Disclaimer: Naruto no me pertenece.

Aclaraciones: Modern Times. Universo Alternativo.

Advertencias: Lenguaje mal sonante, insultos, corta escena sexual y una relación de bastante desprecio entre Sakura y Menma.


.

Néctar de Lavandas

.


Capítulo 5


―Esta fiesta es un completo fracaso ―gruñó Ino al sentirse en una fiesta infantil en lugar de una reunión con universitarios con la edad adecuada para ingerir bebidas alcohólicas―. ¿Alguien podría traer una buena botella de tequila y así comenzar lo divertido?

―Ni lo pienses, Cerda ―la queja de Sakura fue inmediata. Fulminó a la rubia por dar esas ideas―. Nadie beberá tus locas mezclas.

Ino rodó los ojos al dejarse caer contra el respaldo en la sala de los gemelos Uzumaki ante la negativa de su mejor amiga, quien a veces se comportaba como una aburrida de lo peor. Observó a Karin quien simplemente se enfocaba en su celular, ajena a todo el ruido a su alrededor. Volteó a su lado y Shikamaru ya cabeceaba, por lo que le tuvo que dar un golpe para hacerlo despertar.

―No había necesidad de hacer eso. Seguía despierto ―Shikamaru se sobaba las costillas por el abuso de Ino―. Ah, estaba teniendo un lindo sueño ―musitó al sobarse la nuca y soltar un bostezo cual león somnoliento, escuchando la risa de Chouji quien veía la interacción entre sus dos mejores amigos sentado en el piso, jugando al Uno con Kiba quien ya había perdido cinco veces seguidas.

―Dijimos que esto sería tranquilo. Con algo de comida, mucha botana, poca bebida y nada que pueda causarme una resaca el día de mañana ―comentó la Haruno al acercarse al centro de la mesita, buscando lugar en la pequeña sala que Naruto poseía. Hizo una mueca al no encontrar espacio pero fue tomada por sorpresa nuevamente por Naruto quien la sentó en su regazo. Le fulminó―. ¡H-Hey! ―el reclamó le salió nervioso―. ¡No me tomes así, detesto cuando lo haces!

Él soportó los golpes que Sakura le daba con tal de librarse de su agarre pero ni así la dejó. Estaba tan feliz. No importaba que la fiesta no fuera una alocada o tuviera la mejor comida del mundo, realmente disfrutaba de la compañía de todos sus amigos ahí. Bueno, casi todos. El teme de Sasuke no había ido, Gaara ni Shino; Hinata se había marchado, aunque suponía la razón y Menma…

Le daba igual dónde estaba Menma. De hecho agradecía la ausencia del azabache pues Sakura estaba ahí y no quería una pelea entre esos dos. Menos con lo que su hermano dijo en el restaurante.

―No te enojes, Sakura-chan ―canturreó Naruto a la chica quien fruncía más el ceño con cada palabra del rubio―. Solo hago todo con tal de que estés cómoda.

―Estaría mucho mejor en el piso.

―¿Eh? ¿No son mis piernas lo suficientemente cómodas?

―¡Claro que no!

Ino soltó una risa malvada que a Sakura le erizó los vellos en la nuca. Miró para callarla silenciosamente pero ésta solo se encogió de hombros, sin borrar la expresión de burla por presenciar en primera fila las interacciones de ese par.

―Solo digan que quieren estar a solas y nos vamos ―les comunicó a sus dos amigos.

―Eso es una buena… ―iba a decir Naruto, realmente animado ante la perspectiva de disfrutar el resto de la velada solamente acompañado por su novia. Hasta se imaginaba que sería el mejor momento para darle su regalo de cumpleaños en privado.

―Todavía faltan los regalos ―Sakura interrumpió inteligentemente la propuesta de Ino, jurando en su mente que en cuanto tuviera oportunidad se las cobraría―. ¿No podemos irnos sin que Naruto vea sus regalos, no? Además hay más botanas que Chouji no ha probado.

―¿Las hay? ―el Akimichi levantó la mirada del juego de cartas, interesado por el comentario, dando la oportunidad de Kiba de retrasar su fracaso.

―Sí, siguen en la cocina. Hinata-chan las trajo…

Sakura no necesitó mencionar nada más pues el chico ya iba a medio camino, aunque el departamento de Naruto no era así de grande como para tomar una eternidad en llegar hasta el otro extremo. Se quitó del regazo del rubio por el descuido de éste y fue hacia el rincón donde guardaba los regalos.

―Creo que el más grande es de Hinata ―comentó Kiba al ver la bolsa de tonalidad roja destacar entre todas. Rio―. Ah, ahora me siento mal por cómo luce mi diminuto obsequio.

―Pienso que todos lo hacemos ―suspiró Ino―. Parece como si Hinata-chan fuera la novia de Naruto en lugar de tú, Sakura ―comentó a modo de broma, ocasionando que la susodicha le volviese a mirar mal.

―Te recuerdo, tonta, que Hinata-chan ya tiene novio ―señaló al dejar todos los regalos frente a Naruto y hallar el espacio que antes ocupaba Chouji más cómodo que el regazo de Naruto―. Y dudo que exista alguien más, además de mí, de soportarlo.

―Sakura, sigo aquí ―lloriqueó Naruto al escuchar las palabras de Sakura.

Shikamaru les apuró para comenzar a abrir los regalos y así marcharse a dormir. Naruto comenzó con los más pequeños, leyendo de quiénes eran. Le sorprendía ver que Shino también le regaló algo y se sintió querido por el misterioso muchacho de gafas quien era el más callado de todo el grupo. Decidió abrir éste primero y al terminar de romper la bolsita solo sacó un sobre que contenía una buena cantidad de dinero que le hizo tener los ojos brillosos.

―¡Soy rico! ―gritó ante todos por la enorme cantidad de ramen que podrían comer, más Sakura se lo quitó enseguida.

―Es para que lo uses sabiamente ―regañó la chica al guardarlo en el interior de su sueter.

―Pero…

―Nada. Estoy segura que ya estabas imaginando cuántos ramen podrías comprar con esto, ¿no?

Él rio nervioso por ser descubierto tan fácilmente. Kiba explicó que cuando Shino estaba inseguro de conseguir un buen obsequio a alguien, prefería regalarles dinero y así comprar lo que realmente se quería a solo estar adivinando. Ese era el mismo truco que le hizo al castaño las primeras veces en las que hablaron. El regalo de Shikamaru fue el siguiente y al sentirlo un poco pesado él pensó que sería algo grandioso, más cuando notó que era un libro grueso se decepcionó un poco.

―¿En serio me regalas un libro, Shikamaru? ―musitó entre dientes al verle ceñudo y con las mejillas infladas a modo de reproche―. Qué tacaño.

―Al menos lee el título, tonto ―apuntó Shikamaru a la portada―. Es un libro que necesitarás en la carrera. Y te falta mirar adentro.

Hizo lo que su amigo le decía y se encontró con un cupón de descuento para su siguiente compra de manga.

―Lo acepto, pero me sigue ofendiendo.

―Deja de ser un payaso y abre el que sigue.

Los condones que aparecieron en la bolsa que Kiba le trajo lograron sonrojarlo y arrojarle la caja de éstos a la cara del Inuzuka.

―¡¿Por qué me regalaste esto?! ―agitaba los brazos, sintiéndose nervioso y asustado de la mirada de Sakura hacia él cuando Kiba era el culpable.

―¡Los condones son el fiel amigo de todo universitario! ―contraatacó a Naruto, encarándolo. El golpe le dolió, no se quedaría callado―. ¡¿Sabes cuánto me costaron?! ¡Son súper sensibles!

―¡¿Y eso qué, carajo?! ¡No es algo que necesite!

―¡Eso, imbécil, es justo lo que te previene de destruirte la vida, deberías ser más agradecido…!

―¡Ya cállense los dos o juro que me levantaré de aquí y les cerraré la boca para siempre! ―amenazó la rosada con bastante vergüenza en la cara de que ese par de idiotas se pusieran a discutir. Estaba aliviada de que Sasuke no estuviera ahí o sería mil veces peor.

Después de recuperar la tranquilidad gracias a las amenazantes palabras de Sakura y su gran talento de traer orden, Naruto continuó con su desenvoltura de obsequios, tomando el de Ino y rogando que ésta no le hubiera puesto algo peor que Kiba. Suspiró tranquilo al notar un estuche de lentes, al abrirlos éstos eran como cualquier otro par. No le entendió y tuvo que ver a la Yamanaka, buscando una respuesta sobre la singular elección. Veía bien, nunca tuvo la necesidad de usar gafas.

―Son para descansar la vista ―se encargó de explicar Ino―. Ya que pasas demasiado tiempo en la computadora pensé que sería un buen regalo. Tienen garantía por casi dos meses, así que a partir de ahí te toca cuidarlos. Y más vale que no te quejes de que no son naranjas, no puedes usar naranja todo el tiempo.

―Wow, Ino, de verdad de preocupas por las personas…

―Una palabra más, Naruto, y nunca volveré a regalarte nada en la vida.

―Ya, no te enfades ―sonrió Naruto al sacar los lentes y ponérselos. No le afectó nada a su visión, solo se sentía un poco raro de llevar algo más en la cara―. ¿Cómo me veo?

―Como si fueras alguien listo.

―¡Oi, Shikamaru! ―gruñó por el insulto del chico con peinado de piña a la inversa quien solamente sonrió por la reacción del rubio.

En el rincón se escuchó a Karin bufar con burla, haciéndole mirarla y fruncirle el ceño.

―Sí, necesitarás más que un par de lentes para hacer funcionar ese cerebro que tienes ―comentó la pelirroja al volver a ocupar toda su atención en el celular.

―Karin-chan, se supone que me defiendas… No que te unas a ellos.

El regaló de Karin fue un cortaúñas que le hizo darle una mirada a la pelirroja con el mensaje implícito de "¿Estás de mierda, Karin?", más la excusa de la Uzumaki fue que él siempre llevaba las uñas algo largas y era asqueroso, cosa que Sakura e Ino concordaron. Aceptó el regalo a pesar de su orgullo herido debido a la presencia de las tres féminas en su casa. Chouji se reintegró de nuevo a la reunión y su regalo fue el que entró primero en su lista de favoritos, pues era una sudadera de su equipo favorito de béisbol de color naranja.

―Gracias, Chouji ―de inmediato se puso la ropa por encima de lo que ya traía suelto, sintiéndose tan cómodo por la suavidad de la tela, así como el logo bordado de los Samurai Japan abarcando casi todo el frente, cosa que hizo a Chouji sonreír sin dejar de ingerir de la bolsa de frituras que comía―. Es de los mejores regalos que he recibido hoy…

―No hables sin antes ver el mío ―se quejó Sakura, un poco celosa.

Él rio por el reclamo. Levantó los pulgares a Chouji, e incluso le mandó un corazón como esos Idols coreanos hacían para hacerle saber toda su gratitud. Sakura le pasó su regalo, carraspeando por mostrarse así, pero no le molestó que su novia fuera honesta con sus propios sentimientos. Prefería que siempre fuera así, aunque asumía que nunca era sencillo otorgar cariño tan públicamente en frente de sus amigos o del resto.

