Capítulo 4

Titulo: Oculto.

Advertencia: Una historia probablemente sensible para la mayoría de los lectores. La idea la tenía en mi cabeza, lo siento. Los personajes no me pertenecen.

Este capítulo tiene más drama de lo que pensé.


Las sirenas de la patrulla llegaron a sus oídos. Maldijo en voz baja y se orillo antes de detener el automóvil. Nerviosa se acomodo su cabello y sus anteojos, estaba segura que iba a buena velocidad y que tenía todos sus papeles en orden.

Eso esperaba.

La radio estaba conectada a la estación de noticias locales. El locutor estaba hablando de la tormenta que azotará a Konoha en la noche.

Lo que le faltaba.

Por el retrovisor observó que la puerta de la patrulla se abrió con estrépito. El hombre tenía una libreta de boletos en sus manos, escribió el número de matrícula de sus placas y luego se dirigió al lado del conductor.

Una vez que el oficial estaba en su ventana, ella se giró y se dignó en bajar el vidrio que los separaba. No se sorprendió al ver a un Uchiha en uniforme, si su memoria no le fallaba esas arrugas marcadas eran Uchiha Yashiro. Solia tomar su café negro y su desyuno siempre era un omelet de huevo.

Hace unos años Uchiha Yashiro hablaba con su padre amenamente todas las mañanas en el restaurante, Hinata podría decir que eran amigos.

Pero todo fue una farsa. Él le dio la espalda y lo ignoró por completo. El hombre ocultaba algo, y estaba segura al respecto.

Hinata supuso que debía de estar haciendo algún gesto porque el hombre canoso la miró con nerviosismo. Probablemente, la reconociera a simple vista.

Después de todo, en la ciudad de Konoha se conocían todos.

El hombre abrió la boca pero no dijo nada. Por un momento, se sintió culpable. Su ex novio le llegó a decir muchas veces que su mirada era pesada. Nunca le creyó, pero tal vez era momento de hacerlo.

-Identificación y licencia-dijo el hombre recuperando su habilidad para comunicarse.

Hinata tomó de su guantera los papeles que le ordenó. Miro por el retrovisor y noto que en la patrulla había otro hombre. Era curioso, se le hacía familiar. Le entrego los papeles sin que sus manos temblaran, a veces uno era más fuerte de lo que recordaba.

-¿Hyuga?-pregunto desconcertado.

Asintió. Sus ojos oscuros se habían posado por unos breves segundos en su pecho. Sintió asco y repudio.

Los hombres eran hombres.

-¿De visita?-preguntó.

No, pero mentiría por esa ocasión.

-Así es-dijo fingiendo una sonrisa.

Después de salir del hospital con su padre, Hinata se armó de valor para hablarle a su madre. Tardó cuatro timbres para que le contestara, ambas acordaron verse en un restaurante en Konoha. Un punto medio entre ellas. El Uchiha debió notar que estaba sumergida en sus pensamientos, carraspeo su garganta y cuando los ojos grises de Hinata se enfocaron en él volvió a sentir rabia como hacía unos años.

Yashiro debió sentir tanta furia por parte de ella que optó por sonreírle con fuerza.

-Konoha es una ciudad tranquila y placentera-le dijo el oficial.

Hinata sintió náuseas. La ciudad no fue placentera para ella. En algún tiempo fue tranquila, todo antes del tiroteo. Hinata se mordió el labio inferior con fuerza al recordar ese día y todo lo que conllevo. Fue un efecto dominó. Ella prefería beber cloro que volver a Konoha pero necesitaba de uno de sus familiares que la pudiera apoyar de la forma que debía.

-Me lo han dicho-mintió.

Si se arrepentía podría ir a una tienda de conveniencia y comprar el litro de cloro.

-Te daré una advertencia por única ocasión, fue un gusto verte Hyuga-se despidió el hombre regresando sus papeles.

El hombre subió a la patrulla y encendió el auto. Hinata esperó a que el carro se hiciera diminuto a simple vista, antes de encender su automóvil miró por la ventana y miró el paisaje durante un rato. Estaba a unos cuantos kilómetros para entrar a la ciudad completamente. Todo se sentía desvaído y vagamente ridículo. Nada de eso parecía real.

Se sentía débil.

Apoyo la cabeza en la ventana para sentir el frío que traspasaba. Estuvo unos breves segundos así hasta que decidió continuar hacia su destino.

