LAS CRÓNICAS DEL GRAN VALLE: EL LEGADO.

EL RETORNO DEL MAL ANCESTRAL.

0- Prologo.

Hace mucho tiempo…10 mil años atrás. Comienzo de la Era del Avatar.

Han pasado varios años desde que terminó la llamada Convergencia Harmonica, dando así fin a la Era de Raava y el principio de una nueva era: la Era del Avatar. Después de enviar a todos los espíritus de vuelta a su mundo natal y cerrar los portales a dicho lugar, Wan, el primer Avatar se convirtió en el puente entre el mundo normal y el mundo espiritual y se propuso a deshacer el daño que Vaatu había provocado en el mundo y restaurar el equilibrio en este. Así mismo, los antiguos protectores de la especie humana: los Leones Tortugas gigantes fueron libres para poder ir adonde quisieran y vivir como quisieran. Sin embargo, los primeros tiempos de la humanidad como especie dominante del mundo no fueron para nada pacíficos, ya que muchos grupos y facciones humanas entraron en conflicto, debido a que eran una especie violenta y agresiva. Ese era el nuevo deber de Wan y su misión: mantener la paz entre los distintos grupos de humanos que se esparcieron por la Tierra, guiarlos hacia la coexistencia y proteger el equilibrio del planeta usando la luz del espíritu alfa Raava y su nuevo poder sobre los elementos de la naturaleza otorgado por esta. Aunque parecía que dicha misión era inalcanzable, a veces se podía ver que los esfuerzos de Wan no eran en vano, pues eran cada vez más las personas que se fijaban en las acciones del ahora llamado Avatar, el maestro de los elementos y los que decidían seguir su ejemplo, lo cual también ayudaba mucho al joven guardián. Eso también le daba ciertos momentos en los que poder descansar, relajarse y recuperarse de las batallas. Era un día tranquilo y hermoso, con el Sol bañando con sus rayos una verde y extensa pradera cercana a un bosque y al lado de un pequeño lago alimentado por una cascada que salia de montañas cercanas. Y justo allí sentado en posición de loto y con los ojos cerrados sobre una roca del lugar estaba el Avatar Wan (vestido en su atuendo naranja de cuando entreno con Raava), aprovechando la paz y la tranquilidad circundantes para meditar en comunión con Raava, la cual era ya como su amiga de siempre. Él estaba poniendo en practica una nueva lección propuesta por la espíritu alfa: la paz interior. Una forma de estar en comunión con ella y él mismo y estrechar su conexión y su poder.

"Paz interior. Paz interior." Se repetía a si mismo Wan, tratando de profundizar en su meditación. Al instante un pequeño pétalo que flotaba en el aire se poso en su nariz, lo que empezó a molestarle un poco. "Vaya, picor en la nariz." Dijo Wan sin dejar de perder la sonrisa en su cara y la compostura.

Wan soplo el pétalo para quitárselo de encima, aunque eso hizo también que desprendiera parte de su polen sobre su nariz y se le escapara un leve estornudo, pero eso fue todo.

"Ya esta, paz interior." Expresó Wan satisfecho para si mismo, volviendo a su meditación.

Sin embargo, su momento de tranquilidad no duro, ya que desde enfrente suya y surgidas de la nada volaban unas bolas de fuego de color rojo oscuro directas hacia él y rápido.

"¿Y ahora que?" Dijo Wan algo frustrado al sentir venir la amenaza.

A solo unos pocos metros de los proyectiles de fuego, el Avatar abrió los ojos y esquivo el ataque en un abrir y cerrar de ojos con el control del aire para levantarse del suelo unos metros antes de volver a este. Pero el joven hombre suspiró en asombro e impactado al ver el color de las llamas resultantes.

"Un momento." Dijo Wan sorprendido, reconociendo el color anómalo de ese fuego antes de dirigir su mirada al frente.

Wan vio más proyectiles elementales volando hacia él desde muy arriba en el cielo, esta vez de roca y hielo, los cuales eran del mismo color que el fuego. Pero él reacciono rápido, frunció el cejo y usando el poder aumentado del control del agua por el poder del Avatar, Wan lanzo una gran corriente de agua desde el lago que intercepto el nuevo ataque y los desintegro en nada.

"Rexus, solo podías ser tu." Declaró Wan, reconociendo al atacante que acababa de llegar tras reincorporarse.

El individuo que apareció frente a él saliendo entre la maleza del bosque no era exactamente un 'individuo'. El ser que respondía al nombre de Rexus parecía ser un tipo de criatura temible, imponente y con pinta de ser feroz. Era humanoide, y bastante humano aunque con ciertos rasgos distintos a destacar: media de alto exactamente lo mismo que el humano con mayor estatura que jamas haya existido (es decir que era muy alto comparado con un humano promedio). Toda su piel sin ropa alguna era de color rojo fuerte y totalmente escamosa como todos los reptiles. Sus piernas eran de doble articulación y digitígradas (como las de los dinosaurios terópodos), acabadas en 5 grandes y largos dedos terminados en garras afiladas, lo mismo como en sus manos. De su cadera salia por atrás una grande, larga y musculosa cola. Tenia la cabeza calva y en vez de nariz y orejas este tenia en su lugar pequeñas fosas nasales (como los de Lord Voldemort) y orificios auditivos propios de los reptiles, ademas de presentar ojos rojizos (siendo el iris más brillante o de tono mas fuerte que el resto del ojo) y la boca con la misma composición de dientes que los humanos pero afilados. En otras palabras, dicho individuo era como una especie de híbrido humano-dinosaurio, cosa que sorprendentemente era en realidad.

"Avatar Wan." Saludó Rexus, hablando con una voz profunda y algo grave. Al parecer ellos 2 eran adversarios desde hace tiempo.

"Nuestra ultima batalla terminó hace años." Dijo Wan, recordando su supuesto enfrentamiento anterior. "Empezaba a creer que esta vez habías sido vencido de verdad."

"Ahora estoy listo para la revancha." Respondió Rexus a su rival decidido.

"¡Anda que no has tardado!" Contesto el Avatar en tono bromista mientras soltaba alguna risa, provocando así a su rival quien soltó un ligero pero fuerte rugido antes de cargar contra él.

Rexus corrió hacia una roca grande enfrente suya desde la cual hizo un súper salto que lo lanzó hacia arriba a gran velocidad. Ya varios metros en el cielo, Rexus comenzó a girar rápido su cuerpo mientras gran parte de su cola brillaba al rojo vivo y al completar el movimiento este lanzó desde su cola una onda de energía roja hacia el monte situado detrás de Wan, haciendo que con el impacto varias rocas enormes cayeran sobre donde estaba él. Mientras esto pasaba, el misterioso hombre dinosaurio disparó varias bolas de fuego y ráfagas de aire de color rojas hacia el Avatar, revelando que al igual que él podía usar los elementos naturales en conjunto pero con el mismo color que este. Por suerte, Wan se dio cuenta de su estrategia y tras activar el estado Avatar, se elevo rápidamente también hacia el cielo con propulsores de fuego y escapando de allí antes de que los proyectiles y las rocas lo alcanzaran.

"Te has hecho más fuerte." Percató Wan hablando aun en el estado Avatar mientras se preparaba para contraatacar.

Wan comenzó a generar en sus manos una bola de fuego que iba expandiéndose en tamaño y masa a gran ritmo hasta que se volvió gigantesca y la lanzó contra Rexus a quien pillo de lleno, rugiendo de dolor. El ser quedó en el suelo, herido y con muchas quemaduras feas. Sin embargo, estas se regeneraron y curaron como por arte de magia en un santiamén.

"Vagar por todo el mundo durante bastantes años tiene sus ventajas." Aseguró Rexus mientras se reincorporaba sin mucho esfuerzo. "He arrebatado los poderes y habilidades a todos los que se me han enfrentado a mi, maestros y no-maestros por igual."

Tras salir del estado Avatar pero aun en el aire por los propulsores de fuego, Wan suspiró sorprendido e impactado por esta revelación, algo que desgraciadamente él ya conocía de Rexus desde hace tiempo: su habilidad característica y única.

"¡No!" Exclamó Wan apenado.

"Sí. Y esta vez será suficiente para deshacerme de ti de una vez por todas." Proclamó Rexus confiado.

"¿Cuando te darás cuenta? No es la cantidad lo que importa, sino la persona quien lo porta y le da su fuerza." Insistió Wan.

"Sobretodo si eres alguien como tu o yo." Rectificó Rexus antes de iniciar su próximo ataque.

