"Mansión"


Curiosidad.

Ironía.

Misterio

Orgullo.

Furia.

Incluso, angustia.

Desde que lo conocía, Hermione estaba convencida que esas eran las principales emociones-si no las únicas- capaces de fluir de Draco Malfoy.

Sin embargo, en ese momento, acababa de añadir dos más.

Culpa.

Sí, mucho de eso desde el instante en que sus ojos se cruzaron por primera vez luego de los eventos en Malfoy Manor.

Recorrer el castillo bajo ataque para extraer el colmillo de basilisco se decía muchísimo más fácil de lo que había sido en realidad: Una completa pesadilla.

Hermione no fue consciente del tiempo que le tomó emerger desde las profundidades de Hogwarts, o del asombroso hecho de lograr escapar de las devoradoras llamas del Fyendfyre, sino hasta que fue impactada contra el piso duro y frío, afuera de la que alguna vez se conociera como la Sala de Requerimientos.

Todo a su alrededor, por un instante eterno, se tornó en imágenes borrosas. Desorientación. No saber dónde estaba el arriba y dónde se encontraba el abajo mientras trataba de que los oídos le dejaran de zumbar. Luego giró, quedando apoyada en sus brazos.

Curioso. Hasta hacerlo no se había dado cuenta que había estado boca arriba.

Entonces llegó el primer sonido reconocible además del zumbido instalado en sus oídos: Respiraciones agitadas.

Harry y Ron, fueron su primer pensamiento o, al menos, el que le dio la fuerza para superar el pasmo y alzar la cabeza.

Sin embargo, no fue a sus mejores amigos a quienes vio primero; sino a él.

Tenía el rostro con restos de ceniza, su traje negro maltrecho, el cabello rubio desordenado y los ojos enrojecidos, abiertos de par en par, fijos en ella. Tan llenos de culpa como también de…

desesperanza.

Draco Malfoy era apenas una sombra del joven mago que ella recordaba. Incluso peor del Malfoy que logró ver por momentos cruciales durante la tortura a la que fue sometida en el piso de su mansión.

No era sólo la suciedad en su ropa y piel. Estaba demasiado delgado, más pálido de lo normal y con círculos oscuros bajo sus ojos. ¿Qué demonios le podía haber sucedido para lucir así?

—No…—una voz enronquecida cortó el intercambio visual entre ellos—. No, esto no puede ser, ¡No!

Hermione apenas logró un par de parpadeos antes de localizar a Gregory Goyle elevándose en toda su altura para luego lanzarse hacia el muro llano, aporreando el lugar donde alguna vez existió una puerta.

—¡¿Cómo se abre esto?!, ¡Déjame entrar, maldita sea!, ¡Puedo salvarlo!—exigió Gregory golpeando sin descanso la pared de piedra, envuelto en un llanto inconsolable—. ¡Abre! ¡Por Merlín, abre!, ¡Déjame sacarlo! ¡Por favor, déjame sacarlo!

Hermione no supo por qué; pero cerró los ojos ante una tentativa de lágrimas asomándose.

Crabbe.

Crabbe estaba muerto, consumido por sus propias llamas y eso, pese a que ella era muy consciente de que el Slytherin había tratado de matarla, pese a que era el enemigo, le dolió.

Era lo que no se tomaba en cuenta en una guerra. La muerte no distinguía bandos, ni pureza de sangre, o edad, o pecados. Enlutaba a un lado y a otro, dejando a su paso sólo dolor, lágrimas y vacío.

—¡No!—Goyle volvió a exclamar y Hermione creyó que sus regordetas manos lograron hacer temblar la piedra.

Cinco segundos les tomó a Harry y a Ron recordar dónde estaban y con quiénes. Un respiro después empuñaron sus varitas sin dudar y Ron prácticamente arrastró a Hermione del brazo, colocándola a sus espaldas.

—¡Hasta aquí llegaste, Malfoy! ¡Arroja tu varita!—exclamó el pelirrojo.

Harry, por reflejo, apuntó a Goyle; pero cuando el enorme muchacho no se movió del muro, sino que incrementó su llanto, quebró un poco su sentido de alarma y, casi inconscientemente, bajó un poco su varita.

—¿Lo tienes, Harry?—siguió Ron sin que su amigo le respondiera.

Hermione miró a Harry al mismo tiempo que él a ella, comunicándose en silencio.

«No», pareció decirle ella junto a un movimiento de su cabeza apenas perceptible. Los ojos de Harry entonces viraron hacia Malfoy.

Lo recordaba de la mansión; pero su deterioro era incluso mayor ahora.

—Vince…—el sollozo de Goyle atrajo su atención de nuevo.

—¿Harry?—dijo Ron, mirándolo de soslayo, pero sin bajar la varita—. Harry, ¿Qué…?

—Está bien, Ron—decidió él—. No van a hacer nada.

Hermione casi suspiró de alivio.

—¿Que no van a…?, ¿Te golpeaste la cabeza al salir de ese infierno, Harry, o qué diablos?, ¡Son Malfoy y Goyle!

—Ron, por favor, escucha…—trató de intervenir Hermione; pero él le impidió salir de lo que consideraba su escudo.

—No sé ni quiero saber qué diablos están pensando ustedes dos; pero de entrada les aseguro que están locos. ¡Malfoy y Goyle! Merlín… ¿Qué no harán nada?, ¡Si por ellos fuera ya estaríamos rostizados ahí adentro!

Cuando ninguno de los dos pudo refutar; pero al mismo tiempo no dieron señal alguna de ponerse de su lado ni entender la necesidad de neutralizar a los Slytherins, Ron bufó.

—¿Saben qué?, al diablo, ¡Después me darán las gracias!, ¡Diffin…!

—¡Ron, no!

—¡Hermione!!—exclamaron él y Harry a la vez, pues la muchacha se había lanzado a sujetar la mano de Ron en el último momento, desviando el curso de su hechizo al techo para luego enfrentar a su amigo, varita en mano.

—Hermione, ¡¿Perdiste la cabeza?!

—¡No; pero al parecer tú sí!. ¿"Diffindo", Ron?, ¡¿Tienes idea de lo que puede causar en una persona?!

El pelirrojo lució culpable por un segundo.

—¡Pues es apenas un poco de lo que merecen!—afirmó luego—, ¿Crees que ellos no harían lo mismo si pudieran? ¡Estamos en guerra, por todos los cielos!

