-¿Hermoso, verdad? Nyahahaha!-

-Es resistente, perceptivo… Es una maravilla!-

-Nya… Que rara eres…-

Risueña, Lavinia se agarró del brazo de Kuroka, pegándose a ella.

-Había leído de esto… Pero parece que el tiempo pasa mucho más lento aquí…-

-El tiempo pasa igual, nya. Llevamos dos semanas aquí…-

-¡!-

-Puede que sea el cielo, nya… Es de color raro…-

-No sería el color del cielo… Pero la diferencia entre día y noche… Tampoco lo apreciaríamos porque el metabolismo ha cambiado y…-

-Nyaaaaa… Que aburrido…-

-Aunque fuese el caso… Issei es demonio, pero se ha criado en el mundo humano… Que extraño…-

La nekomata era una joven monógama, no importaba lo que podía decir o afirmar frente a su amo. Era su amo. No le gustaba lo más mínimo que su amo tuviese más mascotas. Si bien la reconfortaba saber que era la única gata, la presencia de Lavinia era un incordio. Y aunque no era la más noble de las mujeres no era cruel. Y el rostro eternamente sonriente y radiante de la bruja estaba cubierto de pesar y de dolor, eso era algo que ni siquiera ella podía aguantar.

-Tu amo, tu amante… El hombre al que procesas amor es un dragón, nya… ¿Sabes siquiera que significa eso?-

-¿?-

Kuroka exhaló exasperada.

-Las criaturas más fuertes de la creación… En su interior se encuentran todos los pecados… Algo que encuentro interesante, nya…-

-¿Y qué tiene que ver con…-

-Los dragones son las mayores bestias de la creación. Ni siquiera en el Reino Youkai hay algo así… Nya… Tienes que entender, nya. Que son criaturas… Ellos perciben mucho más que cualquier otro ser… Ven más, sienten más, perciben más… Por eso no tienen techo, nya… Ascienden y ascienden sin límite…-

Lavinia la miró fijamente unos instantes.

-¿Issei es un dragón? ¿De verdad?-

-Por supuesto que sí, nya!-

-Oh… Solo pensaba… Que no se, que era como… Bueno, dice ser demonio pero… Están sus ojos…-

-Pensaba que tu serias capaz de apreciar esos sutiles detalles, nya… ¿No notas eso que llamas… calor? ¿Era eso, nya?-

-¡!-

-A diferencia del resto de youkai maduran muy lentamente, pero que muy lentos…-

-¿Cómo de lento?-

-Nya… ¿Algunos cientos de años?- propuso la nekomata encogiéndose de hombros.

-Que dices…-

-Eso dicen, nya…-

-¿Y que más sabes de ellos?-

-El matojo de pelos viejuno hablaba de ellos… Aunque no hay en Japón se les venera en todos lados… Grandes, fuertes… Descendientes de las serpientes del origen… Sea lo que sea que fuese eso… Tienen alas, escupen fuego, con excepcionalmente fuertes, resistentes e inteligentes, nya…-

-Mmm…-

-Y tienen dones. Por ejemplo, el encantamiento del dragón-

-¿Qué es eso?-

-Se dice que sus ojos pueden engañar, corromper, crear ilusiones, nya- respondió Kuroka señalándose los suyos propios.

Lavinia la miró aún más confundida.

-Issei nunca ha mostrado ese poder…-

-Mejor que no lo haga, nya… Si le veo hipnotizando a otras chicas…- siseó Kuroka mirando la puerta, peligrosamente.

-Me sigue pareciendo extraño…- alzando la mirada –Aunque esos ojos… ¿Cómo lo percibes tú?-

-¿Yo, nya?-

-Tu especie es sensible a todo lo sobrenatural… ¿Cómo lo haces?-

-¿Qué cómo hago que?-

-¿Son esas orejitas?- preguntó Lavinia interesada.

-¿Qué les pasa a mis orejas?-

-¿O es la cola?- murmuró la rubia inclinándose hacia la morena.

-¡No es nada de eso, nya!-

-¿No? ¿Segura?-

-¿Tu como conjuras magia? ¿Con el trasero? Pues es lo mismo, nya!-

-Ah…-

Las chicas se quedaron quietas, de pie en el pasillo, mirando la puerta del despacho principal.

-Issei me dijo que querías estudiar magia…-

-Nya…-

Rechazando su presencia, se estiró en dirección contraria a la rubia.

-Me gustas, Kuro-chan-

-Nya…-

-¿Yo no te gusto?-

-…-

-También me dijo que finalmente elegiste la Torre…-

-Elegir, nya… Yo no diría eso…-

Lavinia la miró con curiosidad.

-Yo quería el Alfil, nya…-

-¿Tengo algo que ver en esa decisión?-

-No, no… Nya… Mi amo pensó que sería mejor que aprendiese a defenderme…-

-¿Defenderte? Todos tenemos que defendernos…-

-Mi condición… Hay pocos de mi especie, nya…-

-Entiendo… Entonces solo ha pospuesto lo inevitable!- exclamo Lavinia juntando sus manos.

-¿El que es inevitable? Nya…-

-Tú quieres aprender magia, lo harás! Solo tienes que ser una buena Torre, luego, aprenderemos juntas! Y me alegro mucho de tu decisión! Podrás cuidar de mí! Y yo cuidaré de ti! Y aprenderemos magia juntas! Yo te ayudaré!-

Kuroka la miró sorprendida, incrédula.

-¿Crees que el amo…?-

-Issei nos dará lo que le pidamos! Somos sus chicas, no nos negará nada!-

Sonrojándose, la nekomata apartó la mirada.

-La gata y el dragón… ¿Le sirves porque es un dragón?-

-¿Qué?-

-Yo amo a Issei por lo que es, como persona, no me importa lo que sea genéticamente hablando… ¿Para ti es importante?-

-¿Qué dices nya?- exclamó Kuroka ofendida –Yo no soy una chica fácil que se acerca al primero y decide servirle de buenas!-

-¿Entonces te gusta?-

-N-no pienso responder a eso, nya!-

-Kuuuuroooookaaaaaaa!- exclamó Lavinia desencantada por su respuesta.

-¡No voy a decírtelo! Aunque…-

-¿Aunque?-

-Tu… Tú también… No me caes mal, nya-

Ilusionada, radiante, Lavinia se colgó del cuello de la nekomata.

Kuroka, como buena gata, chilló sorprendida, intentando liberarse, escapando a su agarre.

-¡Kuro-chan! ¿A dónde vas?-

-¡No me toques nyaaaaaaa!-

Lavinia se levantó, divertida, empezando a correr tras la nekomata.

Intentando huir de la bruja, la nekomata dio un mal paso, chocando con una columna, rompiendo un jarrón.

Varias sirvientas en el pasillo refunfuñaron molestas.

Sin pedir perdón, la morena desapareció a toda prisa.

-DxD-

El acuerdo de cooperación con los youkai escondía una circunstancia inesperada, potencialmente problemática.

En su ignorancia no había contemplado que los youkai tenían de facto, sus diferencias para con los Shinto. No lo había contemplado porque entendía que eran dos caras de la misma moneda. Ambas facciones idolatraban a los mismos dioses, porque iban a estar enemistados? Y en caso de estarlo imaginaba que dichos dioses mediarían entre ellos. ¿Qué panteón tenia a sus adoradores enfrentados entre ellos? Pues los japoneses.

Aquello suponía un problema. No se tenía por un cobarde, pero ante todo quería mantener un perfil bajo frente a Suou Himejima.

Había leído y estudiado a ese hombre. Tenía información a espuertas del Clan Himejima. No porque les considerase malvados, peligrosos o interesantes. Su educación le obligaba a conocer a todas las facciones con un mínimo de renombre. Unos estudios básicos que se habían incrementado al evolucionar su relación con las preciosidades Himejima. Suou se había convertido, inmediatamente, en una potencial amenaza para sus dos sacerdotisas y una de las muchas conclusiones a las que había llegado era que Suou Himejima era una de las mayores experiencias que podía tener en ese mundo. Anciano, inteligente, cruel y lo más peligroso, veterano en todos los aspectos de la vida. Siendo este especialmente poderoso al estar al mando de la familia Himejima. Miles de exorcistas shinto dispuestos a marchar a la guerra sin dudar lo más mínimo…

Asimismo enfrentarse a Suou era potencialmente, encararse a Suzaku. Podría destapar su tapadera. E igualmente, hacer de Akeno un objetivo AUN más apetecible.

Suou era un hombre digno de estudio, pero del que mejor mantenerse alejado hasta, cuanto menos, poder garantizar la vida de sus chicas…

Las demás familias Shinto no se antojaban especialmente peligrosas, o mejor dicho, amenazantes. No creía que tuviesen nada contra su persona o su familia, que el supiese claro. Aunque esa era una circunstancia que podía cambiar en cualquier momento, a fin de cuentas, estaba empezando a tomar vidas bajo su protección y responsabilidad, vidas con pasado, experiencias, prejuicios y a fin de cuentas, una historia. Lo que le llevaba a contemplar que iba a pasar con las Brujas de Oz.

Lavinia no había dicho que se hubiesen roto los lazos, solamente que abandonó el aquelarre por lo que de facto, seguía perteneciendo a él. Ese era un asunto a tratar que pudiera derivar en situaciones… En situaciones.

Siguiendo con el tema mágico… ¿Qué iba a hacer con la joven Pendragon? Sabía que tenía problemas con su hermano y ese era un asunto que tendría que abordar más pronto que tarde, aunque ayudarla para después qué? ¿Qué provecho podía sacar de una niña superdotada de diez años?

La valquiria sin papeles; Asgard la estaba ignorando. Estaba absolutamente seguro de que sabían que estaba con ellos pero no solo que no habían enviado emisario alguno sino que habían denegado cualquier contacto. La joven era un portento pero asimismo era un peligro en potencia. Dudaba que hubiese superado su separación violenta con sus hermanas y camaradas. Sospechaba que de llevarla a un campo de combate sus reacciones pudiesen ser… inestables.

Por no hablar de su hermana… Necesitaba proteger a su hermana… Pero como… ¿Cómo podía proteger a su hermanita?... Quizás colocando a alguien de confianza cerca… Pero quien…

Y su prometida, la vampiresa… Necesitaba estudiar su cultura, costumbres… Y habilitar su casa para todas, espacios sagrados para Gabriel si regresaba, un hábitat cómodo para Kuroka, un lugar de estudio para Lavinia, levantarle una generosa biblioteca… ¿Las vampiresas duermen en ataúdes?

Tenía mucho que hacer… Mucho que estudiar… Mucho que preparar… Y no estaba para distracciones…

Una sirvienta se acercó al escritorio, dejando un papel sobre la mesa, marchándose a paso rápido, mucho más rápido a como había entrado.

Issei suspiró.

A los pocos minutos llegó otro…

-No puede ser…- masculló el dragón tomando los papeles.

Quejas.

Quejas formales del servicio. Y todas al mismo nombre; Kuroka.

"Kuroka no respeta los turnos de los baños" "Kuroka no respeta los turnos de lavandería" "Kuroka roba comida de la despensa"

-Kuroka camina desnuda por los pasillos…- leyó el Gremory, dejando caer el papel en la mesa, con desgana.

Esa era nueva… Unos pocos días! Llevaba apenas unos días y no hacía más que dar problemas!

"Nadie dijo que fuese a ser fácil"

-Nadie me dijo que iba a ser tan difícil- respondió el demonio, girando su silla, mirando fijamente el espejo colocado sobre un poyete en la mesa. El espejo reflejaba el hermoso rostro de una morena.

Inclinándose, se acercó para ver mejor.

-¿Qué tienes… en la cara?-

"Es una mascarilla hidratante"

-¿Anti edad?-

Escondiendo una sonrisa tras su mano, no se dejó intimidar por la mirada asesina de Suzaku.

