2 PROMANCE
Emmy's After Party. The Bunker at Output, Nueva York. 23:29 p.m.
— ¿Me estás diciendo que esa chica se te insinuó mientras le dabas su premio? Me estás mintiendo Brooks. Alex Stone viendo a un gnomo. ¡Já! Por favor. Ni eso tú misma te la crees, además, va más allá de tu enfermiza necesidad de querer ser el centro de atención.
— Aunque no me creas, y por esta vez deje pasar tus ofensas, es cierto, o solamente aluciné, o quizá fueron las dos cosas. Aun no lo sé bien —espió de reojo a Alex, quien bailaba a la mitad de la pista con dos chicas— No lo sé, Salma. Pero estoy segura de que casi me toca el trasero, lo juro. Lo juro por la mismísima Julie.
— De acuerdo, esto es serio. Que lo jures por esa anciana tiene que ser verdad. Tendré que creerte —se quedó en silencio por unos minutos, y siendo honestos, esa era la expresión que ponía cuando algo nuevo se estaba cocinando dentro de su ingeniosa mente de Relaciones Públicas. —De hecho, querida Brooks, eso te cae como anillo al dedo —sonrió maliciosamente.
—No estarás hablando en serio, Salma ¿Verdad que no estás hablando en serio? —presintió lo que su representante estaba a punto de pedirle. Algo de lo que llevaban hablando desde hace días atrás. Buscar un Promance y así ayudarla a recuperar un poco de atención de la farándula. La fama debía regresar como fuese, así tuvieran que optar por esa desesperada situación.
— ¡Claro que sí! Irás hasta allí, la seducirás y la meterás hasta tu cama y harás que Alex Stone jamás quiera dejarte. Ese es el mejor plan que se me ha ocurrido hasta ahora para arreglar tu destruida carrera.
— ¿Cómo sabes que yo quiero salir con ella?
— ¿No es lo que querías? ¿Buscar la atención como fuese? ¡Pues allí esta! Además, porque te atrae lo prohibido y las chicas malas, más que una sosa aburrida como tú. Y aunque trates de ocultarlo, eres más gay que yo Brooks —Rachel le entrecerró los ojos— Mira, observa… es más que obvio que le van las castañas, si no ve cómo se está casi tragando a esa chica o sino tratando de medir la distancia que existe de entre su úvula hasta sus dientes —señaló hacia la zona de las involucradas, donde Alex estaba casi asfixiando, como si fuera una boa constrictor, a su acompañante con el intenso beso que le estaba regalando. —Y también mi tercer ojo mexicano me dice que esto será algo muy grande —se encogió de hombros.
—Tú ni siquiera eres mexicana, si no mal recuerdo —puso los ojos en blanco— Yo creo que bien pudiese ser dentista además de ser actriz esa tal Alex. Tú no lo sabes —de nuevo, contradijo ingenuamente, aunque más bien lo hacía para librarse de lo que su loca amiga le estaba pidiendo que hiciera.
Simplemente no quería seducir a la chica. Rachel solamente había aceptado a ir a la fiesta por lo intensa que había sido y por sus insistentes ruegos. Pero si fuese por ella, estaría en su cama tapada con su cobija y con una buena lectura entre sus manos acompañándola seguramente con un Mocha blanco. La morena no era de fiestas, más bien era una chica hogareña.
— ¿Ok, Brooks? Dime que no dijiste eso. Eres tan inocente que a veces creo que eres la media hermana de mi Tay. ¡Por amor! Ve y consigue eso que te dije.
— ¡No quiero Salma! ¡Esta vez no lo haré! —Hizo aspavientos con sus manos— Además, por qué das por hecho que Alex, la más promiscua de todas las chicas del planeta, desee tener una relación, yo personalmente no creo que quiera algo así. Solo tú, y tú estás más loca que una cabra, lo sabes —intentó cambiar la dirección de la situación. — Mira, hay muchas más chicas aquí que quisieran hacer lo que yo les pidiera, de hecho, acabo ver pasar a Dakota Jonhson, y ella aceptaría con gusto, pero Alex, dudo mucho que quiera ser seducida, ella es la que las seduce.
