Las manecillas del reloj avanzaban. El sol fallecía en cada atardecer y nuevamente renacía por las mañanas. Por las noches, la oscuridad envolvía su recámara y poco a poco sentía como cualquier esperanza se desvanecía. No importaba con qué frecuencia encendiera y mirara de reojo la pantalla de bloqueo, el resultado siempre era el mismo; ninguna notificación relevante. O al menos, ninguna que alimentara sus delirios.
Las horas se transformaron en días. Posteriormente, en semanas, y finalmente culminaron en un mes. Habían pasado cuatro semanas desde que, sin previo aviso, el contacto cero entre ellos dos comenzó. Al principio creyó que sería sólo cuestión de tiempo para que el Uzumaki regresara a sus brazos, no obstante, su disgusto incrementó con cada día que pasaba. Se engañaría a sí mismo si dijese que no aguardaba por él, lo cierto era que a duras penas sobrevivió durante su ausencia. Por los días maniobraba en piloto automático; intentaba actuar como lo haría con regularidad y únicamente enfocarse en sus obligaciones, aunque no era del todo capaz de interponerse ante sus emociones. Sus superiores le llamaron la atención en algún momento por entregar trabajos incompletos o con pequeños detalles erróneos. Cuestiones tan simples y mínimas que quizá podrían pasar desapercibidas, pero arruinaban la pulcritud de su esfuerzo. Podía negárselo al mundo entero y cualquiera que no lo conociera bien se lo creería, pero tenía que ser honesto consigo mismo. Extrañaba a Naruto como probablemente jamás había extrañado a alguien. Quizá la amargura que le provocaba su ausencia podría asemejarse a la añoranza que tuvo respecto a su hermano durante la infancia.
—Sasuke, ¿estás escuchando lo que te digo? —inquirió Sakura. Su entrecejo se encontraba fruncido mientras chasqueaba los dedos con impaciencia, en gigantescos esfuerzos por llamar su atención.
—Sí, discúlpame... ¿Me decías? —el azabache la miró. No tardó mucho en otorgarle otro sorbo a su café negro.
La mujer suspiró con desánimo. Había compartido una gran parte de su vida con él como para ser incapaz de reconocer cualquier desbarajuste, por más mínimo que éste fuera.
—Es por Naruto... ¿Verdad? —preguntó sutilmente, mostrándole una mirada comprensiva.
No hubo respuesta, sólo evasión por parte de sus oscuros orbes. No fue necesaria otra acción para hacerle entender a Haruno lo acertadas que eran sus interrogantes.
—Luces fatal. Mírate, mira el lugar a tu alrededor —comentó, inspeccionando fugazmente con la mirada las cuatro paredes que los rodeaban—. Siempre has estado obsesionado con la limpieza y el orden, y ahora... Apenas y reconozco tu hogar.
Era cierto. El caos había tomado control no sólo de sus pensamientos, sino de su vida. Por primera vez en mucho tiempo se había sentido en paz consigo mismo, y ahora... Todo aquello no era más que un vago recuerdo.
Su ex esposa se levantó de su asiento y lo tomó del hombro con delicadeza. Era consciente del terrible estado en el que se encontraba, y pese a que el amor entre ellos dos ya no existía, el respeto mutuo y su hija aún los unía. Ella jamás pensó en dejarlo a su suerte.
—Tienes que superarlo, Sasuke. Sabías que estar con él era como lanzar una moneda al aire. Lamentablemente las cosas no salieron como deseabas, pero es momento de enfrentar tu realidad y aferrarte a lo que todavía tienes. No puedes seguir enamorado de los fantasmas del pasado —aconsejó la médico. Dar apoyo emocional no era del todo su fuerte, pero estaba haciendo lo mejor que podía.
Sin previo aviso, el pelinegro se levantó de su asiento y... La abrazó. Tan fuerte como nunca lo había hecho. Era emocional, nostálgico, infausto... Tan transparente que incluso la sorprendió. No le quedó más que colocar su mano sobre la espalda del contrario, dándole leves palmadas a modo de consuelo.
No obstante, cuando creyó que su asombro no podía incrementar más, lo escuchó sollozar. Quedó atónita. Hacía años que no lo veía tan vulnerable, por lo que no supo exactamente cómo manejar la situación.
Tras un prolongado silencio, poco incómodo, la mujer se retiró luego de que el Uchiha le agradeciera su compañía. A decir verdad, él no contaba con muchos amigos, y sobre ella recayó toda su carga emocional. Al menos ahora se sentía más liberado.
Quizá Sakura tenía razón. Quizá debía olvidarse ya de todo lo sucedido y continuar con su vida. Después de todo, si Naruto volvía... ¿Con qué cara podría mirar a Boruto? Se sentía repulsivo de tan sólo pensarlo, quizá las palabras de Hinata eran ciertas... Había destruido a su familia.
Negó al instante esa idea. La familia Uzumaki estaba destruida incluso antes del nacimiento de su primogénito. Eso no le concernía, debía dejar de torturarse.
Era un fin de semana en el que no le tocaba cuidar de Sarada. De hecho, Sakura lo había visitado por esa misma razón: se había llevado a su hija consigo para que visitaran a los abuelos Haruno. Así que tenía toda la noche para él y su soledad.
