Mimi junto a las demás concubinas se encontraban en su clase de danza.
—Muy bien señoritas, recuerden moverse con delicadeza.— Habló Gennai.
La Tachikawa rodó los ojos, era divertido sin duda, esta forma de bailar, pero jamás sería mejor que su baile Veneciano. Aprender este baile era de cero importancia, ella no quería impresionar al sultán, al contrario, quería estar lo más lejos posible, ahora más que nunca sería extraño bailar frente a él.
Dirigió su mirada hacia el balcón sobre ellas donde se encontaban esas chicas que hace unos minutos la fastidiaron.
Apretó los dientes molestas al ver como se burlaban de ella.
¿Por qué decían tantas estupideces? Ella no tenía como finalidad enamorar al sultán, así como ellas y jamás utilizaría a alguien inocente como Kiriha para conseguirlo.
—¡Señoritas!— La voz de Gennai la sacó de sus pensamientos.
Mimi dirigió su mirada hacia él.
—Hoy es el día de la presentación frente a su majestad.— Informó el Aga.
¿Qué?
—Hoy es Luna nueva y la sultana madre organizó un banquete para él.
—¿Perdón?— Preguntó Mimi— ¿Presentación?
—Sí.—Respondió Gennai— Presentación del baile que han ensayado.
—Pe-pero...—Balbuceo la castaña— Yo no quiero.
—Nadie preguntó si querías.— Respondió el oji-azul— La sultana madre ordenó que todas se presentaran esta noche. Incluyendote a ti.
—Pe-pero...
—¡Nada de peros!— Regañó Gennai molesto.
Mimi se mordió el labio inferior nerviosa, esto verdaderamente seria vergonzoso. A pesar de odiar ese lugar, la actitud de Yamato y su mentira al no dejarla ir, lo respetaba como padre de Kiriha y consorte de la sultana Sora, quién hasta el momento la trataba bien.
—¡El ejército de egipto está invadiendo nuestra frontera!—Un jenízaro alzó la voz en el consejo de guerra—¡Eso es grave! Porque nos límita en el combate al tomar nuestra gente como rehén.
La mirada temerosa de Tk se posó en él. Sin duda alguna odiaba estar en ese lugar haciendo de "sultán" postizo, pero no le quedaba de otra, Yamato se lo ordenó y debía obedecer. Solo así se ganaría la confianza de los pashás y jenízaros.
—No podemos pensar solamente en la gente, también necesitamos pensar en el poco tiempo que nos queda.— Declaró un pashá— Si no hacemos algo respecto para la siguiente Luna ya tendrán la mitad del Norte conquistado ¡Y no lo podemos permitir!
—Sí, pero tampoco podemos actuar precipitadamente.—Habló otro jenízaro.
—Señores, por favor, calma.— Taichi alzó la voz—Gritando he interrumpiendo a otros no solucionaremos nada.
Todas las miradas se fijaron en él.
—Lo siento Taichi Pashá, pero necesitamos respuestas lo más rápido posible.— Declaró el gran visir— El tiempo avanza y no vemos resultados.
—Ahora más que nunca necesitamos solucionar ese problema.— Habló un jenízaro— Mi ejército lleva días preparándose para la campaña y aún ¡nada!
—Lo sé, lo sé, pero debemos pensar con la cabeza en frío.
—Es difícil.— Declaró el líder de los jenízaros— Sobre todo cuando nuestro sultán no hace acto de presencia y no le da el valor que merece.
¡Rayos!
Takeru sintió al instante la mención a él, ya que todas las miradas se posaron en él.
—Señores.— Taichi habló— Nuestro sultán no pudo estar aquí, porque está resolviendo temas con el financiamiento de la campaña de guerra junto al tesorero imperial. Sin embargo, no está completamente ausente, dejó a su hermano a cargo.
—¡Un príncipe!— Exclamó el líder de jenízaros— ¡Cuando se vió que un sultán dejase a su hermano y no a un heredero!
—Señores, fue una orden de nuestro sultán, ustedes saben que él está cambiando las reglas.— Declaró el gran visir.
—Sí, pero no nos garantiza seguridad.— Declaró el líder.
Takeru hizo una mueca ante esto, debía defenderse—¿E? Señores, sé que no soy heredero directo al trono, pero mi hermano me confió esta responsabilidad y sí les puedo garantizar seguridad.
—¿A sí?— Preguntó el líder los jenízaros— ¿Cómo?
Todas las miradas se posaron en el príncipe y los nervios se apoderaron de él, porque no eran amables, al contrario, eran acusadoras. Como si no les hubiese gustado su opinión.
—Bu-bueno, yo creo que...—Takeru balbuceo— Que deberíamos enviar tropas del otro lado, algo que no esperan.
Taichi notó esto— E-es una buena idea.— Intervino rápidamente— Si atacaramos del otro lado no tendrían forma de escapar.
—Sí, pero para eso tendríamos que pasar por el mismo Egipto y dudo sea fácil, ya que Joe tiene dominio de todo ese territorio.— Declaró un pashá.
—Esa idea no sirve.— Declaró el líder de jenízaros— ¡Así como no sirve este consejo!—Fue así como se levantó de su lugar— Permiso, me retiro.— Fue así como volteo hacia la puerta y sin decir más, selió del lugar.