—¡Y, ¿No te parece que ya ha muerto mucha gente por la misma maldita guerra?!—rebatió Hermione—. ¡Aunque sea sólo por cinco minutos, esto debe parar!

Ron boqueó, incrédulo y las orejas se le pusieron del color de su cabello.

—¡¿Te volviste loca?!, ¡Los estás defendiendo cuando ellos intentaron matarte!

Hermione se mordió el labio para no hablar de más y sus ojos captaron a Draco poniéndose de pie a poca distancia suya. Sus miradas conectaron por un par de segundos. Él pareció preguntarle lo mismo que Ron.

¿Perdiste la cabeza?

Tal vez sí.

No, lo más seguro era que sí lo había hecho. O tal vez todos habían enloquecido antes y ella era la única cuerda. Porque podía culpar al momento, al miedo o a cualquier cosa para convencerse de que no había visto lo que vió: A Crabbe lanzando la maldición asesina hacia ella y a Draco soltando un brote de magia tan preciso y rápido que logró que la luz verde no le impactara.

Así que respiró hondo, reafirmando su decisión.

—No voy a ver morir a nadie más si es que puedo evitarlo. No me importa quien sea, ¡no lo voy a permitir!—decretó.

Ron lució listo para arrancarse los cabellos de la pura frustración.

—¡Harry, dile algo!, ¡está siendo completamente estúpida!

Y eso pareció sacar a Harry de su trance.

—Hermione no es estúpida, Ron. Jamás lo ha sido y jamás lo será—dijo y luego miró a Malfoy, quien, más que aliviado, parecía afrontado—. Tienen dos minutos para largarse.

—¡¿QUÉ?! ¡No puedes hablar en serio, Harry! ¡Es Malfoy, por amor de Merlín! ¡MALFOY!

—¡Y no lo saqué de las llamas sólo para lanzarle un Avada después!

Hermione no pudo frenar la sonrisa que le provocó saber que, pese a todo, Harry aún era capaz de discernir entre lo necesario y los excesos.

Giró entonces hacia Draco, sintiendo como si de pronto tuviera muchas cosas que decirle; pero ni la más mínima idea de cómo hacerlo, o de cómo recuperar la voz, para empezar.

Así que sólo miró rápido a Goyle y luego a él de regreso antes de vocalizar: "Vete".

Draco tembló en su sitio. Ron lo interpretó como una muestra de soberbia, así que bufó. Harry lo interpretó como incredulidad, y sólo por precaución gesticuló con la varita, haciendo énfasis en echarlos de ese pasillo.

"Vete", repitió Hermione y, esta vez, el heredero Malfoy reaccionó.

Sus ojos grises viajaron de los ojos de ella hasta el antebrazo que Bellatrix había marcado, para luego volver a su rostro y darle una mirada de reconocimiento.

Entonces asintió una vez.

No era gratitud. Tal vez respeto. Quizá un hasta luego o tal vez un "Ten cuidado". Lo cierto es que no pudo articular palabra y sólo esperó que Granger no lo interpretara como algo negativo. Luego tomó a Goyle del hombro y lo forzó a andar algunos pasos antes de desaparecer con él.

—¡Genial, Hermione, excelente trabajo!—Ron explotó—. No sólo dejaste escapar a mortífagos, aparte de asesinos, sino que ahora ellos saben lo que estamos haciendo, ¡Saben de los Horrocruxes!, ¿A quién crees que le van a dar la información? ¡Acabas de vender a Harry por un estúpido sentido de moral que claramente esos dos no tienen!

Hermione se quitó un par de lágrimas del rostro y volvió a respirar antes de girar hacia sus amigos. Al menos Harry lucía incómodo y no enojado.

Ron en cambio…

—Bueno, ¿Es que ni siquiera te vas a disculpar?

Ella le fulminó con la mirada.

—Escúchame y escúchame muy bien, Ronald Weasley—dijo—. ¡No he peleado los últimos meses ni he pasado por lo que tuve que pasar, para que ahora creas tener el derecho de reprocharme absolutamente nada!

El cabello de Hermione echaba chispas y, aunque su arrebato hizo que tanto Ron como Harry respingaran, El Elegido, muy estratégicamente, se hizo a un lado al reconocer que el enojo de su amiga iba únicamente dirigido al pelirrojo.

—D-Dejaste escapar a Malfoy, él… él trató de matarte, Hermione, no puedes en serio estar aquí defendiéndolo, ¡Por favor, eres mi novia, por una vez ponte de mi lado!

—Como es usual, tienes ojos y no ves. O mejor: ves lo que quieres ver, como conmigo y con Harry.

Ron lució avergonzado al entender claramente la referencia a la ilusión del horrocrux en el bosque y de sus irreflexivos celos de los últimos meses.

—E-Eso no es…

—¡A callar!

Harry dio otro paso al costado casi sin darse cuenta. De pronto, cazar horrocruxes, ser perseguido por carroñeros o incluso enfrentar a Voldemort parecía un paseo por el parque.

—No fue Malfoy el que intentó matarme, ¡Fue Crabbe! ¡Crabbe, quien muy probablemente ahora es un montón de cenizas, por si todavía no entra en esa cabeza dura tuya, Ronald!

Luego giró hacia Harry, quien se puso rígido como tabla.

—Sin la diadema, sólo queda la serpiente. Tenemos el colmillo.

—C-Creo que lo difícil será encontrarla.

—Bueno, andando entonces.

—P-Pero…

—Andando, Harry.

—Hermione, ¿En serio no vas a…?—intentó Ron; pero ella lo silenció de inmediato.

—Si vas a abrir la boca para decir cualquier cosa que no tenga que ver con acabar con este maldito día de una vez, ahórratelo.

Entonces comenzó a avanzar; pero repentinamente se detuvo y giró de nuevo. Ron, que apenas estaba recobrándose, tragó pesado.

—Y por cierto, sólo si necesita aclaración: No soy tu novia, Ronald. No recuerdo que me lo pidieras y tampoco recuerdo haber aceptado nada, ¿Queda claro? Perfecto. Ahora, andando.

Y con eso giró por última vez y siguió su camino.

—¿Por qué las mujeres son tan complicadas, Harry?—suspiró Ron.

Su amigo le dio una palmada amistosa en el hombro.

—Espero seguir vivo mañana para averiguarlo.

Luego ambos siguieron a su amiga, agradeciendo porque, en el camino, su cabello volviera medianamente a la normalidad.


