2 THE HAND OF THE KING

Sara esperaba junto a una pequeña comitiva enviada por su padre para recibir a su tío Benjen en el punto de encuentro. Hacía ya unos meses que se había anunciado la visita del rey Robert Baratheon a Winterfelll y desde algunas semanas atrás el castillo había estado sumido en un caos. Sara había ofrecido su ayuda a para organizar los preparativos del banquete y las habitaciones de los invitados, pero en cuanto quiso involucrarse Lady Catelyn, su madrastra se negó. «Sería indigno para la familia real»la escuchó decirle a su padre, así que el decidió mantenerla ocupada de otra manera.

—¡Tío Benjen! — gritó con emoción en cuanto pudo ver al hombre. Espoleó a su caballo y se acercó hasta él, ambos desmontaron y se dieron un fuerte abrazo.

—¡Sara! Lamento el retraso, tuvimos algunos problemas en el camino. ¡Has crecido tanto! — dijo mientras se separaban, la observó por un momento con un atisbo de nostalgia — te has convertido en una joven muy hermosa.

—Gracias tío —Las mejillas de Sara se enrojecieron y en su rostro se formó una gran sonrisa. — ¡me da mucho gusto verte!

—¿Dónde están tus hermanos? Esperaba ver al menos a Jon aquí. — preguntó Benjen Stark mientras se preparaban para regresar a sus monturas.

—Robb es el heredero de Winterfell y tiene que conocer al rey, Bran y Rickon son muy pequeños, y Jon se ha quedado entrenando con Ghost, nuestro lobo.

—¿Lobo?

—¡Sí! Un lobo huargo — le comentó con entusiasmo mientras emprendían nuevamente el viaje — los encontramos junto al camino y padre nos dejó conservarlos. Imagino que debe haber muchos huargos en el bosque encantado.

—Si, a veces podemos escucharlos aullar hasta el castillo negro— dijo su tío — Y qué hay de ti Sara, ¿sigues entrenando armas con tus hermanos?

—A veces —le respondió dirigiendo a su yegua por el camino. La última vez que su tío los había visitado parecía estar más interesada en el arte de la guerra y las armas que sus dos hermanos mayores, pero conforme fue creciendo tuvo que dejar de entrenar con espadas y recibir la misma educación que sus medias hermanas —, pero, a decir verdad, últimamente he pasado más tiempo estudiando con el maestre Luwin. Supongo que si fuera hombre me convertiría en uno, aunque la septa Mordane dijo que si me unía a la fe de los siete podría ser una septa y aprender muchas cosas, como ella.

— ¿Y qué opina tu padre de eso? —dijo Benjen Stark entre risas.

—No se lo dije, no estoy interesada en ser una septa.

—Y dudo que te dejará, supongo que ya comenzará a hacer planes para comprometerte, o ¿no?

—No —dijo Sara con tranquilidad mientras se enderezaba en la montura — sería una humillación que la hija bastarda se comprometa antes que la hija legítima, según Lady Stark. Además el matrimonio no está dentro de mis prioridades.

—¿No quieres casarte?

—No lo sé —respondió Sara— Bueno, tal vez sí, pero aún no me siento lista y además padre ya no ha tenido tiempo de pensar en ello desde que se anunció la visita del rey... y hablando del rey, creo que deberíamos apresurarnos o llegaremos cuando haya empezado el banquete.

Ambos emprendieron el galope. A Sara le pareció que el viaje de regreso había sido mucho más corto que el de ida por la charla que tuvo con su tío. Al llegar al castillo ordenó a los sirvientes llevar agua caliente a las habitaciones dispuestas para los hombres de la guardia nocturna y se aseguró de que no les faltara nada. Se dirigió hacia su recámara, en donde se encontró con Ghost acurrucado en su cama, se acercó, se sentó junto al lobo y comenzó a acariciar su blanco pelaje, había crecido más que sus hermanos de camada y también le parecía que era el más inteligente.

—Irás al banquete, ¿verdad? — afirmó en cuanto sintió la presencia de su hermano en la habitación. Volteó a verlo, se paró de la cama y se acercó hasta él.

—¿Tu no? — ella le sonrió y comenzó a acomodarle el cuello del jubón. Jon siempre se había preguntado si los ojos de Sara eran como los de su madre, de un violeta profundo y mirada amable.

—No, me quedaré estudiando los libros que me dio el maestre Luwin.

