¡SALUDOS! Lo prometido es deuda, me harán escribir un poco más esta semana por eso de actualizar antes de tiempo jajaja xD disfruten!


Tras el eco de la detonación reinó el silencio, como si el tiempo se hubiese detenido todos permanecían inmóviles, Amon continuaba en su posición con la pistola apuntando hacia la morena, Korra no se atrevía a moverse. ¿La había herido? Entonces los dedos de Amon se relajaron dejando caer el arma que mantenían en su lugar, acto seguido sus rodillas se debilitaron y el hombre de la cicatriz se desplomó sobre el piso, un pequeño charco de sangre comenzó a formarse alrededor de su cabeza, había muerto.

Muchos aún intentaban descifrar lo que acababa de ocurrir, los ojos de la morena se fijaron sobre la figura de Asami que desde el fondo del grupo sostenía una pistola en su mano derecha, con ojos severos la pelinegra mantenía su posición, un profundo suspiro de alivio escapó de los labios de la joven Avatar, recobrando su postura se puso de pie y caminó hacia su amiga, con un rápido movimiento liberó a la chica de sus ataduras de tierra.

– Gracias. – Sonrió la morena con agotamiento colocando su mano sobre el cañón de la pistola para obligarla a bajar el arma, los ojos verdes de la pelinegra se cruzaron con los suyos, aquella mirada le permitió ver todos los sentimientos contrariados que moraban en el interior de su amiga, pudo ver el miedo, la confusión, la tristeza, el alivio, el enojo, pequeñas lágrimas comenzaban a formarse en aquellos ojos verdes.

- ¿Estas bien? – Al fin habló la mayor con voz débil.

- Si. – Volvió a sonreír la morena antes de envolver a su amiga entre sus brazos, estrechándola con fuerza escondió el rostro en el espacio que había entre su cuello y hombro, entonces pudo notar la manera en que el cuerpo de Asami temblaba, acababa de matar a un hombre, eso había tenido un fuerte impacto sobre ella, era un acto desagradable, pero de no ser por eso Amon habría sido el primero en disparar, Asami le había salvado la vida con aquel disparo.

- Lo siento. – Murmuró la ojiazul notando como las manos de Asami se aferraban con fuerza a su espalda, poco a poco la pelinegra comenzaba a recobrar la calma, su respiración comenzaba a normalizarse. – No tienes porque disculparte Korra. – Logró responder antes de tomar un profundo suspiro. – Me alegra que estés bien. – Compuso ahora con un tono de voz más estable antes de apartarse del abrazo, luego de tomarse un par de minutos para aclarar su mente Asami comenzó a caminar hacia el frente del grupo de hombres y mujeres que se encontraban atrapados en la tierra.

- Escuchen, estoy segura de que a estas alturas ya se habrán dado cuenta de la fuerza que posee mi asentamiento y de la fuerza que posee el Avatar, si yo lo hubiera deseado habríamos acabado con ustedes en un parpadeo y lo mismo habría hecho el Avatar, no tiene caso seguir con los ideales de Amon, su líder ha caído y ninguno de ustedes tiene a donde volver, consideraré el adoptarlos en mi asentamiento, pero hasta que tome una decisión serán encerrados y durante ese tiempo no quiero ningún incidente. ¿Entendido? Todo aquel que desde un inicio no desee quedarse en nuestro asentamiento por favor alcé la voz, tengan en cuenta que ahora que saben la identidad del Avatar nuestro deber es eliminar a los que puedan ir a buscar a más personas que la puedan perjudicar, sus vidas serán terminadas de inmediato y sin dolor, es lo más que les puedo dar. – Concluyó con tono severo.

- Korra ¿Podrías liberar a mis hombres? – Pidió la ojiverde con tono serio. – Y si no es mucho pedir… ¿Podrías levantar una prisión aquí mismo? La que está adentro de nuestro pueblo es muy pequeña para todas estas personas.

- Si, claro. – Respondió impresionada con la manera en que su amiga había logrado recobrar el control para poder mostrarse fuerte ante sus seguidores y su enemigo.

- Necesito que un par de hombres sepulten a Amon cerca del bosque, Lin, elige a veinte de tus hombres que no estén mal heridos y asígnalos a custodiar la prisión que Korra erguirá, pronto mandaré a algunos aldeanos con un poco de comida y vendajes para tratarlos, el resto de lo soldados que no tengan problemas para andar deberán ayudar a los heridos y los llevarán a la clínica, también mandaré aldeanos para ayudarles pero necesito que empiecen a llevar a los que estén más graves. En cuanto a los invasores, separen a los que estén mal heridos de los que no, los trataremos cuando nos hayamos encargado de nuestra gente. Y por último, no hace falta mencionar que ninguno tiene la autorización para hablar del Avatar, el secreto se queda entre los que estamos presentes ¿Entendido? Cualquiera que desafíe mi autoridad será debidamente castigado.

Concluyó Sato para luego darse media vuelta y caminar de regreso al asentamiento, su figura lucía firme e imponente, con órdenes fuertes y claras no había manera de que alguien dudara de su capacidad como líder.

- Necesito que se muevan. – Interrumpió Korra a los soldados, moviendo a los forasteros dentro de sus restricciones de roca los separó metódicamente dentro del espacio que correspondería a sus celdas, cuando tuvo a todos en su lugar se dispuso a elevar las paredes de la prisión, las celdas, las puertas, ventanas y rejas, todo había sido moldeado a base de roca sólida y en menos de quince minutos.

- Los que están del lado izquierdo necesitan atención médica, los del lado derecho estarán bien. – Le explicó a Lin. - ¿Necesitas una torre de control? – Cuestionó contemplando el edificio, la mirada de la líder militar se fijaba exclusivamente sobre la figura de la morena, todos permanecían boquiabiertos frente a lo que acababa de ocurrir, los poderes del Avatar lucían como magia ante los ojos de todos aquellos que solo habían escuchado de sus hazañas a través de cuentos y leyendas.

- ¿Ocurre algo? – Preguntó confundida.

- No, es solo que… sabía que había algo extraño contigo chiquilla. – Sonrió Lin. – Pero no me habría imaginado que tú serías nuestra nueva Avatar, es un placer conocerte. – Concluyó antes de dirigir su mirada hacia la nueva prisión. – Y no, todo está bien con esa prisión, gracias Korra. – Así se despidió para marcharse hacia donde se encontraban sus soldados.

Sin perder más tiempo se encaminó hacia los hombres que se encontraban lastimados, se disponía a ayudar a uno de ellos a ponerse de pie cuando sintió como la detenían por la muñeca, al voltear se encontró con la figura de su novio, Mako lucía molesto y algo preocupado, no podía culparlo por eso, luego de todo lo que había presenciado era de lo más natural que buscara las respuestas a sus dudas.

