- ¿Entonces pretende que valla a ciegas guiada por sus hombres hasta su escondite actual?

- Para ella es importante no revelar su ubicación. – Dijo Bumi encogiéndose de hombros.

- ¿No es demasiado arriesgado? – Preguntó arqueando una ceja.

- Eres el Avatar, no es como si fueras indefensa. Incluso sin armas en tus manos eres capaz de defenderte de un ejército completo. – Respondió él rodando los ojos.

- Si, gracias por recordármelo… por poco lo olvido. – Habló con tono sarcástico. - ¡Bumi! Me refiero a todo el plan para detener a Kuvira. Su y tú están tras su pista, si deciden llevarme de esa manera nunca encontrarán su escondite.

- Oh, tú no te preocupes por eso. – Hablaron Bumi y Su al unísono causando que el rostro de la morena reflejara confusión.

- Ustedes y el Loto Blanco me tienen cansada de sus secretos. – Bufó. - ¿Hay algún plan del que deba enterarme?

- Tranquila Korra, no es ningún secreto. – Intervino Su. – Por supuesto que hay un plan. Bumi y yo uniremos fuerzas para enfrentar a los hombres de Kuvira que lleguen a levantarse en armas cuando ella caiga, no estamos completamente seguros de sus números pero sabemos que son más de seiscientos, así que necesitamos unir fuerzas. Tampoco estarás sola en tu viaje, Bumi tiene a varios de sus hombres repartidos en distintos poblados, ellos buscan hacerse del poder, su objetivo es subir a Bumi a la cima de la escala criminal, quieren dominar Ba Sing Se, así que están dispuestos a derribar a Kuvira, ellos estarán al pendiente de tu viaje para encontrar el escondite de la líder rebelde y cuando lo hagan nosotros seremos notificados y mandaremos apoyo.

- Suena… bien. – Respondió mirando el suelo, de nuevo se aproximaba un enfrentamiento y no podía dejar de pensar en lo ocurrido en el asentamiento de Ciudad República, no quería volver a involucrar a nadie en sus asuntos como Avatar, no quería que nadie resultara herido por su culpa.

- Todo estará bien Korra. – Sonrió Bumi. – Tu trabajo consiste en ir ahí y ganarte la confianza de Kuvira para que baje la guardia lo suficiente y así puedas tener la oportunidad de emboscarla para sacarla de ahí y traerla con Su. Aquí la encerramos e intentaremos aplacar a sus seguidores, de cualquier manera, a parte de Baatar no creo que haya más personas a su lado con las agallas necesarias para tomar su lugar, al perderla a ella todos se dispersarán.

- Así que nuestro objetivo inmediato luego de Kuvira es Baatar Jr. Nosotros nos encargaremos de él, tú limítate a traer a Kuvira ¿Entendido? – Completó Su con un tono poco amigable, su ánimo siempre decaía cuando tocaba el tema de Baatar, era comprensible, su propio hijo había decidido ir en contra de ella y todo por seguir la guía de Kuvira, la chica que ella misma había criado y que por motivos más allá de su comprensión la había traicionado.

- Ten por seguro que encontraremos su escondite y cuando lo hagamos tendremos el lugar vigilado. Procura que la emboscada a Kuvira sea durante la noche pues así te será fácil dar una señal de ataque. – Le aconsejó Bumi.

- ¿Qué tipo de señal necesitan?

- Con una señal de luz bastaría, tendré el lugar rodeado, sería cuestión de que encuentres una ventana y emitas tres luces intermitentes. – Respondió él.

- ¿Y si el escondite es subterráneo? - Dijo en un intento por despejar cualquier duda, si quería que todo saliera bien todos debían tener en claro cada parte del plan.

- Hmmm… Buena pregunta. – Habló el castaño mientras parecía meditar en una alternativa para eso.

- Bumi… - Suspiró Korra.

- ¡No! Esperen, es sencillo, si ese es el caso Korra deberá erguir un bloque de tierra en la superficie, esto pueda que llame la atención de los hombres de Kuvira, pero entonces pensarán que el Avatar se acerca y no esperarían a nuestros hombres, esto nos daría la ventaja sobre ellos. – Sugirió Suyin con una sonrisa.

- ¡Bien! Entonces está hecho. – Se escuchó el tono entusiasta del dueño del coliseo. – Kuvira dijo que mandaría por ti el día de mañana, mi público no quiere que te vallas sin una despedida apropiada así que tienes un combate esta noche. – Sonrió en un intento por evitar la cólera de la morena al saber que estas peleas no eran de su preferencia.

- La carta llegó a primera hora esta mañana. ¿Y me dices que el público ya espera una pelea de despedida? – Interrogó con una mirada fría.

- Lo sé ¿Qué puedo decir? Mis hombres están cuidando las puertas todo el tiempo, varios de ellos conocen a los hombres de Kuvira y bueno, saben lo que las cartas de Kuvira significan para el coliseo, son invitaciones para nuestros mejores peleadores, ellos corrieron la voz, no me culpes. – Intentó defenderse.

Suyin negó con la cabeza al tiempo que liberaba un profundo suspiro. – Bumi, a veces te dejas llevar demasiado por ese estilo de vida. – Comentó desaprobando lo que acababa de escuchar.

- ¿Qué? De no ser así ninguno de esos lunáticos creerían en mí. – Gruño haciendo un puchero.

- No, está bien Su. – Interrumpió Korra. – Supongo que es algo que normalmente hacen cuando los campeones son llevados por Kuvira ¿No es así? – Preguntó sin retirar su mirada del ojiazul.

- Claro que esto es tradición, están a punto de perder al campeón, la persona que les hace subir la adrenalina con solo aparecer en el área de batalla. Lo más natural es que pidan una última batalla llena de emoción y esa marca personal que tienen sus sanguinarios e invencibles gladiadores. – Declaró él con orgullo.

- Está lastimada por su pelea anterior. – Bufó Su poniéndose de pie.

- Es la campeona, ella sabrá como salir de eso. – Renegó Bumi.

- Estaré bien Su. – Habló la morena colocando una mano sobre el hombro de su amiga en un intento por tranquilizarla. – Lo mejor será que no levantemos sospechas, si los capeones se retiran con una última pelea será eso lo que haré.

- Si algo le pasa a Korra te prometo que mandaré a encerrar a unos cuantos de tus seguidores Bumi. – Amenazó Su golpeando el pecho del hombre con su dedo índice.

- Ella estará bien. – Suspiró Bumi rodando los ojos. – Solo deberá ser un poco más agresiva de lo usual… - Añadió con una sonrisa traviesa que de inmediato se ganó un golpe en el hombro por parte de Beifong.

La mañana siguiente había llegado más rápido de lo esperado, el día anterior también había sido un día apresurado, con toda la noticia de Kuvira, la pelea que le esperaba durante la noche y su despedida de la casa de Suyin no le había quedado mucho tiempo para procesar lo que estaba por venir. La tarde del día anterior había tenido un festín con los Beifong, Suyin le advirtió sobre las habilidades de pelea de Kuvira, ella había sido su maestra y le aseguró que Kuvira había sido, por mucho, su mejor aprendiz. La pelea durante la noche fue toda una sorpresa, Bumi había olvidado mencionar que aquel evento de despedida implicaba a la campeona enfrentando a todo aquel que quisiera retarla durante la noche. Tal como su amigo lo había dicho, al encontrarse lastimada por la pelea que tuvo con el gigante se vio obligada a actuar de forma más agresiva y severa, utilizando armas neutralizaba a sus oponentes de inmediato, afortunadamente para ella solo diez incautos se atrevieron a retarla, Bumi le había dicho que en otras ocasiones las peleas se extendían hasta alcanzar a los treinta retadores, pero al parecer la morena había intimidado bien a su público al destrozar de inmediato a cualquiera que pusiera pie en la arena esa noche. Al finalizar había concluido el evento con nada más que un nuevo corte en su hombro derecho, un golpe en el labio y otro en la cadera, bastante bien considerando que logró proteger las suturas de su costado izquierdo al igual que las de su brazo derecho, al final el precio de pelear estando vulnerable lo habían pagado sus retadores y no ella.

- Todo estará bien, has trabajado duro para este momento, estoy segura de que será pan comido para ti. – La animó Opal ahora que se encontraba de pie bajo la puerta trasera del sótano, la morena cargaba con ella una maleta dentro de la cual guardaba todas sus pertenencias, lo cual se reducía a un par de cambios de ropa.

- Gracias Opal. – Sonrió al abrazarla.

- Ya conoces todas las entradas al palacio, no importa cuando sea el día, lo que importa es que llegues aquí con Kuvira, nosotros estaremos preparados. – Habló Su con seguridad.