"¿Insinúas algo?"

-¿Yo? Solo pregunto-

"Me estas llamando vieja"

-Solo pregunto. Ni Lavi ni Kuro usan esas cosas y tienen tu edad… Por algo será, digo yo…-

"¿Ahora entiendes de productos cosméticos?"

-Para nada. Pero convivo con ellas, he de autorizar las listas de compras y hay cosas de esas en ellas… Mascarillas, cremas y champús raros…

"Mira que bien… ¿Y les recomiendas barras de labios?"

-¿Eso no es para maquillarse?"

"…"

-Son niñas… No creo que chicas de su edad deban usar…- cruzándose de brazos –No sé si han comprado cosas así, la verdad… Pero nos estamos yendo. Yo solo decía que si desde tan jóvenes usáis esos productos para alargar la juventud… ¿Cómo estaríais sin ellas?-

Suzaku tardó en responder.

"Tú y yo tendremos una conversación desagradable, anata"

Ese anata no había sonado encantador, melodioso…

El espejo se movió ajetreado, hasta mostrar otro rostro, más joven, idénticos, con mascarilla igualmente.

"Para una doncella es sumamente importante su edad!"

-Si eso lo entiendo, pero Suzu es una adolescente, tu una niña…-

"Pero hay que mantener esta belleza!"

-Vaaaaale… ¿Entonces como estaríais sin esas mascarillas?-

"¿En serio ha tenido los huevos de volver a decirlo? La próxima vez que lo vea, le atizo" se escuchó a lo lejos.

"Estas siendo igual de abusón con tus dos sirvientas?" preguntó Akeno, divertida.

Juraría que había dicho dos, con un deje de amargura.

-No estoy siendo abusón con nadie, soy un tipo súper considerado y la mar de majo-

"¿Y qué haces ahí encerrado?"

-Papeleo, mucho-

"Eso me suena a excusa"

-No me queda para mucho… Pronto iré a veros…-

"De eso nada!"

-¡!-

Issei vio como el espejo cambiaba de manos, reflejando el rostro de Suzaku de nuevo.

"Hasta que no vuelvas a tus cabales, ni te atrevas a venir aquí"

-¿Suzu? ¿De qué hablas?-

"Mírate al espejo y dime que ves, detente y piensa en lo que llevas haciendo estas semanas"

-¿Qué? Soy el de siempre-

"Tú eres mi novio y no te reconozco"

"¿Novio? ¿Cómo que novio?"

-¡!-

"Es una forma de hablar, Akeno-chan"

"A mí no me lo ha parecido…"

La imagen se deshizo. Suzaku había finalizado el encantamiento. Pese al inconveniente descubrimiento de Akeno le preocupaban más las palabras de las sacerdotisas.

-¿A qué se refería con eso?- gruñó Issei quitándose la chaqueta, dejándola sobre una de las sillas –Y como que semanas…-

Dispuesto a quemar algo de energía, liberar adrenalina, se colocó sus guantes de cuero, entrando en el salón de entrenamiento. Activando el modulo holográfico, vio como la energía envolvió la sala, simulando ser un circulo de tierra batida delimitado por un sencillo muro de piedras blancas. Dos árboles con hojas rojas decoraban el escenario, dejando caer cientos de pétalos rojizos…

Sus ojos de rubí se posaron sobre Okita. Convocando a Yamato, liberando ligeramente la hoja con su pulgar… Desplazándose con velocidad, esgrimiendo la hoja, buscando el cuello del demonio.

Okita colocó la vaina de su espada, interceptando la hoja. Moviendo su pie, se apartó lo necesario para lanzar un golpe descendente que no encontró objetivo.

Sin mostrar emoción alguna, los combatientes se movieron veloces por el terreno, levantando granos de arena cual vendaval.

Retrocediendo, Issei envainó la espada… Apareciendo tras el holograma. Chasqueando la lengua, ninguno de los cinco golpes había alcanzado el objetivo.

"Ataque reconocido y almacenado en la base de datos" anunció el holograma.

"Okita" pasó a la ofensiva, obligando al castaño a desviar los ataques. Ataques que eran desviados con la espada envainada.

Deteniéndose levemente, un círculo mágico apareció bajo los pies del mismo, sorprendiendo al chico al levantarse un enorme gigante. Incapaz de reaccionar a tiempo, Issei retrocedió derrapando en la tierra de un puñetazo. Haciendo desaparecer a Yamato, envolvió sus manos y piernas en metal, metal rojizo. Sonriendo perversamente, esquivó todos los ataques de Surtr Second. Retrocediendo varios pasos, evitando una patada alta… Lanzándose hacia adelante, girando sobre si mismo, lanzó una patada descendente al demonio.

[Twice]

El holograma detuvo el ataque sin problemas. Un poderoso golpe que habría partido un árbol en dos… Ninguneado.

Sin perder la paciencia, sin alterarse, aterrizó rápidamente, separándose, dejando espacio al instante. Quedando fuera del alcance del gigantesco demonio. Extendiendo sus alas, obteniendo cierto control sobre su cuerpo en al aire, saltó, descendiendo veloz con su pierna extendida. El holograma detuvo el ataque, agarrando su pie. Inspirando, Issei liberó una llamarada de fuego en el rostro del gigante de fuego. Liberándose, forzándose tocar el suelo, sabiendo que no había causado daño alguno. Apretando los puños, lanzó dos golpes en el abdomen de Surtr, continuando con patadas, agachándose, concentrando poder en su puño… Impactando el mentón de un aturdido holograma. Elevándose, volvió a girar sobre sí mismo, golpeando descendentemente el cráneo del holograma. Surtr se agachó, activando otro círculo mágico… La espada de Beowulf se alzó rápida, buscando el cuello de Issei.

Apartando la espada con Yamato, se desplazó a un costado, moviéndose veloz, golpeando desde diferentes ángulos. Convocando a Ascalon, la arrojó cual daga. Beowulf la desvió con su escudo. Desde su espalda, recuperó su espada con la mano, empezando a golpear el escudo con ambas espadas, continuamente, sin detenerse, cargando finalmente con las dos espadas al mismo tiempo, partiendo el escudo por la mitad. Retrocediendo un paso, saltando, cayó sobre el holograma con su pernera por delante. El holograma cayó al suelo derrotado.

Jadeante, se colocó a Ascalon a la espalda, sosteniendo a Yamato, Twice Critical activa, sus alas descansando a su espalda. Issei suspiró pesadamente, cansado pero satisfecho.

Unos ojos azules observaron su desempeño con preocupación. El tablero de información marcaba la cifra total de horas dedicadas al entrenamiento. La cifra rozaba la obscena cifra del millar de horas. Miles de horas invertidas en el arte de la guerra. Tenía más experiencia que la mayoría de demonios que participaban en competiciones oficiales de Rating Game, muchas más horas de combate que la mayoría de los demonios modernos… Decidida, hizo pública su presencia.

El sonido de unos tacones resonó en la estancia. Una presencia y un perfume reconocible en cualquier lado para el joven dragón. Y le preocupaba su presencia. Aunque entendía que su visita no era casual. Entendía porque estaba allí… Y sin llegar a decir nada, ya estaba aprendiendo su siguiente lección… Girando levemente su cuello vio el rostro malhumorado de Runeas Gremory. Por alguna circunstancia no podía sostenerle la mirada. La inquietud por las palabras de Suzaku le impedían mirarla a los ojos…

-Felicidades. Has superado el modulo principiante de entrenamiento-

Issei la miró sorprendido.

-¿ESO es el nivel principiante?- señalando el punto hasta donde hacia un instante estaba el holograma.

-Surtr puede partir montañas con sus puños, tu cuerpo enclenque no aguantaría ni una caricia suya…-

-¡!-

-Por otro lado… Llevas semanas aquí- empezó la pelirroja cruzándose de brazos –Mejor hablemos de eso-

¿Semanas? No podía ser.

-De eso nada, unos días a lo sumo…-

Runeas extendió sus alas de demonio, volando hacia él, simulando sentarse frente a él. Negando con la cabeza, Runeas se cruzó de piernas, provocadoramente.

-¿Sabías que el concepto de perder la noción del tiempo no es humana?- acariciándose el mentón –No, no… Es humano, pero no viene del mundo humano-

-¿?-

-Es algo que se aplica a los humanos convertidos, como no han sido educados o han crecido en este mundo suelen perderse… Ante el concepto de la eternidad-

-¿De que estas hablando?-

-Y es una de las obligaciones de tus sirvientas recordarte el presente. Lamentablemente tu hermanita y tus novias no tienen la confianza como para contrariarte, imponer su voluntad a la tuya… Pero para eso he venido yo-

-¿?-

-Tu hermana lleva semanas encerrada en su dormitorio, Akeno busca refugio en su prima, tus esclavas te esperan tras esa puerta- señalando la puerta con el pulgar.

-¡!-

-¿Por qué haces esto?-

-¿Hacer el que?-

Mirando a su alrededor, señalando con la mano.

-¿Acaso no lo ves?-

Issei no respondió.

-Aquí encerrado… Obsesionado con tus obligaciones, enterrado en trabajo o en este dichoso entrenamiento… ¿A quién te piensas que le beneficia?-

-¿No debería de atender mi obligaciones?-

-Por supuesto que no!-

Issei la miró con una cara de estupefacción.

-¿Nunca has pensado en que todo esto es muy extraño? ¿Tu libertad en el mundo humano? ¿El castillo? ¿Los sirvientes?-

-Mujer pues…-

-En el mundo humano aprobaste… Curiosamente en el Inframundo has suspendido… Y con nota-

-¿Cómo que suspender? ¿Estoy haciendo lo que se espera de mí?-

-¿De ti? ¿De ti? ¿Eres tan idiota como para creerse eso?-

-¡!-

-¿Dónde está tu hermana? ¿La persona que más te quiere después de mi en todos los mundos?-

-Pues…-

Era cierto… Había mucho que su hermana no lo visitaba…

-No importa donde esté. No es algo nuevo, no es algo de lo que no haya huido antes. Ella ha hecho lo imposible por estar contigo y ahora te rehúye, de eso hablo-

-Está enfadada por Lavinia y…-

Extendiendo su mano, Yamato se deslizó de entre los dedos de Issei, acabando en manos de Runeas. Con un leve movimiento, la vaina de la espada golpeó el abdomen del dragón, enviándolo contra el extremo de la sala.

Runeas tenía la costumbre de educar mediante el dolor…

-No digas tonterías!- siseó la pelirroja, volando gracias a sus alas, sosteniendo el pie contra su abdomen –Y veamos si tienes el valor de preguntarle a esas jóvenes si esta era la vida que esperaban…-

-Lo estoy haciendo lo mejor que se…-

-Tus padres te lo han dado todo. Herramientas, siervos, libertad… ¿Y qué has hecho? Por no hablar de esos dones… Que desperdicio…-

-¡!-

-Lo tienes todo a tu alcance y te has dejado perder… Tus dones te han permitido adelantar tus estudios académicos, tu poder social establecerte aquí, tienes esclavos y tu poder te obsesiona, quieres el control… Y estas solo, encerrado en tu cárcel de oro… Lamentando en las sombras, conspirando en la oscuridad, consumido por tus miedos…-

-Pero…-

-Tus padres no quieren esto, Issei… No te han dado todo esto para que lo uses, te lo han dado para que lo valores-

-¡!-

-Sé que no te gusta… ¿Pero he de recordarte tu edad?-

-¡!-

-Eres un NIÑO! Y mírate! Siempre fingiendo ser un adulto! ¿Te crees que Venelana te dio ese hechizo para pasarte el día así?-

-…-

-Venelana y Zeoticus quieren un hijo, idiota, no un heredero… ¿No te han dicho Lavinia y Kuroka las ordenes que han recibido?-

-¿Qué ordenes?-

-Pregúntales. Sus obligaciones para con la familia…- separándose, quedándose suspendida en el aire.

