- ¡Agh! – Gruñó haciendo una pausa sosteniendo uno de los extremos de la venda que comenzaba a quitar de su mano izquierda.

- Lo siento ¿Ok? No te muevas, ya casi está.

- Maldición ese idiota… - Murmuró apretando los dientes a medida que la aguja atravesaba su piel.

- Era grande… - Se escuchó la voz de la jovencita que se concentraba en atar un nudo con el hilo que comenzaba a unir la piel de la morena.

- No solo era grande, también tenía la fuerza de una animal. – Renegó observando las marcas de los golpes que había recibido sobre el abdomen.

- Pero se le veía nervioso y desesperado. – Rió la chica causando que una pequeña sonrisa presumida apareciera en el rostro de la ojiazul.

- Ya sabía a lo que se enfrentaba. – Dijo con evidente orgullo.

- Listo. – Declaró ella palpando un par de veces el costado de la peleadora causando que de nuevo gruñera de dolor.

- ¡Opal! – Bufó apretando los dientes, la menor rió entretenida.

- Ya deberías estar acostumbrada. – Respondió rodando los ojos.

- ¿Quieres ser tú la que participe en los combates? – Sugirió alzando una ceja.

- No, yo no soy la que quiere la atención de Kuvira. – Rió de nuevo tirando las gasas ensangrentadas que había utilizado para limpiar las heridas.

- ¡Ah! ¡Aquí está! Mi guerrera favorita. – Irrumpió el hombre de la cicatriz en el ojo.

- ¿De donde demonios salió ese gigante? – Cuestionó Korra con cierta irritación en su tono de voz.

- ¡Ja! No tengo idea. – Inició él. – Algunos dicen que de las tierras del antiguo reino fuego… ya sabes, de ese lugar pueden surgir todo tipo de monstruos. – Meditó por un momento. - ¡Aunque eso tal vez nunca lo podremos confirmar! – Rió. – Limpiaste el suelo con la cara de ese sujeto, difícilmente lograron reanimarlo y cuando al fin lo hizo no tardó mucho en volverse a dormir, así que no creo que nos pueda decir a quién pedirle ayuda para que vengan por él… sinceramente no pienso cuidarlo en mi coliseo, si es necesario lo dejaré en la calle.

- Bumi. – Pronunciaron las dos con molestia.

- Bien, bien, lo cuidaré hasta que se pueda poner de pie. – Suspiró. – Pero dime Korra ¿Qué derecho tienes tú de pedirme que cuide de él si fuiste tú la que le golpeo la cabeza como a una piñata? – Sonrió entretenido esperando aquella respuesta, los ojos de la morena se abrieron de par en par y sus cejas se alzaron al tiempo que señalaba su costado izquierdo que ahora mostraba cuatro cortes suturados y otros tantos más pequeños alrededor.

- ¡Eso! ¡Te dije que quitaras los malditos vidrios Bumi! Con el arsenal que les permites aventar dentro del cuadrilátero no creo que te reclamen por falta de cristal roto.

- Solo quería ser original. – Argumentó haciendo un puchero.

- Eres, literalmente, el hombre más original que existe en esta tierra, tu estadio enloquece a todos, no necesitas esos estúpidos vidrios.

- Pero debes de admitir que fue interesante. – Volvió a sonreír tomando asiento en un balde que se encontraba frente a la ojiazul mientras la otra chica ahora se dedicaba a tratar su brazo derecho.

- ¿Interesante? Extraje más de diez cristales del interior de esas heridas, la patada que recibí fraccionó algunos de esos cristales y si no fuera por el agua control esto habría sido un completo infierno. – Volvió a apretar la mandíbula sin retirar la mirada de la figura del hombre frente a ella.

- Bueno, eso me podría dejar sin peleadores. – Comenzó a considerar la situación. – Entre esos vidrios y tu mal temperamento no tendré más oponentes. – Concluyó entre risas. – Ese hombre de allá tal vez haya perdido uno o dos dientes, de verdad que te hizo enfadar.

- Necesitaba enviar el mensaje correcto y lo sabes. – Suspiró agachando la mirada.

- Nadie se mete con la campeona. – Añadió Opal terminando de vendar el brazo de la morena.

- Si quiero que Kuvira se interese por mí necesito dejar en claro que esto no es un juego.

- Chica, Kuvira tiene interés en ti, conté a más de veinte de sus hombres en la pelea, no hay manera de que no le hayan hablado de ti, llevas cerca de un año siendo la sensación de mi coliseo, estoy seguro de que a estas alturas ella ya debe de conocer cada detalle de tus horarios en tu rutina diaria.

- ¿Entonces por qué no aparece? Estoy cansada de asistir a estos eventos…

- Escucha Avatar. – Interrumpió Bumi recibiendo de inmediato una mirada amenazadora por parte de la morena. – Lo siento, escucha Korra, estoy seguro de que Kuvira está al tanto de lo que haces, y de ninguna manera sospecharía nada, yo no lo haría y llevo años trabajando en esto. Escuché por ahí que Kuvira salió de viaje y es por eso que no la hemos visto por aquí, pero claro, con el apoyo de su gente nadie ha organizado una revuelta en contra de su poder, de cualquier manera, si ella vuelve estoy seguro que no tardaré en escuchar de ella, siempre anda en busca de un buen peleador, es su pasión, no lo puede evitar. Así que olvídate de Kuvira un momento, quitaré los vidrios del área de batalla… pero por lo que más quieras ¡No te vallas! – Suplico juntando sus manos.

- Opal está de testigo, quitarás esos vidrios. – Sonrió la morena poniéndose de pie. - Mi premio por la victoria ¿Está listo?

- Si, todos libres. Aún puedes reconsiderar tu premio. El día de hoy hay entre las apuestas una hermosa propiedad que estoy seguro le perteneció a alguno de los líderes rebeldes, seguro fue algo que apostó uno de los hombres de Kuvira.

- No, solo quiero la libertad de los prisioneros, el resto se lo pueden debatir entre ustedes. – Concluyó mientras comenzaba a cambiar su ropa

- ¡Bah! Yo no necesito una propiedad nueva, tengo mi coliseo.

- Es un viejo estadio de algún tipo. – Corrigió Opal sentada sobre uno de los viejos y oxidados estantes de lo que antes hubiera sido la enfermería del edificio.

- Es un coliseo ahora. – Objetó arrugando las cejas.

- De cualquier manera yo tampoco necesito una propiedad nueva, para eso los tengo a ti y a Su. – Sonrió la morena terminando de cambiarse al ajustar las ataduras de sus botas.

- Te has puesto bastante cómoda señorita, aún recuerdo la primera vez que te encontré, con cara de bebé asustado sin saber a donde correr. – Pronunció el hombre con tono burlón poniéndose de pie para comenzar a caminar al lado de las dos chicas.

- ¿Sin saber a donde correr? ¡Tus hombres me trajeron a tu coliseo a la fuerza! Claro que adentro de una jaula y rodeada por un grupo de gente amenazadora no sabría a donde demonios correr. – Reclamó.

- Deberías de agradecerme a mí y a mis hombres por eso. Ahora eres toda una celebridad. – Sonrió Bumi.

- Sabes que ese no es mi objetivo.

- Si, bueno, el punto es que pareces bastante cómoda en tu situación actual Y eso es algo que no puedes negar.

- En eso le debo dar la razón a Bumi. – Habló la chica de ojos verdes.

Los tres caminaron hasta la salida del estadio donde Bumi se despidió mientras ellas continuaban su camino de regreso a casa. No tardaron mucho en llegar pues el palacio se encontraba en el centro de la ciudad, una vez dentro Korra llevó su maleta al sótano donde tenía una habitación acondicionada para ella, unas cuantas cobijas sobre el suelo fungían como colchón, le habían brindado una almohada y un ropero para guardar sus cosas, también tenía un escritorio y se encontraba rodeada por los estantes donde la familia mantenía sus reservas de comida, la casa no era pequeña y en definitiva no se encontraban escasos de recursos pues moraba en la casa de la líder del asentamiento de Ba Sing Se, Suyin Beifong, aún así se había negado a aceptar una de las habitaciones que le podían brindar, necesitaba pasar desapercibida y necesitaba una ruta de escape de ser necesario, ya que el sótano contaba con un pequeño túnel que conectaba al patio de la propiedad se había vuelto el lugar perfecto para ella.

Liberando un profundo suspiro se dejó caer sentándose sobre las cobijas que eran su cama, una a una comenzó a sacar las prendas que había guardado dentro de la maleta, la ropa de la batalla, sudor y sangre manchaban el algodón de la tela, debía lavarlo. La rutina de las noches en el coliseo de Bumi siempre era igual, aparecer, ganar, volver a casa, lavar la ropa, cenar y dormir. Debía lavar la ropa cuanto antes pues las manchas se volvían imposibles de quitar cuando la sangre se secaba, eso lo había aprendido durante sus primeros enfrentamientos, ahora estaba acostumbrada a todo el proceso, incluyendo en eso las feroces y sangrientas batallas en el coliseo.