Lo hacía por su padre. Su padre se lo había pedido. Lo hacia por su hermana, porque ya no podía solventar su universidad.

Inspiró profundamente antes de pisar el acelerador. Cuando llegó al lobby del restaurante sintió más que un par de miradas sobre ella, se autoengaño que el motivo era por su nuevo tinte de cabello.

Dos días antes habia decido cortarse el cabello estilo bob lo más corto que pudiera y tornar su cabello negro a un color azul. Ese era su plan, que nadie la reconociera en Konoha. La gente debia de tener aún la imagen de ella con el cabello negro largo y de menos de un metro cincuenta.

-¿Tiene reservación?-preguntó una de las trabajadoras.

Ella asintió, cuando asomó su cabeza vio a su progenitora sentada en una mesa lejos de la multitud.

-Me están esperando por allá-susurro Hinata.

La mujer siguió la dirección donde estaba el dedo de la Hyuga, abrió los ojos en grande y luego sonrió de lado.

-Ah, con la señora Hyuga-dijo con desprecio y en voz alta.

Todos los que estaban cerca del perímetro miraron a Hinata. Susurros se empezaron a esparcir por la habitación como humo en el viento. La trabajadora dejo pasar a Hinata, inicio valientemente a caminar pero el miedo recorrió sus brazos mientras atravesaba el restaurante. La gente susurraba cada vez más fuerte y menos discretos cuando pasaban a lado de ellos.

-¿Esa es una Hyuga?-escucho que una mujer de edad avanzada le decía a otra mujer.

El parecido con Neji era claro, después de todo su primo era uno de los abogados más importantes de la ciudad. Su inteligencia lo hizo estudiar en las mejores Universidades, uno pensaría que huiría del nido pero no fue así, él decidió quedarse un par de años en el infierno de Konoha.

Su departamento estaba en la siguiente ciudad pero el buffet de abogados donde trabajaba estaba en Konoha. Neji evadía estar en Konoha, siempre pedía los casos de clientes de otras ciudades, pero sí había uno que otro que atendía.

Hasta Hinata estaba apunto de regresar a su pueblo.

Mierda.

Cada paso que daba era un paso más cerca del infierno. La espalda de su madre se hacía más grande, era curioso que aún conservaba el apellido de casada por gusto. Hinata lo sabía, a su madre le gustaba el escándalo y ser el centro de atención de todos.

En cambio, ella lo odiaba.

-No solamente es una Hyuga, es Hyuga Hinata-dijo una mujer rubia con la mano frente a la boca.

Yamanaka Ino. La podía reconocer en cualquier parte, reina de la escuela secundaria y miembro de la mesa directiva, fue capitana de porristas y la fiesta que organizará era un éxito rotundo. Estuvo en la misma secundaria, un par de años más grande que ella. Pertenecía a ese tipo de rubias, divertidas y atractivas que estaban en el grupo de las niñas bonitas. Sus ojos azules brillaban demasiado, si no mal recordaba era prima de Uzumaki Naruto.

Su príncipe azul. Su amor no correspondido.

Ignoro los susurros hasta que llego a la mesa donde estaba su madre.

Los cincuenta eran los nuevos veinte.

Hyuga Naoko, estaba irreconocible su piel blanca de porcelana no tenia ninguna imperfección, su cabello negro estaba bien peinado y su maquillaje estaba en su debido lugar. Era una muñeca de juguete en vida real.

-¿Aumentaste de peso?

Su madre pregunto cuando bajo el menu para verla. Clásico de su madre, se sentó Hinata en la silla que estaba frente a ella y sonrió de forma tensa. Ella siempre había sido un poco exuberante, madura y gruesa, desde que tenía memoria. No entendía que le sorprendía a su madre verla un poco más robusta.

No todos eran talla cuatro. A algunas les gustaba ser talla ocho.

O diez.

-Estoy bien mamá ¿a ti como te va?-pregunto Hinata.

-Dime Naoko-musito molesta-con ese peso y ese sarcasmo no conseguirás esposo.

Hinata volteo los ojos.

-Te recuerdo que el hombre con el que estás saliendo es mi ex novio-dijo llanamente.