Abrió la bolsa, aunque Sakura le pidió que fuera cuidadoso con la envoltura, siguiendo las indicaciones de ella hasta que Ino se desesperó y le dijo que la rompiera. Al final lo hizo porque él tampoco era el más paciente ―ni que fuera un monje tibetano― para sacar una prenda perfectamente doblada y aun en su empaque original. No le halló la forma y la volteó varias veces, tratando de ver qué le regaló Sakura.

―Eh, gracias, Sakura-chan, pero… ¿Qué es esto…?

―Es un abrigo ―obvió ella como si fuera claro. Suspiró. Le arrebató a Naruto el abrigo envuelto y lo sacó de su paquete para extenderlo. No era largo pero si arropador para mantener al rubio caliente durante el frío invierno que pronto arribaría a Tokio en cuanto el otoño terminara. Era de color negro y de una buena marca que su padre usaba y elegante―. Pensé que sería perfecto para esta época.

―Oh, gracias ―recibió de nuevo la prenda, dándole otro vistazo. Naruto sintió un poco áspera la tela, algo común viniendo de ropa nueva.

―¿Por qué no te lo pruebas?

―¿Ahora?

―Sí ―animó Sakura―. Quiero verte usar algo decente aunque sea una vez.

―¿Acaso no me visto decente?

Ino soltó una risota.

―No, claro que no.

―¡No te pregunté a ti!

―Shhh, no le hagas caso a Ino ―ignoró Sakura los comentarios de su amiga para ver a su novio. Le sonrió con un tinte de calidez para terminarle por convencer―. Anda, quiero ver cómo se te ve. Quizá te veas apuesto con algo elegante encima.

―Ah, está bien ―se puso de pie, pasando los brazos por las mangas del abrigo, sintiéndolo un poco apretado. Cuando quiso cerrar los botones del frente éste no pudo cubrirle nada―. Creo que no me queda…

―¿Eh? ¿Cómo qué no? Pedí la talla correcta…

―Probablemente deba sacarme primero la sudadera e intentarlo otra vez…

Así lo hizo Naruto, poniéndose otra vez el abrigo, aunque esta vez sintió picazón. Lo ignoró porque no era lindo hacer feas muecas al recibir algo de alguien querido. O eso le había dicho su madre desde pequeño. Aun así el abrigo no cerró, obviamente era de la talla incorrecta.

―Parece que te equivocaste de talla, Sakura ―añadió Shikamaru al ver a Naruto intentar cerrarse la parte delantera, solo para darse por vencido y quitarse la prenda.

Sakura frunció el ceño sin creerlo.

―Debiste seguir el consejo de Hinata ―comentó Ino al ver a Naruto y luego a Sakura, alzando una ceja―. Ella parecía haberle atinado más a la talla de Naruto ―siguió―. Tantos meses al lado de este tontuelo, ¿y aún no te sabes sus medidas?

―Creí que mediría lo mismo que mi papá ―admitió, un poco avergonzada de que su regalo fuera un fiasco a pesar del tiempo que invirtió y dinero en darle algo lindo a Naruto.

―Pues míralo bien: Naruto es más grande y más musculoso que tu papá. No es que tenga nada en contra de Kizashi-san, pero… Es obvio.

La cara desanimada de su novia le hizo actuar de inmediato; sabía lo sensible que se ponía al remarcarle sus errores, por lo que le tomó de las manos, enviándole una sonrisa que le aclarara que todo estaba bien.

―Tranquila, Sakura, cualquiera comete este tipo de errores ―la tranquilizó, sobando sus lindas manos. Ella le miró, un poco culpable; una profunda culpa que Naruto consideraba exagerada por el diminuto error de haberse confundido de talla―. Eso también le pasa a mamá cuando quiere conseguirle a papá algo, así que entiendo ―una sonrisa amplia y Sakura halló el modo de sonreír un poco, contagiada por el entusiasmo de Naruto.

―Gracias, Naruto…

―Y no te preocupes, tenemos mucho tiempo para conocer varias cosas de nosotros ―puso una expresión enternecedora, de esas profundas que un hombre completamente enamorado brinda―, ¿neh?

El nudo que se instaló en la garganta de Sakura impidió que dijera algo más o estuviera de acuerdo con las palabras del rubio, solo se limitó a asentir en silencio, queriendo que alguien más retomara la palabra para salir de ese silencio que se tornó abrumador, el cual le exigía dar una respuesta a esos brillosos ojos azules que la miraban, esperando algo de su parte.

Algo que en esos momentos ella no estaba segura de poder brindarle completamente.

―Volviendo a los regalos ―Ino volvió a interrumpir pero Sakura no se enojó esta vez con el poco tacto de su amiga―, falta el de Hinata. Anda, ábrelo, tengo curiosidad de por qué es tan grande.

―Ino, estoy teniendo un momento importante con mi linda…

―Ay, por favor, la tendrás para ti solo en cuanto nos larguemos. Abre ya.

Naruto se separó de Sakura aunque no quiso del todo, siguiendo las órdenes de la rubia. Pero no negaría que él también sentía una inmensa curiosidad por descubrir qué había en el interior de tan llamativo regalo. Sí, era grande, y pesaba. Muchas ideas se le formaron en la cabeza, las miles de posibilidades que Hinata pudo elegir para entregarle ese día. Intuía que sería algo general, quizá un poco mejor que los creativos regalos que Kiba y Karin, aunque no se hacía muchas ilusiones pues la Hyuga no le conocía completamente.

Se quedó mudo en cuanto notó el distintivo logo de LEGO sonreírle cuando quitó la cinta que mantenía pegadas los dos extremos de la bolsa de regalo. Era una enorme caja, de esas de colección limitada que había visto en las repisas de las tiendas. Tragó ruidosamente al sacarla con cuidado de la envoltura, elevándola para que todos fueran testigos de la grandeza.

No obstante la sorpresa de Naruto no quedó ahí pues al girarse y visualizar la figura que conformaban las miles de piezas que vendían adentro, casi echó un grito.

―E-Es… ―era un modelo a pequeña escala de legos de un Cadillac ElDorado rojo escarlata con su propia base.

Su modelo de carro favorito.

Lo abrazó a su pecho, cayendo al sofá, sin querer soltarlo y considerarlo el regalo más bonito que había recibido hasta ahora. Esos modelos costaban una enorme cantidad de dinero que él tardaría años en lograr ahorrar. Durante niño se les quedaba mirando, añorando tener uno igual.

Y ahora lo tenía.

En cuanto viera a Hinata, le agradecería apropiadamente. No debió ser barato, y gastar tremendo dinero en alguien a quien la chica ni conocía tanto le hizo sentir raro. Una especie de felicidad pero también incomodidad de no sentirse merecedor de algo tan costoso.

―Se quedó sin palabras ―el primero en hablar fue Kiba, sonriendo de ver al rubio enfocado en su nueva adquirió.

―Nunca creí estar vivo para ver este milagro ―siguió Shikamaru.

―¿Esto se tomará en cuenta como la llegada del Apocalipsis cristiano? ―hizo saber su presencia Karin al sentir curiosidad de que Hinata Hyuga le hubiera regalado algo así a Naruto, especialmente conociendo su nula interacción que solamente se lograba a través de la amistad de la Hyuga con la rosada.

―Uh, creo que se cayó algo más, Naruto ―recogió Chouji un papelito. Al leerlo, una enorme sonrisa apareció y se la estiró al rubio quien abrazaba la caja como si fuera su tesoro―. Y estoy seguro que éste también te va a gustar.

Naruto halló imposibles las palabras de su amigo. ¿Cómo era posible recibir otro regalo mejor que su Cadillac ElDorado tono escarlata de 1959? Recibió lo que Chouji le extendía solo para leer en kanjis enormes que había sido el afortunado en recibir el Cupón Dorado de Ichiraku Ramen para comer durante un año ramen de miso gratis.

―¿Hinata-chan es un ángel? ―no paraba de preguntarse eso porque no entendía cómo alguien podía ser tan amable.

―No, solo le gusta dar buenos regalos ―comentó Kiba al ordenar las tarjetas, sabiendo muy bien a lo que Naruto se refería; él ya había experimentado algo similar.

―Parece que Hinata-chan te conoce bastante bien, Naruto ―soltó Ino al observar la mueca aun de asombro pintada en la cara del rubio quien solo admiraba sus regalos.

Y lo decía en serio. Pasó sus ojos a la figura, repentinamente silenciosa, de Sakura quien veía la escena con una expresión que no detonaba nada de sentimientos. Ella sabía muy bien que estaría pensando esa cabecita rosa. Era la misma mueca que la Haruno ponía cuando algo la inquietaba, molestaba o preocupaba.

O al sentirse inferior a alguien.

Lo había visto cuando fueron más jóvenes, cuando la atención de Sasuke sobre una de ellas importó más que la amistad entre ambas.

A Ino le gustaría recordarle a Sakura que Hinata no lo hizo con malas intenciones. Se fue a lo seguro: era conocimiento genérico que a Naruto la fascinaban los autos, ¡estaba estudiando Ingeniería Automotriz! Era obvio. Cualquiera asumiría que la Hyuga escogió un modelo de auto y ya; y que éste fuera el favorito de Naruto, una coincidencia. Además, el ramen era el platillo favorito de ese bobo. Seguramente Hinata se lo ganó en una lotería al azar y creyó que era mejor dárselo a Naruto quien era un devorador naturalmente dotado de tallarines; Hinata nunca tendría segundas intenciones. Ella ya tenía un novio. Y a pesar de que a Sakura no le agradaba porque era Menma, dudaba de que la linda chica de orbes perlados jugara así estando con alguien.

Más no le dijo nada porque no era el momento, y quizá, muy dentro de sí, era hora de que Sakura se diera cuenta que ella también necesitaba esforzarse más.

Una relación que solo funcionaba con una sola persona nunca terminaba bien.


.


Por el fresco Menma intuía que era demasiado tarde pero no quiso moverse de su sitio. Hinata se había acurrucado con él después de ponerle su chaqueta sobre los hombros al notar cómo ella temblaba. Hubiera preferido ir al departamento a protegerse del clima, más estaba seguro que su hogar seguiría infestado de gente. La acurrucó más para así, desviando la atención de la joven del cielo, buscando las estrellas que se mantenían ocultas detrás de los reflejos de las luces de la ciudad.

―¿Quieres que volvamos? ―podrían ir rápido y refugiarse en su propia habitación a esperar a que dejaran vacío el departamento pero recordó que Hinata debía llegar a casa.

No conocía al señor Hyuga para permitirse arrebatarle a su hija o arruinar la hora de llegada de Hinata; su relación iba bien, no quería meterse en problemas, ni mucho menos que el progenitor de su novia pusiera demasiado interés en los asuntos personales de Hinata.

―No, estoy bien ―respondió ella, cómoda en su actual posición, sin querer moverse.

Menma no añadió más y calló para disfrutar del silencio sin que nadie los perturbara.

―Pronto será media noche ―dijo ella de repente.

Él asintió.

―Creo.

―Supongo que debo darte tus regalos antes de que tu cumpleaños se acabe.

