Capítulo 4
–Sabes, pensé que con el paso de los años nos pareceríamos menos, pero creo haber errado ampliamente –Harry sonrió ante las palabras de su hermano. Charles se mostraba bastante feliz de verlo y extrañamente, no guardaba ninguna actitud agria o egocéntrica desde que se habían saludado en el desayuno. La guerra lo había cambiado y demasiado. Aunque su buen humor, tan parecido al de su padre, seguía allí.
–Pues, somos gemelos, ¿qué esperabas? –Charles lanzó una carcajada.
–Bueno, no hemos tenido las vivencias…–su mirada se ensombreció y Harry cambió el tema rápidamente.
–¿Y bien? ¿Qué has pensado acerca de Voldemort? ¿Tienes algún plan para enfrentarlo? –Charles lo miró unos segundos y dudó en responderle.
–Bueno… en realidad, tengo muchas conjeturas de cómo puedo derrotarlo, pero siempre aparecen nuevas esencias de magia oscura de las que no existe registro en donde ha habido ataques. Ni siquiera Dumbledore ha podido dar alguna idea de cómo es posible derrotarlo… –Harry se sorprendió, su hermano en un pasado jamás le habría confiado algo así y meditó acerca de la gravedad del asunto. Se necesitaba ayuda de todo tipo para derrotar al Señor Oscuro. Iba a responderle, cuando se vio interrumpido por Lucy.
–Oh, vaya, con que tú eres el hermano gemelo de Harry… –ella había entrado a la cocina sin hacer ruido, sonriendo ampliamente, mostrando gran parte de su dentadura. Charles la miró detenidamente por unos segundos.
–Así es ¿y tú eres? –él le devolvió la sonrisa.
–Ella es Lucy Jacobs, mi novia. Lucy, mi hermano, Charles.
–Un placer –él le extendió la mano.
–El placer es mío –se saludaron rápidamente y ella se sentó junto a Harry, frente a Charles.
–La verdad que esto de los gemelos se me hace muy interesante… es decir, ¡es genial tener a alguien parecido a ti! –los ojos de Lucy brillaban e iban entre ambos hermanos.
–Aunque seamos gemelos, yo soy mucho más guapo que Harry –rio Charles y Lucy le siguió.
–Más pequeño, querrás decir –esta vez fue el otro hermano quien se burló, mientras Charles le daba una mirada asesina.
El resto de la mañana, Harry aprovechó de desayunar junto a su familia y por momentos, imaginar que no existía una guerra horripilante a las afueras. Soñó, por momentos, que él y Charles siempre habían sido grandes hermanos y que la relación con su padre jamás fue tensa y extraña. Que Sirius lo apreciaba a pesar de las diferencias y que Remus y su madre, siempre estarían allí para él. Lo que no sabía el joven Potter, es que siempre había sido así, pero las circunstancias jamás habían brindado la oportunidad a los demás para demostrarlo.
…
Revisaba uno de los mensajes que había recibido por la mañana de parte de los contactos que tenía en África y contabilizó la cantidad de personas que estabas listas para partir a la guerra que estaba desarrollándose. Solamente un país estaba pensando ir o no a Inglaterra para poder combatir a los seguidores de Voldemort y era que, en las últimas semanas, estos habían estado no solamente atacando lugares donde vivían magos, sino que también lo hacían en las partes muggles. La gente estaba aterrorizada, tanto así que en el centro de Londres o en los lugares más concurridos ya casi no se veían personas y si las había, era para comprar víveres. Para los no magos eran al parecer peor, sus mentes habían sido modificadas para que creyeran que los altercados donde grandes cantidades de humanos morían tenían relación con ataques terroristas. Todo con tal de proteger al mundo mágico.
Lucy se encontraba junto con su madre en la cocina y Harry prefería sentirse útil teniendo su mente ocupada en asuntos como esos; en los últimos dos años sus niveles mágicos se habían descontrolado, como cuando era un niño, y tenía una capacidad innata para aprender nuevos hechizos.
Se detuvo unos segundos y miró por la ventana de su habitación. Siempre le había gustado la vista que daba desde su escritorio hasta el patio de la mansión Potter. Aprovechó de admirarla con detenimiento; había ciertos detalles que ya no estaban en su cabeza… dos años lejos de casa le habían pasado la cuenta. Seguramente en dos semanas más, cuando comenzaran a llegar los miembros pertenecientes al Ejercito del Fénix tendría que trasladarse al castillo de su familia para acompañar a los integrantes y que estos al verle, se dieran cuenta de que era importante que estuvieran allí. De todas maneras, él los había contactado a todos en su viaje y confiarían más en él que en cualquier otra persona. Aspiró hondo y cerró los ojos, estaba realmente cansado… desde que había emprendido el viaje hace casi dos años no recordaba haber descansado correctamente. Volvió a abrir sus ojos y siguió con el trabajo de abrir todas las cartas que aún sobraban para ver la respuesta de los magos que se encontraban repartidos por todo el mundo.