Rexus empezó a cargar en sus manos un nuevo tipo de ataque de energía mientras entraba en su propia versión del estado Avatar o parecido, con los ojos brillando en rojo. Wan se percató de esto y se preparó para la defensa entrando en el estado Avatar una vez más. Rexus lanzó un grito combinado con un rugido antes de disparar desde sus manos un rayo de pura energía roja hacia su oponente, el cual lo bloqueo al estirar sus manos hacia el rayo y funciono, pero la fuerza del haz era tanto que Wan empezaba a retroceder, luchando por mantenerse firme, sabiendo en el fondo que no podría aguantar así para siempre. Entonces Wan decidió atreverse a hacer algo arriesgado pero que a lo mejor podría funcionar: usó el control de la tierra y comenzó a avanzar hacia Rexus poco a poco sin que este se diera cuenta, aumentando la velocidad sin dejar de bloquear el rayo y gritando mientras se acercaba hacia su enemigo cada vez más y más rápido y cerca. Rexus observo lo que ocurría incrédulo, pero era demasiado tarde para hacer algo al respecto. La colisión de ambas frentes cargados de energía desató una enorme explosión que sacudió los alrededores del campo de batalla. ¿El resultado? Ambos oponentes quedaron en el suelo caídos, pero solo Wan logro ponerse de pie de nuevo mientras que Rexus era incapaz de moverse, pero también le estaba ocurriendo algo extraño.

"No...no es posible. No puede ser." Protestó Rexus en dolor tratando con todas sus fuerzas de ponerse de pie de nuevo sin apartar la mirada de su enemigo, pero no era capaz. Después vio como una extraña estructura se formaba alrededor suya a la vez que unas cuerdas de energía lo rodeaban, como si lo estuvieran atando o encadenando. "¿Que...que es esto? ¿que has hecho?"

"Solo tu te has buscado esta suerte, Rexus." Corrigió Wan caminando hacia él, dolorido pero bien. "Tu propio ataque te ha sobrepasado, y ahora se ha vuelto contra ti. Una maldición nueva con la que estas condenado para siempre. Es curioso, siempre sospeche que al final acabarías de una forma como esta. En fin, espero que ahora encuentres la paz, si es que puedes. Adiós, Rexus." Declaró Wan antes de girarse y marcharse, creyendo haber derrotado al fin a su peor enemigo.

"No me des la espalda, Wan. Este no es el final, ni mucho menos. Y en el fondo lo sabes. Crees que me has vencido, pero solo has retrasado lo inevitable." Reveló Rexus, mirándole con una mirada confiada, lo que hizo que Wan se girara de nuevo hacia él.

"¿A que te refieres?"

"Esta prisión solo es temporal...hasta que haya recuperado toda mi fuerza. No me retendrá eternamente." Aseguró Rexus con una sonrisa maliciosa en la cara mientras se formaba lo que parecía ser una especie de crisálida a la vez que esta se iba hundiendo en el suelo. "Cuando el mundo llegue a su momento de mayor desorden, la luz del puente olvidado marcara el principio del regreso del verdadero orden. Cuando ese momento llegue, por fin podre regresar a esta tierra...y esta vez tu no estarás ahí para detenerme."

"Tal vez, o tal vez no." Respondió Wan, lo que llamó la atención a Rexus. "Detenerte jamas ha sido mi destino, o sí. ¿Quien sabe?"

"¿Que quieres decir?"

"Esa tarea sera encomendada a otro, u otra. Y a través de esa persona, acabaremos esto." Proclamo Wan, lo ultimo que oyó Rexus antes de que la crisálida-celda se terminara de formar alrededor suya.

"Entonces daré con él o ella y acabaré con esto de una vez por todas...a mi modo." Juró Rexus antes de caer en un profundo sueño dentro de su prisión mientras esta desaparecía dentro del suelo observado por Wan.

El Avatar suspiró aliviado al ver desaparecer a su rival, esta vez de verdad. Aun así, no podía evitar sentirse preocupado por esa advertencia.

"¿Crees que él regresara? ¿En el futuro?"

"No podemos estar seguros de eso, Wan, pero...después de todos estos años con vosotros 2 batallando...siento que aun no sabemos todo de lo que es capaz ese ser." Respondió Raava, sin poder darle una respuesta bien clara.

"Es cierto, y...eso es lo que me preocupa."

"Debes tener fe, Wan. Ten fe en las gentes que seguirán tu ejemplo y tus pasos en los siglos que vendrán, como yo la tengo en ti."

Wan sonrió al oír esto ultimo y se toco el pecho, tratando de sentirla a ella. "Gracias Raava. Tu siempre sabes como mantener mi animo alto."

"Siempre lo haré. Además, aun queda bastante que hacer."

"Sí, por supuesto. Tengo que seguir esforzándome en mantener el equilibrio en el mundo."

Esto sacó una pequeña risa de Raava. "Desde luego, pero también me refería en descubrir que más puedes hacer. Aunque claro, ahora no. Creo que nos hemos ganado un buen descanso con esta victoria."

"Ni yo lo habría dicho mejor. Aunque...tengo la sensación de que proteger el mundo sera ahora más fácil sin Rexus suelto por ahí." Dijo Wan mirando hacia el horizonte.

"Eso espero, Wan. Eso espero."

A pesar de su positividad, Wan no sabia que en realidad su misión iba a ser mucho más reñida de lo que sospechaba. Por esa razón tanto él como Raava continuarían protegiendo el mundo en la próxima vida y en la siguiente, y en la siguiente...y así sucesivamente a través de las épocas que aguardaban en el futuro, actuando como el principio del ciclo de reencarnación del Avatar, algo que pasaría a la posteridad del mundo.

Miles de años después, Era del Avatar Korra. Cupula-Hogar de los Beifong, Zaofu.

Han pasado varias semanas o meses desde que Piecito, Cera, Patito, Petrie, Púas, Chomper y Ruby volvieron a su época y hogar en el Gran Valle tras haberse encontrado de nuevo con sus amigos del Equipo Avatar y haber conocido tanto a sus descendientes como a la nueva Avatar, Korra y sus amigos del nuevo Equipo Avatar y todo ha vuelto a la normalidad, tanto para lo bueno como para lo malo, esto ultimo sobre todo para cierta persona que seguía pagando por sus actos pasados en la prisión de Zaofu, la cual no era otra que la quien fue anteriormente líder del Imperio de la Tierra: Kuvira la Gran Unificadora, o la Conquistadora para otros. Tras su derrota en Ciudad República a manos de la Avatar Korra junto con sus amigos y aliados, se decidió por votación que ella pasara su condena en su lugar de procedencia, Zaofu, que es donde esta actualmente. Anteriormente ella fue llamada para ayudar a Korra a detener a los remanentes del Imperio de la Tierra quienes usaban el secreto del lavado de cerebro del Dai Li para intentar recuperar el poder. Una vez fue cumplida la misión, Kuvira volvió a la prisión principal de máxima seguridad de Zaofu donde continuaría su pena, aunque gracias a la ayuda que esta ofreció al Avatar su condena quedo reducida y fue cambiada a una especie de libertad vigilada o algo parecido en la residencia de la familia Beifong, sin dejar Zaofu excepto con alguna orden oficial. Mientras empezaba a ponerse el Sol, ella estaba en el patio de su establecimiento controlado, iba vestida en ropa de deporte y con el pelo largo recogido en una larga cola trenzada (como anteriormente lucia ella en los ensayos junto con Suyin y su grupo) y estaba en el patio junto con unas barras de metal haciendo ejercicio, agarrada a unas barras arriba suya mientras tiraba de si misma para arriba una y otra vez. Después de un buen rato Kuvira se soltó y decidió que ya era suficiente por ese día. Luego se fue hacia una mesa cercana rodeada con varias sillas, cogió una toalla posada sobre una de las sillas y se la puso sobre los hombros. Mientras se quitaba el sudor del cuerpo, Kuvira dirigió su mirada hacia la puesta de sol, una hermosa vista digna de ver, pero ella solo podía observarla con tristeza mientras volvía a reflexionar sobre sus actos pasados de los cuales seguía pagando, bajando la mirada hacia el suelo. Aunque su estancia había mejorado significativamente en lo que respecta a su pena, las consecuencias no habían cambiado para mejor, especialmente en lo que respecta al corazón y las emociones. Y siempre se le venia a la cabeza las palabras que Korra le dijo cuando ambas acabaron en el mundo de los espíritus: que todo eso se lo había buscado solo ella. En ese mismo instante ella oyó las puertas principales del recinto abrirse y al girarse vio a Baatar Jr. entrando y andando directamente hacia ella, y no parecido nada contento de verla y con razón teniendo en cuenta los anteriores acontecimientos que ocurrieron en Ciudad República durante la invasión del ejercito del Imperio de la Tierra, cosa que ella bien sabia. Él venia cargando con una bolsa llena, probablemente con correo o papeles, lo cual era cierto, salvo...que era no deseado, sobre todo para él.

"Vengo a devolverte tus cartas. No las quiero. Ni si quiera me he molestado en abrirlas." Dijo Baatar Junior con una voz fría y nada amigable, dejando caer la bolsa de cartas de sopetón al suelo sin importarle lo más mínimo, haciendo que muchas de las cartas que Kuvira le había escrito a quien una vez fue su prometido se salieran de la bolsa. "Pierdes el tiempo con esto."

"Tenia que intentarlo. Tu lo sabes bien." Respondió Kuvira desanimada mientras Baatar se negaba a mirarla a la cara, cosa que a ella le dolía bastante.

