Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.
- High School DxD –
[True Draconic X Deus]
-Bestia Negra-
-Rumania-
Huyendo de la luz del sol, escapando de las criaturas que habitaban en la superficie, los vampiros hallaron refugio bajo tierra. Un territorio virgen, inexplorado y disponible.
No podía decirse que fuesen excelsos artesanos, pero una vez que entendieron que el esfuerzo tenía recompensa, empezó la construcción de un imperio que se edificó en el subsuelo… Por toda Europa. Libres de competencia, libres de conflictos, sin necesidad de batallar con nadie. Liberados de las guerras territoriales nacieron las grandes ciudades vampíricas. Gigantescos Reinos levantados por todo el continente, kilométricas, bastas y ricas. La combinación de la interminable longevidad de los vampiros y su acceso a las artes mágicas hicieron de estos túneles algo maravilloso y exquisito.
De esto nada sabían los habitantes del mundo superior. Creyéndose los dueños del mundo, recorrían las tierras superiores ajenos a los peligros que solo la luna alcanzaba a vislumbrar.
Tras múltiples siglos de paz, ambas fuerzas habían crecido, se habían reforzado y estaban dispuestos. Mientras la Iglesia mantenía vigilados los 7 palacios rumanos, prestando especial atención a castillos como Bran o Tepes, las obras que cruzaban el Canal de la Mancha proseguían.
Lo que el Papa de Roma y sus exorcistas pensaban que eran pequeños túneles bajo el castillo transilvano, eran miles de kilómetros recorriendo las principales ciudades europeas. Los espías controlaban Constanza, lejos de imaginarse que las operaciones partían de puertos portugueses. La Iglesia, un organismo caduco y debilitado, se preparaba sin mucho ahínco para combatir a los lobos que pululaban por las costas del mar Báltico. Carentes de feligreses, sin apenas ordenes armadas con las que poder defenderse. Las fuerzas de la Santa Sede se limitaban a unas pocas facciones. Los Exorcistas, los de mayor número pero inferiores en calidad. Recientes incorporaciones con nociones básicas del mundo sobrenatural. Los obispos, extraordinarios sacerdotes, lo habían dado todo pero no había mucho que extraer de ellos. Templarios, apenas un vestigio de lo que una vez fueron. Una orden independiente y armada, alejada de Roma. La Guardia Suiza. Poderosos, apenas unas docenas. La última línea defensiva de la Santa Sede. Finalmente estaban los Ejecutores. Sádicos y despiadados creyentes de formación familiar, legado hereditario. En los recientes años el Papa les había retirado la excomulgación a regañadientes, les necesitaba para combatir la amenaza vampírica.
Valerie Tepes les había combatidos múltiples veces. Más crueles y despiadados que ellos mismos, los Ejecutores eran escoria. Asesinos y sádicos mortales que justificaban la violencia y la crueldad con el plan maestro de su dios.
La Iglesia creía firmemente que en caso de necesidad el Cielo acudiría en su ayuda.
Incluso los hijos de la oscuridad sabían que el Cielo apenas tenía fuerzas para defender su propio territorio. No iban a intervenir en un conflicto armado que implicaba enfrentarse a tantos seres sobrenaturales. Porque a pesar de ser inferiores, los colmillos y las garras de la peste de Lucien podían dañarles. Matarles.
El Cielo no podía detener a Lucien. Valerie sospechaba, incluso, que el mismo Dios sabía que el mundo humano estaba condenado. ¿Por qué sino no defender a sus creyentes con una nueva barrera? Apenas podían sumar un millar de personas. Cuando Lucien, el gobernante licano, abriese las puertas de la estepa rusa una horda de millones de licántropos irrumpiría en Europa, segando las vidas de los ciudadanos como trigo en el campo.
Ante tal amenaza, el Rey se había preparado a conciencia. Y había hecho un buen trabajo. Pero en la meditación de los últimos cien años había tenido tiempo para contemplar otras opciones, alternativas, más originales.
Hacer de su tragedia, la de otros.
Hacia algo menos de una década, una bestia negra surgió de las profundidades de la tierra bajo los demonios del Rey Tepes y desató el caos. El avatar del caos, la muerte y la destrucción personificada. Un poder sin comparación, un poder nunca antes visto en los túneles de los vampiros. Aquel día muchos valerosos soldados, miembros de la alta aristocracia, fallecieron, entre ellos, la concubina del gobernante Vladi. Una bestia negra, de poder absoluto y despiadado, sedienta de sangre se infiltró en los grandes castillos… El pueblo entendió que llevaban demasiados años excavando en las montañas, que las ciudades construidas bajo las montañas quizás eran una mala idea. La corona se encargó pronto de desmentirlo. Se rindió luto por los fallecidos. Se ofreció el cuerpo mutilado de una bestia horrenda y la vida prosiguió.
La bestia negra.
La calamidad de la era actual. El miedo moderno.
El incidente pasó a ser un rumor, el rumor en historia, la historia en un cuento para asustar a los niños y eventualmente se desvaneció. Vlad Tepes había logrado su objetivo. La auténtica bestia negra seguía viva, recluida en una torre del castillo familiar bajo la estricta mirada de una guarnición de los mejores soldados de su raza. Pero Valerie Tepes sabía la verdad. La bestia no se había infiltrado, había nacido en el castillo Vladi. La bestia negra no mató a la concubina, la concubina falleció de agotamiento al darle a luz. La bestia negra no era un monstruo abominable, solo era un dulce y tímido niño.
Un dulce niño cuyas preocupaciones eran tener chocolate en la despensa y algo que poner en su televisión. Dulce e inocente, desconocía si era consciente de las circunstancias de su nacimiento. Tampoco si el poder oscuro con el que nació ejercía algún control sobre él. Ella misma no era la persona idónea para cuidar de él. Unos años más joven que él, durante algún tiempo pretendió ser su madre. Fracasó. Luego intentó ser su hermana mayor, no tuvo mejor resultado.
Valerie había crecido entre cuchillos y sangre. Una flor que había florecido en el campo de batalla, bañada en la sangre de sus enemigos. No era femenina, no encontraba amor en su pecho con el que poder envolver al tierno infante. Era su guardiana. Lo quería, lo quería como a su propio hermano, pero nunca había sido capaz de transmitirle esos sentimientos. No dudaba que Gasper los conocía, el sentimiento era reciproco, pero las interacciones eran… escasas.
Gasper no podía seguir en ese castillo, encerrado, encerrado como una bestia salvaje. Necesitaba espacio, libertad. Algo que Vlad Tepes no iba a darle. Aunque se podía discutir sobre si a su tierna edad ya era una de las soldados más fuertes de la ciudad, aunque era la hija del Rey, no contaba con poder real.
No podía ayudar a Gasper Vladi. Y el tiempo se le acababa…
¿Qué sería de Gasper cuando llegase su prometido?
No podía marcharse, no podía marcharse y dejar a Gasper allí, solo. Lo destruirían. Pero tampoco podía oponerse a su padre, podría perder el poco poder que tenía, el poder con el que protegía a Gasper.
Sus únicas opciones pasaban por ayuda externa, si bien para llevarse a Gasper o que su prometido anulase el acuerdo…
Vlad no dejaría que Gasper abandonase el país, su prometido no se arriesgaría a enemistarse con su pueblo. Menos después de pagar semejante precio por establecer un acuerdo entre ambas especies.
…
¿Qué podía hacer? ¿Cómo podía ayudar a Gasper Vladi?
No tenía mucho tiempo. No para un vampiro.
Sabia de las intenciones de su padre. Sabía que había liberado el gen de su raza, contaminado y menor, sobre una tierra al oeste. Un país que nada significaba para ellos. Su dote, entregado por una familia de demonios a cambio de su mano.
Mientras meditaba sobre ello, miles de vampiros montenegrinos, ignorantes, jóvenes, borrachos de poder o confundidos, estaban siendo enviados en masa a diversas ciudades humanas. Emisarios del caos y de la enfermedad. Sentado en su trono, el rey de los vampiros lo veía todo en sus dominios. Y sonreía, satisfecho, sabiendo que además, tenía un as en la manga.
De soslayo controlaba el antaño Castillo Vladi ahora convertido en una gigantesca prisión. Una inmensa edificación con una torre, una torre más alta que nada en esas tierras. Una torre imponente desafiando los cielos de la Ciudadela.
Una edificación que custodiaba su hija en persona. Nadie podía entrar ahí porque ella misma era la guardiana.
Solo tenía dos opciones. O lograba negociar que su prometido arriesgase su físico y reputación para ayudar a Gasper… O esperaba a que Lucien abriese las puertas de Rusia, incendiando las tierras de Europa.
Entonces, entre las llamas de la guerra, escondida en el hedor de la muerte, podría sacar a Gasper de los dominios del Rey de los Vampiros.
-Fukuoka – Japón-
Había truco. Para qué negarlo.
