Luego de meditarlo por un par de días llegó a la conclusión de que el primer paso que daría sería establecer un acuerdo con los espíritus, debía presentarse ante ellos como el nuevo Avatar e intentar ganar su simpatía, claro no podía hacer eso sin cruzar el portal que había en la jungla y no podía si quiera aventurarse a la jungla si debía tener con ella una escolta las 24 horas del día los siete días de la semana, por lo tanto debía haber un ajuste en los planes, el primer paso que debía dar era ganarse la confianza de las personas del asentamiento.

La primera semana transcurrió a prisa, todos los días despertaba a las cuatro de la mañana, a las cinco llegaban a las afueras para limpiar, trabajaban arduamente hasta las dos de la tarde, a las tres volvían al asentamiento a comer y descansar, luego debían patrullar de cuatro a siete, ya que Mako no solía hacer mucho volvía a casa a esa hora a preparar la cena y a las ocho se encontraba en cama, debía admitir que era agotador sin embargo no desperdiciaba ni un solo momento, siempre se mantenía atenta a todas las actividades que se llevaban acabo en aquel lugar, analizaba a las personas que ahí habitaban, la cantidad de niños y jóvenes así como también de adultos y ancianos, por las noches a veces recibía la visita de Asami que pasaba regularmente a preguntarle su opinión sobre el asentamiento, esa chica parecía entregada a la idea de ser una buena líder, después de todo sería ella quien heredaría el poder de Sato y siempre andaba de un lado a otro supervisando a todos, asegurándose de que todo estuviese en orden, disfrutaba bastante de su compañía pues con ella podía charlar de forma despreocupada, no existía la tensión que usualmente percibía en los demás habitantes que al parecer aún no se acostumbraban a su presencia, Bolin también era un buen amigo, pero con los horarios tan apretados que manejaban a penas tenía tiempo de hablar con él, aquel chico trabajaba la tierra arduamente así que por las noches no duraba mucho tiempo despierto, a las nueve era natural ver a ambos hermanos descansando en sus camas mientras ella se daba un tiempo para meditar o para salir con Asami a dar la vuelta.

No veía mucho cambio en las personas que había ahí, ganarse su confianza no era fácil, la segunda semana fue muy parecida a la primera, la tercera parecía igual a excepción de Mako que parecía haber aminorado su estado defensivo, durante la cuarta semana Asami la retiró del trabajo regular con Mako para llevarla con ella a supervisar las distintas actividades en las distintas áreas del asentamiento, todo parecía con la intención de que la gente se acostumbrara más a su presencia ya que en lo que Asami hacía sus apuntes le ordenaba ayudar a la gente en sus labores, debía agradecerle por ello, pocos días después comenzó a ver un cambio en la gente, uno que otro le saludaba cuando la veía en la calle, haciendo cuentas concluyó que le había llevado un mes y una semana llegar al punto en el que se encontraba, el camino aún era largo.

Habiendo pasado un par de días luego de su tercer mes en aquel lugar al fin mantenía una relación aceptable con ambos hermanos, Mako no solía hablar mucho como de costumbre, parecía perdido en sus pensamientos y cuando hablaba por lo general era para dar sermones respecto algún tema, renegaba todo el tiempo, por todo y por nada, parecía siempre estar preocupado y siempre buscaba la manera de impresionar a Beifong, recordaba que Asami le había contado que se trataba de un buen chico y así lo era, ambos hermanos tenían buen corazón, de igual manera era difícil decir que alguien en el asentamiento no lo tuviera, se notaba el esfuerzo que todos ponían para salir adelante como una comunidad unida, Ang los había puesto en el camino correcto y se empeñaban por mantenerse en él.

Sus horarios personales habían cambiado un poco, al parecer Lin comenzaba a aflojar las riendas, ahora cada miércoles y sábado salía con Asami en sus rondas y el resto de la semana trabajaba con Mako, se les otorgaba un día de descanso a la semana, ese día lo elegía el mismo Mako, Asami nunca se tomaba un descanso, siempre puntual con el inventario y los estados de cada actividad, ya se había acostumbrado al ritmo de cada cual.

