Luego de que todos cruzaron la pared de arbustos, se encontraron con una vista que jamás pensaon mirar: nada estaba cubierta de nieve, el follaje verde bañaba todo lo que se alcanzaba a ver. Además de eso, un fuerte aroma a metano llegó hasta ellos, haciendolos cubrirse la nariz inmediatamente.
—¿D-De dónde viene ese olor?— se quejó Moon, sosteniendo su mano sobre su abdomen y sintiendo cómo el desayuno estaba por volver a salir.
—Esto es el pantano.— respondió Cedric. —Para ponerlo en palabras simples, algunos componentes en el agua descomponen la materia orgánica dentro del ésta, haciendo que los gases resultantes se eleven y causen ese aroma tan horrible.
—Entiendo eso, pero...— decía la pelirroja, quien sentía que estaba empezando a desmayarse por aguantar la respiración. —De haber sabido que el lugar olía tan horrible habría traido algo para...
—¿Respirar bien?— preguntó Cedric, quien dejaba su mochila en el suelo para depués abrirla. De una bolsa sacó una especie de máscaras que cubrían desde el cuello hasta la nariz. —Tranquila, esta no es la primera vez que...— hizo una pequeña pausa mientras miraba la mochila de forma seia. —Que vengo aquí.
Cedric ofreció una máscara a Moon, quien la tomó inmediatamente y se la colocó. Una vez puesta, la pelirroja dio una bocanada de aire, este no olía a nada, se sentía totalmente limpio. Cedric sonrió.
—Le pedí a la matriarca que me empacara algunas. Le dije que sólamente ibamos a ocupar cuatro, pero por alguna razón me empacó cuatro extra.— El guerrero mencionaba mientra daba una máscara a los demás que faltaban. Finalmente él se colocó una.
—Nunca había visto un lugar como este,— mencionó Selene, mirando a su alrededor. El pantano era enteramente de color verde, pero no era un verde lleno de vida como el que daba color a las plantas, éste se veía tóxico, como si cada planta e incluso el agua del lugar fuera venenosa. —Ni siquiera sabía que existía hasta que me dijiste de él...
Lincoln la miró, no creyendo que ni ella ni su hermana supieran lo que era un pantano. El peliblanco se preguntó si ni ella ni Moon habían salido alguna vez de la aldea.
—Tal vez necesitan salir mas.
—Si no me equivoco, fuera de algunas excepciones, nadie en el pueblo tenía permitido salir de los límites del bosque.
Cedric se puso a pensar un poco sobre esto. Sabía que había una regla que decía que nadie tenía permitido alejarse mucho del pueblo o adentrarse tanto en el bosque; las criaturas que habitaban podían comer humanos muy fácilmente. Pero por alguna razón la matriarca nunca estuvo en contra de que él lo hiciera. Él estaba al tanto de que ella lo conocía perfectamente, ella sabía que él estaba más que capacitado para defenderse, pero aún así le parecía raro.
—Este no es como los pantanos de mi mundo...— murmuró Lincoln, siendo escuchado por Cedric.
—¿A qué te refieres?— preguntó el rubio. —¿Cómo son allá?
—No huelen tan mal como éste, al menos no la mayoría.— sonrió Lincoln. —Y lo más peligroso que tienen son lagartos que pueden arrancarte una extremidad si no tienes cuidado.
Cedric rio un poco también. —Preferiría mil veces que fuera un lagarto lo que habíta aquí.— dijo en un tono un poco más lújubre.
Amy miraba con curiosidad una misteriosa flor no muy lejos de ahí. La flor tenía el tamaño apoximado de una rosa; tenía cinco pétalos rojos, los cuales tenían estructuras blancas en forma de dientes en el contorno. La pequeña niña jugaba con la flor felizmente sin ninguna preocupación, picando el centro con su dedo mientras reía inocentemente. En un momento, la flor alineó sus dientes hacia arriba mientras cerraba los pétalos tan rápido como una trampa para ratas, en espera de atrapar el insecto que se posaba sobre ella. Amy alcanzó a quitar su dedo, quedando apenas a unos milímetros de la peligrosa flor; la niña la miró por un momento, y después rió como si nada.
Cedric miró el lugar, encontrándose con dos de los tres caminos que tenían previstos. El estrecho que cruzaba el pantano estaba a unos cuantos metros. Cedric sentía una gran ansiedad al mirarlo, estaba intranquilo; aún cuando sabía del peligro que corrían al utilizar el estrecho, aún cuando detestaba este lugar en sí, no había de otra.
Luego estaba el segundo camino. Cedric sabía que el pantano era un lugar grande, pero no recordaba que desapareciera a la vista. Esto le iba a tomar más tiempo del que pensó.
