Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.


- High School DxD –

[True Draconic X Deus]


-El daño de Issei-


-Bulgaria – Centro Indeterminado de la Santa Iglesia-

Caminando a toda prisa, sosteniendo su maletín contra su pecho. Un hombre japonés irrumpió en las frías estancias de piedra de una Iglesia local. Atravesando pasillos, sudando frio, recolocándose las gafas inspiró aire antes de entrar en una de las salas.

La sala de proporciones amplias, iluminada por dos sendas lámparas de cristales. Las paredes repletas de cuadros religiosos, las ventanas tapadas por pesadas cortinas rojas. El hombre arrugó su nariz al recibir una ola de intenso aroma a incienso. Sin dejarse intimidar por la incontable cantidad de hombres con sotana negra rodeando la pesada mesa de madera que presidia la estancia. Dirigiéndose directo a la figura que presidia la mesa.

-L-lamento el retraso…- se disculpó el hombre abriéndose paso entre los sacerdotes –Eminencia-

-Te estábamos esperando…- murmuró un hombre anciano, ataviado de rojo y blanco –Confío que habrás cumplido con tu cometido-

Jadeante, el hombre sacó una carpeta de cuero negra, ofreciéndosela al hombre con una reverencia.

Sin importarle la tensión en la sala, la impaciencia y visible miedo e inquietud en los ojos de sus compañeros de orden, revisó con detenimiento los documentos.

-Como muchos de vosotros sabéis, los vampiros han tenido la osadía de abandonar sus asquerosas cuevas…- pasando paginas sin prisa, colocándose sus gafas inspeccionando partes en concreto con atención –Tras siglos de molestas escaramuzas nuestra presión y control han dado sus frutos. La desesperación y la falta de recursos les han obligado a moverse… Y ha llegado el momento, el momento profetizado por el Señor-

-¿Van a movilizar a los Inquisidores? ¿La Santa Sede nos envía refuerzos?- exclamó un hombre, nervioso.

El anciano no respondió, continuando con su lectura.

-El Santo Padre está preocupado. Preocupado por su rebaño, y este es el fruto de la investigación que mando hacer hace tiempo… Y lo que tengo que decir no es fácil ni agradable, pero como no se podría esperar de otra manera, el Santo Padre tiene razón. Inteligencia y las múltiples delegaciones repartidas por toda Europa han podido confirmar que personal critico de empresas y enclaves sensibles han intentado ser convertidos a la causa sangrienta y malvada de los vampiros. Afortunadamente la fe y el amor en el señor son firmes y les ha impedido abandonar la gloria de su afecto… Esta información debe de servirnos como advertencia. Esos malnacidos cada vez emplean métodos más perversos y crueles para evitar su irónicamente inevitable extinción. Esta sala representa a los directores de las principales Órdenes al Este de Europa. El Santo Padre ha hablado. No entraremos en territorio enemigo. Se han enviado mensajes a todas las ciudades donde se han detectado contagios, en unos días estaremos preparados y procederemos a purgar dicha infección. Mientras tanto los presentes tenemos otra función asignada, formaremos un círculo alrededor del territorio de Vlad el Palitos. Nadie entra, nadie sale. Es sencillo. Cualquiera que lo incumpla será procesado, sin excepción-

-¿Sin excepción?-

Los susurros invadieron la sala.

-Esta es una declaración de guerra, un intento vano y pueril de imponer autoridad. Los Vampiros ya no poseen la fuerza para convertir a quienes dicen querer convertir. Es un grito de desesperación, un último intento de expandir influencia, un intento que será en vano. Mediante el uso de la fuerza acabaremos con esta amenaza de una vez por todas!-

-¿Entonces no tienen poder?-

-No, no lo tienen… Y han autorizado a los Ejecutores a venir a Rumania!- exclamó el anciano alzando el documento –La fuerza de Elite de los Exorcistas viene hacia aquí. El Maestro Logarius ha matado cientos de vampiros, con ellos a nuestro lado borraremos a esos chupasangre de la faz de la tierra con extrema facilidad!-

Al instante la sala se llenó de júbilo y alegrías.

-¿Entonces podemos asegurar que no hay altos cargos comprometidos en ningún país de Europa?- preguntó una mujer, con voz seca, fría.

-¿Quién eres?- preguntó el anciano, curioso.

No recordaba haber visto a esa joven. Tampoco haber visto a una mujer tan hermosa antes en su vida… Rubia, de piel blanca y ojos rojos… Un semblante duro, frio. Inexpresivo con un aura hermosa.

Una autentica belleza fría que te sometía con una mirada dura y directa.

-Soy la emisarria de la Orrden de los Caballerros de Basilea, mi señorr- respondió la joven cerrando los ojos, inclinándose levemente con una mano en el pecho.

El anciano se acarició la barba complacida.

-¿Basilea? Siempre me ha gustado esa orden, fiel y competente… Así es, joven, la integridad del mundo del hombre está segura gracias al amor de dios-

CLANC

-¡!-

Desviando la mirada, el anciano miró a su asistente.

-¿Qué te pasa? Estas pálido… ¿No te reconfortan las noticas de la Santa Sede?-

-L-la Orden…-

-¿Qué?-

-La Orden de los Caballeros de Basilea… Fue exterminada hace dos días, mi señor-

El silencio se impuso en la sala. Tenso y pesado.

-Es una información confirmada por la Santa Sede, se transmitió mediante emisarios papales…-

-Es un alivio… Pensarr que sois tan… Incapaces- susurró la joven, centrando la mirada del anciano.

Los cuerpos de los eclesiásticos que rodeaban a la rubia cayeron al suelo.

-Y grracias por la inforrmación…- alzando una espada chorreando un líquido rojizo, girando sobre sí misma, salpicando el líquido en todas direcciones.

El anciano se levantó horrorizado, viendo como los cuerpos de los soldados de la Iglesia se deshacían con el mero contacto.

Unas cotas cayeron en su brazo, en su túnica.

Tembloroso, empezó a chillar, viendo como la túnica liberaba un humo grisáceo. Apartando la tela liberó un alarido viendo su mano caer al suelo, el brazo consumido por el ácido imparable.

-Como agrradecimiento te dirré… Que todos los soldados que habéis enviado están muerrtos. La comitiva que regrresó a inforrmarros son eclesiásticos converrtidos-

-¡!-

-Así es. Tenéis al enemigo en casa…- exclamó la vampiresa cortando al anciano por la mitad, dejando que el líquido derritiese su cuerpo religioso.

Abriendo las puertas de par en par, una joven de cabello rubio, trenzado y pasado por encima del hombro, cayendo por su pecho, vestida de exorcista, abandonó la estancia. Media docena de hombres altos, rubios y de piel blanca la esperaban en el pasillo, erguidos, con las manos en la espalda. El olor de la muerte, la sangre y las vísceras alcanzó con facilidad sus delicados olfatos. Las botas de la joven, manchadas de rojo, dejaron sendas huellas en el suelo de mármol blanco.

-¿Por qué esperar tanto?- preguntó uno de ellos.

-Información. Precisamos información-

-¿Qué pueden darnos estos seres… Inferiores- masculló otro de los soldados, desviando la mirada, asqueado.

La vampiresa no se dejó influir por la influenciada actitud de su compañero, ego inflado por sus superiores capacidades físicas innatas. La superioridad de los vampiros no solo era física, pero demasiado a menudo la superioridad intelectual no se veía reflejada

-Avisad a mi padre, el viejo sanguinario cazador de vampiros ha sido movilizado…- extendiendo su mano, ofreciéndole la carpeta a un compañero –Las maniobras han funcionado. Ni saben nada de la Sangre Vieja ni saben nada de nuestros avances en sus sociedades…-

-¿Saben algo de la Gran Peste?-

-Siguen pensando que no es más que grupos sueltos de vampiros haciendo travesuras… ¡!- callando, mirando a un costado, observando fijamente la ventana.

Los vampiros la siguieron, acercándose a la ventana que daba a un patio interior.

BANG

-¡!-

Uno de los vampiros cayó de rodillas, desplomándose en el suelo, manchando el suelo con su sangre. Furioso su compañero saltó hacia adelante, atravesando el cristal.

BANG BANG

-¡!-

Alertados, los vampiros formaron alrededor de la joven, que no se movió. Limitándose a ver como un hombre cruzaba el patio a toda velocidad, saltando por el cristal, moviéndose por los pasillos sin perder un solo segundo. Alcanzando su objetivo sacó un par de granadas de luz de su chaqueta, retirando las anillas, soltándolas al aire, lanzándose de espaldas por la ventana, observando como varios vampiros entraban en su misma estancia.

BOOOOOOOOOOOOMMMMMMMMMMMM!

Subiéndose a una de las berlinas de la Iglesia, arrancando el motor, presionó el pedal del acelerador con fuerza. Maniobrando con torpeza, abandonó el perímetro, sin detenerse para abrir la cancela exterior, atravesándola con velocidad. Dejando atrás las vallas de metal, perdiéndose en la oscuridad de la noche.

