Aquí el segundo capítulo, espero les guste
Recuerden que los primeros capítulos son de introducción a cómo comenzó todo entre ellos y después veremos qué pasa con el pequeño James. Para que vean como se relaciona este fic con "El Hijo" y "La verdad"
Saludos
Avisos: Harry Slytherin, el fic sigue la misma línea de mi otro fic: "El hijo".
Capítulo 2
Harry bajó el diario "El Profeta" después de leerlo con bastante detenimiento. Se había producido el día anterior una fuga masiva de Azkaban y por lo tanto, el máximo medio informativo de los magos ingleses se encontraba plagado de imágenes de todos los prófugos y de igual forma, de un largo mensaje por parte del Ministro de Magia, Cornelius Fudge, el que buscaba dar algo de tranquilidad por sobre todo el revuelo que las noticias del último tiempo estaban provocando. El Potter no le creía demasiado, sabía que las cosas estaban bastante difíciles y por ende, el llamar a la "calma" era una ridiculez. Idealmente, el Ministerio de Magia debía de convocar a estar preparados en caso de cualquier cosa.
Gran parte de los magos que aparecían en primera plana eran de la misma edad o un poco más adultos de lo que hubiesen sido sus padres en la época.
Suspiró.
Se encontraba en el Gran Comedor disfrutando de su desayuno cuando las lechuzas habían hecho aparición con la información y le habían bajado un poco los ánimos. La noche anterior, Ginny se había negado a casarse con él; y bueno, no esperaba más de la furia Weasley, así que se encontraba animado por el reto que le esperaba, pero en ese momento, las nuevas noticias lo dejaban desanimado. Se supone que sus padres habían aparecido muertos en medio de la nada en la madrugada. Algo sin sentido, puesto que el matrimonio Potter debía estar en su casa a esas horas junto a su pequeño hijo. Él mismo. Cuando apenas tenía pasado el año de edad.
Cuando se había enterado que era un mago y cómo realmente sus padres habían fallecido, dedicó gran parte de su tiempo libre en Hogwarts para buscar pistas de lo que realmente les había sucedido, pero siempre quedaba en un callejón sin salida. Sin embargo, de algo estaba seguro, y era que Lord Voldemort tenía algo que ver. Hace unos meses cuando había sido convocado por los seguidores del hombre a unirse a la causa, debido a su gran título de "el Príncipe de Slyhterin" dijo que lo pensaría. En realidad, pensaba aceptar (aunque arriesgase su relación extraña con Ginny), porque necesitaba saber la verdad de sus padres. Darle una explicación a todo. Sabía que Voldemort tenía algo que ver con la muerte de sus progenitores.
Durante el día tendría libre las primeras dos horas, además de las dos últimas, y, por lo tanto, aprovecharía de ir a la biblioteca por la mañana para que durante la tarde pudiese buscar con tranquilidad a Ginny, quien seguramente estaría pensativa por su propuesta del día anterior. Podía decir con orgullo que la conocía bastante bien.
Caminó por los pasillos vacíos de la escuela altivamente, metido en sus pensamientos. Algo le decía que sería un día bastante largo y provechoso y eso le agradaba. En el momento en que subió las escaleras suficientes, llegó al lugar. Le sonrió a la señora Pince, quien se la devolvió. A pesar de ser bastante huraña con los demás estudiantes, Irma Pince se portaba educada con él y hasta bastantes veces, muy amable. Harry a veces pensaba que eran sus encantos los que provocaban esa actitud en ella.
Dejó su mochila sobre una de las mesas y se fue a uno de los estantes más alejados; aquellos que apenas eran revisados: los anuarios de los antiguos estudiantes. Dentro de la escuela, nadie se interesaba por ellos e inclusive, habían personas que desconocían su existencia. Harry no había tenido interés en ellos hasta el día de hoy. Necesitaba saber quienes eran los mejores amigos de sus padres y si podía contactarse con ellos por algo de información. Hagrid hablaba poco de las mayores amistades de sus padres; sabía que le ocultaba algo, pero prefería no atosigarlo con ello. Eso significaría perder algo de confianza con la única real amistad sincera que tenía.
Buscó el año y sacó el cuadernillo. Era bastante pesado y la cobertura estaba algo gastada. Se acercó a la mesa donde tenía sus cosas, de su mochila sustrajo un cuaderno junto con tinta y una pluma, para comenzar a buscar lo que necesitaba. Pasó algunas páginas y sonrió al ver a su padre levantando la copa de quidditch que daba como ganador al equipo de Gryffindor y a su madre junto a unas chicas en la sala de herbolaría. A medida que pasaba las páginas, su miraba se ensombreció y su cara se colocó blanca. La razón radicaba en una simple fotografía: su padre rodeaba con los hombros a un hombre con el cabello un tanto largo. Sirius Black ponía el pie de la página. Y era Sirius Black quien había escapado el día anterior de Azkaban, junto con otros seguidores de Lord Voldemort.
