¡Puff!
Fue el estruendoso golpe de la cachetada que Natsuko Sultan, depositó en la mejilla de Mimi.
—¿Qué rayos fue lo que hiciste niñita?— Preguntó la mujer molesta— ¿Cómo se te ocurre tratar así a mi hijo frente a todos?
Mimi llevó una mano a su mejilla adolorida— Y-yo, simplemen...
—¡No respondas! ¡No te he dado permiso para hablar!— Respondió la oji-azul.
La oji-miel bajó la mirada triste.
—Pero bueno.— Habló Natsuko— Ya no puedo hacer nada. Mi nieto que estés a su lado y lo harás.—Aclaró su garganta— Además, mi hijo me impidió que tomara represalias contra ti.
¿Qué?
—¿El sultán impidió que me castigara?
La oji-azul asintió—Sí.
Para sorpresa de todos Yamato impidió que fuera llevada al calabozo. Esto al principio la sorprendio, sobre todo luego de saber lo que hizo.
Sin embargo, luego por su cabeza pasó la misma idea que tuvo desde el primer día en que su hijo preguntó por ella. Tal vez, esta chica si lograba llamar su atención.
Eso era bueno.
—¡Atención!— Un aga alzó la voz— ¡Su majestad sultán Yamato Khan!
La puerta se abrió y en el lugar apareció el joven rubio.
Mimi al instante bajó su cabeza en señal de reverencia.
—Hijo.— Natsuko se dirigió hacia Yamato—¿Qué haces aquí?
El rubio pasó su mirada por la joven y luego por su madre—Vine a hablar con ella.
—¿Hablar de qué?
—Sobre lo que ocurrió.
—No creo que sea, ya la coloqué en su lugar, no tienes que preocuparte.
—No me preocupo madre.— Respondió Yamato— Simplemente necesito aclarar unos puntos ¿puedes dejarnos solos?
—Está bien.— Contestó Natsuko— Permiso.— Musitó antes de retirarse del lugar.
Mimi simplemente mantuvo su mirada baja y el sultán se acercó a ella.
El rubio la observó directamente, sin embargo, ella no quiso alzar la mirada, sentía mucho odio contra ese sujeto.
—Hola.
La castaña simplemente se mantuvo en silencio.
Yamato suspiró, nadie dijo que esto sería fácil. Extendió su mano, tomó su rostro por el mentón y alzó su mirada.
—Respondeme.
—No.— Mimi rápidamente se soltó de su agarre de manera rápida.
Yamato frunció el ceño— ¿Continuas enojada?
—¡Obvio!— Respondió la oji-miel— ¿Cómo no voy a estarlo?—Se cruzó de brazos—Me mentiste.— Acusó— Enserio pensé que me ibas a ayudar.
Yamato hizo una mueca— Muchas veces te dije que nadie puede escapar de aquí.
—Sí, pero nunca me dijiste que eras el sultán.—Contestó la castaña— Eso cambiaba todo.
—¿Cómo te lo iba a decir? Si cuando intenté hacerlo me dijiste todas esas cosas horribles que pensabas de mi.— Comentó Mimi.
—L-lo que pensaba de ti...—A su mente vino el recuerdo de sus palabras.
—Prácticamente creías que era un ogro. Además, dijiste que era viejo, que tengo seis hijos y muchas mujeres.— Recordó el rubio— Creo que te equivocaste, porque esas eran las cualidades de mi padre.
Omitiendo gran parte de su vida, sus concubinas que estaban en el viejo palacio y sus hijas que eran al rededor de 12, pero que yacían lejos, casadas, sin relación alguna con él, salvo por Rika.
—Pu-pues...—Mimi aclaró su garganta— No eres viejo y puede ser que apenas tengas un hijo, pero eso no cambia que tienes a miles de mujeres ¡Y me tienes como esclava! Eso te hace un ogro.
Lindo, rubio de ojos azules, tenía cara de ángel ¡Pero! Detrás de todo eso se escondía un monstruo.
Yamato hizo una mueca—Tú llegaste a este imperio como esclava es inevitable.
—¡Porque me raptaron! Pero yo soy libre.— Respondió la Tachikawa— ¡No es justo estar bajo cautiverio!
—Lo siento, pero mis hombres ya te compraron y esa es tu realidad.
—¡Pero tú eres el sultán! Puedes ayudarme ¿no?— La mirada suplicante de Mimi nuevamente produjo algo extraño en Yamato.
