La mañana había iniciado con una fuerte tormenta de nieve que caía como si los windigos estuvieran desatando su ira sobre los pobres mortales en tierra. La visión apenas y alcanzaba a mostrar algunos metros adelante mientras que el viento arreciaba. Cualquier persona con suficiente sentido común habría pensado dos veces por lo menos antes de salir.

—¡Vamos, no es momento de descansar!— gritó Cedric, mirando hacia atrás mientras seguía avanzando, su brazo frente a su rostro para tratar de evitar que el viento le congele la cara.

Detras suyo, un pequeño grupo que parecía tener problemas para caminar trataba de seguirle el paso al rubio, pero las despiadadas condiciónes del clima lo hacía difícil. Tanto las gemelas como Lincoln usaban un abrigo un poco más frondoso que el que normalmente usaban, unos pantalones que parecían ser de piel con más pelo y unas botas un poco más grandes. La ropa, junto con el equipo que llevaban en sus espaldas hacía que su peso aumentara; Lincoln miraba a Cedric, quien no solo llevaba la misma ropa, sino que también cargaba más equipamento, y se preguntaba cómo demonios iba tan rápido. Eventualmente recordó que era "el guerrero más fuerte" de acuerdo a sus palabas.

Habían pasado unas cuantas semanas desde que empezaron a entrenar con los elementos, Lincoln había progresado mucho, más rápido de lo que esperaba (y más rápido de lo que Cedric quisiera admitir). Para las gemelas, la matriarca y los cientos de civiles que se enteraron que el peliblanco había resultado ser muy habilidoso, esto era una sorpresa muy grata; para ellos esto significaba que el héroe realmente podría representar no solo una amenaza para el enemigo, sino una verdadera esperanza, un respiro para todos.

Pero Para Cedric esto no hacía más que enfurecerlo. El rubio no podía creer que alguien mucho más débil que él, alguien que no tenía ningún rastro de magia en su cuerpo hasta apenas unos meses ya podía aprender lo que a él le había tomado años. Estaba furioso por el hecho de que, mientras Lincoln tuvo la oportunidad de ser un niño, él tuvo que entrenar dia y noche para estar en donde está: ayudando a quien usurpó su puesto a tomar un lugar por el cual él ha sudado, llorado y sangrado por tantos años.

Pero aún con todo esto, aún con todo lo que se le ha dado en bandeja de plata al forastero y con todo lo que se le ha quitado a él, Cedric no puede evitar admitir que ha empezado a sentir algo dentro de él, un sentimiento que, aunque él logra suprimir, le preocupa que haya salido en primer lugar: Amistad.

Aún con todo lo que ha pasado, no puede negar que Lincoln es una buena persona, alguien que se ha hecho con el cariño de algunas personas no por el hecho de ser el héroe, sino por ayudar aún cuando nadie se lo pedía; en algunos casos no ayudaba mucho, pero la intención erea más que bien recibida. Ellos han hablado en más de una vez, y odiaba admitir que era algo entretenido hablar con alguien que realmente tiene criterio propio, no como esos lamebotas que solían juntarse con él solo porque él era un gerrero de élite y eso podría taerles algunos beneficios. Odiaba admitirlo, pero cada vez se estaba volviendo un poco más difícil estar resentido con él todo el tiempo.

—¿Cuál es la maldita prisa?— preguntó Selene, ajustando su equipamento para que no se soltara. —¿Por qué nos necesitan con tanta urgencia en la aldea vecina? Son solo goblins, por el amor de Beldi, no es como que no hayamos peleado con ellos antes.

Cedric respondió sin voltearse. —¡Porque cada momento que nos retrasamos es un momento en el que esos malditos goblins pueden tomar la vida de algún inocente. Te recuerdo que no todos saben como enfrentarse contra ellos!

Hace unos días la matriarca los mandó a llamar luego del entrenamiento. Al ir con ella, y muy para la sorpresa de las gemelas y Lincoln, se les fue asignada una misión, la cual consistía en auxiliar a los ciudadanos del pueblo hermano; una banda de goblins había ido y estaban reclamando esa ciudad como suya, amenazando a cualquiera que interviniera con acabar con su vida. Cedric no estaba para nada sorprendido con esto puesto que él ya tenía experiencia lidiando con esas bestias, y esto no era más que una sesión de entrenamiento más.

Lo que le parecía raro de todo esto era que los goblins quisieran tomar la ciudad. Normalmente los goblins son ladrones que roban a viajeros o asaltan campamentos, nunca atacan ciudades enteras por lo o grandes que éstas son. Lo se sea que fuese, él iba a darles una lección.