—Bien, Ced,— dijo Moon, quien se acercó a él.
—¿Qué sucede?
—¿Qué vamos a hacer ahora que estamos en el pantano?
Cedric suspiró. —Ya lo dije, no tenemos más opción que rodear; el usar el estrecho es demasiado peligroso para la pequeña.
Moon sonrió. —No sabía que fueras tan bueno con los niños.
Ante esto, Cedric se sonrojó ligeramente. —E-Es sentido común, es imperativo cuidar a los niños.
Moon sabía que no estaba siendo completamente honesto, pero lo dejó pasar.
—Bueno, será mejor que comencemos a caminar. No tenemos tiempo que perder.— comentó el rubio con voz clara para hacerse oir. Los demás asintieron y comenzaron a caminar detras de él.
El camino, muy para sorpresa de todos, estaba calmado, lo cual preocupaba de sobremanera a Cedric. Los demás parecían no haber notado nada malo con esto, muy por el contrario se alegraban que no hubieran problemas. Pero Cedric estaba muy incómodo, él sabía que el pantano era una zona muy impredecible; esta zona no se regía por ninguna regla, cada planta y cada cosa en ese lugar estaba viva: desde la más grande planta, hasta la mas pequeña de las rocas. Eso era lo que decían las leyendas, y durante mucho tiempo él creía que no eran mas que tonterías.
Si supiera la manera en la que se iba a tragar sus palabras habría permanecido callado.
Era solo un chico de diecisiete años con la vil mentira de que estaba destinado para la grandeza aún quemada y tan ardiente como siempre en su cabeza. Pensaba que era invencible, pensaba que todas las creaturas salvajes no eran más que basura cuyo único uso era para que él mejorara sus habilidades. No tenía miedo a nada, era el guerrero destinado a salvar el mundo después de todo.
Pero cuando llegó a ese pantano recibió la más dolorosa cachetada que la realidad le pudo haber dado.
Fue con uno de sus únicos amigos, un chico llamado Volk de su misma edad que estaba casi a su nivel, pero aun así no lograba superarlo. Cedric se llevaba muy bien con él porque era el único que le daba competencia en pelea, pero aún así el era ligeramente superior a él. Además de que compartían gusto por varias cosas, él fue uno de sus primeros amigos cuando llegó al pueblo.
Cedric le insistió en ir al pantano en busca de ese pasadizo secreto. Las leyendas decían que existía, y que guardaba algo valioso dentro, pero nadie ha logrado probar su existencia. Cedric y Volk querían ser los primeros en hacerlo, sabían que la matriarca no los dejaría ir ahí, por lo que fueron con la excusa de que irían a visitar a la familia de Volk; llegar ahí iba a tomarles más de un día, por lo que era la excusa perfecta.
Llegar no fue difícil, solo se encontraron con algunos monstruos como mantícoras, dragones terrestres, y varias especies de osos, pero nada que no pudieran manejar. Una vez en el lugar, empezaron a mover la tierra, arrojando grandes rocas hacia el agua en busca de alguna compuerta secreta, quemando plantas para liberar espacios e incluso matando algunos insectos que intentaron defenderse. No encontraron nada, lo cual los molestó y empezaron a desquitar su enojo con el lugar.
Las plantas intentaron defenderse, pero ellos las derrotaron fácilmente con fuego. Monstruos hechos de roca trataron de detenerlos, pero ellos acabaron con estos con facilidad. Pensaban que nada en ese lugar representaba un peligro, jactándose de su habilidad para superar lo que ese estúpido lugar les quisiera arrojar. Pero esto sólo duró hasta que empezaro a ver cómo el agua empezaba a agitarse.
Se lo tomaron a la ligera, pensando que no era nada para preocuparse. Estaban por arrojar otra roca grande al agua, cuando ambos sintieron un dolor punzante en el tobillo, al voltear a mirar se dieron cuenta que dos especies de lianas los había picado con una clase de aguijón. Tan pronto como voltearon su vista hacia la roca que intentaban levantar, se dieron cuenta que esta ya no se movía. Intentaron moverla de nuevo, pero esta permaneció igual, sin moverse un solo milímetro. Trataron de generar fuego, de mover el agua, de lanzar una ráfaga de aire, pero nada sucedía. Habían perdido sus poderes.
Sintieron como el miedo los empezaba a invadir, una sensación que jamas pensaron que volverían a sentir. Querían huir, pero sus piernas no respondían. Miraban como del agua turbulenta que se sacudía violentamente se empezaba a calmar. Cuando la superficie dejó de moverse, miraron como una especie de serpiente asomaba algo que parecía ser su cabeza. No era tan grande, apenas y llegaba al tamaño de una boa común y corriente. Esto los tranquilizó un poco, aunque no tenían magia, todavía podían huir y hacer tiempo para que lo que les inyectó esa cosa perdiera el efecto.