—Padre dijo que podíamos ir

—No estoy interesada en asistir — se limitó a decir, ciertamente la familia real no le causaba ni un poco de curiosidad y no se sentía de humor como para aguantar los desprecios de Lady Catelyn o algún escudero ebrio. Avanzó hacia el escritorio donde se encontraban sus libros — pero, por favor hermano, diviértete por mí — finalizó con una sonrisa forzada.

—Está bien — dijo. Jon presentía que había una razón más por la cual Sara se negaba a ir, pero decidió no preguntar nada ni tratar de convencerla, ya que sabía que eso sería imposible, esperaba que ella quisiera compartir sus pensamientos con el cómo solían hacerlo, pues últimamente la sentía distante. — ya debo irme.

«Lobo traicionero» pensó ella cuando Ghost se levantó de la cama y siguió a Jon fuera de la habitación como si le hubieran dado una orden. Sara encendió unas velas y el fuego de la chimenea. Se quedó leyendo y repasando por varias horas un libro titulado Botánica Medicinal. Se dio una vuelta por la cocina cuando sintió hambre y se quedó un rato platicando con algunos criados explicando porque no estaba con Jon, después decidió ir a caminar por los jardines para despejar su mente. Se quedó un rato ahí, disfrutando del aroma de las rosas invernales, observó el cielo nocturno, la luna y las estrellas por un buen rato.

—Me daba la sensación de que estarías aquí — dijo Rob.

— Me conoces tan bien — Sonrió e hizo una seña para que se sentara junto a ella, — Creí que aún estarías en el banquete, ¿cómo estuvo?

— Ay — suspiró con un poco de pesar— Arya no dejaba de hacer caras cuando creía que nadie la veía, Sansa estaba ensoñada con el trovador del rey y Rickon no dejaba de preguntar por ustedes. A decir verdad, no fue la gran cosa, lo más divertido fue cuando Arya le lanzó su comida a Sansa y mi madre me pidió que llevara a los niños a dormir.

—Me hubiese encantado verlo — dijo Sara entre risas.

—Debiste ir al menos por un rato, sabes que papá no se oponía a que asistieran.

—Pero tu madre sí, además el maestre Luwin se ha puesto más estricto conmigo últimamente y no he parado de leer libros sobre curaciones y plantas medicinales, además de alimentar y ver como entrenan a los cuervos nuevos.

—Así que eso es — dijo Robb — todos hemos notado tu ausencia hermanita.

—Sí, me he mantenido bastante ocupada — ambos se quedaron callados por un largo rato— ¿Qué pasa Robb? — se atrevió a preguntar al sentir que algo no estaba bien con su hermano.

—Escuché que el rey le ofreció a padre ser la mano — dijo Robb.

Lo había intuido desde que se anunció la visita de Robert Baratheon al norte, pues el cuervo que había llegado para dar aviso traía consigo la noticia de la muerte de la antigua mano del rey, Jon Arryn, pero era diferente hacer simples suposiciones a que ahora fuera un hecho real.

«Se irá» pensó Sara. Robert Baratheon era gran amigo de su padre, y más importante que eso aún; su rey. Si él se negaba a aceptar sería como una ofensa para su amigo y soberano, parecía que no tenía muchas opciones.

—Si nuestro padre se va a la corte...

—Serás el señor de Invernalia — terminó la frase. Ella suspiró mientras miles de pensamientos aparecían en su mente. Robb la miró y asintió, pero Sara pudo percibir cierta inseguridad.

—¿Qué pasará si no puedo, si soy un mal gobernante? —Dijo con voz temblorosa. Sara lo observó, el tono cobrizo de su cabello resaltaba con la luz de las antorchas y notó que su medio hermano tenía los ojos llorosos.

—Robb — le dijo con voz tranquila, ocultando sus pensamientos y brindándole una cálida sonrisa— Eres el heredero de Winterfell, naciste para ser el Guardián del Norte y padre te ha criado para ello toda tu vida, además tienes al maestre Luwin y... a tu madre para apoyarte y aconsejarte. Poco a poco te acostumbrarás y las cosas serán más fáciles, te lo prometo—. Robb le devolvió la sonrisa y ella lo abrazó. — Todo estará bien — dijo después de un rato, más que nada tratando de convencerse a sí misma. — Ahora, ¿qué te parece si vamos a robar un poco de vino a la cocina?