-Entonces dices que tengo que…-

-No estamos aquí para decirte lo que debes o no debes hacer, Issei. Solo para expandir tus horizontes, somos tus ojos y tus oídos…- dijo otra voz, dulce y melodiosa.

Una presencia que no era bien recibida en el Inframundo.

Issei se quedó quieto, en silencio, observando a la arcángel Gabriel. Flotando en medio del campo de entrenamiento.

-No seas quien crees que tienes que ser, se quien quieres ser-

-¡!-

Issei se levantó, incrédulo.

-¡Gabi! No puedes estar aquí!- exclamó Issei asustado –Si te encuentran…-

-Por favor… Como si esta tetuda fuese una ángel pura ya…- gruñó Runeas hastiada, apartándose unos metros.

-¿A qué te refieres?-

-Ella no es quien te crees que es ni lo que te han contado que es…-

Gabriel no respondió al comentario. Runeas tampoco añadió más.

Cansado, se relajó en el suelo. Para que levantarse... Entendía que como siempre, no le iban a decir nada. Ni porque se había ido ni a donde había ido ni porque estaba allí.

La mujer más hermosa de la creación. Blanca piel, cabello dorado, ojos azules, labios rojos. El rostro más hermoso que se podía concebir. Las curvas más desafiantes. La figura más exquisita. Una criatura sublime. La máxima creación del mayor creador. La definición, representación y máximo exponente de la belleza. La mayor creación del Dios Bíblico… Más no reconocida por el cielo, su género cambiado por la Iglesia… Pero reconocida por Michael, su supuesto hermano. También por Sirzechs… Por lo que su existencia era legitima. Algo sucedió en el pasado, tampoco quería preguntar. Aunque le intrigaba lo de la pureza…

-¿Has decidido regresar? Runi dijo que tu etapa había acabado aquí…- murmuró Issei colocando sus codos sobre sus rodillas.

Estaba fracasando en disimular su enfado.

-¿No dijo porque estaba aquí?-

-Dijo algo de una madre… Algo de un espíritu maternal…-

-Precisamente!- exclamó Gabriel contenta, juntando sus manos –Necesitáis una figura maternal más que nunca!-

-¿Qué?- exclamó Issei incrédulo, mirando a la rubia.

-Seré vuestra madre!-

Issei la miró con puro escepticismo.

-No, a ver… Sería la hermana mayor de la casa!-

El dragón se llevó una mano a la cara. La arcángel no paraba de chocar sus manos, contenta.

-Gabriel, lo que dices no…-

-Olvídalo. Esta cabeza de chorlito no entrará en razón…- exclamó Runeas aburrida -¡Pero YO soy mucho mejor que ella!-

-¡Eso no es cierto!- protestó la arcángel.

-Tampoco se lo tengas en cuenta, es tan hermosa porque tiene carencias que compensar-

-¡Repite eso!-

-Falta orden! Autoridad! Alguien que de ordenes!- sentenció Runeas llevándose las manos a la cintura.

-¿Esa eres tú?-

-¿Yo? Jajajajajaja! No he renunciado a dirigir la familia para ponerme al mando de nada que no sea mi familia…-

Issei estaba confundido.

-¡Necesitas una Reina!-

-¿Qué? No!-

-Tu no vales para dar órdenes! Admítelo!-

-Admito que poner firmes a mis preciosas y deliciosas novias no es algo que pueda hacer… Pero tampoco soy bueno recibiendo ordenes! Bastante tengo con Fia-okami!-

-No puedes seguir explotando a tu cuñada!-

-Pero si es ella la que me tortura a mí!-

-Necesitas una Reina!-

-Te digo que no!-

Runeas se llevó las manos a la cabeza, gruñendo con fuerza.

-Cabezón!-

-Pibon!-

Pelirroja y castaño se miraron fijamente, sin ceder un centímetro.

-Tampoco hay que discutir… Una de las ventajas de ser muchas es que pensamos mucho más!- intervino Gabriel, sonriente.

-¿Y qué has pensado?-

-En cierta joven preparada para este momento!-

Runeas parpadeó repetidas veces.

-¿Ella? ¿Hablas de ella?-

-Es joveeeeeen, hermooooosa… No creo que tarde mucho en perder su virginidad… Le servirá bien, y podrá gestionar todo lo que hace Grayfia!-

-Tiene madera de Reina si… Pero es demasiado blanda! No lo podrá controlar-

-Pero lo puede intentar-

-Fracasará, Issei se la comerá entera-

-Pero lo intentará-

-¿Me estas escuchando… Ah… Tiempo, quieres tiempo… ¿Hasta que la miko… Oh! Oh! Eso no está mal…-

Issei las miró fijamente, aburrido, escéptico.

Hablando entre ellas, ignorándolo…

No sabía de qué hablaban, pero si había entendido todo lo anterior.

Dejando a las ancestrales mujeres a un lado… Solo, en el desolador y frio campo de entrenamiento, fue consciente por primera vez en no sabía cuánto tiempo, de sus circunstancias.

Estaba solo, rodeado de libros y documentos o bien de toallas y pesas turcas, encerrado en una habitación con el aire viciado o en un gimnasio con olor a sudor… Solo.

¿Qué cojones hacia solo?

Levantándose de un salto, el dragón corrió hasta la puerta, abriéndola de par en par.

Su alma cayó a sus pies, derrotado, abatido.

Lavinia estaba durmiendo, sentada, apoyada en la pared. Kuroka, en su forma de gata, dormía a su lado.

Las dos estaban esperando por él a las puertas del campo de entrenamiento.

-Pedazo de idiotas… ¿Por qué no me habéis dicho nada…-

Quizás nunca estaba solo. Pero tampoco estaba acompañado de la forma en que lo deseaba…

Runeas y Gabriel no daban señales de vida. Se habían marchado. Se había quedado solo, solo con sus chicas y el eco de sus palabras en su mente.

Sabía perfectamente que tenía que hacer.

Mirando su reloj, aún tenía tiempo. A esa hora, siempre que estaban en casa, tomaban su adorado baño en las termas instaladas en el castillo o en casa, por petición e insistencia de Rias había termas por todos lados… Y allí estaba, retirando todo rastro de sudor de su ejercitado cuerpo. Acabando de enjuagarse el cabello, tomó un cubo de madera, echándose agua caliente en la cabeza… Levantándose, se dirigió a las termas, flotándose las manos, desnudo, entrando lentamente en el agua, suspirando pesadamente…

Doblando su toalla, sumergiéndola en el agua, se la colocó sobre la cara, recostándose contra la pared… Sintiendo un par de miradas fijas en él.

Los baños, imponentes, estaban decorados con fuentes y piedras grisáceas que se calentaban con el vapor ofreciendo un asiento o pared terapéutico. A cada lado estaba una de sus esclavas. Alejadas la una de la otra, ambas lo miraron con recelo, curiosidad y preocupación.

Extrañado, incomodo por su distancia y falta de respuesta, apartó la toalla. Esgrimiendo una mueca, acomodándose contra una de las piedras, dejando la toalla sobre la misma, mojando su rostro con sus manos… Volvió su mirada hacia las chicas. Extendiendo sus manos, no hacían falta palabras.

Las ordenaba que acudiesen a él, que se acercasen, y eso hicieron. Tímidamente recorrieron las termas, desnudas, hasta tomar su mano. Issei las miró en silencio, sin mediar palabra, primero mirando a una, luego a la otra.

-¿Por qué me rehuís? Mis amadas novias tienen que estar a mi lado, no lejos de mí…-

Kuroka la miró con recelo, inspeccionando sus ojos, moviéndose frente a ella.

Lavinia se sentó junto a él, tomándolo del rostro, mirándolo a los ojos, fijamente.

-Lamento haberos preocupado…-

-¿Estas bien, nya?- preguntó Kuroka colocándose entre sus piernas, moviendo sus orejas adorablemente.

-Sí, y por haberos dejado a un lado os pido perdón… Me equivoqué al quedarme sumido en mis pensamientos, encerrado en mi despecho… Estaba más preocupado por vuestro porvenir en lugar de disfrutar de vuestro presente…- susurró Issei acariciando el rostro de Kuroka –Sois mis estrellas, sin vosotras mis noches son muy oscuras…-

Lavinia sonrió alegre, complacida, colocándose bajo su brazo, apoyando su rostro en el pecho del demonio, relajándose en el agua, como desde hacía semanas que no podía…

Moviendo su cola, contenta, la nekomata tomó el rostro del dragón, acariciándolo dulcemente. Ronroneando al sentir su mano acariciar su cintura.

Su amo había regresado.

-Te hemos fallado como esclavas… Te hemos dejado solo…-

-Aunque no lo parezca en esto de ser demonios todos somos novatos, a todos nos ha afectado este… ¿Síndrome? ¿Lo podemos llamar así?-

-Perder la noción del tiempo es normal entre gente del mundo medio, nya!-

Issei la miró sorprendido, pero no más que Lavinia.

-¿Lo es?-

-Lo he estudiado, preguntado… Averiguado, nya!-

Lavinia infló los mofletes, lo había hecho ella!

Su enojo aumentó al ver como la información proporcionada por la nekomata era recompensada por una dulce caricia en su mejilla.

-Pues vaya… Nunca antes me había pasado, creo…- volviendo la vista al techo –Pero parece que juntos ese efecto se mitiga… ¿Por qué cuando estoy con vosotras los efectos de las magias y circunstancias que me envuelven dejan de tener efecto? ¿Eh?- preguntó Issei divertido.

Una sombra oscura recorrió los ojos de ambas chicas durante un instante…

-No me quejo, me parece genial… Sois mi estrella polar. Mi punto de referencia. Si me quedo sumido en mis pensamientos despertadme, si hago algo más reprendedme…-

-¡!-

-Sois mis estrellas… No me privéis de vuestra luz…-

-Nya…-

-Y para evitar que vuelva a suceder…- susurró Issei mirando al techo –E aquí mi primera orden-

-¿Orden?-

-Como amo, una orden absoluta, sin peros ni fisuras ni discusión posible!-

-¿Cuál es?- preguntó Lavinia.

Aquella era la primera vez que decía algo así… Nunca había actuado como dueño antes…

-Nunca, nunca, os separareis de mí. Y no solo quiero que estéis cerca, quiero que lo deis todo por llamar mi atención-

Las chicas lo miraron con curiosidad.

-¿Pero eso no te distraerá de tus obligaciones, nya? Pensábamos que…-

-Vosotros sois mi principal obligación, Kuro-

-Nya…-

La nekomata movió la cola, contenta.

-¿Y eso hará que no pierdas la noción del tiempo?-

-En absoluto-

Lavinia parpadeó confundida.

-Eso no me importa!- exclamó Issei –Lo que me importa es haberos dejado solas, tristes… Si me quedo perdido en el tiempo con vosotras en esta casa por mil años… No me arrepentiré un solo segundo!-

Mirándose la una a la otra, un pensamiento oscuro recorrió sus ojos.

Un sentimiento oscuro y malvado, egoísta y despiadado. Un deseo ancestral, plantado en lo más profundo de sus seres. Un recuerdo vago y distante de vidas pasadas…

-Tu atención será para nosotras… Nya-

-No volveremos a dejarte solo, Issei-

-Bien, bien. ¿Lo habéis entendido?-

-Por supuesto… Aunque quizás seas quien no lo haya entendido?- sisearon las chicas al unísono.

