NA: Bien ¿Qué tal vamos? Espero que nadie se haya perdido en la historia y que os siga gustando. Incluso espero que la introducción de Pansy y el desarrollo del personaje os parezca aceptable.
Va quedando menos, calculo que tal vez entre 10 y 12 capítulos... o quizás menos, dependerá un poco (con sinceridad os lo digo) de mi motivación para escribir y de las ganas, tengo muchas cosas ahora mismo a nivel personal y me está costando un poco dedicarle tiempo a esto. Como no la quiero dejar a medias, no voy a explayarme en exceso.
Como he dicho, ojalá sigáis disfrutando.
Gracias por leer.
Besos y abrazos
AJ
Celos y arrepentimientos
Luna pasó la página y continuó leyendo en voz alta el capítulo de "una breve historia del conocimiento muggle de las criaturas fantásticas del libro Animales Fantásticos y Donde Encontrarlos del magizoólogo, abuelo de su antiguo prometido, Rolf.
—Creo que si sigues leyéndome ese libro voy a pedir al medimago que me vuelva a inducir el sueño.
La voz ronca y algo pastosa de Theo hizo que Luna se retrepara en su asiento, dejara el libro a un lado y le mirase con sus ojos azules muy abiertos.
—¡Theo!
Él no pudo evitar una sonrisa ante el obvio deleite de la mujer.
—Hola Luna.
—¿Cómo te encuentras?
—Como si me hubieran roto todos los huesos del cuerpo y los hubieran vuelto a juntar después.
Ella suspiró.
—Nos has dado un buen susto, pareces algo más espabilado que el otro día.
Él entrecerró los ojos, intentando recordar.
—Sí, recuerdo que vinisteis a verme —sacudió un poco la cabeza y aguantó una arcada cuando se mareó.
—No, no hagas eso —se levantó y le apoyó una mano sobre la frente antes de acomodarle la almohada para que pudiera incorporarse un poco —¿Quieres un poco de agua? El medimago me dijo que podrías despertar con sed.
—¿Llevas mucho tiempo aquí?
Ella se sonrojó ligeramente.
—Un poco.
Theo se sintió repentinamente incómodo. Le gustaba Lovegood, le caía bien e incluso se había sentido un poco atraído por ella antes de… en fin, de todo lo que le había llevado a terminar ingresado en San Mungo. Pero la forma en la que la bruja le miraba, el modo en el que le tocaba y trataba de cuidarle hacía que se sintiera… extraño.
Era posible que fuera simplemente la falta de costumbre. Al fin y al cabo Theo no solo era huérfano, es que estaba completamente solo en el mundo, familiarmente hablando y nunca había tenido a nadie preocupándose por él desde que murió su madre siendo él apenas un bebé.
—Gracias —bebió un poco de agua y apartó la mirada —¿y los demás?
Luna se dio cuenta de la incomodidad de Theo y se alejó sentándose de nuevo en la silla. Era consciente de que los sentimientos que ella había profesaba al Slytherin se habían fraguado mucho tiempo atrás, cuando en Hogwarts habían tenido esa extraña y secreta amistad. No había sido el mismo tipo de amistad que tenía con Harry o Neville, ellos únicamente se encontraban en secreto de vez en cuando en un aula vacía y estudiaban en silencio o hablaban, a veces, únicamente para sentirse menos solos.
Ella sabía, siempre había sabido, que él no sentía lo mismo por ella y que posiblemente era la lástima lo que le impelía a seguir viéndola en secreto, pero aún así, la joven Luna había soñado con él casi cada noche y, al verle de nuevo tras la muerte de Rolf, se había dado cuenta, del peor modo posible, de por qué no había sido capaz de seguir adelante con la boda.
El ataque, el pensar que también le había perdido a él, fue más de lo que pudo soportar y se derrumbó por completo, por eso necesitaba cuidarle, velarle, ayudarle a ponerse bien.
Pero ahora que le observaba, ya despierto, se preguntó si no sería mejor dejar de hacerlo, sabía
que él seguía viéndola como esa niña perdida y solitaria y no como la mujer en la que se había convertido y también sabía que le tenía cierto cariño, pero todas las señales que exudaban de su cuerpo, incluso en la convalencencia, decían claramente no te acerques demasiado.
