NA: Bueno, alguien me dijo que me planteara meter a este personaje que vais a ver y... bueno pensado ¿Por qué no? La última vez que lo hice no fue tan mal aunque aquí tenga otro destino.
Espero que esta historia siga manteniéndoos interesados y que continuéis conmigo. Cada vez queda un poco menos pero he de reconocer que estoy disfrutando con ella así que mariapotter, gracias por insistirme en escribirla.
Y por supuesto gracias a todos los que me dejáis un review o un mensaje. Realmente dan el empujón que falta algunos días.
Besos y abrazos
AJ
An t-Eilean Sgitheanach
Al día siguiente Harry habló con Kingsley y consiguió un traslador oficial que les llevó a los tres a la isla de Sky.
El punto de aparición fue la puerta de la misma cabaña de Elin, en la península de Trotternish. Luna les había dicho que el lugar estaba protegido de la vista de los muggles ya que, pese a encontrarse en una zona deshabitada, era mucha la gente que iba hasta allí en el presente por ser considerado uno de los lugares más bonitos de la isla, de modo que aparecerse en una casa oculta al ojo de cualquiera les pareció una buena idea, además de una forma de no perder tiempo.
Los tres soltaron a la vez el gorro de lana cuando pusieron los pies en el
—Oh Dios mío
El susurro reverente de Hermione hizo que los dos hombres la mirasen
—Esta casa es maravillosa.
Draco miró la choza que parecía a punto de caerse a pedazos y después contempló a la bruja como si le hubiera salido otra cabeza. Arrugó la nariz con una mueca de disgusto y alzó la ceja.
—Supongo que teniendo en cuenta lo mucho que te gusta la conejera de los Weasley….
—Idiota —Hermione le dio un tortazo en el antebrazo y caminó hacia la cabaña —es un Croft. En Escocia, los crofts son parcelas de tierra para arar que se delimitaban por un seto o una valla pequeña. Las casas en las que vivían los agricultores eran de piedra, muy sencillas y con techos de paja.
—Una maravilla arquitectónica —masculló Draco con ironía.
Harry, que tampoco parecía estar muy emocionado con la casa, no pudo evitar una risita que disimuló con un carraspeo.
—Es una casa antigua —continuó diciendo ella, ignorando a los dos —cuando Elin llegó aquí esto posiblemente hubiera sido el hogar de alguna antigua familia que residió aquí por generaciones.
A cada palabra de la chica, Malfoy iba horrorizándose aún más ¿Quién quería conservar semejante cochiquera? ¿Y por qué, en nombre de Merlín, no la habían adecentado un poco? Eran magos ¡Por Salazar!
La cabaña, porque llamar de otra forma a esa vivienda era cuestionable, estaba levantada con ladrillos oscuros apilados de forma extraña, unos sobre otros en un batiburrillo que no era ordenado ni alineado en modo alguno. Las ventanas, dos, que él pudiera ver, eran pequeñas y estaban tapadas por una tela azul algo desgastada y la abertura de la puerta estaba hundida, como creando un pequeño pasillo de apenas un metro donde podía verse la madera oscura que podría incluso estar medio podrida.
El techo, tal y como Hermione había dicho, parecía ser de paja y Draco espero, realmente lo hizo, que tuviera algún tipo de hechizo encima porque si no, dentro no creía que fueran a encontrar nada en buen estado.
—A mi me recuerda a la cabaña de Hagrid —dijo Harry quien nunca había pensado en la casa de su amigo como una maravilla histórica.
—¡Exacto! —Hermione parecía maravillada —es el mismo tipo de construcción.
Draco y Harry se miraron con una complicidad que les hizo fruncir el ceño con incomodidad.
—Como sea —dijo finalmente el rubio—entremos.
—Espera —en ese momento fue Harry quien parecía realmente impresionado —Madre mía.
Los otros dos se giraron para ver qué era lo que tenía a Potter en ese estado de admiración y el jadeo de ambos fue audible en el silencio en el que se encontraban.
