Al salir pudo notar como emergía humo de uno de los muros del asentamiento, sin dudarlo comenzó a correr hacia aquel lugar, varios guardias también corrían a su lado, los ancianos y niños se refugiaban en sus casas, la mayoría de los aldeanos se apresuraron a salir en ayuda de sus compañeros, al encontrarse a un par de metros del muro pudo notar el daño hecho, había un enorme hueco en el muro de adobe y más adelante una de las casas que se encontraba cerca también se había derrumbado, las personas removían los escombros con el fin de encontrar a los residentes, debían sacarlos de ahí y atenderlos cuanto antes.

- ¡Se acercan! Necesito a todos mis hombres en sus posiciones de batalla, el resto del pueblo quiero que se resguarden, protejan a los pequeños y a los mayores. – Resonó la determinada voz de Lin con una seguridad impresionante, no se le notaba molesta o preocupada, sus ojos se mostraban fríos y calculadores, más adelante, al frente de la línea de batalla se encontraba Asami, ciñendo el entrecejo mantenía la mirada fija sobre los hombres que se aproximaban blandiendo todo tipo de armas.

- ¡Cuidado tienen arqueros! – Alertó uno de los soldados que se encontraba en una torre de vigilancia haciendo uso de unos binoculares.

En efecto, el ejército de Amon se detuvo a poco menos de doscientos metros de distancia, sus hombres de inmediato sacaron los arcos y apuntaron, Asami alzó su mano derecha sosteniendo un arma en ella, sin dudarlo apretó el gatillo, la detonación alertó a todos, de pronto hubo silencio, la bala golpeo en el suelo a un par de metros de los invasores.

- ¡Se acercan bajo su propio riesgo! – Amenazo. – Estas son las tierras de Hiroshi Sato, cualquiera que intente entrar sin nuestro consentimiento se atendrá a las consecuencias. – Concluyó, podía sentir un nudo en el estómago, no quería que su amiga se encontrara al frente, no quería que la lastimaran, sin duda Asami era un blanco importante, la heredera de Sato, el enemigo la querría muerta, y aún así ahí estaba ella, tan elegante como siempre su figura no se había estremecido ni un poco al disparar, firme como el tronco de un árbol no había señal de duda en su mirada, inspiraba valor y seguridad a sus hombres.

- ¿Dónde está Amon? – Se escuchó la grave voz de Hiroshi que se acercaba a paso firme para detenerse a un lado de Lin, fue una gran sorpresa ver que el líder del asentamiento no cargaba consigo ningún tipo de arma.

- Hiroshi… maldita rata ingeniosa. – Se burló una voz profunda y lúgubre, de entre la multitud de invasores surgió la figura robusta de un hombre alto, la mitad de su rostro tenía una cicatriz difícil de ignorar, sus ojos se mostraban inusualmente fríos y sedientos de sangre, portando una diabólica sonrisa dio un paso al frente extendiendo sus brazos con las manos abiertas dejando su pecho al descubierto.

- Yo soy Amon, debo admitir que me has sorprendido, siempre pensé que era el Avatar la razón por la cual tu asentamiento se mantenía en pie, un hombre con tu complexión no podría llegar al puesto que tienes, o al menos no sin un cerebro. Armas de fuego… ¿Quién lo hubiera dicho? Yo no.

- Retírate antes de que sea demasiado tarde, vete de mis tierras y nunca vuelvas. – Sentenció Hiroshi.

- Bajo cualquier otra circunstancia lo habría hecho, por mi bien y el de mis seguidores, traer cuchillos a una pelea de pistolas no es algo sensato… sin embargo, ustedes tienen algo que yo quiero, que todo el mundo quiere, y no pienso marcharme de aquí sin ello.

- ¿Quieres a tus hombres? Te los entregaré sin problemas. – Respondió Sato, la risa de Amon no se hizo esperar. - ¿A esos bufones? No, puedo reclutar a todo aquel que yo desee… ¿Me vas a decir que no tienes idea de lo que estoy hablando?