—Pero ninguna de ellas acaba de ganar cinco Emmy, así es que has algo para que quiera seducirte. Soy tu representante y estoy aquí para ayudarte a subir como la espuma. Solo has lo que yo te digo. Confía en mí. Lo cierto es que, obsérvala, no es para nada fea o sea un castigo que te dé un poco de la diversión que la que te rehúsas a recuperar —por la espalda, la tomó de los hombros proporcionándole un masaje— Vamos Rachel, ve hasta allí y sácale un suspiro con esas piernas asombrosas, y que aún sigo sin entender, cómo es que son más grandes con proporción a tu cuerpo. Mientras yo… con mi celular las grabo y subo el video a TikTok. Y verás que serás la envidia media población femenina, yo sé lo que te digo.
—Está bien, si tú lo dices, pero si algo sale mal —la señaló con su dedo índice— ten por seguro que te lo reprochare toda la vida, me oíste.
Rachel caminó con indecisión hasta la chica. Alex seguía manteniendo sus sensuales movimientos de baile mientras besaba por el cuello a una de sus conquistas. Así como la habían descrito Rachel y Salma con anterioridad, Alexandra Stone era reconocida abiertamente como parte de la comunidad LGBTI+ y además por sus vastas presas. Objetivo que se ponía, chica que obtenía. Y no es que a las chicas les importase que Alex las sedujera, más bien querían ser seducidas por ella sin importar convertirse en una cita de una sola vez. Porque si no habías estado en su cama, era como si no fueses hermosa y no existieras. Allí del por qué Alex era como el estándar de oro para medir tu belleza. Era ella quien decidía quién era hermosa y quién simplemente no. Y Rachel no quería ser despreciada ahora que trataba de recuperar la seguridad que tanto alague demostraba en el instituto.
—Con permiso, con permiso —quitó del camino a la barrera de chicas que merodeaba alrededor de la actriz —Sí rubia, a ti te hablo ¡Quítate! —la hizo a un lado poniendo su espalda en el frente de Alex y se movió sensualmente mientras Blank Space de Taylor Swift se escuchaba de fondo.
—Pero qué tenemos aquí, si es Rachel Brooks —le susurró al oído atrayéndola más cerca de ella y posicionar las manos sobre su cadera para guiarla en sus eróticos movimientos —Sabía que no podrías resistirte, pero jamás pensé que tan pronto caerías a mis pies y sin necesidad de ir por ti. Mira que ya te venía observando desde que llegué.
—Es que quién demonios no caería con Afrodita —Rachel sabía que para obtener la atención de la actriz de Hollywood, tenía que alzarle el ego hasta las nubes, y si además, le agregabas un poco de sensualidad, seguramente Alex Stone estaría merodeando a tu alrededor como si fueras miel —Eres hermosa… — se giró sobre sus propios pies para tener una mejor vista de su rostro y alzar las manos hasta su cuello —Eres ardiente e inmensamente… —se acercó a su oído— el ser más sexy del universo entero —terminó sutilmente mordiéndose los labios.
—Si no quieres que te lleve hasta un lugar más privado, y no exactamente para platicar cómodamente o de caricaturas, deberías de dejar de calentarme —llevó su dedo índice sobre la barbilla de la morena y la aproximó hasta ella— Y sé que no estás aquí para una noche salvaje conmigo, sino no hablarías y llegarías directamente hasta mis labios como las demás, así es que habla de una vez.
—Azules con… motitas de… nieve —logró apenas pronunciar.
Rachel se quedó en shock por la cercanía en la que estuvieron y ser descubierta antes de tiempo. No debería de suceder si quería que su plan funcionara, y, además, no quería hacer enojar a Salma. Después de todo, Alex no era estúpida y tan fácil como pensó que sería.
—¿Qué dijiste? —preguntó curiosa.
—Que tus ojos son azules con motitas de nieve por lo gris que se compagina perfectamente con el azul, la combinación perfecta si me permites decirlo, ¿Sabes que algunos colores nacieron para combinar con precisión? Pues bien, el azul y el gris nacieron para eso y tú tienes esos dos colores, por lo tanto y sin dar más rodeo a mis palabras, tus ojos son hermosos y podrían perfectamente combinar con los míos, que también tienen un perfecto matiz. Podríamos ser un chocolate con relleno de menta —soltó miles de palabras por segundo para intentar despistar el tema principal. Ingenua de ella. Alex era mucho más astuta de lo que pensaba.
La chica le siguió su divertida y falsa conversación para averiguar exactamente qué era lo que quería. Aunque ya lo intuía. Ella misma la había llevado a sus terrenos.