—¿Qué no la otra ciudad tiene sus propios guardias? ¿Qué no pueden defenderse ellos?— preguntó Moon, quien se rodeaba el cuerpo con los brazos para mantener más su calor corporal.

—Los informes dicen que estos bastardos son más fuertes, lograron superar a los soldados con facilidad; esto es bastante raro siendo que normalmente los goblins no son tan fuertes.— comentó el guerrero. —Algo raro está pasando, y la matriarca nos mandó a nosotros para resolverlo.

Lincoln, quien parecía ser quien tenía más problemas para seguirles el paso, finalmente habló. —¿A qué crees que pueda deberse?

El rubio lo pensó por un momento, tratando de recordar sus encuentros pasados con esos enemigos antes. Siempre atacaban en equipo, tenían tanto espadachines como arqueros y los mas grandes utilizaban su fuerza para atacar. Los grupos usualmente no eran grandes, mas o menos eran entre diez y quince miembros, lo cual era más que suficiente para asaltar a un grupo de cuatro personas. Por la diferencia de tamaño comparado con un humano evitaban asentamientos grandes de personas, pero si estaban lo suficientemente desesperados o había algo que de verdad querían robar, atacarían en la noche y cuando no hubiera tantas personas. A pesar de lo que la gente decía, los goblins eran listos.

—No estoy totalmente seguro, y de hecho es raro que la misma guardia del pueblo no los haya repelido.— respondió el guerrero. —Algo debe de estar pasando para que hayan recurrido a pedir ayuda a las aldeas cercanas.

Lincoln entendió. Durante su entrenamiento, más especificamente con el aire, tuvo la oportunidad de pelear contra un goblin que por alguna razón había decidido separarse de su grupo. Como prueba para ver que tan bien había dominado el elemento, Cedric lo hizo pelear contra él solamente usando el aire. Habiendo entrenado su mente con mucha meditación, logró mantenerse sereno mientras veía que la criatura verde se acercaba a él con un garrote y un escudo. Lincoln entendía que su vida estaba en peligro, sabía que cada acción durante esta pelea, cada error podía tener una consecuencia fatal, y no solo para él, sino también para quienes lo acompañaban (bueno, no realmente con Cedric).

La pelea fue difícil, Lincoln se llevó varios golpes que dejaron marcas en su cuerpo, pero el enemigo no se fue limpio. Al final, Lincoln logró desarmarlo y lo atacó con varias ráfagas de aire que lo mandaron a volar hacia el interior del bosque.

Él de cierta manera comprendía que era raro que un enemigo que no representaba una amenaza grave atacara un pueblo, y peor aún que ese pueblo pidiera ayuda.

El grupo continuó caminando por un buen rato, resistiendo los embates del viento y soportando el frío hasta que el sol empezó a meterse; más pronto que tarde empezaron a resentir el anochecer, y estaba demasiado frío para continuar. Afortunadamente para ellos, había una cueva no muy lejos de donde estaban que era lo suficientemente grande para dormir cómodamente. Cedric ya había estado en esa cueva, y la había adecuado para que personas se pudieran quedar ahí.

El rubio los guió hacia una cueva cuya entrada estaba cubierta por un montón de hojas y helechos, claramente para tapar la entrada y despistar a los demás. Cedric hizo a un lado la cubierta, revelando la entrada a una cueva amplia. El grupo entró y empezó a instalarse en la cueva, hasta que el rubio los detuvo.

—Todavía no empiecen a instalarse.— los interrumpió. El grupo estaba por preguntar a qué se refería, pero Cedric los hizo cayar al caminar hasta el fondo del lugar, topándose con una sólida pared de roca que cortaba su paso. Cedric se puso en posición, colocando sus brazos con las palmas al fretnte, y las hizo hacia un lado como si de abrir una puerta se tratase. La pared de roca se separó en dos hacia los lados, revelando una especie de pasadizo. Todos miraron cómo Cedric ingresaba al lugar, escuchando sus pasos y mirando como poco a poco del interior empezaba a emanar una luz cálida. El guerrero volvió con ellos y les indicó que lo siguieran.

El interior era más amplio de lo que uno imaginaría. El lugar era bastante parecido a una cabaña, con muebles hechos de roca acolchados con pieles de animales, varias antorchas en las paredes que iluminaban el lugar, y un órbe que emanaba luz y calor en medio. En la parte más alejada había una especie de chimenea donde ya había un fuego encendido. Tanto las gemelas como Lincoln estaban impresionados.