Si estando con Suzaku o Akeno se le animaba el espíritu y no podía evitar estar de buen humor, tenerlas a las dos juntas era poco menos que la perfección, algo idílico. Relajado, emocionado, feliz y contento, excitado y satisfecho… No podía encontrar una palabra exacta que pudiese describir que sentía. Aunque de tener que decir algo, quizás mencionar que las severas miradas de su novia y su prima rompían la magia del momento.
Esas miradas tan duras… Sexis…
El dragón se encogió levemente, intentando esconder su emoción. Tampoco había mucho que esconder, sabía que sabían que la tenía…
-¿No queréis tarta?- preguntó Issei mirando los dos platos frente a las morenas –Fresa y chocolate, vuestras favoritas-
Las Himejima giraron la cabeza, descaradamente, negándole la mirada.
-¿Me vais a preguntar como conozco ese sitio?-
Suzaku frunció el cejo, enfadada.
-Podría deciros que vengo aquí con…-
CLANC
El tenedor se incrustó en la mesa, con violencia.
-Suzu, que la mesa no es nues…-
La fiereza en los ojos de Suzaku lo hizo callarse.
-Pues que sepáis que llevo tiempo buscando un sitio así para traeros expresamente-
Suzaku le dedicó una gélida mirada.
Erección detectada
-¿En serio?- preguntó Akeno, más crédula que Suzaku.
-¿Por qué me preguntáis si miento? Podéis verlo…- tomando su taza de café –Shushu me había dicho que habría diversión continua este fin de semana…-
-¡Issei!- exclamó Suzaku alarmada.
-Perdón… Shuri-dono me dijo que este fin de semana se marchaban de viaje, solos… Eso a mí me parece diversión… Dime Akeno-chan, quieres hermanos?-
Mordiéndose el labio inferior, Suzaku negó con la cabeza. No se lo podía creer.
-Me dijo que permaneciese en la superficie este finde. No esperaba que abandonaseis las islas a la primera de cambio… ¿No se han ido hace unas horas?-
-¿En serio quieres hablar de eso?- preguntó la mayor.
-Mmm… Así que os habéis escapado a la mínima… Que par de chicas más malas- tomando su taza de café, divertido.
-¿Qué hacías en esa tienda? ¿Dónde están las ladronas de novios?- mirando a su alrededor.
-¿De qué hablas?-
-Habla de tus esclavas, Issei-
-Ah… ¿Cómo que novios?-
-Es una larga historia. No vamos a hablar de eso ahora… Solo responde- insistió Suzaku, incomoda.
-Mis chicas son preciosas, son mi responsabilidad y las quiero… Bien vestidas. ¿No es una actitud responsable?-
Las Himejima pusieron mala cara.
-Puede que tenga algunos intereses personales, pero como miembros de mi casa intento que haya… Un cruce cultural, un intercambio entre ellas y yo…-
-¿Lencería?-
-Un detalle menor, seguimos compartiendo…- gesticulando con las manos –Respecto a donde están… Lavinia y Kuroka están en el Inframundo. Clases privadas extracurriculares. Tienen deficiencias que… cubrir-
-¿Clases?-
-Después de mi absoluto fracaso, padre y madre me obligaron a inscribirme en una academia para… Es como una terapia de pareja en grupo… Me especializo en… En esa academia me enseñarán a ser mejor… Maestro-
-…-
-…-
-Podríais conocerlas… Son buenas chicas. Juntos tenemos algo… Yo lo llamo familia. Ellas cuidan de mí, cuido de ellas, aprendemos el uno del otro…-
-¿No es dueño? ¿Amo?-
-Eso no me gusta. Me duelen los oídos cuando escucho que mis chicas son mis esclavas… argh!-
-Lo son, Issei- dijo Suzaku, seria –Y tienes que tratarlas como tal-
-Me niego. Son mis amigas, amantes, compañeras…-
-Son tus esclavas, tienes que ser más duro-
-Duro me pones tú-
-Escúchame! Sin disciplina no lograrás nada-
-Puede…-
-Y mira, mira en que situación estas por no echarle huevos al asunto!-
-¡Eh! ¿Las Himejima hablan así? Que vulgar!
-Anata, no tientes a la suerte…-
-Ah! ¿A qué viene tanta crítica? Tanto criticar mi humilde trabajo. ¿Lo quieres?-
-¿Qué?-
-El puesto. Te lo doy-
-No, no lo quiero, solo digo…-
-Ah! Si no lo aceptas no acepto tus criticas-
Suzaku se centró en su plato, molesta.
-¿Y bien?- mirando a las Himejima -¿Ahora me vais a explicar que es eso de novios?-
-¿Y cuando dices que volverán?- respondió la mayor mirándolo de soslayo.
Akeno los miraba curiosa.
-No volverán, debo volver yo la semana que viene… ¿Quieres fin de semana de diversión?-
Suzaku se comió la tarta de un bocado.
Akeno acercó su silla a la suya, al alcance de la mano del dragón. Que acarició su rostro con ternura.
-No has sido sensata, preciosa. La isla es segura…-
-¿Por qué has puesto a muchos demonios a vigilarme?-
-Están por tu seguridad. Y también porque necesito estar inmediatamente informado de si te pasa algo para ir a repartir ostias al instante…-
-Pero ahora estoy contigo, estaré bien-
-Por supuesto preciosa, pero eso no quita que cierta jovencita que se las de responsable no lo es tanto-
-¿Perdona?- exclamó Suzaku irritada -¿Es culpa mía?-
-No echemos la culpa a nadie, esto no es un concurso de señalar a nadie…-
-Que cojonazos que tienes!- protestó Suzaku molesta.
Akeno la miró incrédula. Issei liberó una fuerte carcajada.
-Mira que me obligas a decir! Por todo lo… Argh!- exclamó la Himejima alzando la mano –Otro! Otro!-
Akeno rio contenta, pegándose aún más a la silla de Issei.
-Adiós a la estirada Himejima, bienvenida a la exquisita Hyodo- alzando su taza de café –Ahora que ya estamos todos, nos hartamos de pastel y nos damos un paseíto?-
-¿Sin chistes sobre la figura?-
-Sin chistes sobre engordar, palabra. Total, lo vas a quemar todo esta noche…- llamando la atención de la camarera –Y dime, tenshi. ¿Qué te parece la ciudad?-
-¿Vives aquí?-
-En realidad es a caballo entre esta ciudad y la tierra de mis padres…-
-Quiero ir a esas tierras…-
-¿Quieres conocer a mis padres?-
-Quiero conocerlo, todo de ti-
-Alguien se viene a casa, madre querrá conocerte-
-Akeno-chan no se mueve de aquí- murmuró Suzaku mirando la carta de tartas -¿Quién dices que quiere conocerla?-
-Conoceros, a las dos-
-¿Mmm?
-Mi madre. A su nueva nuera-
Suzaku alzó la mirada. Encontrándose con la suya.
Los labios temblorosos, el rostro más rojo que sus ojos.
-Y hablo de ti, pichoncito mío-
Suzaku escondió su rostro tras la carta de tartas.
-Entonces…- susurró Issei moviendo el índice en círculos -¿Sabes de nuestra relación?- mirando a Akeno, colocando un nudillo en su mentón, acercándose a su rostro.
-Así… es…-
-¿Y tú quieres formar parte?-
-S-si…- susurró Akeno con apenas un deje de voz.
Inclinando la cabeza, Issei tomó sus labios, primero suavemente, luego con más intensidad.
Akeno gimió guturalmente al sentir como el demonio devoraba su boca.
PAM
Levemente molesto, Issei se giró, buscando la fuente de su molestia.
-Anata, estamos en una cafetería… Contrólate- susurró Suzaku tomando su rostro.
Contradiciéndose a sí misma, fue ella quien dejó sin aliento al dragón, separándose tras una aparente eternidad.
-No sé si podré…-
-Más te vale…- ronroneó Suzaku colocando su mano en su entrepierna –Se buen chico y habrá una recompensa muy dulce…-
-DxD-
Akeno se volvió para mirarlos confundida. De hecho, Suzaku tampoco tenía del todo claro que hacían allí. De pie, con unos refrescos en mano, Issei las guio a unos centros comerciales.
-¿Qué hacemos aquí?-
-Ropa, muebles, accesorios… Compraremos todo lo que necesitéis-
-¿Necesitar para qué?-
-¿Cómo que para qué?- llevándose las manos a la cintura -¿Pensáis dormir en habitaciones sin decorar? ¿Vais a llevar eso puesto en casa? Por no hablar del pijama, bañadores… No tenéis enseres, necesitáis cosas!-
Las morenas se miraron fijamente.