La serpiente los miraba fijamente, sus ojos negros penetraban sus almas como espadas; se sentían incómodos, pero no se sentían realmente en peligro.
Fue entonces que la serpiente se volvió a sumergir. Tanto Cedric como Volk se sintieron aliviados, ahora todo lo que tenían que hacer era darse la vuelta y...
Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando escucharon el agua agitarse una vez más. Esperaban ver a la misma serpiente, pero en su lugar salió un momnstruo gigantesco con forma de serpiente: su color era oscuro como las noches sin luna, tenía una especie de aletas que sobresalían a cada lado de su cabeza, una más que se extendía desde el inicio de su cuello hasta el resto de su cuerpo, su cara estaba confirmada por tres ojos blancos protegidos por membranas que se cerraban y abrían de manera horizontal, una boca con decenas de colmillos delgados pero afiladísimos y un cuerno curvado hacia afuera sobre la nariz. Ambos miraron con una mezcla de impresión y miedo, observando cómo soltaba un chorro de agua por un hoyo encima de su cabeza. Durante unos instantes tanto los chicos como la bestia se quedaron sin hacer nada, simplemente mirándose entre sí en espera de que algo sucediera.
Finalmente se rompió el silencio cuando la bestia soltó un sonoro rugido, mostrando su lengua oscura que consistía en siete segmentos con forma de tentáculos; uno de esos segmentos se veía igual a la serpiente que miraron hace unos momentos.
Ambos retrocedieron unos pasos, sintiendo que sus piernas empezaban a temblar de terror. Volk se dio la vuelta y trató de huir del pantano por donde entraron, pero se dueron cuenta que había una especie de bloqueo que impedía el paso. Trató de hacer paso con una llamarada, pero al ver que no sucedia nada recordó que aquella cosa que los picó les había quitado sus poderes.
Cedric solo retrocedía mientras esperaba a ver qué iba a hacer la bestia, sin saber qué hacer él en esta situación; por primera vez en su vida no sabía cómo iba a salir vivo de esta. Como pocas veces en su vida se había sentido, estaba muerto del miedo.
La bestia se empezó a erguir como una vívora a punto de tirar una mordida, revelando más de su monstruoso cuerpo. Cedric presentía que algo estba por pasar, por lo que con un grito, se hizo hacia un lado. La serpiente disparó un poderoso chorro de agua a presión, impactando el suelo con tal fuerza que dejó una profunda marca. Tan pronto se recuperaron, ambos chicos comenzaron a correr por sus vidas.
La serpiente siguió con sus grotescos ojos blancos a los guerreros, esperando el momento indicado para realizar su segundo ataque. Cedric en ningún momento miró hacia atrás, sabía que si lo hacía se volvería a paralizar del miedo. Escuchó una vez más ese ensonrdecedor rugido agudo, y supo que la serpiente estaba por realizar otro ataque.
Con mas miedo que antes, Cedric sobrepasó a Volk y lo dejó varios metros atrás. Sentía su corazón en la garganta y las piernas empezaban a arder; cuando tienes magia para ayudarte, realmente no te preocupas mucho por algunos aspectos, y en el caso de Cedric, ese aspecto descuidado era su resistencia. ¿Por qué correr cuando podía dar grandes saltos sobre los árboles o incluso volar?
Sentía su stamina decaer con cada paso, pero sabía que si se detenía iba a ser su fin. No tenía idea de cómo Volk...
Algo hizo clic en la mente de Cedric. Miró hacia atrás, y a la distancia miró a su amigo corriendo con cierta dificultad por el cansancio. El pobre chico de cabello castaño se había quedado sin combustible; su cara estaba roja y su lengua de fuera dejaba ver lo falto de aliento que estaba. Desafortunadamente tropezó con una raíz que sobresalía del suelo, Cedric lo miraba en espera de que se recuperara, pero Volk no hizo ademán de levantarse. Cedric lo miró, su pecho subía y bajaba rápidamente mientras luchaba por recuperar el aliento, y entonces miró a la bestia, la cual había dejado de centrar su atención en él y se volteó hacia su amigo.
Con un segundo aire que no supo de donde salió, Cedric ignoró el ardor de sus piernas y el dolor punzante en su abdomen para ir hacia donde se encontraba su amigo.