Menma suspiró. Ella ya había hecho demasiado; cocinar todo lo que le gustaba y hornear un pastel, además de decorarlo. Y como si eso no fuera suficiente, estaba acompañándolo en el frío.

―Te dije que no necesitaba regalos…

Hinata se separó de él sin que pudiera evitarlo, dejándola libre para que ella buscara más sorpresas en el interior de sus bolsas mágicas. La vio con curiosidad, tratando de tener una idea de qué regalo podría haberle hecho. Hinata era más propensa a hacer regalos hechos a mano y comprar cosas útiles que servirían para algo, o simplemente preguntarle directamente si deseaba una cosa en particular. Si no mal recordaba ella le entregó a modo de sorpresa una figura de su dinosaurio favorito, tomándolo desprevenido de que ella trajera algo como eso oculto en su mochila para entregárselo cuando estaban en medio de una sesión de estudio.

Sí, le gustaban los dinosaurios. Disfrutaba ver los documentales que plataformas como Netflix o Prime sacaban según las investigaciones paleontológicas que se realizaban con cada descubrimiento de fósiles en distintas partes del mundo. Sus favoritos sin duda eran los carnívoros, pero especialmente el Carnotaurus.

No era fácil para Menma darse a conocer como alguien nerd de los dinosaurios, era algo que se guardaba muy bien para sí. Pero con Hinata no podía, menos cuando pasaban por una tienda de juguetes donde las colecciones de éstos se exhibían. E Hinata era observadora, descubriéndole rápidamente su pasatiempo de coleccionista.

―¿Listo? ―preguntó ella cuando volteó a verle.

Asintió, tratando de no dar a conocer su curiosidad.

―Primero, cierra los ojos.

―¿Hablas en serio?

―Menma-kun ―pidió ella con las mejillas infladas, usando esa arma secreta para convencerle, sabiendo a la perfección que no podía rechazarla cuando hacía uso de esa treta tramposa.

―Bien ―chasqueó la lengua, cerrando los ojos tal cómo Hinata pidió―. Ya.

―Ahora extiende las manos.

―No entiendo por qué no me los puede dar y ya…

―Solo hazlo, Menma-kun. Por favor.

El tono de ella le hizo seguir cada indicación a pesar de mostrar un fastidio no tan notorio; puso las palmas completamente abiertas, esperando. Un peso misterioso se sintió, liviano. Pudo reconocer la textura como tela; no, cuero. Eso le hizo enarcar una ceja.

―Ya los puedes abrir.

Lo primero que Menma vio fue el rostro emocionado de Hinata, expectante de la reacción del azabache en cuanto viera lo que tenía en las palmas. Éste bajó la mirada, topándose con una prenda que se perdía entre la oscuridad del lugar, más al tocarla y darse cuenta que no era un pedazo más de noche, Menma extendió los extremos de lo que parecía ser una especie de chaqueta, pero una de cuero color negra. La giró, encontrándose un diseño que le hizo sentirse sorprendido. Eran algunos logotipos parchados manualmente de marcas que le gustaban. Sobre todo la de un zorro envuelto en llamas azules.

―Es… ―se quedó por un segundo impactado. Le gustaba, iba muy acorde a su estilo. La observó, notando su mirar perlado lleno de ansía y nervios por su respuesta. Él elevó las comisuras de sus labios en una sonrisa orgullosa―. Está genial. Gracias.

―¿De verdad te gusta? ―preguntó Hinata―. L-La hice según las medidas que tengo de la sudadera que te hice, p-pero el cuero es muy distinto al algodón y no sé si quedó ajustada…

―¿La hiciste tú?

Ella asintió a la pregunta.

―Uhm… ―luego el rostro de Hinata se llenó de pánico ante la idea de que a Menma no le hubiera gustado saber ese detalle―. P-Perdón, quizá querías una nueva. A-Ah, debí haber comprado una original, d-de tu marca favorita y…

Detuvo la verborrea de la Hyuga en cuanto chocó su frente con la de ella, dando un ligero golpe para hacerla verle. Los hermosos ojos de Hinata le vieron y no dejaba de preguntarse cómo era que sus perlados ojos fueran de verdad y no un sueño. Acarició con los pulgares la suavidad de sus mejillas, sintiendo el calor pintarlas debajo de las yemas.

―Me gusta ―confesó, no perdiendo ningún detalle del rostro femenino―. Todo lo que haces me gusta, ¿entendido?

―¿S-Seguro…?

―Me la pondré para que te quede claro ―dijo él al entender que no lograría convencerla. Se separó de ella y luego se puso de pie para ponerse la prenda. Ésta se sintió fría ante el contacto pero de inmediato el calor de su cuerpo calentó las fibras. Era del tamaño adecuado, incluso tenía movilidad sin que la tela se estirara o se sintiera asfixiante―. ¿Ves? Queda bien.

Notó que ella guardó silencio, viéndole, seguramente buscando detalles o un hilo salido de las costuras, pero Menma detectó la manera en la que esa mirada traviesa le delineaba la silueta; definitivamente una oportunidad que no desaprovecharía.

―¿Qué? ―la atrapó en medio de su banquete visual, sorprendiéndola. Las mejillas más rojas que antes―. ¿Esto ayuda a alimentar tu fantasía de que estás saliendo con un chico malo?

―C-Claro que no ―masculló Hinata en un intento por defenderse más la risa corta de Menma le hizo hundirse en sus hombros por la pena de ser tan obvia―. M-Menma-kun ―regañó por ver que la cara de su novio no le daba misericordia.

―Te daré un respiro, pequeña pervertida.

La cara de Hinata se tornó de un rojo granete y la clara ofensa dibujarse en sus facciones.

―¡¿P-Pervertida?!

―¿No lo eres?

―¡C-C-Claro que no! ―tartamudeó al responder, siendo menos creíble, sobre todo por sus ademanes nerviosos.

―Ah… Entonces, ¿quién fue la chica que me pidió seguir hasta el amanecer sin importarle que pudiéramos terminar deshidratados…? ¿Hm? ―enarcó una ceja al tener fresco ese recuerdo, viendo con gran gozo la mueca que ahora ponía la Hyuga.

―¡Y-Ya no digas nada más! ―la mejor salida para lidiar con esas situaciones en las que Menma la orillaba era resguardarse detrás de sus manos como si no estuviera ni existiera en esos momentos.

Él rio más e Hinata lo llamó cruel en su mente por someterla a ese tipo de torturas que siempre la hacían sentirse tan roja como un foquito de Navidad.

Después de un rato de calmar a Hinata y prometerle que no sería malo con ella, Menma tomó asiento otra vez al lado de ésta, esperando el otro regalo que ella tenía listo. Consideraba que la chaqueta de cuero era ya suficiente, pero Hinata parecía pensar lo contrario. Por lo menos no le pidió cerrar los ojos de nuevo y plantó una prenda más cálida que el cuero.

―¿Bufanda y guantes? ―preguntó al no entender el juego de accesorios―. Gracias por preocuparte por mí en este clima, pero…

―Solo te regalo lo básico.

―¿Básico para qué…?

―Si me dejaras terminar, te podría dar el regalo principal ―dijo ella con un tono de regaño, provocando en el azabache un alzamiento de cejas por el tonito mandón de Hinata.

―Recuérdame no dejarte juntar tanto con Sakura. Se te están pegando los malos hábitos.

Hinata no prestó atención a lo dicho por su novio para sacar el regalo especial que le tenía a Menma, usando sus dos manos pues, a comparación del resto, éste sí que pesaba. Cuando tuvo el protagonista principal de esa entrega privada de regalos a Menma, ella le sonrió, notando su cara confundida de no entender nada. Y ella sabía que a Menma no le gustaba no entender el contexto.

―Yo… ―carraspeó sin saber cómo iniciar con la introducción, explicándole las razones de por qué escogió el obsequio, esperando que Menma lo aceptara sin que se sintiera obligado a nada. Solamente le estaba dando lo que él se merecía―. Sé lo mucho que querías esto, y lo mucho que te esforzaste por tratar de conseguirlo ―le miró con profundidad, viendo más allá de la pinta de chico duro que Menma con frecuencia utilizaba a modo de coraza para ocultar a alguien que salía pocas veces del cascarón―. Sé lo gentil que puedes ser, Menma-kun, y lo buen hijo que eres con tus padres, al punto de haberles dado tus ahorros para que la cafetería de tu padre siguiera abierta…

Menma respingó ante eso último. En teoría nadie sabía acerca de los problemas económicos de la cafetería de la cual su padre era propietario, a excepción de sus propios padres y él. Ni siquiera Naruto sospechaba sobre las dificultades que atravesaron sus progenitores con mantener el segundo negocio familiar a flote. Por supuesto que no sabía nada porque estaba totalmente enfocado en Sakura y su vida universitaria. Además ninguno de sus padres quería molestar a Naruto porque no querían que se preocupara demasiado ni se desviara de sus estudios, sabiendo lo mucho que él se esforzó para entrar a una buena universidad.

Pero a él no le pudieron mentir. Lo había notado, como casi todos los secretos que ellos querían ocultar tras sonrisas despreocupadas y caricias desinteresadas en sus cabezas cuando preguntaban si todo estaba bien. El costo de las matrículas universitarias no eran baratas, y ellos tenían que pagar dos. Y aunque Naruto y él poseían trabajos de medio tiempo, sus padres continuaban enviándoles dinero para solventar el gasto de la renta o comprar comida. Se esforzaban por sacar adelante todo sin que ninguno lo viera.

Hasta que él se dio cuenta.

Menma había estado ahorrando desde la secundaria para comprarse una motocicleta. A comparación de Naruto quien era más fan de los autos, él prefería la velocidad y diseño de las motocicletas clásicas. Quedó prendado de una Royal Enfield que le vio a un jubilado del extranjero que era vecino, quien acudía al taller de su madre por cambio de aceite. No pudo evitar admirar la majestuosidad del diseño y el poder del motor que escuchaba cuando le veía partir, despidiéndose de su madre y poniéndose su casco que le hacía ver como renegado.

Cada mesada que le entregaban se iba a su ahorro personal, soñando que en el futuro sería capaz de ser dueño de una moto como esa.

Y estuvo cerca de lograrlo. Un hombre publicó en sus redes que vendía una Royal Enfield Classic 350. Una Dark Stealth Black. Su uso era notorio en la pintura pero podía arreglarse. No se veía tan mal cuando la vio en persona, hablando con el propietario para hacer un trato de esperarle unos cuantos meses en reunir todo el dinero. Éste aceptó al no haber tenido a nadie en varios meses mostrar interés por la motocicleta, confiando en él.

Sin embargo, la crisis de sus padres ocurrió y Menma no pudo quedarse más con el dinero, no después de saber los problemas por los cuales atravesaban sus padres.

Se los entregó sin añadir nada más, sin dejar que ninguno le devolviera el sobre con la cantidad que esperaba pudiera ayudarles a saldar cualquier deuda. Su padre le miró directamente a los ojos, diciéndole que no podía aceptar eso pero Menma solamente se levantó y los dejó solos, avisándoles que no iba a aceptarlo y que si se perdía, no sería su problema. Sabía que la culpa haría a sus padres detener las intenciones de regresarle lo que les dio.