- Lo sé. – Respondió sintiéndose nostálgica, había vivido dos años bajo el cuidado y la compañía de Suyin y su familia, partir de esa forma parecía una despedida, aunque sabía que cabía la posibilidad de volver luego de cumplir su misión, estaba consciente de que ya había pasado mucho tiempo en Ba Sing Se y aún debía visitar el antiguo Reino Fuego y las tierras frías del norte, si volvía con los Beifong sería para despedirse.

- ¡Es hora de partir! – Gritó Bumi desde el otro lado del patio donde había una puerta escondida que llevaba a un túnel que conectaba con el exterior del palacio. Así ambos emprendieron su caminata hasta el coliseo, en el lugar los esperaba un grupo de diez hombres, estos eran los hombres de Kuvira, con ellos llevaban un palanquín, no tardó mucho en deducir que esta sería la manera en que la transportarían, al parecer no le permitirían caminar. Aquellos diez hombres permanecían de pie en formación, con las espaldas bien rectas y los pies ligeramente separados mantenían sus manos cruzadas por detrás de la espalda, en tres filas de tres y entre ellos destacaba un hombre al frente que suponía era el líder de esta misión. No hubo mucho tiempo de despedidas, uno de los soldados de inmediato vendó sus ojos y ató sus manos por detrás de su espalda para asegurarse de que no fuera a retirarse la mascada de los ojos durante el viaje, esta sería una travesía un tanto incómoda.

Todos comenzaron a marchar de inmediato, seis hombres cargaban el palanquín y cuatro descansaban, estaba segura que a lo largo del tramo solían turnarse pues cada cierto tiempo el palanquín hacía una pausa y entonces escuchaba cierto movimiento antes de que continuaran con su camino. No podía escuchar nada más que los pasos de sus guardias, ninguno de ellos había hablado o comentado nada en lo absoluto, era poco decir que su larga travesía le pareció aún más larga al no ser capaz de ver los paisajes o escuchar alguna conversación, así que aprovechando el silencio decidió meditar.

La noche llegó y pudo detectarla al sentir como disminuía la temperatura, en el transcurso del día habían hecho dos paradas en las cuales uno de los soldados se dedicó a alimentarla, le habían permitido liberarse de la mascada un par de minutos para que pudiese hacer sus necesidades, durante ese tiempo pudo ver que se encontraban en un camino desierto, no hubo nada que pudiese distinguir que le sirviera de referencia para darse una idea de donde se encontraban. Les había tomado un día y medio llegar a su destino final, sus guardias le permitieron retirarse la mascada luego de declarar que al fin habían llegado.

Sus ojos se abrieron de par en par al detectar el valle en el que entraban, rodeado de enormes montañas tapizadas de pinos y árboles, un par de ríos corrían alrededor, a lo largo del valle pudo apreciar cerca de seis estructuras similares a ciudadelas, se podían apreciar edificios construidos al interior de lo que parecían ser enormes flores de metal. A juzgar por las coyunturas que tenían estas oxidadas flores podía llegar a la conclusión de que en algún tiempo estas tenían la capacidad de abrirse y cerrarse sin problema, seguro habría sido obra de maestros metal. Todo el valle parecía ser un lugar místico congelado en el tiempo, el agua de los ríos fluía limpia, al acercarse un poco más pudo distinguir cierto daño en las flores de metal y unos enormes trozos de metal y roca que yacían alrededor de las ciudades, estas piezas ya habían sido cubiertas por el césped y enredaderas. Entre todas las ciudadelas había una que destacaba por su tamaño, esta se encontraba en el centro y era la más grande de todas, al notar esa diferencia dedujo que este sería su destino.

La mayor parte de las estructuras dentro de la ciudad se encontraban fortalecidas con metal, no pudo evitar mostrarse maravillada y sorprendida pues la gran mayoría de los edificios no mostraba tener daño alguno, eran pocos los que tenían huellas de alguna batalla, el resto se mantenía en pie, tal vez un poco oxidado y manchado por el tiempo, pero su estado era admirable, las calles también se mostraban lisas y despejadas, no entendía como es que un lugar así podía existir, la luz del atardecer aún le robaba un poco de brillo a las estructuras. El interior de los edificios mantenía un aspecto elegante más allá de lo viejo de la pintura, los adornos en metal se mantenían a la perfección, la madera podía encontrarse un poco maltratada pero era fácil imaginarse como se habría visto en sus inicios, sus ojos iban y venían inspeccionando cada detalle dejando de lado la presencia de las personas que caminaban por el edificio.

- Bienvenida. – Se escuchó la voz firme e imponente de una mujer, fue entonces que se percató de que habían entrado en lo que parecía ser un enorme comedor y al fondo había una mesa que se situaba sobre un nivel un poco más alto que el resto del comedor, tras esta mesa pudo ver a una joven de piel blanca, cabello obscuro y ojos verdes, su mirada era intimidante, sus ojos parecían tener la capacidad de ver a través de cualquier persona que tuviera enfrente, y sentado a la izquierda de esta mujer se encontraba un joven de tez morena, cabello castaño y ojos verdes, a él lo pudo reconocer al instante, sus facciones lo delataban como al hijo mayor de Suyin Beifong, Baatar Jr.

- Por favor remuevan esas ataduras de sus muñecas. – Ordenó ella haciendo una señal con sus manos, los guardias obedecieron de inmediato y la liberaron de sus restricciones.

- Adelante, acércate, debes estar hambrienta. – Continuó la ojiverde con un tono animado y una sonrisa que indicaba superioridad.

- Gracias. – Habló acercándose a la mesa.

- Yo soy Kuvira, él es Baatar. – Se presentó poniéndose de pie y extendiendo su mano hacia ella.

- Un gusto, yo soy Korra. – Respondió sosteniendo su mano con fuerza y manteniendo su mirada fija sobre aquellos orbes verdes, en aquel momento pudo sentir el hambre de poder que moraba en el interior de esa mujer, aquel apretón de manos pareció ser un reto que ambas se negaban a declinar, una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Kuvira antes de liberar su mano.

- La aclamada "Guerrera del Sur" – Comentó extendiendo su mano hacia una de las sillas que había en la mesa como una señal para invitarla a tomar asiento.

- Esa soy yo. – Le devolvió la sonrisa para después sentarse.

- ¿Será una buena señal para un gladiador andar por ahí con golpes notorios en la piel? – Se escuchó la voz de Baatar al apuntar el corte en su labio.

- Es normal, no es ni buena ni mala señal. – Respondió con una sonrisa presumida y alzando una ceja. – No son peleas fáciles.

- Eso lo sé. – Concordó el castaño. – No es la primera vez que recibimos a peleadores en este lugar. Por lo general los campeones no se ven tan maltrechos como tú. – Habló con tono hostil y una mirada fría.

- Si, bueno, a mi parecer, los campeones son los que salen de pie de la arena, ninguno de mis oponentes ha logrado salir consciente de ese lugar. – Atacó sin perder la calma, Baatar ciñó el entrecejo. – Además, Bumi siempre pide un espectáculo, de no ser por eso podría terminar mis batallas de un solo golpe. Todo esto. – Señaló el moretón sobre su labio. – Es para que el público lo disfrute. – Completó sintiéndose satisfecha al ver el disgusto en el rostro del ojiverde.

- Valla manera de cerrarle la boca. – Rió Kuvira causando que Baatar bufara. – En efecto, Bumi es un hombre loco. – Comentó mientras tomaba un poco de arroz en su cuchara. – Pero a veces logra encontrar buenos talentos. – Dijo antes de llevarse el arroz a la boca.

- Él me dijo que te gustan ese tipo de peleas. – Insinuó mientras un hombre colocaba un plato lleno de comida frente a ella, nada elegante, arroz y verduras al vapor acompañados por agua de limón.

- Si, disfruto del espectáculo como cualquier otra persona lo haría, aunque prefiero que los eventos sean realizados en un lugar más apropiado que el desagradable coliseo de Bumi. – Respondió cuando se hubo pasado la comida que tenía en la boca.

- ¿Organizas tus peleas aquí?

- A veces, solo en ocasiones especiales, cuando hay algo que celebrar o cuando encontramos a un nuevo campeón que esté dispuesto a ponerse a prueba contra mis mejores hombres.

- ¿Y también admites el uso de armas? – Tras esta pregunta hubo un breve silencio mientras Kuvira parecía meditar su respuesta.

- No siempre, las admito cuando alguien es sorprendido por traición. Claro eso ya es considerado un castigo. Espero que no sea un inconveniente para ti la falta de armas en estas peleas, la verdad prefiero evaluar las habilidades de una persona al obligarlos a combatir con nada más que su propio cuerpo, con un arma cualquier mandril es capaz de ejercer un daño considerable en su enemigo y no requiere de habilidad alguna, a veces un golpe de suerte les regala la victoria. – Respondió manteniendo su mirada sobre la figura de la morena.

- Por el contrario, me alivia escuchar que serán peleas limpias. Aunque me sorprende escuchar que habrá peleas, Bumi no me explicó cual era el motivo de mi visita a este lugar.