Parecían lejanos los días en que las peleas le robaban el sueño, los días en que se había negado a utilizar algún arma en contra de otra persona, los días en que se limitaba a noquear a sus oponentes de la manera más rápida y limpia posible. Ahora no dudaba ni un poco en obedecer las sugerencias de su público, claro, había logrado ganarse el apoyo de la gente dándoles lo que pedían pero limitándolos a su estilo, uno en el que el resultado no era fatal pero si definitivo, sus oponentes nunca salían caminando del cuadrilátero, había aprendido a dar un buen espectáculo sin la necesidad de matar y con esto había logrado que las reglas cambiaran, nadie dudaba de su capacidad para abolir a cualquiera de sus oponentes y habían visto que no le hacía falta asesinar al enemigo para asegurar su victoria, de pronto todos apoyaban su estilo de pelea y las cosas se habían facilitado.

Tomando las prendas entre sus manos comenzó a caminar hacia la puerta trasera para llegar al patio, una vez ahí tomo una cubeta y la lleno de agua haciendo uso de la reserva que la familia guardaba en varios tambos, acercándose al tallador colocó la ropa encima y la empapó para comenzar a frotarla contra la superficie irregular.

Recordaba con claridad como había llegado a las peleas, era difícil olvidarlo, además había sido un proceso largo ya que la idea no le pareció atractiva desde un inicio, e incluso ahora no lo consideraría de no ser porque tenía un propósito para ello. Todo había empezado un par de años atrás, luego de partir del asentamiento de Ciudad República se dirigió a otros asentamientos cercanos, por lo general eran lugares pequeños, poblados de cien personas o menos con campamentos, y decía campamentos ya que no parecían tener un hogar fijo, sus casas eran provisionales, creadas de tela y plástico era notorio que estas personas iban y venían en busca de recursos, así que se propuso ayudar a estos grupos a medida que los encontraba, limpiando terrenos de escombros y basura, preparándolos para su cultivo, la gente solía asentarse cerca de las fuentes de agua, por lo general cerca de ríos ya que al ser agua en movimiento se mantenía más limpia que el agua de los lagos y estanques, así que se aseguraba de limpiar el líquido y al final de su misión se limitaba a dejar una nota que los llevaba al lugar que les había preparado para que ahí habitaran. Todo esto lo hacía sin presentarse ante la gente, el Avatar trabajaba lejos de ellos, no planeaba quedarse en ningún otro lugar por mucho tiempo como lo había hecho en Ciudad República, debía llegar a Ba Sing Se cuanto antes.

Este tipo de travesías demoró su llegada a la ciudad de los grandes muros, el tiempo pasó volando, era increíble la cantidad de personas que andaban por ahí vagando en busca de medios para sobrevivir, también era increíble la cantidad de bandidos y maleantes que atormentaban a estas personas. A lo largo de un año se había dado una idea de la situación mundial, era desagradable, si, pero aún había esperanzas ya que también pudo encontrarse con personas amables y humanitarias, extraños que sin dudarlo le ofrecían una mano al proveerla con agua y alimentos, como todo en la vida pudo encontrar el lado bueno y malo en cada situación, pero se había convencido de luchar por salvar todo lo bueno que la humanidad tenía que ofrecer.

Sin embargo un año de experiencia en el mundo exterior jamás la habría preparado para lo que le esperaba en Ba Sing Se, debía admitir que simplemente había sido mala suerte, pero aún así aquella situación no se la habría deseado a nadie. Ser forastera en cualquier territorio era algo peligroso, la gente desconfía de ti y te señalan de inmediato como a un extraño, esto tiene dos resultados inevitables, en primer lugar, los pobladores tienden a evitarte e ignorarte, incluso a despreciarte, esa no era la peor parte, lo peor era el segundo resultado que venía de ser detectado como un forastero, los bandidos y otros grupos de gente mal intencionada te selecciona como un blanco, sin amigos o contactos en los asentamientos no hay quien pueda llegar a auxiliar a un forastero, y para mala fortuna de la morena la noche que arribó a Ba Sing Se los primeros en detectarla habían sido los hombres de Bumi.

Bumi es el dueño del coliseo, un antiguo estadio de baloncesto, oxidado y en mal estado pero en pie, el interior fue trabajado por el enloquecido hombre y un par de amigos personales que apoyaron su idea, toda la cancha de juego fue rodeada por una reja y el interior fue "adornado" por espadas, lanzas, dagas… y otras cosas por el estilo, cualquier cosa que sirviera para infligir daño era aceptada. Bumi había pertenecido a uno de los grupos rebeldes más grandes de las tierras de Ba Sing Se y de ahí se había ganado la fama de ser un hombre tremendamente astuto y fuerte, tenía un pequeño grupo de seguidores, no mayor a quince personas, pero con eso le bastó para iniciar su proyecto, comenzó invitando a sus colegas del grupo rebelde a pelear y apostar, la actividad fue tan bien recibida por los maleantes que comenzaron a correr la voz, poco a poco el público del coliseo fue aumentando, más retadores, más peleadores, más apuestas, y la estrella del lugar era el mismísimo Bumi, gladiador de sangre fría y pensamiento abstracto, la gente enloquecía al verlo aparecer en los combates. Así su cuerpo comenzó a mostrar el paso de las batallas, cicatrices de las heridas más profundas eran mostradas como trofeos, fue aquí donde perdió la visión en su ojo izquierdo, fue aquí donde dos de sus dientes fueron remplazados por una pieza de plata, pero no lamentaba nada, pronto abandonó el grupo rebelde para dedicarse a su pasión, las peleas en el coliseo de Ba Sing Se.

No era la primera persona que iniciaba este tipo de peleas, pero si el primero en hacerlo en Ba Sing Se, por lo general la administración de estos lugares era supervisada por el grupo rebelde que dominaba el lugar, pero Bumi supo mejor que eso, aún pertenecía a los rebeldes cuando decidió crear el coliseo así que no hubo problema, sin embargo cuando se hizo del poder suficiente decidió abandonar a su grupo y no hubo nadie que se le opusiera, el apoyo que recibía de su público bastaba para mantener lejos a cualquier organización rebelde, él se había establecido y sus seguidores vivían cerca del coliseo, los grupos rebeldes iban y venían y sus números no alcanzaban para imponerse ante su poder, así que pudo continuar con su proyecto sin que nadie lo interrumpiera.

Así pues fue que aquella noche la morena caminaba en busca de un lugar para descansar cuando fue emboscada por un grupo de hombres que la arrastraron hasta el coliseo donde fue arrojada al interior de la zona de batalla, calor, sudor, fuego, gritos, armas, ruido ensordecedor derivado del golpeteo de metal y un intimidante hombre sentado en un trono cerca del área de batalla, demasiado que asimilar en poco tiempo, sin mencionar a la otra persona de pie dentro de la reja, un sujeto de cuerpo impresionante sosteniendo una espada en cada mano, aquella fue la peor bienvenida que había recibido hasta entonces, jamás olvidaría aquella noche, su primera noche en Ba Sing Se.

Al tratarse de su primera batalla no había sido algo impresionante, el hombre frente a ella era fuerte, agresivo y estaba decidido a cortarla en tiras frente a toda esa gente, sin embargo se notaba que nunca había recibido ningún tipo de entrenamiento y todos sus movimientos carecían de estrategia, la derrota vino de inmediato, esquivó el filo de una de las espadas y arremetió contra la vulnerable barbilla de su oponente haciéndolo caer frío contra el suelo, de pronto el lugar se volvió tan silencioso como una tumba, nadie se habría esperado aquel resultado, fue la carcajada de Bumi la que rompió el silencio. Aquella noche se había ganado su libertad al ganar la batalla, aquella noche había salido del coliseo con una expresión de terror en el rostro ¿Cómo era posible que aquellas personas se prestaran para realizar una actividad tan desapacible? Juntarse para observar como dos individuos se destrozaban mutuamente, se había convencido de inmediato de nunca volver a dicho lugar.

Bueno, el "destino" Si es que se le podía llamar así, tenía otros planes. La mañana siguiente no pareció llegar lo suficientemente rápido, aún intentaba olvidar la escena, toda el área de batalla mostraba rastros de las peleas anteriores, sangre seca por doquier, era una barbarie. De cualquier manera no tenía tiempo para eso, una vez el sol se mostró en el cielo comenzó a buscar al líder del asentamiento principal de Ba Sing Se. A la luz del día pudo apreciar las estructuras que aún permanecían en pie, la ciudad de Ba Sing Se no se encontraba tan maltrecha como había terminado Ciudad República, aquí podía ver edificios completos, casas, monumentos, claro, también había ruinas, sin embargo no había comparación, Ciudad República había sido reducida a escombros, había algunas estructuras que continuaban en pie, pero eran escasas, en Ba Sing Se la mayoría de la gente se podía dar el lujo de elegir un edificio para alojarse.