Había quedado en ceros con respecto a sus ahorros de casi toda una vida. Fue duro ver en la nota de su cuenta personal que nada quedó, salvo para sobrevivir a sus días de escuela. Pero resultó más doloroso tener que decirle al vendedor que no podría comprarle la motocicleta, sabiendo lo mucho que éste esperó.

Al ser avisado por teléfono por el propietario que alguien más quería la motocicleta y tenía el dinero en la mano, a Menma no le quedó otra opción que decirle que lo hiciera, que sería un idiota si no lo hacía al saber que la mayoría de los japoneses preferían las motos más actualizadas. No tendría tanta suerte si rechazaba esa oferta.

―¿Cómo supiste eso? ―preguntó sorprendido pero luego intrigado. No había dado a conocer eso ni siquiera con Hinata.

Hinata jugó por un momento con el estuche circular que tenía el logo de la prestigiosa marca Arai.

―Perdón, probablemente no querías que supiera, y no fue mi intención escuchar, p-pero estaba ahí cuando hablabas con tus padres, algo de que ellos te devolverían el dinero quisieras o no.

―¿Entonces no estabas dormida cuando hablaba con ellos?

―L-Lo estaba, p-pero no te sentí a mi lado, p-pensé que…

―¿Qué me había ido y te dejé sola?

Ella asintió.

Menma le estiró otra vez la mejilla a modo de castigo.

―Eres afortunada de que seas adorable ―musitó sin estar enojado―. No me haría sentir bien torturar a un hámster.

―¿A-Ahora me llamas hámster?

―Tus mejillas me hacen confirmar que lo fuiste en alguna de tus vidas pasadas.

―A-Así como tú fuiste un zorro.

Menma sonrió burlón por el ataque, apretando más las mejillas, escuchando a Hinata quejarse.

―Eso dolió ―dejaba saber al sobarse sus maltratadas mejillas.

―No vuelvas a escuchar conversaciones que no te conciernen o tendré que castigarte ―para enfatizar lo dicho, Menma sacó la lengua, haciendo a Hinata temblar y sonrojarse―. Ahora, ¿qué estabas diciendo?

―A-Arruinaste el momento con tus comentarios…

―Hai, hai. Solo ve al punto.

Hinata aspiró aire para retomar la seriedad, tratando de señalar el sacrificio de Menma como algo noble.

―Yo… E-Espero que te guste, y-y sepas que, a-aunque todos te consideren alguien con cero empatía, gruñón, un introvertido intolerante a las personas, sarcástico, burlón, frío…

―Me quedó claro, Hinata ―cortó la lista de su novia, con un tic en la ceja por escuchar todo eso.

Ella rio.

―A-A lo que me refiero es que, yo siempre reconoceré que eres una buena persona, Menma-kun ―él quiso contradecir aquello pero Hinata no le dejó―. Te guste o no.

―Si querías salir con alguien amable, bueno, estás con el gemelo equivocado ―le hizo saber al reconocer que él no era una buena persona; era alguien egoísta, cruel y que si tuviera las oportunidades para beneficiarse lo haría sin pensarlo dos veces. Su lealtad estaba dirigida a pocas personas y no se dejaba guiar por gestos amables y superficiales.

Siempre estaba a la expectativa de que cualquiera enseñaría los colmillos.

―Uhm ―ella negó, acercándose a él y dejándole entrever la mirada brillosa, honesta y pura que los ojos de Hinata solo podían darle a Menma―. No, estoy con la persona correcta.

Para sellar lo que Hinata dijo, ella le besó de manera corta pero sonora, separándose de él y dejando el estuche en sus manos.

Menma se recuperó para no seguir con cara de idiota, hipnotizado por la belleza divina de esa hada que juraba venía de la Luna y no era propia de la Tierra. Carraspeó para regresar a la realidad con el peso del misterioso regalo de Hinata en sus palmas.

Por la forma esférica no entendió de que podría tratarse, pero notar la mirada animadora de parte de la Hyuga quien le pedía continuar en su exploración él se animó a abrir el zíper, descubriendo una superficie negra con destellos azulados que reflejaron su rostro sorprendido.

Era un casco, y no uno cualquiera sino uno profesional para motociclistas. De la marca Arai, una especializada en el campo de creación de cascos protectores para los competidores en los deportes de motociclismo y automovilismo extremo. Sabía de ésta porque seguía las cuentas oficiales en sus redes sociales y porque era marca nacional. Era consciente que la obtención del casco, y que al ser una marca reconocida, no era tan accesible.

Observó a Hinata como si una segunda cabeza hubiera brotado del cuello de la chica quien solo le correspondió con una sonrisa tímida.

―¿Cómo…? ―pasó saliva al sentir seca la garganta. Si ella lo compró, fue mucho el dinero que tuvo que pagar―. Tú…

―Busca adentro del casco, todavía hay una sorpresa esperando por ti, Menma-kun.

Riendo incrédulo, como si ya eso fuera más que suficiente para casi darle un infarto de la impresión, él hizo lo que Hinata le pidió, volteando el casco y metiendo la mano en el espacio para meter la cabeza. Al principio solo sintió la acolchonada textura pero después de vagar a ciegas usando solo su mano, se topó con algo frío que casi le hizo soltar el casco con el estuche. Escuchó la risilla de Hinata, teniendo que darle una mirada de advertencia por lo nervioso que se sentía.

Al perfilar con sus yemas el desconocido objeto, reconociéndolo como una llave, Menma ahora sí miró seriamente a Hinata.

―No… ―comenzó, sacando su mano y abriendo el puño.

Descansando en su palma una llave resaltó de entre su piel con su metálico brillo y su llavero con el logo de Royal Enfield.

Antes de que pudiera decir algo, el celular de Hinata sonó y ella contestó con seguridad, como si hubiera esperado esa llamada todo el día.

―Hai, Suigetsu-kun.

La mención de ese dientudo le hizo verla con más interés, pero sobre todo curiosidad de que esos dos se hubieran vuelto tan cercanos.

―Uh, ya se la di. En cualquier momento bajamos ―respondía, asintiendo como si el Hozuki se encontrara hablando con ella cara a cara―. Hai, muchas gracias por traerla. Uh, enseguida bajamos. Te agradezco ―cortó la llamada, topándose con la mirada confundida hecha de zafiro por parte de Menma quien fruncía el ceño.

―¿Podrías explicarme por qué Suigetsu te llama y le contestas tan tranquila…? ―preguntó―. ¿Y por qué le das las gracias…?

Hinata suspiró como si estuviera lidiando repentinamente con un niño, pero la sonrisa habitual y dulce de ella regresó, tomando la mano de Menma quien no dejaba de mostrar la misma expresión.

―Los celos los podemos dejar después, Menma-kun.

―No estoy celoso. ¿De quién? ¿Del Sushi Andante?

Ella rodó los ojos y Menma quiso regañarla por adoptar ese gesto de parte suya, más ésta le tomó de la mano, conduciéndolo por la salida de la azotea que los llevaba hacia adentro del complejo departamental.

―¿A dónde vamos…?

―A ver tu regalo final y la explicación de por qué te di todo eso.


.


Durante meses el elevador del edificio no funcionaba y era obvio que la casera no tenía prisas en darle mantenimiento, así como continuar cobrando lo mismo de renta a pesar de las faltas de arreglo en todo el complejo departamental. Tenían que bajar cinco pisos, y ya que el departamento se hallaba en el penúltimo, era un gran ejercicio de cardio, pero una condena cuando él llegaba demasiado cansado de la escuela y trabajo.

Sin embargo la curiosidad, y esa adrenalina llenarlo ante lo que Hinata deseaba mostrarle obligó a Menma a tomar a su novia y colocarla en su espalda, a modo de caballo. Ella soltó un grito de sorpresa por el movimiento sorpresa pero Menma se encargó de ajustarla bien y advertirle que se sostuviera fuerte.

Bajaron todas las escaleras en menos tiempo, con Hinata casi apegándose al Uzumaki menor cuando éste brincaba tres escalones a la vez o probaba suerte al dar un enorme brinco que lo hacía llegar más pronto al siguiente nivel inferior.

Al llegar a la puerta principal del edificio, Menma bajó a Hinata quien estuvo a punto de perder el equilibrio pero él la sostuvo y la mantuvo firme.

―¿Fue demasiado para ti? ―preguntó con una sonrisilla arrogante de ver el estado actual de su novia, quien le acusó silenciosamente.

―C-Creí que caeríamos.

―Nunca dejaría que cayeras ―prometió―. No sola, al menos.

―¿E-Eso qué quiere decir?

―Con gusto te explicaría cada significado de mi vocabulario, pero recuerda que hay algo que me quieres mostrar.

―T-Tienes suerte que seas el cumpleañero, Menma-kun ―le susurró con las mejillas sonrojadas, caminando hacia el frente, tomando la mano del Uzumaki―. Ya me vengaré en mi cumpleaños.

Él sonrió por lo que Hinata dijo. Confiaba en que eso sucedería, o probablemente a ella se le olvidara en menos de dos días por no ser una chica quien guardase rencor. Dudaba siquiera que Hinata pudiera matar a una mosca.

No tuvieron que caminar demasiado porque Suigetsu estaba en el estacionamiento que rodeaba al edificio, jugando con el celular. Hinata le pidió llevar el regalo de Menma hasta ahí; tuvo sus dudas porque el Hozuki no tenía permiso para conducir, aún, pero éste le aseguró que se encargaría de ello de manera legal. Ella no supo cómo tomárselo, solo enfatizó que cuidara bien en el trayecto lo que planeaba darle a Menma.

Suigetsu y ella no eran cercanos. Aun podía recordar sus primeras interacciones con el chico de colmilluda dentadura, y éstas nunca fueron las mejores. Al principio le dio miedo, además de ponerla incómoda por sus insinuaciones o la manera en la que sus ojos se posaban sin tapujo sobre su pecho. Afortunadamente Karin siempre la salvaba al brindarle una paliza al muchacho, generando una pelea. Menma también solía ponerle límites a Suigetsu cuando ella estaba presente, haciéndola sentir como si estuviera cambiando la amistad de todos ellos con su presencia, pero Menma siempre la aseguraba que cuando Suigetsu hiciera algo malo, con toda confianza le dijera a él o a Juugo, quien también se ofreció a darle un golpe al Hozuki.

El tiempo pasó, con ello el cambio de opinión de Suigetsu con respecto a la chica en turno con la cual Menma salía. En vista de que la había visto acompañar al Uzumaki por varias semanas consecutivas, él sintió curiosidad de qué llamaba tanto la atención de la Hyuga a su amigo. Podía levantar el pulgar y decir que la chica era tierna, además de tener un cuerpo de diosa ―esto último lo decía a pesar de ganarse una paliza de parte de Menma por andar diciendo esas verdades abiertamente―; pero al ser tratado con respeto por parte de Hinata ―sin que se comportara violentamente como todas las mujeres con las cuales se había topado en toda su vida― le hizo sentir cierto aprecio a la chica, así como cuidar sus palabras y bromas ofensivas, sobre todo las relacionadas con los pechos. Al menos cuando Hinata estaba en frente.

