Capítulo 15
POV Linith
Hace cuatro años
Después de tan largo viaje en avión, compré los enseres necesarios para permanecer en la cabaña descansando durante toda la semana, sin necesidad de salir para absolutamente nada. Sólo quería pasear por el bosque y ver el lago. Necesitaba desconectar del trabajo y de todo. Ya había colocado todo en la despensa y nevera, así que me tumbé por un momento para dormir. Al despertar, ya estaba a punto de atardecer, así que me levanté y caminé hacia el lago. Ver la puesta de sol desde allí era algo realmente mágico y un privilegio. Me senté en una de las rocas que había y disfruté de tan maravilloso espectáculo mientras el leve viento ondeaba mi corto pelo. Amaba este lugar por la paz que me traía al alma. Esta paz curaba cualquier mal. Sonreí. Habría sido todavía más hermoso de haber tenido a mi lado una pareja. Suspiré. Ser lesbiana en Roma era un pecado. De haber estado viviendo entre los siglos XIV a XVII, me habrían quemado en una hoguera como si de una bruja se tratara. Aún era un tema tabú, por lo que casi todos los homosexuales, se casaban y se hacían pasar por heterosexuales para no ser señalados ni juzgados por los demás. Estaba cansada de todo eso. ¿Qué había de malo en amar a una persona de tu mismo sexo? Desearía quedarme aquí para siempre y no tener que soportar todo aquello. Cerré los ojos por un momento antes de levantarme de la roca y caminar de vuelta a la cabaña, pues el sol ya se había puesto y muy pronto oscurecería. Tomé un desvío en el bosque porque quería coger un par de castañas y asarlas. Cuando tuve las necesarias, caminé hacia la cabaña. Me detuve abruptamente al visualizar a algo o alguien cerca de la cabaña. Parecía una persona. Me acerqué cuidadosamente y entonces la vi. Era una mujer. Corrí hacia su encuentro y la volteé. Era una mujer preciosa, aunque estaba algo magullada. ¿De dónde había salido? Me fijé bien en su vestimenta y llevaba una bata blanca. ¿Sería médico? Leí el bordado de su bata "Precia T.".
- Oye, ¿puedes oírme? –hice un rápido chequeo, pero no hubo respuesta.
La incorporé como pude y la llevé al interior de la cabaña. La tumbé en mi cama y corrí a por mi botiquín de emergencias. Saqué lo que creí que era necesario y le hice un chequeo más profundo. Respondía a la luz, por lo que suspiré aliviada. Estaba bien.
…
Estaba terminando de hacer la cena cuando oí la puerta de la habitación abrirse. Me volteé y esa hermosa mujer me miraba con mucho pánico. Puse el fuego lento y me acerqué a ella lentamente y con una sonrisa amable para calmarla.
- Hola. ¿Cómo te encuentras? –ladeé la cabeza.
- ¿Dónde estoy? ¿Quién eres? –dio un paso atrás.
- Me llamo Linith. Esta es mi cabaña. Te encontré en la entrada. Estabas inconsciente. Me diste un susto de muerte. –suspiré– ¿Cómo te llamas? ¿Te sientes bien? ¿Te duele algo?
- La cabeza. Me duele mucho la cabeza. –puso ambas manos en ella y me miró aterrada nuevamente– No sé quién soy. No sé de dónde vengo…
- Has debido darte un fuerte golpe. Será mejor que te lleve al hospital. Yo no puedo tratarte ni hacerte un escáner cerebral aquí. No dispongo de esas herramientas.
- ¿Eres… doctora? –asentí– Por favor, no me lleves al hospital. Tengo miedo. –se dejó caer en el sofá– Yo no quiero que me envíen a un hospital psiquiátrico porque no recuerdo nada. ¿Y si he hecho algo malo? –negó repetidamente– No… –me acerqué a ella cautamente.