-DxD-

Agotado, paró el motor. Mirando por los retrovisores, bajándose con lentitud, inspeccionando la oscuridad de la noche. Caminando hasta el antiguo edificio frente a él.

Ajeno a su conocimiento, cierta vampiresa lo observaba desde el cielo, sus alas negras como la noche extendidas. Tornándose en una nube de murciélagos atravesó el cielo, volando hacia el edificio, entrando por una de las ventanas. Materializándose en el interior. Sus sentidos sobrenaturales lo percibían todo. Sus ojos venían el calor de los tres residentes de la mansión. Sus oídos escuchaban claramente sus palabras, sus respiraciones, los latidos de su corazón.

El hombre estaba hablando, asustado, con otra persona. Una mujer. Una persona familiar para él, se preocupaba por ella.

Estaba en su casa.

Moviéndose con sigilo por la segunda planta sus ojos encontraron una tercera presencia. Una firma de energía, débil, un olor… De niño. Entrando en una de las habitaciones la vampiresa entrecerró los ojos, molesta, al ver peluches y objetos rosados por toda la estancia.

Una niña… Pequeña.

Una vida para compensar la pérdida de sus compañeros… Algo personal por su vida… Acercándose a la cama, la vampiresa miró a la niña. Joven, muy joven. Pálida, de largo cabello castaño, pegada a su frente por el sudor. Su respiración débil, su pulso inestable… La niña estaba enferma.

Enferma del corazón, lo veía, claramente.

La joven dudó. No en una muestra de debilidad, solo pensaba que no tenía valor o se lo restaba, matar a una persona que estaba a punto de fallecer. Lo mismo le podría estar haciendo un favor…

Revisando la estancia, sus ojos rojos se posaron sobre una revista, colocada en una mesita junto a la cama.

"Corazón de Demonio".

La vampiresa tomo la revista con curiosidad. Solo reconocía el título, el resto estaba escrito en caracteres que no reconocía. Parecían símbolos, complejos.

Escritura demoniaca. Aquello era un ejemplar de una revista del infame Inframundo. Pero porque una familia religiosa guardaría algo así en la casa?

La portada ilustraba a un niño rodeado de tres chicas. Un niño, de cabello rojo a juego con sus ojos, abrazando, tras ellas, a tres chicas sumamente hermosas. Una morena, una rubia y una de extraño cabello rosa.

Había anotaciones en las páginas, en el interior, que parecían ser una entrevista. La niña, con letra infantil, había traducido fragmentos aquí y allá. Quizás solo había remarcado las partes que más le gustaban.

La entrevista, de la supuesta prestigiosa revista, se le había concedido a "Issei Gremory" por la adquisición de su tercera esclava…

-¡!-

Revisando de nuevo el fragmento escrito, la rubia buscó algún elemento reconocible en la escritura demoniaca sin hallar ningún elemento que pudiese reconocer. Frustrada revisó algunas páginas aleatoriamente hasta dar con lo que buscaba.

El emblema Gremory. Lo conocía, lo había visto en los papeles de su padre.

-Entonces este es el niño…- murmuró la vampiresa acariciando la fotografía del demonio. Amenazando con rasgarlo de la furia.

Volviéndose a la niña, la miró con atención.

¿Qué opciones había de poder encontrar información de su prometido en casa de unos religiosos? ¿Aquello era una señal? Aunque no se consideraba una persona supersticiosa si era creyente, entre los vampiros había deidades y ante todo, creía en el imperativo universal. Su padre había contraído una deuda, pero la hija la había saldado con valiosa información…

-Yo acabaré con tu sufrimiento…- sentenció la rubia alzando su brazo, juntando sus manos… Descendiéndola con velocidad.

La vampiresa detuvo su mano justo al tocar la sabana que cubría el pecho de la niña. Desplazándola unos centímetros sus delgados dedos tocaron algo, una cadena plateada. No era plata, era algo más… Resistente. Un material que no había visto antes… Que sujetaba un anillo. La vampiresa observó detenidamente la pequeña pieza de orfebrería que era idéntico al suyo. El mismo anillo que decoraba su dedo. Dejando el anillo con la cadena bajo su pijama, como estaba, la acabó de cubrir con la manta… Para marcharse. Tardaría mucho en saber porque una Ángel de la Muerte como ella había mostrado algo llamado "compasión". Pero había algo que si sabía…

Esa niña estaba vinculada a su prometido. La cuestión era… ¿Cómo?

-Touji! ¿Qué ha pasado?- preguntó Karen, asustada.

-Tenemos que irnos!- dijo el hombre, agotado.

-¿Q-que ha pasado?-

-El Conclave… Debo viajar a Roma, debo avisar-

-¿Avisar de que?-

-Karen, la amenaza de los vampiros es mucho mayor de lo pensado…-

-¿Q-que ha pasado en el Conclave?-

-Han muertos todos-

-¡!-

-La Asesina… Vi con mis propios ojos a la Dama de la Muerte, su espada libera acido… Los derritió…-

Karen se llevó las manos a la cara, horrorizada.

-Tenemos que irnos! Toma a Irina, cogeré algunas cosas! Tenemos que irnos de inmediato!-

Karen Shidou era incapaz de contener su miedo, pero se las arregló para obedecer.

Sus botas de cuero negro pisaron sin el menor de los miramientos los fluidos y la sangre de los hombres más honorables y santos del este de Europa. Un charco de vísceras y veneno entre ropas rasgadas y derretidas.

Una de las vampiresas, agachada inspeccionando la ropa, se giró para mirarla.

-Tan letal como siempre… El exorcista estará muerto me imagino, conociéndote…-

-¿Eso supone un problema?- espetó Valerie, gélida. Dejando que la mujer sacase sus propias conclusiones.

-El objetivo era obtener información-

-La tengo-

-¿Y quizás algún rehén?-

La rubia no respondió, desviando la mirada.

-Tampoco es que sea muy relevante… Tenemos la lista de asistentes de la recepción y algunos memorandos que tenían las secretarias, que sumado a lo que has podido escuchar, es suficiente- incorporándose –Tras este golpe la Iglesia se pondrá aún más nerviosa-

-A mayor nerviosismo, mayor la respuesta… Enviarán a ese viejo loco, sin correa, que haga lo que crea…-

-El Maestro Rodarius, el Loco… Si, su fama es legendaria… Nunca ningún humano ha matado a tantos de nuestra especie- mirándola a los ojos -¿Le conoces? ¿Conoces a ese demente?-

-Una vez, de lejos. Un humano alto, fornido, de largo cabello y barba blanca, descuidado…-

-El mismo. El máximo representante de la locura humana… Y de su potencial. Una bestia. Un prodigio físico y mental, dominando todas las artes mágicas y físicas conocidas guiadas por un inquebrantable ideal… Purgar el mundo de toda presencia no humana-

-…He leído de él-

-Condenado por la Iglesia, excomulgado, lo usaron para sus fines perversos. Ahondándolo aún más en su locura, en su obsesión… Lógicamente al final de la última cruzada lo repudiaron, enviándolo a un castillo perdido en medio de las montañas junto a todos sus radicales seguidores…-

-Lo podrían haber dejado allí… Estos imberbes no podrán con él-

-Eso es evidente. Ni siquiera tú podrías, tu yo en unas décadas quizás. ¿Ahora? No-

-…-

-Que no quiero ofender- volviendo a los cadáveres frente a ellas –Pero el tiempo no ama a los hombres, los detesta, los debilita. El anciano loco no es la excepción-

-…-

-Tu padre enviará a miles de salvajes contra los Ejecutores…-

-No son rival para ellos-

-Un puñado vale… ¿Pero miles?-

-…-

La inspectora miró su espada con curiosidad.

-¿Algo que decir?-

-Solo pensaba en las propiedades de tu arma de sangre… Ya podemos volver-

-¿Tienes prisa?- preguntó la Tepes.

-Tu padre ha solicitado tu regreso lo más pronto posible-

-¿El Rey? ¿Para qué?-

-¿El Rey no puede querer ver a su hija?-

-El Rey no tiene hijas… ¿Ha venido él en persona?-

La soldado desvió la mirada.

-N-no, creo que no-

-Eso me temía…- sentenció la rubia alejándose a paso ligero.

Con su rostro apoyado en una mano, Valerie observó el paisaje nocturno a través de la ventanilla de la berlina.

-Sigo pensando que habría sido mejor traer algún superviviente…-

-Que pesada…-

-Valerie! Este es un momento crítico! Estamos en mitad del mayor movimiento militar de los últimos quinientos años! ¿Qué pasa si…?-

-¿Si qué?- girándose por primera vez –Nadie sabe nada de nosotros. Ni la todopoderosa Iglesia ni los ángeles del Cielo… Esos infelices nos toman por criaturas recluidas en fríos castillos de piedra perdidos en las montañas… No saben nada de Valaquia… Les he escuchado, el plan del Rey ha funcionado. Se creen que los conversos que hemos liberado por toda Europa son el foco a contener- volviendo a la ventana.

