—¡URAHARA! —Gritó Isshin enloquecido con una patada en la puerta.
—¡Isshin-san! —Señaló serio el vendedor al ver al antiguo shinigami, una niña en sus brazos como muerta, su hija—. Tráela por acá.
Tessai que había llegado al escuchar los gritos comenzó a aplicar kidou sobre el cuerpo de Yuzu, pero al igual que Isshin en su casa nada estaba funcionando. Otros entrando a la habitación, Yoruichi, Jinta, Urara, los residentes de la tienda que se habían acercado sorprendidos al escuchar el escándalo. Si algo habían creído es que Karin era la única capaz de meterse en problemas, era la que tenía un poder espiritual notable ¿pero Yuzu? Ella era la inocente, la ingenua, la dulce, la que apenas veía sombras y manchas borrosas, y que por ningún motivo iba a cazar hollows con solo una pelota.
—¿Puedes sentirlo? —preguntó Yoruichi con una mano sobre el hombro de Isshin que asintió ligeramente con la cabeza. —Su reiatsu, es como si algo la estuviera atacando.
Isshin estaba claro en ello, no era ningún novato, era un capitán, y había algo indefinido, algo que no alcanzaba a distinguir por mucha experticia que tuviera en sanación. Algo se sentía como… Masaki, pero no exactamente, era parecido, pero no igual. No era hollow, de eso estaba seguro, pero se sentía corrupto.
—¿Urahara? —preguntó esperando que el vendedor tuviera alguna respuesta, pocas personas eran tan inteligentes y curiosas como él, y cuando dejaba su fechada de humilde vendedor de dulces siempre encontraba la repuestas.
—Creo que… —respondió pensativo al tiempo que ponía una mano sobre la frente de la niña—. Creo que sé lo que ocurre Isshin.
—¡Por favor! Ayúdala —suplicó el shinigami.
—Es su sangre quincy, su lado quincy la está matando —afirmó Urahara para asombro de los demás.
—¿Pero cómo? Ichigo y Karin están bien —replicó en seguida. Sus otros hijos tenían la misma mezcla que Yuzu.
—Ichigo es un caso especial, una excepción a las reglas. Si, él tiene la misma sangre, lo sé, pero de alguna manera, quizás sea por su nacimiento, su sangre quincy ha encontrado la manera de estar en sintonía diría yo con su hollow y herencia shinigami. Sobre Karin no sabría decirte sin estudiarla con detenimiento, pero… —pausó Urahara por un momento pensativo—. Pero en Yuzu está reaccionando de manera negativa. Si te concentras es posible sentirlo, algo infernal, y su sangre quincy está intentando acabar con ella de la única manera que sabe.
—¿Cómo puede algo del infierno estar atacando a mi hija? —preguntó. Si bien él no tenía ninguna experiencia en particular con esa otra dimensión, sabía de su existencia y de todo lo que la habitaba. Los peores almas rara vez nunca tenían oportunidad de ir a la Sociedad de Almas o convertirse en hollows, las puertas del infierno se los tragaban.
Tessai, Yoruichi y Urahara intercambiaron miradas.
—¿Qué? —preguntó Isshin al ver sus rostros ensombrecidos.
—¿Recuerdas cuanto estuviste de viaje hace unas pocas semanas?
Isshin asintió.
—Mis aparatos detectaron las puertas del infierno abrirse.
—Pero eso no es anormal, las puertas del infierno siempre se abren —comentó él, siempre habían personas muy malas con un boleto en mano ya comprado antes de morir.
—Sí, pero normalmente nada escapa de las puertas.
—¿Me estás diciendo que unos pecadores atacaron a Yuzu? —preguntó Isshin incrédulo.
—E-ell-ellos… —tartamudeó Karin bañada en sudor de tanto correr para llegar mientras intentaba conseguir un poco de aire. Isshin en ningún momento se había dado de que su otra hija había entrado—. Ellos… nos ata-ca-caron… Yuzu… Ichi-go-go… shini-gamis…
—Cálmate Karin, ve más lento por favor —replicó Isshin poniéndose de rodillas frente a ella—. ¿Qué fue lo que pasó?
—Un hom-bre-e con mas-ca-ca-ra, con ten-ten-táculos, él nos a-a-a-atacó. Él se lle-lle-vó a Yuzu, trató de llevar-me-me-me a mí, p-p-pero Ichigo la-la rescató, él y su-su-sa-migos-os —admitió ella asustada y respirando profundo entre palabras.
—¿Por qué no me dijeron nada?
—Ninguno de tus hijos te iba a decir nada —notó Yoruichi—. Ellos no saben nada de tu pasado.