Los pasos acercarse desviaron la atención del albino quien izó la mirada y sonrió al ver a ese par de tortolitos tomados de la mano. En automático la expresión de Menma cambió al leer perfectamente las intenciones de Suigetsu en divertirse por cómo se comportaba al lado de Hinata. Musitó una amenaza silenciosa en caso de que se le ocurriera hacer algo estúpido.

―Menma, man ―Suigetsu abrió los brazos, caminando hacia el susodicho―. Happy birthday to you, happy birthday to you, dear Men-chan…

―Te dejaré paralitico si das otro paso más ―advirtió gélidamente Menma ante las intenciones del chico quien se detuvo en seco y silbó.

―Qué ingrato eres, Men-chan ―bufó―. Una chica bonita acapara toda tu atención y se te olvida que siempre he estado ahí para apoyarte, incluso en tu plan secreto de conquistar al mundo ―fingió llorar.

A Menma no le afectó el dramatismo de Suigetsu.

―Sí, dejando tus delirios a un lado ―retomo la palabra Menma―, ahora vete.

―¿Eh? ¿Quieres que me vaya? ―preguntó, ofendido―. ¡¿Después de todo el camino que hice hasta aquí?!

Ella intervino para que esa discusión aparentemente dócil no cambiara drásticamente.

―N-No te preocupes, Suigetsu-kun, te pagaré más de lo planeado. Seguramente pasaste por unas cuantas dificultades…

Toda la atención del albino se posó en el rostro de Hinata en cuanto ella soltó la palabra dinero.

Él puso una sonrisa amplia, con los dientes puntiagudos destellar.

―Oh, Hinata-chan ―trotó para acercarse a ella y robarla del agarre de Menma quien endureció más sus ojos zafiro. La abrazó, atrayéndola para así, provocando que Hinata abriera demasiado los ojos―. Eres tan amable ―canturreó con una voz increíblemente dulce e irritable―. Neh, neh, ¿estás segura que quiere seguir siendo la novia de Menma? Yo con gusto me comportaría como tu Príncipe Azul si decidieras quedarte conmigo…

Menma le brindó una patada directamente al trasero de Suigetsu que le hizo soltar a la figurilla de Hinata y sobarse la parte afectada, viendo al Uzumaki menor con una sonrisa entre adolorida y nerviosa por notar el aura amenazante del chico rodearle.

―¡Solo bromeaba, hombre, una bromita nada más…! ―comentaba al dar pasos hacia atrás en busca de marcar una distancia prudente entre las patadas violentas de Menma y su adorado trasero―. Qué delicadito.

―Vete. Ahora.

―Hai, hai ―susurró al saber que eso le salvaría la vida. Miró a Hinata―. Con esto concluyen mis servicios, Conejito-chan ―un guiño coqueto que hizo a Hinata temblar en su sitio, sobre todo cuando Suigetsu sacó la lengua―. Gracias por confiar en el buen Suigetsu. Y ya sabes mi lema: Mientras haya dinero, mi confianza es eterna…

―U-Uh, gracias, Suigetsu-kun. M-Me encargaré de depositarte lo de la gasolina, lo tuyo y…

―Lárgate ―él interrumpió a Hinata para ver a Suigetsu. La patada que le dio no era suficiente para erradicar la irritación que nacía siempre que la cara de ese albino hacía acto de presencia.

―A eso iba ―dijo Suigetsu con una mueca floja, dándose vuelta sobre sus talones y despidiéndose con la mano sin darles la cara―. Qué pasen bonita noche y usen protección.

Por el bien de Suigetsu tuvo que ignorar eso último y detener a su novio quien iría detrás del albino para molerlo a golpes. Suigetsu tenía un talento para esquivar los izquierdazos de Karin y quedar intacto, más con Menma era más complicado.

―N-No te preocupes, Menma-kun, S-Suigetsu-kun es así, ¿no? ―lo llevó al otro lado, justamente hacia donde una figura oculta gracias a la poca iluminación se lograba distinguir.

―¿Para qué llamaste a ese idiota…?

―Porque necesitaba que me hiciera un favor.

―¿Qué favor?

―Traer tu regalo hasta aquí ―viendo que ahora estaba más tranquilo, Hinata volvió a tomarle de la mano―. Ahora ven.

Él no dio objeciones al sentir cómo ella tiraba de su mano para conducirlo un poco lejos del estacionamiento, hasta el otro extremo donde el complejo vecino iniciaba. Con casa paso sentía que el latir de su pecho se aceleraba al poder visualizar mejor la silueta de lo que se veía delante de ellos. No obstante fue hasta que se encontró a escasos centímetros que pudo identificarla.

Una Royal Enfiel. El modelo que siempre quiso.

La observó como si fuera un sueño y no estuviera tan cerca de él. Temía que fuera una cruel broma, y en cuanto le tocara se esfumara. Pero Hinata lo acercó debido a su aturdimiento y colocó una de sus manos sobre la superficie fría de metal que le hizo estremecer de la emoción de sentirla real.

―¿Cómo…? ―soltó sin lograr comprender por qué la motocicleta de sus sueños estaba ahí.

Menma volvió a mirar a Hinata quien parecía estar feliz de ver a su persona favorita tener lo que merecía.

―Debió costarte una fortuna ―expresó.

Sabía que la familia Hyuga era rica por aparecer más de una vez en las portadas de las revistas nacionales en la sección de economía y sociales. Estaba enterado que el padre de su novia era un importante empresario y dueño de una enorme cadena de comercios especializados en distintas áreas debido al enorme grupo de inversiones que manejaba. A pesar de que Hinata no se comportara como una típica niña rica, pasar aquel hecho era imposible a veces. Sin embargo, que ella gastara tanto dinero en darle esos regalos no le pareció correcto; no quería que ella pensara que necesitaba hacerlo.

―No mucho ―contestó Hinata después de un rato de silencio, notando con cierta preocupación la reacción no tan entusiasta de su novio―. ¿A-Acaso no te gusta…?

―Ese no es lo importante aquí ―la moto era genial y era lo que más había querido, pero no se sentía correcto que él la aceptara sin prometerle nada a cambio. O al menos decirle que le devolvería el dinero.

No le había regalado nada a Hinata que lograra compararse con lo que ella le dio esa noche.

―Esta moto no fue barata ―la miró, acercándose a ella, pensando en lo que tuvo que sacrificar para conseguirla―. ¿Dónde conseguiste el dinero…? No, eso ni siquiera me importa. ¿Qué le prometiste a tu padre para poder darme esto?

Hinata no se enfadó por las preguntas de Menma porque ella había intuido que podría hacerle dichas cuestiones. Simplemente le acomodó sus mechones azabaches y subió el zíper de su nueva chaqueta para que así no pasara frío, sonriéndole con dulzura, deseando que con su gesto cualquier preocupación invadir la mente de su novio desapareciera.

―Tengo ahorros, Menma-kun ―confesó―. Mi padre y su dinero es una cosa, pero yo también cuento con el mío ―explicó―. Y no, no le prometí nada a mi padre para lograr hacerte todos estos regales. Todo fue por mi cuenta ―y antes de que él retomara la palabra, Hinata prosiguió―. Y no, no tienes nada que pagarme. Es mi regalo para ti y quiero que lo uses como gustes.

―No me sentiré cómodo recibiendo algo así de caro ―le hizo saber, frunciendo un poco el ceño―. Te lo pagaré, aunque pueda tardarme toda una vida.

Ella suspiró ante la terquedad del Uzumaki.

―No debes hacerlo, y no voy a aceptarlo ―aclaró―. Tampoco quiero que veas esto como un amarre, o algo que te obligue a estar conmigo a partir de ahora. Y-Yo solo quise darte lo que creo que mereces. No hay nada de malo que ayude a mi novio, ¿verdad?

―Primero: estar contigo no es algo por lo cual me sienta obligado ―ahora fue el turno de Menma en dejar claras las cosas, atrayendo a Hinata en un movimiento limpio que la hizo ahogar una exclamación de sorpresa. La cercanía de sus cuerpos le pintó toda la cara de rojo, en especial por la seriedad con la cual Menma le hablaba―. Me gustas mucho. Y puedo decirte toda la lista para que se te quede grabada. Si me regalas cosas o no, no me importa. El dinero de tu familia tampoco. Solo me importas tú. Nadie más ―susurró, tocándole la mejilla con la mano libre―. Y segundo: me ayudas estando aquí, conmigo. Siempre los has hecho. Que no se te olvide.

El hechizo hecho de azul que decoraba sus ojos era imposible de admirar. La seguridad de sus palabras y el tibio agarre que seguía haciendo temblara a todo su cuerpo cuando por primera vez sintió esos brazos rodearle solo afirmaban la promesa que él le decía. Sin mentiras, sin falsedad. Menma no ocultaba sus intenciones y nunca se escondía detrás de caras amables como el resto. Era sincero. Su oscuridad siempre estuvo ahí, acompañándolo sin molestarse en apartarla para convivir con otros; para ganarse a otros.

Le había dejado hurgar en su interior para descubrir más facetas de él, facetas exclusivas que nadie podía observas salvo ella. Y eso le hacía sentir especial. No había sido nunca merecedora de un trato especial como el que Menma le daba. Sentirse protegida, segura y con la completa convicción de que sus sentimientos fueran correspondidos de alguna manera le hacía sentir plena, como si llegar a ese punto valiera la pena.

Con el gozo de poder llamar a alguien como suyo sin el temor de que alguien más lo destruyera.

―Te amo, Menma-kun.

Esas dos poderosas palabras lo dejaron sorprendido a él. Nunca las esperó escuchar pronto, menos de Hinata. No dudaba de sus sentimientos hacia él, ella posiblemente era la más honesta. Y aun así no pudo dejar de apreciarla, con la sonrisa más dulce que jamás le había visto poner, únicamente dedicada a él. El brillo de sus ojos perla con una honestidad envidiable y esa luz propia parecer iluminarla, como si llevara a sus espaldas unas alas invisibles que ocultaban su identidad de creatura divina que cayó por equivocación en esos lares.

Luego sintió los besos cálidos de ella sin que pudiese responder a la confesión, sintiendo una tranquilidad aliviadora en el gesto, el calorcillo invadirlo y esa figura adentrarse al refugio de sus brazos sin poner resistencia. Sin dudar.

Menma no se echó para atrás por más que la sorpresa le hiciera sentir nervios, la idea de quedarse callado por tanto tiempo y el pensamiento de hacer dudar a Hinata de sus propias emociones con respecto a sus palabras las arrancó para llevar sus manos hasta la nuca tierna de ella, enredar sus suaves cabellos entre los dedos y profundizar el beso.

Era una suerte estar en la calle y el departamento lleno de invitados no deseados, porque de lo contrario le hubiera hecho el amor durante toda la noche.


.


Además del ramen que podía consumir sin sentirse aburrido de su delicioso sabor, otra cosa que a Naruto le encantaba hacer era hacerle el amor a Sakura.

En cuando la humedad de ella lo recibió y la escuchó aguantar la respiración al introducirse completamente, los espasmos en su espalda baja le hicieron morderse los labios por lo genial que se sentía estar adentro de ella. Su cuerpo delicado y estético sobresalía de entre las sábanas, haciéndola lucir como la creación más hermosa que los dioses pudieron regalarle.