—Descubrí este lugar hace un par de años, bueno, en realidad peleé por él con un oso avispa.— comentó. —Pensé que no era mucho, así que decidí modificarla un poco. Podemos pasar la noche aquí, comer algo y planera nuestra ruta para llegar más rápido.

Moon observó el lugar con detenimiento, Cedric definitivamente había hecho un muy buen trabajo acomodándolo para las necesidades de una persona. Había un par de sofás cerca del órbe, la pelirroja de cabello corto se sentó y dejó salir un suspiro al sentir sus piernas descansar. Pronto su gemela se le unió, después Lincoln. No sabían que estaban demasiado necesitados de un descanso.

Cedric por su parte prefirió sentarse en la mesa para revisar el mapa. La buena noticia era que iban a medio camino, solo unos cuantos kilómetros más y llegarían a su destino; si se apresuraban y no había contratiempos llegarían en un día más.

Su alivio pronto se vio opacado por un sentimiento de preocupación al mirar lo que les esperaba en el siguiente tramo del camino: había que cruzar un pantano. No habría mucho problema, pero ese pantano era habitado por una serpiente gigante; Cedric podía combatir gigantes de piedra con relativa facilidad, pero...

—Oye, Cedric.— habló el peliblanco, quien se sentó junto al guerrero.

—¿Q-Qué sucede?— respondió el aludido, tratando de reponerse de la sorpresa.

—¿Qué tanto nos falta para llegar a la siguiente ciudad?

Cedric trató de buscar las palabras correctas para responder, pero su mente no dejaba de pensar en el pantano, en la horrible experiencia que tuvo hace...

—Vamos a la mitad del camino.— respondió el guerrero. —Deberíamos llegar en un día más, pero más adelante hay una encrucijada; debemos buscar el mejor camino para llegar al otro lado.

Lincoln miró el mapa, notando que todo lo que había en el camino era un gran pantano; no parecía nada difícil, solo debían cruzar y...

—Si estás pensando que solo debemos cruzar el pantano déjame decirte que es más complicado que eso.— respondió el guerrero sin siquiera mirarlo, su voz sonaba muy neutral, sin mucho animo.

Lincoln levantó una ceja, no solo por la sorpresa de que el rubio adivinó su pensamiento, sino por su respuesta. —¿Por qué?

Con un suspiro, Cedric respondió. —En este pantano hay al menos tres caminos posibles: Caminar por estrecho que cruza a través de éste, rodear, y utilizar un túnel subterráneo.

Lincoln lo pensó por un momento, la respuesta más simple parecía ser cruzar a través de este, pero algo le decía que había un pero con cada opción.

—Hay algo malo en cada camino, ¿verdad?

Cedric asintió. —El camino que cruza a través del pantano es el camino más rápido pero es demasiado peligroso. Ese pantano despide un gas que es venenoso, y dependiendo de la resistencia de tu cuerpo puede causar desde alucinaciones o incluso intoxicarte hasta la muerte. Además, existen reportes de una serpiente que habita ahí; son pocos los que han sobrevivido para contarlo, pero aseguran que es más grande que una embarcación y es capaz de engullir a un pelotón de soldados de un solo bocado.

Eso último hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo del peliblanco.

—Si rodeamos nos tardaremos más, esto se traduce en más tiempo en el que esos sucios goblins pueden hacer de las suyas con la pobre gente del pueblo.

—Eso nos deja con el túnel como nuestra única opción.— comentó Lincoln.

—Así es.

—Pero supongo que debe de haber un pero, ¿O me equivoco?— preguntó el peliblanco.

—Nadie ha dado pruebas de su existencia, muchos dicen que es parte de una historia y que no es real. Otros dicen que lo han encontrado, pero cuando llevan testigos para demostrar que no mienten da la casualidad que no está.

Esto dejó pensando a Lincoln por un momento, tal parecía que realmente no tenían opciones; sabía que Cedric no quería ir por el primer camino, pero si querían llegar a tiempo a su destino...

—Debemos ir por el estrecho.— dijo Lincoln con resignación.

—Me temo que no tenemos opción.— respondió Cedric.

A pesar de que Lincoln no sabía tanto como Cedric, comprendía que el guerrero sentía cierto nivel de responsabilidad por llevarlos a ellos; sabía que Cedric se sentía responsable por su seguridad y la de las gemelas, y a pesar de que no le gustaba, él era quien más sabía acerca de los alrededores. No tenía más opción que escucharlo y tratar de no causar problemas.