—Yo también.—Declaró otro jenízaro.
—Y yo.— Un pashá se levantó entre la multitud y ni cuenta se dieron cuando solo quedó Taichi junto al príncipe.
—Mi sultana, las jovenes están listas para esta noche.— Juri le comentó a la sultana madre.
—Me alegra escuchar eso.— Respondió la mujer de ojos azules mientras observaba unos informes que el jefe del harem le envió acerca de unos gastos— Dile a Gennai que se encargué también de llevar el mejor vino y comida, todo debe salir perfecto.
La castaña asintió— Ya está en eso.—Contestó— Le ordenó a cocinero que preparara comida especial.
—Muy bien.— Musitó la oji-azul sin desviar su mirada de sus informes.
—Mi sultana disculpe que pregunte, pero...
Natsuko alzó su mirada intrigada—¿Pero?
Juri hizo una mueca— ¿Está segura en presentarle la dama de su nieto al sultán?
—¿Te refieres a esa tal Mimi?
La castaña asintió— Evidentemente ella no quiere asistir y como dama de su nieto supongo que no debe ser agradable tener que bailar frente a su majestad.
—¿Y?—Preguntó Natsuko— Esto no depende de si es grato o no, es una esclava debe servir.
—Sí, pero desde siempre ella declaró que no quiere estar en sus apocentos.
—Lo dice por rebeldía y yo no puedo ceder a esas peticiones.— Declaró la Valide—Mimi debe someterse a su papel de esclava, de todas esas jovenes, ella fue la que más problemas dio, ser llevada donde su majestad será la mejor forma de acabar de una vez por todas con su comportamiento problemático.
Castigarla con aquello que odiaba sería el remedio perfecto a su comportamiento.
—Entiendo.—Respondió la castaña.
—¡Atención!— Un grito se escuchó en el lugar—¡Su majestad sultán Yamato!
Las puertas se abrieron en par y a los apocentos ingresó el rubio.
Juri hizo una reverencia mientras Natsuko se levantaba de su asiento.
—Hijo.
—Hola madre.— Saludó el rubio antes de acercarse a ella, tomar su mano y besar sus nudillos.
—Que bueno que me visites.— Declaró la Valide— Juri, dejanos a solas y continua vigilando el harem.
—Sí mi sultana.— La castaña ordenó y se fue del lugar.
—Hijo ¿no tenías reunión en el consejo de guerra hoy?— Preguntó la Valide sorprendida al ver au hijo ingresar a sus apocentos.
Yamato asintió— Sí, pero decidí no asistir.
—¿No?— Cuestionó la mujer— ¿Por qué?
—Porque tuve unos asuntos que arreglar con el tesorero imperial, no me iba a dar tiempo para hacer ambas cosas, así que le delegué la responsabilidad de dirigir el consejo de guerra a mi hermano.—Respondió el oji-azul.
¿Qué?
—¿Le delegaste la función de liderar a Takeru?—Preguntó Natsuko.
Yamato asintió.
—Él no me lo comentó.
—No, yo le pedí que lo mantuviera en secreto.— Respondió el sultán—Verás madre, necesitaba que no tuviera presión exterior o influencia, quiero que él se haga valer por el mismo.
Si le decía a Natsuko probablemente ella intentaría ayudarlo y esa no era la idea, Tk debía comportarse a la altura de su posición como príncipe.
—Entiendo.—Contestó la mujer—Me parece bien. Tu hermano ya no es un niño y necesita tomar el sentido de responsabilidad, ya que en algún momento a él le tocará gobernar una provincia ¿no?
¿Gobernar una provincia?
Yamato hizo una mueca ante esto— No creo que sea el momento para hablar de eso.
—Pero ¿lo has pensado?
Lamentablemente sí.
¿Por qué lamentable?
Porque era un tema difícil, se suponía que las provincias eran gobernadas por:
-Pashás o Bey casados con sultanas de sangre.
-Hijos de las princesas imperiales (Nietos del sultán sin derecho al trono)
Y finalmente, las provincias más importantes del imperio eran gobernadas por los hijos del sultán que tenían acceso directo al trono y participaba en la guerra por él. Cuando el hermano vencedor ascendia al trono, los demás perdían su posibilidad de dirigir su provincia, porque ya no tenía opciones de subir al trono.
En pocas palabras, Takeru no podía gobernar una provincia, porque perdió su derecho luego que él (Yamato) se convirtió en sultán, porque podría significar un "riesgo" para la corona. A diferencia de los esposo e hijos de las sultanas de sangre que a pesar de pertenecer a la dinastía Otomana, no tenían derecho al trono, porque no poseían el apellido "Kan"
—Lo he pensado madre, pero aún no llego a un consenso claro, porque Takeru todavía es muy joven.
—Tú igual eras joven cuando tu padre te asignó una provincia.
—Sí, pero eran otros tiempos.— Declaró Yamato.
Natsuko alzó una ceja, esas respuestas de su hijo le causaban inseguridad. Hace unos días lo notaba extraño al momento de hablar sobre su hermano y no entendía porqué.
—¿Sucede algo?
—¿Por qué preguntas?— Preguntó el oji-azul.
