Edward suspiró ahogado en manuscritos que debía autorizar a publicar. Le gustaba leerlos además de simplemente autorizar los resúmenes que sus editores le daban, quería saber que estaban haciendo bien su trabajo. Además muy en el fondo debía admitir que desconfiaba, ninguno de sus empleados había mostrado un comportamiento inadecuado o sospechoso pero igualmente no quería correr ningún riesgo. Estaba en un nido de víboras y se lo recordaba constantemente.

- No puedo creer que sigas aquí. - admitió Seth entrando a la oficina con una sonrisa relajada. Debía ser el abogado mas ocupado de la empresa pero aún así Edward no dejaba de encontrárselo por las oficinas y cafetería. - Vas dos semanas trabajando y ya parece que vivieras aquí, había olvidado lo adicto al trabajo que puedes llegar a ser.

- Estoy intentando organizar todo y ponerme al día. El anterior gerente no parecía muy preocupado por los números de la editorial ni por lo que se iba a publicar. No hay planes a futuro ni campañas publicitarias para los próximos meses, es un desastre.

- Recuerdo que Smith no era un asiduo lector. Empezando por su contrato... - Seth rio sarcástico. - Me pregunto como llego a dirigir esta parte de la compañía...

- Mi padre probablemente puso a cualquiera que pudiera asumir el cargo cuando mi madre renunció.

Seth asintió dándole la razón.

- Carlisle es un excelente negociante pero lo suyo no son los recursos humanos.

- No, nada que tenga que ver con humanos es para él.

Los dos amigos rieron por el chiste.

-¿Seth?

El buen humor de Edward se esfumó por completo cuando escuchó la voz de su exesposa en alguna parte del pasillo.

- Aquí. - Seth le hizo señales sacando la cabeza por la puerta. - Bueno me voy, nos vemos mañana. No te excedas trabajando. - se despidió apurado dejándolo aturdido.

Edward no le contestó. Intrigado e incluso sintiendo un escozor en el pecho por un sentimiento de traición vigiló a su amigo mientras desaparecía de su oficina. Luego hizo extremo silencio esperando poder escuchar mejor.

-¿Por qué bajaste de tu torre embrujada? - la voz de Seth sonaba suave. - No iba a tardar, debías esperarme ahí.

- Pensé que... podíamos ahorrar tiempo así. No tenías que buscarme.

- Tenemos tiempo, la reserva es a las ocho. - le aseguró con buen humor pero se le notaba un poco nervioso. - Solo dame dos minutos. Debo dejarle unos contratos a Jackson y vuelvo.

Edward no escuchó nada mas, en medio del silencio solo se escuchó el crujido de su lápiz siendo partido en dos. Sorprendido por las astillas en sus dedos se levantó para tirar los restos de su lápiz a la basura que coincidentemente estaba junto a su puerta.

Fue inevitable verla.

Definitivamente nunca iba a estar completamente preparado para verla. No era una imagen fácil de digerir. Nunca lo había sido. De niño era como ver una princesa en miniatura y de adolescente la consideraba la competencia de cualquier súper modelo del momento, además ella podía conseguir lo que sea de él y muchos otros con solo una mirada. La realidad de ese entonces lo inspiraban a mover el mundo por ella, ser lo que sea que ella necesitaba o quería que él fuera. Debía admitir que todo fue un espejismo, en terapia aprendió que la puso en un altar desde muy joven no solo por su belleza sino por su hipnótica forma de ser y que al estar nublado por un amor iluso no pudo ver su verdadera personalidad. Su terapeuta le explicó también que al idealizarla, la condenó a decepcionarlo.

Y claro que lo decepcionó, lo destruyó en realidad.

Lo condenó a que cada vez que la viera sintiera como sus entrañas se apretaban y una rabia emergiera con fuerza. Además estaba ese dolor de no sentirse suficiente, un dolor nuevo que no sintió ni siquiera de adolescente y que al verla regresaba recordándole que ella era inalcanzable como toda la vida lo fue para él.