-Aun así…-

-Llevamos mil años excavando el Imperio, cientos de kilómetros cuadrados de cavernas y ahora millones de soldados dotados de esa sangre milagrosa… Nunca hemos estado tan bien, no entiendo porque tanto miedo-

-No lo sé… Será la costumbre…- murmuró la vampiresa acariciándose el brazo.

El automóvil se detuvo.

Las chicas bajaron del coche, recorriendo una pequeña villa, abriendo las puertas de un edificio considerable, algo parecido a una Iglesia… Por fuera. Múltiples hombres, de negro y armados, guardaban el salón.

Entrando a paso ligero, descendieron unas escaleras hasta dar con un antiguo ascensor.

-Me preocupa el Imperio del Oeste-

Valerie suspiró pesadamente.

No soportaba la presencia de la joven, pero era una Inquisidora, los ojos y los oídos de los ancianos, y debía dejar que la acompañase. Ella seria, a fin de cuentas, quien relataría que había pasado.

-Hace semanas que no sabemos nada de Amelia…-

-Amelia, como la llamas, es la Reina de los Vampiros, la principal oposición que tenemos en este planeta… Y la última vez que lo consulté, gobernaba con puño de hierro el norte del continente más septentrional. Una de las potencias mundiales, con decenas de millones de vampiros entrenados y formados liderando a cientos de millones de humanos más… Si quisiese, Amelia podría atravesar el Pacifico e invadir Valaquia sin dificultad. ¿Ella te preocupa?-

La vampiresa asintió lentamente.

-El último informe hablaba de que una de las Semillas del Cielo se estaba acercando a sus costas…-

Valerie la miró ligeramente sorprendida.

-¿Una de las fortalezas del Cielo? Eso es nuevo… Pero no importa… No hay forrma que de que ellos pierdan. Aunque si lo hiciesen nos iría mucho mejor…-

Las fortalezas del Cielo eran famosas, y temidas. Inmensas estructuras de piedra envuelta en acero con poderosas defensas y un ejército de soldados mecánicos sagrados. Una fortaleza de muerte y destrucción que velaba por los intereses de la Santa Iglesia, del Cielo, en la tierra intermedia. Esa fortaleza no tenía motivos para acercarse a las tierras de los vampiros. Y desconocía si Amelia tenía poder para hacerle frente. Sus tropas eran numerosas pero… Había visto de que eran capaces esas monstruosidades. Creadas para combatir a males mucho mayores. Amelia, el Reino Occidental de los Vampiros era inmenso, contaba con millones de soldados en sus filas y toda la tecnología militar del ser humano, pero esas fortalezas… Sus cañones de luz, en pleno sol, podían destruir ciudades enteras.

El montacargas descendió lo suficiente como para alcanzar las bóvedas inferiores, el subsuelo. Sus ojos rojos visionaron un colosal pabellón iluminadas por miles de faros. Un pabellón repleto de vampiros yendo y viniendo, trasladando material, conduciendo camionetas hasta un enorme ferrocarril sobre unas guías que se perdían en la oscuridad.

Una de las 157 puertas de acceso a Valaquia, el Reino Subterráneo. Uno de los Grandes Reinos escondidos.

Toda la región de Transilvania estaba hueca, excavada y edificada con kilométricos túneles dando cabida a millones de cavernas con lujosas edificaciones construidas a diestro y siniestro.

Jardines, ríos, la capital, Valaquia, contaba con todo tipo de instalaciones conectada por autopistas y líneas de ferrocarril a ciudades menores repartidas por todo el continente. Ciudades que formaban feudos, regiones gobernadas por familias nobles cuyas órdenes eran sencillas, expandir el territorio. Alimentándose y nutriéndose del mundo superior, los vampiros llevaban medio milenio de continua expansión, prosperidad y tenaz desarrollo. Pocos seres podían imaginar que bajo los pies del mundo humano se hallaba un Imperio inmensamente superior.

Sus ojos rojos se fijaron en como los vagones se cargaban con hombres, mujeres y niños encadenados, amordazados, atados entre ellos formando una hilera. Rabiosos y perdidos, los recién convertidos con sangre impura no eran vampiros propiamente dicho, eran ghouls, devoradores de carne. Sin la facultad de la razón solo atendían a la necesidad primaria de alimentarse.

Su pueblo contaminaba una localidad, un pueblo, y enviaba a los infectados a la siguiente área. Usualmente bosques o lugares oscuros. Esperando pacientemente sin tener que lamentar ninguna pérdida valiosa, a recolectar a los nuevos infectados para continuar con la limpieza.

No era el método más rápido, pero era el más efectivo. Al menos hasta poder saber cómo pensaba responder la Iglesia o si finalmente el Gran Perro respondía a la provocación.

-Princesa, debo acudir al Conclave. He de presentar mis informes… Y creo que el Rey la espera-

Valerie no respondió.

Asintiendo, la vampiresa se marchó a paso rápido.

Valerie se quedó sola, irónicamente, en aquel pabellón repleto de paisanos. Ignorándolos a todos atravesó los portones principales, descendiendo hasta dar con la estación civil de tren. No tardaría en encontrar el suyo, acomodándose en los asientos más apartados, se limitó a esperar mirando por la ventanilla, absorta en sus pensamientos.

Metiendo su mano en su túnica, sacó un pequeño frasco. Un vial, reducido, con un líquido rojo en su interior. Herméticamente sellado, mágicamente precintado, el contenido se mantenía en perfectas condiciones sin importar las condiciones del exterior.

El vial de sangre de su prometido. El demonio al que no conocía. El demonio que había permitido toda esta masacre. La salvación de su pueblo. Un niño rico de una familia adinerada.

Resultaba increíble como algo tan pequeño, insignificante, pudiese ser tan determinante para ella.

La sangre virginal de su prometido. Para ella, ese frasco era una condena eterna. En cuanto la tomase, su cuerpo la asimilaría, cambiando biológica y genéticamente para aceptarlo a él. Porque ella era eso, una promesa de pago. Aunque por suerte aún no estaba obligada a beberlo… Tampoco podía esperarse mucho más. El tiempo se acababa para ella. Los demonios poseían un concepto del tiempo amplio y mientras el niño estuviese ocupado con sus cosas y no la recordase, no exigirían su formalización del acuerdo.

Sin saber cuándo había empezado el trayecto, vio como el paisaje había cambiado. Ya no estaba en la estación, estaba en un túnel.

Un túnel que la llevaría al este. A la capital… Donde la esperaba la única persona en este mundo que sentía genuino afecto por ella. Su hermano menor…

-DxD-

Unos ojos azules se posaron sobre la hermosa de ciudad de Sarajevo.

Las alarmas resonaban en la oscuridad de la noche, tenuemente iluminada por las llamas de la guerra.

Cierta demonio pelirroja se llevó una piruleta a la boca, relamiéndola con lentitud. Mirándola con decepción. Quizás desease que fuese otra cosa y no esa piruleta.

-Un trabajo brillante… Liberaron varias viejas Ford llenas de infectados en las inmediaciones del parque natural Sutjeska y del de Blidinje…-

-Me estás hablando en chino-

-¿Me entiendes?-

-Te entiendo pero no sé de qué me hablas! ¿No conozco nada de esto?-

La demonio de cabello negro chasqueó irritada.

-Son dos parques grandes con cascadas y cuevas. Al sur tienen la frontera y una ciudad muy poblada, al norte una aún más poblada…-

-¿Cuánto aguantará el país?-

-Han movilizado al ejército… Probablemente quemarán todo esto antes de que acabe la noche… Los humanos no tienen potencial militar pero los países vecinos si-

-¿Las potencias cercanas saben de los vampiros?-

-¿Te diría que esto es la mar de divertido si se supiese que son vampiros?-

-Un momento… ¿Crees que es alguna infección o algo?-

Serafall rio divertida.

-¿Tenemos intereses en este país?- relamiendo su piruleta, mostrando cero empatía con la gente local.

-¿Te interesan los negocios familiares?-

-Tienes razón… ¿Qué hacemos aquí?-

-Comprobar que los rumores son ciertos y si lo son, poner a prueba la eficacia de esa sangre-

-Ah, si… La dichosa sangre negra…-

-Se dice que los vampiros excavaron, mucho y muy profundo. Alcanzando cámaras y túneles de una antigua civilización que vivió hace mucho… Y de que entre los restos de esa civilización hallaron algo llamado "sangre negra"-

-Me lo has repetido unas cuantas veces… Aunque esa sangre fuese tan mágica no hay una correlación entre…-

-Los vampiros se alimentan de la sangre vital, no importa la procedencia, se vuelven inmediatamente compatibles-

-Mmm-

-La civilización existió, que haya restos podría ser cierto pero esto…-

La demonio, vestida de Mahou Shoujo, se inclinó hacia adelante.