—Bueno, la verdad es que todos están ocupados y por eso me quedé a cuidar de ti, aunque creo que más tarde vendrán Blaise y Ginny. Mientras esperamos —continuó tratando de no sentirse triste por el gesto de alivio que pasó por su rostro — te contaré lo que ha pasado mientras dormías.
Y durante la siguiente hora, le puso al día de lo ocurrido, de como Ron había metido la pata y cómo todos sabían a qué se dedicaba Malfoy. Le habló de Elin, de su historia familiar y de la misión a la que habían marchado ese día Harry, Hermione y Malfoy, le habló, en definitiva de todo.
Cuando terminó, Theo la contemplaba en el más absoluto y asombrado silencio.
—Así que eres familia de Malfoy —murmuró con fascinado horror.
—Más o menos —replicó ella restándole importancia con un gesto de su mano.
—Aun no puedo creer que Weasley os contara….
—En realidad se le escapó —dijo ella en defensa de su amigo.
—No, es más, no puedo creer que Weasley supiera.
Ella se encogió de hombros y al ver que hacía una mueca de dolor se levantó de nuevo.
—¿Quieres que llame a un sanador? Es posible que deban darte algo para el dolor —miró la hora y frunció ligeramente el ceño —ahora vengo.
—Luna no hace…
Pero ya estaba hablando solo porque la mujer había salido de la habitación y regresó con una sanadora al cabo de unos minutos.
—Bueno, creo que me iré —una vez la sanadora volvió a marcharse, la rubia comenzó a recoger las pocas pertenencias que tenía por la estancia, un libro, unas deportivas que se había quitado, una chaqueta y unos guantes de lana —Blaise no tardará en venir así que no creo que te quedes solo demasiado tiempo —añadió con una alegría que le sonó falsa.
—Gracias por quedarte, Luna —se vio obligado a decir aunque su voz sonó algo forzada.
—De nada. Ya supongo que no será necesario que vuelva —continuó con tranquilidad, sin perder la sonrisa que no llegó a sus ojos —así que espero verte cuando salgas de aquí, Theodore.
—Seguro —respondió él.
Sacudiendo la mano en despedida, Luna salió de la habitación y se apoyó en la pared cerrando los ojos e intentando dejar de temblar.
Oh Merlín, había sido tan difícil salir de ahí sin echarse a llorar… Había estado tan asustada y tan preocupada por él que lo único que quiso cuando le vio despertar fue correr a abrazarlo con fuerza. Pero no lo hizo, no lo hizo porque el día en que despertó se había dado cuenta de que él se sentía incómodo con ella en realidad.
Pese a lo que ocurrió cuando ella estaba ingresada, pese a las veces que se habían visto después… algo había hecho que Theo se tensara en su presencia. ¿Le habría dicho alguien lo afectada que había estado cuando llegaron a San Mungo?
Cerró los ojos y sonrió con tristeza. En el fondo siempre había sabido que no estaban destinados a estar juntos, eran demasiado diferentes y él… bueno, tenía sus intereses puestos en otro lado.
….
Cuando Harry, Hermione y Draco regresaron a Londres esa misma noche, no lo hicieron solos.
Después de discutirlo, mucho, Pansy volvió con ellos.
Pese a la oposición de Draco y la indecisión de Harry, la bruja argumentó que era mayor de edad y tenía potestad para tomar sus propias decisiones, además iría a casa de su prima que, estaba segura, le ofrecería su hospitalidad sin dudarlo. Así que, apoyada por Hermione, les hizo jurar que no se marcharían sin ella y se fue a su casa para hacer una pequeña maleta y coger algunas cosas antes de tomar el traslador
—¿Nunca has vuelto a Londres en estos años? —estaba preguntándole Hermione mientras viajaban por red flu hasta San Mungo.
El traslador les había dejado en el Ministerio y desde allí, Draco había ido a la Agencia para hablar con Anthony y Loughty mientras Hermione, Pansy y Harry se habían marchado hacia San Mungo.
—Una vez —respondió ella caminando con pasos cortos y elegantes, como lo haría si se econtrara en un elegante baile de sociedad—pero apenas salí a la calle. Fui a casa de Luna y pasamos juntas una semana allí ¿Por qué estamos en el hospital?
—Un amigo nuestro tuvo un… accidente y Luna está pasando el tiempo con él.
—¿Quién? —preguntó Pansy repentinamente alerta.
—Theodore.
