Look at old pictures together, reminisce on old times.
«Mi vida no es perfecta, pero estoy agradecido con todo lo que tengo.»
—Charlie Brown.
Soi Fong no había dormido bien la noche anterior. De hecho no había estado durmiendo bien durante los últimos quince días. El papeleo se había acumulado tras ella haber sido herida en una misión, y por ende acabar incapacitada. El apoyo que Omaeda había proporcionado en ese tema era muy poco y fueron sus tercer y cuarto oficial quienes tuvieron que encargarse de ello, por si no fuera poco en dicha misión varios soldados que se hallaban bajo su liderazgo habían terminado muriendo luego de que ella hubiese caído debido a sus heridas. Ante su escuadrón no había mostrado la gran cosa, puesto que ella siempre les decía que lo mejor que podían hacer era utilizar a su favor la caída de un compañero, pero en su mente todo era otro cantar.
Sus subordinados habían caído protegiéndola a ella, y lo habían hecho mientras ella estaba inconsciente, los restantes estaban heridos, pero lo habían logrado ¿En qué clase de comandante la convertía eso? ¿Una que no sabía cargar con su propio peso y necesitaba un respaldo? Tenía muy claro que sus hombres no podían ni iban a confiar en ella si tenían que salvarla constantemente y menos a costa de sus propias vidas. Una líder es un pilar, y si ella no era un pilar digno ¿En qué la convertía eso? Una buena para nada.
Por si esto fuera poco, el estrés al parecer había causado que sus problemas de sueño pareciesen aumentar. Había sufrido parálisis del sueño ya tres noches seguidas, y los ataques de pánico que padecía después durante la madrugada la dejaban emocional y físicamente exhausta. Cuando no dormía bien aparte de distraerse se colocaba irritable a un nivel peligroso, y no había que ser un genio para saber quién pagaba a menudo el mal humor de la capitana. No sólo eso, sino que había llegado a quedarse dormida sobre su escritorio y un par de veces la habían descubierto así, decir que ahora veía su reputación arrastrándose por el suelo era decir poco.
Y no ayudaba nada que el estrés hiciese que las suturas en sus costados y muslo izquierdo ardieran por momentos, a veces imposibilitandola de entrenar.
Soi Fong estaba tan ocupada tratando de ponerse al día con el papeleo todos esos días que incluso había llegado a perderse un par de reuniones en la asociación de mujeres Shinigami y la capitana Kotetsu había llegado en persona a verla y preguntar el motivo de su ausencia, al verla tan nerviosa, ojerosa y apenas capaz de mantenerse despierta no había tardado nada en prácticamente recluirla en sus aposentos con tal de que descansara como se debía.
Bueno. En realidad no la había recluido en el sentido literal de la palabra, porque después de todo seguía siendo su escuadrón y sus aposentos. Pero la mujer de cabello blanco le había enviado una mirada tan espeluznantemente gentil que la mera idea de negarse le pareció una automática sentencia de muerte.
Así que ahí estaba, todavía con la imagen de la montaña de papeles intacta en su escritorio impresa en la mente, harta de todo al punto de que si de ella dependiera tiraría todo lo que encontrase, con un montón de deberes encima y maldiciones atascadas en la garganta.
En esos momentos Soi Fong se sentía con ganas de odiar a todos. A Omaeda sobre todos, al Comandante Kyoraku, a la capitana Kotetsu, a sí misma incluso más, por ser tan descuidada que no pudo ni siquiera impedir que hubiera bajas en una simple misión, tan débil y tonta por no encontrar una solución a sus problemas de sueño. Por no ser una líder de confianza y querer matarse para tratar de compensarlo.
Su teléfono sonó justo en medio de su crisis, sin ninguna gana de hablar lo miró y se dio cuenta de que era Jon, suspiró y contestó. Decidió ponerlo en altavoz.
—¡Hola Shao! ¡Qué bien que contes...!
—Este no es un buen momento, Jon —lo interrumpió la capitana mientras se llevaba la mano a la frente y se la masajeaba con ambos dedos.
—¿Por qué? ¿Qué ocurre?
—Nada —gruñó la muchacha.