- Dime ya que es lo que deseas. ¿Comida? ¿Medicamentos? Habla ahora que mi paciencia se agota Amon.

Los ojos de la morena se abrieron en anticipación, los nervios la invadían.

- ¿No estás bromeando cierto viejo? – De nuevo el invasor comenzó a reír. – Solo me atrevo a pensar dos cosas y las dos me llevan a perder mi admiración por tu inteligencia, la primera idea que me viene a la cabeza es que me ocultas la verdad con el fin de proteger el secreto, y la segunda es que no tienes ni idea de lo que está pasando a tu alrededor, así pues cualquiera de las dos opciones me llevan a pensar que eres un idiota Hiroshi.

- Ya tuve suficiente de tu parloteo, retírate ahora o tú y todos tus hombres morirán. – Respondió Hiroshi.

De la nada se pudo escuchar otro disparo, su cuerpo se estremeció, al parecer la bala había impactado en el piso a pocos centímetros de los pies del líder invasor, de nuevo se podía observar humo emergiendo del cañón del arma de Asami.

- No tendrás nada de nosotros. – Gruñó con la mirada llena de rabia, su expresión había cambiado por completo, ahora se le notaba enfurecida ¿Por qué el cambio tan repentino? Sus pensamientos iban a toda prisa, debía hacer algo para evitar el conflicto entre ambos bandos.

Entre las filas de Amon varios hombres comenzaban a bajar sus arcos y a retroceder, temerosos de las consecuencias de aquella batalla comenzaban a perder su entusiasmo. – Todo aquel que tema a esas estúpidas armas puede largarse, de nada me sirven un montón de cobardes, solo estorbarán y si se llegan a meter en mi camino seré yo el que los mate. – Se escuchó la voz del líder con tono severo, varias decenas de hombres y mujeres retrocedieron, se podía decir que habían disminuido sus números a la mitad, las cosas pintaban bien para los guardias del asentamiento, los soldados de Lin eran un total de ochenta, pero según había visto estos eran los mejores hombres que tenía, pasaban por un arduo entrenamiento antes de ser enlistados como parte de las fuerzas de defensa, Mako aún continuaba esmerándose para poder calificar, a pesar de haber nacido en el asentamiento no tenía el privilegio de entrar antes que los demás, todos pasaban por el mismo proceso de selección.

Al lado de Amon aún permanecía un pequeño grupo, tal vez eran poco más de cien personas, Lin estaba segura de que saldrían bien librados a pesar de ser superados en números, la diferencia ahora no era tan notoria, tal vez no necesitarían usar las amas de fuego después de todo.

- ¡¿Dónde está?! – Rugió Amon de manera amenazante. - ¡El Avatar! –

El silencio reino entre las filas del asentamiento de ciudad república, confundidos miraron al invasor como si de un loco se tratara, Asami rió por lo bajo. – Lo mismo te pregunto, nosotros no salimos de aquí, tú eres el que va y viene de un lado a otro ¿Sabes en donde está el Avatar?

- ¿Cuál es tu nombre señorita? – Sonrió Amon.

- Asami Sato. – Respondió con tono firme.

- Sato… así que tú heredaras este maldito lugar, debo admitirlo, a diferencia de tu padre a ti si te queda el papel de líder.

- Lo que ves en mi es solo una fracción de lo que mi padre es, él me enseñó todo lo que se.

-No, oh no, no. – Rió el líder invasor. – No eres nada como él, eres él y más, lo veo en tus ojos… tú si sabes de lo que hablo ¿Cierto? Y aún así te atreves a desafiarme, esta pelea se pondrá interesante, no me iré de aquí sin el Avatar y si te niegas a cooperar serán tus seguidores los que paguen tus errores.