Jueves por la mañana, no pasaba de las nueve, trabajaba junto a Mako y otros hombres a las afueras del asentamiento como de costumbre, con pico y rastrillo removía la tierra, observaba los pesados escombros que impedían el paso, trozos enormes de un edificio rojo, se trataba de un piso completo, el techo, cuidadosamente separado del resto de su estructura, estaba segura de que un par de kilómetros atrás había visto restos que tenían el mismo color, la manera en que había sido arrancado solo podía haber sido realizado por un maestro tierra, pero no cualquier maestro tierra, un maestro tierra capaz de volar y de levantar un inmenso trozo de concreto y otros materiales pesados, no solo habían sido levantados, habían sido movidos y arrojados a más de un kilómetro de la estructura original, sin lugar a dudas un maestro con un poder monstruoso, el Avatar, sabía que ciudad República había sido devastada por aquel hombre, el Avatar obscuro, el Avatar de destrucción, y aún así los restos de la batalla y de la catástrofe eran impresionantes, la imagen mental que se formaba al leer sobre los hechos no alcanzaba a englobar la realidad cuando se la tenía de frente, parecía poco probable que alguien pudiese volver a depositar su fe y confianza en el ser que fue capaz de realizar actos tan atroces, y a pesar de todo ahí estaban ellos, los habitantes de ciudad república, trabajando con el fin de seguir la guía que su Avatar les había dejado.

- Lo sé… es impresionante, y este no es el único edificio que está fuera de lugar, kilómetros y kilómetros a la redonda puedes encontrar escombros que corresponden a yacimientos de edificios ubicados lejos de ahí, no puedo imaginar la escena, dicen que el Avatar es una persona con poderes impresionantes, nunca en mi vida he presenciado nada como los poderes que dicen que posee, mover rocas sin tocarlas, manipular el agua y lanzar fuego de sus puños… pareciera mentira, una mera leyenda, pero los mayores aseguran que es real y este campo de batalla respalda sus historias, no hay manera de que este desorden haya sido causado por una explosión, es como si los trozos hubieran sido arrancados y lanzados por los aires, solo así sin mas… no se que es más difícil de creer, una persona capaz de controlar los cuatro elementos a voluntad o que en algún momento de nuestro pasado existió gente además del Avatar capaz de manejar los elementos, decían que solo manejaban uno, el Avatar era el único que podía manejar los cuatro a la vez, pero ¿Te imaginas? Personas con tales habilidades.

- Debió haber sido algo digno de presenciar… - Respondió ella con nostalgia, muchas veces había pensado en que ser el único maestro de los elementos en el mundo podía llegar a ser solitario, suspiró, su vista no se retiraba de aquel enorme trozo de concreto maltrecho, ya antes había levantado enormes rocas, pero nunca algo del tamaño de aquel edificio, el estado Avatar, tenía muchos conocimientos al respecto pero nunca lo había utilizado, no debía, los miembros de la orden del loto blanco le habían dejado en claro que si entraba a ese estado todos en el mundo comenzarían a buscarle de inmediato gracias a los templos del Avatar, estos irradiaban luz cuando el Avatar entraba en aquel estado y delataban así su presencia en este mundo, Ang nunca había entrado en tal estado a lo largo de toda su vida y ahora ella seguía sus pasos, era preferible tener una estrategia limpia y clara para poder pasar desapercibidos, el mundo tenía una comunicación limitada, si se le descubría en un asentamiento cabía la posibilidad de que fuera el único que lo supiera durante años hasta que algún habitante de dicho lugar llegara a otro pueblo a avisar de su existencia, así pues las personas no le buscaban globalmente, si los templos brillaran la situación cambiaría, todos andarían tras su cabeza al mismo tiempo.

- ¿Qué hacen ustedes dos ahí parados? ¡A trabajar! – Se escuchó la voz de Lin lo cual de inmediato los sacó de sus pensamientos.