Si bien la casa no había tenido ningún tipo de impacto en Draco, la ubicación le había cortado el aliento, literalmente.
—Estamos en el Storr —murmuró ella con incredulidad —Oh Dios mío —se giró mirando a su alrededor, maravillada —el Santuario.
Draco la imitó y una lenta sonrisa se dibujó en sus finos labios.
—Maldita sea —jadeó, impresionado —es verdad.
—¿Alguno puede contarme dónde estamos? —preguntó Harry en un susurro bajo.
—Es uno de los monumentos más emblemáticos de Escocia —dijo Draco.
—Una maravilla natural —intervino Hermione —formada durante la Edad de Hielo —señaló los pináculos de roca —además las vistas al Sound of Rassay —dijo moviendo el dedo hacia a isla que se veía en medio del agua bajo sus pies.
—¿Conocéis el cuento de O´Sheen y el duende saltarín? —les preguntó Draco sabiendo que, al haberse criado ambos en el mundo muggle era posible que no supieran de lo que les hablaba.
—No —dijo Harry
Hermione se mordió el labio, intentando recordar los cuentos de Beedle el Bardo y finalmente negó la cabeza.
—Conozco algunos cuentos mágicos pero no he oído hablar de este.
—Habla del escocés O´Sheen, un mago que vivía con su esposa en esta colina donde siempre habitaron los duendes. El hombre, ya siendo mayor, salvó la vida a Tup, un pequeño duende que se quedó atrapado en un lodazal en medio de una tormenta. O´Sheen le encontró cuando regresaba a su casa y le sacó de allí, lo llevó a su hogar y su esposa le curó. Al día siguiente el duende regresó con los suyos pero desde ese día se hizo amigo del mago y le juró que le devolvería el favor. Tiempo después la esposa de O´Sheen murió y él, roto de dolor, no pudo superar su pérdida y falleció a los dos días. Cuando Tup fue a visitarle, como hacía una vez por semana, vio que ambos habían muerto y triste y dolido por la pérdida de su amigo, cinceló dos rocas —Draco señaló las más icónicas del lugar —una más grande y otra más pequeña —en honor a O´Sheen y su esposa. Se dice que el duende se quedó aquí, cuidando el lugar para que los pináculos sigan en pie siglo tras siglo.
—Es un sitio increíble —murmuró Harry, sobrecogido por la belleza del entorno.
—Quizás luego podamos hacer una excursión —espetó Draco con sarcasmo empezando a cansarse de esperar —vamos a hacer lo que vinimos a hacer ¿De acuerdo? Después podemos seguir maravillándonos del espectáculo.
—No seas borde, Malfoy —replicó la mujer fulminándole con la mirada.
—Sí, como sea ¿Vamos?
Los tres accedieron a la casa casi conteniendo el aliento por miedo a lo que encontrarían en el interior pero, para su más absoluta sorpresa, el parecido exterior era lo único que compartía con la casa de Hagrid.
Por dentro era un hogar, sencillo pero muy hermoso y, aunque parecía muy pequeña por fuera, el hechizo de extensión aplicado a la vivienda recordó a Harry a la tienda de campaña de Arthur Weasley con la que recorrieron media Gran Bretaña en su búsqueda de los horrocruxes.
—No me cansaré nunca de decirlo —murmuró Harry, sonriendo —me encanta la magia.
Hermione soltó una risita y miró en derredor.
—Es enorme.
—Por suerte mejora por dentro —fue lo único que dijo Draco quién en realidad estaba tan sorprendido como los demás.
La casa era muy grande. Estaba lejos de ser una mansión pero aunque sólo tenía un piso, mientras iban abriendo puertas, descubrieron cinco habitaciones, tres cuartos de baño y una sala grande en la que estaban incorporadas la cocina, el comedor y el salón.
—Esta debía ser la habitación de Pandora —Hermione habló desde una de las estancias —hay una foto de ella con el señor Lovegood.
Harry y Draco fueron hacia allí.