-Pero…-
-Pero que. No habíamos quedado que… erais mis novias? ¿Mis novios en mi casa es… Qué significa?-
-…-
-Vamos, vamos… ¿La respuesta es?-
-Yo no…-
-Vuestra casa!-
-¡!-
-Y no os preocupéis por la factura, el plástico lo paga todo- exclamó Issei sosteniendo una tarjeta de débito entre sus dedos -Os prestaré toda mi ayuda, aunque francamente, doy bastante pena, solo puedo ayudaros con ropa… Sobretodo lencería. ¿Os interesa?-
-Anata. No tientes a la suerte de nuevo- sentenció Suzaku tomando la tarjeta, agarrando de la mano a Akeno –Se mejor que tú que quieres que lleve puesto…-
Adoraba a esa mujer…
…
Tenía la fuerza sobrenatural de un demonio, el poder de los dragones recorriendo sus venas… Y estaba agotado.
Visualizando la fachada de su casa, dejó las decenas de bolsas que sostenía entre sus dedos en el suelo. Suzaku y Akeno no habían tenido contemplaciones con su tarjeta de débito y comprar, habían comprado. Mucho.
Akeno se adelantó, contenta, revisando nerviosa el exterior, volviéndose hacia Issei.
-¿Cómo se entra en la barrera?-
Sacando algo de sus bolsillos lo lanzó a la morena. Algo que Akeno cogió al vuelo.
Mirando sus manos, tenshi vió un par de llaves.
Emocionada alzó la mirada.
-Mi casa, tu casa-
Sin tocar el suelo, Akeno recorrió varios metros de un salto, colgándose del cuello del dragón, besándolo con fuerza.
-DxD-
-Bienvenidas a mi humilde… Choza- exclamó Issei extendiendo sus brazos.
Las Himejima dejaron los zapatos en el recibidor, ignorándolo, entrando en la casa.
-¡Eh!-
-Así que vive aquí…-
-Siempre ha sido un sinvergüenza, tardé meses en lograr que me invitase…- gruñó Suzaku.
-¿Aquí esconde a sus conquistas?-
-Muy probablemente incluso compartan habitación. El sensiblero será incapaz de dejarlas en una habitación solas…-
-Si son chicas, guapas y sin adultos… Degenerado-
-Tú lo has dicho…- sentenció la mayor de las Himejima alzando su mano.
Akeno y Suzaku chocaron las palmas.
Issei se quedó en el recibidor, con una mano en el rostro.
-¿Eso es todo lo que tenéis que decir?- preguntó girándose, abriendo la boca, alarmado, al ver a las chicas subir por las escaleras -¿A dónde vais?-
-Seguro que es por aquí…-
-La puerta grande, esa, la de dos hojas-
-¡Eh! Eh! Esperad!-
Era tarde, las Himejima habían abierto las puertas de su dormitorio.
En otras circunstancias estaría contento pero ahora…
Akeno marchó directa al armario, abriéndolo, arrojando algunas prendas femeninas al suelo.
Suzaku se acercó a los tocadores, donde Lavinia y Kuroka guardaban sus cosméticos.
-¿ESTO QUE ES?-
…
El televisor del salón estaba encendido. Las dos Himejima sentadas mirando la pantalla, comiendo galletas y bebiendo un té helado… Issei las miró desde otro asiento, ladeado, sosteniendo su mentón en un puño, claramente aburrido.
-Ni te atrevas- siseó Suzaku sin girar su cara.
-No te atrevas a decir que este encuentro es una decepción!- prosiguió Akeno.
-Somos muy magnánimas por perdonarte tras tu sangrante infidelidad, anata-
-Primero, no he dicho nada!- gruñó Issei cambiando de mano.
-Pero lo has pensado-
-Bueno, puede, pero no lo he dicho… Y segundo! No os he sido infiel, nunca-
-¿Cómo que nunca?-
-Digamos que ser infiel, en mi caso sería… ¿Buscar el calor de la mujer fuera de… del círculo?-
Las dos Himejima lo miraron molestas.
Sin paciencia, se levantó, abriéndose paso entre las chicas se dejó caer en el sofá, pasando sus brazos por los hombros de las Himejima.
-Sois mis preciosas sacerdotisas, no podemos estar gruñendo…-
Akeno y Suzaku se acomodaron contra el dragón, sonrientes, intentando fingir seriedad.
-¿Qué es eso de sacerdotisas?-
-Sois sacerdotisas-
-Del Shinto, no somos tuyas-
-Que shinto ni que leches…-
-Sin blasfemar, infiel- rio Suzaku metiendo una galleta en la boca del castaño.
-Soy un demonio y blasfemo lo que quiero…- tragándose la galleta de una tirada –Y me niego a que seáis sacerdotisas del shinto, sois MIS sacerdotisas-
-No pienso rendirte culto, olvídate-
-Ya lo haces-
-Más te gustaría, anata- dijo Suzaku apartando la mano que se acercaba por el costado a su pecho de un manotazo.
-Que dura… ¿Qué me dices, Tenshi?-
-¿Me lo preguntas? Siempre lo he sido!-
Issei sonrió contento.
-Que buena chica…-
-¡Akeno-chan! No puedes!- protestó Suzaku inclinándose hacia su prima.
-¿Por qué no?-
-Tenemos que formar un frente unido!-
-Pero yo le quiero, siempre he sido su miko…- respondió la menor acurrucándose contra su pecho.
-Y por eso eres una buena chica…- dijo Issei mirando a Suzaku con una sonrisa burlona.
-Humph! Qué más da…- volviendo la mirada al televisor.
Sonrojándose cuando la mano traviesa regresó. Esta vez no hizo nada por evitar sus perversiones.
-Ise- preguntó Akeno alzando la mirada.
-Dime preciosa-
-Hay cosas… Fotos y demás de tus dos esclavas…-
-Así es-
-¿Ese retrato es… Es tu familia?- señalando un cuadro en la pared principal.
Un retrato claramente apartado, desplazado, por un retrato de cuerpo completo de una niña pelirroja sentada en una silla de madera.
-No me digas más, es tu hermana y lo ha colocado ella- murmuró Suzaku sin prestarle mucha atención.
-¿Cómo lo has sabido?- preguntó Issei con inocencia.
-Intuición femenina-
-Es una chica guapa…- admitió Akeno sonriente.
-¿Ria-tan?- volviendo su atención al cuadro –Pues… Me gustaría que la conocieses un día… Pronto espero-
-¿Por qué?-
-Tenéis la misma edad. Podríais ser buenas amigas. Creo que podríais aprender mucho la una de la otra- mirando el cuadro.
-¿Y cómo es esa academia?-
-Bufff… Más parece un cuartel que una escuela-
-¿Por qué?-
-Pues… Se da por descontado que tenemos la educación básica y se centran en aspectos genéricos… mis hermanos, por ejemplo, estudiaron en academias que forman a la elite-
-¿No querías ir a esos sitios?- preguntó Suzaku.
-No, paso… Ria-tan es la heredera de la familia. Prefiero estudiar cómo ser mejor Rey. Es sorprendentemente útil…-
-¿Útil para qué?-
-Por ejemplo me ha enseñado que debo ser más considerado con las chicas, que necesidades pueden tener… Incluidas las emocionales-
-¿En serio?- preguntó Suzaku girándose levemente, alzando una ceja.
-¿Te he dicho hoy lo preciosa que estas y lo mucho que te quiero?-
Sonrojándose, volvió la vista al frente.
-Adulador…-
-Como podéis ver… El pequeñín es mi sobrino. El hijo de mi hermano mayor, Milicas. ¿Qué se puede esperar del hijo de un demonio extraordinario como Sirzechs y una autentico bestia parda como Grayfia-okami-sama? Milicas. Es inteligente, con una interminable lista de dones y una herencia genética impresionante… Con lo mejor, la honradez, bondad y buen talante de sus padres… Creedme, superará a sus padres. Será el mejor Gremory que jamás se haya visto-
-¿Y te llevas bien con él?-
-Claro, lo adoro. Es mi hermanito pequeño-
-¿Quién es Grayfia-okami… sama?-
-El pibon escultural de cabello plateado. Un pedazo de mujer en todas sus palabras. La Reina de mi hermano. Una de las personas más confiables que conozco…-
-Pero porque okami…-
-Porque es divina, que si no… Mi hermano es tan afortunado…-
Las chicas se pegaron más, si cabe, al demonio.
-La mujer sentada es mi madre, vuestra madre a efectos prácticos, sin que llegue a reemplazar a Shuri, por favor… Os querrá como a sus hijas, quien más se alegrará de conoceros con diferencia-
-¿Por qué?-
-Por algún motivo está obsesionada con tener hijas… Quien sabe, quizás sea por la baja natalidad de los demonios… Finalmente mi padre, un hombre sabio y digno. Mi ejemplo a seguir-
-Tu hermana no vendrá de repente, no?-
-Ria-tan está internada en su centro de pijas…- retirando sus brazos, levantándose lentamente –Vosotras quietas ahí-
-¿Qué vas a hacer?-
-Poner en práctica lo estudiado- marchándose a paso ágil.
