No le podía dar la vuelta a esto, esa chica-espíritu o lo que sea que fuese iba a llevárselo para comer su carne u otra cosa peor. Lincoln la miró con incredulidad; no sabía si sería capaz de derrotar a un espíritu con una simple espada que compró en una tienda de regalos, pero de algo estaba seguro: no iba a dejarse llevar por nadie sin antes pelear.

Se levantó abruptamente de la mesa y tomó la espada que estaba recargada contra la estufa. Apuntó el arma en contra de la chica, quien parecía no inmutarse ante la amenaza. –¡N-No me llevarás con vida!– gritó con la poca valentía que pudo reunir; estaba asustado, pero no le iba a dar a ese ente maligno la satisfacción de saberlo.

La chica no hizo ademán de defenderse, sólo se limitó a seguir mirando al peliblanco con sus penetrantes ojos color ámbar. Lincoln se abalanzó contra la chica con un golpe directo, pero palideció al ver que la chica lo detuvo con relativa facilidad atrapando la hoja entre su dedo índice y medio. Su sorpresa se transformó en miedo cuando la espada se partió entre sus dedos, mandando a la mierda 7200 yenes.

¡Maldita espada barata!

Lincoln soltó la inutil arma y retrocedió. No sabía qué más hacer; no le iba a ganar en fuerza o velocidad. Topó con la pared y se dio cuenta que se había quedado sin camino. La chica se levantó de la silla y empezó a caminar hacia él sin despegar sus ojos de los del peliblanco en ningún momento. Lincoln no podía ocultar más su miedo; cuando la chica estaba frente a él, éste cerró los ojos para no mirar lo que fuera que ella estaba por hacer para acabar con él.

Luego de un rato de no sentir nada decidió mirar, notando que la chica estaba en cuclillas frente a él, mirandolo con una ceja levantada.

La miró por un momento, no parecía prepararse para matarlo o llevárselo. Luego de lo que parecieron años, la chica se levantó y le ofreció su mano a Lincoln. El peliblanco solo la miró, indeciso de tomar su mano. Su sentido común le decía que huyera de ahí, pero algo dentro de él, algo más fuerte que su sentido común decía que podía confiar en esa chica; después de todo si lo hubiese querido matar ya lo habría hecho, ¿Cierto?

¿Cierto?

Dudando un poco al principio tomó la mano de la chica, y esta lo levantó del suelo. –Parece que malinterpretaste mis palabras.– dijo la chica, regresando a la silla. Lincoln sintió un poco de alivio, pero aún así no se sintió tranquilo.

–¿Qué quieres decir con que malinterpreté tus palabras?– preguntó Lincoln. –Dijiste que me ibas a llevar.

–Es cierto que vengo por tí, pero tu reacción me dice que pensaste que te iba a matar o algo parecido.

Lincoln sintió un poco de pena, puesto que, como lo supuso, se adelantó a las conclusiones. Aún así no quería decir que confiaba completamente en esa chica, pero tal parecía que no le iba a hacer daño.

Algo hizo clic en la mente de Lincoln. Lleva poco más de media hora con esa chica, y en ningún momento ella le había dicho su nombre.

–Disculpa, pero cual…

–Selene.– respondió la chica. Lincoln abrió los ojos y abrió la boca para decir algo, pero no salieron las palabras.

–Yo soy Lincoln.– se limitó a decir el peliblanco.

–Sé bien quién eres, Yuki.– comentó Selene. Esto hizo levantar una ceja al peliblanco.

–No, soy Lincoln.

–Lo sé, Yuki.

–¿Por qué me…– estaba por preguntar, pero decidió no darle mucha importancia. –Olvídalo. Ahora dime, ¿cómo está eso de que vienes por mí?

Selene cerró los ojos y suspiró. Sabía que lo que estaba por decir sonaba demasiado fantasioso, pero ya había llegado hasta aquí. No había vuelta atrás.

–Como ya lo habrás notado, yo no soy de aquí. El lugar de donde vengo es un mundo diferente al tuyo en ciertos aspectos, así como igual en otros.– empezó a contar la chica zorro. –Yo fuí enviada para pedir auxilio.

Lincoln la miró con curiosidad. Tenía una vaga noción de a dónde se dirigía con esto, pero tenía que terminar de escuchar lo que ella tenía que decir.