- No lo puedes ayudar, tú misma deberías llevarte a la enfermería. – Escuchó la áspera voz del joven.

- ¿Qué? Yo estoy bien Mako, puedo ayudar. – Se negó a escucharlo, con cuidado se inclinó para colocar sobre su hombro el brazo del soldado y así poder levantarlo.

- No ¿Qué hay del disparo que recibiste en la pierna? – Señaló el joven con evidente molestia.

- Fue solo un roce de bala, no penetró mi pierna, estoy bien. – Se defendió indispuesta a obedecerlo, a decir verdad le dolía al apoyar la pierna y aún sangraba un poco, pero se sentía responsable por la seguridad de toda esa gente, lo menos que podía hacer por ellos era ayudarlos a llegar a la enfermería.

- Yo lo llevo Korra, tu ve a la enfermería. – Insistió Mako tomando el otro brazo del soldado, ahora ambos compartían el peso, Korra gruñó. – Estoy bien Mako, solo llevaré a este soldado y una vez en la clínica le pediré a Tarlok que revise la herida.

Mako bufó, los dos continuaron caminando en silencio. - ¿Por qué no me lo dijiste? – Al fin rompió el silencio.

- ¿Decirte qué? – Respondió saliendo de sus profundos pensamientos.

- ¿En serio acabas de preguntar eso? No lo se, nada importante, solo el detalle de que tú eres el Avatar.

La morena suspiró, mirando hacia el horizonte observaba como todos en el asentamiento se movilizaban para auxiliar a sus amigos. – No es algo que pueda contar, lo ideal es que nadie sepa quien soy, es demasiado peligroso confiar el secreto, los pongo en peligro solo por eso.

- Es gracioso, Asami no parecía sorprendida. ¿Ella lo sabía? – Preguntó con seriedad.

- Creo que ella ya lo sabía…

- ¡Korra! – La interrumpió el chico.

- ¡No! Escucha Mako, yo no le dije nada a Asami, nunca hable nada con ella al respecto, pero ella se dio cuenta.

- Si claro. – Respondió con sarcasmo.

- Y aunque yo se lo hubiera dicho, Asami puede estar al tanto de quien soy ya que ella es la futura gobernadora del asentamiento, solo puedo hablar directamente con los líderes de los asentamientos, el punto es Mako, que mi secreto no es algo que puedo contarle a cualquiera, no a mis amigos, no a mis aliados, entre menos gente lo sepa es mejor.

- Sabes que puedes confiar en mi ¿Cierto?

- ¡Si! Por supuesto que si, pero en este caso son cosas que solo puedo y debo resolver por mi misma, incluir a cualquier otra persona sería arriesgar demasiado.

- ¿Y si estoy dispuesto a correr el riesgo? – Cuestionó deteniéndose un momento para mirar a la morena.

- Yo no estoy dispuesta a correr el riesgo. – Respondió con tono firme.

- Pues ya es tarde, muchos de nosotros presenciamos la batalla.

- Confío en ustedes, pero lamento que por culpa de esto los exponga más al peligro.

- Nos podemos defender, somos superiores a muchos rebeldes. – Gruñó el joven.

- ¡No! Eso no es lo que busco, Asami lo entendió bien, el objetivo de todos los que buscamos mejorar no es "eliminar" a los rebeldes, nuestro objetivo es unir a todos como una sola entidad y ayudarnos los unos a los otros.

- ¡¿Asami?!

- Si, ella supo que el uso de las armas no era el camino.

- Si, sus intenciones fueron buenas, pero por culpa de eso muchos de nuestros hombres resultaron heridos, pudimos haber librado esta batalla sin esos problemas, pudimos haber eliminado a Amon sin la necesidad de exponerte a ese disparo que casi termina con tu vida.

Un profundo y pesaroso suspiro escapó de los labios de la morena. – No entiendes Mako, si yo quisiera podría enterrar bajo tierra a todo aquel que decidiera oponerse a mis mandatos, quemarlos vivos, robarles el aíre, ahogarlos, todo lo podría hacer en un parpadeo, si cualquiera de los Avatares lo hubiera querido todos esos grupos anarquistas no serían más que un simple recuerdo y el Avatar podría hacer lo que se le viniera en gana y no habría más opción que obedecerme, pero si ese fuera el caso ¿Cuál sería el verdadero mensaje que transmitiría? Simplemente que el poder lo es todo, volvería a sembrar el mismo terror que una vez el Avatar obscuro se encargo de sembrar, y como resultado de sus actos nacieron todos estos grupos de personas llenas de odio, sería volver a repetir la historia, y lo mismo ocurriría si las personas que me apoyan decidieran tomar el poder en sus manos y aniquilar a esos grupos, la violencia trae descontento y el descontento crea a más gente que piensa que el Avatar es un símbolo negativo. ¿Entiendes? – Lo miró con la esperanza de que dejara de lado la idea de tomar las armas para solucionar cualquier conflicto que llegara a surgir, el joven exhalo pausadamente.

- Entiendo, pero es… complicado. – Se le notaba contrariado.

- Lo es, pero no tienes porque formar parte de todo este lío, me podrás ayudar mientras esté aquí y cuando me valla deberás seguir tu vida en el asentamiento, defenderte si hace falta, evitando muertes innecesarias y ya, no pienses más de la cuenta, eso me corresponde a mi. – Sonrió de forma cálida.

- ¿Te irás? – Pronunció con pesar.

- Si, no me puedo quedar en un solo lugar, debo ayudar a todos. – Continuó caminando, la idea no era agradable ni para ella misma, echaría de menos las amistades que había hecho en el asentamiento, pero debía seguir su camino, sus maestros la habían educado para ese momento, la mayor parte de su vida había consistido en extenuantes entrenamientos físicos y mentales que la prepararon para enfrentarse a todo ese tipo de situaciones, estaba lista para participar en todo tipo de enfrentamientos, para experimentar cualquier tipo de pérdida, para soportar largos viajes a solas, para sobrevivir en los climas más inhóspitos, decir adiós no era una tarea fácil, pero era algo que sabía debería hacer con frecuencia a lo largo de su vida.

Cuando al fin llegaron a la clínica colocaron al soldado en una de las camas, Mako no perdió el tiempo y se dirigió de vuelta al campo de batalla para ayudar a los demás, sin embargo no partió hasta asegurarse de que la morena tomara asiento en espera de que alguien llegara a revisar su pierna. Al ver desaparecer la figura de su novio Korra se puso de pie, la clínica estaba llena de gente, aldeanos que ayudaban con las curaciones y trasladaban a los heridos a sus habitaciones, en el pasillo pudo divisar a Jinora, aprovechando que se acercaba a ella la detuvo.