—Es como ver a Luna —dijo Harry, sorprendido
—Lo que quiere decir que Elin era igual que ella —replicó Hermione.
—Lo era —intervino Draco —en el salón hay un retrato de una mujer vestida con pieles, como una vikinga y tiene la cara de Lovegood.
—No es un retrato mágico ¿Verdad? —preguntó con interés la bruja.
—No, no lo es.
—Lástima —refunfuñó ella con pesar.
—¿Qué buscamos? —preguntó Harry.
—La verdad es que no lo sé —respondió ella.
—Nos separaremos —Draco señaló la habitación de Pandora —Granger, busca por aquí. Algún libro, diario, anotaciones de algún tipo… Potter tú revisa alguna otra habitación, yo iré al salón. Según vayamos terminando seguimos a otro lado… con suerte habrá algo que nos pueda dar luz a todo esto.
Pasaron las siguientes dos horas rebuscando entre las propiedades de la familia de Pandora Berge, cotilleando entre fotografías, libros de pociones y hechizos, joyas familiares e incluso ropa antigua y recuerdos del pasado.
—Mirad esto —Harry habló desde una de las habitaciones que, por lo que sabía, debió haber pertenecido a Alarik y su esposa —es un árbol genealógico.
—Vaya —Draco frunció el ceño, con interés —pensé que solo las familias de sangre pura muy antiguas tenían estas cosas —tocó el árbol que había en la repisa de la chimenea del dormitorio —que curioso…
—Parece una talla simple de madera —estaba diciendo Hermione.
Era una figura de un árbol hermoso tallada en pino con distintas ramas retorcidas en todas direcciones.
—Sí, pero mira —Harry tocó la base del tronco y de las ramas empezaron a aparecer hojas verdes que brotaron y se agrandaron nombrándose a sí mismas unas tras otras hasta formar un frondoso árbol.
—Que hermoso conjuro —susurró Hermione fascinada.
Los tres investigaron las ramas. Draco se dio cuenta de que era sencillo, no era tan grande e intrincado como el de su familia, pese a que el nombre de su bisabuelo estaba allí, unido al de Elin Berge. En la parte de ella había algunos nombres por la rama paterna, apenas dos generaciones de brujas y magos atrás. Una familia no demasiado antigua para los cánones aristocráticos de la sociedad mágica.
Elin y Anthony habían tenido, tal y como Lovegood les contó, dos hijos, Alarik y Karyn.
—Mira —Hermione señaló la unidad familiar que formaban Karyn y su esposo Septimus Pucey dónde podían ver a Magnus y a Adrian. Pero también había otro nombre, Hyacinth, unido al de Connor Parkinson y del que pendía otra rama
—Pansy Parkinson—dijo Draco —¿Pansy? No me jodas… ¿Es otra de las descendientes de mi bisabuelo?
—Te crece la familia como setas, Malfoy —dijo Harry, divertido.
—Sí, fantástico —masculló el rubio.
—¿Creéis que vivirán en la isla? —preguntó Hermione.
—La última vez que la vi —dijo Harry de buen humor —estaba tratando de enviarme a Voldemort para salvar su trasero.
—Yo tampoco he vuelto a saber nada de ella. Pero tal vez podríamos hablar con Lovegood —respondió Draco —al parecer es la única que sabe toda la condenada historia de mi familia.
—¿Hola? —una voz suave con un ligero acento gaélico resonó en el salón.
Los tres se miraron, alarmados.
—Debe ser una bruja —susurró Harry en voz apenas audible —la casa tiene hechizos antimuggle —les recordó.
—¿Hola? —volvió a escucharse la voz.
Hermione dio un paso al frente y salió de la habitación.
—Creo que es Parkinson.
—Mierda, Granger —siseó Draco sacando la varita y lanzándose a su espalda listo para defenderla.
—Vivir para ver —murmuró Harry con diversión al ver el modo en el que Malfoy había saltado detrás de su amiga, como un guardaespaldas dispuesto a enfrentarse al mundo por ella.