Pero no lo logró. Una planta lo sostenía por el tobillo e intentaba arrastrarlo hacia atrás. Cedric intentaba desesperadamente zafarse, trataba de sacar una ráfaga de fuego, un corte de aire, trataba de mover el agua o aplastarla con alguna roca, y aunque su magia estaba regresando, ésta era demasiado débil como para hacer algo.
—¡CEDRIC!— escuchó a su amigo llamarlo. Volteó a verlo, y miró cómo la serpiente descansaba su cabeza al nivel del suelo con la boca abierta. La lengua en forma de serpiente salió arrastrándose por el suelo con dirección a Volk, quien sólo podía arrastrarse hacia atrás en un desesperado intento de escapar.
Cedric intentó entrar en el estado Jiin, pero estaba tan cansado y sin energía que no lo conseguía. Con desesperación extendió su brazo hacia donde se encontraba su amigo, tratando desesperadamente de llegar hasta él de alguna manera. Miró como esa maldita cosa se enrredaba en el cuerpo de su amigo, miró cómo la serpiente volvía hacia la boca del monstruo mientras Volk forcejeaba para escapar.
—¡VOLK!— gritó el rubio con impotencia. La serpiente lo metió adentro de su boca como si de una uva se tratase, se erguió una vez más y se sumergió. Cedric presenció todo, dejó de forcejear y cerró los ojos, ya no importándole que la planta lo seguía arrastrando hacia un matorral donde había una flor gigante en el suelo.
Abrió los ojos, y estos se habían tornado morados como el aura que lo rodeaba. Lanzó una llamarada hacia la liana que lo sostenía, chamuscandola y logrando liberarse. Se levantó lo más rápido que pudo y corrió hacia el agua. Se quedó unos segundos ahí, mirando directo hacia el pantano e intentando idear alguna manera de hacer salir a ese monstruo. Un brillo blanco lo envolvió, y lanzó un poderoso trueno hacia el agua; el ataque duró algunos segundos, y finalmente se detuvo cuando empezó a sentir su brazo entero arder. Esperó unos segundos más, y volvió a hacer lo mismo, esta vez soportando el ardor y manteniendo el ataque por más tiempo.
Cuando se detuvo volvió a esperar. Para su desgracia, lo único que llegó hasta la superficie fueron algunos peces muertos. Al ver que esa cosa no salía decidió dejarse de juegos, se quitó la playera y se metió al agua. Pasó cerca de un minuto cuando Cedric salió del agua, arrastrándose por la orilla y acostándose en el suelo. Su cuerpo ardía como si le hubiera caido agua hirbiendo encima, de no ser que logró generar una burbuja de aire sobre su cabeza probablemente se hubiera quemado el rostro.
Trató de deicrse a sí mismo que esto no estaba pasando. Intentaba desesperadamente convencerse que su mejor amigo no había muerto por culpa suya, pero simplemente no podía. Sintiendo cómo las lágrimas empezaban a salir por sus ojos, empezó a llorar.
—¿Cedric?
El rubio sintió cómo alguien lo tomaba del hombro, trayéndolo de vuelta al presente luego de ese doloroso paseo en el pasado. No lo había notado, pero su rostro reflejaba una profunda tristeza, y por su mejilla derecha bajaba una lagrima.
Rápidametne la secó y volteó a ver quien lo llamaba, era Lincoln, quien lo veía con preocupación.
—¿Estás bien?— preguntó el peliblanco, su voz denotaba genuina preocupación.
El rubio lo miró por un momento, no pudiendo evitar encontrar un ligero parecido entre él y Volk. Cedric rió en su interior, sintiendo cómo si esto fuera una jugada del destino para molestarlo aún más; no solo le hacía revivir un doloroso recuerdo, sino que ahora trataba de hace que el peliblanco le cayera bien. No se había olvidado quen era el peliblanco, y aún cuando sus papeles los forzaban a pasar tiempo juntos y esto hacía que empezara a caerle mejor, no se olvidaba lo que su llegada a este mundo significó para él, todo lo que se le quitó a él para darselo al forastero. Aún cuando no le caía tan mal como antes, aún cuando genuinamente empesaba a sentir como un sentimiento de amistad crecía dentro de él, no lo llegaba a ver como un verdadero amigo.
Eso quería creer, aún cuando cada vez le costaba más.
—No es nada, no te preocupes.— respondió, volteando de vuelta hacia en frente. No quería que le empezaran a cuestionar sobre eso y no quería hablar.
Lincoln dejó que el guerrero se adelantara, mirandolo con preocupación. Sabía que algo estaba pasando, y seguramente tenía que ver con esa pesadilla que tuvo la noche anterior. Pensó en preguntar qué sucedía, pero supuso que recibiría una respuesta similar.