- Bueno, eso se debe a que yo misma no doy demasiados detalles en esas cartas. Si, habrá peleas, pero considerando el estado en el que has llegado deberemos esperar un poco para eso, si quiero ver tu verdadero potencial deberás sanar esas heridas antes de entrar a combatir. – Aclaró señalando su cuerpo, la morena vestía una blusa verde de tirantes que dejaba al descubierto sus hombros y brazos donde se podían apreciar las huellas de las batallas recientes.

- Dijo que me reclutarías. – Continuó en un intento por obtener más información respecto a la invitación que había recibido.

- Reclutar suena como algo forzoso. – Sonrió la ojiverde.

- ¿Entonces no lo es? – Pronunció la morena con un tono divertido, Kuvira no parecía ser de las personas que perdían el control con facilidad, además hasta el momento se había mostrado agradable, la verdad se encontraba disfrutando aquella comida y la plática que la acompañaba.

- Yo lo definiría como una oportunidad difícil de rechazar. Además, no cualquiera puede entrar a mis filas. Las peleas son de exhibición, para que yo las disfrute, pero también las utilizo para evaluar el potencial de los peleadores que invito a venir. Si demuestras ser lo suficientemente buena puede que te de un lugar entre mi ejército.

- Y eso es algo difícil de rechazar ¿Eh? – Continuó la plática sintiéndose con la libertad de hacerlo sin estar bajo presión.

- Me imagino que habrás visto el valle en tu camino hacia acá. Aquí contamos con buenos suministros de agua y alimentos, además nos rodea un poco de naturaleza y eso en sí mismo es un regalo para el hombre, no cualquiera puede disfrutar de la sombra de un árbol hoy en día, mucho menos de varios árboles y pinos juntos. Tenemos un buen lugar aquí y las fuerzas suficientes para defenderlo. La oportunidad de vivir en un lugar como este es algo difícil de rechazar. – Explicó para luego comenzar a disfrutar de su bebida.

Aquellas palabras de nuevo revivieron la intriga que nació en la morena al ver el valle, se le notaba puro y limpio. ¿Todo aquello había sido obra de Kuvira?

- Tienes razón. – Acertó a responder. – Pero tengo una pregunta.

- Adelante. – Admitió Kuvira.

- ¿Tú te encargaste de la limpieza de este lugar? – Kuvira lo meditó por un momento y luego la miró.

- No totalmente, este lugar tiene su propia historia, pero solo la conocerás si logras vencer a mis hombres durante las peleas. – Concluyó con una mirada retadora que Korra respondió con una pequeña sonrisa. – No puedo esperar a escucharla. – Respondió al instante.

Al terminarse la comida Kuvira la acompañó hasta la habitación designada para ella, la cama en el centro se conformaba de un saco de paja y sobre ella había un par de cobertores que a juzgar por el material que estaban hechos seguro se trataba de viejos cobertores que se habían encontrado en las ruinas.

Un par de guardias habían sido asignados a su puerta, Kuvira le explicó que se encontraban ahí para ayudarle a ubicarse dentro de la ciudad, ellos la acompañarían a donde quiera que deseara ir, claro estaba que el único y verdadero trabajo de aquellos guardias era cuidar sus movimientos, ahora entendía el motivo por el cual Bumi le había dicho que Kuvira era precavida, a pesar de haberse presentado como una persona agradable y accesible en ningún momento había bajado la guardia.

Se encontraban a inicios de mayo, Kuvira había sido clara al especificar los límites dentro de sus tierras, podía recorrer toda la ciudadela si así lo deseaba pero no podía salir de ella y recorrer las otras ciudadelas. Además de eso no le había puesto más restricciones, claro que considerando al par de guardias que la seguían para todos lados era difícil creer que fuera a necesitar de más cuidados.

La recuperación fue como de costumbre, esta vez tenía todo el tiempo que deseara para reponerse ya que no tenía otra pelea pendiente en fechas próximas, al parecer los combates serían programados en base a su recuperación y no al revés lo cual le brindaba un poco de alivio. Mientras vivía aquí no podía evitar preguntarse si Kuvira alguna vez llegaría a confiar en ella, si las cosas no eran así se volvería más difícil completar su misión, ya que seguramente se vería obligada a actuar como el Avatar y esto podría arruinar su identidad como gladiadora. Recordando todo el tiempo que le había tomado ganarse la confianza de las personas en Ciudad República se preguntaba si ocurriría de la misma forma en este lugar. No quería ni podía perder tanto tiempo.

(*-*)

- Se ve bastante bien. – Declaró la ojiverde al retirar la última sutura, aún no comprendía porque la misma Kuvira se encontraba al pendiente del progreso de sus heridas, tal vez se debía a que si ella supervisaba su recuperación se podía asegurar de establecer la fecha adecuada para el combate. – Creo que un par de semanas más bastarán para que te encuentres lista para el combate ¿Tú que piensas?

- ¿Honestamente? Me metería al campo de batalla inmediatamente, Bumi suele otorgarme menos tiempo para volver. – Bromeo sonriendo.

- Prefiero que esas cicatrices sanen un poco mejor. Como te explique desde un inicio, quiero ver todo tu potencial. – Rectifico Kuvira tomando las vendas y el material de curación que había utilizado para arrojarlo a la basura. – Aunque debo admitir que me complace verte en una posición tan optimista y entusiasta. Solo no caigas en el error de confiarte. – Advirtió comenzando a caminar hacia la puerta de la enfermería.

- La pelea será la tercera semana de junio, ahora que ya no tienes los puntos aprovecha para entrenar lo mejor que puedas, ya sabes en donde se encuentra el gimnasio, dos semanas, espero presenciar buenas peleas. – Concluyó saliendo de la habitación.

(*-*)

Durante el mes que llevaba conviviendo con Kuvira y sus hombres había descubierto que esta mujer dominaba por completo el arte de la manipulación, sabía utilizar de manera adecuada la intimidación y la inspiración para que sus hombres la siguieran sin oponer ningún tipo de resistencia, la seguían ciegamente y todos habían adoptado sus ideales sin condición alguna, la disciplina era fundamental y a diferencia del ejército de Amon todas estas personas habían recibido entrenamiento. En la ciudad habitaban cerca de doscientas personas, el resto del ejército de Kuvira se encontraba disperso tal como Bumi lo había dicho antes. Solo sus soldados más fuertes y capacitados tenían el privilegio de vivir en esta ciudad.

El día de los combates se llegó, la verdad no necesitó hacer nada fuera de lo normal, sus entrenamientos los llevo a cabo como de costumbre, la única ventaja ahora era que Kuvira contaba con un gimnasio lo cual facilitaba los ejercicios, era extraño que un lugar así existiera, una habitación equipada especialmente para entrenar el cuerpo, se podía decir que esta habitación era un tipo de lujo pues servía para cubrir cosas más allá de las necesidades básicas. Tal vez tener un gimnasio si resultaba esencial para el disciplinado ejército de Kuvira, tal vez todo era parte de su elaborado plan de generar a los peleadores perfectos, de ese modo podría invadir cualquier asentamiento y someterlo si así lo deseaba.

Tal como lo había dicho Kuvira ella contaba con las instalaciones adecuadas para los combates, el lugar lucía limpio a comparación del coliseo de Bumi, en el centro de la habitación había un octágono rodeado por rejas, ahí se enfrentaría con sus oponentes, alrededor había gradas donde la gente se podía sentar a observar, estaba segura de que esta noche todos los habitantes de la ciudad se encontraban reunidos en este lugar para presenciar el evento.

Una vez dentro de la reja esperaba a su oponente, no pasó mucho tiempo antes de que apareciera un joven de cuerpo bien formado, se le veía concentrado y con eso bastaba para darse cuenta de que estas peleas serían distintas a las que tenía en Ba Sing Se, por lo general sus retadores solían lucir llenos de ira y sedientos de sangre, atacaban solo por atacar con el propósito de infligir el mayor daño posible en el menor tiempo, en cambio este chico se mostraba centrado, con la guardia en alto parecía analizar cada uno de sus movimientos, esto provocó que una pequeña sonrisa apareciera en el rostro de la morena, al fin podría tener un verdadero combate.

- Inicien. – Ordenó Kuvira desde su asiento en una pequeña plataforma en primera fila que le permitía apreciar la pelea mejor que cualquiera en ese lugar.