Entretanto, Draco los apareció a él y a Goyle en la sala común de Slytherin creyendo que estarían momentáneamente a salvo.

No obstante, apenas tuvo un poco de tiempo para recobrar el aliento cuando, de repente, su inmenso compinche de toda la vida lo empujó con fuerza contra uno de los sofás.

—¡¿Qué has hecho?!—fue su duro reclamo.

Draco se quedó quieto por el doble impacto. En primera, Goyle jamás se había atrevido ni siquiera a empujarlo en son de broma; pero ahí estaba, literalmente encima de él y, más impactante aún, con los ojos llenos de lágrimas y el rostro colorado por gritar.

—¡Nos traicionaste, Malfoy, a todos!, ¡pensé que sabías lo que hacías; pero nos usaste!—le gritó—. ¡Nos usaste y nos traicionaste allá! ¡Y todo por una sangre sucia!

Draco perdió todo color en el rostro y lo miró, desencajado.

—Oh, sí, lo vi. Crabbe iba a quitar a Granger del medio de una vez y para siempre, ¡Y tú lo desviaste! ¡Le diste oportunidad a la comadreja para que ataque, y ahora Crabbe está muerto!, ¡Mataste a mi mejor amigo para salvar a una inmunda mugre sucia!, ¡¿Cómo has podido?!

—Yo… yo no lo…

—¡ARGH!—. Goyle le propinó un severo puñetazo en el estómago que dejó a Draco sin aire.

Un segundo puñetazo fue asestado contra su costado y Draco estuvo seguro de que le había roto una costilla, mínimo. Sin embargo, pese al dolor y a la falta de aire que comenzaba a nublar su vista, no pudo evitar pensar en lo irónico que resultaba todo. Tanto tiempo temiendo terminar entre las fauces de Nagini, o preso de horrendas torturas bajo la varita del Señor Oscuro, para acabar ahí, muerto a golpes por Gregory Goyle.

Quizá desear que fuera rápido sería demasiada recompensa para él.

Pero, lo había intentado, ¿Cierto?

No tenía salvación; pero en medio de todo, intentó hacer algo por sus amigos en cuanto supo que el Lord se dirigía al colegio.

Lo juraba, esa fue su intención al aparecerse en Hogwarts. Encontrar a Granger no fue planeado, así como tampoco planeó encontrar primero a Crabbe y Goyle en su camino en lugar de Blaise, Theo o Pansy y, de hecho, estuvo a punto de mandarlos de paseo hasta que Crabbe dijo saber dónde estaba Potter.

Lo siguiente no lo pensó. Ni Crabbe ni Goyle tenían intención de sentarse a discutir diferencias con el condenado Elegido, ellos estaban sedientos de gloria y reconocimiento, como él en sexto año. Emboscarían a Potter, y muy posiblemente junto a él caerían Weasley y Granger.

Imaginarla pasando por algo similar o peor de lo que le sucedió en su mansión le hizo sentir náuseas.

Entonces se descubrió siguiendo a sus antiguos guardaespaldas, incluso tomando el liderazgo de la misión autoimpuesta de los otros dos.

Para encontrarlos primero.

Para encontrarla primero y evitar más desgracias.

El resto, lo que sucedió en esa infernal sala, fueron decisiones en cadena que tuvo que tomar en cosa de segundos. Francamente, dudaba que hubiera hecho lo mismo si la varita de Crabbe hubiera sido dirigida a Weasley; pero no… él tenía que tomar a Granger como objetivo.

Draco no pudo permitirlo.

No pudo simplemente no hacer nada dos veces. Y no se arrepentía. Fuera porque, por una vez, había hecho lo correcto o porque no quería llegar al final de su vida –que en ese momento era cuestión de segundos– sintiéndose un cobarde.

No se arrepentía.

Granger estaba a salvo por ahora, él había hecho lo que había podido. La pérdida de Crabbe sería un pecado más por el que debería pagar; pero ella estaba bien. Tal vez, si al final de todo ese desastre, su bando ganaba, ella sería la única que no festejaría su muerte ni escupiría sobre su tumba, tal vez incluso dejaría flores de vez en cuando.

Salazar, qué patético era encontrar algo de consuelo en semejante imagen.

«Apresúrate, ¿Quieres?», quiso decirle a Goyle y casi sonrió al ver el puño del corpulento mago alzarse con toda la intención de estrellarse contra su cara.

Dolió. Mucho.

Sin embargo, apenas dos segundos antes de que perdiera la consciencia, otra voz detuvo todo.

—¡Petrificus totalus!

Goyle cayó a un costado, completamente rígido.

«¿Y ya?», pensó Draco, decepcionado.

Luego, poco pudo hacer cuando dos fuertes manos lo tomaron de la túnica, forzándolo a sentarse. Su visión nubosa no le fue útil para reconocer a la persona; pero su voz se le hizo familiar.

¿Estaría muerto?, él y esa persona, de hecho.

Sí. Lo más probable era que los dos estuvieran bien muertos. ¿No era un alivio? No sabía que su amigo tuviera tantos pecados como para compartir el mismo infierno que él; pero no se iba a quejar por la compañía.

—¡Maldición, Draco, mírame! ¡Enfoca!

Él lo intentó; pero no por desearlo de verdad. Más bien, su mente parecía estar sometida al Imperius. Tiempo después reconocería la sensación como la que se tiene frente una posible muerte. Los seres humanos eran así, después de todo. Podían sentir el dolor más terrible, el cansancio más extenuante; pero aún así ser capaces de aferrarse a una línea de vida, por efímera o débil que fuera.

—¡No te muevas de aquí, ¿oíste?!

Una vez más su cuerpo obedeció pese a que su embotada mente se dijo al mismo tiempo que ese era el pedido más estúpido que alguien pudiera hacerle.

¿Adónde se supone que iría? Ni siquiera sabía si estaba sentado o de pie. No sentía nada y, si fuera lo contrario, estaba seguro que, de intentarlo, se iría de bruces al suelo o que la mente le explotaría o que lo haría su corazón si es que sus pulmones no se les adelantaban.

Sólo entonces, cuando el ingreso de aire le hizo sentir como si la misma Nagini estuviera enroscándose en su cuerpo, se dio cuenta que estaba teniendo serios problemas para respirar.