Las fotos continuaban y su padre seguía apareciendo en casi todas o mejor dicho, todas las imágenes con aquel mortífago. Aparecían otros dos hombres, pero no los conocía como seguidores de Voldemort, así que no tenía como sospechar de ellos.
Se tapó la boca con la mano e intentó ordenar sus ideas. James y Lily Potter habían sido en un pasado fieles aurores del Ministerio de Magia y por lo tanto, grandes enemigos de Lord Voldemort. Si aquel hombre, el que suponía fue mejor amigo de su padre, se había vuelto un mortífago…quizás era quien los traicionó en un pasado. Seguramente, él los había entregado tendiéndoles una trampa.
Cerró el libro de golpe, pero por suerte este no sonó. Se puso de pie, tomó sus cosas rápidamente, devolvió el anuario a donde debía y se marchó. Pensó en ir a la sala común de Slytherin, no obstante desechó la idea. No tenía ganas de toparse con ninguno de sus compañeros de habitación, así que se marchó sin mucha prisa a la sala de Menesteres. El resto del día no regresó a clases; estaba como tres meses adelantado a las materias, así que no se preocupaba por cosas como esas. Estaba sobre una cama pensativo, sin hambre. Ensimismado en sus cavilaciones, decidió ir por su escoba y dar unas vueltas alrededor del castillo; si se hacía muy tarde, daba igual… era un prefecto y podía darse cierto trato preferencial a sí mismo. Se enderezó y se dio cuenta de que no estaba solo. Gracias a Merlín, al parecer solo él y Ginevra sabían de la habitación.
La joven llevaba su bolso cruzado, el cabello tomado y una bolsa en las manos. Ella le sonrió.
–Eh, ¿qué haces aquí, Ginevra? –él le devolvió la sonrisa. Merlín, parecía que ella cada día se volvía más guapa que el anterior.
–Si quieres me voy…
–¡No! –sonó un tanto desesperado. Ella levantó una de sus cejas. –No esperaba verte aquí. Supongo que debe ser tarde… –dijo, bajando el tono, lentamente. Ella se acercó a la cama y se subió, para quedar sentada junto a él, dejando de lado su bolso y el paquete que llevaba en las manos.
–Oye, parece que nos has tenido un buen día… nunca te había escuchado ese tono –ella lo miró preocupado. Harry sintió en el pecho ese típico calor que aparecía cada vez que la miraba.
–¿Estas preocupándome por mi? –él le sonrió divertido. –Antes de que comenzáramos con esto, técnicamente me odiabas.
–No te hagas tantas ilusiones… no te vi en pociones y como tampoco fuiste a buscarme a nuestro lugar de encuentro, pensé que te habías molestado conmigo –ella lo miraba intensamente.
–Sabes que no estaba molesto contigo por lo de ayer… eso da igual ahora, sabes que mi propuesta sigue en pie –Harry se sacó la capa, que estaba un tanto arrugada y los zapatos. Cuando había llegado a la sala de menesteres, se encontraba tan desanimado, que ni siquiera había hecho algo tan básico como ello. Ginny hizo lo mismo que él.
Ella abrió la bolsa que llevaba en las manos y comenzó a sacar platos con comida de él. Era un paquete sin fondo. Harry estaba por agradecerle, cuando ella se le adelantó:
–Sabes, hoy escuché algo que me llamó la atención o mejor dicho… me dejó preocupada –sacó un pedazo de pastel de melaza y Harry se relamió los labios. Siempre que estaba con ella le daba hambre
–¿Qué cosa? –le preguntó extrañado.
–Ron dijo que había escuchado… –Ginny detuvo sus acciones. –Que Voldemort estaba intentando reclutarte como uno de sus seguidores.
A Harry se le secó la boca.
–¿Y dónde escuchó él esa información? –estaba molesto. ¿Quién mierda había hecho correr ese mensaje dentro del estudiantado?
–No sé, pero yo me preguntaba… si es verdad aquella información… No se lo diré a nadie –la pelirroja le tomó la mano. Harry no sabía que decir.
–Sí –ella no dijo nada. Simplemente, tomó su brazo, desabotonó la camisa, para luego subir la manga y observar si había algún tatuaje. No había nada. Harry solo se dejó hacer. –Hemos hecho el amor, hemos visto nuestros cuerpos desnudos…
–Solo quería cerciorarme –ella rio y le tendió un plato que tenía pollo y papas fritas.
–¿Cómo has logrado sacar todo esto? Seguro tu hermanito o alguien te ha preguntado para quién era.
–Durante la cena dije que me sentía mal, no probé bocado así que después fui a las cocinas por comida para los dos. Sabía que estabas aquí –ella sacó una papa frita de su plato y rio divertida.
–¡Oye, no te robes mi comida! –le dijo él riendo.