- ¡Jinora! Que bueno que te encuentro, de pura casualidad ¿No tienes una venda que me puedas brindar? – La pequeña de inmediato analizó su figura de arriba abajo, deteniendo su mirada sobre la pierna herida alzó una ceja. – "Eso" va a necesitar más que una venda Korra. – Dijo señalando la herida.

- Lo se, lo entiendo, pero me encuentro mejor que otros soldados y no quiero quitarle tiempo a Tarloq, conozco un poco de medicina, si me das una venda y un poco de agua puedo limpiarme y parcharme, no es tan grave como parece, a penas y me duele. – Intentó convencerla.

- No lo se… - Titubeo la menor, entonces una firme mano se posó sobre el hombro de la morena, sorprendida giró su cabeza para ver de quien se trataba, Asami se encontraba ahí, usando un delantal blanco sobre su ropa era claro que estaba ayudando a Tarloq con sus pacientes. – No te preocupes Jinora, yo me encargo de la forastera ¿Podrías traernos esa venda y el agua a la oficina de Tarloq? Todos los cuartos están llenos, deberíamos ampliar nuestra clínica pronto. – Comentó con una cálida sonrisa en el rostro.

- Si Asami. – Contestó la chica con entusiasmo antes de desaparecer entre los demás aldeanos. Una vez en la oficina la pelinegra se mantuvo de pie bajo el marco de la puerta, luego de recibir las cosas de la pequeña castaña se despidió de ella y cerró la puerta con seguro. Los vivaces ojos verdes de Sato se posaron sobre la figura de la joven Avatar, con una sonrisa audaz se acercó a ella y sujetando la cubeta con agua entre sus manos tomo impulso y lanzó el líquido hacia la morena que de inmediato quedo empapada, ambas se miraron con incredulidad, ambas lucían sorprendidas por lo que acababa de ocurrir, Korra alzó una ceja. - ¿A caso apesto? – Se preguntó, sin poder evitarlo Asami se echo a reír, aquella suave y elegante risa bastaba para dibujar una sonrisa en el rostro de la morena. - ¿Qué? Es en serio, me lo pudiste haber dicho. – Insistió.

- No… nada de eso, es solo que pensé que detendrías el agua con tus poderes. – Continuó entre risas, Korra rió por lo bajo. – De verdad no esperaba que hicieras eso y estoy acostumbrada a tener que ocultar mis poderes.

- Lo siento, de verdad lo siento. – Pronunció la mayor intentando recobrar la compostura, pero tanto el rostro sorprendido de la morena como el agua que escurría de su cabello le habían regalado una imagen bastante divertida de la poderosa Avatar.

- Te perdonaré solo porque salvaste mi vida el día de hoy. – Sonrió sin dejar de observar a la pelinegra, su piel lucía sucia, pudo notar algunos moretones y rasguños en ella, la ropa que siempre vestía de forma tan pulcra y alineada ahora se mostraba sucia y maltrecha, con manchas de sangre, aún así su postura se mantenía intacta, era una chica refinada con espíritu inquebrantable, valiente hasta la última molécula y con una fortaleza digna de admirarse, de inteligencia inigualable, un corazón gentil y justo, Asami Sato era única.

- Me alegra escuchar eso. – Sonrió la ojiverde logrando dejar la risa atrás, de pronto se mostró sorprendida y preocupada al notar como el agua había alcanzado el escritorio del médico empapando algunos documentos. – Maldición. – Se apresuró a evaluar los daños.

- No te preocupes por eso. – Interrumpió la morena. – Yo lo arreglo. – Asami observó con atención mientras ella manipulaba el agua extrayendo hasta la última gota del papel, los verdes orbes de la mayor seguían con fidelidad cada movimiento del líquido a medida que comenzaba a flotar.

- Increíble. – Murmuró. – Es decir… he leído tanto sobre esto, el control de los elementos y el Avatar, pero poder presenciar como es en realidad, eso está en otro nivel, es… lo veo y me parece difícil de creer. – Habló con entusiasmo.

- Desearía poder verlo de la misma manera que tú, pero ya que hago esto desde que tengo uso de memoria… me parece algo muy natural.

- Ser la única persona en el mundo con el poder de hacer algo semejante no tiene nada de natural. – Sonrió la pelinegra, sus miradas se cruzaron y por un momento reino el silencio, Asami aclaró su garganta antes de desviar la mirada.

- Quiero ver como lo haces. – Declaró con ojos brillantes.

- ¿Hacer qué?

- Sanar tus heridas con agua. – Aclaró, de alguna manera el poder compartir su secreto de esa manera con su amiga resultaba ser gratificante, era como quitarse un peso de encima, podía ser ella misma sin ocultar nada y sin el miedo a ser rechazada, además Asami parecía conocer mucho al respecto, tal vez Hiroshi le había enseñado, o tal vez poseía libros antiguos de los maestros de los elementos.

- Es bastante sencillo, observa. – Envolviendo su mano derecha en el líquido comenzó a frotar su herida, suspiró aliviada al sentir el agua sobre su piel, poco a poco fue limpiando la herida y cerrando los cortes más profundos, el aspecto rojizo y la inflamación que había alrededor comenzó a disminuir, al cabo de un par de minutos se detuvo, la herida no había cerrado por completo pero ahora tenía el aspecto de una herida con una cicatrización de una semana. – Eso es todo lo que puedo hacer por hoy, si continúo con esto por tres días mi perna quedará como nueva.

- Sabía que debía ser eso. – Rió la ojiverde.

- ¿Debía ser que?

- Tu recuperación milagrosa, no había otra explicación.

- ¿Cuándo te diste cuenta?

- Korra… llegaste luego de una tormenta encima de un bloque de hielo, entiendo que hay barcos que transportan hielo, pero era un bloque demasiado grande, y aunque el bloque fuera grande, mantenerse sobre él no habría sido una tarea sencilla en medio de aquel tifón. Lo segundo fue tu recuperación rápida Y el vapor del baño, cuando llenamos la bañera con agua caliente produce vapor, pero generalmente para el momento en que terminas de bañarte no debería haberlo, sin embargo cuando tú salías siempre había vapor, el agua mantenía su temperatura caliente. Lo tercero y la prueba definitiva fue cuando te marchaste a la jungla, nadie puede entrar y salir de aquel lugar, solo el Avatar.

- Aún no me explico como es que pudiste seguirme sin que yo me diera cuenta… - Murmuró.

- No me subestimes. – Sonrió Asami. – Y bueno, será mejor que vende tu pierna y vuelva al trabajo, hay mucho que hacer. – La morena tomó asiento en la orilla del escritorio de Tarloq, observaba con atención a su amiga mientras esta envolvía su pierna con la venda, de nuevo pudo sentir como su pulso comenzaba a acelerarse, durante el tiempo que llevaba viviendo en el asentamiento se había vuelto muy apegada a la ojiverde ¿Y como no hacerlo? Ella había sido la persona que mejor la había tratado desde un inicio, siempre amigable y divertida.

