Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling
Katekyo Hitman Reborn! Es propiedad de Akira Amano.
Probablemente esté actualizando este fic los días 15 del mes, intentaré que sea más de un capítulo mensual.
Advertencias: Yaoi, Slash, traición, Dumbledore malo, algunos Weasley malos, aún no sé de Hermione, discriminación, muerte, mucha muerte.
Nunca había escrito un capítulo tan largo. Caí en cuenta de que estoy prolongando los capítulos demasiado, así que procuraré meter lo más que pueda en cada capítulo, alv.
Parejas: R27, Drarry, 8059.
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Mansión Vongola, Bosque de Thetford. Gran Bretaña.
12 de agosto de 1995.
06:12 PM
Gokudera terminó de acomodar la corbata de Harry con un fuerte apretón en la tela y posteriormente ocultó la mayor parte de la misma bajo el saco de dos botones del traje de Vittorio Forti que le habían elegido en Marianopoli. - Combina excelente con tus ojos. - Le había dicho Haru.
Harry rodó nuevamente los ojos ante el recuerdo, por supuesto que combinaba con sus ojos, era un traje negro carísimo que Haru se había negado a devolver una vez que se lo había visto puesto, para su sorpresa, Gokudera había estado de acuerdo con Haru, no era que Harry fuera ciego (Bueno, sí) pero incluso él podía ver que se veía tremendamente apuesto con ese traje. Lo que realmente le había sorprendido era que Gokudera y Haru estuvieran de acuerdo tan fácilmente, en el día que había pasado con ellos se había dado cuenta rápidamente de que tenían personalidades completamente opuestas pero igual de intensas, lo cual era motivo de diversos conflictos al momento de expresar sus opiniones.
-Será mejor que bajes a desayunar. - Le dijo el peli plateado mientras terminaba de arreglar su propio traje. - Byakuran estará aquí pronto y partiremos en cuanto llegue.
Harry asintió y salió de su habitación siendo seguido por Gokudera. La mansión en el bosque de Thetford era mucho más pequeña que la mansión a las afueras de San Leone, sin embargo también había sido cuidadosamente decorada para impresionar a sus visitas al mismo tiempo que desprendía la calidez característica de Tsunayoshi. A diferencia de las demás mansiones, esta solo tenía un comedor, el resto de sus habitaciones habían sido destinadas para hospedar huéspedes no tan relevantes de su tío.
-Ohayo. - Fran apareció por un corredor a la derecha de Harry, con su voz y mirada monótona. - Wow, no todos los días ves a un criminal caminar tan tranquilo.
Harry arqueó la ceja derecha. De inicio había considerado que Fran era terriblemente fastidioso y que lo único que buscaba era hacerlo explotar, pero con el pasar de los días se había dado cuenta de que solo era la personalidad del chico, si, una terrible personalidad, pero estaba casi seguro de que su intención no era herir a las personas.
Casi.
Era más fácil cuando pensaba en él como si fuera Colin Creevey aun cuando la única similitud que estos tenían era la falta de tacto. Por otro lado, siendo la única compañía de su edad que Harry tenía en la Vongola, poco a poco había comenzado a aceptar y apreciar el sarcasmo del ilusionista.
-Nee, nee, Potter-san. - Canturreó el ilusionista, a pesar de que su expresión facial no había cambiado, Harry podía ver un rastro de burla en su mirada. - ¿Te has enterado de las buenas nuevas? - Harry negó con la cabeza. - Aparentemente alguien te acompañará durante toooooodoooo-
Gokudera había callado de un fuerte golpe en la cabeza al ilusionista. - ¡Estúpida rana! ¡Ya te he dicho que no tienes autorización para explicar los planes del Decimo! - Ladró mientras lo tomaba de su ridículo gorro de rana y lo sacudía de un lado a otro con violencia.
-Maa, maa Gokudera. - Se interpuso Yamamoto, salvando a Fran. - No es necesaria la violencia, recuerda que son solo niños.
El guardián de la tormenta chasqueó la boca retomando el curso con dirección al comedor. - No te preocupes Harry, Tsuna hablará contigo cuando te lleve a comprar tus útiles. - Le dijo Yamamoto rascándose la nuca, avergonzado.
-Vale, está bien. - Aceptó Harry. Sorprendentemente su terrible temperamento parecía ser inexistente cuando se encontraba a las inmediaciones de su tío o del guardián de la lluvia, al principio había creído que toda la cuestión de las llamas de la última voluntad era tan solo un cuento de hadas, pero tras experimentarlo de cuenta propia había comenzado a buscar convivir más con las distintas tipos de llamas. - ¿Por qué hablas en japonés, Fran? ¿No eres de Francia?
El chico rana se encogió de hombros desinteresado. - Me hace lucir más interesante.
Los tres continuaron el resto del camino al comedor caminando lado a lado, parecía que la presencia del sarcástico e irrespetuoso chico no mermaba en lo absoluto el buen humor de Yamamoto. El guardián de la lluvia aprovechó el poco tiempo que tenían juntos antes de iniciar el día para contarles sus aventuras cuando la décima generación Vongola era joven, Fran aprovechó para burlarse del subcapitán de la Varia mientras que Harry fingía ponerle atención.
Cuando por fin llegaron al comedor, Harry se encontró con la sorpresa de que Byakuran ya estaba ahí. Sinceramente la descripción que Fran le había compartido del hombre no le hacía justicia. Si tuviera que describir a Byakuran, diría que era un hombre alto, con un cabello tan blanco que parecía nieve y una piel pálida, suave y tersa al tacto, vestido pulcramente de blanco y con unos penetrantes y traviesos ojos violetas.
-Harry Potter. - Dijo Byakuran con una enorme sonrisa ofreciéndole su mano en un gesto de saludo. - Mi nombre es Byakuran Gesso, estoy aquí como un favor a Tsuna-chan.
También era un hombre gentil y con muchísima facilidad de palabra, notó.
Harry entrecerró los ojos antes de aceptar la mano del hombre. - He oído mucho sobre usted. - Dijo retrayendo su mano y sentándose frente a Byakuran. - Tengo entendido que solo Mukuro y tal vez Fran son capaces de usar la magia, señor. ¿Cómo es que usted conoce tanto del mundo mágico? ¿O es otra mentira que le ha dicho a mi tío?
Byakuran sonrió ampliamente sin mostrarse en lo más mínimo ofendido. - Veo que le han contado de mi. No se preocupe señor Potter, puedo asegurarle que no es el caso. - Su sonrisa se volvió peligrosamente afilada. - Supongo que Tsuna no se ha detenido a explicar a profundidad. Pero no se preocupe, le explicaré mientras desayuna, pero dese prisa, debemos partir pronto para llegar antes a la audiencia.
Harry empezó a servirse comida al tiempo que los guardianes de su tío y Fran se sentaban junto a ellos. - Lo escucho, señor.
-Como seguramente sabe, el milagro del Tri-ni-sette que se le ha concedido a mi familia ha sido el de trasladarnos entre dimensiones.
-La famiglia Mil flores, ¿Cierto? - Harry lo había dicho arrastrando las palabras en un vano intento de molestar al hombre frente a él, sin embargo, este solo sonrió divertido antes de contestarle.
-Millefiore, señor Potter. Si y no. - Respondió el albino de inmediato. - Los anillos mare le fueron otorgados a la famiglia Gesso quien posteriormente se fusionó con la famiglia Giglio Nero y entre ambas famiglias se construyó la famiglia Millefiore. Seguramente Tsuna-chan ya le ha explicado esto, trate de hacer memoria.
