HOW DEEP IS YOUR LOVE?

Por Light of Moon


DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: RESIDENT EVIL Y SUS PERSONAJES PERTENECEN A CAPCOM. EL ARGUMENTO E IDEAS ORIGINALES DE ESTA HISTORIA ME PERTENECEN. ESCRITO SIN ÁNIMO DE LUCRO.


ANTES DE EMPEZAR:

Si no conoces mis one shots "Tender Secret" y "Dance Macabre", te recomiendo que pases a leerlos. Esta historia nace a raíz de esos fics previos y sin conocerlos, será difícil que puedas entender algunas cosas de la historia. Si ya conoces esos fics, ¡Disfruta mucho esta lectura!


CAPÍTULO 1: UN PADRE EJEMPLAR

Observaba atentamente la escena, con una mueca de ternura que la hacía sonreír.

Era un día soleado, como cualquier otro día de abril; primavera, flores, luz, vitalidad y su hija.

Sentada en una mesa pequeña justo al lado de la casita de madera donde solía pasar todas las tardes, yacía Melanie sentada en medio de dos muñecas y un oso de peluche, mientras que de una caja de juguete, sacaba un mini juego de té, que era una imitación exacta de las tazas y tetera que su madre tenía en la vitrina de la casa y que sólo conocían la luz cuando había visitas importantes. Pero no era la actividad de su hija la que llamaba su atención tan firmemente, sino de la otra persona que siempre le hacía compañía a Melanie cada que podía en sus juegos cotidianos.

—¿Quiere un poco más de café, señor? Preguntó la niña que llegó con el recipiente de plástico en tonos pastel, a simular servir una bebida en la taza de su acompañante.

—Muchas gracias, señora. El mío sin azúcar. A Tobey y a mí nos gusta el americano. —Mencionó el varón tomándose en serio la conversación del café con la pequeña.

Con un ademán, simuló probarlo y fingió una mueca de exquisitez.

—¿Qué le pareció el café?

—Está excelente. Como todos los días. —Felicitó a la vez que ponía otra taza de juguete frente al oso de felpa que respondía al nombre de Tobey.

No importaba que tan tarde fuera, tampoco qué tan cansado estuviera, siempre tenía un espacio para jugar con Melanie a la hora del té, con las muñecas o a la pelota. Sabía jugar y jugaba de verdad, así como todo lo que hacía; lo hacía de verdad. No había hombre en el mundo que disfrutara tanto el ser padre como Carlos Oliveira. Quizás quien mirara su imponente estatura, su figura de atlas y su aspecto en general como un tanto intimidante, jamás podrían imaginar lo dedicado y tierno que podía ser en su papel de padre de una niña pequeña. Carlos era consentidor, cariñoso y sumamente atento; fanático de los detalles y con una memoria que jamás olvidaba las fechas importantes. Corregía con amor y enseñaba con paciencia, rara vez se enfadaba y era un hombre que sólo vivía por y para su familia.

Era como si hubiese nacido con ese propósito.

Sonrió.

A veces lo envidiaba un poco. Se preguntaba qué pasaba por la cabeza del ex mercenario para siempre tener una solución a todo y una actitud positiva aunque el mundo se cayera a pedazos. Era un hombre bueno y maravilloso en toda la extensión de la palabra, tanto, que a pesar de que intentaba no pensar en ello, no podía evitar hacer comparaciones mentales con aquel hombre que tendría que ocupar su lugar, en caso de que eso hubiera sido posible.

¿Cómo habría sido su vida?

Sin duda, se parecería muy poco o quizás nada a la que tenía actualmente. Y esa posibilidad le causaba escalofríos.

Ya había probado el infierno una vez y no pensaba volver a probarlo nuevamente y menos arrastrando a Melanie con ella.

El pasado no se puede cambiar pero al menos, el futuro si estaba a nuestro alcance. Un futuro que por poco, se le escapaba de las manos.


Sao Paulo, Brasil, 2 años atrás…

Carlos permanecía sentado y en silencio en el sofá, esperando una explicación.

La intromisión de los agentes de la B.S.A.A. en su, vida, era el último de los problemas que necesitaba y que definitivamente destruiría el equilibrio que había intentado llevar en su vida medianamente normal.

—No sé por dónde comenzar. —Admitió Jill cruzándose de brazos y encogiéndose de hombros, a la vez que se dejaba caer en el sillón de junto.

Carlos la miró de reojo. No sabía exactamente lo que había sucedido, pero por la acalorada discusión que había escuchado momentos antes, lo suponía.

Jill se veía agotada, emocionalmente hecha un trapo. Desde que había recibido esa llamada, temía que la ex S.T.A.R.S. tuviera un colapso nervioso o algún tipo de crisis de ansiedad. Veía la culpa, el temor y la vergüenza dibujada en sus orbes grisáceas. Ya tenía suficiente con la serie de acusaciones que sus camaradas le habían hecho momentos antes, y decidió que él no iba a ser otro más de sus verdugos.

—Hey. —La llamó con suavidad y le tocó el hombro delicadamente. —No voy a juzgarte. Sea lo que sea que haya pasado.