Se preguntó si él era consciente de lo mucho que decían sus actos y si aquello llegaría a algún lado en el futuro.
Sería justicia poética, realmente.
—Hola —Hermione salió de la habitación y saludó a la mujer.
—No eres Luna —dijo Pansy con mal disimulado pesar —pensé que podría ser ella —sonrió con algo parecido a la vergüenza —hola Granger.
—Lo siento —respondió Hermione que no sabía bien cómo responder a eso —me temo que no soy Luna
—Hola Draco —la muchacha se veía más que incómoda—ha pasado mucho tiempo… Potter
Harry miró a la joven desde el vano de la puerta y pensó que el tiempo había sido muy generoso con la antigua Slytherin.
Siempre había sido bastante bonita, con su pelo oscuro y sus ojos azules. Pero su sempiterna expresión de asco y burla en la cara habían hecho que perdiera toda la belleza que Harry hubiera podido encontrar en ella.
Ahora parecía diferente. Sonreía de verdad, no solo con los labios, también con los ojos y su expresión era serena, dulce y algo melancólica, muy lejos de la mueca de constante desdén con la que la recordaba.
Seguía siendo delgada y pequeña, no debía llegar siquiera al metro sesenta, tenía el cabello suelto y muy largo, el rostro ligeramente alargado, con pómulos marcados, sonrosados por el frío del exterior, unos ojos almendrados de un azul intenso, algo más oscuros en sus bordes, la nariz pequeña, un poco respingona y unos labios sonrosados que seguían sonriendo.
—Sí, ha pasado mucho tiempo—Hermione señaló a Draco que aún tenía en su mano la varita —baja la varita, Draco.
Pansy soltó una risita baja, pero no era burlona, parecía realmente sincera y divertida.
—¿Draco? Merlín, jamás habría imaginado que viviría para ver el día en el que el príncipe de Slytherin y Hermione Granger fueran… —ladeó la cabeza y contempló a Malfoy con interés —cercanos —Abrió mucho los ojos —Oh Salazar… ¿Así que es cierto todo lo que se publicó? —rió de nuevo, una risa cristalina y suave —¿Sabes, Draco? Podría ser la mejor decisión que hubieras tomado jamás.
— ¿Vives cerca de aquí? —preguntó Draco con más brusquedad de la que pretendía.
—Sí, más o menos —ella no pareció afectada por el tono de su voz —mi casa está en Kilt Rock, en la costa. Pero me gusta venir por aquí de vez en cuando. A Luna no le importa que visite la casa y a veces me siento feliz estando sola aquí, en el hogar de mi bisabuela.
—¿Desde cuándo lo sabes? —preguntó de nuevo Draco entrecerrando los ojos —Venga ya, Pans… si hubieras sabido esto en Hogwarts no te lo habrías callado, ambos lo sabemos.
Ella solo sonrió con algo de pesar.
—Tienes razón, yo era un poco estúpida por aquel entonces —miró de soslayo a Hermione —después de irme de Hogwarts mi madre terminó en Azkaban y mi padre, que por aquel entonces se pasaba los días y las noches borracho, se libró únicamente porque estaba tan ebrio el día de la batalla que ni siquiera se enteró de que tenía que ir a luchar —sus labios se elevaron en una mueca de desagrado —el Ministerio se lo quedó todo —soltó un suspiro tembloroso —no fue una época fácil pero entonces llegó Lovegood —rió de nuevo y sus ojos brillaron con los recuerdos —oh Merlín… fue una auténtica idiota con ella —sacudió la cabeza, avergonzada —pero entonces me contó una historia y me trajo aquí… —señaló a su alrededor con maravilla —con el tiempo me ayudó a sanar, creo —inspiró y se acercó a la chimenea sobre la que estaba el retrato de Elin, acariciando con un dedo el borde del marco —aprendí lo equivocada que estaba su hija… lo equivocada que estaba yo. Al final me quedé aquí, lejos de todo y de todos… lejos del pasado. Y está bien, estoy en paz. Y nunca hay nadie por esta zona, aunque hace poco también tuve otra visita.