Harry frunció el ceño, molesto de que la persona frente a él le estuviera hablando como si se tratara de un niño. - Mi tío mencionó a la famiglia Millefiore y a los Giglio Nero como dos entes diferentes.
-Bueno, en un futuro pasado tal vez a todos nos hubiera gustado que fuera así. - Interrumpió Yamamoto. - Sin embargo, actualmente sabemos que la unión de ambas familias fue una excelente decisión. - Gokudera asintió a la par de las palabras de Yamamoto mientras que Fran los ignoraba en favor de ponerle atención a su flan.
-Eso quiero creer. - Confesó Byakuran riendo suavemente. - Como sea señor Potter, este milagro me ha permitido conocer dimensiones en las que incluso usted ha muerto, ¿Sorprendente, no? - La voz de Byakuran ya no era traviesa, sino que cada palabra que decía se encontraba bañada en malicia como si buscara ofenderlo. - Como tal, también he conocido dimensiones donde nosotros, los usuarios de la llama de la última voluntad somos capaces de usar la magia. Se imaginara que al estar cambiando entre realidades he adquirido una asombrosa capacidad para adaptarme al cambio.
Harry farfulló, no sabía cómo regresarle la burla sin que se viera forzado o sin que el albino obtuviera la satisfacción de haber afectado a Harry con sus palabras.
-Es por esto que soy el más apto para acompañarlo en su juicio. - Dijo volviendo a esa actitud juguetona. - Aunque estoy seguro de Mukuro-chan es habilidoso en el uso de la magia, me temo que puede ser un poco salvaje e incivilizado. Por supuesto que no es la clase de persona que quiere que lo acompañe en un día tan importante.
-No es como si tuviera otra opción. - Ladró Harry. - Mi tío confía en usted señor, aun cuando creo que se equivoca tengo que respetar las decisiones de mi guardián.
Byakuran parecía haber captado el sarcasmo que envolvía la respuesta de Harry puesto que ahora sonreía con superioridad, la sangre de Harry hervía cada vez más hasta que el enorme ventanal del comedor hizo erupción.
-Basta ya Byakuran. - Le reprendió Gokudera. - El juudaime le ha confiado el proceso mágico legal de Harry Potter, no rebasé los límites de la confianza del decimo.
Byakuran levantó ambas manos a la altura de su cabeza a gesto de rendición sin dejar de sonreir. - Tienes toda la razón Hayato-chan, no me gustaría ver a Tsuna-chan enojado, también la magia del señorito Vongola es demasiado afilada como para que la mantenga bajo control.
Harry mordió sus mejillas con fuerza en un intento de calmarse y no volver a caer ante las provocaciones del albino, lo último que necesitaba era que su tío lo definiera como inestable y se retractara en su decisión de adoptarlo. - ¿Señorito Vongola? - Preguntó en un intento de desviar el tema.
-Aún no es seguro, Potter-san. - Le dijo Gokudera en una extraña muestra de respeto hacia su persona, en algún punto Harry había creído que el peli plateado solo era capaz de respetar a su tío. - Es un tema que debe discutir posteriormente con el decimo.
Harry lo miró fijamente antes de darse cuenta de que ninguno de los adultos presentes le daría más información al respecto y Fran parecía haberse disociado mientras miraba su desayuno. - De acuerdo. - Se rindió y se puso de pie con la intención de salir del comedor antes de que siguiera destruyendo la mansión de su tío.
Pronto escuchó los pasos de Fran siguiéndolo a la salida de la mansión, sonrió levemente, en estos momentos prefería un millón de veces la compañía del chico rana a la del engreído y molesto Byakuran.
-Nee, nee, Harry. - Harry se detuvó en seco al escuchar como el chico rana le llamaba por primera vez por su nombre. - ¿Te molestaste? No sobrevivirás en la mafia si dejas que este tipo de cosas te afecten.
Harry bufó. - Soy un mago, Fran. No un mafioso.
Fran sonrió aunque la sonrisa no alcanzó a llegar a sus ojos. - ¿No te has dado cuenta de que el destino te odio?
-¿En serio?. - Dijo burlón. - Pensé que era su favorito.
Se quedaron en silencio unos minutos cuando Fran se perdió nuevamente en sus pensamientos mientras veía la manija de la gran puerta de roble por la que habían salido, poco después escucharon a los adultos salir de la mansión. Byakuran y Gokudera murmuraban por lo bajo mientras revisaban unos documentos mientras que Yamamoto sonreía de forma despreocupada e ignorando la conversación de ambos diplomáticos.
-Toma Harry. - Yamamoto no le dio tiempo de ver que era lo que tenía entre las manos cuando ya le había colocado una capa por encima del traje. - Tsuna dijo que seguramente habría gente que intentaría lastimarte, así que ordenó una capa con hechizos protectores,no debes quitartelapara nada aunque te de calor, ¿Vale?
No esperó tampoco a que Harry le respondiera antes de subir a una de las suburban estacionadas en el estacionamiento principal de la mansión.
-Harry. - Le llamó Byakuran. - Te explicaré un poco el protocolo de la audiencia antes de que lleguemos al ministerio de magia, ¿De acuerdo? No seas travieso y presta atención.
Harry frunció el ceño antes de darse la vuelta bruscamente y seguir a Yamamoto a la suburban, Gokudera sería el copiloto de Yamamoto en esta ocasión mientras que Byakuran y Fran serían los flancos laterales de Harry para poder asegurar su protección.
Yamamoto arrancó con calma y encendió la radio de la suburban en alguna estación que reproducía música de folklor japonés, a diferencia de otros viajes, este era uno muy tranquilo, probablemente por la hora en la que todos se habían despertado o porque Yamamoto era el conductor designado. A diferencia de Gokudera que manejaba estresado y tendía a pisar el acelerador a ratos, Yamamoto manejaba con calma y cuidado, como si estuviera llevando a su familia a un picnic un domingo por la tarde.
Byakuran le entregó unas hojas que explicaban en resumen la situación que había pasado con los dementores. - Tsuna-chan tiene muchos aliados y aunque no había nadie más que tu primo y tú en esos momentos, ha conseguido colocar unos testigos en el lugar de los hechos. - Murmuró confiado. - Debo advertirte, Harry, que gran parte de la población del mundo mágico piensa que estás mintiendo respecto al retorno de Voldemort. Tratarán de tratarte como a un demente.
Harry arqueó una ceja. - ¿Cómo se atreven a pensar que me lo he inventado?
-Son adultos cobardes. - Respondió Fran encogiéndose de hombros. - A los adultos no les gusta que seamos mejores que ellos.
Byakuran miró a Fran mientras sonreía. - Bueno, en el caso de Harry así es. - Le dio otra documento a Harry. - Es importante que conozcas a las personas que estarán presentes durante tu juicio, he escuchado por ahí que están violando el procedimiento de las audiencias disciplinarias y algunos peces gordos estarán presentes. - Byakuran apuntó a un hombre de apariencia corpulenta.
- A ese lo conozco. - Rezongó Harry. - Es el ministro.
Byakuran canturreó una respuesta afirmativa, como si estuviera orgulloso de Harry. - Así es, lamentablemente, es de las personas que creen que mientes Harry, intenta mantenerte disperso a cualquier acusación que haga.
Harry bufó, recordaba al ministro como un abuelo demasiado bonachón de sonrisa indulgente. Por alguna razón no le sorprendía. - ¿Quién es ella?