Un delicioso olor los tomó desapercibidos, voltearon la mirada hacia chimenea, donde miraron a las gemelas preparando un delicioso estofado de verduras y carne; únicamente habían comido en la mañana antes de iniciar su viaje.

—Hey, ¿No tienes hambre?— preguntó Lincoln.

—Debemos comer para poder proseguir mañana.— respondió el guerrero. —Vamos, eso huele realmente bien.


Eran aproximadamente las tres de la madrugada cuando Lincoln despertó de su sueño. El peliblanco ha estado teniendo sueños raros últimamente, y estos de alguna manera tienen un común denominador: una criatura que se la pasa siguiéndolo a todas partes, no importaba que tan bien él la evitara, esa cosa podía entrar a cualquier lugar como si no tuviera cuerpo.

Esto llevaba pasando desde que llegó a este mundo, y esto le hacía pensar que de alguna manera esto tenía que ver con su destino, que esto era porque debía derrotar al demonio y acabar con esta guerra que tanto le han contado, pero con este sueño que tuvo hace unos momentos era diferente.

Estaba en casa, estaba conviviendo con sus hermanas como si nunca se hubiera ido a Japón; miraba películas con Luan, jugaba videojuegos con Lynn, modelaba prendas para Leni, ayudaba a Lola con sus compras, cosas que él solía hacer con sus hermanas antes de haberse mudado.

Pero de alguna manera esa criatura lo había seguido como a su sombra, estando siempre con él, haciéndolo sentir su pesada presencia sobre su espalda. Lo curioso era que hasta ahora no había hecho nada más que seguirlo, pero no le daba buena espina a Lincioln.

El peliblanco se levantó para estirar sus extremidades un poco, pudiendo observar la manera en la que sus compañeros dormían; Selene se veía bastante tranquila, su respiración lenta le decía que estaba en un sueño profundo. Moon por otra parte se había descobijado, tenía la boca abierta y un hilo de saliva bajaba por su mejilla. Todo eso era normal, excepto...

Cedric estaba respirando profundamente mientras sus manos apretaban la sábana, en su frente había varias gotas de sudor mientras que un semblante de angustia se formaba en su rostro. Lincoln lo miró con detenimiento, sabía que estaba teniendo una pesadilla; él no era ajeno a esto, pero tampoco sabía si era buena idea el intervenir ahora. Luego de pensarlo unos momentos decidió no hacer nada, ya le preguntaría mañana a Cedric.

Caminó hacia la chimenea y se sentó frente al fuego, notando que éste se había debilitado; la temperatura de la cueva se sentía algo baja por lo que lo alimentó con un trozo de madera. Las cosas han estado saliendo bien últimamente, excelente se atrevería a decir el peliblanco; había aprendido los básicos de los cuatro elementos y ahora mismo estaba entrenando técnicas más complicadas con Cedric, se estaba acostumbrando a la vida en ese mundo, la gente empezaba a confiar en él como el héroe y realmente comenzaba a acostumbrarse con esto de ser el héroe. Entonces, ¿Por qué se sentía tan presionado?

La gente de este mundo confiaba en él, lo cual ponía una carga gigante sobre sus hombros. No podía darse el lujo de decepcionar a nadie, ni mucho menos podía fallar.

El fuego, a pesar de haber sido alimentado, se apagó tan abruptamente que sacó al peliblanco de concentración. Lincoln rápidamente se apresuró a encenderlo una vez más, pero sin mucho éxito. Sin saber qué era lo que pasaba, decidió encender una llama sobre la palma de su mano; inspeccionó el fuego, pero no parecía...

El peliblanco sintió un escalofrío recorrer su espalda, el pelo sobre su nuca así como el vello de sus brazos se erizó al tiempo que un fuerte viento lo golpeaba por detrás. Se dio la vuelta y trató de ver con la poca iluminación que producía la flama en su mano, notando que no había nada; no había ninguna abertura por la cual pudiera ingresar el aire.

—Cedric,— llamó el peliblanco. —Eso no es gra-

Sus palabras murieron cuando alcanzó a ver al guerrero durmiendo no muy lejos de él, era imposible que hubiera sido él.

Trató de encender la chimenea una vez más, logrando hacerlo de una vez por todas. Aún desconcertado por lo que había pasado, decidió intentar meditar una vez más.