—Merlín. ¡un poco más, Draco, aguanta!—oyó de pronto y la sombra de antes reapareció frente a él—. Okay, no soy experto en esto, ¿De acuerdo? Va a doler y mucho, tú sólo aguanta.

«¿Aguantar qué?», pensó Draco cuando de pronto sintió como si lo apuñalaran en el costado para luego sentir cómo la sensación de opresión terminaba, permitiéndole respirar de nuevo.

—¡Ya está! ¡Ya pasó!, intenta respirar lento. Vamos, Draco…—siguió diciendo la voz, ayudándolo a enderezarse mientras él convertía sus intentos de respirar en una tos convulsiva—. Con cuidado, no tan rápido.

Con la llegada del vital oxígeno, la mente se le fue aclarando y, aunque al dar su primer respiro completo volvió a dolerle, agradeció el hecho de poder volver a sentir más dominio sobre su cuerpo.

Sólo entonces logró reconocer a Blaise.

—Anda, bebe esto—indicó él, acercando un vial a sus labios, ayudándole para que la poción resbalara por su garganta. Draco sintió la magia obrando casi al instante, dándole mejor apariencia a lo que hasta entonces había sido piel magullada sobre su abdomen pálido, visible gracias a tener su camisa rota—. ¿Te sientes mejor?

Draco esperó un poco y luego asintió.

—¿Seguro?—dijo Blaise. El rubio se tocó la garganta, así que, adivinando la causa, el moreno transfiguró el vial en un vaso y lo llenó con agua—. Ten.

Draco lo aceptó sin chistar; pero masculló de dolor cuando intentó mover su mandíbula.

—Espera.

El dolor fue lacerante en cuanto su amigo lo tocó.

—Carajo, como mínimo hay fisura. Puedo arreglarlo si quieres; pero va a doler.

Intentar hablar sólo lo empeoraría, además no era como si Draco tuviera más opción. Estaba vivo, ¿No? No iba a andar por ahí con la mandíbula fracturada. De modo que no tuvo más remedio que gesticular con las manos, indicándole a Blaise que hiciera lo que tuviera que hacer.

—Entonces, a la de tres, ¿De acuerdo?—Blaise le apuntó la varita al rostro—. ¿Listo?

Draco asintió con la cabeza.

—Aquí vamos. Uno… ¡Episkey!

Un "crack" después, el grito del rubio llenó la sala común.

—¡Por la mierda!, ¡Carajo, Blaise!

—Dos y tres—. Draco le miró como para matarlo—. ¿Qué? Anticipar el dolor sólo lo magnifica.

—¡No me digas!—se quejó Draco, mascullando un improperio después.

—Theo debe tener algo de salvia para moretones en su baúl. La habría traído; pero lo vital era la otra poción y, tú entiendes, no tenías mucho tiempo antes de perder la consciencia, además dudo que Madame Pomfrey esté de turno, considerando las circunstancias—dijo Blaise, alcanzándole el vaso con agua, Draco lo recibió un poco a disgusto mientras gesticulaba con la mandíbula para verificar que todo estuviera en su sitio.

Luego dio un par de sorbos.

—¿Mejor?

—Sí, gracias.

Blaise parpadeó, perplejo; pero Draco no lo notó y continuó.

—¿Qué viniste a hacer a la sala común?, ¿Y por qué estás solo? Creí que Theo y Pansy estarían...

El castillo entero retumbó en ese momento, orillando a ambos magos a ponerse en guardia.

—Maldita sea, no pararán hasta destrozarlo todo—masculló Draco con los ojos fijos en los muros de la estancia, los cuales presentaban pequeñas grietas que, de seguro no estaban ahí antes.

Eso; sin embargo, hizo que Blaise sacara conclusiones apresuradas y que, por reflejo, dirigiera el curso de su varita al rubio.

—¡¿Qué diablos, Blaise?!

—Sin ofender; pero quiero cerciorarme de quién eres antes de decir una sola palabra más.

—¡¿Acaso estás ciego o de qué demonios estás hablando?!, ¡Soy yo!

—¡Pruébalo!

—¿Qué?

—Dije que lo probaras. ¡Estamos en guerra y en este momento no confío ni en mi sombra!, así que prueba que eres Draco Malfoy o…

—¡¿Y cómo diablos voy a probarte eso?!, ¡Soy yo! Lanza un finite si quieres, ¡Yo qué sé!

—Astuto; pero no suficiente. Un finite no terminaría con el efecto de una multijugos, por ejemplo.

—Oh, y ahora eres experto, ¿No? ¿Además de dónde carajos crees que sacaría multijugos? No he tenido precisamente un mes de vacaciones en la Riviera francesa, ¿Sabes?—ironizó Draco, pasándose la mano entre su cabello—. Ya tuve suficiente—masculló después, frustrado—. ¿Quieres atacarme? ¿Lanzarme un Avada? ¿Atarme al sofá? ¡Adelante!, ¡Estoy harto de esta mierda!

Blaise le miró con cautela. El exabrupto, eso lo habría esperado de Draco ya que él siempre había tendido al dramatismo; pero la resignación a ser atacado no. Así que, si no era un impostor, algo más serio que la golpiza de Goyle le había tenido que pasar para lucir y actuar así.

—N-No… ¿No vas a defenderte?—preguntó.

—¿Me ves apuntando la varita?

Blaise bajó un poco la suya, tratando de pensar en una forma de estar seguro y librarse de sus sospechas.

—¿Qué había en eso que dejaste la última vez que nos viste a Theo y a mí?

—¿Qué?

—Dejaste algo para alguien con nosotros la última vez que estuviste en el castillo. ¿Qué fue y para quién era?

Draco exhaló largamente.

—En serio, Blaise, ¿No pudiste preguntar eso en lugar de apuntarme con la varita primero?

—¡Actúo sobre la marcha! ¡y ya respóndeme!

—Salazar, dame paciencia—dijo él, mirándole con cansancio después—. Fue un saco de galeones para Pansy.

Blaise entonces bajó por completo la varita.

—¿Feliz?

—La poción debió estar caduca—murmuró el moreno—. ¿Por qué no te sientas? Creo que puedes tener una conmoción.

—¿De qué hablas ahora? No tengo nada, estoy bien.

—Sí, sí, repítetelo, pero siéntate, anda, no seas terco—dijo Blaise obligándolo a volver al sofá—. Eso es, iré a ver qué más tiene Theo en su baúl, ¡No te vayas a dormir!

—Blaise, gracias; pero en serio, estoy-bien.