—Porque te ves un tanto nervioso al momento de hablar de tu hermano.
—Claro que no.
—Claro que sí.
Yamato hizo una mueca— No me culpes, tengo muchas cosas en mente.
La Valide bajó la mirada ante esto—Disculpa, pero es inevitable preocuparme por tu hermano.— Declaró— Él no tuvo una vida normal, siempre tuvo miedo de lo que le pudiese pasar y ahora que tú estásen el trono me gustaría que tuviera una vida de príncipe como corresponde.— Musitó— Ya sabes, con una provincia y con familia.
¿Familia?
—Él está en edad de comenzar de tener su propio harem, ya sabes, así como tú.
¡Oh no! Esto no.
~Días atrás~
—Mi sultán...—Su segundo gran Visir, Akira Pashá, un hombre de canas y ojos verdes.
—¿Sí?—Preguntó el rubio.
—Hemos estado hablando con los miembros del consejo, sobre la noticia que usted nos dió acerca del príncipe Takeru.— Decladó el pashá.
Yamato intercambió una rápida mirada con Taichi ante esta declaración.
—¿De verdad?— Cuestionó el sultán.
—Sí mi sultán.—Esta vez habló su gran visir, Masami Pashá— Todos juntos hemos analizado la situación del príncipe Takeru que usted presentó en el consejo real pasado.
—¿Y que hablaron?—Preguntó el rubio curioso.
—Decidimos apoyarlo en su decisión.— Declaró su segundo gran visir.
¡Wow! No esperaba esto.
—¿Enserio?— Musitó Yamato sorprendido.
El segundo gran visir asintió con la cabeza baja— Sí mi sultán...
Esto era bueno.
Esta era la mejor noticia que le pudieron, después de todo, así evitaría tener problemas. Bastaba con tener el apoyo de los cuatro hombres más importantes en el imperio y todos los demás pashás aceptarían su decisión sin objeción.
Taichi también parecía estar conforme con la noticia.
—Sin embargo...—Nuevamente habló su gran visir.
El rubio volvió su mirada hacia él.
—Queremos pedir una condición a cambio.
¿Una condición?
Esto sorprendió al Sultán.
—¿Condición?— Preguntó Yamato.
El hermano de Hikari frunció el ceño molesto—Pero ¿qué osadía es esa?— Cuestionó— ¿Desde cuando se le exige condiciones a una orden del sultán?
—Desde que decidió cambiar las leyes.— Respondió el anciano gran visir.
—Es lo menos.— Comentó el otro pashá— Todo está reciente y necesitamos que las cosas estén en orden.
Yamato hizo una mueca— ¿Y cuál es esa condición?
Los dos visires intercambiaron miradas.
—Aceptaremos esto solamente si el príncipe Takeru no tiene descendencia.— Declaró el segundo gran visir.
¿Qué?
~Actualidad~
Lamentablemente no podía decirle a su madre lo que aquellos pashás le dijeron, era secreto. Sin embargo, podía hacerle saber su decisión.
—Lo siento madre, pero mi hermano por el momento no tendrá ese derecho.
—¿Qué?— Preguntó Natsuko— Pe-pero, hijo, tu hermano merece tener una vida y...
—Sí, la merece.—Respondió Yamato— Sin embargo, no quiero que tenga descendencia, eso podría traer problemas con los pashás y no quiero tener que lidiar con un problema de aquellos ahora que recién soy sultán.
La oji-azul bajó la mirada ante esto triste. No quería que us hijo se viera obligado a estar solo, él merecía tener todos los privilegios de un príncipe.
—Permiso.— El rubio se levantó de su lugar—Tengo que ir a resolver unos asuntos.
—Hijo, recuerda que tengo preparada un banquete para ti esta noche. Espero que no se te olvide.
—No te preocupes, ahí estaré.
—Al parecer no le agrado a los pashás del consejo.—Takeru le comentó a Taichi.
El castaño hizo una mueca, lamentablemente era verdad.
—Todo está muy reciente príncipe, todo esto es nuevo para ellos, necesitan tiempo para adaptarse.
Jamás se dio que un príncipe hermano del sultán participara en el consejo, generalmente eran los hijos del sultán, en especial el futuro heredero.
—Yo lo invito a continuar estudiando, entrenando y esforzándose por el bien del imperio, si usted hace eso, estoy seguro que lo aceptaran.— Habló el castaño.
El rubio suspiró— Eso espero.— Comentó antes de tomar unos libros— Permiso, necesito tomarte un descanso.—Luego de esta reunión sentía que su cabeza iba a estallar.
Y necesitaba estar bien para su clase de violín con Hikari.
Taichi asintió—Vaya príncipe.—Fue así como bajó la cabeza en señal de reverencia.
Takeru caminó en dirección a la puerta y salió del lugar.
No habrán pasado más de cinco minutos cuando las puertas nuevamente se abrieron.
—¡Atención!— Gritó un aga— Su majestad, Sultán Yamato Kan.
El hermano de Hikari alzó la mirada y se encontró con el rubio sultán.
—Taichi.
El nombrado bajó la mirada—Mi sultán.
Yamato se acercó a su trono—¿Qué ocurrió? ¿El consejo terminó antes de lo esperado?