- No hará falta mi presencia en este lugar, fuiste advertido Amon. – Sentenció Hiroshi dándose media vuelta para comenzar a caminar hacia el interior del asentamiento. – Lin, cuida de Asami. – Escuchó la morena el murmuro del señor Sato antes de que continuara su camino ¿Y así de fácil podía llegar a sentirse más tranquilo? Mientras tanto ella permanecía de pie, detrás de todos los soldados, no incluida en la pelea pero indispuesta a retirarse a la seguridad de su casa, con Asami en primera fila ¿Cómo es que su mismo padre podía retirarse de manera tan natural? No dudaba que la futura heredera fuera fuerte y capaz de defenderse por si misma, pero había algo dentro de ella que le impedía estar tranquila, aunque todos los soldados de Lin concentraran sus fuerzas en cuidar de Asami, aunque la misma Lin no le quitara los ojos de encima, aunque hicieran uso de las armas de fuego, no se sentiría en paz si no era ella misma la que se encargara de su protección, claro debía lograr eso causando el menor daño posible a sus enemigos.

Lin afilo la mirada. – Estén listos. – Advirtió, a demás de traer consigo ballestas y armas de fuego sus hombres cargaban dagas y garrotes, lo necesario para defenderse en una pelea cuerpo a cuerpo.

- Hagamos un trato, sin flechas y balas. – Dictó Amon. – Si bien me encuentro en desventaja por sus armas, sabes bien que si decidimos disparar nuestros arcos más de uno de tus hombres podría resultar mortalmente herido. ¿Crees que podrían manejar mejor las cosas en un combate cuerpo a cuerpo? Recuerda que también tienes la opción de entregar al Avatar.

- Creo que no tengo la necesidad de manchar mis manos de forma innecesaria, sin balas será, pero si ganamos quiero que se larguen de nuestras tierras y nunca vuelvan. – Dictó Asami.

- Hecho chiquilla. – Sonrió Amon y sin más que decir dio la señal a sus hombres de avanzar, Lin también dio luz verde, ambos grupos avanzaban con ferocidad, Asami se mantuvo de pie dejando que sus compañeros fueran por delante, el líder rebelde también se encontraba estático, ambos líderes intercambiaron miradas pactando un reto silencioso, Amon sonrió y comenzó a avanzar, su blanco, la futura heredera.

Sin perder más tiempo la morena corrió hacia los escombros más cercanos, escondida tras de estos respiró de forma profunda, recordando los ejercicios que su maestra le había enseñado, se concentró en la tierra y en todos sus componentes, cuando estuvo lista volvió a retirar sus botas, sonrió ante el recuerdo, esta vez el terreno en el que se encontraban ya había sido limpiado previamente, esta vez sus pies estarían bien.

"La clave para tener completo control sobre la tierra es esperar y escuchar, sentir la tierra y familiarizarte con ella, así podrás sentir hasta el más mínimo movimiento sobre esta, incluso podrás ver lo que tus ojos no detecten."

Visualizaba el campo de batalla, podía sentir las vibraciones subiendo por la planta de sus pies, los ejércitos se encontraban a punto de colisionar, con una respiración profunda y un movimiento firme golpeo la planta de su pie derecho contra el suelo creando un pequeño desnivel bajo los pies de los hombres de Amon, de pronto todos estos tropezaron y cayeron al instante, los hombres de Lin aprovecharon esto y tomaron ventaja de la situación, aún así eran superados en número, algunos de sus guardias debían lidiar con más de un enemigo, pero parecían estar capacitados para ello, Lin se abría paso dejando tendido en el suelo a todo aquel que se le enfrentaba, se notaba que tenía experiencia en lo que hacía.

- Parece ser que nuestro querido Avatar está al tanto de la pelea. – Sonrió Amon.