— ¡Vaya! Nunca pensé en eso, la verdad es que en este mismo instante no me importa mucho eso del color chocolate con el azul, simplemente porque quiero callar todas las palabras que salen de esos carnosos y sensuales labios con besos. Aunque mujer ¿nunca te han dicho que eres realmente molesta cuando hablas? Tienes una voz demasiado estridente, deberías de callarte y no hablar más —soltó una carcajada por la mirada de odio que le habían dedicado— En serio cielo, eres tan caliente, pero cuando dices más de tres palabras, se acaba el encanto y quiero ponerte un calcetín en la boca, guardarte en una botella y lanzarte al Río Hudson.
— ¡Y sabías que tú eres impulsiva, cínica, irrespetuosa, ninfómana, egocéntrica, narcisista, viciosa! —Rachel se alejó ofendida. No estaba dispuesta a que nadie más la humillara.
—Son solo leyendas que se escuchan —la detuvo del brazo— Vamos Rachel, solo estaba tratando de ser graciosa para romper el hielo —le dedicó una sonrisa ladeada. Esa que acostumbraba a poner cuando quería que las chicas estuvieran a sus pies, pero por lo visto, Rachel era más difícil de caer en sus encantos.
—Pues tú no tienes nada de agradable, y mucho menos, de graciosa —frunció sus labios— Tus intentos de chistes para nada han sido ingeniosos sino más bien ofensivos. No sé por qué a todas les encanta tu horrible forma de cortejarlas, y si piensas que soy igual a ellas, estás muy equivocada.
—Lo lamento entonces —le retiró el flequillo que se interponía entre sus ojos— ¿Empezamos de nuevo?
—Está bien, pero sin nada de ofensas ¿Ok?
—De acuerdo, sí quieres que sea elegante y respetuosa, tendrás esa versión de mí —acercó su mano a modo de saludo, provocando una tímida sonrisa de la morena. — Hola cielo, soy Alexandra Stone, la protagonista de la serie "Dame una simple razón" que se acaba de llevar cinco Emmy ¿Y tú?
—Mucho gusto señorita Stone —respondió al galante saludo —Rachel Brooks, la última actriz que protagonizó "Moulin Rouge" y la hizo merecedora de un Tony.
—Es un gusto Rachel Brooks. Señorita, es muy linda si me lo permite decir, y desde luego, sin pretender causar molestias en el camino —tonteó con un antiguo acento inglés mientras le dejaba sutiles caricas con el dedo pulgar sobre la palma de su mano.
— ¿Con estas palabras logras tener a tus conquistas a tus pies? Es demasiado trillado y cliché para mi gusto, aunque te doy dos puntos por mejorar tu coqueteo.
—Con estas palabras, y otro tipo de cosas más, caerás rendida a mis pies—guiñó traviesa su ojo— Pero en lo que estábamos ¿Me vas a contar exactamente a qué venías con tus movimientos de caderas? Y no es que no me haya encantado, porque tienes el mejor culo que he visto en toda mi vida, y que me provoca querer encerrarte por días en la habitación de mi hotel, pero sé que esa no es la verdadera cuestión.
— Bueno… Yo… Me es difícil decir la verdad sin que aquella latina, que sostiene esa bebida en la barra, quiera asesinarme —señaló a su mejor amiga. Salma tenía una copa de Bourbon entre sus manos y las vigilaba con detenimiento.
— Interesante ¿Y ella es?
—Mi representante —dirigió su atención a las manos que estaban entrelazadas sin que se diera cuenta en qué momento había sucedido. Las manos de la chica eran muy hermosas. Sus dedos eran tan delgados y alargados, los cuales eran ocupados por varios anillos, pero uno en especial de le llamó su atención por el gran tamaño que tenía y la enorme joya azul cielo ocupando su centro. Estaba posicionado en su dedo anular izquierdo.
— ¡Oh vaya! Pues entonces ya sé hacia dónde va la cosa ¿Lo que ustedes quieren es un trato a conveniencia para un promance? —sonrió con soberbia.
—¡¿Qué?! ¿Cómo lo supiste? —alzó la mirada descubriendo un par de ojos azules que la estudiaba con adoración y admiración.
—Quizá acepte que soy toda aquella descripción con la que me atacaste con anterioridad, pero soy más inteligente para saber que tratas de subir a la fama de nuevo y yo soy el escalón perfecto para que eso ocurra —se encogió de hombros— Dile a tu representante que hable con la mía.
Soltó su mano y la dejó con la boca abierta por tercera vez consecutiva en la noche, y si seguía así, le ocasionaría un grave problema de mandíbula.