Taichi asintió—Sí.
Eso no era buena noticia.
—¿Y cómo estuvo?
—Difícil.— Respondió Taichi.
—¿Por qué?— Preguntó Yamato— ¿Takeru no logró estar a la altura?
—Sí logró estarlo.— Contestó el castaño— Pero el problema no fue él, sino los pashás.
El rubio alzó una ceja.
—Al parecer no les gustó que Tk liderara en tu ausencia—Musitó el hermano Hikari— Cada cosa que decía se lo criticaban.
—¡Rayos!— Exclamó el oji-azul— Pero, eso es una ofensa contra mi.
—A ellos no les pareció así.— Respondió Taichi— Al contrario, les pareció una ofensa que lo enviaras él en tu reemplazo, porque se supone tú eres el sultán y no él.
Yamato apretó su puño—Con más razón deben respetar mis decisiones.
—Sí, pero tú sabes como es el nuevo líder de los jenízaros y los pashás.—Declaró el castaño.
El rubio llevó una mano a su frente molesto, esto no era bueno, al contrario.
—Como guardia real y participante del consejo, considero que tus decisiones son órdenes.—Habló Taichi— Pero como amigo, creo que que lo mejor será que ssiempre estés presente cuando quieras que Takeru esté al frente.
—Pe-pero, es una orden.
—Lo es, pero así como tú desobedeciste la ley del fatricidio, así ellos se dan el lujo de desobedecer las tuyas.—Respondió el castaño.
—Mi madre preparó una fiesta para mi.—Comentó el rubio— Ya sabes, esas típicas fiestas con las nuevas adquisiciones del harem.
Taichi hizo una mueca— Siempre odiaste esas fiestas y ahora tienes que estar en el ojo del huracán.
—Lamentablemente.— Musitó Yamato.
Siempre las consideró una pérdida de tiempo. Sobre todo ahora, estaba muy cansado con sus labores, necesitaba simplemente dormir.
—Pero debo hacerlo.— Habló el rubio— Tener un solo heredero es peligroso, tú bien lo sabes.
El moreno asintió— Sí, lo sé. Aunque...
Yamato alzó una ceja—¿Aunque?
Taichi hizo una mueca— Dudo que a Sora le guste.
El rubio suspiró— ¿Sabes? Lo que menos quiero es tener problemas en el harem como ocurrió en la época de mi padre, pero tú bien sabes como es.
Sí, la conocía incluso mejor que él.
—Desde que perdió a nuestro segundo hijo no tiene la misma confianza de antes.—Comentó el rubio.
Eso también lo sabía.
—Pero, lamentablemente debe acostumbrarse.— Finalizó Yamato.
Taichi hizo una mueca y bajó la mirada.
Era una pena para él ver como Sora tenía esa vida de concubina, siendo una mujer libre, con opciones de ascender se involucró con Yamato y ahora debía vivir una vida aprisionada en un harem compartiendo a su hombre y temiendo por la vida de su hijo.
Si Sora lo hubiese escogido a él no tendría que vivir esta situación, porque él le sería fiel solo a ella. Y jamás temería por la vida de su hijo.
Mimi se observó en el reflejo del espejo de plata frente a ella.
Abrió los ojos sorprendida.
Acomodó aquellas ropas que en su minuto tomó como prohibidas, pero que habían llamado su atención.
Por unos minutos se sintió descubierta, sin embargo se veía bien.
Aclaró su garganta mientras acomodaba en su cabello una diadema dorada.
—¡Wow! Esta ropa es increíble.— Exclamó su amiga, Airu mientras acomodaba sus pulseras.
—No diré que no, porque sí.—Respondió Mimi— Pero...
—¿Pero?
La castaña hizo una mueca— Nos quieren hacer ver como prostitutas con esto.
—¡No digas eso!— Regañó la rubia— Es dama de compañía, nada más.
—Es lo mismo.— Respondió la oji-miel— No me gusta tener que relacionarme de esa forma con el sultán para tener dinero o avanzar en este harem.
—Bueno, es eso o te mueres.— Contestó la rubia.
—¡Señoritas dejen de hablar!— Reclamó Gennai— Es hora de bailar.
¡No! Por favor, no, necesitaba evitar esto a toda costa ¡Cuánto antes! Pero ¿Cómo?...
¡Un minuto!
Yamato tomó asiento en el borde de su cama mientras bebía un vino bastante sabroso que el copero le trajo junto a una gran bandeja de comida realizada por su cocinero real.
Suspiró.
Verdaderamente estaba cansado y consumir alcohol no le ayudaba a mantenerse despierto.
¡Toc, toc!
La puerta sonó.
—Adelante.
Taichi ingresó— Mi sultán, el aga Gennai pide permiso para entrar.
Yamato asintió— Que entre.
Fue así como el castaño le hizo una seña a los guardias de la puerta y estos abrieron la puerta.
Al lugar ingresó el hombre moreno de ojos azules.
—Mi sultán.—Gennai bajó su cabeza.
—Habla.
El aga alzó la mirada—La sultana madre me ordenó que preparase un grupo de doncellas para que lo deleitasen en esta noche con una danza ¿Puedo hacerlas pasar?