Ella le devolvió la mirada con un suave movimiento de la mano. Un ligero saludo que él no respondió. Las cosas entre ellos no estaban ni de cerca a ser amigables y Edward no podía ser cínico como ella en ese momento.

Habían sido dos semanas donde ambos no se habían visto. Luego del incidente del ascensor, Edward la escoltó a las escaleras de emergencia y luego hasta su piso que estaba en lo más alto del edificio. Subieron diez pisos juntos en completo silencio para luego dejarla después de abrirle la puerta. Después de eso no hubieron reuniones donde Edward estuviera involucrado debido a su bajo rango en la compañía, sin embargo había comunicación constante a través de sus secretarías ya que ella tenía que aprobar cada decisión importante que él tomara. Era molesto e incómodo pero era como las cosas funcionaban en la compañía, por otro lado, no podía quejarse porque jamás le refutó alguna solicitud o pedido de autorización.

A pesar de la buena disposición de su ex a trabajar juntos pero no revueltos el cobrizo sabía que debía vigilarla, tener claras sus intenciones y debía protegerse de cualquier posible ataque o artimaña que ella usara.

Ella bajó la mano al ver que no iba saludarla y lanzó un suspiro a la distancia. Le dedicó una mirada triste o eso creía porque ya no sabía quién era ni cómo se sentía. Antes incluso podía llegar a decir que estaba pensando con solo prestarle atención unos minutos. Ahora creía que ella decía lo que él quería escuchar con tal de mantenerlo embrujado. Hacerle creer que si existía una conexión entre ellos. Antes Edward era muy inocente cuando se trataba de ella.

Edward lanzó el lápiz roto en la basura con más rabia de la necesaria. Ella saltó ante su arrebato pero no dejó de vigilarlo. El cobrizo sabía que debía regresar a su escritorio y así perderla de vista pero ahí estaba, como el estupido que era desde que era un niño y que no podía ser el primero en apartar la mirada. Ella siempre era la que rompía su propio hechizo pero esta vez parecía no tener ganas de hacerlo y siguió observándolo fijamente. Edward supuso que lo estaba poniendo a prueba, tanteando que tanto la odiaba como decía... pero eran solo suposiciones. Edward nunca había podido leerle la mente a la que creyó era el amor de su vida.

- ¡Listo! Vámonos. - Seth apareció con todo su buen humor saliendo de una oficina a unos metros de distancia. Ella saltó y rompió la conexión para prestarle atención a Seth.

Edward observó la interacción de su ex con su amigo. Seth no se había dado cuenta que era observado y ahora tomaba el brazo de su ex para dirigirla hacia los ascensores. La mente del cobrizo voló con imágenes mentales de la pareja que veía y no lo soportó así que caminó inmediatamente hacia su ventana para abrirla y respirar, necesitaba respirar.

Ella no era suya para sentirse tan incómodo con la imagen de ella con otro hombre. Definitivamente en algún momento ella iba a buscar otro incauto para lograr una nueva victoria en lo que sea que ella tenía en mente en ese momento y meterse con uno de los abogados mas importantes de la compañía era definitivamente un excelente paso para...

Las manos le estaban sudando y podía jurar que sintió un leve temblor recorrerlo cuando su mente le recordó la sensación relajante que un vaso de alcohol le podía dar y como podía olvidar lo que acababa de ver.

- Concéntrate. - se ordenó así mismo.

Saber que ella tenía una relación o algo similar con Seth no era algo que tuviera calculado. No sabía cómo iba a afectar a sus planes o perjudicarlo. Sin embargo, su mente solo podía recordar como él la había tocado. Como la intimidad que tenían se notaba a simple vista... la rabia lo golpeó cuando la recordó dos semanas antes cuando la había tenido entre sus brazos llorando por otra oportunidad.

- Otra mentira más. - se burló de sí mismo. No le había creído pero una parte de él se sintió bien, su ego que había sido destruído por ella sintió un poco de sosiego pero ahora veía la realidad y otra vez se sentía un idiota.