Al empezar a moverse Naruto quedó enfocado en el rostro de Sakura, el cómo ella apretaba sus labios, enfocada en la unión de sus cuerpos, con el brazo de ella sostenerse de los hombros firmes del rubio quien encima suyo marcaba un ritmo tan delicioso que a Sakura se le dificultaba la tarea de mantenerse lo más silenciosa posible.

Las manos hambrientas de Naruto le apretaron sus senos y eso la hizo soltar un suspiro vacilante por la sensación contra sus erectos pezones sobresalientes de su tersa y blanca piel, como dos pequeños botones rosados que tomaban la apariencia de azucarados caramelos que Naruto no se cansaba de chupar y lamer con gula.

Odiaba que él pudiera hacerla sentir así, tan deseosa de su contacto pero a la vez incapaz de disfrutarlo completamente. Prefería cuando todo acababa rápido, sin necesidad de alargarse. Solo era sexo, un coito que la hacía disipar su mente tan ocupada y dejarse arrastrar por las olas suaves del éxtasis. Por eso movió sus caderas, escuchando la queja de Naruto de que apretaba demasiado, pero no le importó. Lo besó con furia, apretujándolo contra la piel sudorosa que usaba en esos momentos. Las embestidas de Naruto aumentaron y el agarre en su trasero la hizo separarse de él por un momento, para que la lengua de su amante lamiera la parte descubierta de su vulnerable cuello, haciéndola gritar un poco y afianzar su agarre inferior.

Solo hasta ese momento en el que los movimientos de Naruto se sincronizaron con los de Sakura fue que ambos alcanzaron sus respectivos orgasmos, abrazándose celosamente, sin querer dejar escapar al otro, con el deseo de unirse completamente.

Con la respiración tranquila Naruto se sostuvo de sus brazos, viendo con una sonrisa destellante el rostro agotado de Sakura quien simplemente se sonrojó al ver el aspecto varonil del rubio quien lucía más apuesto con el cabello cayéndole en la frente. Éste le dio un beso a su respingada nariz antes de salir completamente de ella, tomando con cuidado el condón para hacerle un nudo y lanzarlo exitosamente al bote de basura al otro extremo de su habitación.

Contento y pleno cayó al lado de su novia, riendo por la euforia del momento.

―Sakura, no quería terminar tan rápido ―se quejó infantilmente con el deseo de querer disfrutar más el cuerpo de la rosada por ese fin de semana―. No debiste apretarme tanto…

―Hay cosas que hacer, Naruto, no podemos quedarnos en tu cuarto todo el día ―explicó Sakura, sentándose de inmediato y buscando entre todo el desorden sus ropas―. ¿Se te olvida que debemos ir a buscar unos buenos disfraces? ―preguntó al agacharse.

Naruto resopló al no poder contradecir aquello; la fiesta a la que Kiba le invitó sonó genial cuando éste le dijo que podía ir y llevar a quien quisiera, pero ahora lo veía como un impedimento para pasar más tiempo con Sakura en la cama.

Y con lo mucho que se esforzó en convencer a Menma de salir ese día para tener el departamento para ellos solos.

―Pero ya tengo una idea…

―No, Naruto, no voy a disfrazarme de eso ―gruñó Sakura a Naruto por considerar seriamente ir vestidos como dos personajes de su anime favorito―. Primero muerta. Iremos a buscar algo más convencional. Punto.

―Ah ―él suspiró, un poco decepcionado―. Bueno, ¿al menos podemos buscar disfraces que combinen…?

―No, tú escoges uno y yo otro. Cada uno irá diferente.

―¡¿Eh?! ―de la sorpresa se sentó―. Pero, Sakura ―otro berrinche que no era propio de un universitario de casi veinte años―, somos pareja. Lo divertido de Halloween son los disfraces combinados. Así no tiene chiste.

Sakura no hizo caso a los berrinches de su novio cuando terminó de abrocharse la blusa, lista para salir de ahí vestida. Pasó por el espejo de Naruto de cuerpo completo, ignorando la ropa interior del chico estar colgada en el borde de ésta para arreglarse el cabello y ponerse un poco de brillo en los labios, viendo la cara de perro regañado de Naruto aun estando en la cama.

―Solo son disfraces, Naruto ―trató de razonar con él para que no se tomara en serio algo tan tonto como ir combinados, tal como esas parejas que salían en TikTok―. Que vayamos o no combinados no nos hace menos novios ―se dio la vuelta, completamente lista―. Ahora vístete ―le lanzó su pantalón―. O no hallaremos nada bueno. Las tiendas se llenan rápido. Y quiero encontrar un buen disfraz. Ino no ha dejado de presumirme que ya encontró el ideal para ella.

―Hai… ―respondió Naruto sin tanto ánimo al comenzar a ponerse sus vaqueros, escuchando a su novia salir de su habitación.

Dejando atrás a Naruto, Sakura recorrió el pasillo hasta llegar a la mini cocina y sacar una botella con agua. La ingirió completamente por lo sedienta que se encontraba. Naruto siempre estaba lleno de energía en todos los sentidos. Era un milagro que vivieran separados o jamás se lo podría quitar de encima.

Iba a cerrar la puerta del refrigerador cuando una mano obstaculizó su intención, tomándola por sorpresa. Pero el brillo en los ojos jade de Sakura se evaporó en cuanto reconoció el rostro de Menma quien se comportara como si ella no estuviera ahí, tomando la botella de la cual bebió y otra nueva. Le vio con el ceño fruncido y un claro enfado en cuanto le vio tirar el envase de agua, aun con líquido, a la basura.

Naruto le había dicho que Menma regresaría hasta entrada la noche. La idea de que el gemelo menor de Naruto hubiera estado presente cuando tuvieron sexo la hizo sentir incómoda y avergonzada. Esperaba que apenas hubiera llegado.

―Todavía tenía agua ―avisó al azabache quien simplemente le dedicó una mirada indiferente que le caló. Aspiró aire para no perder los estribos con las provocaciones de ese tipo―. Te comportas como un mocoso al tirar todo lo que toco. ¿Qué crees que soy? ¿Un animal con rabia?

―¿Quieres que responda con la verdad? ―atacó él.

Sakura apretó los puños para no golpearle.

―Tu problema ―dijo al final, decidiendo alejarse por su bien hasta la sala a seguir arreglándose en lo que Naruto salía.

―Lo es cada que vienes aquí ―respondió Menma al cerrar la puerta del refrigerador, caminando hasta la división de las dos habitaciones, recargándose en la pared y viendo a la Haruno buscar en su bolso―. No quiero correr el riesgo de beber de la misma botella que tú ―hizo una mueca de desprecio―. Menos después de que le diste a Naruto una mamada.

El rostro de Sakura se sonrojó terriblemente por el comentario tan directo y sucio de Menma quien no mostró ganas de corregirse.

―¡¿Q-Qué dijiste?!

Por toda respuesta Menma continuó bebiendo de la botella.

―¿Acaso estuviste escuchando? ―la idea le dio escalofríos―. Eres un maldito pervertido.

―Alto, no saques conclusiones precipitadas, idiota ―masculló Menma con cierta furia de que esa rosada pensara que era tan importante como para que él se dedicase a escucharlos como un degenerado―. Solo tomo mis precauciones. Si el saco te cayó, no es mi culpa ―mencionó con una sonrisa arrogante, saliendo de la vista de Sakura quien deseó tanto tirarle la consola de videojuegos cerca de ella.

―¡En serio, ¿qué vio Hinata-chan en ti?! ¡Eres un cretino!

Menma solo le sacó el dedo del medio antes de retirarse a su habitación.


.


Ino le dijo con la mirada que si se volvía a mover aunque fuera un milímetro le enterraría las brochas en las piernas para mantenerlo en su lugar.

Él sabía por experiencia propia que las amenazas hechas por mujeres no eran falsas, así que se sentó más derecho, sin que las ganas de llorar lo invadieran por sentir todo el polvo que Ino le estaba poniendo.

―¿Por qué tengo que ser un feo zombie? ―masculló sin gustarle la elección de último minuto para él.

―Porque no quisiste comprar nada ―contestó Sakura desde el otro extremo del sofá, ocupada en seguir arreglando las flores artificiales de su cabello que la hacían lucir como la perfecta Afrodita.

Naruto bufó.

―Eso fue porque no había nada genial.

―Sí, eso suele pasar cuando los disfraces están escogidos ―Ino rodaba los ojos ante las quejas del rubio en lo que buscaba hacer lucir muy reales las heridas con la carne podrida en las mejillas de Naruto y que las bolsas debajo de sus ojos fueran muy notorias―. Ahora deja de quejarte.

Naruto hizo caso a lo que Ino decía, y no solo era porque ella daba miedo, sino porque no le serviría de mucho quejarse cuando Sakura estaba hermosamente vestida y él sería un pedazo de carne echado a perder caminante. Le gustaba ver las películas de zombies, pero siempre tenía la opinión de que los zombies eran los monstruos menos aterradores de la cadena de espantos en el cine del terror. Era muy simple el vestuario, si es que podría considerarlo como tal pues solo escogió unas prendas que no usaba demasiado y les había hecho unos cortes para darles la imagen de que estaban desgastadas. Ino era la que se encaraba de completar el resto al maquillarlo y ponerle sangre falsa como si hubiera devorado a varios humanos en el camino.

Podía estar seguro que en el paso de Shibuya habría miles de zombies.

Dio un vistazo a Menma quien era maquillado en completa tranquilidad por Hinata, ambos sentados en las sillas del comedor. Sintió una leve envidia por ver que el disfraz de Menma, pese a que en un principio lo tachó de ser súper simple, ahora lucía mucho más cool que el suyo. ¡Incluso Hinata vestía algo más creativo! Si Shikamaru no iba tampoco como un humano recién convertido en zombie, él sería el más aburrido de todo el grupo.

La joven Hyuga se había presentado delante de su puerta acompañada de Ino y Sakura para arreglarse. La fiesta a la que Kiba le invitó comenzaría hasta las diez, pero querían dar una vuelta por las calles de Tokio para disfrutar de la noche y presumir sus disfraces. Incluso ir a comer algo por ahí.

Consideraron su apartamento el lugar perfecto para prepararse ya que nadie se quejaría del movimiento a comparación de sus respectivos hogares. Ino había elegido vestirse de bruja sexy con tacones altísimos que no dudaba usaba a propósito para llamar la atención de los chicos que asistieran al desfile; Sakura usaba el disfraz de la diosa Afrodita que encontró en una de las tantas tiendas a las que le acompañó, añadiendo su toque especial al ponerse algunas flores artificiales sobre su cabello lacio y rosado, haciendo unos cuantos rizos para realzar la belleza natural de su encanto. Hinata había optado por usar un conjunto tipo Lolita pero de monja gótica, pues llevaba enormes pendientes en forma de cruces invertidas, sombra negra brillante en sus parpados que realzaban sus ojos perlados y los hacían lucir más notorios y labial de la misma tonalidad.

Fue una sorpresa verla con esa nueva apariencia pues estaba acostumbrado a verla usar colores pasteles y ropas que la hacían lucir más pequeña de lo que ya era.