—Claramente no. Hace un rato me diste las gracias, y ahora lo volviste a hacer, ¡eso no es muy Malfoy de tu parte! Además no tienes pinta de estar bien. Voy al dormitorio y vuelvo.

—Tal vez no sea más un Malfoy.

Eso detuvo a Blaise con más fuerza que un petrificus.

—¿Cómo dices?

Draco, que había dicho eso sin pensar ya no tuvo la energía de retractarse.

—Es lo que sucederá en cuanto mis padres sepan lo que ocurrió hoy—dijo, poniéndose de pie.

Blaise entonces miró a Goyle, petrificado en el suelo. Todo debía estar relacionado y, de seguro, era mucho más complicado que el mero hecho de que Goyle hubiera perdido los estribos únicamente porque Draco le colmara la paciencia.

—¿Qué pasó?

Silencio. Draco sólo apretó los labios. El dolor había sido un gran distractor; pero ahora los recuerdos estaban más frescos que nunca.

—Draco, ¿Qué pasó?

¿Qué más daba? Al final del día, ganara quien ganara, todo se sabría. Goyle de seguro no se iba a quedar callado. ¿Qué más daba que Blaise lo supiera ahora?

Exhaló hondo.

—Crabbe está muerto.

El moreno parpadeó, incrédulo.

—Perdona, ¿Qué?

—Trató de… él…

—¿Tuviste algo que ver en esto?

—¡No, yo…! yo…—musitó Draco y su nivel de ansiedad se disparó, haciendo que se pusiera de pie y caminara hacia la chimenea, incapaz de decir lo que había pasado teniendo la escudriñadora mirada de Blaise encima.

Cobarde hasta el final, ¿eh?

Cerró los ojos.

—Estábamos en la Sala de Requerimientos. Crabbe conjuró un Fyendfire que no pudo controlar. Nosotros… él intentaba matar a Potter, lo intentó primero con Granger; pero…

—Ya. Imagino que lo impediste.

Draco giró a verle, sorprendido. Blaise sólo se encogió de hombros.

—Pansy nos dijo.

—¿P-Pansy?, ¿Qué dijo Pansy? Ella no…

—Corta el rollo, Draco. Todos sabemos de tu relación extraña con Granger—interrumpió Blaise—. Bueno, no todos, Theo y yo. Y Goyle ahora, supongo. Los petrificus no provocan sordera, ¿Cierto? No lo sabría, nunca me petrificaron antes, y…

—¡Blaise!

—El punto es que ya sabemos. Y no te enojes con Pansy, es más bien tu culpa por prácticamente escribirle tu testamento en la carta.

—¿Se atrevieron a leerla?—acusó Draco.

—Sólo yo—admitió Blaise—. Y no pude, así que, felicidades, resulta que eres muy bueno en encantamientos.

Draco achinó la mirada

—Qué cara. No preguntamos por entrometidos ni Pansy habló por chismosa. Ella pensó que estabas en problemas y quiso contactar contigo, nosotros no entendimos la urgencia hasta que nos explicó lo que había sucedido entre tú y Granger. Para entonces, gracias a Lovegood, Theo estaba al tanto de lo que sucedió en tu mansión con Potter y sus amigos.

De pronto, todo el enojo de Draco volvió a sumirse en la culpa y tuvo que levantar los muros en su mente ante el recuerdo de los gritos de Granger forzando su entrada.

—Entonces, volviendo a tu heroica intervención para salvar a Granger de Crabbe…

—No me llames héroe—le cortó Draco—. Soy todo menos uno. En especial para ella.

Ambos magos se sostuvieron la mirada y, en ese momento, Blaise sintió que comenzaba a respetar sinceramente a su amigo rubio, ya que, por asombroso que fuera, no estaba justificando sus actos, o tratando de poner excusas para deslindarse de la responsabilidad.

—Según sé, no sería la primera vez que la salvas, y eso, en el entendimiento común, te hace heroico, ¿No crees?

—¿Y tú qué sabes?

—Quinto año. Granger estaba grave en la enfermería. Pansy dijo que si salió de eso, fue por ti.

—Pansy pudo estar desvariando.

—Oh, entonces eso no pasó o, en todo caso, fue meramente accidental, igual que lo de hoy.

—Blaise…—intentó advertir Draco; pero él lo ignoró.

—Y seguro hiciste algo también en la mansión cuando la hirieron—continuó él—. Por accidente, por supuesto. Qué importa que sea cierto lo que dicen: Que una vez es casualidad, dos, una coincidencia; pero que tres es…

—¡¿Cuál es el punto en todo esto?!—exclamó Draco—. ¿Qué es lo que quieres de mí Blaise?, ¿Que admita lo que para ti es un hecho?, ¿Que admita que soy un traidor y al mismo tiempo un cobarde? ¡BIEN! Lo admito, ¿Y sabes qué más?

Blaise apenas logró unir dos sílabas juntas cuando Draco apuntó su varita hacia Goyle.

—¡Finite incantatem! Ahí lo tienes, ¡ahora los dos pueden llamarme traidor!

Goyle brincó como un resorte mientras cogía aire por la boca, desorientado por un momento, para luego arrastrarse hasta donde estaba Blaise y después quedar a la mitad de ambos Slytherins, probablemente al recordar que había sido Blaise quien lo hechizó primero.

—¡¿Qué demonios haces?!—reclamó el moreno, más incrédulo que el mismo Goyle cuando Draco hizo que su varita volara hacia él—. ¡¿Draco, te has vuelto loco?!

—¡Loco, sí! ¡Está loco!, ¡Por su culpa Vince se mató! ¡Protegió a la sangre sucia y a Potter y dejó que Vince se quemara en ese infierno!

—¡Mantén esa varita abajo!—le gritó Blaise, haciendo énfasis en que tenía muy bien sujeta la suya.

Goyle respingó. Blaise siempre había tenido mejores reflejos y era mucho más malicioso cuando se lo proponía.

—¡Ahora, uno a la vez, explíquenme! ¿No fue Crabbe el que conjuró el Fiendfyre?

—B-Bueno, sí… pero eso fue porque estaba desesperado, ¡Draco desvió su primer hechizo, él…!

—¡Porque Crabbe lanzó la maldición asesina!—reclamó el aludido.