Un idiota que ahora perdía el tiempo en sus penas y no se ponía a evaluar qué demonios hacía Seth con ella.

Seguramente estaban en una especie de relación y ella lo estaba utilizando para Dios sabe qué cosas conseguir. Pero no entendía como Seth estaba con ella sabiendo la clase de mujer que era. Seth vio como Edward perdió todo por ella y las cosas que pasaron después, era ilógico que ahora se involucrara con ella. Sabía que su amigo no era ningún tonto pero se recordó que un amigo tiene códigos y cogerse a una exesposa no era aceptable.

Seth estaba acostándose con ella. Pensarlo abiertamente le provocó otro temblor en el cuerpo.

Si sus entrañas antes estaban tensas por la rabia de simplemente verla ahora las náuseas lo invadieron y creyó que iba a vomitar lo poco que había comido ese día. Se decía que no eran celos sino la rabia de saber que él intentaba controlar sus impulsos por beber alcohol y se mataba trabajando en una compañía donde lo veían como un idiota que fue utilizado, mientras ella estaba rehaciendo su vida, vida que no se había visto perjudicada por su divorcio sino más bien beneficiada por todo lo que le quitó y ahora debía sumarle que estaba acostándose con el único amigo que Edward creía tener en la compañía.

- ¿Hace cuanto tiempo están juntos? - se preguntó en voz alta. Quizás ya lo había estado engañando con Seth desde su matrimonio y la imagen mental de otro hombre más en su cama lo humilló aún más.

¡Debía hacer algo! ¡Ella no podía hacerle daño otra vez él se lo prometió! ¡No podía permitir que ella volviera a tener el control! ¡Ella debía ser miserable como él lo era!

La rabia lo sofocó y terminó lanzando los manuscritos lejos de su escritorio.

Estaba volviendo a suceder, su mente quería olvidar y su cuerpo temblaba deseoso de algo que él conocía bien. Sin embargo, no iba a permitir que la dominara. Habían sido muchos meses de sobriedad como para arruinarlo por ver a su ex siendo feliz con otro hombre.

- Esto no es por ella. - se dijo en voz alta para detener sus pensamientos y tener claridad. - Ella debe estar planeando algo y debo averiguarlo... detenerla... ¡hacer algo!

De pronto lo decidió. Ya lo había estado pensando hacía mucho tiempo pero una parte de él se negaba a caer tan bajo como ella. No quería manipular ni engañar o dañar... pero su padre tenía razón, si quería evitar que ella lo dañara tenía que jugar con sus reglas.

Tomó su abrigo y no meditó mucho tiempo hasta que se encontró manejando sin rumbo por calles que recordaba bien y que no había pensado transitar otra vez pero ahí estaba como un idiota dando vueltas una y otra vez. Quería esperarla fuera de su casa, vigilar a que hora regresaba y si lo invitaba a entrar, quería saber que tan lejos había llegado y si era posible saber cual era su plan. Estaba tan perdido en sus pensamientos que fue detenido por la policía porque los residentes del condominio exclusivo estaban preocupados por su conducta sospechosa. Avergonzado mintió diciendo que su casa estaba en el condominio pero no podía dormir y se puso a manejar. Su auto poco lujoso y su comportamiento nervioso no lograron convencer al policía así que lo escoltó hasta su supuesta casa.

Edward observó la casa que fue suya en algún momento sintiendo una pena gigante en el pecho. La había comprado completamente enamorado y se la había entregado a su esposa el día que se casaron. Le había asegurado que serían felices ahí y que nada le faltaría jamás, sería su hogar y si ella quería también sería donde sus hijos crecerían.

El oficial de policía lo siguió vigilando mientras él se acercaba a la casa y Edward iba a rendirse admitiendo que no vivía ahí pero cuando colocó su huella en la puerta esta se abrió sin problemas. Su ex no había eliminado sus huellas del registro de la casa.