-Potencia los instintos más básicos de los chupasangre…-

-¿O sea?-

-Me dijiste que Alucard estaba sellado-

Runeas masticó su piruleta, acabándosela a mordiscos.

-Lo está, lo comprobé antes de venir. El sello sigue intacto-

-Pero había muestras en los antiguos laboratorios de Lucifaag-

-Eso ya no es cosa mía… Serán los cabrones de los Nebiros… Qué asco les tengo-

-Ajuka sospecha que Rivezim pueda estar detrás-

Runeas escupió a un lado, molesta.

-No me hables de ese que me enfado…- gruñó la pelirroja levantándose, estirando los brazos, observando el paisaje con sus manos en la cintura -¿Cuántos millones de muertos?-

-Cientos y subiendo. Cuando Lucien abra las puertas a su Peste, Europa será un gigantesco cementerio…-

-Nada mal para ser mi semental-

-¿Nada mal el que?-

-Lo que ves es parte de su influencia… Este es el Daño de Issei, que dará paso a la Desolación del Dragón- extendiendo sus manos –Mi familia le entregó la materia prima que necesitaban los vampiros para encender las llamas de la muerte. Y todo por su magnífica y todopoderosa bragueta…-

-I-kun no ha hecho nada. No lo sabe, no sabe de las consecuencias de su compromiso con Valerie. Ni siquiera la conoce-

-El desconocimiento no te exime de su responsabilidad, Serafall-

-No creo que sea justo…-

-Miles de millones de muertos para que mi marido tenga a su esposa vampiresa en su cama… Morid, humanos. Morid sabiendo que mi marido goza gracias a vuestro sacrificio- sonrió Runeas Gremory maquiavélicamente.

-¿No tendríamos que conseguir la muestra?-

Runeas miró el extraño reloj de pulsera.

-Se nos acaba el tiempo-

-¿Ya? Que fastidio…-

-No te quejes. Apenas quedan diez años para ser libres- masticando la piruleta.

-¿Solo? Si que pasa rápido el tiempo…- sonrió Serafall divertida.

Ambas mujeres se giraron al sentir una presencia tras ella. Una bestia negra de ojos brillantes.

Sin mediar palabra alzó sus manos. Las chicas se vieron envueltas en dos pilares de luz, alzándose, atravesando el tiempo y el espacio…


-Residencia Gremory-

PIIIIPIIIIIPIIIII

Los ojos azules de la valquiria se posaron sobre el reloj en la mesa. Llevaba tres horas, tocaba parar.

Dejando su lápiz en la mesa, la asgardiana sonrió orgullosa al ver su trabajo. El duro esfuerzo de una jornada de fructífero estudio.

-Objetivos asumidos! Jejejeje!- contenta, cansada, Rossweisse se incorporó. Separándose de su escritorio, mirando su habitación.

Una habitación muy amplia, un pequeño piso con múltiples separaciones con paneles de madera. Baño completo propio. Balcón con terraza… Múltiples veces el espacio que había tenido en la posada, decenas de veces más grande que las barracas militares de Asgard.

Nunca había tenido tanto espacio para ella, tampoco tantos recursos, ropa, material, mobiliario… Su mismo escritorio tenía todo tipo de material didáctico y de oficina. No le faltaba de nada… ¿Ella se merecía esto? ¿Qué ofrecía a cambio de todo eso?

Negando con la cabeza, la chica se observó en su espejo de cuerpo completo. Llevaba un pijama rosado, cómodo, de franela a juego con unas zapatillas excepcionalmente cómodas, el cabello recogido en un moño improvisado con un lápiz. La imagen opuesta a la elegancia. Su imagen era sencilla, hogareña. Ni era atractiva ni sexy. Dudaba que a su amo le resultase atractiva…

Su amo… Porque era una sirvienta. Colgado, cubierto por cristal y enmarcado, estaba el contrato que la unía a Issei Gremory. Un contrato sencillo de servidumbre. El joven le había asignado la tarea de ejercer de profesora, con el paso del tiempo aquello se había visto reducido a una simple convivencia… Porque no hacía más que eso, estar a su lado. No hacía nada, no servía en nada, ni era profesora ni era nada. Pese a todo, Issei no parecía estar molesto por ello.

Dejando la estancia, una ola musical la golpeó con claridad. Las habitaciones estaban completamente insonorizadas. El motivo era que a Issei le gustaba tener música puesta y no quería molestar en los espacios personales de las chicas. Quizás por influencia de Lavinia e Ingvild, a ellas les gustaba cantar. La mayoría del tiempo solía haber música sonando en la casa.

Rítmica, alegre, inspiraba el corazón.

En el salón estaban, como no, las dos alfiles. Cantando concentradas en la música. Moviéndose animadas sosteniendo un par de micrófonos.

No había nadie más.

Su olfato percibió una agradable fragancia, apetitosa. Su estómago reaccionó con un sonoro gruñido, oculto por el alto volumen de la música. Sonrojándose avergonzada, la joven recordó que no había comido y de hecho ya era tarde, entrada la tarde, casi anocheciendo. Desplazándose a la cocina encontró al objeto de sus pensamientos.

El castaño estaba en la cocina, de espaldas a ella, con su delantal moviéndose entre fogones. No entendía porque el amo era quien se encargaba de la cocina. Pero si sabía que el castaño se ocupaba de muchas tareas domésticas para liberarlas de funciones y que pudiesen tener tiempo libre.

En un rincón estaba, como siempre, Kuroka. La nekomata, vestida con un top negro y sus bragas a juego, lo miraba fijamente sentada sobre la mesa. La youkai la percibió prácticamente al instante. Sus salvajes ojos amarillos se posaron sobre ella, pero no dijo nada. Decidiendo volver a escuchar a su amo. Issei hablaba mientras cocinaba, animado.

-Le falta picante, nya-

-No le falta picante. Kuro-

-Y le sobra verdura-

-Has de comer verd… ¿Qué coméis en tu aldea?-

-Carne-

-Aparte de carne-

-Pescado, nya-

-Kuro… ¿Entiendes lo que es una dieta equilibrada?-

-A veces me recuerdas a la gata vieja y gorda de Magari, nya…-

Negando con la cabeza tapó la cacerola, negando con la cabeza.

-Pues nada… Dejamos que repose un poco y…- quitándose el delantal para dejarlo en la mesa, sobre la cabeza de Kuroka.

La gata se lo quitó irritada.

-Llegas justo a tiempo… Prueba esto!- exclamó Issei viendo a la valquiria por primera vez, ofreciéndole un vaso de cristal.

-¿Qué es esto?-

-Una variante de una infusión de tu tierra… O eso creo-

-¿Me has preparado una…?-

-Estabas estudiando duro así que pensaba subirte un tentempié… Pero he visto a Kuroka y he pensado que comer sin moverte solo te engordaría asi que he optado por el tónico…-

-¿Me has llamado gata gorda, nya?-

-O-oh, muchas gracias… Es un detalle…- tomando el vaso sonrojada.

PAM

-Quédate por aquí la cena casi esta- exclamó Issei masajeando su trasero antes de salir de la cocina.

Rossweisse frunció el cejo enfadada.

Kuroka rio divertida siguiendo a su amo.

-¡No me olvido de que me has llamado gorda, nya!- chilló la morena lanzándose en la espalda del demonio, colgándose del cuello.

El niño la sostuvo por las piernas, cargando con ella.

-Es una forma de hablar… Si no te cuidas acabarás gorda y redonda y…-

-¡Estoy muy buena! Y eso no va a cambiar, nya!-

-¿Te preocupa acabar como una gata perezosa en la cama rascándose la panza todo el día?-

-Si soy una gata gorda no me querrás! Nya!-

-Por eso no te preocupes preciosa. Seguiremos la dieta del cucurucho y así nos aseguraremos de que estés en forma-

-¿Qué es la dieta del cucurucho, nya?-

-Comer poco y follar mucho! Jajajajaja-

Kuroka empezó a reír divertida, Rossweisse se avergonzó de nuevo. ¡Que vulgar! ¡No importaba cuan detallista fuese, siempre lo estropeaba con sus cerdadas!

La asgardiana no podía relajarse porque el castaño nunca se comportaba como un príncipe, el príncipe que ella quería, su príncipe azul. El caballero aguerrido y perfecto que la acompañaría en las heroicas batallas del Ragnarok. Einherjar y Valquiria luchando codo con codo! Derramando la sangre de sus enemigos! Para luego regresar gloriosos a los salones del Valhala donde el mismo Odín alabaría sus gestas, para orgullo de Gondul. Luego, en la intimidad, descansarían sus agotados músculos en los baños dorados, donde como buena doncella, serviría exquisita hidromiel hasta embriagarlo. El bravo guerrero liberaría sus más instintos primarios y la pondría en cuatro en las calientes losas de las termas y la haría chillar hasta…

-¡!-

Acalorada se llevó las manos a la cara.

