Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Aclaraciones: Esta es una traducción autorizada de la historia "Quest", escrita por SasuNarufan13. Pueden encontrar su perfil e historias originales en Ao3 y Fanfictionnet.
Advertencias: Descripción de sangre y heridas fatales, hombres lobo, violencia, muerte de personajes secundarios, ambiente medieval…
Notas: Este fic es la tercera parte de una serie llamada "El lobo y su sacrificio". Está narrado desde el punto de vista de Sasuke.
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Búsqueda
El otoño apenas ha llegado cuando lo siente: la necesidad de dejar su hogar y encontrar a su compañero.
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El otoño apenas había llegado cuando lo sintió: la necesidad de dejar su hogar y encontrar a su compañero.
Su hermano mayor solo tuvo que mirarlo una vez para saberlo.
—Te vas —declaró, sin siquiera estar sorprendido por ello.
Sasuke asintió, girando sus hombros.
—Sí, debo irme ya.
—Despídete de madre y padre primero —le aconsejó Itachi. —No sabes por cuánto tiempo te ausentarás.
—Lo haré —el lobo menor le prometió y dejó que Itachi lo atrajera hacia así para juntar sus frentes por un momento.
En el segundo que llegó a la madriguera de sus padres, su madre alzó la vista con una mirada conocedora.
—¿Es tiempo? —le preguntó, levantándose del nido y bostezando. Seguro debía haber estado a punto de dormirse, porque no parecía tan alerta como normalmente lo estaba.
—Sí, me iré ahora —confirmó, recorriendo la madriguera con la mirada. —¿Dónde está padre?
—Aquí —el hombre mayor apareció desde uno de los corredores, luciendo un poco más despierto que su compañera. —Cuídate. Trata de mantenerte alejado de los caminos lo más que puedas.
—Eso planeo —Sasuke le aseguró y, luego de recibir unas palmadas en la espalda de parte de padre, se volteó para abrazar a su madre.
Ella estaba sonriendo, sus ojos brillando cuando se alzó de puntillas para rozarle la mejilla con la nariz.
—Buena suerte en encontrar a tu compañero. Estoy segura de quienquiera que elijas, será perfecto. Cuídate.
Sasuke se restregó contra su mejilla como despedida y salió de la madriguera, inclinando la cabeza para saludar a algunos de sus primos que pasaban por ahí.
Llegando al portón, estaba listo para transformarse a su forma animal cuando el compañero de Itachi, Deidara, apareció junto a él. Había escogido su forma más grande hoy, en lugar de su estatura normal como hada. Su piel permanecía brillante, una característica que evidenciaba su verdadera naturaleza sin importar qué forma adoptase.
Deidara lo miró atentamente con una ceja alzada y los brazos cruzados. Hoy se había puesto una túnica púrpura claro, porque solo le permitía a Itachi verlo desnudo y había amenazado con atacar a cualquiera que creyera que podía mirar más de la cuenta. Incluso como lobos, todos sabían que no podrían contra un Hada enfurecida, así que nadie lo molestaba por querer mantenerse vestido.
Aunque no es como si en verdad fueran a hacerlo, incluso sin la amenaza. El respeto era necesario cuando se vivía junto a un gran grupo de personas y cualquiera que fuera considerado irrespetuoso contra alguien se enfrentaría a un castigo o peor, ser excluidos si insistían en molestar a otros.
—No me digas que estabas planeando irte sin decirme adiós, un —Deidara le dijo con reproche, haciendo un puchero con los labios. Sus largos cabellos rubios estaban sujetos en una coleta, con varias gemas pequeñitas trenzadas entre los mechones.
—Creía que nadie podía molestarte antes de que el sol haya alcanzado su punto más alto —remarcó Sasuke, divertido.
—Así que sí recuerdas esa regla cuando te conviene, ¿hm? —dijo Deidara, poco impresionado. —Descansa tranquilo, que si el hermano de mi compañero ha de partir en un largo viaje para encontrar a su compañero, sí prefiero ser advertido de antemano.
—Lo tendré en cuenta para la próxima vez —Sasuke sonrió con ironía.
—Eres una amenaza, un —murmuró Deidara e inclinó la cabeza hacia un lado levemente. —Siento que pasará un tiempo antes de que nos volvamos a ver —sus ojos adquirieron un brillo distante, como un filtro de agua deslizándose sobre ellos.