—Yo no...
—¡Por favor!— Exclamó Mimi.
El rubio se mordió el labio inferior—Lo lamento, pero no puedo dejarte ir.— Declaró— Sobre todo ahora, mi hijo te quiere como dama para jugar y lo dio como orden, él es un príncipe, tienes que obedecer.
Mimi tuvo intenciones de reclamar, mas, pero se contuvo, no quería defraudar al pequeño que la defendió frente a todos e insistía por jugar con ella. Era una ternura, no merecía ser despreciado a causa de su padre.
Suspiró.
—Desde ahora ya no perteneces a Venecia, sino que eres del imperio Otomano y tendrás que acostumbrarte.
—¿Esa criada que cuidó a mi hijo ayer le lanzó agua a Yamato frente a todos?— Preguntó Sora sorprendida a Miyako Kalfa, quién se encontraba haciendole las uñas.
—Sí.— Respondió Miyako.
—Pero ¿por qué?— Cuestionó la sultana.
—No lo sé la verdad.— Comentó la chica de cabello lila— Al parecer quería desquitarse con él, porque no la deja escapar del harem.
—¿Y?—Preguntó Sora— ¿Qué ocurrió con ella? ¿Yamato la mandó a ejecutar?
—Pero al parecer el sultán la perdonó.
—¿La perdonó?— Cuestionó la pelirroja sorprendida— ¿Por qué?
—Porque su hijo, Kiriha, lo impidió.— Respondió Miyako mientras limaba las uñas de su señora— Justo en ese momento íbamos pasando e intervino justo en ese momento y se lanzó a sus brazos.
Sora observó espectante a la kalfa.
—Gennai simplemente quería castigar a esa pobre chica por lo que hizo, sin embargo, el príncipe lo impidió a toda costa.—Habló la peli-lila— ¿Sabes? Si lo hubiese visto se sentiría orgullosa.
—¿Así?— Preguntó la pelirroja.
—La autoridad que ejerció Kiriha, dejó a Gennai temblando.— Miyako rió— No lo veía con tanto miedo desde que el sultán Hiroaki se enojó con él porque le llevó la concubina equivocada.
Sora alzó las cejas— ¿Tan fuerte fue la orden de mi hijo?
La kalfa asintió— Al parecer usted lo está criando bien.
Sin duda, si su hijo ejerció tanta autoridad siendo pequeño, ya se podía imaginar como sería de sultán.
La sultana sonrió— ¡Vaya! Estoy orgullosa.
—Debe estarlo.— Comentó la peli-lila.
—¿Y el sultán?— Preguntó Sora— ¿Qué dijo Yamato? ¿Se enojó?
Miyako negó— Sorprendentemente no. Al parecer estuvo de acuerdo con el comportamiento de su hijo y solo por él le perdonó la vida a esa pobre chica. Que la verdad me dio mucha pena, lo único que ha querido desde que llegó aquí es escapar.
—Sí, algo así escuché sobre ella en el harem.— Sora observó sus uñas— Mas, no puede irse. Es una esclava.
—Y sobretodo ahora tendrá que servir, Kiriha la pidió, mejor dicho, exigió como dama.— Respondió la kalfa mientras continuaba limando las uñas de la sultana.
—¿Cómo dama?— Cuestionó la pelirroja— ¿Esa chica estará cerca de mi hijo?
Miyako asintió— Como dije, él la exigió y Gennai no tuvo más opción que aceptar.
—¿La sultana madre dijo algo al respecto?
—Al parecer no mucho, pero usted bien sabe que la madre sultana nunca le rechaza un pedido a su nieto.
—Eso es verdad.— Sora sonrió— Mi hijo ejerce poder tanto en su padre como en su abuela. Comportamiento digno de un futuro sultán.
Miyako asintió—Espero que usted no tenga problemas.
—La verdad es que en un principio me agradó, pero es inevitable que me de desconfianza luego de saber que le lanzó agua a Yamato.—Contestó la pelirroja— Pero bueno, no me queda de otra, si la sultana madre la aceptó y mi amado también. Solo debo aceptar.
Mientras tanto con Takeru e Hikari.
El rubio se encontraba con el violín bajó su mentón intentando tocar algunas notas en aquel instrumento.
—Presiona el primera cuerda con tu dedo índice.
El príncipe obedeció.
—Luego acomoda el arco.
Takeru hizo una mueca.
—Y al deslizarlo suavemente tendrás un La.—Finalizó Hikari.