¿La pervertida era ella?

Negando con la cabeza miró su infusión, dándole un sorbo. Dejando que el líquido caliente recorriese su garganta. El sabor se le antojaba extraño… Pero sorprendentemente familiar, hogareño. Si le recordaba a su tierra…

Sonriendo cálidamente siguió al dragón, encontrándolo en el salón principal… Y se extrañó.

Lavinia estaba junto al equipo de música, eligiendo el siguiente disco, Kuroka se había lanzado en plancha al sofá, estirándose como siempre… Pero Ingvild se había acercado a Issei. Este la había recibido pasando una mano por la cintura, buscando su cuello, besándolo mientras ella reía divertida?

Rossweisse parpadeó al creer ver que el dragón posaba una mano sobre uno de sus senos. La pelirrosa no se apartó ni un centímetro… Creyó ver mal, la pareja amo/esclava se separó, con la demonio sentándose junto a Kuroka como si nada.

Ingvild era su aliada, su esperanza contra la perversión de Issei. Aunque Lavinia y Kuroka eran cómplices en su lujuria desmedida, la pelirrosa se mantenía pura e inocente. Era su aliada… Estaban juntas frente a…

El menor de los Gremory tomó a la rubia de la cintura, apartándola del aparato, liberando un chillido de sorpresa en la bruja, viéndose trasladada hasta el piano.

-¡Issei!-

-Basta de cantantes mediocres-

-¿Mediocres? Mi colección tiene a los mejores cantantes del…-

-Tu colección, como la llamas, no te tiene a mi, mi favorita- levantando la tapa del piano.

-¿Sabes tocar el piano?- preguntó Rossweisse acercándose a ellos.

-Mi madre quería que mi hermana estudiase, como no quería me obligó a mi, y ella aprendió porque yo lo hice… ¡Kuro! ¿Canción?-

-Zankyo Sanka!- exclamó la morena -¡Eso va por mi natilla de ayer!-

-¡Sabes que no fue mi intención!-

-¡Ah! Se siente!-

Estirando las manos, sentándose en su asiento, el joven empezó a tocar, concentrado.

Lavinia frunció el cejo molesta.

-¿No le gusta cantar?- preguntó Ingvild.

-Lavinia prefiere canciones lentas… Nyahahaha-

Sin ánimo de dejarse amedrentar la rubia bajó al suelo mirando a su amo antes de inspirar con fuerza, colocándose en el centro del salón.

-Daaadaradadaaaaa! Tada sode ni saku senka!-

Kuroka rio divertida, estirándose en el sofá.

Ingvild y Rossweisse abrieron los ojos, maravilladas ante la voz de la bruja, que se movía concentrada siguiendo el ritmo del demonio.

Tada soko ni ai wo toshita

. Hade ni iro wo tokasu you ni ginshu no tsuki wo soete!

Sentándose junto a Ingvild, ambas chicas se quedaron en silencio viendo como Lavinia se dejaba la voz cantando, moviéndose cual diva por el salón.

Absolutamente concentrada en su canción, una mano en el pecho, los ojos cerrados, caminando a lado y lado, girando sobre si misma.

Donna ni nagi kattou mo

Uta to chire zankyo

Quedándose quieta, sudorosa, Lavinia sonrió orgullosa.

Avergonzándose al sentir un estruendo. Kuroka, Ingvild y Rossweisse se levantaron al unísono, aplaudiendo con fuerza.

-¡Bravo, nya!-

-¡Que voz más preciosa!-

-¡No sabía que podías cantar así! Lavinia, eres un prodigio!-

-Espero que estés contenta!- protestó Lavinia colocando sus brazos en jarra frente a Kuroka -¡Sabes que no me gustan las canciones con tanto ritmo!-

-Lo olvidé, nya!- levantándose corriendo hacia la cocina -¡Amo! Tengo hambre!-

-Ah, no! No te escaparás tan fácilmente!- exclamó la rubia marchando tras ella.

El Gremory las ignoró, siguiendo en el piano.

-Hora de cenar… Ingvild, puedes poner la mesa, por favor?-

-Voyyyyy!-

Rossweisse no se movió, quedándose quieta en su sitio, mirando la espalda del demonio que se percató de su presencia.

-¿Quieres hablar?-

-¿Q-que si quiero? S-si… Pero de qué?-

-Pensaba que querías decirme algo en concreto-

-N-no, no. La verdad es que no tenía nada en mente…-

-Mmm… Como te me habías quedado mirando fijamente… Entonces… Háblame de tu pueblo… Sé que las valquirias tocan instrumentos para aliviar el cansancio de los guerreros…- dijo Issei tocando acordes al azar, probando cosas nuevas quizás.

-¡!-

Sorprendida, la albina se llevó las manos al pecho, nerviosa.

-¿Ocurre algo? ¿No quieres hablar de ello?- preguntó Issei girándose, sin dejar de tocar.

-N-no! Solo me ha sorprendido que supieses de nosotras…-

-Me he informado de todas vosotras… Madre me dijo que cuando uno dispone todo el tiempo del mundo no debe caer en el pecado de perder la noción del tiempo y que una de las mejores maneras de mantenerse firme era estudiando todo aquello que afectase a mis chicas… Por lo que puedo decir que llevo años estudiando sobre vosotras… Se cosas de brujas, cosas de nekomatas, cosas del mundo antiguo de los demonios y cosas de valquirias… Un mundo fascinante el tuyo, por cierto! Me encantan las historias de mitología…-

-Que infantil. ¿Te gustan los cuentos de fantasía?-

-SOY un niño-

-Las mitologías no son cuentos de hadas…-

-Vale, quizás no sea tan niño…-

-Entonces lo sabes…- murmuró la albina colocándose junto al dragón en el taburete para el piano.

-Que las más leales, serviciales y hermosas valquirias sirven hidromiel y cantan a los agotados einherjar?-

-Que Odín usa a las doncellas guerreras como prostitutas para sus soldados-

-Jajajaja. Que visión más dura… No creo que sea tan pesimista la realidad… Endulza esa imagen! Prefiero las historias de los libros-

-Debe de ser cierto. Se oyen historias… Entre las doncellas de rango superior…-

-No les hagas caso. Las típicas historias de estudiantes superiores para vacilar ante las cadetes…-

-Yo creo que son ciertas… Los soldados tenían que estar motivados para la guerra… Y la espera es larga… ¿Los hombres no disfrutan así? ¿Mujeres y alcohol?-

-Ciertamente… No todos los hombres somos iguales… Pero quien no estaría feliz con mujeres hermosas sirviéndole hidromiel y atendiendo sus necesidades?- rio Issei –Yo por ejemplo… Creo que las doncellas atienden con hidromiel y masajes a los cansados guerreros, escuchando sus historias, ofreciendo atención y consuelo… No todo es descanso físico, quizás los soldados necesitan atención mental, apoyo anímico, desahogarse… ¿No crees?-

-La verdad es… Es que es un trabajo muy estresante. Cuando estaba en los cuarteles me sentía sola… Y no tenía con quien hablar…-

-¿Ves? A eso me refiero… Pero no temas, aquí tienes una familia. Lavinia es muy buena escuchando, aunque creo que te llevas mejor con Ingvi… ¿Le tienes respeto a Lavinia porque es mi amante?-

-¡N-no! No! No es eso… Y si-

-Jajajaja. No pasa nada, Lavi es todo corazón-

-Yo… También te tengo respeto-

-¿A mí? Ya… Me imagino que mi naturaleza calenturienta es algo impactante para una doncella…-

-No es eso… No te entiendo. No entiendo cómo puedes ser un amo que trata a sus esclavas como iguales, incluso como a superiores… ¿Amantes? ¿Compañeras? Incluso amigas… No lo entiendo. Los dioses no trataban así ni a sus más estimados einherjar-

-Mmm… Que mal-

-Y cuanto más te veo… ¿Puedo preguntarte algo?-

-Mmm-

-He conocido a tu madre… Parece ser una mujer afectuosa…-

-Es la mejor madre del mundo- dijo Issei con firmeza.

-¿Y tu padre?-

-El hombre al que más respeto y en el que me fijo-

-¿Y tus hermanos?-

-El mejor hermano del mundo mundial y la hermana más preciosa que uno pueda tener…-

-¿Y los sirvientes?-

-No están lo suficientemente bien pagados para lo cojonudos que son-

-Entonces… ¿Por qué no estás viviendo con ellos? ¡Eres un niño!-

-Yaaaaa… Es cierto-

-Vives aquí, solo, con todos los problemas… ¿Por qué?-

-Como lo podría explicar… Siento que sois mi familia y quiero pasar tiempo con vosotras-

-¡!-

-Aunque me gustaría que…-

-¿Qué?-

-Estoy donde quiero estar con quien quiero estar. ¿Eso no está bien?-

Rossweisse miró sus manos cohibida.

-¿Incluida yo?-

-Si no te quisiese aquí… ¿crees que estarías aquí?- preguntó Issei mirándola de reojo.

