¡No comas eso!

Ranma caminaba tranquilamente, como pocas veces en su vida se podía dar el lujo. Había corrido un poco en la mañana, lo que lo tenía más relajado todavía. La bolsa de la compra colgaba de una mano, mientras que con la otra comía un panecillo que aún estaba caliente.

A lo lejos divisó una figura que conocía muy bien. ¿Era su imaginación o ella había adelgazado? El uniforme del instituto le quedaba un poco suelto de la cintura.

Terca, ya le había dicho varias veces que se terminara la comida.

La joven iba a girar en la esquina, pero en el momento que asomó la cabeza, retrocedió con un brinco, parecía nerviosa.

Ranma se tensó, ¿sería acaso algún idiota acosador? Pensó en salir corriendo, pero entonces la vio alisarse el vestido, luego sacar un peine del bolsillo, pasarlo en repetidas veces por su corta melena y finalmente ponerse una mano en el pecho y tomar aire.

¿Qué se supone que haces? Pensó Ranma ocultándose tras un árbol para poder ver mejor.

La joven dio un paso para continuar, con tan mala suerte que chocó de frente con una persona que acababa de doblar la esquina.

—Torpe…— murmuró Ranma entre dientes.

El chico con el que tropezó, la abrazó para evitar la caída de ambos.

— ¡ya suéltala idiota! — gruñó Ranma.

Pero el joven parecía tener planes diferentes, con una mano la sostuvo de la cintura y con la otra sacó las gafas de la manga de su camisa, se las puso acercando el rostro a la chica para ver mejor.

Ranma pudo distinguir el color rojo en toda la cara de ella desde donde se encontraba, era tan evidente como un faro en plena noche.

Después de lo que pareció una eternidad, el joven chino soltó a la chica y se inclinó en una prudente disculpa. La jovencita batió las manos restándole importancia.

—No lo disculpes, es un distraído cegaton.

Ambos chicos caminaron uno al lado del otro, de vez en cuando ella reía.

Ranma no los perdió de vista, continuó siguiéndolos a una distancia prudencial. Se agazapó tras un letrero de un restaurante tratando de aguzar el oído, solo escuchó unas risitas nerviosas que le pusieron los pelos de punta.

—sí, sí, sí, muy chistosito— escupió con rabia.

La pareja de amigos continuó su camino hasta un parque cercano.

—Ya, vete a tu casa idiota y tu tonta, el dojo es por ese lado— señaló con el brazo y por poco le saca un ojo a un señor que pasaba cerca de él.

— Lo siento, lo siento— se disculpó Ranma inclinándose y aguantando la mala cara del viejo.

Cuando regresó la mirada al lugar donde estaban ellos, ya habían desaparecido.

— ¡Maldición! ¿Akane qué te hiciste?

Ranma apuró el paso mirando a derecha e izquierda, hasta que por poco cruza la mirada con ella. Gracias a sus habilidades pudo saltar a un árbol sin ser notado.

Sonrió satisfecho por su hazaña, era el lugar perfecto para espiar.

Akane se sentó teniendo todo el cuidado de arreglar su falda, enderezó la espalda y se llevó un mechón detrás de la oreja, el chico a su lado la miraba con esos ojos verdes y la boca entreabierta, parecía hechizado por cada movimiento que hacía ella.

—¿De qué querías hablarme? — preguntó Akane pestañeando demasiado lento para el gusto de Ranma.

—Ah, bueno, yo-yo-yo…— tartamudeó el muchacho, lo cual hizo que se dibujara una sonrisa burlona en la cara de Ranma.

Idiota, cállate y vete a tu casa a comer fideos.

— Hoy hace un día muy bonito, ¿No crees Akane?

— Sí, es un lindo día— hubo un silencio incómodo hasta que ella volvió a hablar —¿de eso querías hablarme? ¿Del clima?

—Ah, no, no es eso, es que yo y tú, nosotros…

—¿Sí? — Akane se acercó con los ojos brillando por la expectativa.

El pobre muchacho fue víctima de un golpe de calor y tuvo que poner distancia, sentándose al otro lado de la banca. Se tomó del cuello de la camisa intentando que le entrara un poco de aire. La chica suspiró acomodándose en su lugar.