La mujer a la que Harry estaba señalando tenía la mandíbula cuadrada y su pelo corto ya era grisáceo. - Es Amelia Bones, tengo entendido que su sobrina, Susan, es tu compañera de grado. - Harry hizo un sonido de confirmación al fondo de su garganta. - Ella es Dolores Umridge, debes cuidarte de ella, Harry. - Todo rastro de la sonrisa que Byakuran había portado en su rostro fielmente había desaparecido por completo. - No tengo mucho que decir excepto que es una bruja detestable, irritante y que hará todo lo posible para sacarte de tus cabales.
-Ten. - Interrumpió Gokudera, extendiéndoles un colguije en forma de gota de agua.
-¿Qué es esto?
-Es un colguije que ha sido infiltrado con la llama de la lluvia, te ayudará a mantener tu temperamento en línea. - Explicó Gokudera con el semblante serio. - No puede hacerlo solo, tendrás que poner de tu parte.
Harry se colocó el collar y analizó por un par de segundos el colguije. - ¿Qué más? - Le preguntó a Byakuran.
El albino rápidamente recuperó su mirada traviesa y le dio otro documento. - Como sabes yo seré tu abogado y tendré presencia como representante legal de la Vongola, no debes negar nada de lo que yo diga.
-¿Cómo qué?
-Si, por ejemplo, yo digo que eres el heredero de la Vongola, tú debes quedarte callado y asentir aunque aún no esté confirmado. - Harry estaba listo para refutar cuando Byakuran le tapó la boca con su mano. - Tal vez aún no sea oficial, pero sin el apoyo de Dumbledore es la carta más pesada que tenemos.
Harry frunció el ceño. - ¿Saben algo del profesor? - Ante la negación de Byakuran prosiguió. - No ha contestado mis cartas en todo el verano.
Yamamoto torció los labios. - No tengo derecho a decirte en quien debes y en quien no debes confiar, Harry. Pero de ahora en adelante procura no depender tanto del Profesor Dumbledore, puedo prometerte que no es quien pretende ser.
Fue el mejor momento para poner a prueba las cualidades del colguije, pues al escuchar a Yamamoto difamar al profesor Dumbledore la sangre le hirvió rápidamente y estaba listo para gritonearle al guardián. Sin embargo, una pequeña vocecilla que no estaba seguro de si se parecía a la de Tsuna o a la de Yamamoto, le decía que pensará en todas las veces que le habían respondido a sus preguntas sin tapujos y le invitaba a cuestionarse si el guardián de la lluvia diría cosas tan horribles de otras personas solamente porqué sí. La respuesta era no. - Como sea. - Escupió en murmullos y se dedicó a escuchar el resto de la información que Byakuran le presentaba.
Cuando menos se habían dado cuenta, ya estaban entrando en Londres.
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Mansión Vongola, Mimiani. Sicilia. Italia.
12 de agosto de 1995.
09:00 AM
Desde que había asumido su título como jefe de la Vongola, Tsunayoshi había dedicado una gran cantidad de tiempo a pulir sus habilidades como anfitrión a modo de limar asperezas con las distintas famiglias mafiosas que no creían capaz a un chico de 15 años para liderar a la famiglia más importante de la mafia. Otro de sus objetivos había sido darles la sensación a las famiglias menores de que eran igual de importantes para la Vongola que otros aliados.
Tanto se había enfocado en ser tan buen anfitrión, que esa mañana se había obligado a salir de su cuarto, tomar un baño y caminar hasta la pequeña sala de té que tenía anexa en el invernadero de su mansión cuyo propósito era prestar espacio para las reuniones más pequeñas e íntimas del Vongola decimo.
Sus instintos también se habían afilado con el pasar de los años, tanto que fue capaz de evitar sobresaltarse cuando sintió los fríos pero tersos labios de Reborn sobre su mejilla y ocultó a la perfección la debilidad que el olor de la fragancia del hitman le ocasionaba en su cuerpo.
-Tsuna. - Susurró el hitman a un lado de su oreja tan suavemente y con una gran cantidad de sensualidad que consiguió de forma inmediata erizar la piel del castaño. - He regresado, mio caro.1
Tsuna sonrió levemente mientras elevaba su taza de chocolate con leche a sus labios. - Il mio sole 2. - Respondió con la misma suavidad con la que le había hablado Reborn. - Llegas tarde, ¿Cómo te ha ido en tu viaje de ocio?
Reborn no le respondió inmediatamente, sino que se tomó el tiempo de colocar su cara por encima de la coronilla del castaño e inhaló fuertemente el aroma a manzanilla de su shampoo mientras lo abrazaba por los hombros con firmeza. Tsuna no dijo nada, los años le habían permitido madurar al grado que ya no se ponía excesivamente nervioso al establecer contacto físico con su amante.
Pasaron quizá unos 5 minutos antes de que Reborn se separara por completo de Tsunayoshi, caminó lentamente a la silla a lado del castaño siento el chasqueo de la suela de sus mocasines lo único que interrumpia el cómodo silencio que se había establecido entre ambos. - Me ha ido de maravilla, las costas de Italia son una verdadera delicia.
Tsunayoshi le sonrió suavemente y lo miró con adoración. No dijo nada más, se dio el tiempo necesario para recorrer a su amante de pies a cabeza, ansiaba recorrer nuevamente con sus manos el suave cabello azabache de su compañero de vida, se sentía derretir cada vez que sus ojos color caramelo se encontraban con la mirada oscura como la noche del hitman, anhelaba abrazar nuevamente sus anchos hombros y acurrucarse por el resto de la tarde con él. Sus pechos y sus caderas pegadas como si fueran uno mismo mientras entrelazaban con firmeza sus piernas.
Lo razonó por unos momentos, ¿Era realmente el Vongola decimo si no podía tomar tiempo libre cuando él así lo quisiera?
-Dime, mio angelo. - Reborn interrumpió sus pensamientos con una sonrisa ladina libre de malicia. - ¿Estás demasiado ocupado como para unirte a mi en nuestro dormitorio por el resto del día?
Tsuna sonrió y se puso de pie, Reborn siguiéndolo de inmediato.
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Ministerio de Magia, Whitehall. Londres, Gran Bretaña.
12 de agosto de 1995.
07:44 AM
-Si no me expulsan de Hogwarts, donaré diez galones. - Se sorprendió pensando Harry, desesperado, cuando había visto la fuente de donaciones mágicas destinadas a San Mungos.
Byakuran parecía conocer el ministerio también como a la palma de su mano, los llevaba por cada pasillo y les indicaba girar en diferentes esquinas con confianza y rapidez. Incluso había actuado con calma cuando Eric, el encargado de seguridad, les había cuestionado sobre su presencia en el ministerio cuando no eran magos ni tenían varitas antes de que l mismo se quedara viendo fijamente el gafete plateado que Harry portaba sobre su capa. Había notado desde que llegaron que diversos empleados del ministerio le veían como si le hubieran salido dos cabezas y había comenzado a molestarse cuando recordó que no era culpa de ellos, si no del ministro y su taburete de políticos corruptos que se habían esmerado en hacerle creer a todos que Harry era un mentiroso.
Habían estado caminando por una gran cantidad de tiempo, incluso habían tomado un elevador que rechinaba al moverse antes de que llegaran a la segunda planta del ministerio, aún así, Byakuran siguió andando con confianza y sin cansarse entre los cubículos de los cuales salían murmullos, risas y hasta regaños.
-¡Byakuran-sama!