- Una mujer tan preciosa como tú no puede haber hecho algo malo, así que tranquila. –sus mejillas se sonrosaron y estaba incluso más hermosa– Tienen que examinarte si tienes algún traumatismo. –negó nuevamente y yo suspiré– Pero…
- No. –murmuró– No quiero. –comenzó a llorar.
- Está bien, cálmate. Encontraremos otra forma, ¿vale? –dejó de llorar y me miró agradecida– Traías una bata blanca puesta. En ella estaba bordado el nombre de Precia. ¿Puede que te llames así?
- ¿Precia? Precia… –me miró asustada de nuevo– No lo recuerdo. –lloró nuevamente.
- Está bien, está bien. Tranquila. Ya verás que pronto recuperas quién eres. –le di una sonrisa para tratar de calmarla– ¿Tienes hambre? He hecho sopa. –sus tripas rugieron y reí.
- Creo que fui traicionada. –habló totalmente avergonzada y yo seguí riendo.
- Ven, vamos a cenar. Después te daremos un baño y te daré algo de ropa limpia hasta que decidamos qué hacer contigo. ¿Te parece? –asintió.
…
Precia era una mujer amable y dulce. A pesar de haber sufrido alguna conmoción, me ayudó a fregar los platos y recoger la cocina. Me permitió que la ayudara en el baño. Ahí pude examinar mejor su cuerpo, comprobando que tenía varias contusiones y cortes por su cuerpo. La dejé que se relajara en la tina un poco mientras yo buscaba algo de ropa y el botiquín para curar esas heridas superficiales. Ella no se incomodó en ningún momento, era como si confiara realmente en mí. La curé y la ayudé a vestirse. Le di un analgésico para el dolor y nos fuimos a dormir. Debería haberme acostado en el sofá, pero por alguna extraña razón, ninguna de las dos quería estar lejos de la otra. Cuando le dije que sería una buena idea para así cuidar de ella mientras dormía, le pareció excelente y su rostro reflejó alivio. Esta mujer no tenía idea de que estaba durmiendo con una mujer que amaba a las mujeres y más si eran tan preciosas como ella. Iba a ser una tortura.
…
Mis vacaciones habían llegado a su final y debía volver a Roma. Durante el tiempo que permanecí en la cabaña, Precia estuvo conmigo. Sin embargo, no salió fuera porque tenía miedo de que alguien la estuviera buscando. ¿Qué haría ahora? No quería dejarla tampoco. Miré por última vez el lago y volví a la cabaña tras haber visto amanecer. Al entrar, Precia estaba haciendo el desayuno.
- Buenos días. –la saludé.
- Buenos días, Linith. –me sonrió con esa sonrisa amable que haría caer al más fuerte de los hombres– El desayuno ya está listo. Siéntate.
- Gracias, Precia. No tenías que haberte molestado. –negó.
- Claro que sí. Tú siempre estás cuidando de mí, así que quería compensar y no sentirme una carga para ti. –dijo apenada. Sonreí e hice lo que me pidió, aguardando por el desayuno– Espero que te gusten las tostadas y huevos.
- Gracias. –dije cuando me sirvió el desayuno– Provecho. –lo probé y estaba delicioso. –comimos en silencio hasta que ella lo rompió.
- ¿Pasa algo? Hoy estás muy callada. –ladeó la cabeza y me miró. Suspiré.
- Precia, verás… –me callé y organicé mis pensamientos– Yo no vivo aquí. Vivo en Roma. –abrió los ojos como platos y un silencio sepulcral se instaló en la cocina.
- …
- Precia… –la llamé suavemente, pero ella estaba ida– Precia… –tomé su mano entre las mías y le di un apretón. Ella miró nuestras manos, luego se sonrojó y finalmente me miró.
- Llévame contigo, por favor. –me suplicó y mi corazón aleteó como loco.
- Precia… –murmuré con un nudo en la garganta– Tienes que buscar a tu familia. Tu esposo debe estar buscándote. –un pellizco fue lo que sentí en mi corazón.