—¡Sobre una sangre sucia!—protestó Goyle—. ¿Cómo te atreviste a elegir la vida de Granger en lugar de la de Vince? Y no me refiero sólo al fuego. ¡La elegiste a ella sobre nosotros y sobre todo lo que valoramos y defendimos siempre! ¡Elegiste a la sangre sucia, Draco!

—Sí, lo hice, ¿Y qué?—replicó él, irguiéndose tanto como pudo, enseñando quizá, la única cosa por la que podía sentir algo de orgullo en ese momento—. Tú no tienes ni idea de todo lo que sucede fuera de este castillo. O de lo que tuve que ver o sentir para estar donde estoy, ¡Maldita sea, mírame! ¡Apenas y he logrado dormir más de tres horas seguidas en meses!, ¡prácticamente dependo de una poción del sueño, Gregory! ¿Dónde está mi garantía de protección o de una buena vida sólo por tener mi Oh gran y noble sangre pura?

Goyle retrocedió y sus regordetas manos apretaron su varita, posiblemente por el ímpetu de contradecir a Draco; pero al mismo tiempo sin tener la menor idea de cómo hacerlo.

—Allá, en esa maldita sala, elegí, sí, y elegí a Granger y al idiota de Potter ¡Y no me arrepiento, ¿Oíste?!—continuó Draco—. Porque ya vi suficientes muertes, ya sufrí suficiente dolor, ¡y ya ni siquiera estoy seguro de quién demonios soy o de si toda esta locura ha valido la pena desde el principio!

Goyle tragó pesado y, quizá sufriendo la peor migraña en meses, negó reacio.

—E-Ella te contaminó. La sangre sucia. Tú no eres el Draco que yo conozco. Para ese Draco, nuestra causa es más valiosa que…

—La causa… ja—se mofó el rubio—. ¿Crees que si el Lord gana, de pronto todo serán nubes de colores y ríos de miel?… ¿Crees que habrá recompensas?, ¿Algo medianamente bueno para cualquiera de nosotros?

Luego arremangó su camisa, enseñando su marca. Negra como la noche, horrible y atravesada por cicatrices de cortes.

Esta es toda la recompensa—le dijo—. Ustedes, Crabbe y tú murieron de celos en cuanto supieron que yo tenía una; pero no es un simple tatuaje, no. Está adherida a mi magia, y no tienes ni puta idea del dolor que se siente cuando te la ponen. Nunca deja de doler y no existe bálsamo que te alivie, o una maldita poción, ¡Nada!

—¡Pero estabas orgulloso de ella!

—¡¿Y qué otra cosa podía decir?!, ¿Sabes acaso por qué la tomé?,

—E-El Lord te dio una misión, él te reclutó para…

—¡Ningún reclutó, Gregory! ¡Ese monstruo me tomó como pago por los errores de mi padre!—espetó Draco—. ¡Abre los ojos de una buena vez! ¡Mírame y date cuenta de lo cansado que estoy de despertar, respirar y vivir con miedo! Porque no hay más que eso de este lado: ¡miedo, horror, cansancio…!, ¡servidumbre!. ¿Alguna de esas cosas estaban en las historias que nos contaban nuestros padres o en las promesas que creyeron?

Goyle tragó pesado.

—Nadie que lleve esta marca en el brazo es un recluta; sino un esclavo—siguió Draco—. Desde que la tienes, tu cuerpo y tu mente no te pertenecen más, porque le perteneces a él, y debes estar listo para ser usado hasta el exterminio si él lo necesita. No tienes voz ni derecho a una opinión, e interesa muy poco si vienes de una familia de renombre o si tienes dinero o si posees la sangre más pura en todo el mundo. ¡Para él, no eres más importante que un jodido elfo doméstico!

Tuvo que forzarse a tomar aire.

—Para estar a su lado y sentirte feliz, necesitas ser tan enfermo como él—continuó—. Tanto como para disfrutar oír gritos de tortura, verlo, o ver cómo su serpiente se come a alguien vivo frente a ti. A mi tía Bella le va de maravillas con eso, igual que al padre de Theo. ¡Qué gran referencia para imitar, ¿No, Goyle?! Un par de psicópatas y asesinos. ¿Qué dices, grandote?, ¿Te suena bien?

El enorme Slytherin bajó la cabeza.

—P-Pero será diferente cuando ganemos. E-Es es una guerra, Draco, de nosotros defendiendo nuestra magia contra los que la roban y…

—Oh, Salazar, de verdad estamos jodidos. Pero, ¿Puedo culparte? ¿Reprocharte?—interrumpió Draco desordenándose el cabello con hastío—. No. A nadie que haya crecido como nosotros, de hecho.

Blaise tenía la boca ligeramente abierta; pero no emitió sonido. Estaba impactado. No por las palabras en sí; sino por el hecho de que fuera Draco Malfoy quien las estuviera pronunciando.

—Yo fui el primero—continuó el rubio—. El que estuvo más convencido que cualquiera de que era superior a todos por mi sangre, incluso superior a ustedes. ¿Cómo pensar algo diferente? Era Draco Malfoy. La estirpe de dos grandes familias mágicas corre por mis venas. Tengo una fortuna que no podría gastar en dos vidas juntas. Siempre tuve las mejores cosas, la mejor ropa, los mejores juguetes, la mejor educación. Sólo lo mejor para los Malfoy, ese fue siempre uno de los credos de mi padre, a la vez que me enseñaba que las personas como Granger son y siempre serían más desagradables que el estiércol bajo el sol. Fue lo mismo con ustedes.

Miró a Blaise y luego a Goyle.

—Desearía poder haber hecho algo por Crabbe; pero él eligió. No tenía una amenaza sobre su cabeza, sólo ansia de reconocimiento como yo hace unos años. Él eligió, y yo también. Elegí a Potter y antes a Granger, porque la vi, Gregory—añadió, sus muros oclumantes a punto de derrumbarse otra vez—. Por años la vi y me negué a reconocer que era igual a todos nosotros, que incluso a veces era mejor. Elegí salvarla porque no pude hacerlo en mi propia casa. Porque vi su sangre, la… la toqué, ¿Y sabes qué descubrí? ¡Que era tan roja como la mía!, igual de densa y, al secarse, ¡desprendió el mismo jodido olor que mi preciada sangre pura pudriéndose en mi maldito baño!

Luego avanzó hasta su enorme compañero sin una pizca de miedo porque pudiera ponerse al alcance de su gran puño. Goyle no retrocedió, su varita se mantuvo en sus manos y, pese a que todavía era más alto que Draco por una cabeza, no se animó a mirarle a los ojos y sintió sus mejillas arder cuando él continuó.