—¿Nott? —abrió los ojos con horror —nunca fuimos muy cercanos, siempre me sentí más unida a Blaise pero…
Llegaron al pasillo en el que estaba la habitación de Theo y vieron a Luna sentada con los ojos cerrados frente a la puerta
—¡Luna!
La bruja se giró al escuchar su nombre y sus ojos brillaron de deleite al ver a Pansy al lado de Hermione
—¡Oh que alegría! —se lanzó a los brazos de la morena y ambas se fundieron en un cariñoso abrazo —¿Qué haces aquí?
—He venido con ellos ¿Puedo quedarme contigo?
—Por supuesto —respondió Luna, feliz de no estar sola y poder dejar de pensar en Theodore —me alegra mucho que hayas venido. Vamos a casa y allí puedes contármelo todo —miró a Hermione —¿Hay algo que pueda hacer?
—Ella puede contarte lo que ha ocurrido —dijo señalando a Pansy con la barbilla —¿Cómo está Theo?
Una ligera sombra de tristeza pareció velar los ojos de Luna pero se fue tan rápido que Hermione pensó que se lo había imaginado.
—Mejor, está despierto si quieres entrar a verle. Gracias por traerla —dijo mirando a Harry que se sonrojó levemente.
—Un placer —respondió tocándose el cuello.
—¿Podemos quedarnos en Grinmauld Place? —preguntó la rubia al auror —no sé si mi casa será lo suficientemente segura ahora.
—Claro —él asintió con una sonrisa —podéis ocupar la habitación de siempre.
Cuando las chicas se fueron Hermione ya había entrado en la habitación de Nott y Harry se encontró con Regie que caminaba meditabunda por el pasillo.
—Hola Harry —dijo la sanadora con una sonrisa —no sabía que habías regresado.
—Acabo de volver.
—Yo… ¿Podríamos hablar un momento?
Él asintió y señaló las sillas en las que antes había estado sentada Luna.
—¿Qué ocurre?
—Quería saber si sigo siendo… ¿Cómo podría decirlo? ¿Sospechosa? —rió sin humor.
—Nunca has sido sospechosa, Regina.
—Tú me entiendes, Harry ¿Sigo siéndolo?
—No.
—Bien porque me gustaría irme de Londres… al menos por un tiempo ¿Recuerdas lo que te conté acerca del especialista más importante a nivel mundial de Embrujos y Maldiciones irreversibles al que el director de San Mungo había mandado llamar?
— Un referente en medimagia. Sí, lo recuerdo.
—Me ha ofrecido irme con él a Nueva York para formar parte de su cuadro médico —ella jugueteaba con sus dedos, nerviosa.
—¡Vaya! —Harry sonrió con verdadera alegría —¡Eso es maravilloso, Regie! Es una gran oportunidad para ti.
Ella sonrió también.
—Lo es, la verdad es que lo es.
—¿Cuándo te marchas?
—Ayer —rió bajito —quiero decir que quiere que me vaya cuando antes pero yo… en fin, quería decírtelo… —suspiró y le miró con tristeza —¿Sabes Harry? Desde que te conocí yo me sentí terriblemente atraída por ti —suspiró y sacudió la cabeza, casi aliviada, como si haber dicho por fin aquello le hubiera quitado un enorme peso de encima —sé que estaba mal, tú estabas comprometido y yo… de verdad que he tratado de ser tu amiga y creo que, de alguna manera lo hemos sido ¿Verdad? Amigos, quiero decir.
Él apretó los labios y asintió.
—Me gustabas, Regie —él inspiró hondo y decidió ser igual de sincero con ella —tal vez esa… atracción, me hizo darme cuenta de que mi relación con Ginny había cambiado.
—Vaya —ella rió, con incredulidad —gracias por eso, me da algo de paz saber que fue mutuo —rió, nerviosa —es triste ¿No? que la oportunidad haya venido y se haya marchado sin poder tratar de ser… algo.
—Un poco —respondió él riendo también.
—Supongo que todo lo ocurrido hace que sea imposible —suspiró con pesar —pero nunca me arrepentiré de haberte conocido, Harry.
—Lo mismo digo, Regie, de verdad.
—Por cierto —ella le sujetó la mano y la incomodidad y la estática que ambos habían sentido días atrás ya no parecía estar ahí —Mañana van a tratar de revertir el hechizo de Krum y… —se mordió el labio un instante antes de continuar —van a finalizar el que mantiene el cuerpo de Dean Thomas. No sé si te han avisado pero creo… En fin, tal vez quieras estar allí, Harry.