- Listo, te pediría que descanses pero… ni yo misma me he dado un descanso, así que no creo que el Avatar quiera hacerlo.

- No, mi prioridad siempre será ayudar. – Confirmó con una pequeña sonrisa.

- Me lo esperaba. – Antes de que la pelinegra se diera media vuelta la detuvo sosteniendo su muñeca.

- Espera, no creo que nadie note que te hacen falta un par de moretones o rasguños. – Entonces se puso de pie, de nuevo envolvió su mano en agua para colocarla con suavidad sobre el rostro de su amiga, sosteniendo su mejilla le era difícil ignorar la cercanía que había entre ellas, pudo notar como el rostro de Asami se sonrojaba, ambas sonrieron, la ojiverde desvió la mirada. – Se siente… muy bien, refrescante.

- Si, mejor que las curaciones con alcohol. – Comentó haciendo referencia a la ocasión en que la chica había curado sus pies, Asami rió por lo bajo. - ¿Qué puedo decir? Era por tu bien.

- Lo se. – Volvió a reír.

- Gracias Korra. – Se escuchó la voz de la mayor al terminarse las curaciones, sin previo aviso la pelinegra se inclinó para depositar un cálido beso sobre su frente, entonces tomo la cubeta y caminó hacia la puerta. – Nos vemos luego. – Se despidió Sato con voz elegante. Con la mente en blanco permaneció en silencio un par de minutos, no podía dejar de pensar que Asami, en efecto, era encantadora, lo pensaba siempre que la veía, siempre que se despedía de ella. Podía pensar eso sin que hubiera un significado para ello ¿Cierto? Cualquiera que la conociera podía llegar a pensarlo, porque ¡Lo era! Quien no fuera capaz de notarlo debía tener serios problemas, esa sensación de estupor que siempre le ocasionaba su presencia debía deberse a sus encantos naturales, siempre radiante, siempre elegante, siempre… ¿Atractiva? Su rostro hirvió al darse cuenta de que había comenzado a repasar mentalmente la blanca sonrisa de su amiga, sus labios color carmín, su cabello negro, largo y ondulado, sus ojos verdes…de nuevo, por enésima vez, estaba pensando más de la cuenta. Sacudiendo la cabeza se dio un par de bofetadas sobre las mejillas, debía volver a ayudar.

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La noche había sido larga, al amanecer las actividades en el asentamiento no eran como de costumbre, había un grupo de personas ocupándose del muro que había sido derrumbado, veinte guardias se ocupaban de la nueva prisión, la antigua prisión había sido cerrada, tal como lo había prometido Asami ordenó la liberación de Varrick y sus hombres bajo la condición de que debían quedarse dentro de los muros en todo momento, necesitaban más manos para ayudar en el lugar, como de costumbre los forasteros fueron asignados a distintos guardias, no podrían andar sin supervisión, Varrick había sido asignado al cuidado de Zhu Li ya que Asami confiaba en ella y quería tener a Varrick cerca para poder vigilarlo ella misma.

El total de heridos había ascendido a los 43 de los cuales 31 habían sido lesiones leves y 12 habían sido heridos de gravedad, luego de haber tratado las lesiones menores la clínica se había despejado, el edificio contaba con diez habitaciones, cinco de ellas tenían el espacio suficiente para albergar dos camas, las otras cinco solo albergaban una, la clínica no era muy grande ya que nunca ocupaban más de dos o tres habitaciones, el enfrentamiento con Amon había sido una excepción, a demás de las 10 habitaciones el lugar contaba con un par de oficinas, una sala de juntas y dos habitaciones acondicionadas como quirófanos.

El médico se encontraba exhausto, incluso con la ayuda de cinco aldeanos, Asami y sus dos aprendices, Jinora y Kai, había tenido poco tiempo para descansar, ya habían estabilizado a su gente pero aún estaban los hombres de Amon, Asami le había ordenado descansar hasta que ella diera nuevas instrucciones, no podía explotarlos, necesitaban un respiro, mandar a sus guardias con comida a la prisión era lo más que podía hacer por el momento.

Mientras tanto, luego de dormir un par de horas la morena se puso de pie, eran las siete de la mañana, Mako había descansado durante la noche pues Lin lo había asignado para las guardias durante la mañana, el chico había salido de casa a las cinco, Bolin aún dormía, él había ayudado a lo largo de la noche en la reconstrucción del muro, y ahora ella debía continuar con sus planes, luego de desayunar un poco del caldo de pollo comenzó a buscar entre su ropa el pequeño saco que le habían entregado los espíritus dentro del cual se encontraba guardada la pieza de pan, cuando lo hubo encontrado se puso en marcha hacia la casa de los Sato.

Asami la recibió con gusto, se le veía cansada, seguro no había dormido ni un poco desde la noche anterior, en el comedor se encontraban Hiroshi y Lin, se les veía muy concentrados al repasar unos planos que estaban sobre la mesa.

- Bueno, es claro que ahora mi padre está al tanto de tu identidad y está pensado en aprovechar tu visita para realizar una ampliación. – Explicó la pelinegra a medida que avanzaban por el pasillo hacia la sala. – Espero que eso no te cause muchas molestias. – Continuó para luego tomar asiento sobre un sofá.

- No, para nada. – Respondió de inmediato. – Puedo levantar la tierra sin esfuerzo alguno, me parece razonable que tu padre quiera aprovechar mi visita.

- Que bueno. – Suspiró la ojiverde con alivio. - ¿A qué se debe tu visita? – Compuso observando a la morena que se encontraba sentada frente a ella.

- Tengo un plan, entiendo que revelar mi identidad a todos tus aldeanos sería exponerlos al peligro, así que sería imprudente querer ayudarlos con mi agua control, ya sabes, para curar sus heridas, pero los hombres de Amon ya saben quien soy y entiendo que el asentamiento no cuenta con el equipo médico necesario para tratar a tantas personas, podría ayudarte curando a los forasteros, y otra cosa. – Agregó sacando de su mochila el costal con el pan, partiendo la pieza a la mitad le entregó a la pelinegra uno de los trozos. – Este pan me lo entregaron los espíritus, dijeron que me ayudaría a sanar, entiendo que de los heridos que descansan en la clínica hay tres que se encuentran muy graves, parte esa mitad en tres trozos y dáselos de comer, si no me equivoco los ayudará a recuperarse más rápido.

- ¿De verdad harías eso por nosotros?

- ¡Pero claro! Si mis maestros no se equivocaban, este asentamiento es uno de los pocos que me apoyan en su totalidad.

- Bueno, creo que en eso tienes razón. – Sonrió la ojiverde.