—¿Has oído eso? Eran iguales. Pura, mestiza, "sucia". La maldita sangre es igual en cualquiera.

Goyle sorbió ruidosamente y apretó los labios en vano intento de frenar las lágrimas.

Por supuesto, no lloraba de pena o arrepentimiento. Quizá de entendimiento… o el comienzo del mismo al menos, mezclado claro con los sentimientos de pérdida, confusión y rabia.

Sólo una vez recordaba haberle preguntado a su padre por qué no podía hablar con un "sangre sucia"… su mejilla estuvo amoratada una semana después del atrevimiento y Gregory Goyle comprendió que era algo malo incluso de considerar.

Y ahora, Draco, a quien él siguió desde niño, a quien siempre trató de imitar y obedecer, le decía todo aquello.

¿Demasiado tarde? No lo sabía. ¿Si serviría de algo? Mucho menos.

Pensó en Granger. La idea de que Draco sintiera algo por ella todavía no le cuadraba; pero, si ya no pensaba en ella como una sangre sucia, sino como una igual, como Draco había dicho que eran, entonces, ¿Qué había en ella para reprochar?

No era la más bonita; sin embargo, ¿Quién era él para dar cátedra al respecto? Era inteligente, tanto como Draco, tal vez más. Y gentil.

Sí, gentil. En la sala de requerimientos sólo lanzó aturdidores. Los hechizos más serios fueron lanzados por la Comadreja.

En cambio ella… ella lanzó un aturdidor en respuesta a un Avada.

Aún alguien considerado de lento entendimiento como él, podía reconocer eso. Si Granger tuviera un linaje como el de los Malfoy o los Black, sería considerada por los suyos como la cúspide de la élite.

—Es difícil, ¿No?—Draco lo sacó de sus cavilaciones—… imposible de entender o de aceptar; pero es cierto. Y quisiera decir que me volví loco, que estoy bajo un hechizo o alguna excusa estúpida; pero no puedo. Para mi maldita suerte, estoy más despierto y consciente que nunca y… y lo lamento—. La firmeza en su voz decayó—. Lamento que Crabbe muriera, lamento que Blaise llegara a tiempo, lamento que no pudieras acabarme a golpes, ¿Y sabes por qué?, ¡porque por lo menos así no tendría que estar sintiendo toda esta mierda!, así sería libre y no… no lo que soy… no esto.

Blaise supo que el mago que tenía enfrente no era el mismo pomposo engreído con el que había crecido. Hablaba de sí mismo no con el orgullo que siempre le caracterizó; sino como si estuviera cubierto de algo asqueroso que sólo él era capaz de percibir. Cualquiera que lo viera o lo oyera habría pensado que estaba loco; pero él, que conocía el trasfondo de lo que le había sucedido, lograba ver qué quizá, de entre muchos en esos tiempos fatídicos, Draco Malfoy había tenido un cambio de corazón.

Por largos segundos nadie dijo una palabra más; pero luego, cuando menos lo esperaron, cortos aplausos atrajeron la atención de los tres.

Sudaron frío al reconocer a Thaddeus Nott en la entrada destrozada de la sala común.

—Vaya, vaya, vaya… vine buscando mi propia manzana podrida y di con el cesto. ¿Quién lo diría del hijo de Lucius? Bella va a estar tan decepcionada… y Cissy, pobre Cissy, un pelele por marido y un hijo traidor.

Draco y Blaise no gastaron tiempo con palabras y lanzaron hechizos no verbales a la vez; pero el señor Nott los bloqueó sin el menor esfuerzo, lanzando después el rayo de un Diffindo hacia a Blaise, haciendo que soltara su varita, para luego expulsar a Draco contra la garganta de la chimenea provocando que se golpeara la cabeza.

—¡Incarcerous!—conjuró después, maniobrando su magia para hacer que el vergonzoso heredero Malfoy quedara adherido a uno de los muros—. Ahhh, qué ridiculez. Dos magos sangre pura vencidos en cosa de minutos.

Sus ojos se posaron en Goyle, quien se paralizó aún más.

—Respira, muchacho, que no te he hecho nada… aún. Pude apreciar tu resistencia ante el discurso del pequeño Malfoy. Débil; pero resistencia al fin. Es bueno saber que te queda algo de sentido común, creo que puedes ser salvado todavía. Por supuesto, si no quieres terminar como estos dos—señaló con la mirada.

Blaise se sujetaba un costado sangrante y luchaba por no ceder ante su propio peso, sosteniéndose del sofá. Draco, por su parte, luchaba en vano contra sus ataduras. Ambos sin varita y a merced de uno de los seguidores más letales del Señor Oscuro.

Goyle supuso que no tenía mucho de dónde escoger.

—N-No, señor.

—Perfecto, entonces harás lo que te diga. Toma las varitas de tus… oh, no, escorias cómo estas no merecen ser llamados amigos; sino traidores—dijo el señor Nott, manteniendo la mirada en Goyle, hasta que perdió la paciencia—. Bueno, ¿Qué esperas?, ¿una invitación por escrito? ¡Aprisa, que no tengo todo el día!

Goyle saltó en su sitio y, muy torpemente, buscó por el suelo las varitas que el señor Nott le había pedido, olvidando por supuesto que era un mago y que podía invocarlas. Por ende, por sus nervios, terminó tropezando con sus propios pies.

—Al parecer la torpeza se hereda—masculló el señor Nott, entornando los ojos—. ¿En dónde estábamos?… ah, sí, los traidores. ¿Qué deberíamos hacer con ellos, señor Goyle?

El enorme joven se sintió como en sus Timo's de pociones. El señor Nott suspiró fastidiado. De todos los seguidores a la causa del señor Oscuro, le tenía que tocar como aliado temporal un mocoso que aparte de lento, resultaba idiota.

—Tengo entendido que acaba de perder a un buen amigo por causa del pequeño Malfoy—le recordó—. El único hijo de Crabbe. Trágicamente innecesario, ¿No lo cree? Y por una aberración como una sangre sucia. ¿No le gustaría tomar revancha?—siseó—… sólo mírelo, Malfoy está servido en bandeja de plata. No puede defenderse, usted sólo tendría que terminar lo que empezó.

—¡Quiere usarte, date cuenta!—exclamó Draco—. ¡Vete de aquí, Gregory!, el castillo no tiene protecciones. ¡Vete ahora!