-Supongo-

-No supongas, créelo. Eres parte de esta familia. Aunque no tengas pieza, aunque tu posición no este definida, bla bla bla…-

Sonriendo sonrojada, la chica se mantuvo en silencio unos instantes.

-¿A ti te gustaría eso?-

-Gustarme que-

-¿Qué te atienda una valquiria?-

-Déjame que piense… Que una belleza me sirva hidromiel, con un buen masaje… ¿Van desnudas? No… Con una pequeña toalla cubriendo su virginal cuerpo, sensual, nada descaradamente obsceno… Y una agradable conversación… Virgen santa, me estoy poniendo pinocho con pensarlo… ¿Quién diría que no a eso?-

Inquieta, la asgardiana se quedó mirando al joven de reojo.

-Entiendo que a mayor valor como soldado te atendía la valquiria de mayor rango… ¿Si?-

-Así es… Así se pretendía motivar el esfuerzo…-

-Mmm… ¿Y solo había doncellas?-

-¿Qué más querías?-

-¿Freya es la diosa de la vida? ¿De la natividad, no?-

Rossweisse frunció el cejo molesta.

-Me encantaría que la diosa de la feminidad atendiese mis necesidades… He visto algunos retratos… ¿Es cierto que tiene unos buenos misi…?-

Tomando la tapa del piano, Rossweisse la cerró de golpe, pinzando los dedos del castaño.

-¡Yo soy la única asgardiana para ti! Que lo sepas!-

Llorando de dolor, el demonio miró confundido como la valquiria se marchaba al salón principal.

Siguiéndola lentamente, vio a todas las chicas sentadas en la mesa. Rossweisse le negó la mirada intencionalmente.

-¡Amo! Comida! Nya! Tengo hambre! Aliméntame!- golpeando la mesa con los cubiertos.

-Has tardado… ¿Estabais hablando?- preguntó Lavinia… ¿Celosa?

-Arpas y flautas…- respondiendo entrando en la cocina.

-¿Qué?- preguntó Ingvild.

-Rose me contaba que música tocan en su mundo… Arpas y flautas- continuó Issei saliendo de la cocina, dejando múltiples bandejas en la mesa.

-Cuerda y viento, debe de ser una música harmoniosa y deliciosa- sonrió Lavinia esperando a que su amo se sentase.

Ninguna tocó la comida hasta que el castaño se sentó en la mesa, teniendo que esperarse a que sirviese vino a todas las chicas sin prisa.

-¿Por qué vino?- preguntó la pelirrosa viendo como Lavinia se llevaba la copa a los labios, olfateando el contenido.

-Si nos emborracha luego puede usarnos, nya!-

-Hay carne roja, el vino tinto ensalza su sabor… Y solo tenéis una copa, no os emocionéis…- sentándose en su asiento –Kuroka, te he preparado una ensalada con aliño de tu pueblo, si no comes verduras me voy a enfadar…-

-Nya…- gruñó la morena mirando el enorme cuenco frente a ella.

-Yo no quiero de esto, nya…-

-Sabes que madre controla nuestras dietas, si madre se enfada se queja a Grayfia-okami-sama, si Grayfia-okami-sama tiene que dejar de atender sus asuntos por nosotros me muele a ostias, así que como aprecio mi integridad física vas a comer verde-

-Nyaaaaa…-

-No seas cabezota. He imitado una receta de tu pueblo, pruébala!-

-Nyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa- ronroneó la morena protestando notoriamente.

-Ignoradla, es una orden- farfulló Issei.

-A mi me parece curioso… Entiendo que Asgard es una de las mayores potencias… El mayor Reino de los Mundos del Yggdrassil. La influencia cultural ha de ser increíble pero curiosamente su música es sencilla… Sin ánimo de ofender-

-No hay ofensa, es cierto- dijo Rose llenándose su plato.

Ingvild ronroneó contenta llevándose una mano a la mejilla, degustando la comida.

-En Oz tampoco hay mucha variedad… Tenemos seres que se dedican a la música. Criaturas con trompeta por nariz… Pero en si es bastante… Limitada-

-¿Qué? ¿Bichos con trompeta?-

-Y monos con platillos-

-Qué raro, nya…- colocándose más carne que nada más en su plato, mirando de reojo al dragón, que la miraba fijamente. Sirviéndose tímidamente algo de ensalada –En la aldea no tenemos muchos instrumentos… Solemos cantar en grupos-

-¿Coros?-

-Son más sonidos que canciones, nya-

-¿Qué se lleva ahora en el Inframundo?- preguntó Ingvild mirando al castaño.

-Que yo sepa nada, el mundo es grande y como tenemos de todo…-

-No lo sabe- confirmó Lavinia.

-Tampoco me extraña. Seguro que los mayores grupos son todos masculinos y este si no ve tetas no canta…-

-Descarado-

-¿Qué imagen tenéis de mí?- protestó Issei con una mueca.

-¿Qué es "todo", nya?-

Issei sonrió perversamente.

-No todas las reencarnaciones son para uso militar-

-No!- exclamó Lavinia anticipando la respuesta.

-Así es. Hay familias que se dedican obviamente a esto… Todos los grandes cantantes y músicos humanos están vivitos aquí abajo. Desde Beethoven hasta Elvis…-

-¡¿En serio?!- chilló Lavinia incrédula.

-Desde que Ajuka inventó las Piezas hace ya unos cuantos siglos, los demonios han ido reencarnando a lo más notable de la humanidad… Desde guerreros a ingenieros, escritores… Incluso cocineros-

-Oh… Tiene… Sentido-

-Tiene lógica. Si los demonios necesitan mano de obra es mejor convertir al humano en lugar de obtener sus conocimientos y habilidades…- intervino Rossweisse.

Lentamente las chicas ocuparon su lugar en el espacioso sofá frente a la inmensa pantalla de cine.

Kuroka se movió contenta frente a Issei, con una caja de película en sus manos.

-¡Quiero ver esta!-

-¿Mmm?-

-Es mi turno! Quiero ver esta! Nya!-

-Me parece que no-

-¿Qué? ¿Por qué no?-

-Has sido muy mala con Lavi antes, le debes una compensación-

-¡No puedes hacer eso! Esa bruja tiene un gusto pésimo, nya! No puedo aguantar otra de sus ridículas películas románticas! Nya!-

-Ah, es lo que hay. Aquí lo respetamos todo. Si tu hermana quiere ver un dramón te aguantas. Lavi?-

La rubia estaba preparada, con una caja tapando su boca, tímidamente.

Issei se llevó una mano a la cara.

-Otra vez Titanic no…- gruñeron todos al unísono.

Issei se incorporó, dejando sobre la mesa múltiples botellas de alcohol.

-Pero no penséis que voy a soportar este dramón romántico sobrio-

Lavinia estaba absorta en la pantalla, con los ojos llenos de ilusión. Sentada en el centro del sofá, adelantada, devorando palomitas.

-Esto es ridículo, nya…-

-Shh! Silencio!- gruñó Issei palmeando el trasero de la morena, pegada a su pecho.

-Pero amo…-

-Respeta a tu hermana…- bostezando con fuerza.

-¡Pero tú también…-

-Shhhhhh!-

-Ahora está al borde… ¿Por qué no la empuja? ¡Que la empuje, así se acaba ya la película, nya!-

-Shhhhhhhhhhhhhhhh!-

-Nya…-

-Kuro-

-Acércame otra botella… ¿Otra copa, Ingvi?-

Sonrojada, aceptó, alzando su copa.

-Sin hielo… A pelo- exclamó Issei llenando hasta arriba la copa de la pelirosa.

Habían visto esa película una docena de veces. Los turnos de Lavinia eran previsibles, era una romántica empedernida. Aunque no pensaba que la película fuese mala llegaba un punto en el que…

Aburrida pasó su mirada a su costado. Varias botellas vacías. Suyas.

Veía borroso… Todo esto era culpa de Lavinia… Lavinia seguía concentrada en la pantalla, ajena a todo. Incluido el notorio aburrimiento de sus hermanas y amo. Kuroka se había quedado dormida, Issei la había llevado a su cama. Ahora estaba sentado, apagado, con Ingvild a su lado.

En su obvio aburrimiento la albina le dio una segunda oportunidad al vino. No sabía porque había traído la copa, la que no se había bebido en la cena… Tras un par de sorbos, Rossweisse miró la copa con curiosidad.

No estaba tan mal.

Tras la copa la siguió la botella… Y luego otra…

-¡!-

Parpadeando repetidas veces… El vino debía de ser potente. Nunca había bebido antes así que no sabía cómo podía afectarla, pero el efecto era notorio.

Estaba viendo como Ingvild devoraba los labios de Issei. Pegada a su pecho. La mano de Issei estaba enredada entre los cabellos de la nekomata, ahogándola contra su pelvis. Su garganta invadida.