Luego de todos estos años, Sasuke todavía no estaba seguro de si el Hada era capaz de ver el futuro o no, aunque sus palabras tendían a tener un cierto matiz de verdad en ellas.
—Si eso significa que encontraré a mi compañero, es un precio que estoy dispuesto a pagar —respondió y estiró sus músculos una última vez antes de permitir que la transformación tomara control, quebrando sus huesos y torciéndolos, moldeándolos, hasta convertirlos en su forma de lobo, el pelaje brotando donde su piel desnuda antes había estado, su rostro alargándose, colmillos creciendo y afilándose.
Cayó de pie sobre sus cuatro patas, inhalando el fresco aire del bosque y el aroma dulce que había aprendido a asociar con Deidara.
—Mantente atento a tu seguridad, ya que encontrar a tu compañero no te servirá de mucho si terminas muerto, un —Deidara le advirtió.
Sasuke lo miró con atención, preguntándose otra vez si sus palabras eran algún tipo de premonición, pero cuando notó el leve fruncimiento de las cejas del rubio, decidió que la advertencia venía más de la preocupación que Deidara sentía por él como parte de la manada y no una verdadera visión de lo que ocurriría en el futuro.
—Ya no soy un cachorro, Deidara —le dijo con voz ligera. —Estaré bien. La próxima vez que cruce estas puertas, no estaré solo.
Deidara sonrió, renuentemente.
—Ve con bien —murmuró.
Permaneció observando las puertas en lo que Sasuke partía, dando los primeros pasos que lo llevarían a encontrar a su compañero.
No importaba lo mucho que demorara, encontraría a su pareja. De eso, estaba seguro.
Evitó lo más posible pasar por los caminos más concurridos, ya que no se le apetecía encontrarse con humanos. Recientemente parecían estar expandiendo su territorio más y más, a juzgar por la cantidad de caminos y campos arados que se topó durante su viaje, haciéndolo retraer sus labios con disgusto.
Al ritmo que iban, pronto no habría lugar para que la Madre Naturaleza floreciera, y Sasuke lamentaba la llegada de ese día. Los bosques ya comenzaban a disminuir y hacerse más pequeños, sus árboles siendo talados para contribuir a la avaricia humana.
Esto solo lo hizo estar más seguro de querer evitar los caminos, aunque sí estuvo tentado a atacar alguno como represalia por destruir la naturaleza. Aunque, por supuesto, esto no lo detuvo de robarse una ocasional gallina o incluso una que otra oveja, porque a pesar de todo necesitaba comer y ya de un solo tomar algo de vuelta para retribuir lo que los humanos habían robado.
Su viaje lo llevó a través de espesos bosques, junto a largos y sinuosos ríos y campos vacíos. Le tomó tres semanas dejar la zona montañosa detrás y, con ello, el que había sido su hogar por ya veinte años. Sin embargo, pronto estaría de regreso, de eso estaba seguro. No tenía idea de cuánto tiempo le tomaría volver a ver esas hermosas montañas otra vez, pero sabía que sucedería.
Sentía un tirón en su vientre, uno que lo guiaba a través de los diferentes paisajes hacia su pareja. Itachi le había hablado del Tirón antes y había intentado explicárselo a su confundido hermano menor lo mejor posible. Sobre cómo la sensación de tener un anzuelo enganchado a él iba halándolo por el camino, solo permitiéndole descansar cada cierto tiempo. Un deseo innato que lo guiaría hacia aquella persona que fuera más apropiada para ser su compañero. Ignorarlo sería estúpido y podría llevarte a vagabundear alrededor del país por años sin descanso, tratando de encontrar a aquel que te haría sentir completo.
Solo debes seguir el Tirón y, eventualmente, se te será otorgada la presencia de tu compañero.
Sasuke realmente no le había entendido mucho en aquel tiempo, cuando Itachi trató de explicarle. De hecho, se había sentido algo perturbado ante la imagen mental de un gancho jalándolo de un lado a otro, obligándolo a seguirlo, porque ¿qué pasaría si no quería seguirlo? ¿Qué si no estaba interesado en tener un compañero?
Itachi se había reído, uniendo sus narices con afecto.
—Lo sabrás cuando estés listo —le dijo con bastante seguridad. —Y, cuando estés listo, no querrás otra cosa que encontrar a tu compañero.