-DxD-

Venelana miró a Zeoticus, su marido, sonriente. Sentados en los asientos del jardín, frente a ellos estaban Issei y sus sirvientas. El joven había renunciado a su forma adulta, quedando el niño de alborotado cabello castaño, recogido en una coleta baja, haciendo una leve reverencia, una disculpa. No pasó desapercibido el ropaje de las niñas. Vestidos cortos, ceñidos, claramente inadecuados y por la soltura con la que las llevaban, los Gremory entendieron que su hijo y esas jóvenes habían cruzado múltiples líneas rojas. Sus rostros relajados, las miradas atentas a su hijo… Venelana y Zeoticus sonrieron abiertamente, el vínculo de su hijo con esas dos sirvientas era fuerte, sano.

-¿Quieres volver a casa?-

-Si, por favor-

El matrimonio se miró unos instantes, antes de asentir complacidos.

-Hijo mío, esta es tu casa, nunca te irás, siempre podrás regresar- dijo el patriarca levantándose, colocando su mano en el hombro del niño –Has hecho bien. Te has caído pero te has levantado, rápido…-

Issei suspiró aliviado.

-Me he dejado cegar, padre…-

-Y quien no lo ha hecho, hijo mío…- agachándose frente a él –Tu hermano, yo mismo, tu abuelo… Todos hemos caído ante la presión, pero en eso consiste la grandeza. En la capacidad para afrontar la adversidad, en la capacidad para hacerle frente y mejorar, para alcanzar algo mayor por tus propios medios, en el momento y el tiempo adecuados… Elegidos por ti, realizado por ti, por tu propio esfuerzo y elección. La grandeza es la voluntad, hijo mío. Y solo un Gremory de verdad puede mirar a la responsabilidad que conlleva nuestro apellido, entender su valía, su importancia, su peso… Y levantarse. Desafiante, autoritario. Si alguna vez dudas de si eres o no eres un miembro real de esta familia piensa en que la mayoría no vuelven a levantarse…-

-…-

-Me complace mucho ver que has superado satisfactoriamente este nuevo reto… Aunque hayas tardado más de lo esperado… Respecto a tu petición. La deniego-

-¡!-

-No tienes necesidad alguna de regresar al mundo humano, hijo mío-

-¿Qué?-

-Los terrenos de tu familia albergan todo lo necesario para tu educación, la suya…- mirando a las chicas –Y de hecho, puede satisfacer completamente cualquier necesidad que pueda surgir con creces-

-¡Padre!-

-No, Issei. Esta es tu familia, son tus terrenos, ya va siendo hora de que vivas en ellos, te involucres, te comprometas… ¿Quieres libertad? Ya tienes una finca preparada cerca de vuestro centro educativo-

Kuroka alzó las cejas al escuchar centro educativo. Empezando a mirarlo con mala cara…

-Pero…-

-Tu hermana estudia en un internado, un centro para señoritas, dado que tienes siervas no haremos lo mismo, iréis a un centro académico pensado precisamente para eso, fomentar vínculos entre amo y esclavo… Pero es nuestros terrenos-

La decisión estaba tomada. Intentar alterarla podría comportar daños mayores a su independencia…

-Tampoco tienes que preocuparte por las jóvenes del mundo medio…- acercando unas carpetas de cuero hacia el joven, sobre la mesa –Salvoconductos. Para Irina Shidou, Akeno Himejima, Suzaku Himejima y la bruja tuya, la joven Pendragon… Todos firmados y autorizados. Con alguno más sin rellenar por si necesitas algo de discreción-

¿Discreción?

-¿Issei?- preguntó Venelana junto a ellos, sin mirarlo. Su mirada estaba fija en otra persona.

-¿Si, madre?-

-¿Quién es… esa es la youkai?- señalando a la morena que devolvió la mirada despreocupada.

-Ah… Es cierto… Es Kuroka, madre. La youkai de la que os hablé, la del acuerdo comercial…-

-¿Han aceptado? ¿Es mi nueva…- lo interrumpió la castaña.

Su atención absolutamente concentrada en la nekomata.

-Una nueva hija…- dijo Zeoticus sonriente, mirando como su esposa se movió veloz, envolviendo a la nekomata en un abrazo de oso, amenazando con romper la espalda de Kuroka de un abrazo, sacudiendo a la morena de lado a lado. Chillando como una colegiala -¿Lo haces por ellas?-

-En parte… Digamos que ellas me muestran… El camino, eso creo-

-¿O lo haces para posponer tus responsabilidades familiares?- preguntó con picardía.

-Bueeeeeno… Quizás un poco de todo…-

Zeoticus rio levemente, aliviado.

-Hijo mío-

-¿Si?-

-Sé que la gata te está dando problemas y que tienes más cosas en mente… Pero tu hermana te necesita-

-¿?-

-Lleva una semana en su habitación. Te necesita. Déjanos a tus sirvientas, nos gustaría hablar con ellas, conocerlas mejor-

Mirándolo con atención, rascándose la nuca, asintió levemente.

PAM

Algo se había colocado a su espalda. Girándose curioso, vio a la nekomata escondida tras él, gruñendo enfadada, enseñando sus dientes, la cola levantada.

-¿Qué pasa Kuro?-

-No pienso acercarme a esa mujer! Es un monstruo! Nya!-

-Kuro… Es mi madre-

-¡No, nya!-

Encogiéndose, se agarró a los hombros del dragón, clavando sus garras. De ahí no se iba a mover.

-Lavi, por favor…-

Oponiendo toda la resistencia posible, finalmente Kuroka acabó en los amorosos brazos de Lavinia.

-Kuro-chan, vamos, tienes una conversación pendiente con los señores-

-No quiero, nya! Mi amo es Ise! No esos ancianos decrépitos!-

-De eso precisamente, quieren hablar- sonrió la bruja contenta.

-¿Qué, nya?-

Encogiéndose de hombros, sin preguntar, Issei se marchó. Ahora mismo se le necesitaba en otro sitio…

-DxD-

Llamando a la puerta, Issei no esperó por una respuesta.

-¿No estarás haciendo cosillas sucias, verdad?- preguntó Issei asomando la cabeza.

La respuesta fue la almohada contra la puerta.

Abriendo la puerta por completo, se quedó quieto, mirando la cama.

-¿Mediodía y aun en la camaaaaaaaaaaaaaaaaaaa?-

-¡Déjame en paz! Burro!- protestó la pelirroja escondiéndose bajo las sabanas.

-¿Burro? ¿Cuándo he pasado de dragón a burro?-

-¡Zoquete! Insensible! Has abandonado a tu hermana!-

-Más bien tú me has abandonado a mí…-

-¿Cómo dicessssssssssssss?- chilló Rias asomando la cabeza. Parpadeando repetidamente.

Issei no… De repente lo vió. El niño se había colado bajo las sabanas y ascendía hacia ella peligrosamente rápido.

-¡Ah! No! No! Quita parasitoooooooooooooo!- intentando expulsarlo de la cama a patadas.

Horrorizada, se desplazó hacia el extremo de la cama intentando salir.

Unas manos tomaron sus pies, tirando de ella. Rias solo pudo chillar al sentirse succionaba bajo las sabanas.

-Hola preciosa, que ase?- sonrió Issei mirando a la cara a su hermana.

-Ni hola ni adiós! Humph!-

-Vamos, vamos…- acariciando su rostro –Lo siento… Lo siento, pero ya estoy aquí. Y esto no volverá a pasar-

Lentamente, Rias lo miró a los ojos, dubitativa.

-¿Dejarás a tus miserables esclavas?-

-De eso nada!-

Furiosa intentó escaparse de nuevo, Issei se lo impidió.

-Ellas cumplen un propósito. Y no te van a reemplazar idioten pibonen preciosen- susurró Issei besando su frente -¿Son importantes para mí? Sí. Pero no te reemplazan. Nadie puede reemplazarte-

-Dices eso para quitarme el enfado… Pero te volverás a ir…-

-Pues sí, sí, si-

-¡Idiota!-

-Digo que me vuelvo al mundo humano…- rio Issei manteniendo a la furiosa pelirroja entre sus brazos –Me llevo a las chicas al instituto. Vuelvo a la vida normal-

-¡!-

-Eso por supuesto hace que vuelva a venir a verte todos los días que tengas fiesta en tu internado para niñas pijas-

-¡Que no somos niñas pijas!- protestó Rias pegándose a su pecho -¿No volverás al castillo?-

-Hasta que esté acabado y nos podamos ir todos, no-

-¿Y volverás a prestarme atención?-

-Para nunca más mirar a otro lado!-

Poco a poco el enfado abandonó a Rias, pasando a mirarlo con la dulzura de siempre.

-Aneue…-

-¿Qué?-

-¿Cuánto tiempo llevas aquí encerrada?-

-Mucho… ¿Por qué?-

-Hueles-

Su rostro sonriente pasó a tener una tonalidad pálida, para empezar a sudar frio… y morir de la vergüenza.

-DxD-

Los ojos azules de Rias inspeccionaron detenidamente a las dos sirvientas de Issei. Las chicas eran guapas, femeninas. Desarrolladas. Internamente tomaba notas. Presuponía que las había vestido ellas, que ellas eran lo que su hermano buscaba en las mujeres…

-¿Has acabado de analizarlas?- preguntó Issei divertido, dejando la última maleta en el montón.

El equipaje estaba listo, podían volver a casa.

-Solo tomaba algunas notas mentales-

-Ya… ¿Quieres un sequito con chicas tan preciosas? Te advierto de que son raras de encontrar…-

-¿Chicas? Dirás chicos! Maromos! Tiarrones bien altos y musculados!-

Issei rio con fuerza.

-De eso nada! No temas, te traeré chicas y guapas y muy competentes-

-¿Para qué quiero yo chicas guapas?-

-Para que me sirvan también-

-¿Qué? ¿Qué mi sequito tiene que ser también tu harén? ¿No tienes bastante con las tuyas?- protestó Rias cruzándose de brazos. Dándole la espalda.

Un viejo truco. Una señal solo para ellos. Que solo ellos entendían… Al darle la espalda, Issei la abrazó, colocando sus manos sobre su vientre.

-Pensaba que si eras su Rey podrías cuidarlas cuando yo no estuviese…-

-Idiota. No voy a formar un equipo para que sea tu segundo harén!-

-No solo, dirás. Y tampoco sería el otro…-

-S-solo lo haré…-

-¿Mmm?-

-Solo lo haré si…-

-¿Mmm… Quieres negociar? Negociemos…-

La pelirroja giró el rostro lo suficiente como poder susurrarle al oído.

-Quien se case conmigo me tendrá a mí y a mis chicas-

-¡!-

Risueña, se separó de su hermano, caminando hacia atrás, sacándole la lengua juguetona antes de entrar corriendo en el castillo, avergonzada.

Por fin se lo había dicho…

-DxD-

La lujosa berlina se detuvo lentamente, quedando estacionada junto a un gigantesco bloque de pisos. Abriéndose una de las puertas traseras, una joven de media melena negra y ojos dorados se bajó con rapidez, inquieta, emocionada.

Sus ojos lo inspeccionaron todo, alzándose llena de admiración, hasta observar la imponente altitud del edificio.

-¿Todo es nuestro, nya?- preguntó, girándose, mirando a la pareja que la acompañaba, sacando algunas maletas del maletero.

Issei agradeció y se despidió del chofer, tomando algunas, caminando hacia la morena.

-Por supuesto que no, nosotros tenemos un piso, un dúplex, creo… Está en lo más alto, no lo más alto, pero arriba-

-¿Tu familia no lo puede comprar?-

-¿Para qué querríamos tener tanto, Kuroka-chan?- preguntó Lavinia cargando con sus cosas -¿Es espacioso?-

-Está pensado para que viva todo un equipo entero, imagínate- respondió Issei caminando por el pasillo que daba a la puerta principal, de cristal.

Al cruzar los pilares que daban a estas, un par de círculos mágicos escanearon sus cuerpos, abriendo las puertas.

-¿Qué ha sido eso, nya?-

-El sistema de seguridad, nadie que no sea propietario puede entrar… O al menos gente sin autorización…- respondió Issei alcanzando el ascensor.