El combate inició con ambos peleadores evaluando los movimientos de cada quién, caminando alrededor del octágono y tirando un par de golpes para medir su alcance, la morena no pudo evitar notar la timidez en los movimientos de su oponente, se encontraba nervioso, pudo notarlo, tal vez pesaba sobre él la presión de tener a Kuvira evaluando su desempeño, era una lástima que esto influyera en su modo de combate, pero ella misma intentaba impresionar a Kuvira y no tenía tiempo para guiar a su oponente hasta un punto donde se encontrara cómodo y pudiera recuperar su seguridad. El joven lazó un golpe que falló en alcanzar a su objetivo y Korra encontró la abertura perfecta por donde alcanzó a impactar el rostro del chico con una fuerte patada que le robo el equilibrio, la espalda de su rival alcanzó la reja en un intento por mantenerse de pie pero antes de que pudiese recobrar sus fuerzas la chica arremetió contra él depositando un par de golpes en su rostro, las rodillas le fallaron y cayó al suelo donde la morena continuó castigándolo hasta que escuchó el sonido de una campana que señalaba el final de la pelea, el público había enmudecido mientras ella se ponía de pie, todos parecían sorprendidos y el joven respiraba agitado en un intento por recobrar el aliento, su ceja derecha sangraba al igual que su labio inferior.

- ¿Estos son tus mejores peleadores? – Habló mirando a través de la reja directo hacia donde se encontraba Kuvira.

- Tranquila, solo estamos calentando motores. – Sonrió Kuvira.

- Si hubiera durado cinco minutos dentro de la reja conmigo habría servido para calentar motores, pero pasaron… ¿Tres minutos? No seas tímida, incluso Bumi tiene mejores hombres. – La provocó con una sonrisa traviesa, Baatar, que como siempre se encontraba sentado al lado de Kuvira, lucía sumamente irritado, la verdad es que desde un inició no se había llevado nada bien con él, no entendía cual era su problema, pero por algún motivo siempre intentaba molestarla haciendo comentarios ofensivos en su contra, y ahora parecía disgustado por el resultado de este primer combate.

- Tienes razón. – Concordó la ojiverde. – Tal vez esté siendo demasiado suave contigo, subiré el nivel de la pelea unos cuantos peldaños más, a ver que tal te va. – Concluyó haciendo un par de señas con sus manos a los hombres que se encontraban en la fila de oponentes.

- Solo espera y verás. – Respondió entusiasta, así el siguiente oponente apareció frente a ella, otro hombre de complexión robusta pero bien ejercitada, de barba tupida y una mirada intimidante, al menos este lucía con más seguridad que el anterior, pensó para si misma mientras comenzaba a mover sus pies alrededor del octágono evaluando a su oponente. Esta vez concluyó que debido al tamaño de aquel hombre lo mejor que podía hacer era someterlo con alguna llave, así que su primer objetivo sería llevarlo al suelo, los golpes del peleador eran rápidos y certeros, era peligroso, de eso no cabía duda, pero ella parecía ser más rápida evadiendo cada uno de sus ataques, por el momento se encontraba en modo defensivo, debía encontrar el momento adecuado para actuar, en las gradas la gente apoyaba a su peleador, resultaba nuevo para ella no ser la favorita del público y esto volvía más interesante la pelea, les mostraría a todos que ella era la mejor.

Una patada de giro impactó con la boca del estómago del sujeto, por más que este luchara por mantenerse erguido se vio forzado a doblarse un poco debido al dolor y la falta de aíre, los fuertes músculos de su abdomen no habían bastado para absorber el golpe de aquella patada, de nuevo tras ver a su oponente tambalearse se lanzó al ataque, un rodillazo en la barbilla lanzó al hombre contra el suelo y ella de inmediato se acomodó sobre su espalda, rodeando su cuerpo con las piernas comenzó a buscar la manera de enredar sus brazos alrededor de su garganta. Los fuertes brazos del peleador luchaban por mantener las manos de la morena lejos de amarrarse para formar una palanca, el público enloquecía y Kuvira no retiraba la mirada de aquella feroz peleadora. Al ver que su oponente no cedía decidió entorpecerlo al golpear su rostro un par de veces, así el forcejeo continuó durante un tiempo hasta que la morena logró amarrar sus manos completando la palanca alrededor de la garganta del otro peleador que al instante comenzó a contorsionar su cuerpo en un intento por librarse de la chica. Poco a poco se pudo apreciar como su víctima comenzaba a perder fuerza, sus movimientos se volvían más lentos y pausados, torpes, sin embargo aquel hombre no parecía dispuesto a dar la señal de rendición.

- ¡Basta! – Interrumpió Kuvira. – Lo necesito para una misión dentro de un par de días y no quiero que esto lo retrase. – Declaró mirando directo a los ojos de la morena mientras esta se ponía de pie luego de liberar a su rival.

- Bien, este logró hacerme sudar. – Volvió a comentar con tono divertido.

- Eres buena. – Admitió la líder con una pequeña sonrisa. – Toma un descanso de diez minutos antes de la siguiente batalla. – Le ordenó para luego de desviar su mirada hacia Baatar que le susurraba algo al oído pareciendo aún más molesto que al inicio del combate.

Su tercer oponente era una chica, cabello rubio, ojos azules y piel blanca, de estatura mayor a la morena y un cuerpo claramente entrenado, esta batalla se prolongó un poco más, la chica era rápida y escurridiza así que difícilmente lograba acertar sus golpes lo cual le robaba una cantidad considerable de energía, ambas compartieron puñetazos y patadas hasta que la morena la sorprendió con un codazo en el puente de la nariz que de inmediato hizo fluir un abundante hilo de sangre por el rostro de la rubia, un par de golpes más sobre sus mejillas mandaron a volar la sangre en finas gotas color carmín, aprovechando la debilidad de su oponente la tomó por los hombros y la acercó a ella para castigar con la rodilla su abdomen golpeándolo repetidas veces, al liberarla la chica retrocedió un par de pasos antes de caer sentada sobre el suelo, de nuevo el público enmudeció, Korra suspiró sintiendo como el sudor bajaba por su cuerpo, con los puños cerrados frente a su rostro se preguntaba si debía rematarla ahí mismo, recordando la presencia de Kuvira como autoridad máxima en el lugar decidió mirar por encima de su hombro en busca de una señal para saber si la pelea había terminado o si debía continuar, al hacerlo pudo sentir las vibraciones en el suelo, la peleadora se acercaba a ella por detrás, esperando a que la chica extendiera su brazo hacia ella la tomó y haciendo palanca con su cuerpo la lanzó por el aire hasta impactarla con el suelo, entonces alzó la mirada para encontrarse con la intensa mirada de Kuvira.

- ¿Debería seguir? – Preguntó confundida contemplando a la rubia que ahora luchaba por recuperar el aliento.

- No. – Escuchó a la pelinegra.

- Entonces ya está. – Suspiró levantando ambas manos a la altura de su pecho con las palmas abiertas en señal de que no haría nada más, había recibido un par de golpes en el rostro, su labio inferior sangraba y su ceja izquierda se mostraba levemente inflamada, también podía sentir una de las patadas que había recibido en su costado derecho, aquella chica lo había hecho bien.

- No esperaba que llegaras tan lejos. – Declaró la ojiverde dando tres aplausos. - ¿Crees que puedas con otra batalla?

- ¿Bromeas? Luego del coliseo de Bumi y su descontrolado uso de armas, estos golpes no son nada. – Respondió escupiendo un poco de sangre hacia su lado derecho. – Pero tráelo pronto antes de que me enfríe. – Demandó intentando mantener su concentración, esa última pelea había logrado agotarla un poco, pero no era nada de cuidado, cuando tenía a sus oponentes de frente había algo dentro de ella que solo le permitía visualizar su meta, la victoria a toda costa, y así bloqueaba el dolor y el cansancio, debía superar las pruebas de Kuvira, debía hacer que bajara la guardia para poder emboscarla sin mucho problema y llevarla con Su.

Su siguiente oponente fue otro varón, la complexión de este hombre era menos robusta que los otros dos contra los que había peleado, pero se notaba que se ejercitaba, a juzgar por la forma de sus músculos era evidente que este chico tendría más agilidad que los otros dos, y así fue, esta pelea fluía con más velocidad, los pies de su rival eran rápidos lo que le ayudaba a esquivar sus ataques y a encontrar posiciones adecuadas para la ofensiva. Los golpes iban y venían a toda velocidad, el vigor de su rival comenzaba a agotarla lo cual de nuevo la llevo a pensar que lo mejor sería llevar la pelea al suelo para neutralizar sus rápidos movimientos, tras tomar al joven por los brazos pateo una de sus piernas haciéndolo perder el equilibrio, ambos cayeron y ella no perdió el tiempo, pronto se acomodó a lo largo de su brazo derecho y lo aseguró con ambas piernas, la posición en que lo tenía torturaba sus articulaciones, poco a poco comenzaba a aumentar la fuerza que ejercía con su cuerpo en espera de la señal para liberarlo.

- ¡Con trucos como esos la pelea no es justa! – Gruñó Baatar desde su lugar. – No hay acción en esos movimientos. – Añadió incitando a que el público lo siguiera y comenzara a abuchear el combate. Tras esto Korra ciño el entrecejo, tomó una respiración profunda y tensó sus músculos, el joven gritó con agonía al tiempo que se escuchaba un fuerte crujido sobre su hombro, la morena lo liberó y se puso de pie caminando hacia la reja para mirar a Baatar.