—¡Silencio!—conjuró el señor Nott, haciendo que los labios de Draco se sellaran—. Y tú, niño, tengo cosas mejores por hacer que jugar a la niñera de dos traidores y un inútil, ¿Vas o no vas a encargarte de Malfoy? ¡Decide ya!, ¿o es que me he equivocado y son tres a los que debo castigar?

—¡N-No!—dijo Goyle, tragando con dificultad—. E-Es… es que… Draco, él… puede estar siendo manipulado, señor. La… la sangre sucia debió hacerle algo.

—Seh, tener un par de pechos y un buen culo para agarrar, eso lo hace aún peor—dijo Nott, mirando a Draco después—. Espero que los hayas disfrutado, porque apostaste la vida por un minuto de placer y perdiste.

Una risa ronca interrumpió el duelo visual entre ambos.

—Ja, ya quisiera Malfoy que Granger le hubiera dejado tocarle el culo—espetó Blaise, medio incorporado en el sofá—. Pero supongo que incluso la ilusión es mejor que el hecho de que usted tenga que pajearse a diario porque ninguna mujer en su sano juicio querría tocarlo ni con un palo, viejo ridículo.

La sádica mirada de Thaddeus Nott se encontró con la sonrisa porfiada del mago moreno al mismo tiempo que Draco se sacudía entre las amarraderas y parecía exigirle a Blaise que cerrara el pico.

Goyle por su parte, apenas logró musitar el primer fonema de un ¡NO!, cuando el señor Nott arremetió con furia.

—¡CRUCIO!

La sonrisa de Blaise se convirtió en un rictus de dolor, su cuerpo se dobló horripilantemente por todo el tiempo que el rayo rojo del maleficio estuvo en contacto con él, mientras el sonido de los zapatos de Draco contra el muro fueron los únicos que acompañaron a sus gritos.

Luego cayó laxo entre el sofá y la mesa de centro de la sala común.

—Eso fue sólo una advertencia—dijo el señor Nott—. Puede ser mucho peor, como ya el imbécil de mi hijo debe haberte contado. ¡Ennervate!

Como una marioneta a su disposición, Blaise fue puesto en pie; pero tal fue la debilidad de sus piernas todavía que acabó de rodillas frente al mago mayor, apretando fuertemente los dientes en vano intento de controlar el temblor.

¿Cómo era que Theo había podido sobrevivir a horas de ese dolor tan lacerante?, Blaise no conseguiría entenderlo jamás.

—¡Qué desperdicio de recursos y tiempo! Ustedes, par de idiotas lo tienen todo de su lado para vivir bien, llenos de orgullo y siendo parte de la victoria más aplastante jamás vista; pero en cambio, ¡Mírense!—les gritó el señor Nott—. Con razón Theodore resultó como resultó. Otro inútil, ¡Desperdicio!

Miró a Goyle, quien hacía lo que podía para no soltarte a llorar; pero que era incapaz de detener el temblor de sus manos.

—Esto es lo que se hace con lo que no sirve—le dijo el señor Nott—. Ahora es tiempo de decidir de qué lado estás, muchacho. ¡Empuña la varita!

Él obedeció de inmediato, soltando las de sus amigos en el proceso. Luego, el señor Nott señaló hacia Draco.

—Córtalo—le ordenó—. Ya que tanto reniega de su valiosísima sangre, entonces tu deber es que no le quede ni una gota en las venas. ¡Córtalo y que se desangre!

Asintiendo con torpeza, Goyle se plantó frente al rubio; pero no fue convicción con lo que lo enfrentó, sino miedo. Rotundo miedo a ser él quien se encontrara del lado equivocado de la varita de Thaddeus Nott si se atrevía a desafiarlo.

No obstante, algo en su interior se removió ineludiblemente cuando Draco le miró con aparente tristeza, tan sólo unos segundos antes de cerrar los ojos con total sumisión.

—T-Tú no eres c-como él, Greg—dijo Blaise, apenas en dominio de su voz. Goyle giró hacia el moreno.

El orgulloso y elegante Blaise se irguió con mucho esfuerzo y, sujetando su costado sangrante, se obligó a avanzar sin quitar los ojos de los de Goyle.

—N-No tienes que hacerlo. Aún no eres un asesino… aún…

Un giro en la varita del señor Nott elevó al moreno en el aire y lo precipitó contra el sofá, procediendo a cortarlo dos veces más en la pierna y en el hombro derecho.

—¿Lo ves? ¡Es así de fácil!—exclamó el señor Nott—. ¡Ni siquiera deberías necesitar decir el conjuro, muchacho! ¡Basta con desearlo!, ¡Mira!

Y entonces un crucio no verbal impactó de nuevo en Blaise.

Draco volvió a golpear el muro con sus pies, esbozando frenéticas palabras sin sonido mientras intentaba usar cada parte de su cuerpo disponible para lograr que Goyle hiciera algo por Blaise; pero Goyle estaba aterrorizado.

Le acababan de ordenar asesinar a uno de sus amigos mientras que otro era torturado en sus narices. ¿Era eso a lo que Draco se había referido antes?, Blaise era un sangre pura, ¿Cómo entonces estaba siendo tratado así?

¿En serio era todo lo que le aguardaba, aún siendo un sangre pura? ¿Obedecer o ser castigado?, ¿Morir sufriendo por la mano de uno de los suyos?

La varita en su mano cayó; pero el señor Nott estaba demasiado concentrado en su tortura como para notarlo. Goyle entonces hizo lo que buenamente pudo para intentar abstraerse de todo ese horror y cerró los ojos con fuerza, implorando que algo sucediera, que algo o alguien detuviera al enloquecido mago o que Merlín le permitiera despertar y descubrir que todo era una horrible pesadilla.

«Por favor, quien sea… ¡Por favor!».

Nadie, salvo Draco, se percató de otra figura apareciendo en la entrada de la sala común.

Y nadie, ni siquiera él, esperó lo que la enfurecida bruja se dispuso a hacer.


Fin del capítulo.


¿Hola? ¿Hay alguien aquí con vida?

Casi que pasaron 84 años para las actualizaciones de este fic; pero pues, como ya dije, no lo abandoné. Espero estar posteando los capítulos que restan pronto y que hayan disfrutado de los últimos dos.

Un abrazo e infinitas gracias por su paciencia.

Paola Alarsil