-¿Entonces no tendremos visitas sorpresas, nya? ¿Estaremos solos?-

-Olvídate de eso. Toda mi familia puede entrar, incluidas mi hermana y cuñada…-

-Nyaaaaaa- protestó Kuroka volviéndose a la ventana del ascensor, mirando fascinada como este se elevaba, regalándole unas impresionantes vistas de la ciudad nocturna.

Lavinia se colocó junto a Issei, apoyando su cabeza en su hombro.

Recorriendo el pasillo a toda prisa, Kuroka abrió la puerta doble con su pase magnético.

Sus ojos se maravillaron con una enorme recepción. Decorada con múltiples sofás rodeando una mesa, con una imponte cristalera separando el piso de una amplia balconera.

Contenta, desapareció entre las paredes, inspeccionando todo el dúplex…

Después entraron el dragón y la bruja. Dejando las maletas en la recepción. Retirando la ligera chaqueta que llevaba Lavinia, colgándola en el recibidor.

Besando su mejilla, la bruja inspeccionó el piso. Era espacioso, nuevo, decorado con pretensión y ostentoso. Espacioso de sobras para todos.

-Entiendo que las habitaciones están arriba…- dijo Issei abriendo las puertas de la terraza.

En la primera planta estaba el comedor, la cocina y un baño con un par de habitaciones vacías. Unas escaleras daban a la planta superior, con un pasillo con media docena de puertas.

Kuroka las estaba abriendo todas.

-Ya he decidido cual será mi habitación!- exclamó Kuroka tirando sus zapatos, bajando las escaleras descalzas, acariciando el suelo de madera, contenta.

-¿Tu habitación? ¿No hay una matrimonial? La más grande-

-Sí, pero es la tuya, no? Nya… Yo quiero la del…-

Lavinia, risueña, tomó algunas de sus maletas, empezando a subir por las escaleras, buscando la que sería su habitación. Issei se lo impidió.

-Deja eso para más tarde… Lleva solo esa maleta y acomódate en nuestra habitación-

Lavinia abrió los ojos sorprendida.

-¿Nuestra habitación?-

-Dormiréis conmigo-

-¡!-

-¿No lo había dicho?- preguntó Issei con inocencia.

¿No lo había hecho?

Ruborizada tomó la maleta, empezando a subir las escaleras, mirando al chico de reojo.

-Bien… Ahora toca…- mirando el salón, no parecía que nadie hubiese venido. Ni siquiera Rias. Moviéndose con agilidad, dio con Kuroka en la terraza, era el lugar más fresco, con múltiples parterres con plantas y sombra… Sus instintos la servían bien.

Envolviendo su estrecha cintura con sus brazos, sorprendiendo a la nekomata.

-¡Nya!- chilló la morena viéndose alzada en el aire.

Issei la dejó en el suelo tras unas vueltas, dejando que se girase.

-Pensaba estarías inspeccionando nuestra habitación…-

Kuroka se sonrojó ante el "nuestra".

-A-ahora… Pensaba ir ahora… Nya…- susurró la belleza, cohibida -¿Cuál será mi habitación, la misma?-

-Negativo-

-¿Cuál, nya?-

Issei riño divertido. Sabía que lo había escuchado. Pero quería que se lo dijese personalmente…

-La mía-

-¡!-

-Tú y Lavi dormiréis conmigo. Aunque bueno, lo de dormir es relativo…- bajando su mano hasta su trasero, apretándolo son suavidad.

Kuroka se sonrojó aún más.

-Lavi te está esperando allí, hay algo que quiero hacer para celebrar nuestro regreso… Pero antes… Lo prometido es deuda- separándose extendiendo sus manos hacia la nekomata.

En cada mano había una pieza. El ultimo Alfil. Una Torre.

Incrédula, buscó una explicación en la mirada del dragón.

-Sea cual sea la decisión que tomes, tu formación será la misma. Por lo que lo único que te pido es que valores tu función para con tus hermanas, tu deber para con ellas-

-¡!-

Mirando las piezas, alzando su mano, sin llegar a tocarlas.

-¿Puedo escoger?-

-Por supuesto. Quiero que escojas tu posición en mi familia-

Llevándose una mano al pecho, Kuroka señaló la Torre.

-¿Estás segura?-

La nekomata asintió.

Haciendo desaparecer la pieza de Alfil, tomó la Torre entre sus dedos.

-Podrás tomar los estudios mágicos que quieras, preciosa. Tu función en el equipo será la de defender a tus hermanas… ¿Estás de acuerdo?-

-T-tengo mucho por lo que pelear… Defender, nya…-

-Como desees, preciosa- acercándose a ella, lentamente. Pasando una mano por su cintura, colocando la pieza en su pecho.

Bajo ellos se formó el círculo mágico de la familia Gremory.

-Última oportunidad, preciosa-

-Quiero estar contigo toda mi vida, nya- empujando la mano del dragón, tomando sus labios al mismo tiempo.

La pieza se introdujo en su cuerpo, alterando su química, su genética.

La sensitiva nekomata extendió sus orejas, su cola, sintiendo como toda su piel se erizaba. Siendo mucho más consciente de lo que le rodeaba. Sus sentidos se agudizaron aún más… Estremeciéndose al percibir al dragón junto a ella. Una presencia dominante, intoxicante.

Su amo…

-¿Cómo te encuentras, Kuro?- susurró Issei acariciando el hermoso rostro de Kuroka.

Relamiéndose los labios, coqueta, sus ojos amarillos fijos en su semental… La respuesta a la pregunta fue su lengua metida hasta la garganta…

Kuroka abrió la puerta del dormitorio, cerrando a su paso. Sonrojada, contenta.

Su cola se movía a lado y lado.

Centrándose, volvió su vista al frente. Su amo la esperaba… Había dicho que algo la esperaba en el dormitorio. Algo que la esperaba junto o con su "hermana".

Curiosa, vio a Lavinia de pie frente a la cama.

Acercándose a ella vio dos vestidos sobre la cama. Si aquello podía ser llamados vestidos…

Kuroka se relamió los dientes, juguetona.

Vestido con su traje negro, Issei se sirvió una copa. Había renunciado a lucir como un niño, pero no en todas las circunstancias… Y esa la requería.

Escuchando pasos tras él, se dio la vuelta, apoyándose en la mesa. Aplaudiendo suavemente.

-C'est magnifique!-

Kuroka, con un vestido negro, rodeaba su cuello y caía hasta sus rodillas, dos cascadas que se tocaban en el vientre mostrando parte de sus pechos, grandes aperturas en los laterales desde su cintura.

Lavinia, de blanco, su ceñido vestido abrazaba sus curvas, muy corto, apenas cubría su trasero. Una considerable ventana mostraba su profundo y atrevido escote.

Calzando delicados zapatos a juego, se acercaron al dragón.

-¿Y esto, nya?-

-Francamente sencillo, vamos a celebrar que hemos regresado a casa!-

Las chicas se miraron con curiosidad.

Kuroka miraba fascinada por la ventanilla del vehículo. Luces, gente en movimiento… Nunca había visto algo así.

-La noche… Tan atractiva como peligrosa- siseó el dragón –La oscuridad de la noche ofrece cobijo a todo tipo de criaturas, no te dejes seducir, preciosa-

-¿Criaturas? ¿Hablas de youkai?- preguntó la morena girándose, frunciendo el cejo.

Issei estaba relajado en el asiento central del vehículo particular de la familia. Junto a él, pegado a él, prácticamente sobre él, estaba Lavinia.

La mano del dragón sobre su trasero, habiendo levantando su ridículo vestido, amasaba su carne con total tranquilidad. Esta masajeaba su pecho relajada.

-No solo… Quizás el hombre sea el mayor monstruo que hay… Sabes, hace mucho Dios cubrió el mundo con luz. Esa luz era dañina para todas las criaturas malignas, la temían, todo aquel que tuviese malas intenciones según su criterio, ardía bajo su luz… Pero ni siquiera el dios bíblico podía mantener semejante bendición en una tierra tan grande… Y esas criaturas encontraron su momento en la noche. Las perversiones del humano, licántropos, vampiros, fantasmas, incluso dragones… La noche esconde incontables peligros bajo las formas más insospechadas…-

-Entonces es mucho más interesante que el día, nya-

-Puede. El día es hermoso, la noche misteriosa… Quédate en la luz, preciosa mía. No quiero mal alguno para ti. Que la curiosidad no mate al gato, Kuroka-

-¿Estas preocupado por mí, nya?-

-Mucho-

Satisfecha, se colocó a su otro costado, metiendo la mano del chico bajo su vestido, tomando su rostro entre sus manos, besándolo con pasión.

Tenía que coger más ese coche…

En otras condiciones quizás se habrían sentido ofendidas. Era evidente que al bajar del vehículo y recorrer la acera, entrar en el restaurante con esos vestidos iban a llamar la atención.

Mujeres objeto. Trofeos.

Algo increíblemente curioso. Él aparentaba ser un adulto, un joven adulto. Apenas alcanzando la veintena. Sus manos acariciaban sin vergüenza alguna los glúteos de dos niñas. Dos jóvenes entrando en la adolescencia. Dos niñas vestidas cual objeto sexual. Y nadie decía nada. Nadie les juzgaba, ni siquiera lo contemplaban. Era lo más normal del mundo…

Jóvenes esclavas sexuales. Todos los barones lo miraban con empatía, orgullo incluso envidia. Las mujeres, celosas, recordaban tiempos pasados…

Nada más lejos. Su amo no quería que llamasen la atención, no quería presumir. Celoso y protector, las llevó a un salón privado. No miraba a otras mujeres, no estaba interesado en nadie más, solo las quería a ellas, para él y solo para él. Sabiéndose el centro de su atención, Kuroka y Lavinia se relajaron, sentándose contentas en su mesa redonda.

En esa sala no había dueños, siervos, esclavos… Solo amantes. Eso era lo que pedía, eso le iban a dar.

-Kuro, te sientes cómoda en sitios así?- preguntó Issei tomando una mano de cada chica, comprobando que todo estaba correcto.

-Nya… Todo es tan distinto…-

-¿El Reino del Este no está en Kanto? Eso está cerca de la capital… ¿no?- pregunto Lavinia.

-Por estar cerca de la capital teníamos muchas cosas… Algunos de los nuestros trabajan en los puertos… Pero teníamos prohibido interactuar con ellos… Con los humanos-

Un camarero trajo varias botellas de vino, empezando a servirles.

-El líder de la aldea pensaba como nuestro amo, no nos quería exponer a esos peligros, nya-

-Y recordar que los Nakiri operan en Tokio…- dijo Issei.

-Quería preguntar, Kuro-chan, porque los youkai y los shinto os lleváis tan mal?- preguntó Lavinia tomando su copa.

Kuroka le dio un sorbo a su bebida, ladeando la cabeza extrañada, pero complacida.

-Buen brebaje, este, nya-

-Es vino. Alcohol-

-Esta bueno… ¿Puedo beber esto? Esa gata anciana se pondría a chillar como una loca si me viese tomar esto…-

-Buena pregunta…- murmuró Issei mirando su copa –No sois menos que yo. Todo lo que haga yo lo podéis hacer vosotras, aunque espero que tengáis claro que muchos de mis excesos requieren moderación… Si, Kuro, no te prohibiré nada. Siempre que pueda confiar en que serás sensata… Recuerda que eres parte de mi familia, que ahora somos familia… Lo que hagas repercute en nosotros, además… Sería muy hipócrita por mi parte no dejarte beber alcohol después de ver cómo te tragas mi semen- respondió Issei alzando su copa.

-Cierto, nya…- sonrojada -¿Y qué quieres hacerme cuando esté borracha?-

-Exactamente lo mismo que os haría sin estar bebidas. Romper la cama-

Balbuceando algo, se centró en la rubia.