—Sí, Gracias Regie, iré a hablar con el director antes de irme.
—Bien —le soltó y, en un arrebato de sincera felicidad, se echó a sus brazos para darle un sentido abrazo amistoso —gracias por todo. Espero que me escribas alguna vez.
Él rió de nuevo.
—Lo haré, suerte, Regie.
—Gracias Harry.
Cuando se quedó solo, se dio cuenta de que realmente se alegraba por ella. Siempre había sabido que Nott y Hermione se equivocaban con ella, Regina Wright era una buena chica y había tenido razón en algo, era una pena que no hubieran podido ver si esa atracción les llevaba a alguna parte.
….
A la mañana siguiente Hermione regresó con Harry a San Mungo.
Después de pasar prácticamente toda la noche en vela estaba cansada y le dolía la cabeza. Había esperado saber algo de Draco cuando regresó a su casa, pero él ni siquiera trató de contactar con ella.
Supuso que las emociones del día habían sido tan demoledoras para él como para ella, pero después del susto que le había dado Pucey al pillarla desprevenida, le habría gustado no pasar la noche sola, recordando el momento una y otra vez.
Por la mañana, aún sin noticias de Malfoy, se duchó, se vistió y tomó un café antes de ir a reunirse con su amigo. Harry le había contado su conversación con Regina y lo que ésta le dijo sobre Viktor y Dean de modo que no dudó en acompañarlo, primero porque ella sentía que debía estar allí con Viktor quien no solo era su ex pareja si no uno de sus buenos amigos y segundo porque Dean no merecía pasar por todo aquello solo, independientemente de que ya únicamente su cuerpo fuera lo que quedaba de él.
—Hola Harry —le dio un rápido abrazo y caminaron juntos por los pasillos del hospital hasta la sala en la que Dean estaba sentado.
Atado, tenso y con los ojos completamente en blanco, cegados, el caparazón de quien fue su amigo, se encontraba en absoluta quietud, esperando.
—¿Es el momento? —preguntó Harry a uno de los medimagos que estaban en la puerta.
—Lo es —asintió y miró a ambos con lástima, suspirando —sea lo que sea lo que es… puedo deciros con total certeza, que eso —señaló al sujeto —no es vuestro amigo.
—Lo sabemos —Hermione sonrió como pudo —gracias.
La medibruja que iba con él apoyó la mano en el hombro de Harry y apretó levemente antes de entrar en la sala.
Hermione aferró la mano de su amigo y así, con los dedos entrelazados y juntos, una vez más, como tantas otras veces en el pasado, se enfretaron a aquello unidos.
El medimago murmuró unas palabras y agitó la varita con suavidad, casi con ternura, sobre la cabeza de Dean. De la punta saltaron unas pequeñas chispas plateadas que cayeron sobre él como polvo de hadas y, al contacto con su piel, refulgieron durante un instante para después brillar durante una mílesima de segundo. En un parpadeo Dean había desaparecido y sobre la camilla en la que había estado sentado y el suelo sobre el que colgaban sus pies, únicamente había polvo.
—Merlín —Hemrione jadeó apretando la mano de Harry y enterró la cara en su hombro ahogando un sollozo.
Él pasó el brazo a su alrededor y la apretó contra sí tanto para consolarla a ella como para consolarse a sí mismo.
—Está bien —susurró el moreno besando su cabeza —eso no era Dean, él murió hace tiempo, Hermione, él ya no estaba.
Así, abrazados, ambos lloraron la pérdida del que había sido un buen amigo para los dos y dejaron que las lágrimas se llevaran la tristeza de la despedida.
—No hemos acabado —dijo Harry un rato después —tenemos que ir a ver a Viktor.
Ella se tensó, repentinamente preocupada.
—Todo irá bien, ¿verdad, Harry?
—Claro que sí —replicó él sin dudar.
Lo cierto era que le habían dicho que existía la posibilidad de que, al intentar revertir el hechizo, algo saliera mal y las consecuencias fueran terribles. Pero había decidido no compartir aquella posibilidad con Hermione porque sabía lo mucho que ella seguía queriendo a Viktor.