A eso de las dos de la tarde sintió su barriga rugir y se extrañó al no haber recibido el llamado típico de un almuerzo familiar. Seguro se habían retrasado por algún motivo. Y como si hubiera sido por arte de magia, Lucy apareció para decirle que estaba todo servido.
La comida estaba deliciosa, su madre se había lucido con la cantidad de platillos preparados. Aunque de igual forma noto la mano de Lucy en el pollo; tenía demasiado orégano para ser algo cien porciento elaborado por Lily Potter. Cuando sirvieron el postre, el estómago se le cerró y pensó en rechazar el plato con pastel de melaza que su novia le ofrecía. Recordó a Ginny.
–Bueno, como está toda nuestra familia reunida era imposible no preparan el platillo favorito de los hombres de la casa –Lily sonreía sinceramente, mientras Lucy miraba intensamente lo que le habían servido.
–¿Pastel de melaza? –su novia lo miró.
–Así es, querida. Tanto James como los gemelos adoran este postre –Lily le sonrió a nuera intensamente.
–Cariño, jamás lo mencionaste –ella lo miró otra vez, pero con pena en sus ojos. Harry detuvo su tenedor a mitad de camino y lo volvió a dejar sobre el plato.
–Lo que sucede, mi amor, es que jamás encontré un lugar donde vendieran algo tan delicioso como el pastel que hace mi mamá –o el que ella me hacía.
–Ah… Harry tiene razón, señora Potter. No había probado algo tan delicioso.
–Gracias, querida. Después de te doy algunos secretos para que te quede así –ella le sonrió.
Cuando se estaban todos levantando de la mesa y dirigiéndose a realizar sus tareas, Lucy le informó que iría arriba a tomar una ducha. Además, aprovecharía de mandarle un mensaje a sus padres, para que supieran que se encontraba bien. Harry pensó en subir y seguir con su trabajo o quizás, tomar una siesta… ambas cosas le resultaban tentadoras, pero se vio interrumpido por la voz de su madre.
–Harry, cariño, quédate unos segundos… necesito hablar contigo.
–¿Qué sucede? –le respondió cuando se vieron solos en la cocina.
–Me preguntaba cuando pensabas ir a ver a Ginny Weasley –con un movimiento de su varita, hizo que la loza comenzara a lavarse sola. Lo miró a los ojos luego de ello.
–Pues, en realidad… –dudó y evitó su mirada. –no pensaba ir a verla. Después de que acabe la guerra me iré con Lucy y no creo volver…–lo interrumpió una sonora bofetada que le dio su madre. Solamente había una persona que había hecho eso con anterioridad y era justo de quien hablaban en ese momento.
–No seas cobarde… enfréntala, ella tiene algo muy importante que decirte… Si no lo fuera, no insistiría tanto en ello –Harry nunca la había visto tan seria, bueno… quizás cuando le contó que se marcharía en busca de aliados.
–Quizás no lo recuerdes, madre, pero mi virtud más importante no es la valentía… no fui Gryffindor como todos lo esperaban de mi…
–No digas eso… yo te amo, igual que todos… por sobre todas las cosas…eres mi hijo, con ello basta –lo frenó. –Y, además, eres muy valiente… y si te niegas, haré que ella venga aquí… aunque resulten un poco más de problemas.
–Pero ¿qué es lo tan importante que me debe contar? Adelántame algo... –Maldita sea, pensó, de verdad se moría por verla y saber de ella. Quería sentirla de todas las maneras posibles.
–No puedo. No me concierne... –seguía con esa mirada escrutadora que Harry le daban ganas de gritar.
–Está bien… quizás vaya mañana temprano o quizás la próxima semana. Tengo que hacerme un tiempo… debo ver algunas cosas de la guerra, estoy ocupado –se sintió cobarde. Aún seguía un tanto dolido por el compromiso que se convirtió en nada. Pensó en que, si Ginevra no hubiese sido raptada, quizás ella y su hermano ya estarían casados y con un hijo acuestas. Se le endureció el rostro.
–Ve ahora mismo. Recibí un mensaje de ella por la mañana. Ya te está esperando.
–¿Qué? ¿Pero cómo…? –se quedó estupefacto.
–Así es –su madre le sonrió con suficiencia y por dentro sintió fuego arder en su vientre. Merlín, si que la extrañaba.
…
El viaje a la casa de seguridad donde Ginevra se encontraba a Harry le pareció interminable. Inclusive, cuando se despidió de su madre pensó en retractarse y no hablar con ella, pero las ganas de verla y, de igual forma, la curiosidad de saber qué era lo que ella tenía para contarle, pudieron más con él.