Al día siguiente, estaba en la torre del maestre cumpliendo con sus deberes antes de que saliera el sol. Cuando alimentó a los cuervos, limpió sus jaulas, acomodó los libros en los estantes y finalizó sus lecciones de curación, decidió ir al puente cubierto que unía el Gran Torreón con la armería, pues solía sentarse en el alféizar de la venta a ver como entrenaban sus hermanos. Antes de llegar, vio a su hermana pequeña Arya al pie de las escaleras de la sala de costura, se aproximó a ella a punto de reprenderla por no estar en sus lecciones, pero cambió de idea cuando vio que se limpiaba las lagrimas con el dorso de la mano.

—¿Arya? —La niña se dio la vuelta y miró a su hermana. Sara se acercó a ella y le dio un fuerte abrazo. — ¿Jeyne volvió a decirte algo? —Le preguntó, pues no sería la primera vez que la hija del mayordomo la insultara. Arya negó con la cabeza y se separó de ella.

—No es nada — le respondió

—Lo es si te ha hecho llorar — Arya volteó la mirada inocentemente hacia el piso

—Fue Sansa y... la septa ¡No las soporto!

—Ay, Arya — Dijo Sara en un suspiro.— Podría hablar con la septa para excusarte, pero tienes que prometerme que harás un esfuerzo...

—¡Pero odio coser! — la interrumpió.

—Lo sé y a mi tampoco me gusta.

—¿En serio? — preguntó sorprendida —pero tu labores son tan lindas como las de...

—¿Sansa? —completó y en seguida soltó una risa—Que sea buena en algo no quiere decir que me guste, además todos debemos hacer cosas que no nos gustan.

—Que injusto —dijo Arya poniendo una mueca y Sara rió.

—Es lo que es —le dijo a su hermana—, además lo dioses saben que no se pones fácil a la pobre mujer—se acercó a ella y comenzó a hacerle cosquillas provocando la risa de Arya— mi pequeña loba salvaje.

Sara abrazó nuevamente a su pequeña hermana. Nymeria su cachorrita huargo se acercó a ellas le lamió una oreja a Arya haciendo que riera aun más.

—Los chicos deben estar entrenado —Le dijo Sara— vamos antes de que la septa o tu madre nos encuentren.

—Muero por ver como Robb tumba al príncipe Joffrey — respondió la niña con emoción.

—Bueno, veamos quién lo ve primero. — sonrió la mayor.

A penas terminó la frase Arya se echó a correr, con la loba pisándole los talones y Sara la siguió.

Al llegar se encontraron a Jon sentado en el alféizar con la barbilla apoyada en una rodilla. Estaba observando el patio tan concentrado que no se dio cuenta de su presencia hasta que su lobo blanco se levantó para recibirlas. Fantasmaera ya más grande que sus hermanos de carnada. Olfateó a Nymeria, le mordisqueó una oreja y volvió a tenderse junto a Jon.

—¿No deberían estar cosiendo, hermanita? —preguntó el chico mirando a Sara con curiosidad.

—He estado ayudando al maestre a alimentar a los cuervos y siguiendo con las nuevas lecciones de curación, pero ya he terminado mis deberes del día — contestó Sara. — ¿Qué has hecho tu?

Jon bajó la mirada y Sara lo comprendió enseguida; Jon debía estar abajo, entrenando con los demás chicos así, como ella debió estar en su clase de costura con Arya, pero la presencia de ambos no sería bien recibida mientras la familia real se encontrara en Winterfell y no podrían desempeñar libremente sus actividades cotidianas mientras ellos se encontraran allí.

—Y yo prefiero ver cómo pelean — contestó Arya, despreocupada.

—Bueno —dijo Jon poniendo una sonrisa—, ven aquí.

Jon tomó a Arya y Sara se sentó junto a sus hermanos. En el patio resonaba todo un coro de golpes y gruñidos, al mirar por la ventana vio que los que peleaban eran lo más pequeños. Bran iba tan envuelto en protectores que parecía que se hubiera vestido con almohadas, y el príncipe Tommen, se asemejaba a una pelota. Resoplaban, jadeaban y se golpeaban con espadas de madera acolchadas bajo la atenta mirada del anciano Ser Rodrik Cassel, el maestro de armas, un hombretón corpulento orgulloso de los magníficos bigotes blancos que le cubrían las mejillas.

—Es algo más cansado que coser, ¿no? —observó Sara.

