Capítulo 50

Un leve chirrido rompió el silencio dentro de la camioneta de Rust, cuando esta se detuvo en el parking del local nocturno que ya les era tan familiar. No obstante, no pasó mucho cuando fue el expolicía quien volvió a perturbar aquella atmósfera tensa, dirigiéndose a la mujer.

-¿Llevas la pistola?

-Sí, escondida en el bolso, como me dijiste.

-Bien. Haz lo que acordamos, Sally. No salgas del edificio, ni te vayas a solas con Billy si ves que intenta hacerlo. Podría ser una trampa si de verdad sigue en contacto con Carson. No sé cuánto tiempo me retendrá el mexicano, quizás tenga que irme a algún sitio con él y no podré ayudarte, quizás ni mirar el teléfono.

-Lo sé, de verdad. No voy a salirme de lo que hemos planeado, y si tengo que volver sola me iré directa a casa y llamaré a Marty para que sepa lo que está pasando. -Replicó con calma la joven, observando que él asentía levemente. -Tú ten mucho cuidado, ¿vale?

Rust posó sus ojos en los de ella, encontrando aquel miedo por lo que le pudiera ocurrir, y se limitó a susurrar la misma mentira que hacía días; que estaría bien.

Obviamente, había muchas probabilidades de que las cosas no fueran así, pero algo en su interior hacía que al mirarla no pudiera ser tan crudo como siempre, haciendo que se sintiera extraño.

El hombre apartó sus pensamientos para centrarse mientras ambos se alejaban del vehículo, adentrándose poco después en el concurrido club de carretera.

La pareja pronto distinguió a Billy tras la barra, quien al verlos acercarse salió para recibirlos, hablando directamente al rubio al tenerlos enfrente.

-Ricardo te espera en mi oficina. Quiere verte a solas.

Cohle asintió sin mudar su expresión, observando cómo un fuerte y alto hombre se acercaba hasta quedar a su lado para guiarlo hasta la sala. Al mirarle a la cara para hacerle entender que lo seguía, reconoció a uno de los guardaespaldas del narcotraficante.

Sally contempló cómo se alejaba durante unos segundos, tratando de ocultar aquel nudo que se formó en su garganta antes de comenzar su parte del plan y cambiar de actitud radicalmente.

-Bueno, Billy ¿qué tal si te invitas a algo y nos ponemos al día tú y yo?

-Claro; ¿qué te pongo? -Respondió imitando su sonrisa divertida, acercándose al lateral de la barra para pedir a un empleado las bebidas.

Cuando la cerveza y el whisky llegaron, Sally volvió a hablar mientras él daba el primer trago.

-¿Conoces mucho a ese tío, a Ricardo?

-Aunque llevo meses trabajando con él, en realidad no; es muy reservado, sólo hablamos de lo necesario para el negocio. Si tu novio no intenta tangarle, no tienes por qué preocuparte por que le haga algo; si vas de frente, puede ser hasta razonable y comprensivo, algo que no abunda en este mundo.

-Es bueno saberlo… ¿Cómo lo conociste?

-¿Por qué tanta pregunta sobre ese tío? No es muy buena idea seguir por ahí, Sally.

La camarera llegó justo al lugar que quería para cambiar de tema en su dirección deseada, disculpándose levemente antes de continuar mientras observaba la incomodidad en el hombre.

-Es verdad, íbamos a hablar de lo que nos une, de los buenos tiempos… ¿Sabes con quién he hablado hoy? Con Jackson. -Al ver la sorpresa en la cara del hombre, prosiguió, jugando con la cerveza entre sus manos. -Supongo que recordarás que él es de Texas. Tuvo trabajo con gente que pasaba una buena mercancía, pero no eran del cartel de Rust, así que queríamos averiguar quiénes eran los proveedores para intentar tener un buen gesto con Ricardo y ganar puntos, ya sabes, que vea que estamos en la misma dirección, remando con ganas.

-¿Cómo está? ¿Le ha caído mucho trullo?

-8 años, pero no está mal, al parecer. Se ha relajado con la edad, como todos, supongo. Tú sabías que antes nos liábamos, ¿no? Erais amigos.

-Sí, alguna vez hizo algún comentario, como todos; por eso de que estaba saliendo con tu hermana.

-Ya… Ahora me arrepiento de todo eso, la verdad. Esa fue una época muy loca para mí, aunque a veces pensaba en dejar lo de Jackson y hacer algo bien… Hasta pensé en buscar un sustituto. Me fijé incluso en ese amigo tuyo que vino alguna vez… ¿cómo era? ¿Jeff?

Sally escudriñó con disimulo cada gesto de Billy, quien bebió un nuevo trago antes de asentir un par de veces, hablando con indiferencia.

-Sí, Jeff. Pues no le hubiera importado si le hubieras entrado, créeme.

-¿Sigues hablando con él? Yo he perdido relación con todo el mundo, la verdad. -Excusó su pregunta, fingiendo curiosidad por aquella vía, intentando contener sus ansias de ser directa.

-No, que va. Todos acabamos moviéndonos por ahí; yo mismo estuve fuera un tiempo antes de volver a Shreveport. Es mejor dejar el pasado atrás y no cargar más lastres.

-Supongo que en nuestros casos puede que sí, que sea lo mejor, Billy. Habrá que mirar hacia el futuro.

-¿Y qué hay en el tuyo? ¿Ser la reina de la droga en Luisiana siendo la chica del expoli loco? Tus metas se han vuelto muy ambiciosas, Sally.

La camarera le devolvió la sonrisa juguetona, dándole un trago a su cerveza antes de responder.

-Bueno, ninguno aspiramos a tanto, sólo a vivir bien. Me quedaré en mi casa de Shreveport, y veremos qué va viniendo en cuanto a Rust y a mí.

-Y seguirás buscando al que mató a tu hermana, ¿no? -Agregó el hombre con más seriedad, haciendo que la morena le mirara a los ojos, respondiendo de igual modo.

-Sí, Billy. Ya te dije que es mi prioridad. Estoy deseando encontrarme con ese hijo de puta, y creo que ya no estoy tan lejos de hacerlo. -Se aventuró a ir más allá, encontrando una rápida curiosidad por parte del dueño del club.

-¿Cómo lo sabes? ¿Tienes ya pistas?

-Estos años han ido dando sus frutos, sí. La frustración de que la policía pasara y pase del tema se ha ido viendo recompensada, aunque aún no esté tan cerca… pero no puedo gafarlo, Billy. Seguro que lo entiendes.

-Sí, claro… ¿así que la poli no sabe nada de lo que haces? -Preguntó con fingida indiferencia, haciendo a la mujer sonreír interiormente.

-¿Estás de coña? Pasan de un crimen de hace tanto tiempo, de una donnadie drogata. Además, aunque esté limpia ahora, ¿crees que me creerían? Tú lo dijiste cuando volvimos a vernos: un adicto siempre lo es, y más para los que le rodean.

-Ya… es jodido, pero seguro que tendrás suerte, Sally.

-Eso espero. Brindo por ello. -Agregó mientras alzaba la cerveza para chocarla contra el vaso de Billy, quien le devolvió la sonrisa antes de que ambos bebieran, envueltos en sus pensamientos.