- Te quiero pedir una cosa Asami.

- Dime.

- Promete que descansarás luego de llevar ese pan a la clínica. ¿Si? Yo me encargaré de los forasteros, le pediré a Zhu Li que te prepare la bañera, te asearas y luego dormirás.

- ¿No aceptarás un NO como respuesta cierto? – Respondió la ojiverde alzando una ceja.

- No, ya hiciste suficiente, te ves agotada, tu padre se hará cargo estoy segura, además ya tenemos todo cubierto y el Avatar está en el asentamiento, la seguridad no es problema. – Le guiñó un ojo antes de ponerse de pie, Asami exhalo con pesadez para luego aceptar. Habiendo cumplido su cometido en casa de los Sato se despidió y salió con dirección hacia la prisión, una vez dentro le dio prioridad a los que se encontraban más graves.

Heridas de todo tipo, desde moretones hasta huesos rotos, aquellos bandidos tenían suerte de que su entrenamiento incluyera clases de medicina, después de todo si su vida iba a ser una gran aventura llena de peligro y viajes en solitario debería ser ella misma la que cuidara de su salud, ella misma debería sanar sus heridas luego de las batallas, y ahora ese conocimiento le serviría para reparar los cuerpos de aquellas personas.

Envolviendo las piernas y brazos rotos en delgadas pero resistentes capas de roca los inmovilizaba luego de acomodar el hueso en su lugar, con el agua control sanaba golpes y cortadas. Al final le había tomado toda la mañana y parte de la tarde revisar a todos los forasteros, lo que le sorprendió fue escuchar palabras de agradecimiento, hombres y mujeres la miraban con admiración, rostros que alguna vez solo mostraban odio y el deseo de asesinarla ahora lucían esperanzados al verla, al menos eso le quitaba un peso de encima, si ellos podían tener un cambio tan absurdo de un momento a otro, tal vez convencer a otros rebeldes de unirse a su causa no era una idea del todo descabellada.

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Los días comenzaron a pasar más a prisa luego del ataque de Amon, era como si el hecho de saber que pronto debería partir de alguna manera lograra acelerar el tiempo. Al tercer día luego de revelar su identidad Hiroshi había pedido hablar con ella, hubo una reunión dentro de la sala de juntas en la clínica a la cual asistieron Hiroshi, Lin, Asami y Tarloq, todos junto con la morena planeaban la expansión de sus territorios, si adoptaban a todos los hombres de Amon lograrían crecer en números bastante rápido, los forasteros eran jóvenes, hombres y mujeres fuertes y capaces de ayudar al desarrollo del lugar, además tenían conocimiento en el área del combate, aumentarían la defensa del asentamiento, solo debían asegurarse de que se mantuvieran leales a ellos. Claro, la mayoría de los forasteros habían aceptado quedarse luego de saber de las armas de fuego, podían vivir ahí y sentirse protegidos, en el asentamiento no habría emboscadas, no habría porque temer la pérdida de su hogar, tenían algo con que asegurar sus hogares.

Los nuevos muros fueron levantados durante la madrugada para evitar que los aldeanos se percataran de la presencia del Avatar, siguiendo los planos que le habían entregado levantó nuevas casas, una nueva clínica, un campo de entrenamiento, nuevos espacios para los cultivos y una escuela, la antigua clínica sería usada como almacén de recursos.

Cuando las nuevas estructuras fueron descubiertas todos comenzaron a correr la voz, muchas teorías iban y venían, el Avatar tal vez estaba siendo retenido junto a los forasteros dentro de la nueva prisión y lo encubrían para preservar su anonimato, era divertido ver como sus mentes luchaban por encontrar la verdad, Hiroshi se había limitado a disculparse explicando que el Avatar había vuelto y que una vez más los estaba ayudando pero que mantener su identidad oculta era crucial.

La gente continuaba hablando y ella continuaba realizando sus tareas con el consentimiento de los líderes del asentamiento durante las madrugadas, poco a poco comenzó a transportar los deshechos que habían sido separados, clasificados y depositados en los tiraderos que estaban en las afueras del asentamiento, los llevaba al mundo de los espíritus y estos a cambio le entregaban tierra fértil para los nuevos campos de cultivo, poder realizar sus tareas como Avatar le provocaban satisfacción, al fin podía ayudar como se supone que debía hacerlo.

Afortunadamente siempre tenía la compañía de alguien mientras trabajaba, Mako o Asami nunca parecían indispuestos a perder una noche de sueño con el fin de ayudarla en sus deberes, la relación entre esos dos ahora era peor que nunca, a penas parecían soportarse, en más de una ocasión los había visto discutiendo pero siempre callaban al percatarse de su presencia, no entendía cual era el problema, tanto Mako como Asami decían que ya no compartían ese "vinculo especial" entre ellos, pero estaba segura de que se habían vuelto más hostiles entre ellos cuando ella había aceptado salir con Mako, toda la situación era complicada e incómoda así que prefería continuar viéndolos por separado.

Su relación con Mako iba bien, se había acostumbrado a tomar su mano de vez en cuando, incluso ya lo había besado, a veces era agradable poder refugiarse entre sus brazos, aún intentaba entender todo eso del "romance" ya que la mayor parte del tiempo sentía como si Makoy ella compartieran una muy buena amistad, lo quería, lo quería como si fuera un miembro de su familia, pero a veces dudaba ¿Era así como debía sentirse con él? ¿Era así como debía ser el amor? El tema era agotador, podía coquetear con Mako y juguetear, podía mantener su mirada y disfrutar de la intensidad de sus ojos y sentirse feliz de tenerlo a su lado, pero había algo más que la intrigaba, existían unos ojos que era incapaz de mirar por mucho tiempo ya que el más mínimo contacto disparaba todo tipo de sensaciones en su interior, bastaba notar como aquellos hermosos ojos la miraban de forma insistente para convertirse en un manojo de nervios, sin importar cuanto hubiese entrenado a lo largo de su vida y cuan bueno fuera el control que tuviera sobre su cuerpo, cuando aquellos ojos se mostraban juguetones, cuando la miraban como si quisieran absorber cada detalle de su imagen, entonces sus movimientos se volvían torpes, tropezaba, las cosas se le resbalaban de las manos, su voz temblaba, y todo por una mirada, todo por "esa" mirada.

Habían pasado a penas dos semanas luego de todo el revuelo con la invasión de Amon, y se podía decir que había concluido sus deberes, por más difícil que fuese aceptarlo era momento de partir. Era miércoles por la tarde, todos se dedicaban a sus rutinas diarias mientras ella caminaba por el asentamiento, contemplaba cada uno de los detalles que sus ojos podían captar, pronto debería irse y todo aquello no sería más que un mero recuerdo, luego de meditarlo durante el transcurso de la mañana había decidido que partiría el sábado así que tenía tres días para disfrutar de sus amigos.