El escuadrón se detuvo en seco al escuchar el llamado de dos voces idénticas y perfectamente sincronizadas. Harry se dio la vuelta, preocupado de que fuera algún miembro del ministerio acercándose para advertirle al albino sobre estar cerca del demente Potter. Lo que se encontró fue a dos mujeres con cabello largo y rosado que portaban antifaces y vestían con pantalones cortos (Harry estaba seguro que ese tipo de vestimenta no estaba en tendencia en Inglaterra, de lo contrario su tía Petunia habría pasado todo el verano criticándola).Al ver como se acercaban con pasos confiados y que la postura de sus acompañante no había cambiado en lo absoluto, Harry dedujo que también eran parte de la mafia italiana.
-Cervello. - Las llamó Byakuran con una leve sonrisa. - ¿Qué ocurre?
-Hemos llegado a primera hora de la mañana como lo ordenó. - Respondió una de las mujeres.
-Nos hemos enterado que la audiencia ha sido adelantada para las 8:00 AM en la vieja sala número 10. - Finalizó la otra.
Sus acompañantes se miraron entre ellos fijamente por unos segundos antes de que Byakuran despidiera a ambas mujeres con un gesto flojo de su mano. - Les dije que debíamos llegar antes, son malas costumbres del ministro.
Gokudera tronó la boca pero le dio un ligero empujón a Harry para que comenzara a caminar de nuevo detrás de Byakuran. Anduvieron con mayor velocidad por los largos pasillos de brillante madera oscura del ministerio, tomaron de nueva cuenta el elevador y bajaron al departamento de misterios. - El elevador no llega a las viejas salas. - Le había explicado Byakuran cuando bajaban por unas viejas y maltratadas escaleras que rechinaban con cada paso que daban. - Es aquí.
Yamamoto le colocó una mano sobre su hombro y le sonrió. - Tranquilo Harry. - Le dijo, Harry soltó de inmediato el fuerte agarre que sostenía sobre su capa sin darse cuenta. - Tienes el apoyo de varios de los hombres más poderosos del mundo, esos magos no sabrán ni que los golpeó.
Harry asintió, nervioso, sintiendo como su manzana de Adán se apretujaba cada vez más. Se despidió de los guardianes de sus tíos y de Fran para posteriormente entrar a la sala acompañado por Byakuran. Una vez que estuvo adentro, ahogó un grito antes de susurrarle violentamente a Byakuran. - ¡Aquí condenaron a los Lestrange!
Byakuran arqueó una ceja mientras lo miraba detenidamente .- ¿Cómo sabes eso, Harry? - El albino negó con la cabeza. - No es momento para pensar en ello, solo ten en mente que tendré que decírselo a Tsuna-chan.
Harry se sintió molesto por el comentario, aunque lo sospechaba, nadie se había tomado la molestia de advertirle de que su privacidad iba a ser violada constantemente por la vigilancia de su tío. Había comenzado a calmar el fuego furioso que sentía en su estómago cuando se dio cuenta de que Dumbledore estaba de pie junto a la silla donde Harry tendría que sentarse durante su juicio.
Dumbledore había sabido sobre la audiencia y no había tenido la intención de comunicarse con Harry.
-Señor Potter. - Dijo una helada voz masculina a la que no le pudo poner rostro. - Llega justo a tiempo. Algunos considerarían que ha llegado tarde.
-Perdón. - Harry se sintió intimidado cuando Dumbledore giró de forma violenta a verlo y había sentido la necesidad de disculparse. - No… no sabía que habían cambiado la hora.
-Eso no es culpa del Wizengamot. - Refutó la voz. - Le hemos enviado una lechuza esta mañana, tome asiento.
Una vez que Harry se sentó, comenzó a retorcerse incómodo sobre su asiento. Aún con la advertencia de Byakuran nunca se hubiera imaginado que lo someterían ante tanta presión.
-Cualquier queja que tenga puede dirigirla directamente conmigo, mi Lord. - Interrumpió Byakuran mientras se colocaba al lado izquierdo de Harry. - Podemos discutir a mayor profundidad sobre la falta de profesionalidad al hacer cambios de último momento y tratarlos como correspondencia no urgente.
-Byakuran Gesso. - Llamó la bruja de la mandíbula cuadrada a quien le habían presentado como Amelia Bones. - ¿A qué se debe su presencia en esta audiencia? No recuerdo que esté enlistado como asistente.
Byakuran le sonrió ampliamente. - No de inicio. - Le respondió. - Sin embargo, el guardián del muchacho me ha designado defensa del señor Potter, ya sabe, siendo que el señor Potter es menor de edad y tiene un tutor legal con conocimiento de los procedimientos del mundo mágico, hemos considerado inadecuado que sea él mismo su defensa.
Amelia Bones asintió, su semblante serio. - Si, hemos recibido el día de ayer la adquisición de su patria potestad por el Vongola Decimo. - Parecía estar respondiendo a las preguntas no enunciadas por el ministro, quien la miraba fijamente. - Sin embargo, Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore se ha presentado como testigo de la defensa, ¿Están de acuerdo?
Harry, quien se sentía inmensamente traicionado por el director quería gritar que no, que no estaba de acuerdo y que quería que sacaran al profesor de la sala en ese momento. Sin embargo, las indicaciones de solo aceptar lo que Byakuran proponía retumbaron en su mente y con ayuda de su colguije consiguió calmarse para no crear un caos en la sala.
-Así es, Madame Bones. El Vongola Decimo ha dado su autorización para que el director de Hogwarts esté aquí durante la audiencia.
El ministro de aclaró la garganta visiblemente molesto. - Se hace tarde, comencemos si ya han terminado de realizar sus imprudencias.
-Si, señor.
Fue hasta entonces que Harry reconoció entre todos los asistentes la rojiza cabeza de uno de los hermanos de Ron, era Percy, quien no se tomó la molestia de mirar ni de ayudar a Harry, sino que se veía completamente concentrado en su pluma y pergamino.
-Audiencia disciplinaria del doce de agosto. - Comenzó Fuge después de hechizar su garganta con un sonorus. - Por el delito contra el decreto de la moderada limitación de la brujería en menores de edad y contra el estatuto internacional del secreto de los brujos, cometido por Harry James Potter, residente en el número cuatro de Privet Drive, Little Whinging, Surrey.
-Me temo que la residencia del Señor Potter es incorrecta, señor ministro. - Interrumpió al hombre Byakuran. - Actualmente se encuentra residiendo en la mansión Vongola en el bosque de Thetford.
Los murmullos explotaron como si fueran fuegos artificiales ante la mención de la Vongola, Harry había sido educado brevemente en el impacto que tenía la famiglia en el mundo mágico pero no había sido preparado para cargar con el peso que traía consigo ser un protegido de la Vongola.
-Ah, si, una disculpa. - Respondió el ministro antes de volver a carraspear. - Interrogadores: Cornelius Oswald Fudge, ministro de magia; Amelia Susan Bones, jefa del Departamento de seguridad mágica; Dolores Jane Umbridge, subsecretaría del ministro. Escribiente del tribunal: Percy Ignatius. Defensa: Byakuran Gesso, Testigo de la Defensa, Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.
El ministro pausó unos momentos mientras recorría a los asistentes con la mirada, como esperando una nueva interrupción.
-Eh… los cargos, si, los cargos. - Murmuró. - Los cargos contra el acusado son los siguientes: Que a sabiendas, deliberadamente y consciente de la ilegalidad de sus actos, tras haber recibido una anterior advertencia por escrito del ministerio de magia por un delito similar, realizó un encantamiento patronus en una zona habitada por muggles, en presencia de un muggle, el dos de agosto a las nueve y veintitrés minutos, lo cual constituye una violación del párrafo C del decreto de la moderada limitación de la brujería en menores de edad, mil ochocientos setenta y cinco, y también de la sección trece de la confederación internacional de estatuto del secreto de los brujos. ¿Es usted Harry James Potter, residente de la mansión Vongola en el Bosque de Thetford?