Akeno y Suzaku se miraron sorprendidas. Pero no lo suficientemente sorprendidas a como estaban pasado un rato. El fuego de la chimenea encendido. Música melódica resonando en la estancia.
Suzaku leía un libro en el sofá, mirando vagamente como su prima, más joven y nerviosa, recorría el salón fijándose en casa detalle. Issei, con un delantal de cocina, tatareaba entre fogones. Volviendo la vista hacia Suzaku, esta asintió. Dejando el libro en el sofá, acompañó a su prima a recorrer la casa.
La casa era anormalmente grande. Con múltiples pisos, tenía un importante gimnasio, una completa zona de relajación, incluso una piscina de natación… Curiosa, Akeno irrumpió lentamente en lo que parecía ser un despacho. Una estancia que no era la de un niño. Sobria, cargada. Una pesada mesa de madera con enseres habituales en oficinas. Estanterías barrocas repletas de voluminosos libros.
-Supongo que esta es la otra vida…- susurró Suzaku caminando sobre la alfombra –La vida del aristócrata…-
-¿Esta es… Esta es su vida?-
-Como Himejima puedo entenderle… La vida de un heredero de una gran familia puede no ser agradable para según qué personas, Akeno-chan. Siempre he sospechado que su obsesión por las mujeres no es más que una vía de escape para evadir esta tensión…-
-¿Por eso eres tan permisiva?-
-En parte…- alcanzando la mesa, acariciando la mesa. Volviendo la mirada a un costado.
En una mesa, en una de las paredes, había dos espadas colocadas en dos soportes paralelos. Una espada europea, otra japonesa.
Una espada europea, delgada, fina, blanca y dorada. Elegante. No era pesada, quizás era más hermosa que amenazante. Pero era una espada sagrada, registrada en los más antiguos registros del mundo conocido. Su acero brillaba con el poder divino que la había forjado.
Una espada japonesa. Larga, curvada e inusualmente gruesa. Su filo emanaba un suave resplandor sobrenatural.
-¿Esto es una espada sagrada?-
-Eso parece…-
-¿Qué hace un demonio con una espada sagrada?- preguntó Akeno con curiosidad.
-Es Ascalon. La matadragones. Me la entregó la Arcángel Gabriel para reducir los niveles de poder draconiano en mi cuerpo. Algo habréis escuchado… En este hermoso cuerpo serrano esculpido por los dioses y dotado con una anaconda con la que los asgardianos se inspiraron para crear el mito de Midgardsornr posee sangre draconiana. Tiene sus ventajas y desventajas, esa espada limita las desventajas. No hay nada por lo que preocuparse… La otra es Yamato, una espada ceremonial de mi familia y la prueba de mi pertenencia a dicha casa… Se nutre del poder del portador y según cuentan, lo puede cortar todo-
-¡!-
Issei permanencia apoyado en el marco de la puerta. Sereno.
-Issei! No queríamos…-
-Esta es vuestra casa, no tenéis nada que disculpar…- avanzando unos pasos –Este es mi otro campo de batalla… Cual os preguntaréis… Si me permitís un resumen… El gobierno del Inframundo se centraliza en los cuatro grandes demonios… En su gobierno se toman las grandes decisiones, pero no son ellos quienes gobiernan. El gobierno actual es incapaz de gestionarlo todo, por lo que mi hermano y sus compañeros decidieron fomentar el sistema de vasallaje. ¿Cómo? Mediante señores feudales, los supervivientes de la Gran Guerra, las 72 casas. Estas familias tienen poder político y militar. Estas familias poseen administración propia, leyes propias, son muy autónomos. Asimismo las familias poseen administradores, divididos por regiones con cierto nivel de democracia en estos, con también libertad jurídica, política y militar. Tras la Gran Guerra se deshizo el Ejercito Demoniaco y pasó a usarse los ejércitos individuales bien con compensación o alquilándolos… Con esto entenderéis lo del poder político… Los ejércitos son poderosas herramientas políticas que se ven representadas en los Rating Game, sin ir más lejos. Las familias potencian el desempeño de sus ejércitos bien concediendo derechos o terrenos, independencia a fin de cuentas. Algo muy codiciado en el Inframundo, una sociedad de esclavos… Todo junto es un follón administrativo de la ostia, una pesadilla del carajo-
-¡!-
-Para rematar. El gobierno de los Dai-Maou ha concedido fuertes libertades a estos señores, que solo deben pagar fuertes tributos a la administración, una práctica que ha descendido hasta los mismos alcaldes de las grandes urbes. ¿Pero como se garantiza la fidelidad de estos señores? ¿Cómo se sostiene esta gigantesca pirámide? ¿Cómo se mantiene libre de contaminación y corrupción? Y más teniendo en cuenta que la ideología que envió a este pueblo a la guerra aún sigue vigente, esta vivita y coleando en los más bajos estamentos de este mundo… Y dentro de estas familias hay administradores o señores-
Finalizando la disertación, el joven se sentó en su silla del despacho, encarando a las jóvenes doncellas.
-Hay tres academias en el Inframundo donde acude la aristocracia. Las dos primeras forman a los chicos- alzando una mano –Y las chicas- alzando la otra –Por separado para prepararlos para esa vida política, sus peligros y entresijos… La tercera prepara a los otros para hacerles frente…-
-¡!-
-Mis hermanos mayores han tomado la primera vía, mi hermana en concreto se está formando para aguantar las tonterías de esos cientos de administradores y todos los problemas burocráticos. Si misión es mucho más sencilla. Ser el musculo y el brazo ejecutor de mi hermana. Primero con un buen equipo, después conociendo el brazo militar de la familia, realizando alguna que otra campaña militar en el exterior y ganando respeto y autoridad… Como todo eso luce bastante aburrido y sobretodo, parece que implica pasar mucho tiempo fuera de casa… Quiero llevarme a mis chicas conmigo-
-Yo no sabía…-
-Esta vida es fría, oscura y sumamente aburrida…- susurró Issei mirando con desdén las estanterías –Pero yo planteo llenarlas de color-
-¿Cómo?-
-Con lo mejor que ha parido la gran creación! Mujeres!-
-¡!-
-Mujeres, de todos los tipos, que den alegría, color, vida a esta casa. Desde preciosas exorcistas a exóticas youkai o encantadoras brujas. Mujeres que canten hermosas melodías, llenen el jardín de flores aromáticas, escriban relatos intrigantes…- levantándose de golpe –Será complicado, tanta variedad de culturas y personalidades hará de la vida cotidiana algo complicado… Pero ahí está la gracia. Tendremos miles de años para limar asperezas- plantándose frente a las chicas -¿Qué os parece mi plan?-
Akeno y Suzaku se miraron fijamente.
-Los billetes al tren del amor del más guapo de los dragones están venta. ¿Os interesan?-
-Pues…-
El castaño las interrumpió, tomándolas de la cintura, cargándolas a ambas en sus hombros.
-No era una pregunta, tenéis el abono desde que nacisteis. Se siente-
-¡Issei!-
-DxD-
Akeno infló los mofletes. Molesta. Vistiendo su pijama rosa, sentada sobre la cama del dragón.
-Porque-
-Porque es tarde y las niñas buenas han de ir a la cama- respondió Suzaku sentada en el extremo, con solo un camisón violeta transparente, acariciando su rostro.
-Pero tú te quedas despierta!-
-Le prometí a tu madre que sería responsable, y hacer que te acuestes temprano es lo responsable ahora-
-Pero…-
-Nada de peros, Akeno-chan, duerme, duerme y descansa- susurró la morena besando su frente.
-Quiero que Issei me dé un beso antes de irme a dormir-
-Sabes que está ocupado… Te dará uno de buenos días, palabra-
-También me dará uno de buenos días más bien!-
Sonriente, se levantó, acercándose a la puerta, apagando la luz.
-Que tengas dulces sueños-
-No tardéis en venir a dormir!- protestó Akeno envolviéndose con su sabana, molesta.
Suspirando pesadamente, una inmensa sonrisa adornó el rostro de Suzaku.
Con un caminar ágil, un leve contorneo de caderas, se plantó en el piso principal de la residencia. Yendo directa a la cocina, pasó por la despensa hasta dar con una nevera especial. Un almacén climatizado de vino. Revisando el contenido de la despensa, la limitada pero creciente enoteca del dragón, tomó una botella al azar. Cerrando la puerta de cristal con sus caderas.
Abriendo la botella con cuidado, tomó dos copas de cristal, de balón, de los estantes. Revisando su aspecto, soltándose el cabello, dejando caer su cascada negra libre por su espalda.
¿Ropa transparente? Sí. ¿Perfume favorito? Sí.
Todo listo.
Sonriente regresó al salón principal, sonriendo emocionada. Su amante la estaba esperando en el sofá, mirando el fuego de la chimenea en silencio.