—Entiendo.— El rubio asintió, respiró aire y se dispuso a ejecutar la orden, sin embargo, en vez de tener un sonido bonito, obtuvo uno tosco y desafinado—¡Rayos! No funcionó.
—No te rindas, sigue intentando.— Respondió la castaña.
El rubio nuevamente se puso en posición y deslizó el arco, pero no funcionó, continuo sonando mal, incluso peor.
—No te funciona.— Contestó Takeru.
—Tal vez, lo estás haciendo muy fuerte, recuerda, debes deslizar con suavidad.— Habló Hikari.
—No sé como hacerlo más suave.
—Si hay una forma, yo te enseño como.— Hikari se acercó a él y posó su mano derecha sobre la mano derecha de Takeru, sin embargo, al hacer esto los nervios se hicieron presentes.
Ambos intercambiaron miradas sorprendidos.
Hikari aclaró su garganta y alejó su mano unos centímetros tomando el arco del borde contrario— ¿E? Mi-mira...
La chica suavemente movió el arco.
Takeru fue consciente de lo suave y delicado que fue el movimiento.
Y sí, tuvo un excelente sonido.
—¡Comprendo!— Exclamó el rubio.
Luego por su cuenta deslizó el arco y el violín sonó.
—¡Muy bien! Estoy segura que de aquí a un tiempo lograrás tocar excelente.
—Pero nunca tan bien como tú.— Comentó el rubio.
—Yo creo que sí.— Respondió la castaña— Incluso mejor.
—Lo dudo, tú tocas increíble.— Contestó Takeru—Nadie te supera.
—Simplemente es la experiencia que me ha ayudado.— Habló Hikari— Llevo años tocando, no creo que sea buena, pero debo admitir que el tiempo me ayudó a mejorar.—Suspiró— Y bueno, también gracias a mi madre.
El aura de alegría de la castaña rápidamente cambió a uno sombrío y tristeza. Tk lo notó en su mirada.
—Hace poco ella murió.— Musitó Takeru— Debes extrañarla mucho.
—Es inevitable para mi extrañarla.—Hikari bajó la mirada— Ella más que mi madre era mi mejor amiga, mi compañera, siempre estuvo conmigo y yo quería que estuviera siempre conmigo.
En todo el imperio Otomano se conocía la cercana relación de Yuuko Giray con su hija. Pero él la evidenció en carne propia. Era increíble el amor que se tenían ambas.
Takeru hizo una mueca, se acercó a la joven, alzó su mano y acarició su mejilla derecha— Extrañarla es normal, yo lo sé. No hay día que no extrañe a mi padre.
Él también tuvo buena relación con el sultán Hiroaki, después de todo, era su hijo menor, simepre lo privilegio en muchos sentidos al ser el más pequeño. Claro, nunca podría comparar su relación con la relación de la hermana de Taichi con su madre.
—Sin embargo, la vida es así.—Declaró Takeru— Duele decirlo, a mi me costó un montón entenderlo.—Suspiró— Pero la vida sigue y tenemos que vivirla así como a ellos les hubiese gustado.
Sí, eso era verdad. Mas, dolía. Dolía muchísimo, parecía que ese dolor jamás pasaría.
—Yo sé que el dolor que sientes es inmenso y pareciera no tener final.— Musitó Tk como si hubiese leído sus pensamientos— Pero, estoy seguro que pasará, porque tienes a tu hermano y el te quiere.
—Sí.— Hikari sonrió.
Taichi daría todo por ella.
—Y también, me tienes a mi.— Declaró el rubio.
Esto sorprendió a la castaña.
—Ahora que nos volvimos a reencontrar prometo que jamás te volveré a dejar sola.
Esto provocó que un cosquilleo apareciera en el estómago de la hermana de Taichi.
—¿Lo prometes?
Takeru asintió— Lo prometo.—Comentó antes de tomar las manos de la castaña.
—Hikari, Tk.— Una voz masculina se hizo presente en el lugar e interrumpió el momento.
Ambos al voltear se encontraron con la Valide Sultan y el hermano de Hikari, Taichi Pashá. Quienes los observaban expectantes y sorprendidos.
—Madre.
—Hermano.
La sultana y el castaño se acercaron a ellos.
—¿Qué hacen aquí?—Preguntó Taichi.
—¿E?—Balbuceo la castaña.
—Estamos en una clase de violín.— Respondió el oji-azul— Hikari me está enseñando a tocar.