Eso hizo que Harry se tensara.
—¿Otra visita? —preguntó, en guardia.
—Mi primo—ella sonrió y sus bonitos ojos azules se iluminaron de alegría —Nunca fuimos muy cercanos pero después de quedarme sola me di cuenta de lo importante que es la familia en realidad. Fue maravilloso reencontrarle.
La piel de Hermione se erizó y miró a los chicos, horrorizada.
—Ese primo del que hablas —preguntó Draco —¿Era Adrian Pucey?
—¿Sabes que también es tu primo? —el rostro de Pansy se llenó de grata sorpresa —¿No es fantástico, Draco? Lo pequeño que puede resultar el mundo… Siempre fuisteis amigos.
—Lo fuimos —replicó el rubio con brusquedad.
—¿Hace mucho que vino? —Harry, demasiado preocupado por la situación para seguir absorto en la belleza recién descubierta de la muchacha a la que había odiado en el pasado, se acercó a ella —¿Entró a la casa? ¿Se llevó algo?
Pansy le miró con la cabeza ladeada, de aquella forma intensa y franca en la que lo hacía Luna.
—Ha venido en ocasiones, aunque la primera vez fue hace meses. La última apenas una semana atrás.
—Oh Merlín —Hermione se llevó la mano a la boca en un gesto de horror.
—¿Qué ocurre, Granger? Adrian siempre es muy amable conmigo —Pansy seguía mirando a Harry —¿Le ha ocurrido algo? ¿Está bien?
Harry suspiró.
—¿Qué sabes realmente de Adrian, Pansy?
—No mucho, cuando viene hablamos de nuestra época del colegio, de los errores que cometimos siendo tan jóvenes —rió —sobre todo yo —del futuro, del pasado… hablamos de Quidditch y de las cosas que echo de menos de Londres.
—Pansy, Adrian no es el mismo que tú puedes recordar de Hogwarts…—empezó diciendo Harry.
—Esto es ridículo —resopló Draco que no tenía la paciencia incluida en su listado de virtudes —Aunque vivas en el culo del mundo supongo que sabes que Potter es auror del Ministerio de Magia ¿Verdad? Pues bien, tu maravilloso Adrian es un fugitivo buscado.
—¡Draco! —exclamó Hermione mirándole con horror.
—¿Qué? —el bufó, furioso —si tenemos que esperar a que Potter encuentre las palabras podemos estar aquí un mes.
—Pero no hace falta ser tan brusco… ¡No tienes tacto!
—Tacto o no creo que lo ha pillado a la primera —la señaló con la barbilla.
La chica, seguía mirando a Harry con intensidad, como si esperase encontrar en él las respuestas a todas sus preguntas. No parecía haberse alterado por las palabras del rubio.
—¿Es cierto lo que dice? —le preguntó con suavidad.
—Lo es.
—¿Lo sabe Luna?
—Por eso estamos aquí —respondió él —ella nos dijo que viniéramos —la chica asintió —Aunque no teníamos ni idea de que estarías aquí. Cuando Luna nos contó la historia omitió algunas cosas. Como que tu ex novio y tú erais familia. Aunque supongo que en la sociedad en la que los dos habéis crecido en lugar de una inconvenciencia eso habría sido una ventaja.
Draco se removió con incomodidad en el sitio y fulminó a Potter con una mirada acerada.
—No éramos novios —masculló Malfoy mirando de reojo a Hermione
Pansy jadeó y sus ojos se abrieron de par en par.
—Me hieres, Draco —se llevó las manos al pecho en un gesto dramático muy de la antigua Pansy.
—Corta el rollo—la voz de Draco era seca pero Hermione pudo vislumbrar un pequeño atisbo de algo en sus ojos y le vio tragar saliva cuando la chica se acercó hasta él. Puede que no hubieran sido novios, pero estaba claro que sí habían sido amigos.