- ¿Esposo? –se miró ambas manos– No llevo anillo. No puedo estar casada. –negó repetidamente– Por favor, contigo me siento segura. Por favor, haré lo que me pidas. –esta mujer no sabía lo que decía.
- Precia… –tomé aire cerrando los ojos y cuando los abrí, la miré con cierto temor– Soy lesbiana, Precia. ¿Sabes lo que eso significa? –ella abrió los ojos como platos y un nuevo rubor, más intenso, llegó a su rostro.
- … –me miró por unos segundos y luego miró nuestras manos– Sé lo que significa. –dijo y entrelazó nuestros dedos, provocando que mi corazón cabalgara a toda prisa– No me disgusta.
- Precia… En Roma, ser lesbiana es un tema casi tabú. Está mal visto que dos mujeres se amen. Es por eso que estoy soltera. –suspiré.
- Nadie tiene por qué enterarse. Seré tu pariente lejano, tu prima o quizás ¿tu sirvienta? –se encogió de hombros– Pero por favor, llévame contigo. Me siento bien a tu lado. Contigo no siento miedo. –me quedé callada por unos instantes– Por favor. –se puso en pie– Debe haber algo que pueda hacer para convencerte. –se acercó a mí, tomó mi rostro entre sus manos y me besó sin pensárselo, dejándome en shock.
- Hmm… –gemí en el beso al sentir su lengua pidiendo permiso para entrar en mi boca– Precia…–la tomé por los hombros y me separé de ella lentamente– No sabes lo que estás haciendo…
- Es lo único que sé. Es lo único que tengo claro, Linith. Eres amable, generosa y muy hermosa. –acarició mi mejilla suavemente y me estremecí ante su toque– No sé quién soy ni de dónde vengo, pero en estos momentos estoy segura de que quiero estar aquí, contigo, en este lugar y de esta forma. Me gustas.
No lo soporté más. Me puse en pie dejando caer la silla hacia atrás, la tomé por la cintura y la empujé contra la pared mientras la besaba con ansia. Ella se sorprendió, pero de inmediato reaccionó y comenzó a devorarme con la misma pasión. Sus manos comenzaron a vagar por mi cuerpo que ya estaba ardiendo por ella. Se separó de mi boca e hizo un recorrido por mi cuello hasta la clavícula y volvió a subir para darme un mordisco que me arrancó un sonoro sonido. Joder. La quería desnuda debajo de mí. Necesitaba poseer a esta hermosa mujer. Le di la vuelta y la apoyé en la mesa del comedor, haciendo que se tumbara. Comencé a besarle el cuello y fui bajando lentamente, eliminando de mi camino cada prenda que me estorbaba de mi cometido. Liberé sus pechos y disfruté de ellos, al igual que de sus jadeos y pequeños gemidos que estaba comenzando a dejar salir, provocando que mi pasión fuera quien tomara el mando aquí. Arranqué el resto de su ropa y le hice el amor allí mismo. Fue el mejor sexo de mi vida. Sus reacciones me excitaban más y más hasta que necesitaba sentirla de otra forma. Jalé de ella hasta la cama y me tumbé sobre ella, haciendo que nuestros sexos tuvieran el contacto perfecto y comencé a moverme, provocando que un largo gemido abandonara mi garganta. Estaba a punto de venirme. Esta hermosa mujer me había llevado más allá de la exosfera. Ambas gemíamos mientras nos balanceábamos, provocando que el contacto fuera casi doloroso, hasta que las dos nos vinimos fuertemente. Definitivamente acababa de tener el mejor sexo de mi vida. Aun no teniendo suficiente de ella, fui bajando hasta su sexo dejando un camino de besos.
- Linith… –susurró mi nombre, agitada. No dije nada y la devoré, arrancándole un sonoro gemido que volvió a excitarme. Jamás tendría suficiente de ella.
- Vas a quedarte conmigo. –me detuve un momento para hablarle y ella gruñó al detenerme– Promételo. Vas a quedarme siempre conmigo. –le pedí.