Estaría un poco fastidiado por lo sabio que había sonado Itachi en aquel momento, pero terminó teniendo la razón al final. Ahora, contando veinte veranos, estaba concentrado en seguir el Tirón, anticipando el momento en el que descubriría quién era su compañero. No tenía idea de qué esperar. ¿Qué tipo de criatura sería? ¿Sería hombre o mujer? Aunque eso no importaba. Todo lo que tenía que hacer era seguir su instinto y confiar en él.
Confía en el Tirón y serás recompensado; ese fue el pensamiento al que se aferró y que lo llevó a continuar, alejándose cada vez más y más de su madriguera.
Nunca se quedaba mucho tiempo en el mismo lugar. Ninguno de los sitios por los que había pasado se sentía correcto, así que solo se quedaba algunas horas ahí, aprovechando para descansar y comer un poco. Luego, continuaba su marcha, vagando entre los espesos bosques y observando el otoño lentamente dar paso al invierno.
La nieve y los bruscos vientos lo hacían mantenerse en su forma de lobo; su pelaje protegiéndolo del pesado clima. Ya llevaba dos meses sin cambiar a su otra forma, ya que le resultaba más fácil viajar en cuatro patas en lugar de dos piernas. Esta no era la primera vez que pasaba tanto tiempo en su forma animal, aunque allá en la madriguera lo normal era cambiar de una forma a otra, prefiriendo alguna de ellas dependiendo de lo que se sintiera más cómodo en ese momento.
Viajar como lobo a través del bosque invernal era definitivamente más fácil que intentar hacer el viaje en forma humana, y más rápido también. Entre más rápido pudiera continuar su camino, más pronto encontraría a su compañero.
Eso era lo que motivaba a avanzar en estos días, esta necesidad instintiva de encontrar a su pareja, descubrir quién era la persona más apropiada para él. A veces, durante la noche, se acostaba hecho bolita en las raíces de algún árbol, escuchando el viento silbar sobre él, preguntándose si su primer encuentro sería tan tranquilo como lo había sido el de Itachi con Deidara. Como alguien que pertenecía al Otro Mundo, Deidara no había estado nada sorprendido cuando Itachi apareció en su forma de lobo y simplemente le había preguntado por qué había tardado tanto.
¿Su compañero sería también alguien del Otro Mundo? Solo el tiempo lo diría.
Llevaba viajando cinco meses cuando la primavera comenzó cautelosamente a hacer presencia en el país. La nieve comenzó a derretirse y las primeras aves de primavera llenaron el fresco aire con sus canciones, deseosas de darle la bienvenida al cálido clima.
Tuvo que escabullirse alrededor de unas aldeas por varios días seguidos, el área abierta provocándole algo de ansiedad, queriendo encontrar la cubierta de los árboles lo más pronto posible.
Cuando al fin encontró un nuevo bosque, se dio cuenta inmediatamente de lo diferente que este se sentía más acogedor y menos opresivo que los anteriores. Era una observación extraña, considerando lo cerca que se encontraba de una aldea, y aun así, Sasuke se encontró a sí mismo disminuyendo la velocidad e inhalando el fresco aire primaveral, entreteniéndose entre los árboles y arbustos en lugar de corriendo a través de ellos.
Tomó agua de un pequeño arroyo, disfrutando de la frescura de esta, y luego continuó; sus orejas agitándose en diferentes direcciones, listas a reconocer hasta el más minúsculo de los sonidos, pero en general se sentía bastante relajado por primera vez en meses. Por alguna razón, este bosque le daba una sensación de… de estar en el lugar correcto, casi como un hogar, así que se encontró a sí mismo reacio a marcharse y continuar su viaje.
Así que no lo hizo.
En lugar de eso, merodeó por los alrededores hasta descubrir un sistema de cuevas muy en lo profundo del bosque, con muchos túneles, de los cuales un par se unían formando una gran caverna. Había un hueco en el techo, tan alto que apenas era visible, y pensó distraídamente que este sería un buen lugar para crear una fogata sin que el humo llegara a ser un problema. Aunque no era como si él necesitara un fuego cuando su pelaje lo mantenía lo suficientemente abrigado, pero fue un descubrimiento interesante.
Decidió que esta cueva sería su hogar temporal, queriendo descubrir qué era exactamente lo que tenía este bosque que lo atraía tanto, y cuando salió a cazar para comer, utilizó las pieles de sus presas para crear un nido improvisado. No olía tan cómodo como su verdadero nido en su madriguera, pero tendría que conformarse.