Edward entró aturdido por la sensación de volver a un pasado que se sentía más dulce. La casa estaba a oscuras pero con su presencia las luces automáticas iluminaron todo. La decoración no había cambiado así que Edward no se sintió un extraño. Habían incluso fotos de él y ella de pequeños y del día de su boda en las paredes, su ex aparecía junto a él sonriente pero no feliz. Recordaba esas fotos porque él mismo las colocó antes de que ella entrara a la casa por primera vez. Tomó una foto de su graduación de la universidad, ella lo abrazaba supuestamente orgullosa de él y Edward la miraba completamente enamorado.

- Idiota. - se burló de sí mismo y antes de poder meditar que hacía, lanzó la foto enmarcada contra la pared. El sonido del cristal roto se sintió fuerte debido a lo grande que era el lugar.

Siguió su camino por la casa sin molestarse en limpiar el desastre que hizo.

La cocina si tenía algunos cambios y agradeció que así fuera porque recordar las mañanas en que él se paraba para prepararle el desayuno en la cama no era algo que quisiera recordar en ese momento. Fue a la que era su oficina y la encontró con más libros que antes, la foto de su boda volvió a aparecer y Edward la lanzó fuera del escritorio para no tener que verla. Sentado como hace tres años no hacía los recuerdos lo invadieron, la recordaba cuando lo hicieron sobre la alfombra que seguía siendo parte de la decoración. Fue suficiente para él así que subió al segundo piso sin meditar mucho.

La habitación principal olía a ella, su aroma lo atrajo como abeja a la miel. El lugar si había sufrido cambios y supuso que fue luego de que él destrozara todo el lugar cuando discutieron años atrás luego de enterarse de su engaño. Fue un episodio violento que desearía poder olvidar.

Edward suspiró cuando encontró otra fotografía de su boda y la tomó para observar su rostro ridículamente feliz. Iba a romperla también contra alguna pared pero se detuvo al ver su anillo de casado en un costado del recuadro.

Lo quitó para observarlo de cerca ya que no creía lo que veía. Edward había lanzado ese anillo a la basura en el juzgado el día en que se firmó su divorcio.

- Te vi tirarlo y... no pude dejarlo ahí. - la voz quebrada de la mujer que estaba a su espalda le erizó la piel.

Edward tardó unos segundos en responder ya que su mente no procesaba que ella no estaba solo en sus pensamientos sino frente a él.

- ¿Dónde está Seth? - fue lo primero que salió de su boca y se sintió un idiota.

- No está aquí. - le contestó simple y sin alterarse. Edward se llenó de preguntas pero se detuvo y recordó a quien tenía frente a él.

Otra vez en control de sí mismo, Edward le levantó una ceja.

- ¿Qué plan tienes en mente esta vez?

- Ninguno. - ella suspiró.

- ¿Otra vez me mientes? Pensé que habíamos dejado las caretas a un lado hace tres años...

La mujer bajó la mirada antes de hablar.

- Lamento lo que viste antes, no es lo que crees. Yo no...

- ¿Por qué me das explicaciones? No me importa lo que hagas. - se burló Edward pero se sintió ridículo porque definitivamente si le importaba sino no estaría ahí parado, en su antigua casa y con ella frente a él.

- Yo vi como nos miraste antes y no quiero que creas...

- Lo que hagas con tu vida o con quien te acuestes no es mi problema.

Ella levantó la mirada para enfrentarlo.

- No me estoy acostando con Seth. No es la primera vez que salimos a cenar juntos pero no tenemos una relación. Somos amigos y él es tu amigo, no podría estar con él de ninguna otra forma.

- ¿Solo juegas con él? - siguió con el tono burlón e incrédulo.

- No hay juegos. - le aseguró sin dudar. - Se lo que puedes estar pensando y no quiero que veas a Seth de otra manera.

- Te preocupas por él. - presiono.

- Me preocupo por ti, no quiero que pierdas amigos por mi culpa. - le aclaró.