"Sí...claro, cuando te propusiste a unificar toda la nación. Recuerdo bien que dijiste eso también nada más comenzar." Contesto Baatar junior mirándola con el mismo enojo, lo que provocó que ella dirigiera la mirada hacia abajo avergonzada y tocándose en brazo izquierdo con el derecho mientras él volvía la mirada hacia otra parte de nuevo.

"Sé que estas enfadado conmigo, más que cualquier otra persona del mundo, y que ahora mismo no creerías nada de lo que digo. Pero...todo lo que hice durante la campaña de unificación por todo el Reino de la Tierra...no podría haberlo hecho sin ti." Aseguró Kuvira, pero Baatar no parecía escucharla dijera lo que dijera. "De todas las personas que estuvieron conmigo todo ese tiempo, trabajando codo con codo para restaurar la nación de la tierra...tu siempre fuiste la más importante. Tu me apoyabas, me aconsejabas ante cualquier dificultad, me incitabas a seguir adelante cuando todo parecido demasiado para hacerlo realidad, sin importar los desafíos que se presentaban en el camino. Tu eras el más leal, Baatar, igual que lo era yo a ti. Yo te quería, más que a nadie más en el mundo."

Pero esas palabras no hicieron más que aumentar el enfado de Baatar, incapaz de volver a creer a la mujer que lo traiciono por poder, liderazgo y supremacía. "¡¿En serio, Kuvira?! ¡¿Acaso lo fue como dices?!" Exclamó Baatar Jr. enfurecido, haciéndola callar. "¿O fue solo otra mentira entre las muchas que contaste a los demás?"

"¡No! Nunca lo fue. Lo que yo sentía por ti nunca fue una mentira."

"Impresionante. Todo lo que dices ahora suena incorrecto." Rectificó Baatar, lo que la hizo mirar para abajo de nuevo y cerrar los ojos. "¿Acaso sabes por qué me uní a ti en tu misión? ¿Por que crees que quise ayudarte a re-unificar nuestra nación? Quería hacer algo importante, algo que significara mucho para el mundo...y lo quería hacer contigo."

Aquellas palabras captaron la atención de Kuvira.

"Pensé que podríamos restaurar el reino, hacerlo mucho mejor que antes...juntos." Continuo explicándose Baatar. "Y...por lo visto me equivoque."

"Baatar."

"Yo estaba allí, en Ciudad República. Cuando me capturaron, cada palabra que te dije por radio era real. Tu me importabas más que todo el imperio." Dijo Baatar, esta vez con algo de dolor en aquellas palabras. "Y entonces, te vi...disparándome con aquel arma, como si yo no fuera nada salvo otro enemigo u obstáculo en el camino."

"No se que decirte al respecto." Dijo Kuvira, sin saber bien que decir para excusarse, porque...no podía. "No se que me pasó. No se por que hice eso. Yo...no quería hacerte daño. Supongo que...volverme líder del Imperio de la Tierra sacó lo peor de mi, y lo descargue con todo el mundo."

"No, me hizo ver lo que en realidad te importaba: el poder, el control absoluto y el gozo de ser emperatriz." Respondió Baatar volviéndose de vuelta hacia la entrada "Todo tenia sentido, incluido lo que era yo para ti: un valioso activo, un simple peón al que poder manejar a tu antojo y después deshacerte cuando te plazca. ¡Yo nunca te he importado!"

"¡No, eso no es cierto!" Protesto Kuvira, caminando tras Baatar Jr. quien ya se dirigía hacia las puertas.

"¡Basta ya de mentiras, Kuvira!" Exclamo Baatar sin apenas mirarla, casi gritando parándose durante un momento, lo que hizo a Kuvira detenerse de golpe mientras él recobraba la compostura. "No vuelvas a hablarme nunca...jamas."

Aquellas duras y dolorosas palabras fueron las ultimas que Baatar Jr. dijo antes de continuar hacia las salida, tratando a la vez de contener lagrimas que se formaban en sus ojos.

"Baatar, ojala pudiera...si yo pudiera…" Trató de decir Kuvira, pero le fue incapaz por el insoportable dolor que sentía en su corazón a la vez que no podía evitar derramar lagrimas. "Lo siento Baatar, lo siento tanto."

A la salida del complejo estaba la fundadora y gobernante de Zaofu, Suyin Beifong, quien vio salir a su hijo cabizbajo, lo que la preocupó.

"¿Hijo?" Preguntó Suyin, pero su hijo siguió su camino hacia casa sin decir nada. Eso la hizo entender que fuera cual fuera la supuesta conversación de su hijo con Kuvira, no había ido nada bien.

Ella sabia todo lo que Kuvira hizo cuando esta se volvió líder del Imperio de la Tierra, pero a pesar de eso Suyin creía que Kuvira tampoco merecía más sufrimiento del que ya había tenido. Al fin y al cabo, ella seguía pagando por sus actos pasados, lo cual ya era suficiente. Al poco rato otra persona se reunió con ella, nada más ni menos que su hija Opal, la más joven de sus hijos y la única maestra del aire de la familia.

"¿Ese era Baatar?" Preguntó Opal curiosa y confusa. "No parecía nada contento. ¿Que ha pasado, madre?"

Su suspiró apenada. "No estoy segura, Opal, pero algo me dice que Baatar y Kuvira por fin han hablado después de mucho tiempo, y...no ha salido bien. He podido verlo en su rostro."

"¿Y que esperabas que pasara? Después de lo que Kuvira nos hizo a todos, no me extraña que él le tenga tanto rencor." Recordó Opal.

"Sí, lo sé, pero...teniendo en cuenta la relación suya cuando ocurrió...él parece ser quien guarda más rencor a ella que cualquier otro."

"Y con razón. Baatar creyó que Kuvira era la única que compartía su punto de vista durante todo por lo que pasaron, y en el momento en el que él la necesito más ella disparó aquella superarma contra él. Se sintió traicionado y tiene todo el derecho a odiarla."

"Y sin embargo él ha elegido no decir nada respecto a eso durante todo este tiempo...hasta ahora. Todos sabemos lo duro y traumático que eso fue para tu hermano, sobretodo yo y acordamos no hablar en casa respecto aquel asunto por él. Ya tenia suficiente con la culpa de habernos abandonado hace años para después hacerse con su hogar por la fuerza. No quería que se sintiera con más peso sobre sus hombros. Lo que necesita tu hermano ahora es tiempo para terminar de superar esa culpabilidad personal del todo y sentirse de nuevo en casa y con su familia. Como madre sé que lo conseguirá, a su ritmo."

"Bueno...eso lo entiendo. Pero, ¿que tiene que ver Kuvira en esto?" Dijo Opal, cambiando de tema. "Ya estaba en prisión, justo donde debía estar. Y entonces a ti se te ocurre la loca idea de cambiar las condiciones de su condena, dándole un alojamiento al aire libre con riesgo a que se escape."

"Debido al servicio que prestó ayudando a Korra a detener a los remanentes de su antigua facción, decidí que lo mínimo que podía hacer por ella a cambio era mejorar las condiciones de su pena para que no fueran tan duras. Era lo más justo y se lo merecía. Y...ella sabe tan bien como nosotras que intentar escapar de aquí no es posible. Zaofu es el lugar más seguro del mundo, ¿recuerdas?" Dijo Suyin a su hija, quien asintió. "Y eso incluye a Kuvira, porque nadie sabe cuanta gente de afuera trataría de tomarse la justicia por su mano respecto a ella. Es también por su propia seguridad. Además, Baatar Jr. no es la única persona de aquí que necesita encontrar la redención."

Esa ultima frase hizo suspirar a Opal algo frustrada.

"No entiendo por que haces esto." Añadió Opal. "Las personas como ella, quienes hacen actos como esos, dejando marcado al mundo por mucho tiempo, no merecen segundas oportunidades. No aprenden, ni reflexionan ni se arrepienten de sus acciones ni nada. Sabes bien a que me refiero: Sozin, Azulon, Ozai, Azula, Amon, Unalaq...Zaheer. El mundo esta mejor sin ellos."

Curiosamente Suyin sonrió ante esto. "Sí, supongo. Aunque...también hay personas como esas que reflexionaron sobre lo que habían hecho y optaron por cambiar su camino para mejor, ayudando a hacer del mundo un lugar mejor.

Las nuevas palabras de su madre captaron la atención de la joven maestra del aire.

"Una vez un gran y sabio maestro, quien se había convertido en un gran líder para su gente, me dijo algo que siempre se quedo conmigo desde que fui niña: todo ser consciente tiene el poder para cambiar." Reveló Su. "Y eso es algo que me ayudo mucho en mi viaje para acabar siendo quien soy ahora."

"Vaya. Y...¿quien te dijo eso?" Preguntó Opal curiosa.

"El Señor del Fuego Zuko."

Dicha respuesta cogió a Opal por sorpresa.