La sultana madre alzó las cejas sorprendida ante esto, mas, no le molestó, al contrario, le agradó que estuviesen momentos juntos. Todo lo contrario a Taichi, a quién evidentemente no le gustó la idea.
—Pensé que este lugar estaba prohibido para personas que no pertenecieran a la familia real o a la guardia.— Comentó el hermano de la Yagami.
—No, pero yo la quise invitar.— Respondió Tk— Para hacer nuestra clase.
—Pudieron haberla hecho en el harem.— Musitó el castaño— Creo que hubiese sido lo más apropiado ¿no?
En ese lugar estaban solos, alejados de todos, eso no era bueno. Si Yamato los encontraba podría traer problemas. No era bien visto que una noble estuviera a solas con un príncipe, salvo si estuviese cubierta por un velo.
—Sólo estábamos ensayando hermano.— Musitó Hikari.
—No queríamos tener interrupciones, por eso decidimos estar lejos del harem.— Comentó el rubio.
Taichi observó con desconfianza al príncipe y a su hermana. Esta situación era simple, pero no le gustaba. Esto no pasó desapercibido para Natsuko.
—Fue buena idea Takeru.— La valide tomó la palabra— Verás Taichi desde que Yamato tomó el trono el harem no es un lugar muy apropiado para que un príncipe, como hijo esté ahí. Es bueno que este tipo de actividades las realicé en otro lugar.
—No creo que sea lo mejor, mi sultana, sobre todo que estén solos sin agas o alguna kalfa.— Musitó Taichi.
Estar a solas podría traer malos comentarios.
—¿E?— Balbuceo la oji-azul— Bu-bueno, ese detalle les faltó. Pero, me aseguraré de que eso no vuelva a ocurrir.— Dirigió su mirada hacia los jóvenes— Para la próxima ocasión no olviden que deben tener compañía de agas y alguna kalfa.
—¿Por qué?—Preguntó Takeru— Ya estamos grandes.
—S-sí, pero...—Natsuko aclaró su garganta— Son las normas del palacio. Un príncipe no puede estar sin protección y una noble no puede estar sin su dama.
Los adolescentes intercambiaron miradas.
—¿E? Está bien, para la próxima intentaremos estar acompañados por un aga o una kalfa.— Musitó Hikari.
¿Para la próxima?
Taichi hizo una mueca, no era bueno que su hermana se relacionara mucho con el príncipe. Ya no eran niños, debían comportarse.
—Madre ¿y usted que hace aquí?— Takeru le preguntó a su madre.
—Te estábamos buscando hijo.— Habló Natsuko— Pronto comenzará el consejo de guerra y quiero que hables con Taichi sobre algunos puntos que debes manejar. Él desde ahora será una especie de "maestro" Como nuevo guardia imperial y antiguo líder de los jenízaros te enseñará todo lo que debes saber.
~Una semana después~
—Permiso, Mimi Hatun, es hora que el príncipe vaya a su clase de ética con la señorita Hikari.— Habló Miyako.
Mimi asintió.
—¡No quiero tener clases!— Regañó el rubio— ¡Quiero seguir jugando!
—Yo también.— Respondió la castaña mientras ordenaba los juguetes del pequeño— Pero debes obedecer ¡Eres un príncipe y debes cumplir tus obligaciones!
—¡Yo quiero ser más que eso!— Exclamó Kiriha— Quiero ser el sultán.
—Bueno, si quieres serlo, entonces debes estudiar y obedecer a todo lo que digan.— Habló la oji-miel colocando sus manos en su cintura.
—Exacto.—Musitó Miyako— No puedes solo pensar en jugar si quieres ser más que un simple príncipe.
Kiriha suspiró— Pero ¡Me aburro!
—Te entiendo.— Mimi rió—Yo también tengo clases y son ¡aburridísimas! pero de igual forma voy.
—¿Clases?— Preguntó el oji-azul— ¿De qué?
—De lectura, escritura, números.—Mimi dejó la canasta con juguete dentro del armario.
—¡Qué aburrido!— Exclamó el pequeño.
—Lo sé.— Contestó oji-miel antes de caminar hacia el rubio y extender su mano—Pero también debo cumplir con mis responsabilidades.
Kiriha tomó su mano para encaminarse a salir del lugar— Cuando sea sultán prohibiré que existan clases ¡Odio estudiar!
—No diga eso mi príncipe.— Habló Miyako abriendo la puerta.