—Shaolin, sabes que puedes contar conmigo para todo —contestó Jon con un tono más serio, al igual que preocupado—. Por tu tono sé que no estás bien.
El puño de la capitana se apretó, empezaba a perder la paciencia.
—No quiero hablar ahora, Jon —espetó con un tono ligeramente más agresivo.
Al otro lado de la línea Jon frunció el ceño.
—¿Por qué? Si me cuentas quizá pueda ayudarte, y si es algo muy grave voy a ir a...
—¡No, sé que no lo harás! —exclamó Soi Fong de la nada— Siempre lo dices y no sucede, porque no puedes, no puedes tranquilizarme, no puedes llegar sin más a decirme que no pasa nada ¡No estás aquí y no vas a llegar! ¡No hables como si fueras a dejar todo lo que haces sólo para ayudarme!
Desde que esta conversación empezó el corazón de la capitana latía con tanta fuerza que le resonaba en los oídos y le daba esa extraña necesidad de alzar la voz. No estaba gritando pero sí estaba descargando un montón de frustración y tensión acumulada, una agresividad que a él en particular casi nunca le mostraba.
—Tienes razón —respondió Jon—. No estoy siempre a tu lado pero no es porque yo no quiera —el tono con el que hablaba hizo estremecer a la muchacha, pero no en el buen sentido—. La Universidad y algo más que estoy haciendo aquí me detienen, pero soy capaz de volar y hasta romper la línea espacio-tiempo si estás en peligro ¡Tampoco hables como si yo no quisiera hacer nada por ti!
De pronto Soi Fong se sintió desesperada por cambiar el rumbo de la conversación.
—¿La Universidad y... Qué otra cosa? —dijo titubeante, casi tartamudeando, sus manos, que sostenían el teléfono y la pluma con fuerza ahora temblaban, se sentían pesadas.
—Es mejor que no te lo diga ahora —increpó Jon con una frialdad que le arrugó el corazón a Soi Fong—. Necesitas estar sola. Llámame cuando estés más tranquila ¿Sí?
—Jon yo...
—Hablaremos de esto luego.
Y luego el cínico pitido que indicaba que Jon había colgado. Lentamente Soi Fong bajó la mano y puso el teléfono sobre el escritorio, también soltó el bolígrafo.
Su respiración era agitada y el corazón amenazaba con escapársele del pecho, pero ya no era el mismo cómodo calor que le generaba hablar con Jon. Todo lo contrario, estaba asustada por el tono que él había empleado y por lo que implicaba, estaba dolida porque ni siquiera se había despedido, estaba frustrada por cómo terminó.
Corrió a sus aposentos y estando ahí, con la puerta cerrada y trabada gritó, con tanta fuerza que la garganta le dolió. Seguido de esto se sentó bruscamente en su cama, encogió sus piernas y se llevó las manos a la cabeza como si tratará de cubrirse. Para cualquiera podría ser algo exagerado, pero de hecho era un avance. Al menos no estaba rompiendo cualquier cosa que se atravesara en su camino como un animal furioso.
Justo en el peor momento, empezó a suceder. El latido en su cabeza que empezaba a ser bombardeada con cientos de pensamientos y escenarios catastróficos: Lo hiciste, harás que rompa contigo, arruinaste uno de los pocos vínculos buenos que tienes, estás indefensa, te verán tus hombres, cualquiera podría llegar y matarte sin siquiera hacer ruido, podrían estar espiándote en estos momentos, tu trabajo está atrasado y serás una vergüenza.
Con todo esto encima la capitana empezó a llorar, sentía que le faltaba el aire, las ventanas estaban cerradas y sin problemas podría morir asfixiada, al mismo tiempo tenía un nudo en su garganta como si fuese a vomitar. Se sentía como si todos los malestares del mundo se hubiesen juntado para atormentarla a ella. En cualquier momento se iba a desmayar, pero temía que si se dormía lo peor pasara.
Y aquello había sucedido ya varias veces.