- ¡Si señora! – Respondieron a coro, ambos se dirigieron una breve mirada de reojo y una sonrisa, ya conocían a Lin, hacerla enojar era algo fácil de lograr y que todos preferían evitar. Con sus manos firmemente sujetas al pico levantaba la tierra, por su frente rodaban varias gotas de sudor, Mako trabajaba a su lado mientras le contaba sobre experiencias que había tenido de pequeño en el asentamiento, lo escuchaba con atención pero al cabo de un momento su concentración cambió, sus sentidos le alertaron de una presencia extraña, conocía las posiciones de todos sus compañeros y de los guardias en turno que se encargaban de vigilar el perímetro para evitar el ataque de extranjeros, algo andaba mal, las vibraciones en la tierra causadas por el trabajo que realizaban sobre ella le permitían ver la posición de cada persona que ahí se encontraba, comenzaba a inquietarse, no podía ver con claridad pues llevaba las botas puestas pero sentía que alguien se acercaba. El chico, que había notado la repentina tensión en sus ojos, detuvo su trabajo y preguntó al respecto.

- ¿No escuchas? Alguien se acerca. – Afirmó ella prestando atención a los escombros que yacían frente a ellos, quedaban cerca, a menos de diez metros, Mako, algo confundido, intentó prestar atención pero solo podía escuchar a sus demás compañeros trabajando con sus picos sobre la tierra.

- Pues no escucho nada, debiste de confundir el sonido de las palas.

- Si… eso creo. – Respondió al percatarse de que en verdad, escuchar los pasos de alguien en medio de todo aquel ruido no era una tarea que cualquiera pudiese realizar, pero a medida que aquellos pasos se acercaban le quedaba en claro que no se trataba de nadie conocido, tomando el pico en su mano continuó su trabajo sin dejar de monitorear cada movimiento de la figura extraña, entonces lo vio de forma borrosa, aquella persona había adoptado una posición para arrojar algo, bastó alzar la mirada un poco para ver el proyectil dirigirse hacia ellos, de inmediato dio un grito de alarma y tomo a Mako para obligarlo a agacharse, mientras hacía esto seguía fielmente los movimientos de su agresor, sobre el piso había caído una bomba de humo que comenzaba a nublarles la visión, sin perder el tiempo la joven arrojó el pico que llevaba en la mano hacia la persona que ahora se encontraba sobre los escombros que antes le habían servido de escondite, el pico golpeo la mano del forastero logrando sacar de sus labios un lamento y obligándolo a soltar la segunda bomba de humo que llevaba consigo, Lin ordenó a sus hombres el ponerse en guardia y listos para el ataque, aprovechando la falta de visibilidad Korra se apresuró a retirarse las botas, fue entonces que se percato de la presencia de cuatro personas más, todas listas para atacar.

- Están entre los escombros, hay más. – Alertó a Lin y su equipo, Mako confundido la cuestionó al respecto.

- ¿Cómo sabes eso?

- ¿Crees que un hombre vendría a luchar contra un grupo de ocho personas por si mismo? Estoy segura que tiene compañía. – El humo cubría el campo de visión, seguro el enemigo cargaba máscaras de gas, los hombres de Lin pudieron detener al sujeto que había lanzado la bomba y avanzaban con cautela en parejas en busca del resto del equipo agresor, como era de esperarse Lin le había asignado de compañero a Mako, lo cual para la ocasión resultaba ser conveniente, necesitaba que el chico no hiciera tantas preguntas y simplemente la siguiera, haciendo uso discreto de su tierra control movió un par de rocas en dirección a la ubicación de cada uno de los intrusos para que el sonido guiara a Lin y sus colegas, pudo escuchar como se iniciaban las persecuciones, al poco tiempo freno el impacto de un garrote contra su cabeza haciendo uso de su antebrazo, Mako se apresuró a asistirla forcejeando con el enemigo, luego de un fuerte golpe que la morena le propino al encapuchado este cayo tendido.

