Luego de unos minutos de correr finalmente llegaron a su destino: un salón que estaba ubicado en el corazón de la pequeña villa; el lugar estaba hecho completamente de piedra, tenía varias columnas que se erguían para dar soporte y al final del recinto había un teatro con un podio. Moon explicó que éste era el lugar de reunión de los ciudadanos para un evento importante, o bien para resguardarse del frío.
Lincoln y Selene se sentaron en una de las bancas que estaban cerca del teatro mientras que Moon fue hacia otro lado; el lugar contaba con varios orbes naranjas montados en las paredes, eran exactamente como el que estaba en la cabaña donde él despertó, y al igual que aquel orbe, estos producían luz y calor.
No había mucha gente, salvo algunos ciudadanos mayores y algunas familias que se resguardaban del frío, el lugar estaba relativamente vacío. Lincoln admiró el estilo gótico de la arquitectura; hay varios ventanales que adornaban las paredes, en estos estaban plasmados lo que él creía eran varios eventos importantes en la historia del lugar. Hizo memoria, y no era muy diferente a la iglesia a la cual lo obligaban a ir cuando era niño.
Pero lo más llamativo de todo era una pintura plasmada en la pared del fondo, justo atrás del podio. Esta era de una mujer, la cual utilizaba un hermoso vestido blanco con detalles celestes que lo hacían resaltar. Su cabello largo era color negro y estaba adornado por cinco orbes que flotaban a su alrededor. Sus ojos estaban cubiertos por lo que parecía ser una máscara dorada que se detenía justo bajo su naríz. En su mano derecha portaba un escudo, mientras que en la izquierda tenía una daga dorada que despedía un brillo morado.
El peliblanco no pudo evitar el admirar la pintura por un buen rato, era tan hermosa...tan llamativa...tan real que parecía que se iba a salir de la pared en cualquier minuto.
–Veo que te ha cautivado la belleza de nuestra diosa, ¿no es así?– preguntó Selene.
Esto trajo a Lincoln de vuelta de las nubes. –¿Es su diosa?– Selene asintió. –¿Cómo se llama?
–Su nombre es Beldi, y ella es la diosa suprema de nuestra fe.– respondió la pelirroja. –Se dice que ella fue quien invocó al héroe que derrotó al príncipe malvado y salvó el mundo.
Lincoln asintió y volvió a mirar a la pintura. La diosa poseía un par de alas tras de ella, una era blanca como las nubes, mientras que la otra era oscura como la noche. Su rostro le parecía extrañamente familiar, como si hubiese visto ese rostro hace mucho.
–Se que debes de tener muchas dudas, Yuki,– comentó la pelirroja de cabello largo, sacando de sus pensamientos al peliblanco.
Ninguno de los dos dijo nada por un momento; Lincoln no sabía qué decir, mientras que Selene evitaba mirarlo a los ojos. Luego de un rato, fue la pelirroja quien tomó la palabra.
–Sé que debes de estar molesto conmigo por haberte traído a este mundo desconocido.– Dijo Selene mientras bajaba la cabeza con pena. Lincoln notaba algo en su tono de voz que le costaba identificar. –Pero debes entender que estamos desesperados.
Aún había cosas que no había terminado de entender, una de esas cosas siendo el por qué lo habían elegido a él para venir a este mundo. Trató de hacer memoria de lo sucedido, recordando que Selene estaba contando algo cuando empezó a sentirse mal. –Cuando estábamos en mi casa me dijiste algo acerca de cinco reinos y un mal que amenazaba con destruir el mundo. Explícame por favor de qué se trata eso.
Selene suspiró. –El mal que está destinado a rondar la tierra, matando y consumiendo todo lo que está a su paso y dejando nada más que muerte y miseria. Eso es lo que dice la profecía.
En el inicio de los tiempos no existían los cinco reinos; en su lugar había un solo reino llamado Velduk, el cual era próspero y pacífico. El gobernante de todo era el Rey Bardya, un hombre amable que procuraba lo mejor para sus súbditos.