"Grupo de doncellas"
Mejor dicho, mujeres postulantes a darle un príncipe, ya que esa era la principal finalmente en esos momentos, tener príncipes y sultanas.
El rubio asintió—Dejalas pasar.
Fue así como Gennai se acercó a la puerta y la abrió.
—Entren señoritas.
Fue así como un grupo de mujeres jovenes entre 14 y 18 años ingresaron al lugar.
Todas vestían con ropas finas, joyas y zapatos caros. Además, todas cumplian con el "estandar de belleza" Otomano de ser delgas, de tez clara, cabello y ojos claros. Habían unas rubias, otras pelirrojas y otras de cabello castaño claro.
Grande fue la sorpresa del sultán al distinguir a cierta joven de ojos color miel y extraño cabello castaño claro.
El rubio distinguió al instante a la dama de su hijo, Mimi.
¿Qué hacía ella aquí?
Mimi al sentir la mirada del sultán rápidamente bajó la mirada avergonzada. Esta situación no le gustaba, al contrario, era lo peor que le pudo pasar en su vida.
—Posiciones señoritas.— Ordenó Gennai y luego volteo hacia un grupo de kalfas que tenían instrumentos— ¡Música!
Fue así como todas obedecieron al hombre y sin decir más, la música comenzó a sonar y el gruo de jóvenes donde estaba Mimi comenzó a moverse.
—¿Por qué se escucha música desde la habitación del sultán?— Preguntó Sora observando desde el balcón de sus apocentos hacia el balcón del sultán.
Miyako hizo una mueca—Po-porque...—Cerró su boca y bajó su mirada.
Se suponía que Sora aun sabía la existencia de esa fiesta. La sultana madre le ordenó que no se lo dijese hasta que la fiesta se realizara, porque no quería problemas.
Sin embargo, la música evidentemente no pasó desapercibido para ella.
La pelirroja volteo hacia su dama— ¿Por qué?
La kalfa simplemente prefirió mantenerse en silencio, no quería decirlo.
—Miyako.—Sora llamó a la joven— ¿Por qué no respondes?
—P-porque...—La pelilila intentó responder, pero fue imposible. Sabía que a Sora no le gustaría esto.
—¿Por qué estás nerviosa?—Preguntó la pelirroja observando la actitud de su kalfa— ¿Me estás ocultando algo verdad?
—¿Y-yo?—Preguntó Miyako— ¿Ocultando algo?
—Sí.
—N-no. Claro que no.
—Claro que sí, te conozco.
Miyako hizo mueca.
—¡Vamos Miyako! Dime ¿qué ocurre?
La kalfa se mordió el labio inferior.
—Dime.—Respondió Sora— ¡Te lo ordeno!
¡Rayos! No podía desafiar una orden directa de la consorte principal y madre del futuro sultán.
—Disculpe mi sultana, no podía decírselo antes.
—¿Decirme qué?— Preguntó Sora?
—Que la sultana madre...—Miyako alzó la mirada— Le realizó una fiesta con un grupo de doncellas al sultán.
¿Qué?
Yamato observó atentamente a las mujeres que se encontraban frente a él. Su mirada se posó en aquella chica castaña de ojos miel que cuidaba de su hijo. Era extraño que finalmente hubiese cedido a bailar frente a él luego de estar insistiendo día y noche por su liberación.
Debía admitir que se veía bien con esa ropa y esa diadema dorada en su cabeza la hacia lucir elegante.
¡Un minuto!
Movió su cabeza levemente.
¿Desde cuando le prestaba tanta atención a una simple criada?
Taichi también pasó su mirada por las concubinas que bailaban. Todas eran bellas, sin embargo, ninguna se compara a Sora (Lamentablemente) Algunas veces se entristecía por su situación, pero otras veces quería que alguien llegase y arruinara su falsa felicidad.
Mimi se mordió el labio inferior mientras se movía de un lugar a otro ejecutando la danza que tantos días Gennai le exigió aprender.
Hizo una mueca.
En verdad era vergonzoso bailar frente al sultán. Sobre todo considerando que luego de ese momento, Yamato escogería una mujer para pasar la noche ¡Sí, pasar la noche! Y convertirla en su concubina, algo sumamente horroso.
Ella no quería ser la escogida.
Las otras morían de ganas, pero ella no. Debía impedir a toda costa que la tocase, al contrario, debía safarse de él.
Fue así que en un minuto dado de la coreografía, venía un intercambio de posiciones junto a un a un giro donde precisamente ella quedaría frente del sultán. No podía permitir esto, así cuando llegó momento de girar Mimi no lo dudó y se dejó caer en suelo fingiendo un "desmayo" alertando a todos los presentes.
¡Rayos!
Pensó Yamato y rápidamente se levantó de su lugar— Pero ¿qué es esto?
La música se detuvo ante esto.
—Disculpe mi sultán, esto no estaba contemplado.—Musitó Gennai.
El rubio simplemente ignoró sus disculpa, se acercó a la joven y la tomó por los hombros.
—Mimi ¡Hey!— Yamato la movió levemente, sin embargo, la castaña no respondía—Responde.
La castaña simplemente continuó con su actuación intentando lucir lo más débil posible.
Yamato alzó la mirada— Traigan un médico ¡Ahora!
