Por la tarde, se mantuvo ocupada en la cocina. Iori llegó a las cinco y ella le abrió la puerta.
—¿Qué preparaste? Huele muy bien dijo al sentir el aroma.
Ella frunció los labios y respondió:
—Cociné sopa de pollo pensando en tu salud.
Iori curvó los labios sin darse cuenta.
—¿Cocinaste la sopa para mí? Qué linda.
Ella se sonrojó un poco.
—Ve a lavarte las manos que yo pondré la mesa.
Ella volvió a la cocina animada, mientras que Iori salió del baño y se sentó a la mesa en el comedor. Nunca había visto tantos platos juntos: pasta, ensalada casera, bistec de solomillo, pudín y sopa de pollo. Ella incluso puso un tazón de sopa frente a él y, justo cuando iba a sentarse, Iori la miró y dijo:
—Quiero un poco de vino.
—¿Qué quieres beber? ¿Debo comprarlo? -preguntó ella algo incomoda.
Él negó con la cabeza y sonrió.
—Olvídalo. Acuérdate de tener vino la próxima vez.
Ella se sentó. ¿Todavía él pretendía volver una segunda vez?
—¿Porqué me diste el dinero para salvar la compañía de mi familia?
—Puedes ir pagandome ahora.
—¿Cómo?
—Así es. Vendre a cenar a tu casa cada noche o puedes trabajar en mi compañía. Escoge una de las dos proposiciones.
—¿No te parece que eres muy manipulador? -protestó ella.
—Estoy acostumbrado. Si sientes que soy injusto te puedo dar otra opción. Puedes ir a mi casa y puedes cocinar para mí tres veces a la semana.
Ella lo miró y se cruzó de brazos, mientras que él sonrió de manera encantadora.
—Sé que tienes miedo de volver a confiar pero no me daré por vencido. En cuanto a la razón, ya debes haber adivinado: me gustas.
Ella frunció el ceño y sus brazos se tensaron. ¿Se podría decir que es una confesión?
— En los últimos veintisiete años, no había disfrutado de comida casera. siento que soy como una persona común, así que siento de corazón que comer comida casera es muy sano. Desde que nací, me han sentado a comer ante mesas enormes llena de platillos únicos. Además, había muchos sirvientes y mayordomos a mi lado.
Al escuchar sus palabras, las pupilas de ella se contrajeron de manera inconsciente. Lo miró con un poco de dolor y sintió una inexplicable lástima por él. Ella también había nacido en cuna de oro y comprendía esa sensación de soledad.
—Entonces... ¿Esta bien que vengas el viernes?
—Muy bien, el viernes entonces.
Iori tomó los tenedores y mordisqueó cada uno de ellos mientras probaba todos los platos.
—Sí, tus habilidades culinarias son bastante buenas -asintió con la cabeza.
—Pensé que no sería capaz de satisfacer tu apetito. -Después de todo, ella recordaba la última vez que él había tomado café instantáneo.
—Al principio estaba un poco preocupado, pero ya no lo estoy. Tus platos son como los de un restaurante; no, son incluso más deliciosos. ¿Estás segura de que lo has hecho tú misma? No puede ser que hayas salido a comprarlo todo por mí, ¿verdad?
—No-respondió ella y sonrio.
Él cada vez estaba más satisfecho con esta mujer, quizás hasta pensaba en mudarse y vivir con ella. Con tranquilidad tomó un sorbo de la sopa y dijo:
—Muy bien, te doy cien puntos por esta cena. Con tus habilidades culinarias, ya puedes casarte.
Ella puso los ojos en blanco y él se rio. Era muy probable que ella fuese la única en este mundo que se atreviera a poner los ojos en blanco delante de él; incluso logró que él no se enfadara.
—¿Por qué has cambiado de opinión?
—Porque no quiero agobiarme.
—¿Es por Robert? ¿Aún sigues molesta con el?
— En un principio, pensaba volver con Robert y así vengarme de él poco a poco.
— ¿Volver a estar juntos? -Iori abrió los ojos de par en par.
—Fingirlo.
—Es un plan infantil y estúpido -dijo él molesto.
Al oírlo decir eso, ella bajó la cabeza y soltó una risita.
—¿Por qué te ríes? ¿Crees que es divertido?
—Me río porque tu comentario es muy honesto.
Ella lo miró y sonrió con timidez mientras tomaba la sopa con su cuchara. Él le devolvió la mirada y le sonrió también. Ambas miradas se encontraron y un sentimiento cálido recorrió inexplicablemente el corazón de Athena mientras que Iori observó su sonrisa y no pudo evitar torcer los labios.