Su relación había terminado meses atrás y hacía tiempo que ya no estaba enamorada de él, pero seguía considerándole alguien muy querido y Harry consideró que lo mejor que podía hacer pos su amiga era callar lo que sabía y rezar porque todo saliera bien.
Sin soltar sus manos, ambos caminaron de nuevo por los pasillos y subieron una planta hasta llegar a la habitación en la que estaba Viktor Krum.
A diferencia de Dean, él estaba dormido. Grande y fuerte como era había sido más fácil mantenerle sedado para que no fuera peligroso para los sanadores que le atendían ni para el resto de pacientes y visitantes del hospital.
Estaba tumbado en la cama, vestido con un pijama de San Mungo. Tenía los ojos cerrados y respiraba tranquilo, de forma pausada y uniforme.
—Hola —una bruja hacía un último chequeo de su estado antes de que el medimago experto en maldiciones llegara para hacer su trabajo —por favor, necesitamos que os quedéis fuera —dijo con una sonrisa calmada —podéis esperar aquí, al lado de la puerta, es por seguridad.
Harry y Hermione asintieron y, con un último vistazo al hombre dormido, salieron y se quedaron allí, de pie, esperando.
Unos minutos después llegó el rompemaldiciones y les saludó antes de entrar y cerrar a su espalda.
Hermione aferró con más fuerza la mano de Harry y contuvo el aliento, muerta de miedo y ansiedad.
—¿Qué ha pasado?
La voz de Malfoy les sobresaltó y ambos se giraron a mirarle. Tenía el pelo húmedo, como si acabara de salir de la ducha y se veía despejado.
—Nada aún —dijo Hermione en tono monocorde volviendo a mirar la puerta, aferrada a Harry.
Estaba preocupada, nerviosa y terriblemente enfadada con Malfoy por lo que lo último que quería hacer era seguir mirándole o hablar con él.
—Todo irá bien Hermione —Harry volvió a rodearla con el brazo y la apretó contra su costado mientras Draco, tras ello, fruncía el ceño mirándoles con molestia.
Sabía que ella estaba enfadada.
Podía verlo en su postura, en la tensión de su espalda, el la forma en la que apretaba los labios y en el tono de su voz al hablarle. Además ni siquiera le había mirado.
Suponía que era porque no había ido a su casa la noche anterior y no le había enviado ni siquiera una nota para avisarle.
Pero aquella había sido su intención en todo momento. Cuando la dejó en San Mungo lo hizo habiendo tomado la decisión de no ir a buscarla y de no contactar con ella porque en realidad ellos no eran nada ¿Por qué tenía que hacerlo? Él no le debía ninguna explicación en verdad. Que la sociedad mágica les creyera la pareja del año no lo hacía real ¿Verdad?
No, él quiso cortar por lo sano aquella extraña dependencia, quiso demostrarse a sí mismo que entre ellos no había nada más que sexo, muy bueno, brutal, pero nada más que eso.
Y había fracasado de la forma más miserable posible.
Su noche fue una auténtica mierda. Se había pasado las horas pensando en ella, extrañándola, anhelando su cuerpo al otro lado de la cama, su olor, su tacto, su calor…
Se había sentido culpable, triste, solo y absolutamente infeliz.
Cuando por fin había conseguido dormirse el sol ya había salido y por eso llegó tarde al hospital.
Ahora, viéndola allí, aferrada a Potter, con ojeras, cansada, triste y cabreada, se dio cuenta de que su decisión de la noche anterior había sido una absoluta gilipollez y lo peor de todo es que no sabía cómo iba a poder arreglar semejante cagada.
Porque un Malfoy no se rebaja a pedir perdón.
Jamás.
La puerta de la habitación se abrió y el medimago salió, mirándoles con gesto grave.
Hermione contuvo el aliento y tragó saliva sin apenas parpadear.
—Podéis pasar —dijo en tono monocorde —todo ha salido bien.
Jadeando de alivio, Hermione soltó a Harry y casi arrasó a la sanadora que salía en ese momento en su ansia de entrar cuanto antes.
—¡Viktor!
Se tiró sobre el hombre que estaba tumbado y miraba confundido a su alrededor.
—¿Hermy-own?
La rodeó con sus brazos en un gesto natural, adquirido después de mucho tiempo de intimidad.
—Oh Viktor —ella se alzó ligeramente y le sujetó las mejillas, sonriendo antes de estampar un beso en su frente, entre lágrimas y abrazarle de nuevo.