Suspiró, sintiéndose derrotado. Desde que llegó había intentado de todo para hacer amigos en este mundo; quería demostrarle a todos lo que valía no por ser el héroe, sino por lo que era capaz de hacer. En la aldea donde se despertó habia hecho varios amigos y había obtenido el apoyo de algunos de sus detractores, de quienes no creyeron en él cuando fue elegido. Algunos de ellos dejaron a Cedric para seguirlo a él, y pensaba que eso tenía algo que ver.
Sentía que era injusto que solo por el hecho de haber sido destinado a algo, por un hecho que estaba fuera de su control, no pudieran ser amigos. Sabía que ganarse al guerrero iba a ser difícil, intentó explicarle que no era su culpa el haber sido elegido, le dijo que si pudiera le daría el puesto a él, pero no parecía surtir efecto con alguien tan obstinado como Cedric. Decidió dejar de intetnar, pero no se iba a dar por vencido.
Es por eso que decidió centrarse al cien por ciento en su entrenamiento, para demostrarle a Cedric que no por ser el elegido tenía todo en bandeja de plata. Se iba a ganar su lugar como el guerrero de la leyenda costase lo que le costase.
Suspiró, y decidió centrarse en su camino por ahora.
—No lo tomes personal, Lincoln.— Moon, quien hace unos momentos hablaba de forma seria con su hermana, se acercó hacia el peliblanco con su típica actitud comprensiva. —Se que puede ser difícil lidiar con él, pero tienes que entender que ha pasado por mucho.
—Imagino que sí,— respondió Lincoln. —Se que esta enojado por todo esto del héroe y...
—No solo por eso.
Lincoln levantó una ceja. Claramente había algo de lo que no estaba al tanto. —¿A qué te refieres?
Moon suspiró. —Escucha, no puedo decirtelo porque eso no me corresponde; es algo demasiado privado, y le corresponde a él decirtelo, pero de todos los que vivimos en la aldea, un número muy escaso de gente sabemos lo que él ha pasado. Dale tiempo, estoy segura que eventualmente cederá y se abrirá contigo.
Ambos miraron a Cedric, quien seguía al frente del grupo con su mirada hacia el camino.
—Aunque puede que no sea pronto.
Lincoln suspiró. Sabía que algo le pasaba, pero también sabía que no podía presionarlo.
—Está bien.
Moon sonrió, satisfecha de haberle dado aunque sea algo de consuelo al peliblanco. Ella sabía de las cosas que había vivido Cedric; ella conocía su pasado, y eso era algo que el guerrero se reservaba mucho para él. Desde que se conocieron, y desde que entablaron una relación de amor-odio un tanto extraña, ella había llegado a comprenderlo, había visto ese lado de él que nadie más conocía (además de la chica pelirroja que vivía en el bosque y que no le había sido formalmente presentada a ella fuera de unas cuantas interacciones).
Ella lo escuchaba cuando él tenía problemas, ella era el hombro en el que él podía recargar su cabeza (no lloraba, y a ella le preocupaba que se guardara toda esa tristeza para él). Nadie más sabía de esto, aunque su hermana empezaba a sospechar algo, y no dudaba que la chica del bosque tambien sospechara algo.
Era una manera de ayudarlo a liberarse de, aunque sea, un poco de esa carga emocional tan fuerte que sentía alrededor de él.
Esto era un secreto que ella ocultaba de todos (menos de su hermana, claro). Ella podía ver las emociones de los demás como un aura de luz que los rodeaba. Era una habilidad con la que había nacido, y una que utilizaba para ayudar a los demás.
Este mismo don, además de otros, fue lo que la metió en problemas a ella y a su hermana en su antiguo pueblo.
Amy estaba por preguntar algo a Cedric, pero de la nada el grupo escuchó algo moviéndose entre la malesa que rodeaba el camino. Lincoln, Moon y Selene se pusieron en posición defensiva, mientras que Cedric se había detenido por completo, tensando su cuerpo mientras miraba hacia la nada con los ojos totalmente abiertos.
Algo se movía desde la maleza.
No.
Lo que se movía era la maleza.
Lianas gigantes empezaron a salir por entre los arbustos, reptando como serpientes y levantándose frente a ellos y moviéndose ligeramente de atrás hacia adelante como cobras amenazando con atacar. Los segundos pasaron como horas, las gemelas y Lincoln esperaban a que las lianas hicieran el primer movimiento, la pareja protegía a su hija, Raal tomando una pequeña daga oculta en su bota; encendió la daga con fuego usando su poder. Sarabi tomó un poco de agua que guardaba en una botella y envolvió sus manos con esta, volviendola hielo y formando unas garras afiladas.