"Así es, hija. Esa es una de las maravillas que hace la redención." Continuo Suyin. "Lord Zuko es un gran ejemplo de como las personas que la mayoría consideramos villanos pueden cambiar por ellos mismos y andar por el camino correcto si se lo proponen. Y antes de él fue su tío Iroh, el cual en su tiempo trato de conquistar Ba Sing Se cuando era general de la Nación del Fuego y mucho tiempo después libero la ciudad ayudado por el Loto Blanco en el día del cometa. Y...he oído por allí que hasta la hermana del Señor del Fuego también decidió hacer lo mismo al final."

"¿Te refieres a Azula? Vale, eso sí que no me lo creo, aunque lo digas tu." Dijo Opal, pensando que eso era pura invención.

"En serio. Se decía que ella estaba tan avergonzada y arrepentida por todo lo que había hecho durante los últimos días de la guerra que eligió alejarse de la Nación del Fuego tanto como fuera posible y se marchó en busca de un nuevo y más noble propósito, una nueva vida más sencilla y pacifica y hallar su propia felicidad. De hecho, todo el Equipo Avatar original aseguraban esto, hasta tu abuela."

"Entonces...¿es cierto?" Preguntó Opal intrigada.

"¿Quien sabe? El caso es que...no se sabe hasta donde puede llegar una persona redimida o dispuesta a redimirse para enmendar sus errores y hacer algo para compensar. Pero ese logro no puede conseguirse si nosotros no le damos una oportunidad de demostrarlo. Ambas partes deben contribuir, ya que...siempre puedes llevarte una sorpresa. Como también lo fue el Señor Sato. Tu y yo lo sabemos, porque le dimos una oportunidad. Esa es la clave para lograrlo: una oportunidad para demostrar lo que uno puede hacer y cual lejos puede llegar. Eso es lo que trato de hacer con Kuvira."

Opal sabia que había verdad en lo que decía su madre, aunque ella no estuviera muy de acuerdo con ella, y también sabia que su madre era firme en las decisiones que tomaba. Ella no era la dirigente de Zaofu por nada, de modo que optó por confiar en su criterio.

"De acuerdo, madre. Sinceramente, creo que es una perdida de tiempo y que no va a funcionar, pero si tu lo dices." Admitió Opal, despidiéndose de su madre tras darle un cálido abrazo mutuo y volviendo por donde había venido. "Solo espero que sepas lo que haces."

Mientras tanto, dentro del recinto se quedó Kuvira sentada frente a la solitaria mesa...en silencio pero devastada, ahogada en sus propias lagrimas y con el corazón roto. Ahora se sentía que sí se había quedado sola y no tenia a nadie más que culpar salvo a sí misma. En su tiempo ella buscaba el poder para estabilizar a su nación rota y volver a hacerla fuerte. Ahora veía que eso solo le había hecho buscarse conflictos, enemigos y quedarse sin nadie verdaderamente leal a ella. El poder la había corrompido y consumido y ahora pagaba el precio, como todos los demás que siguieron un camino similar. En otras palabras, todos a quienes Korra se había enfrentado a través de los años. Al instante, Kuvira oyó las puertas abrirse de nuevo y vio entrar a Suyin, quien caminaba hacia ella sosteniendo en sus manos una bandeja con una tetera y 2 tazas.

"Buenas tardes Kuvira." Saludó Suyin a la antigua líder de su fuerza militar.

"Oh, eres tu Su." Dijo Kuvira cabizbaja, en tono desanimado mientras se secaba las lagrimas, pues no le apetecía que su antigua maestra le viera así. "Hola."

"Pareces bastante deprimida. ¿Que ha pasado? ¿Como te encuentras?"

"¿Que más te da? ¿Acaso eso importa?"

"Por supuesto que sí. Me preocupa como estés y lo que te este afectando."

Al oír aquello, Kuvira no pudo evitar soltar una pequeña risa antes de al fin girar la mirada a Su. "Es curioso que digas eso tratándose de mi."

"Eso depende del punto de vista de cada uno."

"No tienes que fingir que te preocupas por mi, Su."

"No lo estoy. Nunca deje de hacerlo."

La antigua líder del Imperio de la Tierra quedo confundida ante las palabras de su antigua mentora y su postura.

"He traído algo de te en su punto, listo para tomar. He pensado que a lo mejor te ayudaría a apaciguar tu mente y aclararla, antes de que caiga la noche." Comentó Suyin.

"Bueno, no es que tenga nada mejor que hacer."

Suyin puso la bandeja en la mesa y se puso a servir el te para las 2 tras sentarse frente a su antigua y más aventajada alumna.

"¿Sabes? Lo creas o no, ahora mismo me recuerdas bastante a Korra." Dijo Su, lo que capto la atención de Kuvira mientras tomaba un sorbo de su taza. "La verdad es que las 2 os parecéis más de lo que creéis."

"Sí, he oído algo parecido anteriormente. Ella me dijo que se vio reflejada en mi en lo que respecta a los malos momentos, cuando me encontró en el Mundo Espiritual después de esa explosión." Recordó Kuvira. "Quizás intentaba empatizar conmigo. No estoy segura."

"Yo creo que sí. No tienes ni idea de por lo que ella paso desde que Zaheer la enveneno. Todo el esfuerzo que tuvo que hacer para recuperarse, cuanto le costaba recobrar su fuerza, tanto la de su cuerpo como la de su mente. Es justamente lo que te esta pasando a ti. Por eso sois tan parecidas las 2: os esforzáis un montón por recuperaros a vosotras mismas, a pesar del dolor que se halla en el camino."

"Pues...diciéndolo así...no me había dado cuenta." Admitió Kuvira sorprendida.

"Hum, tal vez la razón por la que buscabas poder era para no volver a sentirte débil o desprotegida, al menos es lo que creo yo."

"No es poder lo que quiero, ya no. Ahora...solo ansió...recuperar lo que perdí hace tiempo. Lo que me arrebate a mi misma." Confesó Kuvira con dificultad.

"Y dime, ¿que es eso?"

"No lo se."

"No. Sí lo sabes, pero no te atreves a decirlo." Dijo Suyin captando la atención de Kuvira. "Un lugar al que pertenecer, al que llamar hogar. Una familia."

"Ya, bueno. Dudo mucho que esa familia vaya a querer recibirme de vuelta después de todo lo que he hecho." Respondió Kuvira, de nuevo desanimada.

"Es curioso. Hubo un tiempo en el que yo pensé exactamente lo mismo."

"¿Que quieres decir?"

"Veras...esto nunca te lo he contado y...tal ves debería haberlo hecho. Solo lo sabe mi marido y algunos de mis hijos. Hace muchos años atrás...cuando yo ella una adolescente muy enérgica e incapaz de quedarme quieta, solía ser todo lo contrario a lo que soy ahora. Cuando vivía junto con mi madre y mi hermana en Ciudad República, me costaba mucho seguir las normas o a veces hasta era incapaz de seguirlas porque era demasiado rebelde y tozuda. Hehe, igualita a mi madre cuando salvo el mundo en los días finales de la guerra, pero...yo salí peor. Supongo porque me dio más libertad de la adecuada o más bien porque yo me aproveche de eso, lo cual no estuvo bien y acabe juntada con las personas equivocadas...y eso casi me hizo meterme en más de un lio. Lin trataba de avisarme muchas veces, pero yo no escuche...hasta que un día llego el desastre y fue todo culpa miá."

Kuvira escucho con suma atención el relato de Suyin, el cual le pareció sorprendente al igual que inesperado. Ella desconocía el pasado de su mentora, al menos en lo que respecta a antes de Zaofu y la idea de que Su fuera distinta una vez a como era actualmente sonaba como una especie de broma. No obstante, Su sabia exactamente de lo que hablaba, ya que ella fue joven en su día y Kuvira aun lo era, por lo que tal vez podría aprender algo de su pasado como lo hizo ella misma.

"Desde aquel día, el recuerdo de cuando le hice aquella horrible marca en la cara a Lin me ha atormentado mucho tiempo y me hace recordar lo fácil que es herir a alguien que te importa si no tienes cuidado y no escuchas cuando te hablan de algo serio, porque se preocupan por ti." Continuo narrando Su, con la mirada casi para arriba y con algo de pesar. "Después del incidente, mi madre me envió fuera de Ciudad República con mis abuelos durante un tiempo. Sé que no es lo que ella pretendía aunque...a veces sentía como si hubiera sido desterrada de la ciudad y tuviera prohibido volver allí hasta que no fuera alguien distinta. Y en cierto modo así ha sido, pues fue uno de los primeros empujones que necesitaba para cambiarme a mi misma y llegar aquí. Es tal como dijo mi madre: no hay mal que por bien no venga. Ahora se que ambas tomamos las decisiones correctas."

"Vale. Definitivamente alguien a puesto algo raro a este té porque, ¿puede ser esta conversación mas rara? A ver, ¿quien eres tu y que has hecho con Suyin Beifong?" Preguntó Kuvira sospechando, quien no daba crédito a lo que oía. Esto hizo que Su soltara una carcajada.

"Vamos, soy la misma de siempre."

"Ya, pues no sonabas bastante a ti."

"Pero ha valido la pena. Te he hecho sonreír."