—Es algo más divertido que coser —replicó Arya. — Podría hacerlo igual de bien que Bran —dijo—. Él sólo tiene nueve años, y yo once.

—Estás demasiado delgada —dijo Jon mirándola. Le tomó el brazo para palpar el músculo. Suspiró y sacudió la cabeza—. No creo que pudieras ni levantar una espada larga, hermanita, no digamos ya blandirla. —Arya se sacudió la mano del brazo y lo miró airada, después volteó a ver a Sara en busca de apoyo.

—Lo que dice Jon es cierto —comentó en voz alta, después se acercó a ella — yo era más alta y más fuerte que Jon y Robb a tu edad —dijo con un susurro y le revolvió el pelo.

Arya le había pedido varias veces a Sara que le enseñara a usar una espada, pero ella se había negado, pensaba su hermana que era una niña afortunada al no tener que instruirse en el arte de la guerra, estaba segura de que no tenía idea de lo duros que eran los entrenamientos, sin contar el hecho de que ambas vivían situaciones completamente diferentes; Arya era una hija legítima, una dama, alguien que podía darse el lujo de llevar una vida simple; limitarse a coser, tocar el arpa y a lo mucho llevar las cuentas de la casa, un día su padre la comprometería con señor sureño de alta cuna y tendría su propio castillo y sus hijos heredarían títulos y tierras, pero ella no. Sara había aprendido desde una temprana edad lo que significaba ser una bastarda; nunca poseería tierras ni títulos, no tendría un buen matrimonio en caso de llegar siquiera a comprometerse, sabía que tendría que esforzarse el doble o el triple que sus hermanas para llegar a tener al menos una cuarta parte de lo que ellas llegarían a tener y si su padre se marchaba al sur sabía que su estancia en Winterfell no estaba asegurada.

—¿Ven al príncipe Joffrey? — preguntó Jon —. Vean las armas que lleva bordadas en la ropa—. El jubón acolchado del príncipe lucía un escudo bordado exquisitamente. Las armas estaban divididas: a un lado el venado coronado de la Casa real, al otro el león de los Lannister. — Los Lannister son orgullosos —observó Jon—. No les basta con el emblema real. Pone la Casa de su madre al mismo nivel que la del rey.

—¡La mujer también es importante! —protestó Arya y Sara le dio la razón.

—¿Vas a hacer lo mismo? —Jon dejó escapar una risita—. ¿Aunar las armas de los Tully y los Stark?

—¿Un lobo con un pescado en la boca? —La idea hizo reír a la pequeña—. Quedaría ridículo. Además, si no puedo luchar, ¿para qué quiero un escudo de armas?

Jon estuvo a punto de decir algo cuando un grito en el patio lo interrumpió. El príncipe Tommen había caído rodando e intentaba levantarse sin conseguirlo. Con tantos protectores parecía una tortuga sobre el caparazón. Bran estaba de pie junto a él, con la espada de madera en alto, dispuesto a golpear de nuevo en cuanto se levantará. Los hombres que los rodeaban se echaron a reír.

—¡Basta! —exclamó Ser Rodrik. Tendió una mano al príncipe y lo ayudó a levantarse—. Buena pelea. Lew, Donnis, ayudadlo a quitarse los protectores. —Miró a su alrededor—. Príncipe Joffrey, Robb, ¿queréis probar otra vez?

—De buena gana —dijo Robb adelantándose impaciente. Todavía estaba sudoroso del combate anterior.

En respuesta a la llamada de Rodrik, Joffrey avanzó hasta el. El cabello le brillaba como hebras de oro y parecía estar aburrido.

—Esto es un juego para niños, Ser Rodrik.
—Es que aún son niños —señaló con sorna Theon Greyjoy después de soltar una carcajada.
—Puede que Robb sea un niño —dijo Joffrey—. Yo soy un príncipe. Y me he cansado de pinchar Starks con una espada de juguete.
—Has recibido más golpes de los que has dado, Joff —dijo Robb—. ¿Tienes miedo?
—Estoy aterrado —dijo el príncipe Joffrey mirándolo fijamente—. Eres mucho mayor que yo. — Los hombres del grupo de los Lannister se echaron a reír.

Jon y Sara compartieron una mirada, como si estuvieran pensando lo mismo.