Los antiguos y monstruosos muros de la ciudad yacían en ruinas, aún podían observarse algunas partes de pie, pero la gran mayoría habían sido demolidos o tenían grandes brechas en la parte inferior por donde cualquiera podía pasar caminando, al interior de estos muros se encontraba la que alguna vez fue una de las ciudades más grandes del mundo, y aquí moraban varios asentamientos, sin embargo todos debían responder a un líder en general y era este líder a quien ella buscaba. Para comenzar con el proyecto del bosque necesitaba que este líder comenzara a educar a su gente, así que empezaría por eso.

No pasó mucho antes de que uno de los pobladores accediera a indicarle el camino hacia el hogar de la líder de los asentamientos, Suyin Beifong, algo en aquel nombre le pareció familiar, Beifong, meditaba a medida que avanzaba hacia el palacio, cuando al fin se encontraba frente a las puertas fue recibida por un par de guardias que de inmediato la inspeccionaron en busca de armas, al no encontrar nada procedieron a guiarla a través de los pasillos del edificio, el palacio real continuaba de pie, pero algunos de sus muros habían sido derrumbados, así que al parecer Suyin vivía en estos restos. Pronto llegaron a los que antes habrían sido los jardines traseros, aquí había suficiente espacio para distintos campos de cultivo, claro, de un tamaño moderado, y era justo eso lo que había, tomates, zanahorias, lechuga, entre otros vegetales.

En medio de todas las plantas se movía una mujer, piel morena, cabello corto y ondulado, de figura delgada pero se notaba que se mantenía en forma, vestía ropa holgada en tonos gris, negro y verde pino, parecía ser una persona relajada pues caminaba a través de los plantíos con una notable sonrisa en el rostro. Cuando al fin notó la presencia de los guardias sonrió y con un movimiento de manos indicó que debían marcharse dejando a la morena a solas con ella.

- Un gusto Korra. – Saludó con toda naturalidad, como si la conociera de toda la vida. Este gesto confundió a la morena que se mantenía de pie cerca del camino por el que los guardias la habían llevado a aquel patio.

- ¿Nos conocemos? – Acertó a responder sin retirar la mirada de la misteriosa mujer que despreocupadamente había vuelto a sus actividades con los vegetales.

- No, bueno, tú a mi no, pero yo a ti si… - Hizo una pausa observando uno de los tomates que recién había desprendido de la planta. – Más bien, se quien eres, pero eso no significa que te conozca. – Corrigió colocando el tomate en la cesta que se encontraba en el suelo a un lado de ella.

- ¿Sabes quien soy? – Volvió a interrogar encontrándose totalmente perdida en aquella conversación y sintiéndose vulnerable ante aquella audaz mujer.

- Si, el Avatar. – Respondió dedicándole una breve mirada con una sonrisa antes de volver a escoger entre los tomates que había frente a ella.

- ¿Qué? – Cuestionó incapaz de entender como es que aquella mujer podía llegar a hacer tales declaraciones, después de todo nunca antes la había visto, y hasta entonces no había tenido problemas respecto a su identidad, nadie la había descubierto usando sus poderes o nada por el estilo, y aún así ahí se encontraba esta extraña mujer hablando con toda seguridad al afirmar que ella era el Avatar.

- Oh vamos, no es ninguna sorpresa, a decir verdad te esperaba aquí hace unos cuantos meses, pero al parecer te tomó un poco más de tiempo llegar. – Habló Beifong mientras avanzaba hacia la siguiente planta. El silencio se hizo presente mientras la ojiazul intentaba encontrar algo que decir, debía ser algo que no la delatara como el Avatar y al mismo tiempo debía ser algo que lograra robar un poco más de información de la boca de aquella mujer.

- No se de que hablas. – Habló sin pensar causando que una cálida sonrisa apareciera en el rostro de la ojiverde.

- No tienes de que preocuparte, pertenezco al Loto Blanco, soy tu amiga. – Confeso al tiempo que evaluaba uno de los tomates de la planta para decidir si en efecto se encontraba en buen estado o le faltaba madurar.

Otro miembro más del Loto Blanco, al igual que Tenzin había salido de la nada, ya había recorrido varios asentamientos antes de llegar a Ba Sing Se y en ninguno de ellos supo identificar a un solo miembro de la orden, pero estaba segura de que los había y que seguramente habían pasado frente a ella en varias ocasiones sin ser detectados, y bien, una cosa era pertenecer a la orden y otra muy diferente tener la capacidad de reconocer al Avatar con solo mirarlo, las dudas continuaban bombardeando su cabeza a medida que intentaba conectar los puntos.

- Bien, aún así no considero que eso sea suficiente para identificarme como al Avatar. – Habló con intriga acercándose a Beifong.

- Oh créeme, eso es más que suficiente. Aún eres joven, tienes mucho que aprender, pero con gusto puedo darte algunas lecciones sobre la Orden de Loto Blanco. ¿Te quedarás por un largo periodo o solo vienes de paso?

Resultaba extraña la manera en que habían abordado el tema, de forma tan natural y despreocupada, por lo general todo el asunto del Avatar era el motivo principal de su estrés y ahora, frente a la líder de Ba Sing Se, se sentía completamente libre de presiones, esto le ahorraba el tener que pensar en como presentarse frente a ella, esto le había facilitado las cosas, ahora podría dedicarse a trabajar en los encargos de los espíritus.

- No lo sé, todo depende, tengo una misión. – Confesó al detenerse enseguida de ella.

- El Avatar siempre tiene una misión. – Bromeo Suyin sin dejar de recolectar los vegetales. – Lo que me parece interesante es ¿Cuál es la misión que trae al Avatar a mis territorios? – Continuó haciendo una pausa para hacer contacto visual con la joven.

- Bueno, un espíritu me pidió que sembrara un bosque en las afueras de esta ciudad… - De pronto la mujer se puso de pie sujetando a la chica por los hombros perforando con su mirada los ojos de la menor.

- ¿Hablaste con los espíritus? – Preguntó con especial interés.

- Si… - Respondió con nerviosismo.

- ¿En cual portal entraste? – Continuó.

- En el que se encuentra en las afueras del asentamiento de Ciudad República. – Confesó aún sin saber a que se debía aquella reacción, de pronto los ojos de la líder se iluminaron y una enorme sonrisa se pintó en su rostro.

- ¿Y visitaste ese asentamiento? – Pronunció con entusiasmo.

- Si… - Se atrevió a responder sin saber que esperar, los ojos verdes de la mujer frente a ella miraron el cielo, como si agradeciera de alguna manera lo que acababa de escuchar, luego volvió a enfocarse en ella.

- Lin Beifong ¿La viste? – Beifong, ahora las cosas tenían sentido, ya había escuchado ese apellido antes, Lin, sorprendida abrió los ojos de par en par.

- Si, ella es la líder militar de ese asentamiento. – Respondió con una pequeña sonrisa al recordar a su amiga, aunque hubiese sido dura con ella sabía que contaba con su apoyo. Pudo notar un pequeño suspiro escapar de los labios de Suyin, parecía aliviada al escuchar lo que había dicho, sin poder evitar la curiosidad se aventuró a preguntar.

- ¿Ustedes dos son… familia?

- Hermanas. – Habló orgullosa sin dejar de sonreír.

- ¡Wow! No esperaba que la líder de este grupo de asentamientos fuera nada más y nada menos que la hermana de Lin… aunque a decir verdad, ni siquiera sabía que Lin tenía una hermana. – El rostro de su anfitriona cambió al escuchar esto último.

- Si, bueno... Hemos tenido nuestras diferencias y creo que Lin aún no me perdona por ciertas cosas que pasaron cuando éramos jóvenes. Lo que importa es que ella está bien. – Sonrió intentando dejar eso de lado. De pronto todo el tema de la hermana de Lin despertó más preguntas en la cabeza de la morena ¿De donde provenían aquellas dos hermanas? Preguntar al respecto tal vez resultaría muy osado de su parte ya que era normal que las personas perecieran a lo largo de los años, y no de forma natural, por lo general se trataba de muertes prematuras causadas por accidentes o asesinatos, aún así había algo en Suyin que le inspiraba la suficiente confianza como para aventurarse a preguntar.

- Si… y bueno, no quisiera ser entrometida, pero tengo una duda. ¿Sus padres aún viven? – Los ojos de la mayor se abrieron ampliamente causando un poco de nerviosismo en la ojiazul, pero pronto aquel rostro de sorpresa se volvió una sonrisa y Beifong comenzó a reír.

- ¿En serio acabas de preguntarme eso? – Pronunció entre suaves risas. – Chica, me atrevo a decir que has pasado más tiempo de calidad con mi madre que yo misma y vienes aquí a preguntarme sobre ella. – Completo tomando la cesta donde había dejado los vegetales.