- ¿Aún mantienes esa idea? Mejor presta atención a lo que pasa aquí. – Amenazó Asami arremetiendo contra él, golpes iban y venían, ambos eran buenos defendiéndose, ningún ataque alcanzaba su objetivo, todos eran esquivados, desviados o bloqueados al instante, a pesar de la diferencia de estaturas entre el invasor y la ojiverde ella mantenía bien su defensa y lograba robarle el equilibrio a su enemigo de vez en vez, ninguno parecía estar cerca de cansarse, ninguno parecía estar dispuesto a dar un paso atrás.

- Uno de mis hombres la vio, una chica entró a la jungla prohibida ¿Nada extraño no? Los incautos siempre se pierden en ese lugar, lo que nos resultó extraño fue ver que aquella chica no se perdió, paso toda la noche ahí y por la mañana se le vio saliendo, caminando como si nada hubiera pasado, esa chica caminó de regreso a tu asentamiento. Sé que está aquí y los dos sabemos que solo el Avatar puede entrar y salir de ese lugar.

- ¿Lograste ver como era? Si me das una descripción detallada tal vez pueda buscarla por ti. – Se burló la joven manteniendo la guardia en alto frente a su agresor.

- No, pero sabes algo, mi hombre dijo que había logrado ver a otra persona siguiendo a la chica, esa persona también parecía ser una chica, una chica de cabello largo y negro, pero ella no entró a la jungla.

- ¿Y eso es todo lo que tienes? Me impresionas, con esos detalles cualquiera de las chicas que habitan en mi asentamiento podrían ser el Avatar, y cualquier chica de cabello negro y largo podría ser la persona que le siguió. – Sonrió antes de volver a arremeter contra él.

En el campo de batalla los hombres de Lin se apresuraban a atar las manos y piernas de los enemigos que lograban derribar, así iban disminuyendo sus números y evitando más víctimas, entre toda la agitación del momento no notaron a los hombres que cargaban consigo bombas de humo, el campo comenzó llenarse de una espesa neblina, Korra observaba a unos pocos metros de distancia ¿Debería entrar? Ahora que todos se encontraban peleando unos con otros no podía distinguir quien era amigo o enemigo, su tierra control no tenía tanta precisión.

- ¡Korra! – Se escuchó Bolin a medida que se acercaba corriendo, con él venían Mako y otros jóvenes del asentamiento, unos eran aspirantes a ser guardias, otros eran simples granjeros, pero todos eran jóvenes y por lo que había escuchado de Asami, todos sabían de defensa personal.

- Logramos rescatar a la familia del señor de las coles, ya están en la clínica y Tarloq se encarga de ellos ¿Qué está pasando aquí? – Cuestionó Mako.

- Volvieron a usar bombas de humo, antes de que todo se nublara Lin tenía control de la situación, pero ahora es difícil saberlo, Asami está luchando con Amon.

- Iremos a ayudar. – Declaró Mako. - ¿Vienes? – Se detuvo antes de seguir su camino.

- Si… yo.

- Será mejor que no sea así. – Se escuchó una voz grave, la mano de un hombre se poso sobre el hombro derecho de la morena, al girarse encontró la figura de Tenzin. – Adelante Mako. – Ordenó el mayor, todos echaron a correr, todos menos Korra y el aldeano.

- ¿Ocurre algo? – Cuestionó la morena confundida. - ¿Sabes que puedo defenderme cierto?

- Si, eso lo sé, pero creo que Lin tendrá todo bajo control, no hace falta que entres ahí.

- Debo ir, Asami está ahí, Amon es peligroso.

- Asami estará bien. – Insistió Tenzin estrechando con su mano el hombro de la joven.

- ¿Todo bien Tenzin? Pareces un poco extraño, seguro que todo esto te tiene un poco tenso pero… - Sus palabras se vieron interrumpidas por la intensa mirada del mayor.

- No vale la pena arriesgar tu identidad ahora, a penas empiezas, si alguno de los hombres de Amon escapa se encargará de delatarte con la línea de maleantes que existen en las tierras del antiguo reino tierra y sabes que este es el continente más grande ¿Cierto?