- ¿Satisfecho? Espero que eso contenga suficiente acción para ti. – Gruñó señalando el hombro dislocado de su contrincante mientras este se lamentaba en el suelo, Kuvira sonrió y comenzó a negar con la cabeza.

- Creí que a estas alturas ya habrías aprendido a cerrar la boca frente a esta jovencita. – Habló liberando un pequeño suspiro. – Tenía planeado enviar a este hombre a una misión… supongo que eso deberá esperar, o tú deberás ir en su lugar Baatar. – Pronunció con un tono más serio que de inmediato sembró el miedo en las facciones del moreno.

- Lo siento. – Murmuró agachando la cabeza.

- Si, no lo vuelvas a hacer. – Amenazó antes de ponerse de pie. – Felicidades Korra, ese de ahí era el campeón anterior del coliseo de Bumi y mi mejor peleador. – Le habló mostrándose complacida por el resultado de las peleas. – Ahora solo restan un par de hombres, aunque no te preocupes, son como una especie de regalo, ninguno de ellos dos sabe pelear como mis hombres y será una pelea con armas. Son un par de ilusos que se negaban a permitirme el poder de un asentamiento, padre e hijo, quiero que le enseñes a los dos cuales son las consecuencias de meterse en mi camino. – Dijo con tono severo señalando al par de hombres que se encontraban fuera de la reja, uno parecía estar cerca de los cuarenta años y el otro seguro no pasaba de los veinte, ambos lucían aterrados, la visión de sus rostros bastó para derrumbar el corazón de la morena.

- ¿Ellos dos? – Preguntó señalándolos.

- Si, se que ya te encuentras cansada e incluso lastimada, pero estoy segura de que esos dos no te brindarán problemas. – Confirmó Kuvira con una sonrisa malvada.

- No, de hecho pienso que serían un insulto. – Respondió de inmediato intentando encontrar una manera de mejorar la situación, no podría castigarlos, no con esos rostros, no sabiendo que eran inocentes. – Deberías permitirles pelear juntos – Continuó. – Y que sean ellos quienes lleven las armas, yo no las necesitaré. Solo así serían dignos de pelear contra mí. – Finalizó con voz seria en un intento por ocultar el terror que sentía.

- Me parece justo, pero recuerda, es un castigo, con ellos no te diré cuando parar. – Rectificó la ojiverde de modo frío.

- Claro. – Sonrió brevemente antes de darse media vuelta para quedar de frente a aquellos dos hombres. – Espero que peleen con todas sus fuerzas ¿Entendido? De no ser así los moleré hasta la muerte. – Amenazó con voz severa y una mirada asesina, Kuvira la observaba con atención, seguro eso se trataba de una prueba para verificar que tan confiable podía ser, esta era su oportunidad de entrar al círculo de confianza, debía asegurarse de darle a la ojiverde lo que pedía, debía castigar a aquellos hombres de forma severa, debía destrozarlos y llevarlos al margen entre la vida y la muerte, debía derrumbarlos hasta el punto en que todos perdieran total interés en molestar sus lamentables cuerpos, esa sería la mejor manera de devolverles su libertad, y esa sería su motivación durante la pelea.

El joven tomó una espada y el viejo un garrote, ambos la rodearon de inmediato, aún podía ver incertidumbre en sus ojos, inseguridad, miedo, podía ver sus manos temblando, podía notar la ligera rigidez en sus piernas al moverse. El joven no tardó en arremeter contra ella, con la espada por delante gritó a medida que avanzaba, no fue difícil para la morena esquivar el filo de la espada e inmediatamente robarla de las manos de su oponente, al despojarlo del arma lo empujó por detrás y de una patada lo impulsó lanzándolo hacia la reja donde impactó con fuerza, acto seguido el viejo comenzó a lanzar varios golpes con el garrote, la morena los esquivó y haciendo uso del mismo impulso de aquellos ataques tomó su brazo y haciendo palanca con su cuerpo lo lanzó por encima de ella hasta impactarlo contra el suelo, esta vez el público celebraba cada uno de sus movimientos, pero ella continuaba sintiéndose inquieta.

- ¡Les dije que pelearan con todas sus fuerzas! – Renegó pateando al viejo sobre las costillas robándole un pequeño gemido, esto hizo que el joven reaccionara y de inmediato comenzó a luchar por ponerse de pie, al notar esto la morena sonrió de lado y continuó caminando alrededor del viejo. – Solo les estoy pidiendo una buena pelea, para eso solo les hacen falta un poco de agallas. Si tuvieron lo necesario para oponerse a Kuvira deberían tener lo necesario para defenderse ahora. – Hablaba lo suficientemente alto como para que sus rivales la escucharan pero no para que el resto pudiera distinguir lo que decía, su objetivo era provocarlos, no podía intentar abolir a un par de pobladores inocentes, necesitaba que se convirtieran en un par de hombres iracundos e irracionales, por lo general ese era el tipo de personas que ella solía enfrentar.

- Pelea conmigo, por favor, déjalo. – Suplico el joven al ponerse de pie.

- Lo siento, los dos fueron mi premio esta noche así que haré con ustedes lo que me plazca. – Respondió volviendo a castigar las costillas del mayor.

- ¡Basta! – Exigió el menor lanzándose contra la morena obteniendo a cambio un fuerte puñetazo en la nariz que sin duda alguna había quebrado algo en su interior, la sangre comenzó a gotear sobre el suelo y él se quejaba sosteniendo su rostro, de verdad parecía difícil creer que este par de hombres se hubiesen atrevido a retar a Kuvira, seguro aquel asentamiento resultaba ser muy preciado para ambos, lo suficiente para superar sus miedos y oponerse a la tiranía de la líder rebelde, de pronto un escalofrío le escaló desde su pantorrilla derecha hasta la cabeza, al bajar la mirada notó una pequeña daga clavada en su carne, el viejo la miraba con rabia mientras sostenía la daga en su lugar.

- Nunca nos rendiremos ante ustedes. – Murmuró el mayor mientras bufaba.

- Entonces no hablen y peleen. – Gruño tomando la mano del hombre que sujetaba la daga para jalarla y retirarla, la sangre no tardó en aparecer, poco a poco aquel lugar comenzaba a recordarle más y más al coliseo de Bumi.

El viejo se puso de pie y con la daga en mano amenazaba a la morena, en varias ocasiones intentó asestar un golpe blandiendo el filo de su arma pero cada vez que abría su guardia la morena castigaba su rostro con poderosos golpes que paulatinamente comenzaban a inflamarse. Cuando el chico recuperó las fuerzas intentó sorprender a la peleadora por detrás pero al hacerlo no hizo más que exponerse a recibir una sofocante patada en el abdomen, la daga que el viejo sostenía cayó al suelo cuando su cuerpo se tambaleo luego de recibir un golpe en la sien izquierda.

- ¡Guerrera del Sur! – Animaban todos al observar como el cuerpo del mayor era castigado de forma severa contra la reja, golpe tras golpe en su abdomen y rostro, quedaba claro que no tenía ya las energías necesarias para defenderse, al ver como su consciencia se desvanecía la morena capturó su frente con la mano derecha e impactó la parte trasera de su cabeza contra la reja antes de permitirle desplomarse sobre el piso.

- ¡Padre! – Se escuchó el grito horrorizado del joven.

- Debiste cuidarlo mejor. – Habló con tono frío levantando el garrote del suelo. – Defiéndete. – Ordenó a medida que se acercaba a él, los ojos del chico lucían más asustados que nunca, no lograría hacerlo pelear, no luego de lo que había presenciado, lo mejor sería terminar las cosas cuanto antes.

- ¡Por favor! No… - Suplico, un par de lágrimas comenzaban a formarse en las orillas de sus ojos causando la ira de la ojiazul, no era algo contra él, era algo contra toda la situación, debía proteger el asentamiento de Asami, debía detener a Kuvira, si lo hacía salvaría a estas y a muchas otras personas de encontrarse en situaciones similares en el futuro. El chico se había arrastrado un par de metros hacia atrás haciendo uso de sus manos pues se encontraba sentado, la morena no dudó, tomando aire blandió el garrote que de inmediato impactó con el antebrazo que su oponente había utilizado para amortiguar el golpe, un pequeño crujido y el rostro de dolor de su víctima le indicaban que aquel brazo se había roto, apretando la mandíbula abofeteo el rostro del joven con la parte posterior de su mano obligándolo a mirarla de frente, cuando al fin hizo contacto con aquellos ojos aterrorizados concluyó con su dolor al depositarle un golpe severo en el rostro, la pelea había terminado, liberando la camiseta del chico lo dejó caer de espaldas, no era la primera vez que rompía huesos, o que golpeaba a alguien hasta hacerlo sangrar, pero era la primera vez que sus oponentes eran víctimas y no personas dispuestas a pelear por placer.