- Y de nuevo me tienes perdida en el tema. – Suspiró la ojiazul alzando ambas cejas.

- Aunque no es de sorprenderse, el Loto Blanco está repleto de secretos, incluso yo que llevo dentro de la organización unos cuantos años me llego a sorprender de vez en cuando.

- ¡Espera! ¿Quién es tu madre? – Comenzó a caminar tras de ella hacia el interior del palacio.

- ¿No se nota el parecido? O tal vez no conmigo debido a mi tono de piel, pero ¿Qué hay de Lin? Ella es una réplica viviente de esa mujer, tanto en carácter como en apariencia, en cambio yo… bueno, suelo ser de mente más abierta que esas dos.

- Toph… - Murmuró intentando asimilar la idea.

- ¿Ves? No fue tan difícil. – Sonrió Beifong encontrando su camino hacia la cocina. – Respecto a nuestros padres no tengo idea alguna, nunca los conocimos y dudo que algún día lo hagamos, madre siempre mantuvo ese tema fuera del alcance así que no hubo mucho que nosotras pudiéramos hacer. – Hizo una pausa a medida que comenzaba a colocar las verduras sobre un estante.

- De igual manera con Toph como madre no hubo mucho tiempo para detenernos a pensar sobre nuestros padres, ella siendo miembro del Loto Blanco implicaba encontrarnos en constante movimiento, siempre viajando de un lado a otro para evitar ser detectadas por el enemigo. Creo que fueron esos viajes los que eventualmente me orillaron a unirme al grupo de rebeldes de Ba Sing Se. – Meditó un momento. – Me gustaba viajar y los únicos que seguían ese tipo de vida eran los rebeldes y la Orden de Loto. Claro, yo era joven y no quería las responsabilidades del Loto Blanco así que unirme a los rebeldes me fue más sencillo.

- Espera… pero ¿Los rebeldes? ¿Los mismos que persiguen al Avatar y a sus seguidores? – La interrumpió.

- No, para nada. – Inició. – Es verdad que los rebeldes son mundialmente conocidos por ir en contra de las reglas y la misión del Avatar, sin embargo no todas las agrupaciones rebeldes se enfocan en eso. Por lo general depende de los ideales de su líder y bueno, mis ideales no incluían la persecución de mi madre y sus amigos, yo enfoque a mi grupo a la libertad… hice muchas cosas de las que no puedo estar orgullosa pero mi conciencia está limpia, no dañamos a nadie, al menos no de gravedad y viajar con los rebeldes me enseñó muchas cosas que después me sirvieron para defender el asentamiento de Ba Sing Se contra los asaltos. – Le guiñó un ojo.

La vida de Suyin parecía encontrarse llena de aventuras, la verdad era fácil asociar a Toph y a Lin como familia, ambas de carácter fuerte y bases inquebrantables, sin embargo Su era diferente, con ella era sencillo sentarse a platicar de forma abierta.

- Pero… - Inició al encontrarse completamente perdida en las anécdotas de su anfitriona. – Si eras líder de un grupo rebelde ¿Cómo te volviste líder de los asentamientos de Ba Sing Se?

- Fue Aang, a él lo conocía desde que tuve uso de memoria, él y mi madre eran buenos amigos así que no fue extraño tenerlo de visita a lo largo de mi infancia. – Pausó un momento. – En verdad era un hombre excepcional. – Se escuchó con tono pesaroso al tiempo que clavaba la mirada en el suelo. – De cualquier manera. – Continuó. – Él se acercó a mí y me pidió que abandonara al grupo rebelde, me contó del plan que la orden tenía, incluir a miembros del Loto Blanco en puestos altos dentro de los asentamientos más importantes, esto con el fin de ganar poder y así asegurar más a los miembros de la organización. Por algún motivo no dudé en aceptar, tal vez se debía a que ya habían pasado los años y mi forma de pensar había cambiado, o tal vez ya me había cansado del vandalismo, lo que importó fue que decidí salir del grupo rebelde y me impuse como la nueva líder de los asentamientos de Ba Sing Se. Lo que beneficiaba al Loto Blanco era mi pasado, la gente me conocía como la antigua líder rebelde así que nadie sospecharía de mí como un posible miembro de la organización del Avatar… y así llegamos al día de hoy. – Sonrió abriendo sus brazos de par en par señalando su entorno.

- He hecho muchas cosas en mi vida y no me arrepiento de nada, todo me ha servido para aprender y mejorar, ahora tengo a una hermosa familia que dentro de poco estará aquí para comer ¿Gustas acompañarnos? – La miró con ojos brillantes, la personalidad de Suyin resultaba refrescante, luego de su partida del asentamiento en Ciudad República no había tenido la oportunidad de convivir con alguien de forma tan abierta y despreocupada como lo había hecho con Asami, así que la bienvenida de Su le había sentado de maravilla, no había manera de que pudiera negar su invitación.

El desayuno estuvo listo y no paso mucho tiempo antes de que la familia apareciera para sentarse a la mesa, el esposo, un par de gemelos, una chica y otro chico, todos se presentaron con ella y se mostraron amigables, Beifong le explicó que tenía otro hijo pero que él había tomado otro camino, en aquel tiempo prefirió dejar de lado los detalles, luego se enteraría de que Baatar se había ido siguiendo a Kuvira, conocía el nombre de aquella mujer, Tenzin la había mencionado antes de su partida, y a lo largo de su viaje a través del antiguo reino tierra había escuchado su nombre con frecuencia, Kuvira, la líder del grupo rebelde más importante de aquellas tierras.

El inicio con la familia Beifong había sido espléndido, Suyin se mostró entusiasta al escuchar el proyecto del bosque y de inmediato comenzó a elaborar un plan de acción para educar a sus pobladores. Mientras tanto ella había sido acogida en el palacio, para no llamar la atención de los pobladores Suyin le mostró varias entradas alternativas que podía utilizar con el fin de evitar la entrada principal. Teniendo la opción de elegir cualquier habitación que se encontrara libre en el palacio no tardó mucho en encontrar el sótano como el lugar más adecuado, por ahí podría entrar y salir sin el riesgo de ser vista por posibles visitas que se encontraran en el edificio, debía mantener su anonimato y debía evitar ser relacionada con Suyin, cualquier trato especial de la líder hacia ella podría llamar demasiado la atención y eso era lo último que quería tener, la atención de las personas.

Los primeros meses en el asentamiento se dedicó a entrar y salir, a veces se ausentaba durante semanas pues partía en pequeños viajes para asistir a otras personas que se encontraran en el antiguo Reino Tierra, la ventaja de la ubicación de Ba Sing Se era que se encontraba un tanto centralizada, así que podía usarla como punto de partida, llegaba y descansaba una semana y luego volvía a irse durante un periodo de tiempo indeterminado. Las semillas que Hei Bei le había entregado habían sido sembradas tal cual le había indicado y Suyin se encargaba del cuidado de los brotes. Al ir y venir podía supervisar ese trabajo, sin embargo aún debía ocuparse del encargo de Wa Shi Tong, ya había preguntado por doquier y nadie tenía idea del paradero de dicho documento, eso en caso de que su existencia fuera cierta, aunque debía serlo, el espíritu no la habría mandado a buscar de no ser así.

Habían pasado cerca de cinco meses luego de su primera visita a Ba Sing Se, era una tarde tranquila, se encontraba meditando en la seguridad del sótano, no lograba entender como es que un documento tan importante podría encontrarse desaparecido, según había entendido Aang lo había buscado a lo largo de toda su vida sin obtener ningún éxito. ¿Dónde podría estar? Era seguro que alguien debía tener posesión de él, entonces sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando la puerta trasera del sótano se abrió y tras de esta apareció la figura del hombre que se encontraba sentado en el trono del coliseo.

Ambos parecían sorprendidos de encontrarse frente a frente, la primera reacción de la chica fue tomar a intruso por el brazo y azotarlo contra el suelo, el hombre gritó y de inmediato aparecieron en la escena Suyin y el resto de su familia. Fue extraño enterarse de que aquel hombre tenía una relación estrecha con la líder de Ba Sing Se, y resultó aún más extraño enterarse de que aquel hombre era en efecto otro miembro de la Orden de Loto Blanco.

Bumi era, se podía decir, una de las piezas clave en la orden, era de los miembros que debía ensuciarse las manos, él obtenía todo tipo de información por parte de todas las líneas de delincuentes que pasaban por su coliseo, había dedicado gran parte de su vida a introducirse dentro de aquel mundo obscuro, relacionándose con la gente adecuada, ganándose la confianza de los maleantes y líderes más temidos. Lo más impresionante de todo su trabajo era que su personalidad encajaba por completo en aquel personaje que se mostraba tan fresco al presenciar las grotescas batallas en el coliseo, no estaba segura si en verdad Bumi disfrutaba lo que hacía, pero no culparía a nadie por creer que él era una persona peligrosa, aún a sabiendas de que aquel hombre trabajaba para la Orden de Loto le era difícil imaginarlo del lado del Avatar. Las sorpresas no parecían tener fin, tal como lo había dicho Suyin el primer día que se conocieron, el Loto Blanco tenía muchos secretos, así que una vez más quedó boquiabierta al enterarse de que Bumi era uno de los hijos de Aang.