Después de un rato que se sintió eterno, el montón de pensamientos fatalistas que estaba teniendo le dejaron espacio para uno solo. Estaba teniendo un ataque de pánico. Los había sufrido varias veces en presencia de Unohana y esta varias veces le había explicado qué hacer si los tenía y no tenía a nadie cerca: Primero, reconocer que tenía un ataque de pánico. Segundo, mirar un punto fijo, tras buscar por su habitación ella se fijó en algo puesto en su tocador, un encantador adorno en forma de osito panda que Mei le había regalado para las fiestas y procuró verlo casi sin parpadear. Tercero, pensar en un lugar feliz, casi al instante la joven pensó en el apartamento de estudiante de Jon, su cama, sus brazos rodeándola y labios sobre su cabeza.
Al cabo de otro rato la respiración de Soi Fong empezó a ralentizarse, bajó las manos que estaban enterradas con fuerza en su pelo y puso los pies en el suelo. Su rostro probablemente estaba húmedo y sus ojos hinchados producto del llanto desesperado, pero supo que lo peor había pasado cuando su corazón ya no latía como si quisiera huir de ahí. Al parecer de nuevo se había extralimitado y el estrés la había superado.
Y previo al ataque, la discusión con Jon.
Fue un proceso largo, o al menos así lo sintió ella. No pudo evitar volver a sollozar una vez procesó todo lo que había ocurrido, la voz de Jon, sus propios reclamos, la gélida "despedida", el pitido del teléfono. Ni siquiera su orgullo fue capaz de eclipsar el hecho de que ella había sido quien había provocado todo, quien le reclamó a Jon por algo que él no podía evitar, quien no aceptó sus múltiples ofrecimientos de ayuda, quien había sucumbido al estrés y lo había descargado con él. Su persona favorita en el mundo, por muy cursi que pueda resultar decirlo.
Cuánto más lo pensaba más avergonzada se sentía, y pasó un buen rato en el que no dejó de llorar. Incluso llegó a mandar una mariposa infernal para avisarle a la capitana Kotetsu que se hallaba indispuesta —la sucesora de Unohana sabría a qué se refería con eso—, porque se sentía débil, exhausta tanto física como emocionalmente, y con tantas cosas en la cabeza no era lo bastante obstinada —más bien estúpida— como para volver a intentar trabajar y arriesgarse a sufrir otro colapso. Por fin se movió para enjugarse el rostro con las manos cubierto de lágrimas y se puso de pie, su puso de pie, destrabó la puerta y salió de sus aposentos, aunque sólo para buscar su teléfono.
Dos horas y media habían pasado desde que entró a gritar y colapsar en sus aposentos, ya eran las cuatro de la tarde y aún no había comido. Aunque su apetito solía ser casi nulo luego de haber pasado por uno de estos episodios. Jon no la había llamado, y esto la hubiese extrañado si no recordase que él le había pedido que llamara cuando se tranquilizara.
Tomó una gran bocanada de aire y luego la dejó salir lentamente, todavía hipaba un poco producto del llanto tan terrible de antes, pero picó en el contacto de Jon y luego en videollamada. Si iba a arreglar esto consideraba apropiado hacerlo cara a cara... O lo más cercano posible a eso.
Tres timbres sonaron, durante los cuales Soi Fong rogaba una y otra vez que Jon respondiera, que al menos quisiese escucharla. Aunque también estaba emocionalmente preparada para recibir una llamada denegada porque Jon tenía más que suficiente razón para estar enojado con ella.
Pero no fue así, antes del cuarto timbre el rostro de Jon apareció en la llamada, mas el pecho de Soi Fong se apretó al verlo serio, normalmente él contestaba sus llamadas con una gran y radiante sonrisa.
—Hola, Jon —saludó ella tímidamente.
—Hola, Shaolin ¿Qué ocurre?
—Lo lamento —contestó la capitana de golpe, y su pecho se sintió un poquito más ligero cuando la expresión de su novio se suavizó—. No debí portarme así contigo, me desquité con la primera persona que encontré y resultaste ser tú, quien menos lo merecía. No lo digo por justificarme pero llevaba ya un buen rato siendo una bomba a punto de estallar y...