-No lo sé, nya. Nunca me ha interesado el tema… Los ancianos contaban historias, de dioses y creencias… Pero siempre nos decían que nos mantuviésemos alejados de ellos, nya… Nunca he conocido a ninguno-

-Qué mal…- susurró Lavinia.

-Y tu vienes de… Otra dimensión, nya?-

-No. No. Nací en este mundo, en Italia, en Europa… Muy lejos de aquí…- respondió la rubia mirando su copa. Pasando a mirar a la morena, decidida -Mi poder se desbordó y asesiné a mis padres… Una bruja de Oz me encontró y me llevó a su casa… En el Reino Mágico de Oz-

Kuroka dejó su copa, mirando nerviosa a Issei, que negó con la cabeza.

-Yo no quería… Nya…-

-No pasa nada. He querido decírtelo. Ahora eres mi hermana, mi familia, tienes que saberlo- sonrió Lavinia –Issei me ha dicho que te atrae el poder, haré todo lo posible para que mi experiencia te sirva de ejemplo…-

-¿Q-que poder, nya?-

-Una Longinus. El poder del hielo-

Kuroka la miró con una renovada curiosidad.

-¿Y no puedes controlarlo?-

-Cuando sufro de intensas emociones no… Ya la conoces. La enorme muñeca de hielo…-

-¡!-

Asustada miró a Issei.

-¿No aparecerá mientras duermo, no?-

-Si no te portas bien con ella lo mismo la muñeca se aparezca de noche, mientras dormís… Y te convierta en un cubo de hielo, un precioso cubo de hielo-

-¡!-

Issei rió divertido.

-La pieza demoniaca la mantiene sellada- respondió Lavinia divertida -¿Asustada?-

-Yo no le tengo miedo a nada, nya…-

-Que más podría contarte… Oz es un Reino muy diferente a todo lo visto hasta ahora… Excéntrico seria la palabra…- añadió la rubia acabándose su copa, Issei le sirvió otra –Aunque quizás no sea muy diferente de tu Reino, podrías visitarlo algún día!-

El camarero trajo sus pedidos.

Kuroka miró su plato, con curiosidad.

-Por norma general solemos hacernos nosotros mismos la comida… Pero podemos pedir un cocinero si tienes un paladar exigente- dijo Issei mirando a Lavinia con complicidad.

-¿P-puedo comer cosas así cada día, nya?-

-Claro- respondió la bruja empezando a comer.

Kuroka sonrió emocionada.

-Si te lo trabajas- añadió Issei.

-¿Q-que significa eso?-

-Haz lo que te digo y llenaré tu panza con todo tipo de comidas deliciosas- respondió el demonio llevándose el tenedor a la boca.

-Nyaaaaaa… Eso suena muy molesto…- gruñó la nekomata.

Horas más tarde, los demonios abandonaron el restaurante. Caminando con torpeza, Issei las introdujo en la berlina familiar. Dándole instrucciones al chofer de regresar a casa, subió el cristal negro que separaba la cabina del habitáculo. Tomando una copa del mueblebar integrado en el habitáculo.

Remangándose la camisa, se relamió los dedos al ver el espectáculo frente a él.

Sentadas, sonrojadas y semidesnudas. Lavinia y Kuroka lo miraban con lascivia.

Acercándose a ellas, coló sus manos entre sus piernas, besando a una, luego a la otra. Devorando sus labios, masajeando sus sexos.

Extasiadas, sus esclavas susurraban su nombre, excitadas.

-Daos la vuelta- ordenó Issei, serio.

Divertidas, se colocaron de rodillas, apoyándose en el reposacabezas, observando la calle desde el cristal trasero.

Inspirando profundamente, Issei retiró las ridículamente pequeñas prendas que llevaban sus chicas, dejándolas a medio muslo, acariciando un trasero, luego el otro.

Sin previa advertencia introdujo los índices en cada una de las chicas, lentamente.

Lavinia y Kuroka gimieron suavemente.

Moviéndose lentamente, pasó a meter dos dedos en sus sexos. Apretadas, dos fuentes… Eso era lo que eran… Y apenas podía esperar al momento de poder meter su miembro dentro de sus esclavas.

Perdiendo la paciencia, Issei los transportó a todos.

Lavinia estaba perdiendo la cordura.

Desnuda. Sentada en su cama, apoyándose en la cabecera, gimiendo profundamente. Incapaz de concentrarse en nada. Issei, sosteniendo sus muslos, saboreaba cada rincón del coñito de la bruja, bebiendo sediento sus líquidos. Kuroka estaba en su mundo, apoyada en los muslos del dragón, golpeaba con todas sus fuerzas su cadera contra la de su amo. Buscando metérselo más y más adentro, más rápido, más fuerte…

Mordiendo su almohada, Lavinia agradecía a quien fuese que su amo la conociese tan bien. Con el trasero levantando, aguantaba como podía las embestidas de su amante. La conocía tan bien, conocía su cuerpo tan bien que la hacía correrse con una facilidad insultante, fascinantemente rápido, intenso y placentero.

Besando a Kuroka, metiendo tres dedos en su sexo, masturbándola con fuerza.

Kuroka chilló en la boca del castaño, temblando en sus manos.

Lavinia ahogó un gemido, mordiendo con fuerza.

Jadeando, sacó su miembro del interior de Lavinia, abriendo su sexo, sonriendo al ver como un hilo blanquecino salía de sus labios.

Agarrando a la morena del cabello, bajó su cabeza. Kuroka se inclinó obediente, metiéndose el miembro en su hambrienta boca.

Disfrutando enormemente, abrió los ojos al sentir otro contacto.

Lavinia, Kuroka, ambas arrodilladas frente a él, trabajando en equipo. Alternando la mamada. Mientras una succionaba la punta la otra lamia el costado…

Tomándolas del cabello, las chicas sonrieron, lamiendo con velocidad la punta… Chillando divertidas al sentir chorros calientes golpear sus rostros.

Intentando capturarlos con sus labios, limpiaron el miembro lentamente. Fijándose la una en la otra, lamiendo el rostro de la otra, almacenando el semen en sus bocas, intercambiándolos con un húmedo beso.

-Que le jodan a dios… Esto es el paraíso…-


-Al día siguiente-

PIPIPI PI PI PIPIPIIIIIIIIIIIIIIII

Gruñendo molesto, alzó la mano para tomar el despertador… Y lanzarlo contra la pared. No hubo ruido de impacto. Dormido, no se percató. Cómodo, volvió a acariciar la espalda de alguna de las chicas, no sabía cuál…

RASH

Las sabanas fueron apartadas de golpe.

-¡!-

Adormilado, abrió los ojos, confundido.

Las cortinas se abrieron de repente, dejando entrar toda la luz del sol, golpeando directamente en el rostro del dragón.

-¿Qué cojones…?-

Un peso se subió a la cama, quedando frente a ellos.

Intentando obtener una imagen clara, Issei enfocó al frente…

-¡ARRIBA!- chilló una voz femenina, una voz que reconocería en cualquier lado -¿NO HABEIS ESCUCHADO EL DESPERTADOR? ARRIBA!-

Rias Gremory, vestida con su uniforme escolar, los despertó con una mirada dura y los brazos en jarra.

-¡Desde hoy yo me encargaré de…-

Tomándola de la mano, Issei se echó a su hermana contra el pecho. Lavinia los cubrió con las sabanas. Kuroka se levantó a cerrar las cortinas antes de volver a la cama.

-¡ARRIBA!

-DxD-

Kuroka apenas se mantenía despierta. Eso sacaba de quicio a la pelirroja que, encabezando la mesa, golpeaba rítmicamente la mesa con sus dedos. Issei y Lavinia se movían entre fogones, entre caricias y besos… Eso aun la irritaba más.

-Desayuno de princesa para mi adorable hermana…- dijo el castaño dejando un plato frente a la pelirroja –Desayuno oriental con pescadito crudo para mi preciosa gatita…- dejando otro plato frente a Kuroka.

La nekomata empezó a babear, moviendo la cola contenta.

-¿Te he dicho lo mucho que te quiero, nya?-

-Jajajaja… Que aproveche, chicas-

-Que aproveche!-

-Pues como iba diciendo… ¡Régimen de entrenamiento!-

-Ne, ne… ¿Quién es esta, nya?-

Rias alzó una ceja, molesta.

-Esta, gata doméstica, es la preciosidad que te puede convertir a ti en una gata callejera- respondió Rias.

-¿Qué?-

-Vamos, vamos…- intervino Lavinia mirando a las chicas.

-Ella, Kuroka, es mi hermana mayor-

-¿Hermana mayor… Nya? No me gusta-

-No te tengo que gustar! Solo tienes que hacerme caso!-

-No tengo que hacer eso! Nya! ¿No te lo han dicho tus padres? Nos debemos solo a Issei!-

-¿?-

Los Gremory la miraron sorprendidos.

-Mi hermana es una preciosidad inteligente y dedicada. Sería sensato escuchar su opinión- dijo Issei bebiéndose el café de una tirada, levantándose a por más.

-Consumes mucho café, otouto-

-Nah, solo te lo parece-

-Pues… He ideado un plan de entrenamiento para todos!- exclamó Rias con energías renovadas.

-No me gusta estudiar…- gruñó Kuroka.

-El trabajo físico no es lo mío…- añadió Lavinia.

-El trabajo en si no es lo mío- continuó Issei, en su silla, café en mano.

A Rias le tembló la ceja, intentando contener su frustración.

-Relájate, hermanita. Lo tengo todo controlado-

-¿Ah, sí? Ilústrame entonces. ¿Cómo vas a gestionar esto?-

-Simple. Las dos me acompañaran en mis rutinas diarias. Tenemos un gimnasio abajo… Lavi estudiará en Grauzeuberer, la gatita va a flipar en manos de alguien que la conoce… Y el resto del tiempo se lo echaremos a los entrenamientos holográficos-

Lavinia y Kuroka fruncieron el cejo al escuchar "rutinas matinales". Sabían de qué hablaba. Correr y ejercicios.

-Un momento… ¿Qué es eso de holograma?- preguntó Lavinia.

Issei sonrió perversamente.

-DxD-

-Muy bien chicas! Kuro ya ha estado aquí pero… Os presento el segundo lugar donde paso más tiempo tras la cama. El campo de entrenamiento!- proclamó Issei extendiendo sus brazos.

Las tres chicas, vestidas con mallas y tops deportivos, lo miraron con seriedad.

-Madre me ha hablado de esto… pero no lo he probado- murmuró Rias con curiosidad, mirando a lado y lado. No parecía nada especialmente destacable.

-Hay una serie de cosas que tenéis que tener en cuenta… La primera, un campo de fuerza rodea la sala una vez activado el programa. Dudo que podáis sobrepasarlo, podéis despacharos a voluntad. Segundo, no puedes morir, al menos por las heridas provocadas por el holograma. Sentiréis el daño, pero no será real, solo estimula el sistema nervioso… Y tercero, podéis pelear, las veces que queráis, con cualquier registro de la base de datos. Finalmente mencionar que se pueden ajustar niveles de dificultad y hacer que el programa se reprograme con vuestros progresos. Por ejemplo, no podréis usar la misma táctica dos veces seguidas…-

-Vaya…-

-Hermanita. Si me haces los honores…- señalando con su mano el centro del campo.

Alzando una ceja, segura de sí misma, Rias se plantó en el centro.

-Este panel lo controla…- tecleando en el pilar antes de ver como se enterraba en el suelo para no obstaculizar.

-¿Y qué programas tiene?- preguntó Rias viendo cómo se formaba un holograma frente a ella.

Un holograma en forma de Issei.

-¿Eres tu otouto? Que adorable! Es muy realista!- exclamó la pelirroja emocionada.