La esposa del rey dio a luz a dos varones gemelos: Darvey y Maryk. Darvey era un hombre que no mostraba gran interés en seguir los pasos de su padre; él se había convertido en un excelente estratega militar, llegando a comandar al ejército a muchas victorias aplastantes contra enemigos poderosos. Maryk, por otra parte, anhelaba convertirse en rey; pasó su juventud preparándose para suceder a su padre una vez él ya no pudiera cumplir con su deber, y estaba seguro que, aún cuando su hermano tenía las mismas posibilidades de ser coronado, él sería el elegido por su padre para llevar las riendas del reino.
Con el paso de los años Bardya fue diagnosticado con una misteriosa enfermedad que iría acabando con él poco a poco. Sabiendo que debía hacer algo, convocó a una reunión para dictaminar quién sería el nuevo rey. Una vez con sus dos hijos, el rey hizo su elección.
Darvey.
Maryk no se lo tomó para nada bien; le reclamó al rey Bardya, diciendo que él estaba mucho mejor preparado y que Darvey no podría con las presiones de gobernar el reino cuando ya tenía a todo un ejército sobre sus hombros. Pero Bardya dijo que ya había tomado su decisión y no la pensaba cambiar.
Maryk intentó convencer a Darvey, pero su hermano dijo que él tenía lo que se necesitaba para hacer ambos trabajos, además de que lo podía hacer igual de bien e incluso mejor que él.
Decir que Maryk estaba furioso era ponerlo en términos simples. Se sentía traicionado por su padre y su hermano, por su propia sangre. Y en su desesperación, recurrió al máximo señor del inframundo.
Lincoln escuchaba con total atención, notando cómo Selene había cambiado su semblante a uno de seriedad.
Exa es un poderoso demonio que tiene la capacidad de conceder deseos, por supuesto, a un precio. Maryk le pidió algo con lo que vengarse de su hermano y su padre, algo con qué hacerlos arrepentirse de haberlo traicionado. Exa le dijo que su respuesta caería del cielo cuando la luna se tiñera de sangre.
Sus súplicas fueron escuchadas, puesto que una noche algo cayó del cielo y se estrelló contra la tierra; era una roca que contenía un gran huevo en su interior, el cual despedía una poderosa aura siniestra. Se dice que era tan poderosa que robaba la vida de las plantas que se encontraban alrededor. El mismo príncipe sintió cómo le robaba su energía con tan solo acercarse. Supo que esa era la respuesta a sus problemas, por lo que tomó el huevo y lo llevó a un lugar seguro.
Durante años, Maryk alimentaba el huevo con las almas de personas que sacrificaba; criminales, inocentes, niños, ancianos, no discriminaba con tal de cumplir con su objetivo.
Pero se le estaba acabando el tiempo, puesto que la condición de su padre seguía empeorando. Se dice que un día, lo que estaba dentro del huevo empezó a comunicarse con él, dándole órdenes específicas para darle más poder.
Una de esas órdenes fue iniciar una guerra dentro del mismo reino que ha perdurado hasta nuestros días; una gran parte de la población estaba harta de que hubiera una monarquía, mientras que la otra parte quería que un rey siguiera gobernando. Al principio no era más que una disputa política, pero fue escalando hasta convertirse en un conflicto armado con ya más de cientos de millones de muertos. Esto ayudó a lo que estaba dentro del huevo a salir.
Lo siguiente que vino, fue una de las épocas más oscuras del reino.
El día que esa cosa salió del huevo se le conoce como día cero; se dice que cuando pisó la tierra el cielo se tiñó de rojo, los mares se agitaron y la tierra tembló, causando muertes y dejando a millones sin hogar.
El hechicero abandonó lo que le quedaba de humanidad para fusionarse con el monstruo, combinando su inteligencia con el abrumador poder de esa criatura. El resultado fue un ser casi imparable que tenía el poder suficiente para destruir el planeta entero.
En ese punto se podía escuchar que Selene estaba haciendo un gran esfuerzo para mantenerse calmada. Lincoln quería decirle que no era necesario que siguiera contando, pero algo dentro de él le impidió hablar.
Al pasar de unos minutos regresó Moon, quien traía tres vasos de un brebaje caliente. Luego de entregar la respectiva bebida a cada uno procedió a seguir donde su hermana se había quedado.
Lincoln dio un sorbo al brebaje; tenía un sabor peculiar, un tanto amargo y que dejaba un aftertaste a tostado.