- Encárgate de él. – Ordenó a su compañero antes de echarse a correr al escuchar llamados de ayuda por parte de alguno de los hombres de Lin, los atacantes habían llenado el campo de humo, era difícil o casi imposible ver, o al menos lo era si solo contabas con la visión que tus ojos ofrecían, claro ya con las botas fuera de sus pies no tenía problemas en detectar a las personas que andaban cerca, corrió a toda prisa hasta donde estaban sus compañeros, encontró a una chica herida y a su compañero asistiéndola.

- ¿Qué paso?

- Salió de la nada y la golpeó en la cabeza, no pude hacer mucho, echó a la fuga al instante y me fue imposible seguirle entre los escombros.

- Entiendo, yo lo sigo, esperen por ayuda aquí.

- ¿Seguirlo? Espera…

No escuchó más, no había perdido permiso, simplemente se había echado a correr tras el fugitivo, ahora podía seguirlo con seguridad pues sin las botas no tenía problemas en percibir las vibraciones de sus pasos, pero había olvidado por completo el suelo sobre el cual caminaba, lleno de escombros, había pasado ya el área sobre la que habían trabajado, así que de ahí en adelante la tierra se encontraba contaminada, repleta de basura y materiales peligrosos, lo había olvidado y esto le causo varias laceraciones en los pies, había logrado acortar la distancia entre ella y su objetivo, antes de que otra cosa pudiese llegar a suceder levantó una pequeña roca que bastó para hacer tropezar a su víctima, en poco tiempo se encontraba sobre él y le amenazó con el puño de su mano derecha mientras lo sostenía por la ropa con su mano izquierda.

- No intentes nada extraño o te juro que lo lamentarás. – El hombre encapuchado rió por lo bajo, no parecía ser de los que cooperan, sus sospechas no fueron del todo erradas, al poco tiempo el extraño sujeto intentó escapar lo cual ocasiono que la morena lo dejara inconsciente de un golpe certero, durante años había entrenado distintas formas de neutralizar a una persona ocasionando el menor daño posible, suspiró, ahora debería cargarlo de vuelta a donde estaban los demás, fue entonces que sintió un agudo dolor subirle por las piernas, al mirar la planta de sus pies liberó un profundo suspiro.

- Por supuesto… - Murmuró molesta. – Si tan solo todos pudieran convivir como iguales me ahorrarían todo este tipo de situaciones. – Le reprochó al hombre que yacía completamente inconsciente.

- Pero no, tienen que andar por ahí luchando sin propósito alguno... o al menos uno que sea correcto.– Musito, dando una rápida mirada alrededor se aseguró de que no hubiera nadie más, al no detectar ningún peligro sacó agua del termo que siempre cargaba con ella en sus jornadas de trabajo, dándose un tiempo sentada sobre el suelo comenzó a sanar sus heridas con el agua, habiendo detenido el sangrado se abstuvo de continuar, seguro Mako tenía sus botas, si volvía sin rasguño alguno sería motivo de sospecha, así que sin más amoldo una gruesa capa de tierra a sus pies para protegerlos de más daño y echándose el cuerpo del fugitivo al hombro emprendió su caminata de regreso, antes de llegar a donde se encontraba el resto de su equipo retiró la capa de tierra que protegía sus pies, chasqueando los dientes se quejó por lo bajo, aquello dolía y bastante, el suelo sobre el que caminaba estaba ya libre de basura pero esto no la exentaba de la texturas de la tierra y las rocas, Mako apareció de entre los escombros y corrió para ayudarla ofreciéndose a cargar al prisionero, no se negó y de inmediato le cedió el honor de llevar su carga, cuando al fin se encontraron con Lin suspiró y se dejó caer liberando un suspiro de alivio al poder descansar sus pies.

- ¿¡Qué demonios crees que estabas haciendo!?

Escuchó el reproche de su superiora.

- No hay de que Lin, en serio no tienes porque agradecerme, fue un placer encargarme de ese hombre.

El silencio reino durante un par de minutos antes de que al mayor volviese a hablar.

- ¿Por qué motivo crees tú que les pido andar en pareja? Es peligroso ir solo.

- Lo siento… - Respondió notando el tono de preocupación en la voz de la ojiverde.