La cueva le ofrecía un buen punto para esconderse donde podría dormir sin ser perturbado, además de que había muchas presas en los alrededores, junto a dos arroyos que se encontraban cerca. La comida y el agua no le faltarían, lo que hacía su estadía más fácil.
Notó desde el inicio que los humanos de la aldea cercana se adentraban relativamente profundo dentro del bosque para cazar. No le importaba demasiado y los dejaba estar siempre y cuando no lo molestaran. Parecía como si hubieran hecho un acuerdo mutuo, ya que ellos también lo dejaban en paz cuando lograban atisbar su presencia, lo que no era muy a menudo considerando que Sasuke se aseguraba de mantenerse fuera de su vista siempre que los escuchaba.
Fue una tarde cuando estaba intentando distinguir un aroma particularmente elusivo cuando los humanos decidieron romper el status quo.
Se arrastró debajo de unos arbustos, manteniendo la nariz en el aire para tratar de averiguar de dónde provenía esa extraña esencia picante que se había estado burlando de él por ya casi una hora. Era muy leve, casi imperceptible, pero lo suficientemente fuerte para atraerlo y hacerlo salir de la cueva en un intento de encontrar su origen.
Ese aroma estaba frustrándolo con lo elusivo que era, llevándolo cada vez más lejos de la cueva de lo que había estado antes. No era el olor de una presa, al menos de eso estaba seguro, pero le estaba costando trabajo decidir qué era exactamente.
El sonido de unos humanos cerca –tres, hombres, algo grandes tomando en cuenta la cantidad de ruido que hacían al caminar– lo hizo detenerse y mantenerse pegado al suelo. Podía verlos caminar alrededor por entre las ramas del arbusto, dando vueltas de un lado a otro con una especie de hacha en las manos. ¿Estarían aquí para cortar madera?
—¿Creen que tenemos madera suficiente? —uno de ellos preguntó, y parecía ser el menor de todos con apenas una que otra cana aún.
—Yo digo que sí —el segundo, ya algo calvo, respondió, meciendo el hacha sobre su hombro. —No es como si todavía tuviéramos que prepararnos para el invierno.
—Ajá, es cierto —el último contestó. Este tenía una enorme barriga, como si se la hubiera pasado comiendo más de la cuenta durante toda su vida. —Entonces podemos regresar.
—Tú regresa, yo voy a dar una vuelta por aquí un rato más. Mi tobillo torcido al fin se curó y necesito caminar un poco luego de pasar tanto tiempo encerrado en casa —dijo el primero, agitando una mano en el aire, a lo que los otros simplemente se encogieron de hombros y se dispusieron a marcharse.
Sasuke se quedó escondido bajo el arbusto, observando con ojos entrecerrados cómo el humano inspeccionaba sus alrededores con atención, como si estuviera buscando algo.
—Creí verlo por aquí en alguna parte —murmuró el humano, meciendo su hacha de adelante hacia atrás.
Lentamente, en silencio, Sasuke comenzó a arrastrarse hacia atrás. No estaba interesado en quedarse aquí más tiempo ahora que ese aroma misterioso se había disipado completamente. Regresaría a la cueva y terminaría de comerse el venado que había cazado esa mañana.
—¡Te tengo!
De repente, un hacha se enterró en el suelo justo frente a su hocico, haciéndolo gruñir en advertencia y, cuando alzó sus afilados ojos, se encontró con la triunfante mirada del humano, quien tomó su hacha para volver a atacar.
Sasuke rugió y le mostró los colmillos, dándole una última advertencia. El idiota solo se rio, aparentemente emocionado por lo que creía sería una gran cacería, y alzó el hacha en el aire.
Esa estúpida sonrisa estaba todavía en su rostro cuando Sasuke saltó y enterró sus dientes alrededor de su cuello, arrancándole la piel sin piedad. Sangre se derramó en el aire formando mórbida catarata y el hacha cayó cuando el humano se sujetó el cuello con ambas manos en un vano intento por detener el derrame. Como si todavía tuviera oportunidad de hacerlo.