Tenía que ser café.
No se quejó, el café le ayudó a calentarse y le dio más energía. –¿Y cómo lo destruyeron?
Cuando todo se veía perdido, un guerrero misterioso que se dice llegó de otro mundo logró utilizar las cinco magias e igualar su poder. Tuvierono una feroz batalla, pero al final el héroe resultó vencedor; aún cuando no fue destruído, fue contenido en la dimensión del abismo, un lugar de donde jamás podría salir.
Sonando un poco más relajada, Selene fue quien tomó la palabra.
–Se dice que cuando la luna de sangre se trague al sol el portal a la dimensión del abismo se abrirá, liberándolo de su prisión para que al fin pueda lograr su cometido.
Era justo como lo había deducido. No tenía duda de que estaba atrapado en una especie de isekai genérico donde debía derrotar al demonio para poder ganar. Mirando en retrospectiva, era mejor que lo que hacía en su mundo; no es que no le gustara su trabajo, lo amaba y hasta diría que lo va a extrañar, pero seamos honestos, no es tan interesante como decir que salvaste a todo un mundo de un mal inminente, ¿verdad?
El problema era que, aún si lo hacía, ¿a quién se lo iba a decir? No tenía idea si algún día podía regresar a su mundo.
–¿Y ustedes creen que yo soy ese héroe?– preguntó Lincoln, dejando el vaso ya vacío por un lado. Selene asintió. –¿Y qué les hace creer que yo lo soy?
–No lo eres.– una voz masculina habló detrás de ellos. Los tres voltearon, observando que se trataba de un chico de la misma edad de Lincoln; era un poco más alto y su cabello era de un color rubio muy claro, casi llegando a blanco. A diferencia de los demás no estaba utilizando ninguna protección para el frío, vistiendo únicamente una playera sin mangas que dejaba al descubierto sus brazos llenos de cicatrices mientras que en los antebrazos utilizaba vendajes, un par de pantalones delgados y botas. Lo más notorio era la cara de pocos amigos que tenía.
–¿Qué es lo que quieres, Cedric?– preguntó Moon con molestia.
–Solo ver al prospecto de héroe que tanto decía tu hermana que traería para "salvarnos"– respondió sarcásticamente. –¿No me dirás que este tipo de aquí es el héroe destinado a derrotar al mal?
Lincoln lo miró con molestia, reconociendo la malicia de sus palabras. No tenía idea de quién era ese tipo, pero no le agradaba, eso era seguro.
–¿Y quién eres tú?– cuestionó Lincoln. Se puso frente a él, mirándolo a los ojos con desafío. Cedric lo miró hacía abajo; un conejo haciéndole frente a un león, un novato haciendo frente a un veterano. ¿Quién se creía este forastero?
–Mi nombre es Cedric, el guerrero de guerreros, y quien va a ser el elegido para ser el héroe.– Cedric respondió. –Soy el mas fuerte de la aldea y la he salvado de varias amenazas antes, así que a menos que quieras una demostración te aconsejo que cuides como te refieres a mi.
Selene y Moon miraron con molestia mientras el rubio veía con desprecio a Lincoln, mientras que el peliblanco trataba de hacerle frente. Casi se podían ver las chispas saliendo entre ellos, luchando por dominar con la mirada al otro. Al final fue Cedric quien cedió, burlándose de Lincoln con una sonrisa presumida.
–Solo quería asegurarme de que no se perdieran mi gran momento; la gran matriarca está por anunciar al siguiente héroe y tal vez cuando me elija las mencione a ustedes como agradecimiento.
Las gemelas miraron cómo Cedric se alejaba con una sonrisa de satisfacción. No podían creer lo cretino que podía llegar a ser una persona. Siempre ha sido así; desde que lo conocieron se jactaba y alardeaba de haber pasado por un entrenamiento intenso y riguroso que no cualquiera aguantaría. No era una mala persona en sí, y ellas lo sabían, pero de verdad detestaban su actitud petulante.
–¿Cual es su problema?– preguntó Lincoln.
–Solo ignoralo.– respondió Moon. –No te preocupes por él, solo alardea pero no representa un peligro.