El lugar se encontraba cerca de la playa, era una casa pequeña que Harry le recordó a las cabañas donde solían vivir algunos ermitaños que había conocido en su viaje. El terreno parecía estar abandonado, pero cuando logró traspasar el circulo de protección, se dio cuenta de que era una ilusión. Seguía siendo una pequeña cabaña, pero de abandonada no tenía nada. Pequeños móviles se encontraban en el patio y al mecerse con el viento, quebraban el sonido de las olas.
Se detuvo afuera y miró el lugar. ¿Qué diría exactamente? Se supone que él y Ginevra jamás habían sido amigos, entonces su visita resultaría extraña para el hermano mayor de la pelirroja. Ideó algo en su cabeza y tocó la puerta. Después de unos minutos, esta se abrió y logró ver a una mujer bellísima de cabello rubio, era Fleur, la mujer de Bill y cuñada de Ginny. Ella le sonrió y lo dejó pasar. Por dentro, la cabaña representaba una típica casa de playa.
–¿Ha sucedido algo?¿A que debemos tu visita? –era Bill quien hablaba. Se notaba preocupado.
–Bill, querido, es de mala educación no saludar –lo reprendió. –Bienvenido, Harry –El joven notó que el tono francés de la joven mujer había casi desaparecido.
–Hola a ambos. No ha sucedido nada grave… he venido a hablar con tu hermana Ginevra.
–¿Con Ginny? ¿Y de qué? –Bill parecía alterado. El joven Potter se preguntó donde rayos estaría la joven.
–Acepté hablar con Harry acerca de mi tiempo con los mortífagos…él es quien busca aliados y desea saber si existe algún traidor entre nuestras filas… –Harry se quedó sin aire. Ahí estaba ella… simplemente perfecta. Intentó guardar la compostura, pero las ganas de besarla al frente del matrimonio le estaba ganando. Extrañamente, una quemadura que había ganado hace casi un año y que se encontraba en su pecho, le ardía.
La joven Weasley estaba un poco más alta, su cabello lo llevaba suelto, más largo que antes, su rostro mostraba madurez, pero seguía siendo tan bello como lo hacía antiguamente. Era como estar frente a un hada o, mejor dicho, a una Diosa. Lo único que no complementaba a su ser, eran los ojos, cansados y muy tristes. Prometió para sus adentros, matar a todos los mortífagos posibles. Merlín, seguía amándola igual que siempre. Lucy estaba completamente olvidada.
–Ginny, si no te sientes preparada… no lo hagas. Potter entenderá –Bill se mostraba perturbado.
–Tranquilo, Bill, estoy bien. Me gusta ser útil. ¿Dónde deseas que hablemos, Harry? –ella lo miraba intensamente, cosa que no pasó desapercibida por Fleur, y él intentaba no terminar sobre ella besándola profundamente.
–Donde tú te sientas más cómoda –su voz sonó un poco ronca y ella le sonrió.
–Ven, hablemos en mi habitación. Tengo un escritorio si deseas escribir –Bill quería rechistar, pero ella comenzó a andar y Harry la siguió y observó como el cuerpo de la joven había cambiado. Ahora era toda una mujer.
La joven cerró la puerta cuando él entró a la pieza y con su varita conjuró el hechizo silenciador. Harry le dirigió una mirada a la habitación: era pequeña, con una cama de plaza y un escritorio chico al frente de ella. La ventana se encontraba abierta y dejaba entrar el aire marino. Cuando se detuvo y volvió a observar el escritorio, se dio cuenta de que estaba repleto de hojas sueltas donde se destacaba la letra fina y bien trabajada de la joven.
–Te adelanté el trabajo y anoté los nombres de algunos mortífagos que logré escuchar. Hice algunas descripciones… espero que te sirvan –le dijo, cuando notó que él observaba lo que se encontraba sobre el escritorio.
Harry la calló con un beso. Ella se lo devolvió con furia. Ambos estaban deseosos de sentirse una vez más. La alzó con facilidad y ella le envolvió el cuerpo con sus piernas, separaron sus labios por unos momentos para tomar aire. Ginny le tocó los labios con lentitud y luego se volvieran a besar. Metió sus manos debajo de la playera de ella y tocó sus senos por sobre el brasier. El gemido de la pelirroja lo incitó a seguir con su labor, pero esta vez sobre la cama. La quemadura de su pecho ardía horriblemente, pero no le importó. Merlín, como deseaba meterse entre sus piernas y quedarse allí una eternidad. Un te amo por parte de ella lo hizo detenerse. La joven que estaba intentando desabrochar su pantalón, se detuvo al ver que Harry estaba intentando colocarse de pie.
–¿Qué sucede? –los ojos de Ginny mostraban desconcierto y cierto ¿dolor?