Eso último no era tan extraño…

El castaño, repostado en el sofá había desplazado uno de los tirantes del camisón de la pelirrosa, amasando con lentitud uno de los grandes senos de la joven. La demonio, con una mano en la nuca de Issei, lo acercaba a su boca posesivamente.

Debía de estar ebria… Ingvild era tímida y despistada. Apenas mostraba interés por nada, mucho menos pasión.

Incorporándose, colocó a la nekomata en cuatro, tras ella, ensartándola de un golpe.

Gimiendo con fuerza, Kuroka se agarró al respaldo, maullando de placer.

Sin darle descanso a la pelirosa, desplazó una mano a entrepierna de Ingvild. Esta se abrió de piernas para su amo… La mano hábil del dragón empezó a meter y sacar sus dedos de la intimidad de la demonio.

-De nuevo…- susurró la albina, dándole otro trago a su botella. Sus ojos fijos en Ingvild, tumbada en el sofá, agarrando sus piernas, los ojos cerrados, chillando obscenidades, chorreando algún líquido, empapando la mano de Issei y la alfombra del suelo.

Separándose de Kuroka, el niño se colocó entre las piernas de la demonio, introduciendo su anormalmente grande miembro en el interior de la pelirosa.

Ingvild chilló… Como una zorra. Una ramera cualquiera. Y eso era imposible. Ingvild era una chica modesta… Nunca tomaría las escaleras de la madurez sin ella, no se le adelantaría…

-Hip!-

Cansada, se recostó en el cojín que tenía a su lado, cerrando los ojos… Esta pesadilla tenía que acabar…

Encendiendo su cafetera, el niño se quedó quieto, contemplando como la maquina preparaba su expreso.

"Muy joven para tomar café"

-Tu marido me da whisky-

"Permíteme que lo dude"

Issei se giró, mirándola con sinceridad.

-¿Dudas de mí?-

"… Dejemos eso a un lado… ¿Las chicas duermen?"

-Aja-

"Llevan poco como demonios, es comprensible, pero no debes de ser blando con ellas…"

-Se esfuerzan mucho, se cansan y aún no han entendido como deben dosificarse…-

"¿Ingvild también?"

-¿Me preguntas por la que lleva siglos durmiendo?-

"Buen punto. ¿Y la valquiria?"

-Es una semidiosa, sí. Pero desconozco que hábitos tienen los asgardianos… Hablando de la valquiria, se sabe algo?-

"Me sorprende que sigas preguntando. Sabes que no van a responder. Saben perfectamente que está aquí y no han hecho nada por reclamarla… Esa chica se va a quedar aquí. Asúmelo ya, cabezota"

-Joder…-

"Eres demasiado buen chico… Y eso no tiene por qué ser algo bueno. Tus buenos sentimientos han sido la ruina de la Casa Stolas"

-Los Stolas se han pasado de listos-

"Porque les has dejado la opción. Eso no lo puedes permitir"

-Supongo que tienes razón…- murmuró Issei dejando el café sobre la mesa, sentándose en su silla, mirando el holograma con la sirviente de su hermano mayor -¿Qué toca hoy? Aparte de lo que estás pensando ahora mismo, claro-

La sirvienta suspiró pesadamente.

"Continuaremos con las lecciones del mundo antiguo. Es más que historia. Si no sospechas ya sabes que la ideología de los Maou Antiguos sigue estando presente en nuestra sociedad. Es importante que sepas quienes fueron, que hicieron, quienes siguen creyendo en esa causa y como debes actuar"

-Una lección suave, me gusta-

"Más te vale que ese café sea intenso, lo vas a necesitar… Empecemos pues… Todo empezó con la revuelta de un joven demonio, ni siquiera un líder tribal, de la inmensa llanura del Inframundo. Mucho tiempo se especuló con que Lucifer obtuvo de alguna manera tecnología del Cielo y que eso fue lo que…"

RASHHH

TAP TAP TAP

Issei Gremory gruñó levemente. Estirando en el baño termal con una toalla mojada en la cabeza la levantó lo suficiente como para ver el reloj en la pared. Era de madrugada, no se tendría que haber levantado nadie aun.

-¿T-te molesto?-

Esa voz, era Rossweisse.

-Mi casa es vuestra casa… Eres libre de ir y hacer lo que quieras…-

-G-gracias-

-¿No puedes dormir?-

-Estaba pensando y no estaba cansada…-

Esa era una semidiosa chavales. Múltiples botellas de vino demoniaco y tras unas horas de descanso su organismo las había tolerado sin aparente efecto negativo alguno.

Retirando su toalla por completo, el demonio se giró intrigado del porque la albina no había entrado en la terma. Sorprendido alzó las cejas. La chica tenía una toalla en la mano que apenas cubría su feminidad, con el cabello suelto, sosteniendo una jarra de cristal en su mano.

-L-la he… La tenía guardada como recuerdo…-

-¿Eso es hidromiel?-

La chica asintió sonrojada.

-N-no es auténtica, l-la he preparado con ingredientes de a-aquí por lo que no es…-

-Nunca lo había probado… ¿Estas segura?- la interrumpió Issei.

-P-por favor… Tampoco es que tenga mucho con lo que pagarte- desviando la mirada.

Issei la miró molesto, incorporándose, colocándose frente a ella, colocando ambas manos en el suelo a sus costados.

La albina se sonrojó violentamente por la cercanía.

-Basta. De todo eso. Basta-

-¡!-

Rossweisse la miró confundida.

-¿Basta de qué?-

-De dudar. De esa actitud tan… tan… ¡Vamos! ¿No te he dado confianza? ¿Tiempo?-

-S-si-

-Pues vamos! Suéltate ya!-

-¿S-soltarme?-

-Y vamos, a bañarse-

-N-no, las doncellas no…-

Apartando la toalla la tomó de la cintura caminando hasta el centro de las termas, dejándola caer en medio.

Sorprendida, mojada, la albina se incorporó molesta.

-¡¿Pero qué haces?!-

-No me voy a bañar yo solo…-

-¡Esto no funciona así! Las valquirias no se bañan! Apenas se mojan más que los pies!-

-¿Eso hacen en tu pueblo? Que bien… Pues yo hago lo que quiero con mi valquiria- acariciando su rostro, apartando algunos mechones de cabello mojado. Tomando su mano la llevó a su puesto, instándola a que se sentase a su lado.

Rossweisse hizo todo lo posible por obviar que estaba desnuda…

-Tenemos la belleza, tenemos la bebida… ¿Qué toca ahora?- preguntó Issei mirando a la albina.

-Ahora bebes y hablamos-

-Pues vamos a beber y hablar-

-Las doncellas no…-

-Mi valquiria hace lo que yo hago-

Sonriendo, tomando el hidromiel, la valquiria le dio un sorbo antes de mirar al dragón. Estaba satisfecho.

-¿Qué hacías despierto? ¿No has dormido?-

-Los momentos en los que dormís aprovecho para atender mis obligaciones así tengo mucho más tiempo libre para vosotras-

-¿Es muy duro ser aristócrata?-

Issei se encogió de hombros.

-Depende. Hago lo que puedo, pero mis hermanos son mucho mejores que yo-

-…-

-…-

-¿Qué has… aprendido hoy?-

-Los errores del pasado para que no se repitan en el futuro-

La joven la miró con más seriedad.

-Estas lecciones son especialmente importantes para mí, no soy un demonio a fin de cuentas-

-¡!-

-Y entender ciertas cosas me cuestan… No tengo el talento innato de mi hermana para la política o soy tan agudo como mi hermano…-

La chica lo tomó del rostro.

-Basta de pensamientos negativos!-

El niño rio divertido.

-Así es… No sé qué habéis estudiado en la tierra de los dioses pero los demonios hicieron cosas muy malas hace tiempo y pese a que el gobierno actual y la sociedad han condenado esas acciones parece que no todos piensan igual-

-La guerra… ¿Es por eso?-

-Los disidentes son una cosa, pero a mi familia le preocupan más los rebeldes. Demonios que viven entre nosotros pero que apoyan su causa. Ellos podrían hacer daño donde más duele-

-¿No eres muy joven para preocuparte por esto? No creo que los niños deban de saber de estas cosas…-

-Ya pasé mi prueba de madurez, a ojos del demonio medio soy un adulto!-

-Eso quería saber… ¿Cómo pasaste tu prueba?-

-Eso es un secreto!-

-Pero entre una esclava y su amo no hay secretos-

-Ah! Eres una contratada!-

Rossweisse frunció el cejo molesta.

-Mi prueba es un fraude- se sinceró el castaño mojándose la cara.

-¡!-

-Aunque realmente si marcó un antes y un después… No la pasé solo. Allí, en la oscuridad descubrí una parte de mí que desconocía… Fue… Revelador-

-¿Se lo has dicho a alguien?-

Issei negó con la cabeza.

-¿Ni siquiera a tu hermana?-

Misma respuesta.