Y era cierto. Sin saberlo, Kuvira se había animado tanto por esto que se le escapó una pequeña sonrisa, y de verdad. Al darse cuenta de esto, ella empezaba a sentirse mejor. Hacia mucho tiempo desde la ultima vez que se sintió bastante animada, aunque esto también la desconcertó un poco respecto al comportamiento de su antigua mentora y sus motivos para esto.

"¿Por que haces esto, Su? De todas las personas de aquí y del mundo, tu deberías ser la que más me detestara. Después de todo lo que te hice a ti y a tu familia, tu deberías ser quien estuviera más en mi contra." Dijo Kuvira confundida y en remordimiento mientras se puso a observar su propio reflejo en la taza. "Me lleve a tu hijo de Zaofu, te abandone, te expulse de tu hogar al volver...arrebatandotelo injustamente, te encarcele y sobre todo...por poco acabo destruyéndote, a ti y a ti familia. ¿Como puedes hablarme así después de haberte causado tanto dolor? No lo entiendo. Haces...no se, como si no hubiera ocurrido nada."

"Sí, lo se. Muchos me lo han dicho también, especialmente mi familia." Admitió Su. "Creo que...en fin, respecto a cuando te fuiste de Zaofu y todo lo que siguió después, fue tanto culpa miá como tuya."

"¿A que te refieres?"

"Pues que...si yo no hubiera sido orgullosa y te hubiera encomendado la tarea de unificar el Reino de la Tierra en mi nombre, las cosas habrían acabado siendo distintas y no nos habríamos confrontado al final."

"¿Hablas en serio?"

"Desde luego. Todos cometen errores, incluidos los maestros. Aunque en aquel momento, debería haber actuado menos como mentora y más como madre."

"No...no lo entiendo, Su." Respondió Kuvira, bastante confusa respecto a esto ultimo, lo que hizo suspirar a Su frustrada.

"Lo suponía. Cuando te acogí, no solo lo hice porque lo necesitabas. Cuando lo hice, yo te adopte, pero...no como tu crees."

Entonces...Kuvira al fin entendió lo que Suyin quería decir, lo que la dejo atónita, pues no se esperaba algo como eso.

"Así es, Kuvira. Es justo tal y como suena." Confirmó Su. "Tu tenias un gran talento para el control elemental como para el liderazgo y te convertiste en la mejor de mis estudiantes. Empezaste a ascender en el ejercito rápidamente y te volviste una líder nata. Fue entonces cuando...me vi totalmente reflejada en ti. Siempre has sido como una hija para mi, de hecho te considere como la primera, incluso antes de que Opal naciera. Esa es otra de las razones de porque me sentí devastada cuando os vi marcharos de nuestro hogar hace años. Pensé que podría hacer que fueras exactamente como yo. Me equivoque. Tal vez...si hubieras sabido esto antes de la caída de Ba Sing Se...todo lo que pasó cuando volviste a Zaofu no habría ocurrido."

Kuvira suspiro en lastima al oír esto ultimo. "Quizás. Aunque...sabiendo como me volví entonces, me temo que esa situación habría ocurrido de alguna forma u otra."

"No des un hecho tan seguro. Después de todo, el futuro es algo que siempre esta en movimiento. Nadie sabe como va a resultar al final. Eso es algo en lo que ambas también tenemos experiencia. Es una lastima que las cosas no ocurrieran de forma distinta. Yo siempre decía excelencias de ti, como lo sabe Baatar."

"Que yo sepa no recuerdo haberte oído decir eso."

Suyin dejo salir otra pequeña carcajada cuando lo ultimo que dijo Kuvira hizo que se le viniera otra cosa a la memoria. "Que curioso, yo dije algo parecido cuando era mucho más joven que tu, y no me sorprende mucho la verdad. En su tiempo yo fui alumna de mi madre, igual que tu fuiste la miá. Ella conocía bien las dificultades, los desafíos y los sacrificios que conlleva la familia, pero también su autentico valor, mas de lo que te puedas imaginar. Incluso si debía ocultar una parte de esta del mundo, pues podría acarrear enormes e inimaginables consecuencias en el mundo si se supiera la verdad."

"¿La verdad?" Preguntó Kuvira intrigada.

"Sí, la verdad." Dijo simplemente Suyin.

"Todo esto son solo palabras, Su. Para que yo volviera a ser parte de esta familia tendría que pasar mucho tiempo y hacer mucho para compensar todo lo que hice y enmendar mis errores." Recordó Kuvira, de nuevo deprimida. "Lo que hice respecto a los remanentes no es suficiente."

"Nada que merezca la pena es fácil, especialmente la redención...pero el esfuerzo que pones en ello siempre sirve para algo bueno y con el tiempo te otorga resultados, aun cuando menos te lo esperas. A veces solo tienes que dar algo de tiempo para que las cosas se relajen antes de volver a empezar y dar el primer paso. Nunca hay que rendirse."

"Decirlo es más fácil que hacerlo."

A pesar de los intentos de Su por animarla, Kuvira estaba reacia a creer que las cosas mejorarían o que podrían volver a ser como antes, mucho menos mejor que antes. Las cosas que ella hizo en sus años tratando de poner orden de nuevo en el que su día fue el gran Reino de la Tierra había dejado marca en el mundo. No tanto como lo hizo la Guerra de los 100 Años o las acciones del Loto Rojo, pero sí que había causado mucho daño a muchas personas. Entonces a Su se le ocurrió hacer algo. Ella sabia que esa idea era muy arriesgada, pero estaba convencida de que la redención y su antiguo lugar eran las verdaderas intenciones de Kuvira. ¿Y quien sabe? Tal vez eso podría ayudarla con su autoestima decaída.

"¿Y si te dijera que hay un secreto que esta familia solo conoce, al igual que las de Katara y Zuko, y que lo ocultamos del resto del mundo por seguridad?" Preguntó Suyin de forma enigmática, esperando captar la atención de su antigua alumna, y funciono.

"¿Un secreto? ¿Que clase de secreto?" Preguntó Kuvira, de nuevo interesada. "No trates de tentarme. Ya no hay nada que pueda sorprenderme."

"No estés tan segura." Dijo Su antes de dar otro sorbo a su taza de té. "Supongo que ya sabrás sobre los dinosaurios."

"Ah, sí. El nuevo grito en todo el mundo, especialmente en Ciudad República. Por lo que he oído hay un museo allí dedicado a dichos descubrimientos, el cual ya esta terminado e inaugurado. También dicen que el Avatar Aang y sus amigos fueron quienes encontraron los primeros fósiles y los guardaron en un lugar seguro hasta que pudieran ser expuestos al mundo...en tiempos más seguros y pacíficos."

"Sí, así es, pero es mucho más que eso."

"¿Como? No lo entiendo."

"Veras...hace algunos meses ocurrió algo que cambio por completo lo que creíamos respecto a nuestro mundo y nuestra familia. Algo que supera cualquiera cosa que puedas imaginar, y por lo tanto...nadie ajeno a nosotros o al Equipo Avatar puede ni debe saber jamas."

"Genial. Ahora sí que me pica la curiosidad." Admitió Kuvira realmente interesada, haciendo así que Su se riera un poco otra vez.

"Pensaba que ya nada podía sorprenderte."

"Demuestra entonces que me equivoco. Ya sabes lo que se dice: una imagen vale más que mil palabras."

"Muy bien." Suyin dejo su taza en la mesa antes de sacar algo de uno de sus bolsillos y ponerlo sobre la mesa enfrente de Kuvira.

Dichos objetos eran 2 dientes, pero estos no eran dientes corrientes, sino dientes de dinosaurio, pertenecientes a una especie en concreto (Tyrannosaurus Rex), pero cada uno era distinto: uno era de color como marrón oscuro y provenía de un esqueleto fósil y el otro era de color blanco y parecía estar fresco, como si hubiera sido arrancado de la boca de uno vivo (y así era, porque el Rex que lo perdió fue uno de los miembros de las Fauces Implacables, quien lo perdió en su batalla contra el nuevo Equipo Avatar). Kuvira observo curiosa los dientes antes de dirigir la mirada de vuelta a su antigua mentora.

"¿Sabes que son estos?" Dijo Suyin. "Son dientes de un T-Rex, también conocido como Tiranosaurio."

"Oh, ya veo. Carnívoro, un depredador."

"Tu siempre has tenido un gran ojo para muchas cosas. Ahora dime, ¿que ves en estos?

"Bueno, este diente es claramente un fósil. Probablemente perteneciente a un esqueleto." Determinó Kuvira analizando el diente fósil mientras lo sostenía en el aire con el control de la tierra y lo hacia girar, viendo por ella misma que los fósiles eran manejables por este arte elemental antes de dejarlo en su mano. "Pesa poco." Acto seguido, dejo el diente fósil sobre la mesa antes de fijarse en el otro. "Por el contrario, este otro…"

Kuvira se paro en su explicación al darse cuenta de la diferencia del otro diente, lo cual le era de lo más extraño. Ella trato de usar el control de la tierra para hacerlo levitar como hizo con el otro diente, sin embargo...no paso nada. Después ella cogió el diente con la mano y se lo acerco para verlo mejor. No solo el color era distinto, también la textura, la cual daba la sensación no solo de no tener ni un solo grano de polvo o tierra, sino que también parecía tener pinta de ser cortante.