Mientras tanto la Valide Sultan se encontraba recostada en su cama, vestida con su elegante pijama color beige y cabello suelto, leyendo atentamente un libro antes de dormir.
¡Toc, toc!
La puerta sonó.
—¡Adelante!— Exclamó la mujer sin despegar su mirada de su libro.
La puerta se abrió y en el lugar apareció la madre de su nieto.
—¡Sultana madre!
Natsuko alzó la mirada sorprendida— Sora.— Rápidamente se incorporó sobre su cama—¡Qué osadía es esta de ingresar a mis apocentos sin ser avisada a estas horas de la noche!
—Disculpe sultana, pero necesito hablar con usted.— Respondió la pelirroja.
La mayor alzó una ceja y se levantó de su cama en dirección hacia la sulta—¿Hablar?— Cuestionó— ¿De qué?
Sora asintió— Me enteré que le realizó una fiesta al sultán con concubinas del harem.
¡Rayos! Finalmente lo supo.
—Sí, lo hice.—Contestó la oji-azul con firmeza— ¿Hay algún problema en eso?
—Muchos, usted sabe que opino de eso.— Comentó la pelirroja molesta.
—Sí, lo sé bien.
—Entonces ¿por qué lo hizo?
Natsuko frunció el ceño ante la forma de hablar de Sora— ¡Perdón! ¿Quién eres tú para pedirme explicaciones?— Preguntó— Recuerda que soy la sultana madre, puedo tomar cualquier decisión con respecto al harem de mi hijo.
—Sí, lo sé, pero...
—¡Pero nada!—Exclamó la oji-azul—¡Mis decisiones no las puedes cuestionar!
La pelirroja bajó la mirada ante el regaño.
—Sin bien es cierto que te aprecio como madre de mi nieto, tú bien sabes que yo debo ver por el bien del harem, hijo e imperio.— Declaró Natsuko— Mi hijo es el sultán y debe darle más herederos a la dinastía. Eso debes tenerlo claro.
—Lo tengo claro.
—Entonces ¿por qué reclamas?
—Usted bien sabe porqué.—Respondió la pelirroja— No soporto que él esté con otra persona que no sea yo.
Sí, lo sabía.
Y ella más que nadie conocía como era sentir celos e impotencia ante el interés del padre de su hijo por otras mujeres. Sin embargo, Sora debía superarlo.
—Lo sé querida.— Contestó la oji-azul— Pero ya te lo he dicho, yo no puedo pensar solo en ti, debo pensar en el imperio y ahora más que nunca Yamato debe tener un heredero.
Sora bajó la mirada molesta, odiaba esta situación.
¡Toc, toc!
La puerta nuevamente sonó.
¿Ahora qué?
Pensó Natsuko.
—Adelante.
En el lugar apareció su kalfa.
—Sultana madre.
—Juri ¿Qué haces aquí?
—Vine a avisarle que lamentablemente una de las doncellas que bailó para nuestro sultán se desmayó en la fiesta.— Respondió la castaña.
¿Qué?
—Mimi.— Gennai llamó a la joven castaña que yacía desmayada en la cama—Mimi.
La castaña escuchó su nombre a los lejos, sin embargo, lo ignoró, sabía que ya no estaba en la habitación del sultán bailando, mas, no quería correr riesgos. Debía seguir fingiendo un desmayo.
—¡Niña por favor!— Gennai la movió levemente por el brazo— ¡Despierta!
Mimi simplemente ignoró esto.
—Dejeme a mi, Gennai Aga.— Habló la médica, una mujer anciana de cabello oscuro y ojos negros antes de sacar de su bolso un elixir, lo abrió y acercó a la nariz de la joven.
Ante esto Mimi sintió un cosquilleo en su nariz y un estornudo se hizo presente en esos momentos provocando se abriese los ojos.
—¡Mimi!—Su amiga Airu pronunció su nombre.
—¡Al fin despertó!— Exclamó Gennai aliviado.
La castaña hizo una mueca ante esto no muy agradada—¿Q-qué me pasó?
—¿No lo recuerdas?— Preguntó la rubia.
Mimi negó.
—Te desmayaste.
—¿Qué?—Intentó sonar impresionada.
Airu asintió.
—Provocaste un gran revuelo.— Gennai le comentó a la castaña— El sultán suspendió la fiesta solo por ti.
¿Suspender la fiesta?
Eso no lo escuchó mientras fingía.
—¿Cómo te sientes Mimi?— Le preguntó la médica.
—Un poco mareada.— Respondió la castaña— Y cansada.
La anciana llevó una mano a su frente— No tienes fiebre y el color de tu piel está bien.
—¿Por qué se causó el desmayo?
—No estoy segura, no tiene algún síntoma visible.— Comentó la médica— Quizás, sea el cambio de clima, como ya sabes, Venecia tiene un clima diferente y tal vez su cuerpo reaccionó diferente al nuestro. O quizás, una mala alimentación.
—¿Mala alimentación?— Cuestionó Gennai— En este palacio tiene la mejor comida del mundo, no puede ser eso.
—Aunque no le creas si puede serlo, los Venecianos tienen otro tipo de alimentación y dieta, eso también puede afectarle.—Habló la médica.