Cedric no salía de su impresión, no era posible, esto no podía estar pasando. Pensó que luego de todos estos años finalmente podía regresar, pero el pantano aún se acordaba de él.
—Retrocedan.— se limitó a decir en voz baja, su voz temblorosa denotaba lo perturbado que estaba. El grupo empezó a caminar lentamente hacia atrás, sin dejar de mirar las plantas que los amenazaban. Cuando estaban a una distancia considerable, observaron como más lianas empezaban a aglomerarse con las primeras, formando una especie de pared que les cortaba el paso.
—¿Q-Qué es...eso?— preguntó Moon, asombrada por lo que acababa de pasar.
—El patano no nos dejará pasar por ahí.— respondió Cedric, su voz sonaba un poco más calmada.
—P-Pero eso no tiene sentido, ¿Cómo va el pantano a cortarnos el paso?— preguntó Lincoln, totalmente sorprendido por lo que acababa de pasar.
—Este pantano lo hace.— se limitó a responder. —Todo este lugar está vivo, y por alguna razón no nos deja pasar.
—¿No podemos utilizar nuestros poderes para abrirnos paso? No creo que...
—¡NO!— sentenció Cedric, sin decir una sola palabra más. Moon estaba por comentar algo, pero entonces vio a los ojos al rubio; su mirada no denotaba ira o enojo, denotaba terror profundo, parecía como su hubiera presenciado un asesinato. Decidió no replicar.
—Pero si no podemos rodear, eso significa que...— comenzó a decir Selene, quien no pudo completar la frase.
—Tendremos que pasar por el estrecho.— completó la frase Sarabi, compartiendo una mirada descorazonadora con el resto del grupo mientras que su esposo comfortaba a su hija.
Se quedaron en silencio por unos momentos, tratando de analizar las opciones que tenían a la mano. Aún les quedaba la opción del túnel, pero de nuevo, no podían localizarlo.
—No perdamos tiempo, andando.— sentenció Cedric, abriéndose camino entre el grupo y empezando a regresar por donde vinieron. Pronto el grupo empezó a caminar también, siguiéndole el paso hacia ese maldito estrecho.
El grupo estaba al pie del único camino que les quedaba, tenían miedo, sabían que este camino era el más peligroso, sabían que nada les garantizaba el sobrevivir, pero no tenían otra opción.
Cedric lideraba el grupo desde que llegaron al pantano, y en este caso no era la excepción. Al pie del estrecho había una especie de arco de piedra de gran tamaño que tenía algunas marcas en el borde interior, dando a pensar que antes había puertas que custodiaban la entrada. En una de las bases del arco había una inscripción descorazonadora.
No hay vuelta atrás.
Cedric había escuchado decenas de leyendas, las cuales sonaban tan fantásticas que dejaban mal parado a cualquier cuento infantil. Una de esas historias hablaba de esto. Jamás creyó que llegaría a confirmar esta leyenda, y jamás pensó que sería en esta situación tan desafortunada, en la que tenía tanta gente a su cuidado.
Y podía ser peor, pero prefería no invocar la mala suerte; ya tenía suficiente con la suya. Nadie dijo ni hizo nada por un momento, solo admiraban la entrada del camino con una mezcla de terror e incertidumbre.
Selene, quien se encontraba hasta atrás, no podía evitar tener la sensación que algo los observaba; llevaba sintiendo eso desde que entraron, pero supuso que solo se trataba de algún animal en este mismo bosque.
Pero a medida que pasaban los segundos, sentía como esa mirada sobre ellos se volvía más pesada. Era tan inquietante que se separó un momento del grupo para voltear hacia atrás, tratando de ubicar qué era lo que los observaba con tanto detenimiento. No miró nada, pero aún tenía esa sensación.
—¿Selene?
La aludida volteó, mirando que Lincoln había notado su ausencia. —¿Q-Qué sucede?
—Podría preguntarte lo mismo.— respondió el peliblanco. —Tú también lo sientes, ¿verdad?
Selene soltó un suspiro. —Así que es esto lo que has estado sintiendo desde la magrugada...
Lincoln abrió los ojos con sorpresa, al parecer lo habían descubierto. —Uhm, n-no. Esto se siente diferente.
Selene asintió, mirando una vez más a su alrededor en un intento de ubicar de donde los observaban. Le sorprendía que nadie más se haya dado cuenta.
Selene estaba por volver con el grupo, cuando escuchó el sonido de un arbusto moviéndose, como si algo oculto se hubiera movido.
Algo, o alguien.
Sin pensarlo, Selene lanzó un ataque de fuego directo de donde vino el sonido. Todos volearon a ver que había pasado.