—Y bien ¿Qué te dijo? Dime que saliendo de aquí te la llevarás a la cama —Salma se acercó a Rachel una vez que vio como la actriz se alejaba de ella.
—No, Salma —siguió la dirección que había tomado Alex— De hecho, no tendré que acostarme con nadie más porque aceptó, así como si nada. Sin pedir absolutamente nada a cambio.
— ¿Y cómo lo conseguiste? —cuestionó curiosa.
—Solo le dije la verdad y aceptó. Te dije que las cosas se solucionan diciendo la verdad.
—Eres una verdadera tonta, Rachel ¿Por qué se te ocurrió decirle la verdad y pensar que Alex Stone aceptaría sin pedir nada a cambio? Lo vas a arruinar una vez más.
—Porque lo dijo con seriedad y yo le creo a su palab…
Salma aprisionó su mano y la jaló enérgicamente hacia donde estaba la ojiazul con su conquista número cinco de la noche.
—Alex ¿Alex? —Salma le tocó el hombro estorbando el inminente ataque de besos que se llevaría a cabo— ¿Podríamos hablar en privado?
—Salma déjala, está ocupada, no seamos impertinentes —susurró Rachel poniéndose a sus espaldas— Podemos volver después.
— Cállate hobbit y déjame hacer mi trabajo.
—Lo lamento, pero estoy ocupada —la ojiazul respondió con fastidio.
—Anda lobito, por favor —la latina suplicó volviendo a tocarla, pero esta vez del trasero, produciendo que inmediatamente girara sorprendida su rostro.
— ¿Acabas de tocarle el culo? ¡Pero qué te pasa! Si tan calientes y necesitadas de un trío están, esperen su turno, que yo llevo haciéndolo desde hace más de dos horas. Tu noviecita tuvo la oportunidad y no la aprovechó —protestó la pelirroja con la que estaba teniendo el encuentro amoroso, y jaló de nuevo a Alex hacia su boca.
— ¡He dicho que tenemos que hablar en privado! —Salma soltó con su peculiar carácter salido de una película de mafiosos— Y tú, manatí, saca la lengua de su garganta en este mismo instante, si no quieres que te arranque una por una tus extensiones baratas. Ahora lárgate —la chica asustada por las palabras que le dedicó decidió alejarse. No quería averiguar si de verdad haría lo que le advirtió.
—De acuerdo mafiosa, ya tienes mi atención, pero deja de gritar —suplicó alzando sus manos— ¿Qué necesitan? Ya le dije a tu chica que te comunicaras directo con mi representante.
—Lo siento, Alex. Es lo mismo que yo le informé, pero no me hace caso —intervino Rachel.
— En fin, ¿para qué soy buena? Pero rápido por favor que aún me faltan —comenzó a contar con sus dedos— Mínimo tres chicas para terminar la noche.
—Será rápido, lo prometo —resopló— ¿Es cierto que quieres hacer el promance sin pedir nada a cambio?
—Si dije que sí, es sí, pero esto no es un trámite que yo realice. Eso lo decide Jessica, mi representante, que supongo ya has de conocer e investigado o no estaríamos hablando de esto.
—Sí, sí que la conozco, pero se me hace muy extraño que siendo tú, aceptes esto, así como si nada y con tanta tranquilidad.
—Solamente siéntete feliz que acepté y cállate de una maldita vez. Eres más irritante que la señorita dramática que está a tu lado, y ya es mucho decir —aprisionó la mano de la morena para llevársela con ella, la cual aceptó gustosa. Rachel también ya estaba cansada de la actitud que estaba tomando Salma. — Y gracias por tu representada, me la llevo para mí, jugaremos con cosas que seguramente desconoces, cariño.
Y dejando a Salma también con la boca abierta se encaminaron hacia la barra que estaba infestada de una larga fila de chicas esperando por una bebida.
—¿Cómo la soportas? Parece que quiere asesinarte con tan solo verte —exploró entre las chicas.
—Es algo que yo misma me pregunto en ocasiones —sonrió— Pero es mi amiga desde el instituto, por eso lo hago.
—Así es que ¿desde el instituto? Vaya, eso es genial. Yo no conservo ninguna amistad de esos años, o será que nunca tuve una —musitó sinceramente— Lo cierto es que mi única casi amiga es mi representante, aunque no podría contar porque es mi prima —llegaron hasta el frente— Oye tú, hermosa. ¿Me permitirías meterme a la fila contigo? —le guiñó un ojo de manera seductora a Nina Dobrev— Por favor, cariño, es que tengo a esta chica para ya sabes qué y necesito impresionarla. Prometo recompensarte.