- Lograste atraparlo, tuviste suerte… pero pudiste haber resultado mal herida… y lo que es aún peor ¿Por qué demonios te retiraste las botas? Mira tus pies… están hechos un desastre.

- Ni lo menciones… olvide por completo que sus tierras son peligrosas, en casa… bueno, me enseñaron a rastrear y a moverme con más agilidad estando descalza.

Lin meditó aquellas palabras durante un momento antes de liberar un profundo suspiro que parecía ser de resignación. – Necesitas atención médica… eso no se ve nada bien, dependiendo de lo que diga el médico deberás tomarte un par de días libres, tal vez puedas pasar el tiempo con Asami o tal vez solo descansar en casa antes de que puedas apoyar bien los pies… como sea, Mako llévala a la clínica.

- Espera… ¿Tiempo de reposo en casa? ¿No me mandarás a una habitación de la clínica para que esté bajo vigilancia?

- ¿Es eso lo que quieres? Toma mi oferta antes de que lo reconsidere chica del sur, pero ya que Mako debe continuar sus labores solo podría dejarte bajo la vigilancia de joven Wu.

Sus ojos se abrieron ampliamente al considerar aquella idea, Wu, era un joven enérgico que por algún extraño motivo se sentía superior al resto cuando en realidad era uno de los jóvenes menos productivos del asentamiento, coqueteaba con la mayoría de las chicas y a su parecer era una persona irritante, de ninguna manera podía aceptar que Wu fuera el encargado de supervisar sus actividades mientras se recuperaba.

- No, para nada, aprecio la oportunidad que me brindas de poder estar en casa sin supervisión alguna, es solo que me parecía… improbable que eso algún día fuera a pasar… ya sabes, por eso de que siempre debo tener una escolta y… - Había comenzado a hablar velozmente cuando se percató de la mirada impaciente de Lin. – De cualquier manera ¡Gracias! En verdad aprecio tu confianza. – Concluyó con una risa nerviosa, luego de una breve pausa miró a la mayor a los ojos. – Pero ¿No me vas a poner con Wu cierto?

Lin esbozo una pequeña sonrisa antes de desviar la mirada. – Eso depende, si te comportas te puedo dejar por tu cuenta, si no, Wu será tu nueva niñera, Mako, llévala de vuelta, el resto también volveremos, tenemos que interrogar a estos hombres.

Así emprendieron el camino de vuelta al asentamiento, era extraño, pero se sentía apenada al ir sobre la espalda de Mako, mientras avanzaban repasaba mentalmente todo el tiempo que había pasado con aquel chico, se podía decir que pasaba el día entero acompañada por él, así que el ser cargada por él no debía resultar tan vergonzoso.

- Tienes muy buenos reflejos. – Escuchó su voz.

- En realidad no, pero casualmente miraba el cielo cuando vi que la bomba era arrojada.

- Eso explica la bomba, pero cuando nos atacaron entre el humo tampoco tuviste dificultades.

- Te dije que mi padre se encargo de que tuviera un entrenamiento especial para poder protegerme contra agresores de cualquier tipo.

- Eso me lleva a otra pregunta, teniendo acceso a ese tipo de educación y a todo tipo de recursos por ser la hija del jefe ¿Por qué habrías desear escapar?

- Para mi los recursos no lo son todo, estar en un solo lugar sin la posibilidad de conocer más no me parece una buena manera de vivir.

- ¿No son esas expectativas muy altas? En el mundo en el que vivimos actualmente muchos matarían por tener un techo y comida asegurados y no le pedirían más a la vida, sin embargo tú piensas en viajar…

- ¿No deja eso más en claro que mi infancia fue muy distinta a la que la mayoría suele tener? Nunca me faltó nada y por lo tanto desarrollé ideas distintas.

- Si lo pones de esa manera no suena tan descabellado después de todo… pero, Asami, si te comparamos con ella, a los Sato nunca les ha faltado nada y Asami no anda por ahí queriendo escapar.

La morena suspiró, el lado negativo de que las personas comenzaran a confiar en ella era que comenzaban a hacer preguntas sobre su vida. – Asami es… única, se dedica a su gente, yo… no me incluí tanto en los asuntos de mi padre ¿Qué más puedo decir?