—Joffrey es una mierda —expresó Jon mientras observaban la escena con el ceño fruncido.
—¿Qué propone? —Ser Rodrik se tironeaba del mostacho blanco, pensativo.
—Acero con filo.
—Hecho —dijo inmediatamente Robb—. ¡Lo vas a lamentar!
—El acero afilado es demasiado peligroso —dijo el maestro de armas poniendo una mano en el hombro de Robb para calmarlo—. Los dejaré combatir con espadas de torneo, embotadas.

Joffrey no dijo nada, pero un hombre al que no conocían, un caballero alto con el pelo negro y cicatrices de quemaduras en el rostro, dio un paso para situarse ante el chico.

—Éste es tu príncipe. ¿Quién eres tú para decirle con qué espada debe pelear?
—El maestro de armas de Invernalia, Clegane. Será mejor que lo tengas presente.
—¿Entrenas mujeres? —preguntó el hombre de las quemaduras, Sara sintió el rostro caliente, pero no supo si era por vergüenza o por enojo.
—Entreno guerreros —replicó Ser Rodrik con mordacidad—. Pelearán con acero cuando estén preparados. Cuando tengan edad suficiente.
—¿Cuántos años tienes, chico? —preguntó el hombre con musculatura de toro a Robb mientras lo miraba.
—Dieciséis
—Yo maté a un hombre cuando tenía doce años. Y no fue con una espada embotada, de eso puedes estar seguro.

Sara vio que Robb se erizaba. Lo habían herido en su orgullo.

—Déjame intentarlo. Lo puedo vencer.
—Pues véncelo con una espada de torneo —replicó Ser Rodrik.
—Vuelve a retarme cuando seas mayor, Stark —dijo Joffrey encogiéndose de hombros—.
—Mayor, ¿eh? No viejo.

Los hombres del grupo de los Lannister estallaron en carcajadas. Las maldiciones de Robb resonaron en todo el patio. Theon Greyjoy lo agarró por el brazo para que no se abalanzara contra el príncipe. Sara agradeció que por primera vez fuera Theon el que usara el sentido común.

—Vamos, Tommen —dijo Joffrey a su hermano pequeño fingiendo un bostezo—. Se ha acabado el recreo. Deja a los niños con sus chiquilladas.

Aquello provocó más carcajadas en el grupo de los Lannister y más maldiciones de Robb. Ser Rodrik estaba tan furioso que el rostro se le puso rojo como un tomate y Theon tuvo que sujetar a Robb con mano de hierro hasta que los príncipes y su cortejo estuvieron lejos, a salvo.

—Por todos los dioses — dijo Sara con cierto enojo mientras bajaba del alféizar.
—El espectáculo ha terminado —dijo Jon cuando se alejaron, tenía el rostro tan tranquilo como el estanque del bosque de dioses. Se inclinó para rascar a Fantasma entre las orejas. El lobo blanco se levantó y se restregó contra él—. Más vale que vayas corriendo a tu habitación, hermanita. — le dijo a Arya— Seguro que la septa Mordane está al acecho. Cuanto más tiempo te escondas más duro será el castigo. Te vas a pasar el invierno haciendo costura. Cuando llegue el deshielo en primavera encontrarán tu cadáver, con la aguja entre los dedos congelados.

— ¡Odio coser! —exclamó Arya con pasión. Sara rió al escuchar el comentario—. ¡No es justo!
— No hay nada justo —dijo Jon. Él le revolvió el pelo de nuevo a su hermana, y ambos se alejaron con Fantasma, Arya se fue en la dirección contraria.

Sara se sentó frente al gran escritorio de roble del despacho de su padre. Lo esperó por unos minutos y se levantó de su asiento en señal de respeto cuando él entró por la puerta. Hacía ya unas horas Vayon Poole, el mayordomo de Winterfell le entregó el mensaje de su señor padre, quien solicitaba su presencia para tratar asuntos de suma importancia. Ya se imaginaba lo que estaba por venir. Sara estaba sumamente nerviosa pero exteriormente lucía tranquila. Su padre hizo una seña y ambos tomaron sus respectivos lugares.

—¿Sabes por qué te llamé? Sara —Preguntó el guardián del norte con el rostro tan solemne como siempre.