-Si. - Respondió Harry.
-Recibió una advertencia oficial del ministerio por utilizar magia ilegal hace tres años, ¿No es cierto?
-Si, pero…
-Y aún así, ¿Conjuró usted un patronus la noche del dos de agosto?
-Sí, pero…- Harry se detuvo al sentir la mano de Byakuran apretándole el hombro. Tenía que calmarse antes de perder el temperamento.
-Es incorrecto tomar esa advertencia como un antecedente a esta audiencia, señor ministro. - Retomó la palabra Byakuran. - Si el encargado del Departamento de criaturas mágicas pudiera realizar una revisión de sus registros, podrá darse cuenta de que la magia detectada hace tres años en el Número 4 de Privet Drive fue realizada por un elfo doméstico rebelde el cual no estaba enlazado de ninguna manera a la magia del señor Potter.
-Aún así ha realizado un hechizo frente a un muggle. - Refunfuñó Fudge. - ¿A sabiendas de que no le está permitido utilizar la magia fuera de la escuela hasta que haya cumplido la mayoría de edad?
-Si.
-De nueva cuenta ministro, me parece que los miembros del Wizengamont saben perfectamente que la mayoría de los magos sangre pura empiezan a practicar su magia desde sus hogares antes de entrar a Hogwarts .- Replicó Byakuran. - Todos sabemos que una magia que no se sabe controlar puede ser peligrosa.
-No se olvidé, señora Byakuran, que todavía a inicios de mes el Señor Potter vivía con sus familiares muggles, ¿Ha conjurado el hechizo completamente consciente de que estaba muy cerca de un muggle en ese momento?
Harry frunció el ceño, molesto. - Si.
La bruja del monóculo habló entonces. - ¿Ha conjurado un patronus hecho y derecho?
-Si.- Respondió comenzando a irritarse.
-¿Un patronus corpóreo?
-¿Qué?
-El patronus que ha conjurado tenía forma definida, ¿O acaso solo era humo?
-Si, siempre ha sido un ciervo. - Respondió.
-¿Siempre? - Bramó Madame Bones.
-Si. - Respondió Harry, aliviado de que por fin se le diera la palabra. - Hace más de un año que lo hago.
-¿Y tiene usted quince años?
-Si, y…
-¿Aprendió a realizar un patronus en el colegio?
-Si, el profesor Lupin me enseñó en mi tercer año porqué los dementores parecían perseguirme.
-Impresionante. - Opinó Madame Bones, mirándolo con atención y algo de admiración. - Un verdadero patronus, es un mérito realmente impresionante.
Los magos distribuidos a lo largo de la sala comenzaron a murmurar entre ellos, algunos expresando su desacuerdo y otros afirmando la declaración de Madame Bones.
-¡No sé trata de qué tan impresionante es el conjuro! - Ladró Fudge. - ¡Solo hace peor porqué fue delante de un muggle!
-Me gustaría resaltar que fue frente a su primo, aun siendo una familia de muggles, estos tienen conocimientos de que el señor Potter es un mago, así como sus padres fueron hechiceros por lo que el estatuto de privacidad no es realmente aplicable. - Respondió Byakuran.
Harry había tenido suficiente. - ¡Lo hice por los dementores!
-¿Dementores? - Cuestionó Bones. - ¿Qué quieres decir, chico?
-¡Había dos dementores y nos atacaron a mi primo y a mi! - Exclamó energéticamente.
-¡Ah! - Exclamó Fudge sonriéndole con burla. - Si, ya me imaginaba que escucharíamos algo semejante.
-No entiendo. - Confesó Amelia. - ¿Dementores en Little Whinging?
-Déjame que te lo expliqué. - La interrumpió groseramente Fudge. - Potter se lo ha pensado bien y ha llegado a la conclusión de que los dementores le darían una bonita excusa para librarse de su sanción, pero no ha considerado que los muggles no pueden ver a los dementores.
-¡No estoy mintiendo! - Ladró Harry. - Hacía frío y aunque tal vez no los vió, mi primo los sintió y salió corriendo.
Dumbledore por primera vez interrumpió el juicio con un carraspeo. - De hecho tenemos un testigo de lo que ocurrió aquella noche. Alguien aparte de su primo, quiero decir.
-Nosotros también tenemos un testigo. - Declaró alegremente Byakuran.
El rostro de Cornelius Fudge se puso morado y parecía haber perdido la capacidad de hablar mientras el color empezaba a drenarse lentamente de su rostro antes de retomar la compostura. - Lamentablemente como saben soy un hombre sumamente ocupado, por lo cual no tengo tiempo de seguir escuchando más mentiras.
-Quizá me equivoque. - Lo detuvo Dumbledore. - Pero estoy seguro que el estatuto del Winzengamont contempla el interrogatorio de los testigos que el acusado presente. ¿No es así, Madame Bones?
-Así es. - Contestó ésta. - Es completamente cierto.
-¡De acuerdo, de acuerdo! - Ladró Fudge, furioso. - Hagan pasar a los testigos.
Una hermosa mujer de cabello cobrizo y ojos de color del atardecer entró en la sala de interrogación siendo seguida por la señora Figg, mientras la primera había entrado con marcha confiada y la espalda recta, la señora Figg estaba encorvada y con el cabello hecho un nido de pajaros, Harry nunca se había planteado la posibilidad de que la mujer se viera más loca de lo que era.
Dumbledore, en un gesto de amabilidad, hizo aparecer dos taburetes para que se sentaran ambas mujeres.
-Usted. - Bramó Fudge, señalando a la señora Figg. - ¿Quién se supone que es? Deme su nombre completo.
-Arabella Doreen Figg. - Respondió temblorosa. - Soy una vecina de Little Whinging, vivo cerca de donde vive Harry Potter.
El ministro sonrió al darse cuenta de que la anciana no sabía sobre la situación de la custodia del muchacho. - No existe ningún registro de magos en Little Whinging a parte del Harry Potter. - Dijo Amelia. - Siempre se ha tenido mucho cuidado con el registro…
-Soy una squib. - Declaró rápidamente la señora Figg. - Quizá sea por eso que no me tienen registrada.
-¿Una squib? - Dijo Fudge escudriñando con la mirada a la señora Figg. - Ya lo veremos, dele todos sus datos a mi ayudante, el señor Weasley. Por cierto, ¿Los squib pueden ver a los dementores?
-¡Por supuesto! - Ladró ofendida.
-Muy bien. - Dijo Fudge, resignado. - ¿Qué vino a contarnos?
-Había salido a comprar comida para gatos en la tienda de la esquina, al final del paseo Glicina, a eso de las nueve, la noche del dos de agosto. - Comenzó a relatar la señora Figg.- Entonces en un tunel vi a los dementores corriendo…
-¿Corriendo? - Intervinó la señora Bones. - Los dementores no corren, se deslizan.
-Eso quería decir. - Replicó la señora Figg tratando de minimizar su deliz. - Se deslizaban a lo que me parecía eran dos chicos.
-¿Cómo eran?
-Bueno, uno era muy gordo y el otro muy delgado…
-No, no. - Exclamó exasperada Madame Bones. - Los dementores, dígame cómo eran los dementores.