—¡¿Pero qué hiciste?!— cuestionó Cedric, su voz sonaba completamelte alterada. Selene estaba por replicar, pero entonces miró como ahora todo el arbusto se empezaba a mover. Una flor gigante color rojo que se encontraba en el suelo no muy lejos de ellos empezó a elevarse, revelando que por debajo tenía una especie de tallo que se asemejaba a un cuello. La flor sacó una especie de dientes de sus pétalos, apuntándolos directo al grupo.
El monstruo movía su cabeza con movimiento circulares como si estuvierea anlizando al grupo, nadie de ellos no podía hacer nada más que mirar. Luego de unos segundos se detuvo, apuntando directo a Cedric.
—¡TU!— gritó con una voz ronca y profunda que les heló la sangre a todos, especialmente al rubio. Pronto lianas empezaron a salir de la tierra e intentaron arremeter contra el grupo.
Lincoln utilizó una ráfaga de aire para desviarlas, pero estas volvieron a atacar inmediatamente. Selene ayudó a desviarlas para evitar que los alcanzaran. Pronto se escuchó a alguien lanzar un ataque de fuego, voltearon a ver y miraron a Moon defenderse de otro tipo de lianas; estas se arrastraban en el suelo como serpientes, y terminaban en puntas afiladas con las que amenazaban al grupo.
Cedric miró todo esto, teniendo recuerdos de la última vez que había estado en ese lugar. Se sentía desesperado, no sabía qué hacer, debía...
—¡CEDRIC!— gritó Lincoln, haciendo reaccionar al rubio.
El aludido saltó hasta quedar en medio de todos y utilizó su mágia para crear una especie de burbuja para escudarlos del monstruo. Las lianas que salían de la tiera, así como las que se arrastraban intentaron penetrar, golpeando con fuerza el escudo y haciendo sudar al guerrero.
—¡Crucen rápido!— gritó mientras intentaba mantener su concentración. —¡No podré sostener este escudo por mucho tiempo!
La familia se apresuró a cruzar, tomándose de la mano y adentrándose sin pensarlo dos veces. Una vez con la familia asegurada, el siguiente en cruzar fue Lincoln. Al peliblanco le siguió Moon, y después de ella seguía Selene; la pelirroja estaba por cruzar, pero se detuvo al mirar hacia donde estaba Cedric; las lianas intentaban destruir el escudo a cualquier costo, y era obvio que el presumido guerrero estaba utilizando una gran cantidad de poder para mantenerlo.
Selene caminó hasta donde se encontraba Cedric, se posicionó junto a él y empezó a hacer la misma técnica del escudo para ayudarlo.
—¿Q-Qué haces?— preguntó Cedric con dificultad.
—¿Qué crees que hago, tonto? Te estoy ayudando.— respondió la pelirroja de cabello largo.
Cedric quería replicar algo, pero el cansancio le impidió hablar. Se resignó a aceptar la ayuda, sintiendo con alivio como si un peso hubiera sido quitado de sus hombros.
Poco a poco el grupo empezó a retroceder hasta la entrada, sintiendo embate tras embate del monstruo como un golpe en sus cuerpos. Al llegar al pie de la entrada, ambos se miraron a los ojos mientras asintieron. Las plantas retrocedían, claramente para dar el golpe de gracia al escudo y romperlo.
Tanto Cedric y Selene deshicieron el escudo al mismo tiempo y se lanzaron hacia atrás para cruzar la entrada; alcanzaron a ver por una fracción de segundo al monstruo rugiendo mientras las lianas se dirigían a toda velocidad hacia ellos. Meros centímetros fue lo que quedó entre ellos y las lianas antes de que estás chocaron contra una especie de campo de fuerza que les impidió cruzar.
Del otro lado el grupo los miró entrar por una especie de portal invisible, cayendo al suelo mientras respiraban profundamente. Cedric se veía cansando, mientras que Selene apenas y sudaba un par de gotas.
Lincoln y Moon se apresuraron a ayudarlos a levantarse.
—Cedric...— intentó decir Selene. —¿Qué era eso?
Cedric se apoyó en una rodilla para recuperar un poco el aliento.
—Un guardián...— respondió. —Eso era un guardián del pantano, como los guardianes de piedra del bosque.
—¡¿Por qué demonios lanzarte un ataque de fuego?!— cuestionó Moon a su gemela.
—¡P-Porque pensé que era un enemigo!— esta se defendió. —Desde que llegamos empecé a sentir como si algo nos estuviera vigilando; no lo puedo explicar, se sentía como una presencia sobre mí.