Selene tomó un respiro. –Cuando era niña, solía leer una historia acerca de un terrible mal que provenía de otro mundo. Este mal azotaría la tierra con toda su fuerza, llevándo a quien se atreviera a imponerse en su camino.

La chica tomó un sorbo a su té y suspiró antes de continuar. –La historia decía que este mal acabaría con los el reino y reclamaría los cinco poderes para destruir el mundo. Pero fue detenida por un jóven valiente que logró obtener control sobre los cinco poderes antes que él y desterró a esta fuerza oscura hacia la dimensión del abismo. Este mal logró ser contenido, pero no se fue sin antes lanzar una maldición, en la cual él regresaría para lograr su cometido.

Lincoln escuchaba atentamente las palabras de Selene. Lo primero que pensó era que esto empezaba a sonar como la trama de un anime isekai, un género que ganó mucha popularidad en Japón. No quería demostrarlo, pero se había inmerso en la historia, y deseaba escuchar hasta donde quería llegar.

–Durante siglos este mal permaneció atrapado, y durante ese tiempo mi mundo vivió una próspera época de paz. Pero inevitablemente llegó el fatídico día que estaba escrito en la profecía y…– Selene trató de continuar, pero se vió interrumpida cuando su visión se tornó borrosa; no sabía por qué pero su cabeza empezaba a sentirse ligera y todo a su alrededor le daba vueltas. Lincoln la miró y se levantó rápidamente de la silla; quería ayudarla, pero algo dentro de él lo detuvo en seco. Esto era demasiado irreal; aún cuando tenía a la chica que se podía transformar en zorro en frente de él no podía terminar de creerse esto.

Lincoln se mantenía de pie pensando en qué hacer, pero al ver que algo de sangre empezaba a salir de la nariz de la pelirroja se apresuró a buscar un trapo para ayudarla.

–¿Estás bien?– preguntó el peliblanco. Sabía que era una pregunta estúpida, pero no sabía qué más preguntar en una situación como esta. Podía ser la cosa más normal que pudo haber dicho a estas alturas.

–M-Mantenerme en este mundo me está costando demasiado jiin. Si p-permanezco aquí más tiempo voy a m-morir.– respondió Selene con algo de trabajo. Lincoln tenía muchas preguntas, pero la sola mención de que la chica podía morir hizo que entrara en pánico.

Selene se limpió la sangre y se levantó de la silla. –D-Debes seguirme pronto, si no nos apresuramos…el portal se cerrará y no podré regresar.– Luego de esto la pelirroja intentó avanzar, pero tan pronto dio un paso al frente cayó al suelo. Lincoln se apresuró a levantarla, notando que sus ojos ámbar estaban empezando a perder color. La chica parecía no tener mucha fuerza, por lo que Lincoln la tomó en sus brazos.

–Supongamos que te creo. Dime, ¿qué tengo que hacer?– preguntó el peliblanco. Selene logró reunir energías suficientes para poder hablar.

–El estanque…– fue lo que dijo antes de perder el conocimiento. El corazón de Lincoln se aceleró; no sabía por qué ayudaba a esta chica, ni siquiera estaba seguro de creer su historia en primer lugar, pero tampoco podía dejarla morir.

Se apresuró a salir de la casa por la puerta de la cocina, la cual daba hacia el estanque del patio de atrás. Tan pronto como salió a la intemperie, el frío se adentró en su cuerpo hasta helar sus huesos; el frío era tan fuerte que por un momento sintió que iba a perder el equilibrio, pero logró mantenerse estable. Como pudo caminó hacia donde se encontraba el estanque, dándose cuenta que, como había pensado, estaba congelado.

Selene logró recobrar el conocimiento por un breve momento, abriendo sus ojos y mirando al peliblanco sostenerla en brazos. Al sentir el frío colarse a través de la ropa que Yuki le había prestado se dio cuenta que había logrado llegar al estanque sin morir. Ella sabía que hacer, aunque también sabía que le iba a costar aún más jiin; si no lograba sobrevivir, al menos habría cumplido con su misión.

Sus ojos despidieron un brillo azulado, y pronto un fuerte viento empezó a soplar a la par que del fondo del estanque empezó a emanar una luz. Con trabajo, Selene logró articular una sola palabra.