- No puedo juzgarte, supongo que la presión de tener que estar a cargo de la vida de otras personas puede llevarte a querer escapar, no hay manera de asegurar que todos estén bien, que los alimentos sean suficientes, que el agua se mantenga.

Rió con ironía al escuchar aquellas palabras, en efecto, su padre era el jefe de las tierras frías del sur, y con gusto le habría ayudado en sus labores de no ser porque su camino tomaba un ligero desvío y la orillaba a cuidar no solo de unos cuantos cientos de personas, si no a cargar en su espalda con la responsabilidad de crear un mundo más adecuado para los sobrevivientes que aún lo habitaban.

- No tienes idea. – Murmuró pesarosa.

Cuando llegaron a la clínica el chico la dejó sentada en una de las habitaciones.

- Espera un momento, iré por el médico. Sentenció antes de desaparecer tras la puerta, al fin estaba sola, suspiró profundamente, no quería mover ni un músculo del pie, aquello le dolía bastante, al menos el sangrado ya era mínimo, si tan solo pudiera meter ambos pies en agua fresca, pensó sabiendo que aquello estaba fuera de consideración, levantaría demasiadas sospechas si sus pies sanaban de un momento a otro, pero deseaba al menos poder quitarse el ardor, antes de que su mente continuara haciendo planes para remediar aquello escuchó como la puerta se abría, para su sorpresa la persona que se encontraba ahí no era el doctor.

- ¿Asami?

- Así es, el doctor está ocupado con otro paciente así que decidí venir a avanzar un poco con el trabajo.

- Así que no solo supervisas el trabajo de todo el asentamiento, si no que también asistes en la clínica…

- En realidad no, conozco solo las cosas básicas, mi padre quiso asegurarse de que supiera lo necesario de medicina para poder ayudarme a mi misma en caso de cualquier imprevisto… Lin me dijo lo que ocurrió y decidí venir a ver como te encontrabas.

- Me encuentro bien, solo me duelen un poco los pies, creo que tengo una uña enterrada… nada grave.

Bromeo esbozando una gran sonrisa intentando no preocupar demasiado a su amiga, Asami sonrió un poco. – Si, ha de ser la uña, nada que ver con esas heridas en la planta del pie.

La chica de cabello negro avanzó hacia un pequeño estante del cual saco vendas y una botella de alcohol. – Deberé lavar la herida primero, ya vuelvo. – No paso mucho tiempo antes de se encontrara de regreso con una cubeta llena de agua y un trozo de tela.

- Bien Korra, esto te va a doler bastante, intenta no moverte. – En silencio observó a la chica de ojos verdes, con cuidado comenzaba a lavar la tierra de sus pies haciendo uso del trozo de tela empapado en agua, se ocupo de limpiar la parte superior primero y luego comenzó a remover la suciedad de las heridas. – En serio ¿Qué pensabas cuando comenzaste a correr sin botas por esas tierras?

- Atrapar al forastero…

- Insisto ¿Por qué sin botas?

- Soy más rápida así.

- No lo hagas de nuevo, espero hayas aprendido tu lección.

- Lección aprendida. – Respondió sonriente, luego de limpiar con agua se dedicó a desinfectar las heridas con alcohol, sin poder evitarlo de sus labios escapó un pequeño gemido al sentir el contacto del alcohol con su carne. – Lo siento, pero debemos asegurarnos de que eso no se infecte. – Dictó la mayor.

- No, adelante, yo la estoy pasando bien. – Dijo a medida que el sudor comenzaba a correrle por la sien, su piel se había tornado rojiza, debía admitirlo, estaba sufriendo, con agua control era más sencillo y menos doloroso, Asami rió al escuchar su respuesta y siguió con su labor. – Me alegra que digas eso, pensé que esas quejas, el sudor y los puños apretados indicaban un alto grado de incomodidad.

- Para nada… ¿Sabías que antes cuando asistías al médico y te portabas bien te premiaban con alguna golosina?