La primera casa que decidió visitar fue la de Tenzin, era agradable pasar tiempo con su familia, se obtenía de ellos la sensación de un hogar cálido y tranquilo, como si el mundo a su alrededor no se encontrara hecho trizas. Al llegar fue Pema la que la recibió, sin demora la hizo pasar y la invitó a quedarse a comer, la morena aceptó de inmediato y acompañó a la mujer a la cocina donde se dispuso a ayudarla, ya que comería con ellos era lo menos que podía hacer, por el momento Tenzin se encontraba fuera, no tardaría en volver para acompañar a su familia a comer, los niños la saludaron con entusiasmo antes de volver a sus actividades, Meelo se encontraba más tranquilo que de costumbre, se le notaba muy concentrado en un dibujo mientras Ikki jugaba con una muñeca.

- Entiendo que pronto deberás irte, terminaste ya con todos los pendientes que tenías en este asentamiento.

- Así es… - Suspiró pesarosa, Pema sonrió sin dejar de cortar unas hojas de lechuga. – No te desanimes Korra, estoy segura de que encontraras amigos en cada pueblo que visites, es verdad que el mundo es un lugar caótico, pero no es tan malo como se dice, las personas siguen siendo personas, todos buscan amigos, amor y un buen lugar para vivir.

- ¿Has viajado a otros asentamientos antes? – Cuestionó con esperanza, Pema y sus hijos estaban al tanto de todo el tema del Avatar, al ser la familia de Tenzin sería peligroso que ignoraran la situación, lo mejor era que se mantuvieran alertas.

- Si, Tenzin y yo hemos viajado por doquier, después de todo ser miembros de la orden de loto no es una tarea sencilla, eres perseguido, casi tanto como el Avatar, fuimos afortunados al ser asignados a este asentamiento, aquí no hay peligro para nosotros… por eso decidimos iniciar una familia. – La cálida sonrisa de Pema logró quitarle un poco de peso de encima, no estaría sola. A las dos de la tarde la comida estuvo lista, Jinora y Tenzin aparecieron justo a tiempo, una vez estuvieron todos en la mesa comenzaron a comer, pasta preparada con crema acompañada de pan con mantequilla y una ensalada, la comida de Pema siempre tenía un sabor exquisito.

- ¿Y cual será tu siguiente paradero Avatar? – Cuestionó el jefe de familia.

- Ba sing se. – Respondió entre bocados.

- Ciertamente un lugar interesante.

- ¿Es un lugar complicado?

- No… bueno, el asentamiento principal está dividido entre personas que apoyan al Avatar y personas que no, de cualquier manera, lo más peligroso siempre son los grupos rebeldes que no pertenecen al asentamiento.

- Claro. – Murmuró recordando la batalla con Amon, detestaría volver a presenciar algo así, no quería que más gente resultara herida por su culpa, de ahora en adelante sus peleas las debería librar sola.

- He escuchado que ahora la persona que tiene el control de los rebeldes es una joven llamada Kuvira, y el problema no radica en el número de las personas que la siguen, si no en que es buena en el arte de la guerra, todos sus hombres están bien entrenados, es una mujer inteligente y ambiciosa.

- Kuvira… - Suspiró intentando pensar en el tipo de persona que esa chica pudiera ser, Amon parecía ser un hombre decidido, valiente y con pensamientos firmes, nunca lo notó titubear, nunca reconsideró su misión de asesinar al Avatar y su simple ejemplo bastaba para movilizar a todos sus seguidores, al final de no ser por el tiro de Asami aquel hombre habría podido lograr su cometido, un escalofrío le subió por la espalda, en Ba sing se no habría nadie que cuidara de ella, debería tener más cuidado, afilar sus sentidos y mantener su vida como la máxima prioridad, de nada servirían sus buenas intenciones si moría, además de arruinar su misión arruinaría los años de sacrificio que sus maestros le habían dedicado, y haría sufrir a sus padres, morir no era opción.

- Lo harás bien Korra, a diferencia de Aang tú naciste con el espíritu de un guerrero, eres feroz y dominas el arte de las batallas. – Sonrió su amigo de forma cálida.

- Gracias Tenzin. – Respondió devolviendo la sonrisa. Al finalizar su comida la familia la invitó a jugar cartas, esos juegos eran sumamente interesantes ya que difícilmente se le podía ganar a Jinora, esa niña era increíblemente lista, era fácil imaginarla dentro de unos años como una excelente médico, no había nada que no se memorizara al instante, siempre llevaba con ella un libro y en sus tiempos libres estudiaba o leía por placer. Así pues pasó el resto de la tarde con la familia intentando derrocar a la pequeña Jinora del primer lugar.

Cuando se dieron las siete de la noche se despidió y partió rumbo a su siguiente parada, la casa de los Sato, debía ver a Asami, tenía algo que proponerle, desde el incidente con Amon la pelinegra lucía un poco apagada, a pesar de que intentara lucir tan activa y alegre como siempre era fácil para la morena notar un pequeño cambio en ella, el abrazo que compartió con ella luego de aquel disparo fatal, la manera en que su cuerpo temblaba, el terror que se reflejó en aquellos ojos verdes y luego de eso la forma tan rápida en que había recobrado la compostura, no había manera de que todo el miedo que había reflejado en aquel abrazo se hubiese disipado de un momento a otro, en realidad hasta el momento no había tenido tiempo para hablar con ella al respecto, le había agradecido por salvar su vida, si, pero eso no borraría la imagen que se había tatuado en la conciencia de Asami, había asesinado a un hombre, era algo que tal vez nunca olvidaría.

Sin hacer uso de la puerta principal se escabullo hasta llegar a la habitación de su amiga, luego de quitar el seguro de la ventana se adentró en el cuarto solo para encontrarse con la mirada divertida de Asami, la chica se encontraba recostada en el sofá con un libro entre manos.

- ¿Puedo pasar? – Comentó con tono divertido.

- ¿Y qué esperas que diga? Ya estás adentro. – Rió la mayor. – De nuevo en la calle a pesar del frío, supongo que este clima de verdad te hace sentir como en casa.

- Si, eso creo. – Sonrió para luego cerrar la ventana tras de si.

- Adelante, toma asiento. – La invitó haciendo un espacio en el sofá para la morena. – Así que cuéntame ¿Qué te trae por aquí?

- Tú. – Respondió sin pensar pues se había perdido en la imagen de su amiga, reaccionó al notar el leve rubor que se pintaba sobre sus blancas mejillas, de inmediato se forzó a salir del trance y rió por lo bajo. – Lo siento, eso sonó un poco extraño.

- Un poco, si. – Sonrió Asami desviando la mirada.