"Un momento...esto no es un fósil." Destacó Kuvira antes de darse cuenta de lo que era en realidad. La revelación fue tal que ella soltó el diente al instante, suspirando sobrecogida tanto por el asombro como por el impacto de la única respuesta lógica a tal hecho.

"Sí, Kuvira. El otro diente es fósil, pero este...perteneció a un animal de carne y hueso que junto a otros iguales y parecidos se encaro con Korra y sus amigos en el puente que daba a Ciudad República."

"Yo no creo en las historias de ciencia ficción y fantasía, Su." Respondió Kuvira, recobrando su compostura.

"Y lo dice la que creo una arma de energía a partir de plantas espirituales."

"¿Podríamos tratar de no recordar eso?"

"Lo siento. Pero respecto a esto sobre los dinosaurios...sí que es verdad. Aunque eso no es lo mas importante."

"Y...¿que es entonces?"

"Por desgracia es lo único que puedo decirte, ya que es un secreto de familia. Pero…es un primer paso, lo cual ya es algo."

"Arg, no lo entiendo, por más que lo intento o por mas que lo expliques."

"Lo sé. Aunque...tal vez esto pueda serte de ayuda." Añadió Suyin dándole una carta a Kuvira después de levantarse.

"¿Una invitación para una boda?"

"En Ciudad República, de unos muy conocidos. Pienso que te vendría bien, que te ayudaría tanto respecto a lo de mi familia como con Baatar Jr. Y quizá averiguarías mas acerca de este secreto familiar nuestro, si decides aceptar y venir."

Con todo dicho, Suyin se dispuso a irse de vuelta a sus aposentos.

"Piensatelo." Dijo Su dirigiendo una ultima mirada a Kuvira antes de cruzar la puerta principal del complejo. "Hija."

"Lo haré, madre." Respondió Kuvira, dejando escapar una pequeña pero sincera sonrisa.

"Como se enteren de esto Lin y mi madre, se van a enfadar mucho." Dijo Su para si misma mientras caminaba de regreso a casa.

Después de toda aquella curiosa y entretenida conversación, Kuvira no pudo evitar sentir una agradable sensación en su corazón, pues había pasado mucho tiempo desde la ultima vez que tuvo una charla como esa. Al parecer, las palabras de Suyin sí que la habían ayudado más de lo que pensaba, ya que le habían devuelto el pensamiento y la sensación de lo que justo le faltaba recordar: esperanza. La esperanza de volver a ser quien fue antes de lo de Ba Sing Se. Quizás incluso ser mejor que antes y poder recuperar todo lo que ella echaba de menos y valoraba ahora. Ahora empezaba a ver que Su solo se preocupaba por ella, como hacia con todos sus hijos, porque ella era uno de ellos, ahora ella lo sabia y pensar en eso también le hacia cosquillas en el corazón. Así pues, Kuvira empezó a tener más en cuenta aquellas palabras mientras se quedaba contemplando la puesta de sol, la cual le parecía más bonita que antes. Mientras tanto, muy lejos de allí, cercano al desierto del antiguo Reino de la Tierra había un enorme, árido y desolado páramo que se extendía cientos de miles de kilómetros desde donde terminaba la parte arenosa del desierto hasta una cadena de montañas que lo separaba de las otras tierras. En otras palabras, este parecía ser la parte rocosa del desierto...pero completamente deshabitada, pues para las distintas gentes que viajaban a lo largo y ancho del lugar y sus alrededores aquel era un lugar prohibido, bautizado con un nombre que provocaba pavor con solo oírlo: Las Tierras Malditas (The Cursed Lands). A través de las generaciones y desde tiempos antiguos se ha contado que la desgracia caerá en cualquier forma sobre todo aquel que se adentrara en dichos parajes, el cual estaba marcado por una gran tragedia olvidada ya hace mucho tiempo, tanto que nadie se puede acordar. Desde entonces, pueblos y gentes de todas las naciones han esquivado ese supuesto lugar maldecido por un antiguo y poderoso mal, e incluso dicha historia parece haberse olvidado un poco con el paso del tiempo y por los distintos sucesos que tuvieron lugar, especialmente en las ultimas décadas, por lo que casi no habido actividad cercana a dicho lugar...hasta ahora, pues muy por debajo bajo tierra, cerca de la cordillera que actuaba como limite de dichas temidas tierras la escena ahora se centraba en una especie de túnel que llevaba a una especie de cueva oculta desde la superficie. Lo curioso es que se oía como si alguien estuviera deslizándose hacia abajo por el túnel hacia la cueva y gritando mientras iba sin control. Y al fin el susodicho llego al final del recorrido, el cual no era nadie más que Sir Varrick, el famoso empresario rico, investigador y científico, quien parecía no haber disfrutado exactamente del paseito.

"¡Ay rayos, que golpetazo!" Expreso Varrick, mareado y dolorido en el suelo por la bajada descontrolada, justo cuando alguien cayo encima suya, aplastandolo. Este era su ayudante en esa expedición, el cual era el príncipe Wu. Bueno, más bien ex-principe ahora mismo.

"¡Vaya aterrizaje, amigo! Pensé que seria más divertido." Dijo Wu, mirando por donde había venido. "Menos mal que caí en algo blandito."

"¡En mi espalda! Levantate, granuja, que para mi que me has crujido el espinazo." Exclamó Varrick molesto y más dolorido que antes.

"Ups, lo siento." Dijo Wu, levantándose de él y ayudandole a ponerse en pie. "Venga, levanta abuelete."

"No me llames así, muchacho. Este veterano tiene aun mucha energía para mil batallas."

"Vale, lo que tu digas." Respondió Wu antes de fijarse en los alrededores mientras Varrick encendía unas linternas de las grandes. "Si llego a saber que esto estaría tan oscuro no me habría metido como si nada."

"¿Y que esperabas? ¿Encontrarte todo esto como en el palacio de Ba Sing Se? Esta es una cueva recién descubierta, no una habitación de hotel preparada para sus inquilinos. Aquí hay pocas formalidades."

"Es curioso oír eso de tu propia boca, Sir Varrick. Que yo sepa cuando te arrestaron te dieron una celda de 5 estrellas."

"Por favor, ¿puede la gente dejar de indagar en mi turbio pasado del que no me siento orgulloso para nada?" Suplicó Varrick avergonzado. "Y para tu información, ex-alteza, aprendí lo estimulante que es el trabajo de campo y la acción hace tiempo, en parte gracias a un buen amigo mio."

"Pues mira tu por donde por eso estoy yo aquí." Confesó Wu. "Estaba algo cansado de tanta rutina y me apetecía hacer algo nuevo para variar."

"¿Y por eso se te ocurrió unirte a esta expedición tras haber insistido un montón?"

"Eso y el poder quizás conseguir uno de esos fósiles que tanto he oído hablar. Le pregunte a Mako en una carta acerca de ello debido a que oí lo valiosos que eran en Ciudad República."

"Como Asami se entere de esto ya te digo yo que estas perdido." Avisó Varrick, viendo que Wu tenia una idea equivocada respecto al asunto de los fósiles y los dinosaurios. "Ahora si eres capaz, aguanta las linternas extra luminosas mientras aviso a los demás para…" pero ya había cuerdas llegando al fondo del túnel que conectaba con arriba. "Bajar."

Minutos después, el resto del equipo arqueológico iluminaba la cámara y montaba todo el equipo necesario para preparar la búsqueda de lo que estuviera ahí dentro esperando a ser encontrado, probablemente nuevos fósiles o tal vez metales preciosos y/o piedras preciosas o gemas, aunque algunos estaban bastante nerviosos, y no era por la cueva. Mientras tanto, Varrick y Wu iban explorando el interior de la cueva para variar, la cual era más extensa de lo que creían y estaba compuesta de bastantes galerías a su vez.

"Me he fijado que varios de los miembros de tu equipo están bastante alterados, mas bien asustados." Dijo Wu, echando un vistazo para atrás hacia el grupo. "Y no me extraña, pues estamos bastante cerca de las Tierras Malditas."

"¿Ah sí? No me había dado cuenta." Respondió Varrick. "¿Y a que viene eso de las Tierras Malditas? ¿Por que le tienen tanto miedo?"

"Pues no estoy muy seguro. Los maestros de la arena y demás gentes del desierto y de alrededores creen que esos parajes están malditos."

"Sí, ya me conozco de sobra todo ese cuento de que ese sitio esta bajo la influencia de una maldición. ¿Pero por que? Eso es lo que no entiendo."

"Según dicen en esas tierras un gran mal dejo su marca. Allí debió de pasar algo horrible, algo espantoso, hace mucho tiempo. Tanto que ni siquiera los espíritus se atreven a acercarse a sus limites."