–E-Entra…

En este punto Lincoln ya no sabía qué hacer. Tenía a una chica que decía que su mundo estaba siendo amenazado, esa chica estaba muriendo y quería que él fuera hacia dicho mundo en peligro. Nada parecía tener sentido, esto tenía que ser un sueño, ¿verdad? Probablemente se quedó dormido y en cualquier momento se despertaría en la cama.

Pero no era un sueño, podía sentir el inclemente frío debilitando poco a poco su cuerpo. Miró la luz que provenía del lago; parecía estar a varios metros de profundidad, pero no podía ser posible puesto que el agua apenas y le llegaba a la cintura. Miró a Selene, y después a la luz que provenía del agua; sabía lo que tenía que hacer, y que mientras más tiempo perdía menos oportunidades de salvarse tenía Selene. Maldiciendose a sí mismo, hizo lo que tenía que hacer.

Para Lincoln, todo pasó en cámara lenta: dio un salto hasta quedar en medio del estanque justo sobre la luz, cerró sus ojos y esperó lo mejor.

Esperaba tocar la superficie congelada del agua, pero para su sorpresa la atravesó como si esta fuera solo un holograma. Se sorprendió cuando su cuerpo entero quedó sumergido, puerto que él recordaba que el estanque no tenía ni un metro de profundidad. Abrió los ojos, mirando con sorpresa no solo lo cristalina que era el agua, sino que observó que parecía no haber fondo. Intentó nadar hacia la luz con Selene aún en sus brazos, sumergiéndose cada vez más profundo sin saber siquiera si iba a llegar a tiempo. Sostenía la respiración, pero sabía que era no iba a tardar mucho hasta que sus pulmones cedieran. Echó otro vistazo a Selene, quien parecía haberse vuelto a desmayar.

Con terror vio como la luz que emanaba del fondo empezaba a hacerse más pequeña mientras que la poca luz que llegaba de la superficie se iba haciendo cada vez más tenue a medida que él se iba sumergiendo. Pronto llegó al punto donde no podía ver más allá de su nariz, haciendo que un pavor se apoderara de él.

El exceso de dióxido de carbono que se acumulaba en sus pulmones era tanto que no pudo soportarlo más. Trató de nadar a la superficie, pero por más que pataleaba para subir se seguía hundiendo cada vez más. Soltó el aire que tenía y entró en pánico, pero mas pronto que tarde sus movimientos fueron haciéndose más y más lentos hasta que su cuerpo cesó de moverse. Su cansados ojos luchaban para mantenerse abiertos, pero era inútil. Sintiendo su muerte cerca, dejó de luchar. Tal vez esto era lo que se merecía por haber confiado en esa chica, tal vez ella realmente era un demonio que buscaba quedarse con su alma y arrastrarlo con ella, pero eso ya no importaba. No sentía miedo, de hecho no sentía nada, cuando la luz de la superficie desapareció, él perdió el conocimiento.


Poco a poco la conciencia fue regresando a su cuerpo. El característico sonido del metal cortando a través de la carne combinado con los gritos de batalla y dolor penetraba sus oídos como un taladro. Abrió sus ojos, tardando un momento en aclarar su vista sólo para arrepentirse al ver el horror que se desencadenaba frente a él: la sangre cubría el suelo por completo, sin dejar un solo parche de pasto a la vista. Extremidades y cuerpos mutilados de personas y lo que parecían ser seres demoníacos esparcidos por el lugar. Un fuego abrasador que se extendía por todo el campo de batalla consumía los cadáveres, liberando un nauseabundo olor a carne quemada que le daba náuseas.

Trató de llevarse su mano derecha a la boca para contener las ganas de vomitar, pero pronto se dio cuenta que no solo su mano, sino que la mitad de su antebrazo habían desaparecido, dejando un corte limpio y una macabra vista de sus músculos, venas, arterias y huesos. No dolía en absoluto, lo cual era extraño. En su mano izquierda sostenía una espada rota y maltratada manchada de sangre mientras que varios demonios yacían alrededor decapitados e inertes sobre sus propios órganos. Algunos seguían vivos, pero no eran más que torsos arrastrándose dejando un rastro de sangre e intestinos detrás de ellos, otros gritaban mientras sostenían sus heridas para detener el sangrado.