El humano se tambaleó hacia atrás, pero Sasuke simplemente saltó otra vez y utilizó su peso para golpearlo contra el suelo, rasgando su pecho y aprovechando lo afilado de sus dientes para morder a través de la piel y los músculos, arrancándolos como si fueran papel. El humano soltó un sonido ahogado, sus ojos llenos de terror, pero el sonido de costillas resquebrajándose y separándose era más fuerte, ahogando hasta el cantar de las aves.
Sasuke se marchó en cuanto notó que el humano estaba muerto, dejando su destrozado cadáver atrás junto con la ahora inútil hacha a un lado. Déjenlo ser una advertencia para cualquier otro humano que fuera lo suficientemente tonto para intentar atacarlo.
Y tontos resultaron ser, porque luego del primero, se encontró con varios otros, todos con la intención de atacarlo. Parecían considerarlo una especie de trofeo, deseosos de matarlo y despellejarlo para conseguir su pelaje.
Eran unos idiotas, todos ellos, demasiado deseosos de atacar, dejándole grandes espacios abiertos para tomar la ventaja. Humano tras humano fueron desmembrados, rasgados hasta sus entrañas, despedazados hasta que morían desangrados, y Sasuke se iba fastidiando cada vez más al mismo tiempo que intentaba descubrir por qué demonios seguía quedándose en este bosque.
Pero seguía reacio a marcharse, incluso a pesar de los ataques de los humanos, y continuó recordándose a sí mismo que necesitaba confiar en el Tirón. Seguro debía de haber una razón que lo había llevado hasta este bosque, así que estaba decidido a quedarse, deshaciéndose de los malditos humanos cada vez que se volvían demasiado valientes.
Ya debía de haber matado a unos seis o siete de ellos para cuando uno fue lo suficientemente inteligente para no atacarlo. El humano era un hombre otra vez, y estaba temblando como una hoja en plena tormenta de otoño, luciendo tan pálido que parecía a punto de perder el conocimiento en cualquier segundo.
Sasuke lo miró con frialdad.
—Vete y nunca regreses —le gruñó, restregando los dientes.
Si fuera posible, eso solo consiguió que el hombre temblara con más violencia mientras chillaba: —¡¿P-Puedes ha-hablar?!
—Sí, y puedo hacer mucho más si tu villa no deja de intentar lastimarme —replicó Sasuke, alzándose hasta alcanzar su altura completa. Su labio superior se curvó hacia arriba con burla cuando el inequívoco olor a orina llenó el aire entre ellos. El humano había perdido el control de su vejiga por el miedo.
Patético.
—Y-Yo… ¿Q-Qué qui-quie-res? —el humano tartamudeó, sus ojos marrones llenos de terror.
Sasuke sonrió oscuramente, su diversión aumentando cuando olió lo aterrorizado que se encontraba el humano.
—A que te encantaría saberlo, ¿no? —gruñó y se dio la vuelta, caminando de regreso a su cueva, dejando al humano solo para que se desmayara o regresara a su pueblo.
No le importaba.
Casi se había olvidado de su encuentro con el humano, ya que al final había sido poco interesante, cuando una voz humana lo llamó la siguiente mañana, la voz profunda y firme a pesar de la tensión que se podía detectar en ella.
Intrigado contra su voluntad, se levantó, estiró las patas, y recorrió los túneles para encontrarse con el humano lo suficientemente valiente –o estúpido– para enfrentarlo en su propia madriguera.
Era un hombre de cabello plateado quien lo recibió, vestido en una especie de uniforme. Había una daga atada a su cadera, pero su mano no estaba cerca de ella. Se estudiaron cuidadosamente el uno al otro por un momento y Sasuke no vio la necesidad de disimular su tamaño, parándose sobre sus patas traseras. Sabía que su silueta era intimidante y esta vez no fue la excepción, incluso si el humano ni siquiera se movió, no podía ocultar el olor a nervios que comenzó a exudar en el instante que Sasuke se había alzado a su estatura completa.
—¿Qué quieres? —Sasuke preguntó en voz baja, estrechando los ojos. Si este humano creía que podía enfrentarlo, estaba muy equivocado. Un muerto más no hacía la diferencia para él.
—Soy un mensajero enviado por la aldea de Konoha. He sido enviado aquí para preguntar cuáles son tus demandas —dijo el humano, manteniéndose quieto.
—¿Mis demandas? —repitió Sasuke. Oh, esto al fin se estaba volviendo interesante.
—Sí, tus demandas. ¿Qué quieres a cambio de dejar de matar a la gente de mi aldea?