Lincoln lo miró alejarse. No sabía por qué, pero había algo que no le terminaba de gustar de él; no solo era su encantadora actitud, era algo más. Había algo en él que le incomodaba, a simple vista se veía que era un buscapleitos común y corriente como los que había en su mundo, pero tenía algo que le daba mala espina. Decidió no prestarle más atención de la que se merecía y se sentó de nuevo.
El sonido de una campana interrumpió sus pensamientos. Tan pronto como sonó la campanada número doce, las puertas del recinto se abrieron para dejar pasar a una multitud de personas que ocuparon las bancas hasta no dejar ninguna libre. Lincoln y las gemelas estaban en una de las bancas que se encontraban hasta el frente, cerca del podio donde el peliblanco suponía que la gran matriarca iba a hablar.
Cedric estaba sentado a un par de filas de ellos, mirando de reojo al peliblanco con algo de recelo. Cedric era alguien seguro de sí mismo; sabía que él era un guerrero poderoso y no tenía duda de que él iba a ser elegido. Pero algo le decía que debía cuidarse de él, que no estaba en este mundo por pura coincidencia. No era posible que ese forastero fuera el héroe de la leyenda; él ha estado entrenando desde que tenía memoria para el día en el que fuera elegido como la reencarnación del héroe, había sacrificado demasiado como para que alguien llegara de la nada y lo eligieran a él.
Cruzó las piernas y colocó sus brazos detrás de su cabeza, no tenía nada de qué preocuparse; sabía que la gran matriarca no podía dejar el destino de todo el mundo en las inexpertas manos de un forastero débil.
Como le dijo al forastero, él había salvado la aldea varias veces: una vez él le hizo frente solo a un grupo de ladrones armados sin sufrir un solo razguño. Otra vez logró aullentar a un dragón que aterrorizaba gente a las afueras de la aldea. Él era el indicado, de más estaban las explicaciones. Además, nadie en esta maldita aldea estaba lo suficientemente capacitado para ser el héroe más que él.
Murmullos eran todo lo que se escuchaba en el resinto, nadie sabía para qué habían sido llamados pero suponían que debía ser importante. Una vez las puertas del recinto se abrieron todos guardaron silencio; miraron como su amada líder caminaba por el pasillo central hacia el podio al fondo del lugar. Todos miraban su elegante pero autoritario porte con respeto, salvo por un guerrero presumido que mantenía cerrados los ojos mientras esperaba el momento para irse de ahí.
La mujer llegó hasta el podio y observó a la multitud, de entre todos ellos resaltaba un chico con cabello blanco cubierto por una gorra. Dio un profundo respiro y se aclaró la garganta antes de empezar a hablar
–Ciudadanos, los he mandado llamar porque hoy es un día especial.– empezó a hablar con una voz fuerte pero clara. –Por muchísimos años ya, esta maldita guerra ha causado estragos en todo el reino; nos ha dividido, nos ha quitado nuestros hogares, nuestras familias, nuestra libertad y nuestras vidas. Por más de cien años, hemos presenciado cómo el mal ha ido avanzando sin detenerse, hemos visto cómo devora todo a su paso dejando únicamente dolor y muerte
Varias personas en el público fueron tocadas por las palabras de la gran matriarca, soltando unas cuantas lágrimas al recordar todo lo que habían perdido. Muchas otras la miraban confundidas, ¿A qué quería llegar con esto?
–¡Pero no he venido solo a hablar de lo malo que hemos vivido, también he venido a recordarles que a pesar de todo lo que hemos pasado, las hambrunas y las desgracias, nos hemos mantenido fuertes y perseverantes!– Varias personas en el público empezaron a vitorear ante sus palabras. –¡Hemos resistido con valentía oleada tras oleada, golpe tras golpe invasión tras invasión, y no hemos cedido ante ninguna amenaza!
Mas gritos de emoción se escucharon en el lugar. Lincoln miraba como Moon se levantaba de su asiento mientras levantaba su puño y gritaba como gran parte de la multitud. Por otra parte, Selene no hacía más que mirar con una sonrisa a su líder.