- Con el tiempo irás familiarizándote más con la organización. – Declaró Su con una cálida sonrisa. – Además, el secreto de Bumi no es compartido por muchos, solo por los miembros más importantes de la orden, claro yo debía ser notificada ya que él y yo trabajamos la mayor parte del antiguo Reino Tierra. Yo tengo el poder de los asentamientos principales de Ba Sing Se y Bumi mantiene a la mayoría de los grupos rebeldes que rondan el lugar, la otra fuerza que domina estas tierras es el grupo de Kuvria. – Admitió con tono amargo revelando una mirada llena de rencor. – Así que en este continente somos nosotros tres, el plan es que solo quedemos dos, Bumi y yo. – Finalizó apretando su puño derecho, los tres permanecían sentados en el sótano, la familia de Su se había retirado para permitirles hablar con más libertad, al igual que la familia de Tenzin, la familia de Suyin se encontraba al tanto de todas sus actividades como miembro del Loto Blanco.

- Si, pero Kuvira es un hueso duro de roer. Hiciste un buen trabajo criando a esa chiquilla. – Se rió Bumi causando que Beifong suspirara pareciendo derrotada.

- ¿Algo más de lo que deba enterarme? – Cuestionó la morena que aún intentaba asimilar toda la información que se le había revelado.

- Bueno, no se si sea algo importante, pero deberías saber que Kuvira proviene de una familia adoptiva, la familia de Su. Esa chiquilla quedó huérfana, nada extraño en estos tiempos, los niños pierden a sus padres casi a diario, pero ella tuvo la suerte de ser aceptada por la familia de la líder de Ba Sing Se. A decir verdad nunca me habría imaginado que ella pudiera llegar a tornarse en contra de Su, pero lo hizo y bueno… ahora se mantiene como la líder actual del mayor grupo rebelde de estas tierras y debo admitir que tiene grandes habilidades para eso de la administración. Es astuta, difícilmente se puede llegar a ella, tiene a cientos de seguidores pero ella no los convoca para sembrar el terror en grupo, en cambio los organiza mandando pequeños grupos a distintos asentamientos y así comienza a dominar desde las sombras. – Explicó Bumi con una amplia sonrisa.

- Y Baatar Jr. Decidió seguirla.- Bufó Suyin apretando la mandíbula.

- Si, bueno, el punto es que llevamos cerca de un año tras el rastro de Kuvira y no hemos logrado alcanzarla. – Suspiró Bumi. Los tres guardaron silencio por un momento, cada quién analizando la conversación, de pronto el silencio fue roto por el varón.

- Korra… - Inició.

- Dime.

- ¿No te gustaría pelear en mi coliseo?

- No. – Afilo la mirada causando que desapareciera el brillo de los ojos de Bumi.

- ¡Oh vamos Korra! – Suplico.

- ¡No! Es una barbarie. – Declaró alzando ambas manos en el aire.

- ¿Solo una pelea? – Insistió.

- ¡No! – Bufó.

- Esperen. – Interrumpió Su llamando la atención de aquellos dos. – Korra ¿Has encontrado alguna pista sobre el documento que te pidió el espíritu?

- No… - Respondió con desánimo.

- Entonces Bumi puede ayudar y tú a cambio le puedes dar una pelea. - Dijo con seguridad causando que resurgiera la sonrisa en el rostro del castaño.

- ¡¿Qué?! ¡No! – Renegó poniéndose de pie a lo que Bumi reaccionó de la misma forma, de pie frente a la morena se acercó empujando su hombro con el dedo índice.

- Parece que no tienes opción.

-¿Qué les hace pensar que él puede obtener más información de la que yo he podido obtener hasta el momento? – Preguntó arrugando las cejas.

- ¡Ja! ¿Es una broma? Yo tengo todos los contactos adecuados para esto chiquilla. – Respondió con seguridad.

- Tranquila Korra, Bumi es el indicado para buscar ese documento, si alguien lo tiene seguro será uno de los rebeldes, es un documento importante, no creo que los pobladores lo tengan, muchos de ellos no tienen idea de cómo leer así que solo puede estar en manos de alguien con poder.

- Si, eso lo entiendo, lo que no entiendo es porque debo participar en sus peleas. No quiero tener nada que ver con ese coliseo.

- Malas noticias, siempre que entrego información debo obtener algo a cambio. – Informó Bumi con tono triunfante.

- Bien, si ese es el caso, tenemos un trato. Aunque no creo que vallas a obtener ningún resultado. – Su mirada penetró directo en los azules ojos del hombre frente a ella, no aprobaba para nada aquellas peleas y se sentía enferma al saber que algo así existía, sin embargo debía cumplir con el encargo de Wa Shi Tong, y si esa era su única alternativa no podía darse el lujo de rechazarla.

Había pasado un mes luego de aquella conversación y desde entonces no había escuchado de Bumi, aquello le alegraba y al mismo tiempo la preocupaba pues si él no era capaz de obtener ni un poco de información tal vez encontrar aquel documento sería una tarea casi imposible de cumplir, bien podría ser que el documento se hubiese quedado atrapado bajo los escombros de algún edificio, y si ese era el caso las probabilidades de encontrarlo se reducían a casi cero.

Caminaba al lado de Opal, la única hija de Su, las dos se llevaban bastante bien, Opal era una chica sencilla, graciosa e inteligente. Resultaba agradable poder compartir el tiempo con ella cuando regresaba a Ba Sing Se, con el tiempo se habían vuelto buenas amigas, también se había familiarizado con los otros hijos de la líder, pero los gemelos Wei y Wing pasaban demasiado tiempo compitiendo entre ellos y Huan pasaba demasiado tiempo intentando crear "arte", así que el vínculo más fuerte lo había desarrollado con Opal.

Las dos recorrían el asentamiento en busca de objetos interesantes que se pudiesen encontrar entre los escombros de los edificios derrumbados, Opal tenía una colección de este tipo de objetos, desde viejos juguetes maltrechos hasta restos de distintos modelos de computadoras, todo lo organizaba en una galería que tenía en el palacio, para ella era como abrir una ventana al pasado, juntar esos objetos e imaginar como habrían sido usado en su tiempo le resultaba fascinante.

Su exploración se vio interrumpida cuando un hombre de apariencia intimidante se acercó a ellas, Korra no tardó en posicionarse frente a su amiga a modo defensivo, cuando el hombre se encontró a un par de metros de ellas se detuvo.

- ¿Tú eres Korra? – Preguntó con voz ronca.

- Si. – Respondió sin perder ni un solo detalle de los movimientos del extraño.

- Bumi quiere hablar contigo. – Señaló el coliseo que se podía ver a lo lejos, al escuchar esto ambas chicas se relajaron.

- Bien, gracias. – Dijo manteniéndose alerta, la verdad nada en el aspecto de aquel hombre le inspiraba confianza y de ninguna manera permitiría que alguien llegara a lastimar a Opal, tomando la mano de su amiga comenzó a caminar tras el mensajero hasta que se adentraron al coliseo. A plena luz del día el estadio lucía como un lugar fantasma, basura por doquier, las gradas oxidadas y rotas, todas las ventanas habían sido reventadas, pero lo que lucía peor era el área de batalla, todo tipo de armas colgando de la reja que rodeaba el cuadrilátero y sangre seca regada por doquier, parecía un escenario sacado de una pesadilla.

- ¡Ah Korra! Al fin llegas. – La recibió Bumi con los brazos abiertos. – Por favor tomen asiento. – Le indicó señalando el sofá que había acomodado dentro de la oficina donde se encontraban.

- Lamento haber tenido que llamarte a venir aquí, pero la verdad es que tengo algunos asuntos pendientes con uno de mis clientes y bueno, no me han quitado la mirada de encima y así no me puedo escabullir para entrar a la casa de Suyin. – Explicó con entusiasmo. – Ya saben, por todo eso de que no se supone que debamos relacionarnos, hay que guardar las apariencias. – Rió por lo bajo. – En fin, vayamos directo al grano. – Dijo alzando su dedo índice. – Tengo buenas y malas noticias. – Inició.

- ¿Cuáles son las buenas? – Preguntó la ojiazul.

- Se quién tiene el libro. – Respondió sonriendo.

- Ok… ¿Quién lo tiene? – Se arriesgo a preguntar sospechando que esas serían las malas noticias.

- Bueno, esas son las malas noticias. – Confirmó. – Se dice que lo tiene Kuvira. – Habló mientras acariciaba su barba con la mano derecha.

- Kuvira… - Gruñó Opal.

