Continuación de Casa Del Árbol
Conociendo a mi Ídolo.
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Lottie pensaba en como devolverle el gesto a su prometido, había hecho feliz a su hermano, Sophie incluso reconocía que ver a Matt sonreír más seguido era apreciado por ambas mujeres, aunque Matt tenía ya 24 años, el se sentía mayor.
Si fuera por el, diría que tenía 40 años siendo el primer hijo del matrimonio Elwes.
Lottie sonrió porque la casita del árbol era un buen detalle que su prometido le había hecho a su querido Matt.
La magia le parecía asombrosa, tanto como a Albus le parecía un teléfono celular.
Aun tenía mucho que aprender del mundo mágico, incluso escuchó a James decir que aunque a Albus no le gustaba jugar Quidditch, era un fanático del deporte.
Si tan solo ella supiera que era eso, podría comprarle un boleto para el siguiente partido.
¿A quien quería engañar? Para poder hacer eso tenía que ir a ese mundo sola, quizás cambiar su dinero por el dinero de los magos, pero de todas maneras necesitaba ayuda para conseguirlo.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó a una niña pequeña gritar asustada, parecía que se había caído del balcón, escuchó gritos de adultos mencionar un nombre femenino, por la magnitud de la situación no se detuvo a prestar mayor atención, corrió tan rápido como pudo, logró tomar a la criatura en brazos en el último momento, aunque no pudo evitar caer sentada en el asfalto.
El entrenamiento que recibió siendo guardaespaldas le había servido de mucho en varias ocasiones, aunque esta vez se resbaló, quizás le dolería el trasero un par de semanas.
La niña lloraba asustada, se aferró al suéter de Lottie, ella trató de calmarla, esperando que los familiares de la niña llegaran por ella.
–¡Tainara! ¡Hija mía! –Escuchó la voz de una mujer que buscaba a su hija sumamente preocupada.
–¡Mamá!– La pequeña estiró sus manos hacia su progenitora, Lottie se la entregó con suavidad para no asustarla, había sido una fuerte caída, quizás un médico debía revisarla.
Se levantó aunque sentía que le dolía todo.
–¡Muchas gracias Señorita! ¡Gracias por haber salvado a mi hija! Aun es muy pequeña, ella estaba aprendiendo a volar. –El hombre quien suponía era el padre de la niña cubrió su boca con ambas manos.
Lottie Elwes decidió que era mejor pasar desapercibido ese dato, sonrió aunque entendió que quizás eran magos los que estaban frente a ella.
O quizás eran extraterrestres.
Quien sabía todo parecía ser real en su mundo.
–No necesita darme las gracias lo importante es que la niña esté bien.
–Estamos en deuda permanente con usted. Permítame entregarle esto. –Le dio lo que parecía ser un sobre con boletos para algún deporte, escribió una dirección en un papel, junto con un nombre– Cuando llegue a este lugar pregunté por Gonçalo Flores.
–Así será. Señor.
Y la familia marchó para que la niña pudiera ser revisada por un doctor.
Lottie no entendió que en ese momento que Albus sería feliz, ya que ese sobre estaba la respuesta a los interrogantes que había dejado de lado al salvar a aquella niña.
La suerte estaba de su lado.
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Los ojos verdes se Albus brillaron con emoción, cuando Lottie le mostró el sobre con el nombre resaltado, eran boletos ilimitados con acceso para fans destacados de Gonçalo Flores.
Un jugador de Quidditch brasileño, el ídolo de Albus.
–¿Espera? ¿Albus no conoce a su ídolo?
–No, aunque Harry trató de concertar una cita con el, el hombre se mantiene muy ocupado, suele viajar por temporadas a Londres, ya que su estadía permanente es en Brasil, con estos boletos puedes hablar con el cuando quieras, solo debes indicar la fecha, hora y lugar y el llegará sin condiciones. También tienes pases VIP para visitarlo en su carpa cuando tenga partidos en Londres. – Scorpius le explicaba a Lottie quién seguía procesando lo que había pasado.
–¿Todo esto solo porque salvé a su hija?
–Si, el Señor Flores y su esposa trataron durante muchos años de tener un hijo, pero cuando se dieron por vencidos, dieron la noticia que ella esperaba un hijo. Fue un embarazo de alto riesgo, es la única hija del matrimonio, por lo tanto es su tesoro más preciado.
–Entonces ¿Podemos ir al próximo partido? ¿Albus podrá hablar con el?
–Siempre y cuando le acompañes tú. En el instante que te dieron los boletos quedaron tus huellas en él, si no vas tú, el no podrá pasar.
Entonces Lottie decidió que ambos debían ir. Esperaba que el señor Flores no se molestara con ella por tal atrevimiento.
Albus y Gonçalo hablaron sobre el Quidditch durante horas mientras Lottie habló con la Señora Flores.
La pequeña Tainara jugaba con sus muñecas, estaba muy feliz de estar con su salvadora a quien pensó que no la volvería a ver.
–¿Tú y el Joven Potter están saliendo?– Preguntó la mujer de ojos grises.
–Es mi prometido en realidad.
–¿Tu también eres bruja?
–No, yo no tengo magia. Pero Albus hace mis días felices. –Sonrió al verlo en la distancia mientras compartía con su ídolo.
–Ustedes hacen una linda pareja, se nota que se aman realmente.
–Gracias.
Al menos había hecho feliz a Albus. Eso era lo único que le importaba en ese momento ver a su amado sonreír como un niño pequeño.
