1 ALEXANDRA STONE
04 de enero del 2030. Alfombra roja de los Emmy, Nueva York. 17:07 p.m.
— ¿De verdad venimos a verla a ella? Porque podríamos mejor haber ido a ver el reestreno de Halloween con Jamie Lee Curtis y sería menos aburrido. Ya llevamos dos horas aquí paradas y no deja de joder este maldito invierno. Es realmente fastidioso —refunfuñó y se abrazó a sí misma para darse un poco de calor. — Si no mal recuerdo, esa tal Rachel Brooks, está más que acabada que una anciana en un asilo abandonado. Y no entiendo tu obsesión por ella, ni que fuera Taylor Swift para que te encuentres así.
La que protestaba por todo, era una rubia adolescente de 17 años de edad, la cual había ido en contra de su voluntad, mejor dicho, había sido engañada por su mamá, quien parecía estar poseída por un payaso por la enorme sonrisa que mantenía en todo su rostro. Trató de entender su cambio de humor, ya que la mayor parte del tiempo, se la pasaba enojada o siendo la más exigente madre de entre todas las demás, bueno, los niños suelen dramatizar la vida. Ellis solamente sabía que Quinn estaba tan emocionada, al límite de estar obsesionada, por esa actriz de Broadway, aquella que ni siquiera podría estar nominada en ninguna categoría, de hecho, llevaba ya muchos años lejos del medio artístico. Ellis no tenía idea del gran vínculo que ambas compartían.
— ¡Oh por Dios! ¡Allí viene! —ignoró a su hija —Por fin nos encontraremos de nuevo, Rachel —susurró. Tenía que verla de nuevo o enloquecería más de lo que ya creía que lo estaba. Quería poder solucionar lo que en el pasado le había hecho, algo mucho peor que las ofensas del instituto.
—¡Rachel Brooks apesta más que los calcetines de mi papá!
—¡Cállate, Ellis! Deja tus comentarios sarcásticos para otro momento, por favor.
—¡Me avergüenzas mamá! ¡Pareces una foca! —Ellis puso los ojos en blanco y frunció exasperada el ceño al contemplar como su madre, aplaudía eufórica como una cría— Esta mentira para papá, mínimo vale una salida nocturna con mis amigas ¡Lo oíste! —advirtió.
La hija más grande por parte de la familia de los Lockwood sabía sacar provecho de las circunstancias, haciendo gala de sus genes, porque simplemente era una fiel copia de Quinn en sus años de instituto. Tenía el mismo temperamento explosivo y la misma capacidad de tener a quien quisiera a sus pies o simplemente tenerlos bailando como un perro si así lo deseaba. Era cuestión de dedicarles una mirada y levantar su ceja para que le tuvieran respeto, no así por parte de su madre, quien era una obsesiva y controladora con todo su alrededor, y jamás retrocedía a las órdenes y reglas impuestas, en específico, con sus hijos.
— ¡Basta Elizabeth Spencer! Ya hablamos al respecto y sabes lo que pienso, no trates de chantajearme.
Fue entonces que cierta morena, que perfectamente reconocería en cualquier lado, pasó frente a sus narices como un torbellino, ignorándola por completo. Ni siquiera Quinn se percató de su huida.
— No puedes salir. Estás castigada todo este mes, no sé si lo recuerdas.
— ¡Eso es injusto! ¿Por qué solamente yo estoy castigada? Si fue Tony el que tiró todas las galletas en el suelo y Emelie la leche en los sillones.
—Porque se supone que tú eres la hermana mayor y debes de cuidar a tus hermanos más pequeños. Y ya no hablaremos más al respecto. Caso cerrado. No quiero discutir con Abigail.
— Insisto que eso es injusto —continuaría con sus reproches, pero vio a la distancia algo que realmente le llamó la atención, mejor dicho, alguien con andares de modelo— ¿Esa de allí es Alexandra Stone? ¡Sí es ella! Le pediré un autógrafo y Ashley se morirá de la envidia —con agitación, dio unos brincos sorprendiendo a su madre, porque ¿Quién demonios era Alexandra Stone para que su hija se impresionara de tal manera? Ambas Spencer no entendían la obsesión de una y de la otra. —Ella sí es famosa, no que tu Oompa Loompa… —se detuvo mientras sacudía su mano pretendiendo de que su actriz favorita la volteara a ver — ¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! Allí viene. Allí viene ¡Aquí! ¡Aquí Alexandra! ¡Alex! ¡Lobito!
—Ellis, contrólate. No es la gran cosa —se encogió de hombros restándole importancia.
— ¡No me jodas! ¡No me jodas! ¡Allí viene! ¡Cállate, Quinn! ¡Por favor no trates de avergonzarme delante de ella!
—Y tú deja de hablarme así, soy tu madre…
—Shhh… —la interrumpió y la hizo callar. Quinn no podía creer que su propia hija se tomara esas atribuciones con ella.
Y funcionaron los gritos de la adolescente, porque una castaña de ojos color como el cielo, y de un cuerpo envidiable, se aproximó hasta su posición con una sonrisa llena de arrogancia y superioridad, haciendo que, por segunda vez, Ellis ignorara sus reclamos.