—Tengo muchas cosas en la mente —, le dijo con sinceridad — es... ¿Sobre el rey Robert? Te ha pedido que seas su mano, ¿verdad? —Eddard Stark suspiró y sonrió débilmente.
—Siempre has sido muy perspicaz, hija — Sara sonrió, estaba orgullosa de ello—Es cierto. Robert Baratheon me ha llamado a la corte, partiré en unos días. Me llevaré a tus hermanas y a Bran — Su padre hizo una pausa larga, ella bajo la mirada. Observó el tintero y los papiros que había sobre el escritorio, tenía la sensación de que lo siguiente que escucharía no le sería del todo placentero. — Tu irás al castillo de los Cerwyn y te quedarás ahí hasta que Robb encuentre un buen esposo para ti.

Estaba a punto de responder, de mostrar su descontento y suplicarle que no fuera al sur, pero antes de hablar se percató de que no había mencionado a Jon.

—¿Y qué hay de Jon? — Preguntó con la voz casi temblorosa.

—El partirá al muro junto con tu tío Benjen, se unirá a la Guardia de la Noche.

Una extraña y amarga sensación la recorrió de pies a cabeza, de repente sintió la boca seca y la respiración se le dificultó.

—¡Como puedes permitirlo! — replicó Sara. Quería llorar y algo no se lo permitía. Trató de mantenerse tranquila, pero era bastante difícil hacerlo cuando sus temores se convertían en realidad — ¿por qué nos separas? ¿Por qué lo envías tan lejos?

—Las razones tendrás que preguntárselas a tu hermano, él solo optó por vestir el negro, si no lo hubiese hecho los enviaría a ambos con los Cerwyn.

La chica se levantó y dio unos cuantos pasos por la habitación resistiendo el deseo de salir corriendo. Ned Stark observó como las lágrimas se acumulaban en los ojos violetas de Sara, cada vez que los miraba de esa manera lo hacían querer ceder a cualquier súplica que ella tuviese. «Prométemelo» resonaba aquella voz en su cabeza. El señor de Winterfell se puso de pie y se acercó a ella. Sara abrazó a su padre entre sollozos como si fuese una niña pequeña.

—Lo siento mucho, pero... —dijo él después de un largo rato.

—Es mejor que no estemos aquí. Lo sé. Lo entiendo, Lady Catelyn no nos quiere aquí y no podemos ir contigo. Está bien, — dijo mientras se separaba y se acomodaba los mechones de cabello que se le habían pegado a la cara — lo acepto. Haré lo que tú me ordenes padre...Ahora, si me disculpas iré a mis aposentos.

—Adelante —le dijo— haré que alguien te lleve la cena.

Sara agradeció y salió. Caminó lo más rápido que pudo y cuando llegó a su recamara lloró hasta que no pudo más.

«¡Entiende! No hay lugar para mí aquí» Le dijo él en la discusión que habían tenido días atrás «Nunca tendré nada, si padre se va al sur no tiene sentido que me quede» Ella quiso hacerle entender que ambos se encontraban en la misma situación, pero Jon no escuchaba. Tal fue el enfado de Sara que decidió ignorar a su hermano aun cuando quiso hacer las paces con ella. Sabía que no era la manera correcta de actuar, pero creía que al menos los ayudaría a acostumbrarse a estar el uno sin el otro.

Miraba por la ventana de su habitación como la vida comenzaba en Winterfell con los primeros rayos del amanecer; los criados se apresuraban a llegar a la cocina para preparar el desayuno y los mozos de cuadras ensillaban y preparaban a los caballos que irían a la partida de caza. Cuatro golpes en su puerta la distrajeron.

—Soy yo, Robb — dijo su medio hermano antes de que Sara pudiera responder o ignorarlo. — Necesito decirte algo muy importante.

—¿Qué sucede? — Respondió sin abrir la puerta.

—Es algo importarte, un secreto. Nadie más puede saberlo.

—¿No deberías estar preparándote para ir de cacería?

—¡Exactamente! —contestó Robb— Si no fuera tan urgente no estaría aquí ahora mismo.

Sara suspiró con pesar, se acercó a la puerta y deslizó el pestillo. Justo cuando abrió la puerta, vio a Jon detrás de su medio hermano quiso cerrar, pero Robb se lo impidió, enseguida Viento Gris y Fantasma entraron tan rápido que no pudo hacer nada.

—Por favor, Sara. —La chica hizo una mueca de disgusto y evitó sus miradas— Odio verlos enojados. Jon se va mañana. Vamos, dale una oportunidad, al menos escucha lo que tiene que decirte. —Abrió por completo la puerta para dejarlos pasar — Bien, gracias. Espero que lo hayan resuelto para cuando vuelva — dijo con una sonrisa — Y...Sara, por favor, no seas tan dura con él.