A su derecha logró ver como lo que parecía ser un guerrero ponía su pie en el pecho de uno de esos demoios, miró como levantó su espada para después dejarla caer con fuerza sobre el craneo de dicha criatura. La sangre salpicó su maltrecha armadura al momento en el que sacó la hoja del ahora inerte demonio. En otra parte veía cómo un guerrero trataba de luchar mano a mano contra un demonio más grande que él. El pobre soldado al darse cuenta que no le podía hacer nada trató de huir, pero la criatura reaccionó primero y clavó su garra en su torso, atravesando su armadura. El soldado entró en shock, sintiendo como ese monstruo tomaba firmemente sus intestinos y cómo estos salían de su cuerpo a medida que caía al suelo. Para acabar con su miseria, el demonio levantó su pie justo sobre su cabeza, y dio un fuerte pizotón.

No pudo seguir mirando. Con mucha dificultad se levantó, luchando por mantener el equilibrio. No tenía la más mínima idea de en donde se encontraba pero sabía que si no se marchaba probablemente iba a morir ahí. Empezó a caminar con dificultad, tratando de evitar los cadáveres y las tripas en un intento casi imposible; no sabía hacia dónde se dirigía, solo continuó caminando sin rumbo hasta que algo en su frente a él lo hizo detenerse.

Una persona vistiendo una armadura completamente negra se interpuso en su camino, sostenía una espada en su mano izquierda mientras que en su otra mano se hacía presente un aura que alternaba entre el color blanco y negro. Lincoln no sabía por qué, pero algo dentro de él lo hizo levantar la espada rota que sostenía para intentar atacarlo.

No tenía caso, estaba demasiado débil como para representar una amenaza real. La hoja de su espada golpeó contra la armadura, pero no le hizo ningún daño. Lincoln retrocedió, soltando la espada mientras miraba cómo el caballero avanzaba lentamente, apuntando su espada hacia él. Sintió su cuerpo elevarse, y cuando se dio cuenta estaba envuelto en la misma aura blanca y negra que emanaba de la mano de ese tipo. Estaba totalmente desprotegido, no tenía oportunidad alguna de escapar de esta; sabiendo que solo no podía hacer nada más para defenderse y cerró los ojos en espera del golpe que le iba a arrebatar la vida.


Se levantó exaltado mientras daba una bocanada de aire; su respiración era agitada y su cuerpo estaba cubierto de sudor frío. En sus oídos se escuchaba un pitido mientras que su vista tardó un poco en aclararse. Una vez pudo ver sin problemas, usó la poca luz que tenía al alcance para mirar sus manos, suspirando de alivio al ver que aún las conservaba.

Miró a su alrededor y se dio cuenta de que no estaba en casa; el lugar se asemejaba más a una cabaña, a su alrededor había varios catres sin ocupar que estaban puestos alrededor de un orbe naranja en el centro de la habitación. Este orbe era la única fuente de luz y al parecer la única fuente de calor.

Se quitó la sábana y se sentó en el borde del catre; una corriente de frío golpeó su cuerpo, y no tardó en darse cuenta que no estaba usando nada de ropa. Estaba completamente desnudo.

Decidió recostarse de nuevo y taparse mientras trataba de hacer memoria de los eventos que habían acontecido antes de haber perdido el conocimiento: recordaba haber hecho su rutina matutina, la llegada de Selene, cuando se puso mal, la luz al fondo del estanque…y lo demás estaba borroso. Tal parecía que Selene no le mentía, y eso era bueno. Pero por otro lado ahora estaba en un mundo completamente desconocido, desnudo y sin la más mínima idea de qué hacer.

–Vaya, veo que ya despertaste.– una voz femenina madura se escuchó a sus espaldas. Lincoln volteó instantáneamente y miró a una mujer entrar a la cabaña, usaba una especie de túnica le llegaba a la altura del muslo; impidiéndole ver al peliblanco qué había debajo. La túnica estaba hecha de lo que parecía ser piel de un animal blanco; luego se dio cuenta que esa piel una vez perteneció a un lobo, puesto que para proteger su cara usaba la cabeza del animal en forma de gorro. Además de eso también utilizaba un par de botas sobre las cuales usaba espinilleras. El rasgo más notorio de la mujer era su gran tamaño; podía superar los dos metros de altura fácilmente.