- Así es, y considerando que es un personaje difícil de atrapar considero que lo mejor sería que abandonaras esa búsqueda y le digas a Wa Shi Tong que venga a buscarlo por si mismo. – Bromeo alzando una ceja.

- No puedo hacer eso. – Bufó.

- De cualquier manera Korra. – Continuó hablando. – Teníamos un trato ¿No? – Insinuó moviendo sus cejas de arriba abajo causando que la morena se petrificara por un momento.

- No... ¡Espera! – Inició.

- No, un trato es un trato. – Aseguró arrugando el entrecejo.

- ¿Y yo como puedo estar segura de que la información que me diste es verdad? – Se apresuró a preguntar.

- Pues… ¡Porque es verdad! – Respondió rodando los ojos, la morena se sintió atrapada al darse cuenta de que el hombre no mentía, habiendo usado sus poderes para analizar sus reacciones físicas no le cabía duda de que cada palabra que le había dicho era cierta.

- Una pelea… - Murmuró intentando convencerse a si misma.

- Una pelea. – Sonrió él.

No podía faltar a su palabra, un trato era un trato y Bumi había cumplido con su parte. La pelea se programo para la noche del sábado de esa misma semana, Opal la acompañó para proporcionar algo de apoyo moral, la verdad no tenía planeado montar un espectáculo y al igual que su primera vez en aquella arena terminó la pelea en la primera oportunidad que tuvo, golpeando la quijada de su oponente lo hizo caer de inmediato y el enfrentamiento había durado menos de cinco minutos. Claro el público no se encontraba satisfecho y tampoco el mismo Bumi, pero nadie había especificado la manera de pelear y ella había cumplido con su parte. Ahora si esperaba nunca tener que volver a poner pie en aquel lugar.

Kuvira, era una persona de la que prefería guardar distancia, nunca se habría imaginado que en algún punto de sus aventuras por el antiguo Reino Tierra comenzaría a andar tras la pista de esta mujer. Tal como todos le habían dicho, ir tras la pista de Kuvira no era cosa fácil, para empezar no podía preguntarle a cualquiera o hacerlo de forma abierta, debía buscar las condiciones adecuadas y a las personas indicadas. Aún así su búsqueda no parecía dirigirla a ningún lado, cada quién señalaba en diferentes direcciones y las historias que escuchaba nunca concordaban, todos tenían algo diferente que decir. Además era difícil moverse intentando mantener su identidad oculta, siempre asegurándose de cubrir su rostro con mascadas y chaquetas con gorros amplios, lo único que se podía apreciar de ella eran sus ojos, en aquellos entornos no era extraño que la gente ocultara sus facciones, los puntos de reunión de los rebeldes eran como un campo minado, cualquier movimiento en falso podía bastar para generar una infinidad de enemistades, rápidamente podías caer víctima de alguna de aquellas bandas criminales y todos comenzarían a seguirte poniendo un precio a tu cabeza. El anonimato era esencial.

En varias ocasiones Bumi se ofreció para ayudarla a ir tras la pista de Kuvira, de igual manera era algo que ya hacía, pero estaba segura de que esa ayuda requeriría que ella participara de nuevo en aquellas desagradables peleas y eso era algo que no volvería a hacer, al menos no si podía evitarlo.

Los meses pasaban y no lograba obtener progreso alguno, lo que le servía de consuelo era ver el crecimiento del bosque de Hei Bei. Suyin había realizado un excelente trabajo al familiarizar a sus pobladores con aquellas plantas, los convenció de que si cuidaban de ellas ahora, en un futuro serían estas mismas plantas las que ayudarían a que sus tierras fueran más fértiles. Un año había pasado desde que habían sido sembradas y ya tenían un par de metros de altura, si las cosas seguían así pronto el bosque comenzaría a proporcionar las semillas necesarias para agrandar su territorio, si el bosque crecía las lluvias se volverían más frecuentes, el aíre se limpiaría y en efecto, aquellas plantas ayudarían a mejorar la calidad de vida de los pobladores de los asentamientos de Ba Sing Se.

Era una mañana de Marzo, el frío aún no se retiraba por completo, la morena se encontraba descansando en el piso superior de un edificio en ruinas, todo el techo había sido arrancado así que desde donde se encontraba tenía una vista clara de toda la ciudad. Solía visitar este lugar cuando necesitaba tiempo para pensar, ya lo había consultado con Aang, en definitiva ella se encontraba mucho más cerca de encontrar ese documento de lo que su antecesor alguna vez había llegado a estarlo. Debía haber una manera de encontrar a Kuvira sin ser detectada por ella, acercarse como el Avatar podría ser fácil, pero encendería todas las luces rojas en el resto del mundo.

- De nuevo aquí ¿He? – Se escuchó la voz de Boomi.

- De nuevo aquí. – Confirmo, entre sus manos sostenía el collar que Asami le había regalado días antes de su partida, desde entonces no había un día que no lo llevara puesto. Con su dedo pulgar repasaba la superficie del dije sintiendo el relieve que tenía el símbolo del engrane.

- Ese collar. – Inició Boomi al tomar asiento a su lado, ambos iluminados por los cálidos rayos del sol que comenzaba a aparecer en el horizonte. – Siempre lo llevas puesto. ¿Qué es? – Preguntó mostrándose interesado ahora que la morena lo sostenía en sus manos.

- Es el regalo de una amiga. – Respondió extendiendo su mano hacia él para entregarle el collar, los ojos de Boomi se abrieron de par en par mientras examinaba el objeto con detenimiento.

- Ese símbolo. – Murmuró con intriga. - ¿Industrias Futuro? – Se cuestionó alzando una ceja.

- Así es. – Sonrió de forma cálida al recordar los verdes orbes de su querida Asami.

- ¿Has escuchado los crecientes rumores del asentamiento en las ruinas de Ciudad República? – Comentó el ojiazul al devolver el collar a la chica.

- Si. – Suspiró sintiéndose feliz, pensar en aquel lugar siempre lograba levantarle el ánimo y más ahora que la gente comenzaba a hablar de lo maravilloso que era aquel asentamiento, no estaba segura de los detalles, como siempre la gente hablaba diciendo todo tipo de cosas al respecto, todas las versiones eran distintas, pero todas concordaban en que aquel asentamiento tenía un gran futuro por delante, muchos incluso hablaban de querer abandonar sus casas para pedir asilo en aquel lugar.

- Asami Sato. – Pronunció Bumi llamando de inmediato la atención de la morena. – La nueva líder de ese asentamiento. ¿Quién lo hubiera dicho? Todos sabíamos que Hiroshi tenía el apoyo del Avatar y que por eso su asentamiento era especial. Pero su hija hizo algo más allá de lo inimaginable. – Hablaba para si mismo hasta que se percató de la insistente mirada de la morena causando que una traviesa sonrisa se dibujara sobre su rostro.

- Oh, parece que esto es algo de tu interés. – Insinuó con tono travieso.

- Tengo amigos y conocidos en ese lugar. – Afirmó sin desviar su mirada, Boomi era el hombre indicado para obtener información, tal vez el tendría más detalles respecto a lo que ocurría en las ruinas de Ciudad República.

- ¿Conoces a Asami? – Preguntó, la respuesta vino a él sin que hubiera necesidad de que la chica hablara, la simple mención de aquel nombre había bastado para que las manos de la morena se cerraran con fuerza sobre el dije del collar. – Ella te regaló ese collar ¿Cierto? – Insistió con entusiasmo. - ¡Bien! Entonces tal vez podamos armar una buena plática al respecto. Verás, todos dicen que es gracias a Asami que aquel asentamiento se haya visto envuelto en un desarrollo tan revolucionario. Y tiene sentido, luego del relevo de poder vinieron todos estos cambios, la mayoría dice que todo se debió a la ayuda de los espíritus, de alguna manera esa chiquilla logró entablar una relación con esos seres… Cosa que es difícil de creer considerando que los espíritus le guardan un rencor especial a los humanos por haber destruido su propio planeta. De cualquier manera, al escuchar estos relatos no puedo evitar preguntarme el tipo de persona que Asami Sato pueda ser. – Pausó un momento al notar la manera en que la morena meditaba sus palabras.

- Pero al parecer podría saciar mi curiosidad al hablar contigo. – Continuó. - ¿Qué tipo de persona es Asami Sato? – Preguntó sin despegar su mirada de la joven Avatar.

- Es una persona increíble. – Sonrió de forma involuntaria al considerar que la ojiverde hubiese podido contactar con los espíritus, comenzaba a preguntarse si alguna vez aquella chica dejaría de sorprenderla.

- Si… ¿Segura que sólo eran amigas? – Jugó Bumi con una sonrisa traviesa, las mejillas de la morena se ruborizaron al darse cuenta de que se había perdido en sus pensamientos.

- Si… - Murmuró apenada.