Isshin se sintió avergonzado, claro que Ichigo sabía que era un shinigami, pero se había enterado de ello hace muy poco. ¿Y a sus hijas? Había preferido mantenerlas en la ignorancia, alejadas completamente de los peligros del mundo de las almas. Sin embargo tuvo que haber aceptado que con su herencia era imposible hacerlo para siempre, tuvo que haber dicho algo, si se hubiera enterado con tiempo quizás podría haber hecho algo, todo era su culpa.
—Isshin —interrumpió el vendedor—. Hay algo que podemos hacer.
Todos se giraron al mismo tiempo hacia Urahara que no dejaba de examinar a Yuzu.
—Podría salvarse si transfieres parte de tus poderes —afirmó él—. Es como una infección, su sangre quincy es un anticuerpo, pero el equivocado, pero si fuera completamente shinigami estoy seguro de que su cuerpo se purificaría…
Era lo que había hecho Rukia con Ichigo, transferir parte de sus poderes de forma temporal. Y al perderlos tras su pelea con Kuchiki, lo que había hecho era despertar los suyos propios. En su caso, había vivido sin sus poderes durante años, no le importaba nada perder parte de ellos por un tiempo. Por su niña todo. Isshin desenvainó su zanpakuto sin pensarlo demasiado.
—Esp…
Esperanza, tenía esperanza, pensaba que iba a perder a su hija, pero ya no. Sobreviviría, lo sabía, solo tenía que hacerlo, «Masaki, confía en mí, salvare a nuestra bebé» y con Engetsu firme en sus manos atravesó el corazón de su hija.
Abrió los ojos sin comprender lo que ocurría ¿Cuánto tiempo había pasado ya? ¿Por qué ya no era de noche? ¿Qué había pasado con el frio? ¿A dónde se había ido la oscuridad? Algo había cambiado, era como si de repente la sangre comenzara a correr otra vez por sus venas, como si el aire descongelara su piel. Alzo la vista esperanzada, ahora ya no habían paredes, lo que podía ver era distinto. Eran campos interminables cubiertos de flores y plantas de todos los colores y formas posibles ¿Dónde estaba?
Tocó sus labios y los sintió libres, sin dolor, incluso sin heridas. Su estomago rugió del hambre, pero eso no era motivo para quedarse tirada en el suelo, tenía que ponerse de pie, aunque estuviera mareada y débil tenía que buscar ayuda, un teléfono, un policía, alguien.
Yuzu comenzó a caminar sin estar muy segura del camino ¿al norte o al sur? ¿al este o al oeste? Pero no tenía una brújula ni manera de ubicarse, no importaba, solo tenía que caminar, y rápido, a lo lejos las nubes oscuras de una tormenta se acercaban.
—No te detengas —escuchó, casi como un susurro arrastrado por el viento, Yuzu giro emocionada buscando a quien había hablado, pero no había nadie más.
«¿Cuánto tiempo había pasado ya?» se preguntó arrastrando su pie una y otra vez, nunca había tenido un reloj, pero le habría gustado tener uno, saber si era mañana o tarde, que día era.
De pronto divisó una cabaña, era una construcción un poco curiosa, no se veía exactamente japonesa, tenía ciertos aires occidentales, más como una cabaña europea con varios pisos de piedra y madera. Por momentos pensó en que era mejor no entrar, la habían secuestrado ¿y si los secuestradores estaban ahí? Pero había algo que la llamaba, que le decía que siguiera—. No te detengas —escuchó de nuevo.
Alzó su mano para tocar la puerta, pero el dolor de sus nudillos al cerrar su puño la hizo pensar más, y con un pequeño jalón intentó abrir la puerta, no tenía seguro.
—¿Ho-ho-ho-laaaaa? — La cabaña era extraña ¿Dónde podía estar? «No, no, no, esto debe ser un sueño, debo seguir atrapada» pensó. La cabaña no podía ser real, desde dentro era como si las paredes fueran transparentes, podía ver todo el campo, pero eso era imposible, era madera y piedra, estaba segura de eso.
—¿En serio crees que es imposible?
—¿Quién e-e-res? ¿Dónde-de-e está-s-s-s? Ayúda-ME —respondió Yuzu con esfuerzo. Reconocía esa voz, era la voz de antes, la femenina y elegante.
—Aún no.
—¡¿P-p-ero por qu-é no?! —reclamó desesperada.
—Está cerca, viene en camino ¿estás lista para luchar contra él? —preguntó ahora la voz.