–Lo siento, verdad que necesitas fuerzas para lo de después –le respondió con una sonrisa pícara.
–¿Lo de después? –Harry levantó una de sus cejas y sonrió coqueto. Ella se colocó roja y le tiró un pedazo de pollo.
Harry olvidó sus pesares.
…
A veces, Ginny se sentía como una cualquiera. Es decir, se acostaba (y con bastante frecuencia) con uno de los peores enemigos de su hermano, quien también resultaba ser "El príncipe de Slytherin.
Ella había sido seleccionada casi al instante por el sombrero cantante para que fuera parte de la casa Gryffindor. Era una traidora de la sangre y por lo tanto, ella y Potter no tenían nada en común.
Cuando no se reunía con él, pensaba acostada en su cama sobre su relación. En algunos momentos deseaba ponerle fin. Es decir, el chico no parecía ser uno de los "fans" de las acciones de Voldemort, como lo era Draco Malfoy, pero se sentía mal. No era bueno lo que hacía, si su madre se enteraba que andaba haciendo cosas indebidas de ese tipo y más encima, en Hogwarts, seguro la sacaba y la enviaba a un internado de niñas. Además, después de que terminaran el colegio, seguramente ella y Harry jamás se volverían a ver y ambos tomaría sus caminos correspondientes.
A pesar de no tener la marca, seguro Harry se volvería un mortífago y ella, se volvería uno de sus enemigos, al ser una traidora de la sangre.
Potter tenía una actitud muy cambiante: a veces era sombrío, en otras, conversador y arrogante con ella y otras muy escasas, divertido. Jamás había sido agresivo, ni nada por el estilo; el joven la trataba como si fuera una joya, pero ella insistía que su relación era poco sana.
Jamás se había mostrado debilucha con nadie, siempre se metía en problemas, hasta era considerada la furia Weasley, pero Potter ejercía un poder completamente diferente con ella. Era como si le lanzaran un hechizo aturdidor.
…
Snape era uno de los profesores que Harry más apreciaba; el hombre en un principio se había comportado de una manera bastante desagradable con él, pero con el tiempo, su actitud cambió completamente. En un principio, no lograba entender el porqué de las cosas, pero con el tiempo, se enteró de que su padre no había sido muy amable con el hombre. Quizás veía en él, el reflejo del porqué de sus antiguos sufrimientos.
Pociones era una de sus clases preferidos; a veces se colocaba a experimentar y se sentía orgulloso lo que había logrado. Los calderos eran sus compras constantes, así que agradecía tener algo de oro en Gringotts.
En séptimo año y con sus 17 años cumplidos Harry se dio cuenta de que debía comenzar a tomar sus decisiones como un adulto. Si bien, había mantenido sus planes en secreto (puesto que ni Ginny los sabía), se sentía completamente confiado de lo que tenía en mente. Cuando saliera de Hogwarts se uniría a Voldemort, pero no para seguir sus ideales, sino para descubrir qué había sucedido realmente con sus padres. Tendría que separarse de Ginny, así que solía buscarla con más frecuencia. No deseaba alejarse de ella, pero cuando la pelirroja se enterara de que era parte de los seguidores de Voldemort lo terminaría odiando.
Si todo acababa y él salía ileso, le contaría la verdad. A no ser que ella aceptara convertirse en su esposa, cosa que soñaba, pero sabía estaba muy lejano de la realidad.
Cuando llegó el día anterior al de la graduación, Harry volvió a reunirse con ella en la sala de menesteres; estaban pensativos, pues sabían que no volverían a verse por lo que se estaba desarrollando a las afueras del castillo. Ya no serían unos estudiantes, sino que se volverían unos adultos y por lo tanto, debían actuar de aquella manera.
No deseaban mencionarlo, porque tampoco querían separase.
–Cásate conmigo –le dijo. Cruzó los dedos. Ginny se acomodó en su pecho para mirarlo.
–Sabes cuál es mi respuesta –ella se puso tensa.
–¿Sí? –dudó. Sabía que tentaba a su suerte.
–Harry, sabes que no podemos. ¿Qué les diré a mis padres y a mis hermanos? ¿Qué de la noche a la mañana decidí casarme contigo? –ella fruncía el seño. Harry la miró impaciente. ¿Por qué era tan testaruda?
–Está bien, pero espero que me recuerdes –sonrió, aunque por dentro no estaba nada feliz.
–¿Recordarte? Claro… nunca había visto un chico tan guapo como tú… no creo que seas tan difícil de olvidar –sobre todo cuando los últimos días se había sentido tan mal anímicamente. Hasta despertaba con vómitos por la mañana. No deseaba separase de él.
Harry la tomó de la cintura e hizo que se sentara sobre él. Se besaron apasionadamente; debía aprovechar hasta el último segundo. Mañana no volverían a verse nunca más.
Espero les haya gustado
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