"Hum, debió de ser algo realmente terrible si todo ese terreno quedo maldecido, aunque recuerdo haber visto algunas pinturas respecto a aquello y para mi solo parece un simple desierto rocoso con algunas cuantas montañas desperdigadas por este, pero nada más. Además, el que no arriesga no gana."

"Bueno, yo solo he oído sobre el territorio y su leyenda pero nunca le he hecho mucho caso. Siempre me ha parecido un cuento de miedo para niños. Lo único que me preocupa ahora es que este lugar no tenga un sitio decente como lavabo, pues en este tipo de lugares acabo bastante nervioso. Esto no se parece nada a un buen hotel, ahora lo veo claro." Admitió Wu tratando de no ponerse nervioso. Esto dejo perplejo a Varrick, quien le miraba con una cara rara y graciosa.

"Ahora empiezo a entender ciertas cosas de Mako."

El extraño dúo continuo caminando un buen rato hasta que llegaron a lo que parecía ser el final de la cueva, porque solo se encontraron con una pared enfrente suya y nada más.

"Vaya, no hay salida. Parece que aquí se nos acaba el camino." Dijo Wu. "Si no fuera porque esta bajo tierra, este sitio seria perfecto para montar una buena fiesta."

"¿Hay algo que se te de bien aparte de las fiestas?" Preguntó Varrick algo mosqueado a Wu, justo cuando el suelo debajo de sus pies comenzaba a resquebrajarse.

"¿Busca-problemas?" Contesto Wu alarmado mientras el suelo cedía bajo sus pies.

"¡Desde luego!" Gritó Varrick mientras ambos caían al vació.

Los 2 se pusieron a gritar, esperando lo peor, pero estos pararon cuando abrieron los ojos y vieron que estaban bien y habían tocado suelo firme. Por lo visto el hundimiento del terreno y la caída no habían sido para tanto.

"¿Estoy bien? ¿Estoy vivo? ¡Estoy vivo!" Celebro Wu tocándose el cuerpo y viéndose ileso mientras reía alegremente. "Ah, veo que tu también lo estas."

"Sí, eso parece. Aunque ahora tal vez estemos mucho más abajo de lo que creíamos." Protesto Varrick, señalando con el dedo hacia arriba, a la abertura por donde habían caído por donde entraba algo de luz.

"Tranquilo profesor. Nuestros gritos les habrán dicho a los demás donde estamos. Solo tenemos que esperar a que nos encuentren y nos saquen."

"Lo dices como si fuera tan fácil pero las cosas no son así, muchacho. ¿Acaso has visto donde estamos? ¡¿Se te ocurre algún plan genial para salir de aquí?!"

"Solo escucho bla bla bla de alguien que es gruñón." Respondió Wu hablando de forma graciosa, lo que dejo a Varrick atónito. "Cuando parece que la suerte se ha ido, ¿sabes que hay que hacer?"

"No quiero saberlo, me da miedo."

"Sigue andando, sigue andando. Sigue andando, andando, andando." Tarareo Wu como si cantara mientras hacia como el flujo de una ola con los brazos al ponerse de pie. "¿Que se hace? Andar." Luego cogió a Varrick del brazo, hizo que se levantara también y se lo llevo consigo, adentrándose en la oscuridad del nuevo túnel secreto. "Sí."

"Chico, para." Avisó Varrick, pero Wu no hacia caso, sino que seguía cantando y tarareando de forma ridícula esa melodía, e incluso improvisando malamente. "Para ya. Te digo que pares." Pero nada de nada. "¡Wu, callate que se me va a meter la cancioncita en la cabeza!"

"Perdón."

"Oye, ¿ves algo?" Dijo Varrick, incapaz de ver en la oscuridad.

De repente, Wu lanzo un gran grito de terror.

"¡Algo me ha agarrado!" Exclamo Wu alarmado.

"¡He sido yo!" Respondió Varrick.

"¡¿Quien es?!"

"¿Que quien es? ¡¿Pues quien voy a ser?! ¡Soy yo!"

"Eres...¿eres mi conciencia?"

"Esto...sí, sí. Soy tu conciencia." Dijo Varrick, siguiéndole el juego con voz profunda y con tono místico. "Llevamos mucho tiempo sin hablar. ¿Que tal estas?"

"Hum, no me puedo quejar. Alguna que otra fiesta, algunas chicas lindas. Algún incidente, algún secuestro contra mi persona...lo normal en fin."

"Sí, todo eso esta bien. Ahora Wu, dime una cosa...¿puedes ver algo?"

"Veo, veo…"

Al instante, enfrente se podía visualizar una pequeña y tenue luz verde.

"Veo una luz." Dijo Wu.

"¿Una luz?" Preguntó Varrick curioso.

"Sí, por ahí. Oye Conciencia, ¿estoy muerto?"

"¡No! No, yo también la veo."

Los 2 caminaron hacia aquella luz, la cual era emitida por un puñado de cristales luminosos cerca de la pared del final de la caverna, como los que había en las catacumbas de la Antigua Ba Sing Se. Entonces Varrick y Wu quedaron asombrados cuando dirigieron sus miradas hacia sus alrededores tras llegar al centro de la cámara. Las paredes estaban llenas de pinturas rupestres diversas: gentes de tiempos antiguos al lado de lo que parecía ser algún tipo de idioma antiguo y olvidado, espíritus, una especie de ciudad antigua...pero el más destacable, único e impresionante era el que estaba en la pared de delante, mostrando personas a los laterales debajo de lo que parecía ser la misma ciudad de antaño. Y en el centro estaban lo que parecían ser 2 gigantescos dragones rugiéndose el uno al otro enfrentándose, ¿o eran más bien...dinosaurios? Todo esto dejo sin palabras a los 2 recen llegados. Las pinturas estaban un poco degradadas por el paso del tiempo, pero aun se conservaban lo bastante como para distinguirse muchas cosas de lo que significaban.

"Wu...creo que hemos descubierto algo. Algo increíble y majestuoso." Dijo Varrick bastante emocionado.

"Sí, la verdad es que es muy impresionante. Supongo que esto entrara en los libros de historia." Dedujo Wu.

"Oh no, muchacho. Es mucho más que eso." Corrigió Varrick sonriente. "Esto cambiara la historia."

Varrick tenia una buena corazonada de lo que acababan de encontrar seria algo verdaderamente revolucionario para el mundo entero. Poco tiempo después, el resto del equipo arqueológico los encontró a los 2 y la nueva cámara oculta recién descubierta y se preparo todo para el estudio del lugar. Al igual que Wu y Varrick, todo el mundo allí quedo asombrado por tal hallazgo y no perdieron el tiempo empezando a fotografiarlo y grabarlo todo, ademas de hacer recreaciones, pinturas y dibujos de todas y cada una de las artes de las paredes de la caverna. Tras varias horas de investigación y trabajo, Varrick decidió que ya era suficiente por ese día y que continuarían el día siguiente, de modo que todo el mundo recogió sus cosas y se dirigieron a la salida, la mayoría con prisa, probablemente por la superstición de estar tan cerca de las Tierras Malditas y su maldición, quedando Wu y Varrick como los últimos.

"Muchacho, esa mirada que tienes en la cara ahora mismo no me gusta nada." Advirtió Varrick a Wu, quien miraba de forma sospechosa y ambiciosa a los cristales luminosos verdes, especialmente el más grande, impresionante y destacable de estos.

"El caso es que tengo una colección de cristales brillantes privada a la que no me importaría añadir esa belleza de ahí delante que nos llevado hasta aquí." Contestó Wu.

"¿Te interesa ese cristal?"

"Solo voy a cogerlo. Tampoco voy a hacer nada que vaya a hundir la cueva."

Wu se dispuso a coger el cristal, pero al instante fue detenido por Varrick cogiéndole de los hombros.

"Espera un momento, chaval. Esto me da muy mala espina." Aviso Varrick. "Lo haré yo."

"Vale, tu mismo."

Varrick fue andando hacia los cristales en silencio y de puntillas, teniendo mucho cuidado, hasta que llego al conjunto de cristales, se agachó a su altura y lo examino atentamente durante unos segundos. Después él cogió uno de sus instrumentos que pesaba más o menos lo mismo que el cristal grande, al menos desde la perspectiva de Varrick. Puso con cuidado el artilugio en el mismo lugar en el que estaba anclado el cristal para después sacarlo rápidamente. Una vez hecho esto, Varrick cerro los ojos esperando lo peor al igual que Wu, a quien la tensión del suspense le estaba poniendo muy nervioso y no podía aguantar más. Y no obstante, no paso nada.

"Hum, que raro. Creí que ahora ocurriría algo gordo." Admitió Varrick confuso pero aliviado tras abrir los ojos y ver que todo estaba bien. "En fin." Varrick se levanto y le tiró el cristal a Wu, a quien casi se le cayo al intentar cogerlo. "Toma. Ya tienes tu recuerdo."

"Oh, gracias Varrick. Es decir, Sir Varrick." Dijo Wu haciéndole una reverencia. "¿Nos vamos?"

Ambos se dirigieron tranquilos hacia la entrada de la galería, justo cuando en el suelo volvieron a formarse numerosas grietas que se iban ramificando hacia ellos.