— ¡Claro! Si es para la grandiosa Alex Stone, por mí no hay problema alguno —accedió con una sonrisa boba haciéndose a un lado para que pudieran colarse.
—Gracias Nina, por eso te mereces esto —la tomó del cuello llevándola directo hasta sus labios y darle un profundo beso— Allí tu recompensa, nena.
— ¿Era necesario eso? —Rachel refunfuñó fastidiada viendo la acción de Alex para con la chica —Por qué no agradeces como las personas normales. Solo bastaba un gracias y no querer comértela.
—Por mí no hay problema, puede repetir si lo quiere —se interpuso Nina abrazando a Alex por la cadera.
—¿Celosa porque a ti no te he besado, cielo?
Y no es que Rachel estuviera celosa, ni siquiera se había percatado de tal hecho, pero comenzaba a molestarle la actitud que estaba tomando la actriz. Jamás había visto a nadie que con esa libertad y atrevimiento hiciera ese tipo de cosas, ni siquiera Christian lo hacía y eso era mucho decir.
—Ya, ya, lo siento, cielo. Trataré de comportarme, es una promesa —alzó su dedo meñique haciendo la tan famosa señal de garrita —Hey, tú, bella camarera, me podrías dar un Cherry Gin Sling para mi hermosa acompañante —señaló a Rachel— Y ¿un qué para Alex Stone? —se giró hacia la fila. Todas gritaron conociendo ya lo que siempre prefería tomar y era su bebida preferida.
—¡QUENN'S LOVE! ¡QUENN'S LOVE! ¡QUENN'S LOVE! ¡PARA LA REINA DE TODO NUEVA YORK Y LOS ÁNGELES! —señalaron exaltadas todas las chicas de sus alrededores, incluidas Natalie Portman, Megan Fox y Dua Lipa quienes también habían pasado entre las sábanas de la chica.
— ¡Así se habla! Cócteles para todas, ya sabes qué hacer cariño —contestó eufórica a la bartender, mientras le entregaba su bebida a la morena y ella tomaba la suya —Este es especial para ti, cielo, es a base de cerezas.
— ¿Te has acostado con todas ellas? —dejó de lado la explicación de su bebida y su adorable y tierna forma que estaba adoptando por llamarla.
—No con todas exactamente.
— ¿Qué es no con todas exactamente?
—Verás Rach… Yo… Mmm… Me he acostado con podríamos decir… con el 80% de las chicas presentes —susurró casi imperceptible.
— ¿Qué dijiste? —insistió molesta.
—Que con… el 80% de las chicas, ¡Sí! ¡Lo he dicho! La verdad es que no me avergüenzo y ni siquiera sé por qué te estoy dando explicaciones. Y menos a una chica celosa.
— ¡Púdrete, Stone! —le dio la espalda.
—Shhh —la giró aprisionándola contra su cuerpo —¿Puedo besarte?
—Acabo de decirte púdrete y ¿me estás proponiendo eso? —respondió incrédula.
—Es que sí me acercó un poco más a ti y te beso, te juro que mañana mismo estarás en la cima de nuevo —se aproximó peligrosamente hasta sus labios.
—¡Qué! No entiendo absolutamente nada de lo que tratas de decirme.
El ritmo de la música también había cambiado a uno más íntimo, se percibía de fondo Alone de Heart. Eso no era para nada coherente. Parecía como si alguien las vigilase y cambiara el ambiente a su beneficio. Magia pura.
—Que, si en este mismo instante te beso, el paparazzi que está parado exactamente en la mesa del fondo podría tener la exclusiva de que la fabulosa nueva ganadora del Emmy y la diva de Broadway están en una escena asquerosamente cursi y romántica, así que pregunto de nuevo ¿Quieres comenzar con el juego PR? —Unió sus frentes y colocó ambas manos a lado de sus mejillas— ¿No es eso lo que quiere tu endemoniada representante? ¿No es eso lo que necesitas de mí para volver a ser la más popular estrella? —La vio directamente a los ojos— ¿Qué dices? ¿Te beso o no?
No obtuvo respuesta de palabra, pero sí una con hechos. Rachel la atrajo hacia ella tomándola del cuello y dándole un profundo e intenso beso que dejó a ambas a la deriva. Dejó de escucharse todo. La música, las personas gritando, absolutamente todo dejó de existir en esos simples e insignificantes 50 segundos que duró el encuentro.