Sorprendida contemplaba el rostro preocupado del hombre frente a ella ¿Cómo se había enterado? Tenzin no solía llamar mucho la atención, era un hombre ordinario habitando en aquel lugar. ¿La habría estado observando? A su mente llegaban un montón de ideas que no lograba organizar, debía apresurarse y ayudar a sus amigos, pero las palabras de Tenzin eran sabias, podía confiar en los hombres y mujeres del asentamiento, más no en los invasores que pudiesen llegar a escapar.

- ¿Cómo? – Fue la única palabra que salió de sus labios.

- ¿De verdad no me parezco a él? Todos dicen que soy su viva imagen… de cualquier manera, por favor Avatar Korra, no es momento de tomar riesgos, inecesarios, es verdad que tienes enemigos por doquier, pero también tienes amigos. – Sonrió con seguridad, entonces procedió a sacar de su bolsillo un pequeño trozo de tela, en este había un grabado, una flor de loto, con eso bastó para que todo encajara en su lugar, podía confiar en él.

- Entiendo, muchos enemigos y pocos amigos, es precisamente por eso que debo ir a ayudar a mis amigos, al pueblo que Ang ayudó a formar. – Se negó a abandonar su posición, por un momento los ojos de Tenzin se llenaron de nostalgia, luego de eso el hombre respiró profundamente y bufó.

- Entonces iré contigo, es mi deber.

- Preferiría que cuidaras de Pema y los niños. – Sonrió con preocupación.

- Sabes que mi responsabilidad contigo viene primero.

- No le diré a nadie si decides romper las reglas. – Respondió ella guiñando un ojo, Tenzin rió por lo bajo.

- Ojala fuera algo tan simple como romper reglas, nuestro deber hacia el Avatar viene de algo más Korra, respeto y admiración, lealtad. – Pronunció con palabras suaves, siempre había sido así, alrededor de sus maestros se sentía como en casa, la orden era como una gran familia.

- Si ese es el caso solo te pediré un favor, no hagas nada estúpido solo por defenderme, tu familia te necesita. – Concluyó para luego echarse a correr hacia el campo de batalla.

Dentro de la neblina reinaba el caos, era difícil distinguir entre amigos y enemigos, se escuchaban gritos y bramidos, golpes volando por doquier, lanzas, cuchillos y dagas siendo peligrosamente blandidos, cuerpos caían al suelo derrotados y los vencedores arremetían encima para eliminar la posibilidad de que pudiesen volver a incorporarse, y todo dentro de una densa nube de humo entre la oscuridad de la noche.

Con facilidad esquivo un par de golpes, desarmo a uno de sus agresores y dejó inconsciente a otro, con los pies descalzos podía sentir cuando alguien se acercaba a ella, tenía esa ventaja y sacaría provecho de ello, con agilidad comenzó a avanzar a través del desastroso enfrentamiento, encontrando las posiciones de las personas se acercaba y buscaba a sus colegas para brindarles apoyo, el enemigo terminaba siendo emboscado sin oportunidad de reaccionar, aquello comenzaba a divertirle pues lograba ayudar a la gente del asentamiento sin tener que herir de gravedad a los agresores, nadie podía ver más allá de sus manos, incluso podía hacer uso de su tierra control sin ser notada, moviendo pequeñas rocas en el suelo lograba hacer caer a sus objetivos, pronto su intervención comenzó a darle ventaja a sus amigos y claro esto no fue ignorado por el líder rebelde que de inmediato comenzó a buscar el origen de su desventaja.

Ojos furtivos examinaban la neblina de arriba abajo, había logrado perder a Asami un par de minutos atrás, la chiquilla resultó ser más problemática de lo que se hubiera imaginado, no podía encargarse de ella mientras había algo extraño pasando a su alrededor, uno a uno sus hombres caían víctimas de lo que parecía ser una sombra que se movía con impresionante rapidez a través del humo, su ejército estaba acostumbrado a pelear en la neblina, esa era su estrategia, pero ahora parecía que la misma neblina representaba una desventaja, quien quiera que estuviera ahí parecía tener la habilidad de ver a pesar del humo y la obscuridad, no desaprovecharía la oportunidad, tal vez se trataba de la persona que buscaba.