— ¡No me jodas! Eres Alexandra Stone ¿Podrías darme tu autógrafo? Porque, pues bien, eres genial, asombrosa, ardiente y eres la mejor actriz del planeta, qué decir del planeta ¡Del universo entero! ¡Soy tu fan número uno! —musitó acelerada produciendo que la actriz cambiara su gesto por una sonrisa conmovida.
—Ellis ¡Las groserías! —la regañó Quinn, pero su hija le cubrió la boca.
—Claro pequeña gritona, y aunque admiro todas esas cualidades cada vez que me veo en el espejo, es bueno que una fan tan ocurrente me diga todo esto. Así que lo más justo y sensato es que nos saquemos una selfie y puedas presumir que estás con la más grande estrella que ha nacido sobre la faz de la tierra —le guiñó un ojo de manera juguetona.
—La única más grande estrella que ha nacido solo es una y se llama Rachel Julie Brooks —susurró Quinn quitándose la mano. Aunque fue perfectamente escuchada por la actriz, que no le dio importancia sino más bien gracia.
— Vaya que tienes como madre a una que parece tener la cara de una estirada aburrida. Sonríe cariño, no me hagas pensar que eres la Grinch arruina navidades. Eres muy hermosa como tu hija —Quinn frunció furiosa su ceño por su intentó de flirtear con ella y con su hija.
—Por supues… to… Por… su… puesto —balbuceó Ellis.
Se aproximó a la barra de separación con su celular en la mano, mientras Quinn se mantenía en segundo plano observando la interacción entre su hija y la engreída actriz. Desde que la vio acercarse, no le gustó para nada, y menos, después de los adjetivos que le había dedicado.
—Di ¡bombón! —Alex se colocó a su lado pasando el brazo por sus hombros para después sonreír con sus perfectos dientes de comercial de televisión— ¡Felicidades! Ahora serás la más popular en tu instituto ¿Qué nombre le pongo a tu dedicatoria? —tomó el celular para autografiarlo con un plumín.
—Ellis"la más perra porrista" Spencer.
Se llevó una mirada asesina por parte de su madre. Si es que las miradas de odio de Quinn Spencer te asesinaran, ambas ya estarían enterradas 1000 metros bajo tierra.
— ¡Oh qué bien! ¿Así que eres porrista como mi novia de reparto? Desde este momento, eres mi chica favorita —le revolvió el cabello regresándole el celular y luego siguió su camino, andando con gracia hacia la entrada del edificio, donde se llevaría la gala en unos escasos minutos.
— ¿Y esa es la actriz por la que mueren las adolescentes? Repito, ni que fuera la gran cosa —protestó Quinn tan celosa por la cara de asombro que aún mantenía Ellis.
— ¿Qué no es la gran cosa? ¿De qué siglo eres mamá? Por si no sabes, Alexandra es la protagonista de la serie más popular en todo Netflix USA, Dame una simple razón. Esa actriz que dices que no es la gran cosa, está nominada con su serie a la mayoría de los premios. Tanto así, que ella está participando en la misma categoría que Sarah Paulson como mejor actriz dramática. Aunque, obviamente, ella se ganará el Emmy, y lo sé porque es cuestión de verla, es bonita, genial, divertida, talentosa ¿Sabes que le dicen lobito por lo ardiente que es en la cama? —contó todo sin respirar un solo segundo.
— ¡Basta! ¡Basta ya! Ya entendí Ellis. Aunque no sabía que te gustaran las chicas.
— ¿Y quién dijo que me gustan? No porque crea que Alex es casi perfecta, significa que me atraigan las chicas. De hecho, no todas las que vemos la serie pensamos en llevar una relación con una chica, algunas somos simplemente románticas y nos gusta el amor de cuento de hadas, y créeme que esa serie trata de eso.
—Pues entonces tendré que verla y así entender tu fanatismo casi enfermizo por esa "perfecta" mujer—inspeccionó su abdomen y culo para compararlos con los de la actriz. Ellis sonrió por la intensidad de su madre.
Premiación de los Emmy's: Mejor actriz dramática. Interior del Radio City Music Hall. Nueva York. 21:09 p.m.
—Estoy muy nerviosa. Quiero vomitar ¿Hay un baño por aquí? —caminó alarmada de lado a lado sin siquiera respirar— Y ¿si se burlan de mí?, y ¿si me lanzan tomates? ¿o si me abuchean? Aún peor, ¿Y si me caigo a la mitad del recorrido como Miss USA?, eso pondría el fin a mi regreso triunfal.
— ¡Cálmate! Si no es que creyera que eres una gran estrella y no entiendo tu ridícula falta de confianza de último momento, tenlo por seguro que no hubiera querido ser tu representante —la detuvo por los hombros mirándola directamente a los ojos—. Respira, cuenta las 10 ovejas que te tranquilizan, y sal allí para hazme sentir orgullosa —ordenó dándole una palmada en el trasero y lanzarla hacia el escenario.