"Va a ser verdad lo de la maldición." Dijo Wu preocupado.

"¡Sabia que era demasiado fácil! ¡CORRE!" Ordenó Varrick.

Los 2 pusieron pies en polvorosa a la vez que el suelo volvía a hundirse detrás de ellos, aunque paró al final de la cámara. Pero entonces los escapistas vieron una enorme roca redonda apareciendo de la nada y rodando velozmente hacia ellos, lo que los obligo a ir corriendo más deprisa.

"¡Bolin, muchacho! ¡¿Donde estas cuando te necesito?!" Exclamo Varrick en apuros.

"¡Lo mismo digo respecto a Mako!" Añadió Wu, también alarmado.

Los 2 huyeron gritando con la gran roca cada vez más y más cerca. Por suerte, llegaron al borde de otra de las galerías justo a tiempo para esquivar la roca. Pero entonces del techo empezaron a llover rocas, algunas de estas con aspecto afilado que casi alcanzaron al príncipe. Justo entonces volvieron a ver la roca perseguidora rodando hacia ellos, como si esta supieran donde estaban y a donde se dirigían.

"¡Esa cosa tiene mente propia!" Exclamó Wu intentando correr más deprisa.

El dúo llegó a la salida o el principio de otra galería y lo aprovecharon para perder de vista a la roca gigante de nuevo escondiéndose en la pared de la entrada y esperar a que la gran piedra pasara de largo antes de volver por donde vinieron, con Wu aprovechando para coger un curioso sombrero de tipo explorador por el camino, tal vez porque llamo su atención o simplemente porque le dio la gana. Tras un buen rato corriendo al fin hallaron el túnel principal, el que daba a la salida.

"¡Ya veo el agujero principal! ¡Estamos cerca!" Dijo Varrick viendo las señales que pusieron para identificar la entrada principal a lo lejos. "¡Lo conseguiremos!"

En ese mismo instante apareció de nuevo la roca gigante yendo tras ellos una vez más mientras que el techo de la cueva parecía desmoronarse sobre el dúo huyendo, y aunque parecía que todo estaba perdido, los 2 perseveraron en alcanzar el ultimo cable que conectaba con el exterior y al final lo lograron. Una vez o agarrado bien el cable Varrick golpeó la palanca que lo activo para arriba y comenzaron su subida de vuelta a la superficie a gran velocidad, justo antes de que la roca pudiera pillarlos. El dúo salio disparado para arriba como si fuera la escotilla de salida de un cohete, más con una gran nube de polvo siguiéndoles los talones, hasta que al fin alcanzaron la salida propulsados a gran altura y distancia antes de caer de vuelta al suelo. Todo el mundo contemplo esto en asombro, seguido de la gran nube de polvo, los temblores y el estruendo que lo acompañaron. Pero lo importante era que no hubo nada que lamentar.

"Vaya, eso ha estado muy pero muy cerca, aunque...también ha sido genial. Sí, tengo que admitirlo." Dijo Varrick para si mismo mientras se ponía de pie y se quitaba el polvo. "Podría hacer una nueva película respecto a esto. Quizá varias."

Al ver que los demás miraban hacia algo y claramente no era él, Varrick giró la vista para atrás y vio la entrada de la cueva totalmente bloqueada por un sinfín de rocas.

"Oh vaya, esto es sin duda desafortunado." Lamentó Varrick, sabiendo que ya no podrían volver dentro y reencontrar ese gran descubrimiento. "Bueno, por suerte tenemos hechos cientos de fotografiás, grabados de cámaras, pinturas, muestras, recopilados...muchas cosas conseguidas respecto a lo que había allí abajo. Lo que significa que esta expedición ha sido un éxito después de todo, ya que no nos iremos a casa con las manos vaciás." Decretó Varrick, tratando de ver lo positivo.

"¿Eso significa que volvemos a Ciudad República, Señor Varrick?" Preguntó uno de los arqueólogos esperanzado.

"En efecto. Recogedlo todo, quitaos el polvo de encima y aseguraos no dejaros nada de valor. Va a ser un viajecito muy largo, así que estad preparados para irnos."

Todo el mundo parecía muy contento por aquella respuesta, ya que no perdieron tiempo en prepararlo todo para el viaje de regreso, cosa que sorprendió a Varrick, peor decidió no darle importancia. Al mirar a su derecha y para abajo, vio a Wu aun en el suelo tumbado boca arriba, como si aun este estuviera aturdido por lo de antes.

"¿Que estas haciendo?" Preguntó Varrick extrañado.

"¿Cuantas piedras pueden caerte en la cabeza para que pierdas la memoria? ¿Lo sabe?" Preguntó Wu, un poco como ido, mareado u atontado. Tal vez por el golpe que se había dado o porque era demasiado flojo. En cualquier caso, esto hizo que Varrick moviera los ojos incrédulo y perplejo antes de llevarse al antiguo príncipe cogiéndolo de la pierna y arrastrándolo, justo después de recoger el sombrero y volver a ponérselo.

"Eres un aficionado, chaval. Un simple aficionado, te lo digo en serio."

"Oye, ¿me devuelves el sombrero?"

"De eso nada. Me queda mejor a mi."

"Ya lo dije antes. Es la maldición, la maldición, la maldición." Dijo Wu una y otra vez desvariando. "¡Cuidado con la maldición! ¡CUIDADO!"

"No entiendo como Mako pudo aguantarte tanto tiempo."

"Porque somos amigos, eso es."

"Sí, lo que tu digas. Vamos ex-alteza. No querrás estar sin prepararte para la boda de tu amigo."

"¿Una boda? ¡Me encantan las bodas! ¡Que empiece la fiesta! Yo estuve en la tuya, hace ya mucho tiempo." Contesto Wu entusiasmado, antes de darse cuenta de algo. "Espera, ¿Mako va a casarse?"

"¿No lo sabias? Que raro, me pregunto por que." Respondió Varrick un poco sarcástico.

Y así este par de 2 junto con todos los demás marcharon de vuelta hacia Ciudad República mientras el Sol comenzaba casi a ponerse en el horizonte. No obstante, ninguno de ellos se imaginaba lo que yacía realmente en esas cercanías e ignoraban algo que tenia pinta de poder estar relacionado con la supuesta maldición. En esa misma cadena de montañas, entre esa multitud de picos y montes estaba la más grande de todas. Pero no era su tamaño lo que la hacía peculiar, sino su apariencia similar a un diente afilado y que a su vez tenía más picos en varias de sus partes con forma también de dientes afilados, dándole una apariencia tétrica y siniestra. Y en lo más profundo de esa montaña, oculta en su interior, yacía una amplia cámara secreta, y esta había un tipo de esfera u orbe negro situado en el centro de lo que parecía ser un altar con apariencia de otro tiempo. Entonces, el extraño objeto redondo se puso a brillar con una misteriosa, tenue y siniestra luz roja que emitía de su interior, lo suficiente como para iluminar la gruta.

"El letargo llega a su fin. Todo esta ya en curso. Ahora...solo falta esperar." Pronunció una misteriosa voz de tono masculino, profunda y siniestra, la cual parecía provenir del orbe.

Al mismo tiempo, una pata de 5 dedos que acababa en afiladas garras tocó el suelo de la cueva mientras se oían como los gruñidos y/o chasquidos de un animal depredador. Parecía como la de un reptil, aunque también bastante humanoide, pero lo más extraño e enigmático era el hecho de que esta y su supuesto dueño parecía ser traslucido, igual que un fantasma. ¿Qué podría significar todo esto? Fueran lo que fueran ambas no tenían pinta de ser de naturaleza benigna, como signos de malos augurios que estaban por venir, amenazando con desatarse sobre las naciones tarde o temprano. ¿Cuál seria la naturaleza de dichas calamidades? Una pregunta que por desgracia no se le podía dar respuesta alguna y segura. Solo el tiempo lo diría. Sin embargo, una cosa estaba clara. Un nuevo y gran peligro amenazaba con cernirse sobre el planeta entero y con él un nuevo desafió para el Avatar y sus amigos y aliados. Pero este seria muy distinto a todos los que habían hecho frente a lo largo de sus años de lucha contra el mal y protegiendo el equilibrio. Uno al que tal vez...podrían no estar preparados para combatir. Uno mucho más grande de lo que podrían imaginar, y...que podría cambiarlo todo, incluso el destino del mundo...para siempre. Pues el pasado no puede ser enterrado por siempre...y siempre encuentra la forma de regresar, ya sea bueno o malo, y en este caso...ya no podía ser detenido.

Postdata: 1: La voz de Rexus es algo similar a la de Scourge, de Transformers: El Despertar de las Bestias.

2: En la escena del confrontamiento del Avatar Wan y Rexus como música de ambiente esta la del combate de Oogway y Kai al principio de Kung Fu Panda 3 o similar.

3: En la escena de Varrick y Wu escapando de la cueva como música de ambiente esta la de Indiana Jones: En Busca del Arca Perdida, cuando huye de los indígenas en la selva al principio de la historia.