Un brazo apoyado en el cojín, masajeando su turbado rostro, sus ojos puestos sobre uno de los muchos documentos sobre el sofá.
-¿Akeno-chan duerme?- preguntó Issei, alzando su mirada.
Sus ojos se encendieron ante la visión frente a sus ojos. Una belleza descalza, con sus largas piernas moldeadas descubiertas, solo un ajustado suéter cubriendo su cuerpo hasta la cintura. Los ojos rojos de Issei se posaron sobre su figura, recorriéndola entera, lentamente. Relamiéndose los labios.
-Ha costado… Pero la niña ya duerme- asintió Suzaku, dejando las copas frente al demonio, en la pequeña mesa entre el sofá y la chimenea. Inclinándose, vertiendo algo de licor en las copas, mostrando su trasero y sus piernas al castaño.
-Bien…-
Sonriendo abiertamente, sentía como Issei centraba su atención en su trasero. Susurrando al notar las manos recorrer suavemente su cintura.
Unos labios se posaron sobre una nalga, luego sobre la otra. Subiendo sus manos, acariciando su vientre.
-¿Ahora me prestas atención?- jadeó la morena.
Issei había empezado a lamer sus glúteos, mordiéndolos suavemente.
-Siempre lo hago…-
-Pensaba que estabas ocupado con tus papeles…-
Girándose, ronroneó al ver al dragón besar su vientre, sus manos colarse por su suéter, amasando suavemente sus pechos.
-Tengo que aprenderme de memoria todos los alcaldes, gestores y administradores de los terrenos… Así como los más importantes de las principales familias…-
-¿Te has aprendido ya los nombres de los Cadres?-
-Para mí desgracia…-
-¿Y el examen de política clásica?-
-Infernalmente aburrido…-
-Entonces ya has acabado…-
-He acabado… del todo todito-
-Ah… Pensaba que no aguantaría… Ha sido eterno… Quería sentir tus manos en… MMMMmmmm-
Una de sus manos se coló en sus braguitas. El índice, juguetón, acarició su sexo.
-Ise!- protestó Suzaku echándose hacia adelante, colocando al dragón contra el sofá colocando su rodilla contra su pecho.
Acalorada, se sentó sobre su regazo, ofreciéndole una de las copas de vino.
-Me estas volviendo loca… Pensaba que querías hablar antes de que te folle como una loca…-
-Tampoco tengo quejas…- sorbiendo algo de vino, apartando la copa rápidamente.
Sus manos pasaron a la cintura de la morena, colocándola contra su cintura, su dura cintura… Suzaku movió sus caderas circularmente, contenta.
-¿Vas a contarme de que va esto con Akeno?- buscando el cuello de Suzaku.
-Nos escuchó…-
-No sabía que fueses una chica que compartiese novios…-
Suzaku la miró enfadada, tomándolo del mentón con fuerza.
-No tientes a tu suerte, anata. No es fácil amarte sabiendo que pasas tus noches lejos de mí acostándote con otras mujeres-
-Lo sé, lo se… Perdóname, quizás no he sido lo suficientemente delicado…-
-Akeno y yo somos… Ella tiene los mismos derechos que yo, incluso sobre ti, no tenía más opción que atender sus plegarias-
-Interesante…-
-Como no, no te veo especialmente opuesto a tus extrañas circunstancias…-
-Quien va a negar que he tenido mis fantasías…-
Suzaku endureció su mirada.
-Ah, ah, no me mires así!-
-¿Cómo quieres que mire a alguien que me acaba de decir que fantasea con una niña?-
-En mi defensa diré que mis fantasías se basan en dos versiones de ti, con distinto color de ojos, desnudas, en mi cama-
-Eso no pasará-
-Pasará. En pocos años estaréis viviendo las dos, conmigo, con unos anillos algo diferentes de estos…- tomando su mano, besando sus dedos –No puedo esperar a ver un buen beso lésbico con mi semen bailando entre vuestras lenguas-
Ahogando un gemido gutural, Suzaku se acaloró aún más con solo pensarlo, relamiéndose los labios.
Intentando mantener la cordura, descendió su mano, colándose bajo los boxers del demonio, apretando su erección con fuerza.
-En unos años- siseó Suzaku.
-Ella es algo más joven que tú, recuerda que ambas sois niñas… Aunque esa garganta no lo parezca…-
-Unos años, Ise-
-¿Incluso para mi dulce e inocente fantasía?-
Acabándose la copa, la dejó caer en el sofá, llevándose las manos a extremo inferior del suéter, levantándolo, quitándoselo lentamente.
Sonriendo, llena de orgullo, al ver el rostro boquiabierto de su novio.
El amor de su vida, que la correspondía con igual fervor y pasión, apenas podía contener su lujuria al ver su cuerpo desnudo.
Esa mirada la hacía increíblemente feliz…
Apartando sus manos de un manotazo, impidiendo al dragón tomar sus senos, levantándose, agachándose frente al demonio.
-¿No te había prometido un postre dulce?- ronroneó la morena acariciando los muslos del dragón, retirando la última prenda del joven.
Sus ojos rojos brillaron de emoción al ver el miembro duro de su amante frente a su rostro.
-No sé quién va a tener ese postre… Pero no me voy a oponer- siseó Issei colocando su mano en el cabello de Suzaku, sosteniéndola, sin presionar.
Akeno cayó de rodillas al suelo.
Observando clara y nítidamente lo sucedido desde un rincón del salón. Ninguno de los presentes se había dado cuenta de su presencia.
Nadie podía evitar que viese lo que quería ver… Y lo que vió pasó a formar parte de sus dueños, cada una de sus noches…
Suzaku, la estricta, seria y modélica Suzaku se movía sinuosamente, se contorneaba entre las piernas de Issei, moviendo su mano de arriba abajo masajeando el miembro del dragón.
Su lengua, ágil, recorrió cada centímetro de piel antes de separar sus labios.
Akeno ahogó un chillido.
El miembro del joven desapareció entre los labios de su prima, subiendo y bajando con experiencia.
Su cuerpo sudoroso, sus desarrollados pechos moviéndose erráticamente.
A gatas, Akeno se acercó lentamente. Observando como Issei gemía de placer. Un sonido melodioso para sus oídos.
De repente Suzaku se detuvo, separándose, sin dejar de masturbarlo.
-Nada de correrse, anata-
-Suzu!-
-No… Tu semen tiene que estar en otro sitio…- susurró Suzaku levantándose, retirando sus empapadas bragas –Dime anata… ¿No te ha gustado mi postre?-
-Un poco suave, la verdad… Quizás cambie de opinión si vienes aquí y dejas que te la meta hasta los huevos mientras esas tetas bailan en mi cara-
-No sé si podré cumplir con tus expectativas, anata…- colocándose sobre su amante.
-Te quiero, Suzaku-
-Eres lo más importante en mi vida, Issei…- susurró Suzaku abrazándolo del cuello, besándolo dulcemente.
Dejando que el dragón entrase en ella…
Akeno se llevó las manos a la boca, fascinada.
Frente a ella, Suzaku chillaba de placer, sus brazos envolviendo el cuello de Issei. Con este rodeando su cintura, lamiendo como un loco sus pechos.
Sus cuerpos sudados, el impacto de las caderas de los amantes…
Ella quería estar ahí.
Dejar que Issei hiciese lo que quisiese con su cuerpo, quería aullar su nombre como hacia su prima…
Quería volverse loca sobre el cuerpo de Issei.
Quería ser quien le diese ese placer…
De repente perdió la respiración. Su corazón se detuvo un instante para empezar a bombear con fuerza.
Issei la estaba mirando, fijamente, a los ojos.
La miraba con fiereza, con deseo, mientras empujaba su cintura contra la de Suzaku.
Incapaz de contenerse más se levantó, corriendo fuera del salón, corriendo a su dormitorio…
Podía continuar escuchando los aullidos de Suzaku.
Desesperada se desnudó, volviendo su rostro contra la almohada, que contenía el olor de su amado.
Ahogando un gemido, sus dedos recorrieron torpemente, su sexo.
-Ise… Ise! MmmmMMMMMMmmmmmmmmmmmm…-
-Al día siguiente-
Akeno abrió los ojos, somnolienta. Contenta, feliz.
No recordaba haber dormido tan bien nunca antes. No era la cama occidental, o las sabanas o el pijama recién comprado. Tumbada, con su rostro cubierto por las sabanas, un brazo la envolvía de la cintura, pegándola a un cuerpo caliente, antinaturalmente caliente.
Alzando la mirada, la joven Himejima vió el relajado rostro de otra chica. Idéntica a ella, algo mayor. Por encima… La imagen más ridícula que había visto nunca. Cierto dragón con la boca abierta, babeando, el cabello despeinado…
-¿No es adorable por las mañanas?-
Suzaku se había despertado, continuando recostada contra su pecho, en el otro extremo.
Abriendo los ojos, sus hermosos ojos rojos chocaron con los suyos violeta.