A Sasuke le cosquilleaba la lengua por decir que solo había comenzado a matarlos porque no lo dejaban en paz, pero, como dice el dicho, a caballo regalado no se le ve el colmillo. Si estaban dispuestos a darle lo que fuera que quisiera a cambio de dejarlos con vida, ¿quién era él para despreciarlos? No perdía nada con ver qué tan lejos estaban dispuestos a llegar para mantenerlo apaciguado.
No había necesidad de informarles que no pensaba quedarse aquí permanentemente tampoco, eso era asunto suyo solamente.
Sin embargo, no había nada que se le ocurriera en ese momento que realmente quisiera tener –a excepción de su compañero, pero los aldeanos no le serían ni de la más mínima ayuda con ese asunto y definitivamente no había manera en que fuera a divulgar información tan sensible sobre él mismo.
A pesar de eso, tenía curiosidad, así que respondió: –Denme un sacrificio de su elección. De ser lo suficientemente adecuado, dejaré de matar a tu gente a menos que sea en defensa propia.
El aroma estaba de regreso.
Sus ojos se abrieron de golpe en el segundo que el atrayente aroma le llegó a sus fosas nasales y se levantó de un salto con un gruñido, sintiendo cómo cada célula de su cuerpo vibraba, urgiéndole para que saliera de la madriguera allá afuera, ¡allá, donde se encontraba ese aroma!
Se apresuró por los túneles más rápido de lo que antes lo había hecho y apenas se percató de los pasos en retirada de dos humanos, quienes parecían estar huyendo de su madriguera, su miedo apestando el aire. El día estaba apenas comenzando, notó ausentemente, el sol todavía sin tener el suficiente tiempo para calentar el mundo, pero no le importaba.
Toda su atención fue capturada por la silueta inmóvil recostada en el suelo, a tan solo unos pies de distancia de la entrada de la cueva. Y ahí estaba, el aroma. Picante como los pimientos especiales que Deidara a veces traía de sus viajes a su Mundo, cálido como el fuego durante los fríos inviernos, fresco como la fría agua fluyendo en los arroyos. Había toques de cítrico, de miel y manzana, de rosas y lilas, todo envuelto en un aroma más profundo y subyacente, uno que le gritaba hogar y familia y –
Compañero.
Estuvo junto al inconsciente humano antes de que pudiera parpadear, olfateándolo urgentemente. ¡Sí, el aroma definitivamente provenía de él! Aquí, su compañero estaba finalmente: su cabello tan dorado como el brillante sol de verano, su piel lisa y suave, su boca coloreada como si hubiera besado una rosa. Vestía únicamente con una fina camiseta y unos pantalones igual de finos, sus pies descalzos por alguna razón, y parecía ser bastante joven, aunque no podía decir qué tanto exactamente. Si tuviera que adivinar, estimaría que el chico humano —porque definitivamente era un chico, la ausencia de senos y la presencia de una vaga línea del bulto en sus pantalones lo confirmaba— podría estar entre los dieciséis y dieciocho años, pero no mucho más de eso.
Pero todo eso no importaba.
Lo que importaba era que su búsqueda al fin había terminado. Lo que importaba es que, luego de viajar por seis meses, finalmente había encontrado a su compañero. Lo que importaba es que el Tirón no lo había defraudado y que había hecho bien en seguirlo.
Sus huesos se transformaron y quebraron y deformaron por primera vez en seis meses, sus colmillos retrayéndose hasta tener el tamaño de dientes humanos. Su pelaje también se retrajo, deslizándose de regreso bajo pálida piel, y sus garras regresaron a ser uñas humanas. Parpadeó y consideró su forma humana por un momento, estirando sus dedos de las manos y pies, musitando un "hum…" cuando el viento primaveral de la mañana le acarició la piel desnuda.
Entonces se inclinó y recogió al chico, su compañero, y sonrió, frotando su nariz contra la sien de su compañero.
—Supongo que los humanos no son tan idiotas después de todo —murmuró y lo cargó dentro de la cueva, a su madriguera.
No podía esperar a que su encantador compañero despertara para conocerlo mejor.
Su búsqueda al fin había terminado.
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N/T: Me tomó una eternidad, pero aquí está la siguiente parte de "El Sacrificio" y "El Sacrificado". Si no las han leído, pueden encontrarlas en mi perfil :)