Una daga voló por los aires, acariciando la piel de la morena marcó una línea color carmín a su paso, los ojos de Korra se abrieron de par en par al ver aquel proyectil pasar de largo, una cálida gota comenzó a bajar por su mejilla, limpiando el rastro de sangre con la parte posterior de su mano volteó en un intento de encontrar al responsable, nada, solo humo y sombras, sus pies no pasaban por alto ninguna presencia, pero claro no le permitían ver con claridad suficiente como para saber quién había lanzado la daga, tal vez se trataba de una daga que había fallado su blanco y la había alcanzado, de cualquier manera todo ahí dentro era un caos, sacudiendo la cabeza intentó despejar su mente, debía continuar, concentrada en su siguiente víctima avanzó sin ser vista, con el puño apretado se preparaba para atacar cuando escuchó una voz familiar.

- ¡Korra cuidado atrás! – Al darse la vuelta a penas pudo notar la lanza que volaba a toda velocidad hacia ella, sin poder evitar sus reflejos detuvo el proyectil en el aire, afortunadamente la punta del artefacto era de metal, más allá de la lanza se encontraba Amon con una amplia sonrisa y a un lado de él estaba Asami de rodillas en el suelo con un pequeño hilo de sangre corriendo de sus labios hacia su barbilla.

- ¡Te encontré! – Celebró el hombre con una breve risa. - ¡Tú! ¡Deja de meterte en mi camino, ya me has causado suficientes problemas! – Dirigió su mirada hacia Asami con una daga en mano, se encontraba a punto de blandirla cuando el suelo bajo sus pies se hundió causando así la pérdida de su equilibrio, la morena lo observaba con ojos furiosos. – Es a mí a quien quieres ¿Cierto? Deja al asentamiento fuera de esto.

- Si, verás, es eso lo mismo que yo le dije a tu amiga, pero al parecer está dispuesta a meter a todos en problemas con el fin de protegerte.

- ¡Entregar al Avatar es entregar el futuro de todos en las manos de un lunático! – Gruñó Asami arremetiendo contra el hombre, un fuerte rodillazo alcanzó el abdomen del invasor obligándolo a doblarse en busca de aire, antes de que pudiese recuperar el balance la ojiverde remató con un fuerte puñetazo sobre su rostro haciéndolo caer al suelo.

- ¡Atrapen al Avatar! ¡La chica de azul! – Alertó Amon a sus hombres que de inmediato abandonaron la batalla para comenzar a buscar a su objetivo, un grupo de hombres corrió a auxiliar a su líder, estos de inmediato arremetieron contra Asami, la chica mantuvo su defensa esquivando y bloqueando golpes, Lin corrió en su ayuda mientras el resto de sus hombres intentaban atrapar a los forasteros que ahora concentraban sus fuerzas en la caza de la morena, la neblina comenzaba a disiparse, poco a poco se iba recuperando la visión, claramente la batalla iba a favor de la gente del asentamiento pero los forasteros se negaban a rendirse.

De alguna manera la táctica de batalla del enemigo había cambiado, las armas que cargaban consigo eran de madera, otros tenían filos de metal, pero estaba segura de que no era cualquier tipo de metal. "Cargan platino con ellos" Recordó la voz de Varrick, parecían empeñados en asesinarla, un escalofrío le subió por la espalda, aquellos frente a ella eran personas que deseaban su muerte, una desagradable sensación se apoderó de su estómago, ella no había hecho nada para ganarse aquel odio, era injusto, apretando los dientes continuaba retrocediendo y defendiéndose, bloqueando ataques y desarmando a sus agresores, algunos lograron efectuar pequeños cortes en su piel, otros lograron acertar un golpe, el ruido de la revuelta comenzaba a aturdir sus oídos, deseaba estar fuera de ahí, el agotamiento comenzaba a hacerse presente en sus músculos, los hombres de Lin comenzaban a ayudarle atrapando a los invasores, pero los iban quitando de atrás y el frente de la línea de ataque del enemigo continuaba agobiando a la morena, sudor corría por su frente. – Basta… - Murmuró en un suspiro.