Pero había algo que lo distraía, y era esa maldita sensación de creer que había algo detrás de él; sus vellos aún estaban erizados y su corazón aún latía rápidamente. Cansado de esta situación decidió darse la vuelta y acabar con esto, al darse cuenta de que no hab-

Había algo detrás de él, era esa maldita sombra que ha estado apareciendo en sus sueños como un maldito lobo asechando a su presa.

El corazón de Lincoln latía a mil por hora, un sudor frío empezó a caer por su frente mientras sentía como si perdiera el aliento; quería moverse, quería gritar, quería levantarse y despertar a los demás, pero su cuerpo estaba petrificado. Aún con todo esto, alcanzó a articular una oración con voz temblorosa.

—¿Q-Q-Quién eres?

La sombra con forma humanoide dibujó una mueca de burla con la luz que generaba la fogata sobre lo que debía su rostro, como si el ver al albino aterrado y confundido le hiciera gracia.

—Tu.— respondió el oscuro ente con una voz modificada para que sonara como si estuvieran hablando varias personas a la vez; una combinacion de un niño, una mujer, un anciano y su propia voz que lo hizo pasar saliva. Luego de hablar, y frente a los ojos de Lincoln la sombra desapareció tan rápido como se formó, desvaneciéndose como si estuviese hecha de humo y dejando a Lincoln confundido y aterrado. El peliblanco finalmente pudo moverse, y lo primero que hizo fue sobresaltarse mientras respiraba profundamente, sintiendo que el corazón estaba por salirse de su pecho.

Se levantó lentamente, caminando con pasos temblorosos mientras encendía una vez más las antorchas que estaban en las paredes para iluminar la cueva; no quería ningún rincón sin iluminar.

¿Que debo hacer? se preguntó mientras intentaba calmarse. Miró una vez más a donde dormían sus compañeros, notando que estaban todavía dormidos como si nada. Una vez su ritmo cardiaco disminuyó procedió a sentarse en la mesa. Debía buscar la razón de por qué estaba teniendo esas pesadillas, y por qué había tenido esa alucinación; no podía ser real, no era posible que lo que fuera que lo atormentaba hubiera salido de sus sueños. Pero entonces recordó que estaba en una especie de mundo mágico, en donde no sabía si los límites de la física y la realidad de su mundo aplicaban.

No podía volver a dormir, luego de lo que acababa de pasar se sentía como si el sueño de los próximos diez años se hubiera esfumado. Caminó hacia la entrada de la cueva y removió la puerta de piedra que la bloqueaba, una vez afuera le echó un vistazo al cielo nocturno; la luna estaba en su punto más alto, lo que significaba que aún faltaba un buen rato para que fuera hora de partir. Suspirando, regresó a la cueva y cerró la puerta detrás de él, tal vez pudiera volver a ver el mapa, solo para asegurarse de que solo hay tres caminos; quién sabe, tal vez había uno más que el rubio estaba olvidando.


Las horas pasaron hasta que el grupo finalmente abandonó el escodite de Cedric, habían despertado tan pronto el sol empezó a salir; ¿Cómo se dio cuenta el rubio de que ya era hora? Nadie sabía, pero tampoco lo cuestionaron. Lincoln decidió volver a su lugar para que no le preguntaran el por qué o desde qué hora estaba despierto; aún no sabía si era prudente contarle a alguien sobre lo que estaba pasando.

Luego de comer algo para no ir con el estómago vacío decidieron continuar su camino, y para su suerte el viento se había calmado; el camino aún estaba algo difícil por la nieve, pero usando sus poderes podían encargarse de ésta.

Para amenizar un poco el viaje, Moon se encargó de crear conversación; la pelirroja de cabello corto se la pasó contando historias de cuando ella y Selene eran pequeñas, llegando a ser regañada un par de veces por su hermana por revelar cosas personales de ella. Lincoln se unió un par de veces, contando cosas que él llegó a vivir en su niñez y hablándoles de sus diez hermanas; al principio no le creyeron que tuviera tantas, pero Lincoln les contó detalles acerca de cada una. Les parecía increíble que alguien fuera a tener tantos hijos.

Cedric, por su parte, prefirió mantenerse al margen de la conversación, limitándose a escuchar y hacer uno que otro cometnario. Honestamente no tenía nada que contar, pero ese no era el único motivo: la verdad es que le daba algo de envidia escuchar como las gemelas y Lincoln pudieron vivir su vida mientras que él...

Trató de no pensar en eso, en su lugar trató de mentalizarse para lo que estaba por enfrentar; aún cuando alardea de ser el mejor guerrero, aún con todo el entrenamiento al que fue sometido, sabía que ese pantano, y sobre todo esa maldita serpiente representaban una enorme amenaza para él, y encima tenía que cuidar a las gemelas y Lincoln...la verdad es que no tenía idea de cómo iba a lograr cruzar y salir ileso.