- Bueno, independientemente de eso, parece que en efecto eran cercanas. Así que no seas tacaña, busco un poco más de detalles, describe a Asami Sato, es importante contar con la mayor cantidad de información posible acerca de los grandes líderes de los asentamientos principales.

Korra rió por lo bajo. – Asami es… una chica inteligente, audaz, sencilla, valiente, elegante, amable, honesta, fuerte, justa, perseverante… - Pausó un momento, podía revivir con claridad cada uno de los momentos que había pasado con ella, desde su primer encuentro hasta el último, aquellos dulces ojos verdes y su encantadora sonrisa.

- De nuevo estás sonriendo. – Habló Bumi con tono suave.

- ¿Qué? – Se sorprendió al darse cuenta que de nuevo se había perdido en sus pensamientos.

- En efecto suena como una persona increíble, y a juzgar por sus más recientes hazañas no me cabe duda de que lo sea. ¿Cuántos años tiene?

- Veintiuno. – Respondió al instante.

- Aún es joven. – Meditó él acariciando su barba. – Bueno, supongo entonces que no tendrá problemas en repeler a Kuvira. – Añadió luciendo satisfecho.

- ¿¡Qué!? – Reaccionó la menor.

- Bien, sabrás que su asentamiento ha ganado fama, muchos grupos rebeldes quieren atacarlo para poder quedarse con sus bienes, pero ninguno tiene la fuerza necesaria para entrar ahí, además está el pequeño detalle de que Hiroshi repelió al ejército de Amon haciendo uso de armas de fuego, no cualquiera puede enfrentarse a eso. Pero Kuvira es un tema completamente distinto. – Sonrió. – Hoy en día sus seguidores bien podrían acercarse a ser cerca de quinientas personas o más, tal vez mil personas, eso no lo podemos saber con seguridad, lo que si me queda claro es que está comenzando a elaborar un plan para invadir el asentamiento de Ciudad República, al igual que el resto está en busca de sus bienes, de sus tierras. – Explicó sin dejar de ver el horizonte.

El silencio reino durante un par de minutos antes de que uno de los dos volviera a hablar. – Debemos detenerla. – Bufó la morena.

- Si, ese es el plan, si Kuvira llega a hacerse de las tierras de Sato ten por seguro que esto se volverá una pesadilla, los recursos del asentamiento de tu amiga bastarían para abastecer al ejército de Kuvira, con eso y su poder de convicción lograría dominar a la mayoría de las personas en este continente… y créeme cuando te digo que no quieres tener a Kuvira como la líder del mundo. Es una chica inteligente y fuerte, pero no tolera ningún tipo de error, le falta ser flexible. – Parecía hablar para si mismo. – Eso sin mencionar que trabajaría sin descanso hasta erradicar al Avatar y a sus seguidores. – Concluyó alzando una ceja.

- ¡Pero es imposible llegar a ella! – Gruñó ocultando la frente entre sus manos.

- No lo es, no del todo, hay ocasiones especiales en las que ella misma se presenta de forma abierta. – Sonrió Bumi de forma obscura. – Pero no te gustará escuchar mi plan para hacerla salir.

- ¿A caso hay otra opción? – Suspiró resignada.

- Escucha, no es tan malo ¿Está bien? De hecho te podría ayudar, más allá de tu necesidad de encontrar a Kuvira por el dichoso documento del Avatar obscuro. Esto te podría ayudar a ocultar tu identidad como Avatar y al mismo tiempo te permitiría viajar por doquier sin problema alguno.

- Suena demasiado bueno para ser verdad… - Comentó con tono sarcástico.

- Y lo es. – Sonrió. – Verás, todo esto es basándome en las experiencias que he tenido a lo largo de mi vida. Iniciar en esta vida como el hijo del Avatar no es algo sencillo, sobre todo porque debes permanecer oculto desde un inicio, o al menos no ser reconocido como el hijo del Avatar, la orden de Loto ayuda, si, hasta cierto punto te brinda los recursos necesarios para pasar desapercibido, después de todo, niños huérfanos abundan por doquier ¿No? Así que es menos extraño ver a una madre soltera con sus hijos. Pero lo difícil radica en pertenecer a la Orden desde tu nacimiento, la Orden se encarga de educarte y entrenarte para los combates, así como contigo. – Pauso esperando que la morena estuviera siguiendo el ritmo de la conversación.

- Entonces comienzas a volverte un tanto sospechoso, si eres capaz de leer y de luchar de forma decente solo hay dos opciones, o perteneces a la Orden o perteneces a un grupo importante de maleantes. Yo nunca dudé de mi padre y tampoco de la Orden, así que cuando escuché los nuevos planes para ganar territorio en el campo de batalla no tardé en apoyar la iniciativa y dediqué mi vida a ello, a pasar como un rebelde, a sumergirme en ese mundo tan obscuro y lleno de rencor. Debo admitir que al inicio me resultó difícil, fue aún peor para mí ya que mi iniciación fue en un grupo rebelde bastante importante y ellos no querían tomar ningún riesgo. Las pruebas eran severas… - Suspiró. – Me vi obligado a tomar la vida de un hombre… un traidor. – Paso saliva. – Y no fue la primera vez que aquel estilo de vida me orillo a situaciones desagradables y enfermizas. – Admitió. – Pero me mantuve fuerte, con mis metas en claro, y al cabo de un tiempo me había ganado la confianza de mis superiores. Así comencé a recolectar información para el Loto Blanco y pronto esa información comenzó a salvar las vidas de nuestros camaradas y sus familias. Valió la pena y lo ha valido hasta ahora. – Concluyo con una cálida sonrisa en el rostro. – Pero no te voy a mentir Korra… este estilo de vida ha formado mi carácter, para poder moverme dentro de este ambiente debí volverme parte de él, mi prioridad es ayudar al Loto Blanco a evitar catástrofes, pero para hacerlo debo mantenerme dentro del círculo de confianza. No soy diferente a ellos, la única diferencia es que yo filtro información que el Loto Blanco puede utilizar de forma provechosa, de ahí en mas soy tan peligroso como cualquiera de ellos y merezco los mismos castigos que ellos podrían merecer por sus fechorías.

- Entiendo. – Murmuró ella notando el cambio en el semblante de su amigo, por lo general se mostraba fuerte y lleno de energía, ahora se le veía suave y vulnerable.

- Sé que las peleas te pueden parecer desagradables, pero escucha. A Kuvira le encantan este tipo de peleas, las disfruta como nadie y suele pedir a los mejores peleadores para volverlos parte de su guardia personal. Yo mismo me habría ofrecido para esto, la verdad es que yo me retiré de las peleas invicto, nadie pudo derrotarme… - Volvió a sonreír al dejarse llevar por los recuerdos. – Pero soy el dueño del coliseo, yo no puedo unirme a ella. Necesito a un peleador habilidoso, alguien que impresione a Kuvira lo suficiente para que ella pida a este peleador, así comienza la trampa. – Dijo con una sonrisa de oreja a oreja. - ¡Korra! Te he visto pelear, tengo experiencia en esto, llevo observando y participando en peleas durante poco más de diez años. Tu manera de pelear es increíble, lo cual es lógico considerando el hecho de que toda tu vida has sido entrenada por los mejores maestros del Loto Blanco, si alguien puede atraer a Kuvira esa eres tú.

- Lo entiendo, pero... – Inició y de inmediato sus palabras fueron cortadas por su compañero. - ¡No hay pero que valga! – Renegó. – Nos tomará algo de tiempo ya que Kuvira es precavida, pero yo puedo ayudar, puedo cubrir tus ausencias inventando viajes de entrenamiento o más batallas en arenas más pequeñas, nadie me cuestionaría y menos al ver tu potencial, así podrás seguir entrando y saliendo de Ba Sing Se a tu gusto, el Avatar seguirá con sus tareas de Avatar y Korra comenzará su carrera en el bajo mundo como peleadora. – Insistió sin retirar su mirada del semblante de la morena.

- Escucha, sería igual que lo que pasó conmigo, los rebeldes comenzarían a familiarizarse contigo y claro que nadie se imagina al Avatar participando en este tipo de peleas. Si la gente en distintos pueblos comienza a reconocer tu rostro debido a tus constantes viajes de inmediato te recordarán como una feroz gladiadora y no querrán ver más allá, los rebeldes bien te podrían ver en sus reuniones y no harán más que pasar a saludar en vez de preguntarse quien demonios eres. Y lo que es aún mejor, tú no tienes que llegar tan lejos como yo lo he hecho, esas peleas se basan en hacer a la gente feliz, estoy seguro que podremos encontrar una manera en la que las peleas estén bien tanto para ti como para el público. ¿Qué piensas? Bien ¿No? – Cuestionó encontrándose de pie frente a ella.

