Hace poco que me he jugado los videojuegos y se me ocurrió esta pequeña historia sobre Joel y Ellie. Espero que os guste

Veinte años habían pasado desde que Joel había perdido a su hija. Veinte años en los que no se preocupaba de nadie más que no fuera él mismo, traficando y matando lo que fuera necesario para sobrevivir un día más, pero esa maldita niña había llegado a su vida como un huracán y había vuelto su vida patas arriba, destrozando sus esquemas y sus planes.

Al principio, Joel solo la trataba como otra mercancía con la que traficar. Los Luciérnagas la querían y Tess se lo había pedido antes de morir, por lo que no se iba a negar. Un trabajo sencillo, como todos los anteriores que había hecho. Llegar al punto donde la esperaban a tiempo y volver a su vida de traficante sin mayores problemas que los que tenía desde hacía veinte años. No más puntos en ese plan.

La idea que Joel había tenido en un principio se había ido difuminando y cambiando con el tiempo. Tratar con personas no era lo mismo que mover armas o cupones. La niña era incapaz de estarse callada y mucho menos quieta. La gran curiosidad por las cosas que la rodeaban la llevaban a preguntarle constantemente a Joel, ganándose unos gruñidos de este pero luego consiguiendo la explicación que buscaba. El hombre le explicaba las cosas con una aparente desgana, pero Ellie podía ver que en sus ojos se reflejaba un pequeño brillo, probablemente recordando un pasado más alentador que el presente que vivían.

Joel se dejaba llevar. Hacía tiempo que se había prometido a sí mismo no preocuparse por nadie más. En un mundo lleno de zombies donde el siguiente en morir puedes ser tú, no había tiempo para ser altruista. Hacía tiempo desde que no disfrutaba de un solo segundo de lo que pasaba a su alrededor, viviendo en un mundo con olor a muerte y pólvora y donde la sangre lo teñía todo.

En el bosque donde estaban era todo diferente. Podía escuchar a los animales moverse entre la maleza y el olor de la hierba debajo de sus pies, podía ver la luz traspasando las grandes copas de los árboles y sentir el viento en su cara. Ellie recorría el bosque saltando de un lado a otro, sin preocuparse del ruido que podía estar haciendo. Joel la miraba desde lejos, preocupado de que le pudiera pasar algo y con su instinto paternal a flor de piel. Por suerte, en las zonas iluminadas no aparecían los corredores y el mayor peligro en ese momento podía ser una caída.

Un flash apareció en su mente. De repente, la vio delante de él. Sarah estaba ahí, preguntándole qué animal era el que se acababan de encontrar y entusiasmada con él, persiguiéndolo entre la maleza con Joel corriendo detrás de ella para que no desapareciera de su vista. Otro flashback. Sarah saliendo con él a buscar madera para la hoguera que harían esa noche mientras Joel tocaba la guitarra a su lado y veían las estrellas juntos. Joel le contaba sobre las constelaciones y las historias que escondían, mientras Sarah lo miraba con ese brillo en los ojos que tanto le caracterizaba.

Los ojos le empezaron a escocer con lágrimas que amenazaban con salir de ellos. Ellie le había devuelto a su hija. Estaba en sus pasos, en la manera en la que hablaba, en los insultos que le echaba y en las broncas que él le devolvía. Podía verla corriendo junto a él, escondiéndose entre la maleza y fingiendo ser cualquier tipo de animal para asustar a su padre y luego reírse con él.

Joel apretó el puño con fuerza, clavándose las uñas en las palmas. Su cuerpo comenzó a temblar y apretó la mandíbula con fuerza. No se podía permitir estos sentimientos que tanto había estado reprimiendo. Esa era la diferencia entre la vida y la muerte. Eso era lo que Joel llevaba veinte años intentando ignorar, peleando todas las mañanas por sobrevivir un día más. No podía arriesgarse.

-Nos vamos- Joel dijo en un tono frío, haciendo que Ellie parara completamente lo que estaba haciendo y se girara, preparada para devolverle las palabras que le había dicho.

Se detuvo antes de que las palabras pudieran salir de su boca. Jamás había visto esa expresión en la cara de Joel. Estaba abatido. Toda la fuerza que le caracterizaba se le había ido, aunque por fuera mostrara el cuerpo en tensión como si fuera un animal preparado para saltar encima de su presa y destrozarla.

Ellie asintió, se colocó la mochila y fue a su lado, continuando el camino que les quedaba hasta llegar al puesto de las Luciérnagas y donde se separarían para siempre.

Un escalofrío los recorrió casi a la vez al pensar en su destino. No estaban preparados para volver a estar solos, conviviendo con los fantasmas del pasado que les aterrorizaban constantemente. No después de todo lo que habían vivido.

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