—Veo que no pierden el tiempo —Salma las sacó del momento idílico —Me gusta, me gusta ¡Muy bien chicas! Lo hacen de maravilla, pero Rachel, tenemos que irnos, ya es muy tarde y Taylor se molestará si no llego antes de las dos de la mañana —separó a la aturdida morena de los brazos de Alex, mientras esta se relamía los labios orgullosa. —Mañana me pongo de acuerdo con tu representante para pactar el trato —arrastró a Rachel del brazo guiándola hacia la salida.
—Espera, Salma —se detuvo de golpe— Si queremos que esto funcione, ella tendría que irse también, porque yo no quiero que la que será mi chica, se quede besuqueándose con toda la población femenina que hay aquí —le advirtió a la actriz.
En ningún instante Alex había quitado su atención de ambas. Y no es que Rachel estuviera celosa o enamorada de ella, pero por ningún motivo quería sentirse avergonzada, nunca desde que Quinn la ridiculizara de la peor manera de todas las veces que se lo había hecho pasar.
—¿Estás de acuerdo conmigo lobito? ¿Te vas?
—Creo que tienes toda la razón Brooks, pero con una condición —indicó con una sonrisa ladeada. Le encantó que le llamara por su seudónimo. Jamás le había gustado tanto como se había escuchado en otros labios como en los suyos —que salgas de la mano conmigo.
Rachel asintió para irse lo más rápido posible y dejando sospechas del por qué por primera vez Alex Stone salía antes de sus horas acostumbradas y con alguien de la mano. La morena lo sabía, sabía que la ojiazul jamás se le veía con la misma chica, y mucho menos, de la mano de alguien.
—Entre más lo pienso y lo pienso no entiendo por qué demonios seguimos aquí, como si fuéramos dos asesinas seriales esperando a esa don nadie, que parece que jamás saldrá de la fiesta de gente famosa. Para eso yo misma le pedía su autógrafo en la casa de mami Abigail y te lo hacía llegar —Ellis se removió en el asiento del carro. —Entiendo que seas su fan ¿Pero tanto así para esperarnos tres horas? Eso se llama acoso si es que no lo sabes. Ni siquiera yo o el odioso de mi hermano nos ponemos como tú. Pareces una hormonal adolescente, y si por si acaso tampoco lo sabes, ya eres una anciana decrepita.
—Guarda silencio Ellis, si es que quieres salir con tus amigas el viernes e intervenga con tu papá —la pequeña Spencer había conseguido su cometido, aunque estuviera desesperada de tanto esperar— Y sí vuelves a llamarme anciana ya verás… —continuaría con el regaño, pero algo le llamó la atención. Ya dejaría para más tarde la reprimenda —La veo. Vamos, acompáñame.
Vio salir a una chica con larga cabellera color chocolate acompañada de Salma y de alguien que no reconocía a la distancia.
—Agh, mi madre ya enloqueció por completo —se quitó el cinturón de seguridad y tomó su chaqueta de piel de entre de los sillones.
— ¿Qué dijiste Spencer? —le entrecerró los ojos.
—Nada mami, sólo que ¡Oh espera! ¿Esa es otra vez Alex? Dos veces en el día que me la encuentro, esto debe ser un hermoso sueño del que no quiero despertar.
Salió rápidamente del coche dejando a su madre frunciendo los labios. Qué probabilidad existía que tuviese que encontrarse con ella de nuevo, ya comenzaba a odiarla. ¿Tenía una razón lógica para hacerlo? Ni ella misma lo sabía.
— ¡Alex! Otra vez tú. Oh, oh lo siento, quizá pienses que soy de esas acosadoras fans que te viven persiguiendo, pero juro que no es así. Yo solo estaba en el carro de mi mamá esperando a Rachel salir… Y luego estás tú… aquí —dirigió su mirada a ambas manos que estaban entrelazadas. Esperó a que un milagro pasara para que Quinn no las descubriera de esa forma. Ya tenía sospechas de lo que le sucedía a su mamá.
— ¿Ellis? ¿Ellis Spencer? ¿Qué haces tú aquí? No se supone que deberías estar en Boston, eso me dijo Abigail.
—Viene conmigo, Rachel —interrumpió Quinn viéndola directamente a los ojos.
Habían pasado más de doce largos y cansados años desde la última vez que se habían visto. Quinn le había roto de la manera más cruel el corazón en la boda de la que se arrepentía. Que había sido la peor equivocación que había cometido en toda su vida.