- Estoy segura que eso pudo haber ocurrido hace siglos, pero hoy en día lo que te ganas por buen comportamiento es un tratamiento sin correas en brazos y piernas.

- Entonces debería sentirme afortunada. – Ambas rieron un poco.

- Así es… y bien, he terminado mi labor aquí, estoy segura de que el médico vendrá enseguida a suturar el corte que tienes en el pie derecho, el resto no es tan grave, sobrevivirás, volveré en cuanto terminen contigo, Lin me dijo que te dejaría permanecer sin vigilancia en la casa de los chicos, pero estar una semana entera ahí sin nada que hacer no me parece saludable, así que pensé que podrías quedarte en mi casa, de esa manera también tendrás alguien que te ayude si necesitas algo ¿Qué piensas?

Su mirada se iluminó al escuchar aquellas palabras, en efecto, una semana de reposo no sonaba nada divertido y mucho menos sabiendo que debería estar en casa sin compañía alguna el día entero, sin poder salir o caminar por ahí estaba segura de que moriría de aburrimiento, nunca había sido buena quedándose quieta.

- ¡¿Hablas en serio?! ¡¿En casa de los Sato?! Claro que acepto la oferta.

- Bien, está decidido, entonces vuelvo por ti en media hora.

Tarlok no tardó en aparecer, la operación no duró mucho, antes de suturar la herida utilizó un ungüento hecho a base de plantas medicinales para sedar su piel, aquello no evitó que durante todo el proceso experimentara una extraña e incómoda sensación de hormigueo e incomodidad a medida que la aguja entraba y salía de su carne, por supuesto que todo eso no se comparaba con el dolor que podría llegar a sentir sin el uso de aquel ungüento, todos aquellos avances y ventajas habían sido traídos por Ang que de alguna manera les había proveído con semillas para poder cultivar todas aquellas plantas que de manera tan eficaz les ayudaban a sobrevivir en su día a día.

- Listo Korra… recuerda cambiar los vendajes una vez por día y limpiar bien las heridas para evitar infecciones, la siguiente semana deberás volver para evaluar tu estado, sinceramente no creo que puedas volver al trabajo de limpieza si no es hasta dentro de tres semanas, ya veremos que tal mejoras.

Agradeció al médico y permaneció recostada en la cama en espera de Asami, no podía caminar, le habían recomendado evitar apoyar los pies, al menos por tres días debería estar recostada, eso o caminar de manos, pensó de forma divertida, su calma no duró mucho pues al parecer Mako había estado esperando en el pasillo, el chico entró y tomó asiento en la orilla de la cama.

- Me dijo Asami que ella cuidará de ti durante tu recuperación.

- Así es, podrás descansar, luego de varios meses al fin no tendrás que vigilarme y estar al pendiente de posibles planes malévolos que pueda tener en contra del asentamiento.

El joven rió y desvió la mirada, pudo notar como se le escapaba un breve suspiro, parecía que la idea de que pasara cerca de un mes en casa de los Sato le causaba cierto disgusto, era cierto que los últimos días su relación se había vuelto agradable, pero no había llegado a considerar que Mako pudiese llegar a echarla de menos.

- Ya estaré de vuelta, por el momento ten cuidado allá afuera, tú y todos los hombres de Lin tienen reflejos de tortuga. – Comentó con tono burlón, el chico de inmediato cambió su expresión reflejando su disgusto.

- Nosotros seguimos reglas para evitar terminar como tú.

- ¿Cómo yo?

- Actuaste de forma imprudente y resultaste lastimada.

Korra rió entretenida, de haber querido habría acabado con todos de un solo movimiento, si tan solo el revelar su identidad no conllevara una serie de consecuencias catastróficas se habría podio evitar el dolor e incluso en esos momentos podría sanar sus pies en menos tiempo, pero eso era algo que no le podía explicar a Mako.

- Estas avergonzado porque tuve que salvar tu trasero.

- ¡No es eso! La seguridad es importante…

Antes de que la discusión continuara Asami entró a la habitación y así también lo hizo el silencio, Mako parecía incómodo por su presencia, Asami posaba triunfal bajo el marco de la puerta, traía con ella una silla de ruedas.