Un sonido proveniente de unos matorrales llamó su atención. Cedric se detuvo y volteó directo a la fuente, poniéndose a la defensiva. Moon, Selene y Lincoln hicieron lo mismo, tratando de anticipar lo que fuera que pudiera salir de ahí.

De los matorrales salió un hombre, confundiendo un poco al grupo. El hombre vestía un abrigo que parecía ser hecho de piel color café, al igual que sus pantalones y botas.

—¡Identifícate!— ordenó Cedric con firmeza, encendiendo sus manos en fuego y amenazando con lanzar ua llamarada hacia él.

—No he venido a pelear,— comentó el hombre, sin retroceder un solo paso; su voz sonaba firme y su mirada estoica chocaba con la de Cedric, quien tampoco estaba dispuesto a dar un paso atrás.

El fuego en las manos de Cedric creció, parecía que estaba por lanzarse contra el hombre y...

—¡Papi!— una voz infantil se escuchó, desconcertando a los presentes. De los matorrales por donde había salido el hombre salió corriendo una pequeña niña que se colocó frente al hombre. La pequeña parecía tener unos diez años, su pelo era color castaño y sus ojos eran púrpuras. Usaba un abrigo parecido al de las gemelas.

—¡No salgas, Amy!— una voz femenina más madura se escuchó, y detrás de el hombre y la niña salió una mujer de cabello negro y ojos púrpuras que usaba un abrigo de piel blanco con pantalón y botas negros.

Esto dejó confundidos a todos, pensaban que esta zona estaba deshabitada, además que se prohibió a los viajeros circular por ahí debido a una creciente ola de ataques de bestias, por lo que ver a personas, y más con niños, era sumamente raro.

—Por favor, no nos hagan nada...— imploró la mujer, quien abrazó al hombre.

Cedric inmediatamente entendió, eran una pareja y esa niña era su hija. Apagó el fuego que emanaba de sus manos, pero no bajó la guardia. —¿Quiénes son ustedes?

—Mi nombre es Reed, ella es mi esposa Sarabi, y ella es nuestra hija, Amy.— respondió el hombre.

La niña miraba al grupo con una combinación de miedo y curiosidad, especialmente a Cedric.

Cedric por su parte se mantenía firme, aún cuando había una niña con ellos, no bajaba su guardia para nada; había algo que no le gustaba...

—No queremos pelear, solo queremos cruzar el pantano,— comentó Sarabi. —Teníamos un guía, pero un par de mantícoras nos atacó, y él murió tratando de protegiéndonos.

Tanto las gemelas como Lincoln abrieron los ojos y palidecieron al escuchar eso, pero Cedric se mantuvo serio.

—¿Hacia dónde se dirigían?— preguntó Lincoln.

—Nos dirigimos hacia Hayser, escuché que la demanda de trabajo allá es alta, por lo que pensamos mudarnos para buscar una mejor vida.— respondió Rul.

Moon se acercó a Cedric, quien no le quitaba la mirada de encima a la pareja. —Cedric,— susurró cerca de su oído. —¿No crees que deberíamos ayudarlos?

—No puedo darme el lujo de echarme más responsabilidad encima; ya tengo suficiente con ustedes y...

—¿A qué te refieres con nosotros?— le respondió la pelirroja. —¿Crees que no podemos cuidarnos solos?

Cedric se dió cuenta que la había cagado. —N-No, solo es que...

—No eres el único guerrero aquí, ¿sabes?— recalcó Moon. —Tanto yo como mi hermana somos casi tan buenas como tú. Además, Lincoln ha progresado bastante con su entrenamiento, estoy segura que...

—Sí, ya entendí.— interrumpió el rubio. —Se que son capaces, pero al ser yo el único que conoce más allá de las afueras de la ciudad es mi responsabilidad llevarlos sanos y salvos hacia nuestro destino y...

Por la mente del guerrero pasó el recuerdo de lo que lo acongojaba ayer. Recordó que había decidido guiarlos por el estrecho del pantano; aún con los riesgos, no se podía dar el lujo de tardar más tiempo en llegar.

Pero con la inclusión de la familia que se habían encontrado sus planes habían cambiado. No podía guiarlos por un camino tan peligroso si los acompañaba una niña. Aún cuando sabía que esto interfería con su misión, no podía dejarlos solos a su suerte, a la merced de las bestias que rondaban en el bosque.