—Comprendo, Shaolin. Tranquila —la amabilidad había vuelto a los ojos del muchacho. Por su parte Soi Fong mantenía la mirada baja y jugueteaba con su cinturón amarillo.
—Debí haberte dicho cuando me ofreciste ayuda, y fue totalmente innecesario haberte acusado de no estar para mí cuando sé cuánto trabajo tienes y cuánto te esfuerzas por venir a verme. Perdí el control y lo siento. Lo siento muchísimo.
Pensar en todo eso le provocó un nudo en la garganta, pero miró a los ojos a Jon para asegurar que su disculpa era sincera. Jon por primera vez le sonrió, eso era una buena señal.
—No te preocupes, Shao. Yo también me equivoqué al presionarte tanto. Debí respetar tu espacio y también lo siento.
Shaolin sonrió. —¿Me perdonas?
—Estás perdonada, pequeña ¿Tú me perdonas a mí?
—Claro que sí.
De un momento a otro Jon frunció el ceño, cuando se fijó mejor en el rostro de la capitana.
—Tienes los ojos súper hinchados —dijo seriamente el joven— ¿Qué ocurrió? ¿Fue lo de la tarde?
—Bueno... —titubeó la capitana— Tuve un ataque después de que discutimos, pero no fue sólo por ti. Estos días me están comiendo viva y llegué a mi límite.
—¡¿Le dijiste a...
—¿Kotetsu-taicho? Sí, lo hice.
Jon suspiró y se rascó la nuca.
—También para mí estos días han sido difíciles. Estamos haciendo arreglos para mudarme.
—¿Dejarás los dormitorios?
—Así es. También tendré que empezar a buscar trabajo —Jon se llevó una mano a la frente—. No sé cómo voy a sobrevivir.
—Cualquier persona normal hubiese caído muerta desde antes.
—¡¿Verdad que sí?!
—Pero también dice mucho de ti, Jon —la joven volvió a sonreír, dulce como pocas veces lo hacía—. Has mejorado mucho en cuanto a disciplina.
—Aprendí de la mejor —dijo Jon con igual ternura, hasta que pareció acordarse de algo— ¡Oh mira! ¡Enmarqué esto hoy!
Jon le mostró una foto de ambos, tendidos sobre sacos de dormir y a la luz de un farolillo, Jon tenía una gran sonrisa mientras que ella sonreía de lado, con sus cabezas unidas. La primera vez que fueron a acampar.
—La imprimiste y todo —respondió Shaolin. Sus mejillas enrojecieron y el cálido cosquilleo que sentía cuando él la tocaba se hizo presente. Incluso de lejos.
—¡Claro! Conner y Damian estuvieron un rato burlándose de mí pero valió la pena. Hace tiempo quería tener este recuerdo en físico.
—Yo también enmarqué algo —murmuró Soi Fong.
Ella dejó el celular erguido contra las almohadas y gateó para alcanzar algo en su mesa de noche, ignorando por completo que Jon se había puesto colorado y había apartado la mirada al instante cuando sólo las piernas y el trasero de la muchacha se veían en la cámara. Por su parte, Soi Fong volvió a colocarse al frente de esta con una foto enmarcada en manos.
—Esta tuve que enviársela a Kara para suplicarle que la imprimiera para mí. Quería conservarla no sólo en mi teléfono —dijo Soi Fong y le mostró la foto.
Esta vez fue Jon el que se sonrojó. En la fotografía él aparecía apoyado de lado contra una pared y sonreía, y Soi Fong estaba delante de él, sólo que con la espalda apoyada contra los ladrillos rojos y mirando a la cámara por encima del hombro, la expresión de ella era serena. Pero no fue nada de eso lo que lo hizo enrojecer sino que recordaba lo que significaba esa foto.
—La primera vez que nos besamos —habló ella.
—Lo recuerdo —contestó Jon—. Kara es muy buena tomando fotos, y aún no logro entender cómo hizo para que Conner nos dejara solos.
—Ha de tener sus métodos —ella puso la fotografía en su regazo y luego hizo una mueca—. Pero no te creas. No dejó de burlarse de mí después de eso.