La mujer caminó hacia donde estaba Lincoln, quien la miraba con impresión; esta mujer tenía un porte imponente, irradiaba un aura de poder y autoridad que haría palidecer a la de Lori cuando ella estaba a cargo de la casa cuando eran niños. Pero a la vez, podía sentir una calidez que solo podía describir como la de una madre hacia su hijo; si al principio Lincoln estaba nervioso, esto último lo hizo relajarse un poco. Una vez frente a frente, la mujer entregó un saco que tomó de debajo de la túnica. –Tu ropa se destruyó cuando atravesaste el portal. Puedes usar esto para protegerte del frío.

No pudo evitar sentir algo de pena al pensar que alguien lo cargó totalmente denudo hasta este lugar. Esperaba que nadie lo hubiera visto.

Lincoln tomó el saco y lo abrió; la ropa parecía algo que estaría disponible únicamente en un RPG, pero realmente no tenía otra opción. No era tan mala, estaba hecha de piel y algodón, por lo que iba a ser realmente cómoda.

–Cuando estés listo, sal y busca a las gemelas. Ellas te darán instrucciones.– mencionó la mujer mientras se daba media vuelta y empezaba a caminar hacia la salida.

–Espera,– dijo Lincoln. La mujer se detuvo; aún le daba la espalda, pero sabía que el peliblanco la miraba con seriedad. –No se quien eres, pero algo me dice que tú me puedes explicar todo lo que esa chica me dijo en mi mundo.

Hubo silencio por un momento, siendo el único ruido el sonido del viento resoplando a las afueras de la cabaña. Lincoln la veía en espera de una respuesta, mientras que ella ni siquiera se dignaba a voltear. Luego de unos momentos la mujer contestó.

–Tus dudas serán respondidas a su debido tiempo, pero por ahora debes vestirte si no quieres morir congelado.– dijo mientras continuaba caminando hacia la salida. –Ya he designado a alguien para que te acompañe en tu estadía.

Al mirar a la mujer salir y percatarse de que estaba solo, se sentó en la orilla del catre y miró al suelo, pensando que fue un error el haberse precipitado con las palabras de Selene y saltar al portal sin pensar en las consecuencias. Ese era uno de sus defectos; siendo un hombre rodeado de mujeres, específicamente diez hermanas y su madre, era normal que haya desarrollado el mal hábito de querer complacerlas en todo lo que pidieran: haciendo favores, siguiendo órdenes, comprando regalos, y la lista sigue. Había veces en las que podía decir que no, pero la gran parte del tiempo sucumbía ante sus caprichos.

Probablemente fue la presión del momento, Selene se había puesto mal y él no sabía qué hacer. Cualquier persona en su posición habría huido de ahí y dejado a la chica que se podía transformar en zorro a su suerte, era sentido común. Probablemente había algo mal con él, pero ya era demasiado tarde para arrepentirse. Ya no había vuelta atrás, y si iba a quedarse en este mundo tal vez para siempre, bien podía sacar algo bueno de esto.

Luego de unos minutos Lincoln salió de la tienda vistiendo un traje totalmente nuevo: Una playera de manga larga color verde con detalles blancos en las mangas, unos pantalones color negro, una capa café hecha de piel que le llegaba a la altura de las piernas y unas botas del mismo color. Llevaba un cinturón el cual contenía varios compartimentos hechos para guardar cosas pequeñas.

El traje era bastante cómodo, y a pesar de ser sencillo lo protegía bastante bien.

El lugar entero estaba cubierto de nieve, y el nublado cielo parecía amenazar con dejar caer aún más en cualquier momento. El helado viento golpeó su rostro con fuerza, enviando un escalofrío que recorrió todo su cuerpo, por suerte la capa que usaba tenía gorra y una máscara que cubría hasta su nariz.

Se sorprendió al ver a muchas más personas en el lugar que usaban un atuendo parecido al de él con algunas pequeñas diferencias; algunos usaban una variación con mucha más protección, probablemente tratándose de guerreros o guardias. Otros llevaban una más ligera y parecida a la de él, debía tratarse de la ropa común. Incluso los niños que jugaban en la nieve y que corrían de un lado a otro usaban uno de su talla.