—¿Qué ha ocurrido, Hermyown? —le acarició el pelo con ternura —¿Estás bien?
Ella rió y se limpió los ojos.
—¿Yo? ¡Claro que yo estoy bien, idiota! —suspiró y se sentó sujetando una de sus enormes manos entre las suyas —estaba muy preocupada por ti.
—¿Por mi? —él sacudió la cabeza mirando a Harry y a Malfoy que estaban tras ella —¿Qué es lo que ha pasado? ¿Por qué estoy aquí? —volvió a mirar a la bruja y, con una sonrisa le limpió las lágrimas con el pulgar —no llores, pequeña tonta —se llevó su mano a los labios y besó su dorso.
Malfoy, que estaba apoyado en la pared, tuvo que contenerse para no abalanzarse sobre aquel troll y mandarle de vuelta a Oniria de un puñetazo.
¿Qué mierda le pasaba a Granger? ¿Por qué se dejaba sobar tanto y por qué le abrazaba y toqueteaba con esas ganas?
Él no tenía tantas confianzas con sus ex.
Apretó las mandíbulas y los puños tratando de controlarse al darse cuenta de que estaba tan celoso que no era capaz de detener el temblor de sus manos.
¿Celos? Merlín bendito ¡Qué bajo había caído! ¿En qué momento su vida se había ido al infierno de esa forma tan absoluta?
Él era posesivo, sí, lo sabía. Pero nunca había sentido esa clase de celos que le corroían como ácido por dentro, haciendo hervir su sangre hasta el punto de ebullición.
¿Cuándo había ocurrido aquello? ¿Cuándo había dejado que Granger se metiera hasta tal punto bajo su piel?
Estaba complemente jodido.
—… hasta que han roto la maldición —estaba terminando de decir Potter.
—No recuerdo nada de eso —el búlgaro se frotó la frente —de hecho ni siquiera recuerdo haber venido a Londres.
Hermione volvió a abrazarle una última vez hasta que de pronto un tirón la separó de Viktor y la puso en pie, alejándola de la cama del convalenciente.
—Tenemos que hablar —dijo Draco empujándola hacia la puerta.
Ella masculló una maldición y trató de quitarse de encima la mano del rubio pero él era más fuerte y estaba mucho más decidido así que finalmente se rindió a lo inevitable y salió con él.
—¿Qué te pasa? —le preguntó enfrentándole, iracunda.
La miró. Tenía los ojos entrecerrados, echando chispas, sus indomables rizos revueltos y sus labios entre abiertos con furia.
Era preciosa, absolutamente perfecta.
Y suya.
—Lo siento
Dijo con brusquedad.
Y quiso lanzarse una maldición a sí mismo cuando aquellas palabras abandonaron su boca antes de que se diera cuenta.
¿Qué había sido de aquello de que un Malfoy jamás pedía perdón?
Maldita fuera.
Ella frunció el ceño y se cruzó de brazos, pero no dijo nada y él siguió revolcándose en el barro de la ignominia más absoluta.
— Quería demostrarme a mí mismo y a ti que esto —dijo señalándola a ella y a sí mismo —no era nada… que nuestra… asociación era simplemente eso, lo que dijimos que sería, sexo sin compromiso, nada más.
Ella siguió callada y él se revolcó un poco más, ahogando el apellido Malfoy sin remedio ni piedad.
—Te eché de menos, Granger —añadió en un murmullo.
Vio como un brillo de dolor cruzaba por sus orbes castaños seguido de una chispa de la más pura felicidad.
—Yo también a ti, Draco
Y se lanzó a sus brazos.
Él rodeó su cintura y la alzó presionándola contra su cuerpo, sintiendo, con ese inocente contacto que todo estaba bien, una vez más. Como si su cercanía, si su abrazo, hubiera vuelto a encajar una pieza que se había salido de su eje la noche anterior y todo volviera ser correcto, volviera a estar en su lugar.
Porque sí, si algo había aprendido en los últimos meses era que el lugar de Hermione Granger estaba con él y ya no era el mismo crío estúpido que había sido, ese que dejaba que los demás decidieran por él y dirigieran su vida.
No, Draco Malfoy había elegido su propio camino después de la guerra y ese camino le había llevado adonde se encontraba ahora, con ella.
Y allí pretendía seguir todo el tiempo que fuera posible.
Y a la mierda las consecuencias.