–Tengo novia, Ginevra, no puedo hacerle esto –Harry la miró e intentó demostrar que detenerse no le costaba. Se odio a sí mismo. –No puedo hacerle esto.
–¿Novia? Oh, vaya…aunque eso no nos detenía antiguamente –ella se bajó la playera. –Bueno, estás guapísimo… ¿qué chica no querría estar contigo? –le sonrió tristemente.
–Si solamente me debes entregar esas hojas, debo marcharme…yo no puedo hacerle esto a mi novia… –le dijo, cuando ya estaba de pie.
–Ya has dicho que tienes novia, no tienes que volver a repetirlo –estaba molesta, pero luego cambió su expresión a uno de dolor y pesadumbre. –No es todo lo que debo decirte.
Ella se acercó al escritorio, para ordenar los papeles que debía entregarle y Harry se sentó sobre la cama, esperando a que ella comenzara a hablar.
–Tu madre te contó la razón por la cual no me casé con tu hermano, ¿verdad? –tenía la voz quebrada, seguro en cualquier momento se colocaría a llorar. Harry intentó ser fuerte… no le gustaba verla así, seguramente cuando ella le terminara de contar todo, explotaría y terminaría en el callejón Knockturn enfrentándose a unos cuantos mortífagos.
–Sí, me lo dijo… te secuestraron… estuviste desaparecida unos meses. Y cuando regresaste… bueno, no me dijo por qué no quisiste volver con mi hermano –ella dejó su labor y lo miró, para contarle qué había sucedido en ese tiempo.
–No me considero una persona con suerte… la verdad –sus ojos estaban cristalinos. Se sentó junto a él en la cama. –cuando te marchaste me rompiste el corazón, pero sé que todo era mi culpa… debí haber sido una digna Gryffindor y… debí ser sincera… decir que estábamos juntos y que nos amábamos… pero mi madre me… me obligó a seguir con tu hermano… les debíamos mucho a dinero a tu familia, yo no sabía que hacer…
–Ginny, yo también tengo derechos sobre el dinero de los Potter… eso no hubiera sido un problema –se molestó, el dinero era algo tan común.
–Es que tú no entiendes, quizás tú familia se molestaría con lo que habíamos hecho y todo resultaría mal…te desheredarían… mis padres… temí por ellos –ella calló por unos momentos. –pero pensé que quizás con el tiempo y estar separados lograría olvidarte… aunque eso no sucedió.
–Ginevra…–se estaba impacientando, ¿no que le iba a contar de los mortífagos?
–Déjame terminar… pasó el tiempo y se acercó el día de la boda. Yo… yo… –ella dudó.
–¿Tú qué?
–Yo de igual manera no pensaba casarme con tu hermano. Ideé escapar el mismo día de la boda… nadie notaría mi ausencia hasta bien tarde… lo digo por el alboroto que se formaría. No podía casarme con Charles con la noticia que había recibido una semana atrás.
–¿Qué noticia? –¿A dónde iba a parar esa conversación? Ella lo miró a los ojos.
–Estaba embarazada… de ti.
–¿¡Qué!? –le sorprendió. Nunca esperó escuchar una noticia de esas dimensiones. ¿Estaba jugando con él?
–Así es…Tú sabes que eres el único con el que he estado –se detuvo unos segundos. –Había llegado una carta tuya hace unos días, estarías un tiempo en Francia… planee buscarte… estaríamos tú, yo y nuestro bebé en una aventura. Seriamos una familia, seguro que cuando todos se enteraran de lo nuestro no se molestarían porque tendríamos a nuestro hijo…–su voz se quebró y lloró. Harry la abrazó y espero a que se calmara.
–¿Qué pasó con el bebé? Seguro lo perdiste… –Harry se sintió mal… seguro Ginny había perdido la cabeza después de esos meses bajo la mano de los mortífagos. Ella jamás podría tener un bebé de él. Solamente de su hermano, que era su alma gemela, aunque…
–No. Los seguidores de Voldemort creyeron que era de Charles y consideraron que era lo mejor mantenerme convida. Valdría más con mi hijo, aunque no me salvé de ser el juguete de Bellatrix –su mirada se volvió sombría. –cuando me puse en parto, solo recuerdo el llanto de nuestro bebé… tenía unos pulmones impresionantes… sufrí de una hemorragia y cuando desperté estaba en la mansión Potter.
El joven guardó silencio y meditó. Ante su reserva, Ginny siguió hablando.
–Sé en lo que piensas. Sí estaba embarazada y el niño o niña, era tuyo.
–Pero si estabas embarazada eso significa…
–Significa que tú eres mi alma gemela y eres el verdadero elegido… tú tendrás que derrotar a Voldemort.
Continuará
Espero les haya gustado. Disculpen las faltas de ortografía.
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