—No te prometo nada — respondió tajante.

Su medio hermano salió de la habitación seguido de su lobo. Ella se sentó en la orilla de cama con los brazos cruzados y Fantasma se acurrucó a su lado.

—Y, bien. — dijo evitando la mirada de su hermano — ¿Que tenías que decir?

Jon se paró frente a ella. Se sentía algo avergonzado, pero era mejor terminar con el asunto de una vez por todas, su hermana merecía saber la verdad. Quería que lo comprendiera y lo perdonara, no estaría tranquilo se iba de Winterfell sabiendo que Sara estaba enojada con él.

—Quiero servir en la Guardia de la Noche, Sara—. dijo sin más — He pensado en ello mucho tiempo. —Recordó aquellas noches que yacía en la cama y sus hermanos dormían a su alrededor. — Tú sabes que Robb heredará Winterfell, será el Guardián del Norte y tendrá al mando grandes ejércitos. Bran y Rickon algún día serán sus abanderados y gobernarán territorios en su nombre; Arya y Sansa se casarán con herederos de otras grandes casas, y se irán al sur, y tú...

—Yo qué — dijo con voz temblorosa, mirando a los ojos de su hermano por primera vez desde que había entrado.

—Tu probablemente también te cases con un noble norteño y te vayas, entonces, ¿Qué será de mí?

—¡Oh, Jon! Estás diciendo tonterías, nadie querría casarse con una bastarda, sería todo un escándalo.

—No es así Sara. —Jon la miró a los ojos, tenía un leve sonrojo — Es difícil para mí decirlo porque eres mi hermana, pero eres muy hermosa, es lo que todos dicen. Eres de la sangre de Ned Stark, cualquier hombre será afortunado de tenerte como esposa. Además, Robb te quiere mucho, estoy seguro de que el no aceptará menos para ti.

Era cierto, nunca lo había pensado de esa manera; Sara podría casarse con un señor de alguna casa menor que quisiera ganarse el favor de los Stark y podría tomar el apellido de su esposo, ciertamente ella no sería la más beneficiada, pero tendría la oportunidad de tener su propia familia y sus hijos no tendrían la desdicha de llevar el apellido Snow, en cambio a Jon no se le daba esa opción.

—Sé cómo te sientes. Lo digo en serio—. dijo la chica después de un largo silencio—

—Pero pudiste al menos haberme... advertido, si dices que llevas tiempo pensándolo; me habría hecho la idea como mínimo. O podría haber comentado que veces tengo pensamientos similares, —Sara suspiró— Supongo que si fuera hombre haría lo mismo que tú. — Sonrió levemente y Jon se relajó.

—Bueno, aunque creo que tú irías a la ciudadela en lugar de la Guardia Nocturna.

—Sí, probablemente —. Ambos rieron, después de un rato Sara se puso de pie — Te perdono, por no habérmelo dicho. Y te pido una disculpa, por mi comportamiento.

—Sara, no hay necesidad de eso — dijo Jon y enseguida abrazó a su hermana.

—Bien, ¿qué te parece si ahora vamos por el desayuno?

Se sentaron solos en el comedor, era la primera vez en semanas que comía ahí. Sara pidió pastelillos de naranja, frutilla y té de jazmín. Estaba a punto de dar el primer bocado cuando sintió que algo estaba mal. La chica dejo de lado su postre y miró a su hermano.

—¿Qué pasa, estás bien?

—Yo...— Comenzó a sentir un dolor de cabeza y un cosquilleo, se tocó la nariz y cuando vio su dedo tenía unas gotas de sangre.

—¿Quieres que vayamos con el maestre? — preguntó su mellizo con preocupación.

—No — respondió tranquila.

Ghost, que se encontraba mordisqueando un hueso, salió de debajo de la mesa y se colocó frente a la puerta, Sara lo miró, se levantó y se acercó hasta el lobo, abrió la puerta y éste desapareció rápidamente. A lo lejos, otro lobo empezó a aullar. Caminó fuera del comedor y Jon la siguió.

—Mira — le dijo su hermano apuntando hacia torre rota.

Decenas de cuervos volaban en círculo en torno aquella torre que en el pasado había sido la más alta de Invernalia pero que fue destruida por un incendio hacía ya más de un siglo y, que por alguna razón jamás se había reconstruido. Al ver la escena con detenimiento un solo nombre resonó en la cabeza de Sara; «Bran».