—Somos familia —dijo Pansy con sencillez con aquel brillo iluminando de nuevo su cara —¿Qué ha hecho Adrian? —le preguntó directamente a él —¿Por qué es un fugitivo?
—Cosas malas —respondió Draco sin ambages.
De pronto, una risa demente llegó hasta ellos justo cuando Adrian se apareció detrás de Hermione y la sujetó, apretándola contra su pecho como un escudo humano, su varita en el cuello de la mujer.
—¿Cosas malas? —volvió a reír a carcajadas —¿Y qué hay de ti, Malfoy? —pronunció su apellido casi con asco, saboreando cada sílaba — ¿Quién tiene la Marca en su brazo, eh? ¿Tú o yo? —clavó la punta de la varita en la piel de Hermione.
—Hermione —Harry dio un paso hacia ellos
—Quieto ahí, Potter. Antes de que cualquiera de vosotros pueda siquiera apuntarme, ella cae muerta a mis pies. Draco, sabes que no voy de farol.
El rubio hizo un gesto a Potter para que no hiciera nada y miró durante una fracción de segundo a Granger, intentando comprobar que estaba bien.
—¿Qué quieres, Adrian?
— ¿Qué quiero? ¡Venga ya Draco! ¿Qué coño te pasa? —Adrian sacudió la cabeza, la punta de su varita fuertemente apretada contra el cuello de Hermione —Siempre pensé que en el fondo te unirías a mi. Que al final te darías cuenta. No solo éramos compañeros… amigos… ¡Somos familia, maldita sea! —dio un paso atrás tirando del pelo de la bruja que arqueó el cuello y gimió —¿Ha sido por esta perra? —rió, una risa desquiciada que a Draco le recordó al pasado, a su tía Bella y a su inestabilidad mental. Vio temblar a Hermione y apretó los dientes tratando de contener su repentina furia —No lo creo ¿De verdad piensas que me has engañado con todo ese numerito de Corazón de Bruja? —Volvió a reír —ambos sabemos que un Malfoy jamás se interesaría de verdad por una sangre sucia —siseó con rabia y asco —¡Ni siquiera soporto pensar que te la hayas follado! ¿Lo has hecho, Draco? —apretaba los dientes e incluso escupía al hablar de la furia ciega que lo consumía —Astoria era perfecta y la dejaste a un lado por esta zorra impura —la risa de nuevo le hizo estremecer y la punta de la varita raspó la piel de la garganta de Hermione —No creo que hayas sido capaz de meterte entre sus piernas —tiró de sus rizos hasta que el cuello de la mujer se arqueó y pudo verle la cara —admito que no es fea y está buena, pero apostaría a que todo ha sido un montaje orquestado por Loughty. No, Draco Malfoy jamás ¡Jamás! metería la polla en un cuerpo impuro…
—¡Basta, Adrian! —Siseó Malfoy apretando los puños en un intento de no echar mano a su propia varita.
El otro volvió a reír.
—Basta Adrian —le imitó —¿Por qué dejaste a Astoria? Era mil veces mejor que esta zorra.
—Suéltala, Adrian —la voz de Draco era oscura, amenazante.
—¿Sabes que yo iba a casarme con ella? —dijo con rabia apenas contenida.
—¿Con Astoria? —preguntó el rubio momentáneamente desconcertado.
—Ahá… ella era… perfecta. Dulce, elegante, hermosa… nuestros padres nos prometieron cuando ella era apenas una cría pero yo sabía que se convertiría en una mujer perfecta para mi —levantó el labio superior en una mueca feroz —pero entonces esta… impura —tiró del pelo de Hermione hasta que la bruja gimió de nuevo —redactó esas estúpidas leyes que destrozaban todo nuestro mundo y los compromisos pactados dejaron de tener vinculación mágica.
—Eso no fue así —Hermione, quien, pese a las circunstancias parecía no poder perder la oportunidad de corregir a los demás, interrumpió su perorata —los compromisos pactados obligados —puntualizó —si se disolvió es porque una de las partes no quiso tomarlo como legal. Astoria Greengrass no quiso casarse contigo.