La ojiazul meditaba todo lo que acababa de escuchar, nunca había considerado la posibilidad de ganarse un lugar dentro de los bajos mundos donde los rebeldes se movían con libertad, estaba segura de que ningún otro Avatar se habría aventurado a llegar hasta ese punto, y quedaba en claro el motivo de eso, para llegar hasta ese punto se debían hacer cosas desagradables y tener testigos de ello.

- Si hago esto ¿Qué tanto tiempo tendría que pasar antes de que Kuvira se acerque?

- Probablemente… ¿Ocho o diez meses? No lo sé. Todo depende de Kuvira.

- Es demasiado tiempo Bumi... ¿Que tal si decide atacar el asentamiento de Ciudad República antes de eso?

- ¡Ja! No, Kuvira no es idiota, tu amiga Asami tiene algo estable, hombres entrenados y armas de fuego ¿Crees que sería prudente atacar de un momento a otro? Kuvira necesita prepararse y es una mujer paciente. Atacará solo cuando esté cien por ciento segura de su victoria y eso le llevará tiempo.

El silencio se hizo presente, la morena debatía todo el asunto dentro de su cabeza mientras Bumi se daba el tiempo para evaluar cual botón era el que activaba a la morena, la imagen frente a él era clara, el énfasis de Korra había cambiado en cuanto mencionó el asentamiento de Ciudad República, tal vez era un poco bajo intentar llegar a ella de ese modo, pero necesitaban un plan cuanto antes si es que querían evitar una catástrofe.

- Te importa la gente de ese asentamiento ¿Cierto? Asami y los demás dependen de esta decisión. De otra manera puede que nunca logres llegar a Kuvira a tiempo. – Insinuó con la intención de presionarla, Korra bufó apretando la mandíbula, dentro de ella sentía la fuerte responsabilidad de cuidar del asentamiento de Asami, ella le había prometido que la mantendría a salvo, que mantendría a los grupos peligrosos lejos de su hogar, debía cumplir esa promesa.

- Lo haré. – Declaró mirando el suelo en un intento por prepararse mentalmente para los combates que estaban por venir. Bumi alzó los brazos en el aire en señal de victoria. - ¡Si! Nosotros le enseñaremos a Kuvira quien es el jefe aquí. – Celebró con los puños cerrados.

Desde aquel día comenzó a construir a Korra, la Guerrera del Sur. Bumi se encargó de presentarla al resto del equipo en el coliseo, les contó la historia de cómo la había conocido, en alguno de sus viajes por el sur se encontró con ella y sus enormes habilidades para la batalla así que decidió traerla de vuelta con él, claro al inicio la chica se había intimidado por las batallas pero ahora estaba lista para entrar de lleno en el negocio.

El primer mes fue el más difícil considerando que poco a poco debía ir utilizando más las armas que le eran proporcionadas durante el combate, poco a poco fue perdiendo la sensibilidad, poco a poco se fue acostumbrando al dolor de las cortadas y golpes, poco a poco fue naciendo la Guerrera del Sur. Opal sabía de medicina y todos estaban de acuerdo en que utilizar la sanación con agua resultaría demasiado arriesgado considerando que el público estaría al tanto de las heridas que recibiría en los combates, todos esperarían ver las cicatrices de las batallas, todos contemplarían el avance de su recuperación, cualquier cosa fuera de lugar podría detonar el caos, así que Opal se ocuparía de sanar su cuerpo, ella siempre la acompañaba a los combates, a pesar de haber crecido en una buena familia y en un entorno favorable, la ojiverde tenía un carácter fuerte que le permitía presenciar aquellas barbáricas peleas en aquel repulsivo lugar.

La idea de los tatuajes vino con el tiempo, Bumi estaba convencido de que eso le añadiría presencia en el cuadrilátero, la gente tendría algo que recordar. A demás de eso se vio obligada a fortalecer más su cuerpo lo que causo que sus músculos fueran más notorios, tal como había dicho Bumi, para entrar en aquel mundo debía volverse parte de el. Con el tiempo había creado una parte de si misma que era perfecta para ese ambiente, cuando entraba en el coliseo se transformaba en otra persona, se transformaba en la Guerrera del Sur, solo así lograba desempeñarse de forma adecuada.

No había problema alguno al encubrir sus viajes por el antiguo Reino Tierra, por las noches se dedicaba a sus actividades como Avatar y durante el día viajaba lo suficiente para alejarse del lugar donde había ayudado a las personas y buscaba algún asentamiento o punto de reunión donde hubiesen peleas a las cuales asistir, resultaba agotador, pero era la única manera de avanzar más hacia sus metas.

Y así había llegado hasta el día presente, comenzaba a impacientarse considerando que Bumi le había hablado de ocho o diez meses y ya se había pasado poco más de un año desde entonces, debía detener a Kuvira antes de que decidiera atacar el asentamiento de Asami.

Al terminar de lavar su ropa la tendió en un par de cordeles que Suyin usaba precisamente para secar sus prendas, habiendo terminado con eso volvió al interior de la casa y se encaminó hacia el comedor, en el lugar se encontraban Opal y su madre, ya era tarde, las peleas empezaban a media noche, se exhibían tres combates por noche y las suyas siempre eran las finales pues eran consideradas las más importantes, así que solían volver a casa cerca de la una treinta de la madrugada, agregando el tiempo que se había tomado para lavar su ropa calculaba que ya debían ser las dos de la madrugada, no entendía porque Suyin siempre la esperaba despierta y tampoco porque Opal se negaba a irse a dormir de inmediato, pero debía admitir que disfrutaba de su compañía, además no importaba cuantas veces intentara convencerlas de descansar, ese par nunca cedía e insistían en permanecer con ella mientras recuperaba energías.

- ¿Cómo fue la pelea de esta noche? – Preguntó Su extendiendo una taza con té hacia ella.

- Gracias. – Sonrió al recibir la taza. – Fue… como el resto de los combates, un desastre. – Suspiró sintiéndose agotada física y mentalmente.

- Opal dice que eres buena en eso. – Jugó la mayor con tono divertido.

- Bueno… debo convencer al público. – Rió por lo bajo.

- Debes admitir que incluso sin tus poderes de Avatar eres una peleadora impresionante. – Insinuó Opal.

- Tal vez, pero no me enorgullezco de lo que hago. – Comentó antes de comenzar a soplarle al té en un intento por enfriarlo un poco.

- No es fácil. – Inició Su. – Pero a veces son cosas que se deben hacer. – Intentó animarla. – No cualquier Avatar podría llenar el perfil de gladiador. – Bromeo golpeando suavemente su hombro.

- Ella es la Guerrera del Sur, no el Avatar. – Rió Opal.

- No entiendo, todos siguen diciendo que mi carácter me ayuda en estas cosas, a ser más fuerte, más imponente que Aang. – Meditaba en voz alta mientras tomaba una pieza de pan en sus manos.

- Bueno, verás. Creo que cada Avatar debe encontrar su propio camino, su propio estilo. Y Aang nunca habría podido llegar a donde tú estás ahora, él era un hombre muy tranquilo, él buscó otro camino, buscaba llegar a las personas por medio de palabras. Tú puedes infiltrarte y actuar "por debajo del agua" al actuar como uno de ellos, nadie sospechará de ti y así creas tus medios para obtener lo que necesitas… eres una chica fuerte y decidida, usa eso a tu favor, no tiene nada de malo que tu estilo sea un poco más rudo que el de Aang, de cualquier manera puedo ver en ti ese corazón de oro que caracteriza a todos los Avatares. – Habló Su con tono suave colocando su mano sobre el hombro de la morena.

- Gracias Su. – Sonrió para luego continuar disfrutando de su cena.

Al llegarse la hora de dormir cayó rendida, a penas descansó la cabeza sobre su almohada y su conciencia se había desvanecido por completo, siempre ocurría así durante las noches de combate, simplemente no podía seguir, mantener su mente y cuerpo en el mismo canal resultaba agotador.

- ¡Korra! – Se escuchó un grito. - ¡Korra! – Insistió.

- ¿Qué? – Balbuceo perezosa.

- ¡Korra Arriba! – Insistió aquella voz tan familiar.

- No… aún no es hora. – Renegó cubriéndose con la cobija hasta la cabeza.

- ¡Korra! – Renegó la chica jalando las cobijas. – Es importante.

- Opal… - Bufó.

- Bumi está en la sala, dice que recibió una carta de Kuvira. Te quiere reclutar. – Sentenció en un intento por hacer reaccionar a la ojiazul

- ¡¿Qué?!


Hello Gente! Jaja. Lo se, me atrase con la actualización, pero hubo un motivo... me resfrié xD y lunes y martes dormí por culpa del medicamento e.é Y no me gusta dormir en las tardes. Peeero en fin! Aquí está la continuación.
Espero les guste yyyyy bueno. Espero tener la siguiente actualización el domingo o Lunes. Intentaré avanzar rápido para llegar a la parte interesante ;) (Korrasami) Un saludo a todos! Y gracias por seguir la historia. Nos leemos en la siguiente actualización.

CHAU!