Incorporándose, desperezándose, estirando los brazos.
-Anata… Es hora de despertarse-
El dragón no reaccionó.
Ignorándolo, se incorporó, bajándose de la cama. Acercándose al baño.
-Keno, ve levantándote, ya es lunes, tienes colegio y hemos de llevarte- retirándose su camisón –Date prisa-
-Pero aquí estoy cómoda…-
-Keno, levántate… Vamos-
-Muy bien…- gruñó la morena apartando la sabana.
Unos brazos envolvieron su cintura, atrayéndola al cuerpo masculino.
-De aquí no se mueve nadie-
-Issei…-
-Buenos días, ciosa…- gruñó Issei ladeando su cuerpo, cubriendo a la niña con su cuerpo.
-Buenos días, Issei-
-¿Cómo has dormido?-
-Basta de cháchara, los dos- exclamó Suzaku desde la puerta del baño, desnuda –Ella tiene colegio y tú tienes que ir a recoger a tus esclavas, vamos!-
…
-¿Entonces es una especie de competición?- preguntó Akeno sin moverse. Dejando que el castaño peinase su largo cabello negro.
-Correcto. En lugar de notas académicas normales, presionan a los estudiantes colocándolos en orden por puntuación-
-¿Pero eso no es injusto?-
-Mucho. Y duro. Los menos afortunados, dotados o pobres no pueden competir, pero se les exige igualmente…-
-Que duro… ¿Y cómo vas tú?-
-Si se tomase las cosas en serio sería el mejor- respondió Suzaku colocándose tras el dragón, inclinándose para besarlo -¿verdad?-
-¿Qué quieres que haga? Soy un recién llegado, apenas tengo piezas… Hago lo que puedo!-
-Eso suena a excusa- rio Akeno -¿Quién es el primero?-
-Un pijus extremus de la alta aristocracia. No parece mal tío. Es el heredero de la casa Phenex. Demonios que tenían envidia del ave fénix. Usan sus poderes flamígeros para regenerar su cuerpo o algo así-
-¿No dijiste que los herederos iban a la otra academia?-
-Lo dije. No sé qué hace aquí… Quizás quiera hacer carrera militar o algo así- sentenció Issei dejando el peine –Lista. Tan preciosa como siempre-
Rodeando su cuello con sus brazos, le agradeció con un húmedo beso.
-Ah, no, jovencita. Te veo venir. Despídete que nos vamos- dijo Suzaku caminando hacia ellos.
-Pero no quiero irme…-
-Yo tampoco, pero tenemos obligaciones. Y el también-
-Pero…-
-Pronto llegará nuestro momento…- susurró la mayor en el oído de la menor.
-¿Si?-
-Es inevitable. ¿Cómo pueden estar las sacerdotisas separadas de su objeto de culto y adoración?-
A regañadientes Akeno se separó.
-¡Quiero verte el próximo fin de semana!-
-Estaré en el templo este sábado, y me engancharé a ese culito como una garrapata! Te lo aseguro!-
-Pues este culito te estará esperando impaciente-
-Chicos…- murmuró Suzaku acariciando el rostro del demonio, besándolo dulcemente –Te quiero, anata. Nos veremos pronto-
-Más te vale, cariño, más te vale- alzando una mano, acariciando juguetón uno de sus senos.
Riendo divertida caminó hasta donde estaba su prima.
Despidiéndose ambas con una sonrisa radiante se marcharon con un destello de luz.
Al instante la casa se le antojó sumamente vacía, triste.
-Residencia Gremory-
Todas las tardes, las jóvenes practicantes de brujería se reunían en el salón común de la orden. Sentadas alrededor de un chispeante fuego, se contaban historias… Generalmente las jóvenes mayores, adolescentes, centraban la atención con sus exóticas y picantes historias de los eventos con sus contratantes.
Historias que en su mayoría, las niñas no alcanzaban a entender. No comprendían que significaban ni su trasfondo pero de todos modos, la imagen de madurez y fuerza en sus palabras seducían con facilidad sus pueriles mentes.
Le Fay Pendragon no quería vivir historias así. No tenía interés. Ella quería estudiar magia y por ello había realizado ese arriesgado contrato mágico. Y por lo que escuchaba, su señor no era… Común.
Tampoco excéntrico, simplemente no encajaba con nada de lo que escuchaba.
Se reunía semanalmente con él, ella tomaba su poder mágico en un sencillo ritual ancestral, nada más inocente que quedarse sentados sobre un círculo mágico, cara a cara. Mientras ella tomaba su fuerza cual batería humana… Él solicitaba información, consejo o cosas algo más extrañas. Generalmente pedidos mágicos. Irónicamente eran encargos que la ayudaban a pulir sus habilidades.
Creía que lo había a propósito. Pero no entendía que ganaba él pidiéndole cosas que solo la beneficiaban a ella…
Issei Gremory era respetuoso. Tanto con la orden como para con su familia. Todos sus pedidos, conversaciones y palabras estaban muy bien calculadas. Cualquier conversación o acción que tuviesen en esas sesiones estaba cuidadosamente analizada para que estas no la pusiesen en un compromiso, algo que internamente agradecía mucho.
Y si bien con él se sentía extremadamente cómoda, había momentos en los que no lo entendía… Como en ese momento.
-Arghhhh! Horrible! Horrible! Me quema los ojos!- chilló Issei, dramáticamente. Tapándose los ojos con las manos, sentado en lo alto de unas escaleras móviles, colocada entre altas estanterías repletas de libros por clasificar.
La niña Pendragon se miró las ropas, confundida, horrorizada.
¿Qué había hecho mal?
-¿Cómo puede ser que una niña de diez años pueda vestir tanto negro?-
-¿Q-que?-
Confundida miró su uniforme académico. Blusa, falda y capa negras… ¿Qué tenían de malo?
-Quita quita, ponte algo de color- gesticulando que se marchase con la mano.
Inflando los mofletes, molesta, abandonó la biblioteca en construcción. Recorriendo los cálidos pasillos hasta dar con una sala que conocía bien.
Una enorme estancia con cientos de vestidos y prendas de ropa colgadas en estanterías. Había salas de esa por toda la casa.
¿Por qué ese demonio guardaba tanta ropa femenina?
Y ropajes de lo más extraños. Trajes de enfermera, de policía…
Todos los vestidos y ropajes estaban agrupados bajo un símbolo. Solo reconocía el de su familia. Bajo el emblema de la casa Pendragon encontró todo tipo de prendas. Blusas, camisas, vestidos, zapatos y gorros. Incluso ropa interior.
Todo le venía a la perfección.
Retirando su ropa, se puso una falda verde y una camisa azul, con unos zapatos blancos. La ropa, de calidad, era muy cómoda…
Colocándose la capa y su gorro regresó a la biblioteca.
-ARRRRGGGGGGGGGGHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! QUEMAAAAAAAAAA! QUEMAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!-
-Moooooooooooo! Issei-sama!- protestó Le Fay quitándose la capa y el sombrero. Caminando hacia él.
Issei tocó el suelo de un salto, quedando frente a ella, mirándola fijamente a los ojos.
Caminando a su alrededor, inspeccionándola.
Volviendo al frente desplazó sus manos a las mejillas de la rubia, acariciándolas repetidamente.
-Iggeiammmaaaaaaa-
-Que preciosidad! Eres tan adorable!- chilló Issei abrazándola, levantándola del suelo, juntando su mejilla a la suya.
-Issei-sama!- protestó la Pendragon, ruborizada.
Aunque no tanto como la primera vez…
-Me alegro mucho de verle, Issei-sama-
-No más que yo, preciosa. ¿Cómo ha ido tu semana?- dejándola en el suelo, caminando hasta una mesa auxiliar, preparando un té para la niña.
Té, agua, leche. Estilo inglés.
-Le alegrará saber que mis evaluaciones academias siguen siendo brillantes!- exclamó con orgullo.
-¿Estudios? ¿Tengo pinta de ser tu padre? ¿Ya has hecho amigas?-
Los mofletes de Le Fay se volvieron a inflar.
-¡¿No debería de estar más preocupado por mis notas?! Si mis notas son malas usted tendrá una mala bruja!-
Issei se llenó la boca de galletas, mirándola con desdén.
-Ego no ge imporga-
-¡No hable con la boca llena!-
Palmeando su muslo, Le Fay se sentó en su regazo.
-Vamos vamos. Dime dime-
-He… He… He hablado con algunas compañeras…- murmuró la Pendragon tímidamente.
-¿Y?-
-Hemos desayunado… Y… Hablamos de mis libros favoritos… También eran los suyos…-
-¿Ves? Ya tienes amigas!-
-No son amigas, con compañeras con las que puedo llevarme bien!-
-Ya, bueno, es cierto. Pero has sido una buena chica, buena Le Fay- dijo Issei acariciando su cabello cálidamente.
La Pendragon sonrió tiernamente.