—¿Qué debe hacer mi amiga para estar mejor?— Airu le preguntó a la medica.
—Creo que lo mejor será descansar y modificar su alimentación a algo más balanceado o suave.—Comentó la mujer— Siempre te lo he dicho Gennai, no es bueno obligar a comer a las personas más de lo que deben y ¡tú no me haces caso!
—Bu-bueno, solo cumplo con mi deber.— Comentó el Aga.
—Si no quieres que esto vuelva a ocurrir debes obedecerme.— Respondió la anciana antes de sacar una pequeña bolsa de su bolso— Aquí tiene unas hierbas que de seguro que le hará bien consumir.
Mimi la recibió— Estás bien. Gracias.
La médica asintió.
—¡Atención!— Un gritó se escuchó a las afueras de la habitación— Abran paso a la sultana madre.
—¡Rayos!— La cara de terror que puso a Gennai fue todo un poema para Mimi, parecía como si hubiese visto un fantasma ante el anuncio de la Valide.
Todos bajaron la mirada y en el lugar apareció la mujer vestida con un vestido beige, sencillo y una lagra bata de lana color negro.
Por primera vez vio Mimi a la sultana con el cabello suelto y sin joyas.
De igual forma se veía elegante.
—Gennai.— Natsuko le habló al aga— ¿Qué ocurrió?
—Mi sultana.— Habló Gennai— Lamentablemente tuvimos un percance con una de las señoritas que usted me pidió que preparase.
—¿Inconveniente?—Preguntó molesta—¡Te ordené que todo debía estar impecable!
—S-sí, pe-pero fue inevitable, ella se desmayó de la nada.
—¿De la nada?— Cuestionó Natsuko— Dudo que alguien se desmaye de la nada.
Gennai no supo que responder.
—Te dije muy bien que quería que todas estas señoritas fueran bien cuidadas para ser presentadas a mi hijo.—Regañó la Valide— Al parecer no estás haciendo bien tu trabajo.
—Claro que sí.
—Claro que no.— Respondió la oji-azul— La muestra está en que esta señorita se desmayó.
Gennai simplemente mantuvo la cabeza baja—Lo siento mi sultana.— Habló— Prometo que no se volverá a repetir.
—¡Eso espero!— Exigió Natsuko.
Gennai asintió.
La Valide pasó su mirada por Mimi que yacía recostada en la cama. Sin embargo, no le dirigió palabra, ella todavía no significaba algo para ese harem, así que, no tenía obligación de hablarle.
Fue así como la sultana dejó el lugar.
~Al día siguiente~
—¡Vaya noche!— Exclamó Sora mientras desayunaba junto a su kalfa.
Miyako asintió— Fue pésima para Gennai, la sultana madre lo regañó por el inconveniente de la fiesta.
¡Bendito inconveniente!
—Jamás lo vi tan triste.
—Bueno, yo lo premiaré.—Comentó la sultana— Después de todo, gracias a eso se suspendió la fiesta.
Y Yamato pasó la noche solo.
—¿Supiste quién es la criada que se desmayó anoche en la fiesta de Yamato?—Sora le preguntó a Miyako antes de darle un sorbo a su café.
La kalfa asintió.
—¿Quién fue?
—La dama de su hijo.—Respondió Miyako— Mimi.
¿Qué?
Sora se sorprendió al escuchar esto.
—¿La dama de mi hijo?—Preguntó la pelirroja.
La kalfa asintió.
—Eso no puede ser verdad.
—Lamentablemente lo es.—Contestó la pelilila— Yo misma la vi.
¡Rayos!
—¿Cómo es eso posible?— Preguntó Sora— ¿Qué hacia esa criada ahí?
—Al parecer la sultana madre ordenó específicamente que la llevasen.—Respondió Miyako.
—¿Qué?— Cuestionó la pelirroja.
—Lo escuché de la boca de Juri y Gennai.— Contestó la kalfa.
¿Por qué?
Fue la pregunta Sora.
¿Por qué hizo eso la sultana madre? Se suponía que esa chica le servía a su hijo y a ella ¿no?
—Pero no debe temer, al parecer ella no quería ir, pero la obligaron.— Miyako rodó los ojos— Usted ya sabe como es de insistente Gennai cuando se propone algo.
—Bueno, fue justicia divina entonces que se desmayara, así impidió que ella y las demás engatusaran a mi hombre.— Comentó Sora molesta.
La Kalfa hizo una mueca, era increíble al punto de frialdad que llegaba Sora solamente por el poder. Aunque, no la horrorizaba del todo, finalmente, Natsuko al igual que muchas otras sultanas hicieron cosas peores cuando Yamato debía ascender al trono o cuando Hiroaki todavía estaba en vida.
Mimi observó atentamente el techo de su habitación, no se encontraba agotada, al contrario, se sentía aburrida, llevaba varias horas acostada ahí sin hacer algo esperando que Gennai viniese a regañarla (Como todas las mañanas) o a Juri que le pidiese ir a jugar con el príncipe.
Sin embargo, nadie venía.
Estaba ahí, sola, sin movimiento.
—¡Atención, su majestad, sultán Yamato Kan!— Un grito se escuchó en el lugar.