— La verdad Akane… es que… Desde hace tiempo que yo…— retomó él — tenía que decirte que sí… ¿Podrías explicarme un ejercicio de matemáticas que me puso Cologne?

Los hombros de Akane cayeron y no pudo evitar pasarse la mano por la cara.

Lento, cobarde, pensó Ranma dispuesto a irse, al ver una expresión que él conocía muy bien, aunque lo negara, la resignación por no poder expresar sus sentimientos. Pero entonces la jovencita, al parecer con renovadas energías, dio un brinco que sobresaltó al muchacho del otro lado. Tomando el maletín del instituto, rebusco entre sus cosas, sacó los cuadernos, unos cuantos libros.

— espera, estoy segura de que estaba por aquí— dijo levantando un dedo.

— ¿El cuaderno de matemáticas? — Aventuró el muchacho inclinándose hacia ella, lo cual ocasionó que su cabello lacio cayera por el hombro como una cascada.

— no, tonto, espera …

Akane continuó rebuscando en el pequeño maletín, desafiando la lógica, sacó un lindo suéter de lana, una bufanda, una lonchera, un estuche, una sombrilla, un termo, un cepillo, un kit de costura, una cobija y un oso de peluche.

El chico intentaba descifrar cómo podía caber todo aquello en ese pequeño maletín. — ¿me intentas demostrar que sabes hacer magia? Ni en las mangas de mi camisa caben tantas cosas.

— ¿Magia? — repitió distraída, metiendo la mano hasta el fondo de la maleta —¡Ajá! — gritó emocionada. Se puso frente al muchacho con las manos en la espalda. — me prometes que no te vas a reír de mí.

— ¿Por qué dices eso…?

— ¡Me lo prometes! — chilló avergonzada.

El joven asintió.

—No mires, cierra los ojos, por favor— pidió ella.

Qué planeas hacer Akane, ya vete a casa, ese idiota va a pensar cosas que no son. Ranma apretó tan fuerte el árbol que le dejó marcadas sus huellas.

Cuando el joven abrió los ojos se encontró con un borrón rosa frente a él, tuvo que ponerse las gafas y alejar un poco las manos de Akane que temblaban para poder ver mejor.

—¡ihhh! — Ranma tuvo que taparse la boca para ahogar la impresión.

¡No te atrevas! ¡Ni pienses en comerte eso!

—¿Quieres?

—Tú, tú ¿Quieres jugar conmigo?

Akane asintió tímidamente sintiendo las mejillas arder.

— traje de relleno de fresa, sé que es tu favorito.

Una gota de sudor corrió por la frente del muchacho mientras tragaba saliva. Con un movimiento propio de un artista marcial, Akane sacó uno de los palitos de pocky y se lo llevó a la boca cerrando los ojos. Despacio, pero decidido, el joven chino también lo hizo, mordieron uno a uno los pedacitos hasta que sus labios se rozaron tímidamente por unos segundos.

.

.

Ranma hiperventilaba de camino a casa, corrió tan rápido como una gacela siendo perseguida por su predador.

Llegó con los ojos desorbitados y abrió la puerta con un manotón, con pasos largos llegó a la cocina y comenzó a buscar en los cajones.

—¿Ranma?

Él no respondió, continuó rebuscando cajón por cajón.

— Oye, ¿Qué pasa? Estás haciendo un desorden.

—¿Dónde están? — preguntó para sí abriendo una gaveta alta.

— Pronto va a estar la comida, ¿Tanta hambre tienes?

Ranma metió la cabeza a otro cajón —¡Ajá! — declaró victorioso emergiendo con una caja en la mano. —Akane, nunca vuelvas a comprar estos dulces ¿Entiendes? — dijo poniéndole la caja casi en la cara.

La joven mujer suspiró cansada — ¡Ay Ranma ¡no me digas que estuviste siguiendo a Akane… De nuevo— dijo apartando el brazo de su esposo.

El hombre la miró con la furia bailando en sus ojos, pero ella no retrocedió ni un centímetro.