—¡Qué te calles, joder! —la mano de Adrian tembló mientras hundía la punta de su varita en el punto entre su cuello y su oreja —Salazar, no te soporto, nunca te he soportado. Impura, metomentodo, tocapelotas…
—Así que la pequeña Astoria no quería casarse contigo —acicateó Draco que no era capaz de contener el impulso de coser a su antiguo amigo a maldiciones.
—La muy estúpida tenía los ojos puestos en ti —rió sin humor —y realmente pensaba que podría cazarte… incluso yo pensé que lo conseguiría.
—¿Y por qué no vengarte de mí?
—No creí que fuera tu culpa —dijo encogiéndose de hombros —además éramos amigos, familia —sonrió —porque sí, siempre he sabido que teníamos la misma sangre así que yo… más bien esperaba que recuperases el sentido común y te unieras a mi. No iba a romper los lazos con la familia por una mujer, ni siquiera por Astoria.
—¿Unirme a ti, Adrian? ¿Para qué? ¿Para volver a joder el mundo que tratábamos de arreglar?
Adrian bufó
—¿Arreglarlo? Yo entré al servicio de Loughty solo para intentar encontrar a los mortífagos huidos, para intentar encontrar el báculo.
—¿Por qué? —Draco sacudió la cabeza —¿Quién te habló del báculo?
—Oh… interesante —sonrió lentamente —al parecer Anthony Malfoy, nuestro ancestro… común, vivió durante la mitad de su vida interesado en los dragones y la otra mitad en la mitología y los artefactos mágicos. Abraxas se lo contó al Señor Tenebroso, sí, pero Anthony también habló de ello a Elin quien, a su vez, les contó la historia a sus hijos. Mi padre me habló del báculo de Asclepio y de su enorme poder.
Clavó de nuevo la varita en Hermione y ella gimió.
Draco no pudo evitarlo y, al igual que Potter, sacó su arma.
—Baja la varita, Draco o la muerte de Granger quedará en tu conciencia. Lo mismo va para ti, Potter. Nunca he sido famoso por mi paciencia.
—¿Para qué quieres el báculo, Adrian?
—Oh, es interesante, porque cuando Lestrange me dijo que el Lord lo había querido, pensé que tal vez pudiera ayudarme a encontrar mi lugar en este mundo, mi lugar en la familia Malfoy, el lugar que me debería corresponder como descendiente de Anthony.
—¿Lestrange? Todos pensábamos que murió en la Batalla de Hogwarts ¿Cuándo le encontraste?
—Fue por casualidad, un día vi a tu tío Rodolphus casi un año después de los juicios —sonrió con un brillo demente en los ojos —Loughty ya me había contactado para ofrecerme un puesto en la SISA —se encogió de hombros —mi familia no había estado vinculada al Lord y yo nunca fui un matón en la escuela, como tú. Valoré mis… opciones y me di cuenta de que trabajar para él podía tener grandes utilidades. Digamos que hice un trato con Lestrange
—Y te convertiste el el Caballo de Troya.
Adrian arrugó la frente, sin entender.
—Baja la varita, Draco. Por última vez.
—Suéltala —arrastró las palabras, de aquella forma suave, casi ofídica, que a Hermione le recordaba a Severus Snape.
La mano de Draco fue un borrón. Con un brusco movimiento perfecto lanzó un hechizo no verbal que desarmó a Adrian y Hermione aprovechó el momento para desasirse de él en cuanto soltó su pelo y correr hacia donde estaba el rubio quien, con un ademán elegante, casi burlón, le tendió la varita de Pucey.
—Te aconsejo que no te muevas, Adrian —masticó las palabras con desdén —¿Estás bien? —preguntó a la bruja sin mirarla.
—Sí —la voz de Hermione era firme pese al leve temblor que Draco pudo apreciar.