Cedric suspiró y bajó la cabeza. —Está bien...— le respondió a Moon. —No tenemos más opción.

Con una sonrisa, Moon se acercó hacia la pareja. —Nosotros nos dirijimos hacia Antalya, la cual queda de paso camino hacia Hayser. Podemos guiarlos hasta allá, al menos así saldrán del bosque sin correr peligro.

—¿De verdad harían eso por nosotros?— pregutnó la mujer, recibiendo una respuesta positivad de parte de Moon. —¡Muchas gracias de verdad!

Tanto la mujer como el hombre se inclinaron ligeramente frente al grupo a manera de referencia. —Prometemos no ser una molestia, muchas gracias por ayudarnos.

—¡Gracias!— la pequeña corrió a abrazar a Moon, quien se sorprendió en un principio pero correspondió al abrazo.

Cedric, quien no podía dejar de repetir en su cabeza que esto era mala idea, suspiró antes de volver a dirigirse a la familia. —Escuchen, nuestro plan original era cruzar por el estrecho, pero dado que ahora una niña viaja con nosotros no tenemos más opción que rodear.

—Lamentamos profundamente el haber cambiado sus planes.— se disculpó el hombre.

—No importa, pero tendremos que darnos prisa si queremos llegar a tiempo.

El grupo se hacía más grande, lo cual no le gustaba a Cedric para nada. Moon trató de hablar con él, asegurándole que podían ayudar a esas personas y llegar a tiempo a Antalya a completar su misión; aún cuando Cedric quería creerle, también sabía que ella no conocía el pantano como él lo hacía. Solo le quedaba esperar que, por asares del destino tuviera razón.

Pasaron algunas horas caminando, en las cuales Moon, Selene y Lincoln hicieron platica con la pareja y la niña, al parecer no habían tenido mucha suerte debido a que han tenido que viajar de ciudad en ciudad huyendo de la guerra; el pueblo en donde habían estado viviendo por tantos años fue invadido y quemado al negarse a colaborar con el enemigo. Ellos tuvieron suerte de escapar con vida, mientras que otros sucumbieron en el intento de recuperar su libertad. Otros que lograron escapar fueron rastreados y cazados. ¿Como lograron escapar ellos? Ral logró cubrir sus huellas con éxito.

Cedric trataba de concentrarse en su estrategia, quería cruzar lo más rápido posible y...

Algo lo sacaba de concentración. Algo lo estaba mirando. No, alguien.

—¿Tienes alguna preugunta?— inquirió el guerrero.

La pequeña Amy se sonrojó al haber sido descubierta. —Yo, ahm...— no pudo responder.

—Amy, no molestes al caballero.— la regañó su madre.

—No se preocupen, no es ninguna molestia.— les aseguró Cedric, quien volteó hacia la pequeña con una expresión amable. —Si tienes alguna pregunta siéntete libre de hablar.

La niña sonrió, sintiéndose salvada. —La chica pelirroja de allá dice que eres realmente bueno.— dijo la niña mientras señalaba discretamente hacia Moon. Cedric se sonrojó ligeramente al escuchar eso.

—Bueno, ¿qué puedo decir? yo creo que es verdad.— respondió el guerrero con algo de pena. Nunca negaba cuando alguien elogiaba sus habilidades, pero cuando lo hacía esta pequeña con tanta inocencia no podía evitar sentirse algo avergonzado. Desvió la mirada para evirar que lo vieran.

—Si es verdad, entonces ¿tú puedes enseñarme a defenderme, cierto?— preguntó con suma emoción Amy.

Cedric se quedó sin palabras, puesto que no tenía una respuesta preparada. Sabía que no podía entrenarla, no porque no quisiera, sino que ellos iban a diferentes destinos, y no creía poder enseñarle aunque sea lo básico en tan poco tiempo. Ni siquiera sabía si la pequeña podía usar su poder mágico.

Sabía que la respuesta la iba a desilusionar, pero era mejor eso a mentirle y hacerlo peor.

—A decir verdad...— intentó decir el guerrero, pero se detuvo al ver la cara de la niña; veía ilusión y emoción, de cierta manera le recordaba a él mismo cuando le dijeron que estaba destinado a ser el héroe.

Supiró para sacarse esos pensamientos. No se sentía con ganas de recordar.

—No puedo entrenarte ya que no tenemos tiempo,— responidó el rubio, mirando cómo la sonrisa de la niña desaparecía de su rostro. —Pero te puedo dar consejos para que mejores.

