Dias de Escuela
Los días soleados solían ser para Sora bastante agradables, sin embargo, en momentos donde sentía la pesadez de la preocupación o la ansiedad, le generaban un peso extra que no le era para nada agradable.
Agradecía que al menos sabía exactamente a dónde debía acudir. Lo conocía perfectamente.
Sonrió para sí misma cuando lo vió. Estaba sentado bajo la sombra de su árbol, aquel en el que siempre se reunían durante los recesos.
—Hola —le saludó.
Taichi pareció dar un pequeño brinquito por la sorpresa, estaba claro que no la había escuchado acercarse.
—Ho… hola —balbuceó, mirándola con los ojos muy abiertos.
Todo el enojo y la confusión que lo habían acompañado durante la última hora, pareció evaporarse en el momento en que sus ojos se cruzaron con la suave mirada de Sora.
—No me esperaste. —Las palabras de su mejor amiga no tenían un ápice de reclamo, solo contenían un ligero tono de duda, Taichi incluso se atrevía a decir que alcanzaba a notar cierta preocupación.
—Creí que… que ibas a estar ocupada. —Seguía balbuceando, y de repente la frustración lo arrastró de vuelta hacia el fondo.
Estaba ardiendo de celos.
Todas las tardes al terminar las clases en el instituto, Sora y él regresaban juntos a casa. Vivían en el mismo bloque de departamentos, únicamente separados por un piso de distancia, así que aprovechaban para ir a tomar una soda o disfrutar de alguna botana, para luego dirigirse a sus respectivos hogares.
Siempre había sido así. Era una costumbre que se había consolidado entre ambos desde que se conocieron en su segundo año del jardín de niños.
Pero esa mañana, durante el primer receso entre clases, el idiota de Yue, uno de sus compañeros de futbol, se atrevió a invitar a Sora para tomar algo juntos al finalizar las clases. Lo que más lo había cabreado, había sido que lo había hecho frente a sus narices, sin importarle que Sora y él se encontraran desayunando.
Taichi se había limitado a mirar a su amiga, con la certeza de que iba a rechazarlo amablemente, pero tal fue su sorpresa cuando la vio sonrojarse y pedirle que hablaran en el segundo receso. El imbécil de Yue había sonreído como si le hubieran avisado que ganó la lotería, y luego se marchó.
El descanso terminó y se obligó a no mirar a su amiga durante las clases siguientes. Por alguna razón se sentía tremendamente herido, pero lo peor fue que al pasar el siguiente receso, supo que había algo más en su interior. Había un fuego que no paraba de arder y del que inmediatamente reconoció: celos.
Si Sora iba a salir con ese cabeza hueca, él iba a tener que irse solo a casa, y eso era lo que había planeado hacer, sin embargo, la llama que ardía en su interior era tan potente, que prefirió quedarse en el instituto que ir a casa. No quería sentirse asfixiado.
Sus pasos lo llevaron a Su árbol, ese que les pertenecía a ambos, a Sora y a él. Menudo tonto era.
—¿Taichi?
Otro sobresalto, se había perdido dentro de sus deprimentes y celosos pensamientos.
—Perdona, estoy algo distraído.
Ella no pareció molestarse, al contrario, notó como su mirada se dulcificó. ¿Cómo era que Sora podía ser tan hermosa incluso sin proponérselo?
sintió arder sus mejillas, ese tipo de pensamientos cada día eran más repetitivos, y eso le asustaba.
Sora lanzó un suspiro y se sentó a su lado. El cálido césped le causó un cosquilleo donde tocaba la pálida piel de sus piernas.
Taichi fue consciente de ello cuando Sora arrugó suavemente su nariz. Se apresuró a mirar hacia otro lado para que ella no lo notara.
—Como te decía, creía que sabías lo que iba a hacer.
—¿Cómo? —preguntó Taichi, con una evidente confusión danzando en su mirada.
—No quiero salir con Yue, pensé que ya lo sabías. —No era la primera vez que Yue se acercaba a ella, pero sí la primera que se atrevía a invitarla a salir. A veces el chico se acercaba a saludarla, o hacerle preguntas de algunos deberes. Taichi solía bromear, argumentando que Yue estaba interesado en ella, pero Sora siempre se aseguraba de dejarle en claro que eso fuera o no verdad, ella no tenía ningún interés en él.
—Sí, solo que pensé que… bueno… luego del segundo receso… —Era patético. Seguro que parecía un niño haciendo un berrinche.
Pero Sora se rio. Una risa suave y cálida, sin maldad, sin segundas intenciones.
—Hubiera sido muy grosero de mi parte rechazarlo cuando hay alguien presente. Por eso quería verlo después. Así podría decírselo a solas.
Sora era una persona muy buena, demasiado buena.
—El muy sinvergüenza te lo pidió en frente de mí. —Y allí estaba. El Taichi celoso, sin una pizca de sentido común que le impidiera seguir soltando tonterías.
Sora se encogió de hombros.
—Tampoco me pareció correcto, pero, bueno, Yue no es muy… —fue el turno de Sora para balbucear.
—¿Listo?
—¡Taichi! —Le reprendió en medio de un ataque de risas—. Iba a decir prudente.
—Vamos, sabes que tengo razón —alardeó, riendo también.
Le alegraba que Taichi recuperara su buen humor, no le gustó verlo tan apagado y distraído durante las clases.
Además, en cuanto la invitación a salir fluyó de los labios de Yue, una chispa de desesperación la invadió.
Se consideraba una persona paciente y empática, pero sintió una ligera molestia, ya que Taichi se encontraba presente.
Sintió la fuerte necesidad de rechazarlo amablemente frente a él, pues no quería que quedara la menor duda de que no tenía interés en Yue. Pero su educación fue mayor.
Además, Taichi la conocía a la perfección, y terminó por convencerse de que él sabría lo que haría y cuál sería su decisión. Era su mejor amigo, debía saberlo.
—Sora, ¿sucede algo? —cuestionó al notarla muy pensativa.
Ella sacudió la cabeza en negativa.
—Tengo sed, ¿vamos por una soda o algo? —preguntó para intentar aplacar el extraño cosquilleo que acababa de instalarse en su estómago.
—Claro, solo si esta vez invito yo —condicionó Taichi. De repente se había llenado de una energía cosquilleante.
Se levantó, colgó del hombro su mochila, y luego tomó el maletín de Sora. Procedió entonces a darle la mano. Sora, con una suave risa, aceptó su ayuda.
Fue como una chispa. Algo pareció encenderse ante ese pequeño contacto. Fue creciendo, electrizante, y se extendió por todo su cuerpo.
Sora se sonrojó, y temió que Taichi lo hubiera notado, pero para su sorpresa, al levantarse y comenzar a caminar, él no la soltó.
Comprendió entonces que no tenía de qué preocuparse.
Él había sentido exactamente lo mismo.
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Faty!