-Y si mi niña se porta bien, será recompensada-
-¿Cómo?-
Extendiendo la mano, el dragón señaló una montaña de libros frente a ellos.
La chica no los había visto por el ángulo de las estanterías…
-¿Esos son?- exclamó incrédula.
-Todos los libros de tu lista, algunos han sido difíciles de encontrar-
Los ojos de Le Fay brillaron con fuerza.
-¿Puedo leerlos? ¿Puedo? ¿Puedo? Porfi porfi!-
Riendo levemente, el Gremory vio como la niña de cabellos rubios corrió hasta la enorme montaña de libros, arrodillándose frente a ellos, poco menos que abrazándolos…
Esa chica amaba la cultura.
…
Ruborizada. Intentó no que la agradable sensación que invadía su cuerpo no se reflejase en su rostro.
Sentados cara a cara sobre su círculo mágico. Le Fay recibió el poder dragontino de su contratante. Un poder puro, intenso y adictivo.
Jadeante deshizo el conjuro. Estaba saciada…
Abriendo sus ojos, más roja que un tomate, miró al demonio. Su rostro burlón le devolvió la mirada.
-¿Mi brujita está llena llenita?-
-S-si, Issei-sama… ¿Cómo quiere que le pague esta semana?-
-Verás, tengo un proyecto nuevo!- exclamó el joven acercándose arrastrándose, hacia la rubia –Quiero retocar la barrera que envuelve la casa-
-¿Retocar cómo?-
-La barrera envuelve la casa… ¿Y condiciona lo que hay en su interior, no?-
-¿Quiere reforzarla?-
-No, no. Quiero que cambie lo que hay dentro. ¿Se puede?-
-Cambiar… ¿Quiere cambiar el cielo o algo así?-
-No. Quiero que solo afecte a todos los que están dentro. A las personas que estén dentro-
-¿A las personas? ¿Cómo?-
-Por ejemplo… Que cuando entres, inmediatamente lleves esta ropa puesta-
-¿Qué?-
-Que cualquier chica que cruce mi barrera lleve puesta la ropa que quiero-
-…-
-¿Puedo programar la barrera para que cuando cierta chica cruce mi puerta lleve lo que quiero?-
Entrecerrando los ojos, Le Fay lo miró fijamente.
¿Qué interés tendría ese demonio en algo así?
-DxD-
Alejándose unos pasos, Le Fay vio como dos jóvenes corrían hacia el dragón, lanzándose a sus brazos.
Bajando la mirada, alzándola de nuevo.
Una joven youkai, una chica… Parecía a ella, rubia, claramente una maga… Sería muy extraño que pidiese…
Quería ser esa chica…
-¡!-
Alarmada, se escandalizó, agarrando los libros contra su pecho, desapareciendo en un círculo mágico. Volviendo la mirada atrás una última vez…
…
Nerviosa, Rossweisse se miró de nuevo en el espejo. Alisando su liso traje, peinando su peinado cabello.
-¿Estas nerviosa?-
Sorprendida, chilló asustada. Volviéndose, viendo a una sonriente Ingvild.
-E-eres tú! ¡No me des esos sustos!-
-Te he llamado varias veces, pero no respondías… ¿Estas nerviosa?-
-¡¿C-como no quieres que lo esté? ¿Sabes lo que está en juego?-
Ladeando la cabeza, la pelirosa negó con la cabeza.
-Este puesto es uno muy codiciado! Hablamos de un ricachon! De un heredero de las 72 casas demoniacas-
-¿Y qué pasa con eso?-
Rossweisse bajó los brazos, derrotada.
-¿No tienes nada de ambición?-
La demonio ladeó la cabeza en sentido contrario.
-Eres increíble, chica-
-Tú eres más increíble que yo, Rossweisse-
-No, no… No me has entendido…- negando con la cabeza.
Divertida, Ingvild la tomó del brazo, empezando a caminar por los pasillos del castillo.
-No tienes por qué estar nerviosa. No conozco mucho a Issei, pero sé que es un buen chico… Respetuoso y paciente…-
-¿De qué lo conoces?-
-No lo conozco… Mucho-
-¿?-
-Su abuela me dijo que si le servía podría ser feliz… Y vine-
-¿Así? ¿Sin más?-
-Chysis es una buena mujer, porque me iba a mentir…-
-No es una cuestión de mentir… ¿Sabes que estas pidiendo? ¿Qué hay en juego?-
-Puede… Pero yo no tengo una vida propiamente dicha… No tengo familia, no tengo donde ir…-
-¡!-
-La mujer que me despertó me dijo que junto a Issei podría encontrar mi lugar en el mundo… No tengo muchas opciones…-
La asgardiana se detuvo, consternada.
Llorosa.
-Ingvild… Yo cuidaré de ti! Lo prometo!- exclamó la joven colocando una mano en su hombro.
-Pero si tú lo tienes peor que yo…-
...
Alcanzando su destino. La pareja siguió el eco de un agradable sonido.
Canto. Alguien estaba cantando.
Desviándose, la albina y la pelirosa caminaron hasta el jardín interior.
En el centro, tumbados en el césped plantado en el interior del castillo, estaba Issei. Relajado con la cabeza apoyada en los muslos de Lavinia Reni, con una gata negra acurrucada en su vientre.
Lavinia, acariciando el cabello del dragón, cantaba con suavidad. Su voz clara y suave, inundó la estancia de sonido.
La bruja cesó el canto al notar la presencia de las jóvenes. El cese despertó al relajado dragón que abrió los ojos, buscando la fuente de la distracción de Lavinia.
Kuroka gruñó molestar, habían interrumpido su descanso.
Issei se acomodó en el suelo, en el césped. Bostezando suavemente.
-Bueno bueno… Aquí estamos, eh? Sentaos, por favor...- palmeando el suelo.
Las chicas hicieron lo dicho, una nerviosa, la otra sonriente.
-¿D-dónde estamos?- preguntó la valquiria, mirando a su alrededor sorprendida.
-Esta es mi casa en el mundo medio, aquí suelo hacer vida… Pero eso ahora no es importante…- respondió Issei mirando a la nekomata, instándola a colocarse junto a las dos recién llegadas. Kuroka se negó, quedándose junto a él. Lavinia tampoco se movió, se quedó a su costado, ligeramente por detrás.
La falta de obediencia pareció sorprender a Rossweisse, mas no molestó al dragón. Acariciando el lomo de la gata, el demonio inspeccionó a las dos chicas frente a él.
Una despistada belleza de cabello purpura y ojos naranjas, la otra la valquiria de cabello albino que parecía dudar entre quedarse impresionada por el despliegue económico de su familia y el orgullo de haberle cazado en su cruzada personal. Las dos tenían su uniforme. El mismo que había probado con Suzaku. Las medidas no eran sorprendentemente muy diferentes…
-Empecemos pues… ¿Eres Ingvild, verdad? Pese a que hace algo que nos conocemos, lamento no haber podido hablar contigo cara a cara…-
-Así es, mi nombre es Ingvild… Yo estaba durmiendo cuando me encontró… Y dos demonios me despertaron… Una se parecía mucho a Chysis, pero era más pequeña…- murmuró la demonio llevándose un índice al mentón –Pero ha sido buena conmigo… No controlo mucho mi poder, Chysis decía que ya no estaba para estas cosas y que tú necesitabas una especialista mágica… Y una cosa… Y la otra… Como no soy buena combatiente me recomendó que sirviese como asesora… Dijo que… No me acuerdo bien…-
-¿Qué nos podíamos beneficiar?-
-Algo así, si!- exclamo la joven contenta.
Issei suspiró pesadamente.
Runeas de nuevo… Esa diablilla había enviado a Chysis a buscarla, ¿durmiendo? ¿La enfermedad del sueño? ¿Cómo la habían despertado? ¿Y porque tanto interés si no era por…
-Muchas gracias por aceptar darnos asistencia, has sido muy amable cubriendo la vacante de Grayfia-okami-sama- sonrió Issei dejando a Kuroka en el suelo, para disgusto de la morena.
Gateando se inclinó frente a Ingvild, ofreciéndole una mano. La demonio correspondió ofreciéndole la suya. Issei se inclinó para besar su reverso… Observando un conocido anillo en su mano.
Premio.
Soltando la mano, Issei la analizó. Cumplía a la perfección con sus gustos. Seguramente tenia enorme reservas mágicas y por supuesto, algún talento innato. Ese poder que decía no poder controlar… Aun así, tener ese anillo solo les daba la oportunidad de ganarse su confianza, nada más.
Ni Grandes Magias ni mierdas.