-¿Lista?-

-Oh… Esto tiene mucho potencial! Podríamos practicar…-

PAM

Moviéndose veloz, el holograma estampó su puño en el vientre de la demonio, enviándola contra la pared.

-Nyaaaaa! Eso ha tenido que doler!-

-Ria-tan! Espabilaaaaaa! Te recuerdo que eres mejor que yo!- la animó Issei desde un rincón.

-E-eso ha sido… Eso ha sido un ataque a traición!- protestó la pelirroja levantándose, avanzando hacia el holograma -¡No volverá a pasar!-

Convocando la espada, Rias se asustó.

Avanzando hacia ella, de dos cortes cercenó sus brazos, golpeando con la vaina la cabeza.

Rias cayó al suelo redonda.

Incorporándose, empezó a llorar.

Sosteniendo su bastón con fuerza, Lavinia levantó un escudo frente a ella. Recibiendo el ataque, girándolo, golpeó el suelo con él, creando decenas de pilares de piedra que volaron hacia Matters.

Moviendo su mano, los pilares pasaron a ser arenas que se dispersó en el viento. Señalándola con el índice, un relámpago golpeó el cuerpo de la bruja.

Rodando por el suelo, se levantó a duras penas.

Al alzar la mirada vio una enorme esfera de fuego caer sobre ella.

Cerrando el holograma, Issei vio a la rubia echando humo, tirada en el suelo.

Rascándose la frente, Issei suspiró pesadamente.

Surtr estaba sacudiendo de lado a lado a Kuroka, sostenida por la cola…

-Basta, baaaaasta!- chilló Issei finalizando el programa, caminando hasta una llorosa nekomata, tomándola en brazos, dejándola junto a las demás.

Tres hermosas diosas maltrechas y llorosas. Agachándose frente a ellas, las miró con afecto.

-Esto es lo más cercano a la batalla real. Yo mismo he estado en vuestra posiciones incontables veces… No os desaniméis y nunca, nunca cometáis el error de pensar que si superáis esto estaréis preparadas para todo… Y hermanita. ¿Crees que será suficiente?-

-Isseeeeeee!- lloró la pelirroja abrazando a su hermano.

-Muy bien… Dicho esto… No os olvidéis de varias cosas. Tenéis en vuestro interior mis piezas demoniacas, eso os confiere ciertos poderes, habilidades, ventajas, ventajas que tenéis que tener en cuenta, así como ventajas que también tendrán algunos enemigos, como el de Lavi o Kuro… Y más importante, trabajaremos en equipo. Siempre!-

-¡!-

-En los próximos años trabajaremos múltiples disciplinas. El entrenamiento básico, ejercicio físico, sin grandes machaques, os lo prometo… Cultura general, para vuestro propio beneficio. Cultura específica, aprenderéis todo lo que os beneficie como demonios, como esclavos en el campo de batalla. Duelos individuales, aprenderéis a defenderos y a realizar encuentros de forma individual, hay juegos que son de jugador versus jugador y aunque no lo quiera, puede que algún día os tengáis que enfrentar a un enemigo solas y finalmente, MUCHO TRABAJO EN EQUIPO. Y no solo en duelos, también en convivencia. Quiero que os conozcáis, que haya automatismos establecidos…-

-Eso es mucho, nya…-

-Y para ellos tenemos toda una vida por delante- sonrió Issei –No os considero mis esclavas, sois mis novias. Obligaciones académicas y demoniacas, estas mediante los contratos demoniacos que aún no os exigiré… El resto del tiempo es libre para vuestro uso y disfrute. Me gustaría que lo usaseis con vuestras hermanas y conmigo, pero eso os lo dejo a vosotras- acariciando el cabello de su hermana mayor –Ahora id a prepararos…-

-¿Prepararnos para qué? Nya… Quiero dormir…-

Issei sonrió con maldad…


-Días más tarde-

Cerrando la carpeta, la directora del centro ladeó su silla, mirando vagamente por la ventana.

-Es una apuesta arriesgada… No puedo decir que lo apruebo, Venelana-

Sonriente, Venelana Gremory la observó sin alterarse lo más mínimo. Sentada frente a la rectora del centro educativo.

-¿No ha cumplido con las expectativas? ¿No da la talla para estudiar aquí?-

La instructora frunció levemente el cejo, molesta. Mirando instintivamente la carpeta sobre la mesa de caoba marrón.

-No insultes a mi inteligencia. Posee el gen draconiano. El más puro hasta la fecha. Este le hace inteligente y poderoso. No hay manera de que no apruebe, de forma brillante, nuestras pruebas de ingreso… Pero esto va más allá-

-¿Cuál es el problema entonces?-

-Tu hijo mayor sigue manteniendo los mayores registros de su academia, tu hija tiene opciones de igualarle en su centro particular para doncellas. Entiendo que quieras que tu tercer hijo marque historia en el tercer y último centro de prestigio en el Inframundo. Tampoco voy a preguntar de donde ha salido ese gen draconiaco en tu hijo pero si diré una cosa. Los dragones son seres codiciosos, propensos a la ira. No creo que ello contrarreste el añadir a la más y mayor herramienta de guerra a tu familia…-

Venelana no cedió un ápice de su sonrisa.

-Ese niño es una apuesta que tanto puede llevar a tu familia al éxito… Como a la ruina-

Venelana rio divertida.

-No sé qué hace tanta gracia, tu confianza y seguridad están teñidas por tus sentimientos maternales por ese crio pero yo soy responsable del futuro del Inframundo. Sabes lo complicado que es tener hijos en nuestro mundo, esos hijos, el futuro de nuestra especie se reúne en tres centros, este es uno, una de las semillas de la esperanza… ¿Por qué debería arriesgar esa semilla por tu hijo?-

-Es comprensible tu preocupación, mi marido y yo respetamos tu trabajo, tu labor y tu dedicación para con el Inframundo, precisamente por eso, hemos traído a nuestro hijo menor a tu centro. Lejos de querer poner en peligro el Inframundo queremos hacer lo opuesto, asegurarlo-

La directora apoyó su mentón en su puño.

-Adularme no te servirá de nada, Venelana… ¿Cuánto hace que nos conocemos?-

-Lo suficiente como para que una niña reconozca cuando otra niña descarga su miedo en la otra-

-Ya no somos niñas que corren por el campo, persiguiendo hadas y hablando de chismes…-

-Mi hijo es excepcional. Hemos tomado medidas, o mejor dicho, mi hija ha tomado medidas…-

La demonio la miró interesada.

-He oído que tus hijos menores están muy unidos-

-Se quieren, si-

-He dicho MUY unidos, Venelana- insistió la directora.

La castaña solo sonrió con más fuerza.

-Los rumores vuelan, y cada vez son más originales… Y esos rumores me hacen preguntarme… ¿De dónde ha salido ese gen draconiano?-

Venelana no respondió.

-¿Acaso intentas unir el gen draconiaco al Poder de la Destrucción en tu casa?-

-…-

-Semejantes dones bajo el estandarte de la familia Gremory… Es un riesgo importante. Te expones a que las demás familias hagan movimientos… Ciñámonos a lo que importa. Tu hijo menor y sus peligros innatos… Con esa genética…- mirando a su antigua amiga divertida –Nadie cuestiona su desempeño. Yo por lo menos no tengo la menor duda de que su sangre lo empujará más lejos que nadie… El ojo del dragón, las alas del dragón, la garra del dragón… Secretos y técnicas que aquí enseñamos durante cientos de años de estricto entrenamiento…- la demonio suspiró pesadamente -No he leído que haya registros de su encantamiento. Pero si de su capacidad para mejorar tras cada experiencia, por lo que su sangre está parcialmente despierta… ¿Cómo habéis contenido parte de sus poderes?-

-¿Te preocupa que mi hijo sea disfuncional?-

-Me preocupan muchas cosas de tu hijo. O me aclaras como habéis contenido ese peligro potencial o me veré obligada a expulsar a tu hijo menor, Venelana, y no me importará tener que ir a discutirme con tu hijo mayor si es necesario-

Asintiendo levemente, la castaña procedió.

-El gen draconiano de mi hijo se rige bajo el patrón del pecado de la lujuria, Zestis-

La directora la miró sorprendida.

-¿No has dicho que tu hija había tomado… Venelana, por los cuernos de Satán!-

-Eso es cosa de mi hija, respetamos sus decisiones… Y ella ni esta ni estará aquí. Te interesa más saber que quizás por no ser un demonio puro, quizás por la sangre de mi familia por sus venas, su pecado está condicionado, Zestis-

-¿Condicionado a que?-

-Las chicas que tiene como sirvientas son más que eso. Son suyas, para él, por él-

La directora la miró con curiosidad, intentando desentrañar el significado de sus palabras.

-Lo sabrás cuando los trates-

El silencio se interpuso entre ellos, incomodo, frio, distante.

-Dos chicas que pronto serán más, tan exóticas como capaces. Ellas serán tu garantía, mi hijo son ellas, ellas son mi hijo. No podrás controlar a mi hijo si no las controlas a ellas, no podrás controlarlas a ellas si no lo controlas a él-

Su labor esa enseñar, transmitir conocimientos. Y había escuchado de cosas similares.

-Muy bien, Venelana… No voy a quedarme a un lado, sentarme para tener que escuchar como otros presumen de haber dado con el siguiente prodigio de nuestra sociedad…-

-¿Sigues lamentando no haber formado a Sirzechs?-

-Ninguno de los Maou es alumno mío y eso me irrita profundamente-

-Pero tienes al Campeón en tu lista…-

-Le acepto en mi centro con dos condiciones!-

-Te escucho-

-Quiero un equipo para él, lo más numeroso posible. Sin piezas dobles-

-Estamos en ello. ¿Cuál es la otra?-

-Sus piezas, cuales son-

-Un Alfil y una Torre-

-Inaceptable. Quiero una Reina. La auténtica ancla que lo mantenga firme. Sin Reina no acepto creer que pueda estar controlado-

Venelana sonrió feliz.

-Me pondré con ello… Si tanto insistes-

-DxD-

De pie en su dormitorio compartido, suspiró suavemente al sentir los dedos de su amo acariciar sus piernas. Colocando sus medias blancas, aseguró la falda, acabando de abrochar todos los botones, pasando su cabello por su espalda.

Issei se incorporó, observando su obra.

Lavinia Reni estaba vestida con su nuevo uniforme escolar. Una escuela privada del Inframundo, en la principal ciudad del dominio familiar.

-Simplemente preciosa, perfecta-

Complacida, lo besó dulcemente en los labios.

-Y para acabar de endulzar este día, te espera un delicioso desayuno en el salón- indicó Issei acariciando su rostro –Un banquete, suculento y muy dulce- exageró el castaño mirando hacia la cama.

La cola negra se movía tímidamente.

-Si alguien más quiere ponerse este odioso uniforme escolar podría probar esos manjares…-

La cola se movió más rápido.

-Nyaaaaa… Porque…- gruñó Kuroka cabizbaja, girándose, dándole la espalda al centro escolar.

Issei alzó una mirada, mirando su uniforme. La falda más corta de lo normal, calentadores en las piernas, la camisa con muchos botones sueltos… Se veía claramente su ombligo y el valle de sus senos.

Luego habría queja seguro.

Lavinia por su parte cumplía con el reglamento a rajatabla. Aunque su uniforme no estaba pensado para esas medidas…

-No te quejes! Que sepas que mis padres querían enviarte a un colegio internado! ¿Te sientes con ánimos de estar encerrada en un dormitorio para chicas? Porque en su lugar estamos aquí, juntitos. Piensa en ello-

-Te agradecería no tener que estudiar, nya…-

Issei la ignoró.