-Por eso mismo no suelo hablar mucho de ello, no es algo de lo que me sienta precisamente orgulloso…-

-Pero has recibido formación política y ahora eres un demonio con plenas facultades… ¿Estás de acuerdo con lo que cree tu familia o te decantas por lo que hicieron esos demonios del pasado?-

-Ni uno ni otro-

-¿Cómo qué no?-

-No tengo especial interés en el Inframundo. Tampoco en el mundo Intermedio. Me decanto siempre por la opción que deja a todo el mundo tranquilo. Viva el amor y la paz-

-¿Q-que dices?-

-Si pudiese crear una dimensión alternativa e irme a vivir solo con vosotras allí, lo haría-

-¡!-

Extendiendo su mano, instó a la valquiria a tomarla, acercándola a él, pegándola contra su pecho. Acariciando su cabello, su espalda.

Rossweisse se sonrojó al extremo, sintiendo su pecho contra el suyo.

-T-todos tenemos fantasmas en el pasado…-

-¿Qué?-

-Los libros en la biblioteca hablan de las atrocidades que cometió Odín en su conquista de los Siete Reinos… Auténticas atrocidades-

-¿Lo sabes?-

-Algunos registros hay… Todo imperio se levanta sobre un ejército de esclavos y las tierras no se obtienen con negociaciones… No te quieras imaginar como de pequeñas eran los dominios de los Gremory en su origen-

-¿Se ampliaron…-

-Por la vía de la sangre, si-

-…-

-Yo no soy esas personas, aunque si me beneficio de sus acciones… Quiero pensar que tengo la obligación moral de hacer algo al respecto… Puedes probar a hacer lo mismo-

-¿Ayudar a los habitantes de otros reinos?-

-Bueno… Eso… No conozco a nadie de otros Reinos, creo… Y llegar hasta ellos es algo imposible para nosotros… Pero eres lista, algo pensarás… Por eso… No dejes que las acciones de otros te entristezcan… Ellos son ellos, tú eres tú-

-Lo sé…-

La pareja se quedó en silencio, en el agua caliente, abrazados.

-¿P-puedo preguntarte algo?-

-Lo que quieras-

-¿Por qué tanta perversión?-

-¿Qué?-

-E-eres un mujeriego, solo p-piensas en nosotras c-cuando tienes d-dinero, poder y un futuro brillante! ¿Por qué te centras en algo tan…?-

-Supongo que esa es la única pregunta que importa… Debe de ser duro para una chica culta como tu ver como alguien se debe a algo tan animal…-

-Y-yo no lo decía por eso…-

-Yo creo… Verás. Mis ancestros obraron un milagro… Miraron al mundo, tal y como es…- alzando su mano, como si señalase el firmamento –Y establecieron los pecados. Seleccionaron los sentimientos y emociones más intensas… Y levantaron el mundo alrededor de ellas. Eliminando o censurando todo aquello que no les gustaba. Como el tiempo o la muerte…-

-Hablas de la inmortalidad…-

-La euforia de la lucha, la ambición del tiempo… y la belleza- regresando a mirar a la joven –Alguno de los demonios primigenios entendió que la belleza no tenía que ser algo pasajero…-

-¿Y eso que tiene que ver?-

-Para mí la creación suprema es la mujer. No hay nada mejor que una mujer que regresa tus sentimientos, comprende tus necesidades, inmortal, con una resistencia sin límites… ¿Entiendes lo deliciosa que es la interacción carnal?-

-N-no…-

-Eso explica muchas cosas…- alzando su mano, acariciando su mejilla -¿Puedo?-

Rossweisse asintió levemente.

Tocando su mejilla, su frente, su nariz, su barbilla antes de pasar el pulgar por sus labios.

La albina lo miraba fijamente, ensimismada.

Su mano bajó a su hombro, recorriéndolo con lentitud antes de bajar a sus manos, sacándolas del agua, envolviendo sus dedos, entrelazando sus dedos.

-¿Qué sientes?-

-Y-yo no…-

-Esta es una forma básica de placer… Pero el contrato de esclavitud amplifica esas emociones, incrementándolo cuando se formaliza con una pieza… Y con la evolución de los sentimientos…- besando sus nudillos antes de empezar a acariciar su vientre.

Rossweisse jadeó sonoramente, relajándose contra la piedra, mirando como el demonio acariciaba sus muslos, levantando una de sus piernas, besando sus pies.

Dejando caer la pierna en el agua lentamente, con suavidad.

-¿Qué has sentido?-

-N-nunca había sentido nada… Parecido-

El demonio sonrió divertido, satisfecho.

-Oh, preciosa… Esto no es nada…- acercándose a ella, besando su cuello, arrancando otro suspiro en la valquiria, pasando a un gemido de sorpresa al sentir una mano en su seno -Que tetorras… A tu edad… Serán unos buenos melones…-

-N-no hables de…-

Tomando su mentón, el niño depositó un beso casto en sus labios, masajeando dulcemente sus labios. Separándose para mirar a la doncella, sonrojada, rendida en las termas.

-¿Puedo besarte, Rossweisse?-

-Y-ya lo has hecho, idiota…-

-Eso no es un beso… Esto es un beso…-

Rossweisse abrió los ojos, incrédula, incapaz de procesar que ocurría… Solo cerró los ojos, envolviendo el cuello del niño Gremory, rodeando su cintura con sus piernas, sintiendo como la lengua del travieso demonio recorría su boca.

Torpemente intentó combatirle, rindiéndose al poco, fija entre la caliente piedra a su espalda y el cuerpo del demonio frente a ella.

Las manos de él fijas en su trasero, una dureza en su vientre.

Divertido dejó a la chica en el agua. Mas sonrojada que antes, una exquisita mirada en su rostro.

Esa, esa era la mirada que quería en ella, en todas sus novias… La mirada de la lascivia y la lujuria, fijas en él.

-¿E-eso es todo?-

El demonio introdujo, sin previo aviso, dos dedos en la boca de la albina, jugando con su lengua antes de retirarlos.

Rossweisse la miró confundida.

-Hice bien en pedirte que te quedases…-

-¿P-porque?-

-Serás una buena zorra…-

-¡Y-yo no soy… ¡!-

La misma mano se coló entre las piernas de la doncella, cerrándolas instintivamente, tarde. Los dedos del chico empezaron a jugar con su intimidad, liberando una cadena de gemidos que resonó por toda la estancia. Incrementándose al envolver uno de sus pezones con sus labios.

La mente nublada, los dedos del dragón entrar en su interior con suavidad, la lengua de Issei recorrer sus pechos…

Instintivamente tomó el rostro del chico y lo besó desesperadamente, sintiendo como algo recorría su cuerpo, la hacía estremecer.

Satisfecho, Issei se retiró, separándose lo justo como para ver a la valquiria jadeante en las termas.

-Serás una zorra exquisita… Nos divertiremos mucho, preciosa… Porque puedo superar por mucho lo que has sentido ahora…-

-¿H-hay más?-

-Esto, preciosa… Es el pecado más exquisito que puede haber… ¿Lo entiendes?- susurró Issei en su oído -¿Te imaginas hacer esto continuamente? Sin cansarte… Por los siglos de los siglos? Quien quiere poder o dinero puede follarse durante días a una deliciosa valquiria como tu…-

-¿N-no lo vas a hacer?-

-¿Qué quieres que haga?-

-Q-quiero sentirlo todo… Por favor… Mi amo… Esta doncella quiere servirte con todo lo que tiene…-

-Seré un degenerado, pero solo con mis novias…-

-Pero yo soy…-

-En cuanto tengas mi Pieza hablaremos… No, no hablaremos mucho precisamente…- alzándose, contento –Espero que Lavinia y Kuroka se hayan despertado…-

Incrédula, la valquiria vio como el dragón se marchaba, dejándola excitada como nunca, con una prominente erección, para ir a follarse a sus sirvientas y no a ella.

-¡Maldición!-


- Continuará en el siguiente capítulo-


Cuanto tiempo… Se me ha ido por completo la noción del tiempo… Pero nada de excusas. Voy a ir directo al asunto que importa… Volvemos a los capítulos semanales. Tengo bastante material para asegurar un mes, y apretar unos dos más, quizás tres. Esto llevaba escrito un tiempo, pero como soy un personaje he ido añadiendo y añadiendo… Expandiendo bastante, pero bastante, lo que tenía en mente. Estoy bastante satisfecho con el resultado, lo habré pulido y revisado una docena de veces…

Hay unos cuantos conceptos a tener en cuenta. El primero, el más diferente respecto a obras anteriores y el canon, es el mundo. Lo voy a poner patas arriba, le voy a dar la vuelta y sacudirlo. Va a ser un destrozo mayúsculo. Después, estoy ampliando lore por aquí y por allá, ya iréis viendo.

Hay cosas que se insinúan pero me guardo, todo se aclarará en su momento y… No creo que me deje nada. Cualquier duda, a los comentarios.

Nos leemos la semana que viene! Espero que os guste y compense, algo, la espera.