—Un sultán no solo debe saber luchar, sino que también debe saber escribir, leer y comportarse acorde a su rango.— Musitó Mimi mientras atravesaba la puerta.
—Debería bastar con ser hijo del sultán y nada más.— Comentó Kiriha.
—Lamentablemente no es así.— Respondió la oji-miel.
Miyako, Mimi y Kiriha llegaron al salón principal del harem.
—¿Y mi madre?— Preguntó el pequeño rubio.
—Está dándose un baño.— Respondió la kalfa— Como ya sabes, esta es la hora donde recibe masajes.
—Debería estar aquí conmigo.— Regañó Kiriha.
—Lo siento mi príncipe, pero su madre debe darse su tiempo.—Contestó Miyako. Sora al ser sultana dedicaba todos los días de la semana, cada hora, cada minuto a su único hijo—Ya luego la ve...
La kalfa no pudo seguir hablando, ya que un grito inesperado la interrumpió.
—¡Su majestad sultán Yamato Khan!
¿Qué?
Rápidamente todas las mujeres del harem, incluida ellas dos, se colocaron en posición para hacer reverencia.
El rubio ingresó al lugar y Kiriha no dudó en correr a él—¡Padre!
Mimi alzó la mirada y se encontró con el rubio. Rápidamente bajó la cabeza en señal de reverencia.
—¡Hijo!— Yamato tomó al pequeño en sus brazos— ¿No deberías estar en clases?
Kiriha asintió— Sí, pero estaba jugando con Mimi.
El sultán dirigió su mirada hacia la joven.
—Disculpe mi sultán.— Habló la castaña— Pero nos atrasamos un poco. Ahora estaba llevando al pequeño príncipe a su clase.
—No es necesario.— Respondió Yamato— Miyako puede llevarlo.
—¡No!— Gritó Kiriha—¡Yo quiero ir con ella!
Mimi dirigió su mirada hacia el pequeño— Disculpa príncipe, pero tendrás que obedecer, yo tengo que realizar mis labores, no puedo ir. Pero apenas tenga tiempo iré donde ti.
—¿Lo prometes?
La oji-miel asintió.
—¡Genial!— Exclamó el rubio.
—Bueno, vamos mi príncipe.— Miyako se acercó al pequeño, tomó su mano e hizo una reverencia frente a Yamato— Kiriha despidete de su majestad.
—Adiós padre.— El pequeño una reverencia.
—Adiós hijo.
Fue así como la kalfa y el príncipe salieron del lugar.
Mimi dirigió su mirada hacia el sultán—Permiso su majestad, yo debo...
—No te vayas.— El rubio la interrumpió—Necesito hablar contigo.
¿Hablar con ella?
—Me enteré que estás recibiendo clases y realizando algunas labores, espero que no te sientas sobrecargada por ellas.— Comentó el rubio.
Mimi negó— No se preocupe. No me siento sobrecargada.
—¿Segura?
La castaña asintió.
—Bueno, si algo ocurre no dudes en decirle a mi madre.— Declaró Yamato— Sé que estar con Kiriha es un trabajo difícil, ya que consume mucho de tiempo y energía al pedirte que juegues con él en la mañana y antes de dormir.
Ese niño literalmente nunca se cansaba. Prácticamente había que rogarle que durmiera y para variar, ahora estaba exigente incluso para eso. Kiriha exigía que le leyesen un cuento todas las noches y ella se hacía cargo.
—Para mi no es una molestia, al contrario, me encanta estar con él.— Respondió la castaña.
Eso era bueno.
Servir al príncipe heredero significaba servir al imperio.
—Es bueno saberlo.— Musitó el rubio—Pero repito lo que dije si algo ocurre con respecto a mi hijo no dudes en decirle a Gennai Aga, Juri Kalfa o a mi madre.
Mimi asintió e hizo una reverencia— Gracias.
Fue así como el rubio asintió con la cabeza y se alejó del lugar en dirección a los apocentos de la madre sultana.
Mimi quedó sola en el lugar y dirigió su mirada hacia la puerta de al fondo donde tendría su clase. Sin embargo, algo llamó su atención. Al pasar por en medio del harem todas las chicas del lugar posaban su mirada en ella.
—¡Vaya, vaya!—Mizuki, aquella chica pelirroja de ojos azules alzó la voz— Hasta que finalmente la fiera Venenciana sacó las garras.
¿Qué?
Mimi volteo hacia.