- Eres muy considerada pero creo que lo eres tres años tarde.

La mujer iba a replicar inmediatamente pero respiró hondo antes de hacerlo.

- Tienes razón. Tres años tarde pero ahora aquí estoy y estaré para ti. Para lo que sea que necesites.

- No creo que a tu novio le guste que me hables de esa manera. - se burló. - Bueno lo tuyo nunca a sido la fidelidad.

La mujer soltó el aire que contenía.

- No sigas fingiendo conmigo, Edward. Se que te herí y merezco tu odio pero no te comportes así. No finjas ser quien no eres.

- ¿Fingiendo? - el cobrizo gruñó luego de perder un poco el control de su postura burlona.

- Te conozco desde los siete años. Tú no eres este hombre grosero y frío.

- No veo por qué puedes creer que conocerme desde los siete años sea garantía de algo. Mira lo que me pasó contigo. Me robaste todo lo que pudiste y te conozco desde los siete años.

Ella hundió los hombros ante sus palabras pero no alejó la mirada.

- He perdido mucho por mis errores, pero se que lo que creo de ti no es un error. Yo sé que eres un buen hombre.

Edward soltó una risa ronca y llena de rabia.

- ¿Ahora me haces cumplidos? ¿Qué buscas? - le preguntó acercándose a ella fingiendo estar relajado y poco afectado por su cercanía.

Ella no se movió pero si se notaba afectada por lo cerca que estaba ya que tembló un poco.

- Quiero hacer las cosas bien esta vez. - admitió mirándolo a los ojos en lo que debía ser ella siendo vulnerable.

- No veo como puedes mentirme en la cara con tanta facilidad. Dime la verdad, ¿qué demonios quieres?

- Hace dos semanas te dije lo que quiero. - le contestó. - Eres tú quien no me dice lo que quiere. Volviste a la compañía pero no quieres recuperar tus acciones y regresar a tu puesto. Tú tenías la posibilidad de alejarme para siempre de tu vida pero no quisiste y hoy estás aquí en nuestra casa. Estoy intentando entender que quieres de mí.

- ¿Por qué iba a querer algo de ti?

Ella lo observó en silencio y Edward sintió su análisis penetrar su piel. No era la primera vez que lo leía como un libro abierto, siempre había sido así.

- No quieres lo que quiero darte. Es lo único que sé. - contestó ella con visible tristeza pero luego recompuso su rostro. - ¿Quieres esta casa? ¿Por eso viniste?

- No, este lugar está lleno de malos recuerdos. Por eso quise que te la quedaras.

Ella le dedicó una media sonrisa a pesar de todo.

- Aquí me enamore de ti. Esta lleno de hermosos recuerdos.

Edward ignoró sus palabras regresó su atención al cuadro que tenía en las manos.

- Este lugar esta lleno de mentiras y engaños. Como lo fue esta boda, recuerdo lo preocupado que estaba porque te arrepintieras a última hora. - rio amargamente. - Era tan estúpido que ni siquiera me importó cuando no quisiste acostarte conmigo esa noche.

- Recuerdo esa noche y tú tampoco creías que fuera correcto que estuviéramos juntos. Fuiste considerado conmigo porque nos casamos por los motivos incorrectos.

- Motivos incorrectos. - se burló.

Ella respiró hondo antes de hablar.

- Te di una pésima noche de bodas, lo siento. No debió ser así. - disculpo y claramente estaba tratando de mantener la calma.

- No debimos casarnos en primer lugar.

- Soy consciente que en más de una forma solo yo me vi beneficiada, si no lo hubiéramos hecho las acciones de mi familia ahora serían de Carlisle. Mi padre sigue agradecido contigo por eso.

- Eleazar es un buen hombre. - al menos podía decir que su buena acción benefició a alguien que lo merecía.