Esto le levantó los ánimos a Amy. —¡De acuerdo!


Lincoln miraba cómo las gemelas conversaban con la pareja, mientras que la niña hablaba con Cedric acerca de técnicas de pelea. La verdad era que disfrutaba del ambiente, se sentía muy bien tener un momento de tranquilidad, sin tener que lidiar con la presión de ser el héroe o de la guerra que inevitablemente se acercaba a casa.

Pero esa tranquilidad era pasajera. Había empezado a tener una sensación, un maldito sentimiento de intranquilidad que le molestaba desde hace un rato. No podía explicarlo, se sentía como si alguien lo estuviera vigiando, como si unos ojos penetraran a través de él directo hacia su alma, alimentándose de su inquietud. Disimuladamente volteaba a todos lados en busca de lo que fuera que lo estuviera observando pero no lograba encontrar nada.

No era tonto, sabía que debía tratarse de la maldita sombra, ese ente que lo asustó en la madrugada. No podía probarlo, sabía que solo era su palabra, pero estaba cien por ciento seguro de eso.

Trataba de sacarlo de su mente para no llamar la atención o al menos ignorarlo, pero le resultaba muy difícil.

Lincoln trató de sacarse esa idea de la mente. Trataba de prestar atención a la conversación que las gemelas tenían con Reed y Sarabi, trataba de prestar atención al camino, incluso trataba de pensar en la última canción que había escuchado, pero por mas que lo intentara era imposible.

—¿Yuki?

Lincoln salió de sus pensamientos abruptamente. —¿Ah?

El peliblanco miró a su amiga de pelo largo mirándolo fijamente.

—¿Te sucede algo?— preguntó Selene.

Lincoln no quería decirle nada, al menos no todavía. —N-No, Selene, no me pasa nada...

Pero Selene sabía que estaba mintiendo. ¿Intuición o suerte? No lo sabía.

La pelirroja se le quedó mirando por un rato, en espera de que Lincoln le dijera la verdad. Lincoln, por su parte, estaba demasiado ocupado mirando al suelo sin prestar atención al camino. Selene sabía que algo estaba pasando con él, había estado actuando raro desde la madrugada.

Selene se dio cuenta cuando lo miró levantado frente a la chimenea, se veía aterrado; miraba con miedo frente a él, como si algo monstruoso que solo él podía ver estuviera presente. Pero ella no lograba ver nada.

Esperaba que Lincoln le contara, pero parecía que él prefería guardárselo para él.

Decidió no presionarlo más. En su lugar, esperaría a que él se sietna listo para decírselo.

De pronto, un molesto olor se empezó a sentir entre el grupo. Todos se taparon la naríz para evitar respirar el repugnante olor, todos menos Cedric, quien parecía no estar afectado en absoluto.

—Hemos llegado.— comentó el guerrero.

El grupo estaba frente a una frondosa pared de arbustos, ya podían imaginar lo que les esperaba del otro lado. Cedric inhaló aire, sosteniéndolo un momento para después soltarlo. Se sentía nervioso, pero sabía que no había de otra.

—Iré primero.— comentó. El rubio dio unos cuantos pasos atrás, y después corrió hasta cruzar del otro lado. Los demás lo miraron, pensando con indecisión quién de ellos sería el siguiente. Lincoln suspiró, sabiendo que nadie más iba a hacerlo. Caminó hacia el frente e hizo lo mismo que Cedric. Al peliblanco le siguió Reed, después Moon, luego fueron Sarabi con Amy tomada de la mano, y por último fue Selene.

La peliroja estaba por cruzar sin mucho interes, pero de la nada se detuvo mientras miraba directo al arbusto con sus ojos abiertos completamente. Selene sintió cómo sus piernas empezaban a fallar, haciéndola doblegarse hasta caer de rodillas. Su visión empezó a ponerse borrosa, veía cómo una especie de aura oscura nublaba su campo de visión con cada latido de su corazón. Respirar le costaba trabajo, sentía que estaba muriendo.

De la nada, todo esto desapareció. Tomó una bocanada de aire al tiempo que se ponía de pie y miraba a su alrededor como si esperara ver algo o a alguien, pero estaba completamente sola.

—N-No puede ser...— dijo para sí misma, mirando hacia el suelo con incredulidad. —No puede ser que ya estoy llegando a... creí que me quedaba más tiempo...

Sacudió su cabeza y suspiró, limpiando la nieve de su ropa. —Tengo que hablar con Moon...— seguido de esto cruzó los arbustos para reunirse con sus compañeros.