-Lavi, perdóname, quizás esto no sea mucho mejor que lo que tenías pensado pero…-

-Poder volver a clase es suficiente… Y estas conmigo!-

Lavinia era un encanto. Aunque si era verdad, él quería que tuviese que tuviese estudios mejores, en algún centro elitista y no tener que verse arrastrada por él y la gata…

-Suficiente para ti, mas no para mí. No hace falta que te inscribas en ningún club extracurricular-

-¿Por qué? ¿Serviré como esclava por las tardes?-

-No, negativo… Intentaré que McGregor pueda darte clases particulares…-

Lavinia lo miró incrédula.

-¿Un profesor particular? ¿Y yo que? Nya! Aquí que no haya favoritismos!-

-¿Favoritismos? Pero si me paso el día salvando tu culo! ¿De que estas hablando?-

-Yo quiero profesor particular! Nya!-

-No me tientas, gatita. Tú tienes a uno esperando, con muchas ganas de darte caña esperándote impaciente! Y te advierto, te tienes ganas!-

-¿De quién hablas, nya?- preguntó Kuroka animada, moviendo la cola a lado y lado.

-Te lo diré en su debido momento-

-¿Qué? Quiero saberlo ahora, nya! Dime! Dime!-

-Ejem-

Curioso, Issei se giró. Tras ellos había una demonio, alta, delgada, anciana. Vestida con un traje negro, ceñido.

-El joven Gremory, presumo-

La voz, fría, autoritaria… Pasó sin pena ni gloria por los oídos de Issei y Kuroka.

-Su madre me escribió. Lo estábamos esperando- mirando a las jóvenes a su lado.

Esgrimiendo una mueca de disgusto. Inspeccionando su apariencia. Entendía, claramente, cuál era la relación entre ellos.

Un joven noble. Gobernado por las hormonas, seducido por los placeres carnales, reclutando jóvenes bellezas con las que satisfacer dichos impulsos.

-Si puede hacer el favor de seguirme…- sugirió la demonio, girándose, empezando a caminar con ligereza. Adentrándose en los confines del centro educativo.

No tardarían mucho en llegar a un pabellón gigantesco… y vacío. Apenas unas cuantas sillas colocadas en filas frente a un atril con un micrófono. Un enorme letrero con el emblema de la academia tras este.

Las sillas estaban colocadas con intención. Una delante, otra en diagonal tras esta, el resto en fila detrás.

Entendía que eran los asientos del Rey, la Reina… y el resto.

Asimismo, algunas ya estaban ocupadas, quedando solo una hilera vacante.

Cuatro demonios, tres varones y una mujer. Casi todas las piezas ocupadas.

Entre risas y miradas burlonas hablaron entre ellos, con susurros. Lejos de amedrentarse, Issei tomó una de las sillas tras la suya, desplazando asimismo la de la Reina y las colocó en paralelo a la suya.

Ni corto ni perezoso se sentó en el centro, palmeando las sillas con sus manos.

-Vamos, vamos, quiero a mis chicas bien cerquita!-

Los jóvenes demonios rieron con fuerza, la directora lo miró con mala cara, mas no dijo nada.

-¿Tú eres el hermano del Maou Lucifer?- preguntó uno de ellos, para diversión del resto.

Issei se giró, mirando hacia atrás.

-¿Me hablas a mí?-

-Había escuchado que el hijo menor de los Gremory no había herededo el glamour de sus hermanos mayores… En especial el de su hermanita ma…-

CLANC

-¡!-

Una hoja se detuvo frente a sus ojos, cortando la piel de su tabique nasal.

Los dedos arrugados de la anciana detuvieron la hoja a tiempo.

-Somos demonios, esos nos confiere una mentalidad más amplia… Pero os recuerdo que la población del Inframundo es escasa. Os ruego que no reduzcáis más esa cifra- dijo la anciana mirando al joven dragón –Conozco de vuestros juramentos… ¿Defendiendo el honor de tu hermana?-

-Si la vuelve a nombrar…- siseó Issei sin dejar de mirar al joven.

La hoja empezó a brillar, empujando contra el rostro del demonio.

La directora usó la otra mano para tomar la hoja, apartarla a la fuerza.

-Vuelve a mirarla, hablar de ella… Pensar en ella y pasaré por encima de la directora, tu madre o el mismísimo Satán para hacerte trizas, saco de mierda!-

El demonio se levantó furioso, tocándose la cara, viendo sus manos manchadas de sangre. Retrocediendo unos pasos, sus siervos dieron un paso al frente.

Lavinia y Kuroka se interpusieron entre ellos.

La directora asintió complacida.

-Buen espíritu… Y buenos sirvientes… Ahora sentaos, TODOS! YA!- rugió la anciana, llamando la atención de los jóvenes.

Dándoles la espalda, se acercó al estrado.

-Los demonios son más fuertes, rápidos, resistentes que la mayoría de mortales. Dotados con innumerables dones y habilidades especiales, se alcanzó el apogeo durante el gobierno de los Primeros Satanes. Ese poderío militar se puso a prueba contra nuestro enemigo natural, los ángeles. Seres que por pura ironía, comparten esas excepcionales características… Las bajas fueron catastróficas. Se perdieron millones de vidas… Y entendimos que no podíamos volver a confiar en la superioridad numérica. Que debíamos formar más y mejor a nuestros ciudadanos para hacer lo que sus compañeros muertos deberían de hacer. Las academias Lilith se crearon para eso. Tres centros creados hace medio milenio para hacer de los demonios modernos lo mejor de lo mejor- tomando una vara, señalando tres puntos en la pizarra holográfica tras ella –Tres visiones y necesidades diferentes. Niños, niñas y el equipo… Seguramente tendréis conocidos en alguna de las otras dos academias, sabed que eso no importa. La formación de los otros centros es formación individual. Mirad a vuestras espaldas… O a los lados, estáis aquí por ellos. Mis compañeros del ministerio de educación creen que formando a los mejores reyes, sean hombres o mujeres, es el camino al éxito… Aquí repartiremos esa formación, ese conocimiento, ese tiempo entre vosotros y vuestros esclavos. Si os graduáis, intentando superar la tasa la abandono del 80%...-

-¡!-

-Una vez empezado al curso no importarán vuestros contactos, influencias, vuestras familias. Tengo autorización para hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera. Vuestros padres me han dado esa autoridad-

-¿Tu hermanita no está aquí? Nya…-

-Mi hermana va a una academia de pijas- respondió Issei con una sonrisa –Una de las que ha nombrado-

-Menos mal, nya…-

-¿Pijas? No tenía al menor de los Gremory por alguien tan vulgar…- murmuró la anciana, alzando una ceja, molesta –El Corazón de Lilith es un centro exquisito para jóvenes doncellas…-

-Kuroka, la joven debe prepararse para liderar la casa Gremory, deberías estar agradecida, eso nos permite estar aquí con nuestro amo- dijo Lavinia sonriente.

La anciana la miró unos instantes.

-Esta chica parece despierta. Pensaba que solo era físico… Quizás se salve-

-¿Qué?- gruñó Issei -¿Pensáis que son solo tetas y culos?- señalándolas vagamente –Te reto a que encuentres a dos jóvenes con mayor talento para la vida que estas dos bellezas-

La demonio la miró con escepticismo.

-Abrazo de Lilith, Corazón de Lilith, Cuna de Lilith… Educamos al futuro del Inframundo con sirvientes… Solo con doncellas o solo con señoritos… Si se educa de forma individual el resultado es mucho mayor, pero en los siglos recientes hemos aprendido que al establecer a los esclavos en nuestra sociedad de una forma tan íntima se ha creado una nueva necesidad. En Abrazo hacemos eso. Fomentar y fortalecer esos vínculos. En Abrazo hemos educado, formado y preparado a grandes combatientes de Rating Game. Aunque con dos miembros solo, por maravillosas que crea que son, no darán para mucho… Será duro. Incluso imposible, pero sabed algo… El actual Campeón de los Rating Game es el mayor estudiante que esta academia ha dado… Desconozco si es vuestro ídolo, si es un ejemplo a seguir… Pero seguid mis enseñanzas y os aseguro de que estaréis capacitados a hacerle frente… y besar el suelo tras su victoria-

-No estoy especialmente interesado en los Rating Game. Verá… Lavinia, la bruja, es brillante. Inteligente y ansiosa por conocer. Kuroka, la gatita, es despierta y viva, pero tiene problemas de concentración y de conducta. Quiero lo mejor para ellas, pero esto claramente me viene grande. Padre y madre han creído conveniente que busque ayuda profesional. Y aquí estoy. ¿Pueden ayudarme?-

-¿Busca formación para ellas?-

-No quiero separarme de ellas, pero quiero lo mejor para ellas. ¿Puedo tenerlo aquí?-

Recolocándose las gafas, miró al joven con otros ojos.

-Lo mejor para ellas sería Corazón de Lilith, y Cuna para usted. Podríamos hacer un excelente noble de usted…-

-No, no. De ellas no me alejo. Denegado-

-Entiendo…- volviendo a girarse, pensativa.

-Mi hermana, la primogénita, cursa su formación en ese centro elitista que ha mencionado… Y confío plenamente en ella. Ellas son mi responsabilidad. Insisto-

Ligeramente satisfecha con su respuesta, se volvió hacia él.

-¿Busca lo mejor para sus esclavas? Entonces estará dispuesto a sacrificarse por ellas- tanteó la mujer, orgullosa, confiada.

Issei miró a Lavinia y a Kuroka antes de volverse a la educadora.

-Lo mejor para ellas está muy por encima de lo yo puedo hacer personalmente, por lo que si tengo que arremangarme las mangas, currar y colaborar con manos más capaces… ¿Qué tengo que hacer?-

-¡!-

-No seas tontito, nya… Dejemos este sitio horrendo, vayamos a casa, hagamos gatitos… ¿Quieres gatitos?-

-Issei, podemos buscar otras academias… No queremos ser una carga, por favor…-

-De eso nada, preciosen! Padre y madre me han recomendado este centro, no pienso irme sin ver que pueden lograr-

La directora asintió satisfecha, finalizando el holograma.

-Un Glasya-Laboras, un Phenex, un Gremory y una Belam… Carne fresca de primera calidad-

El castaño volvió a su asiento.

-¿Qué ha dicho de carne? ¿Vamos a comer, nya?- preguntó Kuroka contenta.

Lavinia se abrazó con fuerza del castaño.

-No sé si un Gremory sin el Poder de la Destrucción a estas alturas se le puede llamar así…- dijo la única demonio representante de una alta familia levantándose, alisando su vestido.

-Que importa eso, ese poder no tiene ni una generación de antigüedad, puede que sea el Gremory más genuino que hayas conocido nunca- respondió otro de los príncipes, un joven rubio, alto, mayor que él.

Acercándose a él, le ofreció la mano.

-Por fin nos conocemos, mi hermana suele hablar de ti-

-Debe de haber algún error, no creo que conozca a tu hermana…- tomando su mano.

-Ruval, soy el primogénito de la familia Phenex-

Issei frunció el cejo.

El Phenex era un hombre joven, pasada la adolescencia sin duda alguna.

La joven también era mayor, él, de facto, era el más joven.

¿Qué tipo de academia era esta?

-Somos tan pocos que la edad no importa. Solo el desempeño- respondió la demonio a la pregunta no formulada –Seres Belam, un placer conocerte-

-El placer es mío… ¿Y el colega?-

-A ese puedes ignorarlo… Entonces la familia Gremory busca el pleno, eh?-

-¿Mmm?-

-Tu hermana cursa en Corazón, tu hermano fue el héroe del tercer centro… Que ambicioso…-

-Francamente no sé de qué me hablas…-

-¿Dónde está la carne? Nya!-

Los herederos la miraron confundidos.

Pasaron de Kuroka a Lavinia, mirándolo fijamente al final.

Algo le decía a Issei… Que la primera impresión no había sido la mejor.


-Continuará en el próximo capítulo-


Reviews


Espero que os guste. Nos leemos en el próximo capítulo.