- ¿Alguna otra tarea para mí? – Habló con tono sombrío, no había tenido otra alternativa más que refugiarse en ese estado mental que le permitía llevar acabo semejantes actos, no había tenido otra alternativa más que convertirse en la temida gladiadora que todos amaban, solo así podía sobrellevar ese tipo de eventos.

- Espléndido. – Respondió Kuvira sonriendo de oreja a oreja. – Ahora veo que tu fama no es injustificada, eres una guerrera por excelencia. – La halagó mientras aplaudía.

- Gracias. – Suspiró intentando sacudirse la desagradable experiencia de encima. – Y tú ¿No peleas? – Preguntó a la ojiverde mirándola desde el interior de la reja.

- Tu pregunta me ofende. – Dijo jugando.

- ¿Eres buena? – Siguió el juego alzando una ceja.

- No te recomendaría entrar en la misma zona de batalla que yo. – Amenazó.

- Con gusto tomaría el riesgo. – Sonrió de lado sin retirar la mirada de aquellos verdes e intimidantes ojos, constantemente se encontraban cruzando miradas, ambas parecían estar en busca de alguna debilidad, de alguna señal de miedo o duda, ninguna se rendía ante la presencia de la otra, tal vez era un juego peligroso, pero en definitiva no perdería contra ella.

- Con gusto aceptaré tu reto. Pero de nuevo me veo obligada a posponer el combate ya que te encuentras agotada por tus peleas anteriores. Pelearemos, pero no será hoy. – Escuchó en respuesta.

- ¿Piensas que no puedo contigo ahora? – Continuó jugando.

- Estoy segura de que incluso en tu mejor estado físico te encontrarás en serios problemas conmigo dentro de esa reja. Y ya que quiero pasar un buen rato te ordeno que descanses. – Sentenció con una pequeña sonrisa.

- Entonces así será. – Accedió aún sin cortar la interacción entre sus miradas.

- Nos vemos después Korra, habrá alguien en la enfermería que con gusto atenderá tus heridas. – Se despidió Kuvira para luego comenzar a caminar detrás de Baatar.

(*-*)

Las peleas le facilitaron su inclusión entre los habitantes de la ciudad, ahora todos se mostraban más abiertos y tolerantes ante su presencia, todos la felicitaban por su desempeño y la motivaban para su siguiente combate, a pesar de que Kuvira era la favorita, el público se mostraba un tanto dividido, después de todo la morena les había brindado una infinidad de batallas a lo largo del pasado año y su estilo había cautivado a todos, el combate entre ella y la líder era algo de lo que nadie paraba de hablar.

- ¿Cómo sigue tu pierna? – Se escuchó la voz de Kuvira al entrar al gimnasio, ya habían pasado dos semanas luego de haber recibido el filo de la daga en la pantorrilla, la verdad se había ayudado a si misma sanando la herida internamente con agua control solo para asegurar la mejor recuperación posible del músculo, sin embargo la piel la dejaba sanar naturalmente para no levantar sospechas.

- Bien. – Respondió interrumpiendo su entrenamiento, se encontraba levantando pesas para mantener la fuerza en sus brazos, siempre era de esa forma, si llegaba a lesionar una parte de su cuerpo lo más lógico era reposar, pero se limitaba a reposar el brazo o la pierna lastimada, así podía continuar entrenando y evitaba el reposo total, quedarse quieta nunca había sido su fuerte.

- Pareces estar familiarizada con la sensación, incluso durante el combate no vi que demostraras dolor. – Se acercó la pelinegra vistiendo de forma deportiva, una pantalonera verde obscuro y una blusa blanca de tirantes.

- Estoy familiarizada con la sensación. – Sonrió. – Eso y además mientras estoy en los combates me concentro en mi oponente y no en el dolor. – Admitió, tomando una toalla comenzó a limpiar el sudor que le bajaba por el cuello.

- Entonces deberé tener cuidado. – Habló la ojiverde al detenerse a un par de pasos de ella. - ¿Te molesta si te acompaño durante tu entrenamiento?

- No, para nada. - Kuvira sonrió ante esta respuesta y de inmediato adoptó una posición de pelea levantando la guardia.

- ¿Sabes como seguir una pelea simulada? – La escuchó preguntar.

- No estoy segura de eso. – Respondió la ojiazul que de inmediato levantó la guardia en respuesta a los movimientos de la otra.

- Realizas movimientos suaves y rítmicos marcando golpes, de la misma forma los esquivas y bloqueas, nada con fuerza, todo se lleva a cabo con un ritmo tranquilo y constante. – Le explicó.

- Aún así debo leer tus movimientos como en una pelea real. – Meditó por un momento.

- Es relajante y no demasiado demandante, creo que tu pierna lo soportará. – Volvió a hablar la de piel blanca.

- Bien, intentémoslo. – Aceptó con entusiasmo, Kuvira sonrió. – Perfecto, yo iniciaré, atenta. – La alertó haciendo su primer movimiento lanzando su puño hacia el rostro de la morena, esta no dudó en moverse ligeramente hacia la derecha para evitar el contacto al tiempo que interponía su brazo izquierdo para desviar la dirección del golpe, todo con movimientos suaves y pausados, así ambas comenzaron a interactuar, paso, golpe, bloqueo, golpe, paso, golpe, bloqueo, evasión, no le llevó mucho tiempo tomar el ritmo. Al cabo de un par de minutos aquello parecía una danza que intercalaba movimientos ofensivos y defensivos, ambas sin perder el equilibrio, ambas sin perder ni un solo detalle de los movimientos de su oponente, debían anticiparse a lo que venía para bloquear de forma apropiada y encontrar la abertura necesaria para realizar un ataque, ambas habían comenzado a sudar, las penetrantes esmeraldas de Kuvira no se separaban de sus zafiros, debía controlar su respiración y cada paso a medida que iban aumentando la velocidad.

- Lo haces bien. – Comentó la líder con una amplia sonrisa.

- Lo mismo digo. – Respondió agitada.

De pronto la ofensiva de la pelinegra la obligó a retroceder, como consecuencia había apoyado el peso de su cuerpo sobre la pierna lastimada, un fuerte calambre le subió desde la herida hasta la espalda causándole la pérdida del equilibrio, antes de caer pudo sentir la mano firme de Kuvira sosteniéndola por la espalda baja evitando así que continuara su descenso hasta el suelo, ambas respiraban de forma agitada, la distancia entre ellas era casi nula, atrapada entre los brazos de su oponente podía ver el vacío dentro de aquellos ojos verdes, esta vez se mostraban llenos de confusión y no reflejaban aquella intimidante mirada que siempre los caracterizaba, Kuvira la observaba con atención, indispuesta a apartar la mirada parecía buscar algo en su interior, no hubo palabras hasta que escucharon la voz de Baatar en la entrada del gimnasio.

- Kuvira. – La llamó con un tono hostil que era difícil de ignorar, la pelinegra miró por encima de su hombro sin abandonar la posición que tenía, de nuevo sus ojos habían recuperado ese brillo que los volvía hostiles e indomables, suavemente liberó a la morena de su abrazo asegurándose de que se encontrara bien parada y no fuera a caer.

- ¿Ocurre algo Baatar? – Se giró caminando hacia la toalla que la morena había dejado sobre una silla.

- Debemos hablar. – Demandó sin mucho tacto.

- Te escucho. – Respondió al tiempo que tomaba la toalla entre sus manos para luego mirar a la morena. - ¿Te molesta si la uso? – Preguntó luciendo tan serena como de costumbre.

- Para nada, adelante. – Suspiró intentando averiguar que demonios había pasado momentos atrás.

- Preferiría que fuera a solas, es importante. – Insistió el joven.

- ¿No confías en Korra? – Jugó la ojiverde limpiando el sudor de su rostro, Baatar bajó la mirada y bufó. – Es una broma Baatar. Nos vemos luego Korra, fue un placer entrenar contigo. – Se despidió caminando hacia la puerta.

El resto del día transcurrió como de costumbre, sus guardias continuaban acompañándola a donde quiera que fuera, a veces los podía escuchar charlando entre ellos, lo cual no le molestaba, de alguna manera había llegado a familiarizarse con el lugar y a veces lograba ignorar el hecho de que era un asentamiento militarizado de rebeldes.

Dos días más pasaron a prisa, era de noche, se había tomado un tiempo para disfrutar de la hermosa vista del valle, sentada en la orilla de un enorme balcón en la ciudadela se dedicaba a deleitarse con el fresco aroma del viento, podía distinguir el olor de los pinos, el olor de la tierra húmeda pues se encontraba a punto de llover, escuchaba el fluir del agua del río que pasaba cerca, no cabía duda de que los lugares así podían relajar a cualquiera, la naturaleza era hermosa, solo necesitaba que la gente se familiarizara con ella, que conocieran como era la vida con árboles que les brindaran sombra y pasto que amortiguara sus pasos, estaba segura de que si llegaban a sentirlo como ella lo había hecho todos lucharían por recuperar esa parte del planeta.