Suspiró y le dedicó una sonrisa triste. No cabía duda que a pesar de las facciones rudas y las marcas del tiempo haciendo estragos en sus enormes ojos marrones, Carlos Oliveira seguía siendo aquél mismo chico cálido y de buen corazón que había conocido esa noche en Raccoon City.

Resopló y tomó aire. Después de todo, él ya estaba metido en esto desde que decidió ayudarla del escrutinio de Barry y Chris.

—No voy a justificar lo que he hecho, pero me gustaría que tuvieras la mente abierta para que puedas tratar de entenderme. —Soltó finalmente, enderezandose en el asiento.

—Sea lo que sea, voy a escucharlo sin juzgarte. —Afirmó con voz suave, inspirándole confianza.

—Todo empezó en Raccoon City, cuando decidí unirme al departamento de Policía de los S.T.A.R.S.


Raccoon City, Estados Unidos de Norteamérica, año de 1996.

Sentada en su asiento, trataba de mantenerse lo más quieta posible. Guardando compostura, sentándose derecha y mostrando temple de acero.

Por ahí había leído en alguna revista de variedades la última vez que fue a hacerse un examen médico, que el color azul era ideal para una entrevista de trabajo porque denotaba profesionalismo e integridad, así que rebuscó en el armario hasta que encontró esa blusa de color azul celeste, que luego convinó con un pantalón de vestir gris y botines oscuros.

Su larga cabellera castaña la llevaba amarrada en una coleta sencilla y sólo uso un poco de lápiz labial como maquillaje. Nunca fue buena a la hora de usar productos cosméticos de belleza, por lo que hoy le tocó improvisar.

A su criterio lucía presentable y esperaba que su entrevistador pensara lo mismo. Pero nunca imaginó que el reclutador y el jefe fueran la misma persona. Se trataba de un hombre que a su juicio, apenas estaba en sus treintas, rubio, de buena pinta y con aire autoritario. Él era el Capitán del escuadrón, no tenía duda, el uniforme de los S.T.A.R.S era una firme prueba de ello.

El rubio miraba y estudiaba todos los documentos que ella le había presentado previamente, más otro juego de documentos adicionales que yacían en el escritorio, sin siquiera tomarse la molestia de mirarla una sola vez, mientras ella se preguntaba el por qué usaba gafas de sol en lugares cerrados.

—¿Por qué saliste del ejército? —Preguntó distraído y con voz monótona.

Ese era uno de los temas de los que no le gustaba hablar, sin embargo era necesario.

—Problemas personales.

—¿Problemas personales? ¿De qué tipo? —Cuestionó sin dejar de mirar los papeles.

—Diferencias irreconciliables con mi equipo.

Realmente ese era uno de los temas más desagradables que tenía para contar y que no le apetecía hablar con un desconocido. Haber salido huyendo del ejército por el insoportable acoso laboral del que había sido víctima por parte de sus compañeros y su misógino jefe, no era una experiencia grata de recordar.

El entrevistador permaneció indiferente ante las evasivas, y continuó:

—Tienes un muy buen currículum a pesar de ser tan joven. —Mencionó el sujeto, sin quitar la mueca de seriedad.

—Gracias. —Contestó con modestia y sonriendo por lo bajo.

—Sin embargo, creo que no es suficiente.

Esas últimas palabras, le borraron la sonrisa.

—¿Qué?

—Eres muy joven para pretender ingresar a un escuadrón de élite como lo es el equipo de S.T.A.R.S. Este sitio no es para novatos ni para gente que abandona sus puestos por "diferencias irreconciliables" con sus compañeros.

Jill se quedó de piedra. No podía creer que fuera a perder esta oportunidad de trabajo gracias a que había arrastrado los problemas de su pasado en el ejército.

—El hecho que haya renunciado a mi puesto anterior de trabajo no me hace una persona irresponsable. —Se defendió sin perder la calma.

—Entonces explíqueme, ¿por qué debería considerarla para formar parte de mi equipo?

—Bueno, obtuve las mejores calificaciones dentro de mi formación en las fuerzas armadas. Soy experta en explosivos y desactivación de bombas, eso sin contar mi experiencia en el manejo de armas largas y combate cuerpo a cuerpo. Además, servir a Raccoon siempre ha sido mi sueño, no me veo en otro lado que no sea cargando una insignia de Policía. —Explicó sin sonar soberbia, pero resaltando sus aptitudes.

—Con que usted aspira a ser parte de los múltiples leguleyos de la justicia, señorita Jillian Valentine. —Mencionó llamándole por su nombre por primera vez. —Entonces, cuénteme, ¿Quién es Dick Valentine?

En ese momento, la joven sintió como si le hubieran lanzado un balde de agua helada, mientras el reclutador sonreía con malicia.

—¿Me va a negar que es su padre y que lleva cuatro años en la cárcel por los delitos de robo a casa-habitación?

Debió suponerlo. Este hombre tenía acceso ilimitado a la información de los presos y reincidentes de la ciudad e imaginó que el primer filtro por el que pasaban los aspirantes era el no tener parientes que pertenecieran a la lista negra de la justicia de Raccoon City.