En su mente pudo revivir las imágenes del Avatar destruyendo la ciudad "Se lo merecen Korra… el mundo está mejor sin ellos" Escuchó la voz de aquel hombre, una lanza paso peligrosamente cerca de su cuello, haciendo un pequeño intento de metal control comprobó que en efecto aquellos artefactos contenían platino ¿Qué había hecho ella para ganarse tal odio? Apretando los ojos rechinó los dientes, sus manos temblaban.

- ¡Basta! – Gritó molesta, de inmediato una fuerte ráfaga de viento alejó a todos de ella e instantes después la tierra bajo sus pies comenzó a hundirlos hasta las rodillas, sorprendidos todos miraban a la joven que jadeaba frente a ellos con la mirada llena de ira, el sudor bajaba por su piel, su figura se mantenía fuerte e imponente, con pequeños cortes sangrantes y su ropa maltrecha se veían los rastros de la batalla, habían llegado a ella porque ella lo había permitido, eso quedaba claro pues ahora no había nada que pudieran hacer, estaban atrapados y eso lo había logrado con un simple movimiento, sin esfuerzo alguno, de pronto la realización del poder del Avatar comenzó a pesar sobre ellos, incluso con armas que la morena no pudiese manipular las oportunidades para hacerle daño eran casi nulas, si el Avatar lo deseaba podía desaparecerlos del mapa sin dejar rastro alguno, sin si quiera darles la oportunidad de acercarse.

Mako observaba boquiabierto, todos habían sido detenidos, amigos y enemigos, todos hundidos en la tierra por igual ¿Korra? Todo ese tiempo viviendo a su lado y no se dio cuenta, de pronto se escuchó un disparo, la figura de la morena se desplomó, de rodillas sobre el suelo la chica observaba como emanaba sangre de su pantorrilla izquierda.

- ¡Korra! – Gritó Mako con impotencia pues no podía correr a auxiliarla, a unos cuantos metros a la izquierda de la joven Avatar se encontraba Amon sosteniendo un arma de fuego en sus manos, sin quitar la mira de su objetivo el hombre reía entretenido. – Balas de platino mi querida Avatar, así que ni intentes detener el siguiente tiro.

La morena mantuvo la mirada sobre la boca del cañón del arma ¿Podría moverse más rápido que la bala? Tensando sus músculos se preparaba para efectuar un movimiento cuando se escuchó el disparo.

- ¡Korra! – Gritaron sus amigos con desesperación.


OK, se que algunos me dijeron que había sido mala por dejar el capítulo anterior como lo deje, no pensé que eso fuera a generar suspenso, en cambio por este capítulo les daría la razón. Muahahaha! xD! Ok Se que es feo, pero si gustan podemos volver de esto algo interactivo, siempre tengo la historia avanzada uno o dos capítulos antes de subir una actualización cada semana. (Si, ya tengo listo el capítulo siguiente a este jojo) Así que, como en los juegos de video, podrán desbloquear el siguiente capítulo en cuanto junten 10 reviews para este capítulo, claro, uno por persona.

Pensaba en aplicar esa regla cada que la historia entre en un punto crítico como este ¿Que les parece? (Yo también odio el suspenso).
Eso solo en caso de que quieran apresurar la publicación de la continuación jaja si no igual la siguiente semana se publica como de costumbre.

De nuevo. Muchas gracias a todos por seguir la historia y por sus comentarios! SALUDOS! :D