— ¡Esa hija tuya! — gritó revolviéndose el cabello.

— y también tuya por si te olvidas.

— ella, ella …— Ranma enrojeció hasta las orejas de solo recordar lo que acababa de hacer su primogénita.

—Pero, entonces, ¿Si lo logró? — preguntó Akane tomando las manos de su esposo.

Las cejas de Ranma se inclinaron formando un surco entre ellas.

—Esto tiene que ser una maldita broma ¿Tú sabías de esto?

—La pobre estaba sufriendo porque al parecer Xiāngwèi es muy lento. Me pregunto — dijo Akane poniéndose un dedo en la mejilla—¿a quién se podrá parecer? Que yo recuerde, Mousse y Shampoo no tienen nada de tímidos. O tal vez ese es el problema, padres muy extrovertidos hacen a veces niños tímidos.

En fin, me alegro de que haya tomado el consejo de tomar el primer paso — concluyó Akane ignorando a su esposo que estaba a punto de sufrir un colapso.

Ranma necesitó un par de minutos para reaccionar —¡Ahh! — grito enfurecido, pulverizando en su mano la caja completa de dulces. —¡Akane Saotome! Cómo te atreves.

—¿Qué? — respondió Akane mientras revolvía la sopa— a ti no te molestó que yo tomara el primer paso.

Ranma resopló esponjando la nariz. — ¡Eso no es cierto! Ya te he dicho mil veces que yo te iba a decir primero, pero- pero….

Akane rodó los ojos y probó la sopa —Creo que le falta un poco de sal.

— ¡Oye no me ignores! ¡Te prohíbo que le des ideas a la niña!

— Ya tiene 15 años Ranma.

—¡por eso mismo! Es una bebé. … ¡Voy a matar a ese cegaton!

— No lo llames así, además Xiāngwèi ve mucho mejor que su padre, es más, el otro año lo van a operar y se libera de las gafas ¿No te parece genial?

— si claro… si llega vivo al otro año.

—Ranma— lo regañó suavemente Akane— ¿De verdad te parece tan malo jugar? — dijo con voz aterciopelada sacando un palito de pocky y poniéndolo en la boca.

—¿de dónde sacaste eso? — Ranma miró la caja apachurrada que estaba sobre la mesa.

Akane le guiñó un ojo mientras estiraba la mano. Ranma hizo un puchero y giró la cara de forma brusca hacia la pared, pero antes que ella pudiera replicar, su esposo la tomó de la mano atrayéndola hacia él con una sonrisa peligrosa.

—¿Con que quieres jugar? — le habló cerca al oído.

Akane tembló de pies a cabeza, ya sabía que Ranma no iba a aceptar un no por respuesta.

— pe-pero la sopa…— tartamudeo señalando la estufa.

Ranma estiró la mano y apagó el fogón en un movimiento rápido. Sin dejarla responder, acabó con el pocky que aún sostenía ella en los labios y le dio un beso apasionado con el sabor del chocolate aún en la boca.

La estrechó aún más contra su cuerpo, pasando las manos por la cintura y desabrochando de paso el delantal. Akane se aferró a la ancha espalda de su esposo, arrugando la camisa bajo sus dedos.

—¡Papá! — se escuchó en la puerta de la cocina.

Akane Saotome le dio un empujón a su esposo que lo hizo chocar la espalda contra la pared.

—¿Cuándo van a dejar de actuar como recién casados? — Akane hija se inclinó para tomar una manzana y darle un mordisco — ya te he dicho que no la distraigas cuando cocina o podríamos morir envenenados— regañó la jovencita perdiéndose nuevamente por dónde había llegado.

Fin

Este fic está realizado para participar de la dinámica besitos con sabor a pocky de MFFIYR.

Espero no haberlos confundido mucho.

Ya supimos que Xiāngwèi (jabón en chino según Google) es el hijo de Shampoo y Mousse y salió igualito a su padre.

Por otro lado, Akane hija, es igual a su madre, pero de ojos azules como su padre (aunque no lo puse en la descripción)

Espero les haya gustado este cortito.

Saludos

Diluanma.