-Muy bien, Ingvild, para tu mala suerte ahora estas metido en esto… Os haré un breve resumen de mis actuales circunstancias…- regresando a su sitio original, Kuroka se volvió a subir a su regazo, Lavinia se apoyó en su hombro –Soy un heredero demoniaco al que se le exige cierto desempeño en el mundo militar… Para ello se me ha inscrito en una academia elitista, pero pese a que tengo excelente compañeras la competencia es alta y necesito de refuerzos. Mis excelentes padres me han encontrado una prometida que hará las veces de combatiente. Rumania chicas. Ese es nuestro destino… Algunas lo sabéis, otras no. En Rumania hay una vampiresa, una joven de sangre noble. Mi padre, de forma unilateral ha preparado mi enlace matrimonial con ella… No os penséis que me hace ilusión. No me conocéis mucho pero os aseguro de que yo elijo a mis chicas- gruñendo molesto –Pese a todo no puedo ignorar la petición de padre y madre… Insisto, ilusión no me hace. No me hace ninguna gracia tener que llevaros a un destino tan peligroso, porque me fio lo que yo me sé de esos condenados chupasangre…- gruñendo de nuevo –Pero me han asegurado que estará todo bajo control, que no habrá peligro para vosotras, así que nos lo tomaremos como una especie de viaje-
Las chicas se miraron entre ellas, confundidas. Suponía que tendría que hacer de "Rey".
-No tienes que preocuparte! Yo seré tu guardaespaldas!- exclamó Rossweisse levantándose.
-Si estas bajo mi custodia estas bajo mis órdenes, si quieres estar bajo mi custodia harás lo que te diga que es, estarte quieta donde puedas estar a salvo-
-¡Pero no se me ha contratado para eso!-
-Me importa bien poco para que te hayan contratado. Me niego a exponer a ningún peligro a una chica guapa como tú-
-Tengo un contrato con tu madre!-
-¿Si? Pues quédate con ella-
-¡Mi contrato eres tu-
-Pues buena suerte, la vas a necesitar- volviendo a la pelirosa –Lo mismo va por ti. Tampoco permitiré riesgos contigo-
-No seré muy buena luchando, pero no soy una doncella indefensa…-
-No dudo de vuestra capacidad. Hablo de mi responsabilidad para con vosotras- mirándolas fijamente, primero a una, luego a la otra –Si venís conmigo seréis mi responsabilidad, mía, no de mi familia y para garantizar vuestra seguridad MIS chicas podrían jugar su integridad física para hacer que volváis sanas y salvas. Mi familia y mis chicas son lo más importante del mundo. ¿Me entendéis?-
Tras un silencio incomodo, ambas asintieron.
-Como no tenemos tiempo para prepararnos y tenemos pocos recursos así que asumiremos algunos riesgos… La formación será sencilla. Si la cosa se llega a complicar… Lavinia, eres la especialista en magia, harás de Alfil en solitario, giraremos en torno a ti. Rose con Kuroka, las Torres, especialistas en defensa. Mi menda cumplirá con el resto. Seré la Reina y los Caballeros… Tú, Ingvild, vas detrás-
-¿Q-que? No!- protestó Rossweisse.
-No te quejes que te mando atrás con Ingvild. Tienes la infinita suerte de que he trabajado algo contigo, preciosa-
-Pero no he venido para esto-
-¿Qué prisa tienes?-
-…-
-Tampoco nos centremos en situaciones hipotéticas ni seamos agoreros… Con un poco de suerte nada de esto será necesario… Por lo que pasaremos al punto siguiente… Vamos a hacer algunas presentaciones- exclamó Issei juntando sus manos -Lavi, empezamos contigo, preséntate a las chicas-
-¿Qué tengo que decir?-
-Seremos pragmáticos, todo aquello que pueda servir a tus ahora compañeras de ayuda-
-Bien… Pues… Soy una bruja de Oz… He estudiado artes mágicas desde que era muy joven… Y pese a que no he acabado mis estudios… Me desenvuelvo en magia de largo alcance y mi especialidad es la magia de hielo…-
-Muy bien… ¿Ingvild?-
-Ah! ¿Me toca? Pues… Pues… Domino múltiples artes demoniacas… No soy muy atlética, bueno, si lo soy pero no reacciono rápido y… Dicen que mis reservas son grandes… mi especialidad son los conjuros de agua…-
¿Hielo y agua? ¿En serio? ¿Las candidatas a alfiles se compenetraban?
-Albina, te toca-
-¡Rossweisse! Soy una valquiria de asgard! Domino mucho campos mágicos y cientos de conjuros! Me gradúe en…-
-Roseeeeee- la interrumpió el dragón hastiado.
Sonrojándose avergonzada, volvió a empezar.
-Como valquiria soy ducha en múltiples campos de magia, pero también entiendo de artes marciales. Como mi especialidad son las magias de sellado y de defensa dejadme la defensa a mí! Mi escudo os protegerá de todo mal!-
-¿Cómo vas a proteger a un demonio del mal?- preguntó Issei divertido.
-¡S-silencio!-
-Kuro… Te toca- murmuró Issei golpeando levemente la cabeza de la gata.
-Nyaaaaaaa-
Ronroneando, la gata se acurrucó, perezosa.
No pensaba colaborar.
-Ella es Kuroka, una youkai, una nekomata. Es perezosa y parece desinteresada, pero entiende de artes marciales y puede usar el touki, un ki de refuerzo…- explicó el castaño por ella –Por mi parte yo soy un negado en el arte de la magia, apenas puedo usar conjuros con piedras mágicas… Prefiero el cuerpo a cuerpo. Uso una espada demoniaca y una sagrada… Y poseo sangre de dragón-
-¿Sagrada?- preguntó Ingvild curiosa.
Rossweisse empezó a babear.
-Soy más rápido que resistente… Y hay una cosa que quiero dejar clara… Hay mucho potencial, pero todos somos unos novatos que apenas hemos pisado el campo de batalla. Quiero que lo tengáis muy claro. Esto es una visita diplomática, nada más. Las tortas para otros-
-¿Para quienes?-
-Para quien quiera la guerra. Lo nuestro es poco menos que turismo. Los Gremory y los Tepes tenemos un acuerdo político, seremos cordiales, educados, respetuosos, realizaremos el encuentro y nos marcharemos-
-Sí, pero…-
-Ingvild, vienes para garantizar que no metamos la pata con los protocolos y demás… Rose, la seguridad es lo tuyo. Dejadnos el resto a nosotros- siseó Issei, serio –Os quiero a todas en tres días a esta hora, en este mismo sitio, sin el menor de los rasguños. ¿Lo habéis entendido? No correré el más mínimo riesgo con vosotras!-
-…-
-Basta. Lavi, preciosa, haz tu magia-
Asintiendo con la cabeza, la maga susurró algunas palabras. A los pocos segundos las chicas se vieron bajo un techo cubierto.
-¿Dónde estamos?-
-Mi choza. En el mundo superior. Viajaremos a la vieja usanza usando medios tradicionales… Saldremos mañana…- mirando a su alrededor –Tenéis vuestras habitaciones preparadas… Chicas. ¿Les enseñáis la casa mientras preparo la cena?-
-¿Vas a cocinar tú?- preguntó Rossweisse sorprendida –No pensaba que los nobles hiciesen esas cosas-
Issei alzó el índice abriendo la boca.
Rectificando juntó sus labios.
-Tienes razón. Salgamos a comer-
-Pero… ¿No tendríamos que ir a dormir…?- preguntó Ingvild ladeando la cabeza, viendo como Kuroka y Lavinia subían por las escaleras.
-Adonde… ¿Adónde vais?-
…
Avergonzada, Rossweisse alzó la mirada, llorosa y avergonzada. Sumamente avergonzada.
-¡Esto no cubre nada! Nada!- chilló la valquiria intentando bajarse en vano el vestido blanco que le habían ofrecido. Blanco, a juego con sus zapatos de tacón. De tirantes, ceñido y alcanzando apenas los muslos.
Ingvild movía su cintura a lado y lado, haciendo volar la falda de su vestido rosa.
Alzando una ceja, acariciándose la barbilla, Issei Gremory observó a las cuatro bellezas en el salón de su casa.
Una belleza rubia, vistiendo un traje crema. Otra albina, de blanco. La pelirosa, a juego con su cabello. La traviesa morena con uno negro.
Las cuatro chicas lo miraron, expectantes.
Colocándose la chaqueta, colocándose los gemelos con el emblema de su familia.
-Aquí faltan algunas pelirrojas y un par de sacerdotisas… Pero no os podéis llegar a imaginar lo dichoso que me siento por tener un cuerpo que no conoce el agotamiento-
-¿Por qué lo dices? ¿Te preocupa estar cansado para el viaje de mañana?- preguntó Ingvild.
-Pronto sabrás a que me refiero, preciosa- susurró Issei acariciando el mentón de la demonio.
-No miente, nya… No se cansa, nyaaaaaaa-
-Bueno bueno preciosas mías… ¿A dónde queréis ir esta noche?-
-Continuará en el próximo capítulo-
-Sangre en la nieve-
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Espero que os guste. Nos leemos en el próximo capítulo.