- Quería decir que… - Suspiró. – Nunca me di el tiempo necesario para agradecer lo que hiciste por mí, salvaste mi vida ahí afuera y se que lo que tuviste que hacer para eso no fue fácil. – Tras estas palabras los ojos de la pelinegra perdieron su brillo, de inmediato su mirada se clavó en el piso, ante esto la morena se acercó a ella, colocando su mano izquierda sobre el hombro de su amiga continuó. – Escucha, sé que debió ser difícil para ti y que a pesar de eso en el momento debías mostrarte fuerte, pero ¿Te has dado un tiempo para enfrentar lo que paso? Últimamente te noto un poco… ¿Agotada? A veces parece que te pierdes en tus pensamientos, pensé que debía hablar contigo al respecto.

Ninguna de las dos habló, Asami parecía meditar las palabras de la morena, movía sus labios como si se encontrara a punto de hablar pero al final no surgía nada, un profundo suspiro se hizo presente y tras este sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, sus manos comenzaron a temblar, apretando los dientes ciñó el entrecejo y una cálida gota bajó por su mejilla, con una suave caricia la ojiazul limpió el rastro de aquella lágrima, al alzar la mirada Asami se encontró con los ojos comprensivos de su amiga, de un movimiento dejó caer el peso de su frente sobre el pecho de la joven Avatar refugiándose entre sus brazos, sollozaba en silencio mientras suaves caricias la reconfortaban.

- Entiendo que llevas sobre tus hombros la responsabilidad de ser la próxima líder del asentamiento, pero eso no significa que debas ser fuerte en todo momento, debes de tomar cierto tiempo para ti, llorar está bien, mis maestros me explicaron que ser el Avatar sería una tarea difícil, y que debía ser fuerte, ante mis enemigos y seguidores no debo mostrar ningún tipo de inseguridad, pero eso no significa dejar de lado los sentimientos que inevitablemente van a surgir en ciertas situaciones, por el contrario, significa que debo aprender a escoger los momentos en los que los puedo dejar salir. Sin embargo, No enfrentar eso que sientes, eso sería un error y te consumiría con el tiempo… - Guardó silencio por un momento sin dejar de acariciar la espalda de la pelinegra.

– Al menos eso dicen ellos, y son un montón de ancianos. Tantos años de existencia en esta tierra les debió haber enseñado algo ¿No? – Este último comentario logró hacer reír a su amiga.

- No logro olvidar la imagen de su cuerpo desplomándose en cámara lenta, jamás volvería a estar en pie, simplemente apreté el gatillo y su vida se esfumo. – Comenzó a hablar con voz quebradiza. – Así de fácil, se fue, así de fácil podría haber acabado con la vida de todos sus hombres y así de fácil podría resolver todos mis problemas en mi futuro como gobernante. Con solo apuntar y jalar el gatillo basta. – De nuevo hubo silencio, la respiración de Asami comenzaba a normalizarse. – Pronto seré la líder de este asentamiento y eso significa que deberé enfrentarme a más personas como él y no quiero que la solución sea un arma, preferiría no tener que volver a tomar una nunca más, pero en la balanza se encuentra mi gente, son ellos o el enemigo… mi padre dijo que debía acostumbrarme a este tipo de encuentros, que debía poner el ejemplo y dar un mensaje claro a todos aquellos que se atrevieran a cruzar la línea, y que si al final las cosas se reducían a tener que volver a matar… que entonces debo hacerlo sin titubear. Si ese es el caso ¿En qué tipo de persona me convertiré? ¿Una asesina?

La morena suspiró, estrechando a Asami con fuerza la mantuvo cerca de su pecho. – Yo me aseguraré de que a tu asentamiento no se acerque nadie que te pueda volver a orillar a tomar una decisión similar, después de todo esos grupos de rebeldes se formaron por culpa del Avatar, entonces será el Avatar quien los mantenga lejos de los pueblos que intentan mantener una vida pacífica.

- No, no puedes hacerte responsable por las malas decisiones que han tomado esos grupos hasta el momento, muchos de ellos no tienen un propósito en específico, muchos de ellos solo se unen a los líderes rebeldes para poder viajar de un lado a otro causando estragos y robando cosas, el tema del Avatar se convierte en el pretexto ideal, por eso cuando cae el cabecilla caen todos. – La mayor se enderezó y las dos cruzaron miradas, Asami sonrió y otro suspiro volvió a escapar de sus labios.

– Puede que tengas razón. – Admitió Korra. – Pero aún así mantendré a esas personas ocupadas, lejos de este asentamiento, no tienes porque preocuparte, tu padre se enfrento a situaciones un poco diferentes, pero dime ¿Cuánto tiempo llevaban sin tener que enfrentarse a un enemigo similar? Años, tú nunca debiste presenciar eso durante tu infancia, así que estate tranquila, podrían pasar otros quince años sin que alguien vuelva a cruzar "la línea"

- Gracias Korra. – Murmuró la ojiverde recargando su cabeza sobre el hombro de la morena. – Y si, creo que tus venerables maestros tenían razón, ahora me siento mejor. – Admitió cerrando los ojos.

Aquella noche la paso en casa de los Sato, Asami se había quedado dormida entre sus brazos así que no había tenido más opción que cargarla y meterla a su cama, antes de darse media vuelta para dirigirse a la ventana la suave voz de su amiga la detuvo, le pidió que pasara la noche con ella, no podía negarse, eran sus últimos días en el asentamiento y esos serían tal vez los últimos momentos que compartiría con Asami, no sabía cuando podría volver, pasarían años antes de que pudiese verlos a todos de nuevo.

Por la mañana abrió los ojos, Asami descansaba entre sus brazos, se le veía tranquila y relajada, esperaba que luego de su plática durante la noche lograra sentirse mejor, era la primera vez que veía ese lado de ella, por lo general la heredera se mostraba fuerte y siempre optimista, siempre con un plan de respaldo para cualquier situación, era la primera vez que la veía llorar, incluso cuando hablaba sobre la pérdida de su madre se mostraba fuerte, estaría bien, estaba segura de que podría salir adelante y usar la experiencia con Amon para volverse más fuerte, pero por el momento necesitaba adoptar su debilidad y ella estaría ahí para apoyarla.

Sin decir nada permaneció en silencio observando a su amiga dormir, era temprano, cerca de las ocho de la mañana, por lo general Asami solía despertar antes, su rutina la obligaba a ponerse de pie desde las seis, sin embargo ahora continuaba durmiendo y no parecía estar cerca de despertar, tal vez había estado durmiendo mal últimamente, la ojiverde no era de las personas que disfrutaran pasar las mañanas a gusto en cama, siempre andaba en busca de algo que hacer, el tiempo continuó pasando hasta que al fin vio aparecer el verde en sus ojos, sus miradas se cruzaron, el rostro de la pelinegra paso de mostrarse alegre a confundido y luego apenado, afinando su garganta se alejó un poco cortando el abrazo que las había unido durante la noche.