—Y también de mí —rió Jon—. De hecho, tengo otras fotos impresas de nosotros ¿Quieres que las traiga?
—Claro, yo me cambiaré mientras tanto.
Tanto Jon como Soi Fong dejaron sus teléfonos ahí, aunque Soi Fong solamente entró a su armario a quitarse el uniforme fuera del alcance de la cámara. Cuando Jon regresó con las fotos en manos ella aún terminaba de cambiarse, pero sí se veía su sombra contra la pared y sus movimientos mientras se ponía ropa más ligera, Jon apartó de nuevo la mirada hasta que el rostro de su novia reapareció en la cámara, ahora vestida con una delgada blusa azul oscuro de tirantes y pantalones cortos del mismo color.
—¡Mira esto! ¿Lo recuerdas?
—Claro, hace unos meses cuando me arrastraste a una feria científica. Te digo que Damian no me quería allí.
—No digas eso —replicó el héroe—. Le dije que estarías en la ciudad y probablemente te llevaría y no se quejó.
—Si las miradas pudieran matar yo hubiera sido fulminada en cuanto me vio a tu lado.
—Todos hubiéramos sido fulminados por la mirada de Damian en algún momento —Jon se encogió de hombros, luego tomó otra foto— ¿Reconoces esta? —preguntó con tono provocador.
El rostro de Soi Fong se incendió al instante.
—¡¿Tomaste fotos de mí ese día?!
—¡Pues claro! Era un escenario muy bonito como para dejarlo así, tú estabas muy bonita como para dejarlo así.
—Estaba bailando en medio del parque, Jon.
—Bailas increíble, Shao. Si alguien te hubiera visto quizá hasta te hubiera dado monedas.
—Eso hubiera sido más vergonzoso todavía —increpó la muchacha a lo que él estalló en carcajadas.
El sol empezó a ponerse y Soi Fong no se dio cuenta por estar hablando con él, viendo y mostrando fotos antiguas y a menudo enrojeciendo de vergüenza al revivir ciertos detalles. Sin embargo, todos esos recuerdos bonitos se le habían quedado guardados dentro de tal forma que hasta a ella le sorprendió recordar vívidamente muchas cosas. Antes sólo sus memorias con Yoruichi eran así de íntimas, pero las cosas habían cambiado, Jon se había metido en su corazón de tal forma que creía que, ni aunque se separaran podría dejarlo por completo de lado y olvidar que existía.
Y la verdad no quería ni pensar en una realidad en la que él no existiera en su vida.
Ya era totalmente de noche, sin luna y unas pocas estrellas titilando. Ella ahora estaba acurrucada entre sus sábanas y la verdad es que ya tenía bastante sueño, como si todo ese tiempo sin dormir correctamente le llegase justo en ese momento. En cualquier otra situación ella se habría levantado al instante puesto que tenía un montón de trabajo que hacer todavía, pero en estos momentos no quería dejar su cama ni dejar a Jon en la pantalla, mucho menos después de lo que ocurrió en la tarde.
Por otra parte, Jon observaba con genuina ternura como ella peleaba contra el sueño.
—No has dormido bien ¿Cierto? —preguntó en un susurro, ella, muy cansada para mentir, negó con la cabeza— Tiene sentido... ¿Oye Shao?
Ella respondió sólo con un monosílabo.
—Pensando en lo que dijiste... ¿Tú sientes que no estoy para ti cuando te necesito? —el tono del joven héroe era bastante preocupado, no quería pensar que sus esfuerzos no estaban siendo suficientes para hacerla sentir acompañada y feliz.
—Yo te necesitaba... Y aquí estás —susurró ella medio dormida en lugar de responder. Pero eso consiguió hacer a Jon enrojecer de golpe como luz de Navidad.
—Shao...
Lo interrumpió un pequeño ronquido, Soi Fong se había quedado dormida en mitad de la llamada, pero su rostro expresaba una tranquilidad que no sentía hace bastante tiempo. El corazón del hijo de Superman se ablandó de tal forma que sus mejillas se volvieron a colorar y sonrió, aunque ella ya no podía escucharlo valía la pena decirlo.
—I love you —«Te amo».