Aunque lo sorprendente era que ella estuviera maquillando a Menma sin que éste se quejara o bufara. Parecía como si ellos estuvieran en su propio mundo.

―¿Le avisaste a todos que nos encontraríamos en la estatua de Hachiko? ―preguntó Sakura a Ino quien soltó un "Hmm", haciendo notoria su concentración―. ¿Todos irán, verdad?

―Casi todos ―respondió Ino―. Ya sabes que a Sasuke-kun le aburren todas estas cosas. Dice que son una pérdida de tiempo.

―Sí, típico del teme ―asintió Naruto, recibiendo un golpe de Ino por haberse movido―. ¡Ya, ya, soy estatua!

―Oh… ―respondió Sakura, bajando el espejo de mano y su labial, quedándose en silencio por un rato. Pero rápidamente se animó―. Bueno, eso es algo que siempre hace ―rio―. Pensé que ésta vez nos acompañaría…

―Siempre dices lo mismo ―comentó Ino, dándole una mirada fugaz a su amiga, queriendo que no fuera demasiado obvia con respecto a la ausencia del Uchiha―. Y Sasuke-kun nunca viene. Entiéndelo, él ya tiene cosas de las cuales ocuparse ―rodó otra vez sus ojos celestes―. Cosas de gente rica.

Sakura carraspeó, recordándole a la rubia que Hinata estaba ahí. Ella rio con nervios y con una sonrisa de disculpa.

―Por supuesto que tú eres completamente diferente, Hinata-chan.

―¿Uh? ―ella detuvo su tarea de maquillar al gemelo menor para verlas―. ¿Dijeron algo?

―¡Nada! ―contestó Ino con una sonrisita traviesa―. Tú sigue maquillando a tu chico ―le guiñó el ojo a la Hyuga que, gracias al maquillaje, su rubor fue más notorio.

―Deja de decir eso o la harás hiperventilar ―gruñó Sakura al ver al otro Uzumaki quien ladeó el rostro para dedicarle la misma mirada llena de fastidio de tener que compartir el mismo aire―. Aunque… Si Hinata-chan le lastima los ojos con las sombras, no sería tan malo.

―Sakura-chan ―se quejó Hinata al ver a su amiga quien sacó la lengua.

―Ten cuidado con ese espejo, Haruno ―Menma no se quedó callado―, no vaya a ser que se rompa de tanto reflejar tu rostro ―mostró una sonrisa cruel―. Sería una pena que toda tu cara quedara desfigurada, ¿no?

―Bien, bien, los dos ―Ino puso orden―, basta con las amenazas y cada quien a sus asuntos ―negó, viéndoles como una madre que no entiende por qué sus dos hijos pelean tanto―. Un masacre protagonizado por ustedes es lo último que necesito. Quiero terminar con el maquillaje de Naruto ya.

Estaba listo para recriminar a Menma por sus atroces comentarios pero Ino fue quien pausó esa pelea, por lo que su intervención fue innecesaria.

―Eh… ―comenzó para hacer desaparecer esa tensión de hielo―, ¿y qué se supone que eres, Menma?

―Algo mejor que tú.

―¿Cómo puedes decir eso cuando no estás vistiendo nada genial? Solo te veo con la misma ropa negra de siempre ―señalaba Naruto con ojos entornados―. Nada fuera lo normal.

―Eso es porque aún no estoy vestido, imbécil.

―¿Cómo que no, Menma? ―ahora fue Ino quien se quejó, viendo al azabache. Le apuntó con la brocha gorda que estaba usando en esos momentos, amenazante―. Gracias a Naruto y a su piel será una suerte llegar antes de que todo se amontone y los taxis aumenten el costo del pasaje. Se supone que todos debemos estar listos ya.

Él chasqueó la lengua sin importarle las quejas de la chica.

―Ese es su problema, yo solo acompañaré a Hinata para que ningún idiota la moleste ―les hizo saber.

―¿No vas a ir a la fiesta de la facultad de Kiba?

―No.

―¿Por qué?

―Porque no quiero ―Menma comenzaba impacientarse de las preguntas de Naruto.

―Pero será divertido. Socializar no te vendría mal.

―Mi tolerancia a la gente se acabó gracias a ti.

―Otra vez me culpas de todos tus defectos… ¿Eso te ayuda a justificarte de que seas tan amargado?

―Será mejor que cierres la boca antes de que te meta todo el maquillaje de Ino.

―No peleen ―insistió Ino un poco irritada de esas peleas; era peor a cuando Naruto y Sasuke discutían.

―Tranquila, Ino ―dijo risueño Naruto, sabiendo muy bien que las amenazas que Menma le lanzaba no siempre se cumplían―. "Perro que ladra no muerde".

Sakura soltó una risita por lo dicho por el rubio, ganándose una mirada llena de furia contenida por parte de Menma; Hinata tuvo que volver a atraer la atención del chico para que no se pusiera de pie y fuera hacia Naruto.

―Acabaré pronto, ¿sí, Menma-kun? ―le habló con suavidad para que esa tormenta de azul dejase de inundar la mirada del gemelo, quien en silencio se dedicó a hacer lo que ella pidió. Le premió con una sonrisa para volver a retomar el maquillaje alrededor de sus ojos.

―Uy, qué bien domado lo tienes, Hinata-chan ―Ino comentó con diversión de ver esa faceta de Menma.

El comentario logró sonrojar a Hinata quien rio con nervios por la afirmación tan segura de la rubia.

―I-Ino-chan, no es nada de eso… S-Solo… ¡¿Uh?!

La exclamación de sorpresa de su parte hizo ganarse la atención de esos tres pares de ojos hacia ella. De pronto el piso desapareció y su trasero ocupó algo más cálido, así como unas manos sostenerla. Para cuando logró ubicarse y dejar que todo diera vueltas, Hinata se halló sentada en el regazo de Menma quien mantenía la misma expresión de siempre, como si tenerla en tal posición no le causara pena, sobre todo estando delante de espectadores.

―¿M-Menma-kun? ―preguntó bastante nerviosa y sintiendo que toda la sangre se le subía a la cabeza―. ¿Q-Qué haces?

―Solo te acomodo para que puedas maquillarme mejor ―respondió como simpleza, sin ver nada extraño.

―Y-Ya veo… P-Pero no tenía problemas de hacerlo tal cómo estaba…

―Te tenías que estirar mucho, así está mejor.

―E-Entiendo… Uhm… ―Hinata volvió a tomar el maquillaje para continuar. El latido de su corazón podía escucharlo con fuerza en sus oídos.

―Hey, no coman frente a los pobres ―regañaba Ino al ver la escena de ese par, después de llevarse una mano a la boca por los cercanos que Menma e Hinata se volvieron―. Guárdense eso para más noche ―luego una mirada enojada a Menma―. Y tú, Menma, cuidadito con esas manos. No quiero que me corrompas a mi inocente y adorable amiga.

―Demasiado tarde ―contestó Menma con orgullo, dándole una sonrisa traviesa a la Yamanaka.

―¡Oh! ―Ino lo entendió completamente y después puso una expresión de absoluta tristeza y pena. Juntó las manos y miró hacia arriba―. Querido Dios, ¿cómo fue posible que hayas dejado que una de las ovejas de tu rebaño haya sido tentada por un demonio de ojos azules?

―¡Ino-chan!

Naruto rio por las ocurrencias de Ino y el grito escandalizado de Hinata quien seguían atrapada en el agarre de Menma sin que éste diese a conocer molestia por las exageraciones de la rubia. Mientras ellos seguían en su juego, él se fijó en Sakura quien se quedó ensimismada, viendo al piso. Tuvo que llamarle para hacerle despertar. Cuando tuvo los ojos jade de Sakura puestos sobre él le sonrió, alzando sus cejas, preguntándole si todo estaba bien, cosa que ella respondió con un sí no muy convincente.

―Tengo que ir al baño ―dijo de la nada.

Él dijo un "Claro, adelante", viéndola pasar. A veces no comprendía el humor de Sakura. En un rato ella le sonreía como si fuera la chica más feliz sobre el planeta, pero después su rostro adoptaba una expresión de la más exasperante irritación; andaba rara. No quería molestarle y asumir que andaba en su período porque las mujeres siempre se ponían sensibles con eso. Y una cosa que su padre le enseñó muy bien era nunca hacer sentir mal a la mujer que amaba haciendo comentarios idiotas con respecto a los malestares femeninos, o corría el riesgo de ser mandado a dormir al sofá por toda una semana.

Naruto quería ser un novio comprensivo, el mejor que pudiera tener Sakura. Decepcionarla no era una opción, y era consciente que no era el chico cool que ella gustosamente hubiera deseado para sí, pero se aseguraba de amarla, respetarla y venerarla como era debido.

Porque para él no existía nadie más perfecto que ella.


.


Las calles principales de todo Tokio estuvieron llenas de espectros salidos de las peores pesadillas que cualquier mente macabra podría crear. Miles de personas vestidas con todo tipo de disfraces paseaban felices, riendo y festejando la noche de Halloween siendo acompañados por sus amigos o pareja. O en grupo. Todos salieron del departamento de Naruto, a excepción de Hinata y Menma quienes se unirían a ellos más tarde pues Menma debía ir a recoger unas cuantas cosas para completar su disfraz. Por supuesto que la interminable queja de reclamos de parte de Ino ante el retraso que el Uzumaki menor generó no se hizo esperar, más Hinata se disculpó repetidas veces y prometió no tardar demasiado.

El viaje en taxi fue incómodo, especialmente por el tráfico que hacía al vehículo viajar peor que un caracol. Ino escribía en su teléfono, seguramente calmando las exigencias de Shikamaru que ya estaban esperándolos. Él viajó con Sakura en la parte de atrás, viendo a todos lados las luces de neón y decoraciones temáticas. Estaba emocionado por la salida y la fiesta, esperando que fuera uno de los mejores eventos que disfrutaría por esa noche.

Llegaron al punto de encuentro después de casi una hora de estar atorados en un mar de autos. Obviamente Kiba se quejó de la espera, diciendo que ellos estaban ahí desde hace dos horas, cosa que Ino le contestó que no era su culpa sino de los gemelos Uzumaki por ser demasiado problemáticos para estar listos. Eso a Shikamaru le causó algo de risa de ver su famosa muletilla ser utilizada por su rubia amiga quien le ordenó quedarse callado y mejor caminar hasta la calle central de Shibuya para disfrutar de paseo.

Shikamaru se mostró aburrido de hacer algo tan tonto como eso pues era una simple caminada sin ningún objetivo salvo cansarse.

―¿De qué se supone que vienes vestido? ―preguntó Naruto en cuanto llegó al lado del Nara, viendo que solo usaba ropas normales.

Él señalo la mejilla ligeramente golpeada.

―Un tipo que perdió su billetera, su trabajo, su auto fue embargado, tiene una deuda que lo hará trabajar por el resto de su vida hasta los 80 años y que una rubia sexy le golpeó por pensar que era un pervertido ―aclaró sin mucho entusiasmo―. Básicamente un tipo sin suerte.