- Lo es. - ella asintió y su rostro volvió a demacrarse. - Él... él no me ha perdonado por lo que te hice, no quiere verme ni hablarme. - le contó y Edward sintió esa necesidad de ser su apoyo lo que provocó que se molestara consigo mismo. - No recuerdo mucho de esos días. - admitió ella mirando al suelo perdida en sus pensamientos. - Pero recuerdo sus palabras de decepción cuando todo se supo. Nunca las olvidaré.

Edward recordaba a su ex suegro completamente avergonzado afuera del juzgado esa mañana después de que todo estallara. Él pagó la fianza de Edward y le aseguró que no tenía nada que ver con los engaños de su hija. El cobrizo no le creyó en ese momento, su mente estaba llena de violencia y dolor por lo vivido. No le importó que el hombre siguiera recuperándose de una compleja operación y le dijo todos los pecados de su hija, lo avergonzó tanto que su rostro duro y serio se quebró con lágrimas. Edward había crecido admirando a Eleazar por el respeto y seguridad que proyectaba y ese día lució derrotado y perdido. Con los meses y terapia se dió cuenta que el hombre posiblemente también había sido víctima de los engaños de su hija.

- Creo que ahora entiendo tu plan. Quieres volver a ser la niña de papá y me quieres utilizar para lograr su perdón.

Lo miró herida.

- No, tengo claro que mi padre nunca volverá a mirarme a los ojos de la misma manera. Así como sé que nunca me perdonaré por perderte.

Edward siguió con su sonrisa seca y burlona.

- No puedo creer lo buena que eres en esto.

- Ni yo sé cómo puedo seguir hablando cuando me siento morir por dentro.

El cobrizo se acercó hasta estar frente a ella y levantó la mano para limpiar una lágrima de su rostro.

- Se te da tan fácil...

- ¿Qué quieres de mí, Edward? - susurró ella ahogándose un poco por su garganta apretada pero en ningún momento se alejó de la caricia en su mejilla.

Edward suspiró mirando sus ojos humedecidos y desesperados. Su corazón dolía por la hermosa imagen del dolor fingido.

- ¿Y sí te digo que te quiero a ti? - le susurró con voz ronca y baja. Ella reaccionó botando el aire de sus pulmones.

- ¿Qué... ?

Edward no perdió la sonrisa mientras la sentía temblar mientras tomaba su cintura y mantenía su otra mano en su rostro siguiendo con la caricia más suave que podía simular.

- Quiero que seas... mía. - susurró apegándose tanto que sus labios casi se tocaban. - Solo mía.

Hipnotizada por sus palabras y acciones se apegó más queriendo consumar la unión de sus labios.

- Lo soy. - algo ansiosa por besarlo dio un pequeño brinco para llegar a sus labios pero él retrocedió poniendo espacio entre ellos.

- No, ahora quiero que seas mía a mi manera.

La mujer hipnotizada asintió y se quedó quieta.

Edward se acercó lentamente sintiendo como su cuerpo temblaba por la anticipación del beso. Pero no se lo dio, se decidió por su mejilla y ella tambaleó un poco cuando la soltó al alejarse.

- Debo irme. No puedo quedarme esta noche. - le aseguró dejándola sin aire.

Ella no reaccionó inmediatamente.

Edward le levantó las cejas esperando que hablara pero luego solo negó con una sonrisa divertida.

- Eres tan buena en esto. - admitió en voz ronca. - Te llamaré.

Y luego salió de la habitación sin mirar atrás. Podía sentir los pasos de ella detrás de él, cuidadosos y lentos. Cuando llegó a la puerta principal la sintió querer decir algo pero no volteó a enfrentarla. Solo caminó hasta su auto y subió mucho más relajado de lo que en realidad se sentía, acababa de dar el primer paso a lograr la justicia que él creía merecer.


Actualizacion! Díganme que les esta pareciendo este fic.

Les doy un resumen de cantidad de acciones para que no se mareen con las cantidades.

Carlisle Cullen 35%

Edward Cullen (herencia de Esmerald Masen) 20%

Dimitri Cullen 20%

Ex Esposa Cullen 20%

Otros Accionistas 5%