Capítulo 16: Atardecer

Los niños estaban tan contentos que parecían casi maniáticos. Olga y Lorna parecían conocerse de toda la vida, chismorreando y riendo. Por Dios, ¡Si hasta habían entrelazado sus antebrazos mientras caminaban! Al momento recordó la extraña relación que solía tener Olga con Lila cuando eran niñas, y sintió sinceras arcadas.

¿En serio se habían hecho amigas tan rápido? ¿No estaba haciendo Olga lo posible por que su hermana le quitara a su marido?

Prefirió voltear a ver a su hija, pero esta se limitaba a decir a gritos que quería subirse a un juego que se veía un poco más "adulto" que a los que se habían subido anteriormente, y de hecho, había niños y adultos en este, así que subieron todos. Olga se subió con Leo y le hizo señas de que se subieran a ella y Sophie. Había cuatro asientos por sección, (dos enfrente de los otros dos), y cuando Helga iba a tomar asiento, se subió Cindy a toda velocidad y se sentó frente a Leo. Sophie frunció el ceño, ofendidísima.

—¡Hey! -Gritó —¡Ahí íbamos mi mamá y yo!

—¡Yo quiero ir aquí! — Respondió Cindy, ceñuda también, sin despegar la vista del pequeño y confundido galán frente a ella.

Helga volteó al rededor para ver cómo podían solucionar eso; Arnold estaba en el carrito de atrás con su esposa y su hijo, y miraban también confundidos la situación; Se suponía que la pequeña se iría con ellos.

—¡Vente con nosotros, Sophie! —Gritó de repente, desde su asiento, el pequeño Ed y sus dos padres asintieron inmediatamente, sonrientes.

—¿Puedo, mamá? —inquirió la aludida con los ojos brillantes; parecía agradarle en demasía esa idea.

—Claro —Respondió Helga, y una vez que su hija se hubo acomodado junto a la bellísima Lorna, tomó su lugar junto a la embobada Cindy que no le despegaba la mirada a Leo y que tanto comenzaba a recordarle a ella misma hacía ya tantos años.

Se bajaron del juego y se subieron a otro, y luego a otro. De esos mismos que eran para niños y adultos. Cindy ya no quiso separarse de Leo, y Sophie, aún ofendida por la actitud de su amiga, se pasó junto a Ed el resto del día. Arnold y Lorna sonreían mucho, y Sophie parecía llevarse de maravilla con ellos. A cada rato escuchaba las carcajadas de los cuatro; y para ser honesta, Helga no sabía muy bien cómo debía sentirse sentirse al respecto.

Olga la miraba con suma atención todo el rato, pero no decía nada por los niños que las acompañaban, aunque Cindy hablara como perica y Leo hiciera el intento de intervenir en la plática también, aunque sin demasiado éxito.

Cuando menos lo pensaron, ya estaba obscureciendo. Los niños comenzaban a sentirse cansados por fin, y todos se morían ya de hambre.

—Creo que va siendo hora de dar por terminado el día, ¿no campeón? —Le preguntó Arnold a su pequeño, al tiempo que este bostezaba. El aludido se limito a asentir mientras se tallaba un ojo con el puñito de la mano libre. La otra estaba sobre la mano mucho más grande de su padre; Sophie, a un lado del chico, hizo un gesto de no estar muy de acuerdo.

—¿Ya? —Se limitó a preguntar, ceñuda.

—¿No estás cansada aún, cariño? —Le preguntó Lorna, que la llevaba de la mano. Sophie se encogió de hombros y de pronto parecía querer llorar.

—Sí, ya estoy muy cansada y tengo hambre —Reconoció con un suspiro —. Pero no quiero que se lleven a Edward aún, y tampoco quiero que se vayan ustedes —. Agregó, mirando a Lorna y a Arnold.

Los aludidos se miraron sin saber qué decir, y Olga salió al rescate.

—¿Y si vamos a cenar todos juntos? —Preguntó, con una gran sonrisa en el rostro.

Olga sonreía de lado a lado, además de todos los chicos, aunque ya parecían algo cansados. No sabía como se lo habían tomado Arnold y su esposa, y no quería averiguarlo, así que no volteó a mirarlos.

Quería decir que no. Si algo no se le antojaba en ese momento, era alargar aún más esa tortura, pero, a la vez, lo que más quería en el mundo era pasar un poco de tiempo más con Arnold, así fuera en unas condiciones tan desfavorables como esas. Le estaba ardiendo el estómago y no precisamente de hambre, y no sabía qué contestar, y ya había pasado demasiado tiempo, y ya debería haber dicho algo... Al igual que el resto. Levantó por fin la mirada al tiempo que Olga comenzaba a hablar de nuevo; al parecer acababa de llegar a la misma conclusión que su hermana menor.

—O tal vez podríamos dejarlo para otro día —Soltó tratando de sonar casual, pero la incomodidad se le estaba saliendo por los poros. —Ha sido un día muy largo.

Lorna, que parecía acabar de despertar de un sueño particularmente profundo, musitó: "No, no. Para nada". Mientras parpadeaba un poco demasiado.

Arnold, por su parte, miraba a su aún esposa, obviamente sin saber qué decir.

—Por mí está bien, si quieren —Se limitó a decir Helga mientras se encogía de hombros, aunque, al decir esas palabras, al fin se dio cuenta de que no se le antojaba en lo absoluto.

Arnold abrió la boca para hablar, aunque era obvio que no sabía qué decir, pero fue la vocecita de Leo la que terminó llamando la atención de todos.

—Disculpen pero, ¿No es hora de llevar a Cindy a su casa? —Inquirió el nene, mirando un tanto incómodo a la chiquilla que tenía prendida de el brazo desde hacía quién sabe cuanto. Tenía cara de estarse quedando dormida de pié, pero Helga se preguntó si no sería solo una puesta en escena para poder acercarse a ese galán de sobrinito que tenía.

Olga se puso de rodillas frente a los niños y preguntó a Cindy: "¿Estás muy cansada ya, cariño?" La nena asintió y todos los adultos sonrieron, aliviados, al igual que Leo. Ed miró a Sophie un tanto decepcionado, y la susodicha no se esforzó por esconder lo poco que le gustaba la idea, pero no dijo nada.

—Supongo que será en otra ocasión, entonces —. Al fin habló Arnold a medio camino entre la decepción y la resignación, y Helga se preguntó cuánto de autenticidad habría en aquello.

—Creo que es lo mejor —Añadió Lorna, mientras esbozaba una sonrisa un tanto apenada —. Me temo que ya hemos abusado de su hospitalidad lo suficiente por un día —Agregó mientras tomaba a su pequeño niño en brazos.

—Oh, para nosotros no es ninguna molestia —Respondió rápidamente la mayor de las Pataki —, pero si ya consideran que es hora de irse a casa, tampoco hay ningún problema. Igual podemos quedar otro día para que los niños jueguen.

Todos los niños parecieron encantados con la idea, incluso la ceñuda Sophie y Cindy, que al parecer había abandonado totalmente aquél cada vez más sospechoso letargo, pero sin soltar el brazo del pequeño hijo de Olga.

Se ofrecieron a llevarlos, pero Lorna las rechazó gentilmente mientras les hacía saber que había traído un carro, para luego decirle a Arnold que podía llevarlo y que le quedaba de camino, él aceptó y luego de las formalidades para despedirse, se fueron.


Espero les guste el nuevo capítulo.

Agradecimientos especiales a The J. A. M. a. k. a. Numbuh i, mvzalidag y virmor25. Muchísimas gracias por su apoyo.