¿Luchar? No entendía nada, Kami, era solo una niña de 11 años ¿Cómo iba ella a luchar con alguien? Ella era la tranquila de la familia. Karin era la que peleaba, no ella.
—¡NO! ¡SOLO QUIERO QUE ME AYUDES! —negó ella con un grito desesperada.
—¡Ay, mi niña, no puedo ayudarte hasta que estés dispuesta a ayudarte a ti misma! —respondió la voz con un tono de simpatía.
¿Cómo pelear con alguien era ayudarse a si misma? Quería encontrar una respuesta, algo que pudiera convencer a la voz.
—¡Está aquí, pelea!
—¿QUI-E-EEEEEEN? —gritó Yuzu aún sin comprender. ¿Por qué esa voz insistía tanto en que peleara con alguien? —¡POR FAVOR, SOLO AYÚDAME A IR A CASA!
—El único camino a casa está afuera ¡pelea!
Si el camino a su casa estaba afuera, entonces se iría. Sí, eso haría. Adultos inútiles, había creído que podía confiar en la voz, pero no, era solo una alucinación, quizás se estaba volviendo loca, nada de lo que la voz decía tenía sentido, era el hambre y la fatiga, era el miedo que tenía. Y no iba a pelear con nadie, ella no era ese tipo de personas.
Yuzu abrió la puerta y sin mirar atrás se echó a correr, no le importaban ya los truenos y relámpagos, la lluvia, ¿Qué era lo peor que podía pasarle? ¿Enfermarse? Después de haber sido secuestrada y haber sobrevivido, enfermarse era nada ¿Qué la golpeara un rayo? Por lo menos todo se acabaría.
—¿A dónde vas shinigami? —escuchó Yuzu. Y al igual que la voz de antes, también reconocía esa, solo que ahora tenía alguien frente a ella, un hombre delgado, muy alto, con una barba corta de unos pocos días, el pelo largo y despeinado, negro. Sus ropas un abrigo largo de color negro en mal estado, camisa blanca y botas también negras. Un vagabundo. Una gran espada oscura y de aspecto maligno en sus manos.
Estaba asustada, más que antes, podía ver sus ojos, y si, eran esos que se habían burlado, esos que habían amenazado con matarla. ¿Y shinigami? Ella no era un yokai.
—Po-por fa-vor-vor, so-so-so-lo deja que-que me-e vaya, no-no le diré na-na-da a nadie, lo pro-pro-prometo —suplicó Yuzu casi paralizada del miedo —. Por favor, po-po-por favor, dé-jame ir.
—¡MUEREEEE!
Yuzu cerró los ojos al escuchar el grito cruel del vagabundo, la iba a matar, lo sabía. «Karin, Ichi-nii, Otou-san, los voy a extrañar» se dijo a si misma, pero la muerte no llegó. Sorprendida abrió los ojos, y lo que pudo ver era más increíble aún, un hombre, una criatura, no tenía idea de qué, era como si estuviera hecho de piedra ardiente, de lava, las plantas chamuscadas a sus pies, y de sus manos un chorro de fuego bloqueando al que quería matarla.
—¿Vas a dejar que te maten niña? —reclamó el hombre de lava. A ese no lo había escuchado antes, pero parecía enojado.
—¡Ella no quiere pelear Engetsu! —afirmó la otra voz, y ahora por primera vez pudo verla, y era… no sabía que era… era una mujer de piel de un beige claro, sus ojos como los de la pared, uno verde, otro rojo, ambos muy brillantes, y su cabello no era cabello, eran ramas que se esparcían en todos los sentidos, muchas flores distintas naciendo de ellas, y algo como una neblina o un humo que la cubría.
—Ella es la hija de Isshin, claro que peleará. —Los ojos del hombre se habían clavado en ella.
—Po-por-r favor, lléva-me co-con mi-mi Otou-sa-san, te lo-lo-lo pido —suplicó con los ojos llenos de lágrimas al escuchar el nombre de su padre. Si el hombre de lava lo conocía seguro que podría ayudarla.
—¿Lo ves? Solo pide ayuda, no quiere hacer nada por ella misma —replicó la mujer claramente decepcionada.
¿Por qué seguían insistiendo en lo mismo? ¡ELLA NO PELEABA!
—Isshin estará tan triste, y pensar que le ha pasado parte de sus poderes para salvarla, y ella solo desea morir, pobre Karin, pobre Ichigo, ninguno de ellos se rendiría. —Había dolor en su voz.
—Lo sé —respondió la mujer llena de tristeza, y con una pequeña lagrima recorriendo su mejilla.