- Korra. – Escuchó a Baatar acercarse por detrás.

- ¿Pasa algo? – Preguntó girando la cabeza para poder verlo.

- Debemos aclarar un par de cosas. – Habló luciendo tan irritado como de costumbre, un profundo suspiro escapó de la boca de la morena antes de palpar un par de veces el suelo a su lado como indicación para que tomara asiento.

- Te escucho. – Dijo sin retirar su mirada de las nubes que se iluminaban bajo los rayos de la luna mientras esta se asomaba entre un hueco que había entre las formaciones de vapor.

- No puedes andar por ahí actuando como lo haces. – Declaró molesto, podía sentir la amenazante manera en que era observada por aquellos ojos verdes.

- ¿Podrías ser más específico? – Lo presionó, su intención no era hacerlo molestar, sin embargo no podía evitar sentirse un tanto resentida pues aquel hombre se había portado hostil hacia ella desde el primer día de su llegada a la ciudadela.

- Te comportas como si pudieras hacer lo que quisieras, vas y vienes con toda libertad, lo cual está bien, aún estás a prueba y es por eso que no puedes recorrer todas las tierras, tienes limitaciones, no eres parte de nosotros. Aún así te las arreglas para lucir como si dominaras el lugar, retas a Kuvira y jugueteas con ella todo el tiempo. – La molestia en el tono de su voz era más que evidente.

- No hago nada fuera de lo común. – Respondió en un suspiro. – Día y noche hay dos guardias cuidando cada uno de mis movimientos, no puedo salir de la ciudadela, los edificios de este lugar son dormitorios y los que no lo son se encuentran abandonados, no hay mucho que hacer aquí, el único lugar donde puedo hacer algo es el gimnasio, asisto a las comidas a las horas asignadas, no entiendo que es lo que te molesta.

- Tus charlas con Kuvira no son usuales. – Gruñó.

- Le hablo como le hablaría a cualquiera. – Pronunció confundida alzando una ceja.

- ¡Ese es el punto! Kuvira no es cualquiera, es la líder del grupo rebelde más importante, la gente debe referirse a ella con cuidado y respeto. Tú te diriges a ella como si se tratara de una chica cualquiera, la retas y juegas con tus palabras. – Aclaró con tono ácido.

- ¿Qué? Kuvira se ha portado así conmigo desde que llegué, no veo que ella tenga problema alguno con la manera en que le hablo. – Objetó al fin mirando de frente al joven.

- Pues claro que no. – Habló entre dientes. – Eso es porque llamas su atención, tiene cierto interés en ti, pero después de que te derrote en el octágono ten por seguro que todo cambiará. – Amenazó arrugando la nariz y las cejas.

- Aún así no entiendo cual es tu problema. – Renegó la morena. – Estas con ella el día entero. ¿Cómo puedes si considerar el temor a perderla? – Se atrevió a decir al sentirse frustrada, no quería ser el objeto en el cual Baatar descargara todas sus inseguridades, no solo era injusto si no que además resultaba ser irritante. El ojiverde enmudeció por un momento mostrándose sorprendido ante aquellas inesperadas palabras.

- Yo… no, no es eso. – Balbuceo. – Kuvira, ella… - Suspiró, se notaba que comenzaba a librar una batalla en su cabeza.

- No tengo ningún problema contigo Baatar, solo te pido que no me trates de forma injusta. – Demandó volviendo a mirar el cielo, los problemas que hubiera entre Kuvira y él no eran de su incumbencia y no quería saber nada al respecto, solo buscaba estar en paz, además si Baatar no cedía en su obsesión por vigilarla sería más difícil encontrar una apertura para secuestrar a Kuvira sin llamar mucho la atención. El silencio reino durante un par de minutos, el viento acariciaba sus rostros, Korra inhalo de forma profunda intentando disfrutar del clima.

- ¿Cómo lo hiciste? – Preguntó él.

- ¿Hacer qué? – Lo miró confundida.

- Llevar a Opal al coliseo de Bumi. – La pregunta la había tomado por sorpresa "Estoy seguro de que a estas alturas ella ya debe de conocer cada detalle de tus horarios en tu rutina diaria." Recordó las palabras de Bumi.

- Ella simplemente quiso ir y la llevé conmigo. – Respondió al instante.

- No entiendo como es que mi madre permitiría que alguien como tú viva bajo su mismo techo. – Continuó. – Ella no tolera el coliseo y sus eventos, mucho menos permitiría que Opal asistiera. – Hablaba con un tono desganado llegando a sonar un tanto agotado.

- Ella no sabe que Opal me acompaña durante las noches. – Mintió. – A mi me permite vivir ahí bajo la condición de que el premio que reclame durante mis victorias sea la libertad de los prisioneros. A veces también duermo en el coliseo de Bumi. Solo intento obtener lo mejor que puedo. – Miraba la apariencia derrotada del moreno, no estaba segura de que era lo que le pasaba por la cabeza, no estaba segura de si el tema de Kuvira le había robado los ánimos o el tema de su familia lo había hecho, tal vez se trataba de un poco de ambos.

- Así que te permite vivir con ella bajo la condición de liberar a los prisioneros de las apuestas. – Rió por lo bajo. – No entiendo como es que se las arregla para parecer una persona ejemplar… ¿Te contó que ella solía ser la líder de un grupo rebelde?

- No, no suelo hablar mucho con ella, solo lo necesario para evitar conflictos. – Volvió a mentir.

- ¡Ja! Pues así es, Suyin Beifong solía ser una despiadada líder rebelde. De pronto decidió que esa vida ya no era adecuada para ella y se volvió la líder de Ba Sing Se y se sintió con la libertad de juzgar a los demás. Ella y Kuvira pudieron haber unificado a todos los asentamientos del continente, habría ayudado a unir a la humanidad, pero prefirió hacerse a un lado y comenzar a hablar mal de Kuvira. Esa es la verdad detrás de la querida líder de Ba Sing Se. – Suspiró perdiendo su mirada en las profundidades del valle.

- Hoy en día nadie puede tener un pasado completamente limpio. – Comentó intentando parecer indiferente, según le habían indicado Su y Bumi, no debía admitir tener ninguna relación cercana con Suyin debido a la rivalidad que ella y Kuvira compartían.

- No, nadie puede. – Concordó volviendo a arrugar el entrecejo. – O te adaptas o mueres. – Habló de forma severa para luego ponerse de pie. – Nos vemos Korra. – Se despidió antes de retirarse, cuando desapareció en la obscuridad la ojiazul liberó un profundo suspiro. Había olvidado por completo que Kuvira y sus hombres la habían investigado, seguro desde meses antes de enviar la invitación a la ciudadela. Ellos conocían muchos detalles de sus movimientos dentro de Ba Sing Se, debía comenzar a elaborar una historia y explicaciones sobre su relación con la familia Beifong.

(*-*)

Un agradable cosquilleo le subió por la espalda causando que su piel se erizara al tacto de aquellos suaves y traviesos dedos, lentamente acariciaban su pierna subiendo desde la rodilla, rozando su muslo, pasando por su cadera y alcanzando su costado. Un profundo suspiro escapó de sus labios, su corazón había enloquecido pues palpitaba a toda prisa, la ropa se había perdido en alguna parte durante el trayecto des la sala hasta aquella amplia habitación.

Suaves y apasionados besos encendían su piel, sin pensarlo había enredado sus dedos entre aquella hermosa y ondulada cabellera, un embriagante aroma a jazmín la envolvía por completo, ardía entre sus brazos. La imagen de aquellas hermosas esmeraldas atormentaba su mente, podía perderse en aquella mirada con facilidad, podría contemplar sus ojos por siempre y no hacer nada más, aquellos ojos tan vivaces, aquellos ojos que lograban ver a través de ella, aquellos ojos de los cuales nunca había sido capaz de ocultar nada, aquellos seductores ojos que hacían sus rodillas temblar con solo mirarla.

Al percatarse del ritmo de su propia respiración se dio cuenta de que parecía haber corrido una maratón, y no solo eso, todo su cuerpo se sentía de la misma manera, había perdido todas sus fuerzas y al mismo tiempo se sentía con más vida que nunca, la temperatura se había disparado a niveles absurdos, pareciera como si de pronto sus cuerpos fueran a fundirse para volverse uno solo. La ansiedad se apoderaba de ella al notar como esos dulces labios subían por su cuello, pronto tuvo la oportunidad de conectar con ellos en un beso apasionado, con su mano derecha acariciaba la suave piel de su rostro acomodando con cuidado los mechones de cabello negro por detrás de su oreja, no quería interrumpir aquel beso pero tampoco podía resistirse a la adictiva sensación que la invadía al hacer contacto visual con ella, haciendo una breve pausa logró alejarse de sus seductores labios, enganchando su mirada a la de ella sonrió sin darse cuenta mientras notaba la manera en que el labial se había difuminado como consecuencia de su interacción.