-Ah, eran grandes, muy grandes y usaban largas capas. - Amelia asintió con la cabeza, Harry realmente comenzaba a dudar de que la señora Figg pudiera ver dementores. No dudaba que estuviera delirando en base a una descripción vaga compartida por el profesor Dumbledore. - Lo sentí todo, ¿Sabe? Se sentía mucha frió aunque antes sentía un calor terrible y, de repente, sentí como si todo fuera tristeza, como si toda la felicidad del mundo hubiera desaparecido… y recordé cosas terribles. Atacaron a los chicos y Harry sacó un humo plateado de su varita que fue lo único que los mantuvo medianamente alejados hasta que al tercer intento un ciervo salió de su varita y los ahuyentó por completo.
Fudge, quien ya se veía completamente furioso, asintió. - Eso es todo, es libre de irse.
La señora Figg miró con temor a Madame Bones y después al profesor Dumbledore antes de escabullirse por la puerta mientras arrastraba los pies.
-No parece un testigo confiable. - Bramó Fudge.
-No sé qué decir. - Le respondió Madame Bones. - Los ha descrito perfectamente y también ha descrito a detalle el efecto que tienen los dementores sobre las personas.
-O puede ser que alguien le haya dicho qué decir. - Fudge fulminó con la mirada a Dumbledore quien ni siquiera se inmutó, después miró fijamente a la mujer de cabello cobrizo. - ¿Y usted quién es?
-Soy Sasagawa Kyoko, señor ministro. - Dijo la mujer sonriendo levemente. - No soy una bruja, sin embargo, hace 17 años fui herida por un ilusionista y desde entonces soy conocedora de la comunidad mágica, puedo usar hechizos básicos y de poca importancia.
El ministro torció la boca en disgusto. - Una muggle entonces. - Determinó antes de voltear a ver a Percy. - Asegúrate de investigar todos los incidentes relacionados con los ilusionistas. - Percy asintió. - ¿Y cuál es su versión de la historia?
Kyoko acomodó un par de cabellos detrás de su oreja antes de lamerse los labios y comenzar a hablar. - Me mudé a Little Whinging hace aproximadamente 10 años junto con mi esposo, he visto a Harry en diferentes ocasiones. Soy diseñadora de modas y ese día me encontraba en camino a comprar más material porqué estaba preparándome para un pequeño desfile que tendré a mediados de mes. La temperatura disminuyó drásticamente y fue cuando vi a Harry y a Dudley en el callejón.
Percy anotaba todo lo que Kyoko decía con rapidez mientras mantenía el ceño fruncido. - Pensé que estaban discutiendo de nuevo así que decidí bajar a presentarme y ver si podía disminuir la pelea, fue entonces cuando vi a un dementor alimentándose del alma de Dudley Dursley, parecía que el rostro de Dudley estaba borroso.
Madame Bones asintió. - ¿Y usted no sintió ninguna especie de tristeza?
Kyoko sonrió nuevamente. - Afortunadamente mi vida ha estado llena de bendiciones, no poseo ningún evento traumático o triste del que un dementor pudiera alimentarse.
Después de que el ministro permitiera que la señora Sasagawa se fuera, Dumbledore había insinuado que había alguien dentro del ministerio que le había ordenado a los dementores que fuera a silenciar al chico puesto que no todos estaban de acuerdo con las declaraciones que había hecho al término del torneo de los tres magos. Fue en ese momento que el juicio se fue en picada, Fudge en compañía de la bruja que estaba sentada a su derecha, quien tenía un rostro ancho, rechoncho y similar al de un sapo, comenzaron a atacar directamente a Harry y a insinuar que no tenía nada de credibilidad.
Momentos después Byakuran se había involucrado en el argumento en defensa de Harry.
El chico se sentía a punto de explotar, no podía creer que los funcionarios que habían asistido a su juicio fueran tan mediocres como para atacar directamente a un chico de 15 años aún teniendo a su representante legal en frente. Una de las cosas que más le causaba roña a Harry, era que las personas le acusaran de mentiroso.
Antes de arruinar más su juicio, se concentró en su colguije y comenzó a recordar el rostro sonriente de Yamamoto, las pésimas bromas y comentarios crueles de Fran y por supuesto que recordó a su tío sonriente y amoroso esperándolo de vuelta en Italia.
-Los que estén a favor de absolver al acusado de todos los cargos. - La voz de madame Bones lo había sacado del trance en el que había entrado.
Se había concentrado tanto en calmarse que había perdido por completo la noción del tiempo y de lo que pasaba a su alrededor. Recorrió con la mirada a los magos del Wizengamont y comenzó a sostener la respiración cuando se dio cuenta de que más de la mitad habían votado por su inocencia.
La audiencia había resultado a su favor. Podría volver a Hogwarts.
-Harry, mi niño. - Le llamó Dumbledore antes de que Harry tuviera la oportunidad de escapar de la sala. - Necesito hablar contigo.
Harry se congeló en su lugar, tenía muchas preguntas que hacerle al director, como por ejemplo, ¿Por qué no había contestado a sus cartas? ¿Por qué se había presentado en la audiencia si había estado actuando como si Harry no existiera? ¿Sabía algo de sus amigos? No sabía si aceptar la propuesta del director, ¿Era una propuesta? Parecía más una orden. Al otro lado de la puerta podía ver a los guardianes de su tío y a Fran esperándolo. ¿Por qué no podía tomar una decisión?
-Disculpe, director. Como bien sabe el señor Potter es menor de edad y usted ya no posee ningún poder sobre su custodia. - Byakuran le habló fríamente al director. - Si tiene algo que discutir sobre el señor Potter, puede hacerlo directamente con su tutor legal, obviamente con cita previa.
Harry recordó a todos los adultos que le habían exigido diferentes sacrificios en nombre del bien común y su cabeza comenzó a calentarse con rabia. No tenía más de 5 días que se había enterado de que tenía un tío y aunque Tsunayoshi no había sido más que cordial y cariñoso con él, no podía evitar sentir cólera al ver cómo intentaba controlar sus decisiones y su vida, como si tuviera derecho alguno sobre él.
-Suficiente, Byakuran. - Le dijo al albino quien rápidamente apretó sus labios tan fuerte que parecían una línea recta. -¿Quién crees que eres? Yo soy quien decide con quien hablar y con quien no. Déjanos solos.
Aparentemente había gritado porqué al darse la vuelta para confrontar al profesor, pudo ver de reojo como los guardianes de su tío le miraban con sorpresa y algo de decepción.
-¿En dónde has estado muchacho? - Le cuestionó rápidamente Dumbledore.
-¿En dónde ha estado usted? - Refutó Harry. - Le he estado enviando cartas todo el verano y no me ha dado ni siquiera señales de que las recibe, ni usted ni mis amigos. ¿Sabe en dónde están? No soy un crío, no es justo que me mantengan en la oscuridad-
Dumbledore le interrumpió entonces. - Mi chico, tienes que entender que todo esto es por un bien mayor. - Harry arqueó una ceja, demasiado impresionado por la rudeza del profesor como para responderle. - Es de suma importancia que regreses a la brevedad a casa de tus tíos.
Harry soltó una carcajada burlona.
-¿De verdad quiere que vuelva ahí? ¡Usted sabe cómo son! - Bramó Harry. - Ahora tengo otra persona que cuida de mi, una persona que quiere cuidar de mi.
-No lo conoces, Harry. - Le dijo Dumbledore sin mirarlo a los ojos. - No sabes qué es lo que quiere de ti, yo solo quiero lo mejor para ti, recuerda que es por tu protección-
-No, no recuerdo que sea por mi protección. - Siseó Harry. - No soy un tonto profesor y no es uno que me trate como uno.