Yuzu sintió algo romperse al escuchar la forma en la que Engetsu y la mujer hablaban, era algo en sus voces llenas de lastima, de pena, condescendientes, incluso era como si se burlaran. Si, ella era débil, era una niña, pero no se había rendido. Había intentado regresar a su familia, había hecho lo que podía, pero nadie quería ayudarla ¿Qué esperaban? ¿Cuántas veces tenía que repetir que solo tenía 11 años? ¿Es que eran ciegos acaso?
Completamente enfurecida agarró un tronco grueso que encontró en el piso, y sin mucho pensarlo se lanzó con un grito contra Engetsu, su ceño fruncido, su boca apretada, sus lágrimas evaporándose en su piel al acercarse a su calor. Era como si toda su frustración se hubiera concentrado, su rabia y su enojo, la desesperación de sentirse sola y abandonada. Pero el hombre de lava lo que hizo fue apartarse y apagar el chorro de fuego que lanzaba, y con un toque de su mano extrañamente fría redirigió sus pasos. Repentinamente sin entender cómo, sintió su arma golpear con un sonido metálico la espada del vagabundo.
Yuzu alzo los ojos y se sorprendió aún mas, en sus manos tenía una katana, la tsuba con la forma de una flor, el mango de un verde pálido con diamantes rosas. El impacto de las dos armas reverberando y despertando su cuerpo, la adrenalina recorriéndola.
—Sabes que hacer, lo llevas en la sangre —afirmó la mujer mientras Engetsu miraba tranquilo.
El vagabundo contraatacó, y sin entender cómo, Yuzu movió su espada y bloqueo nuevamente el ataque. Pero no fue suficiente, el hombre lanzó un golpe con su otro brazo, y en medio del dolor sintió su cuerpo caer al piso. Era como si algo la hubiera aplastado, pudo haber jurado escuchar sus huesos sonar y hasta quebrarse ¿pero que podía esperar? ¿Cómo era capaz de luchar contra alguien más grande y fuerte que ella?
—Eres débil shinigami —comentó el vagabundo con una sonrisa arrogante y escupiendo al piso.
—Cree en ti y lo derrotaras, no eres una niña —dijo ahora la mujer. Pero eso no tenía sentido.
—¿Có-co-mo? —preguntó ella con una mano sobre la tierra tratando de ponerse en pie, y sin creer lo que hacía ¿Cómo podía un hombre adulto golpearla de esa manera? ¿Sin remordimientos? ¿Sin compasión?
—¡Impura! —exclamó el vagabundo antes de lanzarse otra vez contra ella.
Yuzu cerró sus ojos, la espada firme en sus manos, y otra vez sintió el impacto al bloquearla. «Puedes hacerlo» se dijo a ella misma «Puedes» llenándose de un coraje que en verdad no sabía siquiera si existía.
—Recuerda Yuzu, es lo que eres, hazlo shinigami —dijo la mujer viéndola a los ojos. Otra vez esa palabra, shinigami. Pero ella no era ninguna diosa de la muerte—. No niegues más lo que eres.
Aunque nada tuviera sentido, Yuzu se concentró, respiró profundo y trató de olvidarse de todo. Si iba a morir al menos iba a intentar defenderse, se lo debía a su familia, y aunque no fuera agresiva, pudo sentir un poco de orgullo de pensar en intentarlo. «Orgullo, coraje, mi sangre, shinigami» pensó, y algo respondió, algo que ardía dentro de ella, pero que no era fuego, no algo que la quemara, era solo una sensación de paz y tranquilidad, de energía recorriendo cada centímetro de su piel. Sin darse cuenta saltó hacia el vagabundo olvidándose de todo lo demás, rápida, como si volara, y otra vez su espada golpeo la de su enemigo, pero ya no había dolor, ya no reverberaba como antes, ya no estaba aturdida.
Yuzu movió su espada una vez más, ambas manos firmes sobre el mango y atacando con fuerza, pero el vagabundo no era lento, ni inexperto, y con facilidad bloqueaba cada uno de sus intentos. Pero ya lo había decidido, si iba a morir lo haría de pie, sin rendirse, es lo que haría su Otou-san, Karin, Ichi-nii.
El sonido de espada contra espada colmó el aire, su cuerpo ajustándose cada vez más a lo violento y rápido del combate, pequeñas gotas de sudor recorriéndola y cayendo al piso, y era casi como si supiera lo que hacía, era como le había dicho la mujer, como si alguna vez hubiera sabido cómo luchar y lo hubiera olvidado, ahora recordaba. Pero no era sencillo, el vagabundo usaba manos y espadas para contra ella, patadas y golpes duros que la quebraban, y cada pocos segundos una nueva herida aparecía, cortes, moretones, sangre en su piel, su cuerpo lleno de tierra y cansado de caer al piso, su espalda adolorida de chocar contra los arboles.