- Lamento interrumpir su discusión pero debía mostrarte esto, logré recrear una de estas bellezas, explorando entre las ruinas de un hospital encontré el esqueleto de una de estas sillas y pensé que nos podría resultar realmente ventajoso el tener un par de ellas para nuestra clínica, hasta el día de hoy no había podido probarlas así que ahora parece ser el momento perfecto para hacerlo.

Los ojos de la morena se iluminaron, aquella silla sería su salvación del encierro, no podía imaginarse reposando en cama por más de dos horas seguidas.

- ¡Si pudiera ponerme de pie te abrazaría con fuerza! ¡Gracias!

- No es nada, después de todo es responsabilidad de la familia Sato el mantener a nuestros habitantes en las mejores condiciones posibles.

Tras decir esto la chica de cabello negro le guiñó el ojo, por un breve instante sus mejillas se ruborizaron, no estaba segura de que era, podía deberse a la calidad de su ropa, o bien a su carisma y elegancia, tal vez su sencillez, no podía decir a ciencia cierta que era lo que más la favorecía, pero no cabía duda alguna de que Asami Sato era encantadora, Mako bufó, parecía especialmente molesto en esos momentos.

- Me retiro Korra, espero que te mejores pronto, adiós Asami.

No entendía a que se debía la tensión que existía entre ambos, solo se aventuraba a pensar que aquello se derivaba de la relación romántica que antes habían compartido, no solo Mako actuaba extraño cuando Asami aparecía, la señorita Sato resultaba ser más sutil pero también podía notar la manera en que afilaba la mirada cuando el joven se acercaba, ambos eran amigos muy queridos pero prefería verlos por separado.

- Y bien señorita ¿Partimos? – Cuestionó la mayor señalando la silla de ruedas.

- ¡Andando! – Respondió entusiasta, estando sobre la silla de ruedas Asami se colocó tras de ella y comenzó a empujarla, andar por las calles resultaba sencillo con aquel artefacto, con toda facilidad cruzaron el asentamiento hasta llegar a la residencia de los Sato, una casa de tamaño considerable, elaborada con adobe y recubierta con yeso lucía un elegante color blanco uniforme, en el interior el suelo estaba recubierto con cerámica y todo lucía sumamente limpio, no cabía duda del poder que poseía aquella familia, siendo capaces de disfrutar de tales lujos, el espacio en el interior también era amplio a comparación con el resto de las casas que había visto en el asentamiento, en el lugar trabajaban dos personas, Zhu Li y Wu, se encargaban de la limpieza y el mantenimiento, Asami entró directo a su habitación, quedo sorprendida al ver el tamaño de su cama y de la pulcritud de sus cobijas y cojines.

- Pensaba en asignarte la habitación de las visitas pero si necesitas algo será difícil escucharte desde aquel lugar y ya que eres mi visita yo debo atenderte, no quiero causarle problemas a mi padre así que he decidido compartir mi habitación, tú puedes dormir en mi cama y yo descansaré en el sofá.

Un tanto apenada por la amabilidad de su anfitriona se apresuró a negar con la cabeza.

- No puedo aceptar eso, estaré bien durmiendo en el sofá, con los lujos que tienes créeme que ese sofá parece ser diez veces más cómodo que la cama donde duermo en casa de Mako.

Asami rió un poco. – Por lo mismo estoy dispuesta a dejarte dormir en mi cama, el sofá es cómodo, al menos los primeros tres días tú duerme en la cama, así podrás moverte con más libertad.

No se dijo más, Sato no cambiaría de opinión y no tenía caso discutir, al menos durante esa semana, parecía ser que, dormiría como reina.


Hola, les traigo aquí el capítulo tres, espero y les guste, muchas gracias a todos los que me han dado review, y a los que están al pendiente de la historia :D hay algunos que me hacen preguntas respecto a la historia, tranquilos, todo a su tiempo mis estimados amigos e.e saludos y que tengan una excelente semana ;)