―Es el peor disfraz que he visto ―habló honestamente Naruto, sintiéndose un poco mejor que al menos él usaba algo divertido.

A Shikamaru no le importó mucho la opinión de su amigo y continuó caminando entre toda la multitud con las manos escondidas en los bolsillos.

―Al menos es más original que un simple zombie.

―¡Hey!

Entre más se adentraban más gente se aglomeraba a los alrededores. Varias calles estaban cerradas debido al paseo. Chouji tuvo que ponerse al lado de Ino para que nadie lograra tocarla o pasarse de listo, haciendo que la joven le agradeciera con una sonrisa sincera. Naruto también hizo lo mismo con Sakura, tomando de su mano para jalarla hacia él e impedir que fuera aplastada.

―No quiero que te pierdas ―le dijo cuándo ésta le vio.

Siguieron caminando, escuchando los gritos animados de más personas adelante. Había trabajadores fuera de los comercios en los alrededores regalando dulces y deseando una "Feliz Noche de Brujas" al pasar, e incluso una maid vestida de Neko Girl le guiñó el ojo, haciéndole sonrojar levemente y ganarse un codazo de parte de Sakura que le miró con el ceño fruncido.

―¡No hice nada!

―Te le quedaste viendo como idiota.

―Es que su traje es genial.

―¿Ah, sí?

―¡Pero el tuyo es más genial, Sakura-chan!

Llegaron a un parque un tanto desolado en el cual se permitieron descansar un poco. Tanta gente le hizo sentir demasiado calor a pesar de que fuera otoño. Varios grupos estaban bebiendo algunas bebidas, lo cual le decía que debía estar una máquina expendedora cerca.

―¿Quieres algo de beber, Sakura-chan? ―le preguntó a la rosada que se abanicaba con su mano.

―Agua ―pidió.

―Okay ―hizo una señal como si ella fuera una capitana en la milicia―. En un rato regreso…

―Yo también quiero algo ―Ino interrumpió la salida de Naruto quien bufó.

―No te pregunté a ti.

―Es la regla, tonto. Si te ofreces a traerle algo a la Frentona, lo haces para todos.

―¿Desde cuándo existe esa regla…?

―Ni intentes debatir con esta mujer, Naruto ―aconsejó Shikamaru―, solo haz lo que te dice. Créeme, te ahorrará muchos problemas.

No dudó de la sabiduría de su flojo amigo en cuanto a sus conocimientos con respecto a Ino y accedió a regañadientes a traer más bebidas. Rodeó el pequeño parque, buscando las máquinas expendedoras, teniendo que caminar casi dos cuadras, quejándose de por qué estas no estaban más cercas si Japón era el principal país con las máquinas expendedoras en cualquier esquina. Al visualizarlas trotó para no perder más el tiempo, viendo la bombilla que iluminaba el lugar parpadear.

―Eso es extraño ―musitó. Vio las opciones, contando las monedas que tenía en la mano y eligiendo las bebidas.

Otro parpadeo en la bombilla que hizo a Naruto elevar la mirada hasta la luz rodeada de polillas.

―No hagas caso ―canturreó para calmar esos ligeros nervios que comenzaban a aflorar en su estómago.

Naruto era un tanto supersticioso. Le daba vuelta a los gatos negros ―aparte de que éstos siempre le rasguñaban― y prefería buscar otro camino que no fuera cruzar debajo de una escalera. Y aunque las películas de terror le gustaran, siempre tenía pesadillas o no dejaba de pensar que la montaña de ropa que dejaba en su silla adoptaba la forma de un monstruo de largas garras que quería descuartizarlo.

Rico, rico ramen, con tus tallarines y toppings me haces enloquecer… ―cantaba la canción de Ichiraku Ramen para sacarse cualquier idea relacionada con fantasmas o eventos paranormales, especialmente en ese momento que ni un alma parecía estar a la redonda.

Metió las monedas por la apertura y oprimió su selección, viendo a todos lados tratando de que nada saliera de la oscuridad y lo comiera. Su pie pegaba repetidas veces contra el asfalto, tarareando aun y viendo impaciente que las malditas botellas cayeran.

Nuevamente la luz parpadeó y se quedó a oscuras por unos segundos que a Naruto le hizo sudar por no ver nada. Ni siquiera podía escuchar el ruido de las calles cercanas, era un silencio abrumador en el que solo su corazón desbocado lograba percibir.

―No pasa nada, no pasa nada, no pasa nada ―se repitió con una sonrisa cada vez más aterrada de sentir una mala vibra.

Como si estuviera siendo observado.

La botella cayó y Naruto estuvo a punto de cantar un "Aleluya" cuando una mano pesada se posó en su hombro, generándole un escalofrío que le paralizó el alma.

Como cualquier otro personaje metido en una sangrienta película donde era asesinado por el psicópata que escapaba de un sanatorio mental él giró con lentitud, viendo una figura dibujarse entre la oscuridad que le superaba por casi una cabeza, logrando que un grito quedara atorado.

La luz regresó y él pudo apreciar la enorme cabeza de ese animal salido de una pesadilla. Tenía pelo pero su cara estaba desnuda, piel descubierta que formaba el cráneo de un animal muerto y devorado por los gusanos teñido de negro. El pelaje le cubría los alrededores y dejaba ver dos orejas puntiagudas que se alzaban contra el cielo, pero eran esos ojos rojos quienes le hicieron caso orinarse encima.

―A-Ayuda… ―lograba musitar, sin poder perder el contacto con la rara criatura que ahora lo tenía a su antojo pues las piernas no le respondían―. A-Alguien…

―¡Menma-kun!

El grito en la lejanía desvió la atención del monstruo. Naruto también observó al mismo punto, viendo a Hinata salir trotando de una calle, llegando hacia ellos. Por su respiración se veía que había corrido por un rato, pues las mejillas las llevaba coloreadas por la notable agitación.

―¿Hinata-chan? ―preguntó él sin entender nada, pero aliviado de que hubiera aparecido―. ¡Gracias que apareciste…! ¡Esta cosa iba a comerme…!

―Hm ―un bufido se escuchó de parte de la creatura y no era un gruñido feroz como imaginó que sonaría―. No como porquerías.

―Esa voz… ―entornó los ojos, seguro de saber reconocer ese distintivo tono malhumorado. Abrió los ojos y levantó el dedo acusador―. ¡¿Eres tú, Menma?!

Él se quitó la máscara que le cubría la cabeza, peinando sus mechones desordenados y viendo a Naruto con una sonrisa de burla por verle con esa cara de niño espantado. Amaba el Halloween porque era más fácil asustar a Naruto.

―¿Qué pasa, miedoso? ―continuó divirtiéndose―. ¿Hice que casi te orinaras encima?

―¡Casi me matas de un infarto, desgraciado! ―grito bastante enojado y aliviado a la vez.

Menma mantuvo la sonrisa burlona, soltando una risa seca para alejarse de Naruto, yendo hacia donde su novia le veía con un reclamo a punto de salir de sus labios.

―Dijiste que nada de bromas pesadas a Naruto-kun ―dijo Hinata en cuanto Menma llegó a su lado.

―No fue nada para morirse del susto ―se defendió Menma, jugando con la máscara que hizo―. Eso le pasa por ser un miedoso.

―¡No lo soy!

―Ajá.

Pasado el susto y la certeza que no había ningún monstruo esperando en la oscuridad, Naruto se calmó. No dejaba de ver a Menma cada que podía, haciéndole saber que esa broma la iba a recordar y que se vengaría. Aunque eso no le quitaba la cara de satisfacción al menor quien disfrutaba de la tragedia ajena que protagonizaba el rubio.

Los tres regresaron hasta donde estaba el resto, Hinata ayudándole a Naruto a cargar con las demás bebidas, agradeciéndole de que alguien fuera así de dulce. En cuanto llegaron Ino no tardó en reconocer la cara pálida de Naruto, soltando un bufido.

―¿No me digas que te asustaron?

―¡No lo hicieron! ―respondió, llegando con Sakura y pasándole su bebida.

―Debiste verlo ―habló Menma―, fue demasiado divertido.

―Ah, qué lástima que no estuve ahí.

―¡Oigan, con ustedes dos para que quiero enemigos! ―se quejaba Naruto, apoyándose en el hombro de Sakura para encontrar refugio―. ¡Ni siquiera el teme de Sasuke es así de cruel!

―¿De qué vienes vestido, eh, Menma? ―preguntó Kiba al ver al gemelo menor usando un abrigo largo color negro, pantalones formales pero botas de combate del mismo tono. Los ojos estaban maquillados de negro y traía puestos lentillas de tonalidad roja que le daban la apariencia de tener las pupilas afiladas como cualquier animal―. Estoy seguro que decías que vestirte de hombre lobo era demasiado cliché.

―Un Skinwalker, pulgoso ―remarcó Menma―, aprende las diferencias.

―Hinata-chan ―habló Sakura, sonriéndole a la chica e ignorando la pelea de ese par―. Eres la monja gótica más adorable que he visto en esta noche.

―Gracias, Sakura-chan ―Hinata sonrió, halagada por el cumplido―. Tú luces hermosa como Afrodita.

―¿Y qué hay de mí, Hinata-chan? ―Ino se acercó a ella, con un mohín infantil―. ¿Acaso no luzco bonita?

―C-Claro que sí, Ino-chan. E-Eres la bruja más linda… ―luego sus mejillas se sonrojaron― y s-sexy que he visto.

―¡Hinata-chan, mou, eres un encanto! ―lo decía restregando su mejilla contra la suavecita de Hinata, provocando la risa de la Hyuga.

―¿Por qué cuando una chica dice eso es bien recibido pero si uno de nosotros lo dice no lo es? ―preguntó Kiba, cruzado de brazos.

―Son los privilegios con los que nacen las chicas, Kiba ―dijo Shikamaru y ninguno de los hombres presentes le debatió.


.


Notas


Arai Helmet: es una marca famosa japonesa que diseña y fabrica cascos para motocicletas y automóviles. Fue creada por Hirotake Arai.

Cadillac El Dorado: modelo de auto fabricado en el año 1952 pero cuya saga más famosa fue la diseñada y lanzada al mercado de 1959. Pueden ver imágenes en Google.

Royal Enfield: marca famosa de motocicletas. Tienen modelos clásicos hasta modernos. Pueden buscar el modelo que mencioné en este capítulo como Dark Stealth Black Classic 350. En cuanto la vi me imagine a Menma conducirla porque tiene la pinta de ser un renegado cliché.


Rincón de Zafira


Sé que actualizo muy seguido este fic y eso es porque estoy en un estado eufórico con esta historia. Las ideas siguen frescas y me gusta plasmarlas antes de que el bloqueo venga a mí.

Gracias por los comentarios y sus teorías, me entretengo mucho leyéndolas. Sigan así y quizá logren anotar en el blanco.

Ahora sí, a partir del siguiente capítulo las cosas se pondrán interesantes. Advertidos están.

Se vienen cositas y smut en la siguiente parte.

Una vez más gracias y nos leemos en el próximo capítulo o actualización de alguna de mis otras historias.

PD: No prometo nada pero puede que Era Carmín, Fractura, Memorias Prestadas y Rabbit Hunt vean la luz pronto.