El lugar tenía pinta de ser una aldea grande; las cabañas estaban arregladas de manerea ordenada, las calles eran amplias e incluso había edificios. A lo lejos, donde él suponía era la plaza central se veía una especie de monumento. No se distinguía muy bien la forma, pero…

–¡Yuki!– una voz bastante familiar llamó. Lincoln volteó hacia la derecha, notando como una chica corría hacia su dirección; usaba la misma capa que él pero en color gris, y en lugar de usar algo que abrigara sus piernas utilizaba unos shorts pegados que dejaba al descubierto sus muslos. Lincoln se sorprendió al verla; él estaba totalmente cubierto y aún así sentía algo de frío.

No tardó en caer en cuenta que solo había una persona que lo llamaba de esa manera. –¿Selene?

La chica se quitó la gorra, revelando su cabello rojo el cual estaba suelto y llegaba a la altura del cuello. Lincoln se sorprendió; cuando la vio en su casa su cabello llegaba hasta su cintura. Fuera de eso sí era ella; recordaba muy bien su rostro y sus ojos color ámbar.

–¡Me alegra que estés bien, Yuki!– La chica se detuvo frente a él. Se veía bastante energética y felíz, algo que contrastaba con la actitud que tenía cuando la conoció.

–A mi también me alegra que estés bien.– respondió el peliblanco algo nervioso. La chica se acercó más a él, mirándolo fijamente a los ojos con un ligero rubor en sus mejillas. Lincoln no pasó esto por alto, y sintió como su propia cara se ponía roja también. No sabía que era, pero algo en ella de verdad le llamaba la atención. –M-Me gusta lo que hiciste con tu cabello.

La pelirroja desvió la mirada por la pena. –G-Gracias.

No se había dado cuenta antes, tal vez por las circunstancias, pero había algo en ella que le parecía algo…atrayente. Su corazón empezó a latir más rápido, la sensación de frío que sentía hace unos momentos se había ido para ser reemplazado por un una calidez bastante agradable. ¿Cómo no lo notó antes?

–Veo que ya conociste a mi hermana.– una voz habló detrás de él, haciendo que él se exaltara por la sorpresa y la pena. Lincoln se dio vuelta, encontrando a una chica que bien podría ser el clon de Selene, siendo la única diferencia su largo cabello amarrado en una trenza que bajaba del lado derecho de su cuello y llegaba hasta su cintura...un momento...

–¿S-Selene?–

Se apartó un poco de ambas chicas para mirarlas con mayor detenimiento; ambas tenían la misma altura, la misma capa y exactamente el mismo rostro, siendo las únicas diferencias la longitud del cabello, la posición de las pecas, y que Selene sí usaba ropa que le tapaban las piernas por completo. Lincoln se quedó estupefacto por un momento, buscando las palabras para hablar pero sin poder encontrarlas.

La otra chica empezó a reír al ver el confundido rostro del peliblanco. –Lo lamento, pero a Selene se le ocurrió hacer esto,– Se inclinó levemente frente a él en señal de reverencia. –Mi nombre es Moon, y soy la hermana mayor de Selene. Es un placer conocerte.

–Haber nacido tres minutos antes que yo no te hace la hermana mayor.– dijo Selene con cierta molestia. Moon le devolvió una mirada retadora; era obvio que había cierta competencia entre ambas.

Le recordaba mucho a Lola y Lana.

–Chicas,– interrumpió Lincoln. –La mujer que me vino a ver dijo que las gemelas me iban a dar instrucciones. Supongo que se refería a ustedes.

Ambas se vieron por un momento, abriendo los ojos con sorpresa al recordar que la matriarca les había dado la tarea de llevarlo al gran salón. Ambas tomaron una de sus manos y se dirigieron a toda velocidad hacia su destino; Lincoln no tuvo otra opción más que seguirlas mientras trataba de mantenerles el paso sin tropezar en el intento.

Sin que ninguno de los tres se percatara, un búho con plumaje blanco como la nieve en las copas de los árboles los observaba, registrando cada movimiento con precisión milimétrica. Una vez que los perdió de vista, se marchó volando del lugar.