La gran matriarca levantó una mano en señal de que aún no había terminado. –Muchos de ustedes recordarán que con el despertar del mal, también despertaría una nueva esperanza, un héroe que le haría frente, un heroe y lo derrotaría de una vez y para siempre.– esto dejó a muchos sin palabras, preguntándose por qué su líder estaba sacando una historia antigua a flote.
Lincoln volteó a ver a las personas a su alrededor, muchas que parecían haber tenido un semblante de desesperanza, de haberlo perdido todo, ahora miraban con un brillo especial a su líder mientras esta hablaba. Otros obervaban al borde de su silla ver de que iba todo esto. No estaba seguro por qué, pero empezaba a sentir que algo crecía dentro de él. Un nuevo sentimiento que que se volvía más grande a medida que miraba a los pequeños escuchar a su lider mencionar acerca del heroe destinado a vencer al mal.
–Se que muchos han perdido la esperanza de que un héroe renaciera entre nosotros para salvarnos, otros crecieron pensando que se trataba de una historia infantil. ¡Hoy, los he reunido para informarles con el mayor de los gustos que el héroe ha regresado!
La gente sentada al lado de Cedric lo veían con incredulidad. No era secreto que él era el guerrero más capacitado y fuerte de toda la aldea; aún siendo el más joven, era quien los había llevado a más victorias contra las fuerzas del mal. Era obvio que la gran matriarca debía referirse a él.
Muchos en el pueblo creían que él era la reencarnación del héroe, mientras que otros tenían sus dudas.
Un silencio cayó sobre el lugar, seguido de murmullos ligeros que fueron creciendo hasta convertirse en vitoreos de celebración. Por primera vez en cien años, por primera vez luego de todo el dolor que han pasado muchos de ellos, de las pérdidas y la desolación que ha resultado de ese conflicto, finalmente tenían algo que jamás creyeron recuperar.
Esperanza.
–Por favor, ponte de pie..
Cedric sonrió confiado y se preparó para levantarse de su asiento, sólo esperaba a que la líder hiciera mención de su nombre para que el viaje hacia su destino diera inicio. Tal vez…
–¡Lincoln Loud!
La gente se quedó en silencio. Nadie había escuchado ese nombre en la aldea, ni siquiera les sonaba como un nombre. La gente volteaba a ver confundida en espera de ver quién se ponía de pie. Pronto notaron a alguien de las primeras filas levantarse y quitarse el gorro, observando que, como dictaba la profecía, su cabello era blanco como la nieve.
Lincoln se sentía totalmente apenado y nervioso; no solo estaba de pie frente a miles de personas, sino que ahora estas personas habían depositado su esperanza en él. Era un peso con el que no sabía si podía cargar.
El silencio fue reemplazado por gritos de celebración y aplausos; si bien había algunos que no les convencía la elección de la matriarca, la gran mayoría estaba celebrando.
Cedric se quedó mirando al vacío como si hubiese recibido un balde de agua fría. No, no podía ser cierto. No era verdad, no podía ser verdad. Apretó sus puños mientras sentía la ira apoderarse de él. ¡No me pueden hacer esto! pensó mientras se colaba entre la multitud celebrando.
Luego de haber presenciado como su destino le era arrebatado, Cedric huyó hacia la parte más profunda del bosque en busca de algo para aplacar su ira. Ese bastardo, ese maldito forastero lo había despojado no solo de lo que le pertenecía por derecho, sino tambien de la razón por la cual había entrenado durante toda su vida. La razón por la cual se había vuelto un guerrero de élite, la razón por la cual él se levantaba cada mañana.
El rubio tenía tanta ira acumulada que golpeó lo primero que vio, siendo esto un árbol que tenía varios metros de grosor y fácil superaba los veinte metros de altura. El golpe fue certero, agrietando la circunferencia hasta que el tronco se partió. El árbol cayó lenta pero poderosamente, haciendo un estruendo al chocar contra el suelo. Varios animales se asustaron y huyeron del lugar despavoridos, algo a lo que el rubio no le dio importancia.
Miró sus puños, observando las marcas que tenía en los nudillos las cuales eran el resultado de golpear árboles cuando era niño; esto no solo hizo que perdiera la sensibilidad en los brazos, sino que también incrementó su fuerza y resistencia. Las cicatrices que tenía brazo eran como trofeos de guerra, recuerdos de cada encuentro que ha tenido y del cual ha salido victorioso, pruebas de que no solo su entrenamiento fue en vano, sino que hizo que desperdiciara muchos años de su vida. Tal vez podía...