Harry se dió cuenta entonces de que los ojos del profesor miraban a todos lados menos a él, en ningún momento del juicio lo había volteado a ver y ni siquiera le había saludado. - ¿Por qué me evita? ¡Míreme! - Exigió.
Sin embargo, Dumbledore siguió viendo por encima de la cabeza de Harry.
Recordó entonces que los guardianes y el aliado de su tío seguían esperándolo fuera de la sala. Empezó a ponerse nervioso, estaba equivocado, se había dejado cegar por la furia que sentía hasta hace unos momentos. Tsunayoshi en ningún momento había tratado de pisotear su opinión o de forzarlo a hacer cosas, los guardianes de su tío tampoco, Yamamoto únicamente le había sugerido que no se acercara a Dumbledore, ni siquiera había tenido la intención de acercarse a interrumpir su discusión con el director.
Podía sentir el cariño de Tsunayoshi cada que posaba sus ojos caramelo sobre él, pero seguramente hasta su paciente tío se molestaría si se enterara de que había pisoteado los consejos de sus guardianes por un simple capricho. No, no si se enteraba, cuando se enterara, porqué seguramente sus guardianes le dirían al pie de la letra lo que acaba de pasar. Empezó a sentir que le faltaba la respiración.
Seguramente su tío creería en todas las mentiras del mundo mágico, todas esas mentiras sobre lo mentiroso y problemático que era, ¿Y cómo no creerlo? Harry acababa de desestimar a las personas más cercanas a su tío. ¿A dónde iría cuando su tío se diera cuenta de que en realidad no lo quería cerca de él?
Se sobresaltó cuando Byakuran lo tomó por los hombros. - Es suficiente, con permiso, director.- Y entonces lo guío hacia las personas que lo estaban esperando, Harry se animó a voltear a ver al director por el rabillo del ojo, lo único que vio fue el rostro indiferente del anciano.
Caminó cabizbajo, no estaba preparado para enfrentar a las personas que acababa de decepcionar.
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Mansión Vongola, Voyenny Sanatoriy. Kamchatka, Rusia.
14 de agosto de 1995.
05:00 PM
Xanxus abrió lentamente los ojos, cegado por las lámparas de su habitación. No podía escuchar ni ver con claridad, pero estaba seguro de que los médicos estaban rodeando constantemente su cama y monitoreando sus signos vitales. Casi podía estar seguro de que su subcapitán estaba gritándole a los médicos por incompetentes.
Su garganta ardía y no conseguía ni siquiera abrir su boca. Le dolía el cuerpo, sentía como si hubiera fuego corriendo dentro de sus venas, no recordaba que había pasado. ¿Por qué todo le dolía?
Lo último que recordaba era que había estado desayunando en su despacho cuando la basura de Tsunayoshi le había mandado a llamar. ¿Habían peleado?
Quería preguntar, necesitaba obtener respuestas. Reunió toda la fuerza que tenía para ponerse de pie, sin embargo estaba tan débil que únicamente consiguió voltearse panza abajo y recargarse sobre sus codos.
¿Quién se creía esa basura? ¿Cómo se atrevía a humillarlo frente a sus subordinados?
Apretó los dientes, sus visión por fin había mejorado al igual que su audición, ahora estaba seguro de que los médicos le habían visto moverse y se habían puesto manos a la obra para atenderlo. Sintió como alguien lo tomaba por debajo de los hombros y ante la evidente falta de fuerza en todos los músculos de su cuerpo permitió que lo ayudaran.
-VOOOOI. - Reconoció de inmediato los gritos de su subcapitán quien empujó al fisioterapeuta que lo había ayudado. - ¡Jefe de mierda, nos diste un susto de mierda!
De poder mover sus brazos seguramente le hubiera dado una lección al maldita, pero era como si todas las partes de su cuerpo se negaran a obedecer a su mente.
-Maldita basura. Lo mataré.
Squalo dejó de gritar entonces y un semblante de seriedad que rara vez tenía se apoderó de su rostro. - ¿Sabes quién te hizo esto?
Xanxus bufó. - La basura de Tsunayoshi. ¿Eres idiota o qué? Me mandó a llamar.
Squalo frunció el ceño. - Eres un imbécil. - Xanxus miró a los médicos que habían comenzado a medir sus signos vitales. - Regresaste intacto de la reunión con Tsunayoshi.
Xanxus tronó la boca. - ¿Entonces qué ocurrió, bastardo?
-Jeeeeefeeeee. - Chilló Lussuria a su lado. - Nadie lo sabe, lo encontraron casi muerto en un hostal en Kamchatka, el dueño dijo que no tenía idea de cómo llegó ahí. - Lussuria le tomó la mano y comenzó a llorar a cantaros. Xanxus torció la boca en disgusto, cuando se recuperara le partiría los brazos por su atrevimiento.
-Estamos en la mansión Vongola de Patunka. - Le informó rápidamente Squalo.
Xanxus volteó a mirar los ventanales de la mansión, efectivamente podía ver el bosque nevado que rodeaba la mansión, sin embargo, al tratar de recordar qué era lo que había estado haciendo su cabeza comenzaba a arder y encontraba sus memorias en blanco.
¿Cómo demonios había llegado a Rusia?
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Mansión Vongola, Bosque de Thetford. Gran Bretaña.
12 de agosto de 1995.
09:30 PM
A diferencia del viaje de ida al ministerio, el viaje de regreso había sido sumamente callado.
Habían ido a comer a un restaurante de comida japonesa llamado Chotto Matte ubicado cerca de WhiteHall donde había conocido a Uni (La décima y última jefa del Giglio Nero, según recordaba le había dicho Tsuna), una joven de temperamento tranquilo y que había tratado de conversar con él para hacerlo sentir más cómodo. Inmediatamente después de terminar de comer se habían montado en la suburban y habían partido con destino a la mansión en Thetford.
Byakuran no había regresado con ellos alegando que tenía que regresar a Italia con Uni, porqué no podía enviar a la joven de regreso sola.
Harry no le había creído en lo absoluto. La había cagado, lo había arruinado todo. Había sobrepasado los límites no hablados de su tío y sus guardianes y ahora lo mandarían de vuelta con los Dursley, estaba seguro, ni siquiera Fran había hecho algún comentario al respecto. Yamamoto también había permanecido callado y ni siquiera había volteado a verlo, ni al salir del ministerio, ni después de comer, ni siquiera cuando habían vuelto a la mansión.
Se había excusado en cuanto habían llegado a la mansión e inmediatamente se había encerrado en su habitación. Ninguno de los guardianes había pasado por su cuarto para preguntarle cómo estaba o si quería salir a realizar alguna actividad como lo hacían usualmente. La única persona que se había atrevido a ir a su cuarto era una mucama que le había llevado la cena una hora antes, sin embargo, los nervios y el pánico que sentía no le habían permitido comer más de dos bocados. Su mente comenzó a imaginar miles y miles de escenarios en donde se enfrentaba a Tsunayoshi sobre lo que había pasado ese día, en todos y cada uno de ellos el rostro de su tío se presentaba borroso. Su tío era tan gentil que no podía imaginarlo con una expresión de desprecio en su rostro. Saber que sería la primera persona a quien vería así le causaba ganas de vomitar.
Se sobresaltó cuando alguien tocó firmemente a su puerta. ¿Acaso era su tío? ¿Había llegado tan rápido desde Italia, furioso? Tragó saliva en seco. - Adelante.