—Es cierto.— añadió Lincoln. —Yo también lo sentí. Es justo como ella lo describió, y no dije nada porque pensé que eran mis nervios.
—¿Y qué haremos ahora?— preguntó Sarabi, visiblemente preocupada. —Debemos regresar y buscar el...
—No podemos.— respondió Cedric. —¿Recuerdan la inscripción que leímos en la entrada? No podemos volver. Debemos continuar hasta salir.
La pareja y los demás se resignaron, mientras que Cedric empezaba a caminar. —No se separen, no sabemos qué clase de monstruos nos podemos encontrar. Lincoln y Selene vigilen la retaguardia, Raal y Sarabi vayan en medio y protejan a Amy. Moon y yo iremos al frente.
Moon se sonrojó ligeramente, pero afortunadamente los demás estaban demasiado preocupados para notarlo. La pelirroja de cabello corto caminó hasta donde se encontraba Cedric, mientras que Lincoln iba con Selene. Una vez designados los roles, empezaron a caminar.
A pesar de que sabía que podía confiar en los demás, Cedric no pudo evitar sentir que las cosas iban a salir mal.
Pasaron algunos minutos caminando, nadie bajaba la guardia en ningún momento; Cedric era el que iba más al pendiete, mirando de lado a lado con atención. Moon miraba hacia el frente, pero podía percibir que algo incomodaba al guerrero; ella trató de hacer memoria de todo lo que le había dicho Cedric con el paso de los años, hasta que recordó lo que le pasó a Volk; ella recordaba muy bien ese día, pues aunque aún no era muy amiga de Cedric en ese entonces, podía sentir como eso lo había afectado profundamente.
Quería recomfortar a Cedric, quería abrazarlo y decirle que todo estaba bien. Pero sabía que el guerrero no lo tomaría bien, no en la situación actual. Moon suspiró, y siguió caminando.
Raal y Sarabi estaban al pendiente de todo, iban a proteger a su hija a como diera lugar, sin importar si eso les costaba sus vidas. Luego de ver lo que pasó en el pantano, se replanteaban si fue una buena idea el haber cruzado con este grupo. No había vuelta atrás, ya no podían regresar, solo les quedaba avanzar y esperar lo mejor.
Lincoln y Selene estaban hasta atrás, vigilando las séis del grupo en busca de alguna amenaza. Dejaron de sentirse observados al entrar, pero aún tenían un mal presentimiento que crecía a medida que avanzaban. Lincoln no paraba de pensar que algo estaba por pasar; el vello de su nuca se erizaba, se sentía paranoico y no podía dejar de pensar en todos los malos escenarios en los que su viaje podía acabar.
Selene sentía algo parecido, su sentido de alerta no estaba al nivel de Lincoln, pero podía preever que algo estaba por pasar. Cuando ella notó lo intranquilo que estaba Lincoln, ella hizo lo que podía para calmarlo.
—Yuki, no te preocupes tanto,— comentó la pelirroja. —Se cómo te sientes, pero te aseguro que podremos enfrentarnos a lo que sea.
Lincoln escuchaba las palabras de su amiga, y se dio cuenta que de verdad estaba actuando de manear paranoica. Dio un respiro, tratando de calmarse un poco. —Tienes razón, Moon. No puedo evitar sentirme de esa manera, pero...
Su charla fue interrumpida cuando escucharon como algo se movía dentro del agua. Voltearon hacia la fuente del sonido, mirando que se trataba solamentede una serpiente que asomaba su cabeza fuera del agua. Tanto Lincoln como Selene, y los demás suspiraron; era normal que este tipo de serpientes vivieran dentro del agua, y aun cuando era grande podían arreglárselas si acaso la serpiente los atacaba.
Pero Cedric estaba lejos de estar calmado, sus ojos estaban totalmetne abiertos, su cuerpo se paralizó y empezó a temblar. La serpiente comenzó a observarlos, entrecerrando los ojos como si estuviera analizándolos. Al llegar a Cedric abrió los ojos completamente para después volver al agua. El grupo suspiró, pensando que se había acabado, pero entonces... "eso" salió del agua.
Una serpiente tan grande que podía enroscarse en un navío de guerra con facilidad, su piel era negra como la noche, a los lados de su cabeza habían una especie de aletas mientras que una más grande se extendía por su espalda, sus ojos se abrían y cerraban de manera horizontal, y un cuerno que apuntaba hacia afuera sobresalía de su nariz.
Todos se sorprendieron al ver semejante monstruo, mientras que Cedric no pudo hacer nada, estaba muerto de miedo, no podía moverse o siquiera decir algo. La serpiente soltó un rugido, haciendo que todo el grupo empezara a correr.