Esto era injusto, un atropello sucio y discriminatorio, sin embargo entendible.

Fue entonces que se supo fuera para el puesto de trabajo.

—No voy a negarlo, es mi padre. —Respondió con entereza. —Solo que no creí que los actos de nuestros progenitores afectaran el destino de sus vástagos. No creí que fuera a hacerme responsable de algo que yo no cometí. Pero lo entiendo. —Dijo poniéndose de pie y tomando su viejo bolso. —Gracias por su tiempo.

La chica tomó sus cosas y dio media vuelta para retirarse de aquella oficina ante la mirada estoica del misterioso jefe los S.T.A.R.S

Estaba por girar la perilla de la puerta cuando de repente una voz pronunciado su nombre la hizo detenerse.

—Jillian.

Al escuchar su nombre, se detuvo en automático y volteó a mirar al hombre que la llamaba.

—Vaya a la sala de espera y dígale a la recepcionista que la canalice con el oficial Marvin Branagh, dígale que viene de parte mía. Pídale su uniforme y su placa mientras preparan su contrato, la quiero puntualmente mañana aquí a las 8:00 am, iniciaremos su capacitación para integrarla al equipo.

Sus oídos se rompieron. ¿Acaso el mismo Capitán de S.T.A.R.S después de la aparente desastrosa entrevista la estaba contratando? ¡Dios! Esto era demasiado bueno para ser verdad y no pudo evitar sonreír de oreja a oreja.

—¿Va a quedarse allí parada observando a la pared o espera que yo mismo vaya por su uniforme y se lo entregue?

—No, no, señor. De ninguna manera, ya me voy. —Respondió sin poder disimular su alegría. —Muchas gracias por la oportunidad.

El rubio ignoró campalmente la gratitud de su ahora subordinada y siguió en sus asuntos, firmando varios papeles.

—Disculpe. —Llamó de nuevo la jovencilla, con voz tímida y llamando su atención nuevamente.

Él la miró sin decir nada, esperando qué era lo que quería esa chiquilla para dejarlo en paz en su oficina.

—Creo que he sido un poco desatenta y aún no sé su nombre para decirle su recado al oficial Marvin. —Mencionó con cierta vergüenza por su descuido.

El hombre se quitó las gafas de sol y reveló sus ojos azul intenso, observando con mirada felina a la chica en cuestión, que al sentirse observada, disimuló cierto escalofrío por la autoridad imponente que demostraba su jefe.

—Wesker, mi nombre es Albert Wesker.

La voz profunda y el tono soberbio de su jefe le mandó el mensaje implícito que debía retirarse pitando de esa oficina y sin lugar a dudas eso era lo que iba a hacer, cuando Albert volvió a llamarle.

—Jillian.

La castaña se frenó en seco y miró con cierta desconfianza al sujeto que respondía al apellido de Wesker.

—Córtese el cabello, las melenas largas estorban durante el combate.


NOTA DE LA AUTORA: Queridos lectores, ¿Cómo están? Espero que se encuentren bien a pesar del infortunio que estamos pasando a nivel mundial. He visto que mucha gente no la ha pasado muy bien y de corazón deseo que ustedes y los suyos estén a salvo. Este virus no sólo nos está destruyendo a nivel físico, sino que a muchos nos está desgastando a nivel mental. Sí, el encierro es duro. Pero como dice una amiga muy querida, "siempre volverá a salir el sol" y lo creo firmemente. En estos tiempos difíciles sé que es difícil lograr distraerse con algo o tener un momento de tranquilidad en medio de la ansiedad que provoca la incertidumbre sobre "¿qué pasará ahora?" con todos esos noticieros llenos de malas noticias. Desde mi trinchera, a pesar de que tengo trabajo y estudios acumulados (y fics pendientes), quise escribir una nueva historia que espero les pueda dibujar una sonrisa en estos tiempos tan duros. Chicos, por favor sigan las indicaciones de salubridad, no salgan de casa y laven constantemente sus manos. Cuídense y cuiden a los suyos, hoy la distancia es un acto de amor.

Volviendo a la historia, desde hace tiempo tenía muchas ganas de hacer un fic donde apareciera con rol de protagonista uno de mis personajes favoritos de la saga y ese es Carlos Oliveira. Como pudieron notar, con "Dance Macabre" y "Tender Secret" obtuve una buena aceptación y ahora con el hype de Resident Evil 3 Remake, quise aprovechar el momento para hacer realidad este relato. Si no han jugado aún RE3 Remake, se los recomiendo ampliamente, sin duda esta es otra historia de Raccoon totalmente distinta a la que conocemos y eso disgustó a algunos fans, pero si le dan una oportunidad, les aseguro que va a gustarles y si eran fans de antaño de nuestro Carlos Oliveira como yo, les prometo que en este remake lo van a amar más. Terminé enamorada del brasileño, lo confieso, es todo un príncipe. Y obvio, ahora shippeo más que nunca el Jillveira.

En fin, ojalá puedan darle una oportunidad al juego y a esta nueva historia que hice con mucho cariño para todos ustedes.

Los saluda su amigable vecina, Light of Moon.

Les mando un fuerte abrazo con sana distancia incluida.