No quería seguir siendo el reo de sus propios pensamientos. Detestaba que por su cabeza rondaran interrogantes sin solución. Indagar sobre el paradero de Naruto sería inútil, ya había intentado recurrir a Shikamaru, quien le mencionó no tener noticias del rubio. Gaara sabía menos de lo que él estaba enterado. Buscarlo a través de un pretexto académico, colocando a su hija como supuesto asunto principal, sería caer muy bajo... Y aun así no funcionaría, ya que Naruto ya no trabajaba más ahí. Era como si la tierra se lo hubiera tragado... Quizá había «recapacitado» y no quería saber más de él.
Pensaba en sumergirse en su miseria mientras veía algún programa estúpido de televisión con tal de distraerse un poco. Antes de ello, tomó su teléfono y se recostó en el sofá. Había estado todo el día desconectado de las redes sociales, por lo que pensaba echarles un vistazo rápido.
Sus ojos se abrieron con desmesura tan pronto como divisó el nombre de su amado rubio entre sus notificaciones. El mensaje había sido enviado un par de horas atrás, era breve y conciso:
«¡Sasuke! Sé que no has sabido de mí durante un tiempo y me disculpo por ello. Tuve muchos inconvenientes, pero, ¿adivina qué? Estoy tramitando el divorcio. ¿Te importaría vernos esta noche? Te he echado de menos y tengo mucho para contarte. Por favor, respóndeme en cuanto puedas. Está de más decir que nuestro encuentro es secreto, ¿verdad?»
La euforia que sentía en esos instantes era incomparable. Sentía sus dedos temblar ligeramente mientras tipeaba la mejor respuesta que podía formular ante tanta emoción. Aquel momento habría sido sagrado para él, de no ser porque el molesto timbre de su puerta se encargó de profanar su júbilo.
De mala gana se levantó del sillón y se dirigió a la puerta. Frunció el entrecejo en cuanto se percató de la insistencia con la que el timbre era presionado. ¿Quién diablos venía a tocar su puerta a las 11 pm?
—¡Voy de salida! —anunció con enfado, pero su repentina ira se desvaneció tan pronto como había aparecido en cuanto abrió la puerta.
—Lamento molestarte a estas horas, Sasuke —habló el pelinegro, visiblemente acomplejado. Leves marcas de ojeras denotaban lo poco que había estado durmiendo los últimos días. Para ser alguien tan despreocupado, verlo en ese estado era ciertamente alarmante. Por si eso fuera poco, aquellos titubeos y vacilaciones no eran típicas de él.
—Naruto está desaparecido —declaró el castaño, frío y directo como habitualmente hablaba.
—Cuando me preguntaste por el paradero de Naruto, yo...—el Nara intervino de nuevo. Frunció el ceño, como si le molestara recordarlo—. Realmente no mentía cuando dije que no sabía nada de él. Algunas veces tenemos ese tipo de lapsos; no interactuamos durante semanas. Ya sabes, la vida laboral nos absorbe. Es común en nuestra amistad, y yo...—apretó sus puños. Era evidente lo mucho que le enfurecía no haber sido consciente de la magnitud de la situación desde un inicio—. Ingenuamente creí que volvería en algún momento...
—Nuestros hijos nos contaron que reemplazaron al profesor en la escuela. Al consultarlo con Tsunade, aparentemente Naruto renunció a su plaza. Incluso ella misma estaba incrédula —completó el castaño tras un pesado suspiro.
—¿Podemos pasar, por favor? No considero adecuado que tengamos esta conversación aquí —suplicó Shikamaru. Realmente se veía consternado.
El Uchiha se mostró confuso al inicio, pero finalmente terminó cediendo debido a la evidente angustia del Nara.
—¿A qué se refieren con que está desaparecido? —cuestionó Sasuke mientras cerraba la puerta, dándoles la espalda.
—Piénsalo; ¿sería Naruto capaz de abandonar aquello por lo que que sacrificó su propia libertad? —contestó el otro pelinegro—. Lo conozco como la palma de mi mano. Él jamás habría renunciado... Al menos no por voluntad propia.
El Uchiha regresó su mirada a la pantalla de su teléfono, como si debatiera internamente si debería comunicarles la llegada de aquel mensaje.
—Lo han intentado contactar —ahora era Neji quien hablaba—. Ha rechazado todas las llamadas telefónicas, pero sí responde los mensajes de texto. Lo cual es extraño, pues según Gaara, Naruto prefiere hablar antes que textear. Pareciera que evita mostrar su voz...
Con eso dicho, Sasuke sintió escalofríos. Era cierto, él mismo podía confirmarlo.
—En realidad, ni siquiera pienso que sea él quien responde los mensajes. Hay leves expresiones que lo delatarían. Podrían ser insignificantes para cualquiera, pero no pasan desapercibidas ante mis ojos. Lo conozco demasiado bien —agregó Shikamaru—. Además... Cuando fui a buscarlo a su casa, encontré un letrero de venta sobre la propiedad.
El corazón del Uchiha se detuvo. Definitivamente la persona que lo había contactado no era Naruto. Agradecía la repentina visita, porque de no ser así, su fortuna habría cambiado.
Otro mensaje de texto le llegó. Pero esta vez ni siquiera se molestó en abrirlo. En su lugar, tomó asiento junto a los demás hombres y escuchó atentamente lo que tenían para decir.
˚₊· ͟͟͞͞➳ ❝ ɴᴏᴛᴀ ❞
¡Hey! No he muerto. Sí, actualización doble como recompensa por ser tan pacientes. No tengo plena certeza de que actualice de nuevo antes de que se acabe el año, así que les deseo una feliz navidad y un bonito año nuevo por adelantado. Pásenla bien y coman mucho :)