- Si te vuelves a detener no me quedaré. –dijo, jadeante y molesta, provocando mi sonrisa.
- No me volveré a detener. –y volví a devorarla hasta quedar las dos completamente exhaustas.
En la actualidad
Después de eso, la llevé a Roma conmigo. Los primeros meses fueron realmente intensos. Hacíamos el amor todos los días hasta acabar saciadas. Nunca estábamos satisfechas. Siempre queríamos más, mucho más. Conseguí convencerla para que un amigo psicólogo la atendiera en casa, sin necesidad de salir. Era importante que recuperara la memoria. La fue recuperando poco a poco, recordando pequeños detalles. Una explosión. Un laboratorio. Unas niñas. Se me encogió el corazón al pensar en la posibilidad de que sí estaba casada y tenía hijos. Eso era lo normal para alguien como ella, tan hermosa y amable. No fue hasta hace dos meses que recuperó toda la memoria, provocando una depresión en ella. Tenía dos hijas y una de ellas murió en la explosión.
POV Precia
Miré la fotografía de la boda de Linith y mía. Nuestra boda. Sonreí. Linith me había devuelto a la vida. Dos veces. La primera al aceptarme cuando me encontró en su cabaña. Y la segunda en cuanto recuperé la memoria. Era una mujer que no me merecía. Era demasiado buena. Hizo hasta lo imposible para que recuperara mi sonrisa tras haber recuperado mis recuerdos. Mi hija mayor estaba muerta. Muerta. Y mi hija menor, mi Fate, ¿dónde estaría? ¿Estaría con una buena familia? ¿Sería feliz? Seguro que sí. Fate era muy amable y cariñosa. No me necesitaba a su lado. Después de tanto tiempo sin mí, no me necesitaba. Mientras yo había estado disfrutando de una vida plena con Linith, la había dejado abandonada a su suerte. Negué repetidamente para alejar el sentimiento de culpa de mi mente. Acaricié el marco de la fotografía de mi boda y sonreí. Linith y yo nos habíamos casado hacía una semana. Estábamos de luna de miel y habíamos decidido regresar al lugar en donde nos conocimos y donde hicimos el amor por primera vez. Me sonrojé al mirar hacia la mesa de la cocina. Jamás olvidaré cómo me poseyó allí. Fue demasiado sensual. Jamás olvidaré ese día. Oí el sonido de la puerta y me giré para darle la bienvenida a mi esposa.
- Bienvenida, cariño. –le sonreí y ella me devolvió la sonrisa. Se acercó a mí y me besó en los labios dulcemente– ¿A dónde fuiste?
- Hola, cariño. –me volvió a besar– Había olvidado comprar algo que quería darte. –fruncí el ceño y me mostró lo que tenía en su espalda.
- ¡Bombones!
- Tus preferidos. Ferrero rocher. –gemí al recordar su sabor.
- Gracias, cariño. –tomé los bombones y los dejé a un lado– Pero en estos momentos a quien quiero comerme es a ti. –ella sonrió traviesa y me besó con la pasión que la caracterizaba mientras nos guiaba a la cama para hacer el amor.
Saizoh: Aquí la aclaración a grandes rasgos de lo sucedido. Hasta que Fate y Precia no se encuentren (si es que ocurre), no se sabrá lo que sintió Precia y qué pasó... Pero estoy segura, al igual que tú, que Nanoha le dará el valor para que vaya a encontrarse con su madre Precia. Quien sabe, quizás la convenza como Precia a Linith para que la llevara a Roma con ella xDDD No te desanimes, Saizoh. Es raro que haya comentaristas en los fics que no sean de Miorine y Suletta. A la gente le dio por esas dos. Es la nueva moda. Una lástima que se olviden de los animes más "viejos". Pero bueno, lo importante es escribir porque es lo que nos gusta hacer. Además, siempre siempre siempre, habrá alguien que lea tu fic (aunque no diga nada). Así que ánimos, compa! Nos leemos pronto :D