Cedric sintió el suelo temblar bajo sus pies al ritmo de unos pasos lentos pero muy pesados. Las hojas de los árboles y arbustos se estremecían a medida que lo que generaba tal fuerza se acercaba cada vez más y más. El guerrero se dio la vuelta para ver a lo que parecía ser un lobo gigante hecho de piedra, medía al menos seis metros de altura, y por cómo se sacudía el suelo debía pesar varias toneladas.
El lobo levantó una de sus garras y trató de golpear a Cedric, pero el rubio logró esquivarlo con relativa facilidad. Se posó sobre el caído tronco del árbol que había derribado, mirando sin interés al lobo en espera de ver cuál sería su próximo movimiento. El lobo se abalanzó contra él una vez más, pero una vez más Cedric logró esquivarlo al saltar hacia la copa de un árbol más pequeño.
Para Cedric, este lobo no representaba amenaza alguna; era muy grande y poderoso, pero eso mismo lo hacía demasiado pesado como para que le pudiera seguir el paso. Él ya había lidiado contra criaturas más peligrosas, como aquella vez que casi muere desintegrado por el devastador ataque de un dragón que trataba de defender su tesoro; Cedric no quería robarle, pero tuvo la mala suerte de haberse refugiado de una inevitable tormenta en la cueva que fungía como guarida de un Infernus Karra, conocido como "Rayo Mortal". Estos dragones podían llegar a generar una temperatura tan alta que podían derretir diamante puro, y su fuego salía disparado a una velocidad tan alta que prácticamente se podía considerar un rayo, el cual se decía que podía atravesar montañas enteras. Su mayor debilidad era que tenían que descansar un muy buen rato antes de volver a atacar, puesto que tendían a sobrecalentarse.
Comparado con ese dragón, este lobo era un cachorro que le mordía el pantalón.
El lobo logró recuperarse a tiempo para volver a lanzarse contra el rubio una vez más. Cedric dio un salto y aterrizó en el lomo de ese golem, logrando ver su punto débil; los lobos de piedra eran guardianes encargados de proteger los bosques de cualquier amenaza que buscara destruirlos, eran criaturas muy poderosas que, sin embargo, contaban con una única debilidad que aunque era muy conveniente, estaba ubicada en la parte más difícil de acceder: el cuello.
Difícil de acceder para las demás personas, claro. Pero para él era pan comido. El lobo destruyo por completo el arbol donde el rubio estaba hace unos momentos, pero al ver que no estaba por ningún lado trato de buscarlo.
Cedric caminó calmadamente hacia el cuello del guardian, manteniendo el equilibrio a pesar de que la bestia no dejaba de moverse en su búsqueda. Logró divisar una pequeña estructura de color negro que parecía estar hecha de gema; con una sonrisa presumida acercó su mano y le dio un pequeño golpe con su dedo medio. Esto partió la roca en cientos de pedazos e hizo caer al guardian al suelo con un sonoro estruendo. Cedric sabía lo que iba a sucedr después; saltó para bajarse de lo que ahora era un montón de rocas sin vida y huyó del lugar hasta llegar a la entrada que daba hacia la aldea. Un pequeño estruendo se sintió bajo sus pies, haciendo que el presumido guerrero sonriera con satisfacción. Su ira se había apaciguado un poco y se dispuso a caminar a casa.
Algo lo hizo detenerse, era una presencia, un Jiin bastante alto que fácil podía rivalizar con el suyo. Sintiendo lo que fuera que era dueño de tal poder a sus espaldas, apretó su puño con fuerza y se giró con una velocidad impresionante, lanzando un golpe que él sabía no podía ser esquivado.
Bastante grande fue su sorpresa al mirar que su ataque fue detenido con relativa facilidad por la palma de una mano; el impacto fue tal que género una onda de choque que sacudió la nieve a su alrededor.
Pero más creció su sorpresa al ver de quién era dicha mano.
–Tu y yo tenemos mucho de que hablar.— pidió la gran matriarca. —Ven conmigo, por favor.