—Luego de tanto decir que odiaba estar aquí, ahora está mejor que nosotras.— Comentó una chica rusa, de cabello rubio y ojos azules llamada Tatiana.
—¿Perdón?— Preguntó la castaña— ¿Se refieren a mí?
—¿A quién más?— Cuestionó la rubia.
—Aun no entiendo como es posible que el sultán te dirija la palabra luego de ese escándalo que armaste hace unos días.— Musitó Mizuki.
—Concuerdo.— Declaró otra chica de cabello castaño de nombre Chiaki— El sultán debió castigarte.
—Yo juego con su hijo.— Habló Mimi— Por eso no me castigó.
—¡Vaya forma de conquista! ¿e?—Comentó la pelirroja.
—Utilizando a su hijo como primera arma.— Musitó la castaña.
—¿Perdón?— Preguntó la oji-miel— ¿Qué tontera están insinuando?
—No estamos insinuando.— Respondió Mizuki— Nosotras simplemente estamos diciendo lo obvio. Tú buscas engatusar al sultán utilizando a su hijo como arma de conquista.
—¡Yo no utilizo a Kiriha como arma de conquista!
—¡Claro que sí!—Respondió Tatiana.
—¡No soy como ustedes!— Exclamó Mimi—Mi vida no depende del sultán.
—Eso es lo que dices, pero es evidente que sí.— Contestó Chiaki— Por algo te comportas tan dulcemente con su hijo.
—¡No es por eso!— Gritó la oji-miel molesta—Yo no soy como ustedes que simplemente piensan estar junto al sultán.
—A nosotras nos parece que sí.— Musitó la pelirroja.
—¡Pero! ¿Qué son esos gritos? —Gennai apareció en el lugar y se interpuso entre las jóvenes—Están en mitad del harem gritando como barriobajeras.
—Ella comenzó a molestarnos.— Acusó Tatiana a Mimi.
—¿Qué?— Preguntó la oji-miel— ¡Claro que no! ¡Ellas me están molestando a mi!
—¡Señoritas, dejen de discutir!— Regañó Gennai—No me interesa quién comenzó, ni la razón de la pelea, simplemente quiero que dejen de discutir!—Volteo hacia Mimi— Y tú apresúrate en llegar a tu clase, tengo un anuncio que dar.
La castaña asintió y sin decir más, ingresó al salón.
+Adivinen qué...¡Volvió el tílde a la palabra Sólo de Solamente! Jejeje Debía hacer esta mención, ya que usé la palabra.
DespinaMoon2210: Que bueno que te guste esta historia jijiji Bueno el título es una mención a que Sora y Mimi lucharán por ser la GRAN SULTANA del imperio. Tranqui, esto no es como Kosem, es más como Hurrem. Simplemente que el desarrollo de la relación de Suleiman y Hurrem no me parece tan intenso, por lo tanto, usé un poco de Kosem y Ahmed. No tengo planeado matar a Yamato por el momento, ya que será como el sultán, Maihdevran vs Hurrem. Natsuko será más como Hafsa Sultan jsjsjs Safiye pudo ser mucho, pero debo admitir que igualmente me encanta jajaj Ya leerán las peleas del harem jejeje Será divertido. Ojalá te haya gustado este capítulo, ojalá sigas leyendo y comentando, te mando un abrazo a la distancia.
marii02: Jsjs por el momento tengo inspiración, así que intentaré avanzar. Yes, yes, Rika resultó ser hermana (Sultana es tanto para las príncesas como para las madres de príncipes) Rika tendrá un papel importante. Por unos minutos quise que fuera hija de Yamato, pero me arrepentí, tendrá otras funciones. Sí, el Takari es lindo e inocente, de a poco avanzan, pero su historia de amor. Su historia de a poco se irá desarrollando jaja Sí, debía incluir a Lariet y Rupert en esta historia jajaja Sí, llegó el momento y aunque fue triste, Mimi demostró ser una fiera, le lanzó el agua sin importar las consecuencias. Ya veremos lo que ocurrirá con Yamato, ella y su nuevo trabajo de niñera con Kiriha. Ojalá te haya gustado este capítulo, ojalá sigas leyendo y comentando, te mando un abrazo a la distancia.
Continuo con la dinámica del nombre:
Rika Humasha Sultan.
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+Resalté el título de mi otra historia: No puedo dejarte ir, porque tengoun anuncio importante que dar. La verdad es que estoy con un bloqueo en esa historia en particular, creo que lo mejor será darle un alto.