- Buenos días. – Sonrió volviendo a cerrar los ojos y liberando un profundo suspiro.

- Buenos días. – Saludó la morena.

- ¿Qué hora es?

- Las nueve de la mañana.

- ¡¿Qué?! – Se alarmó la pelinegra.

- No re preocupes, tengo planes para hoy, así que tendrás que posponer tus tareas para otro día. – Interrumpió Korra con una amplia sonrisa.

- ¿Planes? –Interrogó confundida.

- Si, claro, si aceptas venir conmigo. Es parte de mi agradecimiento por haber salvado mi vida.

- ¿A dónde vamos? – Pronunció sonando entusiasta.

- A la cumbre de la montaña.

- ¿Fuera del asentamiento? – Se mostraba contrariada por su entusiasmo y el temor a salir de su pueblo.

- Así es, podemos subir y bajar en un día, te traeré de vuelta al anochecer.

- Entonces creo que deberé avisarle a papá. – Sonrió, Korra le devolvió la sonrisa y de inmediato se puso de pie. – Tomaré eso como un "SI" y no hay manera de que te retractes ahora, hay que ducharnos, desayunar y preparar una mochila con comida. – Asami rió y la siguió saliendo de la cama, en definitiva la sonrisa de la pelinegra había recuperado su brillo, era bueno verla tranquila de nuevo. Luego de terminar todos sus preparativos las dos se encontraban listas para partir, antes de salir de casa Hiroshi se acercó para despedirlas.

- Korra, estoy dejando que mi hija salga del asentamiento acompañada del Avatar, eso es tan seguro como mandarla directo a un grupo de bandidos sin corazón. – Comentó alzando una ceja, la morena se sorprendió por lo que había escuchado, Hiroshi tenía razón, pero no tenía planeado permitir que nada malo le ocurriera a su amiga.

- No se preocupe Hiroshi, yo me ocuparé de su seguridad. – Respondió con tono firme.

- ¿Estas segura de eso? Según escuché, fue mi hija la que salvo tu vida en aquella batalla. – Sonrió. – A mi parecer, necesitabas salir y debías llevar contigo a un buen guarda espaldas. – Le guiñó el ojo, la morena rió por lo bajo y negó con la cabeza.

- Aquella fue una excepción, traeré a Asami por la noche, sana y salva.

- Se que así será. – Sonrió Hiroshi. – Asami, cuida a nuestro Avatar. Korra, cuida de mi hija, confío en las dos. – Concluyó para luego darse media vuelta y adentrarse en su hogar, sin más que decir ambas partieron.

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El sábado se había llegado más rápido de lo deseado, iniciando el día temprano salió de casa a las seis, su primera parada fue en el puesto de trabajo de Lin, una breve despedida y agradecimiento por su compañía acompañados de una pequeña figura tallada en piedra, la figura era una representación a escala de la persona a quién era regalada, con el tamaño suficiente para ser guardada en un bolsillo tenía todos los detalles que se podían observar en sus ropas, rostro y cabello, era algo fácil de hacer con el poder de controlar la tierra. Su siguiente parada fue la casa de Tenzin y le otorgó una figurilla a cada uno de los miembros de la familia, así continuó con cada uno de sus amigos más cercanos, al llegar el medio día volvió a casa para ayudar a Bolin a cocinar, sería su última comida en ese lugar y los hermanos lo sabían bien.

La hora de su partida se acercaba, se iría a las tres de la tarde, luego de la comida los hermanos la acompañaron, Lin les había permitido tomar un par de horas para despedir a la morena, los tres charlaron, bromearon y convivieron como usualmente lo hacían cuando tenían tiempo libre, en verdad echaría de menos a toda la gente del asentamiento, Bolin se despidió antes que Mako para otorgarles un poco de privacidad, había una cosa más que debía hacer antes de partir.

Ambos caminaron hasta llegar a las afueras de los muros, Mako guardaba silencio mientras ella lo observaba, colocando la mano derecha sobre su mejilla se acercó a él y lo besó, al concluir el beso mantuvo su frente unida a la de él.

- Mako… hay algo que quiero decirte.

- Dime.

- No se cuando vaya a volver, la verdad no se siquiera si pueda volver.

- Korra… - Intentó interrumpir pero la morena lo silenció colocando un dedo sobre sus labios.

- Se que no es algo agradable de escuchar, pero puede que mientras esté fuera algo ocurra y no sea capaz de volver a verlos. – Continuó. – Y no quiero que esperes por mí, aquí, en este momento dejaré de ser tu novia, te quiero Mako, te quiero y te aprecio pero creo que es mejor así, siendo amigos.

El chico arrugó el entrecejo, parecía confundido y un tanto molesto. – No tengo porqué esperar, puedo ir contigo. – Insistió.

- No, sabes que eso no es posible, y aunque lo fuera, yo no quiero que sea de ese modo, el viaje lo debo hacer yo sola. – Respondió mirando directamente hacia sus ojos.

- Será mi responsabilidad, no planeo que cargues conmigo, lo que sea que ocurra será cosa mía. – Se escuchó la voz frustrada del joven.

- No Mako, aún así quedaría en mi conciencia, me siento más tranquila sabiendo que todos continúan viviendo aquí y están sanos y salvos.

- Entonces amigos ¿Eh? – Murmuró él en un suspiro.

- Amigos. – Confirmó, los brazos de Mako la rodearon y la estrecharon con fuerza. – Aún así te esperaré, debes volver, sé que volverás.

- Haré todo lo posible. – Sonrió dejándose llevar por el abrazo. – Te estaremos esperando. – Escuchó la voz reconfortante de su amigo.

La hora llegó, no había tiempo que perder, aún planeaba pasar a visitar a los espíritus antes de irse, colocando la mochila sobre su espalda comenzó a andar, no miraría atrás, algún día volvería, debía volver, quería volver a verlos a todos y saber que a pesar de los años todos continuaban teniendo buenas vidas.


Y así parte Korra a nuevas tierras. Ahora si, la actualización será para la siguiente semana xD! Un saludo a todos, me alegró leer a gente nueva en los reviews, lo sé yo a veces también paso a leer fics y olvido dejar comentario D: cambiemos todos para bien jajaja.
Cambiaré el número de los reviews para las siguientes partes de suspenso, el número para apresurar la actualización será 9 porque es mi número favorito jojo B)
Un saludo a Vnat07 y a Kitsune Aestus se anticiparon bien al desarrollo de la historia, el tiro era de la buena Asami ;)
Y sin más que decir, nos leemos la siguiente semana, disfruten el resto de esta semana y muchas gracias por seguir la historia y por sus comentarios. Chau!