Realmente sólo tenía ganas de maldecir a aquel cabrón y abrazarla hasta que ambos se calmaran porque sí, ella estaba asustada pero maldita sea, él también lo estaba. Verla allí había helado la sangre de sus venas y le había quitado al menos diez años de vida.
—Este ha sido tu último error, Draco —la voz de Adrian estaba llena de odio y furia —te arrepentirás de haberla elegido. Te arrepentirás de no unirte a mi… la familia debería ser lo primero. Sanctimonia Vicent Semper —y, metiendo la mano en el bolsillo de su túnica, desapareció.
Harry corrió hacia el espacio en el que había estado y maldijo.
—Un traslador
Se giró a mirar a Malfoy que había sucumbido a la necesidad y abrazaba a Hermione aplastándola contra su torso como si quisiera fundirla a su cuerpo. Casi apartó la vista para no ser espectador de aquel íntimo momento porque, aunque no hacían más que abrazarse, las expresiones de sus rostros y la forma en la que se aferraban el uno al otro decía mucho más que cualquier palabra, que cualquier acto menos sencillo.
Carraspeó y miró a Pansy que parecía atormentada por lo que acababa de presenciar.
—¿Qué es lo que dijo?
—Sanctimonia Vicent Semper —fue Pansy quien respondió —La pureza siempre vencerá. Es el lema de la familia Malfoy.
—Creo que Adrian está enfermo —dijo Hermione al cabo de un rato —creo que el odio y el resentimiento de Karyn pasó de ella a sus hijos y de este a Adrian.
—Es curioso —Harry se acercó a Pansy —Karyn también era la madre de tu madre, Hyacinth —cuando la joven asintió, el auror continuó hablando —¿Es por eso que su odio también pasó a ti?
—Sí y no —Pansy sacudió la cabeza —Mi madre, a diferencia del padre de Adrian, no hablaba de los Malfoy y de su legado… como os dije antes yo lo averigüé por Luna. Pero sí vivía con las creencias de que un buen lugar en la sociedad era fundamental para cualquier bruja. Vivía obsesionada con el poder y la riqueza. Siempre me empujó hacia Draco, le obsesionaba conseguir un contrato matrimonial con los Malfoy.
—Es triste —dijo Hermione —Además de absurdo ¿No deberían odiar a los Malfoy por abandonarlos a su suerte?
—No —respondió Pansy —porque mi abuela creció pensando que la culpa de no haber formado parte de los Malfoy fue de su madre que le impidió irse con Anthony cuando él quiso llevársela al quedar viudo —sonrió con tristeza —mi familia no nadaba en la abundancia—se encogió de hombros —trabajaban para vivir, araban el campo, vivían en una cabaña que, en esa época, no era tan grande ni bonita —suspiró con pesar —mi abuela Karyn creía que ella estaba destinada a la grandeza, a la riqueza… y aunque finalmente lo consiguió al casarse con un Pucey quien, pese a no tener el estatus y el poder de los Malfoy era bastante rico, siempre odió los años que su madre le había obligado a vivir en la pobreza.
—El odio no se hereda —dijo Harry.
—Pero si se adoctrina —susurró Draco —yo mejor que nadie sé de lo que hablo —dijo en un tono monocorde sin soltar a Hermione que seguía abrazada a él —a mí se me adiestró para odiar a los hijos de muggle. No se me educó, no se me enseñó. Se me adoctrinó. Creí creyendo palabra por palabra lo mismo que creía mi padre y que creía su padre antes que él…
Hermione inspiró, embebiéndose de aquel aroma a Draco que se había convertido en seguridad, en confort, en hogar.
—Al menos encontraste el camino.
—A un alto precio —dijo separándose finalmente de ella — y tras cometer muchos errores.
—¿Crees que Adrian… —empezó diciendo Pansy.
—No —respondió Draco, tajante —Adrian ha cruzado una línea de la que no hay vuelta atrás. ¿Puede arrepentirse? Sí… o no —se encogió de hombros—pero tendrá que vivir con la conciencia de haber arrebatado vidas y eso…
—Eso deja una marca en el alma —terminó Harry por él.