¿Qué? ¿El sultán?
Mimi se sorprendió ante esto, así que rápidamente se sentó sobre la cama y bajó la mirada en señal de reverencia.
Fue así como el hombre rubio ingresó en el lugar y se paró frente a la castaña.
Ambos intercambiaron miradas.
Inevitablemente Mimi se colocó nerviosa al sentir esos ojos safiros observandola detenidamente luego del espectáculo de anoche.
—Veo que estás despierta.—Habló el rubio— Pensé que te encontraría durmiendo.
La castaña negó— No tenía sueño.
Evidentemente.
—¿Cómo te sientes?
—Mejor.—Respondió la castaña.
—¿Segura?— Preguntó Yamato tomando asiento a su lado.
—Sí mi sultán.
—No es necesario que mientas.—Contestó el oji-azul— No te castigaré por estar enferma o haberte desmayado.
Era bueno escuchar eso.
—No miento.—Comentó Mimi—Es verdad, me siento mucho mejor.
—Bueno, no te ves pálida.—Comentó el rubio antes de acercarse a ella y depositar una mano en su frente.
Sora se detuvo en la entrada y se sorprendió al ver al sultán en aquel lugar, sobretodo tan cerca de aquella joven.
La castaña también se sorprendió ante este gesto.
—Y fiebre tampoco tienes.—Habló Yamato— Eso es bueno.
Mimi asintió.
No quería admitirlo en voz alta, pero anoche se preocupó cuando la vio desmayada.
—¿Necesitas algo?
—No mi sultán.— Contestó la castaña.
—¿Segura?—Preguntó Yamato— Tienes a Gennai, Juri y el resto del personal que trabaja en el harem bajo tu servicio, si necesitas ayuda en algo no dudes en pedirla, para eso están.
¡Wow! Mimi no esperaba ese detalle.
Esto evidentemente no le agradó a la sultana pelirroja que estaba en el puerta observando.
¿Desde cuando Yamato tenía tantas atenciones en esa criada?
—Permiso.
Yamato al escuchar la voz de la sultana soltó rápidamente se alejó de la castaña y volteo hacia ella— Sora.
—Mi sultán.—Hizo una reverencia.
Yamato se levantó de la cama— ¿Qué haces aquí?
—Vine a ver como está la dama de nuestro hijo.— Habló Sora— Como ya sabes, Kiriha a esta hora apróximadamente está con ella jugando y preguntó donde estaba.
—¿No le dijiste que tuvo un desmayo cierto?
—No, no se lo dije.— Respondió la pelirroja— Primero querría ver como estaba.—Pasó una mirada por ella—Aunque...—Volvió su vista al rubio— No esperaba verlo a usted mi sultán. No pensé que le preocupase la salud de una simple criada.
Yamato hizo una mueca ante esto— Generalmente no.— Contestó sorprendido— Pero es importante para nuestro hijo ¿no?
—Sí, pero bastaba con preguntarle a una criada acerca de su salud.
Este comentario no le agradó al rubio.
¿Acaso le estaba haciendo una escena de celos?
—Yo visitó a quién quiero cuando quiero Sora, soy el sultán y tengo derecho de ver como está mi servidumbre.— Respondió Yamato molesto.
+Adivinen...¡Mañana entro a clases! Sí, mañana ingreso, pero me parece curioso cuando más estudio, más inspiración tengo en mi cabeza. En vacaciones literalmente me quedo en modo avión, pero como estudio matemáticas mi cabeza logra rendir a mil.
Marian: Que bueno que te guste jsjs Debo admitir que me está gustando escribirla, le retomé el gusto, ojalá sigas leyendo y comentando, me gusta saber lo que opinan mis lectores.
marii02: Sí, Mimi por fin supo la verdad jsjsj ya veremos como reaccionará Kiriha cuando Yamato quiera tener su atención. Sobre Sora, debo mencionar que por el momento ella deja que Kiriha se acerque a Mimi, sin embargo, pueden ocurrir muchas cosas (Debo recalcar que los príncipes siempre eran leales a sus madres, sobretodo) Y este orgullo en Kiriha debe crecer, porque era común en los príncipes mayores. Acerca de Taichi, más allá de celos, es preocupación jsjsjsj Este es el inicio de muchas peleas típicas en el harem, Sora no es la única mujer del sultán. Y sí, estoy muy bloqueada con "No puedo dejarte ir" creo que darle un alto les dará tiempo a a aquellos que están muy atrás de colocarse al día y a mí para "descansar" un poco, porque muchos líos igual me tenían la cabeza a mil jajaj Debía pensar en muchas cosas. Ojalá te guste historia y me puedas seguir apoyando con tu comentario, opiniones, así como lo haces con la otra. Espero leerte pronto, te mando un abrazo a la distancia.
Sultanzade y Hanimsultan son los títulos que obtenian aquellos hijos e hijas de sultanas de sangre, o en otras palabras que eran nietos del Sultán sin derecho al trono. En el caso de los hombres se complementa con Bey-Effendi (Ej: Sultanzade Hiro Bey-Effendi) Las mujeres no lo necesitaban (Ej: Ayse Hanimsultan)
+Sigo con la dinámica:
Sora Gulbahar Sultan.