La puerta se abrió y Yamamoto asomó su cabeza, Harry suspiró aliviado. Yamamoto parecía estarse debatiendo entre si pasar o permanecer en la puerta antes de tomar valor y verlo a los ojos. - ¿Estás ocupado Harry?
Harry sonrió nervioso, era evidente que no estaba haciendo nada. Su cama estaba destendida y sus almohadas estaban aventadas por doquier. Sin embargo no había sacado ninguno de sus libros para leer, tampoco su varita para practicar. - Bastante, ¿Necesitas algo?
Yamamoto sonrió ampliamente y Harry esperaba que hubiera notado que no tenía intenciones de ser grosero, solo de romper el hielo. - ¿Puedo pasar? - Harry asintió y se sentó en la orilla de su cama, esperando a que el guardián se acercara a él. El moreno traía una bandeja llena de triángulitos de arroz. - ¿Alguna vez has probado los onigiris?
Harry negó con la cabeza, podía recordar a Dudley haciendo un enorme berrinche porqué quería probarlos después de verlos en un anime, sin embargo fue de las pocas veces que los Dursley habían dudado en llevarlo puesto que el restaurante japonés más cercano estaba a más o menos dos horas de distancia y fuera estaba cayendo una tormenta. Al final, como siempre, sus tíos habían cedido ante los caprichos de Dudley y lo habían llevado, habían regresado empapados de pies a cabeza después de aproximadamente 6 horas y Harry había estado en problemas por no haber sido lo suficientemente sensato para "recordarles que debían llevar un paraguas".
-Mi padre tenía un restaurante de sushi cuando yo era joven. - Comenzó Yamamoto. - El viejo estaba convencido de que cuando una persona no podía comer por dolor de estómago entonces un par de onigiris le repondrían el estómago.
Harry tomó uno de los onigiris que el guardián le ofrecía y le dio una pequeña mordida inseguro de probarlos, al darse cuenta de que sabían deliciosos le dio una mordida más grandes, Yamamoto rió suavemente. - ¿Tenía? ¿Qué le pasó?
-El restaurante ahora es mío y un compañero de la secundaria me ayuda a atenderlo mientras estoy con Tsuna. - Respondió Yamamoto sonriendo con nostalgia. - Sin embargo mi padre falleció por una enfermedad hace 3 años.
-Lo siento. - Le dijo Harry, bajando la mirada apenado.
-No importa, anteriormente ya había muerto .- Ante la confusión de Harry, Yamamoto continuó. - En un futuro donde todos nosotros tomamos malas decisiones, no fue el único. Sin embargo, en esta línea de tiempo, falleció por una enfermedad. Me parece algo gracioso, no pudimos salvar todas las vidas que ya habíamos perdido.
Harry asintió sin saber que contestarle. - ¿Lo extrañas?
-Siempre. - Respondió el guardián sin dudar. - Sin embargo me enseñó cosas muy importantes, entre ellas, que mis decisiones y opiniones eran muy importantes, sobre todo para ti mismo. - Harry se encogió de hombros, sabiendo de qué iba la conversación.- Tsuna nos ha encargado tu seguridad, Harry. Pero ni él ni nosotros nos entrometeríamos jamás en tus decisiones, eres libre de hacer lo que quieras.
-¿Y si hago algo que no les gusta? - Murmuró. - ¿Qué pasará conmigo entonces? ¿Me enviarán de vuelta?
Yamamoto parpadeó un par de veces, obviamente sorprendido de que el adolescente que tenía enfrente, que generalmente parecía un bravo perro de defensa, se mostrara tan vulnerable ante él. - No Harry, no pienses en esas cosas. - Le dijo mientras le abrazaba lentamente por los hombres. - Tsuna nunca haría algo como eso, sé que no tiene mucho que lo conoces, pero tiene el corazón más grande y gentil que he visto en mi vida. Tsuna sabe perdonar y aceptar.
-Pero debe haber un límite, ¿Cierto? - Le dijo Harry. - Todos tienen uno.
-Sabes, Harry. - Comenzó Yamamoto. - Tal vez para la mayoría de nosotros las acciones de Byakuran en un pasado futuro no sean la gran cosa. Pero en un pasado, fue uno de los peores criminales con los que nos hemos encontrado, incluso fue asesinado por Tsuna.
Harry abrió los ojos de par en par. ¿Asesinado por su tío? ¿Cómo era posible que estuviera vivo entonces? ¿Había algún hechizo de resurrección del que nadie en el mundo mágico estaba consciente?
-Byakuran escogió un mal camino, se volvió extremadamente soberbio y empezó a codiciar los milagros de otras personas. Cuando Tsunayoshi decidió destruir los anillos Vongola, Byakuran lo asesinó. - El semblante de Yamamoto se había tornado increíblemente sombrío. - En ese futuro, Tsuna falleció a los 24 años, mi padre y otros colegas y familiares también fueron asesinados.
-¿Cómo es entonces que mi tío sigue con vida? - Exigió saber. Nada de lo que le decía el guardián tenía sentido.
-Es porqué un técnico brillante de esa línea temporal consiguió entablar contacto con nuestra generación y advertirnos de los peligros del futuro. Hubo una gran pelea, como en las películas. - Le dijo Yamamoto mientras comía un onigiri. - Uni se sacrificó para que nosotros pudiéramos ganar y Tsuna ganó la batalla con ayuda de Vongola Primo. Tsuna ya te ha explicado sobre las conciencias de nuestros antepasados, ¿Cierto? - Yamamoto sonrió cuando Harry asintió. - Después volvimos al pasado, donde Byakyuran tuvo oportunidad de redimirse y al ver que verdaderamente se arrepentía de sus pecados Tsuna lo perdonó.
Harry negó con la cabeza, sintiendo la frustración crecer dentro de él. - ¿Cómo es que ha podido perdonarlo? ¿Cómo has podido perdonarlo tú? No lo entiendo, yo no sería capaz.
-Ah, pero ahí está el detalle. Todos tenemos la capacidad de perdonar, pero no todos olvidamos. Byakuran ha pasado los últimos 17 años demostrando día con día que está arrepentido de sus acciones, ni Tsuna ha olvidado su traición ni Byakuran ha olvidado sus errores. - Harry tomó otro onigiri que le ofrecía el moreno.
-¿Pero y si hago algo que nadie pueda perdonar?
Yamamoto le sonrió nuevamente. - ¿Peor que matar a Tsuna? Buena suerte chico. - Rió levemente. - Solo tomaste una decisión Harry, es importante tomar la iniciativa en diferentes ocasiones. No tienes nada de que disculparte o arrepentirte. Al contrario, queríamos pedirte una disculpa si sentiste que estábamos tratando de controlarte, solo que no teníamos idea de cómo decírtelo. - Yamamoto se puso de pie y dejó el resto de los onigiris en la mesita de noche de Harry. - Ya es tarde, debes ir a descansar. Hoy Tsuna envió un mensaje de que vendría por ti el 25 de agosto para ir a comprar tus libros. Pero el 25 es viernes, quiere saber si te gustaría ir a acampar con él el fin de semana antes de que vuelvas a la escuela. Bueno, mañana me dices para decirle. Hasta mañana Harry.
Cuando el guardián salió de su habitación, Harry apagó las luces y se acostó a dormir con una leve sonrisa.
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Vaya, me ha tomado mucho esfuerzo escribir este capítulo. Hubo varios momentos en que estuve dispuesta a cortarlo de una jajaja.
No creo que haya un capítulo hasta el fin de semana, como sea, también hay posibilidad de que si lo haya.
¡Gracias por leer!