Una de las razones por las que había dejado de vivir con su madre fue por eso. Otsusuki Toneri lo conoció en una fiesta, tendría ella diecinueve años y él estaba apunto de cumplir los treinta. Sarutobi Tenten la había invitado a una fiesta de la firma en la que trabajaba, Hinata estaba cerca de la mesa de bocadillos cuando unos dedos golpearon suavemente su hombro. Los ojos azules más claros que había visto estaban observándola, era un hombre bastante alto y con unos rasgos muy atractivos. Así se conocieron y prácticamente fue amor a primera vista por parte del Otsusuki.

La diferencia de edad sí fue un tema para Hinata, pero el hombre tenía paciencia con ella y estaba dispuesto a esperarla. Él sabía tomar distancia, aceptaba sus espacios y sus tiempos. La invito a salir a desayunar, la invito al cine, hizo todo de forma correcta. Cuando empezaron su relación tenía miedo de que sus traumas estuvieran presentes, Otsusuki Toneri la abrazó con tanta fuerza que se sintió completa.

Tenía muchos puntos a favor. Le tenía fe en la carrera que había decidido.

Fue su fan número uno de sus historias, la apoyaba con cada idea que tenía por más tonta o ridícula que sonara. Él se tomó el tiempo para escuchar sus problemas y sus éxitos, siempre tenía una sonrisa para Hinata.

A pesar de que era relativamente joven, Toneri era un excelente abogado y todos en la ciudad parecían tener algo bueno que decir de él. Neji sabía de él, le agradaba la idea que saliera con Toneri. Un par de veces Neji lo invitó a jugar golf en Konoha a lo cual él aceptó sin escrúpulos.

Estuvo con ella cuando su padre le diagnosticaron Alzheimer, estuvo con ella cuando Hanabi la internaron por sobredosis de alcohol, la llevó a visitar a Neji todas las veces que ella deseaba y no falló para estar a su lado cuando su abuelo falleció.

Era el hombre perfecto. Ese año que estuvieron juntos fue perfecto.

Hyuga Hiashi solía decirle que siempre había querido un hombre bueno, trabajador y devoto para cada una de sus hijas. Hinata se preguntaba si Otsusuki Toneri era ese hombre que su padre le buscaba.

Pero no todo fue de color rosa.

Se arrepentía de haberlo llevado esa noche de Navidad. O tal vez era necesario que sucediera. Su madre había organizado una cena con todos sus allegados. Probablemente era el esposo número tres el que los recibió en la puerta. Hinata lo odiaba porque siempre que podía pasaba su mano sobre su trasero y siempre se excusaba que era un accidente.

Su madre caminó hacia ellos con una copa de vino en su mano y se presentó. Su vestido negro estaba entallado, su busto estaba a la vista de todos y sus piernas cortas pero torneadas se asomaban dejando a la imaginación lo que se escondida detras de esa tela.

Jamás debió de haber hecho eso. Los ojos de Toneri brillaron de una forma que jamás había brillado. Y ella se sintió desplazada de ese pequeño mundo en el que estaban los dos viviendo.

La cena fue lo más normal para ella. A partir de ese día su madre llamaba más seguido a su número telefónico. La llegó a invitar a cenar en doble cita. Aún recordaba lo tensa y rara que había sido ese evento. Trato de controlar los celos que inundaban su mente, porque Toneri era su pareja aunque en el fondo supiera la realidad.

Porque la verdad era que ella no había sentido eso que todos describen cuando se enamoran.

No sintió las dichosas mariposas en su estómago, no le agradaba más no le desagrada que le tomara la mano, no le gustaba besarlo y algunas veces imaginaba que su amor de la infancia -Uzumaki Naruto- para poder hacerlo.

El sexo no era malo pero no se divertia.

Faltaba algo.

Y ese algo lo descubrió un día que llegó antes de su hora habitual, se escuchaban gemidos por todas partes. Contó los pasos para llegar hacia aquel cuarto, con miedo camino lo más silencioso que pudo.

La imagen seguía en su mente.

Su madre estaba desnuda en el sofá de la sala y Toneri la estaba penetrando con demasiada intensidad. Se había congelado, su mundo falso pero perfecto se había destruido ante ella.

-¿Qué te pasó en el cabello?

Preguntó su madre irrumpiendo sus recuerdos. Sus malos y agrios recuerdos.

-Tuve una batalla con las tijeras-bromeo.