— ¿Cómo te relacionaste con el idiota de Robert?
— Al principio obviamente fue principalmente por su apariencia. Nadie me había tratado tan bien, y mi corazón tampoco es de acero, así que me conmovió. En ese momento, pensé que él era diferente. -Los palillos calientes pincharon con suavidad la comida en el tazón. — Además teníamos mucho en común. Hace poco se acerco a mi para que volviéramos.
— Al final, resultó que no era diferente a ti. Después de tenerte, ya no sabía cómo retenerte, ¿verdad?
Ella negó con la cabeza.
—En realidad, en este último año, siempre ha sido muy bueno conmigo. Fue tan bueno que me pregunto si mi vida será feliz después de el.. Aunque... -Exhaló un suspiro. —Tal vez sea yo el problema.
Al ver la decepción en sus ojos, Iori sintió de repente que su estado de ánimo había mejorado. Si no fuera por ese idiota que no sabía cómo apreciarla, no habría tenido la oportunidad de llevarla a la cama y ser su primer hombre. ¿El primero? aunque ella seguía siendo virgen. Levantó las cejas y la miró. No se conformaba con ser el primero, quería ser su único hombre.
—No todos los hombres son como Robert.
—¿Intentas decir que tú eres diferente a él?
—En efecto.
—¿Tu y Mai? ¿Porqué terminaron? - lo miró con tranquilidad —Entonces, ¿la querías, pero ella te fue infiel? ¿O es que... cuando la conociste, ya era la novia de Andy? - preguntó ella con un tono amable y curioso.
—¿Tienes curiosidad por este asunto? - Iori la miró fijo y su expresión era sombría.
—No, tú fuiste el que me preguntó antes por qué estaba con Robert. Creo que, como sería justo, deberías decirme también por qué te gustaba Mai. -Ella se sonrojó.
—Si crees que debes hacer alguna pregunta para estar a mano, entonces déjame hacerte otra -sugirió Iori con indiferencia; era obvio que él no le respondería.
—No es necesario. No tengo tanta curiosidad -se negó. Cuando terminó de hablar, bajó la cabeza y empezó a comer en silencio.
Él la miró durante un rato y luego dijo de repente:
—Yo la amaba.
Tras un momento de sorpresa, ella lo miró.
— ¿Qué sucedió?-preguntó.
— Ella fue la que me dejó.- Al decir esto, volvió a sujetar el tenedor y bajó la cabeza para recoger los platos. —Dijo que era un maldito controlador y que nunca debió dejar a Andy. Yo la amaba porque me hacía sentir bien y siempre buscaba la forma de hacerme feliz.
Al ver su confusión, él no pudo soportar su rabia al tener que confesar lo sucedido con su ex, porque sintió que Mai lo había manipulado al decirle que lo amaba cuando no lo era. Aunque Mai se había acercado a él no iba a volver a caer en sus juegos. Esto era en verdad vergonzoso... ¡Maldita sea!.
—Mmm... -Ella lo miró fijo. Bueno, esto significaba porque Iori no quería formalizar con ella. ¡Qué gran noticia! Él no parecía alguien que entregaría su mujer a otro.
—Cambiemos el tema. - En ese momento, fue a su habitación y trajo un regalo con una hermosa envoltura, lo colocó sobre la mesa y lo empujó hacia él.
—¿Qué es esto? -preguntó él.
— Te compre un regalo para mostrar mi agradecimiento por salvar a mi familia de la ruina, se que no te hace falta nada, y quizás te parezca algo tonto y que no está a la altura de tus gustos, pero, de todas formas, lo compré porque lo que tú hiciste por mí no lo había hecho nadie.
Al escuchar sus palabras, el alzó sus cejas. "¿Un regalo?" la curiosidad de ver su contenido hizo querer abrir el regalo pero ella, avergonzada, extendió su mano y lo detuvo.
—¿Puedes abrirlo más tarde?
—¿Porqué?
— Está bien ábrelo.
El lo abrió, y dentro de la caja había una pluma de edición limitada color negro. Lo tomó en sus manos y observó que tenía una dedicatoria tallada.
"Por siempre agradecida, Athena"
—Es lo que sentí que debería decir.. - dijo algo apenada, al verlo leer la inscripción.
Él no respondió, en cambio, colocó la pluma en el bolsillo de su camisa y preguntó:
—Gracias. Le daré uso a diario.
Athena suspiró aliviada, al menos le gustó su obsequio.