"Presentando una de las más importantes categorías y regresando de un merecido y desconocido descanso de Broadway está con nosotros… La hermosa Satine de Vermont, Washington ¡Rachel Brooks! Un merecido aplauso para ella."
Rachel resopló al escuchar su señal y caminó con inseguridad hasta el centro del escenario. Donde millones de personas estarían atentas a cualquier cosa que hiciese mal por culpa de su nerviosismo.
— ¡Muchas gracias a todos! Me siento muy agradecida que me hayan tomado en cuenta para presentar este importante premio de la pantalla chica, sin siquiera ser partícipe de ella, y menos, si es que creen esos rumores de que soy una diva, eso es completamente falso, eso dejémoslo a mi amada Anne Hathaway —se escucharon risas de fondo, y todo comenzaba bien para Rachel— Sin más que decir y evitar que la princesa de Genovia me mande asesinar, aquí las nominadas para el premio de mejor actriz dramática. Ellas son… —anunció mientras en una enorme pantalla, que ocupaba la mayor parte de la pared central del auditorio, salían cada una de las aludidas a mejor actriz.
Rachel Brooks estaba arriba de un escenario tan distinto del que había estado con anterioridad. Y lo peor del asunto era que no estaba nominada, y eso, para los planes que tenía en el instituto, era algo imperdonable y una verdadera y gran catástrofe para sus metas a largo plazo. Para la edad que ya poseía, debería tener por lo menos cinco Tony's, tres Emmy's, dos Grammy's y un Billboard, y ¡Hey! No es que Rachel Julie Brooks fuese una loca exagerada y con sueños inalcanzables. Bueno sí, pero a sus 32 años de edad, simplemente tenía un miserable Tony por ser la actriz revelación, y no es que creyera que en realidad era de menospreciar ello, ya que había luchado mucho por conseguirlo luego de protagonizar Moulin Rouge y ser la obra de teatro más taquillera de una joven e inexperta actriz, pero no había logrado todos sus demás objetivos, y todo tenía una razón de ser, Allan Prescott y Quinn Anne Spencer.
Todo comenzó con la pérdida inesperada de Allan, esa era la primera piedra que llevaba sobre de ella, y la segunda, era Quinn, que mucho tiempo después de besarla en el instituto y confesarle sus sentimientos el día de su boda, la rubia le dijo viéndola a los ojos que no la amaba y le advirtió que la dejara en paz. Algo muy duro y difícil de asimilar para su necesidad de querer ser el centro de atención de todos los que estuvieran a su alrededor.
—La ganadora es… es… —abrió con teatralidad el sobre de la triunfadora— La ganadora es... —segundos de silencio para darle emoción al ambiente— ¡Alexandra Stone! Felicidades a nuestra querida, y que tengo que informar, tiene un asombroso y bonito nombre como el mío, Rachel Smith de Dame una simple razón.
Y si cuando Rachel Brooks subió al escenario y se escucharon aplausos, silbidos y todo tipo de cosas, no se hicieron esperar hacia la nueva actriz ganadora del Emmy, Alexandra Stone. Quien se llevó una ovación tan grande que retumbó en todo el auditorio, y quizás, en todo Nueva York, sorprendiendo y dejando con la boca abierta a la diva de Vermont. Ni ella misma se había llevado tal ovación cuando se ganó su primer Tony, como la que fue acreedora la ojiazul.
— ¡Basta! ¡Basta! Ya sé que soy asombrosa —agradeció mirando a todos y pidiéndoles un poco de silencio con sus manos. — Muchas gracias sexy y ardiente, Rachel Brooks. Para mí es un honor que una estrella de Broadway como tú sea quien me entregue mi merecido premio, porque vamos, siempre intuí que sería la triunfadora, porque soy la más talentosa de entre todas, sin menospreciar a las demás participantes, en especial, a mi coprotagonista Mía Müller —señaló con su dedo a una chica peliroja que estaba de pie aplaudiendo feliz, y de nuevo, allí estaban las ovaciones para la creída actriz que tomaba su estatuilla y la alzaba por los aires al más estilo de triunfo de guerra— Sin más que agregar, y para que mi novia porrista Zoey Ulrich no se enoje conmigo y se ponga celosa por no llegar a casa, los dejo con la maravillosa vista del culo de mi gran amiga Satine —se despidió de Rachel dejándole un abrazo más debajo de lo que debería y susurrarle sensualmente al oído sin que se lo esperase— Llámame, cielo, quizá esté esperándote desnuda sobre mi cama y con una botella del mejor vino espumoso para festejar mi triunfo.
Y caminando con su premio como si flotara por el escenario, dejó a una Rachel Brooks sin palabras y con la boca abierta por segunda vez consecutiva.
Porque Alexandra Stone era su crush y sus sueños húmedos del medio artístico, desde luego, después de cierta capitana de las Starburst, que la admiraba con una brillante sonrisa de orgullo a través de la gigantesca pantalla que estaba postrada en las afueras del auditorio. Quinn Spencer podría respirar por ahora, porque su chica aun sentía que su corazón latía a mil revoluciones por segundo y su estómago sentía las mismas mariposas que 16 años atrás cuando desde las gradas la veía entrar al campo de futbol.