Vio cómo frunció el ceño y algo dentro de ella la hizo sentir agusto. Había hecho que su madre se enojara, eso le agradaba, con este pensamiento en mente, en lugar de discutir con su madre, Hinata sonrió.

-¿Apostaste algo?

Hinata resistió el impulso de morder el anzuelo. Sabía cómo sería el encuentro al citar a su madre en ese restaurante.

El restaurante donde su padre había tenido una riña con Uchiha Fugaku.

El restaurante donde solían comer Toneri y ella cuando visitaban Konoha.

-No soy ludópata-dijo mientras leía el menú que sabía de memoria.

Esperaba que hubieran agregado algo nuevo.

Mínimo.

-Todos los Hyugas salen malos, estoy esperando tu defecto. El de Hanabi es el alcohol y su enfermedad.

Hinata puso los ojos en blanco.

-Hanabi tiene dos años en recesión, lo sabrías si estuvieras con ella en las consultas.

Hyuuga Hanabi había sido diagnosticada con cáncer de mama en estadio temprano a una edad joven. Demasiado raro, incluso los médicos la tenían en estudios.

-Estás tratando de cambiar de tema-dijo la mayor de las Hyugas.

-Sí lo estoy-admitió.

Hinata tomó un sorbo del vaso de agua que estaba enfrente de ella. A ese ritmo, probablemente necesitaría una copa de vino, así que levantó un dedo hacia el camarero.

-Hinata...

Hinata suspiró.

-Mamá…

-No me digas así, la gente no me relaciona con ustedes-gruño su madre, la vio sin escrúpulos y señalo el atuendo que llevaba puesto-¿Que diablos estas usando?.

La Hyuga se rió.

-Ropa- dijo.

Llevaba pantalones negros entallados, tenis y una camiseta blanca. Demasiado simple para su madre.

-Ese sarcasmo no te sienta nada bien.

La pelinegra miró al techo y con sus dedos se masajeó la frente. Necesitaba mucha paciencia.

-Ve directo al grano Hinata, nunca fuiste buena evadiendo temas- le dijo su madre.

-¿No esperaras a que pida mi comida?

-Siempre pides lo mismo.

Touche.

El camarero se acercó y tomó sus órdenes, cuando estuvieron nuevamente solas se dispuso a hablar. Le explicó las circunstancias que estaban viviendo, Hinata admitió que su último libro no fue aceptado en ninguna editorial y lo necesitados que estaban en cuestiones monetarias. La enfermedad de su padre seguía progresando, lo difícil que era pagarle al enfermero que cuidaba de su padre, el estado de la cuenta bancaria, las deudas estudiantiles de Hanabi y las idas del hospital. Su madre la escuchó en silencio-probablemente lamentándose todo ó riéndose de su desgracias- cuando terminó solo se limito a observar. Para tomar valor dio un sorbo a su vino tinto, luego levantó la vista de su bebida ante el silencio.

-Te dije que la carrera que tomaste te haría una muerta de hambre.

No era su culpa que no le gustara otra cosa más que escribir.

-Lo sé-musito.

-¿No pueden pagar la renta de la casa?

Hinata asintió en silencio. El murmullo de los comensales se hacía más presente.

-¿Qué ganaré al respecto?

Hinata volteó los ojos y soltó un suspiro. Su madre nunca perdía nada.

-¿Qué deseas?

-Una parte de la herencia de tu padre.

Era todo lo que tenían para sobrevivir. Enojada, apretó las manos. No tenia escapatoria.

-Cuando muera tu padre quiero las propiedades que me tocan-terminó la frase.

Era claro. Su madre jamás iba a perder algo.


Notas de autor.

20 octubre 2021

Upss. Lo siento por el drama.

¿Las buenas noticias? Inicio la segunda temporada de 86-aun no leo el manga-, conseguí boletos para BTS en Los Angeles y boletos para Coldplay, ya consegui los vuelos así que todo esta fluyendo super bien. Y pues me dejaron reviews en mi cuentas-QUE EMOCION-.

Estoy de muy buen humor y es asi como nacio este capitulo.

La verdad me sorprende ver los views de otra parte del mundo que no hablan español o ingles, algunos me mandaron PM diciendome que leyeron mis historias con traductor :)!Se los agradezco mucho, espero algun día ir a su país.

Espero merecer reviews. No es obligatorio lol.

Adiós.

Pd. Sigan usando cubrebocas.