Ahora lo comprendía, todo era una trampa, era insensato de su parte creerse capaz, lo veía, lo sabía, el vagabundo era fuerte, demasiado fuerte y ya no se le ocurría más nada, se había dejado llevar por la energía, había confiado en su cuerpo, en esa memoria extraña, y no bastaba, no era suficiente, necesitaba más, y no tenia con qué.
—Llámame y te daré mi poder ¡Di mi nombre! —Era como si le hubieran leído la mente.
¿Qué iba a hacer ella con un nombre? Lo que necesitaba es que en vez de ver interviniera, sabía que ella y Engetsu tenían el poder para hacerlo, lo presentía.
—¡Di mi nombre!—reclamó otra vez la mujer.
—¿Cómo vo-y-y a-a-asa-sa-ber tu nom-nom-nombre? Te-te acabo-o de-de cono-cer —preguntó desesperada cayendo otra vez al suelo empujada por el vagabundo.
—He estado toda mi vida contigo, nací contigo, te vi aprender a caminar, estuve contigo cuando perdiste a tu madre y te he abrazado al verte llorar, claro que sabes mi nombre, me conoces, lo tienes escrito en tu corazón.
Yuzu pensó y pensó, pero nada le venía a la mente, era imposible, iba a morir, estaba segura. Alzó sus ojos lista para rendirse, la espada del vagabundo moviéndose con velocidad en un arco directo a su cabeza, pero algo nuevo comenzó a latir dentro de ella, memorias, recuerdos, una sensación cálida de alguien que la protegía al necesitarlo. Sí, no había estado sola, y más allá de su familia, ella siempre había estado ahí, en una y muchas formas, en sus sueños y escondida en las sombras, ella.
Sin saber por qué, sin entender de donde le nacía, tan solo se puso de pie, su mano derecha firme sobre el mango de su espada, y lentamente comenzó a girarla, había algo familiar en el movimiento.
—¡EXHALA, KORUGETSU! —gritó.
Su arma comenzó a cambiar, el mango se hizo más largo, manteniendo su mismo color verde, la hoja menos larga pero ancha, era una especie de lanza, cerca de dos metros, no una naginata, algo parecido, recordó ese museo que visito una vez con su otou-san, china, si, a eso se le parecía, una pieza gruesa al final del mango, un contrapeso para mejorar su balance ¿guan dao? Creyó haber escuchado esa vez. Repentinamente y por impulso la golpeo contra el suelo, y al hacerlo una nube verde con un maravilloso olor cubrió la hoja, era como una montaña cubierta siempre de neblina, hermosa, reluciente, perfecta ¿y dentro de ella? Era electrificante, estaba viva, se sentía repleta de energía como si no la hubieran golpeado o maltratado ¿era ese el poder que le había prometido la mujer?
—Hay cosas para la que no estás lista aún mi pequeña —notó Korugetsu con calma—. Pero hay algo que te puedo enseñar —dijo intercambiando una mirada con Engetsu que asintió con su cabeza ante el gesto. «Getsu» pensó, «¿Por qué luna» se preguntó.
—No me vencerás, respira por última vez shinigami —comentó el vagabundo con enojo dando un salto hacia atrás y preparándose para un nuevo ataque.
—Pero lo hará —respondieron al mismo tiempo Korugetsu y Engetsu—. Grita con nosotros, recuerda, lo llevas en tu sangre. Reclama tu poder.
—¡GETSUGA TENSHOOOO!
—…era… ¡ESPERA! —pero ya era demasiado tarde. El cuerpo de su hija había comenzado a brillar con la fuerza de su reiatsu. ¿Espera? ¿Por qué demonios le estaban pidiendo que esperara? ¿Es que no se daban cuenta de que tenía que salvar a Yuzu?
—Bueno, ahora sí que tenemos un problema —comentó Urahara tapando la boca con su abanico. Y si algo sabia Isshin, es que si el vendedor retomaba su tono sarcástico es porque algo ocurría.
—¡Oh, no! Me equivoqué, después de todo solo soy un humilde vendedor ¿Qué puedo saber yo de estas cosas? —observó Urahara cuando el brillo verde del reiatsu que cubría a Yuzu se desvaneció—. ¡Tenemos dos problemas!
Nota: el movimiento de liberación es el mismo de Kaien y Nejibana, porque ya saben, familia.