- Asami. – Murmuró con tono suave al juntar su frente a la de ella, la tenue luz que entraba por la ventana resaltaba el tono rosado de su piel. No podía ignorar la manera en que su corazón latía cada vez que estaba a su lado, siempre ansiaba volver a verla sin importar la brevedad del tiempo que hubiese durado separada de ella, era algo nuevo, era algo intrigante, era algo aterrador, era algo inevitable. Por más que intentara controlar su nerviosismo le era imposible hacer algo al respecto, una sonrisa traviesa apareció en el rostro de la ojiverde a medida que comenzaba a bajar una de sus manos por el cuerpo de la morena, tocando de forma intencional uno de sus pechos bajando cada vez más y más orillando a la ojiazul al borde de la locura, entonces esta se estremeció cuando sus dedos rozaron entre sus piernas.

Sus ojos se abrieron de golpe, con el cuerpo tenso contenía la respiración mientras intentaba asimilar lo que ocurría, había sido un sueño, comenzaba a razonar, de pronto notó la figura sentada en la silla que tenía dentro de la habitación, Kuvira, sorprendida comenzó a respirar sin poder evitar una leve agitación.

- ¿Dormiste bien? – Escuchó a la ojiverde.

- Si… - Respondió dudosa.

- Así parece. – Afirmó la líder poniéndose de pie para caminar hacia la ventana de la habitación. – Asami. – Dijo mirando a través del cristal.

- ¿Qué? – Frotó sus ojos en un intento por obligarse a despertar.

- Murmuraste dormida, Asami. – Aclaró sin despegar su mirada de la ventana ¿Qué hacía Kuvira en su habitación tan temprano por la mañana?

- Oh… - Suspiró sintiendo como sus mejillas enrojecían ante el recuerdo de aquel sueño, le apenaba si quiera admitir que habría preferido no despertar.

- ¿Crees en las casualidades? – Cuestionó Kuvira que continuaba en la misma posición junto a la ventana.

- No lo se… es demasiado temprano para pensar en eso. – Su voz se escuchaba un poco áspera.

- Asami Sato. – Rectificó la otra. – Estoy segura de que has escuchado sobre el asentamiento en Ciudad República, todos hablan de ello en todo momento y en todo lugar.

- Algo habré escuchado al respecto, seguro que si. – Comenzaba a tensarse por el rumbo que aquella conversación pudiera llegar a tomar.

- Asami Sato es el nombre de la mujer que gobierna ese asentamiento, es el nombre de la brillante mente que dio inicio a todas esas novedades que los impulsó a un desarrollo revolucionario. – Explicó dirigiendo sus ojos hacia la morena que aún yacía sobre la cama. - ¿La conoces? – Preguntó sin perder detalle de sus expresiones.

- Si. – Acertó a responder colocando su mano derecha sobre el collar que llevaba puesto, seguro Kuvira habría tenido la oportunidad de notar el símbolo grabado en el dije, mentir al respecto podría meterla en problemas y derrumbar el avance que llevaba hasta el momento.

- ¿Es ella con quién soñabas? – Cuestionó con una sonrisa curiosa.

- No… no recuerdo que es lo que estaba soñando. – Sacudió la cabeza para luego estirar los brazos en el aire mientras bostezaba.

- Es una lástima, parece ser que soñabas con tu amiga. – Comentó la pelinegra volviéndose a concentrar en el paisaje que había del otro lado de la ventana, al encontrarse en un edificio en las orillas de la ciudadela tenía una hermosa vista hacia el valle.

- Tal vez luego logre a recordar. – Sonrió volviendo a descansar el cuerpo sobre la cama.

- Dicen que Sato es una mujer atractiva. – La escuchó decir de forma aleatoria.

- Lo es. – Afirmó agachando la mirada, el silencio prevaleció durante unos instantes.

- Dejando eso de lado, hoy es el día del combate. Vine a desearte suerte. – La miró de forma amenazadora con una sonrisa presumida.

- Gracias. – Sonrió de lado. – Pero esto es cuestión de habilidad, no de suerte. – Le devolvió la mirada manteniendo contacto con sus ojos.

- Conserva esa confianza hasta el final. – Demandó la ojiverde a medida que avanzaba hacia la puerta de la habitación. – Nos vemos esta noche. – Se despidió con elegancia.

Era la segunda semana de julio, su pierna ya se encontraba bien e inevitablemente el día del combate había llegado, debía admitir que se sentía emocionada, tenía ganas de enfrentar a Kuvira, estaba segura de que ella representaría un verdadero reto. Con la mente aún nublada por las imágenes de su sueño permanecía recostada en silencio, el mero recuerdo de aquellos labios lograba disparar el ritmo de sus latidos a niveles increíbles, un sueño, esa era la palabra perfecta para describir a Asami, incluso le era difícil creer que hubiese logrado besarla en un par de ocasiones.

Varias veces llegaba a preguntarse si aquella chica aún la recordaba pues ella se encontraba atrapada en un capricho que la había seguido desde el día en que partió del asentamiento en Ciudad República, Asami Sato vivía dentro de su mente, sus recuerdos eran vívidos y demasiado estimulantes, la echaba de menos como a nadie más, había días en los que no podía evitar sentarse a pensar en lo que Asami podría estar haciendo, aunque siempre llegaba a la conclusión de que lo más probable es que la chica anduviera en el asentamiento caminando de un lado a otro arreglando todos los pendientes que tuviera mientras anotaba cada detalle en su libreta.

- Es momento de iniciar el día. – Renegó sacudiendo la cabeza intentando salir de su estupor, no era la primera noche que llegaba a soñar algo así, podía contar los sueños que había tenido con esa naturalidad haciendo uso de los dedos de sus manos, no eran muchos, pero cuando llegaban a aparecer su mente se volvía una maraña de contradicciones. Por una parte le apenaba que su subconsciente fuera capaz de crear semejantes fantasías con alguien a quién apreciaba demasiado pero con quién nunca había aclarado nada, por otra parte le era imposible negar la satisfacción, el placer y la felicidad que estos sueños le ocasionaban. – Arriba Korra. – Murmuró en un suspiro, debía escapar de esos pensamientos pues una vez que comenzaba a recordar a su querida y elegante pelinegra difícilmente lograba concentrar su cabeza en algo más.

A lo largo del día siguió su rutina como siempre lo hacía, el único cambio que efectuó fue la hora de cenar, para evitar que sus alimentos causaran estragos durante la pelea adelantó su cena hacia las seis de la tarde, la pelea iniciaría a las diez, todos los rebeldes se mostraban entusiasmados por el evento, todos la saludaban y animaban, otros hacían bromas al respecto insinuando que Kuvira no le daría ni una oportunidad, sus guardias no paraban de hablar con ella en un intento por averiguar el motivo por el cual no lucía muerta de miedo a sabiendas del combate que le esperaba durante la noche, todos estas irregularidades ayudaron a que el tiempo pasara a prisa.

- ¡Kuvira! – Gritaban todos en las gradas a todo pulmón, de nuevo se encontraba rodeada por una reja, le asustaba darse cuenta de lo cómoda que se sentía en ese ambiente, encontrarse en el centro de una arena de batalla rodeada por gente enloquecida era algo a lo que ya estaba acostumbrada.

- Espero que te hayas preparado. – Habló la ojiverde con la guardia en alto.

- Espero que no te confíes. – Devolvió la amenaza con una sonrisa.

- Eso nunca. – Respondió instantes antes de que se escuchara el sonido de la campana indicando el inicio del combate. Una ráfaga de viento acarició el rostro de la morena, con los ojos abiertos de par en par intentaba entender lo que había pasado, Kuvira sonreía de oreja a oreja, había sido una patada que pasó velozmente frente a sus ojos.

- Como dije antes. Espero que te hayas preparado ya que si no das una buena pelea pienso limpiar el piso contigo. – Rectifico la de tez blanca con una mirada amenazante.


Jojojo! Aca ando de nuevo actualizando a las tantas de la madrugada... Bueno, les traigo este capítulo (Se que les había dicho que lo tendría para el Lunes a más tardar pero pfff! Hubo tanto contenido que quería incluir que al final lo tuve que partir en dos y esta es la primera parte de ese contenido xD!) De cualquier manera, actualizaré lo más pronto que pueda. (Ojalá y el domingo jaja).
Como siempre un saludo a todos. Espero y estén pasando bien la semana (Si ya va mal no se agobien, igual ya va mal B) solo déjenla pasar, ya vendrán días mejores :v)
Nos leemos en el siguiente capítulo.
Saludos!